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    <title><![CDATA[elDiario.es - Diego Beas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/diego_beas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Diego Beas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[De Dinamarca, Venezuela y el (verdadero) papel del Estado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/dinamarca-venezuela-verdadero-papel_1_5017665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55f79fad-e1b5-44e1-99b7-e738d97cdbb1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Dinamarca, Venezuela y el (verdadero) papel del Estado"></p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Una lectura cr&iacute;tica de <a href="http://www.amazon.es/El-dilema-Espa%C3%B1a-Luis-Garicano/dp/8499422799/ref=tmm_pap_title_0?ie=UTF8&amp;qid=1392812643&amp;sr=8-1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">El dilema de Espa&ntilde;a</a> plantea un debate sobre el papel del Estado como eje rector de la vida p&uacute;blica. Seg&uacute;n <a href="http://www.eldiario.es/autores/diego_beas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Diego Beas</a>, el verdadero dilema de Espa&ntilde;a pasa por decidir si se quiere apuntalar a las instituciones del Estado como garantes del desarrollo econ&oacute;mico.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Luis Garicano plantea el dilema al que se enfrenta Espa&ntilde;a en t&eacute;rminos dram&aacute;ticos: &ldquo;<a href="http://www.elmundo.es/economia/2014/01/17/52d84aea268e3ef4598b4587.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hay que decidir si queremos ser Dinamarca o Venezuela</a>&rdquo;. Un contraste m&aacute;s claro y evocativo, imposible. Y lleva mucha raz&oacute;n. La elecci&oacute;n, grosso modo, es esa. Ni falta hace hablar de los universos que separan la realidad de esos dos muy distintos y distantes pa&iacute;ses. Despu&eacute;s de casi siete a&ntilde;os de crisis econ&oacute;mica, instituciones p&uacute;blicas en sus peores &iacute;ndices de valoraci&oacute;n ciudadana desde que se restableci&oacute; la democracia (incluyendo la jefatura del Estado), un modelo territorial que hace agua y una estructura de partidos endog&aacute;mica y disfuncional, ha llegado el momento de elegir. De elegir de verdad y para las pr&oacute;ximas dos o tres d&eacute;cadas. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; quiere ser Espa&ntilde;a? &iquest;Un pa&iacute;s con un sistema de partidos competente, instituciones fuertes e independientes, leyes claras y bien dise&ntilde;adas que defiendan los derechos individuales, un sistema de mercado eficaz y un modelo productivo basado en el conocimiento y la innovaci&oacute;n? O, por el contrario: &iquest;un pa&iacute;s con instituciones y reglas pol&iacute;ticas ad hoc, partidos cerrados, un sistema educativo y de producci&oacute;n disfuncional, improvisado, ineficaz y basado en instituciones y pr&aacute;cticas de la era industrial (aunque sin el petr&oacute;leo de Venezuela, claro)?
    </p><p class="article-text">
        En<em> El dilema de Espa</em><a href="http://www.amazon.es/El-dilema-Espa%C3%B1a-Luis-Garicano/dp/8499422799/ref=tmm_pap_title_0?ie=UTF8&amp;qid=1392812643&amp;sr=8-1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El dilema de Espa</a><a href="http://www.amazon.es/El-dilema-Espa%C3%B1a-Luis-Garicano/dp/8499422799/ref=tmm_pap_title_0?ie=UTF8&amp;qid=1392812643&amp;sr=8-1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ntilde;a</a> (Pen&iacute;nsula, 2014), Garicano, profesor de la London School of Economics, plantea estos y otros dilemas a los que se enfrenta la Espa&ntilde;a postladrillo, postpeseta y postBanco Central bajo pleno control nacional; la Espa&ntilde;a bruscamente despertada despu&eacute;s de m&aacute;s de dos d&eacute;cadas de crecimiento sostenido (crecimiento superior a EE UU y la media europea entre 1995 y 2008), creaci&oacute;n de empleo (en algunos momentos cre&oacute; m&aacute;s del 50% de los nuevos puestos de trabajo en toda la Uni&oacute;n) y dinero barato.
    </p><p class="article-text">
        La mayor parte del argumento de Garicano gira en torno a dos importantes y sugerentes preguntas: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo es posible que el esfuerzo modernizador de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola desde la entrada en la Comunidad Europea no se tradujera en una mejora de su funcionamiento? &iquest;Por qu&eacute; se produjo un crecimiento de tan baja calidad tras la entrada en el euro?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La primera parte del libro intenta responder estas dos interrogantes. Y lo hace con bastante atino. Desde desmontado t&oacute;picos sobre la existencia de alg&uacute;n tipo de caracter&iacute;stica cultural inherente a los espa&ntilde;oles (una especie de &ldquo;leyenda negra&rdquo; vern&aacute;cula) que impida el crecimiento hasta discusiones m&aacute;s serias sobre qu&eacute; pasa cuando los mecanismos de asignaci&oacute;n de capital del sistema capitalista se mezclan perversamente con el poder pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Garicano explica, por ejemplo, el caso de lo que se conoce como la &ldquo;enfermedad holandesa&rdquo; (descubrimiento de yacimientos de gas natural en el Mar del Norte a finales de los a&ntilde;os cincuenta). Es decir, el descubrimiento de un recurso natural muy valioso que provoca una distorsi&oacute;n perniciosa (solo visible expost facto) del aparato productivo de un pa&iacute;s. En otras palabras, el capital se concentra en uno o dos &aacute;mbitos que distorsionan precios y ralentizan (o paralizan completamente) el desarrollo de otros sectores econ&oacute;micos. En el caso de Espa&ntilde;a, fue sol, ladrillo y la explosi&oacute;n en la demanda de servicios que requer&iacute;an una mano de obra muy poco cualificada (el s&iacute;ndrome &ldquo;poner ladrillos y poner caf&eacute;s&rdquo;, lo llama Garicano).
    </p><p class="article-text">
        Explica tambi&eacute;n el drama al que se enfrenta Espa&ntilde;a con una fuerza de trabajo educada de manera muy desigual. Con la ca&iacute;da del retorno de inversi&oacute;n en educaci&oacute;n a lo largo de los a&ntilde;os de la burbuja el abandono escolar aument&oacute; de manera exponencial y se cre&oacute; una clase de trabajadores con tres caracter&iacute;sticas fat&iacute;dicas: joven, mal formada y sin estabilidad laboral. Dice Garicano sobre el tema: &ldquo;El desempleo al que se enfrenta Espa&ntilde;a tiene un componente fuertemente estructural y relacionado con el mal encaje del nivel educativo y de la experiencia de la poblaci&oacute;n con las necesidades actuales de la econom&iacute;a del conocimiento. Los trabajos perdidos estaban adaptados a las demandas de nuestra econom&iacute;a del boom, cuando la educaci&oacute;n era una mala inversi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos lleva al tema de la innovaci&oacute;n, la econom&iacute;a del conocimiento y el modelo productivo de la Espa&ntilde;a del futuro. Es justo aqu&iacute; donde el argumento de Garicano pierde contundencia. Est&aacute; claro que Espa&ntilde;a tiene que acometer una reforma profunda del sistema educativo, que reoriente la formaci&oacute;n en todos los niveles. Est&aacute; claro tambi&eacute;n que un pa&iacute;s con las caracter&iacute;sticas de Espa&ntilde;a (tama&ntilde;o medio, recursos naturales muy limitados, pir&aacute;mide demogr&aacute;fica invertida) tiene que apostar por crear y a&ntilde;adir valor en el &aacute;mbito del conocimiento especializado. Y est&aacute; claro tambi&eacute;n que es en la confluencia de la innovaci&oacute;n, la ciencia y las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n el espacio ideal para llevarlo a cabo. El tema realmente es c&oacute;mo conseguirlo.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; las recetas de Garicano se pierden en t&oacute;picos e interpretaciones incompletas del &eacute;xito de los sistemas de innovaci&oacute;n de pa&iacute;ses como Estados Unidos. Muchas de ellas inscritas en la l&oacute;gica simplista sobre c&oacute;mo al final de cuentas la innovaci&oacute;n surge cuando el Estado se hace a un lado y deja v&iacute;a libre a empresarios y emprendedores. Dice el autor: &ldquo;Las grandes ideas no surgen al amparo del poder. Nacen en el aire libre de la sociedad, donde las personas no pasan el d&iacute;a medrando para conseguir una licencia, donde su energ&iacute;a no se gasta en cambiar un contrato o en solucionar cualquier problema creado por el Estado&rdquo;. Una formulaci&oacute;n un tanto parcial de la que incluso se desprende un tufillo a aquella famosa (y c&iacute;nica) sentencia de Ronald Reagan en la que aseguraba que el gobierno no era la soluci&oacute;n a los problemas, era <em>el</em> problema.
    </p><p class="article-text">
        Los sistemas de innovaci&oacute;n m&aacute;s importantes y exitosos de los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os siempre han germinado y crecido de la mano del Estado. Se trate de la industria inform&aacute;tica en Silicon Valley (jam&aacute;s se hubiera creado sin los contratos masivos del Departamento de Defensa y las agencias de espionaje durante la guerra fr&iacute;a); el exitoso ecosistema de <em>startups</em> israel&iacute;es; o, m&aacute;s recientemente, el empuje de China en temas sumamente especializados de manufactura y ensamblaje. Como lo demuestra claramente Mariana Mazzucato de la Universidad de Sussex en su libro <em>The Entrepreneurial State: debunking private vs. public sector myth (Anthem Press, 2013)</em><span id="&gt;The Entrepreneurial State: debunking private vs. public sector myth (Anthem Press, 2013)&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;i&gt;, &lt;/i&gt;los sistemas de innovaci&oacute;n fuertes y adaptables han sido creaciones estrat&eacute;gicas del Estado. Especialmente del estadounidense. Sistemas de investigaci&oacute;n en ciencia b&aacute;sica y aplicada que han servido de plataforma para desarrollar tecnolog&iacute;as, est&aacute;ndares cient&iacute;ficos, incubadoras y, sobre de ellas, empresas y riqueza privada.&lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;a href="></span><em>, </em>los sistemas de innovaci&oacute;n fuertes y adaptables han sido creaciones estrat&eacute;gicas del Estado. Especialmente del estadounidense. Sistemas de investigaci&oacute;n en ciencia b&aacute;sica y aplicada que han servido de plataforma para desarrollar tecnolog&iacute;as, est&aacute;ndares cient&iacute;ficos, incubadoras y, sobre de ellas, empresas y riqueza privada.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante, Garicano afirma: &ldquo;Cuando Bill Gates y Steve Jobs revolucionaron la industria del ordenador personal desde Redmon [sic], un suburbio de Seattle, y Cupertino, un suburbio de San Jos&eacute;, respectivamente, no sab&iacute;an nada de pol&iacute;tica ni ten&iacute;an contactos o conocidos en el poder. Sab&iacute;an que estaban en una sociedad donde el trabajo y las ideas ten&iacute;an una primac&iacute;a absoluta y no las buenas relaciones con el poder pol&iacute;tico&rdquo;. No, efectivamente, ni Microsoft ni Apple necesitaron favores pol&iacute;ticos para establecerse (tampoco, ciertamente, hicieron pactos oscuros en un palco del Nationals Park en Washington; por contra, en Espa&ntilde;a se practica lo que Garicano acertadamente llama el  &ldquo;capitalismo del palco del Bernab&eacute;u&rdquo;). Lo que s&iacute; necesitaron estas dos empresas &mdash;e incontables otras&mdash; fue un sistema robusto de innovaci&oacute;n estatal y d&eacute;cadas de investigaci&oacute;n previa en ciencia b&aacute;sica y aplicada financiada por el Estado para echar a andar los Goliat tecnol&oacute;gicos en los que se terminaron convirtiendo. 
    </p><p class="article-text">
        Solo en 2014 <a href="http://www.fas.org/sgp/crs/misc/R42410.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el prepuesto de investigaci&oacute;n y desarrollo del gobierno federal</a> estadounidense es de 140.000 millones de d&oacute;lares (cifra que no toma en cuenta la investigaci&oacute;n del Ej&eacute;rcito). Un presupuesto que se reparte entre instituciones p&uacute;blicas y privadas (el mayor receptor es el National Institutes of Health, el brazo p&uacute;blico de la investigaci&oacute;n sanitaria) para desarrollar &aacute;reas cient&iacute;ficas concretas y de las que posteriormente tiran miles de empresas para desarrollar productos y servicios especializados a partir de ellas. El gobierno chino, por mencionar otro ejemplo, tiene un <a href="http://www.economist.com/blogs/schumpeter/2014/02/invitation-mariana-mazzucato" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">plan quinquenal de inversi&oacute;n en I+D de 1,7 billones de d&oacute;lares</a> (s&iacute;, billones, en castellano). En los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, el pa&iacute;s asi&aacute;tico ha aumentado su gasto p&uacute;blico en este rubro en m&aacute;s del 170% (Alemania, por poner la cifra en una perspectiva de nuestro entorno, ha aumentado el suyo 20% desde 2009).
    </p><p class="article-text">
        Jonathan Hopkin, Lovisa Moller y V&iacute;ctor Lapuente (los dos primeros de la London School of Economics, el tercero de la Universidad de Gotemburgo) llegan a <a href="http://blogs.lse.ac.uk/usappblog/2014/01/23/lower-levels-of-inequality-are-linked-with-greater-innovation-in-economies/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la siguiente conclusi&oacute;n en un an&aacute;lisis reciente sobre el papel del Estado en la inversi&oacute;n p&uacute;blica</a>: &ldquo;La innovaci&oacute;n no solo se puede mirar estrechamente desde el punto de vista de ofrecer grandes incentivos a un peque&ntilde;o grupo de sobre dotados; tambi&eacute;n implica grandes niveles de inversi&oacute;n en investigaci&oacute;n, no solo por parte del sector privado, sino tambi&eacute;n y de manera decisiva, por parte del Estado&rdquo;. O, en la misma sinton&iacute;a pero con otras palabras, <a href="http://www.washingtonpost.com/blogs/wonkblog/wp/2014/01/21/bill-gates-capitalism-did-not-eradicate-smallpox/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bill Gates lo dice as&iacute;</a>: &ldquo;El capitalismo no erradic&oacute; la viruela. Simplemente no sabe c&oacute;mo. La erradicaci&oacute;n de la polio est&aacute; sucediendo lentamente, pero no lo est&aacute;n consiguiendo los mercados&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito de la innovaci&oacute;n sucede algo muy similar: se investigan y desarrollan las tecnolog&iacute;as m&aacute;s rentables pero se dejan de lado muchas que podr&iacute;an traer beneficios sociales mucho m&aacute;s amplios pero que no tienen una ruta de comercializaci&oacute;n atractiva o de corto plazo. El Estado, claramente, tiene un importante papel que jugar en estos casos.
    </p><p class="article-text">
        La supuesta despolitizaci&oacute;n y naturaleza estrictamente meritocr&aacute;tica de la innovaci&oacute;n de la que habla Garicano, simplemente no se corresponde a la realidad si se mira m&aacute;s de cerca el complejo entramado pol&iacute;tico, cient&iacute;fico, empresarial y de recursos p&uacute;blicos que explican el &eacute;xito de las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n en Estados Unidos durante los &uacute;ltimos 60 a&ntilde;os. La industria tecnol&oacute;gica es una de las m&aacute;s poderosas, que m&aacute;s dinero aporta a campa&ntilde;as electorales, y que contrata a los <em>lobbies</em> m&aacute;s influyentes de Washington (por no hablar de la industria de defensa, prima hermana de Silicon Valley). Quiz&aacute; no haga pactos en los palcos de los equipos deportivos de Washington, pero no olvidemos la existencia de <em>K Street</em> (el mote informal de los <em>lobbies </em>en Washington<em>) </em>y su conocido poder para navegar las aguas m&aacute;s turbias de la pol&iacute;tica y representar los intereses del mejor postor. 
    </p><p class="article-text">
        No idealicemos la relaci&oacute;n entre tecnolog&iacute;a y Estado; su naturaleza siempre ha sido eminentemente pol&iacute;tica. Y, desde mediados de 2013, lo es a&uacute;n m&aacute;s (un titular de hace solo unos d&iacute;as en <em>The</em> <em>New York Times</em> sobre la carrera por el esca&ntilde;o que representa a Silicon Valley en el Congreso lo resume bien: &ldquo;<a href="http://www.nytimes.com/2014/02/06/us/politics/tech-industry-flexes-muscle-in-california-race.html?hp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tech Industry Flexes Muscle in California Race</a>&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        No me extiendo demasiado en el tema, pero en la era post Snowden la tecnolog&iacute;a, la innovaci&oacute;n y papel del Estado se han politizado como nunca antes lo hab&iacute;an estado. En un momento en el que grandes segmentos de la econom&iacute;a est&aacute;n siendo reconvertidos y controlados por compa&ntilde;&iacute;as privadas que gestionan infraestructuras clave de la vida econ&oacute;mica y datos personales de millones de ciudadanos sin que exista pr&aacute;cticamente marco legal que les regule, se necesita, m&aacute;s que nunca, de la pol&iacute;tica. Si una lecci&oacute;n queda clara despu&eacute;s de las filtraciones del verano pasado es que tanto empresas privadas como Estado <a href="http://www.washingtonpost.com/business/technology/tech-executives-to-obama-nsa-spying-revelations-are-threatening-business/2013/12/17/6569b226-6734-11e3-a0b9-249bbb34602c_story.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tendr&aacute;n que pactar y establecer unas reglas del juego claras que todos cumplan</a>. Lo &uacute;nico cierto es que esas reglas tendr&aacute;n que privilegiar y defender los derechos individuales y las instituciones democr&aacute;ticas antes que atender las demandas y necesidades de los que propugnan la eficacia tecnol&oacute;gica como valor supremo. Para ello se requiere un Estado fuerte capaz de defender y regular los intereses p&uacute;blicos. Para el prestigiado comentarista econ&oacute;mico del Financial Times, Martin Wolf, <a href="http://www.ft.com/intl/cms/s/0/dfe218d6-9038-11e3-a776-00144feab7de.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el riesgo al que nos enfrentamos es de tal magnitud que podr&iacute;amos caer en lo que que llama &ldquo;tecno-feudalismo&rdquo;</a>. Es decir, herramientas tecnol&oacute;gicas en manos de muy pocos extrayendo rentas de la mayor&iacute;a. Sin embargo, dice, &ldquo;no es la tecnolog&iacute;a la que establece las directrices sociales. Son la econom&iacute;a y las instituciones pol&iacute;ticas las que lo hacen. Y si esas instituciones no nos valen, habr&aacute; que cambiarlas&rdquo;. Michael Ignatieff de Harvard dice lo mismo con otras palabras: &ldquo;<a href="http://www.ft.com/intl/cms/s/0/1c4cb838-8cfd-11e3-ad57-00144feab7de.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Necesitamos un nuevo Bismarck para domar las m&aacute;quinas</a>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto para decir: el dilema de Espa&ntilde;a no solo pasa por elegir entre un modelo de gobierno n&oacute;rdico exitoso y otro disfuncional del sur. Descartada &mdash;obviamente&mdash; la elecci&oacute;n voluntaria del segundo, elegir Dinamarca implica, tambi&eacute;n, necesaria e inseparablemente, hacer un voto de confianza por el Estado como eje rector de la vida p&uacute;blica. Apostar por sus instituciones, su centralidad en las decisiones colectivas y su legitimidad como eje de la articulaci&oacute;n social. Y eso, en estos tiempos, pasar&iacute;a inevitablemente por un proceso de recuperaci&oacute;n de protagonismo en la vida p&uacute;blica. No como gestor ineficaz que interfiere constantemente; m&aacute;s bien, redefiniendo su rol al de un ente asociado a la creaci&oacute;n de nuevos y din&aacute;micos mercados, garante de la seguridad jur&iacute;dica y h&aacute;bil mediador en los conflictos sociales. 
    </p><p class="article-text">
        Si Espa&ntilde;a quiere apostar de verdad por la gobernanza de alta calidad que representa el modelo dan&eacute;s, tendr&aacute; que, en paralelo a los cambios que propone Garicano, conseguir transformar c&oacute;mo se conciben y para qu&eacute; se utilizan las instituciones del Estado. Si para ello hace falta adelgazarlo en determinadas competencias, se adelgaza; y si hace falta ensancharlo en otras, se ensancha (la confluencia de I+D, reconversi&oacute;n digital de la econom&iacute;a y la defensa de los derechos individuales en la era de <em>big data</em>, sin duda es una de ellas).     
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que no se podr&aacute; conseguir es reformar el sistema de partidos, el de educaci&oacute;n, la justicia y mejorar significativamente la competitividad con la actual desafecci&oacute;n pol&iacute;tica y falta de confianza en las instituciones p&uacute;blicas (como bot&oacute;n de muestra, <a href="http://elpais.com/elpais/2014/02/05/opinion/1391626243_423737.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta carta al director de El Pa&iacute;s</a>). Mientras, por ejemplo, en Espa&ntilde;a un 61% de la poblaci&oacute;n piensa que existe una gran distancia entre la opini&oacute;n de los ciudadanos y la de sus gobernantes, en Dinamarca solo lo hace un 32%. O, mientras un 96% de los daneses cree que su voto es importante y su opini&oacute;n cuenta, en Espa&ntilde;a lo cree menos de la mitad, solo el 45%. O, por &uacute;ltimo, <a href="http://www.fedeablogs.net/economia/?p=35244" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mientras la media de ingresos p&uacute;blicos de la UE-27 en 2012 fue del 45,4%, Espa&ntilde;a solo alcanz&oacute; el 37,1%</a> (el mejor registro lo obtuvo en 2007, en la cresta de la ola inmobiliaria, con solo 41,7%). 
    </p><p class="article-text">
        Estas diferencias explican, en parte, que mientras Espa&ntilde;a gasta menos de un 5% del PIB en educaci&oacute;n, Dinamarca gaste un 8%; y que mientras Espa&ntilde;a con dificultades alcanza el 1% del PIB en investigaci&oacute;n y desarrollo, el pa&iacute;s n&oacute;rdico llega a m&aacute;s del 3% (los cuatro pa&iacute;ses de Europa con el gasto en I+D m&aacute;s bajo &mdash;tanto p&uacute;blico como privado&mdash; son los tristemente c&eacute;lebres PIGS: Portugal, Italia, Grecia y Espa&ntilde;a).
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.stratfor.com/weekly/why-so-much-anarchy" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Robert D. Kaplan lo resume bien en un ensayo breve reciente</a> titulado <em>&iquest;Por qu</em><em>&eacute;</em><em> tanta anarqu</em><em>&iacute;a?</em> sobre los retos de la gobernanza en el siglo XXI&ldquo;: &rdquo;El futuro de la pol&iacute;tica mundial girar&aacute; en torno a qu&eacute; sociedades saben construir instituciones eficaces para gobernar amplios territorios y cu&aacute;les no&ldquo;. Es decir, la calidad de la gobernanza como el factor clave de la econom&iacute;a del conocimiento. O, lo que es lo mismo, la calidad de las instituciones del Estado como garantes del desarrollo econ&oacute;mico.  
    </p><p class="article-text">
        El verdadero dilema de Espa&ntilde;a pasa, entonces, por decidir si se quiere apuntalar al Estado como ente que aglutine, gestione las diferencias sociales y realice un dise&ntilde;o institucional eficaz o si se le deja a la deriva sin las competencias y legitimidad necesarias. Si dejamos que se convierta, en otras palabras, en el mal necesario de la democracia. De la elecci&oacute;n depende la calidad de la gobernanza a la que se pueda aspirar. Y, en funci&oacute;n de ello, el calado de las reformas que se puedan acometer.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, dimensionado el dilema, la pregunta realmente es: &iquest;est&aacute; preparada Espa&ntilde;a para hacer una apuesta firme por el Estado?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Beas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/dinamarca-venezuela-verdadero-papel_1_5017665.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Feb 2014 20:08:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Dinamarca, Venezuela y el (verdadero) papel del Estado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Datos, información, conocimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/datos-informacion-conocimiento_132_5650429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El desprestigio de la prensa, en parte, se explica por su crisis de credibilidad</p><p class="subtitle">¿Se puede equiparar el incremento en la producción de datos con el incremento en la producción de información?</p><p class="subtitle">Los datos son valores numéricos que  representan una realidad abstracta, la información es el refinamiento de  esos datos</p></div><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os treinta del siglo pasado T.S. Eliot se preguntaba: &ldquo;&iquest;d&oacute;nde est&aacute; la sabidur&iacute;a que hemos perdido en el conocimiento? &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el conocimiento que hemos perdido en la informaci&oacute;n?&rdquo; Hoy, habr&iacute;a que a&ntilde;adir: &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la informaci&oacute;n que hemos perdido en los datos?
    </p><p class="article-text">
        Los datos &mdash;en el sentido de <em>data</em>, en ingl&eacute;s&mdash;, se convierten en el nuevo ADN de la informaci&oacute;n. Temas tan distintos como el n&uacute;mero de personas que dejan de cobrar el paro; las millones de b&uacute;squedas que se realizan todos los d&iacute;as en la red; indicadores de salud p&uacute;blica, tr&aacute;fico a&eacute;reo, votos y gasto municipal; todo se cuantifica y registra en formatos m&aacute;s &aacute;giles y cada vez m&aacute;s accesibles (se conocen como <em>machine readable</em>, el nuevo est&aacute;ndar de la transparencia p&uacute;blica). Seg&uacute;n c&aacute;lculos de Google, desde el comienzo de los registros escritos y hasta 2003 se crearon cinco hexabytes (mil millones de gigabytes) de datos. En 2010 se produjo la misma cantidad en tan solo 48 horas.
    </p><p class="article-text">
        Surgen as&iacute; nuevos campos de estudio; m&uacute;ltiples disciplinas desarrollan m&eacute;todos de an&aacute;lisis e interpretaci&oacute;n de datos. En la academia, &aacute;reas de estudio como la econom&iacute;a, el urbanismo, la qu&iacute;mica y la biolog&iacute;a; en la empresa se crean nuevas divisiones de valoraci&oacute;n de datos; y, m&aacute;s interesante a&uacute;n, en el espacio p&uacute;blico, surge tanto un nuevo tipo de periodismo conocido como &ldquo;periodismo de datos&rdquo; como una nueva forma de entender y valorar el trabajo de las administraciones y la rendici&oacute;n de cuentas.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;c&oacute;mo entender el papel de los datos en esta nueva estructura? &iquest;Qu&eacute; son los datos en su esencia? O, dicho de otra manera, &iquest;se puede equiparar el incremento en la producci&oacute;n de datos con el incremento en la producci&oacute;n de informaci&oacute;n? M&aacute;s importante todav&iacute;a: &iquest;esta nueva informaci&oacute;n necesariamente se traduce en mayor conocimiento?
    </p><p class="article-text">
        Los datos, en su definici&oacute;n m&aacute;s elemental, son valores num&eacute;ricos que representan una realidad abstracta. La informaci&oacute;n es el refinamiento de esos datos. Es decir, el valor que se extrae de datos inconexos que se convierten en informaci&oacute;n cuando se conectan y relacionan. La informaci&oacute;n, a su vez, se destila y, con la experiencia, se convierte en conocimiento. Cambia, por tanto, la forma en la que procesamos y ordenamos la gesti&oacute;n del conocimiento. Y, como consecuencia, cambia la forma en la que se estructura la esfera y opini&oacute;n p&uacute;blica. Me centro aqu&iacute; espec&iacute;ficamente en la transformaci&oacute;n que ello supone para la intersecci&oacute;n del periodismo y la rendici&oacute;n de cuentas.
    </p><p class="article-text">
        El desprestigio de la prensa, en parte, se explica por su crisis de credibilidad. Con la masificaci&oacute;n de internet a mediados de la d&eacute;cada de los noventa, la ya tocada naturaleza vertical, unidireccional y en muchos casos elitista &mdash;o, peor, populista&mdash; de los <em>mass media</em>, dio paso en una primera etapa a la democratizaci&oacute;n de la opini&oacute;n (encarnada por el surgimiento y ascenso de medios sensacionalistas como el<em> Huffington Post </em>en Estados Unidos). M&aacute;s medios, m&aacute;s canales, m&aacute;s opiniones. Se ampliaba y atomizaba la esfera p&uacute;blica con la diversidad de puntos de vista como bandera. Un soplo de aire fresco en el rancio ambiente de los medios, sin duda; pero muy poco aportar&iacute;a para generar un debate p&uacute;blico m&aacute;s rico e informado.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, una segunda etapa m&aacute;s reciente (nuevamente liderada por medios anglosajones) est&aacute; dando paso a un periodismo basado en el rigor de la estad&iacute;stica y la informaci&oacute;n cuantificable. Es decir, de los datos. El ejemplo m&aacute;s sobresaliente hasta el momento es el del economista y estad&iacute;stico Nate Silver. Conocido por su trabajo como analista electoral en Estados Unidos, Silver aplica datos a los datos. Es decir, complementa la naturaleza unidimensional de las encuestas tradicionales con otros indicadores que le ayudan a construir modelos de an&aacute;lisis m&aacute;s robustos y complejos. Analiza encuestas, pondera su desempe&ntilde;o hist&oacute;rico e incorpora series de informaci&oacute;n demogr&aacute;fica y electoral. Utilizando este m&eacute;todo produjo un an&aacute;lisis m&aacute;s preciso y estable del estado de la elecci&oacute;n presidencial de 2012 que cualquiera de los medios tradicionales &mdash;o los tertulianos&mdash; que se empe&ntilde;aron en caracterizar la contienda como una lucha empatada (Romney en ning&uacute;n momento igual&oacute; a Obama en los n&uacute;meros del Colegio Electoral).
    </p><p class="article-text">
        Y, as&iacute; como cambia la base del an&aacute;lisis de las encuestas electorales, otros medios comienzan a utilizar grandes repositorios de datos como nuevas fuentes de informaci&oacute;n y base de una conversaci&oacute;n p&uacute;blica m&aacute;s fundamentada en el rigor del an&aacute;lisis y menos en el abuso de las opiniones. Silver lo resumi&oacute; bien en una entrevista reciente: &ldquo;Ahora se trata de los n&uacute;meros &mdash;con todas sus imperfecciones&mdash; versus la demagogia de las opiniones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El mismo criterio se puede aplicar a la forma en la que gobiernos y administraciones han utilizado tradicionalmente la informaci&oacute;n. Procesos altamente burocratizados, verticales, lentos y de dif&iacute;cil acceso para la ciudadan&iacute;a, dan paso a formas m&aacute;s abiertas y eficaces de ordenar y utilizar la informaci&oacute;n p&uacute;blica. El Center for Disease Control en Estados Unidos (la agencia federal con m&aacute;s competencias en sanidad), por ejemplo, utiliza datos de b&uacute;squedas en Google para anticipar, modelar y predecir la trayectoria de brotes de diversas infecciones; comienza a dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas de prevenci&oacute;n basadas en esta nueva fuente de informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El Banco de Inglaterra, por su parte, experimenta con b&uacute;squedas en Internet relacionadas con impagos y desahucios para tomar un pulso m&aacute;s preciso y en tiempo real de la econom&iacute;a. Recientemente Downing Street cre&oacute; la Cabinet Office Open Policy Making, una divisi&oacute;n dentro de la oficina del primer ministro encargada de abrir los procesos de formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y acercar a los expertos en cada materia.
    </p><p class="article-text">
        Se trate de medios de comunicaci&oacute;n o gobiernos, se comienza a replicar un proceso similar al de las iteraciones en ciencia y tecnolog&iacute;a: prueba y error. Es decir, un c&iacute;rculo virtuoso de retroalimentaci&oacute;n basado en la medici&oacute;n y rectificaci&oacute;n constantes. O, en otras palabras, la beta permanente aplicada a las instituciones. Por debajo de la capa tradicional de conocimiento que se ha utilizado para valorar y tomar decisiones, se est&aacute; insertando una capa de an&aacute;lisis cuantitativo &mdash;datos&mdash; que pronto constituir&aacute; los cimientos de la mayor parte de la informaci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, el desaf&iacute;o de los datos es un desaf&iacute;o de <em>expertises</em>. Es decir, de conocimiento aplicado. De saber reconstruir los procesos institucionales del mundo pre digital en unos que sepan aprovechar los cambios y el avance de la tecnolog&iacute;a. Y el reto en este apartado es may&uacute;sculo. Los datos en s&iacute; mismos aportan poco. Es la forma en la que se descifran, analizan y reordenan, lo que a&ntilde;ade valor. La originalidad con la que se utilizan para encontrar patrones en la informaci&oacute;n y plantear alternativas antes no imaginadas. Para conseguirlo se necesitan, sobre todo, expertos: en presupuestos p&uacute;blicos, en ciencia, en transporte, en el sistema electoral, en corrupci&oacute;n, en sanidad... La ant&iacute;tesis, en otras palabras, del bur&oacute;crata o periodista generalista con poder de mando o influencia pero sin conocimientos profundos sobre la materia. La fuente de autoridad en la esfera p&uacute;blica, pues, se desplaza; cambian sus intermediarios.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todos tienen derecho a su propia opini&oacute;n; pero nadie a sus propios hechos&rdquo;, sol&iacute;a decir Daniel Patrick Moynihan, el senador e intelectual p&uacute;blico estadounidense. Una m&aacute;xima sabia y dif&iacute;cil de llevar a la pr&aacute;ctica que el senador propon&iacute;a como eje del debate p&uacute;blico. Una m&aacute;xima que cobra nueva relevancia en una esfera p&uacute;blica conectada en red y apuntalada por los datos.
    </p><p class="article-text">
        De los datos, a la informaci&oacute;n, al conocimiento. En ese orden. Esa es la nueva estructura de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica que viene. O de la que ya est&aacute; aqu&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Beas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/datos-informacion-conocimiento_132_5650429.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Apr 2013 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Datos, información, conocimiento]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política,Big data]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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