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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gonzalo Bolland]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gonzalo_bolland/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gonzalo Bolland]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Peligroso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/peligroso_132_13369167.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f23b6396-02df-4dd8-b97d-59177790a6c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x957y412.jpg" width="1200" height="675" alt="Peligroso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El único esfuerzo del que los imbéciles son realmente incapaces es del esfuerzo de pensar por sí mismos. Prefieren destruir, e incluso matar, a tener que pensar"</p></div><p class="article-text">
        El mundo es un lugar peligroso. En las elecciones celebradas el 5 de noviembre de 2024 para elegir al presidente de los Estados Unidos de Am&eacute;rica, setenta y siete millones de votantes estadounidenses eligieron libremente a un hombre que hab&iacute;a sido declarado culpable de treinta y cuatro delitos graves, considerado responsable de abusos sexuales, que durante su primer mandato le certificaron m&aacute;s de treinta mil mentiras, que durante un debate electoral acus&oacute; a los migrantes de comerse las mascotas de los norteamericanos, que foment&oacute; una insurrecci&oacute;n y que nunca ha admitido que perdi&oacute; las elecciones del a&ntilde;o 2020. Algunos ciudadanos que le votaron creen firmemente que es inocente de todos los cargos. Algunos otros estadounidenses que tambi&eacute;n le votaron lo consideran un mensajero de dios.
    </p><p class="article-text">
        El mundo es un lugar peligroso. Los votantes de las &uacute;ltimas elecciones auton&oacute;micas celebradas en nuestro pa&iacute;s han otorgado libremente el gobierno de sus autonom&iacute;as a los l&iacute;deres medievales que niegan el cambio clim&aacute;tico, la violencia de g&eacute;nero, los derechos de los migrantes y la prioritaria financiaci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos promoviendo la privatizaci&oacute;n tanto de la sanidad como de la educaci&oacute;n, estando, adem&aacute;s, de acuerdo con los cr&iacute;menes contra la humanidad cometidos por el dirigente mesi&aacute;nico israel&iacute; Netanyahu en colaboraci&oacute;n con el presidente de los Estados Unidos de Am&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        El mundo es un lugar peligroso. Pero este peligro no se debe a una maldici&oacute;n b&iacute;blica. Ni es consecuencia de una acumulaci&oacute;n de desastres naturales ni de un discurrir ag&oacute;nico de la historia. Tampoco se debe a una conjura sat&aacute;nica promovida por el advenimiento del Anticristo. No es un castigo que el dios furioso del Antiguo Testamento nos ha impuesto como penitencia por los muchos pecados que hemos cometido. Las personas somos quienes convertimos el mundo en un lugar peligroso. 
    </p><p class="article-text">
        La rebeli&oacute;n de los imb&eacute;ciles. &ldquo;La ira de los imb&eacute;ciles llena el mundo&rdquo;. Esta es la frase recurrente que aparece en las primeras p&aacute;ginas del libro &ldquo;Los grandes cementerios bajo la luna&rdquo; que el escritor cat&oacute;lico y franc&eacute;s George Bernanos publicara en Par&iacute;s en el a&ntilde;o 1938 para denunciar la brutal represi&oacute;n franquista durante la Guerra Civil. El mundo es un lugar peligroso porque seg&uacute;n lo narrado por George Bernanos, el &uacute;nico esfuerzo del que los imb&eacute;ciles son realmente incapaces es del esfuerzo de pensar por s&iacute; mismos. Prefieren destruir, e incluso matar, a tener que pensar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/peligroso_132_13369167.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jul 2026 19:46:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Peligroso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Benjamin Netanyahu]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jueces]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/jueces_132_13342612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3c9c352-58ff-4f9f-bdd4-c0dd53c00910_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jueces"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El sol ilumina la perezosa tarde estival, haciendo más visibles las estatuas de los hombres ilustres que se alzan en el parque, y las palomas revolotean entre ellas mostrando una total indiferencia hacia sus logros"</p></div><p class="article-text">
        Hay algunas peque&ntilde;as, insignificantes percepciones que me transmiten una viva sensaci&oacute;n de verano: el canto de las cigarras, a las once de la ma&ntilde;ana, en un pinar, en un d&iacute;a seco, con un cielo desamueblado, por ejemplo, o escuchar, a las cuatro de la tarde, en una habitaci&oacute;n en penumbra, con tiempo h&uacute;medo y bochornoso, el volar de una mosca, o el viento soplando entre los altos &aacute;lamos de la ribera, a &uacute;ltima hora de la tarde, cuando las parejas salen a pasear por el pueblo o ya casi de anochecida, las golondrinas volando en c&iacute;rculos alrededor de la torre de un campanario o picoteando en vuelo rasante el agua azul de las piscinas cuando ya no se escuchan los chillidos entusiastas de los ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n las largas carreteras atestadas de coches que se dirigen hacia el mar me transmiten una viva percepci&oacute;n de verano, as&iacute; como pasar las &uacute;ltimas horas de una tarde como esta dando cuenta de unas ca&ntilde;as en la terraza del chiringuito de un&nbsp;peque&ntilde;o parque municipal.&nbsp;La tarde, plena de ni&ntilde;os y de madres que les vigilan, tiene un aroma antiguo a fuentes donde mana un agua victoriosa, a sandalias, a perros que persiguen palomas y a lentas conversaciones, de una pereza parroquial, que se entremezclan en la terraza de este chiringuito donde los camareros, hastiados de sol, sirven caf&eacute;s con leche y ginebras con t&oacute;nica y tintos de verano y cervezas rebosantes de espuma y de nada. Todo es morder una aceituna y creer de repente que la vida es hermosa, justa, apacible...
    </p><p class="article-text">
        El mundo gira. Las generaciones se suceden. El sol ilumina la perezosa tarde estival, haciendo m&aacute;s visibles las estatuas de los hombres ilustres que se alzan en el parque, y las palomas revolotean entre ellas mostrando una total indiferencia hacia sus logros. Los ni&ntilde;os corren, gritan, golpean balones... Los j&oacute;venes, presurosos, atraviesan el  parque en direcci&oacute;n a los bares situados en el centro hist&oacute;rico de la ciudad, para adentrarse, as&iacute;, en la larga noche del s&aacute;bado. Las muchachas, la mayor&iacute;a, viste unos diminutos shorts vaqueros. Los hombres de esta terraza, los que no est&aacute;n pendientes de sus m&oacute;viles o de la conversaci&oacute;n de sus acompa&ntilde;antes, jubilados casi todos, las contemplan como si contemplaran el humo blanco, azulado,&nbsp;que desprenden lejanas chimeneas: algo que en el aire se muestra un instante, un m&iacute;nimo instante, y que de pronto se desvanece...
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s levantarnos de la mesa, iniciando as&iacute; nuestro regreso a casa,&nbsp;mi compa&ntilde;ero de ca&ntilde;as y de otros alcoholes baratos, me comenta: &ldquo;No s&eacute; a qu&eacute; viene tanto revuelo. Todo esto ya ha sucedido antes. Tambi&eacute;n los nazis liquidaron la democracia con la inestimable colaboraci&oacute;n de los jueces dem&oacute;cratas alemanes&rdquo;. La vida es el rodar silencioso de los d&iacute;as...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/jueces_132_13342612.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jun 2026 19:45:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jueces]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[verano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Moralidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/moralidad_132_13324088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3fa88bdc-ae8b-4f10-a9d4-b3ee09bcb227_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Moralidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Podemos tener como presidente del Gobierno durante cuatro años al íntimo amigo durante más de una década del que fuera el narcotraficante más poderoso de Galicia"</p></div><p class="article-text">
        El &iacute;ntimo amigo durante m&aacute;s de una d&eacute;cada del que fuera el narcotraficante m&aacute;s poderoso de Galicia se presentar&aacute; de nuevo a las elecciones generales con la pretensi&oacute;n de obtener la presidencia del Gobierno de Espa&ntilde;a. Lo repito para que quede constancia de un hecho tan singular: un partido pol&iacute;tico de nuestro pa&iacute;s tiene el atrevimiento de proponer al &iacute;ntimo amigo durante m&aacute;s de una d&eacute;cada del que fuera el narcotraficante m&aacute;s poderoso de Galicia para que se presente como candidato a las elecciones generales con la pretensi&oacute;n de obtener la presidencia del Gobierno de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Una vez descartada la posibilidad de que la osada presidenta de la Comunidad de Madrid le descabalgue del caballo, para las elecciones generales a celebrar, probablemente, durante el pr&oacute;ximo a&ntilde;o, el Partido Popular presentar&aacute; como candidato, con el prop&oacute;sito de obtener los votos necesarios para presidir el consejo de ministros del Gobierno de Espa&ntilde;a, al &iacute;ntimo amigo durante m&aacute;s de una d&eacute;cada del que fuera el narcotraficante m&aacute;s poderoso de Galicia. Los gallegos, los andaluces, los asturianos, los catalanes, los madrile&ntilde;os y hasta los habitantes de Euskadi, en definitiva, todos los ciudadanos de este ruidoso pa&iacute;s, podemos tener como presidente del Gobierno durante cuatro a&ntilde;os al &iacute;ntimo amigo durante m&aacute;s de una d&eacute;cada del que fuera el narcotraficante m&aacute;s poderoso de Galicia.
    </p><p class="article-text">
        El marcial emprendedor del negocio de las drogas en Galicia, durante los a&ntilde;os en que numerosos muchachos y muchachas de la comunidad aut&oacute;noma gallega fallecieron merced a la tremenda masacre propiciada por los narcotraficantes, ten&iacute;a un &iacute;ntimo amigo con el que comparti&oacute; a&ntilde;os, muchos a&ntilde;os de vida, en los d&iacute;as amables de su juventud, que por segunda vez se presentar&aacute; a las elecciones generales con la pretensi&oacute;n de obtener la presidencia del Gobierno de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Los guardianes de la moral p&uacute;blica nacional, en manos ahora de una multitud de periodistas hambrientos de personajes p&uacute;blicos a quienes condenar a la hoguera por su &ldquo;dudosa moralidad&rdquo;, admitieron sin el m&aacute;s m&iacute;nimo cuestionamiento que en el a&ntilde;o 2023 el &iacute;ntimo amigo durante m&aacute;s de una d&eacute;cada del que fuera el narcotraficante m&aacute;s poderoso de Galicia se presentara a las elecciones generales con la pretensi&oacute;n de obtener la presidencia del Gobierno de Espa&ntilde;a, de modo que a nadie deber&iacute;a extra&ntilde;ar que para las elecciones a celebrar, probablemente, durante el pr&oacute;ximo a&ntilde;o, ninguno de estos periodistas cuestione el hecho de que el &iacute;ntimo amigo durante m&aacute;s de una d&eacute;cada del que fuera el narcotraficante m&aacute;s poderoso de Galicia se presente de nuevo a las elecciones generales con la pretensi&oacute;n de obtener la presidencia del Gobierno de Espa&ntilde;a. Todo muy ejemplar, su Se&ntilde;or&iacute;a...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/moralidad_132_13324088.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jun 2026 19:43:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Moralidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alberto Núñez Feijóo,Isabel Díaz Ayuso,PP - Partido Popular,Marcial Dorado,Narcotráfico]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reconocimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/reconocimiento_132_13305102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da0f1a21-41bf-4b7a-abfc-aaa88196566b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reconocimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Todos estamos metidos en esta competición tratando por todos los medios que nuestros semejantes nos reconozcan, como si no nos bastaran los espejos para certificar nuestra existencia"</p></div><p class="article-text">
        No es corriente que se encuentre lo que se busca, pero, aun as&iacute;, en el camino de la vida el hombre, la mujer, siempre est&aacute;n buscando algo. La mayor parte del tiempo dinero. Pero, a veces, tambi&eacute;n el conocimiento, o el amor, o la revoluci&oacute;n, o incluso las otras realidades mediante los viajes lis&eacute;rgicos, o la comuni&oacute;n con Jesucristo mediante la elevaci&oacute;n del alma en la noche oscura de San Juan de la Cruz, o el Nirvana deambulando de gur&uacute; en gur&uacute; mientras caminan en alpargatas por las calles sucias de un poblacho mis&eacute;rrimo de la India Oriental.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo en nuestro tiempo no se busca otra cosa que el reconocimiento. El reconocimiento de los dem&aacute;s. Todos estamos metidos en esta competici&oacute;n tratando por todos los medios que nuestros semejantes nos reconozcan, como si no nos bastaran los espejos para certificar nuestra existencia. Temerosos tal vez de&nbsp;pasar por este mundo como espectros fantasmales que no dejamos tras de s&iacute; el m&aacute;s m&iacute;nimo rastro, nada, polvo en el viento, l&aacute;grimas en la lluvia, como todas esas oleadas de personas que se han sucedido una tras otra, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n, siglo tras siglo, para vivir, en la mayor&iacute;a de los casos, una vida anodina, absurda y oscura,&nbsp;todos buscamos el reconocimiento de nuestros semejantes. 
    </p><p class="article-text">
        Cuantos m&aacute;s nos distingan con su reconocimiento mejor, dado que el criterio de nuestro tiempo consiste en dar m&aacute;s importancia a la cantidad que a la calidad, as&iacute; da lo mismo que nos reconozcan por interpretar al piano de una manera majestuosa los 'Tres Romances Sans Paroles' de Gabriel Faur&eacute;, que por ense&ntilde;ar las tetas en la fiesta de cumplea&ntilde;os de la vecina del quinto que una noche estuvo de ca&ntilde;as con el chofer de Jos&eacute; Ortega Cano. Todo este apetito por conseguir el reconocimiento de nuestros semejantes contrasta con la sabidur&iacute;a que demuestra uno de los personajes del magn&iacute;fico 'Cuarteto de Alejandr&iacute;a', de Lawrence Durrell, cuando afirma que: &ldquo;Durante a&ntilde;os uno tiene que resignarse a la idea de que la gente no se preocupa, lo que en verdad se llama preocuparse, por nuestra persona; un d&iacute;a alarmados nos damos cuenta de que el que no se preocupa es dios, no solo no se preocupa sino que le somos totalmente indiferentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La sabidur&iacute;a siempre es una consecuencia de la humildad. Para evitarnos disgustos innecesarios, malentendidos y fanatismos amorosos, tendr&iacute;amos que partir siempre de la sentencia pronunciada por este personaje, pero, claro, una vez inventadas las redes sociales es ah&iacute; donde millones de personas buscan, buscamos, un reconocimiento nunca obtenido en la vida cotidiana. Nada es nuevo. Lo mejor de la especie humana siempre ha sido la capacidad de situarse en el lugar del otro. Lo peor no practicar nunca esta capacidad.
    </p><p class="article-text">
        Durrel ten&iacute;a raz&oacute;n. Nadie se preocupa, lo que en verdad se llama preocuparse, por nuestra persona. Nadie lo hace porque en este tiempo de m&uacute;ltiples im&aacute;genes en las m&uacute;ltiples pantallas que nos han cercado la vida, casi nadie nos ve. Vemos todo lo que se reproduce en las pantallas, pero en el mundo tangible, corp&oacute;reo, contadas personas vemos y contadas personas nos ven. Tal vez solo los padres a los hijos y los hijos a los padres. Tal vez...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/reconocimiento_132_13305102.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 19:46:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reconocimiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aves migratorias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/aves-migratorias_132_13288143.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e25d373b-6ef7-4266-9d9f-a396034f508e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1707y751.jpg" width="1200" height="675" alt="Aves migratorias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Algunos periodistas que han trabajado para defender los postulados progresistas, previendo la llegada de la ultraderecha, trabajan ahora para desentenderse como si fueran aves migratorias que ya están sintiendo en sus huesos la proximidad de un cambio de estación"</p></div><p class="article-text">
        Mucho se ha dicho que lo m&aacute;s importante del periodismo es saber dejarlo a tiempo. Me parece que el primero que pronunci&oacute; esta frase fue Chateaubriand, pero se le ha atribuido a muchas personas, algo habitual con las frases. Tambi&eacute;n est&aacute;n los que han afirmado que esta frase no era m&aacute;s que una derivaci&oacute;n de lo que un d&iacute;a dijo Bismarck afirmando que los periodistas eran gentes que hab&iacute;an malogrado la carrera.
    </p><p class="article-text">
        Las dos afirmaciones me parecen sensatas. El periodismo no es una actividad burocr&aacute;tica, ni administrativa. Tampoco tiene como destino conseguir que unos desarrapados hagan carrera o que unos holgazanes pasen el rato trabajando lo menos posible. El periodismo consiste tan s&oacute;lo en transmitir informaci&oacute;n a los ciudadanos para que estos la consuman. No es necesario que esta informaci&oacute;n sea cierta, aunque resulta conveniente, sobre todo desde un punto de vista &eacute;tico que lo sea, pero basta con que sea rentable. De hecho esto resulta fundamental para la permanencia del negocio.
    </p><p class="article-text">
        El ejercicio del periodismo requiere de curiosidad, adem&aacute;s de un cierto inter&eacute;s por las cosas de la historia, de la pol&iacute;tica y de la vida, para, de este modo, mostrar a los ciudadanos qu&eacute; es lo que realmente est&aacute; sucediendo en el tiempo que les ha tocado vivir. Pero como de la vida, de la historia y de la pol&iacute;tica ni siquiera quienes la progratonizamos sabemos nada de nada, el trabajo del periodista no es m&aacute;s que un anhelo, una manera de ir caminando por el aire tratando de alcanzar lo que en realidad no es m&aacute;s que una aspiraci&oacute;n inalcanzable. Eso s&iacute;, el periodismo lo que s&iacute; te permite es observar uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s extraordinarios de la vida humana: el fen&oacute;meno de la corrupci&oacute;n de casi todo y sobre todo de la corrupci&oacute;n del periodismo; fen&oacute;meno eterno, viej&iacute;simo, permanente, actual y existente en todos los momentos, en todos los reg&iacute;menes y en todos los sistemas propuestos por el derecho pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Algunos periodistas que durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os han trabajado para defender los postulados progresistas, previendo la llegada de los l&iacute;deres de la ultraderecha al gobierno, trabajan ahora para desentenderse de los postulados progresistas como si fueran aves migratorias que ya est&aacute;n sintiendo en sus huesos la proximidad de un cambio de estaci&oacute;n. La n&oacute;mina es la n&oacute;mina. El pan de mis ni&ntilde;os es el pan de mis ni&ntilde;os. No hay m&aacute;s verdad period&iacute;stica que el miedo al desempleo. Lo dem&aacute;s es palabrer&iacute;a. Para todo hay excepciones. Claro. Pero el periodista que se inclina hacia un lado u otro de la realidad, dependiendo siempre de donde le procede el salario, se convierte as&iacute; en un pol&iacute;tico, o en un aspirante a pol&iacute;tico, o lo que es a&uacute;n mucho peor, en un predicador.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/aves-migratorias_132_13288143.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 19:20:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Aves migratorias]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Perder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/perder_132_13251856.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa1c4941-b28e-4c83-9f0d-75bca80997dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1483y800.jpg" width="1200" height="675" alt="Perder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Nada permanece el tiempo suficiente en nuestras vidas como para adquirir la suprema categoría de verdad. Salvo, tal vez, la certeza de que vivir es perder"</p></div><p class="article-text">
        La publicidad enga&ntilde;osa, es decir, la chispa de la vida que ya sabes que no te la proporciona ninguna bebida energ&eacute;tica, los coches que no te conducen al para&iacute;so terrenal sino al atasco nuestro de cada d&iacute;a o los detergentes que no te arrancan de la ropa las manchas de los d&iacute;as tristes, nos ha terminado convirtiendo en ciudadanos recelosos, esc&eacute;pticos, descre&iacute;dos. Nada en lo que creer. Este es el drama de nuestra sociedad. Nada en lo que creer.
    </p><p class="article-text">
        No solo porque ya no hay noticia que nos dure m&aacute;s all&aacute; de un telediario, sino porque tenemos la ligera sospecha de que, en mayor o en menor medida, todos mienten. Mienten los influencers y mienten los medios de comunicaci&oacute;n. Mienten los narcotraficantes que se postulan para la presidencia del pa&iacute;s y mienten los sumarios judiciales que les exculpan. Miente el dependiente del supermercado y miente la vecina que nos recita el parte meteorol&oacute;gico en el ascensor. Mienten los analistas burs&aacute;tiles, los sacerdotes, la cantante de moda, los jugadores de f&uacute;tbol, los poetas de provincia, los jueces del Supremo y hasta las personas con las que compartimos pan y cebolla, cama, hijos, aburrimiento, alb&uacute;m de fotograf&iacute;as y l&aacute;nguidas tardes de sof&aacute;, palomitas, memoria distra&iacute;da y el habitual encadenamiento de serie televisiva tras serie televisiva.
    </p><p class="article-text">
        En este tiempo en el que hemos sustituido de nuestras creencias al silencioso dios medieval por el algoritmo, todo lo que sucede, si es que realmente sucede, apenas dura un instante, un suspiro, un breve fogonazo de luz, de modo que no hacemos m&aacute;s que resbalar por la superficie de las cosas sin enterarnos bien de lo que realmente sucede...
    </p><p class="article-text">
        El mundo, adem&aacute;s de una porquer&iacute;a que dijera Enrique Santos Disc&eacute;polo, tambi&eacute;n es una farsa, donde los muchos farsantes que nos gobiernan nos cuelan sus mentiras, bien contadas, eso s&iacute;, bien perfumadas y bien empaquetadas, lo mismo que hacen los publicitarios que tratan de vendernos desodorantes, lavadoras o vacaciones en paisajes plastificados, pero as&iacute; lo hemos aceptado porque, en nuestro recelo, ya nada nos desconcierta tanto como la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Nada permanece el tiempo suficiente en nuestras vidas como para adquirir la suprema categor&iacute;a de verdad. Salvo, tal vez, la certeza de que vivir es perder. La certeza de que todo envejecimiento conlleva una enorme cantidad de p&eacute;rdidas. La sabidur&iacute;a consiste en aceptarlo sin que ello te amargue el car&aacute;cter, te convierta en un cascarrabias o termine manch&aacute;ndote el esp&iacute;ritu con la sombra negra del resentimiento. Lo saludable es aceptar las p&eacute;rdidas que toda vida conlleva y aun as&iacute; partirte el pecho de risa tomando un verm&uacute; en la terraza de un mediod&iacute;a primaveral en compa&ntilde;&iacute;a de alguien a quien estimas m&aacute;s que a tu dinero o a tu cuenta en Instagram...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/perder_132_13251856.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 18:54:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Perder]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dinero,Instagram,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ventanas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/ventanas_132_13212639.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/feba694e-4f8b-4ea2-b50a-d6bfbb7182bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ventanas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La vida que pasa. La vida que se nos escapa. La vida que se desatiende porque, una vez despojados del horario laboral, vivimos nuestras vidas mirando culebrones, telenovelas turcas, dramas victorianos, vídeos gastronómicos, históricos, pornográficos, tertulias fatigosas, discursos bobos de políticos bobos y penaltis no pitados"</p></div><p class="article-text">
        Lo dif&iacute;cil es encontrarle un sentido a la vida y conformarse con lo que te depara la suerte, que a fin de cuentas es lo que ha de gobernar tu discurrir por este planeta. Lo dem&aacute;s, todo lo dem&aacute;s son asuntos sencillos que se ventilan con tazas de caf&eacute;, paseos, pucheros de garbanzos, visitas al m&eacute;dico, crucigramas que se resuelven al amanecer cuando el cerebro apenas se ha despertado, largas tardes de invierno viendo llover o ventanas por las que discretamente se mira al vecindario para atender a cuanto sucede a nuestro alrededor.
    </p><p class="article-text">
        Mientras escribo estas l&iacute;neas en la casa de enfrente un hombre en camiseta mira por la ventana. No es corriente esta imagen. En el pasado era m&aacute;s habitual eso de asomarse a la ventana &mdash;en camiseta o en camisa, que eso iba en gustos&mdash;, para mirar c&oacute;mo la vida transcurr&iacute;a en los paisajes que uno vislumbraba desde sus ventanas. Ahora ya solo nos asomamos a la pantalla del televisor, del m&oacute;vil o del ordenador creyendo que la vida discurre en ella e ignorando que bajo nuestro balc&oacute;n o nuestra ventana los ni&ntilde;os a&uacute;n entran y salen de la escuela, que el panadero de la esquina habla con el repartidor de butano en un tono de voz tan elevado que puedes entenderlo f&aacute;cilmente cuando asegura que le faltan pocos meses para jubilarse o que la vecina del sexto derecha camina apoyada en un bast&oacute;n porque bajando las escaleras la otra tarde se torci&oacute; el tobillo del pie derecho, seg&uacute;n le comenta a la dependienta de la perfumer&iacute;a que fuma a la entrada de su local, y as&iacute;, lenta, rutinaria, fr&aacute;gil, la vida pasa encadenando una sucesi&oacute;n de peque&ntilde;os hechos que nosotros desconocemos porque estamos pendientes tan solo de cuanto acontece en nuestras numerosas pantallas...
    </p><p class="article-text">
        La vida que pasa. La vida que se nos escapa. La vida que se desatiende porque, una vez despojados del horario laboral, vivimos nuestras vidas mirando culebrones, telenovelas turcas, dramas victorianos, v&iacute;deos gastron&oacute;micos, hist&oacute;ricos, pornogr&aacute;ficos, tertulias fatigosas, discursos bobos de pol&iacute;ticos bobos y penaltis no pitados. El hombre de la casa de enfrente, pelo rizado, ojos grandes, como de vaca adormilada, contin&uacute;a mirando fijamente la calle como si esperase la aparici&oacute;n de alguien. Hac&iacute;a muchos a&ntilde;os que no ve&iacute;a una de estas camisetas de algod&oacute;n sin mangas, blancas, moh&iacute;nas, jornaleras. Unas camisetas que me retrotraen a la infancia. No hay profundidad en la vida. Tan solo distintas ventanas desde las que contemplar distintos paisajes...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/ventanas_132_13212639.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 19:45:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ventanas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Molestias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/molestias_132_13183231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf259abf-9f2e-4bf7-be93-f1084061761d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2894y1890.jpg" width="1200" height="675" alt="Molestias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Todas las tiranías comienzan así, diferenciando a los ciudadanos según su raza, su religión, su nacionalidad, su cuenta corriente o su orientación sexual. La historia ya ha demostrado numerosas veces que la decadencia de un país comienza cuando la inteligencia claudica ante la estupidez autoritaria"</p></div><p class="article-text">
        Lo explic&oacute; Manuel Chaves Nogales en su impecable cr&oacute;nica analizando el derrumbamiento de Francia durante los &uacute;ltimos d&iacute;as de la primavera de 1940: &ldquo;La masa, el pueblo, las clases medias, la peque&ntilde;a burgues&iacute;a, los menestrales, las personas de profesiones liberales, los tenderos, toda la plebe que ha sido durante d&eacute;cadas el asiento s&oacute;lido de la democracia, animada de una moral ciudadana y guiada por los estrictos deberes de la ciudadan&iacute;a, est&aacute;n dejando de ser dem&oacute;cratas, renegando de s&iacute; mismos, para apoyar posturas totalitarias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No hemos aprendido nada. Nos hemos dado una cultura narcisista de pantallas, selfies, noticias constantes, est&uacute;pidas canciones y mucha mala leche latente en las redes sociales, pero no hemos aprendido nada. Las masas modernas lo soportan todo. Todo menos la incomodidad material, f&iacute;sica. Los derechos humanos, la crisis clim&aacute;tica, los valores democr&aacute;ticos, la protecci&oacute;n a la mujeres que est&aacute;n siendo asesinadas como si no hubiera un ma&ntilde;ana, todo eso para las masas son tan solo entelequias, abstracciones, frente al hecho, concreto, irritante, de que la conexi&oacute;n a internet se interrumpa durante una hora o que una manifestaci&oacute;n reivindicando la sanidad p&uacute;blica dificulte el acceso al bar donde se sacuden el gin tonic nuestro de cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Lo importante es que nada ni nadie te moleste. Lo de defender la democracia de las fuerzas antidemocr&aacute;ticas que, criminalmente, est&aacute;n resueltas a hundir el pa&iacute;s para as&iacute; derribar el r&eacute;gimen, no es una cuesti&oacute;n que te concierna. Lo importante es que el servicio de autobuses que te conduce al trabajo funcione correctamente, que el tr&aacute;fico rodado no te saque de tus casillas debido a los atascos, que nada ni nadie te impida tomar el aperitivo de cada mediod&iacute;a y que te dejen tranquilo en tu peque&ntilde;a rutina de ciudadano comprometido tan solo contigo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Los otros, cuando no son el infierno del que hablara Jean Paul Sartre, son, por lo general, una molestia. M&aacute;s si son migrantes. Personas que hablan otro idioma o que cocinan con otros aceites o que se arrodillan, devotos, para rezar a otros dioses o que necesitan de un socorro para hacerse una vida m&aacute;s o menos digna; todo ello, por supuesto, sostenido con los impuestos que el gobierno te obliga a abonar. La prioridad nacional. Los espa&ntilde;oles, primero. La proclama heredada del nazismo que nuestros nazis han puesto de moda traslad&aacute;ndola a la conversaci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Todas las tiran&iacute;as comienzan as&iacute;, diferenciando a los ciudadanos seg&uacute;n su raza, su religi&oacute;n, su nacionalidad, su cuenta corriente o su orientaci&oacute;n sexual. La historia ya ha demostrado numerosas veces que la decadencia de un pa&iacute;s comienza cuando la inteligencia claudica ante la estupidez autoritaria. Me temo que en esas estamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/molestias_132_13183231.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2026 19:46:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Molestias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Democracia,Manuel Chaves Nogales,Racismo,PP - Partido Popular,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Infantiles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/infantiles_132_13134300.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ad46e05-bd64-4d56-b6e3-46efcd8e1cc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Infantiles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La extrema derecha avanza así. No como una ideología en sí misma sino como la respuesta radical de las masas ignorantes, desatentas e infantiles, que buscamos soluciones milagreras para remediar nuestros temores"</p></div><p class="article-text">
        Los sistemas econ&oacute;micos de esta &eacute;poca masificada, adem&aacute;s de los sistemas pol&iacute;ticos y de los much&iacute;simos medios de comunicaci&oacute;n donde los poderosos nos largan diariamente sus constantes proclamas, son enemigos de la libertad de pensamiento y hacen todo lo posible, mediante la civilizaci&oacute;n tecnificada, para mantener a las masas humanas en un estado an&iacute;mico infantil: ni&ntilde;os, todos, en busca siempre de unos padres que nos cuenten cuentos, que nos acunen, que nos tranquilicen el &aacute;nimo...
    </p><p class="article-text">
        No es de extra&ntilde;ar, por tanto, que estas masas humanas decidamos que nuestros dirigentes tengan la misma mentalidad que nosotros: la mentalidad de unos ni&ntilde;os que se han hecho grandes sin haber aprendido a comportarse como personas compasivas, solidarias, m&aacute;s generosas que caprichosas y con una cierta capacidad, tan escasa en nuestra sociedad, de situarse, de cuando en cuando, en el pellejo de los dem&aacute;s. No es solo Trump. Ni Milei. 
    </p><p class="article-text">
        En nuestras poblaciones las masas humanas inmersas en un estado an&iacute;mico infantil tambi&eacute;n colocamos a ni&ntilde;os grandes en puestos dirigentes de la administraci&oacute;n p&uacute;blica ya sea como alcaldes, consejeros, diputados o presidentas de comunidades aut&oacute;nomas. El infantilismo de estos pol&iacute;ticos mesi&aacute;nicos, m&aacute;s reaccionarios que los locutores de radio con la voz engolada, ha introducido en la conciencia colectiva los temores de siempre: el miedo a la diferencia, a los migrantes, a la libertad sexual, a la p&eacute;rdida del trabajo, de los valores, de las tradiciones, de la identidad nacional, etc&eacute;tera...
    </p><p class="article-text">
        La extrema derecha avanza as&iacute;. No como una ideolog&iacute;a en s&iacute; misma sino como la respuesta radical de las masas ignorantes, desatentas e infantiles, mencionadas por Juan de Mairena, que buscamos soluciones milagreras para remediar nuestros temores. Soluciones propuestas por unos l&iacute;deres pol&iacute;ticos que, aprovechando que ya nadie cree en la felicidad del futuro, han convertido el pasado en un mito de familias dichosas, trabajadores satisfechos, p&aacute;rrocos bonachones, nada ped&oacute;filos, autoridades magn&aacute;nimas y man&aacute; cayendo del cielo sobre las cabezas inocentes de unos ni&ntilde;os que en la fotograf&iacute;as se muestran bien peinados, bien vestidos, bien meados y tan angelicales como el Caudillo bajo palio.
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os creen en los Reyes Magos. Las masas humanas inmersas en un estado an&iacute;mico infantil, en nuestros santos patrones: los multimillonarios l&iacute;deres cavern&iacute;colas que, desde los much&iacute;simos medios de comunicaci&oacute;n que controlan, nos est&aacute;n perpetuando esta infancia tan distra&iacute;da, tan m&oacute;vil, tan tecnol&oacute;gica...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/infantiles_132_13134300.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 19:46:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Infantiles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Javier Milei,Extrema derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primavera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/primavera_132_13104840.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/daaccedf-3185-4bf5-a4c0-0445987a1ef5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Primavera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En cualquier circunstancia de la vida y en cualquier estación del año, lo que se espera siempre es la llegada de la primavera"</p></div><p class="article-text">
        Tarde o temprano todo se desvanece. Todo. Hasta el invierno. Los peri&oacute;dicos continuar&aacute;n publicando las mismas desgracias, los mismos desastres que hace unas cuantas semanas. Los tertulianos continuar&aacute;n enzarz&aacute;ndose en las mismas disputas in&uacute;tiles. La televisi&oacute;n nos seguir&aacute; mostrando imag&eacute;nes de cad&aacute;veres destripados por bombardeos, de pol&iacute;ticos cavern&iacute;colas soltando necedades, de misiles estallando sobre hospitales, escuelas, campamentos de refugiados o de adolescentes que se limpian las u&ntilde;as con una navaja autom&aacute;tica mientras te escupen a la cara una cuantas proclamas fascistas, pero a partir de ahora, la vida tendr&aacute; otro rumor. M&aacute;s c&aacute;lido. M&aacute;s luminoso. Menos ingrato.
    </p><p class="article-text">
        Las noches de luna creciente o menguante se acortar&aacute;n. El viento ser&aacute; menos &aacute;spero. Los perfumes de la tierra, de los arbustos, de las hierbas floridas y de los &aacute;rboles revividos de hojas y de p&aacute;jaros flotar&aacute;n en el aire y en el cielo, de pronto, parecer&aacute;n estallar, al atardecer, peque&ntilde;os incendios de una tonalidad naranja, rosacea, violeta, casi, casi rojiza...
    </p><p class="article-text">
        Hemos sobrevivido a otro invierno. No ha sido f&aacute;cil. Nunca lo es. Los cavern&iacute;colas que gobiernan el planeta, votados por millones de cavern&iacute;colas, no nos lo han puesto nada f&aacute;cil, pero bueno, ya est&aacute; finiquitado el invierno. Hemos cumplido con nuestro prop&oacute;sito. No es que a partir de ahora encontremos una respuesta a las muchas interrogantes de nuestra existencia, sino que las golondrinas, al atardecer, trazar&aacute;n, de nuevo, c&iacute;rculos alrededor de los campanarios, las ranas croar&aacute;n en las m&iacute;nimas charcas de este des&eacute;rtico pa&iacute;s y los ciudadanos buscaremos de nuevo las playas donde respirar los vientos cargados de sal o los parajes monta&ntilde;osos de rec&oacute;nditas caba&ntilde;as rurales donde olvidarnos hasta de nosotros mismos durante los fines de semana.
    </p><p class="article-text">
        La primavera no nos har&aacute; ni m&aacute;s ricos ni m&aacute;s sabios, pero cuando menos nos permitir&aacute; pasear en bicicleta por los l&iacute;mites del bosque, leer un peri&oacute;dico de papel sentados en un banco del parque, beber cerveza mientras contemplamos los veleros que atracan en la d&aacute;rsena, degustar una ensalada tibia de verduras frescas bajo un sol todav&iacute;a t&iacute;mido pero complaciente o tomar el metro al alba para acudir al trabajo sin sentir en el &aacute;nimo el helador viento del invierno. Lo que se espera siempre es la primavera. En cualquier circunstancia de la vida y en cualquier estaci&oacute;n del a&ntilde;o, lo que se espera siempre es la llegada de la primavera. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Palacio, buen amigo, &iquest;est&aacute; la primavera vistiendo ya las ramas de los chopos del r&iacute;o y los caminos? En la estepa del alto Duero, primavera tarda, pero es tan bella y dulce cuando llega...&rdquo;. No sabemos lo que Jos&eacute; Mar&iacute;a Palacio, buen amigo, le respondi&oacute; a Antonio Machado, si es que alguna vez le respondi&oacute; algo, pero en esas y en otras preguntas del poema est&aacute; nuestro anhelo; nuestro interminable anhelo de primavera; del milagro de la primavera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/primavera_132_13104840.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 20:46:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Primavera]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Soledad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/soledad_132_13056966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee130c67-c362-4044-b799-5297dacb8681_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Soledad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los que más partido sacan del aislamiento del individuo contemporaneo, los constructores, los gobiernos, los propietarios de las redes sociales y, por supuesto, las multinacionales nos están construyendo poblaciones para la soledad</p></div><p class="article-text">
        Harold Nicolson, pol&iacute;tico, diplom&aacute;tico, historiador, bi&oacute;grafo, cronista, novelista, conferenciante, periodista, locutor, jardinero brit&aacute;nico y marido de la escritora Vita Sackville-West, considerado el mejor conocedor de la sociedad inglesa de los a&ntilde;os de entreguerras del siglo pasado, que trat&oacute; a una cantidad ingente de personas y recorri&oacute; todo el mundo, en las p&aacute;ginas finales de su obra, consistente en tres extensos vol&uacute;menes de un Diario, declara que, aparte de su mujer, sus dos hijos y sus dos perros alsacianos, no consigui&oacute; hacer ning&uacute;n amigo.
    </p><p class="article-text">
        La amistad. La amistad como refugio. La amistad como celebraci&oacute;n. El tesoro m&aacute;s preciado. El tesoro que nos impulsa a&nbsp;acercarnos a los dem&aacute;s, tratando de satisfacer, as&iacute;, el ansia de sociabilidad, necesitados, como estamos, de relacionarnos con los otros para darle un sentido a nuestra existencia, evitando, de esta manera, una soledad muy dif&iacute;cil de esquivar. La amistad para trascender el yo en un intento de superar la infelicidad que acompa&ntilde;a la vida de cualquiera, que, a fin de cuentas, conduce, inevitablemente, lo queramos o no, a la vejez y a la muerte. La amistad, adem&aacute;s, es m&aacute;s agradable que el amor. La amistad es sosegante; el amor es obsesionante e intranquilo, teniendo la ventaja que con el tiempo la amistad aumenta, mientras que con el tiempo el amor huye y desaparece. La vida, adem&aacute;s de breve, cara e imprevisible, es una sucesi&oacute;n de compa&ntilde;&iacute;as. Pero en los pueblos y ciudades que nos est&aacute; tocando habitar un porcentaje cada vez m&aacute;s elevado de la poblaci&oacute;n vive sola, come sola, habla sola, discute con la televisi&oacute;n sola, atiende en soledad las necesidades de su mascota y se sumerge, sola, en el s&oacute;rdido mundo de las redes sociales. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando se pierde la juventud, cosa que sucede con una sorprendente facilidad, disminuye el contacto con nuestros semejantes. No es culpa de nadie. Simplemente ocurre, como ocurren muchas otras cosas en la vida sin que intervenga para nada la voluntad de los hombres y de las mujeres. Ocurre y uno no tiene m&aacute;s remedio que acostumbrarse a ello del mismo modo que termina acostumbr&aacute;ndose a la p&eacute;rdida del pelo, del entusiasmo, de la firmeza de los m&uacute;sculos o de los amigos con los que en la juventud se crey&oacute; que el mundo iba a someterse a nuestras &oacute;rdenes. Nos est&aacute;n construyendo un mundo para la soledad. Los que m&aacute;s partido sacan del aislamiento del individuo contemporaneo, los constructores, los gobiernos, los propietarios de las redes sociales y, por supuesto, las multinacionales que nos venden lavadoras, ordenadores, microondas, televisores y sexo virtual, mucho, mucho sexo virtual, nos est&aacute;n construyendo poblaciones para la soledad. Para 50 metros cuadrados, como mucho, de televisi&oacute;n, internet, silencio, luz el&eacute;ctrica, ropa esparcida, comida a domicilio, monoman&iacute;as, fatiga de d&iacute;as mudos y soledad, mucha, mucha soledad...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/soledad_132_13056966.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 20:46:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Soledad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/miedo_132_13008597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9adc38e6-c372-4f87-bf2c-b54395b818f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miedo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Mi abuelo, casi un niño, estuvo en la guerra, en el frente de Aragón, y lo devolvieron a casa roto, con una herida de bala en la pierna. Nunca hablaba de eso, pero desde entonces no podía ver un hombre uniformado"</p></div><p class="article-text">
        Miedo a las nubes. La vecina cuenta en el interior de la fruter&iacute;a que a su padre, de mayor, le daban miedo las nubes. Las formas de las nubes. Las caras en el cielo. Los animales mitol&oacute;gicos en el cielo. Los demonios gigantescos que desfilan por el cielo como un cortejo f&uacute;nebre. Nubes voluminosas con el color de la panza de los burros. No pod&iacute;a salir de casa porque tem&iacute;a que las nubes cobrasen vida. Eso es lo que la vecina le est&aacute; contando al frutero. Nubes de tormenta. Nubes blancas de una angelical inocencia que de pronto adoptan formas amenazantes, de un terror dom&eacute;stico, como personas que de repente, enfurecidas, estallan en repentinos ataques de ira. Nubes de color violeta que cubriendo sigilosamente el horizonte al atardecer, son tomadas como presagio de un infortunio al amanecer.
    </p><p class="article-text">
        El frutero, tras recriminar a su ayudante, por salir demasiadas veces a la calle para fumar, le responde a la se&ntilde;ora que su abuelo le ten&iacute;a miedo a la autoridad. Miedo a los nombres uniformados. Miedo a los curas. Miedo a los soldados. Miedo a los polic&iacute;as. &ldquo;Mi abuelo, casi un ni&ntilde;o &mdash;dice&mdash;, estuvo en la guerra, en el frente de Arag&oacute;n, y lo devolvieron a casa roto, con una herida de bala en la pierna. Nunca hablaba de eso, pero desde entonces no pod&iacute;a ver un hombre uniformado&rdquo;. Miedo a las nubes. Miedo a los hombres uniformados. Miedo a que el cielo caiga sobre nuestras cabezas. Miedo a seguir fumando. Miedo a la estupidez. A la propia. A la ajena. A la que se est&aacute; extendiendo en nuestro pa&iacute;s como una peste medieval.
    </p><p class="article-text">
        Cuando entro en la carnicer&iacute;a, portando la bolsa de pl&aacute;stico donde guardo los pl&aacute;tanos y las mandarinas, el carnicero est&aacute; deshuesando un jam&oacute;n. Jamones de todas las marcas. Jamones de bellota. Jamones de cebo. Jamones ib&eacute;ricos. Jamones por todas partes. No ha parado de deshuesar jamones desde los primeros d&iacute;as de diciembre. El carnicero es bizco. Hered&oacute; la carnicer&iacute;a de su padre que, de joven, &uacute;ltimos sesenta del siglo pasado, lleg&oacute; a este barrio con una mujer pre&ntilde;ada desde la ribera de un Guadalquivir sediento. El padre muri&oacute; de viejo, de una parada card&iacute;aca. La madre vive en una residencia olvidada de s&iacute; misma y de todos aquellos que forman parte de su familia. El carnicero tiene mujer. Tambi&eacute;n hijos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se a qu&eacute; le tiene miedo. Supongo a que los grandes supermercados se sigan extendiendo por el barrio o a que los clientes dejen de traerle jamones o a que le traigan demasiados o tal vez, como todos, a que la muerte visite un d&iacute;a de estos la casa donde vive con su mujer, su hijo y un perro lobo checoslovaco. Una vez, hace ya tiempo, habl&aacute;ndonos de circunstancias casuales y d&iacute;as del pasado, me cont&oacute; que lo que m&aacute;s le hab&iacute;a divertido en la vida hab&iacute;a sido jugar un partido de f&uacute;tbol en el playa de Berria, en Santo&ntilde;a, frente al penal de El Dueso, en una tarde destemplada de septiembre. Yo tambi&eacute;n jugu&eacute; al f&uacute;tbol en esa playa. Antes, mucho antes del miedo a, de repente, desaparecer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/miedo_132_13008597.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 20:46:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Miedo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Destructores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/destructores_132_12984252.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9bbe8d6-ec4b-46fc-8977-80e54ce6df3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Destructores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Han desfigurado bellísimos litorales y han logrado extinguir valiosísimas especies animales recalificando terrenos, corriendo mojones y construyendo murallas arquitectónicas sobre arenales de dominio público"</p></div><p class="article-text">
        Los constructores han destrozado este pa&iacute;s. No han sido los migrantes. Ni los musulmanes ni los subsaharianos. Los constructores, junto con los administradores p&uacute;blicos que se lo han permitido, han sido los que han&nbsp;destrozado no solo el paisaje urbano de nuestras ciudades derribando legendarias mansiones, hist&oacute;ricos monumentos y singulares palacios, sino que tambi&eacute;n han talado regiones enteras; han desfigurado bell&iacute;simos litorales y han logrado extinguir valios&iacute;simas especies animales recalificando terrenos, corriendo mojones y construyendo murallas arquitect&oacute;nicas sobre arenales de dominio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Esta no es solo una afirmaci&oacute;n m&iacute;a, que de esto, como de tantas otras cosas, apenas s&eacute; lo que mis ojos contemplan. Hace a&ntilde;os, una de las personas a la que deber&iacute;amos prestar atenci&oacute;n cada vez que habla ahora que, diariamente, no escuchamos m&aacute;s que a patanes del pelo de Isabel D&iacute;az Ayuso, el catedr&aacute;tico, acad&eacute;mico y nonagenario fil&oacute;sofo Emilio Lled&oacute;, en una entrevista concedida a un peri&oacute;dico de divulgaci&oacute;n nacional, afirm&oacute;: &ldquo;Si quiero perder la alegr&iacute;a, no tengo m&aacute;s que recorrer la costa espa&ntilde;ola&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El viaje puede resultar aterrador. Un servidor lo ha hecho. Har&aacute; no mucho recorr&iacute; el litoral mediterr&aacute;neo buscando la distancia que todo viaje te otorga para deshacerte durante unos d&iacute;as de tus rutinas m&aacute;s desquiciantes: por todas partes uno, asombrado, no acierta a ver m&aacute;s que kil&oacute;metros y kil&oacute;metros de ladrillos que desfiguran comarcas enteras, convertidas en muladares de hormig&oacute;n que sustituyen a lo que en otro tiempo fueron hermosos litorales, bosques frondosos, riberas de altos &aacute;lamos perfumados y arboledas que con sus anchas sombras y su rumor de hojas y de p&aacute;jaros civilizaban el violento calor del verano.
    </p><p class="article-text">
        El trayecto es un repaso a la historia m&aacute;s reciente de este pa&iacute;s donde se tiene por costumbre que solo dure lo que no debiera durar: los prejuicios, por ejemplo, las ideas m&aacute;s est&uacute;pidas, los pol&iacute;ticos m&aacute;s cavern&iacute;colas, las tradiciones m&aacute;s brutales convertidas en indiscutibles rasgos de cultura ancestral y la costumbre de no razonar sino de insultar a quien sostiene una postura contraria a la nuestra. 
    </p><p class="article-text">
        No se contemplan durante el trayecto m&aacute;s que las barbaridades cometidas en nombre del progreso quedando ya, apenas, ning&uacute;n espacio de respeto y belleza que no est&eacute; destruido por la corrupci&oacute;n de los pol&iacute;ticos y por la codicia de los constructores: donde antes hab&iacute;a zarzos, calas, ca&ntilde;averales, orillas, frondosas arboledas y penetrantes aromas que mezclaban la fragancia del salitre con la de las algas,&nbsp;ahora no hay m&aacute;s que litorales arrasados, chiringuitos, pueblos malolientes, hoteles descomunales, grasientos restaurantes, manadas de turistas borrachos y monstruosas murallas arquitect&oacute;nicas alzadas sobre arenales de dominio p&uacute;blico. Todo ello lo han hecho nuestros constructores. Envueltos, eso s&iacute;, en una inmensa bandera nacional para que nadie ponga en duda su inmenso amor por el pa&iacute;s que han destrozado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/destructores_132_12984252.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Feb 2026 20:45:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Destructores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Construcción,Costas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Camarera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/camarera_132_12961186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40b96ebf-45e3-45c9-ab34-fd471818244e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x353y4.jpg" width="1200" height="675" alt="Camarera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Todos de jóvenes quisimos cambiar el mundo. Leímos muchos libros. Escuchamos muchas canciones. Vimos muchas películas que nos alentaban en nuestro propósito de cambiar el mundo"</p></div><p class="article-text">
        Cambiar el mundo. Me pregunto si la camarera quiere cambiar el mundo. Me pregunto si sus ojeras se deben a una mala noche o un cansancio que arrastra desde hace a&ntilde;os porque la vida le ha situado a ese lado de la barra cuando ella, de joven, quer&iacute;a cambiar el mundo. Me pregunto si la camarera, tras servirme una copa de vino, ha intuido que yo soy un hombre que, aburrido de s&iacute; mismo, est&aacute; buscando en este local una certeza, una dulzura c&aacute;lida que consiga mantenerme a este lado de la barra casi confortado, como si fuera un ni&ntilde;o que regresara a casa de la escuela.
    </p><p class="article-text">
        La cafeter&iacute;a es peque&ntilde;a. No hay cuadros en las paredes, solo un televisor gigantesco donde unas gimnastas dan volteretas sobre una tarima de color azul y unas estanter&iacute;as donde se amontonan las botellas de licores de alta graduaci&oacute;n: ginebras, vodkas, tequilas, whiskys, aguardientes... La camarera tiene los ojos peque&ntilde;os, de un negro distra&iacute;do. No somos muchos en la cafeter&iacute;a. Un par de hombres insulsos, silenciosos, de una edad inh&oacute;spita, nada f&aacute;cil de sobrellevar, y una mujer de pelo ralo, rubio te&ntilde;ido, cincuentona, que junto a la m&aacute;quina tragaperras trata de solucionar el crucigrama del peri&oacute;dico. He salido de casa en esta tarde de invierno para no tenerme demasiado en cuenta. No llueve. No truena. No nieva.
    </p><p class="article-text">
        La camarera mira hacia la puerta como si necesitara que alguien entrara en la cafeter&iacute;a para as&iacute; mantenerla ocupada y no recordar que de joven so&ntilde;&oacute; con cambiar el mundo. Todos de j&oacute;venes quisimos cambiar el mundo. Le&iacute;mos muchos libros. Escuchamos muchas canciones. Vimos muchas pel&iacute;culas que nos alentaban en nuestro prop&oacute;sito de cambiar el mundo. No s&eacute; qu&eacute; leen los j&oacute;venes de este tiempo. Ni lo que escuchan. Ni lo que contemplan. Ya no estoy en las redes sociales. Todav&iacute;a prefiero el mundo de los bares al mundo digital. Me resulta menos violento. Menos oscuro. Menos solitario. 
    </p><p class="article-text">
        Los de mi generaci&oacute;n no hemos dejado de ser j&oacute;venes en nuestra cabeza, pero ahora, con las manos ya arrugadas, sostenemos la copa de vino o de whisky o de tequila, de otra manera, con menos firmeza, con un entusiasmo dom&eacute;stico que, como los cubitos de hielo, se va diluyendo lentamente tras cada trago. No cambiamos el mundo. No lo conseguimos. El mundo contin&uacute;a regido por los multimillonarios. Los delincuentes habituales. Los que nunca pierden. El mundo, eso s&iacute;, nos ha hecho a su imagen y semejanza. Nos ha moldeado. Nos ha esculpido. A la camarera le ha adornado con ojeras de tuberculosa y una belleza te&ntilde;ida y balbuceante, de mirada distra&iacute;da, que m&aacute;s que acuosa es servicial y a m&iacute; me ha situado a esta hora fatigada en esta cafeter&iacute;a de barrio bebiendo un vino de raza mediocre, &aacute;spero y resistente, por no tenerme demasiado en cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Ahora la camarera pasa la bayeta por la superficie de la barra con una determinaci&oacute;n concienzuda, casi brusca, como si as&iacute; lograra borrar de su memoria todas las derrotas que ha tenido que admitir. Es hora de regresar a casa. La sirena de una ambulancia se esparce por la calle como un hurac&aacute;n que se va acercando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/camarera_132_12961186.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 20:46:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Camarera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jóvenes,Precariedad,Precariedad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reír]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/reir_132_12926513.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f39f1345-b5c6-4d19-8cd5-05bbdd64bcbb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reír"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Así, sin apenas darnos cuenta, terminaremos claudicando de nuestros nuevos propósitos para el año nuevo más por cansancio de nosotros mismos que por falta de interés"</p></div><p class="article-text">
        Temprano por la ma&ntilde;ana, en uno de esos lunes ins&iacute;pidos, hechos como de&nbsp;cart&oacute;n&nbsp;piedra o de escayola barata, que saben a derrota y a galletas revenidas, con las cumbres de los montes que circundan la ciudad cubiertas de nieve y unas insistentes gotas de lluvia posnavide&ntilde;a goteando sobre mi cabeza despoblada, me sorprende descubrir en un sem&aacute;foro a dos hombres trajeados de azul marino, con corbata, cuarentones de perfil estilizado, mand&iacute;bula cuadrada, porte de directivos de alguna sucursal bancaria, ri&eacute;ndose a carcajadas como si de pronto hubieran descubierto el secreto de la felicidad.
    </p><p class="article-text">
        Tras reponerme, casi a tropezones, de la sorpresa, me digo que darse de bruces un lunes por la ma&ntilde;ana con un grupo de personas que, en la calle, est&aacute;n ri&eacute;ndose a carcajadas es casi como regresar a casa montado en un unicornio en una de esas noches en que no solo ha habido eclipse de luna sino tambi&eacute;n cerveza gratis en todos los garitos donde uno ha asomado el hocico. Mucho m&aacute;s, si en ese lunes ins&iacute;pido que huele a colonia podrida y a&nbsp;cart&oacute;n mojado, hace fr&iacute;o y llueve. No es corriente encontrarse a alguien ri&eacute;ndose a carcajadas. Ni en la calle ni en el supermercado. Tampoco en el bar donde, a mediod&iacute;a, hay quienes se arrodillan ante el primer vino de la jornada. Lo corriente son las caras largas. Los m&uacute;sculos tensos. Los rostros esculpidos en piedra caliza. El ce&ntilde;o fruncido. La m&aacute;scara hier&aacute;tica del descontento. La resignaci&oacute;n cat&oacute;lica incrustada en el &aacute;nimo. Nada. Ni una sonrisa. Ni una mueca. Nada que demuestre entusiasmo. Nada que nos sacuda el cuerpo a risotadas, como si de pronto, casi por descuido, en una esquina cualquiera de la propia biograf&iacute;a, uno disfrutara de un encuentro fortuito con eso que llaman la alegr&iacute;a de vivir. 
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o que acabamos de iniciar es muy largo, pero todo pasar&aacute; velozmente. La lluvia empapar&aacute; la tierra, en los valles florecer&aacute;n los cerezos, el sol secar&aacute; el cauce de los r&iacute;os, los escaparates de los comercios no tardar&aacute;n en mostrar de nuevo los turrones navide&ntilde;os y los dirigentes medievales que se est&aacute;n adue&ntilde;ando del planeta no les faltar&aacute;n ocasiones para mostrar cu&aacute;nto de miserable hay en la condici&oacute;n humana. La tarea de madrugar, hacer dinero, lidiar con nuestros semejantes y maleducar a nuestros descendientes, nos ir&aacute; llenando lentamente las horas y as&iacute;, sin apenas darnos cuenta, terminaremos claudicando de nuestros nuevos prop&oacute;sitos para el a&ntilde;o nuevo m&aacute;s por cansancio de nosotros mismos que por falta de inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Todo pasa. Las campa&ntilde;as electorales de las diferentes comunidades aut&oacute;nomas pasar&aacute;n. Pasar&aacute; tambi&eacute;n el invierno, el croar de las ranas, las tempestades de abril, la liga de f&uacute;tbol y el furioso verano y al final no quedar&aacute; m&aacute;s que aquello que hayamos hecho con el tiempo que nos ha tocado vivir. Tal vez la manera m&aacute;s apropiada de hacerlo sea ri&eacute;ndose. Vivir ri&eacute;ndose. Ri&eacute;ndose a carcajadas. Reventarse el pecho a carcajadas ya que a fin de cuentas la vida no es m&aacute;s que una broma, de mal gusto en ocasiones. Pero no, no resulta f&aacute;cil re&iacute;r. Dylan ten&iacute;a raz&oacute;n: cuesta mucho re&iacute;r, basta un tren para llorar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/reir_132_12926513.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jan 2026 20:46:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reír]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Felicidad,Elecciones,Invierno,verano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/europa_132_12898688.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b269c974-31a1-4ccd-9f9d-dd1a1057e723_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Este es el propósito de los políticos medievales: que los ciudadanos de la Unión Europea aniquilemos el humanismo de nuevo para suicidarnos mediante la implantación en nuestras vidas de lo exagerado, lo excesivo, lo inhumano"</p></div><p class="article-text">
        Tal vez porque muchos ciudadanos perciben el futuro como una amenaza con las evidencias de la crisis clim&aacute;tica, la guerra en Europa, la colonizaci&oacute;n digital, las sociedades envejecidas, las democracias que se desmoronan, la provocaci&oacute;n estadounidense y la epidemia de soledad, los pol&iacute;ticos medievales est&aacute;n de regreso con el prop&oacute;sito de gobernar Europa llevados de la mano de los propietarios de los grandes medios de comunicaci&oacute;n, redes sociales incluidas, y de la multitud de votantes informada por dichos medios. 
    </p><p class="article-text">
        El futuro ya no parece prometedor. Los pol&iacute;ticos medievales, para minorar el miedo de los votantes a un porvenir donde no vivamos m&aacute;s seguros ni seamos m&aacute;s altos, ni m&aacute;s ricos ni m&aacute;s guapos, prometen llevar r&aacute;pidamente a Europa de vuelta a un pasado que nunca existi&oacute;; el pasado de las familias felices, el hombre de una pieza, la mujer creada de una costilla, la grandeza imperial, la verdad religiosa como &uacute;nica verdad hist&oacute;rica y dem&aacute;s fantas&iacute;as animadas de ayer y de hoy. 
    </p><p class="article-text">
        Los europeos somos culpables. Los ciudadanos europeos, cada vez que consentimos que en la conciencia del hombre europeo se aniquile el humanismo, somos culpables, porque el humanismo es el mayor regalo que ha hecho Europa a la humanidad. El humanismo es una medida humana. La constataci&oacute;n de que el ser humano es la medida de todas las cosas. La confirmaci&oacute;n de que el ser humano es el sentido &uacute;ltimo de la evoluci&oacute;n, el desarrollo y el progreso, si es que tales conceptos existen, y si es posible que alguna vez el ser humano se sacuda de encima todos los instintos primarios que arrastra desde que habitaba las cavernas. El humanismo, seg&uacute;n Sandor Marai, tambi&eacute;n es &ldquo;una actitud humana que no espera ninguna respuesta m&aacute;gica o milagrosa al problema de la muerte, ni pretende la soluci&oacute;n de los problemas terrenales mediante fuerzas sobrenaturales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No estamos sujetos a ninguna divinidad. No somos, seg&uacute;n los humanistas que surgieron en Europa durante el Renacimiento, ni m&aacute;s ni menos que seres humanos con la determinaci&oacute;n, la voluntad casi ciega, de levantarnos todos los d&iacute;as de la cama para trabajar, hacer la compra, mirar escaparates, charlar de f&uacute;tbol en la barra de los bares y sumergirnos en las pantallas que nos han cercado la existencia dentro de un universo indiferente. 
    </p><p class="article-text">
        Los europeos aniquilamos el humanismo de una manera tr&aacute;gica en diferentes ocasiones de la historia m&aacute;s reciente. Lo hicimos con las c&aacute;maras de gas de Auschwitz, con las fosas de Katyn, con el infierno de los campos disciplinarios de Stalin, entre las ruinas de Dresde y Coventry, en las c&aacute;rceles franquistas o en las calles ensangrentadas de Sarajevo. Lo aniquilamos cada vez que abandonamos la medida humana para entregarnos a un R&eacute;gimen ya sea religioso, pol&iacute;tico, social o econ&oacute;mico se denomine ya como fascismo, comunismo, franquismo o como la pr&oacute;xima Cruzada contra los migrantes. 
    </p><p class="article-text">
        Este es el peligro. Este es el prop&oacute;sito de los pol&iacute;ticos medievales: que los ciudadanos de la Uni&oacute;n Europea aniquilemos el humanismo de nuevo para suicidarnos mediante la implantaci&oacute;n en nuestras vidas de lo exagerado, lo excesivo, lo inhumano...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/europa_132_12898688.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jan 2026 20:46:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Europa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Europa,Política,Humanismo,Cambio climático,Auschwitz,Fascismo,Comunismo,Franquismo,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Terminal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/terminal_132_12869089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3906837f-af81-4331-969f-3c9727372894_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x330y102.jpg" width="1200" height="675" alt="Terminal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Tiempo de balance. Tiempo para recuperar instantes del pasado, calles, antiguas amistades, conversaciones interrumpidas, paisajes y también los profundos aromas de las cocinas antiguas"</p></div><p class="article-text">
        La Navidad es tiempo terminal. Tiempo de balance. Tiempo para recuperar instantes del pasado, calles, antiguas amistades, conversaciones interrumpidas, paisajes y tambi&eacute;n los profundos aromas de las cocinas antiguas: las coliflores y el vinagre, las casta&ntilde;as, los mazapanes, la harina de las rosquillas, el lomo plateado de los grandes peces muertos y tambi&eacute;n las carnes asadas que se cocinaban a fuego lento durante las lentas horas de la infancia.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es tiempo terminal en las labores agr&iacute;colas pues en el campo se han recogido ya todos los frutos y se ha puesto en la tierra la semilla de las futuras cosechas. La Iglesia, con su reconocida astucia para apropiarse de todo lo que le interesa sin pagar nada por ello, recogi&oacute; en su calendario esa costumbre agr&iacute;cola para que, desde entonces, se celebre que el buen dios, seg&uacute;n la tradici&oacute;n cristiana, se hace humano con el prop&oacute;sito de redimirnos de nuestra miserable condici&oacute;n de pecadores. Esta es la raz&oacute;n hist&oacute;rica que motiva que durante los d&iacute;as m&aacute;s se&ntilde;alados de la Navidad todo, tanto en las calles como en los hogares, se revista de un decidido entusiasmo alcoh&oacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        No desatendiendo este entusiasmo, tambi&eacute;n es tiempo de balance en los medios de comunicaci&oacute;n. Tiempo de recuento y de predicciones. Lo normal en esta &eacute;poca. Hay, en estas fechas, cierta predisposici&oacute;n a la vagancia en casi todos los medios, lo que propicia que los periodistas se dediquen a hacer un recuento de los acontecimientos m&aacute;s importantes que han tenido lugar durante el a&ntilde;o que finaliza. Lo de las predicciones ya no se ajusta tan solo a estas fechas, dado que desde que el periodismo de investigaci&oacute;n fue liquidado, una gran parte de los periodistas, sobre todo los que acuden a las tertulias, se han convertido en adivinos con sentencias m&aacute;s propias de quirom&aacute;nticos, profetas, echadoras de cartas y dem&aacute;s charlatanes que de lo que se supone que son.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se lleva mucho lo de las listas. Mucho. Las listas de los mejores libros, las mejores pel&iacute;culas, los mejores programas de televisi&oacute;n, las estupideces m&aacute;s est&uacute;pidas de los est&uacute;pidos que gobiernan el planeta, etc&eacute;tera; en definitiva, relleno barato y caprichoso con el que los medios procuran entretenernos mientras pasamos el rato haciendo cuenta del dinero que nos vamos a dejar en los langostinos, el pavo, los polvorones, el turr&oacute;n y los regalos a los parientes m&aacute;s allegados.
    </p><p class="article-text">
        Todo este entusiasmo alcoh&oacute;lico, salpicado de recuerdos y predicciones, una vez iniciado el nuevo a&ntilde;o, termina&nbsp;del mismo modo en que suelen terminar casi todas las celebraciones: con cierto regusto a tiempo perdido incrust&aacute;ndose en el paladar, la cabeza vac&iacute;a, la boca del est&oacute;mago anestesiada por el cansancio y el ardor g&aacute;strico y con una m&uacute;sica remota, triste e in&uacute;til flotando en el aire como si fuera una cometa que hubiera perdido los hilos...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/terminal_132_12869089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Dec 2025 20:46:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Terminal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pantallas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pantallas_132_12834942.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c100c5d-5edf-4e8a-916a-f06cb272c7b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pantallas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Nuestra época, primando los medios audiovisuales, ha ido relegando a los libros hasta arrinconarlos en polvorientas bibliotecas municipales que nadie visita ni siquiera para refugiarse de los heladores vientos árticos propios del invierno"</p></div><p class="article-text">
        La primac&iacute;a de las im&aacute;genes sobre las ideas. Nuestra &eacute;poca, primando los medios audiovisuales, ha ido relegando a los libros hasta arrinconarlos en polvorientas bibliotecas municipales que nadie visita ni siquiera para refugiarse de los heladores vientos &aacute;rticos propios del invierno. En nuestro pa&iacute;s esto ya lo aventur&oacute; Manuel Aza&ntilde;a al decir que si en Espa&ntilde;a deseas guardar un secreto lo mejor era publicarlo en un libro.
    </p><p class="article-text">
        Estamos sujetos a una&nbsp;extra&ntilde;a contradicci&oacute;n: todo el mundo dice que la vida es corta, breve, que apenas dura un instante, pero todo el mundo afirma que se aburre, que no sabe qu&eacute; hacer ni c&oacute;mo pasar el tiempo. Tal vez por eso las grandes corporaciones industriales dedicadas al ocio audiovisual, que no tiene m&aacute;s prop&oacute;sito que distraernos, convirtiendo el entretenimiento en la aspiraci&oacute;n suprema de la vida humana, se ha adue&ntilde;ado de nuestro tiempo. Los ciudadanos ya no participamos en la diversi&oacute;n. La consumimos. Ni siquiera la compartimos, sino que la consumimos en soledad. La consumimos plantando nuestro trasero durante largas horas en cualquier asiento donde podamos relacionarnos con una pantalla para jugar con ella, conversar con ella, escucharla, contemplarla, acariciarla...
    </p><p class="article-text">
        Esta entrega tan devota a las pantallas, adem&aacute;s de distraernos, ha generalizado la estupidez, la soledad y ha tra&iacute;do de vuelta el fascismo, tan presente en las cavern&iacute;colas redes sociales. Estar distra&iacute;dos. En eso consiste la vida en este tiempo tecnol&oacute;gico. Ya que la felicidad, tan huidiza siempre, tan casual, parece que est&aacute; mucho m&aacute;s all&aacute; de nuestras posibilidades, nos conformamos con estar distra&iacute;dos. &ldquo;&iexcl;No quiero conceder a la muerte ning&uacute;n poder sobre mis pensamientos!&rdquo;, escribi&oacute; Thomas Mann en su obra 'La monta&ntilde;a m&aacute;gica. Perfecto. Un admirable prop&oacute;sito: vivir sin que la muerte revolotee por tu cerebro como una polilla siniestra. Para socorrernos en la dif&iacute;cil tarea de mantener a la muerte alejada de nuestro cerebro, en el supuesto de no haberlo anestesiado con toneladas de partidos de f&uacute;tbol contemplados a trav&eacute;s del televisor, nos hemos dado multitud de distracciones, relacionadas con las pantallas.
    </p><p class="article-text">
        No resulta f&aacute;cil escapar de los pensamientos relacionados con la muerte. Cierto. Pero tampoco resulta f&aacute;cil escapar de las pantallas que se han adherido a nuestros ojos como las enredaderas a las tapias blancas de los patios, los huertos soleados y los jardines oto&ntilde;ales donde lo &uacute;nico que se escucha es el susurro l&aacute;nguido de la mala hierba. Muchas personas mueren solas frente a una pantalla encendida. Muchas. Cada vez m&aacute;s. Personas solitarias. Personas, algunas, que han cumplido durante su existencia, sobradamente, con el prop&oacute;sito esgrimido por el personaje creado por Thomas Mann. No pensar en la muerte. Ni en la muerte ni en nada. Esta es una de las grandes conquistas de la tecnolog&iacute;a: haber logrado que el ciudadano medio pase por este mundo sin pensar, permanentemente distra&iacute;do, ausente tanto de s&iacute; mismo como de todo aquello que le rodea. Conciudadanos incluidos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pantallas_132_12834942.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Dec 2025 20:45:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pantallas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Muerte,Thomas Mann,Soledad,Tecnología,Ficción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Forrarse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/forrarse_132_12809842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a71c30c6-9255-4ed5-9414-9454f7cff244_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Forrarse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Existe la posibilidad de aprovecharse de cualquier circunstancia calamitosa para forrarse mientras te pasas por el arco del triunfo todo eso de la dedicación, la perseverancia, el emprendimiento, la meritocracia y el mantra de la cultura del esfuerzo"</p></div><p class="article-text">
        La palabra trabajo procede del vocablo latino 'tripalium', que era un instrumento de tortura que nuestros inquisidores utilizaron con muy buen provecho. Esta etimolog&iacute;a no es casual. Como tampoco es casual que el lema &ldquo;el trabajo os har&aacute; libres&rdquo; fuera emplazado sobre los accesos a numerosos campos de exterminio establecidos por el r&eacute;gimen nazi. 
    </p><p class="article-text">
        En nuestra sociedad un trabajo, para que sea considerado un verdadero trabajo, solo tiene una motivaci&oacute;n: el dinero, o m&aacute;s exactamente la falta de dinero. Lo dem&aacute;s son milongas. Lo primero que descubres cuando eres joven y trabajas durante doce horas diarias fregando platos en un restaurante de mala muerte en alguna lluviosa capital centroeuropea, es que el trabajo no te libera sino que es una maldici&oacute;n. M&aacute;s en concreto que el trabajo es la maldici&oacute;n de las maldiciones&nbsp;y que si las circunstancias no te son medianamente favorables puedes pasarte el resto de tu vida desarrollando una labor que te produce angustia, tedio, fatiga, sudores fr&iacute;os y otras calamidades, porque eso es lo que el verdadero trabajo causa: malestar general. 
    </p><p class="article-text">
        No desarrollando la labor que te apasiona mediante una retribuci&oacute;n en concordancia con tu esfuerzo o no siendo un anacoreta &ldquo;huido de este mundanal ruido para seguir la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido&rdquo;, lo &uacute;nico que te proporciona sustento, cobijo, vestimenta y una cierta libertad como de chimpanc&eacute; en el zool&oacute;gico o de jilguero en la jaula, es el dinero. El dinero que se te retribuye por tu trabajo. Pero el dinero de verdad no se logra trabajando. 
    </p><p class="article-text">
        El dinero de verdad, el que te procura el libre albedr&iacute;o, el aut&eacute;ntico, el que te sacia de gloria bendita, se logra mediante la desfachatez, las herencias familiares, los premios de las loter&iacute;as o desarrollando la suficiente astucia como para conseguir que unos cuantos desgraciados trabajen veinticuatro horas al d&iacute;a por un salario miserable, para que as&iacute; puedas comprarte un &uacute;ltimo modelo descapotable, ropa de dise&ntilde;o, un palco en la &oacute;pera, un &aacute;tico en el centro de la ciudad o unas merecid&iacute;simas vacaciones en cualquier playa despoblada de este superpoblado planeta.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, tambi&eacute;n existe la posibilidad de aprovecharse de cualquier circunstancia calamitosa para forrarse mientras te pasas por el arco del triunfo todo eso de la dedicaci&oacute;n, la perseverancia, el emprendimiento, la meritocracia y el mantra de la cultura del esfuerzo. Para eso, no tienes m&aacute;s que seguir el nutritivo ejemplo de quienes durante la pandemia firmaron suculentos y fraudulentos contratos con la administraci&oacute;n p&uacute;blica para surtirnos de mascarillas mientras nosotros, confinados, nos nutr&iacute;amos de papel higi&eacute;nico, hac&iacute;amos pan, nos encaden&aacute;bamos a todas las series televisivas habidas y por haber, cant&aacute;bamos aquello tan chabacano, tan meloso, del 'Resitir&eacute;' e Isabel D&iacute;az Ayuso condenaba a casi ocho mil ancianos a una muerte tan criminal como su estatura pol&iacute;tica...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/forrarse_132_12809842.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Dec 2025 20:45:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Forrarse]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Conocimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/conocimiento_132_12788387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/230052ed-c4a9-41d9-b65a-dc66a41c1578_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Conocimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se puede discutir con fanáticos. Este es un principio elemental. Más si son fanáticos que consideran que la felicidad está en los retrocesos</p></div><p class="article-text">
        Los j&oacute;venes franquistas, fascistas, bruscos de palabra y d&eacute;spotas de coraz&oacute;n, rehenes de las redes sociales, son creyentes, tienen una f&eacute; fan&aacute;tica, incondicional en el r&eacute;gimen criminal del general Franco del mismo modo que los monjes escol&aacute;sticos de la Edad Media cre&iacute;an ciegamente en los dogmas de la Iglesia; dogmas como el de la Inmaculada Concepci&oacute;n o el de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. No se puede discutir con fan&aacute;ticos. Este es un principio elemental. M&aacute;s si son fan&aacute;ticos que consideran que la felicidad est&aacute; en los retrocesos, en la vuelta atr&aacute;s hacia un pasado mitificado de boina calada, misa dominical, sotanas en la escuela, seiscientos en la calzada y verdes prados donde las mariposas volaban, los troncos de los &aacute;rboles se retorc&iacute;an pl&aacute;cidamente, las vacas pastaban y los hombres y las mujeres, en santo matrimonio, caminaban cara al sol hacia un horizonte crepuscular, cat&oacute;lico y bendecido por el Tribunal de Orden P&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        Lo propio de la juventud, adem&aacute;s de la tristeza que provoca la sensualidad, es la divagaci&oacute;n, la arrogancia y cierto lirismo revolucionario, aunque casi siempre como defensa ante el propio desconcierto, pero la juventud es tan solo una concesi&oacute;n temporal. Como todo en la vida. Concesi&oacute;n, en este caso de plenitud f&iacute;sica, egolatr&iacute;a, vaguedad y en contadas, contad&iacute;simas ocasiones de una deslumbrante belleza. Pero una na vez perdido el divino tesoro que &ldquo;ta vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer&rdquo;, todo es estremecerse con el descubrimiento, en primer lugar, de la insignificancia de casi todas las cosas, empezando por la propia insignificancia, para advertir m&aacute;s tarde, primero como sospecha, luego como certeza, que el enemigo m&aacute;s peligroso de la humanidad, del cual es imposible defenderse, es la estupidez. 
    </p><p class="article-text">
        Ya sea contemplando la televisi&oacute;n, haciendo macram&eacute;, jugando a las palas en un front&oacute;n deshabitado, paseando al perro o llorando de madrugada en los lavabos de las discotecas donde nos hemos dejado la juventud, por todas partes nos persigue la sospecha de que, vayamos por donde vayamos, siempre nos alcanzar&aacute; la sombra del mayor peligro: el peligro de una estupidez que lo oscurece todo. El &uacute;ltimo estremecimiento, sin embargo, el m&aacute;s divertido, el del v&eacute;rtigo ante la huida del tiempo, nos descubre que seguramente lo m&aacute;s est&uacute;pido de la vida sea la tendencia a olvidar nuestra propia memez, maniatados, como estamos, a una ingente cantidad de supersticiones, mitos, leyendas, dioses inventados y otras disparatadas creencias. En fin, todo requiere conocimiento. Todo. Tambi&eacute;n conocimiento de nosotros mismos y de nuestra historia. Pero, claro, es mucho m&aacute;s f&aacute;cil, mucho m&aacute;s c&oacute;modo, creer que conocer.
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      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Nov 2025 22:01:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Conocimiento]]></media:title>
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