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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gemma Sala]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gemma_sala/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gemma Sala]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La politización del Tribunal Constitucional: ¿Desde cuándo y hasta cuándo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/politizacion-tribunal-constitucional_1_5810924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c72cd09-e5ce-4371-8b47-ddf649ee20ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La politización del Tribunal Constitucional: ¿Desde cuándo y hasta cuándo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1998 el 23% de la población expresaba un alto nivel de confianza en  el Tribunal Constitucional y sólo el 11% confiaba poco en esa  institución. Tras repetidos ejercicios de  politización, el Tribunal ya no goza de tal estima. En 2013 ya sólo el  10% le da los valores más altos y el porcentaje que le tiene menor  confianza ha más que triplicado, alcanzando un 38%.</p></div><p class="article-text">
        El Tribunal Constitucional ocupa la primera p&aacute;gina de los peri&oacute;dicos cada vez con m&aacute;s frecuencia. Ese protagonismo se debe a veces a la relevancia de sus decisiones, pero m&aacute;s a menudo viene provocada por las disfunciones de esa instituci&oacute;n y de los esc&aacute;ndalos pol&iacute;ticos que la rodean.  En 2007, varios partidos hicieron sucesivas peticiones para la recusaci&oacute;n de magistrados con afinidades pol&iacute;ticas opuestas con el fin de impedir su participaci&oacute;n en la sentencia sobre el <em>Estatut de Catalunya</em>. En 2010, se culmin&oacute; un retraso de tres a&ntilde;os en la selecci&oacute;n de nuevos magistrados, que cuestion&oacute; la legitimidad del mandato de un tercio de los miembros del Tribunal y rompi&oacute; con la renovaci&oacute;n gradual de la instituci&oacute;n. Este a&ntilde;o asistimos al nombramiento de un magistrado con carn&eacute; de partido, el Presidente del Tribunal nada menos, que estrat&eacute;gicamente ocult&oacute; su militancia al Parlamento y pag&oacute; su cuota incluso con la toga ya puesta. Si bien los intereses pol&iacute;ticos penetran todas las instituciones, estas acciones van m&aacute;s all&aacute;. Est&aacute;n encaminadas al hundimiento de la legitimidad del Tribunal Constitucional y dejan constancia de que nuestros partidos pol&iacute;ticos est&aacute;n dispuestos a quebrantar un pilar b&aacute;sico de toda democracia a cambio de victorias pol&iacute;ticas puntuales e inciertas.
    </p><p class="article-text">
        La politizaci&oacute;n del Tribunal no es nueva, pero s&iacute; reciente. Para mejor o peor, el Tribunal era una instituci&oacute;n opaca y sobria. Se presentaba como un cuerpo colegiado, reticente a los votos particulares por temor a debilitar su voz y a dar a conocer al p&uacute;blico la personalidad de sus miembros. Todos para uno y uno para todos &ndash;en la que ese uno era dar credibilidad a la instituci&oacute;n. Las entrevistas al Presidente del Tribunal eran escasas y sus declaraciones tan veladas que deb&iacute;an dejar al periodista mordiendo el lapicero y al lector no especializado en ascuas. S&oacute;lo a su salida, los magistrados presidentes se permit&iacute;an hacer alg&uacute;n reproche poco convincente al uso que algunos hac&iacute;an del Tribunal o marcar una direcci&oacute;n pol&iacute;tica poco m&aacute;s comprometedora que los discursos del Rey. En ese silencio es cuando la instituci&oacute;n disfrutaba mayor popularidad. Aunque en general la poblaci&oacute;n conoce s&oacute;lo vagamente las funciones del Tribunal Constitucional, en 1998 el 23% expresaba un alto nivel de confianza en la instituci&oacute;n y s&oacute;lo el 11% confiaba poco en ella (CIS Bar&oacute;metros 2309 y 2984). Tras repetidos ejercicios de politizaci&oacute;n por parte de los partidos, el Tribunal ya no goza de tal estima. En 2013 ya s&oacute;lo el 10% le da los valores m&aacute;s altos y el porcentaje que le tiene menor confianza ha m&aacute;s que triplicado, alcanzando un 38% (Figura 1).
    </p><p class="article-text">
        Figura 1. Nivel de confianza en el Tribunal Constitucional
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Tanto la izquierda como la derecha, el centro como las autonom&iacute;as han tenido victorias gratificantes en sede judicial. Tambi&eacute;n derrotas dolorosas. Como consecuencia, los partidos han aprendido a comportarse estrat&eacute;gicamente. No es casualidad que los gobiernos central y auton&oacute;micos, independientemente de su signo pol&iacute;tico, hayan convergido en ganar alrededor del 70% de los casos que llevan al Tribunal. La Figura 2 muestra la evoluci&oacute;n del porcentaje acumulado de casos ganados por el gobierno que los plantea. Esa cifra crece de forma incremental y sistem&aacute;tica, hasta el punto que cada gobierno demandante obtiene una sentencia favorable (aunque sea parcialmente) en dos de cada tres casos. Con el tiempo, a medida que se consolida su jurisprudencia y se conoce en <em>modus operandi</em> de la instituci&oacute;n, los distintos gobiernos han aprendido a litigar y seleccionan qu&eacute; conflictos llevar al Tribunal y cu&aacute;les dejar en la arena pol&iacute;tica. Esa proporci&oacute;n es m&aacute;s baja para el Pa&iacute;s Vasco porque en los primeros a&ntilde;os optaron por una actitud de denuncia por la que perdieron muchos casos. El continuado incremento de casos ganados indica que ha aprendido a litigar y es tan estrat&eacute;gico como los otros gobiernos.
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        Tambi&eacute;n estrat&eacute;gicamente los partidos eligen magistrados simpatizantes, denuncian la parcialidad del Tribunal ante sentencias adversas, pero no ante las favorables, se fotograf&iacute;an a sus puertas al recurrir los casos m&aacute;s visibles y salen por la puerta de atr&aacute;s cuando los retiran, e incluso negocian con sus adversarios pol&iacute;ticos cuando quieren evitar una sentencia en determinados casos. Todos ellos, son comportamientos calculados e interesados, pero en cualquier caso entran dentro de lo legal y no boicotean abiertamente el buen funcionamiento de la instituci&oacute;n, ni quebrantan la legitimidad de sus decisiones.
    </p><p class="article-text">
        Tales estrategias son ahora de un calibre distinto. El punto de inflexi&oacute;n que abre la puerta a la politizaci&oacute;n continuada del Tribunal Constitucional es el d&iacute;a que se recurre el <em>Estatut de Catalunya</em> en 2006. Con esa patata caliente se transfiri&oacute; a doce magistrados el poder de decidir en una sola sentencia casi todos los aspectos de la estructura territorial del Estado. Ante la incertidumbre del resultado, empez&oacute; aquel sinf&iacute;n de recusaciones seguidas de un acuerdo impl&iacute;cito entre los partidos para no renovar la composici&oacute;n del Tribunal hasta que dictara sentencia. Y cuando finalmente nombraron nuevos magistrados alguno fue elegido, ya no entre simpatizantes, sino entre afiliados y asesores del partido.
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute; quien diga que la politizaci&oacute;n del Tribunal ya ven&iacute;a de antes. Las primeras apariciones del Tribunal en la secci&oacute;n de esc&aacute;ndalos de los diarios ya se hab&iacute;an producido con motivo del flagrante retraso en la selecci&oacute;n de magistrados. En 1998 la espera fue de nueve meses. La situaci&oacute;n ya daba indicios de lo secundario que era la legitimidad y buen funcionamiento del Tribunal ante los intereses de pol&iacute;ticos de cualquier signo, pero no fue tan da&ntilde;ina como el retraso de tres a&ntilde;os en 2010. El limbo del 98 fue m&aacute;s corto y se debi&oacute; a los habituales desacuerdos entre socialistas y conservadores sobre el n&uacute;mero y perfil de los candidatos nombrados por cada partido. En cambio, el retraso de 2010 no s&oacute;lo dur&oacute; mucho m&aacute;s, alterando los ritmos de la instituci&oacute;n, sino que adem&aacute;s fue el resultado de una paralizaci&oacute;n pactada. No es que los partidos no se pusieran de acuerdo, es que acordaron saltarse el turno de renovaciones para congelar la composici&oacute;n del Tribunal, despu&eacute;s de solicitar la recusaci&oacute;n a tantos magistrados como pudieron, hasta que &eacute;ste emitiera su sentencia 31/2010 sobre el <em>Estatut de Catalunya</em>. La ansiedad e incertidumbre sobre el resultado de esa sentencia hizo c&oacute;mplices a ambos partidos en un boicot sin precedentes contra el funcionamiento y la imagen del Tribunal.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n fueron notorias en 2003 las declaraciones del Manuel Jim&eacute;nez de Parga cuando, ya como presidente del Tribunal Constitucional, descalificaba las demandas de Ibarretxe compar&aacute;ndolas con el supuesto comportamiento de un imaginario <em>Lehendakari </em>de Oklahoma o cuestionaba el alcance de los derechos hist&oacute;ricos de ciertas comunidades aut&oacute;nomas resaltando el denso pasado de su tierra natal reflejado en las fuentes de colores y las costumbres higi&eacute;nicas de los granadinos de anta&ntilde;o. Semejantes declaraciones eran tan inesperadas como poco habituales y ruborizaron incluso a quienes  compart&iacute;an la misma opini&oacute;n. Si bien el Tribunal irrumpi&oacute; en la escena medi&aacute;tica con esas declaraciones, no puede decirse que lo marcaran como instituci&oacute;n sistem&aacute;ticamente politizada. Se trataba de la manera de hacer que pod&iacute;a descalificarle como juez ante la opini&oacute;n p&uacute;blica, sin afectar al Tribunal en su conjunto.
    </p><p class="article-text">
        El caso del <em>Estatut</em> marca un antes y un despu&eacute;s porque puso de relieve que al Tribunal ya no s&oacute;lo llegan denuncias de normas concretas, como derechos en pesca fluvial, gallinas ponedoras o incluso cuestiones sobre aborto y terrorismo. Por primera vez se trataba de una decisi&oacute;n sobre las reglas del juego pol&iacute;tico que afecta al conjunto del dise&ntilde;o auton&oacute;mico y que los pol&iacute;ticos no han sabido zanjar en tres d&eacute;cadas. Si bien la jurisprudencia del Tribunal Constitucional ha afectado decisivamente la configuraci&oacute;n y desarrollo del estado auton&oacute;mico,  su impacto se ha producido de forma incremental a lo largo de treinta a&ntilde;os. En esta ocasi&oacute;n, en cambio, se puso en manos del Tribunal la capacidad de mantener o cambiar el sistema auton&oacute;mico en una sola sentencia.  Si ese caso lleg&oacute; al Tribunal es f&aacute;cil pensar que otros temas irresueltos tambi&eacute;n podr&iacute;an hacerlo. Una nueva ley electoral o una reforma del Senado, que tambi&eacute;n son cuestiones de reparto de poder, son candidatos seguros a litigio. De ah&iacute; que la politizaci&oacute;n del Tribunal no se acabe con la sentencia del <em>Estatut</em> y contin&uacute;e de manera sistem&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, los magistrados del Tribunal Constitucional han dejado pasar la oportunidad de proteger la instituci&oacute;n y limitar la politizaci&oacute;n a la que est&aacute; sujeta. Cuando, para defender a su Presidente, decidieron que pertenecer a un partido pol&iacute;tico est&aacute; permitido entre los magistrados, dieron a entender que el r&eacute;gimen de incompatibilidades pol&iacute;ticas es m&aacute;s estricto para jueces de primera instancia que para los miembros del Tribunal Constitucional. Lo peor sin embargo es que han creado un precedente que invita a los partidos a nombrar a pol&iacute;ticos en funciones en sucesivas renovaciones. En otras palabras, con esa decisi&oacute;n hecha para salir del paso, el Tribunal ha dejado la puerta abierta a que los magistrados sean elegidos como embajadores del partido que los nombra. Dadas las licencias que los partidos ya se han tomado contra el Tribunal Constitucional no veo qu&eacute; ser&aacute; lo que les inhiba.
    </p><p class="article-text">
        <em>La autora agradece los comentarios y sugerencias de Argelia Queralt, Pau Mari-Klose y M. Angeles Capdevila</em><a href="https://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=6&amp;cad=rja&amp;ved=0CEUQFjAF&amp;url=https%3A%2F%2Ftwitter.com%2FArgeliaQueralt&amp;ei=Ixs7UoLzCuPg7Qal-4GQAg&amp;usg=AFQjCNHxQ8nTSO3HXZxSq_wsdCJ3imZWJA&amp;bvm=bv.52288139,d.ZGU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Argelia Queralt</a><a href="https://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=7&amp;cad=rja&amp;ved=0CEcQFjAG&amp;url=https%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fpmklose&amp;ei=NBs7UtmuAuKM7QbAnoDAAw&amp;usg=AFQjCNEdteUKAMo_r3zkUkXDNjxHTp4Jdg&amp;bvm=bv.52288139,d.ZGU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pau Mari-Klose</a><strong>M. Angeles Capdevila</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gemma Sala]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/politizacion-tribunal-constitucional_1_5810924.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Sep 2013 17:15:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La politización del Tribunal Constitucional: ¿Desde cuándo y hasta cuándo?]]></media:title>
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