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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel Caínzos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miguel_cainzos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miguel Caínzos]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Participación política y clase social]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/participacion-politica-clase-social_1_5737618.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo de “representativos” de la ciudadanía son quienes participan activamente en política?</p><p class="subtitle">Parece razonable preguntarse quiénes son esos ciudadanos que hablan y  actúan, qué grado de presencia tienen entre ellos las clases y  categorías sociales con menos recursos</p><p class="subtitle">Milbrath y Goel concluían que “las personas de clase alta tienen mayor  probabilidad de participar en política que las personas de clase baja”</p></div><p class="article-text">
        La idea de que existe un grave distanciamiento entre pol&iacute;ticos y ciudadanos se ha convertido en un lugar com&uacute;n. Los partidos establecidos y los pol&iacute;ticos profesionales, se dice, han traicionado su funci&oacute;n representativa. De buen grado o arrastrados por la l&oacute;gica perversa de un sistema pol&iacute;tico disfuncional, han incurrido en el doble pecado de anteponer sus intereses a los de la gente del com&uacute;n y doblegarse ante las presiones de poderes (en particular, pero no solo, econ&oacute;micos) carentes de legitimidad democr&aacute;tica. Entre otras cosas, esto llevar&iacute;a a situar en el centro de la agenda pol&iacute;tica asuntos que s&oacute;lo interesan a la propia clase pol&iacute;tica o a grupos sociales y econ&oacute;micos privilegiados, ignorando las demandas y preocupaciones de la mayor&iacute;a de los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Este diagn&oacute;stico no es nuevo ni se aplica exclusivamente al caso espa&ntilde;ol, sino que aparece recurrentemente en cr&iacute;ticas a la democracia representativa construidas desde puntos de partida muy dispares. Algunas versiones insisten sobre todo en el car&aacute;cter desigualitario del sistema, es decir, se preocupan no tanto por la brecha que, en general, pueda haber entre pol&iacute;ticos y ciudadanos sino por la existencia de grandes desigualdades dentro de la ciudadan&iacute;a en lo que respecta a la capacidad de influir en el proceso pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        A partir de aqu&iacute;, el discurso puede seguir muy diversos derroteros, que van desde propuestas aviesamente tecnocr&aacute;ticas hasta el m&aacute;s franco populismo. Una visi&oacute;n m&aacute;s templada, que goza de bastante predicamento entre la izquierda, sostiene que el &uacute;nico modo de lograr que las demandas de la mayor&iacute;a social (o, al menos, las de los grupos m&aacute;s desfavorecidos) adquieran visibilidad y se tengan en cuenta en la toma de decisiones es dar m&aacute;s protagonismo a los ciudadanos que se implican de manera activa en la esfera p&uacute;blica y  participan aprovechando todo el repertorio de acci&oacute;n disponible. La idea es simple. La naturaleza sesgada y desigualitaria de la pol&iacute;tica representativa s&oacute;lo puede ser corregida y compensada mediante la pol&iacute;tica participativa; y si los pol&iacute;ticos ya no representan a los ciudadanos, es preciso escuchar lo que dicen los ciudadanos que hablan y act&uacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, llegados a este punto, parece razonable preguntarse qui&eacute;nes son esos ciudadanos que hablan y act&uacute;an, qu&eacute; grado de presencia tienen entre ellos las clases y categor&iacute;as sociales con menos recursos, c&oacute;mo de &ldquo;representativos&rdquo; de la ciudadan&iacute;a son quienes participan activamente en pol&iacute;tica y, en definitiva, en qu&eacute; medida escuchar su voz corrige los sesgos de la pol&iacute;tica institucionalizada o a&ntilde;ade otros nuevos.
    </p><p class="article-text">
        No parece dif&iacute;cil responder. Uno de los resultados m&aacute;s s&oacute;lidos de la investigaci&oacute;n sobre comportamiento pol&iacute;tico es la constataci&oacute;n de la persistencia a trav&eacute;s del tiempo y del espacio de un claro patr&oacute;n de desigualdad en la participaci&oacute;n pol&iacute;tica. Hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, en una s&iacute;ntesis de la investigaci&oacute;n acumulada hasta entonces sobre el tema, Milbrath y Goel conclu&iacute;an que &ldquo;las personas de clase alta tienen mayor probabilidad de participar en pol&iacute;tica que las personas de clase baja&rdquo;; &ldquo;es casi universalmente cierto que las personas m&aacute;s pr&oacute;speras [esto es, con mayores ingresos] tienen mayor probabilidad de participar en pol&iacute;tica que las menos pr&oacute;speras&rdquo;; &ldquo;la gente con niveles m&aacute;s elevados de educaci&oacute;n tiende a participar en mayor medida que la que tiene menos educaci&oacute;n&rdquo;; y &ldquo;las personas con estatus ocupacional m&aacute;s alto tienen mayor probabilidad de participar en pol&iacute;tica&rdquo; (en particular, &ldquo;los profesionales tienen la probabilidad m&aacute;s alta de implicarse&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        El grueso de la investigaci&oacute;n realizada desde entonces permite afirmar que el estado de cosas descrito por Milbrath y Goel sigue vigente en lo esencial. Tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a y <a href="http://books.google.es/books?id=w03TkOZqddkC&amp;pg=PA269&amp;lpg=PA269&amp;dq=%2522%25C2%25BFciudadanos+desiguales?%2522&amp;source=bl&amp;ots=3uSm-v6l35&amp;sig=Rkte7gk6IMbgX4PGq41HeZx-Whc&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;ei=eojQUcy2KIO-O9OXgYgD&amp;ved=0CFoQ6AEwCQ%23v=onepage&amp;q=%2522%25C2%25BFciudadanos%2520desiguales%253F%2522&amp;f=false#v=onepage&amp;q=%2522%25C2%25BFciudadanos%2520desiguales%253F%2522&amp;f=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en Europa</a>, como he tratado de mostrar en <a href="http://www.fpabloiglesias.es/editorial/revistas/zona-abierta/419_zona-abierta-106-107" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">varios trabajos</a> en que se registran importantes <a href="http://iss.sagepub.com/content/25/3/383.abstract" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desigualdades participativas</a> seg&uacute;n clase, sector de empleo, relaci&oacute;n con la actividad, nivel educativo y nivel de ingresos del hogar. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Los tres gr&aacute;ficos que acompa&ntilde;an este texto permiten calibrar de una manera sencilla las desigualdades en uno de estos ejes, el de la clase. En ellos se contrastan los niveles de participaci&oacute;n de la clase profesional-directiva y de la clase trabajadora. El gr&aacute;fico 1 se refiere a participaci&oacute;n a lo largo de los doce meses anteriores al momento de la entrevista, esto es, de manera aproximada, a lo largo del a&ntilde;o 2007. En el gr&aacute;fico 2 se presentan datos m&aacute;s recientes, pero relativos a la participaci&oacute;n a lo largo de toda la vida del entrevistado. Finalmente, el gr&aacute;fico 3 da cuenta de los niveles de pertenencia a diversos tipos de asociaciones.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje que se extrae del examen de los gr&aacute;ficos es claro: los profesionales y directivos participan en medida mucho mayor que los trabajadores manuales sea cual sea la forma de actividad pol&iacute;tica que consideremos. Tambi&eacute;n tienen una probabilidad mucho m&aacute;s alta de pertenecer a asociaciones de car&aacute;cter pol&iacute;tico. En suma, la sobrerrepresentaci&oacute;n de la clase profesional-directiva e infrarrepresentaci&oacute;n de la clase trabajadora en todas las formas de participaci&oacute;n pol&iacute;tica es manifiesta.
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        El mismo resultado se observa si se consultan datos sobre implicaci&oacute;n en episodios de movilizaci&oacute;n ciudadana concretos. Veamos un ejemplo. Alrededor de un 10% de los entrevistados en la encuesta post-electoral realizada por el CIS tras las elecciones generales de 2011 declaran haber participado en alguna actividad relacionada con el &ldquo;movimiento del 15-M&rdquo;. El porcentaje asciende hasta algo m&aacute;s del 17% entre los miembros de la clase profesional-directiva, pero es diez puntos menor (7%) entre los entrevistados de clase trabajadora.
    </p><p class="article-text">
        Desigualdades de magnitud similar o mayor a las que encontramos entre clases se hallan seg&uacute;n otros ejes de desigualdad, muy particularmente seg&uacute;n niveles de estudios. Y la misma pauta aparece si se examinan datos sobre implicaci&oacute;n a trav&eacute;s de mecanismos formales de participaci&oacute;n ciudadana, como los que est&aacute;n disponibles en la vida pol&iacute;tica municipal.
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                </figure><p class="article-text">
        A mi juicio, se puede afirmar que, con independencia de las muchas virtudes de la participaci&oacute;n activa de los ciudadanos, la idea de que escuchar y atender las demandas de los &ldquo;ciudadanos activos&rdquo; puede ayudar a corregir las insuficiencias y sesgos del proceso representativo es demasiado optimista. M&aacute;s bien, los datos disponibles invitan a pensar que lo que tendremos ser&aacute; una acumulaci&oacute;n de sesgos. A la privilegiada capacidad de influencia de las &eacute;lites econ&oacute;micas se a&ntilde;adir&aacute; la singular presencia de las clases profesionales en la esfera p&uacute;blica. Pero las clases trabajadoras, los ciudadanos con niveles de estudio m&aacute;s bajos o las personas pertenecientes a hogares con menores ingresos seguir&aacute;n estando menos presentes en la vida pol&iacute;tica y cabe suponer que tambi&eacute;n lo estar&aacute;n sus demandas y aspiraciones.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Quiere esto decir que el impulso de la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de los ciudadanos es indeseable, que los pol&iacute;ticos deben ignorar sistem&aacute;ticamente &ldquo;la voz de la calle&rdquo; o que una ciudadan&iacute;a activa es algo de lo que se pueda prescindir en una democracia representativa? En absoluto; en realidad, todo lo contrario. Lo que quiere decir es que, del mismo modo que los mecanismos de representaci&oacute;n s&oacute;lo pueden funcionar adecuadamente en un marco institucional adecuado, la participaci&oacute;n de los ciudadanos en t&eacute;rminos igualitarios requiere el cumplimiento de condiciones econ&oacute;micas, sociales y pol&iacute;ticas que no es posible dar por supuesto sino que hay que crear. Y eso significa, muy especialmente, combatir las desigualdades que anteceden a la desigualdad pol&iacute;tica. Tambi&eacute;n aqu&iacute;, como en tantos otros terrenos, hay que construir las condiciones materiales de la libertad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Caínzos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/participacion-politica-clase-social_1_5737618.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jul 2013 18:13:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Participación política y clase social]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
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