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    <title><![CDATA[elDiario.es - Concepción Fernández Villanueva]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/concepcion_fernandez_villanueva/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Concepción Fernández Villanueva]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ante el dolor de los demás. Imágenes que lo dicen todo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/dolor-imagenes-dicen_129_7944528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f548f13-b7f6-4857-af20-ee4f881fff59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ante el dolor de los demás. Imágenes que lo dicen todo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Son el testimonio de una ignominia y nos hacen sufrir. Solo si nos duele el dolor del otro podemos identificarnos con él y buscar de forma activa las condiciones para que no se repitan</p></div><p class="article-text">
        Paso por el sal&oacute;n y me encuentro con la imagen de una casa palestina que cae, ante mis ojos. Veo c&oacute;mo se rompe en dos y cae destruida en su mitad, con una rotundidad que asombra. Parece la imagen de una pel&iacute;cula. Pero no. Es el Telediario y es una realidad tr&aacute;gica, no un montaje.&nbsp;Es el icono de la infame pol&iacute;tica que rompe las reglas m&aacute;s b&aacute;sicas de la convivencia, incluso las reglas de la guerra. Un bombardeo contra el lugar donde alguien tiene su vivienda y convive con su familia. Mas tarde otro bombardeo destruye los ojos que pueden ser testigos de la ignominia. La sede de los periodistas que diariamente se juegan la vida para dar testimonio de lo que ocurre.&nbsp; &iquest;Intentan destruir al testigo, matar al mensajero?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es tarde. El mundo, <em>la medi&aacute;polis</em>, la <em>polis global</em> <em>de los medios</em> ha sido ya testigo de la inhumanidad, de la injusticia. La imagen lo dice casi todo. Mostrar esas im&aacute;genes es demostrar lo que nunca debi&oacute; ser permitido. Im&aacute;genes que califican por s&iacute; solas a los autores de los hechos presenciados y testificados. Nunca c&oacute;mo en este caso &ldquo;mostrar&rdquo; es &ldquo;demostrar&rdquo;<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        La eficacia de las im&aacute;genes de violencia y da&ntilde;os es contundente. Susan Sontag, tras ver fotograf&iacute;as del holocausto, divide su vida en un antes y un despu&eacute;s. Las fotograf&iacute;as fueron su <em>epifan&iacute;a negativa</em>, el origen de una reflexi&oacute;n sobre su pueblo que nunca se detuvo. Es el momento de situar un antes y un despu&eacute;s en el conflicto palestino israel&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frecuentemente los conflictos se presentan sublimados, saneados, sin im&aacute;genes tr&aacute;gicas o de dolor. Para que los espectadores no &ldquo;sufran&rdquo;. Pero el sufrimiento de los espectadores nunca deber&iacute;a ser el motivo por el que dejen de emitirse. Las im&aacute;genes de sufrimiento plantean como ninguna otra la interconexi&oacute;n entre los seres humanos. Las emociones compartidas. Nos <em>con-mocionamos</em>, sentimos el dolor de quienes est&aacute;n representados en las im&aacute;genes y el dolor de quien tenemos al lado. Y asistimos a un nuevo holocausto, esta vez el holocausto palestino. Y sabemos que todo el mundo lo conoce y que alguien deber&iacute;a evitarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No podemos negar que lo sabemos. Solo podemos distanciarnos, situando la responsabilidad por igual en las dos partes en una equidistancia injusta o negar la responsabilidad diciendo que no podemos hacer nada. Ya no es suficiente tras esta demostraci&oacute;n de realidad.&nbsp;Es el momento de difundir las im&aacute;genes y de enjuiciar los hechos. En la medida que cada espectador ha sido impactado por la injusticia y siente el dolor de los dem&aacute;s, debe ser responsable de algo que ayude a evitar en el futuro algo similar. Sea cual sea la parte del mundo en la que se produzca.
    </p><p class="article-text">
        No podemos mirarlas con solidaridad &ldquo;ir&oacute;nica&rdquo;, horroriz&aacute;ndonos simplemente, sin buscar m&aacute;s all&aacute; el origen y las condiciones que mantienen, que hacen posible estas atrocidades. No podemos posicionarnos con distancia diciendo que est&aacute; muy lejos el problema o que no entendemos. Las im&aacute;genes hablan por s&iacute; solas, son el testimonio de una ignominia y nos hacen sufrir. Solo si nos duele el dolor del otro podemos identificarnos con &eacute;l y buscar de forma activa las condiciones para que no se repitan. Porque son parte de una serie, pero no una serie de las plataformas digitales que ofrecen productos de consumo, sino de la historia. La historia de la relaci&oacute;n desigual entre dos pueblos. De un relato de injusticias impunes causadas con la mayor frialdad y desconsideraci&oacute;n hacia las v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Es hora de hacer responsable a los agresores tambi&eacute;n de nuestro dolor como espectadores. En la era de la medi&aacute;polis somos testigos necesarios e inevitables de la violencia y sus causantes no deber&iacute;an tener derecho a hacernos sufrir con el sufrimiento de nuestros semejantes. No deber&iacute;an tener derecho a que experimentemos la impotencia de no poder proteger, la rabia de no poder parar y la tristeza de ver v&iacute;ctimas inocentes<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        Bienvenidas las im&aacute;genes, aunque sean insoportables, aunque no podamos comer mientras las vemos. Yo no podr&iacute;a comer con quien las causa. Ojal&aacute; el dolor que sufrimos millones de espectadores con esas terribles im&aacute;genes sirva para promover la atenci&oacute;n hacia las reglas internacionales que las permiten y dejan impunes a sus autores. Ojal&aacute; sean el inicio de una <em>epifan&iacute;a negativa</em>. &Oacute;jala.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Concepción Fernández Villanueva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/dolor-imagenes-dicen_129_7944528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 May 2021 04:00:49 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ojos que no ven… La verdad no es solo una cifra de muertes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ojos-no-ven-no-cifra-muertes_129_6430927.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b311e43-77a8-4898-b91f-0a7708a6318d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ojos que no ven… La verdad no es solo una cifra de muertes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La conveniencia de mostrar una escena de violencia, sufrimiento incluso de horror, no debería derivarse de lo que molesta o perturba a los espectadores</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;S&oacute;lo los capitanes y los reyes cuentan los ca&iacute;dos por millares, precisamente porque no tienen que mirar a los ojos a ninguno. &Eacute;l, como todo soldado en la batalla, no vio m&aacute;s que un solo cad&aacute;ver, y eso fue suficiente. Vio el rostro de un hombre que mor&iacute;a y en ese rostro la voluntad truncada de un &uacute;ltimo gesto; vio el temblor de su agon&iacute;a, sus ojos cerrados o todav&iacute;a abiertos&hellip;&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        (Juan G&oacute;mez B&aacute;rcena, <em>Ni siquiera los muertos</em> )&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la primera oleada de la pandemia&nbsp;los espectadores nos confront&aacute;bamos cada d&iacute;a con un&nbsp;n&uacute;mero de muertos, primero en ascenso y despu&eacute;s en descenso.&nbsp;El incremento sostenido de v&iacute;ctimas&nbsp;actuaba como&nbsp;un s&iacute;ntoma del descontrol de la situaci&oacute;n&nbsp;y como un refuerzo&nbsp;para la aceptaci&oacute;n de confinamiento tan duro e inesperado&nbsp;en el que pasamos varios meses, con la inicial esperanza frustrada de que muy pronto finalizase.&nbsp;El miedo variaba paralelamente al n&uacute;mero de las v&iacute;ctimas que nos repet&iacute;an de forma escrita y verbal en cada informativo y&nbsp;el&nbsp;restablecimiento de la esperanza, aumentaba con su disminuci&oacute;n diaria. Quiz&aacute; en esta segunda ola se repita la misma pauta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El n&uacute;mero de muertos no es la verdad, es solo una parte de ella. Es necesario <em>ver </em>el sufrimiento, el dolor, porque la verdad no se instala en nosotros hasta que no nos duele. La simple informaci&oacute;n, los datos estad&iacute;sticos por muy pormenorizados que sean, no son la garant&iacute;a de que los espectadores <em>sepan</em>, se hagan cargo, de lo que ocurre. Para que interioricen lo que ocurre deben ser impactados en sus emociones. Es cierto que del conocimiento de los fr&iacute;os datos de cifras de muertos surge la sensaci&oacute;n de riesgo personal, la amenaza de enfermedad, en definitiva, el miedo.
    </p><p class="article-text">
        Pero no todas las emociones que se suscitan tienen los mismos efectos. No basta con experimentar miedo. Incluso la provocaci&oacute;n de miedo puede sobrar y ser un obst&aacute;culo m&aacute;s en la superaci&oacute;n de las condiciones necesariamente impuestas, como ha ocurrido cuando algunos individuos se convierten&nbsp; en polic&iacute;as suplementarios que acusan sin raz&oacute;n o se exceden en sus recriminaciones ante otros. En cambio la percepci&oacute;n del dolor de los otros tiene otros efectos, en general, positivos y movilizadores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos faltan im&aacute;genes, detalladas, explicitas y graficas del sufrimiento. Y es dif&iacute;cilmente explicable que en la era de la imagen se nos hurten escenas tan necesarias. Las im&aacute;genes tienen important&iacute;simas funciones psicosociales Al menos dos: Su <em>valor de testimonio</em> de una realidad y su <em>valor movilizador de emociones y </em>sentimientos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo comprender el relato de la guerra de Bertolt Brecht sin sus montajes fotogr&aacute;ficos, o la guerra de Irak sin las fotos de Abu Graib? las im&aacute;genes del terremoto de Lisboa tuvieron un valor de verdad, un valor testimonial de las enormes dimensiones del da&ntilde;o sufrido pero sin duda movilizaron la opini&oacute;n p&uacute;blica y movieron a tomar medidas contra posibles terremotos. Ni qu&eacute; decir tiene lo que conmovieron la imagen de las Torres Gemelas y las de nuestra estaci&oacute;n de Atocha atacadas por el terrorismo. Y &iquest;qu&eacute; vamos a decir de la representaci&oacute;n visual de la tremenda violencia producida por el nazismo? Susan Sontag revela en su libro <em>Ante el dolor de los dem&aacute;s</em> que la visi&oacute;n de fotograf&iacute;as&nbsp; de campos de concentraci&oacute;n cuando ten&iacute;a 9 a&ntilde;os fueron una &ldquo;epifan&iacute;a negativa&rdquo;, algo que le hizo dividir su percepci&oacute;n y emoci&oacute;n ante el mundo en un antes y un despu&eacute;s. La foto del ni&ntilde;o sirio Aylan Kurdi, que los espectadores occidentales o mundiales recordaremos durante mucho tiempo, produjo b&uacute;squedas masivas de informaci&oacute;n sobre la guerra de Siria y moviliz&oacute; no pocos recursos de ayuda. La ciudad de B&eacute;rgamo cobr&oacute; protagonismo y emoci&oacute;n para Europa en la primera ola de la pandemia cuando se mostraron las im&aacute;genes de sus f&eacute;retros saliendo de los hospitales en camiones militares. Nuestros semejantes cercanos estaban sufriendo&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Necesitamos m&aacute;s im&aacute;genes expl&iacute;citas y gr&aacute;ficas de esta tragedia</em>. Del sufrimiento de todas las v&iacute;ctimas, los que mueren, de sus familiares que no han podido despedirse, de los sanitarios que se infectan, de los sanitarios que sufren por el dolor que est&aacute;n viendo, de&nbsp; las personas que ven sus vidas destrozadas y sin futuro por la p&eacute;rdida de sus empleos y sus negocios&hellip; de la precariedad en muchas otras victimas&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro est&aacute; que alguien puede calificar esta propuesta de morbosa. El llamado morbo es muy rechazado por el lenguaje popular, se connota muy negativamente, tiene muy mala fama.&nbsp; Pero, como dice el fil&oacute;sofo de la imagen Georges Didi-Huberman <em>Las im&aacute;genes son inocentes</em>, el morbo est&aacute; en la mirada. 
    </p><p class="article-text">
        La informaci&oacute;n precisa y veraz es uno de los derechos y obligaciones de la prensa en democracia. Todo lo que sirva para informar es valioso y necesario. La conveniencia de mostrar una escena de violencia, sufrimiento incluso de horror, no deber&iacute;a derivarse de lo que molesta o perturba a los espectadores. La necesidad de mostrar se debe evaluar en contraste con los efectos de su opuesto, el ocultar. Y tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con los beneficios que pueda producir.&nbsp; Ocultar la imagen puede significar complicidad con quien causa los da&ntilde;os y contribuye a evitar la empat&iacute;a y la responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, para negar la necesaria implicaci&oacute;n y la responsabilidad, los espectadores <em>&ldquo;evitativos&rdquo; </em>pueden rechazar su exposici&oacute;n al dolor de los dem&aacute;s, porque no desean sufrir ni actuar en consecuencia. Esta actitud puede resultar tranquilizadora, al menos durante cierto tiempo pero, a la larga, no ser&iacute;a &eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        No se trata de invitar a degustar cada l&aacute;grima, ni de repetir insistentemente ciertas im&aacute;genes descontextualizadas y detalladas. Y mucho menos, si se hace por simples motivos econ&oacute;micos de aumentar las audiencias. Se trata de que el espectador no solo comprenda sino que se transporte a trav&eacute;s de la imagen hacia la experiencia del otro y participe de ella de alguna manera. Se trata de producir la <em>identificaci&oacute;n </em>de los espectadores. La interdependencia de los seres humanos es sustancial, configuradora y estructurante de todas las dimensiones de la personalidad, y  quiz&aacute;s en ninguna de ellas es tan fuerte tan fuerte como en la experimentaci&oacute;n del dolor y del sufrimiento. Es en este punto en el que somos especialmente y de forma espont&aacute;nea susceptibles de ponernos en el lugar del otro y comprenderlo. Y las im&aacute;genes hacen posible, mucho mejor que los relatos, que las personas puedan asumir, interiorizar, sufrir de forma vicaria el sufrimiento (mucho m&aacute;s si se presenta como cercano) y se sientan interpelados para experimentar algo m&aacute;s que miedo, el deseo de que el sufrimiento acabe y de que no se vuelva a repetir si es posible. Para sentirse implicado en responsabilidad y necesidad de interdependencia y cuidado mutuo. La responsabilidad, la interiorizaci&oacute;n, el tener en cuenta de las necesidades de los otros, de todos los otros, es el fundamento de la &eacute;tica postconvencional o universal y de la &eacute;tica de la consciencia.
    </p><p class="article-text">
        Las emociones ante las v&iacute;ctimas est&aacute;n detr&aacute;s de los movimientos sociales, los cambios pol&iacute;ticos y de la transformaci&oacute;n de los principios &eacute;ticos que regulan las relaciones humanas. La representaci&oacute;n de los colectivos que sufren puede producir una recomposici&oacute;n de los v&iacute;nculos hacia ellos. V&iacute;nculos de aprecio y sentimiento de comunidad. V&iacute;nculos de cuidado. Por otro lado, las im&aacute;genes son un medio duradero de recuerdo y justicia que puede mejorar la redistribuci&oacute;n de los avances cient&iacute;ficos y sociales para asegurar en la medida de lo posible el bienestar en situaciones futuras similares.
    </p><p class="article-text">
        Por ello me sumo a las personas de variadas procedencias, edades, sexo y contexto cultural que demandan la presencia de im&aacute;genes expl&iacute;citas y gr&aacute;ficas de las v&iacute;ctimas. No se trata de morbo sino de un medio eficaz para testificar, asentar una verdad, dar testimonio de ella y acentuar la tendencia hacia el cuidado mutuo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Concepción Fernández Villanueva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ojos-no-ven-no-cifra-muertes_129_6430927.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Nov 2020 21:54:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ojos que no ven… La verdad no es solo una cifra de muertes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Basta ya de horror? A propósito de Gaza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/basta-horror-proposito-gaza_129_4736462.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0858d29f-d8bf-4ef5-b2bb-82147d8e751c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En los últimos días, la información  y la visión de escenas horribles está presente de  forma casi continua en nuestras vidas</p><p class="subtitle">La imagen conmueve y tiene el poder de despertar reacciones  inmediatas precisamente por su capacidad de hacer de espejo del  espectador, por su  capacidad de ponerle imaginariamente en la situación  del sufriente</p></div><p class="article-text">
        Los medios de comunicaci&oacute;n, ayudados por las nuevas tecnolog&iacute;as, nos regalan cada d&iacute;a una  muestra de horror reci&eacute;n producido, una macabra primera extracci&oacute;n en fr&iacute;o de lo humano deshumanizado, desmembrado, desarticulado, desvitalizado e inerte. Im&aacute;genes de cad&aacute;veres de adultos y ni&ntilde;os, pura carne, puro cuerpo, aparecen en los telediarios, los peri&oacute;dicos o las redes sociales mientras realizamos nuestras actividades cotidianas.  En cualquier momento del d&iacute;a nos  acecha la desagradable o macabra sorpresa de un cuerpo ensangrentado, mutilado, muerto, un rostro asustado, alterado, desencajado por el sufrimiento o la angustia.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as, tras el comienzo de la ofensiva militar israel&iacute; en Gaza, la informaci&oacute;n  y la visi&oacute;n de escenas horribles est&aacute; presente de forma casi continua en nuestras vidas. Las im&aacute;genes impactan y perturban nuestra tranquilidad, ya que son im&aacute;genes de muerte incompatibles con nuestras actividades de vida.
    </p><p class="article-text">
        Pero si esas im&aacute;genes solo nos produjeran rechazo y asco podr&iacute;amos f&aacute;cilmente anular su efecto  desconectando el medio que nos las ofrece y continuar tranquilamente nuestro ritmo. La realidad no es esa. El otro que vemos en las im&aacute;genes (de Gaza, de Siria, de Irak o de cualquier otro lugar del mundo) es un ser humano, un semejante, alguien como yo que tiene mi misma forma f&iacute;sica, mis mismos &oacute;rganos, que derrama su sangre de la misma forma que yo, al que supongo los mismos miedos, los mismos deseos, los mismos v&iacute;nculos, los mismos afectos. Por ello, su imagen me produce m&aacute;s que horror y desagrado, resuena en m&iacute;, me hace compartir su estado, identificarme con &eacute;l. Su dolor es en parte, mi dolor,  su miedo, mi miedo, su rabia, mi rabia. Por ello, no es f&aacute;cil librarse del impacto de la visi&oacute;n de violencia contra personas. Podemos decir que una vez visualizadas, las im&aacute;genes  afectan siempre.
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes de violencia en Gaza nos informan, nos revelan  la situaci&oacute;n pol&iacute;tica  de la zona. Pero tambi&eacute;n nos hacen participar de la experiencia de sus habitantes. Ellos cobran presencia real en nuestro sistema cognitivo. Su aparici&oacute;n dolorosa, degradada, angustiada, portadora de las m&aacute;s variadas formas de sufrimiento, nos cuestiona las condiciones de su existencia.  Las im&aacute;genes se convierten en testigos inapelables de una  situaci&oacute;n psicol&oacute;gica,  profunda e &iacute;ntima, un panorama de sentimientos y actitudes que se derivan de una situaci&oacute;n injusta. Son una huella, una prueba, de la experiencia de los otros que nos ayudan a comprender y compartir sus emociones, a la vez que nos ayudan a reconocer las nuestras.
    </p><p class="article-text">
        Esas im&aacute;genes nos hacen part&iacute;cipes de la experiencia de los otros por identificaci&oacute;n. El sufrimiento visto resuena en nosotros, convoca lo que hay de similar entre espectador y v&iacute;ctima y despierta las emociones correspondientes. De alg&uacute;n modo, la violencia contra ellos  me da&ntilde;a a m&iacute;. La transici&oacute;n del dolor de los dem&aacute;s al m&iacute;o es el camino que conduce a las actitudes &eacute;ticas. Produce una primera actitud, muy b&aacute;sica: rechazo, condena, no aceptaci&oacute;n de un sufrimiento inmerecido, un sufrimiento no  deseable para ning&uacute;n ser humano.  El innegable testimonio que nos ofrecen las im&aacute;genes  nos  impele a preocuparnos por ellos, nuestros hermanos, los miembros de nuestra especie. Est&eacute;n donde est&eacute;n. Suscitan el deseo de paliar su dolor o malestar. En definitiva, suscitan la responsabilidad  &eacute;tica por todos ellos.
    </p><p class="article-text">
        Pero, adem&aacute;s, sabemos que su estado degradado y doliente ha sido causado por otros seres humanos. Y podemos plantearnos, &iquest;qu&eacute; derecho tienen esos otros de hacerme sufrir a m&iacute; por la identificaci&oacute;n  con mi hermano? &iquest;Qu&eacute; razones justifican su sufrimiento y mi sufrimiento por &eacute;l? Esta es la otra vertiente de la dimensi&oacute;n &eacute;tica que da color a todos las emociones ante las im&aacute;genes de violencia contra los seres humanos: suscitan la preocupaci&oacute;n por la justicia, por la justicia en todas partes, la justicia en todas las condiciones y lugares, la justicia global
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, todas las im&aacute;genes, por muy horribles que sean, tienen una importante funci&oacute;n pol&iacute;tica. Y cuanto m&aacute;s gr&aacute;ficas sean, mejor cumplir&aacute;n su funci&oacute;n, m&aacute;s eficaces  ser&aacute;n. &iquest;Eficaces para qu&eacute;? Para facilitar la empat&iacute;a por las v&iacute;ctimas, para plantear la pregunta sobre los agresores y las  razones de la violencia  y sus causas y tambi&eacute;n para movilizar el debate social  sobre  las maneras posibles de evitar esos da&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute; quien diga que esas im&aacute;genes son morbosas, habr&aacute; quien dice que es mejor que no las emitan los medios; que no presenten cuerpos demasiado sufrientes, destrozados o desmembrados, cuerpos inquietantes. No estoy de acuerdo. La imagen conmueve mucho y tiene el poder de despertar reacciones inmediatas precisamente por su capacidad de hacer de espejo del espectador, por su  capacidad de ponerle imaginariamente en la situaci&oacute;n del sufriente, de reflejarse en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute; quien siga diciendo que, aunque haya derecho a emitirlas, es mejor no verlas. Tampoco estoy de acuerdo. El espectador  tiene  derecho a defenderse del dolor pero no tiene derecho a dejar de saber, no puede esconderse en evitar el sufrimiento para desconocer la verdad de los otros. No puede decir que no lo ha visto para evitar el juicio moral y la actitud que debe suscitar estas im&aacute;genes. Nada me parece m&aacute;s hip&oacute;crita que no querer saber del sufrimiento, ya que eso se traduce en falta de implicaci&oacute;n moral.
    </p><p class="article-text">
        El dolor que se puede sentir con la representaci&oacute;n de la violencia grave de un ser humano contra otro es muy intenso, pero no se puede ni se debe evitar. No se puede consolar antes de mostrar el horror, no se puede impedir verlo, sino, por el contrario, promocionar su conocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Se puede avisar de la crudeza de las im&aacute;genes, se puede alertar a los espectadores para que ellos decidan si quieren o no ser impactados, pero siempre desde la intenci&oacute;n de proporcionar el mayor detalle de todo lo importante. Suprimir, atenuar o minimizar las im&aacute;genes (aunque sea para proteger al espectador) a quien protege en realidad es a los agresores, a los que causan los da&ntilde;os
    </p><p class="article-text">
        No hay que tener miedo al supuesto morbo de los espectadores. La visi&oacute;n de violencia por morbo es m&aacute;s un mito que una realidad. La violencia interesa sobre todo por ser la  expresi&oacute;n m&aacute;s clara de un conflicto, de una disfunci&oacute;n, de un problema. Pero nadie que no tenga unas serias deficiencias psicol&oacute;gicas es indiferente y, mucho menos, disfruta de las im&aacute;genes de un ser humano sufriente. Por el contrario, s&iacute; puede haber actitudes de negaci&oacute;n, escondidas tras una supuesta necesidad de  protecci&oacute;n de las emociones, que eviten el conocimiento de los hechos  dolorosos y, con ello, el establecimiento de empat&iacute;a, de identificaci&oacute;n con las v&iacute;ctimas y de culpabilidad hacia  los agresores. Eso s&iacute; ser&iacute;a realmente peligroso.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, bienvenidas sean las im&aacute;genes horribles aunque duelan o, precisamente, porque  duelen. A los periodistas que son testigos directos y captan las im&aacute;genes les cuesta un gran malestar obtenerlas, a veces un choque traum&aacute;tico. Es una raz&oacute;n m&aacute;s para que los medios de comunicaci&oacute;n no las hurten a los espectadores. Emitidlas siempre que pod&aacute;is. No las evit&eacute;is, no las embellezc&aacute;is, no os content&eacute;is con las luces de los bombardeos, con el humo y el resplandor de las explosiones. Mostrad cuando sea necesario a las personas da&ntilde;adas, incluso deterioradas o desmembradas.  Presentad  de la forma m&aacute;s gr&aacute;fica posible sus sentimientos y sus sufrimientos. No las ridiculic&eacute;is, no las trivialic&eacute;is. Mostrarlos en toda su crudeza y tambi&eacute;n en su contexto. Plantead  o sugerid siempre las preguntas: &iquest;Qui&eacute;n es responsable del  sufrimiento? &iquest;Cu&aacute;les son sus razones? &iquest;C&oacute;mo podemos  evitarlo? Invitad a reflexionar sobre los sentimientos &iacute;ntimos de los seres humanos, aunque sean seres distantes. Precisamente la distancia psicol&oacute;gica se reduce con el conocimiento de lo que es nos es  com&uacute;n.  Y lo que m&aacute;s  iguales nos hace con los seres distantes es precisamente el sentimiento de empat&iacute;a y compasi&oacute;n, el rechazo ante el dolor f&iacute;sico y la humillaci&oacute;n psicol&oacute;gica de cualquier miembro de nuestra especie.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Concepción Fernández Villanueva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/basta-horror-proposito-gaza_129_4736462.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Jul 2014 17:30:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Basta ya de horror? A propósito de Gaza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gaza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Telebasura caritativa: 'buena' y barata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/telebasura-caritativa-buena-barata_129_5834923.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b46a3f73-9417-42a4-aecc-99adfd38397e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Telebasura caritativa: &#039;buena&#039; y barata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo más deplorable del programa de TVE 'Entre todos' es cómo se promociona la sustitución  de la necesaria ayuda de la sociedad, el Estado, por la ayuda mutua de  los iguales, pretendiendo que la solución a la crisis depende de la  ayuda económica de los otros.</p></div><p class="article-text">
        Hace algunas semanas que la televisi&oacute;n p&uacute;blica estatal nos regala cada tarde un largo programa de telebasura, muy &uacute;til para justificar los recortes del Gobierno en su respuesta a la crisis econ&oacute;mica que estamos viviendo. Se llama <em><strong>Entre todos</strong></em>. Su objetivo es recabar ayuda para necesitados, para personas afectadas por la crisis econ&oacute;mica. Ayuda procedente de las personas corrientes, los iguales a los necesitados, aunque un poco menos necesitados que ellos. Algunos de sus lemas m&aacute;s representativos y reveladores de lo que se pretende son los siguientes: &ldquo;Desde abajo se lucha contra la crisis&rdquo;. O &ldquo;nosotros no hemos inventado la solidaridad, la tenemos en el ADN de Espa&ntilde;a&rdquo;. Estas frases, y otras muy similares, se repiten insistentemente a lo largo de sus casi tres horas de duraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Las ayudas que se piden son de lo m&aacute;s b&aacute;sico: ayuda para comprar libros de texto, para el comedor escolar de los ni&ntilde;os, para comprar gas&oacute;leo para la calefacci&oacute;n del invierno, para reparar una casa que se muestra muy deteriorada, para montar una peque&ntilde;a tienda de artesan&iacute;a o un bar... Los espectadores parecen responder con su solidaridad aportando cantidades variables, m&aacute;s bien peque&ntilde;as, de dinero, as&iacute; que el programa consigue sus objetivos. Objetivos de ayuda y de educaci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s inocente y aparentemente positivo. Los valores son muy presentables, de los mejores: la solidaridad, la ayuda, el apoyo, el &aacute;nimo a los otros. La presentadora es sencilla, nada sofisticada, natural... Como cualquiera de los espectadores, repite calzado y ropa; no desentona en absoluto con los necesitados a los que ayuda a conseguir dinero. Nada de glamour a&ntilde;adido, ni de  erotizaci&oacute;n de su imagen, ni de elegancia peculiar, ni de singularidad.
    </p><p class="article-text">
        Es una operaci&oacute;n de superposici&oacute;n de la presentadora con los protagonistas del programa, lo que la hace m&aacute;s cre&iacute;ble. Porque no se trata solo de sincron&iacute;a y de continuidad en su imagen. No. La presentadora es uniforme tambi&eacute;n con ellos en su situaci&oacute;n y en su conducta. De ah&iacute;, las comparaciones que continuamente hace con su propia situaci&oacute;n actual o pasada, su familia o sus propias costumbres. Del mismo modo, la presentadora siente su pena y confiesa c&oacute;mo le impacta la necesidad de los otros. Pero los sentimientos que se despliegan son &uacute;nicamente la simpat&iacute;a y la l&aacute;stima. Simpatiza con todos en las cuestiones que conoce, la l&aacute;stima es la principal cosecha emocional que provoca en los espectadores, y el llanto, el principal desbordamiento emocional de los necesitados. Llanto de agradecimiento.
    </p><p class="article-text">
        El desbordamiento emocional est&aacute; muy dirigido y muy planificado. No se esperar&iacute;a ni se tolerar&iacute;a una explosi&oacute;n de rabia por haber perdido un derecho, el comedor escolar o la ayuda para los libros, ni por haber intentado infructuosamente conseguir un peque&ntilde;o cr&eacute;dito por los canales  l&oacute;gicos, la solicitud a la banca.
    </p><p class="article-text">
        No&hellip; S&oacute;lo un lamento insistente, una l&aacute;stima  por la situaci&oacute;n actual como si se tratase de una fuerza misteriosa, sin responsables, la<em> crisis.</em> Qu&eacute; maravillosa palabra. Antes de la crisis... Despu&eacute;s de la crisis. Pero &iquest;qui&eacute;n intervino en las p&eacute;rdidas de la crisis? &iquest;Qui&eacute;n desahuci&oacute;? &iquest;Qui&eacute;n quit&oacute; los cinco camiones que ten&iacute;a una pareja, con los que trabajaba y con los que daba trabajo? &iquest;Qui&eacute;n retir&oacute; la ayuda para libros que ten&iacute;a una familia de cuatro hijos? &iquest;Qui&eacute;n suprimi&oacute; la ayuda del comedor escolar? No importa el qui&eacute;n, es mejor darlo por perdido y evitar la responsabilidad ech&aacute;ndosela a la despersonalizada crisis. <strong>Renunciar a la reivindicaci&oacute;n y acudir a la caridad y la compasi&oacute;n de los dem&aacute;s.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un programa f&aacute;cil de ver. Los espectadores  entienden muy bien lo que es la necesidad y la conducta de ayuda. Son sensaciones y conductas muy b&aacute;sicas, muy universales. No es dif&iacute;cil conseguir audiencia, aunque no me parece tan f&aacute;cil mantenerla, precisamente por la simplicidad y monoton&iacute;a  de su gui&oacute;n. No contiene nada de violencia, se dir&iacute;a desde una mirada superficial. Pero &iquest;acaso no implica violencia la exposici&oacute;n al p&uacute;blico de la necesidad, de los aspectos m&aacute;s &iacute;ntimos del sentimiento de privaci&oacute;n, de escasez y malestar? El espectador consume el dolor de las v&iacute;ctimas del mismo modo que en la presentaci&oacute;n de v&iacute;ctimas de la guerra, cat&aacute;strofes o terrorismo consumimos la visi&oacute;n de sus cuerpos fragmentados. Ellos son las v&iacute;ctimas, y de la misma forma que se puede devorar el da&ntilde;o o el dolor de los afectados por atentados, se puede devorar el dolor y la humillaci&oacute;n que representa ponerse en manos de un p&uacute;blico al que se le pide ayuda&hellip; Consumir el agradecimiento de los necesitados, desde la f&aacute;cil posici&oacute;n de quienes no lo son. Me gustar&iacute;a saber c&oacute;mo se sienten los protagonistas tras el programa.
    </p><p class="article-text">
        El programa es muy barato para los  emisores. Basta con varios periodistas que se desplazan a diversos lugares y un tel&eacute;fono para recoger la ayuda. Los necesitados pagan con su imagen el coste del programa, ya que no reciben (espero) dinero alguno del espacio sino de los propios espectadores. Los que piden no se quejan ni reivindican sus derechos, simplemente piden. El precio, la exposici&oacute;n p&uacute;blica de su imagen.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s deplorable de todo es c&oacute;mo se promociona la sustituci&oacute;n de la necesaria ayuda de la sociedad, el Estado, por la ayuda mutua de los iguales, pretendiendo que la soluci&oacute;n a la crisis depende de la ayuda econ&oacute;mica de los otros.<strong> La sustituci&oacute;n de la conducta pol&iacute;tica necesaria por la conducta moral, voluntaria.</strong> En eso tambi&eacute;n pretende que le salga barato al Estado.
    </p><p class="article-text">
        Todo el montaje est&aacute; sustentado en supuestos falsos y distorsionados. Ni resuelve los problemas ni invita a que se encuentre una soluci&oacute;n aceptable. Por otra parte, distorsiona interesadamente la presentaci&oacute;n de los personajes.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, la mayor&iacute;a de las necesidades que se cubren de este modo deber&iacute;an ser cubiertas por el Estado. &iquest;Es normal solicitar ayuda para comprar libros de texto cuando m&aacute;s de medio mill&oacute;n de ni&ntilde;os han perdido esta ayuda en el momento en el que m&aacute;s lo necesitan? &iquest;Puede un programa resolver las necesidades de este medio millo de ni&ntilde;os? &iquest;Resuelve algo que una familia consiga la ayuda para comedor de sus cuatro hijos cuando se han suprimido tant&iacute;simas ayudas de comedor? &iquest;Resuelve algo que una persona consiga 8.500 euros de ayuda para montar una peque&ntilde;a empresa cuando los bancos se tragan toda la ayuda p&uacute;blica sin facilitar el mantenimiento del cr&eacute;dito para las peque&ntilde;as empresas, que tienen que cerrar o que no pueden abrir?
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, es llamativa la estereotipia con la que se describe a estas personas. Todos son esforzados, positivos y, a la vez, muy solidarios. Y muy familiares. Es notable la insistencia en la dimensi&oacute;n de adaptaci&oacute;n familiar tanto de los necesitados como de los  ayudadores. Los &ldquo;necesitados&rdquo; no son seres devastados por lo que han vivido. Son presentados como exentos de da&ntilde;o real. Afectados solo en algo muy temporal y superficial. Y siempre manteniendo un milagroso esp&iacute;ritu positivo y un &aacute;nimo, que, al final, es lo que resuelve todo. El esp&iacute;ritu positivo tan c&oacute;mplice del individualismo, que nos dice soterradamente &ldquo;solo se salva el que quiere&rdquo; y &ldquo;la salvaci&oacute;n depende solo de ti mismo&rdquo;. La realidad de los efectos de la crisis es muy otra, mucho m&aacute;s devastadora, deteriorante, compleja y ambivalente. No nos enga&ntilde;en con se&ntilde;uelos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y como agente educativo socializador, &iquest;que efectos pretende el programa?</strong> &iquest;Que todos hagan lo mismo cada uno en su  contexto, en su pueblo, su barrio, en su bloque de pisos? Aqu&iacute; se persigue en cada uno de los programas: &ldquo;Si todos fueran como t&uacute;, se acababa la crisis inmediatamente&rdquo;. <strong>Es una invitaci&oacute;n a acudir a los otros, a la vez que una renuncia a la reivindicaci&oacute;n social de los derechos</strong>, a la denuncia de las condiciones indignas derivadas de las decisiones pol&iacute;ticas y de la estructura de los poderes sociales. Una desculpabilizaci&oacute;n de las decisiones p&uacute;blicas, y una clara complicidad con los poderes sociales, que no acuden a la soluci&oacute;n de derechos tan b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        No, no nos enga&ntilde;en. La crisis se acabar&iacute;a si hubiera justicia social y se atendiera a los afectados conforme a sus derechos. La solidaridad es muy deseable para resolver muchas situaciones, pero nunca para sustituir las obligaciones de un Estado con sus miembros m&aacute;s desprotegidos.  
    </p><p class="article-text">
        Manifiesto mi respeto a los espectadores y especialmente a los que piden y consiguen ayudas en este programa. Pero prefiero <em>S&aacute;lvame</em>. La llamamos telebasura pero, al menos, se paga a los protagonistas. En <em>S&aacute;lvame</em> se busca, se acent&uacute;a, se promociona, se prepara y se vende lo negativo de los personajes, pero, al menos, se reconoce claramente sus intenciones. Dentro de su impostura son mucho m&aacute;s realistas y despolitizados. Me resulta mucho m&aacute;s manipuladora y peligrosa la telebasura caritativa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Concepción Fernández Villanueva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/telebasura-caritativa-buena-barata_129_5834923.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Oct 2013 18:04:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Telebasura caritativa: 'buena' y barata]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dolor de Egipto y Siria en nuestras pantallas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dolor-egipto-siria-pantallas_129_5782699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/755cc6f0-ffda-450b-a765-ce99cdb1bc46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dolor de Egipto y Siria en nuestras pantallas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esas imágenes son necesarias. Son necesarios los  sentimientos que producen en el espectador, es necesario saber  que un disparo mata, que un Ejército con armas enfrentado a  un población civil provoca una matanza.</p></div><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as mucha gente se pregunta, &iquest;por qu&eacute; tengo yo que tragarme estas terribles escenas de las masacres de Egipto o de Siria a la hora de comer? &iquest;No ser&iacute;a mejor eliminarlas, cortarlas, censurarlas o simplemente advertir a los espectadores de su dureza para que nos las vean? &iquest;Por qu&eacute; nos hacen part&iacute;cipes de un problema ante el que no podemos hacer nada? Otros extender&aacute;n su sospecha a los emisores y les acusar&aacute;n de buscar el morbo, emitir crudeza y violencia simplemente para ganar audiencia y cuota de pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de escenas insoportables, crueles, vomitivas, dolorosas. Siempre desagradables. Nos enfrentan con la desmembraci&oacute;n, la fragilidad y la muerte. En principio, ante estas caracter&iacute;sticas de los seres humanos mostramos una importante resistencia. Es lo que no queremos o, mejor, no querr&iacute;amos ver. Porque, por muy lejos que sepamos que est&aacute;n quienes sufren (no tanto para nosotros en este caso, ya que Egipto, incluso Siria, mantiene con nosotros una cercan&iacute;a y afinidad mayores que, por ejemplo, Irak) reflejan nuestra propia fragilidad, nos asustan porque nos vemos reflejados en ellas como seres especulares que somos, que nos vemos en los otros como en un espejo. La muerte, la desmembraci&oacute;n y la fragilidad son universales y, por eso, son tambi&eacute;n nuestras.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n nos dejan ver, aunque nos fijemos menos, en sus variados y desgraciados protagonistas: los &ldquo;bandos enfrentados&rdquo; y algunas de sus caracter&iacute;sticas. Por cierto, &iquest;cu&aacute;ntos bandos hay en Egipto? &iquest;Cu&aacute;ntos en Siria? Y en esos protagonistas (agresores y victimas) tambi&eacute;n podemos reconocernos. Podemos ponernos en el lugar de quienes sufren la tremenda violencia que vemos o en el lugar de quien la ejerce. Y dentro de los que sufren la violencia podemos sentirnos m&aacute;s cerca de los protagonistas de los disturbios, o de la poblaci&oacute;n civil que simplemente fue alcanzada sin estar directamente implicada en la protesta. Naturalmente ponerse en el lugar de quien la ejerce no es pol&iacute;ticamente correcto porque no es deseable socialmente  legitimar el uso de la violencia sino, por el contrario, condenarla. Pero se puede realizar una operaci&oacute;n similar a la legitimaci&oacute;n. Por ejemplo, desconocer la gravedad de los hechos, minimizar las consecuencias o entender que aunque no deseable, era necesaria. La legitimaci&oacute;n impl&iacute;cita del golpe de Estado egipcio, manifestada en la ausencia de condena, en la condena a medias o en la condena muy tard&iacute;a, es un mecanismo  psicol&oacute;gico que prepara para la legitimaci&oacute;n impl&iacute;cita de la violencia que presenciamos. No ocurre lo mismo en el caso de Siria, cuya violencia del Estado es vista desde el primer momento como condenable e ileg&iacute;tima. 
    </p><p class="article-text">
        La mirada y los sentimientos hacia las im&aacute;genes est&aacute;n te&ntilde;idos por estas actitudes previas. Nuestra distancia o cercan&iacute;a ante ellas depende de los presupuestos  que mantengamos sobre el origen de los  hechos. Podemos lamentar simplemente o condenar sin mucha emocionalidad. O, por el contrario, podemos irritarnos, establecer responsabilidades y en consecuencia, tomar y exigir a los que puedan hacer algo, a los que  tener capacidad de transformar la situaci&oacute;n, que act&uacute;en para  reducir los da&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero, siempre, esas im&aacute;genes son necesarias. Son necesarios los sentimientos que producen en el espectador, es necesaria la informaci&oacute;n cuanto m&aacute;s detallada, mejor, de la fragilidad humana, es necesario saber que un disparo simplemente mata, que un Ej&eacute;rcito con armas enfrentado a un poblaci&oacute;n civil provoca una masacre y que resulta casi imposible en ese caso establecer responsabilidades individuales.
    </p><p class="article-text">
        Es necesario tambi&eacute;n saber o, al menos no distorsionar ni ocultar qui&eacute;nes son los agresores y las v&iacute;ctimas. La veracidad de los hechos es exigible a los medios. No es f&aacute;cil representar con objetividad lo que ocurre en una contienda o en unos disturbios como los que se est&aacute;n produciendo en Egipto, pero  s&iacute; podemos exigir a los emisores una pretensi&oacute;n de objetividad, de no ocultaci&oacute;n de los agresores y las v&iacute;ctimas. En ning&uacute;n conflicto social son todos iguales, simples participantes. La capacidad para hacer da&ntilde;o y su deseo de hacerlo son diferentes, y eso debe quedar reflejado en la medida de lo posible. Resulta dif&iacute;cil o pr&aacute;cticamente imposible dudar de la realidad de esos hechos, otra cuesti&oacute;n es la legitimidad, la autor&iacute;a, los porqu&eacute;s, la magnitud de los da&ntilde;os. Reflejar o hablar del contexto en que se producen las escenas es un factor imprescindible en muchos casos para  establecer la objetividad.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los m&aacute;s frecuentes mecanismos distorsionadores de la responsabilidad es la atribuci&oacute;n de la culpa a las v&iacute;ctimas. He visto una imagen de un islamista que fue tiroteado cuando portaba un herido y los dos cayeron al suelo. Tambi&eacute;n he visto a personas atribuir estos hechos a los islamistas (victimas en este caso) y argumentar que fueron ellos mismos los &uacute;nicos capaces de realizar este terrible acto para despu&eacute;s difundirlo con la intenci&oacute;n de que el mundo simpatice con ellos y condene al Ej&eacute;rcito. Es importante no dar la oportunidad de que los hechos se interpreten de manera err&oacute;nea, porque siempre existe la posibilidad de que alguien ideol&oacute;gicamente adoctrinado lo haga, aun frente a una evidente realidad: esa probabilidad es mucho mayor si los hechos no se presentan con la mayor claridad y objetividad.
    </p><p class="article-text">
        Hay im&aacute;genes m&aacute;s cinematogr&aacute;ficas, esc&eacute;nicas, muy potentemente visuales, como la bombas que ca&iacute;an sobre Irak, que ve&iacute;amos desde lejos, o las de un fuego en medio de una plaza en Egipto. Son im&aacute;genes atractivas que invitan a la mirada, mucho m&aacute;s porque en principio las asociamos con otras que hemos visto en el cine y de las que hemos disfrutado, enmarcadas en la ficci&oacute;n, en un contexto de distracci&oacute;n y disfrute. Ocultan el dolor, lo subliman, el espectador no piensa en qu&eacute; da&ntilde;o pueden estar haciendo ni a cuantas  personas, sobre todo si quien las emite las relaciona con la destrucci&oacute;n de armas, de cuarteles del Ej&eacute;rcito  o con lugares donde hay armamento del enemigo o de uno de  los contendientes.
    </p><p class="article-text">
        No podemos conformarnos con esas im&aacute;genes, muy graficas pero despersonalizadas, que invitan al espect&aacute;culo sino que deben aparecer los agentes productores de ellas, y sus v&iacute;ctimas, de la forma m&aacute;s objetiva. Es necesario acercar el dolor de los dem&aacute;s, no para disfrutar de &eacute;l, sino para que produzca una cosecha de emociones, sentimientos y actitudes que puedan ser productivas en el futuro. En ese sentido, los muertos sirios, con los ni&ntilde;os incluidos, deben ser mostrados, aunque como dice Merche Negro, para intentar no reconocer la maldad que revelan esas im&aacute;genes, imagine que no son reales, sino <a href="http://www.elperiodico.cat/ca/noticias/opinio/que-siria-que-nino-muerto-merche-negro-2593391?utm_source=rss-noticias&amp;utm_medium=feed&amp;utm_campaign=opinio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;ni&ntilde;os de cera&rdquo;</a>, porque &ldquo;en cada cad&aacute;ver de menos de metro sesenta veo a mi hija. S&iacute;: cada vez&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que puede haber algunas personas (muy poco sanas, pero sobre todo<em>, muy pocas</em>) que simplemente consuman este dolor si se muestra expl&iacute;cito y personalizado. Pero no es eso lo que ocurre en la inmensa mayor&iacute;a de los casos. Por el contrario, los espectadores sufren por los dem&aacute;s, comparten la informaci&oacute;n de los acontecimientos, hacen circular la evaluaci&oacute;n de los mismos y los sentimientos que les produce y, por supuesto, construyen una atribuci&oacute;n de causas y un conjunto de actitudes sociales relacionadas con dichas causas. En interacci&oacute;n y en grupo, m&aacute;s o menos amplio, se reconstruyen y se ponderan los factores que han podido intervenir en los acontecimientos. Esta construcci&oacute;n en grupo es un proceso necesario para establecer las bases de la responsabilidad de los hechos.
    </p><p class="article-text">
        La mirada de los periodistas que captan las im&aacute;genes y la de los emisores que deciden qu&eacute; emitir y c&oacute;mo contarlo, es fundamental para establecer las verdades y, con ella, las responsabilidades. No podemos escudarnos en que no hay responsabilidades individuales, que la guerra o los conflictos son <em>entes  mec&aacute;nicos</em>, simples fuerzas de la naturaleza que se desencadenan. Aunque sea dif&iacute;cil establecer las responsabilidades individuales sabemos que las hay. Algunas se han esclarecido posteriormente en otras guerras o masacres, como en el caso de los Balcanes. Y para ese esclarecimiento, las im&aacute;genes fueron un elemento imprescindible.
    </p><p class="article-text">
        Pero aun en el caso, casi imposible, de que no hubiera responsabilidades individuales, estas deben ser colectivas. Y urgentes. &iquest;Qu&eacute; mayor y m&aacute;s importante tarea existe que proteger las vidas humanas que son la base de la <em>humanidad</em>?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Concepción Fernández Villanueva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dolor-egipto-siria-pantallas_129_5782699.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Aug 2013 17:52:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El dolor de Egipto y Siria en nuestras pantallas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Egipto,Siria,Medios de comunicación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Modelos y corruptos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/modelos-corruptos_129_5777700.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuanto más tiempo estén activos los corruptos en su presencia pública, mayor será el daño que generan y la magnitud de su efecto destructivo.</p></div><p class="article-text">
        Los gobernantes son personas que toman decisiones que nos afectan a todos los ciudadanos. Pero son algo m&aacute;s que simples responsable de leyes o decretos. Se convierten, quieran o no, en modelos y referentes de conducta. Su estatus y su visibilidad les hacen famosos, importantes y deseables para muchas personas, y por ello, marcan pautas de respuesta &eacute;ticas a los dem&aacute;s. Son referentes de lo que se debe o no se debe hacer. Mucho m&aacute;s cuando una enorme cantidad de personas les han dado su confianza y han delegado en ellos su acci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Las personas p&uacute;blicas manifiestan con sus acciones y omisiones cu&aacute;les son sus creencias y actitudes &eacute;ticas ante esos ciudadanos a los que gobiernan. Pueden aparecer como honestos o como corruptos, y lo que esperan los votantes es que sean honestos en el conjunto de sus comportamientos. Pero adem&aacute;s de un comportamiento &eacute;tico general, esperan un conjunto de actitudes adecuadas por parte de los gestos, demostradas no s&oacute;lo con sus palabras y con sus pol&iacute;ticas sino con su imagen. 
    </p><p class="article-text">
        Las personas p&uacute;blicas pueden mostrar desde empat&iacute;a, respeto, amor cuidado y protecci&oacute;n de las personas o, por el contrario, desconsideraci&oacute;n, falta de respeto, desprecio y explotaci&oacute;n de los dem&aacute;s. Y aunque no esperemos amor y protecci&oacute;n, al menos reivindicamos el derecho al respeto y consideraci&oacute;n b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        El protagonismo pol&iacute;tico actual carece de estas cualidades y por ello, est&aacute; causando un enorme da&ntilde;o a la democracia.
    </p><p class="article-text">
        El presidente del Gobierno, con las comparecencias virtuales y obligatorias que se vio obligado a realizar, algunas de ellas en el extranjero, con su resistencia, tardanza en comparecer y desinformaci&oacute;n sobre dicha comparecencia, ha revelado, al menos, un importante desprecio y desconsideraci&oacute;n a los espa&ntilde;oles a los que tanto le gusta referirse cuando defiende sus crueles pol&iacute;ticas. Pero en su explicaci&oacute;n en el Congreso, con su impostaci&oacute;n y su manera de defender por justicia unas m&aacute;s que dudosas remuneraciones de dudoso origen mostr&oacute; una actitud digna de la mayor desconfianza. Estas breves pero importantes frases no tienen desperdicio:  
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;&iquest;Se han pagado remuneraciones complementarias por raz&oacute;n del cargo? S&iacute;. &iquest;Se han pagado anticipos o suplidos a justificar por gastos inherentes al desempe&ntilde;o del cargo? Tambi&eacute;n, como en todas partes. Es de justicia&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En vez de clarificar y dar cuenta de las preguntas que le llevaron al parlamento, mostr&oacute; no solo un orgulloso desaf&iacute;o, una afirmaci&oacute;n de presumible ilegalidad, sino tambi&eacute;n  un reto y una acusaci&oacute;n: &ldquo;todos los dem&aacute;s sois como yo&rdquo;. Impl&iacute;citamente acus&oacute; a la sociedad de una actitud corrupta.  
    </p><p class="article-text">
        Los exsecretarios generales del partido y la secretaria actual, implicados por v&iacute;a judicial en las mismas preguntas, con su comportamiento evasivo, no responsabilizador y, en ocasiones, agresivo, nos han revelado una imagen que adem&aacute;s del desprecio hacia los ciudadanos que esperan repuestas, elimina toda calidad &eacute;tica, basada principalmente en hacerse cargo de las propias acciones. Han rehuido las respuestas, se han escondido en el desconocimiento y la falta de recuerdo. Han proyectado una representaci&oacute;n &eacute;tica devaluada y m&iacute;sera que en ning&uacute;n caso puede ser vista como un modelo de acci&oacute;n positivo. Sus im&aacute;genes son irritantes para muchas personas, pero tambi&eacute;n son desmoralizadoras. Como dec&iacute;a una articulista recientemente &ldquo;nos hacen peores&rdquo; y tambi&eacute;n, a&ntilde;ado yo, &ldquo;creen que somos peores&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los efectos de la corrupci&oacute;n de los pol&iacute;ticos y m&aacute;s a&uacute;n, de su falta de respuesta y su rechazo de responsabilidad, provocan una devaluaci&oacute;n del sistema moral y un grave da&ntilde;o a los ciudadanos. Los efectos m&aacute;s importantes son el desconcierto, el relajamiento de las normas y la agresividad de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Desconcertados, nos preguntamos qu&eacute; instituciones hemos creado, que no han controlado ni sancionado semejante indecencia y desfachatez. Los corruptos nos provocan desesperanza y nos deprimen, nos hacen sentir culpables, ya que pensamos, aunque s&oacute;lo sea por d&eacute;biles instantes, que nosotros no debimos haber permitido su conducta. Y si, despu&eacute;s de todo lo que estamos viendo, no hay consecuencias pol&iacute;ticas o judiciales, nuestro sistema moral se resquebrajar&aacute; tambi&eacute;n y nos plantearemos &ldquo;hacer lo mismo&rdquo;, ya que en realidad esa norma de conducta despreciable es la que al final triunfa y acarrea las mayores y mejores consecuencias positivas (el poder los recursos econ&oacute;micos y la valoraci&oacute;n publica). &iquest;Con qu&eacute; autoridad nos van a pedir nuestra contribuci&oacute;n al bien com&uacute;n unas personas que no s&oacute;lo no contribuyen a &eacute;l sino que utilizan su lugar de poder y de privilegio, su reconocimiento p&uacute;blico y la confianza que les hemos dado con los votos para cometer acciones ilegales y son insolidarios y despectivos hacia los ciudadanos?
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; entra en escena la irritaci&oacute;n y la agresividad. Irrita la injusticia, el hecho de que las personas que no lo merecen sean retribuidas y reconocidas y, sobre todo, queden impunes. Lo coherente es sancionar a los responsables, pero si no podemos hacerlo, quiz&aacute;s busquemos chivos expiatorios, que no siendo los verdaderos responsables, carguen con la culpa y la irritaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los efectos de la corrupci&oacute;n son devastadores en los sistemas &eacute;ticos y cognitivos. Nos hacen cuestionarnos los principios legales y morales vigentes e invitan a su incumplimiento. Adem&aacute;s, provocan agresividad. Porque los psic&oacute;logos sociales sabemos que  no se cumplen las normas por miedo al castigo, porque  nos  hayan castigado cuando hemos sido peque&ntilde;os, o nos puedan castigar de adultos. Nos comportamos de acuerdo con las normas  porque nuestro sistema &eacute;tico es sostenido por la mayor&iacute;a de los otros adultos, que tenemos la convicci&oacute;n de que su cumplimiento es lo mejor para todos y como consecuencia asumimos un compromiso de acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta Socializaci&oacute;n &eacute;tica de los individuos se ha conseguido con mucho esfuerzo y cuesta mucho mantenerla. Cuando las personas que deben mostrar ejemplaridad p&uacute;blica porque son modelos de acci&oacute;n, incumplen con su deber, con el respeto a las normas que nos han exigido, las autoridades sufren un desmoronamiento y se disuelven. Y lo que es peor, queda sustituido por el deseo de no cumplirlas, de ser menos &eacute;ticos, como lo son nuestros referentes p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Los modelos positivos construyen, hacen m&aacute;s fuerte el edificio de la moralidad y la solidaridad. Los corruptos, por el contrario, destruyen, desmoronan, y nos hacen trabajar para reconstruirnos de nuevo. Por ello, cuanto m&aacute;s tiempo est&eacute;n activos en su presencia p&uacute;blica, mayor ser&aacute; su da&ntilde;o y la magnitud de su efecto destructivo.
    </p><p class="article-text">
        Invit&eacute;mosles a que dejen de destruirnos. Su efecto ya ha sido enorme. V&aacute;yanse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Concepción Fernández Villanueva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/modelos-corruptos_129_5777700.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Aug 2013 18:02:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Modelos y corruptos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La información sobre catástrofes y sus funciones psicosociales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/informacion-catastrofes-funciones-psicosociales_129_5765122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6433f0d-e739-4f40-a2c3-c6d81d079345_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La información sobre catástrofes y sus funciones psicosociales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El recuerdo de las escenas dramáticas de dolor de los demás puede  perdurar durante largos periodos de tiempo y, por ello, podemos esperar  que tengan un efecto positivo en la transformación de los factores que  han producido el daño y el sufrimiento.</p></div><p class="article-text">
        Los medios de comunicaci&oacute;n audiovisuales cumplen una funci&oacute;n insustituible acercando el dolor y las consecuencias negativas de los hechos humanos violencias y cat&aacute;strofes a los espectadores. Los hechos de violencia con consecuencias graves as&iacute; como las cat&aacute;strofes hay que contarlas de la forma m&aacute;s clara, detallada y objetiva.  Adem&aacute;s de  informar, hay que transmitir, transferir a los espectadores el sentimiento de las victimas (y tambi&eacute;n de los agresores y responsables, en el caso de que los haya y puedan ser  accesibles). Por m&aacute;s que algunos pueda resultarles doloroso, el malestar y el dolor no se deben ocultar. Es necesario mostrarlos, ya que es la &uacute;nica manera a trav&eacute;s de la cual podemos emprender acciones eficaces para intentar evitarlo en la medida de lo posible.
    </p><p class="article-text">
        Hay un amplio debate sobre en qu&eacute; medida hay que emitir las im&aacute;genes de dolor y sufrimiento con qu&eacute; grafismo, detalle y proximidad se deben presentar, y cu&aacute;nta cantidad de ellas es tolerable o adecuada. Ese debate no ha sido resuelto pero sin duda ha sido mediatizado por algunas opciones ideol&oacute;gicas. Se ha culpabilizado a los medios de emitir demasiadas im&aacute;genes escabrosas y violentas y con ello de provocar miedo o incluso imitaci&oacute;n en los espectadores. La acusaci&oacute;n de provocar violencia en los espectadores por imitaci&oacute;n se ha hecho muy com&uacute;n, a pesar de no estar suficientemente fundamentada en los estudios cient&iacute;ficos. En la emisi&oacute;n de los hechos reales se tiene especialmente en cuenta la  protecci&oacute;n de la sensibilidad de  los espectadores. Particularmente, cuando los espectadores son ni&ntilde;os. Los consejos audiovisuales ya sea de las comunidades aut&oacute;nomas o de otras instituciones han elaborado algunas normas para la informaci&oacute;n sobre cat&aacute;strofes que incluyen la objetividad y el respeto a las v&iacute;ctimas. Bien es verdad que estos conceptos son bastante amplios y dif&iacute;ciles de concretar, porque el primero alude a algo tan dif&iacute;cil como la construcci&oacute;n de la verdad y el segundo, a una cuesti&oacute;n de orden moral, siempre dif&iacute;cil de  delimitar. Aun as&iacute;, se tienen en cuenta unas serie de principios para mantener la objetividad, el respeto a las v&iacute;ctimas y para no herir la sensibilidad.
    </p><p class="article-text">
        No obstante debemos afirmar que la insistencia en la protecci&oacute;n de los espectadores, concretada en <em>&ldquo;no herir la sensibilidad&rdquo;</em>, no es ajena a la resistencia de muchos seres humanos a enfrentarse con el dolor, el malestar o la violencia, y que <strong>la huida</strong> de estos problemas es lo que decide ideol&oacute;gicamente que dichos problemas sean ocultados, minimizados o suavizados en sus representaciones. Nos preguntamos en primer lugar por la necesidad de emitir. Supongamos que no queremos ver o se nos oculta las escenas de dolor o da&ntilde;o. El espectador  carecer&iacute;a no s&oacute;lo de una informaci&oacute;n imprescindible para conocer la realidad del dolor sino tambi&eacute;n de una informaci&oacute;n insustituible para establecer las causas y las responsabilidades por dicho dolor. Parece m&aacute;s razonable emitir estableciendo ciertos l&iacute;mites o mecanismos que consuelen a los espectadores o reduzcan el impacto emocional en ellos. Establecer lo que se llaman &ldquo;mecanismos de consuelo&rdquo; ante la  existencia de hechos grav&iacute;simos debe ser un objeto de debate. Debemos repensar hasta qu&eacute; punto, en qu&eacute; medida y con qu&eacute; grafismo y detalle es deseable emitir im&aacute;genes de este tipo para que  produzcan los efectos menos mediatizados o espurios, en la medida de lo posible.
    </p><p class="article-text">
        Para  evaluar  estas cuestiones  es necesario tener en cuenta la investigaci&oacute;n sobre psicolog&iacute;a social de la violencia comunicaci&oacute;n  que establece las funciones que puede desempe&ntilde;ar las im&aacute;genes detalladas de da&ntilde;o  y dolor.
    </p><p class="article-text">
        La funci&oacute;n <strong>informativa</strong> es insustituible. La imagen aporta los detalles m&aacute;s imperceptibles e innombrables, los  &ldquo;intersticios&rdquo; de la realidad. De esta manera llega al conocimiento de una forma espont&aacute;nea con gran capacidad de informaci&oacute;n sobre los detalles y extendi&eacute;ndose a las personas m&aacute;s variadas incluso aquellas que tienen dificultad para manejar el lenguaje verbal. Pero dicha informaci&oacute;n no s&oacute;lo se refiere a lo que ocurre en los dem&aacute;s sino que un proceso de acercamiento especular, universal en el ser humano, permite conocer y anticipar lo que puede suceder al  espectador. En la reciente cat&aacute;strofe ferroviaria de Santiago as&iacute; como en todo hecho que implica a muchas personas,  esa informaci&oacute;n con imagen y sonido permite tambi&eacute;n reconstruir las claves de lo que afecta a toda la sociedad. Es por ello que la representaci&oacute;n de estas cat&aacute;strofes se convierte en objeto de inter&eacute;s social y circula estableciendo un lazo de uni&oacute;n entre los individuos. La informaci&oacute;n de las cat&aacute;strofes produce inevitablemente que todos se planteen preguntas sobre la legalidad de las conductas y sobre las posibilidades de control de la acci&oacute;n de los individuos y las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, las im&aacute;genes se convierten en este momento en un certificado de existencia de los sucesos. Lo que la imagen nos transfiere no son los signos informativos, sino tambi&eacute;n huellas de lo que ocurri&oacute;, im&aacute;genes que valen por s&iacute; mismas. Independientemente de &ldquo;lo que en ellas sucede&rdquo;, la imagen <strong>implica al espectador como testigo de la realidad</strong> as&iacute; que el visionado de ciertas im&aacute;genes supone la imposibilidad de negar ciertos hechos, lo cual es una base fundamental para la implicaci&oacute;n de los ciudadanos en la acci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Pero la implicaci&oacute;n de los espectadores en la acci&oacute;n social se produce a trav&eacute;s <strong>movilizar emociones y sentimientos</strong>. Las emociones producidas por la violencia no suele ser agradables, si no que despiertan emociones negativas, principalmente miedo dolor y repugnancia  pero tambi&eacute;n se producen sentimientos m&aacute;s complejos que duran m&aacute;s tiempo, como sentimientos tristeza, dolor, depresi&oacute;n, impotencia y, m&aacute;s all&aacute; de eso, actitudes que ya se refieren directamente a la toma de decisiones acerca de los hechos que han sido presenciados. El impacto de las emociones puede ser moment&aacute;neo, pero tambi&eacute;n puede ser acumulado y duradero. La acumulaci&oacute;n de la visi&oacute;n de escenas de dolor podr&iacute;a insensibilizar al espectador o producir un proceso de defensa ante el efecto emocional negativo, pero tambi&eacute;n puede reafirmar, aumentar la sensibilizaci&oacute;n ante el dolor de los dem&aacute;s  y con ello  amplificar las emociones que permiten tomar algunas decisiones en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        El recuerdo de las escenas dram&aacute;ticas de dolor de los dem&aacute;s puede perdurar durante largos periodos de tiempo y, por ello, podemos esperar que tengan un efecto positivo en la transformaci&oacute;n de los factores que han producido el da&ntilde;o y el sufrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Todo este impacto emocional que se deriva despu&eacute;s en posible acci&oacute;n social no ser&iacute;a explicable sin un proceso b&aacute;sico que se produce en el ser humano y que llamamos <strong>identificaci&oacute;n.</strong> La identificaci&oacute;n consiste en ponerse en el lugar del otro, experimentar lo que el semejante experimenta es incorporar una parte de experiencia del otro, del semejante en referencia a uno mismo. Presenciar el dolor enfrenta a los seres humanos con su propio dolor. <em>La identificaci&oacute;n con el dolor duele, produce</em> malestar, y esta producci&oacute;n de malestar es necesaria para que los individuos realmente se impliquen en las normas y reglas de conducta social que pueden evitar los incidentes molestos y traum&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, la emisi&oacute;n de las consecuencias de las cat&aacute;strofes y de los hechos de violencia es necesaria y fundamental, aunque debe hacerse teniendo en cuenta la libertad y la dignidad de las v&iacute;ctimas. Las actitudes de trivializaci&oacute;n, burla, mercantilizaci&oacute;n del dolor, o pura  estetizaci&oacute;n de los hechos por parte de los medios, atentan contra la objetividad de la informaci&oacute;n y contra la dignidad de las v&iacute;ctimas. La emisi&oacute;n de im&aacute;genes debe hacerse con responsabilidad, respeto y con intenciones &eacute;ticas, pero tampoco puede evitarse ni edulcorarse con mecanismos de ocultaci&oacute;n o consuelo, ya que entonces nos quedar&iacute;amos sin el efecto positivo a largo plazo que puede tener la emisi&oacute;n de dichas im&aacute;genes por el proceso de la identificaci&oacute;n de los espectadores con el dolor de los otros seres humanos, sus semejantes. Un dolor que, si est&aacute;n normalmente socializados en una &eacute;tica de la protecci&oacute;n y el cuidado a sus semejantes, se movilizar&aacute;n para evitar en el futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Concepción Fernández Villanueva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/informacion-catastrofes-funciones-psicosociales_129_5765122.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Aug 2013 17:45:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Medios de comunicación,Tragedia en Santiago]]></media:keywords>
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