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    <title><![CDATA[elDiario.es - Eva Garrido]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/eva_garrido/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Eva Garrido]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Mujeres e inmigrantes: cursos de empleo para no tirar la toalla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/dosis-recursos-sociolaborales-mujeres-inmigrantes_1_5044235.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5330afac-b6cb-4f24-b6a1-157c33357912_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mujeres e inmigrantes: cursos de empleo para no tirar la toalla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diferentes ONG ofertan cursos de formación específicos para mujeres inmigrantes</p><p class="subtitle">Las mujeres extranjeras que trabajaban en el servicio doméstico no tienen prestación si pierden su empleo, lo que les deja en situación de vulnerabilidad</p><p class="subtitle">“Allí no tengo nada. Me gustaría primero volver de vacaciones para ver cómo está todo y a partir de ahí decidir”</p></div><p class="article-text">
        Migrar le ha hecho madurar a la fuerza. Menuda y coqueta, Mayerly se march&oacute; de su tierra natal, Colombia, hace casi cinco a&ntilde;os. Acababa de conseguir su t&iacute;tulo universitario como t&eacute;cnico criminal&iacute;stico y de acceder a la escuela de formaci&oacute;n de la Polic&iacute;a, pero su familia estaba en Espa&ntilde;a y su hermano, que le hab&iacute;a pagado los estudios, la convenci&oacute; para que viniera. &ldquo;Deseaba venir aqu&iacute; para estar con ellos, trabajar y continuar mi formaci&oacute;n&rdquo;, cuenta con una permanente sonrisa. &ldquo;Aunque ahora, tanto mi hermano como yo, dudamos de si fue la mejor decisi&oacute;n&rdquo;, apunta, despu&eacute;s de que los planes no saliesen como hab&iacute;an ideado.
    </p><p class="article-text">
        Mayerly, que ya ha conseguido la nacionalidad espa&ntilde;ola, es una antigua beneficiaria del proyecto de inserci&oacute;n sociolaboral de la ONG <a href="http://www.fundeso.org/fundeso-social/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fundeso</a> dirigido a mujeres inmigrantes en situaci&oacute;n de vulnerabilidad con edades comprendidas entre 18 y 35 a&ntilde;os. Esta inserci&oacute;n se trabaja a trav&eacute;s de cursos de formaci&oacute;n, asesoramiento laboral y legal y apoyo psicol&oacute;gico desarrollados en el Centro Comunitario Caracol del barrio madrile&ntilde;o de Orcasitas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; es necesario cursos espec&iacute;ficos para mujeres? &ldquo;Hace a&ntilde;os, los hombres ten&iacute;an m&aacute;s f&aacute;cil el acceso y la integraci&oacute;n en el pa&iacute;s porque hab&iacute;a trabajo en la construcci&oacute;n y en muchas ocasiones llegaban con un contrato firmado. Esto facilitaba el tr&aacute;mite de sus papeles de residencia y un contrato era sin&oacute;nimo de prestaci&oacute;n y subsidio por desempleo en caso de perder su puesto de trabajo. Sin embargo, la mujer inmigrante que llegaba a Espa&ntilde;a trabajaba normalmente en el servicio dom&eacute;stico y, si se quedaban sin empleo, no ten&iacute;an prestaci&oacute;n&rdquo;, explica Mar&iacute;a Dolla, abogada de la organizaci&oacute;n. &ldquo;Lo que las posicionaba en una situaci&oacute;n de vulnerabilidad&rdquo;, apostilla la psic&oacute;loga.
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        A sus 26 a&ntilde;os, Mayerly cumple estos est&aacute;ndares. Despu&eacute;s de llegar a Espa&ntilde;a con un permiso de trabajo para servicio dom&eacute;stico, trabajar en unos grandes almacenes y como repartidora de publicidad, se encuentra en desempleo. Vuelve a estar sola. Su madre regres&oacute; a Colombia y la relaci&oacute;n con sus familiares de aqu&iacute; se ha enfriado. Vive en casa de unos conocidos y paga 250 euros al mes por una habitaci&oacute;n. &ldquo;Necesito encontrar pronto un trabajo. La ayuda por desempleo se me termina pronto y empiezo a sentirme ahogada&rdquo;, se sincera.
    </p><p class="article-text">
        Mayerly realiz&oacute; un curso de formaci&oacute;n de Fundeso como cajera y despu&eacute;s estuvo dos meses de pr&aacute;cticas en una gran superficie. &ldquo;Acabaron contentos conmigo y me dijeron que me tendr&iacute;an en cuenta para futuras vacantes&rdquo;, recuerda sin perder la esperanza. Tan s&oacute;lo en el &uacute;ltimo semestre han pasado 142 mujeres de 27 nacionalidades diferentes por los cursos ofertados por la ONG, que tambi&eacute;n son de hosteler&iacute;a, administraci&oacute;n, auxiliar de comercio y ocio y defensa personal. Un total de 16 han conseguido un empleo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creemos en un trabajo espec&iacute;fico con mujeres inmigrantes puesto que su situaci&oacute;n ya es particular en cuanto a la situaci&oacute;n legal, el idioma, su situaci&oacute;n familiar y sus redes de apoyo. Adem&aacute;s de tener que lidiar con estereotipos&rdquo;, indica Rubio.
    </p><h3 class="article-text">Sus razones</h3><p class="article-text">
        Estas mujeres llegaron a Espa&ntilde;a por diferentes motivos. Entre ellos, la partida por iniciativa propia para mejorar su situaci&oacute;n laboral y personal o para acompa&ntilde;ar a su c&oacute;nyuge. Otras se agarran a la emigraci&oacute;n como v&iacute;a de escape a la violencia de g&eacute;nero. &ldquo;Algunas llegan aqu&iacute; como refugiadas internacionales por violencia de g&eacute;nero y otras, despu&eacute;s de hablar con ellas y conocer su situaci&oacute;n, se acogen a este derecho tras suger&iacute;rselo porque no lo conoc&iacute;an&rdquo;, explica la psic&oacute;loga de Fundeso, Beatriz Rubio.
    </p><p class="article-text">
        Amnist&iacute;a Internacional denuncia que las mujeres inmigrantes est&aacute;n &ldquo;sobre-expuestas&rdquo; a sufrir violencia de g&eacute;nero a mano de sus parejas o exparejas tal y como reflejan las cifras: las mujeres extranjeras son seis veces m&aacute;s vulnerables que las espa&ntilde;olas. Adem&aacute;s, este proyecto tambi&eacute;n atiende a mujeres espa&ntilde;olas en riesgo de exclusi&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos recogidos por el Instituto Nacional de Estad&iacute;stica (INE), a 1 de enero de 2013, Espa&ntilde;a contaba con m&aacute;s de cinco millones y medios de extranjeros, de los cuales, casi el 50%, 2.691.518, eran mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Este proyecto naci&oacute; en 2009 como respuesta a la propia demanda de estas mujeres que antes disfrutaban junto con los hombres de actividades de ocio y entretenimiento ofertadas por la ONG enfocadas a su integraci&oacute;n. &ldquo;Les gustaban y las aprovechaban, pero a medida que el pa&iacute;s fue entrando en la crisis econ&oacute;mica, nos preguntaron si pod&iacute;amos ayudarlas a encontrar trabajo. Vimos la necesidad y recogimos su demanda de centrarnos casi exclusivamente en la formaci&oacute;n y el empleo&rdquo;, se&ntilde;ala la psic&oacute;loga.
    </p><h3 class="article-text">Pilar econ&oacute;mico</h3><p class="article-text">
        Ahora, con la crisis econ&oacute;mica extendida en el pa&iacute;s y la ca&iacute;da de la construcci&oacute;n, ellas se han convertido en el pilar econ&oacute;mico de sus familiares. El perfil de la mujer atendida por este proyecto tambi&eacute;n ha cambiado. Mientras antes eran muchas m&aacute;s las reci&eacute;n llegadas a Espa&ntilde;a, ahora la mayor&iacute;a tiene los papeles de residencia en regla. &ldquo;Cuando llegu&eacute;, estaban por igual, pero ahora hay m&aacute;s hombres sin trabajo que mujeres. Ahora son ellas las que mantienen la casa&rdquo;, comenta Mayerly sobre la gente inmigrante que conoce.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo entonces es conseguir un trabajo y , as&iacute;, adem&aacute;s de cubrir sus necesidades, asegurar un respaldo legal y econ&oacute;mico. Ganas no les faltan. &ldquo;He trabajado con muchos colectivos y personas distintas y me gusta mucho m&aacute;s darles clases a ellas porque su motivaci&oacute;n es alt&iacute;sima. Tienen muchas dificultades para conseguir trabajo, pero a la vez muchas ganas de aprender y tirar para adelante. Son receptivas y participativas. Es un gusto trabajar con ellas&rdquo;, asegura la profesora del curso de cajera, &Aacute;ngeles Mu&ntilde;oz, que ejerce la docencia desde hace 14 a&ntilde;os.
    </p><h3 class="article-text">M&aacute;s que cursos: redes de apoyo</h3><p class="article-text">
        Al t&eacute;rmino del curso, la t&eacute;cnica de empleo de la ONG, Ana Vallejo, mantiene reuniones individuales con cada una de las mujeres. &ldquo;Los cursos son una excusa para entrar en un itinerario de b&uacute;squeda de empleo, pero tambi&eacute;n para ser cercanas y conocer la situaci&oacute;n de cada mujer y as&iacute; ver qu&eacute; apoyo necesitan&rdquo;, subraya la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        Mayerly har&aacute; pr&oacute;ximamente el curso de defensa personal. Durante su trabajo como repartidora de publicidad fue agredida f&iacute;sicamente en dos ocasiones. &ldquo;No pod&iacute;a dejar la publicidad en la cesta que hay en la puerta del portal, deb&iacute;a dejarla dentro de los buzones. Eso molestaba a los vecinos. A veces me llegaron a decir que si para eso hab&iacute;a venido a aqu&iacute;, a repartir publicidad, que me fuese a mi puto pa&iacute;s&rdquo;, relata la joven, que tambi&eacute;n asegura que fuera del trabajo no ha sufrido discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Busca empleo sin descanso. Su objetivo es conseguir uno a media jornada que le permita estudiar un grado medio o superior, ahora que ha conseguido homologar su t&iacute;tulo de Bachillerato, y en un futuro otra carrera, adem&aacute;s de centrarse con el ingl&eacute;s. No se plantea volver a Colombia. Le da v&eacute;rtigo regresar y tener que volver a empezar de cero, encontrarse en la misma situaci&oacute;n que ten&iacute;a aqu&iacute; cuando lleg&oacute;. Ya conoce los obst&aacute;culos de la migraci&oacute;n, inevitables de esquivar aun en tierra propia. &ldquo;All&iacute; no tengo nada. Me gustar&iacute;a primero volver de vacaciones para ver c&oacute;mo est&aacute; todo y a partir de ah&iacute; decidir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Confiesa que a veces se siente frustrada cuando se entera de que sus amigos de Colombia, tambi&eacute;n formados, tienen una vida c&oacute;moda y piensa que estos &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os de su vida han sido una p&eacute;rdida de tiempo. A&uacute;n as&iacute; no se compadece de s&iacute; misma e irradia fuerza y optimismo: &ldquo;la vida es una monta&ntilde;a rusa. Ahora estoy abajo, ni trabajo ni estudio, pero alguna vez me tocar&aacute; volver a estar en la cima&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eva Garrido]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/dosis-recursos-sociolaborales-mujeres-inmigrantes_1_5044235.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Feb 2014 19:51:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Inmigración]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["No le conté a mis amigos que subiría en ese cayuco, no quería que me convenciesen para quedarme"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mamadou-dia-realidad-inmigracion-contar_1_5852411.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0fd2bc5e-8aca-4bdb-b161-35ca8b81cd20_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;No le conté a mis amigos que subiría en ese cayuco, no quería que me convenciesen para quedarme&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El joven senegalés Mamadou Dia ha escrito</p><p class="subtitle">3052. Persiguiendo un sueño</p><p class="subtitle">, un libro que trata de contar en primera persona la realidad sobre la inmigración hacia el "El Dorado europeo"</p><p class="subtitle">"Los organizadores de los viajes, a los que aquí llaman 'mafiosos', son de todo, excepto mafiosos"</p><p class="subtitle">"Cuando la Cruz Roja me ofreció una botella de agua tras 72 horas sin beber, firmé mi pacto con el voluntariado"</p></div><p class="article-text">
        Ra&iacute;ces de pueblo, universitario en la capital. Su madre era quien le manten&iacute;a, al igual que a sus cuatro hermanos, todos con formaci&oacute;n. Le esperaba un futuro sin perspectivas laborales. La promesa electoral de trabajo para todos no se estaba cumpliendo. Decidi&oacute; emigrar. Dos de sus hermanos se subieron junto a &eacute;l en aquel cayuco. Y aqu&iacute; comenz&oacute; la odisea que ahora cuenta en su libro <em>3052. Persiguiendo un sue&ntilde;o</em>.
    </p><p class="article-text">
        Este es el inicio de la historia de Mamadou Dia. De esto hace siete a&ntilde;os, cuando &eacute;l ten&iacute;a 22. Primero intent&oacute; conseguir un visado para buscarse un porvenir en Francia, pero se lo denegaron dos veces. Plan B, y &uacute;nica alternativa: tomar un cayuco, aunque la vida se le fuese en ello. Pasar&iacute;a un tiempo en Espa&ntilde;a y desde all&iacute; llegar&iacute;a hasta Francia, donde terminar&iacute;a sus estudios de Trabajo Social. 
    </p><p class="article-text">
        Este joven guardaba la esperanza de llegar a ese &ldquo;Dorado europeo&rdquo;, como &eacute;l dice, para terminar la carrera, evolucionar y enriquecerse personalmente viendo mundo y conseguir un potencial con el que regresar a Senegal. El Dorado, aquella m&iacute;tica leyenda de una ciudad de oro.
    </p><p class="article-text">
        Decidi&oacute; enfrentarse al Atl&aacute;ntico. Tuvo suerte y sobrevivi&oacute;. Su libro, <a href="http://proyecto3052km.com/el-libro/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>3052. Persiguiendo un sue&ntilde;o</em></a><em>,</em> se edit&oacute; en 2012 y este a&ntilde;o ha conseguido la reedici&oacute;n mediante una iniciativa de <em>crowdfunding</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Mamadou no s&oacute;lo cuenta c&oacute;mo fueron aquellos ocho d&iacute;as en el oc&eacute;ano, sino todo lo que vino despu&eacute;s: ese encuentro con El Dorado cargado de decepciones; ese despertar en el que descubri&oacute; cu&aacute;l es la realidad del inmigrante y la verdad occidental, m&aacute;s all&aacute; de la idea que se tiene en &Aacute;frica, de las im&aacute;genes que llegan a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n y lo que narran sus compatriotas en su regreso a casa. 
    </p><p class="article-text">
        Su pueblo, <a href="http://fr.wikipedia.org/wiki/Gandiol" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gandiol</a>, ha perdido centenares de vidas en el mar rumbo a Europa. Por ellos y para ellos ha escrito tambi&eacute;n este libro: &ldquo;Para sumar sus voces a la m&iacute;a&rdquo;. 3052 es la distancia que hay entre Dakar y Murcia, donde estableci&oacute; esta nueva etapa de su vida. 
    </p><p class="article-text">
        Este sue&ntilde;o por recorrer esa distancia le ha permitido fundar su propia ONG, <a href="http://proyecto3052km.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'Hahatay' son risas de Senegal</a>, un proyecto de codesarrollo en su pueblo que pretende financiar con la venta de su libro. Aun as&iacute;, sigue pensando en volver a sus ra&iacute;ces. Como otros muchos emigrantes espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Su libro es una promesa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando decid&iacute; tomar un cayuco, no se lo pude contar a mis amigos. A m&iacute; me pes&oacute; mucho tomar esa decisi&oacute;n y si se lo contaba, me dir&iacute;an que era peligroso, que me podr&iacute;a morir. No quer&iacute;a que nadie me dijese nada por si me convenc&iacute;an para quedarme. Sin embargo, no me sent&iacute;a bien y&eacute;ndome sin decir nada. Entonces escrib&iacute; una carta de despedida a mis amigos dici&eacute;ndoles que era muy cabez&oacute;n y que hab&iacute;a tomado la decisi&oacute;n de irme y que, si con suerte llegaba a cruzar el Atl&aacute;ntico, escribir&iacute;a la historia sobre mi viaje. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s se sumaron otras razones por las que me sent&iacute; obligado a escribir esta historia. La realidad de la inmigraci&oacute;n no se suele contar. A la gente que emigra le da cosa contar lo mal que lo han pasado, tambi&eacute;n por orgullo. Yo decid&iacute; contarlo porque al llegar aqu&iacute; me llev&eacute; una sorpresa. No esperaba vivir tan mal, sab&iacute;a que hab&iacute;a mucha gente que quer&iacute;a venir y pens&eacute;: al menos voy a escribir mi historia para que la lean y sepan qu&eacute; es lo que les espera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l era su situaci&oacute;n cuando decidi&oacute; embarcar en aquel cayuco?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una situaci&oacute;n mal&iacute;sima. Estaba estudiando en Dakar y mi madre me manten&iacute;a. Se pasaba todo el d&iacute;a trabajando, desde la madrugada. Mis hermanos tampoco trabajaban aun estando formados. Una situaci&oacute;n de precariedad. Hab&iacute;a mucha poblaci&oacute;n juvenil parada. Yo no quer&iacute;a tener estudios y estar en Senegal dando vueltas&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Desde 2004 empec&eacute; a pedir el visado para irme a Francia y me lo denegaron dos veces. No entiendo por qu&eacute;, ya que cumpl&iacute;a todos los requisitos. Curiosamente, en la Embajada de Francia en Dakar hay un cartel que indica que, aunque cumplas todos los requisitos para que te concedan el visado, eso no significa que te lo vayan a dar. 
    </p><p class="article-text">
        Te lo deniegan por la pura injusticia que siempre ha habido entre &Aacute;frica y Europa en desigualdad de oportunidades y violaci&oacute;n de derechos humanos. No hay otra explicaci&oacute;n. Por eso decid&iacute; embarcarme en este camino para poder ayudar a mi madre y liberarla de carga. Era duro tener tantos a&ntilde;os y ver que mi madre se dejaba la piel por nosotros. Justo antes de marcharme, consegu&iacute; un trabajo, pero no me permit&iacute;a mantenerme ni ayudar a mi familia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Alguna vez le hab&iacute;an hablado de estos viajes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No sab&iacute;a lo que era un viaje en cayuco, aunque sab&iacute;a que estaba m&aacute;s cerca de la muerte que de la vida. Tampoco hace falta tener muchos detalles cuando sabes que vas a viajar en una barcaza: enfrent&aacute;ndote al Atl&aacute;ntico durante tantos kil&oacute;metros sabiendo que te puedes quedar en el camino. A Senegal llega poca informaci&oacute;n. Quiz&aacute; que alg&uacute;n cayuco naufraga, pero no tanto como aqu&iacute; y de la manera que llega aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aun as&iacute;, &ldquo;El Dorado europeo&rdquo; segu&iacute;a siendo una llamada.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente. Nosotros vemos a Europa como El Dorado por tres razones. No estudiamos con nuestro idioma de nacimiento, sino en franc&eacute;s; estudiamos la programaci&oacute;n francesa; estudiamos m&aacute;s la literatura francesa que la africana; estudiamos la vegetaci&oacute;n francesa; vemos la televisi&oacute;n francesa; en la radio y la televisi&oacute;n se habla en franc&eacute;s... Todo lo que viene de la televisi&oacute;n y de Europa es producto de desarrollo y bienestar&hellip; Son muchas razones que te hacen pensar en este Dorado y que hacen que la gente tenga ganas de vivir en &eacute;l y saber c&oacute;mo es. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegas, te das cuenta de la realidad. Al poco de llegar, un amigo me llev&oacute; al paseo mar&iacute;timo de Benicasim. Me iba a presentar a otros senegaleses, y yo pensaba que iban a estar trabajando en alg&uacute;n sitio, y cuando llegamos me dijo: &ldquo;Aqu&iacute; es donde trabaja la gente&rdquo;. Hab&iacute;a much&iacute;simos inmigrantes con sus mantas. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo?&rdquo;, le dije<em>. </em>&ldquo;S&iacute;, aqu&iacute; es donde la gente se gana la vida&rdquo;, contest&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Me sorprendi&oacute;. Soy una persona muy orgullosa y no quer&iacute;a tener que salir corriendo detr&aacute;s de la polic&iacute;a ni que nadie me persiguiese. Y dije que no iba a hacer eso. 
    </p><p class="article-text">
        Al principio fue duro. A los senegaleses les sent&oacute; mal que no quisiera seguir el camino al que parec&iacute;a predestinado. Fui juzgado: me dec&iacute;an que no quer&iacute;a ayudar a mi familia, que ellos se dejaban la piel para ayudar a las suyas. Yo quer&iacute;a ayudar a mi familia, pero de otra manera; primero, integr&aacute;ndome en la sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        Luego, esos mismos inmigrantes que venden en la calle son los que vuelven a Senegal trajeados y con su m&oacute;vil de &uacute;ltima generaci&oacute;n. Y eso empuja a la juventud a dejar todo lo que quieren y montarse en un cayuco. Fue tan decepcionante lo que vi cuando llegu&eacute; que pens&eacute; que no pod&iacute;a hacer lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo fue aquel viaje?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue muy largo. Dur&oacute; ocho d&iacute;as. Viajamos 84 personas, de las cuales s&oacute;lo seis ten&iacute;an experiencia mar&iacute;tima. El mar tiene su propia idioma y, al no poder controlarlo, adem&aacute;s de todos los momentos malos, lo convirti&oacute; en un viaje desesperanzador. Al quinto d&iacute;a, nos quedamos sin gasolina y sin agua. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando amanecimos, nos dimos cuenta de que un hermano se hab&iacute;a tirado al mar para acabar con su angustia. Ya s&oacute;lo nos qued&oacute; dejarnos llevar por el viento mientras esper&aacute;bamos el momento de nuestra muerte. 72 horas despu&eacute;s lleg&oacute; el buque mar&iacute;timo de salvamento que nos rescat&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es el procedimiento a seguir para conseguir una plaza en un cayuco?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Primero, encontrar un cayuco y un organizador de viaje, a los que aqu&iacute; llaman &ldquo;mafiosos&rdquo; y son de todo, excepto mafiosos. Mafiosos son los Gobiernos que firmaron los contratos para limpiar el fondo mar&iacute;timo senegal&eacute;s. Y que trajo como consecuencia que los pescadores senegaleses ya no pudiesen pescar en su propio fondo mar&iacute;timo y, cuando surgi&oacute; la oportunidad de marcharse a Europa en cayuco, aprovecharan para en lugar de ir a pescar, porque no hab&iacute;a peces, hacer negocio con sus barcas. 
    </p><p class="article-text">
        Luego hay que pagar entre 1.000 y 3.000 euros por una plaza. La gente re&uacute;ne y vende todo lo que tiene para financiar el viaje a su familiar. Es una inversi&oacute;n para que luego salven a la familia. En nuestro caso, fue diferente. Como no ten&iacute;amos nada, mis hermanos y yo buscamos gente para que se llenasen los cayucos a cambio de tres plazas gratis para nosotros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No es un precio excesivo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, muy excesivo, pero piden ese dinero porque una barca de estas caracter&iacute;sticas puede llegar a costar 13.000 euros y, al no saber cu&aacute;ndo se recuperar&aacute; el fondo mar&iacute;timo, organizan viajes para conseguir el dinero invertido y tener ingresos futuros. Todos los organizadores de viajes son pescadores. El cayuco nunca vuelve. Algunos viajan de este modo esperando un futuro mejor en Europa y otros se quedan.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; dec&iacute;a su familia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi madre lo sab&iacute;a. El sue&ntilde;o de toda familia que vive en la precariedad es que los hijos vayan al extranjero para que tengan un futuro mejor y puedan ayudar a la econom&iacute;a familiar. En mi casa tambi&eacute;n lo so&ntilde;aban, aunque no deseaban un viaje en cayuco. Aun as&iacute;, mi familia es de tradici&oacute;n pesquera y no ten&iacute;an tanto miedo al mar. 
    </p><p class="article-text">
        Los dos hermanos con los que viaj&eacute; formaban parte del grupo con experiencia mar&iacute;tima. Mi madre tem&iacute;a m&aacute;s el despu&eacute;s, cuando llegase a Europa, que el propio viaje: d&oacute;nde dormir&iacute;amos, qu&eacute; comer&iacute;amos, con qui&eacute;n nos relacionar&iacute;amos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo llegaron a La Gomera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nos rescat&oacute; un buque mar&iacute;timo y en tierra nos atendi&oacute; la Cruz Roja. Llegamos medio muertos. Y, desde entonces, firm&eacute; mi pacto de ser voluntario toda mi vida por aquella botella de agua que me ofreci&oacute; una chica de la Cruz Roja despu&eacute;s de llevar 72 horas sin beber.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Despu&eacute;s de La Gomera, comienza otra prueba.</strong>
    </p><p class="article-text">
        De La Gomera nos llevaron a Tenerife, donde estuvimos en un campo militar durante dos semanas en unas condiciones precarias. Hac&iacute;a much&iacute;simo fr&iacute;o, no ten&iacute;amos con qu&eacute; arroparnos, tuvimos que tomar comida a la que no est&aacute;bamos acostumbrados. 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; hab&iacute;a muchos inmigrantes, no s&oacute;lo nuestro grupo. Estuvimos el tiempo que consideraron oportuno y nosotros no sab&iacute;amos qu&eacute; iba a pasar. Mi grupo fue dividido en dos: una parte se fue de vuelta a Senegal por motivos que desconozco y la otra fue repartida por Espa&ntilde;a. Al principio s&iacute; nos atendieron mediadores sociales, pero s&oacute;lo para saber cu&aacute;l era nuestra procedencia.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s estuvimos en manos de la polic&iacute;a. A m&iacute; me llevaron a Castell&oacute;n sin decirme nada, a un hostal, donde por suerte conoc&iacute; a un chico nigeriano que me present&oacute; a un senegal&eacute;s que me acogi&oacute; en su casa. A mis hermanos los llevaron a Madrid y Barcelona. 
    </p><p class="article-text">
        A los que tienen familiares en Espa&ntilde;a, los llevan con ellos pero, a los que no, los dejan en la calle. Eres como un objeto que no tiene nombre, s&oacute;lo un n&uacute;mero. El m&iacute;o era el 41. 41 sube, 41 baja, 41 espera. 
    </p><p class="article-text">
        En Castell&oacute;n, estudiaba espa&ntilde;ol a trav&eacute;s de la Cruz Roja, y el chico que me acogi&oacute; fue el que me llev&oacute; al puerto de Benicasim. Despu&eacute;s conoc&iacute; a otro chico de Senegal que viv&iacute;a en Cartagena y al no querer entrar en el mercado que hab&iacute;a visto en el puerto, me fui con &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; empec&eacute; a intentar integrarme con los espa&ntilde;oles y a hacer un voluntariado en la Cruz Roja juvenil. Llegu&eacute; a formar parte de los equipos de emergencia y en un a&ntilde;o comenc&eacute; a rescatar a inmigrantes que llegaban a la costa. Tambi&eacute;n comenc&eacute; a trabajar como cocinero y a regularizar mis papeles, que tard&eacute; cuatro a&ntilde;os en conseguirlos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Esa realidad se correspond&iacute;a con &ldquo;El Dorado europeo&rdquo; so&ntilde;ado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. No ten&iacute;a nada que ver con lo que me hab&iacute;a planteado. Me encontr&eacute; con una sociedad muy individualista, con muchos prejuicios, una sociedad intelectual con unas pautas marcadas por las clases sociales. Imagina lo que te puede costar entrar en una sociedad as&iacute;&hellip; Pero empez&oacute; a pasar el tiempo y vi c&oacute;mo conseguirlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se ha retirado la tarjeta sanitaria a los inmigrantes que no han regulado sus papeles, la petici&oacute;n de documentaci&oacute;n a ciudadanos extranjeros es continuada, se est&aacute;n denunciando las condiciones de los CIES&hellip; &iquest;Ahora es m&aacute;s o menos dif&iacute;cil la situaci&oacute;n en Espa&ntilde;a para los que llegan?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ahora es mucho m&aacute;s complicado. Sin pol&iacute;tica social, un inmigrante no puede vivir en un pa&iacute;s. Y aqu&iacute; no hay pol&iacute;tica social para los inmigrantes, no la hay ni para los espa&ntilde;oles... Los pol&iacute;ticos, en lugar de asumir que han fallado en esa pol&iacute;tica, transmiten la idea de que los que llegan quitan lo que se tiene aqu&iacute;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ya lleva siete a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, &iquest;cu&aacute;l es su situaci&oacute;n y la de sus hermanos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Trabajo para mi ONG, que fund&eacute; en 2012, y a trav&eacute;s de mi libro intento darle promoci&oacute;n. Tambi&eacute;n tengo trabajos temporales que no me quitan tiempo para poder dedicarme a la organizaci&oacute;n: es lo que me da la vida. Mis dos hermanos est&aacute;n trabajando. El que vive en Barcelona est&aacute; acogido en casa de una familia espa&ntilde;ola y el de Madrid trabaja en un restaurante chino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Mereci&oacute; la pena tomar aquel cayuco?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mucha gente me lo pregunta. Yo creo que realmente no vali&oacute; la pena. Aunque tambi&eacute;n pienso que, si no hubiese hecho este viaje, no me habr&iacute;a dado cuenta de la realidad que me rodea ahora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Su promesa de escribir un libro se hizo realidad, &iquest;c&oacute;mo lo consigui&oacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estaba trabajando en la Fundaci&oacute;n Cepaim como T&eacute;cnico de Acci&oacute;n Comunitaria, le present&eacute; el proyecto del libro al director de la fundaci&oacute;n y me ayudaron a editarlo. Fue un lanzamiento de 3.000 ejemplares que se difundi&oacute; sobre todo entre universidades e institutos. 
    </p><p class="article-text">
        Ellos tambi&eacute;n me ayudaron a establecer el proyecto de desarrollo en mi pueblo. Cuando llegu&eacute; a Barcelona, hace cinco meses, me plante&eacute; la reedici&oacute;n del libro a trav&eacute;s de la plataforma <a href="http://www.verkami.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Verkami</a>. Ahora se han publicado 1.500 ejemplares al precio de 10 euros y el 1% de los beneficios se destinar&aacute;n a la granja que hemos desarrollado en mi pueblo para que la gente produzca alimentos, los venda y con el dinero obtenido inviertan en educaci&oacute;n para los ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es este un libro para convencer a aquellos que tengan planeado subirse a una patera para que no lo hagan?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro. Este libro tiene muchos fines. Uno de ellos es que la gente se d&eacute; cuenta de la realidad de la inmigraci&oacute;n clandestina y lo que hay detr&aacute;s. Tambi&eacute;n aclarar la vida europea en &Aacute;frica, que la gente sepa lo que hay aqu&iacute;, que no todos son ricos, que aqu&iacute; tienen su propia pobreza. Y que los africanos crean en el propio desarrollo de &Aacute;frica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tiene proyectado publicar el libro en Senegal?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, es uno de los objetivos principales, y traducirlo al franc&eacute;s. Mi gente de Senegal a&uacute;n no ha podido leer el libro, pero se lo he contado y he dado charlas en universidades de Dakar sobre la realidad de la inmigraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es su plan de futuro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Buscar financiaci&oacute;n para mis proyectos de la ONG y dentro de poco volver a Senegal, tal y como hab&iacute;a ideado cuando me march&eacute; de all&iacute;. Conseguir un potencial y regresar. De esta experiencia estoy agradecido por haber encontrado un camino con el que me puedo dedicar al mundo humanitario y buscar un futuro mejor para mi pueblo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Su madre qu&eacute; le dice ahora?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ella siempre ha confiado en m&iacute;. Es un pilar muy importante en mi vida. Y ahora, cuando le cuento mis planes, siempre me dice: &ldquo;Ya ver&aacute;s lo bien que te va a salir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cree que el hecho de que muchos espa&ntilde;oles busquen ahora su porvenir en el extranjero har&aacute; entender mejor la llegada de inmigrantes a Espa&ntilde;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Si t&uacute; est&aacute;s afectado por una situaci&oacute;n que es la misma que la m&iacute;a, nos entenderemos mejor. Al principio fue dif&iacute;cil porque nos pon&iacute;an como causa de la crisis y nos quitaron la tarjeta sanitaria, entre otras cosas. Pero la gente, despu&eacute;s de tanta mentira, se ha dado cuenta de que esto no tiene que ver con la inmigraci&oacute;n. Esto ha sido producto de un mal Gobierno, de un crecimiento que nos han vendido y que no puede seguir creciendo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eva Garrido]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/mamadou-dia-realidad-inmigracion-contar_1_5852411.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Nov 2013 19:43:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["No le conté a mis amigos que subiría en ese cayuco, no quería que me convenciesen para quedarme"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inmigración,Libros,Europa,Senegal]]></media:keywords>
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