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    <title><![CDATA[elDiario.es - Francisco Javier Moreno Fuentes]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/francisco_javier_moreno_fuentes/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Francisco Javier Moreno Fuentes]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[In, Inde, IndePPendencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/catalunya-referendum-1-o-partido-popular_129_3163373.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/710d8da1-b50b-4c9b-993e-3e1bf0caafa1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El PP gana elecciones, pero concita al mismo tiempo un enorme rechazo entre amplios sectores de la población española</p></div><p class="article-text">
        Parece cada vez m&aacute;s claro que el &ldquo;refer&eacute;ndum&rdquo; del 1-O no ser&aacute; un refer&eacute;ndum ni nada que se le parezca, pero algo ser&aacute;. Ernest Urtasun (Eurodiputado de ICV) lo califico recientemente en un programa de televisi&oacute;n matutino como una gran protesta contra el PP. Y pensamos que no se equivoca. Posiblemente ese ser&aacute; el m&iacute;nimo com&uacute;n denominador de los que se movilicen, y ser&aacute; tambi&eacute;n un sentimiento ampliamente compartido por muchos ciudadanos catalanes que no salgan a la calle, no quieran la independencia y rechacen la alocada carrera hacia el precipicio impulsada por los partidos nacionalistas durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os. Todos unidos frente al PP.
    </p><p class="article-text">
        El PP gana elecciones, pero concita al mismo tiempo un enorme rechazo entre amplios sectores de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Seg&uacute;n el &uacute;ltimo bar&oacute;metro del CIS de julio, un 55,3% de los ciudadanos declara que nunca votar&iacute;a al PP, con toda seguridad. De media, el conjunto de espa&ntilde;oles, sit&uacute;an al PP en el 8,26 de la escala de ubicaci&oacute;n ideol&oacute;gica de los partidos (de 1 a 10). Un porcentaje alto de ciudadanos (40,5%) situaba al PP en las posiciones 9-10 de la escala de ubicaci&oacute;n ideol&oacute;gica (es decir, en la extrema derecha). Esta cifra aument&oacute; sensiblemente desde que ese partido lleg&oacute; al poder (en enero de 2012 era del 27%). Parad&oacute;jicamente, fue incluso m&aacute;s baja en las legislaturas de Aznar (la cifra se situ&oacute; generalmente entre el 20-25%).
    </p><p class="article-text">
        En Catalu&ntilde;a estas cifras alcanzan cotas a&uacute;n m&aacute;s altas. De media, los catalanes sit&uacute;an al PP en el 9,22, casi un punto por encima del conjunto de espa&ntilde;oles. Dos de cada tres catalanes creen que les gobierna un partido de extrema derecha. As&iacute; lo cree el 81% de los votantes de En Com&uacute; Podem y el 88% de los votantes de ERC (los votantes del PDCAT opinan de manera similar, pero el peque&ntilde;o tama&ntilde;o de la muestra impide ser m&aacute;s preciso a este respecto). Las cifras en el conjunto de Catalu&ntilde;a se han situado en niveles muy elevados desde que el Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas genera datos sobre este indicador, a finales de los ochenta, y aunque descendieron ligeramente en los a&ntilde;os noventa, se han mantenido generalmente por encima del 50%.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Est&aacute; justificada esta percepci&oacute;n? Probablemente no. Por muy conservadoras que nos parezcan  sus pol&iacute;ticas, austericida su respuesta a la crisis, o autoritarias sus formas, resulta dif&iacute;cil equiparar al PP con partidos de extrema derecha como el FN en Francia, AfD en Alemania, o Fidesz-Uni&oacute;n C&iacute;vica en Hungr&iacute;a. No resulta f&aacute;cil encontrar polit&oacute;logos o soci&oacute;logos fuera de Espa&ntilde;a que consideren al PP como un partido de extrema derecha, o que hayan escrito trabajos en los que clasifiquen al PP entre el bien estudiado grupo de partidos de derecha radical existentes en Europa.
    </p><p class="article-text">
        Los votantes del PP, a diferencia de los de los partidos de la derecha radical, se tienden a autoubicar en posiciones de derecha moderada (en torno al 7,5 de la escala ideol&oacute;gica individual). Solo un 20,8% de los votantes del PP consideran que est&aacute;n votando a un partido situado en las posiciones 9-10.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las percepciones sociales son las que son y tienen efectos significativos. En Ciencias Sociales manejamos lo que se conoce como el teorema de Thomas, que afirma que &ldquo;si las personas perciben una situaci&oacute;n como real, &eacute;sta lo ser&aacute; en sus consecuencias&rdquo;. En Catalu&ntilde;a, el PP ha sido socialmente percibido como un partido de derecha radical desde su propia fundaci&oacute;n a partir de la antigua Alianza Popular, y esta percepci&oacute;n ha tenido profundas implicaciones en la evoluci&oacute;n de la pol&iacute;tica catalana, y todo indica que va a seguir teni&eacute;ndolas.
    </p><p class="article-text">
        Se argumentar&aacute;, con buena parte de raz&oacute;n, que esa percepci&oacute;n ha reflejado el empe&ntilde;o (exitoso) de otras fuerzas pol&iacute;ticas en estigmatizar a dicho partido. En esta din&aacute;mica han participado activamente la pr&aacute;ctica totalidad de fuerzas pol&iacute;ticas del arco parlamentario catal&aacute;n (salvo quiz&aacute;s Ciudadanos).
    </p><p class="article-text">
        Tampoco les faltar&aacute; raz&oacute;n a quienes argumenten que el PP se ha ganado a pulso esa nefasta reputaci&oacute;n. Cuando el PP comenz&oacute; a normalizar su imagen en la mayor parte de Espa&ntilde;a (a partir de inicios de los 90), convenciendo a una parte creciente del electorado de que sus credenciales eran plenamente democr&aacute;ticas, y logrando ser percibido como un partido &ldquo;centrista&rdquo; que compet&iacute;a directamente con el PSOE por el apoyo de los segmentos moderados del electorado, esto no  sucedi&oacute; en Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Sin entrar a juzgar motivos y estrategias espec&iacute;ficas, el PP no dud&oacute; en situarse al margen de consensos ampliamente consolidados en la escena pol&iacute;tica catalana (pol&iacute;tica ling&uuml;&iacute;stica, reivindicaciones de mayor y mejor autogobierno, etc.), aline&aacute;ndose junto a grupos minoritarios que se consideraban damnificados por esas pol&iacute;ticas. Su actitud hacia la reforma del Estatut de 2006 ha sido generalmente se&ntilde;alada como uno de los elementos clave que han provocado el malestar que ha desembocado en la actual situaci&oacute;n de polarizaci&oacute;n y fragmentaci&oacute;n social experimentada por la sociedad catalana.
    </p><p class="article-text">
        La movilizaci&oacute;n independentista, que ha ido adquiriendo <em>momentum</em> en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se ha nutrido en buena parte del malestar derivado de la crisis econ&oacute;mica y de las medidas de austeridad aplicadas por todos los niveles de gobierno como respuesta a la crisis fiscal y financiera experimentada por las arcas p&uacute;blicas. El rechazo al gobierno del PP y a sus pol&iacute;ticas, que en el resto de Espa&ntilde;a se volc&oacute; en la defensa del Estado de bienestar (mareas), o en la denuncia de las desigualdades intergeneracionales derivadas de la crisis (15M), fue canalizado por las &eacute;lites nacionalistas catalanas hacia un planteamiento de ruptura del status quo institucional y pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Su lectura estrat&eacute;gica del momento ha consistido en aprovechar la &ldquo;ventana de oportunidad&rdquo; abierta por la crisis para alcanzar los objetivos m&aacute;ximos del proyecto nacionalista (o cuanto menos explorar esa v&iacute;a ante la expectativa de poder consolidar avances sustanciales en dicha direcci&oacute;n). En una h&aacute;bil maniobra de &ldquo;evitaci&oacute;n de la culpa&rdquo;, las fuerzas nacionalistas transfirieron la responsabilidad de la crisis y de los recortes en las pol&iacute;ticas sociales (iniciadas de motu proprio y con entusiasmo por el gobierno de Artur Mas) al gobierno central en manos del PP, aprovechando el elevado grado de estigmatizaci&oacute;n de ese partido en Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        El rechazo al PP, como exponente de un modo de entender la pol&iacute;tica con el que la mayor parte de la sociedad catalana no se siente en absoluto identificada, fue transformado en un rechazo a la idea de Espa&ntilde;a, proyectando sobre &eacute;sta todas las caracter&iacute;sticas negativas que tradicionalmente se asociaban a dicho partido (centralismo, autoritarismo, clientelismo, corrupci&oacute;n, y un largo etc.).
    </p><p class="article-text">
        La reciente maniobra propagand&iacute;stica puesta en pr&aacute;ctica por las fuerzas independentistas (con el apoyo de Podemos, que parece confiar en beneficiarse con ello del debilitamiento institucional que pueda derivarse de los efectos de dicha cr&iacute;tica) destinada a equiparar al PP y al conjunto de las instituciones pol&iacute;ticas y judiciales espa&ntilde;olas con el r&eacute;gimen franquista constituye un claro ejemplo de esta pauta.
    </p><p class="article-text">
        La realidad paralela generada por dicha propaganda ha conseguido &ldquo;ilusionar&rdquo; a amplias capas de las clases medias catalanas con la idea de que, frente el desagrado ante las actuaciones de un gobierno (aspecto claramente coyuntural, por mucho que una legislatura pueda durar cuatro a&ntilde;os), resulta no solo leg&iacute;timo el proyecto de separarse de un Estado (dimensi&oacute;n estructural donde las haya), sino hacerlo de manera unilateral y &ldquo;desobedeciendo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De este modo se incorpora una ret&oacute;rica populista que justifica la insurrecci&oacute;n contra el ordenamiento jur&iacute;dico vigente,  al considerar a &eacute;ste &uacute;ltimo como obra de fuerzas pol&iacute;ticas y sociol&oacute;gicas que tutelan al Estado desde la Transici&oacute;n y sostienen al PP en el poder en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        En estas condiciones, frente a la opini&oacute;n p&uacute;blica catalana, el gobierno del PP tiene muy dif&iacute;cil salir airoso de cualquier intervenci&oacute;n que realice en Catalu&ntilde;a, por mucho que grad&uacute;e la intensidad de la misma. Peor a&uacute;n, cualquier actor que se sit&uacute;e al lado del PP, &ldquo;modere&rdquo; las cr&iacute;ticas al gobierno, o entre en negociaci&oacute;n con ellos, corre un serio riesgo de deslegitimaci&oacute;n en Catalu&ntilde;a. Esto coloca al gobierno del PP en una posici&oacute;n muy inc&oacute;moda y convierte la situaci&oacute;n en un galimat&iacute;as endiablado.
    </p><p class="article-text">
        No resulta sencillo entrever como el partido que (por acci&oacute;n, omisi&oacute;n, y/o como v&iacute;ctima de las maniobras de otros) est&aacute; indisolublemente ligado a la aparici&oacute;n del sinsentido de la &ldquo;IndePPendencia&rdquo; pueda articular propuestas viables y concretas que permitan contribuir a resolver este gigantesco enredo. Si a partir del 2-O el gobierno del PP quiere convencer a alg&uacute;n interlocutor nacionalista de que se siente a negociar, su oferta debe resultar cre&iacute;ble para actores pol&iacute;ticos y sociales acostumbrados a pensar en el PP como un enemigo frente al que hay que imponer un &ldquo;cord&oacute;n sanitario&rdquo;. Se trata de una situaci&oacute;n que puede obligarle a &ldquo;sobrepujar&rdquo;, solo para comenzar a hablar.
    </p><p class="article-text">
        El PP podr&iacute;a plante&aacute;rselo (lo que en la literatura se conoce como estrategia de &ldquo;<em>Nixon goes to China</em>&rdquo;, en referencia al viaje insospechado de un presidente estadounidense del partido Republicano, Richard Nixon, a la China comunista a principios de los setenta para desbloquear una situaci&oacute;n de hostilidad entre ambos pa&iacute;ses, pero los costes que afrontar&iacute;a en el seno de su propio partido y los que se ver&iacute;a forzado a imponer al resto del pa&iacute;s, podr&iacute;an ser muy elevados. Esto convierte el problema en especialmente intratable, y aumenta los incentivos para que el gobierno del PP renuncie a cualquier v&iacute;a de salida dialogada, increment&aacute;ndose as&iacute; la probabilidad de que sigamos instalados en esta espiral de polarizaci&oacute;n social y pol&iacute;tica hacia ninguna parte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pau Marí-Klose, Francisco Javier Moreno Fuentes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/catalunya-referendum-1-o-partido-popular_129_3163373.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Sep 2017 18:15:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[In, Inde, IndePPendencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Referéndum 1-O,PP - Partido Popular,Cataluña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La evolución del Estado de bienestar español: un sueño que no se hizo realidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/evolucion-bienestar-espanol-sueno-realidad_1_4952273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7e358b5-edb4-474b-8fd0-2fb1751dba81_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La evolución del Estado de bienestar español: un sueño que no se hizo realidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos de los giros ideológicos del gobierno de Rajoy han puesto en peligro los principios fundamentales de nuestro modelo social</p></div><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os Espa&ntilde;a ha estado con frecuencia en el punto de mira de la prensa europea. Despu&eacute;s de un largo per&iacute;odo de crecimiento econ&oacute;mico ininterrumpido y ampliamente aclamado, la crisis financiera que se inici&oacute; en 2007 parece haber acabado con lo que la prensa econ&oacute;mica extranjera hab&iacute;a calificado como &ldquo;el milagro espa&ntilde;ol&rdquo;. Desde 2008, Espa&ntilde;a ha experimentado dificultades econ&oacute;micas extremas que han compelido a los gobiernos a realizar severos recortes y a aceptar lo que la ciudadan&iacute;a ha percibido como una intervenci&oacute;n suave de la UE a cambio de los recursos necesarios para rescatar a una parte del sistema financiero espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Antes de la crisis, los cuatros a&ntilde;os de la primera legislatura del Gobierno de Zapatero hab&iacute;an sido aprovechados para completar y consolidar el Estado de Bienestar heredado del anterior per&iacute;odo de gobierno socialista. Los 14 a&ntilde;os de gobierno de Felipe Gonz&aacute;lez (1982-1996) hab&iacute;an sido responsables de la introducci&oacute;n de importantes reformas que racionalizaron los sistemas de pensiones y sanidad, ampliando la cobertura y la generosidad del primero, y movi&eacute;ndose en la direcci&oacute;n de garantizar la cobertura universal del segundo. Adem&aacute;s, se establecieron las bases para la prestaci&oacute;n de servicios sociales a nivel regional por parte de las Comunidades Aut&oacute;nomas y municipios.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de la ambici&oacute;n y esfuerzo de los gobiernos de Gonz&aacute;lez en su expl&iacute;cito intento por alcanzar a los pa&iacute;ses del norte y centro de Europa en el desarrollo de pol&iacute;ticas  de protecci&oacute;n social,  muchas necesidades y riesgos sociales permanecieron desatendidos. En el caso de las pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n por desempleo, por ejemplo, algunos colectivos no llegaron a estar adecuadamente cubiertos ya que ten&iacute;an trayectorias laborales demasiado cortas, o hab&iacute;an trabajado fundamentalmente en la econom&iacute;a sumergida. Mientras que los trabajadores m&aacute;s experimentados (y los ancianos en general) se convirtieron en los principales beneficiarios de las reformas introducidas en el &aacute;mbito del bienestar, los trabajadores m&aacute;s j&oacute;venes han permanecido en gran medida excluidos de la red de protecci&oacute;n proporcionada por las pol&iacute;ticas sociales en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Debido a la naturaleza marcadamente dual del mercado de trabajo espa&ntilde;ol, la situaci&oacute;n de los j&oacute;venes ha sido especialmente adversa en tiempos de desaceleraci&oacute;n econ&oacute;mica, cuando los trabajadores temporales (muchos de ellos menores de 30 a&ntilde;os) asumen buena parte de las consecuencias del ajuste laboral de las empresas debido a la aplicaci&oacute;n del principio de que &ldquo;el &uacute;ltimo contratado es el primero en ser despedido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La importancia que en Espa&ntilde;a se concede a la familia (tambi&eacute;n en el terreno de la provisi&oacute;n de la necesidades de bienestar)  permiti&oacute; al Estado delegar con naturalidad en &eacute;sta la funci&oacute;n de &ldquo;amortiguador&rdquo; cuando los miembros no adecuadamente protegidos por el sistema se enfrentan a situaciones de precariedad o privaci&oacute;n (desempleo, desintegraci&oacute;n familiar, etc.), o a necesidades asistenciales especiales (enfermedad, dependencia o maternidad). En estas circunstancias, no se espera que el Estado intervenga hasta que la seguridad econ&oacute;mica que proporcionan los cabezas de familia no est&eacute; claramente en cuesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El papel tradicionalmente asumido por la familia sirvi&oacute; para excusar la debilidad de los servicios sociales, as&iacute; como para desactivar las demandas de reforma en este &aacute;mbito de pol&iacute;ticas hasta la d&eacute;cada de los 90. Sin embargo, a partir de esa fecha, los r&aacute;pidos cambios en el entorno econ&oacute;mico y social empezaron a poner de manifiesto la necesidad de nuevas pol&iacute;ticas sociales, as&iacute; como la reforma de las existentes. As&iacute;, durante la d&eacute;cada de los 90 y principios de 2000, Espa&ntilde;a experiment&oacute; una transici&oacute;n incompleta hacia un orden &ldquo;post-industrial&rdquo;, que alter&oacute; profundamente las estructuras ocupacionales, as&iacute; como las relaciones familiares y de g&eacute;nero. La econom&iacute;a de servicios abri&oacute; nuevas oportunidades de empleo para las mujeres, los j&oacute;venes y otros colectivos que hasta entonces no hab&iacute;an estado adecuadamente integrados en el mercado laboral.
    </p><p class="article-text">
        Los &ldquo;outsiders&rdquo; (especialmente los nuevos inmigrantes procedentes de pa&iacute;ses en desarrollo), se incorporaron al mercado de trabajo de manera particularmente precaria y con empleos de escasa calidad. El crecimiento del empleo femenino supuso un aumento del n&uacute;mero de hogares con dos adultos empleados en los que la posici&oacute;n relativa del var&oacute;n sustentador en el seno del hogar se vio alterada por la aparici&oacute;n de una segunda fuente de ingresos: un activo clave para mantener los est&aacute;ndares de consumo deseados, lo que supone, sin embargo, un aumento de las dificultades de las familias para conciliar las esferas profesionales y personales. Los equilibrios tradicionales que funcionaban bajo la presunci&oacute;n de que el cuidado y el trabajo dom&eacute;stico lo llevaban a cabo las amas de casa a tiempo completo, se hab&iacute;an trastocado de manera clara. Las trabajadoras inmigrantes, a trav&eacute;s de su participaci&oacute;n en un mercado de servicio dom&eacute;stico y de cuidados no regulado, informal y precario, ocuparon un papel central en los encajes de los hogares espa&ntilde;oles para responder a dichos retos de conciliaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto de transformaci&oacute;n socio-econ&oacute;mica, un n&uacute;mero creciente de personas quedaban atrapadas en empleos de baja calidad, con contratos de car&aacute;cter temporal o intermitente, de baja remuneraci&oacute;n, para los que con frecuencia estaban sobrecualificados. Como consecuencia de sus carreras laborales inestables y precarias, dichos trabajadores carec&iacute;an de la protecci&oacute;n social necesaria en momentos en los que deb&iacute;an afrontar situaciones de desempleo o discapacidad. Un n&uacute;mero creciente de personas se enfrentaban  tambi&eacute;n a obst&aacute;culos de dif&iacute;cil soluci&oacute;n al tratar de equilibrar las responsabilidades laborales y familiares, tener descendencia, o al llegar a la vejez en situaci&oacute;n de fragilidad y sin apoyo familiar. Situaciones como est&aacute;s, englobadas bajo el ep&iacute;grafe de Nuevos Riesgos Sociales (NSR) hab&iacute;an estado pr&aacute;cticamente ausentes en el debate p&uacute;blico espa&ntilde;ol hasta las a&ntilde;os 90, cuando se introducen s&uacute;bitamente en las agenda p&uacute;blica y pol&iacute;tica, alimentando nuevos debates y demandas en materia de pol&iacute;tica social.
    </p><p class="article-text">
        Los gobiernos de Zapatero impulsaron una amplia gama de medidas para responder a los NRS. Por un lado se trat&oacute; de facilitar la emancipaci&oacute;n juvenil por la v&iacute;a de favorecer la autonom&iacute;a residencial de los j&oacute;venes. Se promovieron el empleo femenino y la conciliaci&oacute;n de la vida laboral y familiar con el programa de atenci&oacute;n a los ni&ntilde;os de 0 a 3 (Educa3), entre otras medidas, al tiempo que se alent&oacute; la natalidad mediante el programa popularmente conocido como &ldquo;cheque-beb&eacute;&rdquo;. Tambi&eacute;n se pretendi&oacute; atender las necesidades de cuidado derivadas del envejecimiento poblacional a trav&eacute;s de la Ley de Dependencia. Aunque el gasto en pol&iacute;ticas de familia continu&oacute; estando por debajo de la media europea, el incremento proporcional del gasto en este tipo de programas se situ&oacute; sustancialmente por encima de la media europea en el per&iacute;odo entre 2004 y 2010 (36% en este per&iacute;odo, s&oacute;lo por debajo de la tasa de crecimiento de Irlanda para este tipo las pol&iacute;ticas entre los pa&iacute;ses de la UE-15). En un clima social de relativo optimismo econ&oacute;mico, estas medidas representaron un cambio importante respecto a los patrones de actuaci&oacute;n cl&aacute;sicos de los Estados del bienestar del sur de Europa, respondiendo a las expectativas de expansi&oacute;n de los programas de protecci&oacute;n social entre los votantes socialistas tras casi una d&eacute;cada de crecimiento econ&oacute;mico y austeridad fiscal impuesta por los gobiernos conservadores del Partido Popular.
    </p><p class="article-text">
        Estas reformas expansivas se detuvieron en seco en 2008 tras el estallido de la crisis financiera y su correlato en forma de crisis econ&oacute;mica. Ante las crecientes restricciones presupuestarias, los gobiernos espa&ntilde;oles concentraron sus esfuerzos en la contenci&oacute;n del gasto social, siendo las pol&iacute;ticas de nueva creaci&oacute;n que respond&iacute;an a los NRS, las que m&aacute;s directamente sufrieron las consecuencias de dichos recortes. As&iacute;, en 2010 Zapatero suprimi&oacute; la asignaci&oacute;n por nacimiento que hab&iacute;a introducido dos a&ntilde;os antes, no cumpli&oacute; su promesa de ampliar el permiso parental de 13 a 30 d&iacute;as y redujo la ayuda financiera al alquiler para los j&oacute;venes. Tras la derrota electoral de los socialistas a finales de 2011, el nuevo gobierno conservador de Mariano Rajoy introdujo dr&aacute;sticos recortes en el &aacute;mbito del bienestar, entre los que destacan no solo los recortes en sanidad y educaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n la significativa reducci&oacute;n de los recursos destinados a la atenci&oacute;n a la dependencia, las pol&iacute;ticas de cuidado de ni&ntilde;os de 0 a 3 o las pol&iacute;ticas activas de empleo, comprometiendo seriamente la sostenibilidad financiera de estos programas.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de la gravedad de las restricciones fiscales y financieras experimentadas por las administraciones p&uacute;blicas espa&ntilde;olas, ser&iacute;a un error creer que la lucha contra el d&eacute;ficit p&uacute;blico es la &uacute;nica responsable de la reducci&oacute;n de los gastos en protecci&oacute;n social en Espa&ntilde;a. Durante los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, las decisiones tomadas por el gobierno conservador han actuado sobre los principios b&aacute;sicos de los sistemas de protecci&oacute;n social del Estado de bienestar espa&ntilde;ol. Desde la investidura del gobierno de Rajoy, las Comunidades Aut&oacute;nomas han visto como los fondos provenientes del gobierno central se han reducido dr&aacute;sticamente, en lo que podr&iacute;a considerarse una estrategia de &ldquo;<em>matar de hambre a la bestia</em>&rdquo; con objeto de obligar a los gobiernos aut&oacute;nomos a reducir el gasto al privarles de los recursos econ&oacute;micos necesarios para su financiaci&oacute;n (recursos dedicados en gran medida a la educaci&oacute;n la atenci&oacute;n sanitaria y los servicios sociales). Esto ha dado lugar a una sustancial disminuci&oacute;n de la cobertura de una serie de derechos sociales garantizados hasta la fecha por dichos gobiernos (servicios de atenci&oacute;n a la dependencia, prestaciones y/o servicios a las familias, rentas m&iacute;nimas de inserci&oacute;n, etc.), y ha afectado muy negativamente a la calidad de las prestaciones de dichos sistemas (visible, por ejemplo, en el aumento de las listas de hospitalarias, la falta de aplicaci&oacute;n de las medidas previstas en la Ley de Dependencia, etc.), favoreciendo la huida de las clases medias hacia esquemas privados (fen&oacute;meno particularmente visible por ejemplo en al &aacute;mbito sanitario).
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito concreto de la sanidad, y mas all&aacute; de los recortes presupuestarios, el Sistema Nacional de Salud (SNS) ha experimentado una serie de reformas que invierten claramente la tendencia hacia la universalizaci&oacute;n de su cobertura (por la expulsi&oacute;n de los inmigrantes en situaci&oacute;n administrativa irregular del sistema, el aumento significativo de los co-pagos, etc.), al tiempo que se pretende regresar a los tiempos en que la sanidad estaba vinculada al sistema de Seguridad Social a trav&eacute;s de  la reintroducci&oacute;n de la categor&iacute;a de beneficiarios &ldquo;asegurados&rdquo; del SNS, l&oacute;gica organizativa de la que se hab&iacute;a logrado alejar gradualmente al SNS desde la aprobaci&oacute;n de la   Ley General de Sanidad en 1986. Adem&aacute;s, al discutir el desarrollo de un cat&aacute;logo &ldquo;b&aacute;sico&rdquo; de prestaciones sanitarias, el gobierno actual abre la puerta a limitar el alcance de los servicios prestados por el sistema sanitario p&uacute;blico, y por tanto, al surgimiento de un sistema de aseguramiento privado complementario que reintroducir&iacute;a una l&oacute;gica de dualizaci&oacute;n en el &aacute;mbito sanitario entre las personas con recursos (y seguros complementarios) y los grupos m&aacute;s desfavorecidos (que tan solo tendr&iacute;an acceso al &ldquo;paquete b&aacute;sico&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Un segundo conjunto de reformas afect&oacute; al &aacute;mbito del mercado de trabajo y las prestaciones sociales vinculadas a la participaci&oacute;n laboral. A principios de 2012, el nuevo gobierno conservador aprob&oacute; nueva legislaci&oacute;n que simplifica y abarata el despido de trabajadores. Tambi&eacute;n aborda el sistema de negociaci&oacute;n colectiva con el fin de debilitar la influencia de los sindicatos, hacer que las empresas puedan aplicar medidas de flexibilidad interna y reducir los salarios. Bajo la nueva regulaci&oacute;n, el autoempleo y otras formas de empleo at&iacute;pico (en particular los trabajos a tiempo parcial no deseados) han crecido a expensas de los  puestos de trabajo estables. Es probable que la flexibilizaci&oacute;n del mercado de trabajo tenga consecuencias sociales importantes en el largo plazo, especialmente si los trabajadores son cada vez m&aacute;s incapaces de cumplir los criterios para ser elegibles para percibir prestaciones sociales de naturaleza contributiva y adecuado grado de protecci&oacute;n. En esta l&iacute;nea, las reformas en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica de pensiones, que han endurecido los requisitos para poder acceder en el futuro a una pensi&oacute;n contributiva, har&aacute;n que una parte importante de la poblaci&oacute;n no pueda acceder a este tipo de prestaciones por no poder certificar una carrera laboral y contributiva suficientemente larga y/o estable.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se enfrenta as&iacute; a un nuevo escenario donde la aspiraci&oacute;n a contar con un &ldquo;Estado de bienestar a la europea&rdquo; resulta cada vez m&aacute;s inalcanzable. En la actualidad contin&uacute;a siendo uno de los pa&iacute;ses de la OCDE donde el impacto redistributivo de la pol&iacute;tica fiscal es menor, tanto a trav&eacute;s de impuestos como de transferencias (v&eacute;anse los documentos recientemente publicados por el <a href="http://www.imf.org/external/np/pp/eng/2014/012314.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">FMI</a> y por la <a href="http://www.oecd.org/social/soc/dividedwestandwhyinequalitykeepsrising.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">OCDE</a>), ya que representa menos de 10 puntos de la reducci&oacute;n absoluta del coeficiente de Gini. Desde 2008 la desigualdad en Espa&ntilde;a ha estado creciendo a un ritmo nunca visto en Europa desde la era Thatcher. El deterioro del bienestar econ&oacute;mico est&aacute; golpeando con especial dureza a los segmentos m&aacute;s desfavorecidos de la sociedad (las decilas inferiores de la distribuci&oacute;n del ingreso, as&iacute; como a la poblaci&oacute;n de origen inmigrante).
    </p><p class="article-text">
        Esta concentraci&oacute;n social de los impactos m&aacute;s negativos de la crisis est&aacute; haciendo que las consecuencias de &eacute;sta resulten m&aacute;s aceptables para las clases medias (grandes sectores de las cu&aacute;les permanecen relativamente aisladas de estos efectos, o protegidas frente a golpes de mala fortuna). En estas circunstancias, Rajoy se siente legitimado para perseguir una agenda ideol&oacute;gica que pone &eacute;nfasis en el proceso de gradual desapalancamiento financiero del sector privado, as&iacute; como en la mejora de la competitividad internacional de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola a trav&eacute;s de una devaluaci&oacute;n interna, dando la espalda al coste que estas medidas tienen para los colectivos m&aacute;s desfavorecidos, as&iacute; como para la sostenibilidad del Estado del bienestar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Art&iacute;culo publicado en Policy Network - The Spanish social model in the crisis years</em><a href="http://www.policy-network.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Policy Network</a><a href="http://www.policy-network.net/pno_detail.aspx?ID=4613&amp;title=-The-Spanish-social-model-in-the-crisis-years" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Spanish social model in the crisis years</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eloisa del Pino, Francisco Javier Moreno Fuentes, Pau Marí-Klose]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/evolucion-bienestar-espanol-sueno-realidad_1_4952273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Apr 2014 19:08:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La evolución del Estado de bienestar español: un sueño que no se hizo realidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Destino Ítaca: ¿Estamos ya todos a bordo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/destino-itaca-bordo_132_5681879.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/289853bd-7e29-441a-b09b-40121015f4b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Destino Ítaca: ¿Estamos ya todos a bordo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Revisamos algunos datos que muestran el elevado grado de disociación entre las opiniones de amplios segmentos de la sociedad catalana y el discurso nacionalista supuestamente mayoritario.</p><p class="subtitle">La idea de que el pueblo catalán avanza unido hacia Ítaca casa mal con las evidencias demoscópicas del reciente barómetro autonómico del CIS.</p><p class="subtitle">La inmensa mayoría de las clases media-baja y obrera da la espalda a los argumentos independentistas.</p><p class="subtitle">La voz disonante de las clases más humildes, cuya lengua materna es con frecuencia el castellano, apenas tiene impacto en la agenda pública y política catalanas. Las clases desfavorecidas encuentran muchas dificultades para que sus preferencias sean tomadas en consideración por partidos políticos y gobiernos.</p></div><p class="article-text">
        A lo largo de los &uacute;ltimos meses la sociedad catalana ha vivido en una burbuja de agitaci&oacute;n nacionalista que, apartando el foco de los graves problemas econ&oacute;micos y sociales que la atenazan, ha transformado la percepci&oacute;n que &eacute;sta tiene de si misma, deform&aacute;ndola hasta convertirla en una caricatura irreconocible supuestamente determinada a emprender, de manera irrevocable, camino hacia &ldquo;&Iacute;taca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el contexto de crisis econ&oacute;mica, pol&iacute;tica e institucional en el que vive sumida la sociedad espa&ntilde;ola, las &eacute;lites nacionalistas han cre&iacute;do identificar una &ldquo;ventana de oportunidad pol&iacute;tica&rdquo; para plasmar sus sue&ntilde;os de ruptura con el resto de Espa&ntilde;a. Esta hiper-movilizaci&oacute;n de los sectores sociales y pol&iacute;ticos nacionalistas en pos de la independencia (con la definici&oacute;n de etapas intermedias en la transici&oacute;n hacia dicho destino como el difuso &ldquo;derecho a decidir&rdquo;, o la eufem&iacute;stica &ldquo;creaci&oacute;n de estructuras de Estado&rdquo;) no ha sido confrontado por un discurso articulado, coherente y realista que, emergiendo desde sectores progresistas de la sociedad catalana, desenmascare el argumentario de agravios movilizado por el nacionalismo. En el escenario de mayor tensi&oacute;n que se recuerda entre elites pol&iacute;ticas del Estado y de Catalu&ntilde;a, no existe un verdadero relato que, desde dentro de la sociedad catalana y marcando distancias con las l&iacute;neas argumentales de la derecha m&aacute;s inmovilista de corte nacionalista espa&ntilde;ol, act&uacute;e de contrapunto al &ldquo;pensamiento &uacute;nico&rdquo; independentista impuesto desde las esferas pol&iacute;ticas y medi&aacute;ticas de Catalu&ntilde;a. Un relato que proponga un modelo de articulaci&oacute;n pol&iacute;tica e institucional que, reflejando fidedignamente la inequ&iacute;voca voluntad de autogobierno de la sociedad catalana, tratase de dar respuesta a sus necesidades reales: desempleo, crecimiento de la vulnerabilidad socio-econ&oacute;mica, deterioro de los servicios p&uacute;blicos, gradual desmantelamiento del Estado de bienestar, indignaci&oacute;n ante la corrupci&oacute;n en las instituciones p&uacute;blicas y en la esfera pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La extrema debilidad de narrativas alternativas obedece a nuestro juicio a un doble proceso de distorsi&oacute;n de la voluntad de la ciudadan&iacute;a frente a un proyecto independentista establecido como discurso dominante: 1) el desarrollo de un proceso de &ldquo;espiral de silencio&rdquo; que ha enmudecido a los sectores de las &eacute;lites acad&eacute;micas, intelectuales, culturales, sociales y pol&iacute;ticas que no comparten el ideario independentista, y 2) la inexistencia de portavoces de aquellos segmentos de la sociedad catalana (demogr&aacute;ficamente muy amplios) que por s&iacute; solos carecen de los recursos para conformar la agenda p&uacute;blica y/o pol&iacute;tica (grupos con niveles de renta media-baja y baja), y que muy mayoritariamente no abrazan la causa nacionalista.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en los &uacute;ltimos tiempos hemos asistido a la consolidaci&oacute;n de un marco discursivo con vocaci&oacute;n hegem&oacute;nica y proyectado como socialmente mayoritario por los partidos nacionalistas, el actual gobierno de la Generalitat y los medios de comunicaci&oacute;n afines a dicho proyecto. Seg&uacute;n este discurso, el &ldquo;pueblo&rdquo; catal&aacute;n hablar&iacute;a con voz homog&eacute;nea y clamar&iacute;a por el avance hacia la independencia (situaci&oacute;n en la que desarrollar&iacute;a toda su potencialidad como naci&oacute;n, hasta la fecha limitada por su integraci&oacute;n en el Estado espa&ntilde;ol). La conformaci&oacute;n de dicho discurso por parte de las &eacute;lites pol&iacute;ticas, culturales e intelectuales de filiaci&oacute;n nacionalista habr&iacute;a creado las condiciones para el surgimiento de una &ldquo;espiral de silencio&rdquo; (concepto acu&ntilde;ado por Elisabeth Noelle-Neumann en sus trabajo sobre <a href="http://www.planetadelibros.com/elisabeth-noelle-neumann-autor-000041782.html)," target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">opini&oacute;n p&uacute;blica</a>), proceso de auto-supresi&oacute;n de narrativas alternativas como producto del temor de  individuos y grupos sociales disidentes a los costes potencialmente asociados a la oposici&oacute;n a la norma social y pol&iacute;tica percibida como dominante. De este modo, unas minor&iacute;as nacionalistas muy motivadas y movilizadas pol&iacute;ticamente, proyectadas por partidos pol&iacute;ticos y medios de comunicaci&oacute;n como la expresi&oacute;n de la &ldquo;voluntad del pueblo catal&aacute;n&rdquo;, y apoyadas por estudios demosc&oacute;picos que anuncian un vuelco radical en la opini&oacute;n p&uacute;blica catalana a favor del &ldquo;derecho a decidir&rdquo; (y en buen n&uacute;mero de ocasiones directamente de la independencia), pasan a ser conceptualizadas como la representaci&oacute;n de la voluntad mayoritaria. Ante esta contundente expresi&oacute;n colectiva cualquier cuestionamiento constituye un &ldquo;obstruccionismo&rdquo; que llevar&iacute;a a cuestionar la propia catalanidad del enunciante.
    </p><p class="article-text">
        El segundo argumento que creemos explica la falta de articulaci&oacute;n de un discurso que contrarreste de modo expl&iacute;cito al ideario independentista es el de la tradicional falta de visibilidad de las opiniones de los segmentos m&aacute;s desfavorecidos de la sociedad, y su escaso impacto en la conformaci&oacute;n de la agenda pol&iacute;tica. En los p&aacute;rrafos siguientes revisamos algunos datos que muestran el elevado grado de disociaci&oacute;n entre las opiniones de amplios segmentos de la sociedad catalana y el discurso nacionalista supuestamente mayoritario que ha conformado el debate pol&iacute;tico catal&aacute;n en los &uacute;ltimos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Las evidencias generadas por el an&aacute;lisis demosc&oacute;pico riguroso muestran que desde el comienzo de la transici&oacute;n, y hasta 2009 aproximadamente, <a href="http://www.academia.edu/908987/The_Constitution_and_the_Politics_of_National_Identity_in_Spain" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las actitudes hacia la cuesti&oacute;n nacional en Catalu&ntilde;a habr&iacute;an variado relativamente poco</a>, lo que en buena medida pondr&iacute;a en cuesti&oacute;n el argumento acerca de la relaci&oacute;n entre las pol&iacute;ticas educativas aplicadas por los sucesivos gobiernos nacionalistas y la evoluci&oacute;n de los sentimientos identitarios (de existir alguna relaci&oacute;n entre ambos procesos, &eacute;sta no ser&iacute;a lineal, sino en todo caso escalonada y mediada por la aparici&oacute;n de eventos espec&iacute;ficos que incrementar&iacute;an el umbral de apoyo a la causa nacionalista). Parece, por tanto, no s&oacute;lo ileg&iacute;timo sino tambi&eacute;n ineficaz &ldquo;espa&ntilde;olizar&rdquo; a los ni&ntilde;os catalanes en las escuelas, como creen algunos, porque la catalanizaci&oacute;n <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/Nacionaliza-escuela_6_57104314.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> tampoco tuvo gran &eacute;xito en primer lugar</a>. 
    </p><p class="article-text">
        El incremento vertiginoso de las actitudes nacionalistas se produce de hecho desde 2010, momento a partir del cual la proporci&oacute;n de catalanes que se declaran s&oacute;lo catalanes pasa del 14% al 22% (hab&iacute;a oscilado entre el 7% y el 16% a lo largo del per&iacute;odo democr&aacute;tico), y los que se muestran favorables a un Estado que reconociese a las autonom&iacute;as la posibilidad de convertirse en un Estado independiente al 37% (habi&eacute;ndose incrementado desde el 24%, seg&uacute;n la estimaci&oacute;n del segundo bar&oacute;metro auton&oacute;mico del CIS 2010). Dicho incremento parece por tanto fundamentalmente vinculado al tensionamiento del debate territorial que se produce alrededor de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut impulsado por el gobierno del tripartito, y a la intensificaci&oacute;n de las repercusiones de la crisis econ&oacute;mica, que en Catalu&ntilde;a cobran una dimensi&oacute;n espec&iacute;fica y diferente al resto del Estado al ser interpretadas a trav&eacute;s del prisma de los argumentos acerca de los desequilibrios en las balanzas fiscales y del mantra nacionalista &ldquo;Espanya ens roba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Han abrazado los catalanes masivamente la causa independentista a partir de estos acontecimientos? Esto afirman las narrativas consolidadas acerca de las causas, desarrollo y consecuencias de la masiva manifestaci&oacute;n del 11 de setiembre de 2012.  Tanto los reportajes emitidos por la televisi&oacute;n auton&oacute;mica catalana acerca de dicha manifestaci&oacute;n desde el momento mismo en que se desarrollaba, como las opiniones de buen n&uacute;mero de acad&eacute;micos e intelectuales catalanes (organizados en lobbies y colectivos generadores de opini&oacute;n y evidencias m&aacute;s o menos rigurosas) que a diario ofrecen diagn&oacute;sticos y prognosis en la prensa catalana y en los numerosos blogs de comentario pol&iacute;tico que han aflorado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, apuntan a la emergencia de una corriente mayoritaria  en la sociedad catalana a favor de la independencia. Muchos de estos analistas basan sus an&aacute;lisis en los datos del Centre d&rsquo; Estudis d&rsquo;Opini&oacute; (CEO) de la Generalitat, pasando por alto los fiascos en los pron&oacute;sticos electorales realizados por este organismo, as&iacute; como los graves problemas muestrales de los estudios planteados por el CEO sobre este tema, que ponen seriamente en cuesti&oacute;n <a href="http://www.cerclegerrymandering.cat/biaix-enquestes-barometre-ceo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la fiabilidad de sus estimaciones</a>.
    </p><p class="article-text">
        Dicho discurso celebra la masiva movilizaci&oacute;n de la sociedad catalana y sostiene, sin ning&uacute;n atisbo de cautela, que 1,5 millones de catalanes salieron a la calle para reivindicar el &ldquo;derecho a decidir&rdquo;, congratul&aacute;ndose de que la manifestaci&oacute;n congregara a catalanes de todas las condiciones y or&iacute;genes sociales. As&iacute;, un argumento que se maneja con frecuencia es el de que los &ldquo;otros catalanes&rdquo; (celebre etiqueta de <a href="http://www.fundaciocandel.org/html/ct/candel_03_obra.asp?id=8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Paco Candel</a> para referirse a la inmigraci&oacute;n llegada a Catalu&ntilde;a) se han sumado a la causa nacionalista, hastiados de ver c&oacute;mo Espa&ntilde;a (o &ldquo;Madrid&rdquo;) se cierra en banda a las reivindicaciones de Catalu&ntilde;a, y confiados en que su bienestar personal puede mejorar en un Estado independiente. En palabras de Josep Ramoneda, paradigm&aacute;tico representante de la progres&iacute;a catalana que ha optado por converger con el discurso dominante: &ldquo;en la manifestaci&oacute;n del 11-S se escuchaba hablar mucho en castellano, cosa que no se ha dicho demasiado, pero me pareci&oacute; muy significativa&rdquo; (<a href="http://www.tv3.cat/videos/4562951/Hola-Europa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hola Europa, TV3</a>).
    </p><p class="article-text">
        Resulta imposible saber con certeza cu&aacute;ntas personas salieron a la calle el 11 de septiembre, y curiosamente los bar&oacute;metros que publica el CEO han evitado preguntar sobre esta cuesti&oacute;n (si hubiera salido 1,5 millones, la quinta parte de la poblaci&oacute;n catalana, nada mejor que certificarlo en una encuesta, que adem&aacute;s habr&iacute;a permitido un an&aacute;lisis riguroso de los perfiles y motivaciones de los asistentes). En las presentes circunstancias la m&iacute;tica cifra de los 1,5 millones de manifestantes sigue inc&oacute;lume y ha pasado a formar parte de un discurso mixtificador, sin que nadie tenga un instrumento verdaderamente fiable para refutarla (ni l&oacute;gicamente para validarla).
    </p><p class="article-text">
        La idea de que el pueblo catal&aacute;n avanza unido hacia &Iacute;taca casa mal con las evidencias demosc&oacute;picas del reciente bar&oacute;metro auton&oacute;mico del Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas (Estudio 2.956, 2013). No son necesarios an&aacute;lisis estad&iacute;sticos particularmente complejos para evidenciar las grandes fracturas socio-econ&oacute;micas y etno-ling&uuml;&iacute;sticas que atraviesan a la sociedad catalana en relaci&oacute;n a los aspectos identitarios. La poblaci&oacute;n catalana de extracci&oacute;n m&aacute;s humilde muestra menos inter&eacute;s por la cuesti&oacute;n nacional que las clases m&aacute;s adineradas. Mientras el 24% de las personas que viven en hogares con ingresos inferiores a 1.200 euros declaran que el debate sobre la forma de Estado es muy importante, lo piensan as&iacute; el 51% de los que ingresan m&aacute;s de 2.400 euros. El 11% de los entrevistados en hogares humildes considera alguno de los aspectos relacionados con la organizaci&oacute;n del Estado (independencia y autogobierno; relaciones con Espa&ntilde;a y el Gobierno central; financiaci&oacute;n, pacto fiscal, autonom&iacute;a fiscal; percepci&oacute;n del reparto fiscal discriminatorio hacia Catalu&ntilde;a),  uno de los tres principales problemas de Catalu&ntilde;a. En  cambio, lo incluye en esta terna un 31% de las personas en hogares adinerados. Cuando son compelidos a decantarse por una preferencia en relaci&oacute;n a la organizaci&oacute;n territorial, la clase obrera apuesta mayoritariamente por el statu quo. Construir un Estado independiente es un proyecto de las clases altas y medias altas, al que se han sumado un volumen considerable (pero no mayoritario) de clases medias. Pero la inmensa mayor&iacute;a de las clases media-baja y obrera da la espalda a los argumentos independentistas a pesar de la ilusi&oacute;n colectiva que aspiran a insuflar en la poblaci&oacute;n las &eacute;lites pol&iacute;ticas y los medios de comunicaci&oacute;n catalanes.
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        La clase obrera, que constituye el 47% de la poblaci&oacute;n, sigue mostr&aacute;ndose mayoritariamente vinculada al Estado espa&ntilde;ol. El 65% de los obreros se consideran incluso muy o bastante orgullosos de ser espa&ntilde;oles (frente al 33% de los miembros de la clase alta/media alta). El porcentaje de obreros (cualificados o no cualificados) para los que Espa&ntilde;a es un Estado ajeno roza el 10%, menos que la mitad las personas de la clase alta/media alta para los que Espa&ntilde;a significa lo mismo.
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        Evidentemente a todo ello no es ajeno el hecho de que buena parte de la clase obrera est&eacute; constituida por personas con ra&iacute;ces en otras zonas de Espa&ntilde;a. El 66% de la clase obrera tiene como lengua materna el castellano, y entre ellos el apoyo a la independencia es muy bajo (tambi&eacute;n es bajo en la clase alta/media alta cuya lengua materna es el castellano). Pero incluso entre la clase obrera que tiene el catal&aacute;n como lengua materna el apoyo a la opci&oacute;n independentista es significativamente m&aacute;s bajo que entre la clase alta/media alta con esa lengua.
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        Estos datos muestran la imagen de un proyecto nacionalista respaldado mayoritariamente por los sectores m&aacute;s acomodados de la sociedad catalana, al tiempo que la voz disonante de las clases m&aacute;s humildes, cuya lengua materna es con frecuencia el castellano, apenas tiene impacto en la agenda p&uacute;blica y pol&iacute;tica catalanas. Su proclividad a la abstenci&oacute;n adem&aacute;s asegura su infra-representaci&oacute;n pol&iacute;tica en el Parlament (e incluso en una hipot&eacute;tica consulta sobre la relaci&oacute;n de Catalu&ntilde;a con el resto de Espa&ntilde;a). Como han puesto de manifiesto brillantemente en dos best-sellers acad&eacute;micos los polit&oacute;logos Larry Bartels (<a href="http://press.princeton.edu/titles/8664.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Unequal Democracies</a>) y Martin Gilens (<a href="http://press.princeton.edu/titles/9836.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Affluence and Influence</a>), las clases desfavorecidas encuentran muchas dificultades para que sus preferencias sean tomadas en consideraci&oacute;n por partidos pol&iacute;ticos y gobiernos. El sistema pol&iacute;tico termina claramente sesgado porque las clases pudientes logran, de diversas maneras, que sus preferencias prevalezcan frente a las de sectores m&aacute;s desfavorecidos, por muy nutridos que sean &eacute;stos &uacute;ltimos.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo di&aacute;fano de estos procesos en el caso catal&aacute;n son las maniobras pol&iacute;ticas del PSC para granjearse respetabilidad en un clima de opini&oacute;n pol&iacute;tica y medi&aacute;tica dominante donde las desviaciones (e incluso los matices y las ambig&uuml;edades) se fustigan duramente. En este contexto de espiral de silencio, el PSC prioriza su acomodaci&oacute;n a las &uacute;nicas aspiraciones que se consideran leg&iacute;timas frente a la representaci&oacute;n de su base electoral tradicionalmente m&aacute;s numerosa. El coqueteo de las &eacute;lites del PSC con demandas maximalistas de CIU y ERC casa mal con las aspiraciones de las clases m&aacute;s humildes, que se sienten muy mayoritariamente espa&ntilde;olas y aspiran a la continuidad del Estado. Si atendemos al recuerdo de voto en las elecciones auton&oacute;micas, en 2003, antes de que el Tripartit hubiera abierto el mel&oacute;n estatutario, el 34% de los obreros votaron al PSC (CIS, Estudio 2610). Siete a&ntilde;os despu&eacute;s, en 2010, a&ntilde;o de salida del PSC del gobierno auton&oacute;mico, manten&iacute;a  escasamente el 19% del voto de la clase obrera (CIS, Estudio 2956). Es bastante probable que en las &uacute;ltimas elecciones de noviembre del a&ntilde;o pasado el apoyo al PSC en este segmento del electorado se haya resentido todav&iacute;a m&aacute;s (no est&aacute; todav&iacute;a disponible el estudio postelectoral del CIS, pero diversos indicios apuntan en esa direcci&oacute;n). El PSC asiste impert&eacute;rrito a la p&eacute;rdida de apoyo de sus bases electorales de extracci&oacute;n m&aacute;s humilde, empujado por las presiones difusas pero indudablemente poderosas de la espiral del silencio &iquest;Hasta donde? &iquest;Hasta &Iacute;taca?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pau Marí-Klose, Francisco Javier Moreno Fuentes]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 May 2013 17:57:42 +0000]]></pubDate>
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