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    <title><![CDATA[elDiario.es - Lluís Miquel Hurtado]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/lluis_miquel_hurtado/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Lluís Miquel Hurtado]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De refugiados a retenidos: así es la vida dentro del nuevo centro de detención en Lesbos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-retenidos-centro-detencion-grecia_1_4081419.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d26c15da-b277-45be-a3c2-9bf75e7d02f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De refugiados a retenidos: así es la vida dentro del nuevo centro de detención en Lesbos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">eldiario.es entra en el campo de Moria, donde encierran a los refugiados y migrantes que llegan a las islas griegas tras la entrada en vigor del pacto UE-Turquía</p><p class="subtitle">Están sin "comida suficiente", sin calefacción, sin escuela y sin el asesoramiento legal que requieren, a pesar de que cerca de 900 personas han solicitado asilo</p><p class="subtitle">"Mis hijos me preguntaron si habíamos hecho algo malo para acabar en una cárcel", lamenta el afgano Behram</p></div><p class="article-text">
        Sin suficiente comida, sin suficientes camas y sin suficientes respuestas. As&iacute; malviven varios cientos de personas dentro del campamento griego de Moria, convertido, desde el pasado 20 de marzo &ndash;d&iacute;a en que entr&oacute; en funcionamiento el pol&eacute;mico <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/UE-Turquia-deportar-refugiados-Grecia_0_495901056.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pacto entra la Uni&oacute;n Europea y Turqu&iacute;a</a>&ndash; en centro de detenci&oacute;n para los refugiados y migrantes que llegan a las islas griegas de forma irregular. Pese a que no hay permiso oficial para la prensa, eldiario.es ha logrado acceder a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        El centro de detenci&oacute;n de Moria, de 4,7 hect&aacute;reas, est&aacute; instalado en un acuartelamiento militar griego, rodeado de olivares. El per&iacute;metro externo es una verja copada de una espiral espinosa. &ldquo;Es como un CIE (Centro de Internamiento para Extranjeros donde privan de libertad a migrantes irregulares antes de ser deportados), pero sin camas y con gente durmiendo al raso&rdquo;, resumen voluntarios espa&ntilde;oles que han operado dentro del mismo.
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado del camino que rodea el alambrado por el oeste reposan los toldos blancos del campo gestionado por voluntarios <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/policia-amenazo-entrar-refugiados-salian_0_497650896.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'Better days for Moria'</a> (Mejores d&iacute;as para Moria), hoy apenas habitado porque sus inquilinos fueron evacuados, y cuya calidez contrasta con los fr&iacute;os cub&iacute;culos prefabricados del centro de detenci&oacute;n vecino.
    </p><p class="article-text">
        Un detalle inquietante: tres caravanas de venta de comida instaladas a diez metros de la verja. Sus clientes est&aacute;n dentro del centro de detenci&oacute;n. El vendedor, cada cierto tiempo, recibe un grito desde la valla, se acerca, anota la comanda, vuelve al carro, prepara el encargo, retorna al alambrado, pasa el encargo como puede por debajo de los hierros, se cobra un euro por lata de bebida y m&aacute;s de dos euros por bocata. Los agentes de Grecia, responsables de alimentar con suficiencia a sus detenidos, observan imp&aacute;vidos.
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                </figure><p class="article-text">
        Tras la <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/vaciando-Lesbos-echando-voluntarios-centros_0_496600702.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">retirada parcial o total de varias ONG de Moria</a>, en protesta por su conversi&oacute;n en centro de detenci&oacute;n, el Ej&eacute;rcito griego es el encargado de dar la comida a los internos. La prepara una empresa de catering de Lesbos. La mayor&iacute;a de los arrestados con los que ha hablado eldiario.es coincide en que el men&uacute; es &ldquo;insuficiente&rdquo; y &ldquo;de mala calidad&rdquo;. Un refugiado sirio critica que, en una ocasi&oacute;n, los uniformados agredieron a un hombre que protestaba porque le hab&iacute;an negado llevar una raci&oacute;n a su mujer, impedida en la cama.  
    </p><p class="article-text">
        Para verificar esta y otras denuncias, logramos cruzar la puerta de Moria, guardada por polic&iacute;as griegos y flanqueada por alambres de espino. Nada m&aacute;s penetrar, eldiario.es se topa con una pareja de marroqu&iacute;es. A duras penas pudi&eacute;ndose expresar en ingl&eacute;s, explican que llegaron hace un d&iacute;a. A partir de ah&iacute; todo son dudas. A diferencia de la siria, la iraqu&iacute; o la afgana, su nacionalidad, la argelina y la paquistan&iacute; son las que, se cree, se topar&aacute;n con m&aacute;s obst&aacute;culos a la hora de obtener derecho a asilo. Y m&aacute;s facilidades para ser devueltas a Turqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Es mediod&iacute;a y hay una largu&iacute;sima cola formada a la entrada de una tienda de campa&ntilde;a. De ella salen mujeres adultas con un recipiente con ensalada, un bollo y un tetrabrik peque&ntilde;o de zumo entre las manos. Oficialmente, algo as&iacute; se sirve tres veces al d&iacute;a. Joaqu&iacute;n Ur&iacute;as, un voluntario espa&ntilde;ol y profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla que ha estado dentro de Moria, denuncia que &ldquo;s&oacute;lo se est&aacute; disponiendo de 400 men&uacute;s para alimentar a 600 personas&rdquo;. La consecuencia: los refugiados se ven obligados a pagar para complementar su dieta.
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        Al hambre se le suma el fr&iacute;o. &ldquo;Por la noche nos helamos. Ya no es que no tengamos climatizaci&oacute;n dentro de los dormitorios, &iexcl;es que faltan mantas!&rdquo;, lamenta Al&iacute;, un joven afgano. En efecto, dentro del cub&iacute;culo de pl&aacute;stico s&oacute;lo encontramos <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/VIDEO-Familias-refugiados-encerradas-mantas_0_497300980.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un pu&ntilde;ado de p&iacute;rricas mantas</a> y, en un pedazo de suelo, una alfombra con el logo de ACNUR. &ldquo;Las ONG Dirty Girls y Oxfam se encargaban de proveer de mantas y lavarlas. Tras su retirada, hay una deficiencia en este aspecto&rdquo;, lamenta Ur&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Sin bastantes mantas, a los refugiados bajo arresto en Moria s&oacute;lo les queda el calor humano. De hecho, hasta 12 personas se deben acumular en cada tienda prefabricada, de apenas 20 metros cuadrados. &ldquo;Algunos nos hemos visto obligados a dormir al raso por falta de sitio&rdquo;, asegura Hamza, un sirio en la veintena. Los m&aacute;s afortunados en ese CIE disponen de inc&oacute;modos catres, donde tampoco se garantiza el calor. Ni siquiera en la ducha, ya que, denuncian los arrestados, el agua es fr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un refugiado, por definici&oacute;n, es un individuo en un pa&iacute;s extranjero sin protecci&oacute;n de ning&uacute;n Estado. Pero ese no es el caso de los internados en Moria, quienes, como arrestados, se hallan bajo protecci&oacute;n del Estado griego&rdquo;, recalca Joaqu&iacute;n Ur&iacute;as, quien prosigue: &ldquo;En la UE, un ni&ntilde;o internado y sin acceso a la educaci&oacute;n es una violaci&oacute;n de los derechos humanos&rdquo;. En el centro de detenci&oacute;n de Moria hay muchos ni&ntilde;os y no hay escuela. Algunos peque&ntilde;os juegan al f&uacute;tbol; otros yacen en silencio a la vera de sus padres.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Mis hijos me preguntaron si hicimos algo malo&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Los ni&ntilde;os aprenden qu&eacute; es una c&aacute;rcel viendo la tele. Nada m&aacute;s llegar aqu&iacute;, los m&iacute;os me preguntaron si hab&iacute;amos hecho algo malo para acabar en una c&aacute;rcel&rdquo;, recuerda apesadumbrado Behram, un expolic&iacute;a afgano que tuvo que salir de su pa&iacute;s temeroso de represalias de los talibanes. Lleva una ni&ntilde;a de pocos a&ntilde;os en los brazos y otro chiquit&iacute;n, con mirada aterrada, aferrado a su pierna. A su lado Gulam, un chaval de la ciudad afgana de Kunduz, explica que sus hermanos tienen 10 y cuatro a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Durante los tiempos en que Moria era un campo de acogida, algunas ONG gestionaban el complejo familiar, un &aacute;rea especialmente protegida para las familias y las personas m&aacute;s vulnerables. Aunque se puede comprobar que hay &aacute;reas cercadas dentro del hoy centro de detenci&oacute;n, guardadas por polic&iacute;as y algunos cooperantes, tambi&eacute;n se puede acceder a casas contenedor habitadas por familias sin pasar una segunda alambrada.
    </p><p class="article-text">
        Hamza, que indica que lleg&oacute; a Moria el 19 de marzo por la noche, detalla que durante sus primeros cuatro d&iacute;as tuvo prohibido salir de un sector alambrado dentro del CIE. Otros refugiados contactados ofrecen datos similares. Joaqu&iacute;n Ur&iacute;as lo confirma: &ldquo;No fue hasta la protesta &ndash;una concentraci&oacute;n de voluntarios ocurrida el jueves pasado&ndash; que ampliaron la libertad de movimiento de los internos para evitar motines. Han llegado a introducir antidisturbios, algo brutal habiendo dentro familias con ni&ntilde;os&rdquo;.
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                </figure><h3 class="article-text">975 peticiones de asilo registradas</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Emmanouil Chatzichalkias, un abogado de Lesbos que trata de asistir a los arrestados en Moria, 975 internados han solicitado asilo a fecha de 28 de marzo. Se estima que podr&iacute;a haber m&aacute;s personas en el CIE, ya que a los internos se les ofrece pedir asilo o bien aceptar la deportaci&oacute;n directa a Turqu&iacute;a. El abogado, gracias a fuentes policiales propias, ha sabido que &ldquo;un grupo de paquistan&iacute;es&rdquo; ha sido deportado de Lesbos a Turqu&iacute;a recientemente, aunque no puede determinar cu&aacute;ntos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los arrestados en Moria se hallan sin suficiente comida, sin calefacci&oacute;n, sin escuela y sin asesoramiento legal, cuando la ley griega, recuerda Chatzichalkias, dice que &ldquo;todo detenido debe tener acceso a un abogado gratuito, si no puede permit&iacute;rselo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque ACNUR es una de las organizaciones que permanece activa en Moria, oficialmente, con &ldquo;&aacute;nimo de asistir en las solicitudes de asilo&rdquo;, Hamza reconoce que ha pedido asilo, pero s&oacute;lo le han dado un n&uacute;mero y le han dicho que espere. A Al&iacute; le han dicho que vaya a la embajada afgana en Atenas a pedir un abogado, aunque no puede salir del CIE. La pareja marroqu&iacute; no sabe nada. Un chico paquistan&iacute;, en un ingl&eacute;s raqu&iacute;tico, dice que ni siquiera hay traductores de lengua urdu para leerle sus derechos como arrestado.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p style="background-color: #ffef36; font-weight: bold; padding: 5px; text-align: center; font-family:'Roboto Slab',serif; border-radius:3px">Tú no te olvidas de los refugiados.<br />Nosotros tampoco. <br /><a href="http://l.eldiario.es/cobertura-refugiados/" target="_blank" style="color:#000" title="Despliegue sobre los refugiados sirios">TE NECESITAMOS</a></p>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Miquel Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-retenidos-centro-detencion-grecia_1_4081419.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Mar 2016 18:53:01 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Refugiados sirios malviven hacinados en una prisión en Egipto: "Si nos devuelven a Siria nos matarán"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-sirios_1_4361199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75b2fad6-0c6c-48e0-8b56-519e706df153_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">16 sirios y 56 palestinos refugiados en Siria permanecen hacinados en una cárcel de Egipto, a la espera de que "algún país nos acepte", dice un afectado</p><p class="subtitle">Los refugiados envían a eldiario.es imágenes desde las celdas: aseguran que apenas los alimentan y temen una deportación a Siria, donde sus vidas corren peligro</p><p class="subtitle">Human Rights Watch (HRW) ha denunciado las "condiciones miserables" que en Egipto se brinda a los refugiados sirios</p></div><p class="article-text">
        La Agencia de Naciones Unidas para los refugiados (UNHCR) indica que hoy hay 3.727.542 refugiados sirios registrados en el exterior. Detr&aacute;s de las cifras se esconden los nombres de Mahmud Noman Absi, de Ala Adnan Jalil, de Amran Yihad Yarban y de la peque&ntilde;a Yara Taleb Ahmad. Todos intentaban alcanzar Italia, un lugar seguro para vivir, y acabaron enga&ntilde;ados por unos traficantes de personas y abandonados en una embarcaci&oacute;n cerca de Egipto. Su rescate no puso fin al sufrimiento: ahora, 16 sirios y 56 palestinos refugiados en Siria viven hacinados en una prisi&oacute;n de Karmus, en Egipto, como reflejan las im&aacute;genes que uno de los afectados ha enviado a eldiario.es.
    </p><p class="article-text">
        Las fotograf&iacute;as las env&iacute;a Amran Yihad Yarban, gracias a un tel&eacute;fono m&oacute;vil que han conseguido colar en las celdas. De 22 a&ntilde;os y natural de Maaret Namal (provincia norte&ntilde;a de Idlib), este joven desert&oacute; del ej&eacute;rcito sirio para evitar colaborar en la masacre de civiles que ejecuta desde marzo de 2011. Luego regent&oacute; un peque&ntilde;o negocio en su pueblo natal hasta que los toneles de dinamita que lanzan helic&oacute;pteros del r&eacute;gimen &ndash;y cuya existencia Bashar Asad desminti&oacute; a la BBC recientemente&ndash; lo destruy&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Yarban huy&oacute; a Turqu&iacute;a donde comparti&oacute; suerte con otro centenar de refugiados. Todos fueron enga&ntilde;ados, a mediados de octubre pasado, por una mafia de tr&aacute;fico de personas formada por turcos y egipcios. &ldquo;Inicialmente &eacute;ramos 105 en total. Nos prometieron, previo pago de seis mil d&oacute;lares cada uno, desembarcar en Italia&rdquo;, explica por tel&eacute;fono a eldiario.es Yarban.
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        &ldquo;Zarpamos del puerto de Mersin (ciudad al sur de Turqu&iacute;a) y nos llevaron a lo que entendimos eran aguas internacionales. All&iacute; nos trasladaron a otro barco cuya tripulaci&oacute;n era egipcia. All&iacute; pasamos, sin apenas comer, unos doce d&iacute;as. Al cabo de este tiempo, nos embarcaron en un tercer bote, esta vez m&aacute;s peque&ntilde;o. Nos introdujeron a todos en una c&aacute;mara frigor&iacute;fica. Navegamos&rdquo;, contin&uacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Fue en aquella oscuridad cuando, a pesar de la falta de cobertura y la confiscaci&oacute;n de sus tel&eacute;fonos m&oacute;viles, se percataron del timo mafioso. &ldquo;El GPS del tel&eacute;fono que uno de nosotros llevaba escondido nos emplaz&oacute; no rumbo a Italia, como cre&iacute;amos, sino rumbo a aguas egipcias. Se mont&oacute; un mot&iacute;n a bordo. Hubo heridos. Los contrabandistas nos amenazaron con pistolas. Cuando surc&aacute;bamos el mar a la altura de un islote egipcio, los mafiosos escaparon del bote tras da&ntilde;arlo hasta provocar su hundimiento. En la refriega final nos hicimos con el tel&eacute;fono sat&eacute;lite de uno de los traficantes, con el cual llamamos a los guardacostas&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Hacinados en una prisi&oacute;n egipcia</h3><p class="article-text">
        23 de octubre de 2014. Empezaba el siguiente cap&iacute;tulo de la tragedia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los agentes de Egipto nos rescataron y nos pusieron a disposici&oacute;n de la Inteligencia, que a su vez nos llev&oacute; ante el juez. Este orden&oacute; nuestra liberaci&oacute;n, pero la Polic&iacute;a, lejos de eso, nos encarcel&oacute;. Solo aquellos que ten&iacute;an pasaporte fueron liberados. Volvieron a Turqu&iacute;a. Pero el gobierno turco rechaz&oacute; a quienes no lo ten&iacute;amos (algo com&uacute;n entre los j&oacute;venes que rechazan unirse al ej&eacute;rcito sirio, pues se les retiran los pasaportes). Nos quedamos en Egipto 16 sirios y 56 palestinos refugiados en Siria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mahmud Noman Absi, de Ala Adnan Jalil, de Amran Yihad Yarban, de Aysam Ahmad Afara, de la peque&ntilde;a Yara Taleb Ahmad, de Mohamed Mustafa Musa, de Nishir Abderrahman Karmun, de Ozman Ahmad Malak, de Yazal Bashar Yawish, de Yusef Mohammed Salhadi, de Mustafa Mahmud Saad, de Mohamed Taleb Ahmed, de Somar Sleyman Gadir, de Mohamed Mustafa Musa, de Amer Mohamed Jalil y del ni&ntilde;o de once a&ntilde;os Jaled Burhan Fetahi. La menor tiene siete meses; el mayor, 55 a&ntilde;os. Proceden de las provincias de Lataqu&iacute;a, de Idlib o de Damasco. Muchos son activistas alzados o desertores de las Fuerzas Armadas de Siria. Junto a ellos, los 56 palestinos refugiados en Siria que han residido en los campos de Handarat o Yarmuk.
    </p><p class="article-text">
        Los encarcelaron en la cochambre de prisi&oacute;n de Karmus. Todos los sirios no palestinos &ndash;el resto est&aacute; en otro lugar en las mismas p&eacute;simas condiciones&mdash; duermen hacinados en un cuarto paup&eacute;rrimo. Apenas los alimentan, y s&oacute;lo logran comprar algo de lo que necesitan con el dinero que les pasan algunos familiares. Cada veinte d&iacute;as se les permite salir a un patio con luz natural a estirar las piernas. &ldquo;Durante el d&iacute;a no hacemos absolutamente nada&rdquo;. Un equipo de M&eacute;dicos Sin Fronteras los somete peri&oacute;dicamente a revisiones m&eacute;dicas. &ldquo;Nos proh&iacute;ben los tel&eacute;fonos m&oacute;viles&rdquo;, explica Yarban, &ldquo;pero conseguimos colar uno en secreto en la celda&rdquo;. Es solo gracias a la c&aacute;mara de ese aparato que eldiario.es ha logrado publicar las im&aacute;genes de ese antro que es su casa en el exilio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">&ldquo;Condiciones miserables&rdquo; de los refugiados sirios</h3><p class="article-text">
        Organizaciones humanitarias como Human Rights Watch (HRW) han denunciado en continuas ocasiones la xenofobia, las &ldquo;condiciones miserables&rdquo; que en Egipto se brinda &ndash;parad&oacute;jicamente, ya que es el mayor pa&iacute;s &aacute;rabe&ndash; a los refugiados sirios. Especialmente a los palestinos de Siria, a los que la polic&iacute;a bloquea las peticiones de asilo y trata de deportar al L&iacute;bano, donde no pueden quedarse m&aacute;s de 48h,&nbsp; o de vuelta a Siria.
    </p><p class="article-text">
        El ejecutivo egipcio calcula que hay unos 300.000 refugiados sirios en el pa&iacute;s. La ONU tiene registrados a poco m&aacute;s de la mitad. A quienes llegan se les otorga una visa de un mes que, a menos que los refugiados huyan, acabar&aacute; caducando. A partir de ah&iacute;, detenciones arbitrarias, acoso de las fuerzas de seguridad y amenazas de deportaci&oacute;n a Siria. &ldquo;Hemos exigido en repetidas ocasiones a las autoridades egipcias que liberen a los solicitantes de asilo que han sido detenidos por permanencia ilegal o por intentar escapar a Europa&rdquo;, subraya la investigadora de HRW en Oriente Medio Lama Fakih.
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                </figure><p class="article-text">
        Amrad Yihad Yarban sigue esperando una respuesta para &eacute;l y los suyos. &ldquo;La polic&iacute;a nos dice que esperan a que alg&uacute;n pa&iacute;s nos acepte. Pero ninguno lo hace. Hemos pedido al secretario general de la ONU Ban Ki Moon que se nos aloje, al menos, en un campo de refugiados. Nada. Hasta el embajador en Egipto de la Coalici&oacute;n Nacional Siria &ndash;ente pol&iacute;tico opositor al r&eacute;gimen sirio fuera del pa&iacute;s&ndash; nos ha dicho que no puede hacer nada por nosotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La huida a otro pa&iacute;s es la opci&oacute;n desesperada. La que pone a gente como Yarban y el resto del grupo a merced de las mafias y de una muerte muy posible bajo las aguas del Mediterr&aacute;neo. Entre 2013 y 2014, cuando las organizaciones y los medios internacionales todav&iacute;a visibilizaban el drama de las v&iacute;ctimas inocentes de la guerra de Siria, HRW calcul&oacute; que, de 1.500 refugiados detenidos, al menos 1.200 hab&iacute;an sido coaccionados a partir de Egipto.
    </p><p class="article-text">
        El riesgo de deportaci&oacute;n a la tierra de origen pesa, como una espada de Damocles, sobre la testa de Yarban. &ldquo;Si nos devuelven a&nbsp; Siria nos matar&aacute;n, porque el gobierno nos busca. Ya uno de nuestros compa&ntilde;eros, desesperado ante la situaci&oacute;n, intent&oacute; suicidarse. Todos llevamos siempre con nosotros una cuchilla de afeitar para cortarnos las venas en cuanto se nos comunique la orden de deportaci&oacute;n. Estamos preparados&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Miquel Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/refugiados-sirios_1_4361199.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Feb 2015 19:28:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Refugiados sirios malviven hacinados en una prisión en Egipto: "Si nos devuelven a Siria nos matarán"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Refugiados,Egipto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["¿Hay alguien en España que pueda enviarme una pierna ortopédica?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/minas-antipersona-explotan-exodo-islamico_1_4480954.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4ae8d1b2-e2d8-4b36-81b6-0b520eb008ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;¿Hay alguien en España que pueda enviarme una pierna ortopédica?&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La huida de Cemile de la ciudad de Kobani, asediada por el ISIS en Siria, le costó un muñón en una pierna</p><p class="subtitle">La frontera norte con Turquía está sellada con el alambrado de espino y un cinturón de minas, lo que los kurdos llaman “el cuarto frente”</p><p class="subtitle">Human Rights Watch cuenta al menos tres muertos y nueve heridos por las minas desde el inicio del sitio. La mayoría de víctimas son niños</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Hay alguien en Espa&ntilde;a que pueda enviarme una pierna ortop&eacute;dica?&rdquo;, suplica tr&eacute;mula Cemile, de 35 a&ntilde;os y tendida en un colch&oacute;n en el suelo de una enfermer&iacute;a improvisada en el pueblo fronterizo de Suru&ccedil;. Su huida de Kobani a la desesperada, vadeando la verja que separa esa localidad kurdo-siria con Turqu&iacute;a, le cost&oacute; un mu&ntilde;&oacute;n en la pierna izquierda.
    </p><p class="article-text">
        Kobani est&aacute;, desde hace tres meses, asediada por el ISIS. Los yihadistas acechan por este, oeste y sur. Al norte, la puerta fronteriza sellada a la entrada de armas y voluntarias kurdo turcos, el alambrado de espino y un cintur&oacute;n de minas conforman lo que los kurdos llaman &ldquo;el cuarto frente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Human Rights Watch cuenta al menos tres muertos y nueve heridos por las minas desde el inicio del sitio. La mayor&iacute;a de v&iacute;ctimas son ni&ntilde;os. La hija de Cemile, siete a&ntilde;os, se quem&oacute; la cara al explotar la mina que hiri&oacute; a su madre. Mohamed Jalil e Idris Jalo, ambos j&oacute;venes de la aldea de Tel Shair, murieron mientras cruzaban a Turq&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En el corredor de Tel Shair, extendido de oeste a norte de la plaza sitiada, se han registrado hasta 70 explosiones de minas entre el 15 de septiembre pasado y el 15 de noviembre. No siempre provocaron v&iacute;ctimas, pero podr&iacute;an haber m&aacute;s: en esa misma zona aguardan unos 2.000 civiles, junto a sus veh&iacute;culos e &uacute;nicas posesiones, porque Turqu&iacute;a no les ha permitido introducirlos en su suelo.
    </p><p class="article-text">
        Las minas antipersona persiguen, en un conflicto b&eacute;lico, causar el n&uacute;mero m&aacute;ximo de bajas en el enemigo para da&ntilde;ar su aparato log&iacute;stico. En especial cuando, en vez de matar, incapacitan a quien las pisa, pues saturan los servicios sanitarios en la retaguardia. Importa poco que sean objetivos civiles o militares. Por eso &Aacute;frica y los Balcanes siguen repletos de ellas. La Campa&ntilde;a para la Prohibici&oacute;n de las Minas Antipersona informa de que 2013 hubo 2.403 bajas civiles en todo el mundo por minas antipersona, un 7% m&aacute;s que en 2012. La mitad de ellas fueron ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Estos artefactos son unos viejos conocidos de los kurdos, poblaci&oacute;n que habita a banda y banda de las divisorias de Oriente Medio desde hace tantos siglos que hasta comparte lazos familiares. En la d&eacute;cada de los cincuenta del siglo pasado, alegando la necesidad &ldquo;evitar los cruces ilegales&rdquo;, Turqu&iacute;a enterr&oacute; 615.419 minas a lo largo de sus 911 kil&oacute;metros de frontera con Siria.
    </p><p class="article-text">
        La turco-siria es la franja m&aacute;s minada por las fuerzas de seguridad de Ankara. Pero a d&iacute;a de hoy 194.033 minas separan Ir&aacute;n de Turqu&iacute;a &ndash; o Rojhelat de Bakur Kurdistan, en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos kurdos &ndash; y 68.896 explosivos por presi&oacute;n permanecen en 384 kil&oacute;metros de alambre con &lsquo;Ba&#351;&ucirc;r Kurdistan&rsquo; o Irak.
    </p><p class="article-text">
        En 1984 la guerrilla kurdo turca Partido de los Trabajadores del Kurdist&aacute;n (PKK) emprende su lucha armada. El enfrentamiento &ndash;los milicianos se basan en Irak para atacar- sirvi&oacute; de excusa para que, a pesar de asumir en 2004 las exigencias de la Convenci&oacute;n de Ottawa de acabar con las minas antipersona, hoy s&oacute;lo se haya limpiado el 1% de las minas.
    </p><p class="article-text">
        El plazo para acabar con las zonas minadas acababa este 2014. Turqu&iacute;a ha logrado una pr&oacute;rroga hasta 2022 con la excusa de que la falta de coordinaci&oacute;n, problemas meteorol&oacute;gicos y amenazas para la seguridad nacional complican las tareas de retirada de artefactos.
    </p><p class="article-text">
        El PKK, por su parte, se comprometi&oacute; con la organizaci&oacute;n humanitaria Appel de Gen&egrave;ve a dejar de usar minas antipersona y erradicarla de sus arsenales en 2006. En el a&ntilde;o siguiente, seg&uacute;n anuncia el ente en su web, eliminaron 770 minas antipersona y 2.500 artefactos explosivos. No hay datos acerca de en qu&eacute; zonas podr&iacute;an quedar minas antipersona del PKK colocadas. Hasta marzo de 2013, cuando anunci&oacute; un alto al fuego para negociar la paz con Turqu&iacute;a, la guerrilla atent&oacute; con minas activadas por control remoto.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto el contador de v&iacute;ctimas sigue subiendo. Los de Kobani fueron los &uacute;ltimos de un recuento de m&aacute;s de 168 bajas civiles &ndash; 56 de ellos muertos - s&oacute;lo entre 2004 y 2012 seg&uacute;n cifras oficiales turcas. El supervisor de la Campa&ntilde;a para la Prohibici&oacute;n de las Minas Antipersona pone en cuesti&oacute;n las cifras turcas y eleva a 377 el n&uacute;mero de bajas.
    </p><p class="article-text">
        Datos del supervisor se&ntilde;alan que 1.269 personas, la mayor&iacute;a soldados turcos, murieron entre 1984 y 2010 por minas activadas por presi&oacute;n, por control remoto u otros explosivos. Seg&uacute;n la Fundaci&oacute;n Turca para los Derechos Humanos (TIHV) 128 menores murieron entre 1999 y 2011 por minas antipersona. Son casos como el de Behzat &Ouml;zer, publicado en Eldiario.es.
    </p><p class="article-text">
        Quienes huyen de Siria tambi&eacute;n han sufrido las minas puestas en los l&iacute;mites fronterizos por el r&eacute;gimen de Bashar Asad. Human Rights Watch tambi&eacute;n denunci&oacute; por ello en 2012 a Damasco, que al no ser firmante de la Convenci&oacute;n de Ottawa se desconoce cu&aacute;ntos explosivos ha desperdigado. Tampoco hay datos claros de cu&aacute;ntas v&iacute;ctimas han dejado.
    </p><p class="article-text">
        Este medio entrevist&oacute; hace dos a&ntilde;os a Ahmed &ndash;nombre ficticio-, un opositor veintea&ntilde;ero en suelo turco, que relataba artima&ntilde;as para atravesar campos que supon&iacute;an minados. &ldquo;Algunos sirios usaron animales dom&eacute;sticos, los cuales hac&iacute;an caminar justo frente a ellos. Algunos campesinos llegaron a perder todas su vacas por el estallido de minas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, dice Ahmed, perfeccionaron las t&eacute;cnicas. &ldquo;Se esturreaba por el suelo un tipo de queso sirio, muy oloroso, y se esperaba a que jabal&iacute;es u otros animales salvajes acudiesen atra&iacute;dos por &eacute;l. Si no mor&iacute;an, se pod&iacute;a pasar&rdquo;. Por &uacute;ltimo, asegura, se instalaron grandes bolas de metal negra frente a tractores, los cuales se hac&iacute;an pasar por el minado.
    </p><p class="article-text">
        Para los kurdos, la instalaci&oacute;n de aquel amasijo de alambres hace un pu&ntilde;ado de d&eacute;cadas supuso un agravante. &ldquo;Al no poder cruzarlo de forma legal para visitar a sus familias porque se les exige documentaci&oacute;n oficial de los que suelen carecer&rdquo;, enfatiza Nihayet, miembro del Consejo Femenino de Suru&ccedil; &ldquo;al final acaban caminando por campos de minas hasta dar con un agujero en la valla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque tambi&eacute;n hay terrenos minados alrededor de cuarteles policiales y en la tensa frontera con Armenia, los kurdos siguen viendo la colocaci&oacute;n de minas como parte de una guerra no s&oacute;lo contra el PKK, sino contra toda su poblaci&oacute;n. Nihayet, se reafirma al concluir: &ldquo;Las minas son un arma para separar social, econ&oacute;mica y culturalmente a los kurdos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Miquel Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/minas-antipersona-explotan-exodo-islamico_1_4480954.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Dec 2014 18:37:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["¿Hay alguien en España que pueda enviarme una pierna ortopédica?"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estado Islámico,Turquía,Minas Antipersona]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Puntadas contra la indiferencia global hacia los sirios: "Trabajar cura mi dolor"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/puntadas-esperanza-refugiados-siria_1_4827314.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe9876c3-b12b-4404-a534-b6369b3de4c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Puntadas contra la indiferencia global hacia los sirios: &quot;Trabajar cura mi dolor&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Shaza creo un taller para ayudar a algunos de los miles de sirios abocados a la mendicidad en Turquía gracias a las donaciones de un compatriota afincado en EEUU</p><p class="subtitle">Turquía es el país que más ha invertido en la acogida de sirios, no les llama "refugiados", sino "huéspedes" y no les garantizan el permiso de trabajo</p><p class="subtitle">"Hago lo que puedo. No puedo ayudar a todos. Ojalá pudiese. Algo es algo. Pero no voy a rendirme", dice Shaza</p></div><p class="article-text">
        Las manos de Shauzen gu&iacute;an el pespunte con la misma viveza con que se expresa, en perfecto turco, entre dobladillo y dobladillo: &ldquo;Mi madre era turcomana y mi padre &aacute;rabe. Y aqu&iacute; estoy. Ya ves&rdquo;. No gira la sonrisa. Coqueta, busca su mejor perfil para la foto. &ldquo;Ah&iacute; donde la ves, &iquest;te has fijado?, en su silla de ruedas, logr&oacute; escapar hasta aqu&iacute; desde Latakia&rdquo;, explica Shaza Barakat.
    </p><p class="article-text">
        Barakat. De los Barakat que tuvieron que emigrar de Idlib (ciudad del noroeste de Siria) despu&eacute;s de la masacre emprendida en 1982, por Hafez Asad (padre de Bashar Al-Asad), contra los Hermanos Musulmanes. All&iacute;, Shaza perdi&oacute; a su padre. La &uacute;ltima carnicer&iacute;a de los Asad se llev&oacute; en octubre de 2012 a su hijo, Omar, y pocos meses despu&eacute;s a Aymen, su marido. &ldquo;Era un poeta y escritor de libros infantiles muy respetado&rdquo;, relata Shaza sonriente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Trabajar cura mi dolor&rdquo;, concluye  Shaza Barakat, que pese a rozar los cincuenta est&aacute; envejecida por la desdicha. Muestra, orgullosa, el local que ha alquilado cerca de una de las principales avenidas del distrito estambulita de Fatih. Escaparate adentro trabajan Shauzen, Mohammed, Alad&iacute;n y Mahmud entre hilos y retales. Um Husein cocina y prepara el t&eacute;. Su peque&ntilde;a s&oacute;lo deja de corretear entre las m&aacute;quinas de costura para rezar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El local tiene grandes ventanales en el piso que est&aacute; a nivel de calle. All&iacute; hay, instaladas junto a los cristales, dos m&aacute;quinas de coser. Flanque&aacute;ndolas, una gran mesa de trabajo. A su lado, un sof&aacute; y una mesita donde descansar. El piso subterr&aacute;neo, al que se accede por unas empinadas escaleras, s&oacute;lo tiene una peque&ntilde;a ventana para recibir aire del exterior. En la otra han instalado un sistema de ventilaci&oacute;n que permite airear la zona. En la sala, pintada toda de blanco para combatir la claustrofobia, seis m&aacute;quinas de coser m&aacute;s alineadas de tres entres.
    </p><h3 class="article-text">Sin permiso de trabajo ni estatus de refugiados</h3><p class="article-text">
        En Turqu&iacute;a hay 761 mil refugiados sirios inscritos, aunque todo apunta a que la cifra es harto superior. Ya son minor&iacute;a los que viven en los 22 campos dispersados por las provincias sure&ntilde;as del pa&iacute;s. Aunque ha invertido en ellos m&aacute;s de 700 millones de d&oacute;lares (514 millones de euros) de su propio bolsillo, y eso le convierte en el gobierno m&aacute;s generoso de cuantos han acogido refugiados sirios, Ankara &ndash;que no les llama &ldquo;refugiados&rdquo;, sino &ldquo;hu&eacute;spedes&rdquo;-  no les concede el estatus de refugiado de Naciones Unidas.
    </p><p class="article-text">
        Los turcos tampoco cumplen a&uacute;n con la recomendaci&oacute;n de ACNUR (Agencia de la ONU para los refugiados) de garantizarles permisos de trabajo. Eso se traduce, sobre los parques y rotondas de Estambul, en cientos de familias enteras malviviendo a base de pedir limosna con la mirada saturada de incomprensi&oacute;n. S&oacute;lo en en ciudad hay unos 100.000, seg&uacute;n organizaciones no gubernamentales.
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        Los activistas advierten del grave riesgo de exclusi&oacute;n que est&aacute;n sufriendo los refugiados sirios, que ya han sufrido episodios de expulsi&oacute;n de barrios, palizas e incluso quema de sus chabolas a manos de empleados municipales. La poblaci&oacute;n turca, mayoritariamente opuesta a las pol&iacute;ticas aplicadas por el primer ministro Recep Tayyip Erdogan en Siria, no ha mostrado grandes alardes de aceptaci&oacute;n de los reci&eacute;n llegados.  
    </p><h3 class="article-text">Los &ldquo;elegidos&rdquo; del proyecto de Shaza</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Los sirios necesitan dinero para vivir&rdquo;, se justifica decidida Shaza. Por eso abri&oacute;, hace un mes, un taller de confecci&oacute;n. Es el segundo que impulsa. &ldquo;Hace dos a&ntilde;os abrimos uno en Reyhanli &ndash; ciudad turca fronteriza con Siria. Hoy trabajan all&iacute; unas treinta viudas, pero hay cien m&aacute;s que trabajan desde su casa. Les damos el material y ellas fabrican piezas a mano. Mira...&rdquo;, muestra orgullosa, en fotos, tapetes de colores vivos.
    </p><p class="article-text">
        Shaza ha redactado un proyecto, elaborado el presupuesto y presentado ante un mecenas. &ldquo;Consegu&iacute; que un sirio residente en Estados Unidos pagara la puesta a punto, el alquiler del local para seis meses y las m&aacute;quinas de coser&rdquo;, cuenta. &ldquo;Cada poco le env&iacute;o fotos de nuestro trabajo, y pronto vendr&aacute; a visitarnos para comprobar que funciona&rdquo;. Muestra una fotograf&iacute;a en la que aparece, escrito a mano, un balance de cuentas. &ldquo;Poner a punto y arrancar el taller nos ha costado 25.000 d&oacute;lares [18.360 euros]&rdquo;, repasa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        A fin de clonar el modelo que funciona en Reyhanli, Shaza ha elegido concienzudamente a las personas a quien emplear. Um Huseyin, viuda y con un hijo muerto en Alepo, a duras penas puede mantener a su padre enfermo. Mahmud tuvo que escapar de Damasco, para evitar su arresto, dejando atr&aacute;s a su hija Nagham, una beb&eacute; de cinco meses que necesita una operaci&oacute;n de espalda. Se maneja bien entre telas, aunque jam&aacute;s fue lo suyo. Algo m&aacute;s le cuesta a Aladdin, aunque silencioso escucha los consejos del resto para dar puntada con hilo. &ldquo;Con un poco de suerte, podremos emplear a hasta 20 personas&rdquo;, celebra Barakat. &ldquo;Las busco a trav&eacute;s de grupos de Facebook, o contactos de conocidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con el dinero del mecenas compran el material para confeccionar las prendas. Unas treinta t&uacute;nicas al d&iacute;a y otros tantos ch&aacute;ndales. Lo siguiente es darles salida. Shaza consigui&oacute; que asociaciones de cooperantes estadounidenses, brit&aacute;nicas y saud&iacute;es adquirieran las piezas producidas en el taller de Reyhanli. Por ahora ha conseguido que la Fundaci&oacute;n de Ayuda Humanitaria (IHH), conocida por haber fletado el Mavi M&aacute;rmara, compre parte de lo confeccionado.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; hay detr&aacute;s del 'Made in Turkey'?</h3><p class="article-text">
        Hay docenas de talleres de ropa esturreados por los s&oacute;tanos de Estambul, los cuales producen gran parte de la ropa que vestimos etiquetada como 'Made in Turkey'. Algunos son lugares l&oacute;bregos, sin apenas ventilaci&oacute;n, en los que se trabaja de sol a sol por un sueldo p&iacute;rrico.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de los empleados en esos lugares son afganos en situaci&oacute;n irregular huidos de su propia tragedia, a quienes tambi&eacute;n se niega el estatus de refugiado de la ONU. Aunque la guerra siria, iniciada hace tres a&ntilde;os y que ya acumula m&aacute;s de 160.000 muertos, tambi&eacute;n ha arrastrado a gran n&uacute;mero de v&iacute;ctimas a estos rincones.
    </p><p class="article-text">
        Un sueldo com&uacute;n en cualquier taller clandestino, por diez horas diarias, rodea las 600 liras turcas. El sueldo m&iacute;nimo interprofesional en Turqu&iacute;a es de 800 liras turcas (277 euros). &ldquo;En Reyhanli pagamos 700 liras turcas (240 euros) al mes. Pero en Estambul el precio de la vida es mucho m&aacute;s caro, as&iacute; que debemos pagar m&aacute;s. A&uacute;n no s&eacute; cu&aacute;nto podr&eacute; darles&rdquo;, piensa Shaza en voz alta. &ldquo;En unos meses, con la ayuda de Dios, lo podr&eacute; solucionar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo no me quedo ni un c&eacute;ntimo&rdquo;, se defiende Shaza Barakat, que admite que el Gobierno &ldquo;mira para otro lado&rdquo; con actividades como la suya, dada la imposibilidad de registrar a los sirios en la seguridad social. En su taller trabajan unas diez horas. Este medio ha podido constatar que el ritmo de trabajo en el taller de Barakat es notablemente menor que en otro regentado por Harun, un ciudadano de origen afgano que posee un taller en el cercano distrito de Zeytinburnu.
    </p><p class="article-text">
        Barakat se queja de que, desde que Arabia Saud&iacute; list&oacute; a los Hermanos Musulmanes como 'organizaci&oacute;n terrorista', la financiaci&oacute;n de actividades de apoyo a los refugiados como la suya pasa por un momento dif&iacute;cil. &ldquo;El dinero que llega desde Kuwait no alcanza el 10% del presupuesto total. <strong>Y ya no hablemos de Europa. De all&iacute; no llega nada</strong>&rdquo;, lamenta. &ldquo;Los sirios est&aacute;n abandonados por todo el mundo. Su existencia es miserable&rdquo;. Por primera vez, frunce el ce&ntilde;o y enciende su mirada: &ldquo;Hago lo que puedo. No puedo ayudar a todos. Ojal&aacute; pudiese. Algo es algo. Pero no voy a rendirme. &iquest;De acuerdo?&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Miquel Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/puntadas-esperanza-refugiados-siria_1_4827314.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Jun 2014 19:27:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Puntadas contra la indiferencia global hacia los sirios: "Trabajar cura mi dolor"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Siria,Refugiados,Asilo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los traductores afganos de las tropas españolas siguen abandonados por el Gobierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/espana-abandona-interpretes-afganistan_1_5072230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b9aba00-a891-4890-bd40-905d350ee0dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los traductores afganos de las tropas españolas siguen abandonados por el Gobierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevistamos a Sanjar y Mumtaz, dos de los intérpretes abandonados por España, que están a salvo en Estambul hasta que caduque su visa turca dentro de un mes y medio</p><p class="subtitle">El ministro de Defensa español declaró en diciembre que Exteriores concedería visados a 25 de los más de 40 intérpretes. Las embajadas de Kabul y Estambul siguen a la espera de "la respuesta de Madrid"</p><p class="subtitle">“En mi pueblo, los talibán han escrito: 'Cortaremos la cabeza a quienes hayan trabajado para los infieles'"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Fuimos la sombra de los oficiales espa&ntilde;oles en suelo afgano. Est&aacute;bamos en las reuniones, en la preparaci&oacute;n de las operaciones y hasta en los combates. D&iacute;a y noche juntos. Los militares no sal&iacute;an fuera de la base sin nosotros&rdquo;. Mumtaz y Sanjar, dos j&oacute;venes int&eacute;rpretes afganos contratados por las fuerzas armadas de Espa&ntilde;a, no abandonaron a las tropas en tres a&ntilde;os. Defensa s&iacute; lo ha hecho.  
    </p><p class="article-text">
        Junto a estos dos chavales, que estudiaron Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica en la Universidad de Kabul &ndash;la capital afgana&ndash;, hay cuarenta int&eacute;rpretes m&aacute;s. Trabajaron por cuenta del Ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol hasta su repliegue de Badghis, a finales de septiembre del a&ntilde;o pasado. Momento en que el calvario comenz&oacute;. &ldquo;En mi pueblo&rdquo;, cuenta Sanjar, compungido, los talib&aacute;n han escrito: &ldquo;'Cortaremos la cabeza a quienes hayan trabajado para los infieles'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El ministro de Defensa espa&ntilde;ol, Pedro Moren&eacute;s, declar&oacute; el 18 de diciembre en el Congreso que Exteriores conceder&iacute;a visados a 25 de los cuarenta y poco int&eacute;rpretes. Desde entonces, mutismo. Los traductores que permanecen en Kabul siguen sin escuchar una respuesta diferente al &ldquo;esperamos la llamada de Madrid&rdquo;. A Sanjar y Mumtaz ya les han recomendado en el consulado que dejen de venir: &ldquo;Ya os llamaremos si hay algo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fuentes del Ministerio de Defensa aseguran a eldiario.es que, a petici&oacute;n de Exteriores, han enviado &ldquo;los informes solicitados&rdquo; y &ldquo;recomendado conceder 28 visados y 22 compensaciones econ&oacute;micas&rdquo; en funci&oacute;n del riesgo que corren los traductores. &ldquo;Nuestro trabajo ya est&aacute; hecho&rdquo;, matiza el portavoz de Defensa, quien a&ntilde;ade que &ldquo;entiende&rdquo; que Exteriores est&aacute; tramitando los visados &ldquo;con normalidad&rdquo;. Este medio ha llamado hasta en dos ocasiones a Exteriores y no ha podido obtener ninguna informaci&oacute;n al respecto. 
    </p><p class="article-text">
        Sanjar relata c&oacute;mo, enfundados en traje militar espa&ntilde;ol, serv&iacute;an de nexo entre los mandos espa&ntilde;oles y el pupilo Ej&eacute;rcito Nacional de Afganist&aacute;n, al que adiestraban. La labor inclu&iacute;a intervenciones en zonas de combate. &ldquo;Una vez cooper&eacute; evacuando a un herido de la brigada paracaidista&rdquo;, cuenta Mumtaz. &ldquo;En los hospitales ten&iacute;amos que traducir lo que dec&iacute;an los m&eacute;dicos. As&iacute;, llegamos a pasar m&aacute;s de 24 horas en el centro m&eacute;dico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La paulatina retirada de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad de Afganist&aacute;n (ISAF, en siglas inglesas) ha permitido a los rigoristas religiosos talib&aacute;n ganar terreno. El Gobierno de Hamid Karzai y sus fuerzas armadas, corruptas y repletas de antiguos insurgentes no pueden contenerles. El principal objetivo de los talib&aacute;n est&aacute; siendo dar caza a quienes cooperaron con los extranjeros. Como Mumtaz y Sanjar.
    </p><p class="article-text">
        El Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU considera a los int&eacute;rpretes un grupo bajo m&aacute;xima amenaza. &ldquo;Trabaj&eacute; hasta el 2 de septiembre pasado&rdquo;, aclara Mumtaz. &ldquo;En los &uacute;ltimos d&iacute;as, preguntamos por la posibilidad de recibir visados para refugiarnos en Espa&ntilde;a. Siempre respond&iacute;an que hab&iacute;an pasado nuestros informes a Defensa, que al irse las tropas nos dar&iacute;an esos visados. Pero el d&iacute;a en que se fueron s&oacute;lo nos dijeron: &lsquo;Suerte&rsquo;&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Huida a Estambul</h3><p class="article-text">
        No encontraron una actitud m&aacute;s receptiva en la embajada de Espa&ntilde;a en Kabul, donde entregaron la documentaci&oacute;n necesaria para solicitar asilo por motivos humanitarios. Siempre nos dec&iacute;an &ldquo;todo depende de que env&iacute;en la respuesta los de Madrid&rdquo;, lamenta Mumtaz. Abrumados por el hast&iacute;o y el miedo a acabar con la hoja de un pu&ntilde;al en el cuello, Sanjar y Mumtaz huyeron a Turqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El mismo estribillo o&iacute;do en Kabul lo han escuchado cada viernes en el consulado espa&ntilde;ol de Estambul, en donde pidieron auxilio hace un mes. El resto del tiempo lo matan viendo girar las manijas del reloj. &Uacute;ltimamente Mumtaz ha encontrado trabajo de costurero, con un sueldo miserable y un horario eterno. A Sanjar, talludo, no le aceptaron porque no cab&iacute;a en el taller.
    </p><p class="article-text">
        Sanjar recuerda que EEUU ha anunciado la concesi&oacute;n de visados a al menos 2.500 int&eacute;rpretes. Uno de ellos es el hermano de Mumtaz, que ya est&aacute; en suelo norteamericano con su mujer, a la que tambi&eacute;n dieron visado. El Reino Unido tambi&eacute;n conceder&aacute; 600 visas y compensaciones econ&oacute;micas a sus antiguos int&eacute;rpretes. Han anunciado lo mismo pa&iacute;ses con contingentes de soldados menores que Espa&ntilde;a, como Noruega o Dinamarca.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Enga&ntilde;&eacute; a mi familia diciendo que trabajaba con civiles&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Las horas se alargan en el &ldquo;pozo&rdquo;, as&iacute; es como llaman Mumtaz y Sanjar al s&oacute;tano estambulita en el que viven. &ldquo;Mi padre ya me dijo que acabar&iacute;a pasando esto&rdquo;, lamenta Sanjar, cariacontecido. &ldquo;Por eso enga&ntilde;&eacute; a mi familia dici&eacute;ndoles que trabajaba con civiles en Herat en vez de en la base militar de Qala-e-now&rdquo;, en Badghis. &ldquo;Mi padre lo sab&iacute;a, y estaba en contra, pero &iquest;qu&eacute; otro trabajo hab&iacute;a para nosotros?&rdquo;, exclama Mumtaz.
    </p><p class="article-text">
        Mumtaz y su padre, originarios de una zona rural en la peligrosa provincia de Logar, al este del pa&iacute;s, acordaron no decir nada a los vecinos. Pero a los dos a&ntilde;os se enteraron. &ldquo;A mi familia le empezaron a llegar advertencias para que dejara mi trabajo. Finalmente, mi padre me pidi&oacute; que no visitara el pueblo en vacaciones&rdquo;. Sanjar recuerda situaciones similares. &ldquo;Los que ahora son soldados del ej&eacute;rcito afgano nos conocen y tienen contactos con los talib&aacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una vez, durante una inspecci&oacute;n de tropas, un soldado afgano me dijo que, de poder, me matar&iacute;a&rdquo;, prosigue Sanjar. &ldquo;Se lo traduje al oficial espa&ntilde;ol, que pas&oacute; un informe a los mandos afganos. Estos respondieron que no hab&iacute;an encontrado a quien hizo ese comentario&rdquo;. La presi&oacute;n en los pueblos sobre quienes han trabajado para los extranjeros, los &ldquo;colaboracionistas&rdquo;, ha empujado a muchos a mimetizarse en Kabul.
    </p><p class="article-text">
        Los exint&eacute;rpretes que han acabado en Estambul intentan contener la frustraci&oacute;n. Al menos est&aacute;n a salvo hasta que caduque su visa turca, dentro de un mes y medio. No corri&oacute; la misma ef&iacute;mera suerte Jawad Wafa, un traductor que hab&iacute;a trabajado para las tropas alemanas en Kunduz. Le ejecutaron mientras esperaba luz verde para ir a Alemania. As&iacute; lo zanja Sanjar: &ldquo;Te paran en un control. Si te encuentran un billete de d&oacute;lar, te matan&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Miquel Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/espana-abandona-interpretes-afganistan_1_5072230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jan 2014 19:27:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los traductores afganos de las tropas españolas siguen abandonados por el Gobierno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Afganistán]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Infancias reventadas en Kurdistán por las minas antipersona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/infancias-reventadas-kurdistan_1_5155181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66ef2c95-3c16-4ea0-ad39-ae6f1c400d21_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Infancias reventadas en Kurdistán por las minas antipersona"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La muerte de un niño de 8 años por la explosión de un artefacto abandonado cerca de las fronteras con Irak e Irán recuerda las miles de bombas abandonadas en el campo turco</p><p class="subtitle">En el informe de transparencia turco se advierte de la presencia de 977.922 minas en sus líneas fronterizas</p><p class="subtitle">Al menos 15 civiles, 8 de ellos niños, han sido afectados por explosivos desperdigados por el campo en 2011</p></div><p class="article-text">
        Oscurec&iacute;a en Incesu, un pu&ntilde;ado de casas asentadas en la falda de uno  de los muchos montes terrosos que pueblan la zona. Entre unos matojos a  quinientos metros de su hogar Behzat &Ouml;zer, un vivaracho ni&ntilde;o de ocho  a&ntilde;os que acababa de salir de clase, hall&oacute; un objeto curioso. &ldquo;&iexcl;Mira!&rdquo;,  le espet&oacute; a su amigo Tayfun Can, un a&ntilde;o mayor que &eacute;l. Y aquello explot&oacute;.  &ldquo;Al llegar nos encontramos al ni&ntilde;o despedazado&rdquo;, musita abatido su t&iacute;o  Casim a eldiario.es.
    </p><p class="article-text">
        Como suele pasar con los sucesos inc&oacute;modos,  pocos medios turcos se detuvieron a contar la historia de Behzat y  Tayfun, que salv&oacute; la vida. La casa familiar, rodeada de frutales, es  rigurosamente austera. El sal&oacute;n principal, como es costumbre en las  viviendas kurdas, carece de muebles y est&aacute; contorneado por cojines  coloreados que reposan encima de enormes alfombras. Los padres del ni&ntilde;o  fallecido no pueden atender a Desalambre pues Huseyin, su padre, est&aacute;  enfermo en el hospital. Toda la familia &Ouml;zer, una colecci&oacute;n de miradas  compungidas, se sienta y acompa&ntilde;a a Casim. 
    </p><p class="article-text">
        La muerte del  peque&ntilde;o Behzat, sard&oacute;nicamente ocurrida en el 90 aniversario de la  Rep&uacute;blica de Turqu&iacute;a, ha devuelto de las tinieblas la tragedia de los  explosivos abandonados en el campo turco. Son consecuencia de la guerra  librada desde 1984 en esta zona, cerca del v&eacute;rtice confluyente con las  fronteras de Ir&aacute;n e Irak, entre la milicia del Partido de los  Trabajadores del Kurdist&aacute;n (PKK) y las fuerzas de seguridad turcas.
    </p><p class="article-text">
        Las  crestas  del valle de &#350;emdinli son los muros p&eacute;treos de un inmenso  suplicio para  sus once mil habitantes. Sobre las cumbres se aposentan  torretas de  vigilancia del Ej&eacute;rcito turco. Los soldados se turnan para  pasear el  detector de minas por el arc&eacute;n de sinuosas carreteras  colmadas de  puestos de control. De noche, potentes focos de luz que  iluminan las  laderas del monte siguen buscando fantasmas con  Kalashnikov.
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        El hecho de que &#350;emdinli sea la v&iacute;a  m&aacute;s r&aacute;pida hacia la sierra iraqu&iacute; de Qandil, santuario de los  guerrilleros desde hace una d&eacute;cada, ha estigmatizado la zona y a sus  habitantes. &ldquo;Siempre nos vieron como miembros del PKK &ndash;recuerda Casim  &Ouml;zer&ndash;. Nos prohib&iacute;an ir a nuestras tierras y nos obligaron a venderlas.  En ocasiones nos forzaban a abandonar los pueblos. Nos prohib&iacute;an, entre  palizas, hablar el kurdo, la &uacute;nica lengua que sab&iacute;amos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los &Ouml;zer  no han sido los &uacute;nicos golpeados en este lugar por el mal agazapado a  ras de tierra. &ldquo;Behzat es el primer muerto en nuestra aldea &ndash;se&ntilde;ala  Casim&ndash;, pero aqu&iacute; cerca, en el pueblo de Yayla, tres pastoras pisaron  una mina hace siete u ocho a&ntilde;os. Dos de ellas murieron. El verano  pasado, mientras daba de pastar a los animales, un hombre falleci&oacute; al  estallar otra mina a su paso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seferi Y&#305;lmaz, hoy regente de una  conocida librer&iacute;a local, dedic&oacute; quince a&ntilde;os de su vida a purgar en la  c&aacute;rcel los excesos cometidos anteriormente en las filas del PKK. Habla  de minas con conocimiento de causa: &ldquo;Colocaron minas por todas partes  para evitar que la gente trabajara la tierra. Recuerdo a mujeres que  dejaron hu&eacute;rfanos al morir en los huertos. Tambi&eacute;n a infantes fallecidos  mientras llevaban las bestias a pastar, en vecindarios incluso m&aacute;s  cercanos al centro de &#350;emdinli que Incesu&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Cifras opacas</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n  la Fundaci&oacute;n Turca para los Derechos Humanos (TIHV), 128 menores  sufrieron entre 1999 y 2011 un destino similar al de Behzat &Ouml;zer. En el  &uacute;ltimo registro del suizo Observatorio de Minas y Munici&oacute;n de Dispersi&oacute;n  (CMC), de 2011, se cuentan al menos ocho ni&ntilde;os entre los 19 civiles  afectados por explosivos desperdigados por el campo. Son minas  convencionales, minas improvisadas (IED) u otros artefactos de guerra.
    </p><p class="article-text">
        Debido  al inter&eacute;s pol&iacute;tico en Turqu&iacute;a por mimetizar las cifras, especialmente  las no militares, hay pocos informes concluyentes. El International  Crisis Group calcula que en casi 30 a&ntilde;os de guerra entre el PKK y  Turqu&iacute;a ha habido unos 40.000 muertos. El Ministerio de Interior turco  dio cuenta en 2010 de 644 civiles fallecidos por minas desde ese  periodo. Sum&oacute; a esa cifra 5.091 heridos m&aacute;s, sin especificar su estatus.
    </p><p class="article-text">
        Tras  la  muerte del ni&ntilde;o Behzat &Ouml;zer, los soldados turcos dieron su p&eacute;same a  los  familiares. &ldquo;Algunos uniformados vinieron al entierro. Les pesaba  lo  ocurrido&rdquo;, asegura el t&iacute;o de Behzat.  Pero las Fuerzas Armadas de  Turqu&iacute;a (TSK) eximieron responsabilidades  en la tragedia.  &ldquo;Inspeccionaron brevemente la zona. Luego nos dijeron  que el explosivo  hab&iacute;a sido una granada de mano rusa y se fueron&rdquo;, a&ntilde;ade  Casim, que no  ha vuelto a verles por ah&iacute;.
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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Todas las minas  esparcidas llevan grabadas las siglas TSK, sentencia Seferi Y&#305;lmaz.  Casim &Ouml;zer no lo ve tan claro y opina que el &rdquo;Partido [PKK]&ldquo; pudo  dejarse alg&uacute;n explosivo abandonado hace a&ntilde;os durante sus movimientos de  tropas. Turqu&iacute;a, que firm&oacute; en 2004 la Convenci&oacute;n sobre la prohibici&oacute;n de  minas antipersona &ndash;que pretende acabar con la fabricaci&oacute;n, venta y uso  de minas que puedan ser activadas por la v&iacute;ctima&ndash;, s&oacute;lo detall&oacute;  voluntariamente en su &uacute;ltimo informe de transparencia las bajas  provocadas por minas del PKK.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que Ankara asegur&oacute; en 2011  haberse desecho de todas sus minas antipersona, y que el Estado Mayor  declar&oacute; haber prohibido su uso ya en 1998, la prensa turca ha informado  en al menos dos ocasiones posteriores de la colocaci&oacute;n de estos  artefactos por parte del ej&eacute;rcito. Por otra parte, Y&#305;lmaz recuerda que  la guerrilla se adhiri&oacute; a la llamada a dejar de usarlas. Desde 2006, el  PKK reconoce usar s&oacute;lo dispositivos detonados por control remoto, un  tipo de dispositivo no vetado por la Convenci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">Conflicto kurdo en Turqu&iacute;a</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Ya no estamos en guerra&rdquo;, insiste Seferi, el  exmiliciano que ahora es librero. &ldquo;Por eso Turqu&iacute;a debe retirar todas  las minas inmediatamente&rdquo;. En marzo de este a&ntilde;o, el PKK declar&oacute; el cese  de la lucha armada y su retirada paulatina de suelo turco. Interrumpi&oacute;  el proceso en septiembre denunciando al Gobierno turco de falta de  iniciativa. Entre otras agravios, estaba el de no disminuir, sino  incluso aumentar, el m&uacute;sculo militar en &#350;emdinli.
    </p><p class="article-text">
        En el informe de transparencia, los turcos advierten de la presencia de <strong>977.922 minas en sus l&iacute;neas fronterizas</strong>.  Se&ntilde;alan, sin dar m&aacute;s datos, que hay 67 zonas minadas en &ldquo;otros lugares  no frontera&rdquo;. &ldquo;Turqu&iacute;a anunci&oacute; que acabar&iacute;a de limpiar el pa&iacute;s de minas  en 2014, pero a&uacute;n anda lejos de cumplir con los requisitos de la  Convenci&oacute;n&rdquo;, denuncia al medio kurdo &lsquo;Rudaw&rsquo; Muteber &Ouml;greten,  coordinadora de la Iniciativa para una Turqu&iacute;a sin Minas. Y remacha:  &ldquo;Han pedido una pr&oacute;rroga de esta labor hasta 2022&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El  otro foco de tensi&oacute;n regional son los 822 km de l&iacute;nea divisoria que  separan Turqu&iacute;a del norte de Siria, una zona donde se est&aacute; consolidando  una autonom&iacute;a kurda simpatizante del PKK. All&iacute;, seg&uacute;n las cifras de  Ankara, hay escondidas 613.715 minas. &ldquo;En vez de retirarlas, plantan un  muro para supuestamente tapar esos campos minados&rdquo;, se queja Seferi  Y&#305;lmaz. La tapia, en construcci&oacute;n, ha puesto a los kurdos en pie de  guerra.
    </p><h3 class="article-text">Pobreza: otra consecuencia de las minas</h3><p class="article-text">
        De  la presencia de minas entre pastos y surcos de tierra se deriva otro  problema a&ntilde;adido al riesgo de saltar por los aires. &ldquo;Con tantos terrenos  f&eacute;rtiles repletos de explosivos, muchos vecinos no pueden ganarse la  vida&rdquo;, critica Y&#305;lmaz. Esto agrava la pobreza atroz de esta regi&oacute;n, que  tras a&ntilde;os de combates ha llevado a los adultos al hast&iacute;o y a los j&oacute;venes  a la histeria; muchos de ellos acabaron enrolados en las filas del PKK.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay  familias perjudicadas por las minas que no han podido llevar su causa a  los tribunales s&oacute;lo por falta de recursos econ&oacute;micos&rdquo;, pone de relieve  Y&#305;lmaz. &ldquo;Quienes van a juicio en ocasiones consiguen una peque&ntilde;a  indemnizaci&oacute;n y en otras se van con las manos vac&iacute;as&rdquo;. Casim &Ouml;zer, con  53 a&ntilde;os y parado, plantea t&iacute;midamente la posibilidad de ir ante el juez,  aunque la versi&oacute;n de los hechos del ej&eacute;rcito le genera confusi&oacute;n y  desconfianza.
    </p><p class="article-text">
        Las redes de asistencia a las v&iacute;ctimas de minas u  otros explosivos son peregrinas y est&aacute;n descentralizadas, lo que no  permite hacer un seguimiento a las compensaciones que reciban los  afectados por minas antipersona. Turqu&iacute;a, que insiste en destacar en sus  informes de transparencia s&oacute;lo los estragos provocados supuestamente  por artefactos puestos por el PKK, ofrece &uacute;nicamente n&uacute;meros exactos de  personal militar atendido: ni rastro de civiles. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No sabemos  d&oacute;nde puede haber m&aacute;s bombas&rdquo;, dice preocupado Casim &Ouml;zer. &ldquo;Hay miedo a  que esto se repita&rdquo;. En la aldea hay m&aacute;s de 45 menores que en un a&ntilde;o  aparentemente placentero, alega el t&iacute;o de Behzat, se han dado de bruces  de nuevo con el sangriento ayer. &ldquo;Ya s&oacute;lo queremos paz. Vivir libres y  tranquilos&rdquo;, pide con los ojos humedecidos. &ldquo;No me gusta usar la palabra  &lsquo;guerra. Pero si mi ni&ntilde;o ha sido asesinado, es porque algo sigue  ocurriendo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Miquel Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/infancias-reventadas-kurdistan_1_5155181.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Nov 2013 19:41:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Infancias reventadas en Kurdistán por las minas antipersona]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Kurdistán,Turquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amnistía Internacional carga contra la impunidad policial en Turquía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/amnistia-internacional-impunidad-policial-turquia_1_5823451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f62d7735-9b9f-4bb2-adc2-bed35395ee05_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amnistía Internacional carga contra la impunidad policial en Turquía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un informe de la ONG desmenuza, ofreciendo testigos, datos y e información jurídica, los  abusos cometidos por gobierno, policía y jueces durante las protestas  por el parque de Gezi.</p></div><p class="article-text">
        Hakan Yaman, padre y conductor de minib&uacute;s, se top&oacute; con disturbios al  volver tarde del trabajo. De repente, un chorro de agua a presi&oacute;n le  empap&oacute;. Como un vendaval, cinco polic&iacute;as se cerraron sobre &eacute;l cosi&eacute;ndole  a patadas. &ldquo;&iexcl;Acabemos con esto!&rdquo;: las fuerzas de seguridad arrastraron a  Hakan hasta un rinc&oacute;n oscuro. Creyeron oportuno arrancarle el ojo  izquierdo con un punz&oacute;n antes de tirar al hombre, inconsciente, sobre  una hoguera.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Este es el caso que m&aacute;s me horroriza&rdquo;, relata a Eldiario.es Andrew  Gardner, uno de los investigadores de Amnist&iacute;a Internacional, parapetado  tras una taza de t&eacute;. El drama de Yaman est&aacute; incluido en un informe  demoledor que acaba de presentar la ONG. El texto de 70 p&aacute;ginas  desmenuza, ofreciendo testigos, datos y e informaci&oacute;n jur&iacute;dica, los  abusos cometidos por gobierno, polic&iacute;a y jueces durante las protestas  por el parque de Gezi.
    </p><p class="article-text">
        En el jard&iacute;n de la sede de AI, una liviana cortina de lluvia refresca  la memoria de aqu&eacute;l sofocante viernes 31 de mayo. De madrugada, docenas  de polic&iacute;as irrumpieron en el &uacute;ltimo pulm&oacute;n verde del centro de  Estambul. Un pu&ntilde;ado de activistas resist&iacute;a desde el lunes anterior en su  coraz&oacute;n para evitar una tala masiva de &aacute;rboles. Primero quemaron sus  tiendas de campa&ntilde;a; luego, les ahuyentaron anublando Gezi con gas  lacrim&oacute;geno.
    </p><h3 class="article-text">Indignaci&oacute;n contra la represi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Esta acci&oacute;n desmedida reverber&oacute; en las calles. A las pocas horas, los  uniformados destacados en las principales ciudades del pa&iacute;s estaban  apabullados ante la cadena de protestas desatadas en respuesta a la  represi&oacute;n en Gezi, convertidas ya en disturbios. Incapaces de contener  la ira juvenil, agentes y veh&iacute;culos de agua a presi&oacute;n (TOMA) correteaban  desorientados por los aleda&ntilde;os del parque. Cargaban y deten&iacute;an al  tunt&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; el punto de partida para Gardner. &ldquo;Si las protestas de Gezi  tuvieron tanto eco internacional es por la violencia empleada, amplia y  masivamente, contra una protesta decididamente pac&iacute;fica&rdquo;, explica  Gardner. &ldquo;Lo in&eacute;dito de esta vez es que las v&iacute;ctimas de esta brutalidad  ya no eran kurdos en la ciudad de Diyarbakir, como era costumbre, sino  j&oacute;venes veintea&ntilde;eros sin militancia pol&iacute;tica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la polic&iacute;a est&aacute; el ministro de Interior Muammer G&uuml;ler, y el  dedo del mismo Primer Ministro. Recep Tayyip Erdo&#287;an acus&oacute; a los  manifestantes de comulgar con grupos terroristas locales. No contento,  el gobierno ha se&ntilde;alado a lo largo del tiempo a la oposici&oacute;n pol&iacute;tica, a  unos inc&oacute;gnitos &ldquo;lobbies de inter&eacute;s&rdquo; y hasta al sionismo de organizar y  alentar las protestas que encendieron Turqu&iacute;a durante dos meses.
    </p><h3 class="article-text">Ataque al disenso</h3><p class="article-text">
        &ldquo;El principal problema es que este gobierno autoritario no sabe c&oacute;mo  tratar las opiniones disidentes&rdquo;, se&ntilde;ala el investigador de Amnist&iacute;a  Internacional, &ldquo;esto es algo de lo que advertimos en un informe  anterior. Se considera la cr&iacute;tica una amenaza, algo que debe ser  machacado a toda costa&rdquo;. En este paso firme triturando protestas,  recuerda AI, el l&iacute;der turco ha dejado un rastro de graves violaciones de  derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        Una de las que m&aacute;s preocupa a la ONG y que encabeza su reporte es la  denegaci&oacute;n del derecho de reuni&oacute;n pac&iacute;fica. Amnist&iacute;a Internacional  recuerda, adem&aacute;s de la propia Constituci&oacute;n turca, la Declaraci&oacute;n  Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional para los Derechos  Civiles y Pol&iacute;ticos de 1960 y la Convenci&oacute;n Europea para los Derechos  Humanos de 1950. Turqu&iacute;a es firmante de todos ellos.
    </p><p class="article-text">
        El informe recalca que tampoco hay ep&iacute;grafe que justifique la  dispersi&oacute;n sistem&aacute;tica de protestas pac&iacute;ficas. Ante la justificaci&oacute;n  gubernamental de que hab&iacute;a violentos infiltrados entre los  manifestantes, AI recuerda que la ley internacional no permite tomar la  parte por el todo, y que la polic&iacute;a s&oacute;lo debe actuar contra los  elementos que alteran el orden p&uacute;blico al mismo tiempo que permiten  seguir al resto.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos  juega del lado turco. Algunas de las m&aacute;s de 50.000 sentencias falladas  contra Turqu&iacute;a desde que el Partido para la Justicia y el Desarrollo  (AKP) de Erdo&#287;an llegara al poder resaltan que la ausencia de  notificaci&oacute;n previa no justifican la disoluci&oacute;n de una protesta. M&aacute;s en  el caso de las manifestaciones de Gezi, nacidas al calor de la  espontaneidad.
    </p><h3 class="article-text">Acusados de terrorismo</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Hab&iacute;a ocurrido antes, y tem&iacute;amos que se repitiera durante las  protestas de Gezi. As&iacute; ha sido&rdquo;, lamenta Andrew Gardner, &ldquo;la fiscal&iacute;a ha  recurrido a la Ley Antiterrorista&rdquo;. Los rigurosos art&iacute;culos del C&oacute;digo  Penal 314 (pertenencia a organizaci&oacute;n ilegal), 220.6 (crimen en nombre  de una organizaci&oacute;n ilegal) y hasta el 312 (intento de derrocamiento del  gobierno) se han usado contra parte de los cerca de 5.000 manifestantes  detenidos.
    </p><p class="article-text">
        Ankara, detalla Amnist&iacute;a Internacional, carg&oacute; contra todos:  estudiantes, activistas, tuiteros, periodistas, arquitectos y hasta  sanitarios que atendieron a m&aacute;s de 8.000 heridos durante las protestas.  Las cabezas visibles de Solidaridad con Taksim, una plataforma de ciento  cincuenta grupos que intent&oacute; enhebrar las acciones en defensa del  parque de Gezi y que llegaron a sentarse con Erdo&#287;an, ser&aacute;n juzgados  como terroristas.
    </p><p class="article-text">
        Pero todo el esfuerzo de los tribunales por llevar ante la justicia a  los manifestantes queda en nada a la hora de depurar responsabilidades  entre los polic&iacute;as. Pese a que el gobierno mostr&oacute; visos de  reconocimiento de los abusos cometidos por los uniformados, s&oacute;lo 43  antidisturbios han sido p&iacute;rricamente sancionados. &ldquo;La polic&iacute;a no estaba  ni equipada ni entrenada para gestionar la situaci&oacute;n&rdquo;, enfatiza Gardner.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dos aspectos han diferenciado la actuaci&oacute;n policial durante las  protestas de Gezi de ocasiones anteriores&rdquo;, aclara Gardner. &ldquo;Primero, el  ingente n&uacute;mero de detenciones arbitrarias y extraoficiales&rdquo;. Se golpe&oacute; y  confin&oacute; durante horas a los detenidos. &ldquo;En segundo lugar, la notable  cantidad de casos de vejaciones sexuales cometidos por los agentes de  los que tenemos constancia&rdquo;, remacha el activista.
    </p><h3 class="article-text">Una polic&iacute;a impune</h3><p class="article-text">
        Amnist&iacute;a Internacional subraya la labor determinante de la prensa  local e internacional a la hora de forzar al gobierno a investigar la  violencia policial. Andrew Gardner comenta mente el caso del joven de 19  a&ntilde;os Ali Ismail Korkmaz: &ldquo;Si primero miembros del AKP aseguraron que a  Korkmaz le hab&iacute;an asesinado sus amigos, luego se demostr&oacute; que al menos  un polic&iacute;a de paisano particip&oacute; en el apaleamiento que lo mat&oacute; en  Eskisehir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La ONG considera que la brutalidad policial est&aacute; detr&aacute;s de al menos  tres de las seis muertes de manifestantes habidas en el marco de las  protestas por el parque de Gezi. Korkmaz entr&oacute; en un coma terminal entre  garrotazos. A Abdullah C&ouml;mert, en Antioqu&iacute;a, un cartucho de gas  lacrim&oacute;geno le destroz&oacute; el cr&aacute;neo. En Ankara, un polic&iacute;a abri&oacute; fuego  real contra los manifestantes. Mat&oacute; a uno de ellos, Ethem Sar&#305;s&uuml;l&uuml;k.
    </p><p class="article-text">
        El polic&iacute;a que mat&oacute; a C&ouml;mert no ha acudido a&uacute;n ante el fiscal.  Familiares de Saris&uuml;l&uuml;k, as&iacute; como testigos de su asesinato, denuncian  presiones policiales. Piden una pena m&iacute;nima para el autor de los  disparos. El caso de Korkmaz ha consistido en una carrera de obst&aacute;culos  para acceder a la identificaci&oacute;n de los autores de la paliza. Las  grabaciones de las c&aacute;maras de seguridad fueron da&ntilde;adas adrede.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La sensaci&oacute;n de impunidad policial es generalizada. La lentitud y lo  intrincado de las investigaciones contra los abusos policiales hacen  creer en ello&rdquo;, esgrime Andrew Gardner. El investigador se alarma ante  la cantidad de heridos que tem&iacute;an ir a hospitales por miedo a ser  identificados. O que se negaban a interponer denuncias para evitar  futuras consecuencias y creyendo que ser&iacute;a en vano.
    </p><p class="article-text">
        Amnist&iacute;a Internacional ha redactado su informe a partir de un trabajo  de campo realizado entre junio y agosto en Antioqu&iacute;a, Esmirna, Ankara y  Estambul, las urbes que acogieron m&aacute;s manifestaciones pro Gezi. Se han  conducido alrededor de cien entrevistas, la mayor&iacute;a cara a cara. Pero el  dossier s&oacute;lo detalla unas treinta. &ldquo;Temerosos de perjuicios futuros,  muchos se negaban a ser identificados&rdquo;, apunta Gardner.
    </p><p class="article-text">
        Los padres de Berkin Elvan son del grupo que ha querido dar la cara.  El joven, de catorce a&ntilde;os, sali&oacute; de casa el 16 de junio a comprar el  pan. La tragedia se cruz&oacute; en su camino cuando un polic&iacute;a, disparando  desde unos veinte metros, le abri&oacute; la cabeza con una lata de gas  pimienta. El chico est&aacute; en coma desde entonces. Sus agresores se han  encargado de reprimir duramente toda concentraci&oacute;n pac&iacute;fica de apoyo.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ha dado el paso H&uuml;lya Arslan, que acamp&oacute; junto a su madre en  el microcosmos que ocup&oacute; Gezi a principios de junio. El d&iacute;a 11 por la  noche, en el curso de un intento de desalojo del campamento, una bala de  pl&aacute;stico policial revent&oacute; el ojo de la joven. Eylem Karada&#287; y Deniz  Er&#351;ahin denuncian tocamientos y vejaciones sexuales de antidisturbios en  Ankara. Los mismos cuya actuaci&oacute;n Erdo&#287;an tild&oacute; de &ldquo;legendaria&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Gas lacrim&oacute;geno letal</h3><p class="article-text">
        Corretea como una exhalaci&oacute;n por su oficina. Meri&ccedil; Eyubo&#287;lu, que  desde el minuto cero puso su experiencia como abogada a disposici&oacute;n de  las v&iacute;ctimas de la polic&iacute;a turca, no de abasto atendi&eacute;ndolas. &ldquo;Se  violaron varios acuerdos internacionales sobre uso de fuerza, como el  que proh&iacute;be usar gas lacrim&oacute;geno en lugares cerrados o en instalaciones  m&eacute;dicas&rdquo;, aclara. &ldquo;Tampoco se facilit&oacute; asistencia m&eacute;dica apropiada a los  afectados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eyubo&#287;lu indica que, seg&uacute;n la Convenci&oacute;n de Ginebra, el gas  lacrim&oacute;geno est&aacute; sometido a las directrices sobre armas convencionales.  Otro de los puntos m&aacute;s cr&iacute;ticos al respecto es la confiscaci&oacute;n y  destrucci&oacute;n de m&aacute;scaras anti gas a manifestantes en los mismos lugares  en los que se estaba gaseando. Andrew Garder define esta pr&aacute;ctica, que  se volvi&oacute; habitual y de la que Eldiario.es fue testigo, como &ldquo;tortura&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El doctor Gazihan &Ccedil;a&#287;lar, voluntario de la Asociaci&oacute;n M&eacute;dica de  Turqu&iacute;a (TTB), asegura que al menos dos ciudadanos turcos murieron de  infarto tras exponerse durante horas al gas lacrim&oacute;geno lanzado en las  protestas. Algunos estudios consideran que esta arma antidisturbios,  llamada tambi&eacute;n CS, puede tener efectos letales para el coraz&oacute;n y el  h&iacute;gado e incluso provocar abortos.
    </p><p class="article-text">
        Extensiones de calle cubiertas de gas fueron imagen de postal de las  protestas de Gezi. Durante los primeros 20 d&iacute;as de manifestaciones la  polic&iacute;a agot&oacute; toda una provisi&oacute;n anual de 130.000 cartuchos de CS. Al  poco, Interior compr&oacute; 400.000 m&aacute;s. Seg&uacute;n la TTB, 11 personas perdieron  un ojo y 104 sufrieron heridas traum&aacute;ticas craneales como consecuencia  de su disparo de forma inapropiada: se dispararon a la altura de la  cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Junto al gas, los otros protagonistas fueron los veh&iacute;culos TOMA. Los  fabrica la empresa turca Nurol bajo licencia de Beit Alpha, compa&ntilde;&iacute;a  asentada en el &lsquo;kibbutz&rsquo; israel&iacute; hom&oacute;nimo. Pese a que Turqu&iacute;a lo neg&oacute; en  repetidas veces, este medio comprob&oacute; como las fuerzas de seguridad  mezclaban con el agua a presi&oacute;n de los TOMA componentes qu&iacute;micos no  especificados que provocaban quemaduras de primer grado.
    </p><p class="article-text">
        Balas pl&aacute;sticas y balas de pintura para se&ntilde;alar a los objetivos a  detener. Patrullas de fieles al primer ministro Erdo&#287;an, armados con  palos, siendo escoltados por la polic&iacute;a hasta un lugar en el que atacar a  manifestantes. M&aacute;s recientemente, uso de bolas de pl&aacute;stico que hieren  al impactar en la piel y que, al romperse, desprenden una sustancia que  provoca v&oacute;mitos. El arsenal de los antidisturbios turcos se extiende.
    </p><p class="article-text">
        Estados Unidos, Reino Unido, Brasil y China son algunos de los pa&iacute;ses  que facilitaron las labores de represi&oacute;n policial al vender al gobierno  turco material represor. &ldquo;Amnist&iacute;a Internacional pide a estos pa&iacute;ses y a  otros posibles proveedores un cese temporal de su actividad hasta  Turqu&iacute;a investigue y aclare todas las denuncias de abusos cometidos&rdquo;,  puntualiza Andrew Gardner.
    </p><h3 class="article-text">El factor Estrasburgo</h3><p class="article-text">
        R&#305;za T&uuml;rmen pas&oacute; una d&eacute;cada de juez en el Tribunal Europeo de  Derechos Humanos. &ldquo;Toda demanda individual abierta contra los excesos  policiales debe agotar la v&iacute;a ordinaria antes de llegar a Estrasburgo&rdquo;,  advierte. &ldquo;Sin embargo&rdquo;, matiza, &ldquo;si el TEDH considera que una serie de  violaciones se han convertido en pr&aacute;ctica administrativa, puede aceptar  directamente demandas asociadas a esa erosi&oacute;n de derechos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Depender&aacute; de si Turqu&iacute;a investiga a fondo y juzga la actuaci&oacute;n  policial que Estrasburgo se implique o no&rdquo;, comenta lac&oacute;nico Andrew  Gardner, &ldquo;pero veo a Erdo&#287;an encallado en su discurso provocador&rdquo;.  Recientemente, el Primer Ministro ha pedido a sus votantes que denuncien  a los vecinos que participen en caceroladas. Adem&aacute;s, planea introducir  en los barrios un sistema electr&oacute;nico de denuncias an&oacute;nimas.
    </p><p class="article-text">
        Las pistas apuntan a que el rumbo del &lsquo;premier&rsquo; no virar&aacute;. El 27 de  septiembre, el Consejo de Europa denunci&oacute; el incumplimiento de la  sentencia del caso &lsquo;Oya Ataman contra Turqu&iacute;a&rsquo;. &ldquo;El TEDH sigue  recibiendo demandas de interferencias en el derecho a manifestaci&oacute;n  pac&iacute;fica y de uso excesivo de la fuerza en protestas, as&iacute; como falta de  soluciones para remediarlo&rdquo;, rezaba su comunicado.
    </p><p class="article-text">
        Contenci&oacute;n en las cargas y m&aacute;s supervisi&oacute;n, entrenamiento policial,  reformas legales, investigaci&oacute;n exhaustiva de los abusos&hellip;Amnist&iacute;a  Internacional recomienda y lamenta la fr&iacute;a respuesta de Ankara estos  mensajes. Por eso Andrew Garder, un brit&aacute;nico poco dado a la efusividad,  le cuesta mantener el optimismo tras meses de minucioso trabajo: &ldquo;Si te  digo la verdad, pocas esperanzas tengo de que Erdo&#287;an reaccione&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Miquel Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/amnistia-internacional-impunidad-policial-turquia_1_5823451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Oct 2013 09:00:46 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alevíes sirios en Turquía: entre la espada y la espada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/minorias-conflicto-siria-turquia-discriminacion_1_5814318.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2083dc9b-5f43-477b-851a-9fc334e6a171_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alevíes sirios en Turquía: entre la espada y la espada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En  la cruenta guerra de Siria, cualquier señal de identidad religiosa</p><p class="subtitle">puede ser un pasaporte hacia la muerte.</p><p class="subtitle">La  pobreza predomina entre la mayoría del medio millón de refugiados  sirios en Turquía.</p><p class="subtitle">"Ya en  Turquía, tuvimos que vivir durante dos semanas de la mendicidad y la  venta de pañuelos en la ciudad de Gaziantep", dice Hassan.</p></div><p class="article-text">
        Cuando  a Husein (nombre ficticio), un joven sirio de 14 a&ntilde;os y mirada  vivaracha, se le pregunt&oacute; por el significado del tatuaje con forma de  cimitarra que sella su pecho, su padre le solt&oacute; una reprimenda en &aacute;rabe  para evitar ser entendido: &ldquo;&iexcl;Te dije que te lo taparas bien!&rdquo;. &ldquo;Nada,  f&iacute;jate&rdquo;, respondi&oacute; entonces el chaval, en turco, mostrando el dibujo de  su camiseta interior. &ldquo;S&oacute;lo es Michael Jackson&rdquo;, musit&oacute;, sonrisa  desangelada, ante la mirada consternada del progenitor.
    </p><p class="article-text">
        En  la cruenta guerra de Siria, cualquier se&ntilde;al de identidad religiosa  puede ser un pasaporte hacia la muerte. Lucir en la piel el simb&oacute;lico  tatuaje de la cimitarra de Al&iacute;, com&uacute;n entre los miembros de la comunidad  alev&iacute; y etnia turcomana residentes en Siria, bast&oacute; para que yihadistas  opositores a Asad le rebanaran el brazo al hermano de Zeinab (ficticio)  en el distrito del Shajur, en Alepo. &ldquo;Antes, ya hab&iacute;an amenazado a mi  madre con cortarle la mano por el mismo motivo&rdquo;, relata enfurecida.
    </p><p class="article-text">
        Estaban  acorralados por el caos. &ldquo;No ten&iacute;amos problemas con nuestros vecinos  sun&iacute;es, pero s&iacute; con los barbudos extranjeros&rdquo;, matiza Hassan, un joyero  al que la guerra ha arrebatado el negocio, refiri&eacute;ndose a los  yihadistas. &ldquo;Ven&iacute;an diariamente al barrio. Amenazaban con matarnos y  derruir nuestra mezquita&rdquo;, a&ntilde;ade. Hicieron ambas cosas. Al grito de  &ldquo;Dios es grande&rdquo;, milicianos opositores dinamitaron el templo alev&iacute;. La  explosi&oacute;n mat&oacute; al hijo de siete a&ntilde;os de Zeinab.
    </p><p class="article-text">
        Hassan  habla de vecinos asesinados a manos de los alzados. Asegura haber  presenciado ataques bomba y ca&iacute;das de cohetes, y que por eso su familia y  unas veinte m&aacute;s tomaron la decisi&oacute;n de exiliarse. Antes de partir  cubrieron sus tatuajes con barro: una delaci&oacute;n ser&iacute;a fatal. Pero para el  exjoyero, la parte m&aacute;s tortuosa del camino fue la llegada: &ldquo;Ya en  Turqu&iacute;a, tuvimos que vivir durante dos semanas de la mendicidad y la  venta de pa&ntilde;uelos en [la ciudad de] Gaziantep&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Ayuda humanitaria escasa</h3><p class="article-text">
        La  pobreza predomina entre la mayor&iacute;a del medio mill&oacute;n de refugiados  sirios en Turqu&iacute;a. Una ayuda humanitaria que no alcanza para todos,  sumada a las tensiones sectarias que han estallado en Siria, han   perjudicado a minor&iacute;as como la turcomana, de 3,5 millones de miembros. A  finales de julio, la entrada de 1.500 refugiados turcomanos en uno de  los veinte campamentos que hay en suelo turco deriv&oacute; en un mot&iacute;n de sus  nuevos vecinos &aacute;rabes.
    </p><p class="article-text">
        Gran  parte de esta comunidad &eacute;tnica turcohablante, originaria de Asia  Central y extendida en peque&ntilde;os n&uacute;cleos al norte de Siria, profesa la  rama sun&iacute; del islam. Organizados en el Movimiento Democr&aacute;tico Turcomano  Sirio, los sun&iacute;es se unieron a la Coalici&oacute;n Nacional Siria, principal  antagonista del r&eacute;gimen. Su llamada a luchar por una Siria  territorialmente unida y socialmente cohesionada ha dejado al margen a  sus 'hermanos' de fe alev&iacute;, cuya mayor&iacute;a idolatra a Asad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Minor&iacute;as hermanas </h3><p class="article-text">
        <strong> </strong>Pese  a que jam&aacute;s fueron objeto de devoci&oacute;n del presidente sirio, que es fiel  alauita, el avance del fundamentalismo sun&iacute; entre las filas opositoras  ha hecho de la afinidad religiosa cola de contacto con Damasco. El  alauismo y el alevismo son corrientes espirituales paralelas, nacidas  durante la Edad Media. Su base tiene un pie en el chi&iacute;smo isl&aacute;mico y el  otro en un conjunto de pr&aacute;cticas y doctrinas pr&oacute;ximas al chamanismo y  anteriores a Mahoma.
    </p><p class="article-text">
        Alev&iacute;es  y alau&iacute;es aguardan el descubrimiento del duod&eacute;cimo im&aacute;n, el Mahd&iacute;. Como  los chi&iacute;es iran&iacute;es o libaneses, validan la l&iacute;nea sucesoria de Al&iacute;, yerno del profeta. Su base preisl&aacute;mica est&aacute; compuesta de conceptos como  la creencia en la esencia divina del ser humano y la inclusi&oacute;n de  danzas y m&uacute;sicas rituales en su celebraci&oacute;n comunitaria semanal, los  jueves por la noche. Debido a la heterodoxia de sus pr&aacute;cticas  religiosas, el sunismo ha tendido a tacharles de &ldquo;infieles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay  entre 15 y 20 millones de alev&iacute;es en Turqu&iacute;a, un 20% de los cuales son  de etnia kurda. Se concentran en comunidades extendidas por toda la  geograf&iacute;a, denominadas 'cem' y orientadas por un anciano al que llaman  'ded&eacute;'. Se re&uacute;nen en los llamados 'cemev&iacute;' (casa de la comunidad). La  negativa del Gobierno a reconocer estos edificios como lugar de culto  les obliga a hacer una pirueta legal y organizarse como centros  culturales, donde tienen prohibido cumplir sus ritos funerarios.
    </p><h3 class="article-text">Perdidos en Estambul</h3><p class="article-text">
        El  t&eacute; arde. Cemsi Onuk, presidente del centro cultural alev&iacute; Pir Sultan  Abdal del distrito estambuliota de Gaziospanpasa, lo deja enfriar  mientras relata su pedazo de historia. &ldquo;Nos enteramos por la prensa de su  llegada a la ciudad. Alev&iacute;es de Gaziantep les hab&iacute;an pagado billetes de autob&uacute;s. Acudimos inmediatamente a un parque del barrio de Kumkapi&rdquo;. All&iacute;  estaba Hassan y unos 400 alev&iacute;es turcomanos m&aacute;s, todos llegados del  norte de Siria, durmiendo al raso y pidiendo limosna.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No  quer&iacute;an escucharnos&rdquo;, prosigue Onuk, &ldquo;ten&iacute;an miedo. Cost&oacute; explicarles  que ven&iacute;amos a ayudarles. Al final, logramos convencer a trece de ellos,  que vinieron a nuestro cemev&iacute; del barrio de Yunus Emre, se ducharon y  cenaron&rdquo;. El fruto del trabajo de los siguientes d&iacute;as est&aacute; registrado en  el folio que el l&iacute;der alev&iacute; saca del bolsillo de su camisa y desdobla  primorosamente: &ldquo;Hoy ya hay con nosotros 30 ni&ntilde;as, 37 ni&ntilde;os, 24 mujeres y  20 hombres. Hay familias con 6 o 7 peque&ntilde;os&rdquo;.
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        En un pa&iacute;s cuyo primer ministro lo ha apostado todo a la ca&iacute;da del r&eacute;gimen  sirio, los refugiados turcomanos alev&iacute;es s&oacute;lo conf&iacute;an sus  correligionarios turcos. &ldquo;Hab&iacute;an rechazado, por miedo, la oferta del Gobierno de alojarse en los mismos campamentos que los damnificados por  Asad&rdquo;, aclara Cemsi Onuk. Estos exiliados denuncian haber o&iacute;do, por boca  de familiares, casos de amenazas de muerte, violaci&oacute;n de  mujeres y secuestro de alau&iacute;es para cobrar rescates a manos de  opositores.
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                </figure><h3 class="article-text">Refugiados por separado </h3><p class="article-text">
        <strong> </strong>Hace  un a&ntilde;o, el Gobierno turco se plante&oacute; abrir campamentos distintos para  todas las comunidades que hab&iacute;an convivido en Siria. Respond&iacute;an a la  incipiente llegada de cristianos asirios. Al igual que los turcomanos  alev&iacute;es, esta comunidad se vio atrapada en la disyuntiva de apoyar a una  revoluci&oacute;n, que simpatizaba cada vez m&aacute;s con el islamismo, u o&iacute;r cantos  de sirenas damasquinas, quienes tras d&eacute;cadas reprimi&eacute;ndolas, intentaban  venderse como garantes de las minor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Los  planes de Tayyip Erdogan no fueron necesarios. Temerosos de sufrir  represalias a manos de sus ayer vecinos en campamentos compartidos, los  asirios buscaron directamente cobijo en el monasterio cristiano de Mor  Gabriel, sito en la provincia sure&ntilde;a de Mardin. Los monjes pactaron con  Ankara canalizar la ayuda humanitaria para sus hu&eacute;spedes refugiados, que coordina la Agencia del Primer Ministro para la Gesti&oacute;n de  Cat&aacute;strofes y Emergencias (AFAD).
    </p><h3 class="article-text">El Gobierno interviene</h3><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Ahora  s&iacute; os importan? &iquest;Por qu&eacute; no les hab&eacute;is atendido antes?&rdquo;, pregunt&oacute; Cemsi  Onuk al jefe de polic&iacute;a. Un contingente de agentes se hab&iacute;a personado  en el cemevi para trasladar a los turcomanos alev&iacute;es a un campamento  compartido con los sun&iacute;es. La intentona no fructific&oacute; y provoc&oacute; que,  presos del p&aacute;nico, veinte de los refugiados abandonaran el cemev&iacute;.  &ldquo;Ninguno de ellos acepta la propuesta gubernamental. Temen que las  condiciones de seguridad sean insuficientes&rdquo;, aclara Onuk.
    </p><p class="article-text">
        Poco  despu&eacute;s, el Gobierno solicit&oacute; una entrevista con el presidente del  cemev&iacute; de Yunus Emre. En ese primer contacto, las autoridades  solicitaron una lista detallada de todos los refugiados a los que daban  cobijo. &ldquo;Ankara dijo que hay 10.000 refugiados turcomanos alev&iacute;es en  Turqu&iacute;a&rdquo;, explica Onuk. &ldquo;Sabemos, adem&aacute;s, que una parte fue acogida por  comunidades alev&iacute;es de la ciudad de Esmirna. Y que s&oacute;lo en Estambul hay  al menos 3.000, muchos a&uacute;n durmiendo en parques y plazas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De  nada sirvi&oacute; el encuentro inicial. Poco despu&eacute;s, un escuadr&oacute;n de  polic&iacute;as, a&uacute;n mayor que el de la primera visita, se present&oacute; en Yunus  Emre para llevarse por la fuerza a los refugiados. &ldquo;Fue dram&aacute;tico&rdquo;,  lamenta el l&iacute;der comunitario. &ldquo;Algunos lloraban aterrorizados por la  escena&rdquo;. Decenas de fieles alev&iacute;es, procedentes de todos los barrios de  Estambul, acudieron a bloquear la tarea de los uniformados, que  finalmente volvieron a irse con las manos vac&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Lo  ocurrido llev&oacute; a la direcci&oacute;n del cemev&iacute; a declararse responsable de  los refugiados. Acudieron a la Seguridad Social para inscribirles,  instalaron tres carpas en el patio del centro de culto y cinco  voluntarios organizaron una cocina para dispensar tres men&uacute;s diarios.  Numerosos vecinos del barrio de Yunus Emre, de mayor&iacute;a alev&iacute;, acuden  diariamente para entregar comida, enseres de limpieza y material  dom&eacute;stico. 250 refugiados duermen gratis en pisos cedidos por los  ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&oacute;lo  hemos hecho una reflexi&oacute;n humanitaria&rdquo;, puntualiza Vedat Kara, portavoz  de la Coordinadora de Entidades Alev&iacute;es de Estambul. &ldquo;Ambos  pertenecemos a la misma escuela alev&iacute;, la Bektas&iacute;, pero junto a ellos  tambi&eacute;n estamos atendiendo a algunas familias turcomanas sun&iacute;es&rdquo;, a&ntilde;ade.  &ldquo;Ya no necesitamos la ayuda del Gobierno. S&oacute;lo queremos actuar de  intermediarios entre ellos y la Administraci&oacute;n para que se les garantice  seguridad y un estatus de refugiado&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Sin estatus reconocido</h3><p class="article-text">
        El  d&iacute;a en que el primer ministro Erdogan se refiri&oacute; a los exiliados usando  el t&eacute;rmino &ldquo;hu&eacute;spedes&rdquo;, estaba ofreci&eacute;ndoles un regalo envenenado. Con  500 millones de euros, Turqu&iacute;a es el pa&iacute;s receptor que m&aacute;s ha invertido  en los desplazados por el conflicto de Siria. Sin embargo, la decisi&oacute;n  de no otorgarles el estatus de refugiado reconocido por la ONU, alegando  que se trataba de un &ldquo;alojo temporal&rdquo;,  inhabilita a las v&iacute;ctimas para  solicitar asilo pol&iacute;tico o conseguir un permiso de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Esta  situaci&oacute;n desquicia a Hassan que, anclado en el rinc&oacute;n de una de las  carpas plantadas frente al cemev&iacute; de Yunus Emre, observa sombr&iacute;o a su  alrededor. Sus ojeras, que asoman bajo unos ojos abatidos, sobresalen en  un rostro vencido por la inexpresi&oacute;n. &ldquo;Ten&iacute;a un buen trabajo&rdquo;, musita.  &ldquo;Desde que empez&oacute; la guerra, s&oacute;lo he vivido de la caridad. Primero, del  dinero que nos pagaba el Ej&eacute;rcito sirio; luego, de la limosna. Es  vergonzoso, a mi edad y as&iacute;... &iexcl;s&oacute;lo quiero poder trabajar!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pese  a que se sabe que el r&eacute;gimen ha facilitado armas a minor&iacute;as como la  cristiana para formar milicias de defensa en sus regiones, este  refugiado asegura que no fue as&iacute; en su caso. &ldquo;Es el Ej&eacute;rcito el que nos  protege. Mi hermano se uni&oacute; a &eacute;l. Es cierto que asesinan a gente, pero  porque ellos nos atacan. &iquest;Qu&eacute; otra opci&oacute;n ten&iacute;an?&rdquo;, se pregunta. &ldquo;Hay  soldados traidores. Cuando el Gobierno les da el dinero que debe ir  destinado a nosotros, desertan con &eacute;l sin entreg&aacute;rnoslo&rdquo;, comenta  indignado.
    </p><p class="article-text">
        Una  peque&ntilde;a de ojos chispeantes se cuelga del cuello de Hassan. &ldquo;Estoy aqu&iacute;  por ellos. Soy padre de familia y debo protegerles&rdquo;, suspira trazando  una sonrisa que pronto se apaga. &ldquo;En principio dej&eacute;  a mis padres en  Alepo porque, al ser mayores, el desplazamiento era dif&iacute;cil&rdquo;. El padre  alev&iacute; transpira arrepentimiento con sus palabras: &ldquo;Ahora s&iacute; que estoy  preocupado por ellos. Me gustar&iacute;a de veras poder irles a buscar o  enviarles dinero para que vengan. Pero no tengo nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los  d&iacute;as parecen eones en el cemev&iacute; de Yunus Emre. No muy lejos de all&iacute;,  Cemsi Onuk celebra la t&iacute;mida oferta del Gobierno turco de abrir un campo  de refugiados para los alev&iacute;es turcomanos en la provincia de Malatya.  A&uacute;n as&iacute;, no resultan buenas noticias para Hassan, que con nulo sarcasmo  confiesa que algunos de los suyos se plantean volver a sus hogares:  &ldquo;&iquest;Qu&eacute; mas dar&aacute; morir all&iacute; que aqu&iacute;? Ya estamos acabados&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Miquel Hurtado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/minorias-conflicto-siria-turquia-discriminacion_1_5814318.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Sep 2013 17:59:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alevíes sirios en Turquía: entre la espada y la espada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Siria,Turquía,Discriminación,Refugiados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Islámicos y antisistemas en Turquía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/islamicos-antisistemas-turquia_1_5764515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac53394a-bad8-4336-93fe-4c7c6d0692dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Islámicos y antisistemas en Turquía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La movilización ciudadana en Turquía incluyó también a los Musulmanes Anticapitalistas, que basan en el Corán su lucha por la justicia social</p><p class="subtitle">"En Turquía la religión se ha convertido en un entretenimiento para  adinerados. La gente se ha convertido en esclavos de su tarjeta de  crédito"</p></div><p class="article-text">
        El Primero de Mayo de 2012 pill&oacute; a contrapi&eacute; a toda la izquierda turca. Los combativos troskistas, leninistas y marxistas de toda la vida, concentrados en la plaza de Taksim en Estambul, contemplaban contrariados la columna de cien pa&ntilde;uelos palestinos, velos y niqabs que marchaba hacia ellos. &ldquo;&iexcl;Dios, pan y libertad!&rdquo;, gritaban rabiosos, pu&ntilde;o en alto. As&iacute; se presentaron los Musulmanes Anticapitalistas, uno de los grupos m&aacute;s llamativos que acamparon en el parque de Gezi.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Acumular propiedades y riqueza no est&aacute; alabado por el Cor&aacute;n. Al contrario, el libro sagrado pide constantemente compartir todo lo que tengamos de m&aacute;s&rdquo;, asegura a eldiario.es Ihsan Elia&ccedil;ik (Kayseri, 1961). Este conocido te&oacute;logo y escritor turco es el inspirador de la organizaci&oacute;n y de su ideario. Para &eacute;l, la esencia de la lucha contra el capitalismo no se encuentra en los libros de Karl Marx, sino en las suras del texto que inspira la segunda mayor religi&oacute;n del planeta.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creemos que en Turqu&iacute;a y en la mayor parte del mundo musulm&aacute;n la esencia del Cor&aacute;n y la lucha del profeta se han malinterpretado. La esencia del islam no se ha entendido del todo&rdquo;, asevera Cihan Ebrari, un joven talludo de aspecto 'hippie', que lleva a&ntilde;os bebiendo de la teor&iacute;a de Elia&ccedil;ik. El mentor va m&aacute;s all&aacute;: &ldquo;En Turqu&iacute;a la religi&oacute;n se ha convertido en un entretenimiento para adinerados. La gente se ha convertido en esclavos de su tarjeta de cr&eacute;dito&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las familias turcas dedican hoy m&aacute;s de la mitad de sus ingresos mensuales a pagar deudas. Es una de las consecuencias del brutal crecimiento econ&oacute;mico experimentado por Turqu&iacute;a durante la &uacute;ltima d&eacute;cada (5,2% del PIB de media entre 2002 y 2011) bajo el mando del conservador Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Recep Tayyip Erdogan. Sin embargo, 2013 se est&aacute; saldando con una desaceleraci&oacute;n hasta el 3% del PIB y la ca&iacute;da de hasta un tercio del volumen de exportaciones, la principal fuente de riqueza del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Tal y como resalta el periodista turco Mustafa Akyol, esta lectura de la religi&oacute;n en t&eacute;rminos econ&oacute;micos no es compartida por todos. &ldquo;Otros, yo incluido, pensamos que de hecho, es el Islam el que ha promovido el libre mercado desde el principio, pues justicia social no equivale a socialismo&rdquo;, aclara en un art&iacute;culo escrito para Al-Monitor. El autor cita al acad&eacute;mico local Murat &Ccedil;izak&ccedil;a y a sus escritos, en los que defiende que, en verdad, lo que el Islam y sus pr&aacute;cticas han propuesto a lo largo de la historia es un &ldquo;capitalismo isl&aacute;mico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tal y como recuerda la investigadora Elaheh Rostami-Povey en su libro <em>Iran's influence</em> (La influencia de Ir&aacute;n), la Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica acept&oacute; las reglas del libre mercado tras someterlas a la <em>Ijtihad</em>. Este t&eacute;rmino jur&iacute;dico isl&aacute;mico se refiere a la reflexi&oacute;n independiente, partiendo del Cor&aacute;n y los hadices, que un intelectual religioso (llamado <em>mujtahid</em>) debe hacer para resolver un dilema legal. Tal fue el caso entonces.
    </p><h3 class="article-text">La 'shar&iacute;a' y los bancos</h3><p class="article-text">
        Uno de los atributos economico-religiosos m&aacute;s conocidos del Islam es su sistema bancario. La <em>shar&iacute;a</em>, o ley isl&aacute;mica no permite el pago de intereses fijos ni variables en los pr&eacute;stamos de dinero. El actual Gobierno de Turqu&iacute;a ha promovido y pavimentado la llegada de la banca isl&aacute;mica. Llamada en el pa&iacute;s banca de participaci&oacute;n, y dedicada a ofrecer productos financieros <em>halal</em> (libres de pecado), hoy representa un 5% del pastel bancario turco.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente la econom&iacute;a ha sido una de las protagonistas entre bambalinas de los disturbios por el parque de Gezi. Tayyip Erdogan culp&oacute; abiertamente a unos entes externos, llamados por &eacute;l &ldquo;lobies de inter&eacute;s&rdquo;, de organizar las protestas para minar el poder&iacute;o econ&oacute;mico turco y beneficiarse de ello. El primer ministro, que recientemente ha acabado de pagar todas las deudas contra&iacute;das con el Fondo Monetario Internacional, culp&oacute; al sionismo de alentar el levantamiento social y prometi&oacute; castigar a los especuladores.
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        Acto seguido, Erdogan anunci&oacute; una investigaci&oacute;n de todas las grandes transacciones de dinero hechas desde el extranjero antes y durante las protestas, llam&oacute; a la ciudadan&iacute;a a deshacerse de tarjetas de cr&eacute;dito y propuso mover todos los dep&oacute;sitos de los turcos a bancos de titularidad p&uacute;blica. Los expertos advierten del riesgo de generar desconfianza entre los inversores que conlleva esta estrategia, nada sospechosa de ser comunista.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada, a la luz de los candiles, el Banco Central Turco elev&oacute; las tasas de inter&eacute;s en pr&eacute;stamos del 6,5 al 7,25%, a fin de salvar a la lira turca de la ca&iacute;da que estaba sufriendo desde los primeros d&iacute;as de manifestaciones. El ente bancario nacional, que ha invertido este a&ntilde;o m&aacute;s de 6.000 millones de d&oacute;lares para mantener a flote su moneda, ha sido tambi&eacute;n v&iacute;ctima de las intenciones de la Reserva Federal estadounidense de frenar sus compras de bonos extranjeros.
    </p><h3 class="article-text">Valores universales</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Los principios fundamentales del Cor&aacute;n est&aacute;n basados en valores universales: la justicia, la honestidad, el amor y el perd&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala el pensador. &ldquo;No debes da&ntilde;ar a nadie, no debes robar, no deber&iacute;as mentir y no deber&iacute;as permanecer silencioso ante las injusticias&rdquo;. Elia&ccedil;ik no considera los rituales religiosos algo imprescindible en la religi&oacute;n sino una &ldquo;elecci&oacute;n personal&rdquo;, y defiende la discusi&oacute;n teol&oacute;gica como forma de abordar y aplicar los asuntos tab&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Islam no te exige que regules asuntos como el aborto o el alcohol. Tampoco impone el velo a las mujeres. Lo que te pide es que te deshagas de la brecha entre ricos y pobres&rdquo;, insiste Ihsan Elia&ccedil;ik en una entrevista en el peri&oacute;dico turco Hurriyet. En una clara cr&iacute;tica al Gobierno turco, que objeta abiertamente del aborto y recientemente ha estrechado el cerco al consumo de bebidas alcoh&oacute;licas, el l&iacute;der anticapitalista lamenta que un partido pol&iacute;tico haya &ldquo;secuestrado&rdquo; su religi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El n&uacute;mero de seguidores de Elia&ccedil;ik crece en el pa&iacute;s. Lo prueba el m&aacute;s de un centenar de vecinos presentes esta noche en la ruptura comunitaria del ayuno del Ramad&aacute;n que han organizado Elia&ccedil;ik y los suyos en Ma&ccedil;ka, en uno de los distritos m&aacute;s laicos de Estambul. Entre todos extienden mantas y peri&oacute;dicos sobre el c&eacute;sped del parque de la Democracia. Los ciudadanos, que han tra&iacute;do la comida de casa, recorren las mesas ofreciendo sus platos al resto. A la hora del Iftar, uno de los presentes se levanta y canta la plegaria de viva voz.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Comenzamos estos <em>iftares</em> en 2011, y casualmente tambi&eacute;n lo hicimos en el parque de Gezi&rdquo;, explica a este peri&oacute;dico Elia&ccedil;ik, &ldquo;pretend&iacute;amos protestar contra los lujosos men&uacute;s que se hacen en esta &eacute;poca&rdquo;. En el primer d&iacute;a del Ramad&aacute;n de este a&ntilde;o, el te&oacute;logo comparti&oacute; mantas, formando largas hileras en la calle Istiklal de Estambul, junto a homosexuales, vagabundos, feministas y todo tipo de indignados contra el Gobierno del AKP.
    </p><p class="article-text">
        Con el Gobierno usando fondos p&uacute;blicos para invitar a ac&oacute;litos y votantes a banquetes de catering en plazas como la de Taksim, bien protegidos por la Polic&iacute;a, los Musulmanes Anticapitalistas se juntan en otros rincones de diversas ciudades de Turqu&iacute;a. Su antagonismo contra el primer ministro no queda aqu&iacute;. En su documento fundacional exigen el fin de los privilegios religiosos para los fieles sun&iacute;es, piden m&aacute;s derechos para los kurdos y reconocen el genocidio armenio de 1915, una de las mayores piedras en el zapato del jefe de Gobierno.
    </p><h3 class="article-text">Los ataques de Erdogan</h3><p class="article-text">
        Las constantes cr&iacute;ticas que Elia&ccedil;ik lanza desde <a href="https://twitter.com/@ihsaneliacik" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su cuenta</a> de Twitter a Erdogan y la <em>Yesil sosyete</em> (Sociedad verde), que es como se conoce a la &eacute;lite econ&oacute;mica p&iacute;a nacida a la sombra del AKP durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, ha sido ferozmente respondida por el l&iacute;der turco. A mediados de julio, Erdogan pidi&oacute; al te&oacute;logo una compensaci&oacute;n de 50.000 liras turcas (cerca de 20.000 euros) por &ldquo;insultos&rdquo; vertidos en 12 tuits escritos durante los d&iacute;as en que los disturbios encend&iacute;an Turqu&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Son antiguos amigos. Nos llev&aacute;bamos bien, pero ahora hay un gato negro entre nosotros&rdquo;, responde algo cortante Elia&ccedil;ik. Ese gato negro son el poder y los intereses, de los cuales se est&aacute;n aprovechando para lograr sus intereses. Ya no nos llevamos tan bien como antes, aunque a&uacute;n mantenemos buena relaci&oacute;n con algunos&ldquo;, se esfuerza en matizar el escritor, cuya dejada barba y ropajes descuidados invitan a creer que el contertulio se encuentra ante un religioso poco dado a la moderaci&oacute;n verbal.
    </p><p class="article-text">
        En la sede social de los Musulmanes Anticapitalistas, en el coraz&oacute;n de Fatih, el distrito m&aacute;s conservador de Estambul, hay colgados carteles con fotograf&iacute;as de Malcom X y Luter King. Antes del inicio de una rueda de prensa hacen sonar el <em>Comandante Che Guevara </em>de V&iacute;ctor Jara. Entre estas paredes, el d&iacute;a en que el grupo se present&oacute; en sociedad, tuvo lugar un acalorado debate terminol&oacute;gico entre los asistentes al acto. Como ya es costumbre en la organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ihsan Elia&ccedil;ik se esmera en se&ntilde;alar que respeta el ate&iacute;smo, pero no defiende un Estado laico. &ldquo;Entiendo el secularismo as&iacute;: los cl&eacute;rigos no deben tener autoridad para mandar porque son justo eso, cl&eacute;rigos&rdquo;, matiza en Hurriyet. Sin embargo, a&ntilde;ade: &ldquo;El Cor&aacute;n dice cosas positivas sobre el Estado. &iquest;Por qu&eacute; no deber&iacute;amos tenerlas en cuenta?. El secularismo cl&aacute;sico excluye al libro sagrado, pero podemos contar con su gu&iacute;a, que ata&ntilde;e a todos los valores universales&rdquo;. Y ejemplifica: &ldquo;Se escribe que la soberan&iacute;a pertenece al pueblo, que delega en su Parlamento. Junto a esto, podemos escribir que Dios ordena justicia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Plantamos un cartel en Gezi. Dec&iacute;a que 'Dios tiene todo el poder, y sale de Taksim'&rdquo;, destaca Ihsan Elia&ccedil;ik, recordando otras batallas pasadas junto a los suyos. &ldquo;En su momento nos movilizamos a favor de que las estudiantes pudiesen acudir a clase con el velo isl&aacute;mico&rdquo;, subraya, refiri&eacute;ndose a una de sus causas defendidas, esta compartida por Erdogan. &ldquo;Por eso no es justo que ahora se nos acuse de estar movidos por una conspiraci&oacute;n internacional&rdquo;. Y remacha, apesadumbrado: &ldquo;Es algo moral. Vi los palos que repart&iacute;a el Gobierno en Taksim. Vi la desigualdad. Vi a la gente sufriendo... y all&iacute; me fui&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lluís Miquel Hurtado]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Aug 2013 17:44:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Islámicos y antisistemas en Turquía]]></media:title>
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