<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Concha Caballero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/concha_caballero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Concha Caballero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/511112/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La furia de los reyes destronados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/furia-reyes-destronados_1_5144826.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4b777f6-284d-4789-a96c-ff3ee24a4487_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La furia de los reyes destronados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Según ella, si para luchar eficazmente contra el crimen se investigan los viveros en los que crece, estudian su modus operandi y determinan posibles complicidades, lo lógico sería hacer lo mismo en estos casos</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>La tarea de prevenir los casos de violencia de g&eacute;nero puede resultar in&uacute;til si se centra en tratar de proteger a las v&iacute;ctimas pero sin desarmar a los futuros asesinos. Esta es la idea que defiende <a href="http://www.eldiario.es/autores/concha_caballero/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Concha Caballero</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        No logro sacudirme la impresi&oacute;n de que nos equivocamos al tratar estos cr&iacute;menes. Hay peligrosa banda de delincuentes que asesina anualmente a unas setenta personas. Existe un departamento especial contra estos cr&iacute;menes e incluso una ley espec&iacute;fica contra ese tipo de violencia. Incluso anualmente se celebra un d&iacute;a en el que miles de personas salen a la calle reclamando el fin de estos delitos.
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que cuando se cometen los asesinatos, la atenci&oacute;n recae exclusivamente en las v&iacute;ctimas. Se escrutan su vida y sus relaciones. Se detalla la forma de morir y el tipo de relaci&oacute;n que manten&iacute;an con el agresor. Suele destacarse la falta de prevenci&oacute;n de la v&iacute;ctima respecto a su propia muerte: no denunci&oacute; a tiempo, no mantuvo la distancia prudencial con el agresor. 
    </p><p class="article-text">
        Incluso, en algunos casos, se relata c&oacute;mo el asesinato hab&iacute;a sido la &uacute;ltima acci&oacute;n de una cadena de maltrato que la v&iacute;ctima hab&iacute;a soportado. Un tratamiento que no se emplea contra otros delitos. Jam&aacute;s, en otros casos, se reprocha a la v&iacute;ctima el no haber sido lo suficientemente precavida contra la agresi&oacute;n, sin embargo, en estos, a la opini&oacute;n p&uacute;blica le resultan pertinentes estos detalles. La ense&ntilde;anza soterrada es que la v&iacute;ctima, si bien no es responsable, ha colaborado en cierto modo con su triste final.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un crimen contra las mujeres, pero no &ldquo;de las mujeres&rdquo; sino de sus cong&eacute;neres masculinos. No nos enga&ntilde;emos, ni la simple prevenci&oacute;n individual, ni la denuncia del maltratador &ndash;absolutamente necesaria, por otra parte&ndash; nos salvar&aacute; del crimen.
    </p><p class="article-text">
        Lo extra&ntilde;o es el escaso esfuerzo que gastamos en conocer a esta banda de delincuentes, de sus c&oacute;mplices en la comisi&oacute;n del crimen, de la ideolog&iacute;a que los sustenta, de las redes sociales que los amparan. Incluso ahora que las v&iacute;ctimas han empezado a ser escandalosamente j&oacute;venes, en vez de detectar y reeducar a los maltratadotes, nos limitamos a aconsejar precauci&oacute;n a las futuras v&iacute;ctimas: no seas confiada, no desveles tus claves de las redes sociales, no admitas merodeadores en tu vida real o virtual. 
    </p><p class="article-text">
        Incluso invitamos a las adolescentes a que, antes de caer rendidas de amor, depuren su concepto, sepan distinguir el control disfrazado de amor rom&aacute;ntico del amor desinteresado que las quiere libres. Sin darnos cuenta, insistimos en la idea de que se trata de &ldquo;un problema de mujeres&rdquo;, cuando es el problema de algunos hombres.
    </p><p class="article-text">
        No es extra&ntilde;o, por tanto, que los que cometen los cr&iacute;menes no se consideren delincuentes sino v&iacute;ctimas de una enfermedad, de una fatalidad, de una cadena de acontecimientos que no controlaban. Incluso cuando ingresan en prisi&oacute;n, no asumen su condici&oacute;n de criminales. Se sienten radicalmente distintos a sus compa&ntilde;eros de celda que han matado en la pelea callejera o en un robo con violencia. Lo suyo ha sido el destino, la mala suerte de unas relaciones envenenadas, el impulso &uacute;nico e incontrolable del que no se sienten responsables. 
    </p><p class="article-text">
        Para luchar eficazmente contra el crimen, lo l&oacute;gico es investigar los viveros en los que crece, estudiar su modus operandi y determinar posibles complicidades. 
    </p><p class="article-text">
        En las fiestas de medio pa&iacute;s se baila al ritmo de canciones que llaman putas a las mujeres. En las redes sociales se escriben agresivos comentarios contra las mujeres (por cierto, no son las redes las responsables sino la ideolog&iacute;a de quienes en ellas escriben). En las p&aacute;ginas webs se llaman <em>feminazis</em> a las mujeres que defienden sus derechos. 
    </p><p class="article-text">
        En los p&uacute;lpitos de las iglesias se justifica la violaci&oacute;n de las mujeres que abortan. Prestigiosos escritores lloran por la p&eacute;rdida de la feminidad en las mujeres actuales. Hay cadenas y l&iacute;neas editoriales completas que mantienen que la violencia de g&eacute;nero es una ficci&oacute;n de la izquierda y que las verdaderas v&iacute;ctimas son los hombres calumniados y encarcelados injustamente. 
    </p><p class="article-text">
        En cualquier otro crimen, todos estos comportamientos se catalogar&iacute;an como exaltaci&oacute;n de la violencia, cooperaci&oacute;n o inducci&oacute;n, pero en este pa&iacute;s viven en una apariencia de realidad correcta, como si las calles de la vida fuesen art&iacute;culos de la constituci&oacute;n debidamente ordenados y correctos.
    </p><p class="article-text">
        El joven que manda un <em>whatsapp</em> amenazador a su pareja es un alumno aventajado de estas ense&ntilde;anzas que, no por soterradas, son menos efectivas. El chico que controla a su amor no hace sino practicar las ense&ntilde;anzas que le inculcan los miles de hombres que se rebelan contra la igualdad de las mujeres. El quincea&ntilde;ero que quiere restablecer la l&iacute;nea perdida del poder masculino ha aprendido de alguien ese rencor, esa a&ntilde;oranza.
    </p><p class="article-text">
        Este no es un crimen solitario. El asesino no est&aacute; solo en la escena del crimen. Lo acompa&ntilde;an los dioses furibundos del rencor y la c&oacute;lera; lo alientan las voces resentidas con la igualdad, la ira de los reyes destronados. Cuando el asesino empu&ntilde;a el arma, recupera el viejo orden y vuelve a ser el due&ntilde;o absoluto de la escena. No matan con el pu&ntilde;al, con la pistola o el martillo sino con el arsenal de las viejas ideas y con la furia de la supremac&iacute;a arrebatada.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, resulta in&uacute;til y pueril tratar de proteger a las v&iacute;ctimas sin desarmar a los futuros asesinos. Es preciso volar los puentes de cualquier complicidad social y desarticular el mecanismo que fabrica estos clones perversos. La lucha contra este delito debe escribirse ahora en masculino. 
    </p><p class="article-text">
        Lo importante no es que las chicas aprendan a distinguir el amor de la posesi&oacute;n sino que los chicos aprendan una nueva sentimentalidad libre de complejos y de dominios. Es el nido del mal el que hay que reformar, no cargar de prevenciones y de miedos a las que empiezan a volar libres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Concha Caballero, Concha Caballero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/furia-reyes-destronados_1_5144826.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Nov 2013 19:20:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b4b777f6-284d-4789-a96c-ff3ee24a4487_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2366030" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b4b777f6-284d-4789-a96c-ff3ee24a4487_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2366030" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La furia de los reyes destronados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b4b777f6-284d-4789-a96c-ff3ee24a4487_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
