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    <title><![CDATA[elDiario.es - Joaquim Bosch]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/joaquim_bosch/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Joaquim Bosch]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La democracia y sus enemigos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/democracia-enemigos_129_11687471.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df75d4b8-1142-4ecc-bc74-8e8862583652_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La democracia y sus enemigos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto del libro 'Jaque a la democracia. España ante la amenaza de la deriva autoritaria mundial' (ed. Ariel), del magistrado Joaquim Bosch, que sale a la venta este miércoles. El texto que reproducimos da comienzo al ensayo sobre el que es sin duda uno de los grandes temas de nuestro tiempo</p></div><p class="article-text">
        Una deriva autoritaria est&aacute; recorriendo el mundo democr&aacute;tico, en una especie de marcha que puede ser triunfal. Como sucede con cualquier amenaza, surge el interrogante de por d&oacute;nde pueden materializarse los peligros. Quien est&aacute; preparado amortigua mejor los golpes. La respuesta no es sencilla, porque la involuci&oacute;n no se est&aacute; desarrollando del mismo modo en todos los lugares. Pero, m&aacute;s all&aacute; de los matices o de las particularidades, podemos constatar un rasgo com&uacute;n: los pilares de la democracia representativa se pueden estar agrietando. Empiezan a ser cuestionados, a veces de manera frontal.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos veinte a&ntilde;os, las proclamas autoritarias eran consideradas m&aacute;s bien anecd&oacute;ticas en las democracias. Se trataba de exotismos inofensivos, ubicados en los m&aacute;rgenes del sistema pol&iacute;tico. Pero esas rarezas pueden ahora volverse mayoritarias. Y resurgen miedos que se hab&iacute;an olvidado. En las visiones m&aacute;s pesimistas, se recuerdan documentales en blanco y negro plagados de im&aacute;genes turbadoras, con brazos alzados marcialmente, furibundas arengas totalitarias, sufrimientos de v&iacute;ctimas de todo tipo. Las perspectivas m&aacute;s ecu&aacute;nimes nos advierten m&aacute;s bien de posibles transformaciones del sistema democr&aacute;tico que podr&iacute;an hacerlo irreconocible, como un boxeador con el rostro tumefacto tras haber sido sacudido de manera inmisericorde.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de las intensas convulsiones del siglo XX, parec&iacute;a que la democracia representativa se hab&iacute;a instalado en gran parte del mundo como una forma de gobierno consolidada, indiscutida y con una salud envidiable. Tras la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n, Francis Fukuyama public&oacute; un influyente ensayo en el que sosten&iacute;a que se hab&iacute;a puesto punto final a la evoluci&oacute;n ideol&oacute;gica de la humanidad y afirmaba que se iba a universalizar la democracia occidental como forma definitiva del gobierno humano. El mundo libre hab&iacute;a triunfado. Aunque las tesis de Fukuyama sobre el &ldquo;fin de la historia&rdquo; despertaron un vivo debate, lo cierto es que disfrutaron de una estimable aceptaci&oacute;n en el &aacute;mbito acad&eacute;mico. El sistema democr&aacute;tico se perfilaba como una conquista irreversible. Esa gran victoria de la civilizaci&oacute;n iba a propiciar muchos otros logros en materia de derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s del hundimiento de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, la democracia pas&oacute; a ser el sistema pol&iacute;tico dominante en el mundo. En palabras de Yascha Mounk, el sistema democr&aacute;tico &ldquo;parec&iacute;a inamovible en Am&eacute;rica del Norte y en la Europa occidental, y estaba arraigando a pasos agigantados en pa&iacute;ses anteriormente autocr&aacute;ticos en la Europa del Este y en Am&eacute;rica del Sur, adem&aacute;s de avanzar terreno a muy buen ritmo en naciones repartidas por toda Asia y toda &Aacute;frica&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En su informe sobre 2023, Freedom House señala que se han constatado retrocesos muy sensibles a nivel internacional en materia democrática, que se suman al deterioro progresivo y acelerado de las dos últimas décadas&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sin embargo, tras el cambio de siglo, todo empez&oacute; a complicarse, porque a la felicidad le salen en seguida contratiempos. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os han surgido s&iacute;ntomas bastante serios de repliegue democr&aacute;tico. En su informe sobre 2023, Freedom House se&ntilde;ala que se han constatado retrocesos muy sensibles a nivel internacional en materia democr&aacute;tica, que se suman al deterioro progresivo y acelerado de las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Esta entidad subraya que en 2023 los derechos pol&iacute;ticos y las libertades civiles disminuyeron en 52 pa&iacute;ses. Esta situaci&oacute;n contrasta con lo ocurrido desde 1974 hasta principios del siglo XXI, pues entonces se produjo una constante progresi&oacute;n de la democracia en el mundo, seg&uacute;n las evaluaciones anuales de Freedom House.
    </p><p class="article-text">
        El impulso renovado de la autocracia resulta inquietante. Esos pasos hacia atr&aacute;s de los &uacute;ltimos a&ntilde;os implican una verdadera recesi&oacute;n democr&aacute;tica, con incremento de las dictaduras y con un frenazo s&uacute;bito en la incorporaci&oacute;n de nuevas democracias. Y, adem&aacute;s, con regresiones autoritarias en bastantes democracias o con reducci&oacute;n de la calidad democr&aacute;tica en las sociedades m&aacute;s avanzadas. En los pa&iacute;ses que han sufrido una involuci&oacute;n y mantienen estructuras democr&aacute;ticas, se constatan fen&oacute;menos como la vulneraci&oacute;n de la separaci&oacute;n de poderes, el hostigamiento contra los medios, los ataques a los derechos de las minor&iacute;as y los zarpazos al sistema electoral para asegurar reelecciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las perturbadoras sacudidas de la &uacute;ltima d&eacute;cada obligan a reflexiones profundas. La irrupci&oacute;n del trumpismo en Estados Unidos representa un fen&oacute;meno que ha conmocionado a los expertos internacionales, por su especial simbolismo, en el estado m&aacute;s poderoso del planeta, en un pa&iacute;s que carec&iacute;a de precedentes de gobiernos de signo autoritario. En un &aacute;mbito muy distinto, las posibilidades de apertura democr&aacute;tica en Rusia se han evaporado tras el autoritarismo creciente del r&eacute;gimen de Putin.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los signos de deterioro se han ido sucediendo por todo el mundo. El ascenso al poder en Brasil por parte de Jair Bolsonaro fue una accidentada experiencia, llena de gestos desp&oacute;ticos, soflamas hom&oacute;fobas y pr&aacute;cticas contrarias a los valores de las instituciones democr&aacute;ticas. Turqu&iacute;a hab&iacute;a realizado meritorios avances para homologarse a las sociedades democr&aacute;ticas, con expectativas incluso de ingresar en la Uni&oacute;n Europea, pero los sucesivos mandatos de Recep Tayyip Erdogan la han convertido en un estado abiertamente autoritario. En Reino Unido lo m&aacute;s sorpresivo del Brexit fue que la decisi&oacute;n popular se adopt&oacute; principalmente a partir de las proclamas xen&oacute;fobas de la ultraderecha brit&aacute;nica, que se impuso a la l&iacute;nea de los partidos tradicionales.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Incluso en países como Alemania, donde era impensable que volviera a articularse una amplia extrema derecha, el ascenso del nacionalpopulismo conservador resulta manifiesto&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En Hungr&iacute;a y Polonia se emprendieron pol&iacute;ticas de retroceso, con embestidas en&eacute;rgicas contra la separaci&oacute;n de poderes, el pluralismo pol&iacute;tico y los derechos de las personas. En el momento actual se mantienen inc&oacute;gnitas sobre la evoluci&oacute;n del sistema democr&aacute;tico en Italia o Argentina, a partir de los nuevos gobiernos de derecha radical de Giorgia Meloni y de Javier Milei. Incluso en pa&iacute;ses como Alemania, donde era impensable que volviera a articularse una amplia extrema derecha, el ascenso del nacionalpopulismo conservador resulta manifiesto. Como dato muy elocuente, la mayor organizaci&oacute;n pol&iacute;tica del mundo es el Partido Popular Indio, actualmente en el poder, con posiciones de derecha radical que son contrarias a los derechos de las minor&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el conjunto de los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea se ha producido un sensible incremento del respaldo a la extrema derecha, que ha alcanzado una destacada presencia en casi todos los parlamentos, lo cual le ha permitido participar en bastantes gobiernos. El resultado de las elecciones europeas de junio de 2024 ha vuelto a confirmar el auge de los partidos ultraconservadores.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, hace poco m&aacute;s de un lustro, los expertos internacionales a&uacute;n sosten&iacute;an que el nefasto recuerdo del franquismo explicaba la ausencia relevante de extrema derecha en Espa&ntilde;a. La realidad sobrevenida les ha obligado a revisar sus premisas. De hecho, ahora mismo el debate es muy distinto: la pregunta pertinente es si pueden desarrollarse procesos similares de involuci&oacute;n democr&aacute;tica en Espa&ntilde;a. Incluso surgen interrogantes sobre si la democracia puede llegar a estar amenazada en nuestro pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De partida, deber&iacute;a descartarse la posibilidad de un golpe de estado a la antigua usanza. Nuestras fuerzas armadas se han democratizado y no se aprecian elementos de riesgo procedentes de la esfera militar. Pero no deber&iacute;amos ignorar movimientos de reconfiguraci&oacute;n social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica como los ocurridos recientemente en otras partes. En un mundo cada vez m&aacute;s interconectado, hay patrones comunes que se replican en los m&aacute;s variados lugares.
    </p><p class="article-text">
        Steven Levitsky y Daniel Ziblatt han aclarado que en los tiempos contempor&aacute;neos las democracias no mueren a manos de generales armados, sino de l&iacute;deres electos que consiguen subvertir el proceso que los condujo al poder. Seg&uacute;n estos autores, el riesgo principal de desmantelamiento de los sistemas democr&aacute;ticos no se encontrar&iacute;a en los golpes de estado ejecutados de forma cl&aacute;sica, sino en las din&aacute;micas de demolici&oacute;n autoritaria desde dentro. Los aut&oacute;cratas triunfantes en las urnas mantienen una apariencia de democracia, pero la van destripando hasta despojarla de contenido. Como advierte Ignacio S&aacute;nchez-Cuenca, la deriva autoritaria &ldquo;se produce gradualmente, no mediante una impugnaci&oacute;n de los principios fundacionales de la democracia, sino mediante un desmontaje pausado de sus reglas y pr&aacute;cticas institucionales&rdquo;. Las situaciones cr&iacute;ticas en algunos pa&iacute;ses nos alertan de amenazas a las que deber&iacute;amos prestar la debida atenci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El incremento de los discursos autoritarios se produce al ser asimilados, a veces de manera entusiasta, por sectores de la ciudadanía que antes no cuestionaban los valores democráticos&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El incremento de los discursos autoritarios se produce al ser asimilados, a veces de manera entusiasta, por sectores de la ciudadan&iacute;a que antes no cuestionaban los valores democr&aacute;ticos. Dos d&eacute;cadas atr&aacute;s eran muy minoritarias las percepciones que pon&iacute;an en duda el futuro de la democracia. Algo puede estar empezando a cambiar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras la II Guerra Mundial, durante d&eacute;cadas hubo en el mundo occidental un consenso generalizado a favor del sistema democr&aacute;tico. Se basaba en una intensa identificaci&oacute;n cultural con sus reglas y en la ausencia de alternativas significativas en sentido contrario. Sin embargo, los an&aacute;lisis de datos de Yascha Mounk acreditan que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en bastantes pa&iacute;ses se ha acrecentado el porcentaje de personas que no consideran esencial vivir en un pa&iacute;s gobernado democr&aacute;ticamente. Se trata de porcentajes que siguen siendo minoritarios, pero van peligrosamente en aumento. Y resulta preocupante constatar que son m&aacute;s elevados en las franjas de los m&aacute;s j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        La democracia pluralista ya no es tan indiscutible. A partir de la revoluci&oacute;n digital, estamos cimentando nuestras sociedades sobre nuevas bases, de solidez incierta, que pueden incidir muy sensiblemente en la tipolog&iacute;a de nuestro sistema pol&iacute;tico. Todo se acelera a la velocidad viral de internet. Deber&iacute;amos prestar atenci&oacute;n a esas transformaciones: como sab&iacute;a Saint-Exup&eacute;ry, el futuro no se puede adivinar, pero s&iacute; se puede consentir.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/democracia-enemigos_129_11687471.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Sep 2024 20:41:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La democracia y sus enemigos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Giorgia Meloni,Ultraderecha,Democracia,Javier Milei,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Puigdemont, la amnistía y el regreso a   la tierra prometida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/puigdemont-amnistia-regreso-tierra-prometida_129_10686059.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9f5a052-42c4-4ae9-9da4-741fcf8e2f55_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x3063y1507.jpg" width="1200" height="675" alt="Puigdemont, la amnistía y el regreso a   la tierra prometida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En las elecciones de julio la ciudadanía optó libremente por configurar otra mayoría. Y eso implica recordar que la aceptación del resultado de las elecciones y del sistema de mayorías parlamentarias es la base de la democracia</p></div><p class="article-text">
        Ya tenemos en el Parlamento la ley m&aacute;s esperada de los &uacute;ltimos tiempos. Y, para bien o para mal, las expectativas sobre su impacto no han defraudado. Hay entusiasmo en un lado, ante el previsible retorno de Puigdemont desde Waterloo a Barcelona, tras su traves&iacute;a en el desierto, acompa&ntilde;ado de las tablas de la ley de amnist&iacute;a, gracias a la apertura casi milagrosa de las aguas por parte de los partidos rojos que forman ese Mar Rojo. En el otro lado, suenan las estridentes trompetas del Apocalipsis que anuncian la extinci&oacute;n del Estado de Derecho o incluso de la Espa&ntilde;a eterna, con pol&iacute;ticos conservadores enrabietados, togas enardecidas y <em>hooligans</em> futbol&iacute;sticos en las calles.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de tanto fervor en el debate p&uacute;blico, a&uacute;n resulta posible intentar reflexionar con sosiego sobre la proposici&oacute;n de ley que se ha presentado. Y el aspecto m&aacute;s controvertido es el de su constitucionalidad. En abstracto, la figura jur&iacute;dica de la amnist&iacute;a parece compatible con nuestra Constituci&oacute;n, pues esta indica que se podr&aacute; &ldquo;ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley&rdquo;. Es notorio en el &aacute;mbito jur&iacute;dico que el t&eacute;rmino 'derecho de gracia' comprende tanto el indulto como la amnist&iacute;a. Lo ha reiterado la jurisprudencia, se recoge esa dualidad en nuestras constituciones hist&oacute;ricas, se define as&iacute; por la RAE y lo podemos leer en cualquier manual de derecho. Todo ello implica que el constituyente decidi&oacute; derivar al legislador la posibilidad de que se aprueben indultos y amnist&iacute;as, como tambi&eacute;n se desprende de algunas resoluciones del Tribunal Constitucional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se ha objetado que la Constituci&oacute;n s&iacute; proh&iacute;be los indultos generales. Pero un indulto general no es una amnist&iacute;a, del mismo modo que los gatos y los perros son animales, pero diferentes. El indulto perdona una pena impuesta y es acordado por un decreto del Gobierno; sin embargo, la amnist&iacute;a perdona el hecho delictivo, incluso aunque no haya pena, y es aprobada por ley por el Parlamento. Resulta comprensible limitar la acci&oacute;n del Gobierno y ampliar la del Parlamento, como poder estatal que es representante directo de la ciudadan&iacute;a. De hecho, en nuestras constituciones hist&oacute;ricas ha estado muy presente esa distinci&oacute;n en el pasado. Por ejemplo, en la Constituci&oacute;n de 1931 se regul&oacute; la aprobaci&oacute;n de la amnist&iacute;a por el Parlamento y quedaron prohibidos los indultos generales, como muestra evidente de que estamos ante dos figuras jur&iacute;dicas distintas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n suele repetirse que la amnist&iacute;a afecta a la igualdad en la aplicaci&oacute;n de la ley, a la actuaci&oacute;n judicial y a la separaci&oacute;n de poderes. Todo ello es cierto. Ocurre exactamente igual con los indultos. Esa excepcionalidad deriva del propio texto constitucional y es la particularidad m&aacute;s relevante del derecho de gracia. En nuestro pa&iacute;s se ha indultado a miles de condenados por delitos graves, entre ellos a golpistas, torturadores o corruptos, que han contado con la suerte (a veces con la injusticia) de obtener la gracia gubernamental, mientras otras personas han cumplido resignadamente sus penas. Resulta llamativo que ahora con la amnist&iacute;a se insista tanto en la desigualdad y en la limitaci&oacute;n de la actuaci&oacute;n judicial, como muestra de amnesia selectiva sobre lo ocurrido con los indultos. Lo cierto es que tambi&eacute;n el poder judicial est&aacute; sometido al imperio de la ley. Debe respetarla cuando se aplica el derecho de gracia a trav&eacute;s de indultos o amnist&iacute;as, porque los jueces no contamos con bulas especiales.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, no debemos olvidar que la amnist&iacute;a es una medida de gracia existente en los pa&iacute;ses de nuestro entorno, que cuenta con el aval de los tribunales europeos. Estados vecinos como Francia o Portugal han aprobado leyes de amnist&iacute;a en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Y esta medida de gracia se ha aplicado o forma parte del ordenamiento de pa&iacute;ses como Alemania, Suecia, Italia, Pa&iacute;ses Bajos o Reino Unido, entre otros. Estamos hablando de algunas de las democracias m&aacute;s avanzadas del mundo. Y por eso causa una perplejidad desconcertante escuchar que vamos hacia una dictadura si aplicamos as&iacute; el derecho de gracia.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, que la amnist&iacute;a sea una figura jur&iacute;dica compatible con nuestra Constituci&oacute;n no significa necesariamente que esta ley sea constitucional. Se trata de una medida excepcional. Su validez estar&aacute; muy relacionada con su motivaci&oacute;n y con que el perd&oacute;n acordado no sea arbitrario y responda a fines de inter&eacute;s general.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es interesante conocer el criterio del Tribunal Constitucional Federal de Alemania, pues en su Constituci&oacute;n no estaba contemplada la amnist&iacute;a, pero se consider&oacute; que el legislador era competente para acordarla, a partir de sus atribuciones en materia penal. La medida de gracia as&iacute; concebida supon&iacute;a una derogaci&oacute;n retroactiva favorable de la ley penal, acotada a determinadas personas y durante un tiempo concreto. Para no vulnerar la igualdad en la aplicaci&oacute;n de la ley, el alto tribunal alem&aacute;n estableci&oacute; una serie de requisitos, entre ellos la justificaci&oacute;n del trato desigual, la proporcionalidad y la interdicci&oacute;n de la arbitrariedad.
    </p><p class="article-text">
        Con bastante seguridad, nuestro Tribunal Constitucional va a efectuar una ponderaci&oacute;n similar a partir de esos principios. Y lo cierto es que la proposici&oacute;n de Ley de Amnist&iacute;a se ha esforzado por cumplirlos. El texto est&aacute; bien trabajado en sus aspectos t&eacute;cnicos. Ciertamente, es bastante mejor que el documento del pacto pol&iacute;tico, incluso en su estilo literario. La proposici&oacute;n motiva ampliamente el inter&eacute;s general de la amnist&iacute;a, que basa en la normalizaci&oacute;n institucional, pol&iacute;tica y social de Catalunya, as&iacute; como en la necesidad de recuperar la concordia perdida durante el conflicto. Tambi&eacute;n subraya la importancia del cumplimiento del Estado de Derecho y del acatamiento del ordenamiento jur&iacute;dico, lo cual representa impl&iacute;citamente el abandono de la v&iacute;a unilateral.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la proposici&oacute;n de ley elude los riesgos de arbitrariedad a trav&eacute;s de una mirada inclusiva y de una perspectiva restrictiva. En primer lugar, la inclusi&oacute;n permite la exoneraci&oacute;n de todos los afectados del <em>proc&eacute;s</em> que est&aacute;n incursos en causas judiciales, como los miembros de las fuerzas de seguridad, los pol&iacute;ticos, los empleados p&uacute;blicos o los ciudadanos que participaron en protestas que acabaron en disturbios. La medida de gracia no se centra en que Puigdemont regrese a la tierra prometida, sino que incluye a centenares de personas, lo cual propiciar&aacute; el retorno a la concordia en sus entornos sociales. En segundo lugar, de forma acertada, se esquiva otro riesgo de arbitrariedad a trav&eacute;s de la restricci&oacute;n de no incluir en la medida de gracia causas judiciales relacionadas con casos de corrupci&oacute;n, porque nada tienen que ver con el <em>proc&eacute;s</em>.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, el Tribunal Constitucional habr&aacute; de valorar los recursos, impugnaciones y cuestiones que se le puedan elevar. Y, posiblemente, habr&aacute; de pronunciarse sobre uno de los aspectos m&aacute;s dudosos de la proposici&oacute;n de ley, en referencia al problema de que exista arbitrariedad en la amnist&iacute;a, al estar mezclados los decisores y los beneficiarios de la medida de gracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, parece muy posible que el Tribunal Constitucional se incline por el valor preferente del inter&eacute;s p&uacute;blico que se esgrime como motivaci&oacute;n de la ley. Esas razones pueden no compartirse, pero est&aacute;n ah&iacute;. La principal es finalizar la situaci&oacute;n an&oacute;mala de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica en Catalunya, sin olvidar que cerca de la mitad de la poblaci&oacute;n catalana lleg&oacute; a respaldar el incumplimiento del ordenamiento vigente, por lo que resultar&aacute; muy positivo el cierre de esa etapa. Lo cierto es que la ley de amnist&iacute;a no est&aacute; planteada como un regalo a Puigdemont, sino como una apuesta bastante articulada para clausurar un conflicto muy intenso, que durante a&ntilde;os ha causado indudables traumas en nuestro pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La f&oacute;rmula elegida puede ser discutida, pero eso es l&oacute;gico en una sociedad plural. Estas discrepancias deben resolverse democr&aacute;ticamente en el Parlamento, que es la sede de la soberan&iacute;a popular. Si hubieran obtenido mayor&iacute;a absoluta los partidos que se opusieron al indulto a Junqueras y otros dirigentes independentistas, ahora no ser&iacute;a posible aprobar una ley de amnist&iacute;a. Pero en las elecciones de julio la ciudadan&iacute;a opt&oacute; libremente por configurar otra mayor&iacute;a. Y eso implica recordar que la aceptaci&oacute;n del resultado de las elecciones y del sistema de mayor&iacute;as parlamentarias es la base de la democracia, sin perjuicio de los recursos que correspondan ante los tribunales competentes. Ser dem&oacute;cratas implica adoptar esa actitud. Hay que saber ganar y hay que saber perder.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/puigdemont-amnistia-regreso-tierra-prometida_129_10686059.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Nov 2023 22:22:42 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Esconder la violencia machista bajo la alfombra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/esconder-violencia-machista-alfombra_129_10322530.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/14e123f6-02d9-4490-b52d-ee42af59f2cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esconder la violencia machista bajo la alfombra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Asistimos estos días a proclamas altisonantes de que la violencia de género no existe. En los últimos diez años han sido condenados por este delito cerca de trescientos mil hombres, pero estos agresores no existen, ni tampoco sus víctimas</p></div><p class="article-text">
        Asistimos estos d&iacute;as a bastantes proclamas altisonantes en las que se asegura que la violencia de g&eacute;nero no existe. Los datos oficiales certifican que en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os han sido condenados por este delito cerca de trescientos mil hombres, pero estos agresores no existen, ni tampoco sus v&iacute;ctimas. No existen las m&aacute;s de 1.200 asesinadas por cr&iacute;menes machistas desde 2003. En las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas he tomado declaraci&oacute;n como juez de instrucci&oacute;n a centenares de mujeres golpeadas, vejadas o amenazadas, pero estas tampoco existen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s deber&iacute;a dar credibilidad completa a estas arengas negacionistas y no a lo que he visto con mis propios ojos. Quiz&aacute;s deber&iacute;amos hacer caso a quienes sostienen sin despeinarse que la violencia machista es una leyenda urbana inventada por hordas de feminazis o por la masoner&iacute;a internacional. Quiz&aacute;s deber&iacute;amos ignorar los registros p&uacute;blicos que desvelan que en la violencia en la pareja el 95% de los condenados son hombres y que en la violencia sexual casi el 100% de los agresores son varones. O tal vez ser&iacute;a m&aacute;s apropiado concluir que hay que ser muy machista para ignorar todos esos datos objetivos, para ser insensible ante tanto sufrimiento y para negar una asimetr&iacute;a estructural tan discriminatoria.
    </p><p class="article-text">
        Algunas voces pretenden derivar la controversia al &aacute;mbito terminol&oacute;gico. Afirman con cierta simplicidad que las agresiones contra las mujeres son una forma de violencia familiar, id&eacute;ntica a las restantes, por lo que debe regularse del mismo modo. Por ello, propugnan suprimir el concepto de violencia de g&eacute;nero. Sin embargo, estas conductas delictivas no son equiparables, como lo demuestra la realidad social y su propia naturaleza. Si partimos del total de delitos cometidos en la esfera familiar, la violencia de g&eacute;nero contra las mujeres representa el 83%. El resto de las infracciones (agresiones de padres a hijos, de hermanos entre s&iacute; o de esposas contra maridos, entre otras) supone solo el 17%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Carece de sentido que el porcentaje mucho mayor de la violencia de g&eacute;nero desaparezca como categor&iacute;a para quedar diluido en el minoritario porcentaje de la violencia familiar. As&iacute; solo se lograr&iacute;a invisibilizar la violencia contra las mujeres, para que no se hable de ella, como ha ocurrido casi siempre a lo largo de la historia. Al contrario, cualquier plan de actuaci&oacute;n contra la violencia machista implica visibilizar este grave problema y adoptar medidas espec&iacute;ficas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la violencia machista presenta unas caracter&iacute;sticas distintivas propias. As&iacute; lo han expresado los m&aacute;s diversos tratados internacionales en la materia, que explican que las mujeres sufren esas agresiones por raz&oacute;n de g&eacute;nero. El Convenio de Estambul es el m&aacute;s relevante en el &aacute;mbito europeo y se&ntilde;ala que el g&eacute;nero es la referencia central para entender este tipo de violencia estructural. La noci&oacute;n de sexo se refiere a las diferencias biol&oacute;gicas entre hombres y mujeres. En cambio, el g&eacute;nero estar&iacute;a integrado por &ldquo;los papeles, comportamientos, actividades y atribuciones socialmente construidos que una sociedad concreta considera propios de mujeres o de hombres&rdquo;, seg&uacute;n el Convenio. Se trata de unos patrones culturales forjados a lo largo de la historia de la humanidad. Seg&uacute;n esos roles discriminatorios, hay cosas de hombres, como la caza, el f&uacute;tbol o el co&ntilde;ac; y hay cosas de mujeres, como fregar, hacer la compra o aceptar que el marido les pegue lo normal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Formar parte del Convenio de Estambul conlleva aplicar medidas espec&iacute;ficas contra la violencia de g&eacute;nero, al margen de la que se ejerce entre otros miembros del grupo familiar. Y, precisamente, los pa&iacute;ses que realizan una gesti&oacute;n m&aacute;s contraria a los derechos de las mujeres son los que desde&ntilde;an la realidad de la violencia de g&eacute;nero y los que se han opuesto al Convenio de Estambul. Hungr&iacute;a ha rechazado ratificar ese tratado y Turqu&iacute;a se retir&oacute; del mismo tras suscribirlo inicialmente. En ambos casos, se puede constatar la presi&oacute;n de sectores religiosos tradicionalistas que siempre han justificado la desigualdad entre mujeres y hombres. En ambos casos, se argumenta que las mujeres no necesitan una protecci&oacute;n espec&iacute;fica, sino que basta con la legislaci&oacute;n en el &aacute;mbito familiar.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de discursos id&eacute;nticos a los de quienes tambi&eacute;n afirman aqu&iacute; que no existen las agresiones machistas. En Espa&ntilde;a se aprob&oacute; por unanimidad de todos los partidos en 2004 la Ley Integral contra la Violencia de G&eacute;nero. La protecci&oacute;n legal de las mujeres ha gozado de un amplio consenso social en estos a&ntilde;os. Cuestionar esas medidas espec&iacute;ficas ser&iacute;a un grave retroceso. Los negacionistas califican como dictadura feminista o ideolog&iacute;a de g&eacute;nero a lo que simplemente es el contenido de los tratados internacionales suscritos por Espa&ntilde;a, en la l&iacute;nea de las democracias avanzadas. Esconder la violencia machista bajo la alfombra nos llevar&iacute;a a la situaci&oacute;n de Hungr&iacute;a y Turqu&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/esconder-violencia-machista-alfombra_129_10322530.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2023 20:37:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Esconder la violencia machista bajo la alfombra]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Trumpismo a la española?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trumpismo-espanola_129_10282833.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45abb99d-84c5-4ff1-b123-fbb886c13580_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Trumpismo a la española?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La calidad de nuestro procedimiento electoral ha progresado notablemente en las últimas décadas. Sería muy lamentable que la penetración en España de los discursos trumpistas acabara erosionando lo que se ha construido colectivamente con gran esfuerzo</p></div><p class="article-text">
        Nuestro sistema democr&aacute;tico presenta insuficiencias de cierta entidad, pero tambi&eacute;n cuenta con fortalezas relevantes, a menudo ignoradas. Entre ellas, debemos subrayar que la calidad de nuestro procedimiento electoral ha progresado notablemente en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Ser&iacute;a muy lamentable que la penetraci&oacute;n en Espa&ntilde;a de los discursos trumpistas acabara erosionando lo que se ha construido colectivamente con gran esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Los evaluadores internacionales califican a nuestro pa&iacute;s de forma habitual entre los mejores del mundo en materia de limpieza del proceso electoral, eficiencia en la organizaci&oacute;n de elecciones y respeto al pluralismo pol&iacute;tico. El prestigioso &iacute;ndice V-Dem de la Universidad de Gotemburgo acaba de situar en su &uacute;ltimo informe a Espa&ntilde;a en el puesto 11 a nivel global en esta materia, junto a las democracias m&aacute;s avanzadas y por delante de pa&iacute;ses como Alemania, Reino Unido, Finlandia o Estados Unidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, se trata de una valoraci&oacute;n positiva que resulta comprobable con datos que est&aacute;n a la vista. Lo sabemos quienes ejercemos funciones en las juntas electorales o en los m&aacute;s diversos organismos. Lo saben quienes han desempe&ntilde;ado puestos en las mesas y tambi&eacute;n los interventores de los partidos. Lo sabe nuestra propia ciudadan&iacute;a, que es muy exigente con el juego limpio en el proceso electoral. Nos hemos superado en ese campo como sociedad, porque apenas hay irregularidades en los comicios. Como regla general, el escrutinio se realiza correctamente, el resultado se difunde en pocas horas y todas las fuerzas pol&iacute;ticas lo aceptan sin reservas. Hay democracias m&aacute;s antiguas que la nuestra en las que estas cuestiones siguen siendo problem&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de lanzar las campanas al vuelo. Los mismos evaluadores internacionales que nos elogian en esta cuesti&oacute;n tambi&eacute;n nos reprochan cada a&ntilde;o que se nos han enquistado alarmantes problemas de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica, que sufrimos graves injerencias partidistas en el poder judicial y que los niveles de participaci&oacute;n ciudadana en la democracia (m&aacute;s all&aacute; de esas citas con las urnas) son m&aacute;s bien raqu&iacute;ticos. En esos otros apartados, las puntuaciones de Espa&ntilde;a est&aacute;n alejadas de las democracias m&aacute;s avanzadas. En cambio, en el componente electoral hemos evolucionado muy favorablemente y deber&iacute;amos estar orgullosos de ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El trumpismo y otras corrientes similares se han distinguido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por sus ataques contra principios esenciales de la democracia representativa, con riesgos elevados de involuci&oacute;n autoritaria. Entre sus acaloradas proclamas contra el pluralismo se encuentra la no aceptaci&oacute;n de los pol&iacute;ticos rivales como adversarios leg&iacute;timos y, especialmente, la puesta en duda del proceso electoral de forma arbitraria y la desautorizaci&oacute;n agresiva de los resultados cuando no les benefician. Ser&iacute;a muy nocivo para la consistencia de nuestro sistema democr&aacute;tico que esos postulados se desarrollaran tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a. Sin embargo, hemos visto alegatos inquietantes en esa direcci&oacute;n por primera vez en las &uacute;ltimas elecciones municipales y auton&oacute;micas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, la solidez acreditada de las estructuras electorales resulta compatible con la aparici&oacute;n de anomal&iacute;as muy puntuales. En las &uacute;ltimas elecciones se han denunciado algunas irregularidades en el voto por correo, de escasa trascendencia de conjunto y de magnitud similar a lo sucedido en votaciones anteriores. Han aparecido en unos pocos pueblos peque&ntilde;os y han salpicado a agrupaciones locales de los dos principales partidos del pa&iacute;s. &Uacute;nicamente en Melilla los indicios de fraude han implicado a m&aacute;s electores, pero tambi&eacute;n se trata de una situaci&oacute;n con precedentes en comicios anteriores. Son episodios singulares que afectan a unos pocos miles de electores de una docena de poblaciones, en unas elecciones en las que pueden votar m&aacute;s de treinta y siete millones de ciudadanos de 8.131 municipios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No es extra&ntilde;o que se puedan comprar votos en un pu&ntilde;ado de lugares perif&eacute;ricos. Lo que ahora ha sido muy novedoso es que destacados dirigentes pol&iacute;ticos a nivel estatal hayan empezado a cuestionar por primera vez nuestro proceso electoral, sin ninguna base. Puede ser un salto cualitativo muy peligroso. Ante la convocatoria de las pr&oacute;ximas elecciones generales, ser&iacute;a una enorme irresponsabilidad continuar por ese camino con finalidades partidistas, porque da&ntilde;ar&iacute;a la confianza en nuestro sistema democr&aacute;tico, que es una de las claves medulares de su funcionamiento eficaz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El reconocimiento internacional de la limpieza de nuestro proceso electoral es un logro colectivo. Ning&uacute;n partido puede atribuirse esa mejora en solitario, porque es un m&eacute;rito de todas las fuerzas pol&iacute;ticas, de instituciones muy diversas y del conjunto de nuestra ciudadan&iacute;a. No deber&iacute;amos aceptar que la toxicidad de las estrategias trumpistas deteriore los avances democr&aacute;ticos de nuestra sociedad. Ser&iacute;a un serio retroceso en la calidad institucional de nuestro pa&iacute;s. No lo merecemos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trumpismo-espanola_129_10282833.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jun 2023 21:15:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Trumpismo a la española?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fiebre de ilegalizar partidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fiebre-ilegalizar-partidos_129_10221227.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6d1ef13c-59d4-4333-8f3c-c0e6758244e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fiebre de ilegalizar partidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la actualidad no hay ningún grupo político con representación parlamentaria que utilice la violencia e incumpla la Ley de Partidos. Ni Bildu ni ningún otro</p></div><p class="article-text">
        Ilegalizar partidos es una pr&aacute;ctica habitual de las dictaduras o de los reg&iacute;menes autoritarios. Los sistemas democr&aacute;ticos solo aplican una medida tan dr&aacute;stica en supuestos muy excepcionales de utilizaci&oacute;n partidista de la violencia para la consecuci&oacute;n de objetivos pol&iacute;ticos. El pluralismo es la esencia de la democracia. Como valor superior de nuestro ordenamiento constitucional, la pluralidad pol&iacute;tica presupone la diversidad de opciones igualmente leg&iacute;timas que deben poder convivir en el espacio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Las peticiones de ilegalizaci&oacute;n de Bildu vuelven a poner de manifiesto compromisos fr&aacute;giles con el pluralismo. Lo cierto es que nunca han estado presentes tantas peticiones de borrar partidos del mapa democr&aacute;tico. Desde determinados discursos de extrema derecha se pide continuamente ilegalizar a partidos independentistas, nacionalistas o a fuerzas de izquierda. Pero tambi&eacute;n hay voces progresistas que pretenden la expulsi&oacute;n del tablero democr&aacute;tico de formaciones de la derecha radical o incluso del PP.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese rechazo del pluralismo ideol&oacute;gico ha sido un rasgo distintivo hist&oacute;rico en Espa&ntilde;a del pensamiento conservador. Algunos autores han examinado en profundidad los or&iacute;genes en el pasado de esas concepciones y las han conectado con las reiteradas dificultades para vertebrar el sistema democr&aacute;tico en nuestro pa&iacute;s. Am&eacute;rico Castro analiz&oacute; nuestra construcci&oacute;n estatal desde el siglo XV y la relacion&oacute; con la enorme influencia de la Iglesia Cat&oacute;lica, que comport&oacute; la expulsi&oacute;n de los jud&iacute;os y de los moriscos, as&iacute; como la aniquilaci&oacute;n de protestantes y miembros de otras creencias catalogadas como herej&iacute;as. Esas visiones sobre la limpieza de sangre o la pureza de esp&iacute;ritu arraigaron hondamente en la sociedad. La Inquisici&oacute;n fue una de las instituciones m&aacute;s populares del pa&iacute;s durante siglos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La persecuci&oacute;n de las mentalidades discrepantes estuvo siempre muy presente y torpede&oacute; aqu&iacute; la implantaci&oacute;n de una democracia liberal como la que se desarroll&oacute; en otros lugares (basada precisamente en el pluralismo). La noci&oacute;n ancestral de esa Espa&ntilde;a eterna era incompatible con la presencia de traidores que carcom&iacute;an su car&aacute;cter sagrado. Uno de los principales padres intelectuales del conservadurismo espa&ntilde;ol, Marcelino Men&eacute;ndez Pelayo, escribi&oacute; una de sus obras m&aacute;s conocidas con el t&iacute;tulo <em>Historia de los heterodoxos espa&ntilde;oles</em>, en la que en ocho tomos retrataba despiadadamente a un largo listado de infieles anticat&oacute;licos, ilustrados irreverentes o liberales recalcitrantes. De hecho, con fundamento en todos esos dogmas de limpieza ideol&oacute;gica, el golpe de estado de 1936 y la brutal represi&oacute;n del franquismo incorporaron como objetivo central el exterminio de enemigos de la patria y de heterodoxos de la anti Espa&ntilde;a. No resulta dif&iacute;cil detectar actualmente esa perspectiva antipluralista en los &aacute;mbitos del llamado franquismo sociol&oacute;gico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con esos antecedentes hist&oacute;ricos, deber&iacute;amos preservar con firmeza el pluralismo democr&aacute;tico. En la actualidad no hay ning&uacute;n grupo pol&iacute;tico con representaci&oacute;n parlamentaria que utilice la violencia e incumpla la Ley de Partidos. Ni Bildu ni ning&uacute;n otro. Para que se pueda acordar la disoluci&oacute;n de una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, la ley exige como premisa el respaldo de m&eacute;todos violentos o de actuaciones terroristas. Al no existir ETA ni terrorismo activo, ese requisito resulta de concurrencia imposible. La inclusi&oacute;n de candidatos condenados por terrorismo no es una premisa para la ilegalizaci&oacute;n, sino que est&aacute; configurada en la ley como un indicativo (entre muchos otros) de soporte a din&aacute;micas terroristas existentes. La ilegalizaci&oacute;n de Bildu carecer&iacute;a del m&aacute;s m&iacute;nimo encaje legal y, adem&aacute;s, se trata de un partido que no alienta la violencia para la obtenci&oacute;n de fines pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre la inclusi&oacute;n de candidatos condenados no es nuevo. Se ha producido otras veces, tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con delitos diferentes. Afecta a cuestiones como los principios &eacute;ticos que deben inspirar las listas electorales, los efectos de la reinserci&oacute;n o el mensaje simb&oacute;lico que se traslada a la ciudadan&iacute;a. Pero no puede justificar las peticiones de ilegalizaci&oacute;n, que est&aacute;n m&aacute;s relacionadas con las concepciones de pretender expulsar aquello que a algunos les desagrada. Sin embargo, quienes plantean esas exigencias pueden ser objeto igualmente de demandas de expulsi&oacute;n, porque tambi&eacute;n pueden irritar a sus adversarios. Y ese bucle acaba siendo opuesto al pluralismo democr&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esas inclinaciones excluyentes han sido tradicionalmente conservadoras en nuestro pa&iacute;s, pero ahora tambi&eacute;n est&aacute;n impregnando a sectores progresistas, en el marco de la denominada cultura de la cancelaci&oacute;n. Cuando a alguien no le gustan las ideas de un partido, lo correcto para un verdadero dem&oacute;crata ser&aacute; intentar persuadir a la sociedad de que no lo apoye, en lugar de pretender recurrir al comod&iacute;n f&aacute;cil de requerir su desaparici&oacute;n forzosa. Como explic&oacute; John S. Mill, nuestras ideas no son infalibles y la manera de defenderlas no puede ser extirpando las contrarias, sino aceptando la exposici&oacute;n de todos los argumentos en el debate p&uacute;blico, para que sea la ciudadan&iacute;a la que pueda optar libremente por lo que m&aacute;s le convence.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ilegalizar partidos implica anular pol&iacute;ticos, ideas y votantes. No resulta admisible hacerlo cuando los postulados de una formaci&oacute;n pol&iacute;tica se expresan sin violencia, porque supondr&iacute;a un ataque al pluralismo. Adem&aacute;s, vincular estas peticiones infundadas con ETA puede suponer una patrimonializaci&oacute;n de la lucha contra el terrorismo con finalidades electorales, de aspecto poco edificante, porque esa defensa de la democracia fue colectiva. Las proclamas de ilegalizaci&oacute;n de un partido sin justificaci&oacute;n siempre est&aacute;n conectadas con discursos autoritarios y poco democr&aacute;ticos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fiebre-ilegalizar-partidos_129_10221227.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 May 2023 20:37:52 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El polvorín del conflicto judicial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/polvorin-conflicto-judicial_129_10179522.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91161057-a52d-4c79-b82d-6d7d5107d240_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El polvorín del conflicto judicial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchos de nuestros órganos judiciales están trabajando a más del 200% de la carga prevista oficialmente como adecuada. Los organismos europeos nos recuerdan constantemente que nos encontramos en los niveles más bajos de la UE en porcentaje de jueces por habitante</p></div><p class="article-text">
        Nuestro sistema judicial se ha convertido en una trinchera interminable. Primero se movilizaron los letrados de la administraci&oacute;n de justicia, con una huelga indefinida que dur&oacute; dos meses y paraliz&oacute; decenas de miles de procedimientos. Despu&eacute;s vinieron paros convocados por los sindicatos de funcionarios p&uacute;blicos y tambi&eacute;n protestas de diversos sectores de la abogac&iacute;a. Ahora se ha anunciado una huelga de jueces y fiscales. Sin embargo, no se trata exactamente de una guerra de todos contra todos, como dir&iacute;a Hobbes, sino de un envite de todos los colectivos de la justicia contra quienes deber&iacute;an resolver las insuficiencias en dicho &aacute;mbito.
    </p><p class="article-text">
        Asistimos a quejas muy extendidas, desde el trasfondo del inmenso malestar que recorre todos los palacios de justicia, a partir de una desmedida sobrecarga de asuntos. Muchos de nuestros &oacute;rganos judiciales est&aacute;n trabajando a m&aacute;s del 200% de la carga prevista oficialmente como adecuada. Los organismos europeos nos recuerdan constantemente que nos encontramos en los niveles m&aacute;s bajos de la UE en porcentaje de jueces por habitante. Y se trata de penurias que tambi&eacute;n afectan a los restantes operadores jur&iacute;dicos. Las monta&ntilde;as de papel siguen decorando los juzgados, a menudo en edificios judiciales insalubres, y la digitalizaci&oacute;n se va implantando con lentitud parsimoniosa. Por razones obvias, la incapacidad estructural para afrontar la litigiosidad existente provoca sensibles demoras que perjudican a la ciudadan&iacute;a. Un fracaso institucional de esta envergadura no se improvisa en dos meses o en dos a&ntilde;os, sino que es el resultado de un irresponsable abandono hist&oacute;rico por parte de nuestros gobernantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No solo son exiguos los medios personales y materiales. Adem&aacute;s, se encuentran p&eacute;simamente organizados. Nuestra demarcaci&oacute;n procede en gran parte de un decreto de 1834 que traz&oacute; unos partidos judiciales propios de un pa&iacute;s esencialmente rural, con comunicaciones dif&iacute;ciles, sin apenas similitudes con los tiempos actuales. Han transcurrido casi dos siglos, pero seguimos con la misma organizaci&oacute;n territorial. Y no han acabado de cuajar las tentativas desordenadas de desarrollar una nueva oficina judicial que supere el sistema burocr&aacute;tico decimon&oacute;nico de los juzgados que se crearon en esos partidos judiciales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay insuficiencias significativas de marco procesal. Nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal fue aprobada en 1882. Aunque ha sido objeto de reformas, parcheados y remiendos, todav&iacute;a conserva buena parte de su articulado inicial. Con referencias a los alcaides, relatores, alguaciles y escribanos de c&aacute;mara, bastantes de sus pasajes nos transportan al aroma y a la letra de las novelas de Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, cuando la gente viajaba en carruaje y comenzaba a utilizarse la luz el&eacute;ctrica. No se puede investigar y juzgar la delincuencia del siglo XXI con instrumentos del siglo XIX. Nuestro proceso penal sigue siendo muy farragoso y, adem&aacute;s, la combinaci&oacute;n con la carest&iacute;a de medios facilita que se retarden sensiblemente los procedimientos.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de las promesas electorales un&aacute;nimes de todas las fuerzas pol&iacute;ticas para modernizar el sistema judicial, tambi&eacute;n ha sido un&aacute;nime el incumplimiento de esos compromisos por parte de los sucesivos gobiernos. Y la ciudadan&iacute;a percibe las graves deficiencias existentes. Seg&uacute;n el CIS, cerca del 80% de la sociedad piensa que la reforma de la administraci&oacute;n de justicia es bastante o muy necesaria. Y el 72% considera que hacen falta m&aacute;s jueces. Los niveles de satisfacci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a con la justicia se encuentran en niveles baj&iacute;simos y a considerable distancia de otros servicios p&uacute;blicos, como la sanidad, la educaci&oacute;n o los servicios sociales.
    </p><p class="article-text">
        Todas esas anomal&iacute;as son sufridas especialmente por los abogados y abogadas, que las explican detalladamente con toda la raz&oacute;n a sus defendidos. Y las carencias se acent&uacute;an en un espacio tan sensible para la tutela judicial en un Estado Social como el turno de oficio, con serios perjuicios para los letrados, que se concretan en retribuciones insuficientes, condiciones penosas y derechos profesionales muy limitados.
    </p><p class="article-text">
        Cabe a&ntilde;adir que, en el &aacute;mbito judicial, la sobresaturaci&oacute;n ha desencadenado numerosas secuelas en materia de salud laboral. Y, parad&oacute;jicamente, ese exceso de trabajo se ha visto recompensado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os con los m&aacute;s diversos recortes salariales, as&iacute; como con la inobservancia de las promesas de reintegro econ&oacute;mico. No puede sorprender que la consecuencia m&aacute;s directa de esta situaci&oacute;n sea una intensa desmoralizaci&oacute;n y un creciente enfado en todos los &aacute;mbitos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algunas voces afirman que esas protestas est&aacute;n siendo alentadas por sectores contrarios al gobierno. Sin duda, en todos los colectivos puede haber grupos que busquen el desgaste de cualquier gobierno, pero no tendr&iacute;an &eacute;xito si no existiera una base de descontento generalizado. La justicia es un gran bosque seco, candente y sin apenas gesti&oacute;n forestal, al que solo falta una colilla y un poco de viento para que se incendie por completo. O, si se desea una met&aacute;fora m&aacute;s explosiva, nuestro sistema judicial es un polvor&iacute;n que puede estallar ante una m&iacute;nima mecha.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, no se deber&iacute;a ignorar que una huelga de jueces y fiscales presenta efectos simb&oacute;licos muy notables, por la relevante funci&oacute;n constitucional que desempe&ntilde;an. Ser&iacute;a lamentable que desde el &aacute;mbito ministerial no se adoptaran las medidas necesarias para encauzar una conflictividad tan manifiesta. Ante una convocatoria de huelga, se puede discutir el calendario decidido, la forma de plantear los paros o las razones de oportunidad. No obstante, si analizamos con ecuanimidad el fondo de las tensiones, hay motivos de insatisfacci&oacute;n muy evidentes, que son compartidos por todas las sensibilidades ideol&oacute;gicas de estas profesiones. El Gobierno deber&iacute;a mover muchas fichas e impulsar todas las iniciativas pertinentes, para evitar nuevos terremotos que todav&iacute;a empeoren m&aacute;s la salud de un enfermo que no est&aacute; precisamente para exponerse a emociones muy fuertes.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que en el &aacute;mbito pol&iacute;tico solo ha habido debates enfervorizados para controlar la c&uacute;pula judicial, como lo demuestra el lastimoso espect&aacute;culo que rodea la situaci&oacute;n del desacreditado CGPJ. Pero jam&aacute;s hemos visto esas mismas pasiones parlamentarias tormentosas para promover una reforma del sistema judicial que lo convierta en un servicio p&uacute;blico de calidad. Al mismo tiempo, una gran parte de nuestra sociedad no ha exigido soluciones, en contraste con las movilizaciones c&iacute;vicas en otros sectores. Y los colectivos judiciales deber&iacute;amos hacer autocr&iacute;tica por no haber sabido buscar complicidades y apoyos en la ciudadan&iacute;a, as&iacute; como por no haber logrado trasladar el alcance de todas nuestras penalidades diarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a triste que acab&aacute;ramos diciendo que a la administraci&oacute;n de justicia entre todos la mataron y ella sola se muri&oacute;. Esta situaci&oacute;n cr&iacute;tica sigue siendo una asignatura pendiente de nuestra democracia. Pero las crisis existen cuando lo antiguo no funciona y lo nuevo no acaba de surgir. Es hora de activar modificaciones estructurales en nuestro sistema judicial, porque todos estos conflictos son s&iacute;ntomas de patolog&iacute;as institucionales muy profundas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/polvorin-conflicto-judicial_129_10179522.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 May 2023 21:25:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El polvorín del conflicto judicial]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primo de Rivera y la desmemoria democrática]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/primo-rivera-desmemoria-democratica_129_10141795.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57464ae8-27ab-4c5b-b953-faf9ff8e41f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Primo de Rivera y la desmemoria democrática"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si el franquismo fuera solo cosa del pasado, no habría tantas resistencias cada vez que se retiran sus símbolos. Las particularidades de nuestro tránsito a la democracia explican esas continuidades inaceptables y esas reacciones virulentas</p><p class="subtitle">Exhumaciones a dos velocidades: seis meses para sacar a Primo de Rivera mientras las víctimas siguen esperando</p></div><p class="article-text">
        Algunos no se conforman con apoyar, justificar o blanquear la dictadura franquista. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n pretenden que sus s&iacute;mbolos contin&uacute;en presentes en espacios destacados de nuestro sistema democr&aacute;tico o, incluso, que su mantenimiento sea sufragado con los impuestos de toda la sociedad. La inminente exhumaci&oacute;n de Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera del Valle de Cuelgamuros vuelve a poner de manifiesto algunas contradicciones inquietantes sobre c&oacute;mo hemos construido nuestra democracia.
    </p><p class="article-text">
        Hay datos muy ilustrativos. Con la inscripci&oacute;n &ldquo;Caudillo de Espa&ntilde;a por la gracia de Dios&rdquo;, las pesetas con la imagen de Franco continuaron circulando hasta 1997, veintid&oacute;s a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte del dictador, casi hasta la entrada en el euro. No hace falta ser emperador romano para comprender la relevancia de qui&eacute;n puede imponer que las monedas lleven su efigie. En 1988 muri&oacute; Carmen Polo, con la pensi&oacute;n m&aacute;s elevada del pa&iacute;s (muy por encima de lo que cobraba el presidente del Gobierno), como viuda de jefe de Estado, gracias a la enigm&aacute;tica generosidad de nuestra democracia. Los restos mortales del propio Franco se mantuvieron en un mausoleo fara&oacute;nico de car&aacute;cter p&uacute;blico, con todos los honores, m&aacute;s o menos hasta anteayer. Y a&uacute;n son visibles much&iacute;simos vestigios de la dictadura por los m&aacute;s diversos rincones del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La tumba del fundador de Falange en un lugar preeminente del Valle de Cuelgamuros es abiertamente contraria a la vigente Ley de Memoria Democr&aacute;tica. Era obligatorio acabar con esa anomal&iacute;a institucional. Sin duda, la figura hist&oacute;rica de Primo de Rivera presenta aspectos controvertidos. Era un personaje culto, de pensamiento complejo, que presum&iacute;a de amistad sincera con intelectuales de ideas contrarias a las suyas. Al mismo tiempo, han quedado por escrito sus llamamientos violentos a la &ldquo;dial&eacute;ctica de los pu&ntilde;os y las pistolas&rdquo; y sus discursos contrarios a la democracia. Por otro lado, muy probablemente se habr&iacute;a enfrentado a Franco por la gesti&oacute;n del r&eacute;gimen dictatorial, como les sucedi&oacute; a algunos dirigentes falangistas que fueron apartados.
    </p><p class="article-text">
        La desaparici&oacute;n de Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera facilit&oacute; el plan del franquismo de vertebrar una arquitectura pol&iacute;tica que imitaba aspectos de la Alemania nazi y del fascismo italiano. El cerebro de la operaci&oacute;n, Serrano Su&ntilde;er, utiliz&oacute; una organizaci&oacute;n poco implantada antes de la guerra, como Falange, para articular pol&iacute;ticamente el nuevo Estado. Su principal ide&oacute;logo ya no estaba presente, tras su fusilamiento por las autoridades republicanas, acusado de golpismo, lo cual propici&oacute; que fuera canonizado como m&aacute;rtir del franquismo al servicio de la causa. M&aacute;s all&aacute; de las controversias sobre las ideas de Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera, resulta poco discutible la funci&oacute;n instrumental de su figura en la dictadura, como icono del golpe de estado de julio de 1936 y del nuevo r&eacute;gimen que se instaur&oacute; por la fuerza, tras la destrucci&oacute;n del orden democr&aacute;tico constitucional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa funci&oacute;n simb&oacute;lica, acompa&ntilde;ada de distinciones honor&iacute;ficas, es claramente incompatible con nuestras instituciones democr&aacute;ticas. Casi cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Franco, resulta inaceptable que todav&iacute;a ocupe un puesto de honor en un edificio p&uacute;blico el jefe del partido que encarn&oacute; en Espa&ntilde;a los principios del fascismo. Por estas cuestiones en Europa a&uacute;n nos miran con estupor. Se trata de una incoherencia democr&aacute;tica y sus familiares deben darle sepultura en el recinto privado de su elecci&oacute;n. Y cabe recordar que ese mismo derecho sigue sin ser reconocido a las decenas de miles de familiares de v&iacute;ctimas del franquismo que contin&uacute;an en fosas comunes. Algunas siguen junto a multitud de cunetas, otras se encuentran en el mismo Valle de Cuelgamuros.
    </p><p class="article-text">
        Determinadas din&aacute;micas de nuestro periodo transicional favorecieron esta gran desmemoria, que ha llevado a ignorar que una democracia no puede construirse con muertos en las cunetas o glorificando a una dictadura que viol&oacute; gravemente los derechos humanos. La memoria democr&aacute;tica no opera principalmente sobre el pasado, sino m&aacute;s bien sobre el presente. Los familiares de las v&iacute;ctimas est&aacute;n aqu&iacute; y tienen derecho a la reparaci&oacute;n y a recuperar los restos de sus seres queridos. Por otro lado, como saben muy bien en Alemania, la memoria ayuda a fortalecer el sistema democr&aacute;tico presente, al advertir de los riesgos que supondr&iacute;a su demolici&oacute;n, como ocurri&oacute; en otros tiempos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si el franquismo fuera solo cosa del pasado, no habr&iacute;a tantas resistencias cada vez que se retiran sus s&iacute;mbolos. Las particularidades de nuestro tr&aacute;nsito a la democracia explican esas continuidades inaceptables y esas reacciones virulentas. La firme ruptura con todo lo que represent&oacute; el franquismo deber&iacute;a ser un denominador com&uacute;n de todos los dem&oacute;cratas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/primo-rivera-desmemoria-democratica_129_10141795.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Apr 2023 20:25:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Primo de Rivera y la desmemoria democrática]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La libertad, la gestación subrogada y la compra de órganos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/libertad-gestacion-subrogada-compra-organos_129_10087118.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a113fdf1-9630-4e93-9e7a-6f0bfd8ec474_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La libertad, la gestación subrogada y la compra de órganos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La dignidad humana implica que cada persona debe ser un fin en sí misma. Y los menores y las madres gestantes no pueden ser un instrumento al servicio de los deseos de otras personas</p></div><p class="article-text">
        El dinero no da la felicidad, pero permite comprar cosas l&iacute;citas e incluso il&iacute;citas. A lo largo de la historia, las monedas o los billetes han posibilitado tambi&eacute;n enajenar seres humanos y elementos vinculados a la dignidad de la persona. Pero ah&iacute; se ha producido una evoluci&oacute;n positiva. La universalizaci&oacute;n de los derechos humanos ha establecido l&iacute;mites bastante relevantes sobre lo que se puede obtener a cambio de un precio.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el trasfondo del debate que se ha suscitado ante la noticia de que Ana Obreg&oacute;n ha ido a recoger a una menor a Miami tras un contrato de gestaci&oacute;n subrogada, una pr&aacute;ctica cada vez m&aacute;s frecuente en Espa&ntilde;a. El principal argumento a favor de esas contrataciones se basa en una concepci&oacute;n peculiar de la libertad: cada persona puede pagar por lo que quiera, en efectivo o por transferencia, ya sea un coche, un tel&eacute;fono m&oacute;vil o el alquiler de un &uacute;tero. Pero la cuesti&oacute;n es m&aacute;s compleja. El libre mercado no puede ampararlo todo cuando concurren l&iacute;mites &eacute;ticos y jur&iacute;dicos, as&iacute; como espacios de protecci&oacute;n de menores y de las mujeres afectadas.
    </p><p class="article-text">
        Si todo puede ser objeto de comercio, tambi&eacute;n podr&iacute;an comprarse libremente ni&ntilde;os y ni&ntilde;as a sus progenitores biol&oacute;gicos. Al contrario, en Espa&ntilde;a la venta de menores es delito, por razones comprensibles que llevan a penalizar la trata de seres humanos. En nuestro pa&iacute;s resultar&iacute;a indefendible que madres y padres pudieran vender a sus hijos a alguien que pueda conseguirlos a golpe de talonario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay l&iacute;mites infranqueables que no son disponibles por los afectados. Nadie puede concertar un r&eacute;gimen laboral de esclavitud para s&iacute; mismo, aunque alguien le pague muy bien por ello, porque eso es incompatible con la dignidad de la persona. No es l&iacute;cito que alguien venda un ri&ntilde;&oacute;n o cualquier otro &oacute;rgano corporal, ni siquiera en una transacci&oacute;n de varios millones de euros que solucionar&iacute;an econ&oacute;micamente su vida y la de su familia. No todo se puede expender en el mercado: los seres humanos y los elementos esenciales que los acompa&ntilde;an como personas no son mercanc&iacute;as que puedan ser adquiridas en un bazar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La dignidad humana implica que cada persona debe ser un fin en s&iacute; misma. Y los menores y las madres gestantes no pueden ser un instrumento al servicio de los deseos de otras personas. En consecuencia, en Espa&ntilde;a no est&aacute; permitida la explotaci&oacute;n reproductiva, que es considerada por la ley como una forma de violencia contra las mujeres. Adem&aacute;s, est&aacute; castigada penalmente en determinados supuestos de contraprestaci&oacute;n econ&oacute;mica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Tribunal Supremo ha explicado que los llamados vientres de alquiler son una variante de la compra de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, por lo que no pueden ser aceptados jur&iacute;dicamente. Y que estas pr&aacute;cticas tratan a menores y a madres gestantes como objetos y mercanc&iacute;as, lo cual resulta abiertamente contrario a nuestro orden p&uacute;blico. De acuerdo con diversos organismos internacionales, nuestro alto tribunal tambi&eacute;n ha subrayado que en la gestaci&oacute;n por sustituci&oacute;n existe un aprovechamiento de mujeres en situaci&oacute;n de vulnerabilidad, las cuales corren el riesgo de padecer secuelas biol&oacute;gicas, ps&iacute;quicas y emocionales. El Tribunal Supremo especifica que a las madres gestantes se les priva en esos contratos de sus m&aacute;s elementales derechos a la intimidad, a la integridad f&iacute;sica y moral y a ser tratadas como personas libres y aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aunque en nuestro pa&iacute;s est&aacute;n prohibidas estas din&aacute;micas de explotaci&oacute;n reproductiva, tambi&eacute;n existe una laguna legal: no est&aacute; regulado qu&eacute; sucede si las contrataciones son pactadas por espa&ntilde;oles en el extranjero. Una Instrucci&oacute;n de 2010 y otras resoluciones posteriores han permitido normalizar esas situaciones an&oacute;malas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de contradicciones normativas que desencadenan realidades problem&aacute;ticas. La subrogaci&oacute;n por sustituci&oacute;n permite eludir las premisas de la adopci&oacute;n en sus tr&aacute;mites ordinarios, como los requisitos sobre idoneidad. Lo mismo ocurre cuando queda en papel mojado la diferencia de edad preceptiva entre adoptante y adoptando, que el C&oacute;digo Civil fija en un m&aacute;ximo de cuarenta y cinco a&ntilde;os. Por otro lado, se est&aacute;n evidenciando desigualdades inquietantes: contratar un vientre de alquiler en Espa&ntilde;a puede acabar en condena penal, mientras que la misma conducta deviene impune cuando se ejecuta en el extranjero y despu&eacute;s se materializa el resultado en nuestro pa&iacute;s. Las personas m&aacute;s acaudaladas pueden pasearse bajo el paraguas de la impunidad que provoca la situaci&oacute;n actual, a pesar de todas las proclamas legales que califican estas pr&aacute;cticas como una &ldquo;vulneraci&oacute;n grave de los derechos reproductivos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El dinero no deber&iacute;a posibilitar comprarlo todo. El libre mercado no puede albergar tenderetes de compraventa de &oacute;rganos. Los deseos de las personas sobre su maternidad o paternidad son muy respetables, pero no pueden desplegarse con car&aacute;cter absoluto o ilimitado. La libertad individual acaba all&aacute; donde empiezan los derechos de otras personas y la dignidad humana. Sin embargo, una vez m&aacute;s podemos comprobar que quienes disponen del comod&iacute;n de los medios econ&oacute;micos logran beneficiarse de determinados privilegios. Y despu&eacute;s esos privilegios acaban convirti&eacute;ndose en derechos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/libertad-gestacion-subrogada-compra-organos_129_10087118.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Mar 2023 20:02:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La libertad, la gestación subrogada y la compra de órganos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El caso Mediador y los responsables de la corrupción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/caso-mediador-responsables-corrupcion_129_10003389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/58eddddf-9d68-459a-a11e-04fd62c980bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El caso Mediador y los responsables de la corrupción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde la Transición hasta nuestros días, este país ha sido un paraíso para mediadores, comisionistas y traficantes de favores institucionales. El sistema democrático mantuvo las estructuras que habían posibilitado estos hábitos durante la dictadura</p></div><p class="article-text">
        Aqu&iacute; la lluvia de la corrupci&oacute;n siempre cae sobre mojado. Est&aacute; muy presente en nuestras instituciones, porque nunca se march&oacute;. Sabemos bien que a los juzgados llegan muy pocos casos y son la punta de un iceberg descomunal, una telara&ntilde;a poli&eacute;drica muy instalada en todo tipo de organismos p&uacute;blicos, una gigantesca m&aacute;quina delictiva que nos roba miles de millones cada a&ntilde;o. El descubrimiento de las pr&aacute;cticas corruptas, casi siempre perpetradas en los s&oacute;tanos oscuros de la opacidad, solo se produce por circunstancias fortuitas o cuando alguien del clan decide tirar de la manta.
    </p><p class="article-text">
        Las investigaciones habr&aacute;n de determinar si el caso Mediador supone una trama estructural de cierta entidad. O si m&aacute;s bien nos encontramos ante una historia puntual de vulgaridad ramplona, aderezada con prostituci&oacute;n, chabacaner&iacute;a machista y parranda casposa, en la l&iacute;nea de precedentes de honda raigambre en Espa&ntilde;a. En principio, ni el perfil de las personas implicadas ni la cuant&iacute;a econ&oacute;mica del asunto lo hacen equiparable a los esc&aacute;ndalos de mayor gravedad de nuestra historia. Y tampoco sus efectos institucionales resultan equivalentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caso Mediador no guarda similitud con fabricar una trama de sobornos en multitud de instituciones p&uacute;blicas para amontonar millones de euros en dinero negro que acaban en la caja fuerte de unos de los principales partidos del pa&iacute;s, para pagar sobresueldos, gastos en las sedes y campa&ntilde;as electorales. Tampoco se parece a vertebrar amplias redes clientelares con el desv&iacute;o fraudulento de cantidades inmensas, en forma de subvenciones falseadas a favor de los afines, con la finalidad de conservar a perpetuidad el poder auton&oacute;mico. Del mismo modo, tiene poco que ver igualmente con la apropiaci&oacute;n de fondos p&uacute;blicos para perpetrar acciones policiales abiertamente contrarias a las leyes en la maloliente podredumbre de las cloacas del Estado.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tampoco deber&iacute;amos minimizar la gravedad de los hechos investigados, porque concurren mec&aacute;nicas muy habituales en las pr&aacute;cticas corruptas. De hecho, las resoluciones judiciales aluden a indicios de un presunto <em>modus operandi</em> bastante asentado: el del conseguidor que se lucra f&aacute;cilmente a partir de sus contactos con el poder, los cuales tambi&eacute;n comparten los suculentos beneficios de esa agua corrupta que lo va mojando todo por donde pasa. Como explico en mi libro <em>La patria en la cartera</em>, estas din&aacute;micas arrancan esencialmente en el franquismo, sobre todo en la etapa desarrollista, en &aacute;mbitos como el urbanismo, la actividad tur&iacute;stica, la contrataci&oacute;n p&uacute;blica y el reparto de subvenciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El sistema democr&aacute;tico no expuls&oacute; esos h&aacute;bitos, porque mantuvo (en esas esferas y en gran medida) la estructura legal-institucional que los hab&iacute;a posibilitado durante la dictadura. Y por eso hubo enormes continuidades. Las correr&iacute;as indecorosas de Juan Guerra por los ayuntamientos andaluces en los a&ntilde;os ochenta reproduc&iacute;an los mismos patrones de los conseguidores del r&eacute;gimen anterior. Desde la Transici&oacute;n hasta nuestros d&iacute;as, este pa&iacute;s ha sido un para&iacute;so para mediadores, comisionistas y traficantes de favores institucionales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, no se trata de rutinas ejecutadas por llaneros solitarios. Al contrario, con frecuencia han estado vinculadas a espacios centrales de poder. Los hechos probados de las sentencias de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas relatan literalmente que los dos principales partidos del pa&iacute;s (y tambi&eacute;n el anteriormente hegem&oacute;nico en Catalunya) se han financiado de manera delictiva gracias a la corrupci&oacute;n. Y tambi&eacute;n explican que con estas conductas deshonestas se han propiciado los m&aacute;s variados enriquecimientos personales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; llegamos a una de las claves del problema. Sin duda, cualquier fuerza pol&iacute;tica puede tropezarse inesperadamente con un corrupto en sus filas. Lo relevante ser&aacute; c&oacute;mo reacciona ante la detecci&oacute;n de la manzana podrida, porque no siempre se puede descartar que est&eacute; podrido el cesto. La regla general hasta ahora ha sido el solidario cierre de filas del partido para amparar a sus dirigentes investigados por corrupci&oacute;n, sin exigencia de responsabilidades de ning&uacute;n tipo. A menudo, esta deplorable conducta se ha complementado con ataques a la investigaci&oacute;n policial y judicial, as&iacute; como con maniobras de ocultaci&oacute;n y de falta de colaboraci&oacute;n para esclarecer los hechos. El caso G&uuml;rtel o el caso de los ERE han sido ejemplos claros, pero la lista ser&iacute;a casi interminable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por ello, a pesar de sus modestas magnitudes cuantitativas y cualitativas, el caso Mediador puede representar un test interesante para comprobar si en este pa&iacute;s empiezan a cambiar algunas cosas. Resulta positiva la inmediata exigencia de responsabilidades al diputado afectado, pero no parece suficiente. En estas situaciones la transparencia es indispensable. Resulta l&oacute;gico preguntarse si exist&iacute;an medidas preventivas para evitar situaciones de riesgo. Y tambi&eacute;n deber&iacute;a aclararse si los hechos que se est&aacute;n divulgando no requer&iacute;an de alg&uacute;n tipo de reacci&oacute;n sobre la marcha. Hay bastantes episodios que tuvieron lugar presuntamente en el Congreso de los Diputados y en c&eacute;ntricos lugares de Madrid con todo tipo de lujos fara&oacute;nicos. Ante las imputaciones de corrupci&oacute;n, necesitamos claridad en las explicaciones, porque la luz del sol ilumina y tambi&eacute;n es el mejor desinfectante. Esa respuesta proporcionada supondr&iacute;a aportar discursos cre&iacute;bles contra las pr&aacute;cticas corruptas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La actitud de todos los partidos no es igual ante la corrupci&oacute;n. De hecho, hay talantes o compromisos program&aacute;ticos que pueden diferenciar a las fuerzas pol&iacute;ticas. A la ciudadan&iacute;a le compete evaluar esos rasgos distintivos: m&aacute;s vale desconfiar de los alegatos de quienes embisten acaloradamente contra las pr&aacute;cticas fraudulentas del adversario, pero a la vez protegen tiernamente las propias. Siempre ser&aacute; preferible analizar con rigor los comportamientos, la coherencia y las propuestas reales para luchar contra la corrupci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La envergadura del problema global deber&iacute;a dar escalofr&iacute;os, a pesar de la habitual resignaci&oacute;n ciudadana. En Espa&ntilde;a hemos tenido y tenemos a cientos de pol&iacute;ticos condenados, encausados o en prisi&oacute;n provisional. En casi todos los territorios podemos encontrar en esas situaciones a presidentes auton&oacute;micos, consejeros, parlamentarios, representantes de las diputaciones, alcaldes y concejales de much&iacute;simas ciudades. Nuestra corrupci&oacute;n pol&iacute;tica exteriorizada judicialmente apenas tiene equivalentes en la Europa democr&aacute;tica. Seg&uacute;n los datos del &uacute;ltimo Eurobar&oacute;metro, el 89% de los espa&ntilde;oles piensa que en nuestro pa&iacute;s la corrupci&oacute;n est&aacute; generalizada (en contraste con la media europea del 68% o con el 16% de Dinamarca). Necesitamos unas instituciones limpias, transparentes y ejemplares para mejorar la calidad de nuestra democracia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/caso-mediador-responsables-corrupcion_129_10003389.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Mar 2023 21:57:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El caso Mediador y los responsables de la corrupción]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El penalismo mágico y los delitos sexuales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/penalismo-magico-delitos-sexuales_129_9964103.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4cb712c7-f253-41cb-93fc-1e2c799b20e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El penalismo mágico y los delitos sexuales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aumentar otra vez las penas implica agravar una regulación muy reciente que ya había establecido un incremento penal de conjunto. Además, ningún análisis criminológico acredita que los cambios que ahora se proponen pueden ser positivos</p></div><p class="article-text">
        El ilusionismo consiste esencialmente en producir ilusiones. Tambi&eacute;n suele ser &uacute;til para entretener, embaucar o encubrir. En cambio, ninguna persona informada o libre de supersticiones pensar&iacute;a de verdad que se puede partir a un ser humano por la mitad con una sierra y volver a reconstruirlo con todas sus funciones vitales intactas. Precisamente, las propuestas para endurecer las penas de la <em>ley del solo s&iacute; es s&iacute;</em> guardan bastante relaci&oacute;n con la generaci&oacute;n de ilusiones, con la falta de informaci&oacute;n y con ciertos grados de credulidad acr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna democracia avanzada ha reducido sus niveles de delincuencia incrementando los castigos penales. Al contrario, los pa&iacute;ses con penas m&aacute;s severas, como Estados Unidos, cuentan con porcentajes de criminalidad mucho m&aacute;s elevados que los nuestros. Est&aacute; demostrado emp&iacute;ricamente que las sociedades democr&aacute;ticas con menor tasa de delitos no son las que aplican correctivos despiadados, sino las que desarrollan mecanismos de intervenci&oacute;n social que solucionan desde la ra&iacute;z los problemas que originan la delincuencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como ha explicado muy acertadamente Jorge Ollero al acu&ntilde;ar el concepto de <em>penalismo m&aacute;gico</em>, se tratar&iacute;a de una fe casi hipn&oacute;tica en lo punitivo para adjudicarle un poder sobrenatural. Esa confianza ciega lleva a considerar que, simplemente subiendo las penas, se puede acabar con los robos, con las drogas, con las violencias machistas o incluso con el independentismo catal&aacute;n. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, en nuestro pa&iacute;s esas visiones sociales han impregnado la arenga pol&iacute;tica, sin apenas distinci&oacute;n entre partidos de derechas o de izquierdas, con el poco disimulado prop&oacute;sito de pescar en los caladeros del favor popular. Todos los gobiernos han aprovechado su ocasi&oacute;n para lucirse reestructurando una y otra vez las habitaciones del C&oacute;digo Penal, con la finalidad de endurecerlo sucesivamente en las m&aacute;s de treinta reformas realizadas en el &uacute;ltimo cuarto de siglo.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias han sido nefastas: nos hemos situado en los porcentajes m&aacute;s elevados de Europa en el n&uacute;mero de presos por habitante y en los tiempos de cumplimiento en la c&aacute;rcel. Para captar la extensi&oacute;n del desatino, la nueva etapa democr&aacute;tica vino acompa&ntilde;ada de un cuestionamiento del uso abusivo de la prisi&oacute;n, pero los diversos vaivenes posteriores nos han llevado a la situaci&oacute;n actual en la que el porcentaje de encarcelados supera muy ampliamente al del franquismo (del 0,02% de la poblaci&oacute;n y 8.440 presos en 1975 al 0,10% y 46.468 reclusos en 2022). Y todo ello a pesar del notable consenso entre crimin&oacute;logos, penalistas y todo tipo de expertos en la materia que nos indican que este uso excesivo de la c&aacute;rcel no reduce la delincuencia, ni tampoco protege a las posibles v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito de los delitos contra la libertad sexual, nuestras penas se ubican a bastante distancia de las democracias m&aacute;s avanzadas. Y los discursos de endurecimiento se han apoyado a menudo en creencias populares sobre bulos muy difundidos, como que los condenados por estas infracciones siempre son seres enfermizos, abiertamente incorregibles, sin posibilidad de cura. Al contrario, todos los datos nos muestran que en estos casos los niveles de reincidencia son bastante m&aacute;s bajos que en otras infracciones y que los porcentajes de reinserci&oacute;n social son elevados. No olvidemos que los agresores sexuales son mayoritariamente personas cercanas a las v&iacute;ctimas, casi siempre amigos, conocidos, vecinos, compa&ntilde;eros de trabajo o familiares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mera agravaci&oacute;n de las sanciones no tiene efectos sobre la comisi&oacute;n de estas conductas delictivas. Si queremos proteger a las v&iacute;ctimas potenciales, ser&aacute; mucho m&aacute;s efectivo incidir sobre la base de estas situaciones, como han hecho las sociedades m&aacute;s avanzadas. Eso supone transformar las mentalidades sociales que est&aacute;n detr&aacute;s de estas conductas, a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas activas de igualdad y no discriminaci&oacute;n. Y tambi&eacute;n intervenir sobre la marginalidad social y las carencias educativas, porque tambi&eacute;n suelen estar presentes en bastantes casos. La regulaci&oacute;n penal es un instrumento m&aacute;s y ah&iacute; la respuesta debe ser proporcionada. Sin embargo, dif&iacute;cilmente puede ser equilibrado un sistema que castiga diversas formas de agresi&oacute;n sexual con una pena equivalente a la de matar a otra persona, como ocurre en Espa&ntilde;a, en t&eacute;rminos mucho m&aacute;s duros que en los pa&iacute;ses que han solventado mejor estos problemas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay opiniones que afirman que, aunque el endurecimiento de penas no reduzca los delitos contra la libertad sexual, al menos cumple un objetivo escarmentador. Es el enfoque que se nutre de ideas como &ldquo;que se pudra en la c&aacute;rcel el mayor tiempo posible&rdquo; o &ldquo;que tenga su merecido&rdquo;. Esos argumentos son contrarios a nuestra Constituci&oacute;n, la cual proclama que las penas &ldquo;estar&aacute;n orientadas hacia la reeducaci&oacute;n y reinserci&oacute;n social&rdquo;. Adem&aacute;s, el discurso de la venganza estatal simula que algo se est&aacute; haciendo contra la delincuencia, como subterfugio compensatorio de que no se est&aacute; actuando de manera adecuada con criterios de intervenci&oacute;n social. Aceptar esos planteamientos nos lleva a asumir el marco del derecho penal autoritario propio de las orientaciones ultraconservadoras, con todos los riesgos de integrar esa cosmovisi&oacute;n, como se&ntilde;ala George Lakoff.
    </p><p class="article-text">
        Una variante de estos alegatos encarnizados afirma que las penas implacables reconfortan a las personas perjudicadas por estos delitos. Sin duda, las v&iacute;ctimas han de recibir la necesaria protecci&oacute;n estatal para que el da&ntilde;o sea reparado hasta donde resulte posible. Sin embargo, no debe confundirse el firme respaldo institucional a las v&iacute;ctimas con la posibilidad de que estas puedan decidir la pena de los condenados. En ese caso retornar&iacute;amos a los tiempos primitivos de la venganza privada institucionalizada. Es muy humano que las v&iacute;ctimas puedan desear el m&aacute;ximo castigo para quienes les han da&ntilde;ado, pero es la sociedad la que debe determinar cu&aacute;l debe ser la pol&iacute;tica criminal m&aacute;s adecuada desde la racionalidad, la imparcialidad y la proporcionalidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el referido contexto, la llamada <em>ley del solo s&iacute; es s&iacute;</em> acert&oacute; al articular criterios de intervenci&oacute;n social, pol&iacute;ticas igualitarias y medidas de protecci&oacute;n asistencial a favor de las v&iacute;ctimas. En la esfera penal, la ley introdujo delitos de nueva creaci&oacute;n, fusion&oacute; figuras delictivas, aument&oacute; algunas penas y redujo levemente otras. Desde esa perspectiva legal, resulta aconsejable examinar las consecuencias globales de esa reforma con un tiempo suficiente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las proposiciones de modificar al alza las sanciones de la ley, a los pocos meses de su aprobaci&oacute;n, suponen otra apuesta m&aacute;s por el penalismo m&aacute;gico. Aumentar otra vez las penas implica agravar una regulaci&oacute;n muy reciente que ya hab&iacute;a establecido un incremento penal de conjunto. Adem&aacute;s, ning&uacute;n an&aacute;lisis criminol&oacute;gico acredita que los cambios que ahora se proponen pueden ser positivos, m&aacute;s all&aacute; del acostumbrado af&aacute;n de subir penas por subirlas. La contrarreforma no podr&aacute; evitar las leves reducciones de condena que ya se han acordado, en casos porcentualmente minoritarios sobre el total. En los foros judiciales se ha constatado que la regulaci&oacute;n actual resulta mejorable en algunos aspectos. Pero necesitamos observar la evoluci&oacute;n de la <em>ley del solo s&iacute; es s&iacute;</em>, esperar al conjunto de las interpretaciones judiciales y evaluar los efectos de la nueva arquitectura legal en un periodo temporal razonable. Las variaciones penales acordadas de forma atropellada nunca han resultado eficaces.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier persona informada sabe que la magia tiene truco. A veces la mirada del espectador no es tan r&aacute;pida como la mano del ilusionista. Otras veces los juegos de luces favorecen el enga&ntilde;o del prestidigitador. El penalismo m&aacute;gico funciona porque, a trav&eacute;s de la manipulaci&oacute;n emocional, desata los sentimientos instintivos de venganza que existen en los seres humanos. A partir de ah&iacute;, es muy dif&iacute;cil indagar con rigor en las entra&ntilde;as de los problemas sociales. Lo cierto es que ninguna sociedad puede progresar sin un an&aacute;lisis racional de sus patolog&iacute;as colectivas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/penalismo-magico-delitos-sexuales_129_9964103.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Feb 2023 22:03:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El penalismo mágico y los delitos sexuales]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más Estado social y menos Estado penal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/social-penal_129_9922993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d139af9-89c0-4154-aa51-54a30d2a0674_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más Estado social y menos Estado penal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Resulta cuestionable que sectores gubernamentales y una parte de sus bases defiendan la premisa desatinada del punitivismo encarnizado. Eso implica suscribir el marco que buscan imponer los discursos ultraconservadores, que siempre enarbolan la bandera de la venganza institucional</p></div><p class="article-text">
        Cuando en un debate se parte de premisas falsas, sus conclusiones nunca pueden resolver el problema, igual que no podremos abrocharnos bien la camisa si nos equivocamos con el primer bot&oacute;n. Eso es lo que ocurre con la desenfocada discusi&oacute;n actual sobre las penas de la llamada <em>ley del solo s&iacute; es s&iacute;</em>. La crispaci&oacute;n colectiva tampoco es un escenario id&oacute;neo para deliberar sobre cuestiones complejas, porque la ofuscaci&oacute;n suele causar ceguera mental.
    </p><p class="article-text">
        La premisa err&oacute;nea en esta pol&eacute;mica es que habr&aacute; menos delincuencia si endurecemos m&aacute;s las penas. Se trata de un axioma abiertamente falso. En las sociedades democr&aacute;ticas sucede todo lo contrario. Los pa&iacute;ses que aplican penas muy duras y escasa intervenci&oacute;n social presentan niveles de delincuencia muy elevados, como ocurre en Estados Unidos. Al contrario, las democracias m&aacute;s avanzadas cuentan con penas proporcionadas, m&aacute;s bajas que las espa&ntilde;olas, como sucede en Dinamarca: sus niveles de criminalidad son muy inferiores, porque saben que lo m&aacute;s relevante no son las penas, sino los mecanismos de acci&oacute;n social. Est&aacute; mucho m&aacute;s segura contra las agresiones sexuales una mujer danesa (con castigos menos duros) que una norteamericana (con un sistema penal dur&iacute;simo, que incluye la pena de muerte).
    </p><p class="article-text">
        Otra de las premisas falaces es que los delitos se deben exclusivamente a la maldad de los autores y por eso merecen una severa venganza institucional. Si eso fuera cierto, habr&iacute;a la misma incidencia porcentual de delitos en todos los pa&iacute;ses, salvo que pensemos que los estadounidenses son m&aacute;s malvados gen&eacute;ticamente que los daneses. La realidad nos muestra que el delito es un producto social. Las diferencias pueden ser notables entre distintos estados, porque el fen&oacute;meno de la delincuencia est&aacute; muy relacionado con las concepciones sociales y con las condiciones de vida. Solo hay que visitar el patio de cualquier prisi&oacute;n espa&ntilde;ola para constatar de qu&eacute; estrato social son la inmensa mayor&iacute;a de las personas condenadas. Por ello, la delincuencia se combate principalmente con medidas distintas a las penales, las cuales act&uacute;an como un complemento m&aacute;s. No es casual que la delincuencia sea m&aacute;s baja en pa&iacute;ses con elevados niveles de igualdad social y, correlativamente, se dispare con una mayor desigualdad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la reinserci&oacute;n resulta muy necesaria, porque el condenado regresar&aacute; a la sociedad. M&aacute;s vale que descartemos leyendas urbanas absurdas, aunque muy extendidas, como la de que los autores de delitos sexuales son seres enfermizos que siempre reinciden y son incurables. Al contrario, los datos reales nos aclaran que la reincidencia en estas infracciones es baja, sobre todo si la comparamos con la del tr&aacute;fico de drogas o con determinados delitos contra la propiedad. Demasiada gente ha acu&ntilde;ado un estereotipo de agresor sexual: un tipo perturbado que espera a la v&iacute;ctima en un descampado para perpetrar la violaci&oacute;n. Esos casos existen, pero las referencias oficiales tambi&eacute;n evidencian que la gran mayor&iacute;a de los delitos contra la libertad sexual son cometidos por amigos, vecinos, conocidos, compa&ntilde;eros de trabajo o familiares. Lo que yo veo en mi juzgado coincide plenamente con esos datos. As&iacute; pues, para mejorar resultar&aacute; esencial que modifiquemos las mentalidades y tambi&eacute;n actuar sobre la marginalidad social que est&aacute; presente en muchos de estos delitos.
    </p><p class="article-text">
        Se avanza con m&aacute;s coeducaci&oacute;n igualitaria que rompa con los roles discriminatorios de g&eacute;nero. Se avanza con mejor formaci&oacute;n sexual, en especial hacia adolescentes y j&oacute;venes. Se avanza visibilizando, informando y sensibilizando a todos los sectores sociales de manera efectiva, para llegar a la tolerancia cero hacia estas conductas deleznables. Y, en definitiva, se avanza con medidas de intervenci&oacute;n social de todo tipo que ataquen la ra&iacute;z de las causas de estos delitos.
    </p><p class="article-text">
        Centrarlo todo en la respuesta penal es un subterfugio simb&oacute;lico, que no reduce la delincuencia. Y en pa&iacute;ses como Estados Unidos presenta un componente de distracci&oacute;n del n&uacute;cleo de los problemas. Se trata de un mecanismo compensatorio para justificar la inacci&oacute;n: no vamos a invertir en el espacio p&uacute;blico para corregir los defectos estructurales, pero garantizamos penas altas o castigos muy vengativos para entretener a la ciudadan&iacute;a y sugerir que hay una respuesta del Estado.
    </p><p class="article-text">
        El delito es un fen&oacute;meno social y por eso la sociedad en su conjunto debe responsabilizarse de los problemas de la criminalidad. Se trata de fallos del sistema, que van m&aacute;s all&aacute; de la maldad individual, aunque esta tambi&eacute;n pueda existir y se deba actuar sobre la peligrosidad. Esa es la perspectiva de nuestra Constituci&oacute;n, que se inspir&oacute; en las democracias consolidadas de nuestro entorno.&nbsp; En consecuencia, nuestro texto constitucional establece literalmente que las penas &ldquo;estar&aacute;n orientadas hacia la reeducaci&oacute;n y reinserci&oacute;n social&rdquo;. Ser&aacute; muy respetable que haya personas que opinen que las penas deben cumplir una finalidad escarmentadora, pero no podr&aacute;n autocalificarse como constitucionalistas. Tambi&eacute;n proclama la Constituci&oacute;n en su primer art&iacute;culo que somos un Estado social y, posteriormente, a&ntilde;ade el deber de los poderes p&uacute;blicos de promover las condiciones que aseguren la libertad y la igualdad.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de unos objetivos constitucionales tan loables, nos hemos quedado a medio camino en el intento de emular a otros pa&iacute;ses europeos. Aqu&iacute; todav&iacute;a hay demasiadas simpat&iacute;as por la pol&iacute;tica criminal populachera y una fascinaci&oacute;n excesiva por las proclamas vengativas propias de algunas (malas) pel&iacute;culas norteamericanas. No olvidemos que esos discursos poseen una ingente capacidad para nublar la racionalidad y activar nuestros mecanismos emocionales de rencor irracional.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor es que esas ideas han impregnado especialmente a nuestro &aacute;mbito pol&iacute;tico. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, en materia de pol&iacute;tica criminal, el parlamento se ha convertido en un mercadillo en el que los cargos p&uacute;blicos se pelean embarulladamente entre ellos para ver qui&eacute;n ofrece penas m&aacute;s duras a los votantes a menor precio, tanto desde el gobierno como desde la oposici&oacute;n. Nuestro C&oacute;digo Penal se aprob&oacute; en 1995 y, desde entonces, se han aprobado m&aacute;s de treinta reformas para endurecerlo. En esa espiral enloquecida, en Europa nos encontramos en los porcentajes m&aacute;s altos de presos por habitante y en los tiempos m&aacute;s largos de cumplimiento en la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, como elemento complementario a la intervenci&oacute;n social, las penas deben existir, pero lo fundamental ser&aacute; que sean proporcionadas. Si en Espa&ntilde;a hay infracciones contra la libertad sexual que incorporan penas de prisi&oacute;n de duraci&oacute;n similar a la del homicidio, resulta l&oacute;gico preguntarse si eso es correcto. Si nuestras penas se sit&uacute;an muy por encima de las de otros pa&iacute;ses europeos, deber&iacute;amos examinar tambi&eacute;n esos par&aacute;metros como criterios de proporcionalidad. Ese deber&iacute;a ser el debate racional. Y no afirmar falsariamente que la &uacute;nica ley penal eficaz es la que sube penas.
    </p><p class="article-text">
        La <em>ley del solo s&iacute; es s&iacute;</em> acert&oacute; al regular propuestas integrales para que disminuyan de verdad estos delitos, a trav&eacute;s de la intervenci&oacute;n institucional, la inversi&oacute;n p&uacute;blica en igualdad y el incremento de la protecci&oacute;n a las v&iacute;ctimas. En un plano distinto, se incluyen nuevas infracciones, se refunden conductas delictivas y se plantean cambios en las horquillas de las penas. Hay conductas que ahora cuentan con castigos m&aacute;s elevados; y en otras las penas han bajado levemente. Hay casos en los que se han suscitado controversias jur&iacute;dicas sobre si resulta procedente la reducci&oacute;n de condena por parte del &oacute;rgano judicial; en otros la reducci&oacute;n es muy clara objetivamente y los tribunales est&aacute;n obligados a aplicarla. Son casos minoritarios sobre el total de condenas, pero han sido suficientes para despertar y avivar la embestida de quienes confunden la justicia con el escarmiento.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, resulta cuestionable que sectores gubernamentales y una parte de sus bases defiendan la premisa desatinada del punitivismo encarnizado. Eso implica suscribir el marco que buscan imponer los discursos ultraconservadores, que siempre enarbolan la bandera de la venganza institucional, aunque sea contraria a la Constituci&oacute;n. Estos &uacute;ltimos son los mismos que exigen que haya menos Estado social y m&aacute;s Estado penal. Asimilar esas concepciones supone una rendici&oacute;n ideol&oacute;gica. Quienes aspiramos a que se produzcan avances sociales seguiremos insistiendo en reivindicar enfoques realmente transformadores.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/social-penal_129_9922993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Feb 2023 21:26:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Más Estado social y menos Estado penal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Es posible ser demócrata y deslegitimar la democracia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/posible-democrata-deslegitimar-democracia_129_9865446.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2102545-636c-4cfa-82fd-0b5c9dd34a1c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Es posible ser demócrata y deslegitimar la democracia?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se ha configurado un gobierno de gran coalición entre socialdemócratas, moderados y liberales. Hasta ahora existía uno socialdemócrata, con el respaldo parlamentario de partidos de izquierdas. Nadie ha cuestionado jamás en Dinamarca, ni antes ni ahora, la plena legitimidad de sus gobiernos</p></div><p class="article-text">
        La democracia representativa se caracteriza, entre otras cuestiones, por ser un sistema pol&iacute;tico en el que el conjunto de la ciudadan&iacute;a elige a sus representantes. Establece una forma de convivencia civilizada, con determinados instrumentos para la adopci&oacute;n de decisiones colectivas. Como sab&iacute;a Ibsen, la mayor&iacute;a no tiene necesariamente la raz&oacute;n. Pero s&iacute; ostenta la legitimidad objetiva para decidir. La raz&oacute;n siempre ser&aacute; m&aacute;s subjetiva, lo cual contrasta con la realidad de que podemos determinar objetivamente qu&eacute; representantes han obtenido el apoyo mayoritario para dirigir las instituciones, en virtud de las reglas del juego aceptadas. Parece claro que no resultar&aacute; admisible acatar esas reglas cuando se ganan unas elecciones y no respetarlas de forma tramposa cuando se pierden.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No basta con que los dirigentes pol&iacute;ticos se autocalifiquen enf&aacute;ticamente como dem&oacute;cratas. Incluso Franco proclamaba que en Espa&ntilde;a hab&iacute;a democracia, aunque la apellidara como &ldquo;org&aacute;nica&rdquo;. Lo relevante ser&aacute; fijarse en las actitudes y determinar si coinciden con los principios democr&aacute;ticos. En par&aacute;frasis de Chomsky, podr&iacute;amos considerar que no creemos en la democracia si no respetamos el derecho a gobernar de aquellos con quienes discrepamos, cuando estos obtienen la adhesi&oacute;n mayoritaria de la ciudadan&iacute;a. El sistema democr&aacute;tico se fundamenta en la reciprocidad: existe un pacto t&aacute;cito entre las fuerzas pol&iacute;ticas rivales para reconocerse mutuamente como adversarios leg&iacute;timos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como han explicado Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, en los tiempos contempor&aacute;neos las democracias ya no suelen ser derribadas con golpes militares siniestros. Al contrario, mueren desde dentro, desde la degeneraci&oacute;n paulatina de determinadas din&aacute;micas del sistema democr&aacute;tico. Los rasgos comunes en estos procesos son la deslegitimaci&oacute;n dolosa de las instituciones, la negaci&oacute;n maliciosa de los resultados electorales y el rechazo a que los gobiernos elegidos democr&aacute;ticamente puedan ejercer sus funciones. Lo hemos observado hace poco en Brasil, lo vimos en Estados Unidos con las algaradas trumpistas y puede constatarse en otras partes del mundo. En nuestro pa&iacute;s no hemos alcanzado esos niveles tan inquietantes, pero hay signos de peligro que habr&iacute;an de activar algunas alarmas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No deber&iacute;amos minimizar aqu&iacute; algunas tendencias, como las reprensiones constantes al gobierno para tacharlo de ileg&iacute;timo o la falta de reconocimiento de representantes parlamentarios designados en elecci&oacute;n popular. Obviamente, no deben confundirse las reprobaciones a actuaciones concretas de un gobierno (que pueden ser muy duras) con la impugnaci&oacute;n de los principios b&aacute;sicos del sistema democr&aacute;tico. Adem&aacute;s, todav&iacute;a somos un pa&iacute;s con sectores sociales que justifican la dictadura franquista, una circunstancia que evidencia las dificultades para implantar una gesti&oacute;n eficaz sobre memoria democr&aacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que no hemos llegado a las situaciones de riesgo de otros pa&iacute;ses, pero es igualmente cierto que esas circunstancias pueden variar. Y por eso resulta primordial disponer de una base democr&aacute;tica s&oacute;lida en todos los espacios pol&iacute;ticos, de derechas, de centro o de izquierdas. As&iacute; debe funcionar el pluralismo democr&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por aportar un elemento de comparaci&oacute;n, he podido seguir de cerca las pasadas elecciones generales en Dinamarca y la formaci&oacute;n del nuevo gobierno. Nada que ver con la realidad espa&ntilde;ola. Durante la campa&ntilde;a electoral, no hubo declaraciones altisonantes, ni insultos personalizados, ni negaciones de la legitimidad de otros partidos, ni peticiones de prohibici&oacute;n de otras fuerzas pol&iacute;ticas. Al contrario, los candidatos se centraron en exponer sus propuestas a la sociedad danesa de forma constructiva. Todos los dirigentes pol&iacute;ticos fueron entrevistados individualmente por la televisi&oacute;n p&uacute;blica. Adem&aacute;s, se celebr&oacute; un debate en la misma cadena entre los l&iacute;deres de las catorce fuerzas pol&iacute;ticas que concurr&iacute;an a los comicios, con argumentos y sin descalificaciones. Lo repito: un debate en horario de m&aacute;xima audiencia entre catorce candidatos y candidatas, con un espectro ideol&oacute;gico similar al espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Tras las elecciones, se ha configurado un gobierno de gran coalici&oacute;n entre socialdem&oacute;cratas, moderados y liberales. Hasta ahora exist&iacute;a un gobierno socialdem&oacute;crata, con el respaldo parlamentario de partidos de izquierdas. Nadie ha cuestionado jam&aacute;s en Dinamarca, ni antes ni ahora, la plena legitimidad de sus gobiernos, sin perjuicio de los reproches argumentados que han recibido por su gesti&oacute;n. Todo ello nos muestra las l&iacute;neas formales de actuaci&oacute;n de una democracia avanzada.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente los indicadores internacionales eval&uacute;an en profundidad los niveles de democracia deliberativa, entre ellos la calidad del debate p&uacute;blico. En ese indicador Espa&ntilde;a est&aacute; bastante por debajo de Dinamarca y otros pa&iacute;ses. De hecho, ah&iacute; nos encontramos en cotas muy inferiores a otros registros nuestros m&aacute;s positivos sobre funcionamiento democr&aacute;tico. Esforzarnos en mejorar nuestra calidad institucional implica responder a la pregunta del t&iacute;tulo de este art&iacute;culo: los dem&oacute;cratas no pueden deslegitimar el sistema democr&aacute;tico. Al contrario, el respeto de todas las partes a las reglas del juego es un elemento com&uacute;n a las democracias m&aacute;s avanzadas. M&aacute;s vale que no lo olvidemos, si no queremos regresar al pasado.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/posible-democrata-deslegitimar-democracia_129_9865446.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2023 21:35:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Es posible ser demócrata y deslegitimar la democracia?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Tribunal Constitucional y nuestras patologías institucionales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tribunal-constitucional-patologias-institucionales_129_9808828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dad9ec52-405c-4d17-a222-18c05ba315bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Tribunal Constitucional y nuestras patologías institucionales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos encontramos ante una grave crisis constitucional, cuyo origen se encuentra en la débil arquitectura de nuestras instituciones. Quizás el camino más acertado no sea el del mero descontento, sino el de las soluciones constructivas</p><p class="subtitle">Claves - Las claves de la decisión del Constitucional que ha paralizado su propia renovación
</p></div><p class="article-text">
        No ha sorprendido a casi nadie. A algunas personas las habr&aacute; indignado, a otras las habr&aacute; entusiasmado, pero la suspensi&oacute;n parcial de la actividad legislativa por parte del Tribunal Constitucional ha sido estos d&iacute;as la cr&oacute;nica de una medida cautelar&iacute;sima anunciada. Incluso el ajustado resultado de la votaci&oacute;n de seis a cinco, en virtud del origen de cada magistrado, era una quiniela muy f&aacute;cil de acertar, sin apenas margen para sorpresas.
    </p><p class="article-text">
        Una constataci&oacute;n tan trivial nos muestra la clave del problema. Desde hace demasiado tiempo se encuentra bloqueada la renovaci&oacute;n del CGPJ y del Tribunal Constitucional. Nuestro sistema de contrapesos no funciona correctamente, como nos reprochan con creciente desasosiego los organismos europeos. Las conexiones fuertemente partidistas de determinados &oacute;rganos constitucionales desvirt&uacute;an sus funciones de vigilancia del poder y llevan a su potencial utilizaci&oacute;n particularista. Seguro que no todos los partidos han actuado ah&iacute; exactamente del mismo modo. Pero el problema es estructural, porque no pueden dejarse esas tentaciones a la voluntad benevolente de la mayor&iacute;a pol&iacute;tica o de la minor&iacute;a de bloqueo.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ese preocupante contexto, todo se complica bastante. Seguro que la forma trazada para el desbloqueo por los partidos del gobierno presentaba elementos jur&iacute;dicamente discutibles. Ser&iacute;a ideal que esos posibles errores hubieran sido analizados por un Tribunal Constitucional con apariencia de neutralidad institucional, sin v&iacute;nculos partidistas y con presencia de los juristas m&aacute;s cualificados del pa&iacute;s. Es decir, un organismo de gran autoridad jur&iacute;dica. El problema es que ese alto tribunal aqu&iacute; no existe. 
    </p><p class="article-text">
        La percepci&oacute;n ciudadana mayoritaria es que se han trasladado a los &oacute;rganos constitucionales de contrapeso las batallas pol&iacute;ticas partidistas. Y, adem&aacute;s, con una vuelta de tuerca por parte del principal partido de la oposici&oacute;n, porque no solo bloquea la renovaci&oacute;n del CGPJ y del Tribunal Constitucional, sino que adem&aacute;s presume de ello y lo justifica con el argumento de que su renovaci&oacute;n beneficiar&aacute; a los rivales pol&iacute;ticos. As&iacute; el uso privativo potencial de los &oacute;rganos constitucionales caducados est&aacute; servido.
    </p><p class="article-text">
        En medio de esta refriega, el Tribunal Constitucional ha dado un paso a&ntilde;adido turbador, que supone en la pr&aacute;ctica frenar ese necesario desbloqueo. Resulta conocido que el alto tribunal ostenta como una de sus atribuciones principales el control de constitucionalidad de las leyes tras ser aprobadas. Sin embargo, suspender los tr&aacute;mites legislativos implica limitar preventivamente las facultades del poder legislativo, con todos los riesgos de que semejante pronunciamiento pueda repetirse en el futuro. No podemos minimizar el alcance de esta intensa intromisi&oacute;n en las funciones de los representantes democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, no resulta admisible la premisa de que a los parlamentarios no les afecta ning&uacute;n l&iacute;mite, porque encarnan la voluntad popular. Al contrario, su actuaci&oacute;n se encuentra limitada por la Constituci&oacute;n y por el resto del ordenamiento jur&iacute;dico. No obstante, lo mismo puede afirmarse del Tribunal Constitucional. Su propia ley org&aacute;nica establece que, en materia de medidas cautelares, una suspensi&oacute;n no puede ocasionar una perturbaci&oacute;n grave a un inter&eacute;s constitucionalmente protegido. Lo cierto es que parece dif&iacute;cil que haya intereses constitucionales m&aacute;s dignos de protecci&oacute;n que el respeto a las competencias legislativas de las c&aacute;maras parlamentarias, sin perjuicio de su control posterior. De hecho, nunca en nuestra historia democr&aacute;tica se hab&iacute;an suspendido esas funciones, por lo que resulta problem&aacute;tico compartir la ponderaci&oacute;n efectuada.
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, el Tribunal Constitucional est&aacute; sujeto a l&iacute;mites. Le afectan tambi&eacute;n las normas procesales en materia de recusaci&oacute;n y abstenci&oacute;n. Eso dificulta comprender que no se hayan seguido los precedentes del propio tribunal en supuestos casi id&eacute;nticos, lo cual habr&iacute;a llevado a que se apartaran de la decisi&oacute;n los magistrados que pod&iacute;an tener inter&eacute;s directo en no acabar su mandato.
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos ante una grave crisis constitucional, cuyo origen se encuentra en la d&eacute;bil arquitectura de nuestras instituciones. Quiz&aacute;s el camino m&aacute;s acertado no sea el del mero descontento, sino el de las soluciones constructivas. Resulta imprescindible recuperar la normalidad de nuestros &oacute;rganos constitucionales, buscar nuevas f&oacute;rmulas para desbloquearlos, encontrar mecanismos para que estos problemas no se vuelvan a repetir. Como de costumbre, las patolog&iacute;as de la democracia deben solucionarse con m&aacute;s democracia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tribunal-constitucional-patologias-institucionales_129_9808828.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Dec 2022 07:21:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Tribunal Constitucional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estado de excepción judicial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/excepcion-judicial_129_9801719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3081643-9f22-43f8-9331-a560faabdd7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estado de excepción judicial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El TC no puede impedir que las leyes se aprueben. Sería una extralimitación muy peligrosa de sus competencias que provocaría un enorme daño al sistema democrático</p><p class="subtitle">OPINIÓN - Cuál es el plan de la derecha para mantener el secuestro del Constitucional, por Ignacio Escolar</p></div><p class="article-text">
        La excepcionalidad se ha convertido en la normalidad en el funcionamiento de la c&uacute;pula judicial. La situaci&oacute;n roza el esperpento propio de las mejores obras de Valle-Incl&aacute;n. El mandato de los miembros del actual CGPJ acababa en 2018, pero llevan m&aacute;s de cuatro a&ntilde;os caducados, autoprorrogados y en funciones, como si sus pilas fueran eternas. Su propio presidente lleg&oacute; a despedirse en cinco ocasiones, en sucesivos actos solemnes de apertura del a&ntilde;o judicial, en una adaptaci&oacute;n togada de la pel&iacute;cula del d&iacute;a de la marmota. La dimisi&oacute;n tard&iacute;a de Lesmes no ha encontrado ni un solo imitador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay decenas de plazas vacantes en tribunales de todo el pa&iacute;s. Su cobertura se encuentra paralizada desde hace tiempo, pendiente de que alg&uacute;n d&iacute;a remoto nuestra judicatura salga de esa excepcionalidad interminable. El deterioro institucional es inmenso. En cualquier pa&iacute;s europeo la c&uacute;pula judicial goza del m&aacute;ximo respeto de la ciudadan&iacute;a, como un espacio casi sagrado. Aqu&iacute; el descr&eacute;dito sigue avanzando y ha alcanzado ya niveles inquietantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El principal partido de la oposici&oacute;n es el art&iacute;fice de este bloqueo (que defiende con orgullo) y ha esgrimido un reguero desordenado de pretextos para prolongar una trama a medio camino entre el surrealismo y el teatro del absurdo. Sin embargo, cualquier observador de buena fe sabe que el bloqueo se practica con la finalidad de mantener el dominio sobre el CGPJ y evitar que caiga bajo el influjo de los rivales pol&iacute;ticos. Y ah&iacute; est&aacute; la clave del problema: los &oacute;rganos constitucionales no son de uso privativo de un partido. Son instituciones al servicio de la sociedad y deben renovarse cuando lo establece la Constituci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las excusas m&aacute;s asombrosas para justificar el bloqueo se refieren al descontento sobre medidas de todo tipo que promueve el Gobierno. La &uacute;ltima alude a la reforma de la sedici&oacute;n. En cualquier democracia pluralista habr&aacute; siempre divergencias leg&iacute;timas entre las fuerzas pol&iacute;ticas. Si esa fuera raz&oacute;n suficiente para bloquear, nunca se renovar&iacute;an los cargos institucionales. Precisamente el funcionamiento regular de las instituciones y su renovaci&oacute;n debe quedar al margen de las disputas partidistas. Todo ello sin perjuicio de que se aborden modificaciones legales sobre la configuraci&oacute;n del CGPJ, que resultan m&aacute;s necesarias que nunca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como toda degradaci&oacute;n acaba abonando los cultivos de lo empeorable, la excepcionalidad de la c&uacute;pula de la judicatura se est&aacute; trasladando al Tribunal Constitucional. Cuatro magistrados tienen el mandato caducado desde hace varios meses. Las mismas argucias en el bloqueo del CGPJ se est&aacute;n repitiendo para obstaculizar la renovaci&oacute;n del alto tribunal, con el prop&oacute;sito similar de ejercer una influencia potencial sobre sus actuaciones. En ese contexto de grave anormalidad institucional, resulta comprensible que desde el Gobierno se impulsen medidas de desbloqueo, lo cual no implica compartir necesariamente las formas o el fondo de esas iniciativas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las reformas emprendidas pueden agradar m&aacute;s o menos, pero parece indiscutible que deben ser debatidas en el Parlamento. Por ello, cuando el Tribunal Constitucional est&aacute; amagando con suspender el tr&aacute;mite de aprobaci&oacute;n de una ley, tambi&eacute;n est&aacute; sugiriendo que quiz&aacute;s pueda suspender atribuciones de los representantes democr&aacute;ticos. El alto tribunal tiene asignadas funciones de control de la constitucionalidad de las leyes una vez sean promulgadas, pero no puede impedir que estas se aprueben. Eso supondr&iacute;a una extralimitaci&oacute;n muy peligrosa de sus competencias que generar&iacute;a un enorme da&ntilde;o al sistema democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El elefante en la habitaci&oacute;n es el dise&ntilde;o de los &oacute;rganos de contrapeso, esos espacios de vigilancia imprescindibles para evitar los abusos de poder, al igual que la separaci&oacute;n de poderes. Los organismos europeos nos insisten reiteradamente, al borde de la desesperaci&oacute;n con Espa&ntilde;a, en que ah&iacute; no deber&iacute;an figurar comisarios de las fuerzas pol&iacute;ticas, porque eso resulta incompatible con dicha misi&oacute;n de control. Si tenemos un CGPJ y un Tribunal Constitucional que se cubren con cuotas de partido, no debemos sorprendernos si despu&eacute;s pueden actuar potencialmente como &oacute;rganos de partido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, todos los juristas tienen su propia ideolog&iacute;a. Y seguro que los que sean designados por el parlamento responder&aacute;n al pluralismo de la sociedad. Pero debe establecerse un sistema de incompatibilidades para evitar nombramientos de personas claramente vinculadas a los partidos, porque eso es contrario a las funciones de contrapeso. Y deber&iacute;amos asegurar tambi&eacute;n la solvencia profesional: estos &oacute;rganos constitucionales hoy carecen de mecanismos para garantizar la m&aacute;xima cualificaci&oacute;n de sus miembros. Es buen momento para recordar (o a&ntilde;orar) que los magistrados del Tribunal Constitucional fueron nombrados en sus primeros a&ntilde;os, en su etapa m&aacute;s prestigiosa, con criterios de capacidad, pluralidad ideol&oacute;gica y sin v&iacute;nculos con las fuerzas pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        En estas situaciones retumba la voz de Valle-Incl&aacute;n en <em>Luces de Bohemia</em> para definir el absurdo del esperpento: &ldquo;Espa&ntilde;a es una deformaci&oacute;n grotesca de la civilizaci&oacute;n europea&rdquo;. Hemos mejorado bastante, pero a&uacute;n debemos aprender de las democracias m&aacute;s avanzadas. En ellas no existen estos problemas, porque han configurado sus instituciones de otra forma, con un adecuado sistema de contrapesos. Lo m&aacute;s urgente para salir de lo grotesco es acabar lo antes posible con la excepcionalidad y renovar nuestros caducados &oacute;rganos constitucionales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/excepcion-judicial_129_9801719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Dec 2022 21:05:37 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El insulto como estrategia política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/insulto-estrategia-politica_129_9745798.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a8cd247-c024-45a4-aaf6-a9b9abcfb3d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El insulto como estrategia política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrar en las dinámicas de las diatribas ultraconservadoras supone aceptar su marco conceptual y debilitar el sistema democrático. La regla general es que el insulto desprestigia más a quienes lo emiten que a quienes lo reciben</p></div><p class="article-text">
        Los insultos suelen ser los argumentos de quienes carecen de argumentos. Sin duda, una frase ingeniosa, una iron&iacute;a bien trabada o una expresi&oacute;n burlesca pueden adornar un razonamiento, pero la descalificaci&oacute;n personalizada como estrategia de destrucci&oacute;n se sit&uacute;a en un plano muy distinto. El ataque meramente ofensivo siempre es un signo de indigencia mental.
    </p><p class="article-text">
        En nuestras instituciones ha aumentado bastante la agresividad verbal en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Adem&aacute;s, la ramploner&iacute;a en la discusi&oacute;n colectiva se ha acentuado. Ese descenso alarmante en la calidad del debate p&uacute;blico se ha reflejado en los indicadores internacionales que eval&uacute;an a nuestro pa&iacute;s. Es cierto que el recurso al insulto se ha producido de forma puntual por cargos p&uacute;blicos de todo el espectro ideol&oacute;gico. Pero es igualmente cierto que no resulta equiparable una actuaci&oacute;n individual con una estrategia premeditada como se&ntilde;a de identidad.
    </p><p class="article-text">
        Los discursos ultraconservadores avanzan en nuestro pa&iacute;s y en otras partes de Europa. Est&aacute;n vali&eacute;ndose de m&eacute;todos que no son nuevos y que han sido analizados en su contexto hist&oacute;rico. Los fascismos incorporaron desde sus or&iacute;genes ese discurso incendiario, plagado de falsedades, injurias y desautorizaciones de las instituciones democr&aacute;ticas. Eran herramientas centrales en sus planes de asalto al poder.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El contraste con los planteamientos democr&aacute;ticos es sustancial. Al igual que los derechos humanos, la democracia moderna es hija de la racionalidad ilustrada. Implica un an&aacute;lisis colectivo de los problemas sociales, a partir de los datos que resultan probados o que se pueden acreditar. Como enfatizaba Manuel Aza&ntilde;a, la democracia debe ser el estadio m&aacute;s elevado de la cultura.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, la irracionalidad de las arengas totalitarias se dirige m&aacute;s a las emociones primarias. Es habitual la b&uacute;squeda de chivos expiatorios hacia los que encauzar los odios sociales. Victor Kemplerer nos explic&oacute; c&oacute;mo el nazismo animaliz&oacute; a quienes consideraba sus enemigos. La caracterizaci&oacute;n de los jud&iacute;os como ratas fue una de sus constantes.&nbsp; A trav&eacute;s de patra&ntilde;as masivas sobre conspiraciones apocal&iacute;pticas o maldades inventadas, se lograba el apoyo de sectores sociales manejables. Con toda raz&oacute;n, Antonio Machado afirm&oacute; que el arma m&aacute;s destructiva del fascismo era la mentira.
    </p><p class="article-text">
        Los planteamientos ultraconservadores han cambiado, porque las sociedades actuales son diferentes de aquellas en las que surgieron los fascismos. En realidad, en gran parte estamos ante fen&oacute;menos novedosos. Los grupos actuales m&aacute;s implantados no preconizan el uso de la violencia, ni cuentan con grupos paramilitares. Aceptan formalmente el sistema democr&aacute;tico y no anuncian su destrucci&oacute;n, aunque niegan la legitimidad de los resultados electorales cuando no les benefician. De momento, los riesgos consisten en que podamos transitar hacia democracias autoritarias, con limitaciones de los derechos de las mujeres, de los migrantes o de personas por su orientaci&oacute;n sexual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el uso del irracionalismo en la estrategia mantiene visibles continuidades. La naturaleza humana no se modifica tan f&aacute;cilmente y siguen siendo viables las t&aacute;cticas de manipulaci&oacute;n emocional. Lo podemos detectar en nuestro pa&iacute;s con ese recurso al insulto permanente, a la fabricaci&oacute;n de bulos masivos, a las teor&iacute;as conspirativas m&aacute;s variadas. Como sab&iacute;a Mark Twain, la historia no se repite, pero a veces rima.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante esas estrategias, los dem&oacute;cratas no deber&iacute;an jam&aacute;s abandonar las perspectivas racionales. Entrar en las din&aacute;micas de las diatribas ultraconservadoras supone aceptar su marco conceptual y debilitar el sistema democr&aacute;tico. La regla general es que el insulto desprestigia m&aacute;s a quienes lo emiten que a quienes lo reciben. M&aacute;s a&uacute;n: una cosa es insultar y otra dar trigo. Sin embargo, eso puede cambiar en situaciones excepcionales de incertidumbre econ&oacute;mica, social e identitaria, sobre todo si los gobernantes llevan a cabo una gesti&oacute;n desacertada. Los riesgos son a&uacute;n m&aacute;s elevados si hay serias divisiones entre los dem&oacute;cratas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como demuestra la historia, la insatisfacci&oacute;n social puede llevar a multitudes descontentas a adherirse a proclamas altisonantes de tipo falaz. Es fundamental siempre examinar si el Estado democr&aacute;tico est&aacute; gestionando adecuadamente las demandas ciudadanas. Una pregunta muy pertinente siempre ha sido por qu&eacute; un pueblo culto como el alem&aacute;n pudo permitir la expansi&oacute;n del nazismo. Daniel Goldhagen encontr&oacute; una respuesta: la seducci&oacute;n de un discurso plagado de mentiras, insultos y temores imaginarios que pudieron propagarse en un contexto adecuado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/insulto-estrategia-politica_129_9745798.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Nov 2022 21:35:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El insulto como estrategia política]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Humanizar a los bancos o reivindicar a los poderes públicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/humanizar-bancos-reivindicar-poderes-publicos_129_9684176.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8003a24-e292-473a-9922-fadde04324aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Humanizar a los bancos o reivindicar a los poderes públicos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El altruismo comunitario es un valor moral necesario. Pero no puede suplir la labor que corresponde a las instituciones. Ante la realidad amarga de los desahucios, no debería repetirse que los poderes públicos intenten existir lo menos posible</p><p class="subtitle">OPINIÓN - La pesadilla de los fondos buitre, por Neus Tomàs</p></div><p class="article-text">
        Sin duda, Espa&ntilde;a es diferente, como afirmaba aquel lema castizo del r&eacute;gimen anterior en un intervalo l&uacute;cido de sinceridad. Al toque de las casta&ntilde;uelas, la lista de nuestras singularidades contin&uacute;a hoy siendo incalculable. Nos seguimos empe&ntilde;ando en ser discordantes y, adem&aacute;s, no nos importa que sea para peor. Uno de nuestras peculiaridades ha sido advertida con perplejidad por el Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea, al constatar de manera reiterada la multitud de tratos privilegiados de nuestras leyes a favor de las entidades bancarias, en abierta contradicci&oacute;n con las normas europeas de protecci&oacute;n de los consumidores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestras pr&aacute;cticas bancarias son poco seguidas m&aacute;s all&aacute; de los Pirineos. Con amparo legal, aqu&iacute; las entidades financieras han podido desalojar de sus viviendas a miles de personas por el impago de una sola mensualidad del pr&eacute;stamo hipotecario. Han podido imponer todo tipo de comisiones enrevesadas sin ninguna justificaci&oacute;n razonable. Han repercutido al consumidor en las hipotecas los costes del notario, del tasador, del registrador de la propiedad. Han reclamado a menudo m&aacute;s dinero en intereses por impago que el propio capital prestado. Los desequilibrios han sido tan escandalosos que la sobresaltada jurisdicci&oacute;n europea ha tomado cartas en el asunto para establecer numerosos frenos a las actuaciones abusivas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resulta necesario preguntarse por ese tratamiento jur&iacute;dico tan favorable para la banca por parte de nuestras instituciones. Y la pertinencia del interrogante se acent&uacute;a ante pr&oacute;ximas amenazas que empiezan a sobrevolar, como la sensible subida de los tipos de inter&eacute;s que ya est&aacute; provocando alarmantes incrementos en las cuotas mensuales de los pr&eacute;stamos hipotecarios. Todo puede empeorar bastante a corto y medio plazo para los sectores m&aacute;s vulnerables. Se pueden adivinar calamidades sociales que hemos conocido y que no se han marchado del todo. Somos diferentes tambi&eacute;n en eso: a pesar de esos traumas recientes, seguimos sin garantizar el derecho a la vivienda de todas las personas, en contraste con otros pa&iacute;ses europeos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n inc&oacute;moda que generan estos problemas nos golpea al ver la recomendable pel&iacute;cula <em>En los m&aacute;rgenes</em>. La incisiva mirada como director de Juan Diego Botto nos muestra esa realidad social perturbadora: la de quienes est&aacute;n a punto de ser expulsados de sus casas y de gran parte de su vida. Ante esa realidad tan inquietante, demasiada gente prefiere mirar hacia otro lado. Solo se ve aquello que se mira. Los movimientos de c&aacute;mara de Botto nos sumergen con realismo honesto en el interior del drama de los desahucios, con ritmo agitado, absorbente y tenso. Nos interpelan con sutileza sobre nuestra responsabilidad ciudadana. En esas duras historias personales se puede detectar la perspectiva de la coguionista Olga Rodr&iacute;guez, curtida en demasiadas tragedias, al relatar el dolor de quienes lo han perdido casi todo, pero se esfuerzan en mantener su dignidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esos infortunios sociales pueden volver a extenderse. Y no disponemos de suficientes herramientas p&uacute;blicas de protecci&oacute;n. Lo percibimos en los juzgados: servicios sociales precarios, ausencia de alternativas habitacionales, situaciones de marginalidad sin tratamiento. Ser&iacute;a absurdo intentar humanizar a los bancos para que se comporten como asociaciones filantr&oacute;picas. Son grandes empresas con &aacute;nimo de lucro y resulta comprensible que defiendan las atribuciones que les confiere el ordenamiento jur&iacute;dico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los poderes p&uacute;blicos habr&iacute;an de regular ese ordenamiento desde la orientaci&oacute;n de un Estado Social bien implantado, como el que caracteriza a otros pa&iacute;ses europeos, pero que aqu&iacute; se resiste a dar suficientes se&ntilde;ales de vida, a pesar de algunos intentos positivos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Ese enfoque llevar&iacute;a a impulsar en estos casos medidas limitativas de los desalojos de vivienda habitual. Y tambi&eacute;n implicar&iacute;a corregir desigualdades, aplicar mecanismos redistributivos de salvaguarda social y actuar sobre los cuantiosos beneficios de un sistema bancario privado que ha disfrutado siempre de un desmesurado apoyo p&uacute;blico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luis Tosar interpreta con notable verosimilitud en la pel&iacute;cula <em>En los m&aacute;rgenes</em> su papel como letrado. En el trasiego humano algo ca&oacute;tico de los palacios de justicia deambula con frecuencia ese mismo perfil generoso, vehemente, combativo y s&oacute;lido jur&iacute;dicamente de los abogados del turno de oficio. El personaje que protagoniza Pen&eacute;lope Cruz con rigor admirable tambi&eacute;n transmite credibilidad, al extraer fuerzas de su propia situaci&oacute;n de fragilidad, siempre arropada por la solidaridad del activismo social. El altruismo comunitario es un valor moral necesario. Pero no puede suplir la labor que corresponde a las instituciones. Ante la realidad amarga de los desahucios, no deber&iacute;a repetirse que los poderes p&uacute;blicos intenten existir lo menos posible. No deber&iacute;amos tropezar de nuevo con la misma piedra. Eso significar&iacute;a que no hemos querido aprender nada como sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/humanizar-bancos-reivindicar-poderes-publicos_129_9684176.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Nov 2022 21:42:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Humanizar a los bancos o reivindicar a los poderes públicos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El derecho divino del rey inviolable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/derecho-divino-rey-inviolable_129_9644487.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0cdae0e-a702-4d0c-803c-bb28211fde1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El derecho divino del rey inviolable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si cualquier gobernante debe responder penalmente por percibir un soborno, representa una carta blanca muy inquietante que el jefe de Estado sea inviolable y pueda quedar impune si perpetra exactamente la misma conducta</p></div><p class="article-text">
        Hubo un tiempo ancestral en el que los reyes aseguraban que sus privilegios proced&iacute;an del derecho divino. Dios los hab&iacute;a puesto en lo m&aacute;s alto de forma m&aacute;gica, como por arte de encantamiento. No se pod&iacute;a exigir responsabilidad por sus actos al monarca: era la divinidad en la tierra y juzgar al rey era tan irrealizable como imputar un delito a Dios. La inviolabilidad real es un vestigio de aquellas concepciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sociedad democr&aacute;tica actual parte de visiones muy distintas. Los cargos estatales no deben sus puestos a ninguna deidad sobrenatural, sino que est&aacute;n fundamentados en la legitimidad democr&aacute;tica. Cada persona cuenta con un voto para elegir a sus gobernantes. Los derechos y deberes se desarrollan desde el principio de igualdad ante la ley. A partir de ah&iacute;, podemos exponer una premisa dif&iacute;cil de cuestionar para cualquier dem&oacute;crata: todos los cargos p&uacute;blicos deber&iacute;an actuar con transparencia, rendir cuentas y dar explicaciones de su gesti&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese axioma no habr&iacute;a de contemplar excepciones. Debe aplicarse a los alcaldes, a los presidentes auton&oacute;micos o al presidente del gobierno. Y tambi&eacute;n al jefe de Estado, tanto en una rep&uacute;blica como en una monarqu&iacute;a parlamentaria. Solo se puede defender lo contrario si se invoca el arcaico derecho divino de los reyes, como si sigui&eacute;ramos en la Edad Media. Lo resume muy bien Jos&eacute; Antonio Zarzalejos, periodista mon&aacute;rquico de prestigio y nada sospechoso de revolucionario, cuando indica que una monarqu&iacute;a parlamentaria carece de sentido si no act&uacute;a con transparencia, austeridad y ejemplaridad responsable.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, si cualquier cargo pol&iacute;tico debe presentar una declaraci&oacute;n de bienes, con la finalidad de prevenir incrementos patrimoniales fraudulentos, ser&iacute;a conveniente que el jefe de Estado hiciera lo mismo. Si cualquier organismo p&uacute;blico debe divulgar c&oacute;mo ejecuta sus presupuestos, no se acaba de entender que la Casa del Rey pueda actuar con opacidad en la gesti&oacute;n econ&oacute;mica del dinero p&uacute;blico que recibe. Si cualquier gobernante debe responder penalmente por percibir un soborno, representa una carta blanca muy inquietante que el jefe de Estado sea inviolable y pueda quedar impune si perpetra exactamente la misma conducta. Como se&ntilde;ala Andr&eacute;s Boix, determinados blindajes son dudosamente conciliables con las tendencias normales en una democracia.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, los esc&aacute;ndalos que han afectado al rey em&eacute;rito pueden relacionarse con facilidad con esa ausencia de controles y con esa presencia de privilegios. Probablemente, con una regulaci&oacute;n adecuada de la instituci&oacute;n no se habr&iacute;a llegado a la situaci&oacute;n actual. En palabras de Elisa de la Nuez, en una democracia moderna es una anomal&iacute;a que la jefatura del Estado quede al margen o por encima del ordenamiento vigente.
    </p><p class="article-text">
        Una gesti&oacute;n integral contra la corrupci&oacute;n no puede ignorar la enorme relevancia del principal &oacute;rgano simb&oacute;lico y representativo del pa&iacute;s. El deterioro institucional en ese &aacute;mbito acaba impregnando al conjunto de la vida p&uacute;blica, como las filtraciones de un tejado que da&ntilde;an hacia abajo toda la vivienda. Entre otras cuestiones, nuestro crecimiento en calidad democr&aacute;tica pasa por la incorporaci&oacute;n de controles, contrapesos y mecanismos de transparencia en ese v&eacute;rtice institucional. Seguro que habr&aacute; quienes se opongan y muestren su a&ntilde;oranza por el sacrosanto derecho divino. Sin duda, los dem&oacute;cratas deber&iacute;amos profundizar en los valores de la ejemplaridad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/derecho-divino-rey-inviolable_129_9644487.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Oct 2022 20:31:37 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[5 claves para comprender la batalla por la cúpula judicial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/5-claves-comprender-batalla-cupula-judicial_129_6293108.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e9e3498-0afe-4da8-8253-771cc2d89ba4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="5 claves para comprender la batalla por la cúpula judicial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mejoras estructurales que nos acerquen a las prácticas europeas no vendrán voluntariamente de los partidos, al estar demasiado implicados en las referidas dinámicas de poder. Solo se producirán a través de la presión ciudadana</p></div><p class="article-text">
        <strong>1.- El bloqueo institucional.</strong> La Constituci&oacute;n establece con claridad que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) debe renovarse cada cinco a&ntilde;os. Sin embargo, la actual c&uacute;pula judicial fue designada en 2013 y ya lleva caducada dos a&ntilde;os en funciones. El principal partido de la oposici&oacute;n ha manifestado que no va a negociar su renovaci&oacute;n y el cambio en este organismo requiere de una mayor&iacute;a cualificada de 3/5 de ambas c&aacute;maras. Resulta imposible llevarlo a cabo sin los votos de la oposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qu&eacute; se debe este bloqueo tan manifiestamente inconstitucional? Hay que comprender la indudable importancia de las competencias del CGPJ: nombra a los magistrados de los principales tribunales, puede premiar o castigar a los jueces, interviene con sus opiniones en asuntos de enorme relevancia p&uacute;blica. La actual c&uacute;pula judicial fue dise&ntilde;ada hace siete a&ntilde;os por el exministro Gallard&oacute;n, tras una reforma legal con la que se configur&oacute; el CGPJ m&aacute;s partidista de nuestra historia democr&aacute;tica, en funci&oacute;n de los intereses de su propia formaci&oacute;n. En consecuencia, se nombr&oacute; como presidente del organismo a Carlos Lesmes, ex alto cargo en los gobiernos de Aznar. Tambi&eacute;n buena parte de los vocales nombrados estaban en sinton&iacute;a con esos intereses. El bloqueo permite que ese control partidista se prolongue durante m&aacute;s tiempo del previsto constitucionalmente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.- El aprovechamiento de una c&uacute;pula judicial en funciones.</strong> El resultado se concreta en el mantenimiento de un CGPJ que no deb&iacute;a estar adoptando decisiones desde hace dos a&ntilde;os. Pero contin&uacute;a actuando igual que a lo largo de todo su mandato. Realiza a menudo nombramientos de altos cargos judiciales con un marcado sesgo partidista y no en funci&oacute;n de un sistema de m&eacute;ritos objetivables, como han denunciado diversas entidades. Y se posiciona constantemente en p&uacute;blico contra este gobierno, en contraste con la benevolente actitud que mantuvo con el anterior.
    </p><p class="article-text">
        Los cuestionables afanes partidistas para perpetuar esta situaci&oacute;n no pueden colisionar frontalmente con el imperativo constitucional de renovaci&oacute;n cada cinco a&ntilde;os. El pretexto del principal partido de la oposici&oacute;n es que no negocia para la renovaci&oacute;n por discrepancias ideol&oacute;gicas con el Gobierno. Pero, adem&aacute;s de la falta de respeto de ese argumento hacia el pluralismo democr&aacute;tico, resulta l&oacute;gico que concurran siempre esas discrepancias. Y por esa regla de tres nunca se renovar&iacute;a el organismo. La situaci&oacute;n de bloqueo de la c&uacute;pula judicial es constitucionalmente insostenible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.- La reforma propuesta por los partidos del Gobierno.</strong> La proposici&oacute;n de ley que se ha presentado plantea superar el bloqueo con una enmienda sobre las mayor&iacute;as para la elecci&oacute;n. Supondr&iacute;a eliminar en la pr&aacute;ctica la mayor&iacute;a cualificada de 3/5 para la elecci&oacute;n de los vocales judiciales en ambas c&aacute;maras, para sustituirla por la mayor&iacute;a absoluta, con lo cual resultar&iacute;a innecesario el apoyo de la oposici&oacute;n. No obstante, esa modificaci&oacute;n legal acentuar&iacute;a el control partidista de la c&uacute;pula judicial, que es uno de los problemas esenciales que presenta nuestro sistema de separaci&oacute;n de poderes, ya bastante desprestigiado durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas por el reparto de cuotas entre los principales partidos. Desde la perspectiva de las injerencias partidistas, llegar&iacute;amos a una variante empeorada del sistema de Gallard&oacute;n. Hoy puede beneficiar al PSOE y a UP, pero ma&ntilde;ana sin duda favorecer&iacute;a al PP y a Vox. Y, en todos los casos, perjudicar&iacute;a seriamente a la credibilidad de nuestro sistema judicial.
    </p><p class="article-text">
        Resulta comprensible que desde el Gobierno se exploren alternativas a esta situaci&oacute;n de bloqueo. El actual CGPJ no puede mantenerse ah&iacute; a perpetuidad. Pero el remedio puede acabar siendo peor que la enfermedad. Ser&iacute;a suficiente con una adecuada regulaci&oacute;n de la c&uacute;pula judicial cuando est&aacute; en funciones, para restringir al m&aacute;ximo sus atribuciones (en especial, los nombramientos de magistrados en altos tribunales). As&iacute; se eliminar&iacute;a el principal incentivo para beneficiarse de bloqueos oportunistas. En cambio, reforzar el control partidista sobre la justicia supondr&iacute;a un paso m&aacute;s en la degradaci&oacute;n institucional del CGPJ.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.- La c&uacute;pula judicial espa&ntilde;ola como anomal&iacute;a en Europa.</strong> En un <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cupula-judicial-espanola-anomalia-europa_129_1839580.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo anterior</a> expliqu&eacute; que nuestro sistema de gobierno de la judicatura (por reparto entre los principales partidos) no ten&iacute;a equivalentes en los pa&iacute;ses de nuestro entorno. Las concepciones europeas se inspiran con raz&oacute;n en la idea de que la separaci&oacute;n de poderes ha de llevar a la existencia de frenos, contrapesos y espacios de vigilancia institucional. Con esos equilibrios se pretende evitar los abusos de poder que pueden ocasionarse si la judicatura queda supeditada al poder pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La Carta Europea sobre el Estatuto del Juez, aprobada por el Consejo de Europa, indica que los consejos de la judicatura son organismos independientes de los poderes ejecutivo y legislativo, integrados <em>al menos en la mitad</em> de sus miembros por &ldquo;jueces elegidos por sus pares&rdquo; (y no por el Parlamento, que designa a los miembros restantes). Se trata de un sistema mixto en la elecci&oacute;n, entre judicatura y Parlamento, con el que se apuesta por una vigilancia mutua. Evita que el poder pol&iacute;tico ocupe espacios de influencia demasiado extensos, pero esa dualidad tambi&eacute;n permite evitar los riesgos de un posible corporativismo judicial, ante la presencia de miembros designados parlamentariamente. As&iacute; es como funcionan los equilibrios institucionales. Y por eso la existencia en Espa&ntilde;a de una c&uacute;pula judicial colonizada al completo por los partidos pol&iacute;ticos ha provocado constantes reproches del Consejo de Europa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.- La actitud exigente de la ciudadan&iacute;a como &uacute;nica posibilidad de cambio.</strong> El sistema de configuraci&oacute;n de la c&uacute;pula judicial con intervenci&oacute;n de los partidos se ha deteriorado tanto que no resulta sencillo evolucionar hacia los est&aacute;ndares europeos. Las din&aacute;micas de poder provocan que las fuerzas pol&iacute;ticas intenten copar a toda costa los espacios de mayor influencia institucional. Por ejemplo, en las elecciones de 2011 el partido de Mariano Rajoy prometi&oacute; en su programa promover la reforma del sistema de elecci&oacute;n del CGPJ, para que &ldquo;doce de sus veinte miembros sean elegidos de entre y por jueces y magistrados de todas las categor&iacute;as&rdquo;. Sin embargo, tras obtener la mayor&iacute;a absoluta, el exministro Gallard&oacute;n decidi&oacute; hacer exactamente lo contrario, con pleno apoyo de su formaci&oacute;n, y opt&oacute; por incrementar el control partidista de la c&uacute;pula judicial. Por ello, causa hilaridad que los &aacute;mbitos pol&iacute;ticos que han patrocinado esta instrumentalizaci&oacute;n del CGPJ (o no la han cuestionado) ahora se rasguen las vestiduras y se escandalicen sin rubor ante las tentativas de control de sus adversarios.
    </p><p class="article-text">
        Las mismas contradicciones podemos constatar entre los dirigentes de los partidos de izquierda. Pero esta lamentable situaci&oacute;n tambi&eacute;n se explica ante una ciudadan&iacute;a que ha sido poco exigente con las maniobras de control del sistema judicial. La t&oacute;nica general ha sido que las injerencias son positivas si las perpetra el partido al que se respalda (siempre habr&aacute; alguna justificaci&oacute;n comprensiva), pero negativas si las lleva a cabo la formaci&oacute;n contraria. Es lo m&aacute;s opuesto al valor general del concepto de justicia. Por otro lado, los jueces no hemos sabido explicar la relevancia de estas cuestiones a la sociedad, ni tampoco buscar complicidades o apoyos en ella. Al contrario, siempre hemos sido percibidos como muy gremialistas y demasiado distanciados de la ciudadan&iacute;a. El fracaso institucional se ha construido colectivamente.
    </p><p class="article-text">
        Las mejoras estructurales que nos acerquen a las pr&aacute;cticas europeas no vendr&aacute;n voluntariamente de los partidos, al estar demasiado implicados en las referidas din&aacute;micas de poder. Solo se producir&aacute;n a trav&eacute;s de la presi&oacute;n ciudadana, si las bases de las formaciones de izquierda y de derecha presionan lo suficiente a los suyos, en lugar de aplaudir acr&iacute;ticamente las estrategias t&oacute;xicas contra la separaci&oacute;n de poderes. Sin duda, resulta dif&iacute;cil que se produzca de verdad esa presi&oacute;n ciudadana. En ese caso, seguiremos como estamos. O incluso peor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/5-claves-comprender-batalla-cupula-judicial_129_6293108.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2020 20:46:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[5 claves para comprender la batalla por la cúpula judicial]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[CGPJ - Consejo General del Poder Judicial,Justicia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La rebelión de los pijos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rebelion-pijos_129_5962693.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66e093a1-0910-49a7-9268-826e76c5e592_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La rebelión de los pijos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Igual que el barrio de Salamanca no podía ser bombardeado, tampoco podían ser cuestionadas las prerrogativas de nuestras élites económicas. Ni en la dictadura, ni con posterioridad</p></div><p class="article-text">
        Ser rico debe ser muy duro para la supervivencia. Y m&aacute;s cuando se reside en el barrio de Salamanca de Madrid, con un precio medio por vivienda de un mill&oacute;n de euros y unos niveles de renta que se encuentran entre los m&aacute;s elevados del pa&iacute;s. &iquest;De qu&eacute; sirve tener un mont&oacute;n de dinero si no puedes salir a gastarlo? &iquest;C&oacute;mo se atreven a decretar un estado de alarma que impide ir a exhibirse al club de campo? &iquest;Acaso la libertad de los elegidos no consiste en poder ignorar a las autoridades sanitarias? La protesta de la calle N&uacute;&ntilde;ez de Balboa est&aacute; llena de contrastes y de historia.
    </p><p class="article-text">
        Durante la guerra los aviones franquistas arrasaron buena parte de los distritos de Madrid, pero recibieron &oacute;rdenes expresas de no bombardear el barrio de Salamanca. As&iacute;, los acaudalados que hab&iacute;an respaldado y financiado el golpe militar pudieron regresar a sus inmuebles intactos, mientras el resto de la ciudad tuvo que afrontar una muy ardua reconstrucci&oacute;n. Tambi&eacute;n en los bombardeos se pueden manifestar diferencias de clase social.
    </p><p class="article-text">
        Ese apoyo de los m&aacute;s ricos al dictador fue generosamente recompensado con todo tipo de prebendas, adjudicaciones, concesiones y chanchullos, en el marco de la corrupci&oacute;n estructural del r&eacute;gimen. Era pr&aacute;cticamente imposible consolidar una fortuna sin el benepl&aacute;cito de los gobernantes. Tras la muerte de Franco, la Transici&oacute;n implic&oacute; una apertura en lo pol&iacute;tico, que posibilit&oacute; la entrada en las instituciones de partidos democr&aacute;ticos. En cambio, la continuidad de las &eacute;lites econ&oacute;micas fue absoluta, m&aacute;s all&aacute; de permitir algunas incorporaciones interesadas para mantener su influencia, a trav&eacute;s del mecanismo de las puertas giratorias.
    </p><p class="article-text">
        Igual que el barrio de Salamanca no pod&iacute;a ser bombardeado, tampoco pod&iacute;an ser cuestionadas las prerrogativas de nuestras &eacute;lites econ&oacute;micas. Ni en la dictadura, ni con posterioridad. Por eso se mantuvo esencialmente una estructura tributaria que en la pr&aacute;ctica supone que las grandes empresas y las grandes fortunas del pa&iacute;s apenas paguen impuestos, a diferencia de sus equivalentes en los principales pa&iacute;ses europeos. Como ya anticipara Antonio Machado, la mentalidad del se&ntilde;orito en Espa&ntilde;a est&aacute; vinculada a considerar que la patria son sus intereses y no el bienestar de todas las personas.
    </p><p class="article-text">
        El ego&iacute;smo de clase, la falta de liderazgo moral y la ausencia de empat&iacute;a hacia los distintos sectores sociales se ha evidenciado sobre todo en situaciones dif&iacute;ciles. Lo pudimos observar durante la &uacute;ltima crisis econ&oacute;mica, cuando se incrementaron las mayores fortunas del pa&iacute;s, aumentaron enormemente las desigualdades sociales y surgieron amplias bolsas de pobreza extrema. Ahora mismo nos encontramos de nuevo en un momento muy delicado, ante el impacto econ&oacute;mico de esta pandemia. Habremos de decidir c&oacute;mo repartimos las cargas, sacrificios y privaciones. Y el gran misterio estriba en si alguien se atrever&aacute; por fin a poner el cascabel al gato de nuestras minor&iacute;as m&aacute;s acomodadas.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el contexto de las protestas del barrio de Salamanca. Hay demasiadas ventajas que conservar. Desde mi respeto al derecho de manifestaci&oacute;n, incluso en estado de alarma (si se adoptan las medidas de protecci&oacute;n adecuadas), no puede sorprender que gran parte de la sociedad haya percibido algo m&aacute;s que una mera revuelta callejera. No puede sorprender que haya percibido insolidaridad, clasismo, prepotencia, frivolidad irresponsable, carencia de valores comunitarios, soberbia de casta intocable o desprecio por las normas sanitarias. No puede sorprender que haya percibido ese sentimiento arrogante de quienes se creen por encima de las leyes y del sentido com&uacute;n. Es demasiado impactante la comparaci&oacute;n con el valeroso esfuerzo de nuestro personal sanitario para salvar vidas y de tantas otras personas que se est&aacute;n dejando la piel en sus actividades laborales.
    </p><p class="article-text">
        Nos lo podemos tomar con humor. Esas algaradas presentan aspectos absurdos, rid&iacute;culos o surrealistas. Pero nos equivocaremos si no captamos su profundo significado simb&oacute;lico: la calle N&uacute;&ntilde;ez de Balboa es solo la avanzadilla y pronto presenciaremos un despliegue infinitamente superior. Est&aacute; en juego si nuestras &eacute;lites econ&oacute;micas amarran o no sus privilegios. El conflicto puede ser muy intenso, porque la experiencia les ha ense&ntilde;ado que la mejor defensa es un buen ataque. Y el &aacute;spero debate colectivo que se avecina no ser&aacute; ninguna diversi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Al empezar una actuaci&oacute;n memorable, John Lennon dijo con sorna que quienes ocupaban los asientos m&aacute;s baratos pod&iacute;an aplaudir y los que estaban en los palcos pod&iacute;an hacer sonar sus joyas. En el barrio de Salamanca han seguido ese esp&iacute;ritu y han irrumpido en la v&iacute;a p&uacute;blica con la cuberter&iacute;a de plata, los palos de golf y el atuendo pijo algo desfasado. Exigen libertad para ir a comprar a sus tiendas selectas. Es una regla humana que nadie renuncia a sus privilegios sin oponer resistencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/rebelion-pijos_129_5962693.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 May 2020 21:11:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La rebelión de los pijos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Estado de Alarma]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desenmascaremos a calumniadores, mentirosos y acosadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desenmascaremos-calumniadores-mentirosos-acosadores_129_5872451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/806a4a81-fc86-45f5-871e-784766bde441_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los excesos en la libertad de expresión forman parte del ruido de la democracia, mientras no encajen con claridad en algún delito. En cambio, el derecho a la información no se corresponde con esa noción de subjetividad de las opiniones</p></div><p class="article-text">
        Nunca hubiera imaginado que vivir&iacute;a una pandemia, ni tampoco que presenciar&iacute;a una defensa del derecho a mentir. Pero a veces sucede lo inesperado. El reciente debate sobre la difusi&oacute;n de noticias falsas nos ha dejado actitudes tan sorprendentes como la de quienes reivindican el derecho a intoxicar con bulos masivos, porque aseguran que eso forma parte de la libertad de expresi&oacute;n. Y una de las argucias esgrimidas en esta ceremonia de la confusi&oacute;n ha sido equiparar libertad de expresi&oacute;n y derecho a la informaci&oacute;n, a pesar de que se trata de categor&iacute;as distintas. Se trata de un revoltijo interesado, para llevar el agua al molino propio de la difamaci&oacute;n maliciosa.
    </p><p class="article-text">
        La regulaci&oacute;n constitucional indica claramente que la libertad de expresi&oacute;n implica poder difundir pensamientos, ideas y opiniones (pero no informar sobre hechos). Se trata de formular juicios de valor de car&aacute;cter subjetivo, por lo que no resulta relevante para ejercer este derecho el acierto o el error, el buen gusto o el mal gusto, la moderaci&oacute;n o la destemplanza. Su finalidad estriba en posibilitar el pluralismo en una sociedad democr&aacute;tica. Y permitir que la ciudadan&iacute;a acceda a los argumentos ajenos para forjar sus propias convicciones. La libertad de expresi&oacute;n no solo ampara lo pol&iacute;ticamente correcto o lo mayoritariamente admitido, sino tambi&eacute;n aquello que pueda molestar, incomodar o disgustar.
    </p><p class="article-text">
        En par&aacute;frasis de Orwell, podr&iacute;amos afirmar que la libertad de expresi&oacute;n consiste en poder decir aquello que otros preferir&iacute;an no tener que escuchar. El derecho a manifestar opiniones no solo est&aacute; vigente para quienes piensan como nosotros, sino especialmente para quienes mantienen posiciones contrarias. Como explic&oacute; Noam Chomsky, si no creemos en la libertad de expresi&oacute;n para la gente a la que despreciamos, no creemos en ella para nada. Nuestra jurisprudencia constitucional ha reiterado que este derecho fundamental incorpora su m&aacute;xima protecci&oacute;n en los debates p&uacute;blicos, sobre cuestiones de inter&eacute;s general y cuando es ejercida por representantes pol&iacute;ticos. Por eso resulta preocupante que en el &aacute;mbito partidista se pueden plantear iniciativas que limiten esta libertad. Entre ellas, algunas tan poco afortunadas como derivar las cr&iacute;ticas pol&iacute;ticas desaforadas a los delitos de odio, cuando se trata de un tipo penal que est&aacute; configurado para otra clase de situaciones relacionadas con colectivos vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Los excesos en la libertad de expresi&oacute;n forman parte del ruido de la democracia, mientras no encajen con claridad en alg&uacute;n delito. En cambio, el derecho a la informaci&oacute;n no se corresponde con esa noci&oacute;n de subjetividad que caracteriza a las opiniones. M&aacute;s claro a&uacute;n: la Constituci&oacute;n no otorga ning&uacute;n derecho a mentir. Al contrario, lo que proclama literalmente es el derecho fundamental a difundir o a recibir &ldquo;informaci&oacute;n veraz&rdquo;. La producci&oacute;n intencionada de falsedades no cuenta con ninguna protecci&oacute;n constitucional.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de las opiniones, s&iacute; se puede establecer con par&aacute;metros objetivos que determinados hechos difundidos son veraces o falaces. El principal criterio jur&iacute;dico para esa calificaci&oacute;n consiste en declarar si los hechos se han expuesto con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad. As&iacute; lo determinamos los jueces en el &aacute;mbito penal en los delitos de calumnias o injurias. Y en el &aacute;mbito civil en las lesiones del honor. Otra variante distinta ser&iacute;a la del ejercicio del derecho de rectificaci&oacute;n de contenidos inexactos en los medios.
    </p><p class="article-text">
        Resulta importante rese&ntilde;ar que veracidad (en t&eacute;rminos constitucionales) no significa realidad incontrovertible o certeza absoluta, como ha subrayado la jurisprudencia. Un medio de comunicaci&oacute;n o cualquier otro emisor de informaci&oacute;n pueden transmitir una noticia cuyos hechos finalmente no est&eacute;n completamente acreditados. Lo que ser&aacute; relevante es que hayan agotado la diligencia exigible y hayan contrastado la informaci&oacute;n antes de publicarla. Si castig&aacute;ramos cualquier inexactitud, se generar&iacute;a un efecto de desaliento que restringir&iacute;a peligrosamente el derecho a la informaci&oacute;n. Es la producci&oacute;n malintencionada de la mentira lo trascendente.
    </p><p class="article-text">
        Libertad de expresi&oacute;n es opinar subjetivamente que el gobierno ha realizado una gesti&oacute;n acertada contra la pandemia o que sus actuaciones han sido desastrosas. Pero ni la libertad de expresi&oacute;n ni el derecho a difundir informaci&oacute;n veraz amparan divulgar falsedades objetivas a sabiendas y de forma masiva. Por ejemplo, afirmar que varios magreb&iacute;es han perpetrado una violaci&oacute;n grupal, cuando se trata de una invenci&oacute;n del propio hecho. O asegurar que un cargo p&uacute;blico (del signo que sea) ha recibido un tratamiento m&eacute;dico privilegiado, cuando este ni siquiera ha existido. O simular a trav&eacute;s de montajes del BOE la aprobaci&oacute;n de leyes inquietantes, para generar desasosiego. La supercher&iacute;a informativa supone una fabulaci&oacute;n de hechos concretos y se ubica en un plano distinto a los incumplimientos de promesas o a las interpretaciones tendenciosas. Nos estamos refiriendo a bulos t&oacute;xicos radicalmente dolosos.
    </p><p class="article-text">
        La propagaci&oacute;n de falsedades malintencionadas lesiona el derecho fundamental de todos los ciudadanos a recibir una informaci&oacute;n veraz. Y este perjuicio se amplifica cuando se ejecuta mediante mecanismos de difusi&oacute;n intensiva como las redes sociales, si son reforzados a&uacute;n m&aacute;s con medios automatizados de multiplicaci&oacute;n fraudulenta y favorecen todo tipo de linchamientos p&uacute;blicos. Con ello se produce un efecto de bola de nieve: la mentira se vuelve m&aacute;s grande y nociva seg&uacute;n va rodando. Es la infame concepci&oacute;n atribuida a Goebbels de que una mentira repetida mil veces se acaba convirtiendo en verdad.
    </p><p class="article-text">
        Los casos m&aacute;s extremos que impactan en derechos de personas concretas ya cuentan con respuestas adecuadas en la legislaci&oacute;n penal y civil. Pero nuestro ordenamiento jur&iacute;dico necesita de medidas de protecci&oacute;n del derecho a la informaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a en supuestos de relevancia colectiva. Como sab&iacute;a Bertolt Brecht, cuando la verdad se sienta d&eacute;bil para defenderse del acoso de la mentira, ha de pasar al ataque. Debe abordarlo con cordura: la censura previa resulta inadmisible por su car&aacute;cter inconstitucional, con toda la raz&oacute;n. Y tambi&eacute;n ser&iacute;a desproporcionado incorporar nuevos castigos penales (e incluso ser&iacute;a peligroso, por las tentaciones que puede suponer para todo poder pol&iacute;tico).
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, contamos con un instrumento como el derecho de rectificaci&oacute;n, que ha quedado obsoleto por los cambios tecnol&oacute;gicos, pero puede actualizarse y readaptarse a la situaci&oacute;n presente. La ley de 1984 no pod&iacute;a adivinar las transformaciones en materia comunicativa. El vigente derecho de rectificaci&oacute;n permite aclarar informaciones inexactas y obligar a corregirlas. Esto ten&iacute;a su sentido en un peri&oacute;dico que solo se editaba en papel o en unos programas de televisi&oacute;n que &uacute;nicamente se ve&iacute;an en un receptor. Esta regulaci&oacute;n ha resultado superada por los espacios virtuales presentes, en los que adem&aacute;s los medios ya no cuentan con el monopolio de crear informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://ctxt.es/es/20200401/Politica/31877/Miguel-Pasquau-analisis-bulos-control-judicial-civil-derecho-informacion.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como ha argumentado acertadamente Miguel Pasquau</a>, ser&iacute;a viable una nueva regulaci&oacute;n civil de esta figura procesal, con todas las cautelas, para salvaguardar en el contexto presente el derecho a recibir informaci&oacute;n veraz, con diversas formas de legitimaci&oacute;n para accionar. Se puede articular un procedimiento judicial sencillo como marco para declarar el car&aacute;cter falaz de los bulos lesivos, por haberse emitido con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad. En su caso, la resoluci&oacute;n judicial tambi&eacute;n podr&iacute;a explicitar los artificios fraudulentos de propagaci&oacute;n utilizados. Desenmascarar a quienes elaboran patra&ntilde;as maliciosas de difusi&oacute;n masiva generar&iacute;a efectos pedag&oacute;gicos muy positivos, al facilitar a los ciudadanos poder distinguir a organizaciones, medios o activistas de la informaci&oacute;n que utilizan la mentira como arma de combate. Es cierto que la desinformaci&oacute;n debe refutarse con m&aacute;s informaci&oacute;n; pero es igualmente cierto que desenmascarar a los difusores de bulos es un instrumento muy potente de informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El enga&ntilde;o agrieta los cimientos de convivencia de toda sociedad. La confianza mutua es la base de la estructura social y no puede hilvanarse con falsedades t&oacute;xicas. En la actuaci&oacute;n contra los embustes industrializados habremos de actuar con prudencia institucional. Como nos explic&oacute; Tagore, si queremos cerrar la puerta a todas las mentiras, corremos el riesgo de que se quede fuera la verdad. Pero s&iacute; podemos desenmascarar a quienes difunden las m&aacute;s graves, las m&aacute;s venenosas, las m&aacute;s da&ntilde;inas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquim Bosch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/desenmascaremos-calumniadores-mentirosos-acosadores_129_5872451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2020 20:03:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desenmascaremos a calumniadores, mentirosos y acosadores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Bulos]]></media:keywords>
    </item>
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