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    <title><![CDATA[elDiario.es - Martín Cúneo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/martin_cuneo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Martín Cúneo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las 'mamás chillonas' que destaparon el escándalo de los 'falsos positivos']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/corrido-terminado_1_5041578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9eec0ef1-2164-44e5-a5a8-1a710afe496d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las &#039;mamás chillonas&#039; que destaparon el escándalo de los &#039;falsos positivos&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lucha de un grupo de mujeres de Soacha, una ciudad cercana a Bogotá, terminó con el asesinato de civiles inocentes por parte del Ejército colombiano</p><p class="subtitle">Uno de los ejemplos más brutales de la política del expresidente colombiano Uribe y que afecta directamente al actual, Juan Manuel Santos, entonces ministro de Defensa</p><p class="subtitle">"Lo sacaron de la fosa. Dios quiera que nunca le suceda una cosa tan horrible en la vida”</p></div><p class="article-text">
        El 16 de septiembre de 2008, Luz Marina Bernal recibio&#769; una llamada. Una voz le deci&#769;a que ya podi&#769;a ir a identificar unas fotos de un cada&#769;ver, posiblemente su hijo, en Ocan&#771;a.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;En Ocan&#771;a? &mdash;Luz Marina necesitaba confirmar la informacio&#769;n.
    </p><p class="article-text">
        Ocan&#771;a esta&#769; a casi 700 kilo&#769;metros de Soacha, una poblacio&#769;n de 700.000 habitantes en la periferia de Bogota. Se tarda 12 horas en llegar. &iquest;Co&#769;mo podi&#769;a ser que hubiera acabado tan lejos? Fair Leonardo Porras Bernal teni&#769;a una discapacidad y, aunque su apariencia era la de un apuesto chico de 27 an&#771;os, &ldquo;por dentro era un nin&#771;o de nueve&rdquo;, recuerda su madre. No habi&#769;a aprendido a leer ni a escribir, no conoci&#769;a el valor del dinero.
    </p><p class="article-text">
        Meses atr&aacute;s, cuando su hijo desaparecio&#769;, la Fiscali&#769;a no acepto&#769; la denuncia, asi&#769; que Bernal inicio&#769; un peregrinaje por ca&#769;rceles, hospitales, albergues y morgues. Su hijo trabajaba en la construccio&#769;n y haci&#769;a recados a los vecinos. En el barrio todo el mundo lo echo&#769; de menos. Era &ldquo;amable e ingenuo&rdquo;, describe su madre. Cuando fue a recoger su cad&aacute;ver a Ocan&#771;a, la conversacio&#769;n con el fiscal no podi&#769;a ser ma&#769;s inverosi&#769;mil.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Su hijo era el jefe de una organizacio&#769;n narcoterrorista. Portaba un arma en la mano derecha.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Co&#769;mo un muchacho con una discapacidad del 53% va a mandar a un grupo de hombres narcoterroristas? Adema&#769;s, &iexcl;mi hijo era zurdo! &mdash;le espeto&#769; al fiscal.
    </p><h3 class="article-text">Un negocio bien lucrativo</h3><p class="article-text">
        Bernal se dio cuenta de que su caso no era el u&#769;nico. Teni&#769;a constancia de que al menos otros 16 muchachos habi&#769;an desaparecido en similares circunstancias entre diciembre de 2007 y agosto de 2008. Cuando a otra vecina de Soacha, Mari&#769;a Ubilerma Sanabria Lo&#769;pez, le dijeron que habi&#769;an encontrado a su hijo Jaime Estiven Valencia tambie&#769;n en Ocan&#771;a, Bernal se ofrecio&#769; a acompan&#771;arla.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo sacaron de la fosa. Dios quiera que  nunca le suceda en la vida una cosa tan horrible&rdquo;, explica desgarrada  Sanabria. Su hijo teni&#769;a 16 an&#771;os, queri&#769;a ser veterinario y que a su  madre no le faltara de nada. Tambie&#769;n queri&#769;a ser mu&#769;sico. El oi&#769;do le  veni&#769;a de familia. Sanabria entona las primeras estrofas de un corrido  que ha compuesto y que resume su historia.
    </p><p class="article-text">
        <em>Sen&#771;oras y sen&#771;ores, vengo a contarles la historia de los muchachos de Soacha</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> </em><em>que fueran asesinados en el an&#771;o 2008 </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en el mandato de Uribe y su ley de democracia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> Los llevaron para Ocan&#771;a con propuestas de trabajo. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Lo que ellos nunca supieron,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que fueron vi&#769;ctimas de Estado,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> siendo ministro de Defensa el hoy en di&#769;a presidente Santos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El Gobierno los llamo&#769; los falsos positivos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Como los muertos ya no hablan, </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>fue un negocio bien lucrativo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Las Madres de Soacha habi&#769;an destapado uno de los ma&#769;s macabros esca&#769;ndalos de la historia reciente de Colombia, los llamados &ldquo;falsos positivos&rdquo;. Como advirtio&#769; Philip Alston, relator especial sobre Ejecuciones Extrajudiciales de la ONU, los casos de j&oacute;venes secuestrados por el Ej&eacute;rcito en Soacha eran &ldquo;simplemente la punta del iceberg&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cua&#769;ntas de las 3.084 ejecuciones extrajudiciales cometidas entre 2002 y 2009 fueron &ldquo;falsos positivos&rdquo;? La Fiscali&#769;a estudia ma&#769;s de 1.700 casos, pero el total se desconoce. Gracias a los informes de Alston y de organizaciones de derechos humanos, lo que si&#769; se conoce bien es la manera en la que se perpetraban los asesinatos.
    </p><p class="article-text">
        Los muchachos eran engan&#771;ados por personas vestidas de civil, a menudo con promesas de trabajo. &ldquo;Con los 200.000 pesos [86 euros] que me dieron por llevarlo a Ocan&#771;a le pague&#769; una deuda a un prestamista &ndash;explicaba el secuestrador de Fair Leonardo&ndash;. El u&#769;nico requisito es que no fueran mujeres ni viejos&rdquo;. Cuando los jo&#769;venes desapareci&#769;an, las familias acudi&#769;an a presentar la denuncia, pero la Administracio&#769;n les negaba asistencia.
    </p><p class="article-text">
        En marzo de 2008, Ana Delina Pa&#769;ez ensen&#771;o&#769; la foto de su hijo Eduardo Garzo&#769;n Pa&#769;ez, de 32 an&#771;os, a los funcionarios, que contestaron entre risas: &ldquo;Con esa pinta, ese <em>man</em> esta&#769; con alguna vieja&rdquo;. Eduardo siempre iba muy &ldquo;pintoso&rdquo;, recuerda Ana Delina. Con apoyo de un alto funcionario de Soacha y la ONU, las familias empezaron a indagar por su cuenta. 
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                </figure><p class="article-text">
        Las investigaciones acabaron confirmando que muchos de los asesinatos fueron llevados a cabo por la Brigada Mo&#769;vil n&ordm; 15 y el Batallo&#769;n de Infanteri&#769;a n&ordm; 41 del Eje&#769;rcito.
    </p><p class="article-text">
        Para escenificar que se habi&#769;a producido un combate y que los muertos eran guerrilleros o paramilitares, a los cada&#769;veres se les quitaba cualquier identificacio&#769;n y se les vesti&#769;a con ropa de camuflaje. A veces la puesta en escena era tan burda que, misteriosamente, las balas no habi&#769;an agujereado la tela o el uniforme estaba puesto encima de la ropa de calle. Junto a los cuerpos, armas ya inservibles. En las manos de los supuestos combatientes, ni rastro de po&#769;lvora, porque sencillamente no habi&#769;an disparado.
    </p><p class="article-text">
        Segu&#769;n denuncia un informe de la organizaci&oacute;n pro derechos Fedes, &ldquo;para dar visos de legalidad&rdquo;, se falsificaron multitud de documentos, informes de inteligencia y actas de operaciones, &ldquo;todo un aparato en funcio&#769;n del encubrimiento de estos cri&#769;menes en contra de la poblacio&#769;n civil&rdquo;. Pero &iquest;para que&#769;?
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;La guerra se mide en litros de sangre&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Uno de los militares implicados en las desapariciones contaba co&#769;mo la presio&#769;n por conseguir &ldquo;positivos&rdquo; en combate se elevo&#769; a partir de 2002, cuando Uribe llego&#769; a la presidencia: &laquo;Nos dijo mi coronel Rami&#769;rez: '[...] la guerra se mide en litros de sangre, el comandante que no tenga resultados de muertos por mes tendra&#769; la sancio&#769;n correspondiente'&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Unos an&#771;os ma&#769;s tarde, dos leyes impulsadas por el que fuera ministro de Defensa Camilo Ospina y puestas en pra&#769;ctica por su sucesor, el actual presidente Juan Manuel Santos, recogi&#769;an ascensos, pagos en meta&#769;lico y vacaciones como premio por las bajas obtenidas. Segu&#769;n la Federacio&#769;n Internacional de Derechos Humanos, el feno&#769;meno de los falsos positivos estuvo tan extendido que se puede concluir que estaba apoyado por los ma&#769;s altos mandos del Eje&#769;rcito.
    </p><p class="article-text">
        Ni &Aacute;lvaro Uribe ni Juan Manuel Santos recibieron a las Madres de Soacha. Las tacharon de &ldquo;mama&#769;s chillonas&rdquo; que no admiti&#769;an que sus hijos pudieran ser delincuentes: &ldquo;No hay muerto malo ni hijo feo&rdquo;, les deci&#769;an. Los juicios que habi&#769;an interpuesto las familias se postergaban una y otra vez. En enero de 2010, 46 militares quedaban libres por vencimiento de te&#769;rminos. Para festejarlo, el Eje&#769;rcito organizo&#769; una fiesta para los encausados y sus familias.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;No hay hijo feo, pero tampoco crimen perfecto&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Desde el principio, las familias de los desaparecidos sufrieron amenazas. Y no s&oacute;lo amenazas. John Nilson Go&#769;mez fue arrojado por un puente cuando intentaba esclarecer la muerte de su hermano. Sobrevivio&#769; de milagro, pero fue asesinado poco despue&#769;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero no contaban con su &ldquo;berraquera&rdquo; &ndash;su valent&iacute;a, su tozudez&ndash;, mantiene Mari&#769;a Ubilerma Sanabria. &ldquo;No hay muerto malo, ni hijo feo; pero tampoco crimen perfecto&rdquo;, replicaban las Madres en uno de los encuentros que organizaron para recordar a sus hijos. Con apoyo de colectivos colombianos, como la Ruta Paci&#769;fica de las Mujeres, e internacionales, como Mujeres de Negro o las Madres de Plaza de Mayo, las Madres de Soacha siguieron adelante con los juicios.
    </p><p class="article-text">
        La primera condena llego&#769; en julio de 2011. Fue en el caso de Ana Delina Pa&#769;ez, por su hijo Eduardo, y de Kelly Joana Ruiz, por su esposo Daniel Andre&#769;s Pesca. En el proceso, ocho exmilitares fueron condenados a penas de entre 28 y 55 an&#771;os de prisio&#769;n. &ldquo;Dios bendiga a ese fiscal y a esa juez, porque se dio justicia &ndash;dice Pa&#769;ez mirando por la ventana&ndash;. Falta conseguir a los grandes. &iquest;Co&#769;mo comenzo&#769; esto y por que&#769;? Si hubieran sido uno, dos, tres, pero &iexcl;es que son miles!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, el Tribunal Superior de Cundinamarca conden&oacute; a seis militares involucrados en el asesinato de Fair Leonardo a penas de entre 53 y 54 an&#771;os de prisio&#769;n. Tambie&#769;n, en un gran avance para la lucha de las Madres de Soacha, lo califico&#769; de crimen de lesa humanidad.
    </p><p class="article-text">
        La sentencia reconoci&#769;a la naturaleza sistema&#769;tica y generalizada de las ejecuciones, asi&#769; como su cara&#769;cter discriminatorio, ya que todas las vi&#769;ctimas eran jo&#769;venes humildes. Para la abogada Gloria Silva, representante de Bernal, se trata de un fallo &ldquo;histo&#769;rico&rdquo; porque abre la posibilidad de que el resto de los casos sean considerados de igual manera.
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia del esca&#769;ndalo de los falsos positivos, 27 altos mandos fueron destituidos. Segu&#769;n explica la abogada, se trata s&oacute;lo del principio: este fallo permite &ldquo;llegar hasta quienes promovieron esa estrategia&rdquo;. Con una sonrisa llena de berraquera, Mari&#769;a Ubilerma Sanabria llega a las u&#769;ltimas estrofas de la cancio&#769;n:
    </p><p class="article-text">
        <em>Y que quede comprobado que a todos estos desgraciados &iexcl;este corrido se les ha terminado! </em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <em>Grabaci&oacute;n sobre el terreno: Mar&iacute;a Ubilerma canta el corrido que narra el esc&aacute;ndalo de los 'falsos positivos'.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Cúneo, Emma Gascó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/corrido-terminado_1_5041578.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Feb 2014 19:18:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Falsos positivos,Colombia,Juan Manuel Santos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Parota ya cayó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/parota-cayo_1_5111290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54376648-7684-48ac-8253-df91d3f7e753_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Parota ya cayó"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las comunidades campesinas de los alrededores de Acapulco (México) consiguieron frenar la construcción de una megarrepresa que hubiera inundado sus tierras y los hubiera obligado a emigrar</p></div><p class="article-text">
        La parota es un &aacute;rbol tropical que puede llegar a medir 45 metros. Pero los empleados de la Comisi&oacute;n Federal de Electricidad (CFE) no llegaron al cauce del r&iacute;o Papagayo para proponer un &aacute;rea natural que protegiese la selva caducifolia de la zona, a escasos kil&oacute;metros de Acapulco. Su idea era, m&aacute;s bien, construir una presa que sepultar&iacute;a bajo el agua miles y miles de hect&aacute;reas de tierras que los pobladores pose&iacute;an desde la Revoluci&oacute;n mexicana.
    </p><p class="article-text">
        A mediados de 2003, sin avisar a las comunidades, ya hab&iacute;an cavado dos t&uacute;neles profundos y talado &aacute;rboles frutales y sembrad&iacute;os de ma&iacute;z. Hab&iacute;a unas 400 personas trabajando en una obra que se intu&iacute;a enorme. Tras meses de coordinaci&oacute;n y dudas, las comunidades de Garrapatas, Arroyo Verde y San Jos&eacute; tomaron una resoluci&oacute;n: pararla hasta que hubiera informaci&oacute;n. La ma&ntilde;ana del lunes 28 de julio de 2003, cuando los ingenieros volv&iacute;an de Acapulco de &ldquo;reventarse&rdquo; en los locales nocturnos, se encontraron con 120 personas que hab&iacute;an bajado del cerro de madrugada. Bien despiertas los estaban esperando con su herramienta de trabajo, el machete, en la mano.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ese d&iacute;a detuvimos diecis&eacute;is camionetas, tres maquinarias pesadas y seis veh&iacute;culos particulares&rdquo;, cuenta Felipe Flores Hern&aacute;ndez, comunero de Garrapatas y ahora vocero de la organizaci&oacute;n que se cre&oacute; a ra&iacute;z de esos primeros d&iacute;as de confrontaci&oacute;n: el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a La Parota (Cecop). En ese paraje, conocido como El Fraile, se mantuvo el plant&oacute;n durante diez d&iacute;as. Los trabajadores tuvieron que irse y se llevaron la maquinaria con ellos.
    </p><p class="article-text">
        Para impedir el acceso a la obra, las comunidades llegaron a mantener en los siguientes a&ntilde;os hasta seis plantones simult&aacute;neos. Unos estaban cerca de los pueblos, otros se situaban junto al r&iacute;o o en los cerros. Las comunidades afectadas se turnaban. Eran unas treinta personas en cada plant&oacute;n, los hombres de noche, las mujeres de d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Las vamos a violar! &ndash;les gritaron un d&iacute;a los conductores de las camionetas.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;B&aacute;jense, hijos de su chingada madre! &ndash;dijeron ellas, machete en mano.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;La lucha es por el agua&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n datos del Tribunal Latinoamericano del Agua, el proyecto ten&iacute;a previsto sumergir el territorio no ya de tres, sino de 36 comunidades. Habr&iacute;a unas 25.000 personas afectadas directas cortina arriba y unas 70.000 afectadas cortina abajo y en los alrededores. Como si fuera poco, seg&uacute;n denunciaron desde el Cecop, la compa&ntilde;&iacute;a pretend&iacute;a expropiar sus tierras pagando 70 centavos de peso el metro cuadrado, el equivalente a cuatro c&eacute;ntimos de euro. Con esa suma les quedaban dos opciones: emigrar o trabajar de vendedores ambulantes en Acapulco.
    </p><p class="article-text">
        Poco a poco fueron saliendo a flote m&aacute;s y m&aacute;s datos que la CFE hab&iacute;a omitido: de cortina para abajo quedar&iacute;a la sequ&iacute;a y no podr&iacute;an seguir bebiendo el agua del Papagayo &ldquo;tal como viene&rdquo;. Tampoco podr&iacute;an, al contrario de lo que se les hab&iacute;a dicho, pescar en esas aguas. Y comprobaron que su caso no era excepcional. En M&eacute;xico, 167.000 personas han sido desplazadas por la construcci&oacute;n de represas, seg&uacute;n datos de la ONG International Rivers. Muchas otras han conseguido hasta la fecha paralizar los proyectos, como en el caso de la presa Paso de la Reina (Oaxaca) y del Zapotillo (Jalisco).
    </p><h3 class="article-text">Los taxistas del Anticristo</h3><p class="article-text">
        Para aparentar legalidad, entre 2003 y 2011 la CFE celebr&oacute; once consultas comunitarias, siempre envueltas en irregularidades, tal como luego reconoci&oacute; la justicia: se celebraban en otro municipio o sin respetar los plazos, acud&iacute;an taxistas pagados para hacerse pasar por comuneros y ejidatarios, o se imped&iacute;a la votaci&oacute;n de los opositores al proyecto. En la primera consulta de 2004 hab&iacute;a 600 firmas falsificadas.
    </p><p class="article-text">
        En agosto de 2005, en otra consulta ama&ntilde;ada, 5.000 personas opuestas a La Parota se enfrentaron a un millar de polic&iacute;as. &ldquo;El pueblo se cansa de tanta pinche tranza&rdquo; es uno de los lemas mexicanos por excelencia. Y ese d&iacute;a se cans&oacute; de verdad. Entraron al lugar de la asamblea con machetes, piedras, resortes [tirachinas] y arrasaron. La punter&iacute;a de las mujeres con los resortes qued&oacute; registrada en la memoria colectiva.
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        Pero en menos de quince d&iacute;as ya se hab&iacute;a convocado una nueva &mdash;y muy lejana&mdash; asamblea. Los agentes de polic&iacute;a que custodiaban la consulta, enfundados en sus hombreras negras y capeadas, parec&iacute;an un ej&eacute;rcito de armadillos. Cuando los comuneros consiguieron atravesar los retenes que hab&iacute;an detenido sus buses, se encontraron con el recinto vallado y que la asamblea ya hab&iacute;a terminado. &iexcl;Hab&iacute;a terminado 30 minutos despu&eacute;s de empezar! La rabia volc&oacute; las vallas. Entre ambas asambleas hubo decenas de heridos. &ldquo;El Gobierno es el Anticristo, porque est&aacute; vendiendo la tierra de los campesinos&rdquo;, resum&iacute;a un comunero.
    </p><p class="article-text">
        Para Rodolfo Ch&aacute;vez, uno de los portavoces del Cecop, estas semanas fueron clave para el movimiento. &ldquo;Hubo un cambio en la correlaci&oacute;n de fuerzas&rdquo;, porque m&aacute;s all&aacute; de rebasar las vallas, se rebas&oacute; a los comisariados comunales vinculados con el PRI, &ldquo;que estaban todos maiceados&rdquo;, comprados, seg&uacute;n un esquema ya hist&oacute;rico de clientelismo pol&iacute;tico.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Era la mera mera&rdquo;</h3><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Era la mera mera&rdquo;</strong>En el patio central de su casa, Flora cuenta que el nombre de su comunidad, Salsipuedes, tiene un origen preventivo, para espantar a potenciales ladrones. &ldquo;Cerramos aqu&iacute; [el sistema de bombeo de] Papagayo II cuando a un compa&ntilde;ero lo echaron preso. Y aqu&iacute; estuvimos dos d&iacute;as y dos noches en un plant&oacute;n para que lo liberen&rdquo;, recuerda Flora. Sentados junto a ella, su esposo, Margarito, Rodolfo Ch&aacute;vez, Lina Ram&iacute;rez Dorantes y Marciano Cruz asienten. Las albercas, los hoteles, los campos de golf y 700.000 personas de Acapulco se quedaron sin agua. Hasta que el compa&ntilde;ero fue liberado. Seg&uacute;n cuentan, la polic&iacute;a no entr&oacute; porque Salsipuedes s&oacute;lo tiene una salida.
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                </figure><p class="article-text">
        En los juicios celebrados entre 2006 y 2011, el Tribunal Unitario Agrario declar&oacute; nulas las cinco asambleas que la CFE hab&iacute;a intentado hacer pasar por v&aacute;lidas, la &uacute;ltima ya en 2010. Todav&iacute;a en los muros de una y otra comunidad se lee &ldquo;cinco victorias del Cecop&rdquo;. Otra pintada cercana resume el final de esta historia: &ldquo;La Parota ya cay&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el patio, la conversaci&oacute;n salta a la 'comandanta Mago'.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hab&iacute;a una se&ntilde;ora en Aguascalientes, se llamaba do&ntilde;a Margarita. Ella fue la que nos insist&iacute;a &ndash;cuenta Flora.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Del plant&oacute;n se iba a su casa, donde daba de comer, pero estaba pendiente, cuando le ven&iacute;an personas desde la entrada a avisarle que ven&iacute;a una m&aacute;quina, dec&iacute;a: &ldquo;V&eacute;nganse, mujeres, p&oacute;nganse las pilas&rdquo; &ndash;recuerda Lina.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pero no lo dec&iacute;a tan bonito lo de la m&aacute;quina &ndash;precisa Rodolfo. Todos se r&iacute;en&ndash;. Do&ntilde;a Margarita ya estaba grande. Ella era la comandanta. Dec&iacute;a: &ldquo;&iexcl;&Oacute;rale, pinche, viejas huevonas, p&aacute;rense ya, que ya lleg&oacute; la maquinaria!&rdquo;. No llamaba a todos, llamaba a las mujeres. Y cruzaba una cadena pesada de lado a lado del camino. Y les dec&iacute;a a los conductores: &ldquo;&iexcl;L&aacute;rgate, &aacute;ndale, hijo de la chingada!, &iexcl;hijo de la verga!&rdquo;. Margarita ten&iacute;a entonces 80 a&ntilde;os, pero era la mera mera.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No ten&iacute;a esposo ni nada. Ella sola se mandaba y se desmandaba &ndash;a&ntilde;ade Lina.
    </p><p class="article-text">
        Poco antes de morir, Margarita Mendoza Sol&iacute;s, la 'comandanta Mago', considerada s&iacute;mbolo de la resistencia de La Parota, le dijo al marido de Lina: &ldquo;No dejen de luchar&rdquo;. Y eso hicieron. En agosto de 2012, despu&eacute;s de todas las sentencias a su favor y casi una d&eacute;cada de resistencia, se daba un paso fundamental para la cancelaci&oacute;n definitiva de La Parota. A trav&eacute;s de la firma de los Acuerdos de Cacahuatepec, el estado de Guerrero se compromet&iacute;a a respetar la decisi&oacute;n de las comunidades. La firma de los acuerdos era la confirmaci&oacute;n: hab&iacute;an ganado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dicen que las tierras no son f&eacute;rtiles&rdquo;, se r&iacute;e Flora. &Eacute;sa fue una de las excusas para ofrecer tan poco dinero por metro cuadrado. &ldquo;Para quien que no las sabe sembrar no son f&eacute;rtiles&rdquo;, a&ntilde;ade. Pasado el patio, Flora tiene plantada flor de Jamaica. Explica que el tallo se corta en diagonal con el machete. De otra forma, resulta imposible. Detr&aacute;s de las flores, hay &aacute;rboles grandes y un cactus de unos siete metros. M&aacute;s all&aacute; cae el cerro. Y abajo, donde hubiera estado la represa, sigue corriendo el r&iacute;o Papagayo.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Cúneo, Emma Gascó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/parota-cayo_1_5111290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Dec 2013 19:25:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Parota ya cayó]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[México]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revolución ecuatoriana del “sí se pudo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/revolucion-pudo_1_5135148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a050fc7c-b3d3-40b4-bc78-5ac811529293_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La revolución ecuatoriana del “sí se pudo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 20 de abril de 2005, el presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez fue destituido por una gigantesca revuelta ciudadana.</p><p class="subtitle">Desde hacía más de una semana cientos de miles de personas se habían adueñado de Quito al grito de “Fuera todos” y “Sí se pudo”.</p></div><p class="article-text">
        Manuela Gallegos se reconoce como parte de la clase media, un sector de la poblaci&oacute;n que en Ecuador &ldquo;siempre da el voto sin mucha expectativa&rdquo;, que pocas veces se moviliza. Sin embargo, en esta ocasi&oacute;n, la clase media fue la que empez&oacute; todo.
    </p><p class="article-text">
        Esta activista ve semejanzas entre la llamada &ldquo;rebeli&oacute;n de los forajidos&rdquo; y el iniciado en Espa&ntilde;a el 15 de mayo de 2011: &ldquo;El hartazgo no era s&oacute;lo por Lucio Guti&eacute;rrez sino por el sistema pol&iacute;tico: ya estamos hartos de que nos enga&ntilde;en, de que cada vez que uno conf&iacute;a en darle el voto a un pendejo luego venga y haga otra cosa. Era una forma de decir que estamos hartos de que decidan por nosotros y hagan por nosotros, porque nos representan entre comillas&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La gota</h3><p class="article-text">
        Lucio Guti&eacute;rrez hab&iacute;a llegado al poder a principios de 2003 con un discurso de ruptura con el modelo neoliberal, en coalici&oacute;n con distintos sectores de izquierda. Pero no tard&oacute; ni una semana en hacer exactamente lo contrario de lo prometido en campa&ntilde;a. Al igual que sus antecesores, firm&oacute; un acuerdo con el FMI. Adivinen qu&eacute; acordaron: m&aacute;s recortes y pol&iacute;ticas neoliberales a cambio de financiaci&oacute;n para una econom&iacute;a arruinada.
    </p><p class="article-text">
        Una vez perdido el apoyo de las organizaciones de izquierda, Lucio Guti&eacute;rrez recurri&oacute; al partido del expresidente Abdal&aacute; Bucaram. <em>El loco,</em> tal como le llaman, hab&iacute;a llegado al poder en 1997 con el slogan la &ldquo;fuerza de los pobres&rdquo;. Una vez instalado en el Gobierno, Bucaram aplic&oacute; toda una bater&iacute;a de medidas neoliberales cl&aacute;sicas, entre ellas un aumento del gas del 417%. Seis meses despu&eacute;s de llegar al poder, un levantamiento ind&iacute;gena y popular desencaden&oacute; su destituci&oacute;n. Desde entonces viv&iacute;a pr&oacute;fugo en Panam&aacute; con 56 juicios pendientes, la mayor&iacute;a por corrupci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ped&iacute;a Bucaram a Lucio Guti&eacute;rrez a cambio de apoyo parlamentario? Nada menos que poder regresar al pa&iacute;s sin ser incomodado por citaciones judiciales. A finales de 2004, Guti&eacute;rrez destituy&oacute; a los m&aacute;ximos cargos del poder judicial y los sustituy&oacute; por personas afines al Gobierno. Como era de esperar, el 31 de marzo de 2005 la nueva Corte Suprema anul&oacute; todos los juicios que incomodaban tanto a Bucaram. Tres d&iacute;as despu&eacute;s, &ldquo;el loco&rdquo; regresaba al pa&iacute;s sin cargos.
    </p><p class="article-text">
        A finales de 2004, Manuela Gallegos comenz&oacute; a participar en una de las asambleas que se  formaron en Quito siguiendo el modelo argentino. Tras una serie de marchas &mdash;una de ellas de cerca de 160.000 personas&mdash;, las asambleas convocaron una protesta para el 13 de abril de 2005. Pero esta vez la convocatoria no funcion&oacute;. &ldquo;Eran las once de la ma&ntilde;ana y yo dec&iacute;a: 'Chuta, es un fracaso'&rdquo;, recuerda Gallegos. Pero a las cinco de la tarde miles de quite&ntilde;os comenzaron a congregarse en la avenida Shyris, en la parte moderna de Quito. &ldquo;Ah&iacute; fue que empez&oacute; todo el relajo [descontrol] hasta el 20 de abril&rdquo;, cuenta Manuela. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a pasado entre el fracaso de una convocatoria que contaba con el apoyo de la alcald&iacute;a y el inicio de una revuelta que tumbar&iacute;a a otro presidente?
    </p><h3 class="article-text">Cuando la imaginaci&oacute;n derrib&oacute; al un gobierno</h3><p class="article-text">
        Ese mi&eacute;rcoles 13 de abril de 2005 una se&ntilde;ora llam&oacute; a la Radio La Luna, una emisora sin fines de lucro de Quito. Sugiri&oacute; que se hiciera un cacerolazo. &ldquo;Otras personas llamaron respald&aacute;ndola, y as&iacute; fueron pasando la informaci&oacute;n y el cacerolazo fue un &eacute;xito&rdquo;, explicaba a la BBC Paco Velasco, el director de la radio. Otro d&iacute;a, un oyente propuso un &ldquo;revent&oacute;n&rdquo;. Y cuando la propuesta se difundi&oacute; &ldquo;la gente sali&oacute; a reventar globos&rdquo;, dec&iacute;a Velasco. Lo mismo ocurri&oacute; con el &ldquo;rollazo&rdquo;, un despliegue de papel higi&eacute;nico desde los balcones, desde los coches y en las calles, para limpiar la suciedad del r&eacute;gimen. Las protestas en los partidos de f&uacute;tbol, llamados &ldquo;golpes de estadio&rdquo;, el &ldquo;basurazo&rdquo;, el &ldquo;escobazo&rdquo; o el &ldquo;tablazo&rdquo;, eran otras de las innovaciones de este movimiento.
    </p><p class="article-text">
        Los m&oacute;viles, los mails, pero sobre todo la radio y la imaginaci&oacute;n se convirtieron en las armas de este movimiento espont&aacute;neo, autoconvocado y sin l&iacute;deres aparentes. La avenida Shyris se convirti&oacute; en el centro de la indignaci&oacute;n ecuatoriana. Las protestas se extendieron por 20 barrios y lleg&oacute; a haber hasta 40 puntos de concentraci&oacute;n espont&aacute;nea, seg&uacute;n publicaba la prensa. El lema &ldquo;Que se vayan todos&rdquo;, al igual que en Argentina, se convert&iacute;a en la m&aacute;xima expresi&oacute;n del movimiento. En los barrios pelucones [pijos] del norte, pero tambi&eacute;n en los barrios populares del sur de la ciudad. &ldquo;En ese momento sent&iacute; un gran alivio porque ya se hab&iacute;a encendido la mecha, y desde ah&iacute; no par&oacute;, todos los d&iacute;as hasta que cay&oacute; el presidente&rdquo;, dice Manuela Gallegos.
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        Al movimiento le faltaba un nombre. Se lo dio el mismo Lucio Guti&eacute;rrez cuando en la madrugada del 14 de abril los manifestantes organizaron un escrache: se concentraron junto a su casa familiar, gritaron y pitaron frente a la puerta. El presidente los llam&oacute; &ldquo;forajidos&rdquo;. A los radioyentes de La Luna y al resto de los manifestantes les encant&oacute; el nombre y empezaron a utilizarlo para identificarse en las llamadas que hac&iacute;an a la radio. As&iacute; sea. La &ldquo;rebeli&oacute;n de los Forajidos&rdquo; qued&oacute; bautizada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo m&aacute;s maravilloso era que la gente trabajaba y despu&eacute;s del trabajo iba a manifestarse. Fue un despertar incre&iacute;ble&rdquo;, cuenta Gallegos. Todos los d&iacute;as, pitadas en la puerta de la Corte y concentraciones en la avenida Shyris. Las protestas cada vez eran m&aacute;s numerosas. J&oacute;venes, estudiantes, trabajadores judiciales, maestros, profesionales y, en los &uacute;ltimos d&iacute;as, activistas de los partidos de izquierda.  
    </p><h3 class="article-text">La batalla de abril</h3><p class="article-text">
        El 19 de abril, una &ldquo;gran marcha final&rdquo; intent&oacute; llegar hasta el palacio de Carondelet. Ese d&iacute;a, 100.000 personas se movilizaron. Y 3.000 granadas de gas fueron arrojadas sobre los manifestantes. &ldquo;Fue una avalancha que lleg&oacute; a una cuadra del palacio de Gobierno. El parque de El Ejido era una nube de gas&rdquo;, relata Gallegos. El fot&oacute;grafo chileno Julio Augusto Garc&iacute;a muri&oacute; a causa de la asfixia.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, simpatizantes de Lucio Guti&eacute;rrez dispararon con armas de fuego a los manifestantes desde las oficinas del Ministerio de Bienestar Social. Como respuesta, un grupo de forajidos entr&oacute; en el edificio y le prendi&oacute; fuego. Desde el &uacute;ltimo piso del Ministerio, desde donde se hab&iacute;a desarrollado una red de clientelismo pol&iacute;tico, fue arrojado un retrato enmarcado de Lucio Guti&eacute;rrez, que se hizo a&ntilde;icos en el suelo. El momento no pod&iacute;a ser m&aacute;s simb&oacute;lico. &ldquo;&iexcl;S&iacute; se pudo, s&iacute; se pudo!&rdquo;, coreaban los concentrados. &ldquo;S&iacute; se puede&rdquo;, era el lema de la selecci&oacute;n ecuatoriana de f&uacute;tbol. Lo que Ecuador no hab&iacute;a conseguido en el Mundial ahora lo estaba consiguiendo en las calles.
    </p><p class="article-text">
        Las movilizaciones estaban fuera de control. El comandante de la Polic&iacute;a se neg&oacute; a reprimir y present&oacute; su dimisi&oacute;n. Los diputados tuvieron que reunirse en el edificio del Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo en Am&eacute;rica Latina (Ciespal), porque el Congreso estaba cercado por los indignados. Centenares de ellos consiguieron entrar en el palacio legislativo, quemaron los esca&ntilde;os de los parlamentarios y sacaron a la calle la bandera de Ecuador. Los manifestantes hab&iacute;an pasado del &ldquo;Fuera Lucio&rdquo; al &ldquo;Fuera todos&rdquo;.
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        Los parlamentarios, pr&aacute;cticamente escondidos, se acogieron a un art&iacute;culo de la Constituci&oacute;n para declarar vacante el puesto de presidente. Para rellenar el hueco, nombraron al vicepresidente Alfredo Palacio. El Estado mayor militar retir&oacute; su apoyo a Lucio Guti&eacute;rrez y el excoronel huy&oacute; del palacio de Carondelet en helic&oacute;ptero. Cuando intent&oacute; dejar la ciudad en un avi&oacute;n, se lo impidieron cientos de manifestantes que ocupaban las pistas del aeropuerto. Dos mil forajidos tambi&eacute;n rodeaban la Ciespal y bloqueaban la evacuaci&oacute;n del nuevo presidente. Cuando Palacio sali&oacute; al balc&oacute;n, obligado por los manifestantes que hab&iacute;an conseguido entrar en el edificio, apenas pudo hablar. Desde ya, nadie le escuch&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iexcl;Palacio, te advierto, con Quito no se juega! &mdash;era el grito de los forajidos.
    </p><p class="article-text">
        Las primeras cinco horas presidenciales de este cardi&oacute;logo de Guayaquil las pas&oacute; encerrado en el s&oacute;tano de este edificio, rodeado de manifestantes que exig&iacute;an su dimisi&oacute;n y la de todo el Congreso. Los movimientos sociales hab&iacute;an tumbado al tercer presidente en siete a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emma Gascó, Martín Cúneo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/revolucion-pudo_1_5135148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Dec 2013 08:17:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La revolución ecuatoriana del “sí se pudo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ecuador,Manifestaciones,Protestas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La bala que no mató a Mamá Angélica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/bala-mato-mama-angelica_1_5168903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6c4f476-f4dc-4a44-bcad-fe599af2eef7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La bala que no mató a Mamá Angélica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie se atrevía a denunciar que el Ejército peruano estaba haciendo desaparecer a miles de jóvenes en las zonas más pobres del país. Hasta que llegó Mamá Angélica</p></div><p class="article-text">
        Llegaron pasada la medianoche a su casa de adobe, en la periferia de Ayacucho, en Per&uacute;; aparcaron los vehi&#769;culos fuera y entraron en los dormitorios a patada limpia. Ange&#769;lica Mendoza de Ascarza fue a encender la luz, pero los militares no le dejaron. Cuando se quiso dar cuenta, estaban d&aacute;ndole una paliza a uno de sus hijos en el patio de la casa. &ldquo;Me arme&#769; de valor y sali&#769; de mi dormitorio, me aferre&#769; a mi hijo, y los militares me golpearon y me lo quitaron&rdquo;, cuenta todav&iacute;a Mendoza, a la que todo el mundo conoce como Mama&#769; Ange&#769;lica. &ldquo;Lo estamos llevando para interrogarlo, vengan man&#771;ana al cuartel&rdquo;, le dijo uno de los hombres que detuvieron a Arqui&#769;medes, que entonces teni&#769;a veinte an&#771;os y estaba a punto de entrar en la universidad. Era julio de 1983.
    </p><h3 class="article-text">Ayacucho: estado de sitio</h3><p class="article-text">
        Como parte de la lucha contra el grupo guerrillero Sendero Luminoso, las Fuerzas Armadas hab&iacute;an asumido el control de Ayacucho un a&ntilde;o antes. Segu&#769;n la Comisio&#769;n de la Verdad y Reconciliaci&oacute;n, las detenciones indebidas, la tortura y las desapariciones forzadas &ldquo;adquirieron un cara&#769;cter masivo&rdquo;. El cuartel Los Cabitos, situado a las afueras de la ciudad, se hab&iacute;a convertido en el principal centro clandestino de reclusio&#769;n, tortura, ejecucio&#769;n extrajudicial y desaparicio&#769;n forzada de todo Per&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Para los militares, las palabras campesino o indi&#769;gena se convirtieron en sino&#769;nimos de senderista, de terrorista, de <em>terruco</em>. De las casi 70.000 personas que murieron en el conflicto armado interno (1980-2000), el 75% era quechuahablante &ndash;como Mam&aacute; Ang&eacute;lica&ndash; y el 30% de las muertes fueron responsabilidad directa del Ej&eacute;rcito.
    </p><p class="article-text">
        Al di&#769;a siguiente de la detenci&oacute;n de Arqu&iacute;medes, Ange&#769;lica Mendoza fue al cuartel Los Cabitos, donde negaron que su hijo hubiera sido detenido. Cuando fue a presentar la denuncia, coincidio&#769; alli&#769; con otras mujeres. Todas eran campesinas humildes y a todas les habi&#769;an arrebatado a alguien, a unas un hijo, a otras un marido, a otras un padre. Ange&#769;lica Mendoza iba al cuartel, a la iglesia, a la Fiscali&#769;a, caminaba con las otras mujeres por las calles de Ayacucho en sen&#771;al de protesta. Nadie les daba ningu&#769;n dato &ndash;al menos, ningu&#769;n dato cierto&ndash; sobre el paradero de sus familiares.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Venciendo todos los estigmas que acumulaban en las espaldas, el de <em>terrucas</em>, el de mentirosas y el de &ldquo;indias&rdquo; que no hablan bien espan&#771;ol, viajaron a Lima para presentar su denuncia ante el Gobierno central. Teni&#769;an muy pocos recursos y pasaron la noche en un parque. A la vuelta, crearon la Asociacio&#769;n Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos en Zonas de Emergencia (Anfasep).
    </p><p class="article-text">
        En 1985, las matanzas del Ej&eacute;rcito y Sendero Luminoso &ndash;responsable del 46% de las muertes durante el conflicto&ndash; dejaron miles de hu&eacute;rfanos en Ayacucho, el departamento m&aacute;s afectado por el conflicto. Adem&aacute;s de buscar a sus hijos y maridos desaparecidos, Mendoza y sus compa&ntilde;eras se encargaron de proteger y alimentar a muchos de esos ni&ntilde;os, que llegaron a ser 350.
    </p><p class="article-text">
        La alcaldesa de Ayacucho, Leonor Zamora, no se dejo&#769; intimidar por las Fuerzas Armadas y les facilito&#769; un espacio para reunirse. Zamora, adema&#769;s, sacaba altavoces a la plaza para que las mujeres hicieran pu&#769;blicas sus denuncias.
    </p><p class="article-text">
        Mama&#769; Ange&#769;lica no ceso&#769; de buscar a su hijo. Con sus compan&#771;eras Teodosia, Antonia y Adelina, se meti&#769;a en los lugares ma&#769;s so&#769;rdidos de Ayacucho, en las quebradas donde de vez en cuando apareci&#769;an cada&#769;veres y en los vertederos de la ciudad. En una ocasio&#769;n encontraron ma&#769;s de veinte cuerpos, casi todos sin cabeza, en un botadero. Acudieron a la Fiscali&#769;a para que investigara y protegiera las pruebas. &ldquo;Man&#771;ana, ahora no tenemos tiempo&rdquo;, les dijeron. Al di&#769;a siguiente los cuerpos no estaban. Ellas no pararon de buscar. Encontraban cada&#769;veres en la tierra, con un tiro en la sien, a veces calcinados, a veces en estado de descomposicio&#769;n y devorados por los perros. Sobre ellas, los gallinazos (aves carro&ntilde;eras) esperaban su turno. Los militares las amenazaban constantemente:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Vieja de mierda! &iexcl;Sal de ahi&#769; o te disparamos! &ndash;le grito&#769; uno a Mama&#769; Ange&#769;lica. Un comandante se acerco&#769; y le pidio&#769; que se retirara. Los otros la amenazaban, le deci&#769;an que la bala que la matar&iacute;a vali&#769;a ma&#769;s que su vida.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Cua&#769;nto vale una bala? Te pago el precio de esa bala para que me mates, pero primero hazme ver a mi hijo y luego me ire&#769; feliz de este mundo &ndash;reto&#769; Mendoza a un soldado. Nadie disparo&#769;.
    </p><p class="article-text">
        Mam&aacute; Ang&eacute;lica y sus compa&ntilde;eras de Anfasep fueron las primeras en hablar. En los siguientes a&ntilde;os, todo un movimiento por la justicia y contra la impunidad creci&oacute; a partir de su ejemplo. Un movimiento que en el a&ntilde;o 2001 consigui&oacute; acabar con la ley de amnist&iacute;a que imped&iacute;a juzgar a las autoridades militares y pol&iacute;ticas que ordenaron las masacres y las desapariciones. Y a lo largo de la d&eacute;cada, consigui&oacute; condenas hist&oacute;ricas, como la de Nicol&aacute;s Hermoza R&iacute;os, comandante general del Ej&eacute;rcito, o la del mism&iacute;simo expresidente Alberto Fujimori, que en 1992 dio un autogolpe y continu&oacute; con la pol&iacute;tica de violaci&oacute;n sistem&aacute;tica de los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En esa e&#769;poca pensa&#769;bamos que en un pai&#769;s con las complejidades que tiene Peru&#769; iba a ser difi&#769;cil que la justicia avanzara. Pero ahora que es posible hacer un balance en ese tema, el ma&#769;s difi&#769;cil, el ma&#769;s conflictivo y el ma&#769;s cri&#769;tico, es en el que ma&#769;s se ha avanzado&rdquo;, sostiene Carlos Rivera, de la organizacio&#769;n de derechos humanos Instituto de Defensa Legal (IDL), uno de los siete abogados que en 2009 consiguio&#769; una condena de 25 a&ntilde;os para Fujimori.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a la constancia de Adelina Garc&iacute;a, Mama&#769; Ange&#769;lica y sus compan&#771;eras de Anfasep, el rosario de cri&#769;menes que rodea Los Cabitos tambie&#769;n esta&#769; siendo investigado. En 2011 se inici&oacute; el juicio a siete militares, para los que la Fiscal&iacute;a pide 30 a&ntilde;os de prisi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta el momento, se han identificado los huesos de 109 personas detenidas y desaparecidas, pero se teme que sean muchas m&aacute;s. En el sector conocido como La Hoyada, que sirvio&#769; de campo de entrenamiento militar para Los Cabitos, hay un total de cincuenta fosas. Se han recuperado tantos restos que el Instituto de Medicina Legal de Ayacucho apenas tiene sitio donde guardarlos. Pese a las trabas y retrasos en el proceso legal, el juicio sigue adelante. Sin el trabajo que inicio&#769; en 1983 Mama&#769; Ange&#769;lica hubiera sido imposible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Cúneo, Emma Gascó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/bala-mato-mama-angelica_1_5168903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Nov 2013 19:21:53 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pueblo que decidió dejar el oro bajo tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/pueblo-decidio-dejar-oro-tierra_1_5193407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/740cb75b-92c6-47e8-baec-5262ae507cc0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El pueblo que decidió dejar el oro bajo tierra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esquel fue el primer pueblo de Argentina que consiguió expulsar a una   multinacional minera con la movilización ciudadana. Pero no sería el   último.</p></div><p class="article-text">
        Durante 300 a&ntilde;os, la leyenda de la Ciudad de los C&eacute;sares de la Patagonia enloqueci&oacute; a guerreros y frailes, arrastr&aacute;ndolos, como fascinados, de un extremo a otro de la Patagonia, cuenta el historiador Enrique de Gand&iacute;a.  Llamada tambi&eacute;n la Ciudad Errante o Elel&iacute;n, hab&iacute;a sido descrita como una ciudad de planta cuadrada, con templos y calles de oro macizo. Algunas versiones hablaban de dos cerros, uno de diamante y el otro de oro.
    </p><p class="article-text">
        A principios de siglo XXI, la b&uacute;squeda parec&iacute;a haber concluido con &eacute;xito. Pero los exploradores eran esta vez muy distintos. Trabajaban para la empresa minera canadiense Meridian Gold. La Ciudad de los C&eacute;sares, en efecto, ten&iacute;a una planta casi cuadrada. No ten&iacute;a calles de oro, pero s&iacute; varios cerros alrededor. Los 30.000 habitantes de la ciudad ignoraban que uno de los picos que ve&iacute;an todos los d&iacute;as, a seis kil&oacute;metros de distancia, estaba lleno de oro. La poblaci&oacute;n de Esquel tampoco sab&iacute;a que en su tranquilo pueblo se librar&iacute;a la primera gran batalla contra los nuevos conquistadores. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">Cianuro y almendras</h3><p class="article-text">
        El hallazgo pudieron leerlo todos los habitantes de Esquel en el diario. Una mina de oro, inversiones y 400 puestos de trabajo. Un panorama prometedor, sobre todo para los 6.000 desempleados que hab&iacute;a en la ciudad en 2002. Para presentar el proyecto, la empresa convoc&oacute; a una primera reuni&oacute;n. A Marta Sahores, como profesora de Qu&iacute;mica en la Universidad de la Patagonia, le entr&oacute; curiosidad. En la entrada a la charla se encontr&oacute; con otra profesora de la facultad. Se sentaron juntas. La sala estaba llena.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;El cianuro es menos venenoso que la lavandina [lej&iacute;a] que se vende en los supermercados cerca de las g&oacute;ndolas de la comida &ndash;dec&iacute;a un hombre vestido con un traje azul.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda intentaba evitar una &ldquo;innecesaria&rdquo; preocupaci&oacute;n por el uso de uno de los ingredientes b&aacute;sicos para la extracci&oacute;n de oro en las minas a cielo abierto. Las dos qu&iacute;micas se miraron. Marta Sahores no pudo evitar levantar la mano. Pero el hombre del traje azul continuaba hablando.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cianuro hay en las almendras amargas, en el humo de cigarrillo&hellip; Si el cianuro fuera veneno, yo estar&iacute;a envenenado, porque el azul es ferrocianuro f&eacute;rrico &ndash;dec&iacute;a mientras mostraba su traje azul y se&ntilde;alaba a otros oyentes con prendas azules&ndash;, y vos y vos y vos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Las dos profesoras de Qu&iacute;mica interrump&iacute;an, cuando les dejaban. A la salida del acto siguieron hablando. &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; responsabilidad la nuestra!&rdquo;, dijo Marta Sahores. Eran las &uacute;nicas dos expertas en qu&iacute;mica de Esquel.
    </p><p class="article-text">
        El local de la Asamblea de Vecinos Autoconvocados contra la Miner&iacute;a est&aacute; a unos pocos metros de la plaza principal. Mate en mano, Sahores describe c&oacute;mo se extrae el oro de la monta&ntilde;a en una mina a cielo abierto: explosiones de material contaminante, diques precarios de material t&oacute;xico, cianuro, temblores, y el uso de millones y millones de litros de agua por d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Marta Sahores se acerca a una maqueta de Esquel y de las monta&ntilde;as de los alrededores; entre ellas, el cerro donde Meridian Gold quiso instalar la mina. &ldquo;Trescientos miligramos de cianuro resultan letales para un ser humano. Iban a usar seis toneladas por d&iacute;a, aqu&iacute;, a 6,2 kil&oacute;metros de la ciudad, con ca&iacute;da para ac&aacute;&rdquo;, explica, mientras se&ntilde;ala la ruta que tomar&iacute;a cualquier escape, directo hacia Esquel.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Vecinos informan a vecinos&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Era como tener una bomba de tiempo a seis kil&oacute;metros&rdquo;, se&ntilde;ala Pablo Quintana, uno de los fundadores de la asamblea. El aumento de las desigualdades, la contaminaci&oacute;n y el agotamiento de los acu&iacute;feros eran algunos de los motivos para oponerse a la mina. Pero hab&iacute;a m&aacute;s razones: seg&uacute;n la leyes vigentes, solo el 3% de las ganancias producidas por la megaminer&iacute;a se quedan en el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A mediados de 2002, Pablo Quintana y otros conocidos empezaron a reunirse, a hablar por tel&eacute;fono, a intercambiarse correos electr&oacute;nicos. En el sal&oacute;n de la escuela n&ordm; 205 celebraron la primera reuni&oacute;n. Eran unas sesenta personas. La siguiente semana ya superaban las cien. &ldquo;A partir de ah&iacute;, fue como una bola de nieve&rdquo;. Se hab&iacute;a creado la primera Asamblea de Vecinos Autoconvocados contra la Miner&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La asamblea utilizaba los mensajes de texto, los emails, las <em>panfleteadas</em>, las pegatinas, pero result&oacute; claro que no bastaba. La primera movilizaci&oacute;n fue convocada para el 24 de noviembre de 2002. Mil personas se juntaron ese d&iacute;a. La situaci&oacute;n, seguramente, empez&oacute; a preocupar a la empresa porque, revela Marta Sahores, recibi&oacute; tres llamadas an&oacute;nimas con amenazas. &ldquo;Me dijeron que, si no me dejaba de joder con el cianuro, iba a quedar tendida en la plaza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una semana despu&eacute;s, la ciudad viv&iacute;a su segunda muestra de rechazo. Ahora  eran 3.000 personas las que gritaban contra la mina en una marcha por  el centro. &ldquo;Ese d&iacute;a qued&eacute; tendida en la plaza, pero de feliz, porque  hab&iacute;a venido mucha gente de la comarca&rdquo;, rememora Sahores.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El equilibrio de fuerzas estaba cambiando. Con la poblaci&oacute;n movilizada fuera de la municipalidad, el Consejo se vio obligado a convocar un plebiscito. El primer refer&eacute;ndum en Argentina sobre la miner&iacute;a a gran escala ya ten&iacute;a fecha: el 23 de marzo de 2003.
    </p><p class="article-text">
        A medida que se acercaba el d&iacute;a, la tensi&oacute;n aumentaba. La manifestaci&oacute;n m&aacute;s multitudinaria fue la del cierre de campa&ntilde;a, el d&iacute;a antes de la votaci&oacute;n. Nueve mil personas marcharon por el centro en la mayor movilizaci&oacute;n de la historia de Esquel. El Gobierno municipal y la minera Meridian Gold, como broche de cierre, brindaron un concierto gratuito en el gimnasio municipal, con bebida y chorip&aacute;n incluidos.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a llegado el d&iacute;a. &ldquo;Todos ten&iacute;amos miedo. No cre&iacute;amos que hubieran convocado un plebiscito sabiendo que iban a perder. Cre&iacute;amos que hab&iacute;a gato encerrado, que iba a haber fraude. No s&eacute; de d&oacute;nde vino el error de c&aacute;lculo&rdquo;, expone Quintana.
    </p><p class="article-text">
        Al cierre de la votaci&oacute;n, a las 18 horas, el resultado no pod&iacute;a ser m&aacute;s rotundo: 1.500 personas a favor de la mina; 11.062 personas, el 82%, en contra. La victoria se convirti&oacute; en festejo. &ldquo;A la noche, la gente estaba como loca, dando vueltas por todos lados. Yo recuerdo &ndash;dice Quintana&ndash; salir del local y llegar a la plaza abarrotada de gente, algunos con antorchas, con pancartas, un momento de absoluto festejo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El d&iacute;a anterior al plebiscito, en la gran marcha de cierre, Marta Sahores no pod&iacute;a creer lo que ve&iacute;a: &ldquo;En un pueblo de 30.000 habitantes, hab&iacute;a 9.000 en la calle, sin organizaci&oacute;n, unos hacia un lado, otros hacia otro&rdquo;. De repente descubri&oacute; entre los manifestantes a un grupo de ni&ntilde;os, todos equipados con la misma camiseta de f&uacute;tbol, relucientes. Le entr&oacute; la curiosidad.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Chicos, &iquest;qu&eacute; pasa?, &iquest;no estuvieron jugando al f&uacute;tbol, que est&aacute;n todos limpitos?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, estas nos las regalaron los mineros y las guardamos para festejar el triunfo del &ldquo;no a la mina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Eso fue apote&oacute;sico! Hubo compra de voluntades a granel, empanadas, asados, vino&hellip; Trajeron un conjunto musical gratis. La gente acept&oacute; las empanadas, fue a ver al conjunto que le gustaba, pero luego vot&oacute; lo que le parec&iacute;a&rdquo;, relata Sahores.
    </p><p class="article-text">
        A los pocos d&iacute;as, el Gobierno declar&oacute; que el proyecto no se iba a realizar. Esquel se convirti&oacute; en el primer pueblo de Argentina que consigui&oacute; expulsar a una multinacional minera con la movilizaci&oacute;n ciudadana. Pero no ser&iacute;a el &uacute;ltimo: decenas de pueblos argentinos como Loncopu&eacute;, Tinogasta, Chilecito o Andalgal&aacute; siguieron su ejemplo. Esquel hab&iacute;a demostrado que se pod&iacute;a hacer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Cúneo, Emma Gascó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/pueblo-decidio-dejar-oro-tierra_1_5193407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Oct 2013 19:36:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El pueblo que decidió dejar el oro bajo tierra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Argentina,Minería]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el gigante se despierta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/gigante-despierta_1_5842727.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c63c0208-2c15-4635-a16d-dc7446a9fa6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando el gigante se despierta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En octubre de 2003, los vecinos de El Alto, a 5 km de La Paz, forzaron la caída del presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada.</p><p class="subtitle">El secreto de la fuerza de El Alto reside en su tejido social, sobre todo en su movimiento vecinal.</p><p class="subtitle">"Con el referente de octubre, muchos de los gobiernos que han venido después ya ven El Alto como un gigante que puede levantarse y derrumbar gobiernos".</p><p class="subtitle">Los vecinos bloquearon las calles con autobuses, carrocerías viejas, piedras, maderas, incluso con gigantescos vagones de tren descarrilados.</p></div><p class="article-text">
        Casualidades de la historia, fue precisamente en El Alto (Bolivia) donde se instal&oacute; en 1781 el campamento de los ind&iacute;genas sublevados contra la colonia, desde donde Tupaj Katari dirigi&oacute; el asedio a La Paz. Desde el centro de la ciudad era posible ver, 400 metros m&aacute;s arriba, a los prisioneros espa&ntilde;oles ahorcados en alt&iacute;simas estructuras de madera.
    </p><p class="article-text">
        Con la misma mezcla de temor y respeto han seguido alzando la vista los sucesivos ocupantes del Palacio Quemado, sede del Gobierno. El secreto de la fuerza de El Alto, hoy una ciudad de 1,2 millones de habitantes, reside en su tejido social, sobre todo en su movimiento vecinal. Cada zona, en ocasiones apenas una manzana, tiene un presidente elegido por una asamblea, que se re&uacute;ne cada mes.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estall&oacute; la guerra del gas, en octubre de 2003, M&oacute;nica Apaza era secretaria de Juventudes de la Federaci&oacute;n de Juntas Vecinales (Fejuve) de El Alto, la integrante m&aacute;s joven de toda la directiva. &ldquo;Con el referente de octubre  &ndash;dice&ndash; muchos de los gobiernos que han venido despu&eacute;s ya ven El Alto como un gigante que puede levantarse y derrumbar gobiernos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;El gas es nuestro&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El desencadenante de la revuelta que tumbar&iacute;a a S&aacute;nchez de Lozada fue el plan del Gobierno de exportar gas a EE UU a trav&eacute;s de Chile, dos pa&iacute;ses, seg&uacute;n el imaginario popular, enemigos de los intereses bolivianos. Mientras la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n no ten&iacute;a cubiertas sus necesidades b&aacute;sicas, tres multinacionales, una de ellas la espa&ntilde;ola Repsol, se quedar&iacute;an con el 82% de los beneficios de la operaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las comunidades aimaras del Altiplano llevaban casi un mes bloqueando caminos, el principal impulso para destituir a S&aacute;nchez de Lozada provino de un paro indefinido decidido por la Fejuve de El Alto. La organizaci&oacute;n convoc&oacute; a todos los presidentes de zona, en representaci&oacute;n de cerca de 600 juntas vecinales, a una asamblea general. El 8 de octubre El Alto inici&oacute; una vez m&aacute;s el cerco a La Paz. La guerra del gas hab&iacute;a empezado.
    </p><p class="article-text">
        A los pocos d&iacute;as, los bloqueos hab&iacute;an dejado sin gasolina los 58 surtidores de La Paz y El Alto. El problema del abastecimiento empezaba a preocupar tambi&eacute;n a los vecinos. &ldquo;Era el tercer d&iacute;a y nosotros no sab&iacute;amos c&oacute;mo iba a hacer la gente para comer&rdquo;, recuerda M&oacute;nica Apaza. No tardaron en encontrar una salida. &ldquo;Hablamos en los mercados y las caseras [vendedoras] iban a vender a las cuatro de la ma&ntilde;ana y hasta las seis y media, cuando cerraban los mercados&hellip; Y otra vez a la movilizaci&oacute;n, todo el d&iacute;a. Al d&iacute;a siguiente, igual: abr&iacute;an los mercados por la madrugada y los cerraban para las movilizaciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres no s&oacute;lo eran las encargadas de gestionar las despensas y las ollas comunes que se montaban en plena calle con la comida que aportaban los vecinos. Tambi&eacute;n eran mayoritarias en las protestas, se&ntilde;ala Apaza. Cuando los presidentes de zona no llamaban a la movilizaci&oacute;n, &ldquo;eran las mujeres las que se organizaban y convocaban&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Vamos a meter bala&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Si quieren di&aacute;logo sobre el gas, habr&aacute; di&aacute;logo sobre el gas; si quieren guerra por el gas, habr&aacute; guerra por el gas, y vamos a meter bala&rdquo;, dijo S&aacute;nchez de Lozada el 11 de octubre. Ese mismo d&iacute;a, con munici&oacute;n de guerra, el Ej&eacute;rcito y la Polic&iacute;a disparaban contra los vecinos que bloqueaban el paso de los camiones cisterna que sal&iacute;an de la planta de gas de Senkata, en El Alto. Las primeras muertes generalizaron la rebeli&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Miles de alte&ntilde;os rodearon el convoy militar, que fue obligado a refugiarse en un cuartel de la zona. Los choques entre las fuerzas militares y los manifestantes se extendieron por todo El Alto y los barrios m&aacute;s elevados de La Paz. Los tanques ametrallaban a los manifestantes por las laderas. Los helic&oacute;pteros y los francotiradores disparaban sobre los civiles&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Las muertes alimentaban la revuelta. Era un ej&eacute;rcito contra cientos de miles de personas desarmadas. Al igual que la tropa de Tupaj Katari, los vecinos ten&iacute;an palos, piedras, hondas, alg&uacute;n c&oacute;ctel molotov y algunos &ldquo;cachorros&rdquo; de dinamita. Bien colocada, la carga permiti&oacute; derribar tres de los seis puentes elevados que atraviesan la principal entrada a El Alto.
    </p><p class="article-text">
        Los vecinos bloquearon las calles con autobuses, carrocer&iacute;as viejas, piedras, maderas, incluso con gigantescos vagones de tren descarrilados. En las principales avenidas, inmensas zanjas cavadas en el asfalto y en la tierra hac&iacute;an imposible el tr&aacute;nsito. 77 muertes y 400 heridos por las balas de la Polic&iacute;a y el Ej&eacute;rcito hicieron que la demanda del gas pasara a un segundo plano. La primera demanda ya era innegociable: la renuncia de Gonzalo S&aacute;nchez de Lozada.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Nosotros somos la historia&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Como un gigante que duerme en el momento en que lo despiertas, no descansa hasta que termina lo que ha empezado&rdquo;, dice M&oacute;nica Apaza. S&aacute;nchez de Lozada hablaba de un proceso &ldquo;sedicioso&rdquo; financiado desde el exterior, encabezado por el entonces diputado Evo Morales y el l&iacute;der campesino Felipe Quispe. Pero al cuarto d&iacute;a de movilizaciones ya ni la Fejuve dirig&iacute;a a los manifestantes, se&ntilde;ala Apaza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Despu&eacute;s de las masacres, ya nos ha sobrepasado la misma base, la misma gente se empez&oacute; a organizar; ya no hab&iacute;a una direcci&oacute;n&rdquo;, prosigue M&oacute;nica, que se sum&oacute; como una m&aacute;s a los bloqueos. &ldquo;Nuestra lucha ha sido desde abajo, no hab&iacute;a alguien arriba.<strong> </strong>&Eacute;ramos nosotros, todos nosotros moviliz&aacute;ndonos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recordar aquellos d&iacute;as sigue siendo doloroso para ella: &ldquo;Me ha tocado llevar gente herida al hospital y que en mis manos se mueran muchas personas&rdquo;. Las noticias y las im&aacute;genes de las masacres extendieron las protestas por todo el pa&iacute;s. Los cocaleros, los ind&iacute;genas del Altiplano, los mineros de Potos&iacute; y Oruro, dinamita en mano: todos se un&iacute;an a los bloqueos y avanzaban hacia el Palacio Quemado.
    </p><p class="article-text">
        El 16 de octubre, en una gigantesca manifestaci&oacute;n, &ldquo;todo El Alto baj&oacute; a La Paz&rdquo;. Las huelgas de hambre se extend&iacute;an a todos los rincones de Bolivia. La situaci&oacute;n era insostenible para S&aacute;nchez de Lozada. La toma militar de El Alto hab&iacute;a fracasado. El 17 de octubre de 2003,<em> </em>el presidente escap&oacute; en helic&oacute;ptero. Despu&eacute;s de unas breves escalas se instal&oacute; en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        El profesor aimara Pablo Mamani llevaba tiempo viviendo en El Alto, pero confiesa que nunca hab&iacute;a imaginado que sus habitantes fueran capaces de una resistencia semejante. &ldquo;En esos momentos descubrimos que &eacute;ramos sujetos hist&oacute;ricos capaces de hacer m&aacute;s de lo que hab&iacute;amos pensado. Y en ese momento descubrimos que la historia est&aacute; aqu&iacute;, que nosotros somos la historia, no ellos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para M&oacute;nica Apaza, sin el levantamiento de octubre la historia del pa&iacute;s hubiera sido muy distinta: &ldquo;Las muertes, todo lo que hemos vivido, vali&oacute; la pena. Estamos en un proceso que nunca se hubiera dado en Bolivia si no hubiera sido por esto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        * Con la colaboraci&oacute;n de H&eacute;ctor Rojo Let&oacute;n
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Cúneo, Emma Gascó]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/gigante-despierta_1_5842727.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Oct 2013 18:33:54 +0000]]></pubDate>
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