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    <title><![CDATA[elDiario.es - Nazaret Castro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/nazaret_castro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Nazaret Castro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Pedagogía racista y frutos rojos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/pedagogia-racista-frutos-rojos_132_9124793.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a7875b9c-c9c4-4c16-9878-67e5396b1e10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pedagogía racista y frutos rojos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El caso S.B. es singular porque ha recibido más visibilidad mediática, pero es el ejemplo de lo que les pasa a muchas jornaleras del campo contratadas en origen. Un ejemplo de la pedagogía racista en la que se asienta el racismo institucional.</p><p class="subtitle">“Se siguen dando casos de explotación masiva que rozan la esclavitud en la recogida de la fresa”</p></div><p class="article-text">
        S. B. lleva desde 2007 pasando la temporada de recogida de la fresa y los frutos rojos en Huelva bajo el sistema de contrataci&oacute;n en origen, pagando su correspondiente cuota a la Seguridad Social. La &uacute;nica salvedad fue el a&ntilde;o 2020, por el cierre de la frontera decretado por el Estado marroqu&iacute;. Enferma de c&aacute;ncer de c&eacute;rvix desde hace varios a&ntilde;os, y que a pesar de sus dolencias continu&oacute; viniendo a trabajar cada primavera, S. B. cree con buenas razones que su trabajo y sus aportes le dan derecho a ser asistida por el sistema sanitario espa&ntilde;ol, y probablemente esa es su &uacute;nica alternativa, debido al estado de la sanidad p&uacute;blica en su pa&iacute;s. Sin embargo, no se lo han puesto nada f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        La empresa para la que trabaja en Huelva, Atlantic Blue, se neg&oacute; a ayudarla y, antes bien, la acus&oacute; de fingir su malestar para obtener la residencia y la amenaz&oacute; con acusarla de fuga. Lo cuenta muy bien <a href="http://revista.lamardeonuba.es/una-trabajadora-marroqui-contratada-en-origen-desde-el-ano-2007-y-enferma-de-cancer-denuncia-impedimentos-de-su-empresa-para-acceder-a-tratamiento-en-la-sanidad-publica-espanola/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Perico Echevarr&iacute;a en La Mar de Onuba,</a> donde relata el caso con todo lujo de detalles, incluyendo un audio en el que se escucha a la encargada de la finca negarle a la trabajadora el derecho a salir libremente del recinto: &ldquo;No os la pod&eacute;is llevar y ya est&aacute;&rdquo;. Tambi&eacute;n narra el periodista, en esta ocasi&oacute;n testigo del caso, el cuestionable papel de las trabajadoras de la Cruz Roja. El propio Echevarr&iacute;a acompa&ntilde;&oacute; a S. B. en su periplo hasta conseguir el apoyo de la <a href="https://afavi.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Asociaci&oacute;n Familia Vicenciana</a>. Lo hizo junto a Ana Pinto y Najat Bassit, fundadoras de <a href="https://jornalerasenlucha.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jornaleras de Huelva en Lucha</a>, que conocen bien esa empresa, en la que ambas trabajaron durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Valga decir que este caso es excepcional por el acompa&ntilde;amiento y la visibilidad que ha recibido, pero es tambi&eacute;n muy representativo de lo que ocurre en los campos de Huelva. Las trabajadoras contratadas en origen pagan sus contribuciones a la Seguridad Social y a la Hacienda p&uacute;blica, como cualquier persona asalariada, pero ellas rara vez llegan a recibir la tarjeta del Sistema Andaluz de Salud, y cuando requieren de atenci&oacute;n m&eacute;dica, a menudo no se les proporciona ning&uacute;n tipo de informaci&oacute;n ni asistencia. En el caso de esta empresa, adem&aacute;s, las trabajadoras no solo pagan sus cotizaciones, sino que son <a href="http://revista.lamardeonuba.es/la-caixa-cobro-a-las-temporeras-marroquies-primas-de-seguro-de-hasta-200-euros-sin-entregar-recibos-polizas-o-informacion-sobre-las-prestaciones-contratadas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">obligadas a pagar primas de salud</a> que ni saben lo que son ni nadie les explica. La Caixa gestiona estos cobros, pero hasta ahora no ha asumido ning&uacute;n tipo de responsabilidad, como tampoco la patronal fresera.
    </p><p class="article-text">
        Recordemos que las trabajadoras marroqu&iacute;es contratadas muchas veces no manejan el idioma espa&ntilde;ol y viven en las instalaciones de las propias fincas, a varios kil&oacute;metros del pueblo m&aacute;s cercano y sin ning&uacute;n tipo de transporte. Es decir: est&aacute;n aisladas y desconocen totalmente sus derechos. O tal vez sea mejor decir que los desconoc&iacute;an. Ahora, las marroqu&iacute;es llevan ya a&ntilde;os viniendo a Espa&ntilde;a cada primavera, y algo van sabiendo de c&oacute;mo funciona el sistema. Adem&aacute;s, desde 2020 cuentan con la labor sindical de la asociaci&oacute;n Jornaleras de Huelva en Lucha que, pese a su precaria situaci&oacute;n, ha hecho m&aacute;s por las personas que trabajan en el campo onubense que los sindicatos que cuentan con todos los medios para ello.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez la pregunta que deber&iacute;amos hacernos es por qu&eacute; una sociedad permite este tipo de trato deshumanizante de quienes, con su trabajo, posibilitan la producci&oacute;n agr&iacute;cola de nuestro pa&iacute;s. Creo que la &uacute;nica respuesta es el racismo. Sin la pedagog&iacute;a racista, que identifica humanidad con blanquitud y construye al otro racializado como inferior a ese ser humano blanco (y var&oacute;n, y propietario), ser&iacute;a dif&iacute;cil que toler&aacute;semos que estas mujeres recibieran sistem&aacute;ticamente el trato vejatorio que reciben. Tampoco admitir&iacute;amos que seres humanos se vieran obligados a vivir en las condiciones de los asentamientos de chabolas de Lepe o Palos de la Frontera, donde cada tanto llega la noticia invisible de un nuevo incendio. Y si hab&iacute;a dudas de la persistencia y eficacia de esa pedagog&iacute;a racista, recordemos c&oacute;mo las personas afectadas por la guerra de Ucrania recibieron un trato muy distinto, y el Gobierno anunci&oacute; con presteza que exist&iacute;an miles de viviendas disponibles para alojarlas, como si hasta ese momento no hubiera miles de personas viviendo en chabolas, cuando no al raso, en nuestro pa&iacute;s, y especial y significativamente, en las zonas de producci&oacute;n agr&iacute;cola.
    </p><p class="article-text">
        Escrib&iacute;a estas l&iacute;neas cuando supe que al menos 37 personas murieron mientras intentaban saltar la valla de Melilla para llegar a Espa&ntilde;a. La respuesta del presidente del Gobierno, ese gobierno que se nos dice que es el m&aacute;s a la izquierda que podemos tener, fue felicitar al Estado marroqu&iacute; por frenar el &ldquo;asalto violento&rdquo; en la frontera. S&aacute;nchez hizo suyo el marco de la ultraderecha con una facilidad pasmosa, mientras algunas personas nos pregunt&aacute;bamos si era la represi&oacute;n policial en la frontera lo que se le ped&iacute;a a Rabat a cambio de abandonar a su suerte al pueblo saharahui. No creo que sea posible tanto cinismo si no se ha asumido previamente que esas personas son menos personas que las del lado de ac&aacute; de la valla. Rita Segato lo llam&oacute; pedagog&iacute;a de la crueldad: tratar a los seres humanos como si fueran cosas.
    </p><p class="article-text">
        Hablemos claro: el Estado espa&ntilde;ol, como el resto de Europa, requiere mano de obra barata, muy barata, para asegurar la rentabilidad del agronegocio, para garantizar la limpieza y los cuidados a precios de saldo, y un largo etc&eacute;tera de trabajos precarios concebidos para ciudadan&iacute;a de tercera y cuarta clase. Y esa mano de obra la garantiza una ley de extranjer&iacute;a que abona esa pedagog&iacute;a racista por la cual hay personas de primera, segunda y tercera clase. Esto no es nuevo, pero se actualiza y se agrava en tiempos en que la l&oacute;gica extractivista del neoliberalismo avanza triunfalmente sobre cada vez m&aacute;s esferas de la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Cuenta Achille Mbembe en <em>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n negra</em> que, en tiempos de la econom&iacute;a de las plantaciones, las clases pobres blancas se esforzaban por diferenciarse de los esclavos negros, tal era su miedo en caer en ese abismo. Hoy, el discurso plano del &ldquo;vienen a quitarnos el trabajo&rdquo; conquista el sentido com&uacute;n con una facilidad tan pasmosa que solo cabe concluir que est&aacute; activando resortes del inconsciente muy profundos. Tal es la pregnancia del racismo como dispositivo cultural y como tecnolog&iacute;a de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que Vox no logr&oacute; el 19 de junio los resultados que esperaba en Andaluc&iacute;a, pero la derecha barri&oacute; y la izquierda se vio a&uacute;n m&aacute;s arrinconada. Las izquierdas vienen mostr&aacute;ndose a la defensiva, reactivas y, lo que es peor, moralistas. Frente a la pol&iacute;tica securitaria y el racismo institucional que lleva a&ntilde;os consolidando la Uni&oacute;n Europea &ndash;y el Estado espa&ntilde;ol tiene aqu&iacute; un papel especialmente antip&aacute;tico, por ser frontera sur del continente&ndash;, se ha impuesto en las izquierdas europeas un discurso humanitarista y moralizante de la cuesti&oacute;n migratoria que se desliza con facilidad hacia el paternalismo &nbsp;y la victimizaci&oacute;n &ndash;el &ldquo;salvador blanco&rdquo; frente al &ldquo;pobrecito&rdquo; migrante&ndash;. Concluye <a href="https://traficantes.net/libros/gobernar-la-crisis-de-los-refugiados" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Miguel Mellino</a> que las izquierdas y las oeneg&eacute;s abanderan a menudo un &ldquo;antirracismo de sistema&rdquo; que, pese a sus buenas intenciones, sigue operando en coordenadas funcionales al sistema de dominaci&oacute;n que interconecta las opresiones de raza, g&eacute;nero y clase.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hacer? No traigo recetas, pero s&iacute; una convicci&oacute;n: la semilla de ese movimiento antirracista que necesitamos, que rompa con la l&oacute;gica moralizante de la raz&oacute;n humanitaria, se encuentra hoy, como estuvo siempre, en movimientos de base como las <a href="https://jornalerasenlucha.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jornaleras de Huelva en Lucha</a>, que articulan en su praxis pol&iacute;tica el antirracismo, el feminismo y el ecologismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/pedagogia-racista-frutos-rojos_132_9124793.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jun 2022 04:00:17 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andalucía, Colombia, el 19-J y la esperanza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/andalucia-colombia-19-j-esperanza_132_9083568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7aef3d11-5dc3-41ac-b31d-7cd615aff6f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Andalucía, Colombia, el 19-J y la esperanza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Salgamos a votar, no por la opción menos mala, sino porque tenemos una alegría cultivada en un futuro que se construye desde los movimientos de base: sabemos que algunos gobiernos aplastarán que otros las movilizaciones</p><p class="subtitle">Cádiz, cuna del primer manifiesto feminista</p></div><p class="article-text">
        El 19 de junio estamos convocadas a votar en Andaluc&iacute;a. No conf&iacute;o mucho en las encuestas, as&iacute; que prefiero sondear a mi alrededor, y lo que escucho oscila entre quienes creen que dar&aacute; igual quien gane, porque los chiringuitos siguen siendo los mismos con Susana que con Juanma, y quienes est&aacute;n francamente cabreados con una izquierda que aparece debilitada y dividida. En mi c&iacute;rculo cercano hay poca gente de Vox, un sesgo que tal vez no me deja entender si la <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/04/de-los-memes-al-prime-time-auge-de-la-extrema-derecha-en-los-medios/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ultraderecha consigue activar el entusiasmo</a> por la pol&iacute;tica institucional, partidista o el adjetivo que queramos ponerle para no terminar confundiendo el aparato gubernamental y el sistema electoral con la pol&iacute;tica en un sentido amplio: a saber, el modo en que organizamos la vida en sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Durante muchos a&ntilde;os eleg&iacute; no votar, desde la convicci&oacute;n de que la abstenci&oacute;n es una alternativa cuando lo que falla no son tanto las opciones partidarias que entran en liza como el sistema democr&aacute;tico en s&iacute; mismo. La emergencia ilusionante &ndash;al menos para algunos&ndash; de Podemos no me arranc&oacute; esa convicci&oacute;n; pero s&iacute; lo hizo el ascenso de Vox, su discurso radicalmente xen&oacute;fobo y mis&oacute;gino, la sensaci&oacute;n de <em>d&eacute;j&agrave; vu</em> de un tiempo pasado que fue peor, el horizonte posible de una involuci&oacute;n que divide y enfrenta a quienes, desde abajo, deber&iacute;amos estar pensando en c&oacute;mo <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/07/feminismos-y-creatividad-contra-la-extrema-derecha/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aliarnos para hacer frente a los enormes desaf&iacute;os que enfrentamos</a>. Y c&oacute;mo no recordar en este punto las l&uacute;cidas palabras de Bertolt Brecht: &ldquo;&iquest;De qu&eacute; sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, de regreso en mi tierra despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, veo de cerca esos retos: la creciente desigualdad social, el pertinaz desempleo, la acelerada privatizaci&oacute;n de la sanidad, el desbocado aumento del precio de la vivienda o las costuras que muestra una econom&iacute;a basada en el sacrificio de amplias zonas entregadas a la turistificaci&oacute;n y el agronegocio, sin una m&iacute;nima planificaci&oacute;n, realista y a largo plazo, de las necesidades y los recursos locales. Baste pensar en el precio inflado de los alquileres en C&aacute;diz, o en el humedal de Do&ntilde;ana sec&aacute;ndose mientras quienes nos gobiernan pretenden amnistiar los regad&iacute;os ilegales de ciertos empresarios freseros. Todo ello, con el inquietante sustrato de una crisis econ&oacute;mica que ya no tiene que ver con algo tan et&eacute;reo como las finanzas, sino con la escasez de energ&iacute;a, materiales y alimento.
    </p><p class="article-text">
        En medio de ese complejo escenario, pol&iacute;ticos de todo el espectro hablan de resolver &ldquo;los problemas reales de la gente&rdquo;. Pero la izquierda no &ldquo;ilusiona&rdquo;, enmara&ntilde;ada entre sus l&iacute;os internos y la presi&oacute;n de la prensa: los medios de derechas, que son casi todos, desinforman masivamente, mientras los medios m&aacute;s afines a las izquierdas parecieran estar m&aacute;s interesados en preguntar por la &ldquo;salsa rosa&rdquo; del politiquer&iacute;o que en preguntar por los programas, por las propuestas, por las posibles soluciones a estos desaf&iacute;os que nos desbordan. Y s&iacute;, es descorazonador que algunos l&iacute;deres de nuestras fragmentadas izquierdas sigan confundiendo sus enemigos; pero ahondar en esa queja no nos sirve de nada cuando lo que est&aacute; en juego es la consolidaci&oacute;n de la deriva fascista en las instituciones y, lo que es peor, en los imaginarios.
    </p><p class="article-text">
        Ya no creo en la utilidad de la abstenci&oacute;n como forma de protesta, pero tampoco creo que sea necesario que venga un l&iacute;der carism&aacute;tico a &ldquo;ilusionarnos&rdquo; y movilizar nuestro voto. No se trata &ndash;no solo&ndash; de votar por miedo a la ultraderecha; se trata de entender que la pol&iacute;tica se hace desde muchos lugares, no apenas desde las instituciones. S&iacute;, es verdad que mejores legislaciones y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas allanan el camino de la emancipaci&oacute;n; pero tambi&eacute;n es cierto que los marcos institucionales no servir&aacute;n de nada si abandonamos el trabajo de base, el tejido asociativo, la construcci&oacute;n desde abajo, en la calle, articul&aacute;ndonos, recuperando los espacios presenciales que perdimos en pandemia, multiplic&aacute;ndolos, inventando nuevas formas de acci&oacute;n y de organizaci&oacute;n, desde un ejercicio de imaginaci&oacute;n radical que va m&aacute;s all&aacute; de la resistencia, que es propositivo, que da esperanza y moviliza en ese ejercicio cotidiano de tejer y hacer. Hablo de feminismos populares, sindicalismos de base, movimientos por la agroecolog&iacute;a o la soberan&iacute;a energ&eacute;tica, iniciativas de la econom&iacute;a social, movimientos antirracistas, defensores de los derechos humanos, asociaciones vecinales, colectivos que por todas partes se levantan contra las diversas formas de extractivismo que avanzan en el contexto de un capitalismo tan hegem&oacute;nico como ag&oacute;nico, y un ampl&iacute;simo etc&eacute;tera. Y algo s&iacute; parece claro: un gobierno m&aacute;s hostil, en Andaluc&iacute;a o en el Estado central, estar&aacute; m&aacute;s tentado de amordazarnos, y nos impondr&aacute; una agenda involutiva que nos dificultar&aacute; avanzar.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, es mejor que gane el &ldquo;menos malo&rdquo;. Pero no se trata solo de eso. Se trata de dejar de creer que vendr&aacute; un Pablo, una Yolanda, una Teresa que nos salvar&aacute;, para despu&eacute;s terminar una vez m&aacute;s decepcionadas, al borde del abismo de ese pesimismo absoluto que, como escribe Achille Mbembe recordando a Ernst Bloch, es &ldquo;propio de los que creen que <em>no vale la pena hacer nada</em>&rdquo; y que es, por tanto, motor del cinismo. A ese pesimismo nihilista no opone Bloch un optimismo <em>naif</em>, sino un &ldquo;optimismo cr&iacute;tico y militante&rdquo; que se alimenta de la esperanza y de la fe, que se arriesga &ldquo;a lo todav&iacute;a no logrado&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;n habr&iacute;a previsto, pocos a&ntilde;os atr&aacute;s, que la fuerza m&aacute;s votada en Colombia tendr&iacute;a en su f&oacute;rmula presidencial a una mujer negra, de or&iacute;genes populares y defensora del territorio? No parece muy probable conseguir la victoria en segunda vuelta &ndash;convocada para el mismo 19 de junio que decidir&aacute; la composici&oacute;n del Parlamento andaluz&ndash;, pero no por eso deja de ser menos esperanzador lo que representa que Gustavo Petro y Francia M&aacute;rquez logren m&aacute;s del 40 por ciento de los votos en primera vuelta. Y no porque deban erigirse en salvadoras del pa&iacute;s, sino porque Colombia parec&iacute;a, para mucha gente, sumida de forma irreparable en el genocidio, el miedo y el entreguismo a Washington. Nadie anticip&oacute; las protestas de 2019 ni la fulgurante campa&ntilde;a de Petro en un pa&iacute;s donde durante d&eacute;cadas la violencia estatal y paraestatal cercen&oacute; la posibilidad de poner l&iacute;mites al extractivismo y la necropol&iacute;tica. M&aacute;s all&aacute; de lo que pase el 19-J, la victoria de Petro y Francia en la primera vuelta es un hito hist&oacute;rico, y se ha logrado comunicando, no lo mal que est&aacute; todo por culpa de Uribe, sino que es posible &ldquo;vivir sabroso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escribi&oacute; Bloch que hemos &ldquo;nacido para la alegr&iacute;a&rdquo;, que es hija de la esperanza. Y la esperanza, prosigue el fil&oacute;sofo alem&aacute;n, se cultiva, se trabaja, cuando entendemos que el futuro est&aacute; abierto y que formamos parte activa del devenir del mundo. Lo contrario, el &ldquo;todo est&aacute; perdido&rdquo;, es una posici&oacute;n demasiado c&oacute;moda para lo que nos exigen estos tiempos, en los que el futuro es m&aacute;s impredecible que nunca. Salgamos a votar y sigamos <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/04/la-vida-del-barrio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">haciendo pol&iacute;tica en los barrioshttps://www.pikaramagazine.com/2020/04/la-vida-del-barrio/</a>. Cultivemos la esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/andalucia-colombia-19-j-esperanza_132_9083568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jun 2022 04:01:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Andalucía, Colombia, el 19-J y la esperanza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una patente registrada en EEUU desata las alarmas entre los pequeños productores de panela en Colombia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/patente-panela-levanta-polemica-productores-colombia_1_7310021.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5c5eb1ca-91e2-4442-adf5-7c0942704213_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una patente registrada en EEUU desata las alarmas entre los pequeños productores de panela en Colombia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el sector de la panela de Colombia nunca han entrado los grandes ingenios azucareros, pero los productores temen que la obtención de la patente en EEUU provoque la desprotección de los paneleros</p></div><p class="article-text">
        Quien conoce Colombia sabe que la panela no es solo un endulzante, es un alimento fundamental en la canasta b&aacute;sica de millones de colombianos de distintas clases sociales. Es, tambi&eacute;n, el producto que da sustento a m&aacute;s de 350.000 familias, seg&uacute;n Fedepanela, la federaci&oacute;n que agrupa a los productores de este derivado de la ca&ntilde;a de az&uacute;car. La inmensa mayor&iacute;a son peque&ntilde;os productores que procesan sus propios negocios y hay tambi&eacute;n algunos medianos productores.
    </p><p class="article-text">
        En el sector de la panela nunca han entrado los grandes ingenios azucareros. Lo tienen prohibido desde que, en 1990, se promulg&oacute; la Ley 40, que establece una serie de medidas para proteger a los peque&ntilde;os productores. Sin embargo, existe una profunda preocupaci&oacute;n de que esa protecci&oacute;n estatal se deteriore desde que&nbsp;el ingeniero agr&oacute;nomo Jorge Enrique Gonz&aacute;lez Ulloa ha obtenido en Estados Unidos <a href="https://patents.google.com/patent/US10493121B2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la patente del m&eacute;todo de producci&oacute;n del endulzante</a> al que llam&oacute; Polycane. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata, en realidad, de dos patentes, una de diciembre de 2019 y otra de abril de 2020. Esta licencia podr&iacute;a validarse en otros pa&iacute;ses, incluidos los miembros de la Uni&oacute;n Europea y la propia Colombia, si no lo impide la contraofensiva legal con la que los productores paneleros han respondido a esta iniciativa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La patente de Gonz&aacute;lez Ulloa es un m&eacute;todo para el procesamiento de la ca&ntilde;a de az&uacute;car que es similar a la forma en que, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n, los campesinos colombianos han producido la panela en sus trapiches artesanales. 
    </p><p class="article-text">
        Para entenderlo es necesario comprender por qu&eacute; la panela es mucho m&aacute;s que az&uacute;car sin refinar. En la producci&oacute;n del az&uacute;car blanco convencional, el alimento se centrifuga a altas temperaturas, lo que hace que pierda sus propiedades nutricionales. El az&uacute;car moreno que se suele comercializar en Europa no es muy diferente, ya que se trata de una mezcla entre az&uacute;car refinado y melaza. En cambio, la panela se obtiene hirviendo el jugo de la ca&ntilde;a fresca en ollas de metal, lo que hace que la temperatura no exceda los 90 grados, con esto se consigue que no pierda nutrientes y no solo endulza, sino que alimenta.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una patente pol&eacute;mica</strong></h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el creador de Polycane, su producto no se expone a m&aacute;s de 70 grados y gracias a ello conserva los policosanoles, unos alcoholes que, seg&uacute;n la versi&oacute;n de Gonz&aacute;lez Ulloa, convierten su endulzante en un producto saludable que reduce el colesterol y limpia las arterias. El ingeniero agr&oacute;nomo defiende <a href="https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/07-2020-colombiano-revolucionara-la-industria-azucarera-mundial" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">haber logrado una &ldquo;revoluci&oacute;n industrial azucarera</a>&rdquo;. La Federaci&oacute;n que aglutina a los peque&ntilde;os y medianos productores defiende que en la panela ya hab&iacute;a estos policosanoles, lo que a&uacute;n desconocen -y tampoco se deduce de las pruebas presentadas por Gonz&aacute;lez Ulloa- es si la panela o el Polycane poseen policosanoles en cantidad suficiente como para reducir el colesterol.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos analizado panela colombiana producida con anterioridad a su solicitud de patente y hemos visto que este producto conserva esos alcoholes&rdquo;, afirma &Oacute;scar Guti&eacute;rrez, director ejecutivo nacional de la asociaci&oacute;n <a href="http://dignidadagropecuaria.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dignidad Agropecuaria Nacional</a>. Seg&uacute;n la Federaci&oacute;n que agrupa a los productores de la panela , la cantidad de policosanoles depende no solo de la temperatura sino de factores como de los nutrientes del terreno o la variedad de la ca&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que se presenta como producto industrial novedoso no es diferente de la panela granulada o pulverizada que ya se produce desde hace generaciones: ya hab&iacute;a policosanoles en la panela, lo que ocurre es que nadie hab&iacute;a dicho hasta ahora que ese fuera el componente principal ni se hab&iacute;a especificado que tuviera propiedades medicinales&rdquo;, dice Guti&eacute;rrez. &ldquo;Pero en Colombia todo el mundo sabe que si usted tiene gripe, se toma un agua panela bien caliente con lim&oacute;n y se acuesta a sudar&rdquo;, a&ntilde;ade el dirigente de Dignidad Agropecuaria. 
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                Productores de panela.                            </span>
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        &ldquo;Los peque&ntilde;os productores siempre hacen cosas importantes, pero no las patentan&rdquo;, considera Herney Chagu, un dirigente gremial de amplia experiencia en la producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de panela en el departamento del Cauca.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de que Fedepanela presentara su oposici&oacute;n a la solicitud de patente, la Superintendencia de Industria y Comercio de Colombia debe definir si se re&uacute;nen las condiciones para que el m&eacute;todo propuesto por Gonz&aacute;lez Ulloa se considere una invenci&oacute;n. El abogado &Oacute;scar Lizarazo, profesor de la Universidad Nacional de Colombia, cree que la probabilidad de que se apruebe en Colombia &ldquo;no es muy alta&rdquo;, aunque no lo descarta. &ldquo;Desde 2011, la oficina de patentes es m&aacute;s laxa, antes de ese a&ntilde;o se conced&iacute;a el 23% de las solicitudes, ahora, el 49%. Adem&aacute;s, desde 2012 Colombia tiene un acuerdo con Estados Unidos, con el que, bajo ciertas condiciones, permiten &lsquo;homologar&rsquo; examen de patentes hechos en otros pa&iacute;ses&rdquo; dijo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De aprobarse la patente, los paneleros podr&iacute;an ampararse en una<a href="https://propiedadintelectual.unal.edu.co/fileadmin/recursos/innovacion/docs/normatividad_pi/decision486_2000.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> norma de &ldquo;Uso anterior</a>&rdquo; que les permitir&iacute;a continuar produciendo sin pagar regal&iacute;as al titular de esta. Esa situaci&oacute;n, dice Lizarazo, les puede &ldquo;generar inseguridad jur&iacute;dica, adem&aacute;s de costes legales y desgaste&rdquo;. Tambi&eacute;n falta por ver qu&eacute; suceder&aacute; en los pa&iacute;ses europeos. Fedepanela ha presentado observaciones de terceros en la Oficina Europea de Patentes (EPO) para impedir que salga adelante la patente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay riesgo real de que salga adelante, pero ser&aacute; porque hacen trampa&rdquo;, sostiene &Oacute;scar Guti&eacute;rrez, que tiene claro que &ldquo;el objetivo es que los ingenios puedan entrar en un terreno que tienen vedado&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Gonz&aacute;lez Ulloa es nieto del fundador de Riopaila, uno de los mayores ingenios del pa&iacute;s, y ha formado por parte de su junta directiva. No obstante, la empresa Riopaila-Castilla se ha desmarcado de la iniciativa de patentar la panela. Asoca&ntilde;a, que agrupa al sector de los empresarios azucareros, tambi&eacute;n se ha distanciado de esta actuaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Los productores de panela son esc&eacute;pticos ante este posicionamiento p&uacute;blico y piensan que un gran ingenio azucarero est&aacute; detr&aacute;s de la pol&eacute;mica patente.  &ldquo;Los ingenios siempre quisieron entrar en la panela, y en el &uacute;ltimo a&ntilde;o han visto que ha tenido un buen precio&rdquo;, dice Chagu. Seg&uacute;n Fedepanela, la exportaci&oacute;n de panela colombiana aument&oacute; m&aacute;s de un 100% entre 2015 y 2019. &ldquo;Tengo la completa seguridad de que los ingenios est&aacute;n detr&aacute;s de esta patente&rdquo;, sostiene. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un caso de &ldquo;cognopirater&iacute;a&rdquo;&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;No se puede patentar un m&eacute;todo que forma parte del patrimonio cultural y productivo de los paneleros colombianos&rdquo;, <a href="https://fedepanela.org.co/gremio/fedepanela-continua-su-ferrea-oposicion-a-la-patente-de-un-metodo-similar-al-de-la-elaboracion-de-la-panela/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">apunta Fedepanela</a>. El caso parece responder a lo que la antrop&oacute;loga Elizabel Reichel-Dolmatoff ha llamado &ldquo;cognopirater&iacute;a&rdquo; para referirse a la apropiaci&oacute;n indebida de saberes y conocimientos. Como reflexiona el profesor Lizarazo, &ldquo;se trata de una patente de cuestionable altura inventiva, un tanto obvia y poco novedosa, y no es un caso aislado. Los sistemas de patentes atraviesan crisis, desequilibrios, y en ocasiones sobreprotegen a productos que, en vez de estimular la innovaci&oacute;n genuina, bloquean, retrasando o disminuyen la competencia, como ocurre con algunos medicamentos y vacunas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mientras se resuelve el caso, los peque&ntilde;os productores paneleros siguen alerta en Colombia. En ese pa&iacute;s, la poblaci&oacute;n campesina todav&iacute;a es fuerte, numerosa y orgullosa de producir alimentos. Es uno de los lugares del mundo donde los l&iacute;deres comunitarios y los defensores&nbsp; de los territorios y sus formas tradicionales de vida se exponen a mayores niveles de violencia frente al avance del agronegocio y otras actividades extractivas . Durante la pandemia y el gobierno de Iv&aacute;n Duque, <a href="https://www.revistaamazonas.com/2021/01/27/siguen-las-masacres-amenazas-paramilitares-en-el-caribe-colombiano/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esa violencia se ha recrudecido</a>. La Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos inform&oacute; que en el 2020 ocurrieron 66 masacres con 255 muertes, el doble en comparaci&oacute;n con el 2019.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La pelea no es de ahora. Desde hace tiempo, el gran capital y los ingenios se han querido apoderar de la panela, pero siempre ha habido resistencia, paros campesinos y unidad para frenarlos. El gremio tiene respaldo social, pero el problema es confiarnos. Por eso pedimos solidaridad internacional para dar a conocer esta injusticia&rdquo;, dice Herney Chagu.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/patente-panela-levanta-polemica-productores-colombia_1_7310021.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Mar 2021 21:51:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una patente registrada en EEUU desata las alarmas entre los pequeños productores de panela en Colombia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,Patentes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Explotación laboral y daños a la salud: la realidad tras las rosas colombianas que se regalan en San Valentín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/esconde-flores-regalas-san-valentin_1_1131851.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7314774f-e7d2-4f7a-a3aa-038eb6ee1b09_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Explotación laboral y daños a la salud: la realidad tras las rosas colombianas que se regalan en San Valentín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 10% de las flores que se venden en España provienen de Colombia, productor mundial de rosas en condiciones de explotación y con graves consecuencias para el medio ambiente</p></div><p class="article-text">
        A nadie sorprender&aacute; saber que <a href="https://forbes.es/up-down/48142/san-valentin-la-venta-de-flores-online-se-multiplica-por-20/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la venta de flores se dispara</a> entre los d&iacute;as 11 y 14 de febrero o que las ventas de ramos por Internet se multiplican por 20. El D&iacute;a de los Enamorados concentra alrededor del 8% del total del negocio anual de la florister&iacute;a espa&ntilde;ola. El d&iacute;a de Sant Jordi es otro pico del consumo de un bien que, pese al simbolismo que lo asocia al amor y las muestras de afecto, genera un reguero de consecuencias socioambientales semejante a cualquier otro oficio del modelo del agronegocio orientado a la exportaci&oacute;n masiva.
    </p><p class="article-text">
        De Colombia, el segundo pa&iacute;s exportador de flores a nivel internacional, proceden alrededor del 10% de las flores que llegan a Espa&ntilde;a, y que suponen un jugoso negocio de 106 millones de euros anuales. La floricultura ocupa en ese pa&iacute;s 6.700 hect&aacute;reas, de las un 73% se ubican en la Sabana cercana a Bogot&aacute;, en el departamento de Cundinamarca. Los defensores del sector subrayan que da empleo a unas 130.000 personas, en su mayor parte mujeres; pero la industria de las flores supone tambi&eacute;n sobreexplotaci&oacute;n laboral, da&ntilde;os a la salud de las trabajadoras y graves consecuencias ambientales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El impacto es bien complicado. Sacan el agua del r&iacute;o, del humedal, de lo que haya, para la industria floricultora; y eso va apocando el agua para los cultivos de papa, zanahoria, del agro; entonces, eso es muy perjudicial para la Sabana, y tambi&eacute;n para la poblaci&oacute;n&rdquo;, resume Mar&iacute;a (nombre ficticio), una trabajadora del sector.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <a href="http://omal.info/spip.php?article8835#nb1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el estudio h&iacute;drico de la entidad estatal Ingeominas</a>, el sector flor&iacute;cola consume unos 54,8 millones de metros cuadrados de agua por a&ntilde;o, frente a los 10,7 millones que abastecen para el consumo humano a los tres municipios que concentran la producci&oacute;n de flores: Funza, Madrid y Subachoque. As&iacute;, la industria agroexportadora de flores compite directamente con la producci&oacute;n de alimentos, y pone en riesgo la soberan&iacute;a alimentaria en la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a conoce de primera mano los impactos sobre la salud de quienes trabajan en los invernaderos: &ldquo;Los agroqu&iacute;micos causan intoxicaciones y, a largo plazo, afectan a los pulmones, provocan hongos y enfermedades dermatol&oacute;gicas, en funci&oacute;n del contacto que uno tenga con esos qu&iacute;micos&rdquo;. Como sucede con cualquier oficio del agronegocio, la floricultura requiere el empleo masivo de productos qu&iacute;micos (plaguicidas, fumigantes y fertilizantes) vendidos por grandes transnacionales como Syngenta o Bayer, las mismas que controlan la fase de distribuci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El uso y abuso de agrot&oacute;xicos gener&oacute; una intoxicaci&oacute;n masiva en la empresa Aposentos en 2003, cuando 374 trabajadoras y trabajadores tuvieron que ser llevados al hospital por ingerir sustancias t&oacute;xicas. Despu&eacute;s de aquello, y en gran parte gracias a la presi&oacute;n de consumidores en pa&iacute;ses europeos y en los Estados Unidos, algunas sustancias t&oacute;xicas dejaron de utilizarse; pero se sustituyeron por otras que no han sido testadas y las medidas de seguridad laboral no son fiscalizadas.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo en los invernaderos tambi&eacute;n genera enfermedades asociadas a los movimientos repetitivos, en posiciones inc&oacute;modas y sometidas a altas temperaturas. &ldquo;Las cortadoras de flores sufren dolencias como el s&iacute;ndrome del t&uacute;nel carpiano, el espol&oacute;n calc&aacute;neo y el manguito rotador. Tambi&eacute;n hay enfermedades psicol&oacute;gicas porque el hecho de estar tan presionado, a la gente le estresa, y a veces sufren depresi&oacute;n&rdquo;, explica Mar&iacute;a. En los picos de demanda, las operarias se ven forzadas a realizar jornadas por encima de las doce e incluso las quince horas diarias, y cortar 400 flores por hora, lo que requiere un ritmo de trabajo fren&eacute;tico. La consecuencia l&oacute;gica de realizar un movimiento tan repetitivo durante 12, 14 o 16 horas diarias es la p&eacute;rdida de movilidad y fuerza en la mano.
    </p><p class="article-text">
        Esto tiene que ver con la aguda estacionalidad del negocio, que se concentra en fechas se&ntilde;aladas como San Valent&iacute;n y Sant Jordi. Dar cuenta de esa demanda implica someter a una gran presi&oacute;n a las trabajadoras; y son otras trabajadoras, las supervisoras, las que deben asegurarse de que se alcanza ese rendimiento: &ldquo;Uno generalmente anda presionando a la persona para que cumpla con las labores semanales, diarias, por horas; eso de cansar a la gente hace que la gente se enferme de estr&eacute;s y de depresi&oacute;n&rdquo;, afirma Mar&iacute;a. &ldquo;Esa es la labor de un supervisor, revisar que el trabajo est&aacute; bien hecho y exigir que se cumpla con el trabajo&rdquo;, matiza In&eacute;s, que tambi&eacute;n prefiere ocultar su identidad; ella trabaja desde hace dos d&eacute;cadas como supervisora en los invernaderos de la Sabana de Bogot&aacute;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Funciona como una maquila&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Una entraba a las seis de la ma&ntilde;ana pero no sab&iacute;a cu&aacute;ndo iba a salir&rdquo;, as&iacute; que llega un momento en que &ldquo;ya los oficios de la casa se atrasan un poco m&aacute;s, ya uno descuida un poquito m&aacute;s a los hijos&rdquo;, cuenta una trabajadora entrevistada para el informe <a href="http://omal.info/spip.php?article6564" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Las mujeres en la industria colombiana de las flores</em></a>, del Observatorio de Multinacionales en Am&eacute;rica Latina (OMAL).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La industria funciona como una maquila: se trate del textil, de nuevas tecnolog&iacute;as o de las flores, la l&oacute;gica es la misma: producir al m&aacute;ximo con el menor coste posible; y eso lleva a niveles tremendos de explotaci&oacute;n&rdquo;, afirma Erika Gonz&aacute;lez, autora del citado informe. Adem&aacute;s, a&ntilde;ade la investigadora, &ldquo;se tiende a la subcontrataci&oacute;n para evitar toda responsabilidad; o, si se hace contrato, es cada vez m&aacute;s precario; entre otras consecuencias, esto deja a muchas trabajadoras por fuera del acceso a una jubilaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como en toda maquila, el trabajo est&aacute; feminizado. Ellas cultivan, recogen, cortan las flores y hacen los ramos, mientras los hombres son empleados en tareas mejor pagadas, como el mantenimiento de infraestructuras. &ldquo;Emplear a mujeres asegura el empresario mayores niveles de explotaci&oacute;n: la mayor parte son mujeres cabeza de hogar, es decir, de sus ingresos depende el sostenimiento de sus familias, y eso les genera una dependencia muy alta de estos empleos&rdquo;, asegura Gonz&aacute;lez.
    </p><p class="article-text">
        Y a&ntilde;ade otro factor que perpet&uacute;a un sistema de explotaci&oacute;n en el que se tocan la esfera del trabajo formal y la del trabajo reproductivo: &ldquo;Este tipo de trabajo, con jornadas extens&iacute;simas y que adem&aacute;s no saben cu&aacute;ndo van a salir, provoca mucha angustia a estas mujeres, que no pueden hacerse cargo de las tareas de cuidado y crianza; las que quedan a cargo de los hijos suelen ser las hijas mayores, que muchas veces se ven obligadas a dejar de estudiar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quienes deciden organizarse para reivindicar mejoras laborales, se exponen a pagar un alto precio. Desde que comenz&oacute; 2020 y hasta el 5 de febrero, 28 l&iacute;deres sociales han sido asesinados en un pa&iacute;s que cada a&ntilde;o se encuentra entre los m&aacute;s peligrosos para defensores de la tierra, sindicalistas y periodistas.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, quienes conocen desde dentro el sector flor&iacute;cola en Colombia no celebran el d&iacute;a de San Valent&iacute;n: en su lugar, el 14 de febrero conmemoran el D&iacute;a Internacional de las Trabajadoras y Trabajadores de las Flores, en el que reivindican formas de vida m&aacute;s justas y sustentables para ellas y para sus territorios. &ldquo;Debemos visibilizar que, si compras un ramo de rosas, por hablar de un producto que viene en gran parte de Colombia, esas rosas llevan una parte de agua que no pudo usarse para producir alimentos, de agroqu&iacute;micos que afectaron la salud de la mujer que las cultiv&oacute;; de sobreexplotaci&oacute;n laboral. Tal vez despu&eacute;s de saber todo esto, podamos pensar alternativas para mostrar afecto, cari&ntilde;o o lo que se quiera mostrar ese d&iacute;a&rdquo;, reflexiona Erika Gonz&aacute;lez.
    </p><p class="article-text">
        En la campa&ntilde;a <a href="https://traslasflores.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tras las flores</a>, que en 2019 promovieron las y los activistas de la Sabana de Bogot&aacute;, ped&iacute;an a los consumidores &ldquo;buscar otras formas de celebraci&oacute;n que sean sostenibles, tanto con el entorno como con las personas, para evitar perpetuar las l&oacute;gicas de desigualdad&rdquo;. As&iacute; lo resume Gonz&aacute;lez: &ldquo;Debemos interesarnos por qui&eacute;n y c&oacute;mo se produce algo; y despu&eacute;s, vemos si seguimos pensando que regalar rosas por San Valent&iacute;n es una buena idea&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/esconde-flores-regalas-san-valentin_1_1131851.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Feb 2020 20:43:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Explotación laboral y daños a la salud: la realidad tras las rosas colombianas que se regalan en San Valentín]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[San Valentín,Colombia,Explotación laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Soja, azúcar, palma: los monocultivos que reescribieron las normas del juego]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/soja-azucar-monocultivos-reescribieron-normas_1_1053568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2f2a502-5246-4136-b7ee-d9f09ac949b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Soja, azúcar, palma: los monocultivos que reescribieron las normas del juego"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto editorial de 'Los monocultivos que conquistaron el mundo', que analiza los impactos socioambientales de la caña de azúcar, la soja y la palma aceitera</p><p class="subtitle">ESPECIAL | La tierra esclava: así se planta en países pobres para consumir en ricos</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a el fil&oacute;sofo Karl Polanyi que el hombre y la mujer de la modernidad se acostumbraron a aceptar, casi como un hecho natural, que la abundancia material llegara de la mano de la pobreza. Que la opulencia conviva con el hambre. El capitalismo del siglo XXI condena al hambre a pa&iacute;ses enteros mientras que la otra mitad de la humanidad convive con la epidemia de obesidad y diabetes; al mismo tiempo, se sigue repitiendo, como un mantra, que el modelo agroindustrial es inevitable y que es nuestra &uacute;nica baza contra el hambre.
    </p><p class="article-text">
        Medio siglo despu&eacute;s de que la Revoluci&oacute;n verde entrase en los campos, 821 millones de personas, una de cada nueve, sufren hambre, y esa cifra sigue creciendo, pese a que la tierra podr&aacute; alimentar a los 9.100 millones de seres humanos que, seg&uacute;n la FAO, poblar&aacute;n la tierra en 2050, con solo evitar que se desperdicie, como ahora sucede, un tercio de la comida que se produce.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, al igual que hace 60 a&ntilde;os, el loable objetivo de acabar con el hambre sigue siendo el argumento legitimador del modelo agroindustrial, a pesar de que la realidad demuestre que, m&aacute;s bien al contrario, la expansi&oacute;n de la frontera del agronegocio supone la expulsi&oacute;n de los campesinos y la p&eacute;rdida de soberan&iacute;a alimentaria para las comunidades locales. Seg&uacute;n un estudio de ETC Group de 2017, la red campesina provee un 70 por 100 de los alimentos que se producen en el mundo, a pesar de contar s&oacute;lo con el 25 por 100 de los recursos. Los campesinos son, tambi&eacute;n, quienes garantizan la biodiversidad: si la cadena alimentaria industrial se enfoca en apenas una docena de cultivos y cien variedades de ganado, los campesinos cr&iacute;an ocho mil variedades de ganado y han aportado m&aacute;s de 1,9 millones de variedades vegetales a los bancos gen&eacute;ticos del planeta.
    </p><p class="article-text">
        En contraste, la l&oacute;gica de la agricultura industrial ha reducido r&aacute;pidamente el n&uacute;mero de especies que cultivamos y comemos, hasta el punto de que el 90 por 100 de las calor&iacute;as que se consumen actualmente a nivel mundial proceden de apenas una treintena de variedades.
    </p><p class="article-text">
        Pero los monocultivos de una sola variedad dejan campos enteros inermes frente a las plagas; para evitarlas, se hacen cada d&iacute;a m&aacute;s necesarios pesticidas y herbicidas cada vez m&aacute;s potentes, que acaban con los microbios, pero que tambi&eacute;n tienen efectos perjudiciales en la poblaci&oacute;n humana. Y, si la toxicidad de los alimentos que consumimos es cada vez m&aacute;s preocupante, no lo es menos la p&eacute;rdida de biodiversidad de las especies, que hace a los seres humanos cada vez m&aacute;s vulnerables y pone en entredicho la soberan&iacute;a alimentaria. En muchas regiones del mundo, la privatizaci&oacute;n de las semillas y las patentes es un debate candente y, para las comunidades campesinas, una batalla definitiva contra un sistema econ&oacute;mico que las condena a la marginalidad.
    </p><p class="article-text">
        Y dentro de esta l&oacute;gica, la soja, la ca&ntilde;a y la palma son, en el siglo XXI, tres monocultivos que han transformado el mundo. Si la ca&ntilde;a de az&uacute;car es el m&aacute;s antiguo de esos &ldquo;monarcas agr&iacute;colas&rdquo; a los que se refer&iacute;a Eduardo Galeano en Las venas abiertas de Am&eacute;rica Latina, la palma y la soja han tenido una expansi&oacute;n mucho m&aacute;s reciente.
    </p><p class="article-text">
        En los tres casos, se trata de monocultivos industriales que no est&aacute;n destinados primariamente al cultivo de alimentos, sino a la producci&oacute;n de biomasa que se destina a usos diversos: desde el sector agroalimentario, que vende productos comestibles antes que alimentos saludables, hasta la industria cosm&eacute;tica, pasando por la elaboraci&oacute;n de agrocombustibles. En nuestro libro, apuntamos cuestiones que son transversales a este modelo agroindustrial: los impactos para nuestra salud del consumo de productos ultraprocesados, las certificaciones de sostenibilidad y los riesgos que implican los agrot&oacute;xicos.
    </p><p class="article-text">
        De lo que estamos hablando es de la existencia de dos modelos de desarrollo en disputa: de un lado, la agricultura campesina y otras iniciativas m&aacute;s recientes que proponen un uso sostenible de la tierra para la producci&oacute;n de alimentos saludables y culturalmente adecuados; tales experiencias pueden agruparse en torno a la idea de soberan&iacute;a alimentaria. Del otro lado, los monocultivos orientados a la exportaci&oacute;n a cambio de divisas, que no producen alimentos para la poblaci&oacute;n local, sino ganancias que acaparan los grandes terratenientes y las multinacionales del sector agroalimentario y biotecnol&oacute;gico que, como veremos, est&aacute;n concentradas en cada vez menos manos.
    </p><p class="article-text">
        Esas pocas manos son las que toman las decisiones respecto a qu&eacute; comemos, en qu&eacute; condiciones se produce y qui&eacute;nes son los ganadores y perdedores del modelo. Si quienes m&aacute;s pierden a d&iacute;a de hoy son las comunidades ind&iacute;genas, negras y campesinas, a las que se les arrebatan sus tierras y, con ello, la posibilidad de mantener sus formas de vida ancestrales, a largo plazo la gran perdedora es la especie humana en su conjunto, pues el modelo del agronegocio basado en el monocultivo se est&aacute; cobrando un alto costo en forma de p&eacute;rdida de biodiversidad y contaminaci&oacute;n de las fuentes de vida de las que depende nuestra existencia, como el agua dulce y la fertilidad del suelo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro, Aurora Moreno, Laura Villadiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/soja-azucar-monocultivos-reescribieron-normas_1_1053568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Feb 2020 19:31:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Soja, azúcar, palma: los monocultivos que reescribieron las normas del juego]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Agricultura,Cultivos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Colombia a Indonesia: estas mujeres están en pie contra el aceite de palma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mujeres-defienden-territorio-frente-aceite_1_2902355.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76188ff2-4542-4070-898f-d77c6775af45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Colombia a Indonesia: estas mujeres están en pie contra el aceite de palma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las historias de tres mujeres que desde Camerún, Colombia e Indonesia defienden su territorio de los cultivos de palma aceitera</p><p class="subtitle">"Las plantaciones se han instalado en zonas donde ya vivían y trabajaban las mujeres, lo que supone una pérdida total de sus ingresos", dice Marie, activista de Camerún</p><p class="subtitle">"La palma genera un modelo que multiplica el hambre, las frustraciones y los abusos de todo tipo"</p></div><p class="article-text">
        Farwiza Farhan se deja la piel para preservar los bosques de orangutanes y elefantes de Indonesia. A miles de kil&oacute;metros, en Camer&uacute;n, un grupo de mujeres recibe el apoyo de Marie Crescence Ngobo para poder ganarse la vida de nuevo. Catalina no puede decir su nombre real, por el miedo a las represalias que supone defender la tierra en algunas zonas de Colombia. A todas les une su lucha contra el aceite de palma.
    </p><p class="article-text">
        Todas son mujeres, activistas y con su labor combaten los abusos que esconden las plantaciones industriales de palma aceitera, que arrasa con la biodiversidad de los ecosistemas tropicales y con las econom&iacute;as tradicionales de sus pueblos.
    </p><h3 class="article-text">Farwiza, la guardiana de los bosques indonesios</h3><p class="article-text">
        Farwiza Farhan siempre quiso volver al sitio donde se hab&iacute;a enamorado del mar. Nacida en Aceh, la provincia m&aacute;s occidental de Indonesia, su familia se mud&oacute; debido al conflicto separatista en la regi&oacute;n y se instal&oacute; en la jungla de hormig&oacute;n de Jakarta, la capital del pa&iacute;s. La guerra termin&oacute; en 2005 y ella, como tantos otros, aprovech&oacute; la oportunidad para volver cuando termin&oacute; sus estudios en Biolog&iacute;a Marina en 2011.
    </p><p class="article-text">
        Pero la paz para los acehneces trajo la guerra contra los bosques de la regi&oacute;n, amenazados por<a href="http://www.eldiario.es/desalambre/aceite-palma-discriminacion-contaminacion-Indonesia_0_586542344.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> la r&aacute;pida expansi&oacute;n de las plantaciones de palma de aceite.</a> El m&aacute;s atacado fue el ecosistema Leuser, uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta donde viven especies &uacute;nicas como los orangutanes o los elefantes de Sumatra.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &ldquo;Yo no sab&iacute;a nada sobre Leuser antes de empezar a trabajar en su protecci&oacute;n pero me di cuenta de lo importante que era preservarlo&rdquo;, asegura en una conversaci&oacute;n con eldiario.es. Entonces, comenz&oacute; una lucha que la ha llevado a sentarse en un helic&oacute;ptero junto a Leonardo DiCaprio, en el documental <a href="https://www.youtube.com/watch?v=IEqBduQIx-Q" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Before the flood</a>, que el actor dirigi&oacute; para alertar acerca del cambio clim&aacute;tico y c&oacute;mo lo acelera la palma.
    </p><p class="article-text">
        Aunque su lucha est&aacute; &iacute;ntimamente ligada a los bosques, pasa menos tiempo en ellos de lo que le gustar&iacute;a. &ldquo;No es realmente como lo hab&iacute;a imaginado. Paso mucho tiempo entre papeles de leyes y demandas en tribunales&rdquo;, afirma la bi&oacute;loga y activista. Ha estado detr&aacute;s de varios procesos judiciales para preservar los bosques de Sumatra, el &uacute;ltimo de ellos una demanda contra el gobierno regional de Aceh por su plan de desarrollo que prev&eacute; la deforestaci&oacute;n de buena parte de Leuser.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aunque perdimos, supuso un cambio en las reglas del juego: los habitantes de Aceh se dieron cuenta de que pod&iacute;an pedir que se protegieran sus derechos sin recibir represalias&rdquo;, explica. En Indonesia, ser una mujer activista no siempre es f&aacute;cil. &ldquo;Es a menudo un desaf&iacute;o doble o incluso triple&rdquo;, afirma Farhan. &ldquo;Como mujeres, no nos animan a que tengamos sue&ntilde;os&rdquo;. &iquest;Y cu&aacute;l es su sue&ntilde;o? &ldquo;Que el ecosistema Leuser sea preservado para siempre&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Marie (Camer&uacute;n): &ldquo;Las mujeres son las m&aacute;s afectadas&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Al contrario que en otros lugares del mundo, donde el aceite extra&iacute;do del fruto palma comenz&oacute; a conocerse con la llegada de las grandes explotaciones industriales, en &Aacute;frica Occidental no solo ha sido durante siglos la base de las comidas tradicionales, sino que se usaba para elaborar aceites, jabones y otros productos b&aacute;sicos en la vida de las comunidades locales.
    </p><p class="article-text">
        En Camer&uacute;n, a&uacute;n hoy, en cruces de caminos o en mercados informales, no es raro encontrarse con vendedoras de este sabroso aceite de tono rojizo al alcance de las mujeres para la alimentaci&oacute;n de sus familias y la generaci&oacute;n de ingresos. Pero, con la expansi&oacute;n cada vez mayor de las tierras dedicadas a la producci&oacute;n industrial de la palma aceitera, son muchas las familias que ya no pueden acceder a su fruto.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n llev&oacute; a la ingeniera Marie Crescence Ngobo a dar un paso al frente y liderar la lucha por la soberan&iacute;a alimentaria de las principales afectadas por la expansi&oacute;n de las plantaciones de palma en el pa&iacute;s: las mujeres. 
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        &ldquo;Las plantaciones se han instalado en zonas donde ya viv&iacute;an y trabajaban las mujeres, lo que supone una p&eacute;rdida total de sus ingresos. No desaparece solo el &aacute;rbol de la palma, sino tambi&eacute;n otros recursos que daba el bosque: madera, &aacute;rboles medicinales, biodiversidad...&rdquo;, resume Ngobo, coordinadora de la Red de Actores de Desarrollo Sostenible en Camer&uacute;n (RADD). 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, al haber menos tierra disponible para la agricultura local, los precios suben en el mercado y se convierte, a su juicio, en &ldquo;un modelo que multiplica el hambre, las frustraciones y los abusos de todo tipo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Estos abusos, explica, van desde la persecuci&oacute;n a la que son sometidas cuando producen y venden su propio aceite de palma, a delitos m&aacute;s graves como las agresiones, f&iacute;sicas o sexuales, dentro de las propias plantaciones del monocultivo. En este momento participan en <a href="https://wrm.org.uy/fr/actions-et-campagnes/petition-que-cessent-toutes-sortes-dabus-sur-les-femmes-autour-de-grandes-plantations-de-monoculture-darbres/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una campa&ntilde;a para pedir a la comunidad internacional</a> que cese esta violencia contra las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Ngobo es una firme defensora del trabajo en red. Hace dos a&ntilde;os, se unieron a otras organizaciones en la localidad de Mundemba para luchar contra la adquisici&oacute;n masiva de tierras. Tambi&eacute;n ofrece herramientas a las campesinas para devolver el valor y promocionar sus propios productos, y promover as&iacute; una agricultura local y sostenible que permita a las mujeres volver a generar sus propios ingresos.
    </p><h3 class="article-text">Catalina (Colombia): defender la tierra entre amenazas</h3><p class="article-text">
        A diferencia de Camer&uacute;n, en Colombia el corozo (el fruto de la palma) &ldquo;no se come&rdquo;, dice Catalina. Con su activismo, defiende que la tierra sirva para producir alimentos tradicionales de su zona, los Montes de Mar&iacute;a, y no para exportar palma. 
    </p><p class="article-text">
        Esta mujer no revela su identidad porque, si bien la violencia paramilitar ha dado una tregua en la regi&oacute;n, persisten las amenazas y este es uno de esos lugares de Colombia en los que defender el territorio, o simplemente una idea, puede suponer una sentencia de muerte.
    </p><p class="article-text">
        En Mar&iacute;alabaja, un municipio de la regi&oacute;n de Montes de Mar&iacute;a, las comunidades afrodescendientes, ind&iacute;genas y campesinas guardan en su memoria la historia del terror paramilitar, que perpetr&oacute; <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Plegaria-Salado_0_227827876.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">masacres como la de El Salado</a>, en el a&ntilde;o 2000, donde al menos 60 personas fueron asesinadas.
    </p><p class="article-text">
        Aterrorizada, la gente huy&oacute; masivamente, dejando atr&aacute;s sus tierras y sus casas. Cuando volvieron, todo aquel territorio, donde hasta entonces hab&iacute;a convivido el monocultivo de arroz con la agricultura campesina tradicional, era ahora una plantaci&oacute;n de palma de aceite. Y entonces comenz&oacute; la lucha por la supervivencia de la comunidad negra en Mar&iacute;alabaja.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta tierra era de abundancia. Todos los d&iacute;as sal&iacute;an camiones llenos de &ntilde;ame, de yuca, de frijol y frutas a Cartagena, incluso a Medell&iacute;n. Ahora ya no queda nada, porque la tierra la plantaron con palma y salen plagas, y porque el clima ha cambiado y ya no llueve cuando tiene que llover&rdquo;, lamenta Catalina.
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        Para ella, como para muchos de sus vecinos, la palma llev&oacute; el desastre a Mar&iacute;alabaja: acab&oacute; con la abundancia de comida y, sobre todo, contamin&oacute; <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Vivir-corriente-orilla-embalse-aceite_0_647435469.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el agua de la &uacute;nica represa a la que tienen acceso en el pueblo</a>. &ldquo;Est&aacute; contaminada por los agroqu&iacute;micos. Por eso todas las mujeres tienen infecciones vaginales; hay muchas enfermedades de la piel, principalmente en los ni&ntilde;os, y tambi&eacute;n enfermedades renales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Basta ba&ntilde;arse para sentir la picaz&oacute;n. Y la tarea cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil de conseguir agua para beber recae, literalmente, sobre las cabezas de las mujeres, que cargan los pesados barre&ntilde;os de agua que recogen de las zonas del embalse donde est&aacute; menos turbia.
    </p><p class="article-text">
        Catalina, con treinta y pocos a&ntilde;os y dos hijos, se ha convertido en una de las m&aacute;s reputadas referentes de esta comunidad de campesinos afrodescendientes. Su casa es un punto de encuentro al que llegan vecinos pidiendo ayuda para rellenar formularios para solicitar indemnizaciones, pues este pueblo ha sido reconocido como v&iacute;ctima del conflicto que durante 60 a&ntilde;os ha desangrado el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la activista asegura que estas ayudas son &ldquo;migajas&rdquo; que &ldquo;solo llegan a unos cuantos&rdquo; y &ldquo;hacen da&ntilde;o&rdquo; porque dividen a la comunidad e introducen casas de cemento y ladrillo en poblados donde hasta ahora predominaban materiales aut&oacute;ctonos como barro y &aacute;rboles, m&aacute;s ecol&oacute;gicos y frescos. 
    </p><p class="article-text">
        Catalina rechaza esta idea de progreso que menosprecia sus formas de vida ancestrales. Y quiere que su tierra vuelva a ser lo que fue antes de la llegada de la palma: la despensa de una regi&oacute;n entera. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro, Aurora Moreno A., Laura Villadiego]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mujeres-defienden-territorio-frente-aceite_1_2902355.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jan 2018 18:52:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Colombia a Indonesia: estas mujeres están en pie contra el aceite de palma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Aceite de palma]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las feministas argentinas denuncian un aumento de la represión estatal: "Es un modelo de cacería"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/feminista-tiempos-represion_1_3121781.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/51dc5166-00ff-4c89-afb5-a70058616c3e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las feministas argentinas denuncian un aumento de la represión estatal: &quot;Es un modelo de cacería&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El movimiento feminista argentino denuncia el incremento de la violencia contra el activismo social tras recibir el ataque de un grupo de hombres el pasado lunes en la provincia de Chaco</p><p class="subtitle">"Es una forma de producir terror, de disciplinar, para que algunas personas dejen de asistir a las marchas", explica Natalia Quiroga, economista feminista</p><p class="subtitle">La desaparición del activista Santiago Maldonado, cuyo cuerpo ha sido hallado esta semana, se ha convertido en el símbolo de la represión contra los movimientos sociales por parte del Gobierno de Mauricio Macri</p></div><p class="article-text">
        Algunas mujeres hablaban de &ldquo;cacer&iacute;a&rdquo;; otras, de &ldquo;caza de brujas&rdquo;. Era un inesperado y triste final para la 32&ordf; edici&oacute;n del Encuentro Nacional de Mujeres, que reuni&oacute; a m&aacute;s de 30.000 mujeres la capital de Chaco, provincia del norte argentino, y culmin&oacute; con una masiva marcha el pasado domingo. 
    </p><p class="article-text">
        El lunes, casi todas las mujeres hab&iacute;an vuelto ya, pero algunas decenas esperaban en la c&eacute;ntrica Plaza del 25 de Mayo, conversando y tomando mate, a que llegara el horario de su autob&uacute;s. Fue entonces cuando apareci&oacute; un grupo, reducido pero ruidoso, de hombres y mujeres que portaban una enorme bandera albiceleste y gritaban a las mujeres &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; se vayan!&rdquo; y &ldquo;No al aborto&rdquo;, entre otras consignas.
    </p><p class="article-text">
        Varios hombres, armados con palos y piedras, se abalanzaron sobre las mujeres sentadas en el c&eacute;sped de la plaza, forz&aacute;ndolas a huir, seg&uacute;n presenci&oacute; eldiario.es. &ldquo;Nos rodearon y nos amenazaban con tirarnos piedras, sin importarles que carg&aacute;bamos un beb&eacute;&rdquo;, relat&oacute; una de ellas a este medio. En el per&iacute;metro de la plaza, la polic&iacute;a observaba lo que ocurr&iacute;a, sin intervenir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto no es el Encuentro Nacional de Mujeres. El Encuentro es construcci&oacute;n, amor y lucha por derechos. Esta es la reacci&oacute;n cobarde y patriarcal ante la sensaci&oacute;n de que movemos sus estructuras&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; la periodista Poli Sabat&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.pagina12.com.ar/69829-una-caceria-organizada-politicamente" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El suceso</a> ven&iacute;a a empa&ntilde;ar un encuentro que hab&iacute;a rodado con relativa tranquilidad durante tres d&iacute;as, en un ambiente festivo que combin&oacute; talleres tem&aacute;ticos y actos culturales. Si bien hubo <a href="http://www.lanacion.com.ar/2072660-chaco-incidentes-en-el-32-encuentro-nacional-de-mujeres" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">disturbios</a> frente a la catedral la noche del domingo, al t&eacute;rmino de la concurrida marcha que atraves&oacute; la ciudad de Resistencia con consignas a favor de la despenalizaci&oacute;n del aborto y en repudio de la violencia machista, fueron incidentes aislados.
    </p><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n de las activistas es que el episodio vivido este lunes en Chaco se enmarca en un aumento de la represi&oacute;n del movimiento feminista. &ldquo;Desde el 8 de marzo estamos viendo un modelo de cacer&iacute;a en la forma represiva. Ese tipo de represi&oacute;n estatal habilita y promueve tambi&eacute;n un fascismo que hoy se concentra contra las mujeres&rdquo;, afirma Gago.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El ataque que sufrieron las mujeres en Chaco se encuentra encadenado al accionar violento y represivo de las fuerzas militares y parapoliciales en las manifestaciones de los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os. Es una forma de producir terror, de disciplinar, para que algunas personas dejen de asistir a las marchas. El Gobierno de Cambiemos [el partido de Mauricio Macri] ha criminalizado y estigmatizado la movilizaci&oacute;n social, y eso encuentra resonancia en sectores muy derechizados de la poblaci&oacute;n&rdquo;, sostiene la economista feminista y decolonial Natalia Quiroga.
    </p><p class="article-text">
        Este incremento de la criminalizaci&oacute;n del activismo denunciado por las activistas feministas se ha manifestado tambi&eacute;n, en su forma m&aacute;s extrema, en la desaparici&oacute;n del activista argentino Santiago  <a href="http://www.eldiario.es/internacional/conflicto-Argentina-recrudece-desaparicion-manifestante_0_674033132.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuando participaba en la protesta de una comunidad mapuche</a> que fue reprimida por la gendarmer&iacute;a argentina el pasado 1 de agosto. 
    </p><h3 class="article-text">Un &ldquo;d&eacute;j&agrave; vu del horror&rdquo; </h3><p class="article-text">
        &ldquo;D&eacute;j&agrave; vu del horror: por segundo a&ntilde;o seguido, despu&eacute;s de un encuentro nacional de mujeres estamos frente a un cad&aacute;ver atroz. Los cuerpos como textos de la violencia&rdquo;, escribe Ver&oacute;nica Gago. Hace un a&ntilde;o, las 90.000 mujeres que se reunieron en Rosario descubr&iacute;an horrorizadas que, mientras ellas celebraban su multitudinaria reuni&oacute;n anual, en Mar del Plata la joven Luc&iacute;a P&eacute;rez, a los 16 a&ntilde;os, fue violada, torturada y empalada hasta morir de dolor. Su caso conmocion&oacute; a miles de mujeres, que, <a href="http://www.eldiario.es/internacional/Argentina-luto-calles-mujeres-asesinadas_0_571492847.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vestidas de negro, salieron a las calles el 19 de octubre del a&ntilde;o pasado</a>.
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                </figure><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o despu&eacute;s,<a href="https://www.cronica.com.ar/policiales/Junta-Medica-determino-que-Lucia-Perez-no-fue-empalada-ni-violada-20170902-0012.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> el nuevo informe de la Suprema Corte bonaerense</a> afirma que no puede probarse que la adolescente fue sexualmente forzada y que podr&iacute;a haber fallecido por una congesti&oacute;n y edema pulmonar por causas 't&oacute;xicas'.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El caso de Luc&iacute;a muestra c&oacute;mo las mujeres, incluso despu&eacute;s de asesinadas de forma macabra, siguen siendo objeto de discusi&oacute;n; siguen teniendo que demostrar que fueron buenas mujeres, que no promovieron las circunstancias de su propio asesinato, mientras se invisibiliza al asesino&rdquo;, apunta Natalia Quiroga. &ldquo;As&iacute;, las mujeres son permanentemente revictimizadas&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Hace un a&ntilde;o, fue Luc&iacute;a. Esta vez, ha aparecido el cuerpo de Santiago Maldonado, visto con vida por &uacute;ltima vez en medio de la represi&oacute;n policial de un acto de resistencia del pueblo mapuche en la provincia patag&oacute;nica de Esquel, en defensa de sus tierras. Maldonado <a href="http://www.eldiario.es/internacional/Santiago-Maldonado-cuerpo-convertido-simbolo_0_698530889.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se ha convertido en el s&iacute;mbolo</a> del denunciado aumento de la represi&oacute;n contra los movimientos sociales desde la llegada de Macri a la Casa Rosada.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Volvemos a parar por Santiago Maldonado&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Como cada a&ntilde;o, el &uacute;ltimo d&iacute;a del encuentro se decidi&oacute; en Chaco el pr&oacute;ximo destino: Chubut, en la Patagonia, escenario de la desaparici&oacute;n del joven. Cerca de all&iacute;, en El Bols&oacute;n, Ni Una Menos y otros colectivos celebraron una asamblea bajo la consigna 'Nuestros cuerpos, nuestros territorios. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; Santiago Maldonado?'.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En esa regi&oacute;n se concentran emprendimientos inmobiliarios, tur&iacute;sticos y extractivos. La combinaci&oacute;n de estos negocios estructura desde hace a&ntilde;os el despojo de tierras en la zona y pone en evidencia la complicidad de las instituciones pol&iacute;ticas, judiciales y represivas en esta nueva fase de 'conquista del desierto', como se llam&oacute; la campa&ntilde;a militar a fines del siglo XIX que masacr&oacute; al pueblo mapuche&rdquo;, argumenta Ver&oacute;nica Gago.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La desaparici&oacute;n forzada de Santiago Maldonado es parte de este escenario. La inteligencia del movimiento feminista va conectando los modos distintos de las violencias sin dejar de preguntarse por qu&eacute; es el cuerpo de las mujeres, como cuerpo-territorio, el que aparece como bot&iacute;n de conquista y escenario predilecto para la crueldad&rdquo;, concluye Gago.
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        Todav&iacute;a conmocionado por la reacci&oacute;n mis&oacute;gina del pasado lunes, el movimiento de mujeres ya se prepara para el 33&ordm; Encuentro. &ldquo;Es clave profundizar los procesos asamblearios preparatorios a los encuentros de mujeres, porque para los sectores conservadores, la presencia de las mujeres es vista como una invasi&oacute;n. Tenemos que transmitir la importancia y necesidad de que las mujeres lleguen a este tipo de territorios, para conocer sus problem&aacute;ticas: es importante que la agenda nacional no opaque las agendas locales&rdquo;, explica Quiroga.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, a pocas horas de las elecciones legislativas del domingo, los movimientos sociales tratan de reaccionar a la incertidumbre y el horror que provoca la aparici&oacute;n del cad&aacute;ver en el r&iacute;o Chubut. Los argentinos vuelven a la plaza de Mayo, como ya hicieran las Abuelas y las Madres de Mayo.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; tambi&eacute;n ha estado este jueves el movimiento feminista, como afirma el comunicado de Ni Una Menos: &ldquo;Un cuerpo que aparece &ndash;otro&ndash; deber&iacute;a significar que la vida se detenga. Que el mundo todo se pare, deje de dar vueltas como si nada y nos podamos bajar. Frente a este cuerpo a&uacute;n sin nombre, contra la crueldad, la represi&oacute;n y la impunidad, paremos. A un a&ntilde;o del Paro nacional de mujeres, a un a&ntilde;o del femicidio de Luc&iacute;a P&eacute;rez, volvemos a parar por Santiago Maldonado, por nuestras hermanas mapuche expropiadas de sus tierras. Basta. Basta de seguir mientras nos tiran cad&aacute;veres a los r&iacute;os, a los basurales o directamente a ninguna parte&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/feminista-tiempos-represion_1_3121781.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Oct 2017 17:50:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las feministas argentinas denuncian un aumento de la represión estatal: "Es un modelo de cacería"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Argentina,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lucha por la tierra indígena, cinco siglos después del 'descubrimiento' de América]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/conflicto-tierra-despues-descubrimiento-america_1_3136671.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c1262443-5ea8-49ca-9602-73ca373e2fe7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lucha por la tierra indígena, cinco siglos después del &#039;descubrimiento&#039; de América"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Parlamento de Navarra decidió sustituir el Día de la Fiesta Nacional por el Día de la Resistencia Indígena</p><p class="subtitle">En algunos países de Latinoamérica, se califica como "Día del Respeto a la Diversidad Cultural" (Argentina) o Día de la Descolonización (Bolivia)</p><p class="subtitle">Los derechos de la población indígena y su acceso a la tierra siguen siendo vulnerados en Latinoamérica</p></div><p class="article-text">
        El D&iacute;a de la Fiesta Nacional o D&iacute;a de la Hispanidad conmemora el &ldquo;descubrimiento de Am&eacute;rica&rdquo; por Crist&oacute;bal Col&oacute;n en 1492. Pero tras esa palabra, &ldquo;descubrimiento&rdquo;, y la consiguiente sucesi&oacute;n de festividades, desfiles y banderas rojigualdas,&nbsp;son muchas las voces que recuerdan&nbsp;la conquista de todo un continente, habitado de norte a sur por pueblos de enorme diversidad cultural. Cinco siglos despu&eacute;s, la lucha por la tierra de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena contin&uacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En Latinoam&eacute;rica,&nbsp;la denominaci&oacute;n m&aacute;s com&uacute;n del 12 de octubre era &ldquo;D&iacute;a de la Raza&rdquo;, nombre elegido por&nbsp;Espa&ntilde;a en 1914, cuando se oficializ&oacute; la creaci&oacute;n de una festividad que &ldquo;uniese Espa&ntilde;a e Iberoam&eacute;rica&rdquo;. No fue hasta 1958 cuando se sustituy&oacute; por el &ldquo;D&iacute;a de la Hispanidad&rdquo;, despu&eacute;s de que se empezase a cuestionar el nombre original por ser &ldquo;discriminatorio&rdquo; o &ldquo;impropio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En algunos pa&iacute;ses de Hispanoam&eacute;rica, como Colombia, El Salvador y Honduras todav&iacute;a se celebra el 12 de octubre como el D&iacute;a de la Raza.&nbsp;Argentina, la expresidenta Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner cambi&oacute; el nombre de la festividad por el D&iacute;a del Respeto a la Diversidad Cultural. En Bolivia se ha sustituido por &ldquo;D&iacute;a de la Descolonizaci&oacute;n&rdquo;. Ecuador opt&oacute; en por &ldquo;D&iacute;a de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, la pol&eacute;mica que gira alrededor del 12 de octubre&nbsp;se ha materializado este a&ntilde;o en <a href="http://www.eldiario.es/norte/navarra/ultima_hora/Parlamento-descubrimiento-America-Dia-indigenas_0_695380841.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la decisi&oacute;n del Parlamento de Navarra de bautizarlo bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;D&iacute;a de la Resistencia Ind&iacute;gena</a>&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, m&aacute;s all&aacute; de discursos y denominaciones, numerosos casos e informes demuestran que los pueblos ind&iacute;genas en Latinoam&eacute;rica siguen invisibilizados y sus derechos, vulnerados. Detr&aacute;s de buena parte de la lucha por la tierra actual, se encuentran los proyectos extractivos, que amenzan sus recursos ancestrales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La violencia siempre estuvo ah&iacute;, como algo naturalizado&rdquo;, sostiene F&eacute;lix D&iacute;az, qarash&eacute; o l&iacute;der electo por La Primavera, una comunidad de etnia Qom de unos 4.000 en Formosa, al norte de Argentina. &ldquo;Para nosotros, no se puede comprar un territorio: la tierra no puede ser privada, es comunal. &iquest;C&oacute;mo vamos a ser due&ntilde;os de los animales, de los bosques? La tierra para nosotros es la base no solo de nuestros recursos materiales, sino tambi&eacute;n culturales y espirituales. Sin la tierra, la comunidad se debilita; el pueblo termina muriendo&rdquo;, afirma D&iacute;az. Lo dicen los pueblos ind&iacute;genas a lo largo y ancho del continente: &ldquo;indio sin tierra no es indio&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">La &ldquo;gente de la tierra&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Si Maldonado fuera ind&iacute;gena, lo ignorar&iacute;an. F&iacute;jese en mi nieto Marcelino Olaire, desapareci&oacute; en noviembre del a&ntilde;o pasado en Formosa y nadie habla de eso&rdquo;, declar&oacute; D&iacute;az recientemente. Se refer&iacute;a a Santiago Maldonado, desaparecido el 1de mayo en la provincia patag&oacute;nica del Chubut, en medio de la represi&oacute;n de la Gendarmer&iacute;a Nacional a una comunidad mapuche. Ante la inacci&oacute;n del gobierno de Mauricio Macri, miles de personas sal&iacute;an a las calles preguntando: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Santiago Maldonado?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La desaparici&oacute;n de Maldonado visibiliz&oacute; el contexto de conflicto que viven las comunidades mapuche del sur de la Patagonia en la reclamaci&oacute;n de sus tierras ancestrales, en manos de grandes empresas como el grupo Roca o Benetton, que se dedica en la zona a la producci&oacute;n ganadera y de lana, as&iacute; como al monocultivo forestal.
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado de la cordillera andina, el pueblo mapuche tiene una larga historia de enfrentamiento con el Estado chileno. Mapuche significa en su lengua, el mapudungun, &ldquo;gente de la tierra&rdquo;; y su territorio, que llaman Walmapu, comenz&oacute; una vez en la frontera natural del r&iacute;o B&iacute;o B&iacute;o.
    </p><h3 class="article-text">De las plantaciones de Eucalipto a las represas</h3><p class="article-text">
        En el Alto B&iacute;o B&iacute;o, a unos 400 kil&oacute;metros al sur de Santiago de Chile, primero fueron las empresas forestales las que diezmaron los bosques nativos y los sustituyeron por plantaciones de eucalipto y pino; despu&eacute;s llegaron las represas: <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/represas-Endesa-conflictos-America-Latina_0_237626997.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Endesa</a>&nbsp;inaugur&oacute; la central de Pangue en 1996 y la de Ralco siete a&ntilde;os despu&eacute;s; hoy se proyectan varias decenas de centrales hidroel&eacute;ctricas m&aacute;s en la regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cada embalse supone el desplazamiento de comunidades que pierden su tierra y, con ello, sus fuentes de sustento; las comunidades han denunciado que, en algunos casos, no se les dan las compensaciones prometidas, o bien las tierras que reciben no cumplen los requisitos necesarios para seguir cultivando alimentos, por tratarse de tierras menos f&eacute;rtiles o sin acceso al agua.
    </p><p class="article-text">
        Si la tierra mapuche se fracciona, la comunidad tambi&eacute;n se divide, se debilita. Porque, para el pueblo mapuche, territorio es mucho m&aacute;s que un simple pedazo de tierra donde cultivar. El territorio es sagrado, es identidad, es sanaci&oacute;n, es el lugar donde habitan los ancestros. Desde la cosmovisi&oacute;n mapuche, las represas quiebran la armon&iacute;a entre las fuerzas de la naturaleza -las pu newen- de forma irreparable:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El r&iacute;o representa la pureza y la espiritualidad; le da a la tierra la generosidad de madre, que puede engendrar y reproducir. Afrentar al r&iacute;o de ese modo, romper su cauce, incide en la espiritualidad de nuestro pueblo, nos enferma, y solo nuestra medicina puede sanarnos, pero hoy la tierra donde crec&iacute;an esas plantas ha sido inundada&rdquo;, explica Kuntxema&ntilde;, l&iacute;der mapuche y m&eacute;dico que combina la medicina convencional cient&iacute;fica con los saberes tradicionales ind&iacute;genas.
    </p><h3 class="article-text">Proyectos hidroel&eacute;ctricos en plena selva amaz&oacute;nica</h3><p class="article-text">
        Las megarrepresas son, tambi&eacute;n, una de las principales causas del despojo de comunidades ind&iacute;genas amaz&oacute;nicas en Brasil. El caso emblem&aacute;tico es el de Xingu, un pol&eacute;mico proyecto hidrol&eacute;ctrico impulsado con determinaci&oacute;n por Lula da Silva y muy cuestionado por los impactos ambientales que supone, como la p&eacute;rdida de biodiversidad y deforestaci&oacute;n. El proyecto est&aacute; en manos del consorcio Norte Energ&iacute;a, que agrupa a empresas p&uacute;blicas y privadas.
    </p><p class="article-text">
        Las empresas defienden la energ&iacute;a hidroel&eacute;ctrica como fuente renovable y amigable con el medio ambiente; para las comunidades, la represa supone perder su medio de vida: &ldquo;Perdemos nuestra libertad y nuestro medio de vida&rdquo;, denunci&oacute; una de las afectadas a la relatora de la ONU para los derechos ind&iacute;genas, Victoria Tauli-Corpuz.
    </p><p class="article-text">
        En su visita a R&iacute;o Xing&uacute; el a&ntilde;o pasado, la relatora document&oacute; tambi&eacute;n que algunos hogares estaban recibiendo facturas de luz por 400 reales (m&aacute;s de 100 euros), mientras perd&iacute;an el acceso a su sustento, principalmente la pesca, para que se construya una central hidroel&eacute;ctrica con capacidad de 11.233 megavatios que ser&aacute; la tercera mayor del mundo, por detr&aacute;s de la china de Tres Gargantas y la brasile&ntilde;o-paraguaya de Itaip&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Son solo algunos casos, a los que se suman&nbsp;las luchas socioambientales contra la megaminer&iacute;a y la extracci&oacute;n petrol&iacute;fera en Per&uacute;, las resistencias contra la palma aceitera en la selva amaz&oacute;nica ecuatoriana... Hay cosas que, a fin de cuentas, no han cambiado tanto en 500 a&ntilde;os.
    </p><h3 class="article-text">Cuando defender el territorio cuesta la vida</h3><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        La otra cara del despojo de los pueblos ind&iacute;genas es el papel que, hoy como hace quinientos a&ntilde;os, representa Am&eacute;rica Latina como proveedor de materias primas baratas al Norte global. En los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, el continente ha asistido a un reforzamiento del modelo extractivista en la regi&oacute;n: es lo que la soci&oacute;loga argentina Maristella Svampa ha llamado el &ldquo;Consenso de los Commodities&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La ocupaci&oacute;n del territorio, sea para agroindustria, miner&iacute;a o el proyecto extractivo de que se trate, es violenta y necesita acciones violentas para establecerse. Esto tiene que ver con la mercantilizaci&oacute;n de la vida y de los recursos, con la expansi&oacute;n de las fronteras del capital hacia territorios ind&iacute;genas&rdquo;, afirma Esperanza Mart&iacute;nez, de la ONG ecuatoriana Acci&oacute;n Ecol&oacute;gica. En la misma l&iacute;nea, el economista ecuatoriano Alberto Acosta afirma que &ldquo;el extractivismo es en esencia violento: vive de sofocar la vida, de los seres humanos y de la naturaleza&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">El incumplimiento del Convenio 169 de la OIT</h3><p class="article-text">
        Muchos pa&iacute;ses latinoamericanos han firmado tratados internacionales por los que se comprometen a respetar los derechos de los pueblos ind&iacute;genas sobre sus tierras ancestrales, como el Convenio 169 de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo, que obliga a consultar a las comunidades ind&iacute;genas si est&aacute;n conformes con la entrada de proyectos que vayan a alterar sus territorios.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a menudo la legislaci&oacute;n no se cumple y la invisibilizaci&oacute;n de los pueblos ind&iacute;genas contribuye a la impunidad con la que se vulneran sus derechos. &ldquo;El Estado es racista y patriarcal. Todos y todas estamos atravesados y heridos por el racismo: nos ha dejado una sociedad profundamente da&ntilde;ada, herida y enferma&rdquo;, asevera Ana Cofi&ntilde;o, editora de la revista La Cuerda, para el caso de Guatemala, uno de los pa&iacute;ses con mayor porcentaje de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena del continente.
    </p><p class="article-text">
        Los pueblos, sin embargo, resisten, impulsan acciones como el corte de carreteras para visibilizar su situaci&oacute;n, tejen desde las comunidades. Se enfrentan por ello a amenazas, judicializaci&oacute;n y criminalizaci&oacute;n de las luchas -como en el caso de Chile, que ha aplicado la ley antiterrorista al pueblo mapuche- y, en &uacute;ltima instancia, a agresiones y asesinatos.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Global Witness, Am&eacute;rica Latina registra el 60% de las 200 muertes de activistas en defensa del territorio que fueron asesinados en 2016; los pueblos ind&iacute;genas son los m&aacute;s vulnerables. Hoy como hace quinientos a&ntilde;os, el conflicto es por la tierra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/conflicto-tierra-despues-descubrimiento-america_1_3136671.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Oct 2017 18:49:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La lucha por la tierra indígena, cinco siglos después del 'descubrimiento' de América]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indígenas,Día de la Hispanidad,Fiestas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tener sed por culpa de la caña de azúcar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/cana-azucar-seco-guatemala_1_3146652.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b15ab466-76c6-468a-9f63-b7b010a52fe0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tener sed por culpa de la caña de azúcar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la comunidad guatemalteca de Caserío de Jocotá, las plantaciones de caña azúcar están secando la laguna de la que dependen sus habitantes</p><p class="subtitle">La caña de azúcar requiere grandes cantidades de agua, para lo que los ingenios construyen enormes pozos industriales que dejan secos los pozos artesanales de las comunidades indígenas</p><p class="subtitle">"Queremos que se vayan", dicen varios líderes comunitarios que explican cómo les expulsaron de las tierras en las que cultivaban maíz, cuando el ingenio El Pilar se hizo con el suelo</p></div><p class="article-text">
        En el Caser&iacute;o de Jocot&aacute;, los habitantes dependen por completo de su laguna. Hasta donde les alcanza la memoria, les provey&oacute; agua limpia, alimento y, tambi&eacute;n, recreo y paisaje, pero todo cambi&oacute; hace tres a&ntilde;os: la ca&ntilde;a de az&uacute;car lleg&oacute; entonces a las cercan&iacute;as de esta aldea remota del departamento de Retalhuleu, en la Costa Sur de Guatemala. Las voces de alarma aparecieron cuando la comunidad percibi&oacute; que la laguna hab&iacute;a comenzado a secarse, como secos est&aacute;n ya los pozos artesanales de los que extra&iacute;an el agua para beber.
    </p><p class="article-text">
        Si algo se escucha conversando con las comunidades afectadas por el monocultivo de ca&ntilde;a es que esta planta&nbsp;provoca sed. La ca&ntilde;a de az&uacute;car requiere grandes cantidades de agua, para lo cual los ingenios construyen enormes pozos industriales que afectan a los acu&iacute;feros y dejan secos los peque&ntilde;os pozos artesanales de las comunidades ind&iacute;genas y campesinas afectadas. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, este monocultivo ha sido asociado con el cambio clim&aacute;tico -m&aacute;s calor y menos lluvias- y con la desertificaci&oacute;n del suelo. En la Costa Sur guatemalteca, es frecuente observar c&oacute;mo los r&iacute;os han sido desviados para dar cuenta de la demanda h&iacute;drica de las plantaciones, mientras se descuidaba todo lo dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las plantaciones de ca&ntilde;a&nbsp;ocupan el 10% de la tierra en el pa&iacute;s centroamericano, alimentando una industria que representa un nada desde&ntilde;able 3% del PIB.
    </p><p class="article-text">
        En Jocot&aacute;, la pobreza se siente en las ropas de sus habitantes, en las sencillas viviendas construidas a base de palos. Ellos no piden dinero, ellos exigen que&nbsp;no les roben el agua. Que les respeten su laguna, ese gran tesoro del que, hasta ahora, han sabido cuidar. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto que tenemos es un tesoro&rdquo;, dice Felipe uno de los l&iacute;deres comunitarios mirando la laguna. El nombre es ficticio, como el resto de los que aparecen en este reportaje, para proteger su identidad <a href="https://es.mongabay.com/2017/07/global-witness-defensores-ambiente-tierra-asesinados-2016/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en un pa&iacute;s donde defender el territorio coloca en riesgo la vida</a>. &Eacute;l lo sabe: &ldquo;S&eacute; que nos pueden desaparecer, pero prefiero que me maten a m&iacute; y vivan mis hijos&rdquo;, dice. Por eso han comenzado a recoger pruebas y han solicitado an&aacute;lisis de la calidad del agua de la laguna, que podr&iacute;a estar afectada por la contaminaci&oacute;n provocada por los agrot&oacute;xicos que se aplican a la ca&ntilde;a, como sugiere la aparici&oacute;n de peces muertos. 
    </p><p class="article-text">
        Su preocupaci&oacute;n es compartida por la de muchos miembros de la comunidad, que ven c&oacute;mo se degrada su modo de vida, sin que se les proponga alternativa alguna. &ldquo;Qu&eacute; ser&aacute; de nuestros hijos&rdquo;, repiten, y explican c&oacute;mo les sacaron de las tierras en las que cultivaban ma&iacute;z, cuando el ingenio&nbsp;El Pilar (Empresa Agropecuaria) se hizo con ese suelo que hasta entonces ellos arrendaban. Afectada la laguna, comienza a faltar tambi&eacute;n el abundante pescado que siempre les provey&oacute;: &ldquo;Antes ibas a pescar y en dos horas ten&iacute;as el jornal; hoy est&aacute;s el d&iacute;a entero y no sacas casi nada&rdquo;, arguye Felipe.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No queremos que nos den beneficios: queremos que se vayan&rdquo;, aseguran las mujeres de la comunidad.&nbsp;La empresa argumenta que<a href="http://webestrategy.com/portfolio/ingenio-el-pilar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> genera m&aacute;s de 4.500 empleos directos</a>, pero ninguno de ellos en el Caser&iacute;o Jocot&aacute;, donde la precariedad es tal que los vecinos no tienen ning&uacute;n documento legal, como exige el ingenio.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;No les dan trabajo si no se acuestan con el encargado&rdquo;</h3><p class="article-text">
        No les va mucho mejor a las comunidades donde el ingenio s&iacute; emplea a algunos trabajadores, como sucede en Conrado de la Cruz, departamento de Suchitepez. All&iacute;, denuncian, las jornadas de doce horas, bajo el dur&iacute;simo sol tropical del mediod&iacute;a, son remuneradas por debajo del salario m&iacute;nimo legal rural, establecido en 80 quetzales (algo menos de diez euros), y eso, solo si el empleado llega puntual y cumple con las tareas impuestas por el patr&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Dicen que cortar ca&ntilde;a es uno de los trabajos m&aacute;s duros que existen. A&uacute;n as&iacute;, trabajar en las plantaciones es un privilegio en comunidades donde el monocultivo es la &uacute;nica fuente de ingresos, y las formas tradicionales de vida han sido devastadas. Sin embargo, muchos ingenios escogen traer cuadrillas de trabajadores llegadas de otras regiones; adem&aacute;s, las comunidades denuncian que no quieren contratar a los mayores de 40 a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres, como siempre en Guatemala, se llevan la peor parte. &ldquo;Les pagan menos que a los hombres aunque hagan el mismo trabajo, y les tratan de una forma humillante. No tienen ni tiempo para comer&rdquo;, cuenta Avelina (nombre ficticio) en Conrado de la Cruz. &ldquo;No les dan trabajo si no se acuestan con el encargado&rdquo;, asegura. Su denuncia no ha llegado a ning&uacute;n juzgado, pero se repite en varias comunidades de diferentes regiones que tuvo oportunidad de recorrer esta reportera. A veces, el miedo y el hambre hacen tolerable lo intolerable. 
    </p><p class="article-text">
        Quienes antes vivieron con austeridad, pero con tranquilidad y cierta holgura, de la agricultura y la pesca tradicional, hoy se enfrentan a la miseria m&aacute;s absoluta. &ldquo;Qu&eacute; iremos a hacer, s&oacute;lo Dios sabe&rdquo;, concluye una anciana en Conrado de la Cruz. A su lado, una campesina increpa: &ldquo;&iexcl;S&oacute;lo lo de ellos vale! &iquest;Es que nosotros no valemos nada?&rdquo;
    </p><h3 class="article-text">Concentraci&oacute;n de la producci&oacute;n de la ca&ntilde;a&nbsp;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Agregamos valor a nuestros productos implementando las mejores pr&aacute;cticas internacionales en calidad e inocuidad, salud y seguridad ocupacional y medio ambiente&rdquo;, asegura<a href="https://www.pantaleon.com/desarrollo-responsable/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> en su p&aacute;gina web Pantale&oacute;n Sugar Holding, el mayor ingenio de Guatemala</a>.&nbsp;El sector azucarero guatemalteco <a href="http://latierraesclava.eldiario.es/azucar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se caracteriza por su alto grado de concentraci&oacute;n</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Nueve ingenios se reparten el pastel; el mayor de ellos es Pantale&oacute;n Sugar Holding, que acapara el 19% de la producci&oacute;n; le siguen Magdalena, Santa Ana y La Uni&oacute;n. Detr&aacute;s de cada uno de esos grupos empresariales, hay poderosas familias, como los Herrera o los Campollo. Para este &uacute;ltimo caso, los papeles de Panam&aacute; probaron la existencia de un entramado de empresas offshore mediante el cual el Grupo Campollo, con la connivencia del poder pol&iacute;tico, evad&iacute;a impuestos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En Guatemala, la profundidad del racismo y el patriarcado han configurado una sociedad da&ntilde;ada y enferma, conflictiva, que dif&iacute;cilmente se reconcilia con su identidad ind&iacute;gena&rdquo;, resume Ana Cofi&ntilde;o, coordinadora del <a href="http://www.lacuerdaguatemala.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">peri&oacute;dico feminista La Cuerda</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/cana-azucar-seco-guatemala_1_3146652.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Oct 2017 18:41:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tener sed por culpa de la caña de azúcar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medio ambiente,Guatemala]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una radiografía a nuestra cesta de la compra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/radiografia-cesta-compra_1_4505404.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Uno de los capítulos del libro 'Carro de Combate. Consumir es un acto político', de Laura Villadiego y Nazaret Castro</p><p class="subtitle">Tratan de aportar las claves para explicar por qué consumimos, cómo consumimos y qué se puede lograr transformando nuestros hábitos</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         La pr&aacute;ctica totalidad de los productos que consumimos generan hasta llegar a nuestras manos una serie de impactos ambientales y sociales y, si bien es cierto que tenemos cierto margen de maniobra como consumidores para reducir un tanto ese impacto, este seguir&aacute; siendo notable, sobre todo si vivimos en un contexto urbano. En los pa&iacute;ses ricos, con altos niveles de consumo incluso en tiempos de crisis, la premisa solo puede ser la reducci&oacute;n del consumo, o, como algunos te&oacute;ricos apuntan, el decrecimiento. Los ecologistas lo han resumido en las famosas tres erres: &ldquo;reducir, reutilizar, reciclar&rdquo;. Suele olvidarse, sin embargo, que esas &ldquo;erres&rdquo; est&aacute;n colocadas por orden de importancia: de nada sirve reciclar los embalajes de los alimentos si seguimos consumiendo productos cada vez m&aacute;s innecesariamente envueltos en pl&aacute;sticos y cartones.
    </p><p class="article-text">
        Otros a&ntilde;aden una cuarta &ldquo;erre&rdquo;: recuperar. En las sociedades del usar y tirar, parecemos haber olvidado que las cosas se pueden arreglar cuando se estropean; es cierto que muchas veces, por una de esas paradojas imposibles del sistema econ&oacute;mico en el que vivimos, el arreglo sale al mismo precio que el nuevo objeto. Pero tal vez, como hemos sugerido a lo largo de este libro, el c&aacute;lculo nos parezca distinto si mentalmente incluimos en el precio del nuevo objeto esas externalidades que pagar&aacute;n las poblaciones de los lugares donde se extrajo la materia prima y donde se manufactur&oacute; esa mercanc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hay, por &uacute;ltimo, algunos investigadores que suman una quinta &ldquo;erre&rdquo;: rechazar. Rechazar la bolsa de pl&aacute;stico que nos ofrece el tendero de la esquina, el vestido de rebajas que no necesitamos, la chocolatina de una marca que sabemos que utiliza mano de obra infantil, el cosm&eacute;tico que contiene un ingrediente que da&ntilde;ar&aacute; nuestra piel. Rechazar los productos que perjudican el medio ambiente, los derechos laborales o nuestra propia salud supone dar un paso en contra de lo que Marx llamo la fetichizaci&oacute;n de la mercanc&iacute;a. Es decir, implica recuperar la conciencia de qui&eacute;n y c&oacute;mo se hizo ese producto, de qui&eacute;n y c&oacute;mo lo llev&oacute; hasta nuestras manos. Significa, tambi&eacute;n, volver a pensarnos como productores y como seres que participan de una enorme sociedad global, y no ya como meros consumidores que piensan &uacute;nicamente en t&eacute;rminos de preferencias y deseos, de forma irresponsable, pensando que la mano invisible de Adam Smith vendr&aacute; a resolver los desaguisados que nuestra irresponsabilidad genere.
    </p><p class="article-text">
        El problema de base es que los diferentes procesos econ&oacute;micos &ndash;producci&oacute;n, circulaci&oacute;n, distribuci&oacute;n y consumo&ndash; se ordenan en las sociedades capitalistas en funci&oacute;n de un &uacute;nico valor absoluto: el dinero. El criterio monetario es el que indica qu&eacute; es lo racional, lo eficiente, incluso lo posible. Con unos criterios tan reduccionistas, no sorprende que las sociedades contempor&aacute;neas acaben tomando decisiones tan irracionales desde el punto de vista de la conservacion de la vida como la obsolescencia programada o la proliferacion de embalajes que permanecen unos minutos en nuestras manos y cientos de a&ntilde;os en el fondo de los oc&eacute;anos.
    </p><p class="article-text">
        El sistema capitalista, que se justifica y legitima como eficaz y eficiente, resulta as&iacute;, por el contrario, profundamente despilfarrador de unos recursos naturales que son cada vez m&aacute;s escasos. Es la contradicci&oacute;n siempre latente en un sistema socioecon&oacute;mico que requiere para su supervivencia de un crecimiento del PIB infinito, en un mundo donde los recursos son finitos. Es verdad que la naturaleza tiene una enorme capacidad de recuperaci&oacute;n, pero no, desde luego, a los fren&eacute;ticos ritmos que impone la econom&iacute;a global del siglo XXI.
    </p><h3 class="article-text">El despilfarro</h3><p class="article-text">
        La obsolescencia programada es, tal vez, el mejor y m&aacute;s lamentable ejemplo de este derroche. Es mucho m&aacute;s que un secreto a voces: los productos se fabrican intencionalmente para que duren menos de lo que podr&iacute;an y deber&iacute;an. La finalidad es obvia: que se consuma m&aacute;s. Pero implica tambi&eacute;n un gasto mucho mayor de recursos naturales, de transporte, de mano de obra sobreexplotada. Un despilfarro absoluto. Prendas de ropa o zapatos que no duran m&aacute;s de una temporada, aparatos electr&oacute;nicos que se estropean un d&iacute;a despu&eacute;s de que se venza la garant&iacute;a; la lista es larga y abarca practicamente todo lo que compramos.
    </p><p class="article-text">
        El documental Comprar, tirar, comprar da algunos ejemplos hist&oacute;ricos, como el de la bombilla incandescente. La primera bombilla que Thomas Edison puso a la venta, en 1881, duraba 1.500 horas; unos a&ntilde;os despu&eacute;s, pod&iacute;an funcionar m&aacute;s de 2.500 horas. Fue en 1924 cuando un c&aacute;rtel de empresas fabricantes europeas y estadounidenses decidi&oacute; pactar en mil horas el m&aacute;ximo de vida &uacute;til de sus bombillas. El mismo razonamiento llev&oacute; a las empresas del ramo textil a quitar de la circulaci&oacute;n las medias a prueba de carreras. Otro ejemplo cl&aacute;sico: las impresoras configuradas para
    </p><p class="article-text">
        dar error al numero equis de impresiones. Lo mismo ocurre con tel&eacute;fonos moviles, ordenadores, equipos de sonido y cualquier aparato electr&oacute;nico. Y eso, en un mundo en el que reparar un bien cualquiera sale, casi siempre, m&aacute;s caro que comprar uno nuevo. Otro ejemplo de la l&oacute;gica irracional que mueve el engranaje de nuestras econom&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha impuesto, adem&aacute;s, otra forma de obsolescencia: la obsolescencia percibida, que impulsa a los consumidores a cambiar de aparato antes de que termine su vida &uacute;til. La publicidad y el marketing, a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de modas y nuevos deseos, infunde en los consumidores un deseo por lo nuevo, por lo &uacute;ltimo; ya no es necesario que sea mejor, solo m&aacute;s nuevo. Sin importar el reguero de consecuencias que esos productos dejen a su paso: se promueve la irresponsabilidad absoluta por parte del comprador y vendedor. Solo importa el bien que reluce en las estanter&iacute;as o los escaparates; nada parece relacionar esa mercanc&iacute;a con el trabajador que la produjo o el transportista que la llev&oacute; hasta all&iacute;. A eso se refer&iacute;a Karl Marx cuando hablaba del fetichismo de la mercanc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Un claro ejemplo de esa obsolescencia incitada desde la publicidad lo dio en 2013 la campa&ntilde;a &ldquo;Creando olores a nuevo&rdquo; de Vodafone, que consigui&oacute; el segundo Premio Sombra a la peor publicidad del a&ntilde;o en 2014, concedido por Ecologistas en Acci&oacute;n, por la banalidad e impunidad con
    </p><p class="article-text">
        la que incita a estrenar un smartphone cada a&ntilde;o, por el mero placer de estrenar. Sin importar de d&oacute;nde sali&oacute; el coltan, d&oacute;nde y c&oacute;mo se fabric&oacute; el tel&eacute;fono o d&oacute;nde ir&aacute; a parar la chatarra prematura del aparato descartado. Lo &uacute;nico relevante para la publicidad de Vodafone es lo bien que huele lo nuevo, lo agradable que es estrenar objetos que no necesitamos.
    </p><h3 class="article-text">Con la comida no se juega</h3><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s lamentable es que, en un mundo donde, seg&uacute;n la FAO, en torno a 900 millones de personas pasan hambre y sufren malnutricion, los alimentos tambi&eacute;n son objeto de despilfarro, como avanz&aacute;bamos al comienzo de este libro. Seg&uacute;n el informe de la FAO P&eacute;rdidas y desperdicio de alimentos en el mundo, de 2011, alrededor de 1.300 toneladas de comida se desperdician cada a&ntilde;o. La situaci&oacute;n no es mejor en Espa&ntilde;a: el consultor social Manuel Bruscas asegura que entre tres y cuatro millones de espa&ntilde;oles pasan hambre, en un pa&iacute;s donde se tiran nueve millones de toneladas de comida al a&ntilde;o, 135 kilos de alimentos por persona. Un 60% de ese desperdicio viene de fabricantes y supermercados; un 20%, de los hogares, y otro tanto, de restaurantes, colegios y similares. El desperdicio ha sido impulsado adem&aacute;s por las pol&iacute;ticas europeas de agricultura y pesca con sus sistemas de subsidios y cuotas.
    </p><p class="article-text">
        En el mar, cofrad&iacute;as de pescadores espa&ntilde;olas han denunciado que entre un 25 y un 30% de las capturas se devuelven al mar muertas. A nivel mundial, entre 15 y 20 millones de toneladas de pescado se tiran al mar cada a&ntilde;o, seg&uacute;n la FAO. En los supermercados, cada d&iacute;a se desechan enormes cantidades de fruta y alimentos frescos en perfectas condiciones. Los factores para que as&iacute; sea son muchos, pero uno de los m&aacute;s importantes es la imagen: los distribuidores asumen que los consumidores prefieren ver los estantes de frutas y verduras repletos y que optar&aacute;n por manzanas y lechugas de apariencia impoluta, lo que supone, ya de por s&iacute;, descartes de kilos de fruta en perfecto estado. Por no hablar de los inveros&iacute;miles procesos de embellecimiento de las frutas a las que son sometidas para aparentar un mejor aspecto.
    </p><p class="article-text">
        Una de las iniciativas m&aacute;s conocidas en Espa&ntilde;a para poner l&iacute;mites a ese despilfarro son los bancos de alimentos, que, desde la crisis, son m&aacute;s celebres por su funci&oacute;n de reparto de comida a familias necesitadas. En Guipuzkoa, la iniciativa comenz&oacute; recogiendo los alimentos perecederos de los hipermercados a &uacute;ltima hora del d&iacute;a, para repartirlos la ma&ntilde;ana siguiente. En cuatro meses y acudiendo a solo dos supermercados, recogieron 22 toneladas de alimentos, un &eacute;xito que garantiz&oacute; continuidad al proyecto.
    </p><p class="article-text">
        En otros pa&iacute;ses existen este tipo de iniciativas, con el nombre de Last Minute Market. En algunos pa&iacute;ses, el hipermercado inclusive paga para que se recojan y clasifiquen sus desperdicios. En Asia es normal que los supermercados se llenen a ultima hora del d&iacute;a, cuando los alimentos que est&aacute;n a punto de pasarse de fecha son vendidos con importantes reducciones de precio, para evitar el despilfarro.
    </p><h3 class="article-text">Demasiado embalaje</h3><p class="article-text">
        Otro problema de gran envergadura son los embalajes, que, como veremos, originan gran parte de la basura que generamos. La mayor parte de los productos que consumimos est&aacute;n envueltos en varios pl&aacute;sticos y cajas. Cada d&iacute;a, los establecimientos tipo McDonald&rsquo;s o Starbucks, donde se utilizan vasos y cajas descartables, se van imponiendo en nuevos lugares del mundo, aumentando as&iacute; el volumen de basura que generamos y, sobre todo, de pl&aacute;stico. La gran pregunta es por qu&eacute; seguimos abusando de los pl&aacute;sticos no reciclables cuando, adem&aacute;s, existen alternativas biodegradables; eso, por no hablar de las tradicionales formas de venta a granel y reutilizaci&oacute;n de los envases. Una vez m&aacute;s, mandan los intereses econ&oacute;micos cegados y cortoplacistas.
    </p><p class="article-text">
        Aunque de modo muy incipiente, van surgiendo algunas alternativas. Es el caso de un supermercado alem&aacute;n que decidi&oacute; declararle la guerra al packaging: cansadas de ver a su alrededor el impune abuso de ingentes cantidades de pl&aacute;stico, cart&oacute;n y otros materiales que utiliza la industria, dos j&oacute;venes emprendedoras alemanas fundaron un supermercado que no utiliza envases desechables: ninguno. Ellas son Milena Glimbovski y Sara Wolf, y su idea la han bautizado como Original Unverpackt (Embalaje Original). Dicen estar en el camino del slow food y la basura cero, y se muestran vigilantes ante las &ldquo;palabras de moda sobre conciencia ecol&oacute;gica que algunas marcas utilizan para despistarnos&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Desechos y vertederos</h3><p class="article-text">
        El grueso de ese despilfarro cotidiano termina convertido en basura. Las estimaciones recabadas por la ONU se&ntilde;alan que en el planeta se generan 53 millones de toneladas de residuos al a&ntilde;o; 200.000 de las cuales corresponden a Espa&ntilde;a. Buena parte de ese despilfarro viene directamente de los hogares: seg&uacute;n un estudio del Banco Mundial de 2012, cada d&iacute;a se generan 3,5 toneladas de residuos solidos en los hogares de todo el planeta, y todo apunta a que esa cifra seguir&aacute; creciendo. En Espa&ntilde;a, seg&uacute;n cifras de Ecologistas en Acci&oacute;n, cada ciudadano genera una media de un kilo de basura al d&iacute;a: 365 kilos al a&ntilde;o de Residuos Solidos Urbanos (RSU) que van a parar a vertederos e incineradoras. Los envases y embalajes, en su inmensa mayor&iacute;a despu&eacute;s de un &uacute;nico uso y a menudo fabricados a partir de materias primas no renovables, suponen el 60% del volumen y el 33% del peso de esa basura. Una parte de esos residuos son, adem&aacute;s, altamente t&oacute;xicos: se trata de los residuos de pinturas, insecticidas, disolventes y productos de limpieza. Las soluciones m&aacute;s habituales son llevar esa basura a vertederos, donde ocupan grandes terrenos y ensucian suelos y aguas, o bien incinerar la basura, un proceso que es tambi&eacute;n muy contaminante.
    </p><h3 class="article-text">Basura que ahoga los oc&eacute;anos</h3><p class="article-text">
        El mar se lleva la peor parte y, si bien algunas voces, como la del bi&oacute;logo estadounidense Mike Moore, llevan alertando del creciente problema que plantean los residuos en el mar, no ha sido hasta el siglo XXI que esta preocupaci&oacute;n ha comenzado a tomarse en serio. Seg&uacute;n el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cada a&ntilde;o acaban en el mar 6,4 millones de toneladas de residuos generados por los seres humanos. El 80% de ellos proceden de la tierra, sea de aguas residuales sin depurar, de lo que baja de los r&iacute;os o de la basura que se generan en las poblaciones costeras. Por la acci&oacute;n de las corrientes marinas, esos desperdicios, sobre todo pl&aacute;sticos, terminan acumulados en varios vertederos marinos gigantes que flotan sobre los oc&eacute;anos. El mayor de ellos es la sopa de pl&aacute;stico del oc&eacute;ano Pacifico: su superficie alcanza ya los 1,5 millones de kil&oacute;metros cuadrados. Tres veces la superficie de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Las &uacute;ltimas investigaciones han demostrado que la basura est&aacute; ahogando los mares. Se encuentra en la superficie, a pocos metros de la costa, y se encuentra tambi&eacute;n a mil metros de profundidad y a dos mil kil&oacute;metros del litoral. En el fondo de los oc&eacute;anos hay de todo: latas, bicicletas, lavadoras.
    </p><p class="article-text">
        Los desechos de nuestra civilizaci&oacute;n opulenta y derrochadora terminan all&iacute;, en las profundidades marinas. El pl&aacute;stico est&aacute; por todas partes: representa el 41% de la basura que permanece en los oc&eacute;anos, frente a un 34% que corresponde a las artes de pesca. Pero tambi&eacute;n flotan entre las aguas ropas, madera y un largu&iacute;simo etc&eacute;tera. Algunos micropl&aacute;sticos son especialmente peligrosos, porque en su proceso de fotodegradaci&oacute;n concentran sustancias t&oacute;xicas que acaban en el organismo de peces, aves marinas o zooplancton. Otros residuos, como el vidrio o las latas, provocan cortes, o ahogan, como las anillas de pl&aacute;stico. &ldquo;La basura marina est&aacute; matando hoy m&aacute;s animales que el cambio clim&aacute;tico&rdquo;, concluye Mike Moore. La Agencia estadounidense de Medio Ambiente calcula que 267 especies marinas consumen por error ese tipo de residuos. Es lo que, en las c&eacute;lebres im&aacute;genes tomadas en 2009, puso en evidencia el fot&oacute;grafo Chris Jordan, al mostrar lo que los albatros ten&iacute;an en sus est&oacute;magos. El mismo drama se evidenci&oacute; en 2012 cuando, en las costas de Granada, se encontr&oacute; un cachalote de diez metros que conten&iacute;a en su organismo 18 kilos de pl&aacute;stico. Como si una persona hubiese ingerido cincuenta bolsas de pl&aacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n datos de Greenpeace, el 10% de los 225 millones de toneladas de basura que se generan cada a&ntilde;o a nivel mundial acaba en el mar. Muchos de esos residuos tardan cientos de a&ntilde;os en biodegradarse: las compresas y pa&ntilde;ales, un cuarto de siglo; una lata de refresco, entre 200 y 500 a&ntilde;os; las anillas de pl&aacute;stico que tantos accidentes provocan entre los animales marinos, unos 450 a&ntilde;os; una simple bolsa de pl&aacute;stico, de 35 a 60 a&ntilde;os. Por no hablar de los miles de a&ntilde;os que puede permanecer en el mar una botella de vidrio. Si tenemos en cuenta adem&aacute;s que en las aguas las labores de limpieza son muy dif&iacute;ciles y siempre insuficientes, la &uacute;nica consigna valida es reducir, hasta erradicarlos totalmente, esos vertidos marinos.
    </p><h3 class="article-text">Quienes menos consumen respiran nuestra basura</h3><p class="article-text">
        &iquest;Ad&oacute;nde van los m&oacute;viles, ordenadores, microondas o frigor&iacute;ficos viejos? &iquest;Qu&eacute; pasa con estos aparatos una vez que los hemos tirado a la basura, o incluso a &ldquo;reciclar&rdquo;? El camino que recorren no est&aacute; del todo claro, pero de lo que no cabe duda es de que hay varios lugares en el mundo en los que toda esta basura tecnol&oacute;gica se acumula desde hace a&ntilde;os. El m&aacute;s claro ejemplo es el llamado basurero tecnol&oacute;gico de Agbogbloshie, en Accra (Ghana) donde, seg&uacute;n algunos estudios, existe una contaminaci&oacute;n por plomo, cadmio y otros contaminantes perjudiciales para la salud que supera en m&aacute;s de 50 veces los niveles libres de riesgo. Lo dec&iacute;a claramente un informe de 2013 realizado por la Green Cross Switzerland y el Blacksmith Institute en el que recog&iacute;an las diez mayores amenazas toxicas del planeta. Es decir, los diez lugares m&aacute;s contaminados del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos, sin duda, es este basurero, que oficialmente se califica eufem&iacute;sticamente de &ldquo;area de procesamiento de basura tecnologica&rdquo;. Llegan cada a&ntilde;o miles de toneladas de residuos t&oacute;xicos, te&oacute;ricamente para ser procesados; en realidad, llegan mezclados materiales de todo tipo, entre ellos, frigor&iacute;ficos, microondas o televisiones. Algunos de esos residuos son tan contaminantes que requerir&iacute;an de la cualificaci&oacute;n y protecci&oacute;n de los trabajadores, algo que est&aacute; muy lejos de ocurrir en Agbogbloshie. Pero este lugar no es apenas un basurero: es un asentamiento informal con zonas industriales, comerciales y residenciales. Una zona en la que los metales pesados que se expulsan de estos procesos de quema llegan a las casas y mercados.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el citado informe, Ghana importa cada a&ntilde;o unas 215.000 toneladas de residuos tecnol&oacute;gicos, principalmente desde Europa del Este. De ellas, aproximadamente la mitad puede ser reutilizada inmediatamente, o reparada y vendida, pero el resto del material es reciclado de forma barata, a costa de contaminar la tierra que los recibe y perjudicar la salud de quienes trabajan con ellos. Un ejemplo paradigm&aacute;tico es el de los buscadores de cobre, que queman las fundas que recubren los cables para conseguir el cobre del interior. Para quemarlos utilizan un tipo de espuma, altamente contaminante, expulsando al aire libre todos sus contaminantes. Chatarra, fogatas y humo de gran toxicidad, pero que dan de comer a muchos de quienes all&iacute; habitan. No extra&ntilde;a entonces que el centro de Accra est&eacute; repleto de puestos que venden a bajo precio todo tipo de aparatos el&eacute;ctricos, buena parte de ellos de segunda mano. Algo muy parecido ocurre en otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, como Zimbabwe, donde se afronta una crisis medioambiental provocada por las deficiencias del sistema de gesti&oacute;n y eliminacion de esos desperdicios.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello a pesar de la existencia de tratados internacionales, como la Convenci&oacute;n de Basilea, que restringe los movimientos transfronterizos de desechos, y el acuerdo que se suma al firmado ya en 1993, en Bamako, sobre el mismo tema. Acuerdos que establecen condiciones, cantidades y criterios para verificar si la exportaci&oacute;n de basuras se est&aacute; haciendo bien. Sin embargo, para los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados sale mucho m&aacute;s barato deshacerse de ellos en alg&uacute;n puerto remoto de &Aacute;frica que seguir las estrictas normas de reciclaje que ellos mismos se han autoimpuesto pero que casi nadie quiere cumplir. Para los receptores, por su parte, esta es una supuesta fuente de riqueza de la que viven muchas personas, a pesar de los riesgos y problemas que conlleva para su salud. Una soluci&oacute;n, en definitiva, que conviene a muchos y que no termina de regularse. La paradoja aparente es que son los pa&iacute;ses que menos residuos generan, por el acceso restringido que tienen al consumo, los que acumulan la basura que el mundo rico exporta.
    </p><p class="article-text">
        Pero las irregularidades en la gesti&oacute;n de los desechos no solo suceden en territorios lejanos. En julio de 2014, la Comisi&oacute;n Europea denunci&oacute; a Espa&ntilde;a ante el Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea por mantener abiertos 28 vertederos ilegales que deber&iacute;an haberse cerrado en 2009.
    </p><h3 class="article-text">La basura como negocio</h3><p class="article-text">
        La basura es un negocio en alza: seg&uacute;n la Comisi&oacute;n Europea, una correcta gesti&oacute;n de los recursos supondr&iacute;a un negocio anual de 42 mil millones de euros y crear&iacute;a m&aacute;s de 400.000 puestos de trabajo. Seg&uacute;n datos de Eurostat sobre el reciclaje de basura de embalaje en 2011, B&eacute;lgica, un pa&iacute;s en el que la separaci&oacute;n de basuras es obligatoria y adem&aacute;s est&aacute; muy controlada, se sit&uacute;a a la cabeza con un 80,2%; le siguen pa&iacute;ses como Holanda (71,9%), Alemania (71,8%) o Irlanda (70,9%). Espa&ntilde;a lleg&oacute; ese a&ntilde;o al 64,4%, una cifra muy superior al 39,8 % de 2000.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el reciclaje es un proceso costoso en t&eacute;rminos energ&eacute;ticos. Aunque imprescindible, no resuelve el problema de base. Se trata, en fin, de aplicar las famosas tres erres y erradicar de nuestro consumo mercanc&iacute;as absolutamente prescindibles y da&ntilde;inas, como las botellas de pl&aacute;stico. Aunque nos las regalen.
    </p><p class="article-text">
        Los ecologistas subrayan tambi&eacute;n la importancia de separar los residuos org&aacute;nicos, que suponen entre el 40 y el 45% de nuestra basura. Si se separan en origen, podr&iacute;an convertirse en abonos para agricultura, suelos y reforestaciones; sin embargo, mezclado con el resto de la basura, esos residuos fermentan de forma no controlada y producen metano, un gas con 25 veces m&aacute;s efecto invernadero que el di&oacute;xido de carbono.
    </p><h3 class="article-text">Una reflexi&oacute;n final. La rebeli&oacute;n de los l&iacute;mites</h3><p class="article-text">
        A lo largo de este libro, hemos intentado ofrecer una informaci&oacute;n, siquiera somera, de algunos de los productos que conforman nuestra cesta b&aacute;sica de consumo, para llegar a una conclusi&oacute;n general: tenemos en general poca, poqu&iacute;sima informaci&oacute;n sobre lo que consumimos. La etiqueta suele ofrecer informaci&oacute;n parcial y a veces confusa, cuando no contradictoria con el marketing del envasado que ensalza la salubridad de productos que no son tan benignos para nuestra salud. Los alimentos que compramos suelen aparecer bajo varios envoltorios de pl&aacute;stico que terminan en gigantes vertederos flotantes en los oc&eacute;anos. Los productos electr&oacute;nicos que adquirimos est&aacute;n fabricados para durar poco y terminan en los vertederos de residuos que exportamos a esa &Aacute;frica olvidada que habitan millones de seres humanos excluidos de las ventajas del capitalismo, pero principales v&iacute;ctimas de sus externalidades negativas. Nuestra basura opulenta termina en la tierra de los desheredados, all&iacute; donde no molestan a quienes provocan esa acumulacion ingente de residuos. Como si el planeta entendiese de fronteras, como si la Tierra tambien fuese corrompible. Como si tambi&eacute;n a ella se le pudieran comprar sus favores para garantizar que la furia de la naturaleza no atravesara los muros cada vez m&aacute;s altos, cada vez con m&aacute;s espinas, de la Vieja Europa.
    </p><p class="article-text">
        Las corrientes de la Econom&iacute;a Ecol&oacute;gica y la Ecolog&iacute;a Pol&iacute;tica insisten en la necesidad de &ldquo;internacionalizar las externalidades&rdquo;, esto es, incluir en el c&aacute;lculo econ&oacute;mico esos impactos econ&oacute;micos y sociales que, como hemos visto, no entran en los balances de las empresas y son sistem&aacute;ticamente invisibilizados. Pero apuntan adem&aacute;s al principio de inconmensurabilidad: cuando hablamos de da&ntilde;os a la naturaleza, hay muchas cosas que no se pueden medir, a las que no se puede aplicar un valor en d&oacute;lares o euros. Son esos mismos autores, con nombres relevantes como el del economista catal&aacute;n Joan Martinez Alier, los que acu&ntilde;aron el t&eacute;rmino deuda ecol&oacute;gica, para referirse al hecho incuestionable de que, en el mundo globalizado, ciertos pa&iacute;ses o grupos sociales privilegiados se apropian en exceso de la biomasa de su producci&oacute;n biol&oacute;gica, o contaminan m&aacute;s all&aacute; de sus capacidades de procesar los contaminantes. Europa importa las materias primas que necesita y exporta la basura que le incomoda.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Qui&eacute;n debe a qui&eacute;n?</h3><p class="article-text">
        Este interrogante, siempre oportuno y perturbador, fue el t&iacute;tulo escogido por Mart&iacute;nez Alier y Arcadi Oliveres para un ensayo publicado en 2003 en el que hablaban de la deuda ecol&oacute;gica que, desde hace cinco siglos, los pa&iacute;ses del Norte han ido contrayendo con los mal llamados pa&iacute;ses subdesarrollados, al extraer sus recursos naturales y comprarlos a precios subvaluados. Vale para los tiempos de la colonia y sigue valiendo para hoy: los precios de las materias primas no reflejan el coste real que para el planeta supone ese expolio. El comercio internacional en la &eacute;poca de la globalizaci&oacute;n se sostiene por la desigualdad del intercambio; en otras palabras, el precio de las commodities refleja el esquema del dominio &ndash;pol&iacute;tico y militar, pero tambi&eacute;n cultural&ndash; de unas naciones sobre otras. Y un eje fundamental de ese mapa del poder es la deuda externa, que en muchos pa&iacute;ses de &Aacute;frica y Am&eacute;rica Latina asfixia las cuentas nacionales al punto de inhibir cualquier intento de salirse de esos par&aacute;metros establecidos, por injustos que sean.
    </p><p class="article-text">
        Lo que postulan Mart&iacute;nez Alier y Oliveres es que se puede &ndash;y se debe&ndash; realizar un an&aacute;lisis comparativo y conmensurable de la deuda externa, percibida como un proceso multidimensional: &eacute;tico, pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y social. Los autores concluyen que, si as&iacute; se hiciera, la deuda externa estar&iacute;a cancelada con creces, y critican duramente la hipocresia de quienes obligan a los pa&iacute;ses pobres y atenazados por la deuda externa a &ldquo;apretarse el cintur&oacute;n donde muchos tienen ya el est&oacute;mago vac&iacute;o&rdquo;. La miseria conducir&aacute; a esas naciones a continuar una sobreexplotaci&oacute;n creciente de la naturaleza y, a&uacute;n tendr&aacute;n que soportar estos pa&iacute;ses que, con grandes dosis de cinismo,desde Europa y los Estados Unidos se les d&eacute; lecciones de c&oacute;mo conservar sus ecosistemas, mientras, por cierto, les inundan con basura exportada.
    </p><p class="article-text">
        Las asimetr&iacute;as de poder en el tablero global del siglo XXI generan una injusta distribuci&oacute;n de los costes y beneficios del desarrollo: el Norte extrae los recursos de pa&iacute;ses lejanos, disfruta del consumo de los bienes que se producen con esas materias primas, y despu&eacute;s env&iacute;a lejos sus desechos. El Sur sufre las consecuencias de ese saqueo medioambiental &ndash;la continuaci&oacute;n, la destrucci&oacute;n de formas ancestrales de vida&ndash;, pero sigue pobre, forzosamente austero y, muchas veces, desesperadamente hambriento. De alg&uacute;n modo, el poder pol&iacute;tico hoy reside en la posibilidad de dejar lejos de un pa&iacute;s &ndash;o una regi&oacute;n, o un grupo social&ndash; las externalidades negativas ambientales, es decir, esas consecuencias de las actividades econ&oacute;micas que nunca se incluyen en los balances de costos y beneficios.
    </p><p class="article-text">
        Los da&ntilde;os medioambientales son dif&iacute;ciles de calcular, porque son esencialmente inconmensurables, pero se pueden hacer estimaciones. De hecho, en 2007, el Ministerio de Medio Ambiente public&oacute; un estudio detallado de la huella ecol&oacute;gica en Espa&ntilde;a, que conclu&iacute;a que Espa&ntilde;a estaba en una situaci&oacute;n de d&eacute;ficit ecol&oacute;gico. El informe desgrana los &iacute;ndices de biocapacidad y consumo en las diferentes regiones del pa&iacute;s y concluye que, con una huella ecol&oacute;gica de 6,25 hect&aacute;reas por persona y a&ntilde;o, Espa&ntilde;a est&aacute; entre los pa&iacute;ses europeos m&aacute;s deficitarios de Europa en t&eacute;rminos medioambientales. Tambi&eacute;n resultan interesantes las mediciones de la New Economics Foundation (NEF), que concluyen que, en 2012, Espa&ntilde;a entr&oacute; en deuda ecol&oacute;gica el 21 de abril, esto es, que para ese d&iacute;a ya hab&iacute;a consumido todo su &ldquo;presupuesto ecologico&rdquo;. Seg&uacute;n la NEF, Espa&ntilde;a mantiene un consumo 3,25 veces mayor que su biocapacidad, gasta m&aacute;s recursos de los que produce y emite m&aacute;s di&oacute;xido de carbono del que absorbe.
    </p><p class="article-text">
        En ninguno de estos dos casos, sin embargo, se vincula la deuda ecol&oacute;gica con la deuda externa o el comercio internacional: el concepto de deuda ecol&oacute;gica se aplica a un pa&iacute;s, considerado aisladamente y en un momento hist&oacute;rico determinado, como una foto fija. De ese modo, el t&eacute;rmino se despolitiza y pierde su potencialidad para repensar la deuda externa de los pa&iacute;ses pobres y, en general, para afrontar un abordaje sist&eacute;mico. Pero la deuda siempre es en relaci&oacute;n con alguien: si los ciudadanos espa&ntilde;oles se exceden en el uso de los recursos naturales, lo hacen a costa de las pr&oacute;ximas generaciones y de quienes consumen por debajo de sus posibilidades en t&eacute;rminos de biocapacidad en otras partes del mundo. La &uacute;nica soluci&oacute;n moralmente aceptable es la inmediata condonaci&oacute;n de la deuda a los pa&iacute;ses del Sur y, en el caso de Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses europeos, una petici&oacute;n de disculpas acorde a la dimensi&oacute;n del da&ntilde;o hist&oacute;rico perpetrado en &Aacute;frica y Am&eacute;rica Latina, y un comportamiento futuro coherente con esa aceptaci&oacute;n de las responsabilidades pasadas y presentes. Un primer paso ser&iacute;a acabar con la injusticia criminal con la que los pa&iacute;ses ricos obligan al Sur a abrir sus fronteras a nuestras manufacturas, al tiempo que les inundan de productos agr&iacute;colas subsidiados que asfixian la agricultura local.
    </p><h3 class="article-text">Hacia otra econom&iacute;a posible</h3><p class="article-text">
        La destrucci&oacute;n de la naturaleza no es un fen&oacute;meno reciente; durante siglos los recursos se han extra&iacute;do sin preocuparse demasiado por el impacto que esto pod&iacute;a suponer en el entorno. Desde los a&ntilde;os 70 del siglo XX, la preocupaci&oacute;n por el deterioro ambiental est&aacute; en la agenda de los movimientos sociales y, desde tiempos m&aacute;s recientes, de los gobiernos, pero los intereses econ&oacute;micos no han permitido hasta ahora cambios de gran calado para revertir el irresponsable despilfarro que ha generado la sociedad industrial, no solo en su forma capitalista, sino tambi&eacute;n en los &ldquo;socialismos reales&rdquo; del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se sienten vientos de cambio. Tal vez la novedad es que ahora, como dice el filosofo Franz Hinkelammert, asistimos a la rebeli&oacute;n de los l&iacute;mites, a la naturaleza que se subleva contra nuestro codicioso expolio con las poderosas armas de las que dispone &ndash;las tormentas, los huracanes, los elementos&ndash;. Ahora sabemos que el ser humano morir&aacute; de &eacute;xito y de vanidad si no se da cuenta a tiempo de que algo est&aacute; errado en el modo con que se relaciona con la naturaleza, y con nuestra propia concepci&oacute;n de las sociedades que queremos habitar. No crecemos para satisfacer nuestras necesidades: crecemos para crecer, sin m&aacute;s. Producimos cosas fabricadas para estropearse antes de tiempo con el &uacute;nico objetivo de que las sociedades opulentas gasten m&aacute;s y m&aacute;s, mientras buena parte de los seres humanos que habitan la Tierra siguen pasando hambre y privaciones. Como gritan las pancartas de los manifestantes de medio mundo, tomando la frase de Mahatma Gandhi, el planeta tiene recursos para satisfacer las necesidades de todos, pero no la codicia de algunos.
    </p><p class="article-text">
        Hinkelammert propone la alternativa: una econom&iacute;a que gire alrededor de la vida y no del capital; una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y social que garantice la reproducci&oacute;n de la vida ampliada de todas y todos los miembros de la sociedad. Ese cambio de paradigma, esa transici&oacute;n desde el sistema capitalista hacia otra econom&iacute;a posible, supondr&iacute;a recuperar el papel del dinero como un simple medio facilitador del trueque, y no como un fin en s&iacute; mismo que determina el devenir econ&oacute;mico. Supondr&iacute;a atender a las necesidades humanas, y no apenas a los deseos y preferencias, como si fuese m&aacute;s importante garantizar un nuevo coche al que pueda pag&aacute;rselo que dar de comer al que muere de hambre.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos un momento de transici&oacute;n en el que lo nuevo no termina de nacer, y lo viejo no termina de morir. Pero esa otra econom&iacute;a, ese otro mundo posible ya est&aacute; en marcha, inscrito en las iniciativas que en todo el mundo proponen sustituir la l&oacute;gica de la competencia por la de la solidaridad &ndash;cooperativas, consumo colaborativo, redes de trueque, bancos de tiempo&ndash; y apuestan por recuperar la relaci&oacute;n entre la ciudad y el campo. Las propuestas de la Econom&iacute;a Social y Solidaria son mucho m&aacute;s que alternativas en tiempos de crisis: comportan el germen de una transformaci&oacute;n cultural que deja entrever la posibilidad de una sociedad m&aacute;s justa. Todo est&aacute; dispuesto para el cambio, y la consciencia alrededor del consumo puede ser un acicate para que cada uno de nosotros nos convirtamos en sujetos activos de ese cambio.
    </p><p class="article-text">
        La transformaci&oacute;n social solo puede ser el resultado del cambio de mentalidad, y no al rev&eacute;s. Por eso en Carro de Combate creemos que, si el consumo es un acto pol&iacute;tico, la primera batalla es la de la informaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Villadiego, Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/radiografia-cesta-compra_1_4505404.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Nov 2014 19:21:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una radiografía a nuestra cesta de la compra]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Consumo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Campesinos latinoamericanos se rebelan contra el poder de Monsanto y la privatización de las semillas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/campesinos-latinoamericanos-privatizacion-impulsada-monsanto_1_4929900.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ca66bb9-2455-4931-aa62-7b5ebd417902_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Campesinos latinoamericanos se rebelan contra el poder de Monsanto y la privatización de las semillas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La resistencia de las comunidades indígenas y campesinas ha conseguido paralizar en Chile y Colombia leyes que prohibían a los agricultores guardar e intercambiar semillas</p><p class="subtitle">La norma les obligaría a pagar rentas cada año a multinacionales como Monsanto</p></div><p class="article-text">
        Las semillas se est&aacute;n convirtiendo en un motivo central de los conflictos sociales en Am&eacute;rica Latina. De norte a sur del continente, comunidades ind&iacute;genas y campesinas se levantan frente al avance de legislaciones que, para los movimientos sociales, privatizan &ldquo;un bien com&uacute;n esencial para la vida&rdquo;. El &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de esa resistencia lo han escrito los movimientos sociales chilenos, que, despu&eacute;s de meses de presi&oacute;n, han logrado la retirada del tr&aacute;mite parlamentario de la <em>Ley Monsanto</em>, a la que los cr&iacute;ticos bautizaron as&iacute; para se&ntilde;alar al que consideran el principal beneficiario esa ley: la multinacional estadounidense Monsanto, l&iacute;der en el sector de la biotecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;? Monsanto, una multinacional estadounidense con presencia en 66 pa&iacute;ses, se distribuye el mercado de las semillas, y fundamentalmente de los organismos gen&eacute;ticamente manipulados (OGM) con otras grandes corporaciones como Syngenta, Bayer, Dow y Basf. La soja y el ma&iacute;z transg&eacute;nicos son su principal negocio. Se trata de especies modificadas para resistir a plaguicidas y herbicidas, lo que permite mayores cosechas, al tiempo que proporciona a la multinacional un negocio redondo: vende sus semillas conjuntamente con el herbicida y la tecnolog&iacute;a necesaria para alcanzar altos rendimientos. 
    </p><p class="article-text">
        Este modelo supone mayores beneficios para los grandes propietarios, pero no para los peque&ntilde;os agricultores, que no tienen modo de acceder a las inversiones de esa tecnolog&iacute;a, o deben incurrir en elevadas deudas. A pesar de los intentos de eldiario.es de recoger su versi&oacute;n, Monsanto ha rechazado responder las preguntas.
    </p><p class="article-text">
        La ley que el Gobierno chileno acaba de retirar del Senado iba a poner las cosas a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;ciles a esos campesinos, al obligarlos a pagar una cuota cada a&ntilde;o a las empresas semilleras. &ldquo;Se estaba otorgando un poder a las grandes corporaciones&rdquo;, asegura Esteban Bruna, militante de la Red Semillas Libres. Bruna explica que, de haberse aprobado la ley, hubiese impedido la costumbre de los agricultores de guardar las mejores semillas para la siguiente cosecha o de intercambiarlas; tambi&eacute;n permitir&iacute;a la destrucci&oacute;n de cultivos o la confiscaci&oacute;n de las semillas, y que los campesinos acabaran denunciados en los tribunales por no respetar los derechos de propiedad intelectual de la compa&ntilde;&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Eso alarm&oacute; a las comunidades rurales y a los movimientos sociales en las ciudades. &ldquo;Las multinacionales quieren apropiarse del poder ancestral de nuestro pueblo, que lleva siglos seleccionando el choclo o la papa&rdquo;, explica Mercedes, una agricultora mapuche, en un encuentro  organizado por la Red Semillas Libres en la localidad chilena de Temuco. &ldquo;Las mujeres siempre hemos sido guardianas de las semillas, pero no nos hemos considerado sus due&ntilde;as; ahora, estas empresas quieren apropiarse de un bien que no les pertenece&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las comunidades mapuches y movimientos como la V&iacute;a Campesina y la <a href="http://www.rap-al.org/%20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Red de Acci&oacute;n en Plaguicidas y sus Alternativas</a> (Rapal) aunaron esfuerzos para hacer cumplir a presidenta Michelle Bachelet la promesa de campa&ntilde;a de que revisar&iacute;a la ley.
    </p><h3 class="article-text">Colombia como espejo</h3><p class="article-text">
        Los movimientos chilenos se miraban en el espejo de Colombia, donde, en agosto del a&ntilde;o pasado, la masiva paralizaci&oacute;n de los campesinos consigui&oacute; dejar en suspenso la Resoluci&oacute;n 970, una ley que obligaba a los agricultores a utilizar exclusivamente semillas certificadas, es decir, patentadas por las empresas del sector del agronegocio.
    </p><p class="article-text">
        Por las mismas fechas, se difundi&oacute; por internet el documental <a href="http://www.youtube.com/watch?v=kZWAqS-El_g" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>970</em></a>, de Victoria Solano, que denuncia la injusticia cometida contra unos agricultores del departamento del Huila, en el interior del pa&iacute;s, a quienes se requis&oacute; 70 toneladas de semillas de arroz no certificadas. Los campesinos respondieron que ni siquiera se les hab&iacute;a comunicado la nueva ley. Muchos colombianos se enteraron a trav&eacute;s de esa pel&iacute;cula de que, en Colombia, regalar o intercambiar semillas era delito. El presidente Juan Manuel Santos opt&oacute; dejar la ley en suspenso; a finales de a&ntilde;o, el Tribunal Constitucional declar&oacute; ilegal la ley al no haberse sometido a la consulta de los pueblos ind&iacute;genas.
    </p><p class="article-text">
        Pese a la importancia que otorgan a esas victorias, los movimientos sociales en Chile y Colombia no bajan la guardia. Su recelo es com&uacute;n: en ambos casos, las leyes de privatizaci&oacute;n de las semillas respond&iacute;an a un compromiso adquirido con Estados Unidos al firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con esos pa&iacute;ses. Ambos tratados incluyen, por imperativo de Washington, la ratificaci&oacute;n de un convenio internacional llamado UPOV 91, que coloca restricciones a los agricultores en beneficio de los derechos de patente de las corporaciones.
    </p><h3 class="article-text">Monsanto en Argentina</h3><p class="article-text">
        <strong>Monsanto en Argentina</strong>Aunque no ha firmado el TLC, Argentina tiene su propia <em>Ley Monsanto</em>, que tambi&eacute;n ha suscitado el rechazo popular: m&aacute;s de 10.000 argentinos firmaron contra la ley en la Campa&ntilde;a No a la Privatizaci&oacute;n de las Semillas. En este momento el proceso parlamentario de la ley no avanza, pero los movimientos sociales se mantienen vigilantes: &ldquo;Ahora el tr&aacute;mite est&aacute; parado, pero se est&aacute; impulsando de a poco, como a escondidas. Y una ley de semillas como la que se planea ser&iacute;a muy peligrosa: nos dejar&iacute;a totalmente fuera de la soberan&iacute;a alimentaria&rdquo;, explica Piru Famatina, activista del movimiento vecinal que rechaza la construcci&oacute;n de una planta de ma&iacute;z transg&eacute;nico en la provincia de C&oacute;rdoba.
    </p><p class="article-text">
        Si llegara a aprobarse el proyecto de ley, los agricultores argentinos se ver&iacute;an obligados a comprar la soja Intacta RR2BT, patentada por Monsanto. Eso responder&iacute;a a la reclamaci&oacute;n que Monsanto ha hecho al Gobierno argentino durante a&ntilde;os: que muchos productores utilizan variedades locales muy similares a su soja transg&eacute;nica, sin pagarle nada a cambio. Pero, mientras la ley es aprobada, la corporaci&oacute;n estadounidense encontr&oacute; una manera de obtener dinero: la empresa, bajo la amenaza de no seguir proporcion&aacute;ndoles su tecnolog&iacute;a, ha firmado acuerdos privados con centenares de productores. &ldquo;Esos contratos act&uacute;an como una estructura paralela de gobierno. Monsanto tiene detectores en los puertos para verificar si la soja que sale debe pagarle regal&iacute;as&rdquo;, asegura el doctor Mauricio Berger, profesor en el Seminario de Justicia Ambiental de la Universidad de C&oacute;rdoba.
    </p><p class="article-text">
        En el pa&iacute;s austral, la soja acapara ya alrededor del 60% de la superficie cultivable en el pa&iacute;s y gener&oacute; en 2013 ganancias por 34.000 millones de d&oacute;lares, unas divisas de las que la econom&iacute;a argentina es cada vez m&aacute;s dependiente. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/campesinos-latinoamericanos-privatizacion-impulsada-monsanto_1_4929900.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Apr 2014 18:51:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Campesinos latinoamericanos se rebelan contra el poder de Monsanto y la privatización de las semillas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Semillas,Monsanto,Chile,Argentina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Indígenas contra Endesa: "No queremos más represas en la zona"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/represas-endesa-conflictos-america-latina_1_4988675.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f181399-d9ae-4a43-a59e-b3dcad0cdd72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Indígenas contra Endesa: &quot;No queremos más represas en la zona&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Colombia, Chile y Guatemala, comunidades rurales e indígenas se enfrentan a las centrales hidroeléctricas de la multinacional italoespañola Enel Endesa.</p><p class="subtitle">Argumentan que, lejos de cumplir con su promesa de llevar empleo y progreso, estos proyectos les empobrecen.</p><p class="subtitle">Uno de los afectados: "Aquí antes crecía arroz, maíz, cacao. Las tierras más fértiles se inundaron y nos vimos obligados a vivir de la pesca. Y ahora, con la nueva represa, nos echan de nuevo"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;O se van las <a href="http://omal.info/spip.php?article6044" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">multinacionales</a> del territorio, o las echamos!&rdquo;. Esta fue la consigna de los campesinos afectados por la construcci&oacute;n de una represa de Endesa sobre el r&iacute;o Magdalena durante meses de resistencia, en el Huila, una regi&oacute;n al suroccidente de Colombia. La central hidroel&eacute;ctrica de El Quimbo es el proyecto insignia de la filial colombiana de la multinacional italoespa&ntilde;ola. Pero a la empresa se le han complicado las obras: cientos de habitantes de municipios como La Jagua y Hobo <a href="http://www.fronterad.com/?q=grandeza-y-miserias-rio-magdalena-desembarco-multinacionales-espanolas-en-colombia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">rechazan</a> al embalse y han unido fuerzas en la asociaci&oacute;n <a href="http://www.quimbo.com.co/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Asoquimbo</a>.
    </p><p class="article-text">
        Hablan con conocimiento de causa: 30 a&ntilde;os atr&aacute;s, a pocos kil&oacute;metros y sobre el mismo r&iacute;o Magdalena, los vecinos del municipio de Hobo (en Huila, Colombia) y otros pueblos aceptaron la construcci&oacute;n de la represa de <a href="http://www.endesa.com/es/conoceendesa/lineasnegocio/principalesproyectos/Colombia_biodiversidad" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Betania</a>, que lleg&oacute; con dos promesas: empleo y progreso. No lleg&oacute; ni lo uno ni lo otro. &ldquo;En Hobo sabemos bien qu&eacute; trae la represa: aqu&iacute; antes crec&iacute;a arroz, ma&iacute;z, cacao. Las tierras m&aacute;s f&eacute;rtiles se inundaron y nos vimos obligados a vivir de la pesca. Y ahora, con la nueva represa, nos echan de nuevo, porque desde que empezaron las obras, cada vez hay menos peces&rdquo;, cuenta Gilberto. La &uacute;nica salida que les queda a muchos es vender agua o queso a los costados de la carretera.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, ahora que Endesa llega a La Jagua con la misma promesa de desarrollo, no le creen. Emgesa ya se ha hecho con las tierras de los terratenientes de la zona: eran fincas productivas y ahora ser&aacute;n inundadas por la represa, dejando a decenas de jornaleros sin trabajo. Pero la mayor&iacute;a de los peque&ntilde;os propietarios no est&aacute;n dispuestos a malvender sus fincas. &ldquo;La lucha es por la tierra, por el r&iacute;o. Quieren privatizar el r&iacute;o, &iexcl;a qui&eacute;n se le ocurre! Estamos perdiendo territorio: si no lo recuperamos ahora, nuestros hijos no van a tener de qu&eacute; comer&rdquo;, explica Jarol, un jornalero que, despu&eacute;s de perder su empleo, decidi&oacute; junto a varios compa&ntilde;eros ocupar una finca abandonada para producir alimentos.
    </p><p class="article-text">
        La historia se repite <a href="http://www.fronterad.com/?q=modelo-modelo-represas-al-sur-chile-hidroelectrica-contra-lago-neltume" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al sur de Chile</a>, en la regi&oacute;n cordillerana del Alto B&iacute;o B&iacute;o. Las comunidades mapuches aceptaron la instalaci&oacute;n de las centrales de Pangue y Ralco, en 1996 y 2003 respectivamente. Endesa logr&oacute; en ambos casos el consentimiento de los mapuches, pero el Estado y la empresa incumplieron buena parte de los acuerdos y realojaron a los afectados en tierras yermas o sin acceso al agua.
    </p><p class="article-text">
        La inaccesibilidad de las tierras dificulta a las comunidades su actividad econ&oacute;mica ancestral, el pastoreo. Adem&aacute;s, &ldquo;han dividido a las comunidades, porque les han entregado tierras dispersas, distantes&rdquo;, explica la &ntilde;a&ntilde;a (hermana) Anita, que resisti&oacute; hasta el final contra las represas. Por eso, muchos de quienes apoyaron el proyecto se arrepienten hoy, por el lonko de la comunidad (la autoridad pol&iacute;tica), Carmelo Levy, que apoy&oacute; con entusiasmo el proceso: &ldquo;Nos enga&ntilde;aron por no tener educaci&oacute;n. Pero ahora no queremos m&aacute;s represas en la zona&rdquo;, dice. Les toca dar la pelea, porque otra central hidroel&eacute;ctrica, esta vez de la compa&ntilde;&iacute;a chilena Colb&uacute;n, est&aacute; ya en construcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Unos kil&oacute;metros m&aacute;s al sur, en la tur&iacute;stica Regi&oacute;n de Los Lagos, est&aacute;n todav&iacute;a a tiempo de detener el proyecto en ciernes. Endesa quiere construir <a href="http://www.fronterad.com/?q=modelo-modelo-represas-al-sur-chile-hidroelectrica-contra-lago-neltume" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una represa</a> sobre el Lago Neltume. Las mismas promesas de siempre: desarrollo, empleo, progreso. Para quienes rechazan el proyecto, el B&iacute;o B&iacute;o es el espejo sobre el que mirarse. Muchos mapuches y tambi&eacute;n muchos <em>winka </em>(blancos) creen que la represa tendr&aacute; efectos nefastos sobre el turismo, la principal fuente de ingresos para la regi&oacute;n. &ldquo;El lago es nuestra principal fuente de ingresos, aqu&iacute; se ba&ntilde;an nuestros hijos. Si nos contaminan el lago, vamos a perder nuestra tranquilidad&rdquo;, se&ntilde;ala Rosa, represente de una de las comunidades mapuches contrarias a la represa.
    </p><p class="article-text">
        Es a&uacute;n un poco m&aacute;s al sur, en la g&eacute;lida regi&oacute;n de Ays&eacute;n, donde est&aacute;n puestas todas las miradas. All&iacute;, en la Patagonia chilena, una de las mayores reservas de agua dulce del mundo, Endesa proyecta la construcci&oacute;n de cinco represas sobre los r&iacute;os Baker y Pascua. La vulnerabilidad del ecosistema patag&oacute;nico y la magnitud del proyecto, que se completar&iacute;a con la construcci&oacute;n de un enorme cableado de alta tensi&oacute;n de 2.000 kil&oacute;metros para transportar la energ&iacute;a al norte del pa&iacute;s, han despertado las alarmas, no s&oacute;lo en Chile. 68 organizaciones integran la campa&ntilde;a <a href="http://patagoniasinrepresas.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Patagonia Sin Represas</a> (PSR), que consigui&oacute; en 2011 sacar a miles de santiague&ntilde;os a las calles para evitar que se d&eacute; el &uacute;ltimo paso burocr&aacute;tico pendiente para aprobar el proyecto. Durante su presidencia, Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era no se atrevi&oacute; a consumar un proyecto tan impopular; las miradas est&aacute;n puestas ahora sobre Michelle Bachelet.
    </p><h3 class="article-text">Estrategia com&uacute;n</h3><p class="article-text">
        Endesa es ya la mayor multinacional el&eacute;ctrica privada de Latinoam&eacute;rica, con <a href="http://www.endesa.com/es/conoceendesa/lineasnegocio/Electricidad/Latinoamerica" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">presencia</a> en Brasil, Colombia, Per&uacute;, Argentina y Chile. En muchos de estos territorios, organizaciones como el Observatorio de Multinacionales en Am&eacute;rica Latina (<a href="http://www.omal.info/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">OMAL</a>) o <a href="http://www.tierradigna.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tierra Digna</a> han identificado un patr&oacute;n com&uacute;n en el comportamiento de Endesa, que ha rechazado hacer declaraciones al respecto a eldiario.es, as&iacute; como de otras multinacionales. Sobre el terreno, comprobamos que los afectados por los proyectos de Ralco, Neltume, o El Quimbo describen una misma estrategia para vencer la resistencia de las comunidades locales a las represas. &ldquo;Endesa compra conciencias, lleva fardos de pasto como regalos a cambio de una firma&rdquo;, explica el activista mapuche Jorge Weke, fundador del Parlamento de Koz Koz, una organizaci&oacute;n muy activa contra la represa de Neltume.
    </p><p class="article-text">
        Tanto en el B&iacute;o B&iacute;o como en El Quimbo, los desplazados y expropiados por las represas sostienen que la empresa firma acuerdos privados con los particulares, por sumas de dinero que oscilan y crean as&iacute; enemistad entre los vecinos. Por su parte, Endesa, que rehus&oacute; hablar con esta reportera, enumera en su web diferentes planes de educaci&oacute;n, medio ambiente o cooperaci&oacute;n social que desarrollan sus fundaciones para cumplir su <a href="http://www.endesa.cl/es/nuestrocompromiso/fundaciones/Paginas/home.aspx" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;compromiso de desarrollo de las comunidades&rdquo;</a>. Para Jorge Weke, se trata de planes &ldquo;asistencialistas&rdquo; sin otra funci&oacute;n que &ldquo;cooptar a los l&iacute;deres de las comunidades, a cambio de un empleo o un beneficio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Weke apunta a &ldquo;las complicidades entre Endesa y los gobiernos&rdquo;. En la misma l&iacute;nea, el ec&oacute;logo Juan Pablo Orrego, presidente de la ONG <a href="http://www.ecosistemas.cl/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ecosistemas</a>, denuncia que &ldquo;el oligopolio el&eacute;ctrico hace un <em>lobby </em>feroz&rdquo;. Adem&aacute;s, a&ntilde;ade Orrego, la tendencia a impulsar la energ&iacute;a hidroel&eacute;ctrica ha sido influida por la generosa <a href="http://www.tierramerica.net/2000/1119/noticias4.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">financiaci&oacute;n del Banco Mundial</a>.
    </p><p class="article-text">
        Desde 2009, Endesa pertenece al grupo italiano <a href="http://www.endesa.com/es/conoceendesa/nuestraestrategia/EndesaenelMundo/EndesaenelMundo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Enel</a>, que opera en 40 pa&iacute;ses y obtuvo en 2011 unas ganancias de 4.100 millones de euros. La multinacional italiana tambi&eacute;n ha dejado su huella en Am&eacute;rica Latina: en San Juan Cotzal, al norte de Guatemala, Enel Green Power, del grupo Enel, inaugur&oacute; en 2012 la central hidroel&eacute;ctrica de <a href="http://www.plazapublica.com.gt/content/hidroelectricas-ir-al-fondo-de-sus-contradicciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Palo Viejo</a>. Las comunidades mayas ixil firmaron un documento en que aceptaban la radicaci&oacute;n de Enel, pero afirmaron despu&eacute;s que se les enga&ntilde;&oacute;. Muchos de los afectados por la represa ni siquiera tienen luz, y donde llega, se paga mucho m&aacute;s cara que en la capital.
    </p><p class="article-text">
        La animadversi&oacute;n que despierta Enel Endesa en rincones tan lejanos del globo llev&oacute; a la creaci&oacute;n en Italia de la organizaci&oacute;n '<a href="http://stopenel.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stop Enel</a>', que decidi&oacute; comprar acciones del grupo para poder intervenir en las juntas de accionistas. A esas reuniones llevaron a Jorge Weke, a Juan Pablo Orrego, a Miller Duss&aacute;n, para que los accionistas conocieran los impactos de los proyectos de Enel Endesa en Colombia y Chile. De momento, la corporaci&oacute;n no ha rectificado, ni tampoco el Estado italiano, al que pertenece un 31% de las acciones del grupo.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Un recurso renovable?</h3><p class="article-text">
        La mayor parte de los cient&iacute;ficos y ecologistas est&aacute; de acuerdo en que las represas pueden ser una fuente de energ&iacute;a el&eacute;ctrica y sirven para controlar inundaciones, almacenar agua e irrigar cultivos. Sin embargo, para que las ventajas excedan los costos en t&eacute;rminos sociales y ambientales, es necesario estudiar muy bien el emplazamiento y facilitar a la poblaci&oacute;n las condiciones de realojo, y eso es mucho m&aacute;s que darles una vivienda: implica evitar el desarraigo y la p&eacute;rdida de sus modos de vida tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        En Am&eacute;rica Latina, esto no sucede en la mayor&iacute;a de los casos. Las comunidades rurales y campesinas, los mayores afectados por las represas, se llevan la peor parte. Tambi&eacute;n el resto del planeta: el agua solo es un recurso renovable si se respetan sus ciclos y, a estas alturas, apenas <a href="http://dams-info.org/es/about/us/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un tercio</a> de los grandes r&iacute;os del planeta siguen su curso natural.
    </p><p class="article-text">
        El problema del que alertan los cient&iacute;ficos y las organizaciones ecologistas es que, en Am&eacute;rica Latina, la regi&oacute;n con mayores recursos h&iacute;dricos del planeta, la gran parte de los proyectos no est&aacute;n siendo correctamente evaluados. Mientras, la fiebre hidroel&eacute;ctrica no para de crecer: m&aacute;s de sesenta represas est&aacute;n proyectadas s&oacute;lo en la <a href="http://dams-info.org/es/about/us/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Amazonia brasile&ntilde;a</a>, una decena sobre el r&iacute;o Magdalena. &iquest;Pueden las venas fluviales de Am&eacute;rica Latina soportar este modelo de desarrollo? Muchas comunidades ind&iacute;genas y campesinas responden con un rotundo &ldquo;no&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/represas-endesa-conflictos-america-latina_1_4988675.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Mar 2014 19:02:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Indígenas contra Endesa: "No queremos más represas en la zona"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Endesa,Responsabilidad social corporativa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Azúcar con sabor a tierra robada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/azucar-sabor-tierra-robada_1_5171436.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b8a3399-ef5a-46ad-ba8b-2c412da01d62_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Azúcar con sabor a tierra robada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Asistimos en todo el mundo a un proceso de acaparamiento de tierras: los cultivos de caña de azúcar son más rentables debido al auge de los agrocombustibles</p><p class="subtitle">En Camboya, el programa de intercambios comerciales aplicado por la Unión Europea a los países menos desarrollados</p><p class="subtitle">ha dejado, paradójicamente, sin tierra a miles de familias</p><p class="subtitle">Coca-Cola, primer comprador mundial de azúcar, evaluará la política de acaparamiento de tierras de sus proveedores, algo que ya había prometido en 2012</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Nos dicen que estas tierras son demasiado caras para la agricultura familiar&rdquo;, cuenta Lucas. &ldquo;Todo, para la exportaci&oacute;n: aqu&iacute; no queda nada. La mayor&iacute;a de los trabajadores los traen de fuera, as&iacute; que la gente del lugar se queda sin trabajo. No hay espacio para nosotros&rdquo;. Lucas es dirigente del Campamento de San Antonio, al sur del Estado brasile&ntilde;o de Bah&iacute;a. A &eacute;l, como a las otras 400 familias de campesinos que forman el campamento, lo expulsaron de sus tierras. En estas tierras de tradici&oacute;n azucarera, un monocultivo dedicado a la exportaci&oacute;n desde los tiempos de la colonia portuguesa, avanza ahora el eucalipto, un &aacute;rbol de r&aacute;pido crecimiento y que, por la cantidad de nutrientes que absorbe de la tierra, resulta muy da&ntilde;ino para la biodiversidad.
    </p><p class="article-text">
        Las multinacionales productoras de celulosa para la exportaci&oacute;n se sumaban as&iacute; a los ingenios azucareros y desplazaban a los peque&ntilde;os productores. El ma&iacute;z, el frijol, la calabaza deb&iacute;an importarse de fuera. Pero un grupo de campesinos del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) decidi&oacute; ocupar estas tierras en 2009 y, desde entonces, se ha vuelto a producir comida para las poblaciones vecinas. Estas 400 familias le hu&iacute;an as&iacute; al destino que les marcaba el latifundio: expulsados de sus tierras, obligados a migrar a grandes ciudades, como Salvador, para pasar a formar parte de ese ej&eacute;rcito de brazos olvidados, innecesarios, que se hacinan en las periferias y favelas de las grandes urbes brasile&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        El MST es uno de los movimientos sociales m&aacute;s grandes e influyentes de Am&eacute;rica Latina: se cre&oacute; en los a&ntilde;os 70 y, desde el comienzo, coloc&oacute; la reforma agraria como foco, en un pa&iacute;s que se encuentra, desde hace d&eacute;cadas, entre los m&aacute;s desiguales y latifundistas del planeta. Su objetivo es la reforma agraria a trav&eacute;s de la redistribuci&oacute;n de tierras improductivas; su estrategia consiste en ocupar tierras bald&iacute;as y forzar por la v&iacute;a de los hechos que se cumpla el uso social de la tierra que, sobre el papel, garantiza la Constituci&oacute;n brasile&ntilde;a. Seg&uacute;n el MST, en un pa&iacute;s de algo m&aacute;s de 190 millones de habitantes y con una de las estructuras de propiedad m&aacute;s latifundistas del planeta, cuatro millones de familias siguen despose&iacute;das.
    </p><p class="article-text">
        La propia FAO ha reconocido que en Am&eacute;rica Latina, Argentina y Brasil est&aacute;n inmersos en un proceso de acaparamiento de tierras, esto es, un aumento del latifundio consagrado al agronegocio exportador, al precio de una intensificaci&oacute;n de los desalojos de comunidades campesinas e ind&iacute;genas de sus tierras ancestrales.
    </p><p class="article-text">
        Hoy como ayer, la ca&ntilde;a de az&uacute;car es un producto clave en esa estructura latifundista global; sobre todo ahora que no s&oacute;lo se alimentan de ca&ntilde;a las personas, sino tambi&eacute;n los autom&oacute;viles. El auge del etanol ha impulsado las plantaciones de ca&ntilde;a en Brasil.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Contrarreforma agraria&rdquo;</h3><p class="article-text">
        &ldquo;El acaparamiento de tierras es un fen&oacute;meno global iniciado por las elites locales y transnacionales, los Gobiernos y las compa&ntilde;&iacute;as multinacionales para controlar los recursos mundiales m&aacute;s preciados&rdquo;, como la tierra y el agua, sostiene la V&iacute;a Campesina latinoamericana en un comunicado de 2012. Un proceso que el dirigente del MST Jo&atilde;o Pedro St&eacute;dile califica de &ldquo;contrarreforma agraria&rdquo; y que, como ha denunciado Amnist&iacute;a Internacional, &ldquo;desplaza y disloca comunidades, destruye econom&iacute;as locales, culturas y tejidos sociales y pone en peligro la identidad comunitaria&rdquo;. Quien ose levantarse para defender lo que es suyo sufrir&aacute; hostigamiento, amenazas y muertes: en 2010, 34 campesinos e ind&iacute;genas murieron asesinados en Brasil por defender sus tierras.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La compra de grandes extensiones de tierra para monocultivos para la exportaci&oacute;n o para la producci&oacute;n de biocombustibles est&aacute; provocando hambre y violando los derechos humanos en muchos pa&iacute;ses en desarrollo&rdquo;, sostiene Interm&oacute;n Oxfam en su <a href="http://www.oxfam.org/es/crece/policy/tierra-y-poder" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe Tierra y poder</a><em>,</em> de 2011. La organizaci&oacute;n subraya &ldquo;la velocidad, cada vez mayor, a la que se llevan a cabo acuerdos sobre transacciones de tierra y que a menudo pone en un mayor peligro a las comunidades pobres&rdquo;. As&iacute;, seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe de Oxfam lanzado hace unas semanas, desde el a&ntilde;o 2000 se han adquirido en el mundo al menos cuatro millones de hect&aacute;reas para la producci&oacute;n de az&uacute;car.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las comunidades &rdquo;pierden &ndash;en ocasiones de forma violenta&ndash; sus casas y sus medios de vida sin haber sido previamente consultados, sin posibilidades de compensaci&oacute;n o medios que les permitan reclamar sus tierras&ldquo;, a&ntilde;ade IO. A menudo, las empresas o terratenientes se aprovechan de que, en las poblaciones campesinas y m&aacute;s a&uacute;n entre los pueblos originarios, en muchos casos las comunidades no cuentan con t&iacute;tulos de propiedad de las tierras que han poblado desde tiempos ancestrales.
    </p><h3 class="article-text">Acaparamiento global</h3><p class="article-text">
        El mismo proceso se da en el resto del planeta, con una velocidad que se ha acelerado desde que, tras el pinchazo de la burbuja financiera en 2008, los inversores apreciaron la volatilidad de los t&iacute;tulos financieros y se replegaron sobre valores m&aacute;s seguros, como el mercado de alimentos a futuro o la propiedad de las tierras.
    </p><p class="article-text">
        La organizaci&oacute;n Grain documenta <a href="http://www.grain.org/article/entries/4479-grain-releases-data-set-with-over-400-global-land-grabs%20IO%20TIERRA%20Y%20PODER:%20" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">416 casos de acaparamiento</a> recientes en todo el globo, que abarcan casi 35 millones de hect&aacute;reas de tierras en 66 pa&iacute;ses; entre ellas, muchos ca&ntilde;averales. Este informe llega a conclusiones interesantes, como que &Aacute;frica es el primer objetivo de los inversores, entre los que se encuentran 298 empresas del agronegocio, pero tambi&eacute;n entidades financieras y fondos soberanos, que est&aacute;n detr&aacute;s de un tercio de las operaciones.
    </p><p class="article-text">
        En Camboya, el programa de intercambios comerciales<em> Everything but Arms </em>(EBA, Todo menos Armas), que la Uni&oacute;n Europea aplica desde 2001 a los pa&iacute;ses menos desarrollados para que puedan importar sus productos en Europa con ventajas impositivas<em>, </em>ha dejado, parad&oacute;jicamente, sin tierra a miles de familias que ahora luchan por la subsistencia. 
    </p><p class="article-text">
        Uno de los <a href="http://www.carrodecombate.com/2013/07/13/el-azcar-se-tie-de-sangre-en-camboya/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">casos m&aacute;s conocidos ha sido el de Srae Ambel</a>, en la sure&ntilde;a provincia de Koh Kong, donde los agricultores despose&iacute;dos han plantado cara a la empresa tailandesa que ha convertido sus arrozales en un extenso ca&ntilde;averal. &ldquo;La propia empresa ha reconocido que no estar&iacute;a en Camboya si no fuera por el EBA. Creo que es una prueba suficiente para probar que est&aacute; relacionado&rdquo;, asegura Matthieu Pellerin, investigador de la ONG local de derechos humanos LICADHO. Los campesinos han emprendido acciones legales en Camboya y en el Reino Unido contra Tate &amp; Lyle &ndash;una de las empresas que compra el az&uacute;car camboyano&ndash;, y el Parlamento Europeo ha pedido una investigaci&oacute;n ante las evidencias de violaciones de derechos humanos en las plantaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Este podr&iacute;a ser uno de los casos que <strong>Coca-Cola</strong>, primer comprador mundial de az&uacute;car, revisara tras prometer que evaluar&aacute; la pol&iacute;tica de acaparamiento de tierras de sus proveedores &ndash;Tate &amp; Lyle es uno de ellos&ndash;. El anuncio llega como respuesta a la campa&ntilde;a de acci&oacute;n ciudadana &ldquo;Tras la marca&rdquo;, lanzada por Oxfam, aunque el gigante estadounidense ya se hab&iacute;a comprometido en 2012 a revisar la procedencia del az&uacute;car que utiliza en su estrategia &ldquo;Objetivos de Sostenibilidad 2020&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quien controla la tierra, controla la alimentaci&oacute;n, la vida. La lucha es, m&aacute;s que un imperativo ideol&oacute;gico, una cuesti&oacute;n de supervivencia no s&oacute;lo para los campesinos, sino para todos los seres humanos. Como dice Natalia, mientras prepara la comida para un regimiento en el Campamento de San Antonio: &ldquo;Si el pueblo no planta, la ciudad no cena&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Villadiego, Nazaret Castro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/azucar-sabor-tierra-robada_1_5171436.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Nov 2013 19:09:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Brasil,Camboya,Alimentación,Pobreza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caña de azúcar: la hierba de la miseria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/alimentos_que_cambian_vidas/cana-de-azucar-esclavitud-brasil-tailandia-intermon-oxfam-produccion-alimentacion_1_1162892.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25eabebc-5fdf-42da-a953-c3ef3bf30511_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Caña de azúcar: la hierba de la miseria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La 	caña se ha impuesto como la principal materia prima para la 	industria azucarera, procedente en su mayoría de países en 	desarrollo.</p><p class="subtitle">La 	planta es casi siempre recolectada de forma manual por hordas de 	jornaleros en condiciones laborales análogas a la esclavitud.</p><p class="subtitle">Se conoce como la hierba de la miseria porque las comunidades donde se cultiva entran en un círculo de pobreza.</p></div><p class="article-text">
        Cada mes de noviembre, cuando las lluvias del monz&oacute;n comienzan a arreciar, Bua Lai vuelve a afilar su machete y se prepara para pasar los cinco meses siguientes dando golpes a los gruesos tallos de la ca&ntilde;a de az&uacute;car. Como ella, aproximadamente un mill&oacute;n de jornaleros barrer&aacute;n los campos de Tailandia, el segundo exportador mundial de az&uacute;car, para recoger el dulce jugo que acabar&aacute; en las mesas de medio mundo.
    </p><p class="article-text">
        La ca&ntilde;a se ha convertido durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os en la principal fuente de az&uacute;car en el mundo y cerca de un 90 por ciento de la producci&oacute;n mundial procede de esta hierba de grandes dimensiones. La mayor&iacute;a se planta en pa&iacute;ses en desarrollo como la India, Brasil o la propia Tailandia, donde las leyes laborales y medioambientales son m&aacute;s laxas. Muchos la conocen como la hierba de la miseria, porque ah&iacute; donde se cultiva, las comunidades entran en un c&iacute;rculo de pobreza generado por las p&eacute;simas condiciones laborales y los fuertes impactos medioambientales que lleva consigo esta planta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tailandia</strong> es un buen ejemplo de ello. La zona azucarera se concentra en la regi&oacute;n nordeste, conocida como Isaan, una de las m&aacute;s pobres del pa&iacute;s. All&iacute; vive Bua Lai, una mujer menuda con la tez tostada por el sol y las manos llenas de heridas, que comenz&oacute; a cortar ca&ntilde;a hace diez a&ntilde;os, cuando a su marido le detectaron un c&aacute;ncer de huesos y tuvo que dejar el trabajo. A sus 56 a&ntilde;os, a&uacute;n maneja el machete con presteza, pero se incorpora continuamente para dar un peque&ntilde;o respiro a sus ri&ntilde;ones. &ldquo;A veces no quiero venir. Me duele todo, pero lo hago porque necesito el dinero&rdquo;. La mayor&iacute;a de los d&iacute;as, Bua Lai ni siquiera consigue ganar el salario m&iacute;nimo de 300 baths (unos 8 euros) diarios estipulado por el Gobierno. Sin embargo, como buena parte de los jornaleros de este sector en medio mundo, ella cobra al peso por la ca&ntilde;a que consigue cortar cada d&iacute;a. &ldquo;Cuando la ca&ntilde;a es f&aacute;cil de cortar no hay mucho problema, pero les da igual si te encuentras con tallos m&aacute;s duros. No te pagan m&aacute;s&rdquo;. Junto a ella, sus hijos han trabajado en los campos desde que ten&iacute;an diez a&ntilde;os. No quer&iacute;an estudiar y el dinero escaseaba, as&iacute; que se unieron al grupo de trabajo de su madre.
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        Los vecinos de Bua Lai recuerdan la expansi&oacute;n del az&uacute;car en los a&ntilde;os 80 con amargura. &ldquo;La vida cambi&oacute; desde que la ca&ntilde;a de az&uacute;car lleg&oacute; a la regi&oacute;n. La gente ya no tiene tiempo libre, est&aacute;n todo el d&iacute;a cuidando los ca&ntilde;averales. Ya no se conocen, no se saludan&rdquo;, asegura Phan Chantalat, un hombre de 65 a&ntilde;os ya jubilado que empez&oacute; a plantar ca&ntilde;a en 1983. El Gobierno impuls&oacute; entonces el sector y las nuevas f&aacute;bricas, que tienen que situarse cerca de los campos para procesar cuanto antes los tallos, ofrecieron suculentas ventajas para incitar a los agricultores. Pero, al mismo tiempo, la ley les oblig&oacute; a firmar contratos por los que, si no llegaban al cupo establecido, deb&iacute;an pagar una multa; si no ten&iacute;an c&oacute;mo pagarla, los agricultores terminaban por<strong> ceder sus tierras</strong> a las f&aacute;bricas. Y as&iacute; fue como las f&aacute;bricas del sector se convirtieron en las propietarias de la mayor parte del suelo en la regi&oacute;n, mientras los antiguos peque&ntilde;os propietarios, hoy convertidos en jornaleros sin tierra, viven m&aacute;s al l&iacute;mite que nunca.
    </p><h3 class="article-text">Los ca&ntilde;averales brasile&ntilde;os</h3><p class="article-text">
        En Brasil, el principal productor y exportador de ca&ntilde;a de az&uacute;car en el mundo, la mecanizaci&oacute;n nunca lleg&oacute; a los ca&ntilde;averales; es m&aacute;s rentable la mano de obra barata. Los jornaleros, que cobran al peso, deben trabajar extenuantes jornadas para conseguir salarios de alrededor de 800 reales (menos de 300 euros). Viven en p&eacute;simas condiciones de seguridad e higiene y, a menudo, mal alimentados. Las cr&oacute;nicas relatan c&oacute;mo, a veces, consumen drogas, como crack o marihuana, para soportar la dureza del trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Es un secreto a voces: cada a&ntilde;o, los informes del propio Ministerio de Trabajo revelan que las plantaciones de az&uacute;car emplean a buena parte de los 25.000 trabajadores que, seg&uacute;n los c&aacute;lculos de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT), trabajan en Brasil en condiciones an&aacute;logas a la esclavitud. S&oacute;lo en 2009, casi 2.000 trabajadores fueron liberados en los ca&ntilde;averales del pa&iacute;s. Se sabe tambi&eacute;n que la esclavitud y la pobreza tienen color en Brasil: seg&uacute;n datos oficiales, tres de cada cuatro trabajadores sometidos a r&eacute;gimen an&aacute;logo a la esclavitud son negros o mulatos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los trabajadores temporales &ndash;los jornaleros&ndash; viven sin derecho al agua, comida y alojamientos recientes, humillados, sin poder volver para casa&rdquo;, se&ntilde;ala el periodista Leonardo Sakamoto, fundador de la organizaci&oacute;n <a href="http://reporterbrasil.org.br/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rep&oacute;rter Brasil</a>. A menudo son migrantes, a los que se trajo desde sus lugares de origen por medio de enga&ntilde;os sobre las condiciones de trabajo, y que, una vez en el lugar de destino, deben pagar la deuda del viaje y comprar la comida a su explotador. El c&iacute;rculo se cierra sobre ellos: bajo ciertas condiciones, es muy f&aacute;cil transformar el sistema salarial en una eficaz forma de <strong>esclavitud moderna</strong>, mucho m&aacute;s lucrativa, por cierto, que esa antigua esclavitud colonial en la que el propietario deb&iacute;a mantener al esclavo durante los 365 d&iacute;as del a&ntilde;o. Ahora, el bracero, acabados los meses de cosecha, es sistem&aacute;ticamente abandonado a su suerte. Y si es 'rescatado' por las autoridades estatales, se encontrar&aacute; devuelto al abandono, por lo que, muy probablemente, volver&aacute; al mismo c&iacute;rculo vicioso la pr&oacute;xima cosecha.
    </p><p class="article-text">
        Brasil o Tailandia no son, ni mucho menos, una excepci&oacute;n. Algo muy similar ocurre en la Rep&uacute;blica Dominicana, donde se refieren a cortar ca&ntilde;a como &ldquo;trabajo de haitiano&rdquo;, o en Filipinas, donde en las haciendas el trabajador a&uacute;n est&aacute; anclado a la tierra. De America a Asia, se ve una constante: el trabajo esclavo avanza en paralelo a los procesos de acaparamiento de tierras, la proletarizaci&oacute;n de los peque&ntilde;os campesinos y la expansi&oacute;n del latifundio, que, en el caso de la ca&ntilde;a, agota r&aacute;pidamente la tierra y la deja inerte. Por eso dice Sakamoto que las nuevas formas de esclavitud &ldquo;son fruto del capitalismo: no son enfermedad, sino s&iacute;ntoma del sistema&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Villadiego, Nazaret Castro]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Oct 2013 17:41:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Caña de azúcar: la hierba de la miseria]]></media:title>
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