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    <title><![CDATA[elDiario.es - Coral Herrera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/coral_herrera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Coral Herrera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Cómo enamorar a una mujer para que te cuide toda la vida?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/enamorar-mujer-cuide-vida_132_8497283.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/337b76c4-64f8-4209-b3a8-82d9edd172fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cómo enamorar a una mujer para que te cuide toda la vida?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Casarse les permite vivir mejor a ellos. A nosotras lo que nos beneficia es no tener marido</p><p class="subtitle">Lo que he aprendido de las feministas sobre el amor</p></div><p class="article-text">
        El modelo de la <em>mujer cornuda</em> que lleva con dignidad los estragos de la doble vida de su marido es el que vemos en las revistas del coraz&oacute;n. As&iacute; viven las reinas y las princesas (Sof&iacute;a de Espa&ntilde;a, Isabel de Inglaterra, Lady Di de Inglaterra, Carlota de M&oacute;naco, etc&eacute;tera), y as&iacute; deber&iacute;amos vivir todas. Una reina debe asumir que la monogamia no es para ellos, sino para nosotras. 
    </p><p class="article-text">
        Y debe aceptar que sus maridos tienen derecho a vivir en r&eacute;gimen de semilibertad, con sus escapaditas puntuales, pero sin desfasarse demasiado. En la c&aacute;rcel del matrimonio, ellas tienen cadena perpetua, y ellos el tercer grado. 
    </p><p class="article-text">
        El contrato nupcial les beneficia a ellos claramente: pueden obtener sexo, descendencia y cuidados gratis, y les viene bien que haya alguien que les sujete las bridas para no andar como sementales salvajes, regando su esperma con generosidad por el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Les viene bien tener una sustituta de mam&aacute; con la que poder tener sexo de vez en cuando. A los ni&ntilde;os varones les hacen creer que siempre habr&aacute; una mujer encargada de su salud y su bienestar, y que, teniendo sirvientas a su disposici&oacute;n, podr&aacute;n vivir como reyes toda su vida.
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico que tienen que hacer para disfrutar de sus privilegios es enamorar a una mujer, por eso hasta el hombre m&aacute;s pobre del planeta puede tener una sirvienta. 
    </p><p class="article-text">
        Y, &iquest;c&oacute;mo enamorar a una mujer para que te cuide toda la vida? Haciendo que la mujer elegida se sienta especial: se pasan todo el noviazgo soltando frases bonitas para enamorar a sus futuras esposas. Y, cuando ya las tienen de rodillas, es cuando pueden empezar a hacer sus <em>escapaditas </em>y a dise&ntilde;ar su doble vida como solteros y casados. 
    </p><p class="article-text">
        Los hombres de doble vida se portan bien al principio para parecer domesticables, y para que las mujeres se sientan poderosas. Despu&eacute;s de la boda, se acaba la luna de miel y empieza a imponerse la realidad. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y cu&aacute;l es la realidad? Seg&uacute;n algunos estudios, las mujeres solteras tienen mejor salud, mayor calidad de vida y de esperanza de vida frente a las mujeres casadas. Y, paralelamente, los hombres casados viven m&aacute;s y mejor que los hombres solteros, viudos o divorciados. La realidad es que casarse les permite vivir mejor a ellos y a nosotras lo que nos beneficia es no tener marido. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y por qu&eacute; viven mejor los hombres casados? Porque gozan del doble del tiempo libre que las mujeres en muchos pa&iacute;ses del mundo: ellos pueden juntarse con sus amigos a ver el f&uacute;tbol, a ver espect&aacute;culos de tortura animal, a cazar animales y a irse de fiesta. Pueden hacer deporte, dedicarse a sus pasiones, hacer negocios, estudiar y dedicar tiempo a su carrera, porque tienen criada y as&iacute; se pueden desentender de sus obligaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres nos damos cuenta demasiado tarde. Generalmente cuando nos vemos encerradas en una casa con un beb&eacute; en brazos, esperando con ansiedad a que llegue el padre de la criatura. Da igual que hayas estudiado, que seas una gran profesional, que seas una mujer muy moderna y empoderada: la maternidad nos encierra en casa. Cuando m&aacute;s ayuda necesitamos es cuando se nos viene encima toda la realidad: el mito del compa&ntilde;ero fiel, la familia feliz y la conciliaci&oacute;n laboral es una estafa. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando tenemos cr&iacute;os es cuando empezamos a darnos cuenta de que realmente ellos se casan para vivir mejor y nosotras, en cambio, salimos perdiendo. Las que m&aacute;s pierden son las mujeres que abandonan sus redes sociales y afectivas para encerrarse en el nidito de amor y formar una familia feliz. 
    </p><p class="article-text">
        Los hombres son tan privilegiados que hasta tienen espacios propios donde nunca van a entrar sus esposas y novias oficiales. Esos espacios masculinos ofrecen todo lo que un hombre puede desear: alcohol, comida y mujeres, en packs o en precio de barra libre. En el Ed&eacute;n, los hombres no tienen encima a la sargento de su mujer: se sienten realmente libres y disfrutan con la ficci&oacute;n de sentirse deseados por mujeres sonrientes que no se enojan jam&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Si los hombres se casan es porque a ratos pueden olvidarse del mundo en el Para&iacute;so, porque pueden compaginar con facilidad su doble vida y porque sus parejas oficiales de alguna forma u otra lo consienten. Unas deciden autoenga&ntilde;arse y hacer <em>como que no,</em> otras se pasan media vida amargadas hasta que se resignan, y unas pocas se rebelan ante los privilegios masculinos y se separan, desencantadas. 
    </p><p class="article-text">
        Para los hombres esto no es un gran problema porque ellos vuelven a emparejarse muy r&aacute;pido: en el mercado del amor hay millones de mujeres dispuestas a dejarse enga&ntilde;ar, a auto enga&ntilde;arse y a aguantar la doble vida de los hombres. Nuestra dependencia econ&oacute;mica y emocional les beneficia, porque as&iacute; pueden vivir como reyes, hacernos creer que somos las reinas y al mismo tiempo tener su propio har&eacute;n de mujeres enamoradas y disponibles para ellos. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando pierden su potencia sexual es cuando empiezan a quedarse en casa para que sus esposas les cuiden. Lo dijo Sabina en una entrevista: &eacute;l antes se iba de gira y no estaban permitidas las novias ni las esposas, porque &eacute;l y los suyos se entregaban en cuerpo y alma a la fiesta y a las mujeres. Ahora que est&aacute; mayor y necesita cuidados, dice que ni se le ocurre separarse de <em>su se&ntilde;ora</em> y que va con ella a todas partes. 
    </p><p class="article-text">
        No solo le pasa a Sabina, les pasa a todos cuando pierden su salud y su potencia sexual. 
    </p><p class="article-text">
        No es casualidad que cuando los hombres por fin quieren estar en casa, las mujeres ya est&aacute;n volando fuera. Ya saben que el mito de la media naranja es una estafa, ya han criado a todos los hijos e hijas, ya se sienten libres para dedicarse a sus pasiones y a sus amigas. Muchas vuelven a estudiar y a aprender cosas nuevas, empiezan a viajar, empiezan a ver mundo y a disfrutar de su tiempo libre&hellip; Es entonces cuando muchas se ven obligadas a volver a casa a cuidar a un hombre que nunca ha sabido cuidarse a s&iacute; mismo. 
    </p><p class="article-text">
        A muchas de ellas solo las salva la viudedad. A algunas les llega pronto, otras tienen que cumplir otra condena de diez o veinte a&ntilde;os m&aacute;s cuidando a un hombre que nunca las ha cuidado a ellas. Otras, en cambio, no pueden llegar a disfrutar de su libertad jam&aacute;s, porque duran menos tiempo vivas que sus maridos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es mirando al final como comprendes el principio de la historia: los hombres se casan porque viven mejor y las mujeres nos casamos porque nos estafan haci&eacute;ndonos creer que seremos muy felices en una jaula de oro, entregadas a esperar y a cuidar a nuestros amados hombres. Es una historia que hay que contarles a las ni&ntilde;as y a las adolescentes para que no caigan en la trampa, y ense&ntilde;arles las cifras que demuestran que las mujeres que mejor viven y que mayor esperanza de vida tienen son las que no se casan. 
    </p><p class="article-text">
        A las ni&ntilde;as no les estamos contando que en realidad no van a ser reinas, sino sirvientas. No es justo que se vean a s&iacute; mismas como princesas, cuando van a vivir como criadas trabajando gratis para los hombres y viendo c&oacute;mo ellos entran y salen de la c&aacute;rcel de la que ellas no pueden escapar. Las nuevas generaciones tienen que poder decidir si quieren compartir sus vidas con hombres privilegiados o si prefieren ser libres. Tienen derecho a saber la verdad y a elegir por s&iacute; mismas, as&iacute; que la informaci&oacute;n tiene que circular libremente entre las diferentes generaciones de mujeres. Es la &uacute;nica manera de que no nos enga&ntilde;en m&aacute;s. &nbsp;&iquest;Y los hombres? Es poco probable que renuncien a sus privilegios, porque les va muy bien as&iacute;. Su doble vida es fant&aacute;stica. Solo empezar&aacute;n a cambiar el d&iacute;a en el que no haya ninguna mujer dispuesta a ser enga&ntilde;ada y a auto-enga&ntilde;arse. 
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a en que las mujeres se den cuenta masivamente de que casarse no les compensa porque les supone una doble y triple jornada laboral, se acabar&aacute; la servidumbre dom&eacute;stica, sexual y reproductiva a la que hoy nos sometemos &ldquo;por amor&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces ellos perder&aacute;n sus privilegios, tendr&aacute;n que pagar por todos los servicios que necesitan y se lamentar&aacute;n al darse cuenta de que el amor y los afectos no se pueden comprar. Solo se pueden sembrar, cuidar y cosechar.&nbsp;El cuento podr&iacute;a tener un final feliz en el que las mujeres se liberan y salen de la c&aacute;rcel rom&aacute;ntica y los hombres renuncian a sus privilegios para aprender a amar en igualdad y en libertad. &iquest;Qu&eacute; tal si empezamos a cont&aacute;rselo a las nuevas generaciones para que se rebelen y empiecen a imaginar otras formas de relacionarse y de quererse?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Coral Herrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/enamorar-mujer-cuide-vida_132_8497283.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Nov 2021 05:00:27 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[¿Por qué el patriarcado nos roba el placer y los orgasmos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/patriarcado-roba-placer-orgasmos_132_8434191.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17da1c1f-fa81-4b2b-80b0-ca9a8047f0d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1032884.jpg" width="484" height="272" alt="¿Por qué el patriarcado nos roba el placer y los orgasmos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El placer de las mujeres es el epicentro del patriarcado. Un cuerpo que goza por sí mismo, que no se ofrece a las necesidades sexuales y reproductivas de los hombres, es un cuerpo rebelde</p><p class="subtitle">El amor después de los 40</p></div><p class="article-text">
        Cuando empezamos a cultivar la tierra, los hombres la convirtieron en propiedad privada para poder explotarla y transmitirla en herencia a las nuevas generaciones. Despu&eacute;s le toc&oacute; el turno a los animales: domesticaron a unas cuantas especies, empezaron a explotarlas, a hacer negocio con ellos y, sobre todo, con ellas. Las hembras que pod&iacute;an multiplicar las cabezas de ganado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s nos toc&oacute; a nosotras: las mujeres fuimos encerradas en el espacio dom&eacute;stico, perdimos nuestro derecho a controlar nuestra sexualidad y nuestra reproducci&oacute;n. Fuimos obligadas a ser mon&oacute;gamas de por vida. 
    </p><p class="article-text">
        Los hombres patriarcales nos robaron el placer: nuestros cuerpos solo deb&iacute;an servir para hacer negocios entre ellos y para la explotaci&oacute;n sexual, reproductiva, dom&eacute;stica y laboral. Hasta el hombre m&aacute;s pobre de la Tierra tiene una criada personal que le cuida y le cubre sus necesidades sexuales. 
    </p><p class="article-text">
        A nosotras nos matan por tener sexo antes del matrimonio y por ser infieles dentro del matrimonio, incluso en los pa&iacute;ses en los que ya no es legal asesinar a tu esposa bajo ning&uacute;n concepto. 
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de matarnos, sufrimos otro tipo de castigos. 
    </p><p class="article-text">
        A las ni&ntilde;as, en la infancia y la adolescencia, nos ofrecen toneladas de romanticismo, pero no nos hablan de sexo. La primera vez que me hablaron de sexo en la escuela fue para advertirme de lo peligroso que era: pod&iacute;as quedarte embarazada y enfermar gravemente.
    </p><p class="article-text">
        Nadie me explic&oacute; que el sexo, cuando est&aacute;s llena de deseo y eres correspondida, es uno de los mayores placeres de la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Nadie me explic&oacute; que el sexo, cuando no odias tu cuerpo y no est&aacute;s en guerra contra &eacute;l, es una de las pasiones m&aacute;s grandiosas y divertidas del mundo. 
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; no me hablaron de las delicias del sexo, pero al menos no me machacaron psicol&oacute;gicamente como a mis abuelas, que estuvieron sometidas al sadismo de la religi&oacute;n cat&oacute;lica que las amenazaba con quedarse ciegas o sordas por masturbarse, que les hablaba de su cuerpo como un antro de pecado, que les met&iacute;an miedo con la posibilidad de ir al infierno por tocarse y por tocar a otras mujeres y hombres.
    </p><p class="article-text">
        Nuestras madres tambi&eacute;n sufrieron esta pesadilla, pero tuvieron la suerte de poder vivir la revoluci&oacute;n sexual de los 70 del siglo XX. No solo se deslig&oacute; el sexo de la reproducci&oacute;n con la comercializaci&oacute;n de los preservativos y las p&iacute;ldoras, sino que tambi&eacute;n pudimos liberarnos de la culpa y del pecado. 
    </p><p class="article-text">
        De esta revoluci&oacute;n sexual pudieron beneficiarse unas pocas mujeres en el mundo: mujeres de pa&iacute;ses desarrollados que viv&iacute;an en las ciudades, mayoritariamente. La gran mayor&iacute;a de las mujeres del mundo viven a&uacute;n bajo el yugo de obispos, curas y pastores mis&oacute;ginos que las bombardean con los mismos mensajes que a nuestras abuelas. Para muchas ni&ntilde;as y adolescentes, su primera experiencia sexual sigue siendo una violaci&oacute;n, generalmente perpetradas por sus padres, padrastros, abuelos, hermanos, t&iacute;os y primos. No solo las violan con diez a&ntilde;os de vida: las obligan a casarse con sus violadores y las obligan a parir. Si no mueren en el parto, las torturan a sufrir una maternidad no deseada para toda su vida.
    </p><p class="article-text">
        Millones de mujeres j&oacute;venes en el mundo siguen sin recibir educaci&oacute;n sexual y emocional en las escuelas, y no tienen acceso a anticonceptivos. Siguen muriendo todos los d&iacute;as mujeres por abortos clandestinos. Sus cuerpos no son suyos: lo &uacute;nico que pueden hacer con ellos es ced&eacute;rselo a hombres para que hagan negocios entre ellos. El cuerpo de las mujeres pobres es una mercanc&iacute;a que los hombres utilizan para ganar dinero. Traficar con los cuerpos de mujeres pobres y con sus beb&eacute;s es uno de los negocios m&aacute;s lucrativos del mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, un cuerpo de mujer que no est&aacute; al servicio del placer del hombre, es un lugar de resistencia a la violencia del patriarcado y el capitalismo. El cuerpo que no se vende, el cuerpo que no se puede usar y tirar, el cuerpo que no se ofrece a la mirada y al deseo del hombre, es un cuerpo subversivo.
    </p><p class="article-text">
        Y por eso el placer de las mujeres es el epicentro del patriarcado. Un cuerpo que goza por s&iacute; mismo, que no se ofrece a las necesidades sexuales y reproductivas de los hombres, es un cuerpo rebelde, y pone en peligro todo el sistema de dominaci&oacute;n masculina. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ntas mujeres en el mundo podemos gozar de nuestro erotismo y sexualidad sin miedo?, &iquest;cu&aacute;ntas podemos elegir nuestra maternidad?, &iquest;cu&aacute;ntas podemos elegir a nuestras compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros sexuales? Somos muy pocas. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestros cuerpos no son para nosotras: son para el marido, para el putero, para el proxeneta, para el adicto al porno, para los due&ntilde;os de las cl&iacute;nicas reproductivas o de identidad de g&eacute;nero, para los due&ntilde;os de las cl&iacute;nicas de belleza, pero no son para nosotras. 
    </p><p class="article-text">
        Nos disciplinan para que nos torturemos a nosotras mismas pasando hambre con dietas extremas, entrando en los quir&oacute;fanos para quitarnos trozos de carne y de piel, entrenando durante horas el cuerpo para que luzca firme, musculoso y bello. 
    </p><p class="article-text">
        Nos amenazan con la idea de que, si nuestros cuerpos no gustan a los machos, no vamos a conseguir marido, ni trabajo, ni familia feliz y, por tanto, vamos a quedarnos excluidas, en los m&aacute;rgenes del sistema y solas. 
    </p><p class="article-text">
        Nos cr&iacute;an para que nuestro objetivo en la vida sea despertar el deseo y subir la libido de los machos, y nos dan a elegir: podemos ofrecernos a un solo macho para formar pareja o a varios. Lo importante es que gustemos, que nos arreglemos, que invirtamos toneladas de dinero, de energ&iacute;a y de tiempo en estar bellas, y que nos ocupemos y nos preocupemos del placer masculino. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; pasa cuando reivindicamos nuestro derecho al placer? Que somos unas degeneradas, y unas <em>putas. </em>Es el insulto preferido para castigar a las mujeres libres: nos rebajan a la categor&iacute;a de mujer mala, mujer de usar y tirar, mujer que no merece respeto, para castigarnos a todas.
    </p><p class="article-text">
        Es un mecanismo muy eficaz para que las mujeres nos olvidemos de nuestro placer, renunciemos a nuestros orgasmos, nos reprimamos a nosotras mismas, y nos entreguemos de por vida a satisfacer las necesidades sexuales de los hombres. 
    </p><p class="article-text">
        Hace poco un estudio de LELO, marca sueca de juguetes er&oacute;ticos, declaraba que el 46% de las mujeres consultadas llegaba al orgasmo en la pareja heterosexual. Las que no logran alcanzarlo cuando est&aacute;n en pareja, el 29%, dijeron que no se relajaba lo suficiente como para poder disfrutar del sexo; un tanto por ciento de las mujeres no llegaba por culpa de la falta de estimulaci&oacute;n clitoriana, y un 40% de las mujeres confesaron fingir sus orgasmos para no herir al macho. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; las mujeres heterosexuales nos preocupamos m&aacute;s por el ego fr&aacute;gil de nuestros compa&ntilde;eros que por nuestro propio placer?, &iquest;por qu&eacute; renunciamos a corrernos a gusto y le damos m&aacute;s importancia a los orgasmos masculinos que a los nuestros?
    </p><p class="article-text">
        A los hombres les cuesta disfrutar del sexo y del amor porque no saben c&oacute;mo hablar del tema. Est&aacute;n acostumbrados a hablar de sexo con otros hombres, generalmente para alardear de sus conquistas, no para intercambiar conocimientos en las artes del amor. 
    </p><p class="article-text">
        Con sus parejas femeninas les cuesta a&uacute;n m&aacute;s porque no est&aacute;n acostumbrados a escuchar a una mujer hablar de su placer, de su deseo, de sus fantas&iacute;as, de sus oleadas, de sus orgasmos m&uacute;ltiples. 
    </p><p class="article-text">
        Nosotras hablamos mucho de sexo con nuestras amigas. Con los hombres no podemos hablar porque la mayor&iacute;a de ellos se asustan y sus penes se hacen peque&ntilde;os cuando se ven frente a una mujer libre. As&iacute; que tenemos que tener cuidado porque si creen que somos mujeres para follar, no se van a enamorar de nosotras: la mayor&iacute;a de los hombres siguen creyendo que hay <em>mujeres buenas</em> y <em>malas,</em> y que las malas son de usar y tirar. 
    </p><p class="article-text">
        La masculinidad patriarcal es muy fr&aacute;gil y a los hombres les cuesta disfrutar del sexo porque creen que su obligaci&oacute;n como macho es eyacular para demostrar su hombr&iacute;a. Les falta humildad, curiosidad y generosidad: no preguntan a las mujeres qu&eacute; es lo que les gusta en el sexo por miedo a no dar la talla, y aunque se averg&uuml;enzan de su ignorancia, les cuesta preguntar y prefieren aparentar que son machos potentes que saben complacer perfectamente a sus parejas. 
    </p><p class="article-text">
        Nosotras <em>hacemos como que</em> nos complacen para que no se sientan mal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo cierto es que estas mentiras piadosas solo sirven para que los machos mantengan su ego y no aprendan jam&aacute;s a dar placer a una mujer. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ocurre cuando nos atrevemos a decirle a nuestra pareja lo que nos gusta y lo que no, cu&aacute;les son nuestras fantas&iacute;as y d&oacute;nde est&aacute;n nuestros l&iacute;mites? Que los hombres se sienten inc&oacute;modos porque tienen miedo a la mujer libre que conoce y ama su cuerpo. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando nosotras reivindicamos que somos algo m&aacute;s que agujeros, estamos pidiendo un trato humano, y eso a muchos hombres les parece humillante. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestros orgasmos no son nuestros porque su fin es hacerle creer al macho que es potente y grandioso. El macho generalmente disfruta solo cuando la mujer se somete, se pone de rodillas, y se olvida de s&iacute; misma. El macho no disfruta con el sexo, disfruta con el poder que siente teniendo frente a s&iacute; a una mujer sometida y humillada. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los hombres con mucho apetito sexual son hombres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres con mucho apetito sexual somos ninf&oacute;manas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No solo nos etiquetan como enfermas, tambi&eacute;n como locas, hist&eacute;ricas, brujas, zorras, putas, degeneradas. Por eso desde que somos peque&ntilde;as aprendemos a reprimirnos y a silenciarnos, y a poner el cuerpo al servicio de los dem&aacute;s. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No solo nos reprimen los hombres: la voz del Se&ntilde;or patriarcal que habita en nuestro interior tambi&eacute;n nos rega&ntilde;a cuando estamos demasiado calientes, cuando estamos demasiado ardientes, cuando nos corremos como posesas, y cuando nos ponemos reivindicativas. 
    </p><p class="article-text">
        Los abusos sexuales y las violaciones que sufrimos en nuestra infancia sirven para que las mujeres entendamos que nuestros cuerpos no son nuestros, que en ellos manda el m&eacute;dico, el cura, el profesor, el padre, el abuelo, el vecino y el marido, y que son ellos los que nos quitan la inocencia y la virginidad.
    </p><p class="article-text">
        Otra forma de disciplinamiento y tortura que sufrimos las mujeres es la violencia obst&eacute;trica: el embarazo y el parto son experiencias sexuales que siguen estando controladas por los hombres. Ginec&oacute;logos, enfermeros y personal sanitario ejercen esta violencia contra nuestros cuerpos para que tengamos claro que quienes mandan son ellos. Cuando nos quitan a los beb&eacute;s reci&eacute;n nacidos lo hacen para que tengamos claro qui&eacute;n manda sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, y para que los beb&eacute;s sufran desde el primer minuto el poder del Estado y del Patriarcado. 
    </p><p class="article-text">
        El objetivo final es que vivamos en guerra con nuestros cuerpos y renunciemos a nuestro derecho al placer, para dedicarnos a complacer a los machos. Por eso nos torturan y nos machacan: no hay nada m&aacute;s amenazante para el Patriarcado que las mujeres que gozan. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Coral Herrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/patriarcado-roba-placer-orgasmos_132_8434191.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Oct 2021 04:00:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué el patriarcado nos roba el placer y los orgasmos?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manual de ética amorosa para ligar en Tinder y otras redes sociales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/manual-etica-amorosa-tinder-sociales_129_1794470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3400e4f-7ad3-44f4-a32f-cda5a25419e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manual de ética amorosa para ligar en Tinder y otras redes sociales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Intenta que tu forma de relacionarte no haga daño a nadie. Ama y folla cuanto quieras, sin provocar heridos y sin dejar cadáveres emocionales detrás de ti</p><p class="subtitle">Cierra las historias con elegancia, con cariño, con honestidad. Duren lo que duren, pórtate bien. Que os quede a los dos un bonito recuerdo de la relación, no importa cuánto haya durado. Evita las mentiras, los engaños, los chantajes, los reproches</p></div><p class="article-text">
        - Todas las relaciones son amorosas, sean rom&aacute;nticas o no, sean sexuales o no, sean reales o virtuales. Partiendo de esta idea, los cuidados y la empat&iacute;a son la base para relacionarse con los dem&aacute;s. Hay que portarse bien y tratar a la gente con respeto y cari&ntilde;o, independientemente de si queremos una cita, o no, si nos gusta o no la otra persona.
    </p><p class="article-text">
        - La honestidad es uno de los factores m&aacute;s importantes para no hacer da&ntilde;o a los dem&aacute;s. S&eacute; sincero y cuenta lo que est&aacute;s buscando, si prefieres relaciones basadas en el placer sexual o un romance en toda regla, si est&aacute;s abierto o no para tener una relaci&oacute;n sentimental, si eres mon&oacute;gamo o poliamoroso, si tienes pareja o est&aacute;s soltero, si te apetece vivir una historia de amor alucinante, o s&oacute;lo pasar ratos lindos y divertidos sin comprometerte emocionalmente.
    </p><p class="article-text">
        - No confundas a la otra persona: s&eacute; claro y utiliza tu asertividad. Si quieres quedar, dilo. Si no quieres quedar, dilo tambi&eacute;n. Hay que ser transparente, no crear falsas expectativas ni levantar esperanzas en los dem&aacute;s: evita marear a la gente con tus inseguridades o tu indecisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        - Trata bien a las mujeres y a los hombres con los que te relaciones. No importa si os vais a ver s&oacute;lo una noche, o si os vais a ver cien noches, si quer&eacute;is una relaci&oacute;n estable o no. No importa si s&oacute;lo os une el placer sexual, o si tambi&eacute;n est&aacute;is conectados emocionalmente: lo &uacute;nico que importa es que seamos capaces de cuidarnos mutuamente.
    </p><p class="article-text">
        - Cuando alguien quiere ligar contigo y a ti no te gusta, cuando te gusta chatear pero te das cuenta de que no va a funcionar la relaci&oacute;n por los motivos que sean, que no se te olvide el buen trato y el cuidado para no hacer da&ntilde;o a la otra persona. Se puede rechazar a alguien sin tener que portarse mal, y sin jugar sucio: se puede decir que ya no m&aacute;s con mucho cari&ntilde;o, no desaparezcas sin m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        - Cuando quedes con alguien por primera vez, mejor que sea en un lugar p&uacute;blico, como una plaza, una cafeter&iacute;a, un centro social, un centro cultural, un bar o un restaurante, un teatro, un cine, un museo, una discoteca, un parque... A las mujeres nos conviene quedar en espacios seguros y llenos de gente. Ya habr&aacute; tiempo para buscar espacios con m&aacute;s privacidad si os apetece a ambos y si surge el deseo, la confianza y la complicidad necesarias para intimar.  
    </p><p class="article-text">
        - Misterios, los justos: la otra persona quiere saber qui&eacute;n eres, c&oacute;mo vives, qu&eacute; haces en tu tiempo libre, cu&aacute;les son tus pasiones... antes de la primera cita todos necesitamos informaci&oacute;n para saber si nos gusta o no la otra persona, si podemos confiar en la otra persona, y si hay alg&uacute;n tipo de afinidad.
    </p><p class="article-text">
        - El tiempo que est&eacute;is juntos, que sea de calidad. Para mostrar inter&eacute;s lo mejor es tener guardado el celular, y escuchar con atenci&oacute;n amorosa a la otra persona, sin interrupciones ni vac&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        - Si la otra persona se va antes de tiempo de la cita, acepta y respeta. Si te vas t&uacute; antes, el otro tiene que aceptar y respetar igual.
    </p><p class="article-text">
        - Si le propones a la otra persona ir a un lugar m&aacute;s privado como un motel, o tu casa o la suya, y la otra persona te dice que no, no pasa nada. Puede que necesite m&aacute;s tiempo o que nunca le entren ganas. &ldquo;No&rdquo; siempre es &ldquo;no&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        - Si ves que hay &lsquo;feeling&rsquo; y te entran ganas de dar el primer beso, es importante que tengas se&ntilde;ales muy claras sobre su nivel de receptividad. Si no sabes si la otra persona quiere, d&iacute;selo con una sonrisa: &ldquo;me encantar&iacute;a darte un beso&rdquo;, o pregunta: &ldquo;&iquest;puedo darte un beso?&rdquo; Si te dice no, es no. 
    </p><p class="article-text">
        - Est&aacute;is en el sof&aacute; y os est&aacute;is dando un buen revolc&oacute;n, pero cuando la cosa se pone m&aacute;s intensa, ella te dice que no quiere m&aacute;s, y entonces tienes que volver a recordarlo: &ldquo;No es no&rdquo;. Incluso aunque est&eacute;is desnudos, o en mitad del acto sexual. No, es siempre no. 
    </p><p class="article-text">
        - Mujer, no finjamos m&aacute;s orgasmos para no herir el fr&aacute;gil Ego del otro. Hay que hablar de sexo y crear el espacio de confianza para que podamos contar lo que nos gusta y lo que no, para compartir nuestras fantas&iacute;as y nuestras apetencias, para elaborar pactos a la hora de compartir placeres de manera que ambos nos sintamos a gusto.
    </p><p class="article-text">
        - Hay que hablar de anticonceptivos desde la primera cita: &iquest;c&oacute;mo vamos a evitar embarazos y enfermedades de transmisi&oacute;n sexual?, &iquest;c&oacute;mo vamos a cuidar nuestra salud y la del otro? No le pidas a nadie que haga el amor sin protecci&oacute;n: a las mujeres nos baja la libido cuando los hombres se niegan a usar barreras. Porque nos jugamos mucho m&aacute;s que los hombres.
    </p><p class="article-text">
        - Tambi&eacute;n hay que pactar la frecuencia del contacto virtual y de las citas presenciales: hay gente que necesita mucha comunicaci&oacute;n y pasa el d&iacute;a pegada al tel&eacute;fono, hay gente que s&oacute;lo se sienta una vez al d&iacute;a a contestar mensajes, hay gente que no usa redes sociales ni Internet... hay gente a la que le encanta chatear, y gente a la que no. Hay que sentarse a explicar qu&eacute; desea cada cual, qu&eacute; necesita o qu&eacute; le apetece, y no imponer nuestras necesidades al otro. Es esencial que ambos os sint&aacute;is a gusto con los pactos alcanzados y con el ritmo de la comunicaci&oacute;n que hab&eacute;is elegido.
    </p><p class="article-text">
        - Si vais m&aacute;s all&aacute; de la primera cita y est&aacute;s viendo a otras personas en la misma red social, o en otras redes, hay que contarlo con naturalidad: estamos todos en lo mismo, buscando gente que nos guste, probando, y explorando. Mentir s&oacute;lo sirve para crear relaciones de desconfianza que aumentan las inseguridades que llevamos todos encima, los celos y otras emociones intensas y nada placenteras. 
    </p><p class="article-text">
        - Si aumenta la pasi&oacute;n y necesitas (o la otra persona necesita) exclusividad, debe de haber la confianza necesaria para poder contar c&oacute;mo os sent&iacute;s, qu&eacute; quer&eacute;is, y c&oacute;mo os gustar&iacute;a que fuese la relaci&oacute;n. Si uno de los dos quiere plantear una relaci&oacute;n mon&oacute;gama, hay que plantearse el uso de las redes sociales para ligar, y elaborar unos pactos que puedan ser revisados seg&uacute;n el momento que estemos viviendo.
    </p><p class="article-text">
        - Si al sentaros a hablar os dais cuenta de que no os apetece lo mismo, hay que evaluar si se puede construir una relaci&oacute;n en la que ambos est&eacute;is a gusto, o si quiz&aacute;s sea mejor no seguir porque ambos quer&eacute;is cosas diferentes y vais a tener muchos conflictos. Lo que no funciona es que uno de los dos renuncie a lo que necesita o lo que quiere, y el otro no. Es cuesti&oacute;n de ir negociando, y si no se llega a ning&uacute;n punto, no pasa nada: cada uno por su lado. Es bonito intentarlo, y de todo se aprende.
    </p><p class="article-text">
        - Cuando est&aacute;s en una o varias relaciones de Tinder, intenta que tu forma de relacionarte no haga da&ntilde;o a nadie. Ama y folla cuanto quieras, sin provocar heridos y sin dejar cad&aacute;veres emocionales detr&aacute;s de ti. 
    </p><p class="article-text">
        - Cuando empiezas una relaci&oacute;n, hay que ir midiendo los niveles de reciprocidad y correspondencia, para ver si uno se enamora demasiado y el otro no, o al rev&eacute;s. Porque cuando tienes claro esto, puedes cuidarte mejor a ti mismo y cuidar a la otra persona.
    </p><p class="article-text">
        - Cierra las historias con elegancia, con cari&ntilde;o, con honestidad. Duren lo que duren, p&oacute;rtate bien. Que os quede a los dos un bonito recuerdo de la relaci&oacute;n, no importa cu&aacute;nto haya durado. Evita las mentiras, los enga&ntilde;os, los chantajes, los reproches. No desaparezcas, enfrenta la cuesti&oacute;n con respeto y cuidando a la otra persona: se trata s&oacute;lo de decir c&oacute;mo te sientes y por qu&eacute; quieres dejar la relaci&oacute;n, escuchar a la otra persona, darse cari&ntilde;o en un momento que quiz&aacute;s sea doloroso. Respeta tambi&eacute;n la libertad de la otra persona para irse si desea seguir su camino a solas o con otras personas.  
    </p><p class="article-text">
        - Si el objetivo principal a la hora de relacionarnos es pasarlo bien, y que los dem&aacute;s tambi&eacute;n lo pasen bien, hay que tratarse amorosamente, independientemente de si hay o no romanticismo. El sexo y el amor son para disfrutar, y para contagiarnos mutuamente de la alegr&iacute;a de vivir. Vamos a probar a querernos bien, tambi&eacute;n en Internet.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Coral Herrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/manual-etica-amorosa-tinder-sociales_129_1794470.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Dec 2018 20:05:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Manual de ética amorosa para ligar en Tinder y otras redes sociales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sexo,Tinder,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Así me resistí a que el deseo de ser madre se convirtiera en el centro de mi vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/relajate-obsesiones_1_1850854.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e51edee-256a-4c5b-b8d7-58ecf3f4ea56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así me resistí a que el deseo de ser madre se convirtiera en el centro de mi vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando empecé a leer los blogs de las mujeres que quieren ser mamás y no pueden, me dio miedo. Cuanto más tiempo pasaba sin poder concebir, más se intensificaba el nivel de mitificación de la maternidad como el paraíso del amor</p><p class="subtitle">Sólo el capitalismo te ofrece una vía para alcanzar tus metas: la compraventa de óvulos y de bebés. Me quedé sobrecogida ante la monstruosidad del negocio</p><p class="subtitle">Era un acto de resistencia política diaria: por un lado, mi deseo de ser madre, por otro, el sistema entero tratando de meterme prisa y de seducirme</p></div><p class="article-text">
        Cuando empec&eacute; a buscar beb&eacute; con mi compa&ntilde;ero, ten&iacute;a pocas esperanzas de quedarme embarazada. Ten&iacute;a 38 a&ntilde;os, comenc&eacute; mi vida sexual a los 15, y nunca tuve ning&uacute;n susto, ni retrasos de regla, aunque tuve algunos accidentes con el cond&oacute;n y alg&uacute;n olvido de p&iacute;ldora. Creo que esto me ayud&oacute; porque me lanc&eacute; con tranquilidad al tema, asumiendo que lo ten&iacute;a muy dif&iacute;cil, y sin arrepentirme de haber pospuesto mi maternidad durante tantos a&ntilde;os. Cuando se acercaba el fin de mi etapa reproductiva me entraron las ganas, y me lanc&eacute; al abismo sabiendo que llegaba tarde.
    </p><p class="article-text">
        Pasaron los meses y no me quedaba embarazada. No pod&iacute;a hablar mucho de ello porque cada vez que sacaba el tema mi gente me dec&iacute;a: &ldquo;Rel&aacute;jate, no te obsesiones, no le des vueltas&rdquo;. Yo necesitaba ilusionarme y compartirlo con mi gente tanto como cuando empiezo un romance, empiezo un libro, o me meto en un nuevo proyecto, pero me encontr&eacute; con que todo el mundo pensaba que era mejor no darle demasiada importancia al tema. Yo no pod&iacute;a vivir una aventura tan incre&iacute;ble haciendo como que no pasaba nada, as&iacute; que dej&eacute; de hablar sobre ello mientras me iba metiendo cada vez m&aacute;s en Internet a buscar informaci&oacute;n, y meterme en el mundillo &ldquo;quiero tener un beb&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Primero le&iacute; art&iacute;culos cient&iacute;ficos y me di cuenta de que un embarazo es un verdadero milagro. Saqu&eacute; la conclusi&oacute;n de que era casi imposible quedarme embarazada. Me qued&oacute; claro desde el principio: la tecnolog&iacute;a puede introducir al esperma en el &oacute;vulo y ahorrarle la carrera, pero no puede intervenir en el proceso de implantaci&oacute;n en el &uacute;tero. Los milagros de la ciencia tienen un l&iacute;mite y no se puede hacer nada m&aacute;s que esperar, o rezar si tienes fe, mientras compras papeletas para el sorteo. Sin embargo, no fue tan f&aacute;cil resistirme al mito rom&aacute;ntico de la maternidad: en realidad, fue una tarea tit&aacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Yo hac&iacute;a tiempo que ya hab&iacute;a decidido que no quer&iacute;a sufrir por amor, que si me enamoraba y me emparejaba era para disfrutarlo. No m&aacute;s relaciones esperando un milagro, no m&aacute;s relaciones sin reciprocidad plena, no m&aacute;s relaciones que no funcionan, nada de despilfarrar mis energ&iacute;as y mi tiempo en amantes que no me amaban. Y entonces pens&eacute; en afrontar la b&uacute;squeda de beb&eacute; de la misma manera: no quer&iacute;a sufrir, no quer&iacute;a vivir atada a la espera del milagro, no quer&iacute;a centrar en el beb&eacute; toda mi capacidad para amar y para cuidar y no quer&iacute;a empezar a sentirme culpable si no lo lograba. Quer&iacute;a bajar mis niveles de estr&eacute;s, claro, porque cuando se mezclan con la culpa, se retroalimentan mutuamente y es muy dif&iacute;cil salir de ese c&iacute;rculo vicioso.
    </p><p class="article-text">
        Me ayud&oacute; empezar a nadar, pero lo que m&aacute;s me sirvi&oacute; fue el consejo de una amiga ginec&oacute;loga: &ldquo;El estr&eacute;s es uno m&aacute;s entre los muchos factores que influyen en el proceso, claro, pero mira las mujeres que viven en guerras terribles o huyendo del horror: ellas est&aacute;n sometidas a mucho estr&eacute;s, mucho miedo y mucho sufrimiento, y a&uacute;n as&iacute; se quedan embarazadas. Lo mismo que nuestras abuelas en la Guerra Civil: a pesar del hambre, de la huida, de las penalidades que pasaban, tambi&eacute;n se quedaban embarazadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando empec&eacute; a leer los blogs de las mujeres que quieren ser mam&aacute;s y no pueden, me vi un poco reflejada en ellas y me dio miedo. Muchas hab&iacute;an convertido su deseo de ser madres en el centro de sus vidas y sent&iacute;an que les faltaba algo para ser felices y sentirse completas. Cuanto m&aacute;s tiempo pasaba sin poder concebir, m&aacute;s se intensificaba el nivel de mitificaci&oacute;n de la maternidad como el para&iacute;so del amor y la felicidad.
    </p><p class="article-text">
        Yo estaba un poco dividida por dentro, porque me ilusionaba mucho cada vez que llegaba la fecha de mi regla. Fantaseaba con un retraso y hasta llegaba a ver las dos rayitas de la maquinita que te da la buena noticia. Me las compraba a escondidas para que no me dijeran lo de: &ldquo;t&uacute; rel&aacute;jate, no te obsesiones, no le des vueltas&rdquo;, y me com&iacute;a la decepci&oacute;n a solas.
    </p><h3 class="article-text">Y&nbsp;apareci&oacute;&nbsp;el capitalismo</h3><p class="article-text">
        Mientras, empec&eacute; a leer sobre trucos, estrategias y remedios naturales para quedarse embarazada, y aparecieron en mi pantalla gu&iacute;as, libros, manuales, tratamientos infalibles, brebajes m&aacute;gicos, pastillas fant&aacute;sticas, dietas para aumentar la fertilidad: ante mis ojos hab&iacute;a todo un mercado lleno de gur&uacute;s, chamanes, doctores estrella, y expertos y expertas en fertilidad que me explicaban que mi problema ten&iacute;a varias soluciones con todos los precios posibles, al acceso de casi todos los bolsillos.
    </p><p class="article-text">
        Empec&eacute; a hacerme sesiones de reiki para relajarme un poco y darle espacio al beb&eacute; en mi vida, pero me repet&iacute;a mucho lo de que si no me quedaba embarazada, la culpa no era m&iacute;a, sino cosa de la suerte o de la naturaleza: lo estoy intentando, pero si mi cuerpo ya no puede, no puede, me dec&iacute;a yo, no hay por qu&eacute; forzarlo.
    </p><p class="article-text">
        Muchos cient&iacute;ficos explican el origen del <em>big bang</em> como un producto del azar: podr&iacute;a haber estallado, o no haber estallado. Y la vida en la Tierra, igual: surgi&oacute; y desapareci&oacute; varias veces hasta que se abri&oacute; paso. Pero podr&iacute;a no haber triunfado. Cuesti&oacute;n de suerte.
    </p><p class="article-text">
        Esto era lo que yo me dec&iacute;a a m&iacute; misma para no sufrir, pero claro, en el fondo deseaba tener buena suerte. Pensaba que ser&iacute;a una mam&aacute; estupenda, que estaba preparada, que ten&iacute;a mucho amor para dar, que ser&iacute;a una gran cuidadora y educadora, que iba a ser una aventura fascinante. As&iacute; que segu&iacute;a leyendo para comprender la enorme complejidad de la reproducci&oacute;n, y para ver si pod&iacute;a al menos facilitar el proceso: todo me llevaba a actos de consumo, y a las cl&iacute;nicas de reproducci&oacute;n asistida.
    </p><p class="article-text">
        Me met&iacute; a leer para saber si merec&iacute;a o no la pena meterse en tal foll&oacute;n. Llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n de que todas las cl&iacute;nicas ensalzan sus porcentajes de &eacute;xito para ocultar la imposibilidad de la ciencia de controlar plenamente la reproducci&oacute;n humana en estos inicios del siglo XXI. Ning&uacute;n m&eacute;dico, ninguna m&aacute;quina, ning&uacute;n tratamiento hacen posible lo imposible. Ayudan en algunos casos, pero no en todos. S&oacute;lo el capitalismo te ofrece una v&iacute;a para alcanzar tus metas: la compraventa de &oacute;vulos y de beb&eacute;s. Me qued&eacute; sobrecogida ante la monstruosidad del negocio a medida que iba leyendo y tuve muy claro que mi deseo de ser madre no pod&iacute;a jam&aacute;s atentar contra los derechos humanos de los beb&eacute;s y de las mujeres pobres.
    </p><p class="article-text">
        A medida que pasaba el tiempo, aumentaba mi miedo a no poder quedarme embarazada. Y cuanto m&aacute;s miedo, m&aacute;s trabajo ten&iacute;a que hacer para no caer en la trampa. Era un acto de resistencia pol&iacute;tica diaria: por un lado, mi deseo de ser madre, por otro, el sistema entero tratando de meterme prisa y de seducirme para que convirtiera mi deseo en el centro de mi vida.
    </p><p class="article-text">
        La soluci&oacute;n m&aacute;gica estaba siempre ah&iacute;, en la publicidad personalizada que me aparece en el correo y en las redes sociales: Google sab&iacute;a que estaba buscando un beb&eacute; y me ofrec&iacute;a el milagro todos los d&iacute;as. Yo no sab&iacute;a si quer&iacute;a realmente pasar por un proceso tan tremendo de hormonaci&oacute;n, an&aacute;lisis, pruebas, medicamentos, principalmente por el tema emocional: ve&iacute;a a las mujeres sumidas en ese c&iacute;rculo de ilusi&oacute;n-decepci&oacute;n en cada inseminaci&oacute;n o fecundaci&oacute;n en vitro y me acordaba de lo que sufrimos tambi&eacute;n las mujeres con la b&uacute;squeda del amor rom&aacute;ntico.
    </p><p class="article-text">
        Hice la conexi&oacute;n enseguida: para estar bella hay que sufrir, para encontrar el amor hay que sufrir, para ser madre hay que sufrir. Lo mismo que caemos en la trampa del pr&iacute;ncipe azul, caemos tambi&eacute;n en la trampa del amor hacia un beb&eacute; perfecto, sano, que duerme 22 horas al d&iacute;a, no crece, no molesta y nos regala a diario sonrisas de amor.
    </p><p class="article-text">
        Ser mam&aacute; no es lo m&aacute;s maravilloso del mundo. Es una experiencia brutal, especialmente en un mundo anti-ni&ntilde;os y anti-madres en el que nos invitan a tener hijos pero no nos dejan criarlos porque tenemos que volver a estar listas para producir. Nos seducen con la idea de la maternidad como un para&iacute;so de amor pero no para que disfrutemos de la maternidad, sino para que nos convirtamos en una consumidora m&aacute;s del mercado reproductivo.
    </p><h3 class="article-text">Las mam&aacute;s rubias, blancas y felices</h3><p class="article-text">
        Yo ve&iacute;a todo el bombardeo dirigido a la necesidad y al miedo de las mujeres que queremos ser madres y me parec&iacute;a monstruoso: no nos estaban vendiendo productos, sino un sue&ntilde;o. Nos seducen con una idea completamente falsa sobre la maternidad biol&oacute;gica para que nuestras emociones nos lleven al consumo. Y no s&oacute;lo la publicidad: todos los productos culturales y de entretenimiento nos inoculan ese sue&ntilde;o de la maternidad plena y feliz. Se aprovechan de nuestra vulnerabilidad, de nuestra ilusi&oacute;n y nuestros miedos, y nos enga&ntilde;an con la idea de que todo es posible si pensamos en positivo, si tenemos fe, si nos esforzamos, si nos disciplinamos, si nos gastamos todos los ahorros, si perseveramos en nuestro empe&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Yo me trabaj&eacute; mucho esta necesidad dici&eacute;ndome a m&iacute; misma que mi vida sin beb&eacute; era maravillosa, que no siempre se consigue lo que una quiere y no pasa nada, que pod&iacute;a volcar todo mi amor y mi capacidad de cuidar en mi gente querida y en su descendencia, que la maternidad era una aventura maravillosa, y que yo no he vivido todas las aventuras maravillosas que podr&iacute;an vivirse porque solo tengo una vida.
    </p><p class="article-text">
        Me recordaba a mi misma una y otra vez que no me compensaba sufrir tanto para intentar ser feliz, que el proceso ten&iacute;a que hacerlo desde la alegr&iacute;a, no desde la angustia. No ten&iacute;a sentido sufrir para ser feliz. No me compensaba, me dec&iacute;a, ni por una pareja, ni por un hijo o hija.
    </p><p class="article-text">
        Me trabajaba mucho la mitificaci&oacute;n de la maternidad analizando lo que me estaban vendiendo en esas fotos de mam&aacute;s blancas, rubias y felices con sus beb&eacute;s sanos, y esos mensajes cargados de falsas promesas. Yo me planteaba escenarios que no me planteaban en la publicidad, en los medios y en las redes. Por ejemplo, me preguntaba a m&iacute; misma: puedes tener un beb&eacute; con problemas de salud, malformaciones, con retraso cognitivo, puedes morirte en el parto, puedes tener dos o tres beb&eacute;s en vez de uno, puede que no todo salga tan bien como t&uacute; querr&iacute;as, &iquest;est&aacute;s realmente preparada para cuidar un ser humano sean cuales sean las condiciones?
    </p><p class="article-text">
        Empec&eacute; a hacerme las pruebas de infertilidad cuando llevaba un a&ntilde;o y un mes intentando quedarme embarazada, aunque ya hab&iacute;a empezado a trabajarme la aceptaci&oacute;n, con la idea de que la ciencia podr&iacute;a ayudarme, o no, y que si no se pod&iacute;a, no pasaba nada.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando empec&eacute; a renunciar a mi maternidad, me qued&eacute; embarazada.
    </p><p class="article-text">
        Entonces todo el mundo me dijo: &ldquo;&iquest;ves?, lleg&oacute; cuando te relajaste por completo, cuando cre&iacute;as que ya no iba a suceder, ya te lo dec&iacute;a yo, que no hay que obsesionarse, mujer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Yo me sent&iacute;a orgullosa por haber resistido tan bien a los miedos y a los encantadores de serpientes que te ofrecen soluciones m&aacute;gicas. Pero inmediatamente empezaron otros miedos y otras angustias: las del embarazo, por supuesto. Cada miedo con sus problemas, sus soluciones y sus productos m&aacute;gicos para hacer de tu embarazo una vivencia maravillosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Coral Herrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/relajate-obsesiones_1_1850854.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Nov 2018 20:15:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Así me resistí a que el deseo de ser madre se convirtiera en el centro de mi vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Embarazo,Maternidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cada oveja con su pareja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/oveja-pareja_129_5804506.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">De dos en dos, por favor. Y a ser posible con alguien del otro sexo. Gracias.</p></div><p class="article-text">
        El amor rom&aacute;ntico que heredamos de la burgues&iacute;a del siglo XIX est&aacute; basado en los patrones del individualismo m&aacute;s atroz: que nos machaquen con la idea de que debemos unirnos de dos en dos no es casual. Frente al declive de las utop&iacute;as religiosas o las utop&iacute;as pol&iacute;ticas, surgen nuevas utop&iacute;as rom&aacute;nticas personalizadas, hechas a nuestra medida. Como ya no creemos que podamos salvarnos todos juntos, nos buscamos la vida para poder encontrar a alguien a que nos ame, y de paso, alguien con quien reproducirnos, compartir facturas y resolver problemas.
    </p><p class="article-text">
        Bajo la filosof&iacute;a del &ldquo;s&aacute;lvese qui&eacute;n pueda&rdquo;, el romanticismo patriarcal se perpet&uacute;a en los cuentos que nos cuentan, y se instala all&aacute; donde no llega el raciocinio, en lo m&aacute;s profundo de nuestras emociones. A trav&eacute;s de las pel&iacute;culas y las canciones asumimos toda la ideolog&iacute;a hegem&oacute;nica en forma de mitos, estereotipos, y roles patriarcales. Y con estos valores construimos nuestra masculinidad y nuestra feminidad, e imitamos los modelos de relaci&oacute;n que nos ofrecen idealizados.
    </p><p class="article-text">
        El resultado de tanta magia rom&aacute;ntica es que la gente acaba creyendo que el amor es la salvaci&oacute;n. Pero solo para m&iacute; y para ti, los dem&aacute;s que se busquen la vida.
    </p><p class="article-text">
        El amor rom&aacute;ntico posmoderno nos ofrece una soluci&oacute;n individualizada para soportar la realidad. Mientras se construyen niditos de amor y se vac&iacute;an las plazas, nosotros buscamos a nuestra media naranja y nos entretenemos consumiendo finales felices. El romanticismo del &ldquo;s&aacute;lvese quien pueda&rdquo; sirve para que adoptemos un estilo de vida basado en la pareja y la familia nuclear, y para que todo siga como est&aacute;. Sirve para que, sobre todo las mujeres, empleemos cantidades ingentes de recursos econ&oacute;micos, de tiempo y de energ&iacute;a, en encontrar a nuestra media naranja. As&iacute; no nos dedicamos a otras cosas m&aacute;s creativas o m&aacute;s &uacute;tiles.
    </p><p class="article-text">
        Cada oveja (rumiando su pena) con su pareja. Las industrias culturales y las inmobiliarias nos venden para&iacute;sos rom&aacute;nticos para que nos encerremos en hogares felices. Creo que en gran parte por eso las mayor&iacute;as permanecen adormiladas, protestando en sus casas frente al televisor, esperando a que pase el chaparr&oacute;n, aguantando la p&eacute;rdida de derechos y libertades, o asumi&eacute;ndolas como cosa de la mala suerte.
    </p><p class="article-text">
        Los medios de comunicaci&oacute;n tradicionales jam&aacute;s promueven el amor colectivo si no es para vendernos unas olimpiadas o un seguro de vida. Si todos nos quisi&eacute;semos mucho el sistema se tambalear&iacute;a, porque podr&iacute;amos llegar a organizarnos para defender nuestros derechos y auto gestionar nuestros recursos, y eso es peligroso. Por ello es que se prefiere que nos juntemos de dos en dos, no de veinte en veinte: es m&aacute;s f&aacute;cil generar frustraci&oacute;n y resignaci&oacute;n en una sola pareja que en grupos de gente.
    </p><p class="article-text">
        El problema del amor rom&aacute;ntico es que lo tratamos como si fuera un tema personal, aunque haga infelices a millones de personas en el mundo. Si est&aacute;s harta de estar sola, si tu pareja te pide el divorcio, si te enamoras locamente y no eres correspondido, si aguantas desprecios y humillaciones, si tu pareja tiene m&aacute;s parejas, es tu problema.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, les pasa a muchas millones de personas: el sufrimiento por amor es universal, por lo tanto no es un problema individual, sino colectivo. Unos porque no lo tienen y otros porque se han cre&iacute;do el romanticismo patriarcal y han construido infiernos conyugales en base a la l&oacute;gica del amo/esclavo que nos hace a unos vencedores y a otros vencidos. Esta l&oacute;gica de dominaci&oacute;n y sumisi&oacute;n genera terribles luchas de poder en el seno de los hogares, y nos divide a hombres y mujeres en dos bandos opuestos enfrentados hasta la eternidad. Son guerras de g&eacute;nero cotidianas que nos desgastan, y deterioran nuestra calidad de vida: la nuestra y la de mucha gente alrededor.
    </p><p class="article-text">
        Lo personal es pol&iacute;tico, y nuestro romanticismo es patriarcal, aunque no queramos hablar de ello porque las emociones no son un tema &ldquo;serio&rdquo; para tratar en los congresos o en las asambleas. Y sin embargo, nuestras relaciones nos hacen sufrir y son tremendamente conflictivas: seguimos anclados en viejos patrones sentimentales de los que nos es muy dif&iacute;cil desprendernos, porque llevamos el patriarcado inserto en las venas.
    </p><p class="article-text">
        Elaboramos muchos discursos en torno a la libertad, la generosidad, la igualdad, los derechos, la autonom&iacute;a&hellip;pero en la cama y en la casa no resulta tan f&aacute;cil repartir igualitariamente las tareas dom&eacute;sticas, gestionar los celos, comunicarse con sinceridad, gestionar los miedos, romper una relaci&oacute;n con cari&ntilde;o. Lo suyo es atreverse a romper estos viejos patrones para poder querernos mejor entre nosotros. Tenemos que hablar de c&oacute;mo podemos aprender a querernos bien, a crear relaciones bonitas, a extender el cari&ntilde;o hacia la gente y no centrarlo todo en una sola persona.
    </p><p class="article-text">
        Para transformar o mejorar el mundo que habitamos hay que tratar pol&iacute;ticamente el tema del amor y crear redes de afecto m&aacute;s all&aacute; del d&uacute;o. Hay que deconstruir y repensar el amor para mejorar nuestras relaciones laborales, vecinales, sentimentales, para poder crear relaciones m&aacute;s igualitarias y diversas, para mejorar la convivencia entre los pueblos. Solo a trav&eacute;s del amor colectivo es como podremos articular pol&iacute;ticamente el cambio. Confiando en la gente, interaccionando en las calles, tejiendo redes de solidaridad y cooperaci&oacute;n. Trabajando unidos para construir una sociedad equitativa, horizontal, y m&aacute;s amorosa.
    </p><p class="article-text">
        Se trata, entonces, de dar m&aacute;s espacio al amor en nuestras vidas, y de aprender a querernos bien, y querernos mucho. Que falta nos hace.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Coral Herrera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/oveja-pareja_129_5804506.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Sep 2013 18:13:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cada oveja con su pareja]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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