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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marie-Monique Robin]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marie-monique_robin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marie-Monique Robin]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los productores de hambre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/productores-hambre_129_5704056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/36f4780f-68b0-4b5d-a2b0-394c3ee10e3d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los productores de hambre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La periodista y documentalista Marie Robin, autora de 'El mundo según Monsanto', publica 'Las cosechas del futuro' (Península), libro del cual reproducimos un fragmento.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Deme pan! &iexcl;Tome el dinero! &iexcl;Deme  pan!&rdquo; Esta insoportable escena transcurre en abril de 2008 en una  panader&iacute;a en el centro de El Cairo (Egipto). El c&aacute;mara filma desde el  interior de la tienda, que est&aacute; protegida de la calle por una hilera de  s&oacute;lidos barrotes de seguridad. Decenas de mujeres vestidas con chador  negro y de ni&ntilde;os se api&ntilde;an en torno a los barrotes, y tienden  desesperadamente las manos implorando al panadero que les venda una <em> aiche</em> (torta de pan). Fuera hay un bullicio espantoso entrecortado de  gritos, lloros e insultos. As&iacute; es como muri&oacute; Amal, de 43 a&ntilde;os, durante  un tumulto ante una panader&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">La crisis alimentaria de 2008 y el negocio del hambre</h3><p class="article-text">
        Un  a&ntilde;o despu&eacute;s de la crisis de la tortilla en M&eacute;xico, en la primavera de  2008, estallaron en 37 pa&iacute;ses de Asia y &Aacute;frica varias revueltas del  hambre. En T&uacute;nez, Camer&uacute;n, Costa de Marfil o Senegal la polic&iacute;a  antidisturbios reprimi&oacute; violentamente las manifestaciones a golpe de  gases lacrim&oacute;genos y de porras el&eacute;ctricas. Si de la noche a la ma&ntilde;ana 75  millones de personas cayeron en la pobreza extrema y el hambre, es  porque en el mercado internacional se dispar&oacute; el precio de las materias  primas agr&iacute;colas, como el trigo, el ma&iacute;z o el arroz, los cuales &ldquo;representan, ellos solos, casi dos terceras partes de la alimentaci&oacute;n  mundial&rdquo;. Seg&uacute;n la FAO, &ldquo;el &iacute;ndice de los precios de los productos  alimentarios pas&oacute; de 139 a 219 entre febrero de 2007 y febrero de 2008.  Los mayores aumentos fueron los de los cereales (&iacute;ndice 152 a 281) y los  productos l&aacute;cteos (&iacute;ndice 176 a 278)&rdquo;. El precio del trigo lleg&oacute; a &ldquo;los  400 d&oacute;lares la tonelada en abril de 2008, dos veces m&aacute;s que el a&ntilde;o  anterior, mientras unos a&ntilde;os antes hab&iacute;a rondado los 50 d&oacute;lares por  tonelada&rdquo;, como se&ntilde;ala Sylvie Brunel en su libro<em> Nourrir le monde,  vaincre la faim</em>. Por lo que se refiere al precio del arroz, lleg&oacute; a su  nivel m&aacute;s alto en diez a&ntilde;os, como en Bangkok, donde pas&oacute; de 250 a 1.000  d&oacute;lares por tonelada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Varios factores son el origen del aumento de  los precios de los productos alimentarios de base en 2008 &mdash;explica Jean  Ziegler, que al inicio de la crisis ocupaba el puesto de Olivier de  Schutter&mdash;: el aumento de la demanda global de biocarburantes, la sequ&iacute;a  y, por consiguiente, las malas cosechas en algunas regiones, el nivel  m&aacute;s bajo de las reservas mundiales de cereales en treinta a&ntilde;os, el  aumento de la demanda de carne y, por lo tanto, de cereales por parte de  los pa&iacute;ses emergentes, el elevado precio del petr&oacute;leo y, sobre todo, la  especulaci&oacute;n.&rdquo; En efecto, &ldquo;despu&eacute;s de la implosi&oacute;n de los mercados  financieros, causada por ellos mismos&rdquo;, aquellos a los que Jean Ziegler  denomina los &ldquo;tiburones tigres&rdquo;, a saber, los Hedge Funds (fondos de  inversi&oacute;n), &ldquo;migraron a los mercados de materias primas, sobre todo a  los mercados agroalimentarios&rdquo;. &ldquo;Los fondos especulativos se  introdujeron en los mercados agr&iacute;colas, lo que provoc&oacute; un aumento de la  volatilidad&rdquo;, confirma en Le Monde Laetitia Clavreul, la cual precisa: &ldquo;Desde 2004 los fondos especulativos empezaron a interesarse por este  sector considerado infravalorado, lo que explica el desarrollo de los  mercados a plazo. En Par&iacute;s la cantidad de contratos sobre el trigo pas&oacute;  de 210.000 a 970.000 entre 2005 y 2007&rdquo;. Y Jean Ziegler insiste citando  un informe de la FAO: &ldquo;Solo un 2% de los contratos a plazo (futures en  ingl&eacute;s) concluyen efectivamente en la entrega de una mercanc&iacute;a. Los  especuladores revenden el 98% restante antes de la fecha de  expiraci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Especulaci&oacute;n pura&rdquo; perfectamente asumida por los corredores de la Bolsa de materias primas de Chicago, de creer un art&iacute;culo  de la revista <em>Der Spiegel</em> titulado &ldquo;El negocio del hambre&rdquo;. Mis colegas  entrevistan a un tal Alan Knuckman, un &ldquo;experto en materias primas&rdquo; de  42 a&ntilde;os que transpira (en sentido propio y figurado) entusiasmo: &ldquo;Es  capitalismo en estado puro &mdash;se emociona&mdash;, aqu&iacute; es donde se hacen los  millonarios. Creo en el mercado porque siempre tiene raz&oacute;n. Ha pasado  la &eacute;poca de los alimentos baratos. Para los estadounidenses es algo  bueno: de todos modos, la mayor&iacute;a de ellos come demasiado&rdquo;. Y mis  colegas alemanes ponen de relieve: &ldquo;Para sus compatriotas, que consagran  un 13% de su presupuesto a la alimentaci&oacute;n, la subida de los precios  supone, como mucho, una contrariedad. Pero puede ser fatal para los  pobres del mundo que tienen que gastar un 70% de sus magros ingresos  para alimentarse&rdquo;. Mientras tanto, constata <em>Der Spiegel</em>, la &ldquo;metamorfosis del mercado de los productos alimentarios en un mercado  financiero&rdquo; representa una oportunidad para &ldquo;actores como Goldman Sachs:  en 2009 la especulaci&oacute;n con las materias primas report&oacute; 5.000 millones  de d&oacute;lares al banco de inversi&oacute;n estadounidense, esto es, una tercera  parte de sus beneficios netos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, esta c&eacute;lebre  instituci&oacute;n estadounidense, cuyo funesto papel en la crisis de las  subprimes es conocido, no es el &uacute;nico &ldquo;productor de hambre&rdquo; (utilizo el  t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por mi colega Doan Bui) que se forra a costa del  mercado del hambre. Tambi&eacute;n est&aacute;n todos los gigantes de la agroindustria que, &ldquo;desde las semillas a los abonos, desde el almacenamiento a  la transformaci&oacute;n hasta la distribuci&oacute;n final [...] llevan la batuta  para millones de campesinos de nuestro planeta, ya sean agricultores en  Beauce o peque&ntilde;os granjeros en el Punyab&rdquo;, y que hoy &ldquo;controlan la  alimentaci&oacute;n en el mundo&rdquo;. As&iacute; es como &ldquo;en el curso del &uacute;ltimo  semestre de 2007, en el peor momento de la crisis alimentaria, ADM,  Monsanto y Cargill vieron aumentar sus beneficios respectivamente un 42,  un 45 y un 86 %, mientras que Mozaic Fertiliser, filial de Cargill,  registraba un volumen de negocios en alza &iexcl;de m&aacute;s de un 1.200 %! Por lo  que se refiere a las recetas de los dos gigantes de la industria  agroalimentaria y de la gran distribuci&oacute;n, Nestl&eacute; y Tisco, conocieron  un salto del 8 y del 10 % en el curso del primer semestre de 2008&rdquo;,  se&ntilde;ala el soci&oacute;logo e historiador belga Laurent Delcourt.
    </p><p class="article-text">
        Ya he  mencionado a Cargill (v&eacute;ase supra, cap&iacute;tulo 10), una peque&ntilde;a empresa  familiar creada en 1865 que empez&oacute; explotando un silo de cereales para  convertirse en &ldquo;la mayor empresa privada de Estados Unidos&rdquo;, el  mayor negociante de granos del mundo (ma&iacute;z, trigo, soja) y en uno de los  l&iacute;deres del mercado de abonos (Mozaic), de semillas, de caf&eacute;, de cacao,  de az&uacute;car, de aves de corral o de carne de vaca. Como advierte la  organizaci&oacute;n Food&amp;Water Watch, autora de un informe muy severo sobre  la multinacional, &ldquo;Cargill vende a los agricultores los insumos que  estos necesitan, como los abonos o el forraje, y les compra sus  producciones, como las cosechas o el ganado, para comercializarlas y  transformarlas. [...] Durante la recesi&oacute;n econ&oacute;mica de 2008 la empresa  obtuvo unos beneficios r&eacute;cord en detrimento de los consumidores, de  los campesinos y del medio ambiente&rdquo;. Efectivamente, seg&uacute;n los resultados publicados por la multinacional, en 2008 acumul&oacute; un beneficio  neto de 3.600 millones de d&oacute;lares sobre un volumen de negocios de  120.000 millones. Mientras que 75 millones de personas hab&iacute;an ca&iacute;do en  la pobreza y el hambre, entre ellas muchos mexicanos, el presidente y  director general Greg Page explicaba con un autocomplaciente cinismo: &ldquo;Cargill ten&iacute;a la oportunidad de ganar dinero en este contexto y creo  que tenemos que ser francos al respecto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Muy activa en los mercados a corto plazo gracias a su filial financiera, Cargill controla toda  la cadena alimentaria de un extremo al otro del planeta, tal como se  vanagloria de ello Jim Prokopanko, uno de sus altos ejecutivos  estadounidenses: &ldquo;Pr&aacute;cticamente esto ocurre de la siguiente manera:  Cargill produce abonos fosforados en Tampa, Florida. Esparcimos estos  abonos en nuestros cultivos de soja en Estados Unidos y en Argentina.  Transformamos los granos en harina y aceite. Nuestros barcos transportan  esta harina a Tailandia para alimentar a las aves de corral que abatimos, embalamos y enviamos a los supermercados de Jap&oacute;n y Europa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Incapaces  de organizarse para acabar con la actividad criminal de los &ldquo;productores de hambre&rdquo;, los dirigentes internacionales asistieron con  una pasividad exasperante a la repetici&oacute;n tres a&ntilde;os despu&eacute;s del  escenario de 2008. En febrero de 2011 los expertos del Banco Mundial  (que, como veremos, ha contribuido enormemente al establecimiento del  actual sistema agroalimentario) dieron la se&ntilde;al de alarma: &ldquo;Los  precios globales de los alimentos siguen subiendo &mdash;advert&iacute;an en su  bolet&iacute;n Food Price Watch&mdash;. El &iacute;ndice de los precios alimentarios del  Banco Mundial subi&oacute; un 15% entre octubre de 2010 y enero de 2011, y  est&aacute; justo un 3% por debajo del pico de 2008. [...] Seg&uacute;n nuestras  estimaciones, desde junio de 2010 unos 40 millones de personas m&aacute;s han  debido de caer en la pobreza en los pa&iacute;ses con ingresos d&eacute;biles y  medios&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El orden alimentario de las multinacionales</h3><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tipo  de civilizaci&oacute;n es esta que no ha encontrado nada mejor que el juego (la  anticipaci&oacute;n especulativa) para fijar el precio del pan de los seres  humanos y de su bol de arroz?&rdquo;, se pregunta Philippe Chalmin en su libro <em> Le Monde a faim</em>. Sin embargo, no se puede sospechar que este  especialista en el mercado de las materias primas, que pidi&oacute; el voto  para Nicolas Sarkozy en la segunda vuelta de las elecciones  presidenciales francesas de 2012, sea un altermundialista primario. Su  pregunta es reveladora de la inquietud que se ha apoderado del  c&iacute;rculo de los economistas liberales (incluidos los &ldquo;neocl&aacute;sicos&rdquo;,  como Philippe Chalmin), muy influyentes en las esferas dirigentes  nacionales e internacionales y que, como el doctor Frankenstein,  descubre con horror el monstruo que ellos han contribuido a crear. &iquest;Hay  necesidad de recordar que la &ldquo;civilizaci&oacute;n&rdquo; de la que habla Philippe  Chalmin no ha ca&iacute;do del cielo, y que es el resultado de un sistema  econ&oacute;mico establecido por unos cuantos poderosos que est&aacute;n explotando  al mundo con el &uacute;nico objetivo de satisfacer su sed de beneficios? Y es  que, como repite una cantidad cada vez mayor de expertos, la crisis  alimentaria no es una fatalidad, sino la expresi&oacute;n de disfunciones  fundamentales que actualmente est&aacute;n gangrenando la gobernanza del  planeta. Por consiguiente, quien dice &ldquo;disfunciones&rdquo;, dice &ldquo;soluciones&rdquo;, pero a condici&oacute;n de que los pol&iacute;ticos acepten ponerse  manos a la obra. Esto es lo que, en esencia, me explic&oacute; &Eacute;ric  Holt-Gim&eacute;nez, director del Instituto de Pol&iacute;ticas Alimentarias y del  Desarrollo, un organismo de investigaci&oacute;n establecido en Oakland  (California), m&aacute;s conocido con el nombre de &ldquo;Food First&rdquo;. Doctor en  ciencias medioambientales, este estadounidense muy comprometido vivi&oacute;  una veintena de a&ntilde;os en Am&eacute;rica Central, donde particip&oacute; en la  creaci&oacute;n del movimiento Campesino a Campesino (v&eacute;ase supra, cap&iacute;tulo 9).  Cuando lo conoc&iacute; el 18 de octubre de 2011, acababa de publicar un libro  colectivo sobre las &ldquo;estrategias para transformar el sistema  alimentario&rdquo;en el que colaboraron Olivier de Schutter y Hans  Herren, que hab&iacute;a dirigido la publicaci&oacute;n del informe de la IAASTD.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo explica usted la crisis alimentaria de 2007-2008? &mdash;le pregunt&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;De  entrada hay que entender bien que la crisis alimentaria no ten&iacute;a nada  que ver con una escasez de alimentos &mdash;me respondi&oacute; &Eacute;ric Holt-Gim&eacute;nez&mdash;.  En 2008 y despu&eacute;s de nuevo en 2010-2011, la crisis alimentaria mundial  se debi&oacute; exclusivamente a una inflaci&oacute;n del precio de los alimentos.  En aquel momento ten&iacute;amos una vez y media el alimento necesario para  cada hombre, mujer y ni&ntilde;o del planeta, pero el precio de los alimentos  era tan alto que las poblaciones de los pa&iacute;ses pobres carec&iacute;an de los  medios para comprarlos. La causa principal de la crisis alimentaria es  que vivimos bajo el yugo de lo que denomino el &ldquo;orden alimentario de  las multinacionales&rdquo; [food corporate regime]. Estas empresas, como  Monsanto, Syngenta, ADM o Cargill, nos imponen un sistema alimentario  globalizado que es extremadamente vulnerable a los choques  medioambientales y econ&oacute;micos. Si se mantiene este sistema es porque  procura enormes beneficios: si caen los precios, ellas ganan dinero; si  los precios suben, tambi&eacute;n ganan dinero. Hist&oacute;ricamente hemos tenido  tres &oacute;rdenes alimentarios. El primero era el orden colonial, que  explotaba los alimentos y los recursos baratos del Sur para financiar la  industrializaci&oacute;n del Norte. A continuaci&oacute;n, tras la Segunda Guerra  Mundial, el flujo se invirti&oacute; y los excedentes de alimentos y de granos  del Norte se vertieron en el Sur, con lo que estos pa&iacute;ses se volvieron  dependientes para la mayor parte de su alimentaci&oacute;n. Ahora estamos en la  era del orden alimentario de las multinacionales, que a partir de ahora  controlan toda la cadena alimentaria.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;C&oacute;mo se puede transformar este orden alimentario?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Sabemos  exactamente lo que hay que hacer para cambiar este mort&iacute;fero sistema.  Hay que tomar tanto medidas pol&iacute;ticas como medidas pr&aacute;cticas. En el lado  pol&iacute;tico, hay que frenar el monopolio de las grandes multinacionales  que controlan actualmente el orden alimentario, ya que es la &uacute;nica  manera de detener la volatilidad del precio de los alimentos. Para ello  hay que impedir que Wall Street y las bolsas financieras especulen con  nuestros alimentos, hay que constituir reservas de granos que est&eacute;n bajo  el control de la comunidad internacional, hay que autorizar a los  pa&iacute;ses a proteger a sus campesinos sacando a la agricultura del campo de  acci&oacute;n de la OMC, la Organizaci&oacute;n Mundial del Comercio. Y hay que  suprimir las subvenciones agr&iacute;colas tal como se practican en el marco  de la Farm Bill en Estados Unidos o de la Pol&iacute;tica Agr&iacute;cola Com&uacute;n en  Europa, porque distorsionan completamente la producci&oacute;n alimentaria  mundial. Pero por el momento no se ha establecido ninguna de estas  medidas, que caen por su propio peso si verdaderamente se quiere acabar  con el hambre, porque desgraciadamente los gobiernos, sobre todo los del  Norte, tambi&eacute;n tienen inter&eacute;s en que se mantenga este orden alimentario  de las multinacionales. En el lado pr&aacute;ctico, hay que romper con el  modelo de producci&oacute;n alimentaria que nos ha dado el orden alimentario  de las multinacionales y que es extremadamente dependiente de las  energ&iacute;as f&oacute;siles, ya que no debemos olvidar que las empresas que venden  los pesticidas y los abonos qu&iacute;micos son tambi&eacute;n las que controlan el  comercio mundial de alimentos. Hay que promover la agroecolog&iacute;a para que  los campesinos y las comunidades rurales puedan controlar su  producci&oacute;n alimentaria y escapar de las garras de Monsanto, Cargill y  compa&ntilde;&iacute;a. En otras palabras, necesitamos unas leyes y marcos  reglamentarios que promuevan la soberan&iacute;a alimentaria basada en una  democratizaci&oacute;n de toda la cadena, lo cual va completamente en contra  de las pol&iacute;ticas impuestas desde hace d&eacute;cadas por el FMI (Fondo  Monetario Internacional) y el Banco Mundial.
    </p><h3 class="article-text">Los dictados del FMI y del Banco Mundial</h3><p class="article-text">
        Las &ldquo;pol&iacute;ticas&rdquo; de las que habla &Eacute;ric Holt-Gim&eacute;nez tienen un nombre: &ldquo;programa de ajuste estructural&rdquo;. Hoy en d&iacute;a resulta dif&iacute;cil entrevistar  a un &ldquo;experto&rdquo; que haya promovido lo que la sensatez popular llama las &ldquo;curas de austeridad&rdquo;. Es un momento de perfil bajo para los &ldquo;ajustadores&rdquo; del FMI y del Banco Mundial. Desde las revueltas del  hambre y la crisis alimentaria galopante ya no se encuentra a nadie  para justificar unas pol&iacute;ticas que han sumido en la miseria y empujado a  millones de peque&ntilde;os campesinos a los barrios de chabolas de las ciudades. Por mi parte, trat&eacute; de entrevistarme con Jeffrey Sachs, el  economista estadounidense que tuvo el privilegio de figurar dos veces  (en 2004 y 2005) en la clasificaci&oacute;n de las personalidades m&aacute;s  influyentes del mundo publicada por <em>Time Magazine</em>, &iexcl;pero nunca fij&oacute;  una hora para la cita que ten&iacute;amos en Nueva York el 26 de octubre de  2011! Como este economista hab&iacute;a llevado a cabo unas &ldquo;terapias de  choque&rdquo; (t&eacute;rmino que aborrece) en varios pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y  Europa del este, y hab&iacute;a oficiado como consultor ante varios gobiernos  africanos, yo esperaba que me hiciera un balance de las pol&iacute;ticas de  ajuste estructural llevadas a cabo por el Banco Mundial y el FMI, dos  instituciones que conoce bien, y de sus consecuencias sobre la  agricultura y la producci&oacute;n alimentaria.
    </p><p class="article-text">
        Como no me puedo referir a  sus expertas opiniones, volver&eacute; a citar a Olivier de Schutter, el  cual tiene una visi&oacute;n muy severa de los famosos &ldquo;programas de ajuste  estructural&rdquo; que considera que han llevado directamente a las crisis  alimentarias de 2008 y 2011: &ldquo;El proceso del hambre empez&oacute; por la  destrucci&oacute;n de la peque&ntilde;a agricultura familiar &mdash;explic&oacute; en una lecci&oacute;n  inaugural pronunciada en la Escuela Superior de Agricultura de Angers&mdash;. A  medida que se han ido reforzando las exigencias de competitividad  impuestas a la agricultura y que se ha ido reduciendo el apoyo a los  agricultores, la agricultura se ha ido volviendo inviable, salvo para  los grandes productores. Desde la d&eacute;cada de 1970 las elecciones que se  ha hecho han provocado la muerte de la peque&ntilde;a agricultura familiar en  los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo&rdquo;. En efecto, conviene recordar que &ldquo;en el momento de los procesos de independencia &Aacute;frica era  autosuficiente e incluso exportadora neta de bienes alimentarios (cerca  de 1,3 millones de toneladas al a&ntilde;o entre 1966 y 1970)&rdquo;, como pone de  relieve el soci&oacute;logo e historiador belga Laurent Delcourt, que a&ntilde;ade: &ldquo;&iexcl;Ahora importa cerca del 25 % de sus alimentos!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso de  dependencia cada vez mayor se desarroll&oacute; en dos etapas. La primera cubre  las d&eacute;cadas de 1960 y 1970, en las que poco despu&eacute;s de los procesos de  independencia los pa&iacute;ses africanos llevaron a cabo unas pol&iacute;ticas  voluntaristas de desarrollo agr&iacute;cola con dos objetivos: garantizar que  se abastec&iacute;a a las ciudades de alimentos baratos (proponiendo unos  servicios de divulgaci&oacute;n agr&iacute;cola y comprando la producci&oacute;n de los  peque&ntilde;os campesinos a precios garantizados por el gobierno), y promover  la agroexportaci&oacute;n para procurarse las divisas necesarias para la  compra de bienes manufacturados en el mercado internacional, entre  ellos los equipamientos agr&iacute;colas. As&iacute; es como en el &Aacute;frica subsahariana  los pa&iacute;ses se especializaron en la producci&oacute;n de materias primas (los  famosos &ldquo;cultivos de renta&rdquo;), como el caf&eacute;, el algod&oacute;n o el cacao, que  se inscrib&iacute;an en una divisi&oacute;n internacional del trabajo heredada de la  &eacute;poca colonial. Es lo que yo llamar&iacute;a el &ldquo;orden alimentario neocolonial&rdquo;, seg&uacute;n la clasificaci&oacute;n de &Eacute;ric Holt-Gim&eacute;nez.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s vino el  segundo per&iacute;odo, de 1980 a 2000, en el que los pa&iacute;ses africanos se  vieron estrangulados por una deuda colosal debida al deterioro de los  t&eacute;rminos del intercambio, ya que el precio de las materias primas no  dejaba de bajar mientras que el de los productos manufacturados no  dejaba de aumentar. Para ser m&aacute;s precisa, yo a&ntilde;adir&iacute;a que las deudas  tambi&eacute;n aumentaron debido a unas practicas de corrupci&oacute;n y de  depredaci&oacute;n de los potentados africanos, ampliamente apoyados por sus  colegas de las antiguas potencias coloniales, a la cabeza de las cuales  se encuentra Francia. Pero lo cierto es que los gobernantes africanos  pasaron a estar bajo el yugo del FMI y el Banco Mundial en un momento en  el que la &ldquo;desregulaci&oacute;n&rdquo; promovida por Ronald Reagan en Estados  Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido se convert&iacute;a en la nueva  doxa econ&oacute;mica. &ldquo;Peri&oacute;dicamente el FMI concede a los pa&iacute;ses endeudados  una moratoria temporal o una refinanciaci&oacute;n de su deuda a condici&oacute;n de  que se sometan al llamado plan de ajuste estructural &mdash;comenta Jean  Ziegler, que fue un observador privilegiado de las pr&aacute;cticas de esta  instituci&oacute;n de la ONU&mdash;. Todos estos planes comportan la reducci&oacute;n de los  gastos de sanidad y de escolaridad en los presupuestos de los pa&iacute;ses  implicados, y la supresi&oacute;n de las subvenciones de los alimentos b&aacute;sicos y  de la ayuda a las familias necesitadas. [...] Ah&iacute; donde hace estragos  el FMI se encogen los campos de mandioca, de arroz y de mijo. La  agricultura de subsistencia muere.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Laurent Delcourt lo confirma: &ldquo;Para maximizar sus ventajas comparativas y acumular divisas se invita  a los fuertemente endeudados pa&iacute;ses del Sur a centrarse en unos  cultivos con mayor valor a&ntilde;adido en los mercados internacionales. &iexcl;As&iacute;  se ver&aacute; a Kenia o Per&uacute; lanzarse a la floricultura, los cultivos de  soja sustituir en Brasil a las tierras de pasto o a los suelos  tradicionalmente dedicados a una agricultura m&aacute;s diversificada, [...] o  incluso alzarse naranjos en lugares dedicados a la producci&oacute;n de  alubias (alimento base de la poblaci&oacute;n) en Hait&iacute;, pa&iacute;s que actualmente  importa cerca del 60 % de sus alimentos!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hait&iacute;, precisamente.  Jean Ziegler informa en su libro Destrucci&oacute;n masiva, geopol&iacute;tica del  hambre que a principios de la d&eacute;cada de 1980 la isla era  autosuficiente en arroz porque la producci&oacute;n nacional estaba protegida  por una tasa a la importaci&oacute;n del 30%. El pa&iacute;s sufri&oacute; dos planes de  ajuste estructural y bajo las presiones del FMI la tarifa aduanera se  redujo a un 3 %. Resultado: &ldquo;El arroz estadounidense, fuertemente  subvencionado por Washington, invadi&oacute; las ciudades y pueblos  haitianos&rdquo;. &ldquo;Entre 1985 y 2004 las importaciones de arroz pasaron de  15.000 a 350.000 toneladas mientras que la producci&oacute;n local se hund&iacute;a y  pasaba del 124.000 toneladas a 73.000. Hoy el gobierno de Hait&iacute; gasta  un 80% de sus ingresos en comprar comida, mientras que los peque&ntilde;os  arroceros han emigrado masivamente a los barrios de chabolas de  Port-au-Prince. En abril de 2008 encabezaron las revueltas del hambre  que ocasionaron varios muertos, cientos de heridos y provocaron la ca&iacute;da  del gobierno. Lo mismo ocurri&oacute; en Zambia o incluso en Ghana, donde en  2003 el Parlamento decidi&oacute; volver a introducir una tarifa aduanera del  25% para el arroz importado. El FMI reaccion&oacute; con vigor. Oblig&oacute; al  gobierno a anular la ley.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marie-Monique Robin]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/productores-hambre_129_5704056.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Jun 2013 18:15:51 +0000]]></pubDate>
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