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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jacint Jordana]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jacint_jordana/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jacint Jordana]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La independencia de los reguladores bancarios y sus consecuencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/independencia-reguladores-bancarios-consecuencias_1_4604056.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0f9ec7a7-a14a-4cde-ac15-2da453392d63_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La independencia de los reguladores bancarios y sus consecuencias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una propuesta de regeneración que se hace frecuentemente es separar las decisiones "técnicas" de las políticas, argumentando que determinadas decisiones públicas serán mejores si se las aleja de la política. Sin embargo, según los autores generalizar las potenciales bondades de esta independencia puede ocultar las dificultades que genera.</p></div><p class="article-text">
        Es frecuente leer o escuchar entre expertos y creadores de opini&oacute;n que muchos problemas de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas se pueden resolver dando m&aacute;s independencia a los profesionales que, desde el &aacute;mbito p&uacute;blico, son responsables de gestionar tales pol&iacute;ticas. En ocasiones se propone que la mejor receta para resolver los complejos problemas de la democracia es separar completamente las decisiones &ldquo;t&eacute;cnicas&rdquo; de las pol&iacute;ticas. El supuesto impl&iacute;cito es que las decisiones p&uacute;blicas son de mejor calidad cuando se las elimina de la esfera pol&iacute;tica. Desde el punto de vista de la legitimidad democr&aacute;tica, estas propuestas son sin duda discutibles, y s&oacute;lo se compensan, por lo menos en parte, si existen los mecanismos de control y rendici&oacute;n de cuentas adecuados. Nuestro argumento, no obstante, es que la independencia no lo resuelve todo, y a veces no sirve para nada.
    </p><p class="article-text">
        No planteamos aqu&iacute; un argumento general contra las garant&iacute;as de independencia en cualquier entidad u organizaci&oacute;n p&uacute;blica. Hay muchos casos en los que existen argumentos razonables a favor de su introducci&oacute;n. Los pol&iacute;ticos y los legisladores pueden proteger a servidores p&uacute;blicos no electos para que puedan tomar decisiones comprometidas, si consideran que es el mejor camino para conseguir buenos resultados en t&eacute;rminos de pol&iacute;tica p&uacute;blica. At&aacute;ndose a s&iacute; mismos para hacer m&aacute;s dif&iacute;ciles determinadas decisiones futuras, los pol&iacute;ticos evitan algunas de las trampas que genera la democracia, como la intensa competencia por atraer electores, el inmediato peso de la opini&oacute;n p&uacute;blica, o el descuento r&aacute;pido del futuro en funci&oacute;n del ciclo pol&iacute;tico. No solo en el mundo de la pol&iacute;tica se hacen estas cosas. El dise&ntilde;o de mecanismos de decisi&oacute;n para no sucumbir a tentaciones futuras se encuentra presente en muchas esferas de nuestras vidas, tanto p&uacute;blica como privada, como nos ha recordado frecuentemente <a href="http://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=1&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=0CCMQFjAA&amp;url=http%3A%2F%2Fes.wikipedia.org%2Fwiki%2FJon_Elster&amp;ei=2_QzVPiwGI7paN71gNAO&amp;usg=AFQjCNGrzkUy-WKZlhyxvxYs0rucXGyfAw&amp;sig2=8cwPj_NnroPDwqlbZkgQwQ&amp;bvm=bv.76943099,d.d2s" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jon Elster</a>, y es comprensible que se utilice este tipo de mecanismos para hacer que la democracia funcione adecuadamente.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro planteamiento se centra, no obstante, en el peligro que implica generalizar las potenciales bondades de la independencia. Igual que &eacute;sta tiene algunas ventajas, tambi&eacute;n genera nuevas dificultades. Sabemos desde hace tiempo que la estabilidad de los servidores p&uacute;blicos, al margen de la alternancia pol&iacute;tica, tiene efectos positivos para el buen funcionamiento de la administraci&oacute;n p&uacute;blica. Sin duda es as&iacute;, pero hay que saber distinguir la puesta en pr&aacute;ctica de las pol&iacute;ticas de las decisiones que las impulsan, que a menudo tienen componentes que no son puramente t&eacute;cnicos. No es una l&iacute;nea f&aacute;cil de trazar, por descontado, ni se ve del mismo modo en todas partes. Hay que reconocer, sin embargo, que definir esta l&iacute;nea constituye un enorme foco de tensi&oacute;n, a menudo con presiones desde ambos lados. Igual encontramos responsables pol&iacute;ticos obsesionados en decidir los detalles de la gesti&oacute;n p&uacute;blica, que profesionales y bur&oacute;cratas que desean imponer sus propias prioridades pol&iacute;ticas. No vamos a resolver aqu&iacute; estas tensiones, pero si podemos apuntar que reclamar la independencia puede ser parte de la lucha para redefinir la distribuci&oacute;n del poder en el interior del mundo p&uacute;blico, y encontrar zonas de confort que eviten la tensi&oacute;n entre el control pol&iacute;tico y la capacidad t&eacute;cnica.  
    </p><p class="article-text">
        A partir de estas reflexiones, podemos volver a nuestro principal argumento: independencia, la necesaria. <a href="http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/1475-6765.12059/abstract" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Una investigaci&oacute;n reciente que hemos llevado a cabo nos permite ilustrar este punto de vista</a>. En primer lugar, confirmarnos la extraordinaria difusi&oacute;n del modelo de regulaci&oacute;n bancaria basado en agencia separada del gobierno (sea asumida por el banco central o como agencia aut&oacute;noma, separada de este). El gr&aacute;fico 1 nos muestra c&oacute;mo se fue expandiendo este modelo a lo largo del siglo XX y principios del actual, as&iacute; como la adopci&oacute;n de un estatus como agencia independiente en muchos casos.
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        Seguidamente, analizamos los modelos institucionales de regulaci&oacute;n bancaria en m&aacute;s de 80 pa&iacute;ses en todo el mundo, en relaci&oacute;n con su capacidad para evitar la aparici&oacute;n de crisis bancarias. Encontramos que la independencia no asegura una mayor protecci&oacute;n frente al riesgo de crisis bancaria en todos los casos. Ello no quiere decir que las agencias de regulaci&oacute;n bancaria independientes aumenten el riesgo de una crisis bancaria, simplemente que no hay evidencia de su efectividad. De hecho, encontramos que otorgar m&aacute;s independencia a los reguladores bancarios es un buen remedio para aquellos pa&iacute;ses donde el poder pol&iacute;tico est&aacute; muy concentrado, pero no tiene ning&uacute;n impacto en aquellos pa&iacute;ses donde est&aacute; muy fragmentado. Son los pa&iacute;ses con un r&eacute;gimen presidencialista y un parlamento d&eacute;bil, o los reg&iacute;menes parlamentarios con frecuentes mayor&iacute;as absolutas de un solo partido pol&iacute;tico (el caso de Espa&ntilde;a, dicho de pasada), los que m&aacute;s beneficios pueden obtener de otorgar independencia a sus agencias reguladoras. En los pa&iacute;ses donde el poder pol&iacute;tico se encuentra bastante fragmentado (como por ejemplo los EEUU), otorgar mayor independencia a los reguladores inclina un poco m&aacute;s a su favor la tensi&oacute;n entre t&eacute;cnicos y pol&iacute;ticos (incluyendo legisladores) que antes mencion&aacute;bamos, sin necesariamente reducir la probabilidad de que el sistema bancario sufra una situaci&oacute;n de insolvencia generalizada.
    </p><p class="article-text">
        Evitar decisiones impulsivas o estrategias oportunistas puede reducir el riesgo de crisis bancarias, pero una democracia con fragmentaci&oacute;n del poder, que requiere un proceso lento y complejo de toma de decisiones, ya constituye en s&iacute; mismo un mecanismo de freno institucional que hace redundante la independencia de la agencia reguladora. Cuando no existen tales frenos, la independencia permite a la agencia ejercer de substituto funcional. Sin duda, en una situaci&oacute;n de concentraci&oacute;n de poder, tambi&eacute;n la propia agencia puede ser arrollada, si el impulso o el inter&eacute;s pol&iacute;tico son muy grandes. No obstante, el coste pol&iacute;tico, el tiempo requerido y el esfuerzo necesario para clausurar una agencia de regulaci&oacute;n o revertir sus decisiones son importantes frenos, que sit&uacute;an a la agencia en unos m&aacute;rgenes de estabilidad relevantes, especialmente si su rendimiento es bueno. En este sentido, el riesgo de desmantelamiento (por parte del poder pol&iacute;tico) de una agencia reguladora como castigo por no cumplir su mandato constituye un fuerte est&iacute;mulo para realizar sus tareas lo mejor posible. Por el contrario, en aquellos casos en los que una agencia independiente percibe que el riesgo de intervenci&oacute;n o desmantelamiento es muy reducido, puede relajar el nivel de esfuerzo necesario para alcanzar sus objetivos, dada la menor presi&oacute;n percibida y mayor seguridad de su zona de confort.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, la existencia de m&uacute;ltiples centros de poder hace menos efectiva la independencia de las agencias reguladoras, precisamente porque la independencia misma es m&aacute;s cre&iacute;ble. En estas circunstancias, aumenta la pasividad de la agencia frente al riesgo; y adem&aacute;s, la existencia de muchos centros de poder limita la probabilidad de decisiones impulsivas (lo que a&uacute;n relaja m&aacute;s a la agencia). De todo ello deducimos que la independencia de las agencias reguladoras no es una idea acerca de la que podamos proclamar simplemente que a m&aacute;s mejor. Hay que entender bien la estructura pol&iacute;tica de un pa&iacute;s, su estructura de pesos y contrapesos institucionales, as&iacute; como las caracter&iacute;sticas del sector en que opera la agencia, incluyendo la visibilidad de sus intervenciones&mdash;o de su impasividad&mdash;para apuntar los requisitos de independencia m&aacute;s adecuados. As&iacute;, por ejemplo, concluimos con el vaticinio de que, ahora que el Banco Central Europeo es tambi&eacute;n regulador bancario, no se derivar&aacute;n mayores ventajas o beneficios p&uacute;blicos en el &aacute;mbito bancario de su extraordinario nivel de independencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jacint Jordana, Guillermo Rosas Ballina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/independencia-reguladores-bancarios-consecuencias_1_4604056.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Oct 2014 19:23:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recortes sin debate: el gasto social en España durante la crisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/recortes-debate-social-espana-crisis_1_5044404.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="list">
                    <ul>
                                    <li>A partir de los datos de contabilidad nacional del a&ntilde;o 2012, <a href="http://www.eldiario.es/autores/jacint_jordana/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Jacint Jordana</a> argumenta que la intensidad de los ajustes se ha notado especialmente en educaci&oacute;n y sanidad, bajo el control de las comunidades, siendo estos muy superiores a los del Gobierno central en pensiones y otras prestaciones sociales.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Gracias a su continuado acceso al cr&eacute;dito, el gobierno ha tenido mayor capacidad de reacci&oacute;n para afrontar la crisis que la mayor&iacute;a de las comunidades aut&oacute;nomas. Si no predominaran a&uacute;n unas pr&aacute;cticas tan centralistas en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, este problema se hubiera debido convertir en uno de los debates p&uacute;blicos m&aacute;s importante de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Debatir mediante qu&eacute; pol&iacute;ticas era mejor ajustar los presupuestos en el contexto cr&iacute;tico de la crisis, desde una perspectiva multinivel, hubiera llevado a una deliberaci&oacute;n sobre las preferencias p&uacute;blicas y las prioridades en pol&iacute;tica social, m&aacute;s all&aacute; de las posibilidades estrictas de cada nivel de gobierno, lo que no ocurri&oacute; en ning&uacute;n caso. Todo lo contrario. La evasi&oacute;n de responsabilidades y el oportunismo del gobierno central -aprovechando los fallos de un nuevo modelo de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica en un contexto de recesi&oacute;n- han dominado la escena pol&iacute;tica estos a&ntilde;os, agravando los problemas pol&iacute;ticos y sociales ya existentes.
    </p><p class="article-text">
        La reciente publicaci&oacute;n de datos de contabilidad nacional para el a&ntilde;o 2012 nos permite confirmar la enorme dimensi&oacute;n de los ajustes presupuestarios en Espa&ntilde;a. Tambi&eacute;n podemos ver claramente c&oacute;mo se distribuyeron los ajustes, tanto sectorial como territorialmente. Como ya sabemos, los l&iacute;mites del d&eacute;ficit p&uacute;blico &ndash;y tambi&eacute;n del aumento de la deuda- no se decidieron en el marco del sistema pol&iacute;tico espa&ntilde;ol, pero s&iacute; hab&iacute;a margen en el &aacute;mbito dom&eacute;stico para decidir el contenido de los recortes. De las series anuales de contabilidad nacional, un dato que sorprende es la estabilidad en la distribuci&oacute;n territorial del gasto social, a pesar de los enormes ajustes presupuestarios. Durante todo el per&iacute;odo de la crisis, m&aacute;s del 90% del gasto en educaci&oacute;n y en salud se concentr&oacute; en el &aacute;mbito auton&oacute;mico. Por otra parte, el gasto en protecci&oacute;n social y pensiones se encontraba concentrado en el &aacute;mbito central, con un 90% del total.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de ello, la intensidad de los ajustes ha sido muy distinta seg&uacute;n cada nivel de gobierno, como se puede observar en el gr&aacute;fico que acompa&ntilde;a este art&iacute;culo. La reducci&oacute;n del gasto auton&oacute;mico se concentr&oacute; especialmente en sanidad y educaci&oacute;n, llegando en 2012 en t&eacute;rminos reales a niveles inferiores a los existentes en 2005. Los recortes fueron especialmente intensos en estos a&ntilde;os. Mientras, las pensiones y otras prestaciones sociales, bajo el control del gobierno central, mantuvieron un comportamiento bastante estable entre 2009 y 2012. Asimismo, las puntas de gasto del gobierno central que se observan en el gr&aacute;fico son f&aacute;cilmente explicables: el impulso &ldquo;keynesiano&rdquo; de los a&ntilde;os 2008-09 y el rescate bancario en 2012.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Evoluci&oacute;n del gasto p&uacute;blico en Espa&ntilde;a 2006-2012 (2007= base 100), ajustado a inflaci&oacute;n</strong>
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                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; tales diferencias? Aunque sin duda sea necesario un an&aacute;lisis m&aacute;s detallado, apuntamos aqu&iacute; dos posibles razones. Por un lado, el cambio del modelo de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica, articulado mediante la <a href="http://www.boe.es/boe/dias/2009/12/19/pdfs/BOE-A-2009-20375.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ley 22/2009</a>, que implicaba un aumento en la participaci&oacute;n de los impuestos estatales, y una reducci&oacute;n de los fondos y otras aportaciones directas del gobierno central. El nuevo modelo hab&iacute;a generado muchas expectativas de mejora de la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica, pero se introdujo en el peor momento posible, al coincidir con el a&ntilde;o en el que la recaudaci&oacute;n fiscal cay&oacute; de forma espectacular como consecuencia de la recesi&oacute;n de 2008. El nuevo modelo tampoco favoreci&oacute; a las autonom&iacute;as en los a&ntilde;os siguientes, dado el estancamiento de la recaudaci&oacute;n fiscal entre 2010 y 2012. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, las grandes limitaciones de las comunidades aut&oacute;nomas para endeudarse hicieron el resto. Dada la brutal reducci&oacute;n de ingresos y la imposibilidad de endeudarse m&aacute;s en muchos casos, el gobierno central se convirti&oacute; en su &uacute;nico prestador, lo que hizo a cuentagotas.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello provoc&oacute; que los ajustes en educaci&oacute;n y sanidad fueran muy intensos, claramente superiores a los del gobierno central en pensiones y otras prestaciones sociales &ndash;ya que, adem&aacute;s, con sus menguados ingresos, las comunidades aut&oacute;nomas tambi&eacute;n ten&iacute;an que cubrir los intereses de su creciente deuda. La situaci&oacute;n creada gener&oacute; numerosas tensiones pol&iacute;ticas en estos a&ntilde;os, incluso en las comunidades aut&oacute;nomas gobernadas por el mismo partido que el gobierno central, dada su cr&iacute;tica situaci&oacute;n presupuestaria. Algunas se vieron forzadas a solicitar el rescate del Estado para evitar la quiebra, otras dispusieron de un  margen de ajuste algo mayor, especialmente aquellas que recib&iacute;an una mayor contribuci&oacute;n de los fondos de compensaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No parece que existieran muchas diferencias en esta actitud de indiferencia entre el gobierno del PSOE y el actual gobierno del Partido Popular, aunque este &uacute;ltimo forz&oacute; los ajustes m&aacute;s intensos. Ambos partidos aprovecharon su ventajosa situaci&oacute;n, y sus intervenciones se limitaron a evitar una situaci&oacute;n de quiebra declarada en algunas comunidades aut&oacute;nomas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jacint Jordana]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/recortes-debate-social-espana-crisis_1_5044404.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Feb 2014 19:26:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Recortes sin debate: el gasto social en España durante la crisis]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social,Recortes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué no interesa el federalismo en España?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/reforma_constitucional/impide-federalismo-espana_1_5827542.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc839a79-6caf-4f90-97a5-88e62e983a1a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué no interesa el federalismo en España?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El futuro del Estado de bienestar y la convivencia democrática están en juego en España. Esta es la última afirmación de este artículo que se pregunta por qué no interesa el federalismo en España a pesar de ser necesario.</p><p class="subtitle">El autor señala tres posibles respuestas: la competencia territorial entre PP y PSOE (1), la fuerte influencia borbónica (2) y va en contra de la gestión centralista de los partidos en España (3).</p></div><p class="article-text">
        Sin duda que saber por qu&eacute; no interesa el federalismo en Espa&ntilde;a es una pregunta que a muchos nos gustar&iacute;a poder responder con certeza. De hecho, hace ya muchos a&ntilde;os que se han hecho propuestas en este sentido, especialmente desde Catalu&ntilde;a, para transformar el Estado de las autonom&iacute;as en un modelo federal m&aacute;s homologable internacionalmente y m&aacute;s adecuado a las tensiones territoriales que hist&oacute;ricamente ha sufrido Espa&ntilde;a. Sin embargo, no despertaron ning&uacute;n inter&eacute;s entre los partidos pol&iacute;ticos de &aacute;mbito estatal, ni tampoco generaron muchos debates y reflexiones entre expertos e intelectuales de diverso origen. S&oacute;lo muy recientemente, a rega&ntilde;adientes y bastante a su pesar, el PSOE ha empezado a introducir el tema entre sus propuestas pol&iacute;ticas. Actualmente en Catalu&ntilde;a, con la excepci&oacute;n del PSC y sus perseverantes propuestas, el inter&eacute;s por el federalismo tambi&eacute;n se ha reducido mucho, por agotamiento de muchos y desesperaci&oacute;n de algunos.
    </p><p class="article-text">
        Podemos especular con algunas conjeturas para responder a nuestra pregunta. Una primera respuesta ser&iacute;a la dimensi&oacute;n de competencia electoral. Especialmente en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os, en la lucha electoral entre los grandes partidos se produjo una cierta competencia en torno al nacionalismo espa&ntilde;ol. Se trataba de un nacionalismo ret&oacute;rico, expansivo, algo modernizador y, sobre todo, homogeneizador. Aunque esta estrategia fue iniciada por el PP, una vez instalada, el temor de perder votos al partido que mostrara alguna debilidad frente a demandas e identidades singulares, arrastr&oacute; tambi&eacute;n al PSOE en la espiral nacionalista. Adem&aacute;s, nuevos partidos, como PUyD, consiguieron crecer compitiendo m&aacute;s duramente a&uacute;n con la misma l&oacute;gica nacionalista. El discurso electoral de car&aacute;cter identitario era simple, casi banal, basado en vagas alusiones igualitarias y, fundamentalmente, en explotar algunos prejuicios recurrentes, como, por ejemplo, el supuesto car&aacute;cter ego&iacute;sta de los catalanes. Sin embargo, la efectividad de este discurso en la Espa&ntilde;a de la d&eacute;cada del 2000 ayud&oacute; a frenar cualquier transformaci&oacute;n federal del modelo territorial, por el miedo a los costes electorales para el partido que los impulsara, que hubiera sido acusado de &ldquo;vender&rdquo; el pa&iacute;s a los intereses particulares de alg&uacute;n territorio.
    </p><p class="article-text">
        Una segunda respuesta la podemos encontrar en la tradici&oacute;n centralista de Espa&ntilde;a, fuertemente enraizada en su historia, al menos desde el siglo XVIII. La fuerte influencia borb&oacute;nica, junto con una capitalidad administrativa sin otra funci&oacute;n que la propia gesti&oacute;n del aparato p&uacute;blico en sus vertientes civil y militar &ndash;a diferencia de Par&iacute;s, tambi&eacute;n capital econ&oacute;mica&ndash;, impuls&oacute; una cultura pol&iacute;tica y burocr&aacute;tica con algunos caracteres &ldquo;autistas&rdquo;, que han ido persistiendo a lo largo de los siglos en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, a pesar de todas las transformaciones sociales y econ&oacute;micas del pa&iacute;s. Tal vez por ello, la Administraci&oacute;n General del Estado tenga p&aacute;nico al Estado federal. Desde jueces a t&eacute;cnicos comerciales, pasando por abogados de estado y diplom&aacute;ticos, muchos altos funcionarios pueden considerar una p&eacute;rdida de poder irreparable &ndash;y de puestos de trabajo&ndash; la transformaci&oacute;n federal, roturando sus redes de poder e influencia. La construcci&oacute;n del Estado de las autonom&iacute;as ya implic&oacute; la descentralizaci&oacute;n de numerosas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, aunque despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de resistencia, el Estado centralista descubri&oacute; que a&uacute;n pod&iacute;a sostenerse en el nuevo modelo, gracias a sus amplias capacidades de regulaci&oacute;n y supervisi&oacute;n, con la opci&oacute;n incluso de recuperar competencias. De ser correcta esta respuesta, el miedo a un Estado federal, con la transferencia de las competencias residuales a las regiones, impulsar&iacute;a acciones desesperadas de recentralizaci&oacute;n a los cuerpos de &eacute;lite de funcionarios estatales.  
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, una hipot&eacute;tica tercera respuesta podr&iacute;a centrarse en las dificultades que podr&iacute;an surgir para mantener el modelo actual de gesti&oacute;n de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola. Con unos partidos pol&iacute;ticos acostumbrados a un fuerte centralismo democr&aacute;tico, pese a tener que conllevar algunas tensiones con los llamados barones territoriales, la introducci&oacute;n de un modelo federal podr&iacute;a ser vista como un incentivo para fortalecer los niveles regionales de los partidos, generando equilibrios m&aacute;s complejos para la capacidad estrat&eacute;gica de las direcciones nacionales. As&iacute;, se produce la paradoja de que los equipos pol&iacute;ticos que podr&iacute;an impulsar un proceso de transformaci&oacute;n territorial sean los que m&aacute;s inquietud manifiestan sobre las implicaciones de tales cambios institucionales, lo que les conduce a dramatizar los posibles obst&aacute;culos que tales reformas podr&iacute;an encontrar. Igual que con la reforma del sistema electoral, dif&iacute;cilmente los equipos directivos de los partidos pol&iacute;ticos actuales impulsar&aacute;n reformas que no vayan en la direcci&oacute;n de consolidar su poder a nivel central dentro del Estado espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Estas tres posibles respuestas son sin duda parciales, esquem&aacute;ticas, con numerosos hilos que las interrelacionan y que no hemos explorado. Tambi&eacute;n hay muchas otras respuestas posibles, alternativas o complementarias para dar cuenta de la ausencia de m&aacute;s iniciativas federales en Espa&ntilde;a. Adem&aacute;s, en el ins&oacute;lito caso de que aumentara la sensibilidad federal, la insensibilidad al reconocimiento de las diferencias nacionales, fruto de una cultura pol&iacute;tica poco reflexiva, constituir&aacute; una barrera con tremendos costes electorales para cualquier partido que pretenda impulsar un modelo federal de car&aacute;cter asim&eacute;trico. Hay estados federales centralistas y no centralistas (M&eacute;xico frente a Brasil, por poner dos casos contrapuestos), y la tentaci&oacute;n de transformar Espa&ntilde;a en un estado federal para seguir manteniendo sus tradiciones centralistas y homogeneizadoras ser&iacute;a muy fuerte. Sin embargo, para resolver los problemas territoriales existentes, la conversi&oacute;n federal de Espa&ntilde;a deber&iacute;a incluir la aceptaci&oacute;n clara de las diferencias nacionales, con todas sus consecuencias en t&eacute;rminos de distribuci&oacute;n de poder y legitimidad.
    </p><p class="article-text">
        En Suiza, es impensable que en los cantones franc&oacute;fonos los ciudadanos reclamen educaci&oacute;n p&uacute;blica en alem&aacute;n, o al rev&eacute;s. Este consenso forma parte del equilibrio entre mayor&iacute;as y minor&iacute;as, que produce una gran estabilidad a la pol&iacute;tica suiza. Se trata de un principio b&aacute;sico de convivencia, que bien podr&iacute;a ser adaptado en Espa&ntilde;a, en lugar de las continuas escaramuzas que se producen con los temas ling&uuml;&iacute;sticos, que son aprovechados de forma oportunista por algunos partidos pol&iacute;ticos. De hecho, cuesta entender por qu&eacute; es tan dif&iacute;cil entre las &eacute;lites pol&iacute;ticas y administrativas aceptar de una vez por todas la existencia de m&uacute;ltiples identidades nacionales y ling&uuml;&iacute;sticas en Espa&ntilde;a, y reconocer que la pretensi&oacute;n de edificar un estado basado en el unitarismo identitario es algo que en el mundo actual forma ya parte de la historia. No obstante, construir un Estado moderno, eficaz y respetuoso con la diversidad requiere complejidad, flexibilidad y m&uacute;ltiples equilibrios, abandonando concepciones del poder que de poco sirven en el mundo actual.
    </p><p class="article-text">
        La inercia borb&oacute;nica, con un modelo de Estado homogeneizador, integrador y jerarquizado, se encuentra en el patr&oacute;n de desarrollo pol&iacute;tico espa&ntilde;ol desde el siglo XIX, y reorientar esta tendencia secular no ser&iacute;a nada f&aacute;cil. Aunque se trata de un Estado que ya agot&oacute; completamente, con la crisis actual, el impulso modernizador que experiment&oacute; desde los a&ntilde;os ochenta, y que se encuentra muy limitado en sus capacidades, s&oacute;lo una profunda convulsi&oacute;n pol&iacute;tica &ndash;como por ejemplo, una nueva constituci&oacute;n&ndash; podr&iacute;a socavar la estabilidad del modelo actual, que a&uacute;n cuenta con numerosos amarres, pese a los crecientes s&iacute;ntomas de crisis y sus dificultades para capear las tormentas sociales y pol&iacute;ticas. Sin embargo, nada ser&iacute;a m&aacute;s &uacute;til para afrontar los retos de la globalizaci&oacute;n que desterrar los prejuicios territoriales y modernizar la gesti&oacute;n del Estado, abandonando las tradiciones centralistas y sus organizaciones de corte decimon&oacute;nico, construyendo un aut&eacute;ntico sistema de equilibrios territoriales, tambi&eacute;n con otro tipo distinto de din&aacute;mica interna en los partidos pol&iacute;ticos. No se tratar&iacute;a de ninguna bagatela: el futuro del Estado de bienestar y la convivencia democr&aacute;tica est&aacute; en juego en Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jacint Jordana]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/reforma_constitucional/impide-federalismo-espana_1_5827542.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Oct 2013 18:36:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Reforma constitucional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Urgencias (no sólo) francesas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/urgencias-solo-francesas_1_5755692.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c48b0e81-85db-4eda-b641-b0e10899834c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Urgencias (no sólo) francesas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Jacques Attali lleva a cabo un análisis de la realidad  francesa actual,  sintetizando múltiples diagnósticos e interpretaciones  ya existentes.</p><p class="subtitle">Attali reconoce que hoy en día el poder ya no lo concentra, ni mucho menos, el  presidente de la República</p><p class="subtitle">El autor planeta cambiar las  instituciones políticas, utilizar los recursos públicos de  forma más  eficaz,  impulsar la francofonía y consolidar unas  instituciones europeas de dimensión federal</p></div><p class="article-text">
        Francia es una pa&iacute;s excepcional, en cierto modo admirable. No hay  otro pa&iacute;s igual en el mundo. Posiblemente m&aacute;s consciente de su  distinci&oacute;n que cualquier otro, se enfrenta a los retos de la crisis, la  Europeizaci&oacute;n y la globalizaci&oacute;n de una forma distinta al resto de los  pa&iacute;ses.  A los franceses les ha costado asimilar plenamente las  consecuencias de la globalizaci&oacute;n &ndash;la mundializaci&oacute;n, como dicen ellos-;  no porque no estuvieran internacionalizados &ndash;como el que m&aacute;s, sin duda-  sino por lo qu&eacute; &eacute;sta implicaba de mezcla, de creciente mestizaje  cultural, empresarial, pol&iacute;tico, etc., a todos los niveles.
    </p><p class="article-text">
        Un libro recientemente publicado en Francia, <em>Urgences fran&ccedil;aises, </em>constituye  un buen diagn&oacute;stico, y al mismo tiempo un ejemplo, de tales  contradicciones. Su autor, Jacques Attali, ensayista prol&iacute;fico y asesor  de todo tipo de pol&iacute;ticos franceses durante las cuatro &uacute;ltimas d&eacute;cadas,   hace un detallado diagn&oacute;stico de los problemas pol&iacute;ticos, sociales y  econ&oacute;micos actuales de Francia, nos habla de su creciente estancamiento y  declive, y sugiere la necesidad una nueva revoluci&oacute;n francesa &ndash;porque  considera que Francia solo avanza a golpe de revoluciones-, como  reacci&oacute;n para afrontar decididamente y con urgencia las calamidades que  identifica.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda acertar&aacute; Attali en gran parte de su an&aacute;lisis de la realidad  francesa actual, sintetizando m&uacute;ltiples diagn&oacute;sticos e interpretaciones  ya existentes.  No s&oacute;lo las d&eacute;biles tendencias econ&oacute;micas, sino la  fragilidad de un estado hipertr&oacute;fico, la incapacidad de atraer talento  cient&iacute;fico, cultural o econ&oacute;mico,  o el fuerte peso de los rentistas en  la pol&iacute;tica nacional, se encuentran entre los muchos s&iacute;ntomas de la  enfermedad francesa.  Sus propuestas de reformas &ndash;casi una revoluci&oacute;n-  son impresionantes. Dice que nada est&aacute; perdido, que todo se puede  solucionar, que la <em>grandeur </em>francesa puede volver.  Plantea diez  grandes propuestas para cambiar el pa&iacute;s. Entre ellas, cambiar las  instituciones pol&iacute;ticas, utilizar los recursos p&uacute;blicos de forma m&aacute;s  eficaz,  impulsar la francofon&iacute;a o consolidar una pol&iacute;tica y unas  instituciones Europeas de dimensi&oacute;n federal, por lo menos en el espacio  del Euro.
    </p><p class="article-text">
        En su libro, Attali no deja muy claro como hacer todos estos cambios.  Viene a decir que, o bien el actual presidente de la Rep&uacute;blica Francesa  los impulsa inmediatamente, o bien podr&iacute;a producirse un cambio de tipo  m&aacute;s revolucionario. Tampoco descarta que no pase nada, que no haya  cambios, y simplemente se mantenga el declive. No obstante, parece  ingenuo que no dedique m&aacute;s reflexiones sobre c&oacute;mo funciona el proceso de  cambio pol&iacute;tico en su pa&iacute;s, y que todo lo f&iacute;e al car&aacute;cter de un  esp&iacute;ritu superior, sea el presidente, o un nuevo C&oacute;nsul  plenipotenciario. De hecho, su pensamiento refleja un modo de pensar el  gobierno como pura jerarqu&iacute;a. Una tradici&oacute;n muy francesa, que Attali no  consigue esquivar en su libro, a pesar de que en sus primeras p&aacute;ginas ya  reconoce que hoy en d&iacute;a el poder ya no lo concentra, ni mucho menos, el  presidente de la Rep&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Estas reflexiones veraniegas sobre <em>Urgences Fran&ccedil;aises</em> tal vez  vengan al caso, desde un pa&iacute;s vecino y algo m&aacute;s al sur, porque muchos  de sus diagn&oacute;sticos, y tambi&eacute;n de las propuestas que se planten, podr&iacute;an  aplicarse sin demasiados cambios a nuestro entorno. Aunque algunos  hablan de <a href="http://www.theglobalist.com/StoryId.aspx?StoryId=10071" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dinamismo espa&ntilde;ol frente a estancamiento franc&eacute;s</a> (<a href="http://www.theglobalist.com/AuthorBiography.aspx?AuthorId=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stephan  Richter</a> en <a href="http://www.theglobalist.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Globalist</a>), no nos enga&ntilde;emos, esto es no entender  nada. La gravedad de la crisis ha obligado a algunos cambios  importantes, y la ideolog&iacute;a del gobierno ha impulsado otros, en  distintos terrenos, pero no se han abordado reformas en profundidad,  sino s&oacute;lo reformas muy urgentes. La situaci&oacute;n espa&ntilde;ola, es, en el fondo,  mucho m&aacute;s parecida a la de Francia de lo que pensamos, o queremos  pensar, y posiblemente m&aacute;s terrible en muchos aspectos, aunque apenas  nadie escriba sobre las urgencias espa&ntilde;olas con una perspectiva  ambiciosa.
    </p><p class="article-text">
        Desde Espa&ntilde;a, llevamos d&eacute;cadas sin querer ver a Francia. El pa&iacute;s que  durante siglos fue el modelo a imitar, se difumin&oacute; a partir de la  transici&oacute;n, frente a los nuevos referentes anglo-sajones y germ&aacute;nicos en  expansi&oacute;n. Las tradiciones francesas pasaron a ser vistas como las  capas profundas en la construcci&oacute;n del nuevo Estado democr&aacute;tico en  Espa&ntilde;a, pero dejaron de ser la fuente de inspiraci&oacute;n.  No obstante,  el  esp&iacute;ritu del gobierno, el comportamiento de sus funcionarios, la  econom&iacute;a pol&iacute;tica del pa&iacute;s m&aacute;s en general, posiblemente sigan teniendo  su mejor referente en el caso franc&eacute;s. Y como en el caso franc&eacute;s,  seguimos sin ver, tal como lo ilustra la trampa en que cae el mismo  Attali, que el gran demiurgo ilustrado no va a llegar nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jacint Jordana]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/urgencias-solo-francesas_1_5755692.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jul 2013 18:54:49 +0000]]></pubDate>
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