<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángel L. Martínez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angel_l_martinez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángel L. Martínez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/510678" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Sri Lanka, un paraíso manchado de sangre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/periodistas-activistas-punto-mira_1_4735320.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/723041db-d3d7-45d8-a9b2-277f030adc55_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Sala de reuniones de Utahayan. \ Ángel L. Martínez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sri 	Lanka es el cuarto país más peligroso para periodistas, según el 	Comité para la Protección de Periodistas. Afganistán, Colombia o 	Rusia son más seguros</p><p class="subtitle">Reporteros 	críticos con el gobierno son asesinados a plena luz del día con 	total impunidad, y activistas de derechos humanos, detenidos sin 	cargos</p><p class="subtitle">Aunque 	la guerra civil terminó hace cinco años, hay miles de detenidos y 	las fuerzas de seguridad persiguen toda disidencia</p></div><p class="article-text">
        La sala de reuniones de Uthayan,  principal diario tamil con sede en Jaffna, no tiene galardones  adornando sus paredes. Tampoco sus mejores portadas cuelgan en  marcos, como en muchas redacciones de peri&oacute;dicos. La  habitaci&oacute;n est&aacute; decorada con agujeros de balas. En vez de sepultar las huellas del conflicto en Sri Lanka, los trabajadores del  rotativo han pintado c&iacute;rculos rojos alrededor de los orificios, que a&uacute;n  guardan los proyectiles del ataque recibido en la v&iacute;spera del D&iacute;a  Mundial de la Libertad de Prensa de 2006. 
    </p><p class="article-text">
        Siete hombres enmascarados  asaltaron las instalaciones del diario y abrieron fuego con sus AK47,  asesinando a dos de sus trabajadores. Las fotos de sus caras  ensangrentadas, y las de otros cuatro aparecen tambi&eacute;n en este mural  contra la impunidad.
    </p><p class="article-text">
        La  imagen del rostro magullado y el pecho cubierto por electrodos de  Gnasundaram Kuganathan figura en el <em>collage</em>. &ldquo;Me llam&oacute; despu&eacute;s  del trabajo para susurrarme: 'Me acaban de atacar por la espalda con una  barra de hierro',&rdquo; relata emocionado Thevanayagam Premananth, director de Uthayan.  Esa tarde de 2011, Premananth corri&oacute; a socorrer a su mentor y veterano  reportero, que yac&iacute;a en el suelo a 500 metros del diario. Despu&eacute;s de una  larga estancia en el hospital, consigui&oacute; salvar la vida y ahora vive  exiliado en Suiza.
    </p><p class="article-text">
        Asesinatos y exilios forzados de periodistas no son raras excepciones en Sri Lanka. <a href="http://www.amnesty.org/es/node/44136" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Seg&uacute;n Amnist&iacute;a Internacional</a>,  al menos 15 trabajadores de medios de comunicaci&oacute;n han sido asesinados  desde 2006 y m&aacute;s de 80 se han visto obligados a huir de la  isla del &Iacute;ndico. Mientras, el gobierno no conduce ninguna investigaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo <a href="http://cpj.org/reports/2014/04/impunity-index-getting-away-with-murder.php" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&Iacute;ndice de Impunidad Global</a> realizado por el Comit&eacute; para la Protecci&oacute;n de Periodistas (CPJ) sit&uacute;a a  Sri Lanka como el cuarto pa&iacute;s m&aacute;s peligroso para los trabajadores de la  informaci&oacute;n. El diario Uthayan ha sido el medio local que m&aacute;s ataques ha sufrido &ndash;36&ndash;,  m&aacute;s de la mitad de ellos despu&eacute;s de abril de 2009. En ese mes se termin&oacute; la  guerra civil que castig&oacute; al pa&iacute;s durante 26 a&ntilde;os, y que caus&oacute; unas  100.000 v&iacute;ctimas, seg&uacute;n estimaciones de Naciones Unidas. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el final de  la guerra &eacute;tnica y religiosa que enfrent&oacute; al grupo independentista  Tigres Tamil (LTTE) del norte, y a las fuerzas armadas gubernamentales  no ha supuesto el final del conflicto. El Ejecutivo ha militarizado el  norte de Sri Lanka como muestra de la victoria de la mayor&iacute;a cingalesa  budista sobre la poblaci&oacute;n minoritaria de origen tamil y religi&oacute;n hind&uacute;.  &ldquo;El Gobierno no quiere que la verdad salga a la luz. Prometi&oacute; poner fin  a las desigualdades de la comunidad tamil en dos a&ntilde;os, pero nada ha  hecho despu&eacute;s de casi dos legislaturas,&rdquo; explica Premananth ante un  militar que vigila la conversaci&oacute;n desde la entrada a las instalaciones  del diario.
    </p><p class="article-text">
        La plataforma ciudadana de informaci&oacute;n <a href="http://groundviews.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Groundviews</a> exige la desmilitarizaci&oacute;n del norte de Sri Lanka, que estima en un  militar por cada 5 civiles. La iniciativa c&iacute;vica ha documentado la  confiscaci&oacute;n de miles de hect&aacute;reas de propiedad tamil por parte de las Fuerzas Armadas, mientras que <a href="http://www.hrw.org/node/113790" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">organizaciones internacionales de derechos humanos</a> denuncian el incremento de las agresiones sexuales a mujeres en bases del Ej&eacute;rcito. 
    </p><p class="article-text">
        El director de Groundviews,  Sanjana Hattotuwa, alerta sobre el alarmante dominio militar: &ldquo;El  Ministerio de Defensa se ha hecho con el Departamento de Desarrollo  Urban&iacute;stico. Los militares se dedican al 'embellecimiento' de Colombo  con la excusa del turismo, lo que supone el desalojo de comunidades  enteras del centro de la ciudad. Si eso ocurre en la capital, imag&iacute;nate  lo que est&aacute; sucediendo en el norte y este de mayor&iacute;a tamil.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Sanjana  se indigna ante la impunidad: &ldquo;Es una completa sangr&iacute;a del imperio de  la ley. Ahora cualquier persona que cuestione las violaciones durante el  conflicto armado o en la actualidad es susceptible de ser terrorista&rdquo;.  Defensores de derechos humanos son detenidos sin cargos durante  periodos de m&aacute;s de 24 horas en base a la Ley de Prevenci&oacute;n del  Terrorismo (TPC). 
    </p><p class="article-text">
        Ruki Fernando ha sido el &uacute;ltimo en sufrir el arresto  arbitrario por parte de las fuerzas de seguridad, en marzo de este a&ntilde;o.  Ruki se cerciora de que el encuentro no est&aacute; siendo vigilado por el Ej&eacute;rcito. &ldquo;La disidencia es perseguida y atacada por el Gobierno y  grupos afines. Y las condiciones de los encarcelados son nefastas: hay falta de acceso a abogados, vejaciones y  torturas&rdquo;, cuenta el activista, quien insiste en que no se refiere a su  detenci&oacute;n, de la que no puede hacer declaraciones mientras contin&uacute;e en  libertad condicional. 
    </p><p class="article-text">
        La organizaci&oacute;n que dirige, <a href="http://www.rightsnow.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Colectivo por la Democracia y los Derechos Ahora</a>,  ha documentado desapariciones y violaciones de la comunidad cingalesa y  tamil en los a&ntilde;os 80 y 90, respectivamente. Seg&uacute;n datos oficiales del Gobierno, hay ahora entre 1.000 y 2.000 detenidos.
    </p><p class="article-text">
        Los  ataques y las persecuciones no s&oacute;lo se centran en aquellos que  pertenecen a la minor&iacute;a tamil del norte, sino a todo disidente;  especialmente la prensa. La fundadora de The Sunday Leader,  publicaci&oacute;n cingalesa con sede en Colombo, fue asesinada a plena luz  del d&iacute;a en 2009. La ma&ntilde;ana siguiente, el peri&oacute;dico public&oacute; un editorial  estremecedor escrito por ella misma y titulado <a href="http://www.thesundayleader.lk/20090111/editorial-.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'Y entonces vendr&aacute;n a por m&iacute;'</a>; en el que culp&oacute; al Gobierno de Sri Lanka del crimen. 
    </p><p class="article-text">
        La Federaci&oacute;n Internacional de Periodistas (IFJ) <a href="http://ifj-safety.org/en/contents/asia-pacific/contents/ifj-slams-sri-lanka-over-detention-of-asia-pacific-directors" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">denunci&oacute; la detenci&oacute;n</a> e interrogatorio ilegal de dos de sus l&iacute;deres durante una conferencia por la libertad de prensa a finales del a&ntilde;o pasado. La censura del Gobierno ha llegado al extremo de <a href="http://www.aljazeera.com/news/asia-pacific/2014/07/sri-lanka-bans-ngo-news-conferences-20147911164236904.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prohibir recientemente los encuentros internacionales</a> de periodistas dentro del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las torturas, desapariciones y asesinatos no son  un impedimento para la bonanza econ&oacute;mica del pa&iacute;s. Como tampoco son un  problema los comunicados anuales de los organismos de Naciones Unidas  exigiendo la investigaci&oacute;n independiente sobre las atrocidades cometidas  durante y despu&eacute;s de la guerra civil. S&oacute;lo en 2012, el Gobierno ingres&oacute;  740 millones de euros gracias al turismo. El n&uacute;mero de visitantes se ha  triplicado desde el final del conflicto armado y las expectativas  auguran que se alcanzar&aacute;n los 2 millones anuales.
    </p><p class="article-text">
         El Departamento para  el Desarrollo Tur&iacute;stico de Sri Lanka promociona la isla como 'La  Maravilla de Asia' por su belleza natural. Y no es para menos.  Complejos hoteleros con todas las comodidades, kilom&eacute;tricas playas  v&iacute;rgenes, paisajes selv&aacute;ticos, deportes de aventura y safaris por  reservas naturales esperan a los viajeros. Las vacaciones perfectas. Es un para&iacute;so, pero no para los que denuncian la injusticia en el norte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel L. Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/periodistas-activistas-punto-mira_1_4735320.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Jul 2014 17:35:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/723041db-d3d7-45d8-a9b2-277f030adc55_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2956145" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/723041db-d3d7-45d8-a9b2-277f030adc55_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2956145" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Sri Lanka, un paraíso manchado de sangre]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/723041db-d3d7-45d8-a9b2-277f030adc55_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sri Lanka]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los refugiados saharauis buscan un sistema económico después de 38 años de exilio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-saharauis-sistema-economico-despues_1_5717158.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c091d93-41e2-4648-aa8d-6f8eaba78926_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los refugiados saharauis buscan un sistema económico después de 38 años de exilio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Gobierno saharaui se enfrenta a los problemas diarios de abastecer a la población refugiada y al reto de consolidar un modelo económico sostenible para un Estado en el exilio.</p></div><p class="article-text">
        El Frente Polisario celebr&oacute; el 40 aniversario de su creaci&oacute;n durante el pasado mes de mayo con festejos en los campamentos de refugiados y en los territorios liberados del S&aacute;hara Occidental; una regi&oacute;n tambi&eacute;n controlada por el Gobierno de la Rep&uacute;blica &Aacute;rabe Saharaui Democr&aacute;tica (RASD). El m&uacute;sico Mohamed Nouf colabor&oacute; en las celebraciones, pero no lo volver&iacute;a a hacer: &ldquo;El Gobierno nos pag&oacute; 10.000 dinares argelinos (110&euro;) por la preparaci&oacute;n, as&iacute; como transporte de m&aacute;s de 300 km por el desierto y dos conciertos; mientras que podemos cobrar 15.000 dinares (160&euro;) en bodas y celebraciones organizadas por particulares&rdquo;, comenta el cantante del grupo Baba Salama. El mismo descontento con los salarios ofrecidos por el Estado fue el que llev&oacute; a Cheja Beiruk a emprender su propio negocio de restauraci&oacute;n en Rabouni. &ldquo;El Gobierno nunca ha pagado bien y por eso ha florecido un sistema de negocios locales privados por las <em>wilayas</em> desde finales de los a&ntilde;os 90&rdquo;, se&ntilde;ala Cheja, quien estuvo trabajando en el Ministerio de Informaci&oacute;n de la RASD hasta 2001.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0eb4d1c-4e2e-49ba-bb58-c3219ea82f79_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0eb4d1c-4e2e-49ba-bb58-c3219ea82f79_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0eb4d1c-4e2e-49ba-bb58-c3219ea82f79_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0eb4d1c-4e2e-49ba-bb58-c3219ea82f79_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0eb4d1c-4e2e-49ba-bb58-c3219ea82f79_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0eb4d1c-4e2e-49ba-bb58-c3219ea82f79_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a0eb4d1c-4e2e-49ba-bb58-c3219ea82f79_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Como centro administrativo de los campamentos de refugiados saharauis, Rabouni alberga la sede del Gobierno, de las agencias de cooperaci&oacute;n y de las organizaciones no gubernamentales, cuyos trabajadores locales tambi&eacute;n cobran una mensualidad. La diferencia entre lo cobrado por un t&eacute;cnico saharaui con la misma cualificaci&oacute;n trabajando para el Gobierno y ONG es tambi&eacute;n motivo de conflicto. Los t&eacute;cnicos saharauis del Ministerio reciben incentivos, que son una cuarta parte del salario de sus hom&oacute;logos locales de las ONG pese a que ambos pagos llegan de los financiadores (agencias europeas y de la ONU). 
    </p><p class="article-text">
        La ayuda internacional, especialmente las visitas de las familias espa&ntilde;olas, ha sido una de las fuentes de problemas al crear una econom&iacute;a ficticia que termina tan pronto &eacute;stas regresan a Espa&ntilde;a, seg&uacute;n indica Mariem Sidi Mohamed, directora del programa de microcr&eacute;ditos de la <em>wilaya</em> de Bojador. Esta iniciativa, implantada en 2010, est&aacute; financiada por la instituci&oacute;n espa&ntilde;ola Hegoa y se dise&ntilde;&oacute; para paliar precisamente este tipo de disfunciones. Mediante la concesi&oacute;n de cr&eacute;ditos de 10.000 a 20.000 dinares para devolver en un a&ntilde;o se posibilita la creaci&oacute;n de cooperativas para que grupos de saharauis puedan hacer frente a una situaci&oacute;n de precariedad. &ldquo;La crisis lleva no solo al nacimiento de nueva econom&iacute;a sino que afecta a la ayuda humanitaria y provocar&aacute; muchos problemas&rdquo;, se&ntilde;ala Brahim Mojtar, ministro de Cooperaci&oacute;n saharaui, quien se enorgullece de ser promotor de la iniciativa privada mediante estos programas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el acceso a las cooperativas financiadas por microcr&eacute;ditos est&aacute; condicionado por la pertenencia de la mitad de los socios al sector p&uacute;blico o a la Uni&oacute;n de Mujeres Saharauis. Por ello tambi&eacute;n han surgido cooperativas particulares orientadas a dar una mayor flexibilidad para sus miembros tanto en la formaci&oacute;n como en el pago de los pr&eacute;stamos. La falta de acceso a ayudas es la mayor queja de los j&oacute;venes, as&iacute; como las limitadas oportunidades en un contexto en el que el ente p&uacute;blico no puede absorber la cantidad de graduados cualificados. Y, cuando lo hace, existen disfunciones dentro del sector p&uacute;blico con salarios que var&iacute;an desde los 1.000 dinares diarios que gana un obrero de la construcci&oacute;n a los 4.500 mensuales ganados por el conductor de una ambulancia.
    </p><p class="article-text">
        El principal problema al que se enfrenta el sistema econ&oacute;mico de los campamentos saharauis es precisamente el refugio prolongado y la falta de mecanismos de regulaci&oacute;n fruto de las desventajas de la ayuda internacional y de la dependencia que ello ha creado. As&iacute; lo analiza Salama Lehbib Hafed, director del Centro de Trabajadores de Smara, un proyecto innovador que sirve como paso intermedio entre la formaci&oacute;n profesional y el mercado laboral. La iniciativa, financiada por AECID y el Gobierno vasco, permite a un grupo de 25 a 32 trabajadores la oportunidad de recibir salarios desde el comienzo, como aprendices (3.000 a 7.000 dinares mensuales) o como trabajadores de pleno derecho, cuyos salarios vienen estipulados en funci&oacute;n de los talleres e ingresos. Estos ingresos se obtienen de las ventas de su producci&oacute;n en carpinter&iacute;a, soldadura o panader&iacute;a a todo tipo de compradores, incluidas las ONG, beneficiando a la econom&iacute;a local. Salama explica la situaci&oacute;n que viven los campamentos saharauis: &ldquo;Lo que ha dado lugar al cambio ha sido la situaci&oacute;n de ni paz ni guerra, cuando la sociedad saharaui se abre al mercado exterior. La figura de la cooperaci&oacute;n y del estado benefactor disminuyen, dando lugar a una asfixia econ&oacute;mica en la que la gente busca salidas particulares&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4321c53-2945-41cb-832a-8626281f9466_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4321c53-2945-41cb-832a-8626281f9466_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4321c53-2945-41cb-832a-8626281f9466_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4321c53-2945-41cb-832a-8626281f9466_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4321c53-2945-41cb-832a-8626281f9466_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4321c53-2945-41cb-832a-8626281f9466_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c4321c53-2945-41cb-832a-8626281f9466_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En ocasiones, las iniciativas tambi&eacute;n provienen de algunos gobiernos locales de las <em>wilayas</em>, como el gobernador de Smara, que ha empezado a regular las tarifas de la flota de taxis privados del campamento. De la misma forma, los saharauis idean proyectos relacionados con el imaginario de los campamentos y orientados a contribuir a un sistema econ&oacute;mico en transformaci&oacute;n. Es el caso del proyecto para el dise&ntilde;o de una nueva moneda acorde con la arraigada tradici&oacute;n local de hacer los pagos y ventas diarios en inexistentes dinares saharauis mediante conversi&oacute;n de los dinares argelinos de oficial circulaci&oacute;n. Mohamed Souleiman, estudiante en Batna (Argelia) y uno de los precursores del proyecto, explica que la iniciativa es principalmente art&iacute;stica, pero que pretende involucrar a la sociedad saharaui en el dise&ntilde;o de una moneda que refleje sus aspiraciones, como parte de la creaci&oacute;n de un nuevo estado en el que han estado trabajando con la inercia y el tiempo que dan 38 a&ntilde;os de exilio prolongado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel L. Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-saharauis-sistema-economico-despues_1_5717158.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Jun 2013 18:28:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0c091d93-41e2-4648-aa8d-6f8eaba78926_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="173178" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0c091d93-41e2-4648-aa8d-6f8eaba78926_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="173178" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los refugiados saharauis buscan un sistema económico después de 38 años de exilio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0c091d93-41e2-4648-aa8d-6f8eaba78926_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sáhara Occidental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La perpetuación del conflicto y la falta de recursos merman la ayuda humanitaria en los campos saharauis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/humanitaria-refugiados-solucion-politica-conflicto_1_5813926.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ba06ab3-485d-4e9a-b608-971b4910decb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La perpetuación del conflicto y la falta de recursos merman la ayuda humanitaria en los campos saharauis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La población refugiada sobrevive gracias a la ayuda humanitaria  que proveen agencias y países donantes, a la espera de la ayuda  política que les saque del desierto.</p></div><p class="article-text">
        La ayuda internacional ha mantenido con vida a la poblaci&oacute;n saharaui refugiada durante casi cuatro d&eacute;cadas de exilio. Los dispensarios del hospital de Navarra Tifariti, en los llamados <em>territorios liberados</em> bajo la administraci&oacute;n de la Rep&uacute;blica &Aacute;rabe Saharaui Democr&aacute;tica (RASD), se abastecen con las medicinas enviadas por las agencias humanitarias. M&eacute;dicos del Mundo, junto con las autoridades locales, se encarga de hacer llegar esta ayuda m&eacute;dica financiada por la Agencia Espa&ntilde;ola de Cooperaci&oacute;n Internacional para el Desarrollo (AECID). Al&iacute; Salem, director del centro en Tifariti, explica: &ldquo;El pueblo espa&ntilde;ol tiene los brazos abiertos, pero el Gobierno no ayuda pol&iacute;ticamente. El Gobierno espa&ntilde;ol est&aacute; con el S&aacute;hara solo cuando hace campa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac3fc0a1-348e-49b3-a0a1-958705985034_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac3fc0a1-348e-49b3-a0a1-958705985034_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac3fc0a1-348e-49b3-a0a1-958705985034_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac3fc0a1-348e-49b3-a0a1-958705985034_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac3fc0a1-348e-49b3-a0a1-958705985034_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ac3fc0a1-348e-49b3-a0a1-958705985034_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ac3fc0a1-348e-49b3-a0a1-958705985034_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Pese a que Espa&ntilde;a es el mayor donante bilateral de ayuda humanitaria en los campamentos saharauis despu&eacute;s de Argelia, ni refugiados ni autoridades olvidan su implicaci&oacute;n pol&iacute;tica en el conflicto. As&iacute; lo reconoce Brahim Mojtar, Ministro de Cooperaci&oacute;n de la RASD: &ldquo;La responsabilidad de Espa&ntilde;a es enorme, pol&iacute;tica e hist&oacute;ricamente, y de ah&iacute; esa ayuda humanitaria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con Buhobeini Yahia, presidente de la Media Luna Roja Saharaui, socio local de AECID en los campamentos, las responsabilidades de Espa&ntilde;a son a&uacute;n mayores: &ldquo;Seg&uacute;n la legalidad internacional el S&aacute;hara es territorio administrado por Espa&ntilde;a. La contribuci&oacute;n de Espa&ntilde;a es m&iacute;nima comparada con su responsabilidad pol&iacute;tica despu&eacute;s de 92 a&ntilde;os de ocupaci&oacute;n del S&aacute;hara y de sus lazos con Marruecos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no es el &uacute;nico pa&iacute;s donante con implicaciones pol&iacute;ticas en el conflicto. Estados Unidos es el mayor financiador (21% en 2013) de las actividades del Programa Mundial de Alimentos (PAM), encargado de la seguridad alimentaria de los campamentos. &ldquo;A veces es m&aacute;s f&aacute;cil para los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU financiar y recaudar fondos que tomar pol&iacute;ticas para presionar al Gobierno de Marruecos&rdquo;, se&ntilde;ala Abdelkader Taleb Omar, primer ministro de la RASD, en referencia al veto ejercido para buscar soluciones al conflicto, y contin&uacute;a: &ldquo;Esto se debe a uno de los Estados miembros del Consejo de Seguridad, Francia, que no quiere obligar a Marruecos a respetar sus propios compromisos frente a la comunidad internacional ni a seguir las resoluciones de la ONU&rdquo;. Como miembro de la UE, Francia tambi&eacute;n financia la ayuda alimentaria recibida por los refugiados saharauis mediante la Comisi&oacute;n Europea para la Ayuda Humanitaria (ECHO), que aport&oacute; el 15% de la financiaci&oacute;n del PAM en el presente a&ntilde;o.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2b8356-ff03-417e-b1c4-f9a97e9d9dec_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2b8356-ff03-417e-b1c4-f9a97e9d9dec_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2b8356-ff03-417e-b1c4-f9a97e9d9dec_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2b8356-ff03-417e-b1c4-f9a97e9d9dec_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2b8356-ff03-417e-b1c4-f9a97e9d9dec_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f2b8356-ff03-417e-b1c4-f9a97e9d9dec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7f2b8356-ff03-417e-b1c4-f9a97e9d9dec_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas de la ONU tienen su efecto en el d&iacute;a a d&iacute;a de los campamentos de refugiados. &ldquo;Se estiman unos 165.000 refugiados, seg&uacute;n Argelia y la poblaci&oacute;n saharaui; 94.144 seg&uacute;n agencias de la ONU (Naciones Unidas)y, aunque existen diferencias, se ha acordado una cifra aproximada de 125.000 personas&rdquo;, se&ntilde;ala Ventura Rodr&iacute;guez, Responsable de Programas de la Oficina T&eacute;cnica de Cooperaci&oacute;n de la AECID. El n&uacute;mero de refugiados saharauis siempre ha sido un asunto sin esclarecer. Mientras las agencias de la ONU establecen un n&uacute;mero por debajo del calculado por el Gobierno saharaui y piden a las autoridades llevar a cabo un censo de la poblaci&oacute;n refugiada, la RASD aduce que el censo solo se llevar&aacute; a cabo cuando se inicie la repatriaci&oacute;n, como se estableci&oacute; en los acuerdos de paz de 1991. Entretanto, la cesta b&aacute;sica de alimentaci&oacute;n se ve a&uacute;n m&aacute;s mermada por la crisis.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el Gobierno saharaui, ACNUR cifra las necesidades alimentarias en 42.000 toneladas para 2013, de las que hasta ahora solo se han conseguido 13.000. &ldquo;Esto, unido a la disminuci&oacute;n del volumen de la ayuda descentralizada que se recibe desde Espa&ntilde;a en un 60%, ha hecho que reaparezca la anemia entre los m&aacute;s vulnerables: ni&ntilde;os menores de 5 a&ntilde;os y embarazadas&rdquo;, confirma el ministro de Cooperaci&oacute;n. Pero, al mismo tiempo, la situaci&oacute;n de refugio prolongado ha creado s&iacute;ntomas de dependencia en la poblaci&oacute;n. &ldquo;Es poco, pero estamos satisfechos. Comida no falta, porque nos la proporciona el Estado&rdquo;, contesta Salek Mohamed M&rsquo;barek,<strong> </strong>conductor de ambulancia del hospital Mohamed Mohamed Lamin (Bojador), cuando se le pregunta acerca de las necesidades en los campamentos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d81fe2f3-9b31-4787-b415-7947bf57ca97_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d81fe2f3-9b31-4787-b415-7947bf57ca97_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d81fe2f3-9b31-4787-b415-7947bf57ca97_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d81fe2f3-9b31-4787-b415-7947bf57ca97_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d81fe2f3-9b31-4787-b415-7947bf57ca97_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d81fe2f3-9b31-4787-b415-7947bf57ca97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d81fe2f3-9b31-4787-b415-7947bf57ca97_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n la postergaci&oacute;n del conflicto y la dilataci&oacute;n de la estancia de la poblaci&oacute;n refugiada en los campamentos han afectado las actividades de las ONG en el terreno, que se debaten entre la emergencia de la situaci&oacute;n y la perpetuaci&oacute;n del refugio. &ldquo;Primero se crearon las instalaciones con vistas a un periodo corto de tiempo porque se pensaba que en un par de a&ntilde;os se volver&iacute;a al S&aacute;hara Occidental, y luego se cre&oacute; un muro de protecci&oacute;n en torno a la planta a sabiendas de que esta situaci&oacute;n va para largo&rdquo;, comenta Abdel Fatah, t&eacute;cnico local del ministerio en la planta potabilizadora de Smara. El Ministerio de Agua y Medio Ambiente de la RASD trabaja conjuntamente con Solidaridad Internacional en proyectos de agua y saneamiento. La ONG espa&ntilde;ola se ha visto muy afectada por la reducci&oacute;n de la ayuda internacional, y recibe un 80% menos de financiaci&oacute;n respecto al a&ntilde;o 2011.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica interna de la ayuda internacional tambi&eacute;n afecta a la eficacia de las tareas de cooperaci&oacute;n. Jos&eacute; Gir&oacute;n, t&eacute;cnico expatriado de Solidaridad Internacional, explica el funcionamiento de la toma de decisiones: &ldquo;Solo hay un t&eacute;cnico y una decena de jefes. Esto mejora la coordinaci&oacute;n pero ralentiza el trabajo. Para tomar una decisi&oacute;n hay que discutir mucho y las necesidades cambian r&aacute;pidamente&rdquo;. La prolongaci&oacute;n del refugio tambi&eacute;n ha llevado a cambios en la distribuci&oacute;n del trabajo y los pagos. A los trabajadores locales de las ONG se les paga salarios, mientras que los t&eacute;cnicos saharauis del ministerio (contraparte) reciben incentivos, que son una cuarta parte de lo que reciben sus hom&oacute;logos de las ONG. Sin embargo, tanto los incentivos del Ministerio como los salarios de las organizaciones llegan de los financiadores a petici&oacute;n intermedia de las ONG. Y esto crea fricciones entre trabajadores saharauis con la misma cualificaci&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8917e471-a25f-4175-bacf-a55bbae18dd3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8917e471-a25f-4175-bacf-a55bbae18dd3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8917e471-a25f-4175-bacf-a55bbae18dd3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8917e471-a25f-4175-bacf-a55bbae18dd3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8917e471-a25f-4175-bacf-a55bbae18dd3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8917e471-a25f-4175-bacf-a55bbae18dd3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8917e471-a25f-4175-bacf-a55bbae18dd3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de 38 a&ntilde;os de exilio en la <em>hamada</em> argelina, la ayuda internacional mantiene las esperanzas de los refugiados saharauis mientras que la pol&iacute;tica que rodea esta ayuda crea incertidumbres acerca de una soluci&oacute;n a su exilio forzoso. &ldquo;Se trata de la crisis m&aacute;s larga del mundo despu&eacute;s de la palestina. No creo que haya habido en la historia un &eacute;xodo del mar al desierto, ni emigraci&oacute;n econ&oacute;mica del norte al sur. Son refugiados por motivos pol&iacute;ticos, no de hambruna ni de cat&aacute;strofe natural&rdquo;, explica Buhobeini Yahia, presidente de la Media Luna Roja Saharaui. Y muchos de los actores que intervienen en la ayuda humanitaria coinciden en se&ntilde;alar: &ldquo;Las instituciones que invierten dinero en los proyectos de desarrollo, deber&iacute;an invertir su voto pol&iacute;tico en la resoluci&oacute;n del conflicto&rdquo;, sentencia Abdel Fatah.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel L. Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/humanitaria-refugiados-solucion-politica-conflicto_1_5813926.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Jun 2013 18:46:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1ba06ab3-485d-4e9a-b608-971b4910decb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="56648" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1ba06ab3-485d-4e9a-b608-971b4910decb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="56648" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La perpetuación del conflicto y la falta de recursos merman la ayuda humanitaria en los campos saharauis]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1ba06ab3-485d-4e9a-b608-971b4910decb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Sáhara,Frente Polisario]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
