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    <title><![CDATA[elDiario.es - Inés Calzada]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ines_calzada/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Inés Calzada]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Está en riesgo la legitimidad del Estado de bienestar?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/riesgo-legitimidad-bienestar_1_5134313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6008f3b1-5a44-4f47-9bbe-fb8405a0129f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Está en riesgo la legitimidad del Estado de bienestar?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En las sociedades de hoy, cada vez se otorga más importancia a la libertad del individuo, pero también se quiere mantener el Estado de bienestar y avanzar hacia una sociedad más igualitaria en lo económico</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li> Para <a href="http://www.eldiario.es/autores/ines_calzada/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">In&eacute;s Calzada</a> la mayor amenaza para el Estado de bienestar no es que no se compartan sus valores, sino que los ciudadanos hayan perdido la confianza en los que deben gestionarlo desde el &aacute;mbito pol&iacute;tico </li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Los distintos programas que componen el Estado de bienestar pueden organizarse de diversas maneras. Quiz&aacute;s la divisi&oacute;n fundamental est&aacute; entre programas <em>universales</em>, que proporcionan un servicio a todos los ciudadanos, y programas <em>dirigidos</em> a colectivos espec&iacute;ficos, donde el Estado se compromete a prestar un servicio s&oacute;lo a quienes cumplen unos determinados criterios como, por ejemplo, tener pocos ingresos. &iquest;Cu&aacute;l de estos dos tipos de programas funciona mejor? 
    </p><p class="article-text">
        Un equipo de investigadores del Instituto Sueco de Investigaci&oacute;n Social (SOFI) liderado por el reconocido soci&oacute;logo Walter Korpi ha analizado el funcionamiento de los programas de bienestar de 18 pa&iacute;ses de <span id="la OCDE"></span> a lo largo de 65 a&ntilde;os (1930-1995). Entre sus conclusiones encontramos que la forma de organizar un sistema de bienestar que produce los mejores resultados estriba en dar cobertura universal a toda la poblaci&oacute;n en los servicios b&aacute;sicos (como sanidad, educaci&oacute;n, dependencia, familia) y prestaciones relacionadas con los ingresos previos del individuo en pensiones y desempleo. 
    </p><p class="article-text">
        Un sistema de bienestar de este tipo, o sea, un sistema universal, proporciona servicios de alta calidad y reduce enormemente la pobreza pero, para ello, necesita que los ciudadanos realicen esfuerzos importantes. En primer lugar, requiere un esfuerzo econ&oacute;mico porque conlleva una presi&oacute;n fiscal superior a la de los sistemas donde los programas de bienestar s&oacute;lo atienden a los pobres; en segundo lugar, requiere un esfuerzo de adaptaci&oacute;n, porque ofrece servicios y prestaciones generales donde la elecci&oacute;n individual est&aacute; limitada. Es evidente que un proyecto tan exigente no puede llevarse a cabo sin la aquiescencia de la mayor&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">Individualismo y proyectos colectivos</h3><p class="article-text">
        Hasta ahora, los ciudadanos han aceptado de buen grado los sistemas universalistas pese a las cargas que imponen, pero existe una cierta preocupaci&oacute;n sobre el efecto que los valores individualistas, al alza en Europa, pueden tener para la <a href="http://www.policy-network.net/pno_detail.aspx?ID=4417&amp;title=Individualism-and-solidarity-in-Sweden" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">legitimidad de los sistemas de bienestar</a>. A primera vista, el Estado de bienestar se basa en valores de solidaridad e igualdad as&iacute; que, si aumenta el individualismo, &iquest;est&aacute; en riesgo el sistema p&uacute;blico de bienestar?
    </p><p class="article-text">
        Distintos trabajos indican que los valores de los ciudadanos han ido cambiando y los europeos de hoy son m&aacute;s individualistas que los que construyeron los sistemas p&uacute;blicos de bienestar. Con esto no nos referimos a que los europeos se hayan vuelto m&aacute;s &ldquo;ego&iacute;stas&rdquo;, sino a que hoy se da m&aacute;s valor que antes a la libertad del individuo y se est&aacute; menos dispuesto a que sea el grupo, la sociedad, quien determine c&oacute;mo hemos de vivir.
    </p><p class="article-text">
        Un par de datos sirven para ejemplificar esta tendencia: un 82% de los espa&ntilde;oles est&aacute; de acuerdo con la frase &ldquo;los gais y las lesbianas deber&iacute;an tener libertad para vivir como quieran&rdquo; (Encuesta Social Europea, 2012); y un 64% aceptar&iacute;a que su hijo/a se casara con una persona inmigrante (Estudio CIS 2918, 2011). 
    </p><p class="article-text">
        Entendido de esta manera, el aumento del individualismo tiene efectos muy positivos porque implica un mayor respeto hacia colectivos y formas de vida minoritarios. Pero &iquest;tiene tambi&eacute;n efectos negativos sobre la solidaridad social? &iquest;Valorar m&aacute;s la libertad individual implica estar menos dispuesto a participar en proyectos colectivos tan importantes como los sistemas de bienestar?
    </p><h3 class="article-text">Tres condiciones para apoyar el Estado de bienestar</h3><p class="article-text">
        En su libro <a href="http://www.amazon.com/Just-Institutions-Matter-Political-Institutional/dp/0521598931" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Just Institutions Matter</em></a>, Bo Rothstein argumenta que para que los individuos acepten participar en proyectos colectivos han de darse tres condiciones: deben compartir los objetivos del proyecto, deben confiar en la buena fe de los otros participantes y deben tener garant&iacute;as de que los gestores del sistema actuar&aacute;n de acuerdo a las normas. Revisemos hasta qu&eacute; punto estas condiciones han dejado de cumplirse para el caso espa&ntilde;ol, y hasta qu&eacute; punto ello se debe al aumento del individualismo.
    </p><p class="article-text">
        Comencemos con los objetivos. La idea que sustenta un Estado de bienestar universal es garantizar servicios b&aacute;sicos a toda la poblaci&oacute;n y redistribuir recursos desde los grupos con m&aacute;s ingresos hacia los de menos ingresos. Ambos objetivos parecer&iacute;an entrar en conflicto con el individualismo porque imponen limitaciones a la libertad individual: el grupo, en este caso el Estado, decide c&oacute;mo se va a distribuir parte de las ganancias de los individuos y c&oacute;mo va a organizarse la provisi&oacute;n de servicios b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hoy por hoy no hay ninguna evidencia de que este conflicto se est&eacute; produciendo. Todas las encuestas indican que los espa&ntilde;oles comparten plenamente ambos objetivos y que, de hecho, estos no han dejado de ganar partidarios a lo largo del tiempo. En 2008, <span id="la Encuesta Social"></span> Europea (ESS) preguntaba hasta qu&eacute; punto deber&iacute;a ser responsabilidad del Gobierno garantizar sanidad, educaci&oacute;n, guarder&iacute;as y un nivel de vida digno para mayores y desempleados. Se ped&iacute;a a los ciudadanos que respondieran usando una escala de <span id="0 a"></span> 10 en la que 0 significaba que &ldquo;el Gobierno no deber&iacute;a tener ninguna responsabilidad&rdquo;; y 10, que &ldquo;el Gobierno deb&iacute;a tener toda la responsabilidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La media de las respuestas en Espa&ntilde;a era superior a un 8 para cada una de estas pol&iacute;ticas, situ&aacute;ndonos as&iacute; entre los pa&iacute;ses europeos con mayor apoyo popular a la intervenci&oacute;n del Estado en bienestar. En cuanto a la redistribuci&oacute;n, en 2012, un 83% de los espa&ntilde;oles consideraban que &ldquo;el Gobierno deber&iacute;a tomar medidas para reducir las diferencias de ingresos entre los ciudadanos&rdquo; (ESS 2012). No parece, por tanto, que los objetivos del Estado de bienestar hayan dejado de ser compartidos por la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La segunda condici&oacute;n para entrar en un proyecto colectivo tiene que ver con lo que esperamos que hagan los dem&aacute;s participantes. &iquest;Van a poner su parte para cubrir los costes y reclamar prestaciones s&oacute;lo cuando realmente las necesiten? &iquest;O tratar&aacute;n de estafar al sistema evadiendo impuestos mientras le sacan el mayor partido posible?
    </p><p class="article-text">
        La confianza en que todos paguen honestamente sus impuestos nunca ha sido muy alta en Espa&ntilde;a, pero se ha deteriorado m&aacute;s en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Como se puede apreciar en <a href="http://datosbd.cis.es/ciswebconsultas/serieSearchLoad.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las series temporales que ofrece el CIS</a>, en julio de 2012, un 61% de espa&ntilde;oles pensaban que en Espa&ntilde;a hab&iacute;a &ldquo;mucho fraude fiscal&rdquo;, el porcentaje m&aacute;s alto de los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os. Por acompa&ntilde;ar con una nota de optimismo este p&eacute;simo dato, al menos no parece que el aumento del fraude se achaque a un cambio en el comportamiento de los ciudadanos de a pie, ya que la percepci&oacute;n de fraude en el entorno cercano ha mejorado. 
    </p><p class="article-text">
        En 1992, un 58% de los espa&ntilde;oles cre&iacute;an que &ldquo;bastantes&rdquo; o &ldquo;todos&rdquo; sus conocidos declaraban a Hacienda todos sus ingresos, un porcentaje que comienza a subir en 2000 y fue del 66% en 2010, &uacute;ltimo a&ntilde;o en que se hizo la pregunta.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la percepci&oacute;n de fraude en el acceso a las prestaciones, con datos de la Encuesta Social Europea de 2008 el panorama espa&ntilde;ol es de claroscuros. Por un lado, s&oacute;lo un 30% opinaba en ese a&ntilde;o que &ldquo;la mayor&iacute;a de los parados no intenta realmente buscar trabajo&rdquo;. Por otro, un 69% de los espa&ntilde;oles pensaban que &ldquo;mucha gente se las arregla para conseguir prestaciones a las que realmente no tiene derecho&rdquo;, y un porcentaje parecido cre&iacute;a que lo contrario tambi&eacute;n ocurre, es decir, que &ldquo;muchas personas con bajos ingresos no reciben todas las ayudas que les corresponden&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Esta desconfianza en la correcta asignaci&oacute;n de las prestaciones es com&uacute;n en pa&iacute;ses como Francia, Inglaterra o Alemania (no as&iacute; en los pa&iacute;ses N&oacute;rdicos), pero un problema no es menos grave por ser compartido.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, la tercera condici&oacute;n para que un sistema de bienestar universalista sea sostenible en cuanto a su legitimidad tiene que ver con la confianza de los ciudadanos en aquellos que van a gestionar los programas: confianza en que los gobernantes no cambiar&aacute;n los criterios de financiaci&oacute;n o elegibilidad abruptamente, y en que destinar&aacute;n los impuestos a las prioridades de los ciudadanos. En este aspecto el panorama es directamente oscuro. Ya hemos visto que la percepci&oacute;n de fraude fiscal ha aumentado, pero resulta a&uacute;n m&aacute;s preocupante ver que la confianza en la voluntad del Estado para acabar con &eacute;l se ha desplomado. 
    </p><p class="article-text">
        Si de <span id="1997 a"></span> 2009, entre el 40 y el 50% de los espa&ntilde;oles pensaban que las Administraciones P&uacute;blicas hac&iacute;an &ldquo;muchos&rdquo; o &ldquo;bastantes&rdquo; esfuerzos para luchar contra el fraude, este porcentaje baj&oacute; al 30% en 2010 y hasta el 16% en 2012. En este mismo a&ntilde;o encontramos tambi&eacute;n un r&eacute;cord hist&oacute;rico en el porcentaje que cree que &ldquo;los impuestos no se cobran con justicia&rdquo;, que subi&oacute; hasta el 88%. 
    </p><p class="article-text">
        Si combinamos estos datos con <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/Actitudes-ciudadanas-politicas-ingresos-crisis_0_157134444.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el abrumador rechazo a los recortes en programas p&uacute;blicos de bienestar</a>, entendemos que un 38% de los espa&ntilde;oles opinaran en 2012 que &ldquo;los impuestos son algo que el Estado nos obliga a pagar sin saber muy bien a cambio de qu&eacute;&rdquo;, el porcentaje m&aacute;s alto desde que en 1991 esta pregunta se incluy&oacute; en los estudios del CIS.  
    </p><p class="article-text">
        Los datos aqu&iacute; presentados son, sin duda, interpretables. Desde mi punto de vista, lo que nos est&aacute;n indicando es que el riesgo al que se enfrenta el Estado de bienestar en Espa&ntilde;a tiene muy poco que ver con el cambio de valores de los ciudadanos. Es verdad que hoy se otorga m&aacute;s importancia a la libertad del individuo, pero tambi&eacute;n se quiere mantener el Estado de bienestar y avanzar hacia una sociedad m&aacute;s igualitaria en lo econ&oacute;mico. 
    </p><p class="article-text">
        El problema no es que los valores del Estado de bienestar ya no se compartan, sino que la mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles considera que los impuestos no se cobran con justicia, que hay mucho fraude fiscal, que la Administraci&oacute;n no hace esfuerzos para luchar contra el fraude y que mucha gente recibe m&aacute;s o menos prestaciones de las que ser&iacute;a justo. En definitiva, el problema est&aacute; en que se ha perdido la confianza en la buena fe de quienes desde el &aacute;mbito pol&iacute;tico gestionan el sistema. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Inés Calzada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/riesgo-legitimidad-bienestar_1_5134313.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Dec 2013 19:55:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Está en riesgo la legitimidad del Estado de bienestar?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Actitudes ciudadanas hacia las políticas de gastos e ingresos durante la crisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/actitudes-ciudadanas-politicas-ingresos-crisis_1_5754262.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Una vez aplicadas las políticas de austeridad, los ciudadanos parecen haber reaccionado a un recorte que consideran ya suficiente</p><p class="subtitle">El discurso que sostiene que la austeridad no es la solución parece estar presente en la cabeza de los ciudadanos desde al menos 2012</p><p class="subtitle">Un 60% de los ciudadanos consideran que los recursos dedicados a sanidad y educación son insuficientes</p></div><p class="article-text">
        Hasta 2008, fecha del comienzo de la crisis, el gasto p&uacute;blico en  general y en particular el dedicado a las pol&iacute;ticas sociales gozaban de  un s&oacute;lido y estable apoyo popular. Adem&aacute;s, un porcentaje de ciudadanos  razonablemente elevado se mostraba partidario de pagar m&aacute;s impuestos a  cambio de mejorar los servicios. Sin embargo, como Wlezien y Soroka  demostraron en su teor&iacute;a del termostato, las actitudes ciudadanas son  sensibles a las decisiones de los <em>policy-makers</em>. Es posible que  fruto de pol&iacute;ticas cambiantes, que han pasado de ser m&aacute;s expansivas a  ser m&aacute;s austeras, la opini&oacute;n de los ciudadanos hacia el gasto p&uacute;blico y  los impuestos haya sido menos estable durante esta crisis.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Han cambiado y en qu&eacute; sentido las actitudes hacia el gasto y los  impuestos durante la crisis? Aqu&iacute; se exploran tres indicadores para  responder a esta pregunta.
    </p><p class="article-text">
        1. Antes de 2008 una mayor&iacute;a superior al 85% se opon&iacute;a al recorte del  gasto en sanidad, pensiones, educaci&oacute;n y desempleo, porcentaje que ha  sido creciente hasta 2012, cuando alcanza el 95, 94, 94 y 91%,  respectivamente (Gr&aacute;fico 1). Sin embargo, los ciudadanos contrarios al  recorte en seguridad ciudadana, cultura, infraestructuras y defensa,  disminuyeron, pasando del 87, 78, 66 y 45% respectivamente en 2008 al  82, 61, 48 y 36% respectivamente en 2011. En este grupo de pol&iacute;ticas, ha  habido que esperar a la pol&iacute;tica de recortes del gobierno del PP para  observar un cambio de tendencia. Respecto a 2011, en 2012 quienes se  oponen al recorte en seguridad ciudadana se han estabilizado, se han  incrementado en el caso de la cultura hasta trece puntos, cinco en obras  p&uacute;blicas y solo contin&uacute;an disminuyendo en defensa. En resumen, la  crisis ha tenido un efecto distinto seg&uacute;n las pol&iacute;ticas: mientras que en  relaci&oacute;n con las pol&iacute;ticas sociales el porcentaje de contrarios al  recorte ha sido muy elevado y creciente; respecto a las otras pol&iacute;ticas,  aumentaron quienes estaban a favor del recorte hasta 2011 y solo la  austeridad parece haber hecho retroceder de nuevo a estos partidarios  del recorte (excepto en defensa).
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        2. Cuando en los a&ntilde;os  80 se preguntaba a los espa&ntilde;oles su valoraci&oacute;n acerca de si los recursos  destinados a sanidad o educaci&oacute;n eran pocos, los justos o demasiados,  alrededor de un 60% respond&iacute;a la primera opci&oacute;n (Gr&aacute;fico 2). Este  porcentaje ha ido decreciendo hasta su m&iacute;nimo en los a&ntilde;os 2010 y 2011,  en torno al 40%. La disminuci&oacute;n se ha producido a costa del crecimiento  de quienes opinaban que los recursos eran los justos, ya que nunca m&aacute;s  de un 5% ha considerado que los recursos dedicados a estas pol&iacute;ticas  fuesen demasiados. Sin embargo, 2012, sin duda como consecuencia de los  recortes, ha tra&iacute;do un cambio de tendencia y casi un 60% y un 56% de los  ciudadanos respectivamente consideran de nuevo que los recursos  dedicados a sanidad y educaci&oacute;n son insuficientes, porcentaje que no se  alcanzaba desde 1994. Algo parecido ha ocurrido en relaci&oacute;n a las  pensiones y la protecci&oacute;n por desempleo. Nuevamente, las pol&iacute;ticas de  bienestar son las que m&aacute;s consenso generan pero, como en el caso del  indicador anterior, el porcentaje de quienes pensaban que los recursos  destinados a cultura y obras p&uacute;blicas eran pocos ha crecido desde 2011  tras sufrir una ca&iacute;da al comienzo de la crisis, volviendo a porcentajes  similares a los de hace una d&eacute;cada.
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        3. Finalmente, en  1996, 2005 y comienzos de 2009, entre el 43 y el 55% de los encuestados,  siempre m&aacute;s de la mitad de quienes respond&iacute;an a la pregunta, prefer&iacute;a  aumentar la presi&oacute;n fiscal a cambio de mejores prestaciones sociales y  servicios p&uacute;blicos. En estos a&ntilde;os, entre un tercio y un cuarto de los  individuos se decantaban por la opci&oacute;n contraria. En septiembre de 2009,  con la crisis econ&oacute;mica presente ya en el discurso p&uacute;blico (recu&eacute;rdese  que Zapatero pronunci&oacute; por primera vez la palabra &ldquo;crisis&rdquo; en julio de  2009, utilizando con anterioridad otros eufemismos), el patr&oacute;n se  invierte y pasan a ser mayor&iacute;a quienes prefieren bajar los impuestos.  Esta situaci&oacute;n no ha durado mucho, ya que entre 2009 y finales de 2011  aumenta seis puntos el porcentaje que prefiere subir impuestos y, a  pesar de ser solo por un peque&ntilde;o margen, esta opci&oacute;n vuelve a ser la  mayoritaria. En 2012, aunque con otra formulaci&oacute;n de la pregunta,  tambi&eacute;n son algunos m&aacute;s los que prefieren esta opci&oacute;n. Este cambio no  parece estar relacionado con la percepci&oacute;n de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y  pol&iacute;tica, que ha seguido empeorando. [Si en la primera parte de la  crisis, se produjo una fragmentaci&oacute;n en el apoyo tradicional de los  ciudadanos de izquierdas al pago de impuestos, en la segunda fase la  recuperaci&oacute;n del porcentaje a favor del pago de impuestos se debe a los  ciudadanos que se sit&uacute;an a la derecha del eje ideol&oacute;gico.]
    </p><p class="article-text">
        En resumen, un lector que analizara las opiniones ciudadanas en solo  dos puntos del tiempo, 2008 y 2012, no percibir&iacute;a cambios  significativos, pero el an&aacute;lisis detallado demuestra que la estabilidad  es solo aparente. En algunas pol&iacute;ticas, durante la primera parte de la  crisis, los ciudadanos parecieron convencerse de que hab&iacute;a margen para  el recorte. Sin embargo, en la segunda parte, una vez aplicadas las  pol&iacute;ticas de austeridad, los ciudadanos parecen haber reaccionado a un  recorte que consideran ya suficiente. El discurso que sostiene que la  austeridad no es la soluci&oacute;n parece estar presente en la cabeza de los  ciudadanos desde al menos 2012 (&uacute;ltima fecha para la que contamos con  datos). Finalmente, no todas las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas se comportan de la  misma manera, siendo las pol&iacute;ticas nucleares del Estado de Bienestar las  que m&aacute;s consenso generan a lo largo del tiempo. Falta por saber si la  otra parte de la teor&iacute;a del termostato se cumple y si ahora los <em>policy-makers</em> ser&aacute;n receptivos a las preferencias anti-recorte de los ciudadanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eloisa del Pino, Inés Calzada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/actitudes-ciudadanas-politicas-ingresos-crisis_1_5754262.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jul 2013 18:40:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Actitudes ciudadanas hacia las políticas de gastos e ingresos durante la crisis]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
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