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    <title><![CDATA[elDiario.es - David Luque Balbona]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david_luque_balbona/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - David Luque Balbona]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Huelgas e intercambio político en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/huelgas-intercambio-politico-espana_1_5181343.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El modelo de huelgas en España viene determinado por la naturaleza  política de los sindicatos mayoritarios, esto es, por sus relaciones con  los partidos políticos y con el Gobierno, y sus intentos de influir en  la formulación de políticas</p></div><p class="article-text">
        En este art&iacute;culo se desarrolla un an&aacute;lisis a grandes rasgos de la evoluci&oacute;n de la actividad huelgu&iacute;stica en Espa&ntilde;a durante el periodo democr&aacute;tico. El an&aacute;lisis se apoya en una concepci&oacute;n pol&iacute;tica de las huelgas, l&oacute;gica contrapuesta a la concepci&oacute;n meramente econ&oacute;mica. De forma simplificada, se pueden diferenciar dos corrientes principales, o l&oacute;gicas de actuaci&oacute;n, en el an&aacute;lisis de la actividad huelgu&iacute;stica: la econ&oacute;mica y la pol&iacute;tico-organizativa. Desde la perspectiva econ&oacute;mica, focalizando la atenci&oacute;n en el proceso de negociaci&oacute;n colectiva, la propensi&oacute;n a la huelga depende de la relaci&oacute;n de fuerzas entre las partes, relaci&oacute;n que viene determinada por la fase en que se encuentre el ciclo econ&oacute;mico. Desde la &oacute;ptica pol&iacute;tico-organizativa, se toma en consideraci&oacute;n que, si se dan las circunstancias oportunas, los sindicatos pueden optar por desplazar el conflicto por la distribuci&oacute;n de la renta al &aacute;mbito pol&iacute;tico, en la medida en que para lograr la redistribuci&oacute;n de la renta &ldquo;la maquinaria del Estado&rdquo; es m&aacute;s potente que la negociaci&oacute;n colectiva. En definitiva, en este art&iacute;culo se plantea que las huelgas en Espa&ntilde;a siguen una l&oacute;gica de acci&oacute;n pol&iacute;tica.
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                </figure><p class="article-text">
        En el gr&aacute;fico 1 se reproduce la evoluci&oacute;n del n&uacute;mero de jornadas no trabajadas debido a huelgas por cada mil asalariados durante el periodo de an&aacute;lisis. Tomando en consideraci&oacute;n los principales puntos de inflexi&oacute;n registrados en la intensidad de la actividad huelgu&iacute;stica, se pueden identificar cinco etapas.
    </p><p class="article-text">
        En la primera etapa (1976-1979), tras la muerte de Franco, se registra un incremento espectacular del volumen de huelgas. Hecho caracter&iacute;stico de los procesos de redemocratizaci&oacute;n, en la medida en que las crisis pol&iacute;ticas constituyen un tipo de condici&oacute;n previa para que se produzca una oleada de huelgas. La peculiaridad del caso espa&ntilde;ol viene marcada por la coincidencia en un mismo periodo hist&oacute;rico del final de un ciclo largo de desarrollo econ&oacute;mico y un cambio de r&eacute;gimen pol&iacute;tico, lo que hizo que la explosi&oacute;n huelgu&iacute;stica fuese de una magnitud extraordinaria en t&eacute;rminos comparados.
    </p><p class="article-text">
        Con el cambio de d&eacute;cada, se abre una nueva etapa (1980-1987) en la que desciende marcadamente el volumen de actividad huelgu&iacute;stica. En esta etapa tuvo lugar un proceso de concertaci&oacute;n social &ndash;iniciado en la etapa anterior&ndash; que implic&oacute;, en distintos momentos al Gobierno, a los sindicatos y a la patronal, que puede verse como un intento de intercambio bipartito o tripartito, en el que los sindicatos aceptaron una restricci&oacute;n salarial a cambio de concesiones por parte del Gobierno o de los empresarios en materia de legislaci&oacute;n laboral y creaci&oacute;n de empleo. Por otro parte, la reestructuraci&oacute;n de la industria b&aacute;sica, sobremanera en el sector p&uacute;blico empresarial, gener&oacute; conflictos de gran envergadura. Por tanto, durante esta segunda etapa, el conflicto se presenta en &ldquo;dos niveles&rdquo;: a nivel institucional, entra en una etapa de concertaci&oacute;n corporatista subordinada, expresada en una pol&iacute;tica de sucesivos pactos sociales y, de forma paralela, el conflicto abierto se desplaza hacia los centros de producci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El inicio de esta tercera etapa (1988-1994) coincide con el cambio en la coyuntura econ&oacute;mica y se caracteriza en el &aacute;mbito institucional por ser un periodo de confrontaci&oacute;n entre los sindicatos y el Gobierno. Desde 1986, los sindicatos reclamaron al Gobierno una serie de medidas que compensaran la &ldquo;deuda social&rdquo; por los importantes sacrificios que hab&iacute;a supuesto para los trabajadores la crisis; mientras que el Gobierno manten&iacute;a una pol&iacute;tica econ&oacute;mica cuyo objetivo principal era la lucha contra la inflaci&oacute;n y, que, por tanto, supon&iacute;a la negativa a las demandas sindicales. 
    </p><p class="article-text">
        Todo lo cual desemboc&oacute; en la convocatoria de tres huelgas generales de &aacute;mbito nacional (14 de diciembre de 1988, 28 de mayo de 1992 y 27 de enero de 1994). En esta etapa, los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO) rompen relaciones con sus respectivos partidos de referencia, PSOE y PCE. Este distanciamiento en las relaciones con sus partidos posibilita la cooperaci&oacute;n entre los sindicatos tratando de monopolizar la representaci&oacute;n de los trabajadores en busca de una actuaci&oacute;n m&aacute;s eficaz en el mercado de trabajo, as&iacute; como una mayor capacidad de presi&oacute;n externa en el &aacute;mbito pol&iacute;tico. De esta forma, CCOO y UGT entran en una din&aacute;mica de &ldquo;unidad de acci&oacute;n&rdquo; con la que exigen un giro en la pol&iacute;tica econ&oacute;mica y el cobro de lo que se vino a llamar la &ldquo;deuda social&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La cuarta etapa (1995-2008), la del declive y aparente estabilizaci&oacute;n hasta 2008 (con ciertos repuntes localizados), se inici&oacute; a mediados de los noventa. Esta etapa se afronta con importantes cambios organizativos y estrat&eacute;gicos en los sindicatos m&aacute;s representativos de &aacute;mbito nacional. Los l&iacute;deres sindicales llegaron a la conclusi&oacute;n de que la &ldquo;estrategia de confrontaci&oacute;n&rdquo; de la etapa anterior tuvo resultados contraproducentes para sus intereses, al erosionar tanto su influencia pol&iacute;tica &ndash;no pudieron evitar las reformas orientadas a liberalizar el mercado de trabajo&ndash; como el apoyo de su electorado &ndash;malos resultados en las elecciones sindicales de 1994-95&ndash;, amenazando su propia supervivencia. 
    </p><p class="article-text">
        De esta forma, se produce una &ldquo;reorientaci&oacute;n estrat&eacute;gica&rdquo; en los sindicatos m&aacute;s representativos a nivel nacional con el fin de retomar la iniciativa y la influencia a nivel pol&iacute;tico, acelerada por los cambios internos llevados a cabo. A lo que se suma, por un lado, la incapacidad de los empresarios para controlar los salarios, y, por el otro, la incapacidad del Gobierno en reducir la inflaci&oacute;n, con el fin de cumplir con los criterios de convergencia establecidos en el proceso de creaci&oacute;n de la Uni&oacute;n Econ&oacute;mica y Monetaria. Como resultado se retoma la pol&iacute;tica de concertaci&oacute;n, parad&oacute;jicamente, de forma m&aacute;s intensa tras el cambio de Gobierno en las elecciones generales de 1996, ganadas por el Partido Popular. Tras el debilitamiento del di&aacute;logo social durante la segunda legislatura de Aznar, huelga general incluida el 20 de junio de 2002, la concertaci&oacute;n social se relanza con la llegada de Rodr&iacute;guez Zapatero al Gobierno en 2004. De este forma, se abre un periodo de &ldquo;idilio con los sindicatos&rdquo;, en el que el &ldquo;intercambio pol&iacute;tico&rdquo; se hace m&aacute;s expl&iacute;cito (incrementos sustanciales de las pensiones m&iacute;nimas y del salario m&iacute;nimo interprofesional, Ley de la dependencia&hellip;). Con un partido pol&iacute;tico &ldquo;hermano&rdquo; en el Gobierno, los sindicatos renuncian a utilizar plenamente su poder de negociaci&oacute;n sobre reivindicaciones inmediatas (esencialmente salariales), a cambio de la satisfacci&oacute;n de reivindicaciones &ldquo;estructurales&rdquo; a m&aacute;s largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima etapa arranca con la intensificaci&oacute;n de la crisis econ&oacute;mica. La actividad huelgu&iacute;stica se extiende tras el brusco giro en la pol&iacute;tica econ&oacute;mica experimentado en mayo de 2010 y la aprobaci&oacute;n de forma unilateral de la reforma laboral un mes m&aacute;s tarde. Una vez m&aacute;s, ante un cambio de postura del Gobierno no favorable al inter&eacute;s general de los trabajadores, se interrumpe el intercambio pol&iacute;tico, se vuelve negativo. Los sindicatos utilizaron &ldquo;el arma&rdquo; de la huelga general (29 de septiembre de 2010) con el fin de modificar la decisi&oacute;n adoptada por el Gobierno, en esta ocasi&oacute;n, sin &eacute;xito. Tras la breve recomposici&oacute;n del di&aacute;logo social que supuso la reforma pactada del sistema de pensiones a principios de 2011, la pol&iacute;tica de recortes implantada tras la victoria del PP en las elecciones generales del 20 de noviembre por mayor&iacute;a absoluta hizo que el intercambio pol&iacute;tico entre sindicatos y Gobierno se volviese abiertamente negativo (huelgas generales del 29 de marzo y 14 de noviembre de 2012).
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la hip&oacute;tesis &ldquo;pol&iacute;tica&rdquo; sobre las huelgas parece m&aacute;s adecuada para explicar el caso espa&ntilde;ol durante el r&eacute;gimen democr&aacute;tico. As&iacute;, las distintas etapas de concertaci&oacute;n social acontecidas desde finales de los setenta se pueden interpretar, desde la &oacute;ptica del &ldquo;intercambio pol&iacute;tico&rdquo;, como un cambio en la localizaci&oacute;n del conflicto por la distribuci&oacute;n de la renta que se desplaza del mercado &ndash;donde las huelgas son el principal mecanismo de presi&oacute;n&ndash; a la esfera pol&iacute;tica, donde operan mecanismos redistributivos a medio y largo plazo como la pol&iacute;tica social o el sistema fiscal. Disminuyendo, de este modo, la actividad huelgu&iacute;stica a medio plazo. Sin embargo, como ha quedado patente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, este planteamiento no supone una evoluci&oacute;n lineal de las huelgas en la medida en que se pueden dar discrepancias en el intercambio y las partes se pueden desvincular de &eacute;ste y optar por una estrategia de confrontaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Luque Balbona]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/huelgas-intercambio-politico-espana_1_5181343.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Nov 2013 18:41:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Huelgas e intercambio político en España]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social,Huelgas,Sindicatos]]></media:keywords>
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