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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gonzalo Bolland]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gonzalo_bolland/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gonzalo Bolland]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Infantiles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/infantiles_132_13134300.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ad46e05-bd64-4d56-b6e3-46efcd8e1cc8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Infantiles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La extrema derecha avanza así. No como una ideología en sí misma sino como la respuesta radical de las masas ignorantes, desatentas e infantiles, que buscamos soluciones milagreras para remediar nuestros temores"</p></div><p class="article-text">
        Los sistemas econ&oacute;micos de esta &eacute;poca masificada, adem&aacute;s de los sistemas pol&iacute;ticos y de los much&iacute;simos medios de comunicaci&oacute;n donde los poderosos nos largan diariamente sus constantes proclamas, son enemigos de la libertad de pensamiento y hacen todo lo posible, mediante la civilizaci&oacute;n tecnificada, para mantener a las masas humanas en un estado an&iacute;mico infantil: ni&ntilde;os, todos, en busca siempre de unos padres que nos cuenten cuentos, que nos acunen, que nos tranquilicen el &aacute;nimo...
    </p><p class="article-text">
        No es de extra&ntilde;ar, por tanto, que estas masas humanas decidamos que nuestros dirigentes tengan la misma mentalidad que nosotros: la mentalidad de unos ni&ntilde;os que se han hecho grandes sin haber aprendido a comportarse como personas compasivas, solidarias, m&aacute;s generosas que caprichosas y con una cierta capacidad, tan escasa en nuestra sociedad, de situarse, de cuando en cuando, en el pellejo de los dem&aacute;s. No es solo Trump. Ni Milei. 
    </p><p class="article-text">
        En nuestras poblaciones las masas humanas inmersas en un estado an&iacute;mico infantil tambi&eacute;n colocamos a ni&ntilde;os grandes en puestos dirigentes de la administraci&oacute;n p&uacute;blica ya sea como alcaldes, consejeros, diputados o presidentas de comunidades aut&oacute;nomas. El infantilismo de estos pol&iacute;ticos mesi&aacute;nicos, m&aacute;s reaccionarios que los locutores de radio con la voz engolada, ha introducido en la conciencia colectiva los temores de siempre: el miedo a la diferencia, a los migrantes, a la libertad sexual, a la p&eacute;rdida del trabajo, de los valores, de las tradiciones, de la identidad nacional, etc&eacute;tera...
    </p><p class="article-text">
        La extrema derecha avanza as&iacute;. No como una ideolog&iacute;a en s&iacute; misma sino como la respuesta radical de las masas ignorantes, desatentas e infantiles, mencionadas por Juan de Mairena, que buscamos soluciones milagreras para remediar nuestros temores. Soluciones propuestas por unos l&iacute;deres pol&iacute;ticos que, aprovechando que ya nadie cree en la felicidad del futuro, han convertido el pasado en un mito de familias dichosas, trabajadores satisfechos, p&aacute;rrocos bonachones, nada ped&oacute;filos, autoridades magn&aacute;nimas y man&aacute; cayendo del cielo sobre las cabezas inocentes de unos ni&ntilde;os que en la fotograf&iacute;as se muestran bien peinados, bien vestidos, bien meados y tan angelicales como el Caudillo bajo palio.
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os creen en los Reyes Magos. Las masas humanas inmersas en un estado an&iacute;mico infantil, en nuestros santos patrones: los multimillonarios l&iacute;deres cavern&iacute;colas que, desde los much&iacute;simos medios de comunicaci&oacute;n que controlan, nos est&aacute;n perpetuando esta infancia tan distra&iacute;da, tan m&oacute;vil, tan tecnol&oacute;gica...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/infantiles_132_13134300.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 19:46:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Infantiles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Javier Milei,Extrema derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primavera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/primavera_132_13104840.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/daaccedf-3185-4bf5-a4c0-0445987a1ef5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Primavera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En cualquier circunstancia de la vida y en cualquier estación del año, lo que se espera siempre es la llegada de la primavera"</p></div><p class="article-text">
        Tarde o temprano todo se desvanece. Todo. Hasta el invierno. Los peri&oacute;dicos continuar&aacute;n publicando las mismas desgracias, los mismos desastres que hace unas cuantas semanas. Los tertulianos continuar&aacute;n enzarz&aacute;ndose en las mismas disputas in&uacute;tiles. La televisi&oacute;n nos seguir&aacute; mostrando imag&eacute;nes de cad&aacute;veres destripados por bombardeos, de pol&iacute;ticos cavern&iacute;colas soltando necedades, de misiles estallando sobre hospitales, escuelas, campamentos de refugiados o de adolescentes que se limpian las u&ntilde;as con una navaja autom&aacute;tica mientras te escupen a la cara una cuantas proclamas fascistas, pero a partir de ahora, la vida tendr&aacute; otro rumor. M&aacute;s c&aacute;lido. M&aacute;s luminoso. Menos ingrato.
    </p><p class="article-text">
        Las noches de luna creciente o menguante se acortar&aacute;n. El viento ser&aacute; menos &aacute;spero. Los perfumes de la tierra, de los arbustos, de las hierbas floridas y de los &aacute;rboles revividos de hojas y de p&aacute;jaros flotar&aacute;n en el aire y en el cielo, de pronto, parecer&aacute;n estallar, al atardecer, peque&ntilde;os incendios de una tonalidad naranja, rosacea, violeta, casi, casi rojiza...
    </p><p class="article-text">
        Hemos sobrevivido a otro invierno. No ha sido f&aacute;cil. Nunca lo es. Los cavern&iacute;colas que gobiernan el planeta, votados por millones de cavern&iacute;colas, no nos lo han puesto nada f&aacute;cil, pero bueno, ya est&aacute; finiquitado el invierno. Hemos cumplido con nuestro prop&oacute;sito. No es que a partir de ahora encontremos una respuesta a las muchas interrogantes de nuestra existencia, sino que las golondrinas, al atardecer, trazar&aacute;n, de nuevo, c&iacute;rculos alrededor de los campanarios, las ranas croar&aacute;n en las m&iacute;nimas charcas de este des&eacute;rtico pa&iacute;s y los ciudadanos buscaremos de nuevo las playas donde respirar los vientos cargados de sal o los parajes monta&ntilde;osos de rec&oacute;nditas caba&ntilde;as rurales donde olvidarnos hasta de nosotros mismos durante los fines de semana.
    </p><p class="article-text">
        La primavera no nos har&aacute; ni m&aacute;s ricos ni m&aacute;s sabios, pero cuando menos nos permitir&aacute; pasear en bicicleta por los l&iacute;mites del bosque, leer un peri&oacute;dico de papel sentados en un banco del parque, beber cerveza mientras contemplamos los veleros que atracan en la d&aacute;rsena, degustar una ensalada tibia de verduras frescas bajo un sol todav&iacute;a t&iacute;mido pero complaciente o tomar el metro al alba para acudir al trabajo sin sentir en el &aacute;nimo el helador viento del invierno. Lo que se espera siempre es la primavera. En cualquier circunstancia de la vida y en cualquier estaci&oacute;n del a&ntilde;o, lo que se espera siempre es la llegada de la primavera. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Palacio, buen amigo, &iquest;est&aacute; la primavera vistiendo ya las ramas de los chopos del r&iacute;o y los caminos? En la estepa del alto Duero, primavera tarda, pero es tan bella y dulce cuando llega...&rdquo;. No sabemos lo que Jos&eacute; Mar&iacute;a Palacio, buen amigo, le respondi&oacute; a Antonio Machado, si es que alguna vez le respondi&oacute; algo, pero en esas y en otras preguntas del poema est&aacute; nuestro anhelo; nuestro interminable anhelo de primavera; del milagro de la primavera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/primavera_132_13104840.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 20:46:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Primavera]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Soledad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/soledad_132_13056966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee130c67-c362-4044-b799-5297dacb8681_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Soledad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los que más partido sacan del aislamiento del individuo contemporaneo, los constructores, los gobiernos, los propietarios de las redes sociales y, por supuesto, las multinacionales nos están construyendo poblaciones para la soledad</p></div><p class="article-text">
        Harold Nicolson, pol&iacute;tico, diplom&aacute;tico, historiador, bi&oacute;grafo, cronista, novelista, conferenciante, periodista, locutor, jardinero brit&aacute;nico y marido de la escritora Vita Sackville-West, considerado el mejor conocedor de la sociedad inglesa de los a&ntilde;os de entreguerras del siglo pasado, que trat&oacute; a una cantidad ingente de personas y recorri&oacute; todo el mundo, en las p&aacute;ginas finales de su obra, consistente en tres extensos vol&uacute;menes de un Diario, declara que, aparte de su mujer, sus dos hijos y sus dos perros alsacianos, no consigui&oacute; hacer ning&uacute;n amigo.
    </p><p class="article-text">
        La amistad. La amistad como refugio. La amistad como celebraci&oacute;n. El tesoro m&aacute;s preciado. El tesoro que nos impulsa a&nbsp;acercarnos a los dem&aacute;s, tratando de satisfacer, as&iacute;, el ansia de sociabilidad, necesitados, como estamos, de relacionarnos con los otros para darle un sentido a nuestra existencia, evitando, de esta manera, una soledad muy dif&iacute;cil de esquivar. La amistad para trascender el yo en un intento de superar la infelicidad que acompa&ntilde;a la vida de cualquiera, que, a fin de cuentas, conduce, inevitablemente, lo queramos o no, a la vejez y a la muerte. La amistad, adem&aacute;s, es m&aacute;s agradable que el amor. La amistad es sosegante; el amor es obsesionante e intranquilo, teniendo la ventaja que con el tiempo la amistad aumenta, mientras que con el tiempo el amor huye y desaparece. La vida, adem&aacute;s de breve, cara e imprevisible, es una sucesi&oacute;n de compa&ntilde;&iacute;as. Pero en los pueblos y ciudades que nos est&aacute; tocando habitar un porcentaje cada vez m&aacute;s elevado de la poblaci&oacute;n vive sola, come sola, habla sola, discute con la televisi&oacute;n sola, atiende en soledad las necesidades de su mascota y se sumerge, sola, en el s&oacute;rdido mundo de las redes sociales. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando se pierde la juventud, cosa que sucede con una sorprendente facilidad, disminuye el contacto con nuestros semejantes. No es culpa de nadie. Simplemente ocurre, como ocurren muchas otras cosas en la vida sin que intervenga para nada la voluntad de los hombres y de las mujeres. Ocurre y uno no tiene m&aacute;s remedio que acostumbrarse a ello del mismo modo que termina acostumbr&aacute;ndose a la p&eacute;rdida del pelo, del entusiasmo, de la firmeza de los m&uacute;sculos o de los amigos con los que en la juventud se crey&oacute; que el mundo iba a someterse a nuestras &oacute;rdenes. Nos est&aacute;n construyendo un mundo para la soledad. Los que m&aacute;s partido sacan del aislamiento del individuo contemporaneo, los constructores, los gobiernos, los propietarios de las redes sociales y, por supuesto, las multinacionales que nos venden lavadoras, ordenadores, microondas, televisores y sexo virtual, mucho, mucho sexo virtual, nos est&aacute;n construyendo poblaciones para la soledad. Para 50 metros cuadrados, como mucho, de televisi&oacute;n, internet, silencio, luz el&eacute;ctrica, ropa esparcida, comida a domicilio, monoman&iacute;as, fatiga de d&iacute;as mudos y soledad, mucha, mucha soledad...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/soledad_132_13056966.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 20:46:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Soledad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/miedo_132_13008597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9adc38e6-c372-4f87-bf2c-b54395b818f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miedo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Mi abuelo, casi un niño, estuvo en la guerra, en el frente de Aragón, y lo devolvieron a casa roto, con una herida de bala en la pierna. Nunca hablaba de eso, pero desde entonces no podía ver un hombre uniformado"</p></div><p class="article-text">
        Miedo a las nubes. La vecina cuenta en el interior de la fruter&iacute;a que a su padre, de mayor, le daban miedo las nubes. Las formas de las nubes. Las caras en el cielo. Los animales mitol&oacute;gicos en el cielo. Los demonios gigantescos que desfilan por el cielo como un cortejo f&uacute;nebre. Nubes voluminosas con el color de la panza de los burros. No pod&iacute;a salir de casa porque tem&iacute;a que las nubes cobrasen vida. Eso es lo que la vecina le est&aacute; contando al frutero. Nubes de tormenta. Nubes blancas de una angelical inocencia que de pronto adoptan formas amenazantes, de un terror dom&eacute;stico, como personas que de repente, enfurecidas, estallan en repentinos ataques de ira. Nubes de color violeta que cubriendo sigilosamente el horizonte al atardecer, son tomadas como presagio de un infortunio al amanecer.
    </p><p class="article-text">
        El frutero, tras recriminar a su ayudante, por salir demasiadas veces a la calle para fumar, le responde a la se&ntilde;ora que su abuelo le ten&iacute;a miedo a la autoridad. Miedo a los nombres uniformados. Miedo a los curas. Miedo a los soldados. Miedo a los polic&iacute;as. &ldquo;Mi abuelo, casi un ni&ntilde;o &mdash;dice&mdash;, estuvo en la guerra, en el frente de Arag&oacute;n, y lo devolvieron a casa roto, con una herida de bala en la pierna. Nunca hablaba de eso, pero desde entonces no pod&iacute;a ver un hombre uniformado&rdquo;. Miedo a las nubes. Miedo a los hombres uniformados. Miedo a que el cielo caiga sobre nuestras cabezas. Miedo a seguir fumando. Miedo a la estupidez. A la propia. A la ajena. A la que se est&aacute; extendiendo en nuestro pa&iacute;s como una peste medieval.
    </p><p class="article-text">
        Cuando entro en la carnicer&iacute;a, portando la bolsa de pl&aacute;stico donde guardo los pl&aacute;tanos y las mandarinas, el carnicero est&aacute; deshuesando un jam&oacute;n. Jamones de todas las marcas. Jamones de bellota. Jamones de cebo. Jamones ib&eacute;ricos. Jamones por todas partes. No ha parado de deshuesar jamones desde los primeros d&iacute;as de diciembre. El carnicero es bizco. Hered&oacute; la carnicer&iacute;a de su padre que, de joven, &uacute;ltimos sesenta del siglo pasado, lleg&oacute; a este barrio con una mujer pre&ntilde;ada desde la ribera de un Guadalquivir sediento. El padre muri&oacute; de viejo, de una parada card&iacute;aca. La madre vive en una residencia olvidada de s&iacute; misma y de todos aquellos que forman parte de su familia. El carnicero tiene mujer. Tambi&eacute;n hijos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se a qu&eacute; le tiene miedo. Supongo a que los grandes supermercados se sigan extendiendo por el barrio o a que los clientes dejen de traerle jamones o a que le traigan demasiados o tal vez, como todos, a que la muerte visite un d&iacute;a de estos la casa donde vive con su mujer, su hijo y un perro lobo checoslovaco. Una vez, hace ya tiempo, habl&aacute;ndonos de circunstancias casuales y d&iacute;as del pasado, me cont&oacute; que lo que m&aacute;s le hab&iacute;a divertido en la vida hab&iacute;a sido jugar un partido de f&uacute;tbol en el playa de Berria, en Santo&ntilde;a, frente al penal de El Dueso, en una tarde destemplada de septiembre. Yo tambi&eacute;n jugu&eacute; al f&uacute;tbol en esa playa. Antes, mucho antes del miedo a, de repente, desaparecer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/miedo_132_13008597.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 20:46:37 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Destructores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/destructores_132_12984252.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9bbe8d6-ec4b-46fc-8977-80e54ce6df3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Destructores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Han desfigurado bellísimos litorales y han logrado extinguir valiosísimas especies animales recalificando terrenos, corriendo mojones y construyendo murallas arquitectónicas sobre arenales de dominio público"</p></div><p class="article-text">
        Los constructores han destrozado este pa&iacute;s. No han sido los migrantes. Ni los musulmanes ni los subsaharianos. Los constructores, junto con los administradores p&uacute;blicos que se lo han permitido, han sido los que han&nbsp;destrozado no solo el paisaje urbano de nuestras ciudades derribando legendarias mansiones, hist&oacute;ricos monumentos y singulares palacios, sino que tambi&eacute;n han talado regiones enteras; han desfigurado bell&iacute;simos litorales y han logrado extinguir valios&iacute;simas especies animales recalificando terrenos, corriendo mojones y construyendo murallas arquitect&oacute;nicas sobre arenales de dominio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Esta no es solo una afirmaci&oacute;n m&iacute;a, que de esto, como de tantas otras cosas, apenas s&eacute; lo que mis ojos contemplan. Hace a&ntilde;os, una de las personas a la que deber&iacute;amos prestar atenci&oacute;n cada vez que habla ahora que, diariamente, no escuchamos m&aacute;s que a patanes del pelo de Isabel D&iacute;az Ayuso, el catedr&aacute;tico, acad&eacute;mico y nonagenario fil&oacute;sofo Emilio Lled&oacute;, en una entrevista concedida a un peri&oacute;dico de divulgaci&oacute;n nacional, afirm&oacute;: &ldquo;Si quiero perder la alegr&iacute;a, no tengo m&aacute;s que recorrer la costa espa&ntilde;ola&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El viaje puede resultar aterrador. Un servidor lo ha hecho. Har&aacute; no mucho recorr&iacute; el litoral mediterr&aacute;neo buscando la distancia que todo viaje te otorga para deshacerte durante unos d&iacute;as de tus rutinas m&aacute;s desquiciantes: por todas partes uno, asombrado, no acierta a ver m&aacute;s que kil&oacute;metros y kil&oacute;metros de ladrillos que desfiguran comarcas enteras, convertidas en muladares de hormig&oacute;n que sustituyen a lo que en otro tiempo fueron hermosos litorales, bosques frondosos, riberas de altos &aacute;lamos perfumados y arboledas que con sus anchas sombras y su rumor de hojas y de p&aacute;jaros civilizaban el violento calor del verano.
    </p><p class="article-text">
        El trayecto es un repaso a la historia m&aacute;s reciente de este pa&iacute;s donde se tiene por costumbre que solo dure lo que no debiera durar: los prejuicios, por ejemplo, las ideas m&aacute;s est&uacute;pidas, los pol&iacute;ticos m&aacute;s cavern&iacute;colas, las tradiciones m&aacute;s brutales convertidas en indiscutibles rasgos de cultura ancestral y la costumbre de no razonar sino de insultar a quien sostiene una postura contraria a la nuestra. 
    </p><p class="article-text">
        No se contemplan durante el trayecto m&aacute;s que las barbaridades cometidas en nombre del progreso quedando ya, apenas, ning&uacute;n espacio de respeto y belleza que no est&eacute; destruido por la corrupci&oacute;n de los pol&iacute;ticos y por la codicia de los constructores: donde antes hab&iacute;a zarzos, calas, ca&ntilde;averales, orillas, frondosas arboledas y penetrantes aromas que mezclaban la fragancia del salitre con la de las algas,&nbsp;ahora no hay m&aacute;s que litorales arrasados, chiringuitos, pueblos malolientes, hoteles descomunales, grasientos restaurantes, manadas de turistas borrachos y monstruosas murallas arquitect&oacute;nicas alzadas sobre arenales de dominio p&uacute;blico. Todo ello lo han hecho nuestros constructores. Envueltos, eso s&iacute;, en una inmensa bandera nacional para que nadie ponga en duda su inmenso amor por el pa&iacute;s que han destrozado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/destructores_132_12984252.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Feb 2026 20:45:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Destructores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Construcción,Costas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Camarera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/camarera_132_12961186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40b96ebf-45e3-45c9-ab34-fd471818244e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x353y4.jpg" width="1200" height="675" alt="Camarera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Todos de jóvenes quisimos cambiar el mundo. Leímos muchos libros. Escuchamos muchas canciones. Vimos muchas películas que nos alentaban en nuestro propósito de cambiar el mundo"</p></div><p class="article-text">
        Cambiar el mundo. Me pregunto si la camarera quiere cambiar el mundo. Me pregunto si sus ojeras se deben a una mala noche o un cansancio que arrastra desde hace a&ntilde;os porque la vida le ha situado a ese lado de la barra cuando ella, de joven, quer&iacute;a cambiar el mundo. Me pregunto si la camarera, tras servirme una copa de vino, ha intuido que yo soy un hombre que, aburrido de s&iacute; mismo, est&aacute; buscando en este local una certeza, una dulzura c&aacute;lida que consiga mantenerme a este lado de la barra casi confortado, como si fuera un ni&ntilde;o que regresara a casa de la escuela.
    </p><p class="article-text">
        La cafeter&iacute;a es peque&ntilde;a. No hay cuadros en las paredes, solo un televisor gigantesco donde unas gimnastas dan volteretas sobre una tarima de color azul y unas estanter&iacute;as donde se amontonan las botellas de licores de alta graduaci&oacute;n: ginebras, vodkas, tequilas, whiskys, aguardientes... La camarera tiene los ojos peque&ntilde;os, de un negro distra&iacute;do. No somos muchos en la cafeter&iacute;a. Un par de hombres insulsos, silenciosos, de una edad inh&oacute;spita, nada f&aacute;cil de sobrellevar, y una mujer de pelo ralo, rubio te&ntilde;ido, cincuentona, que junto a la m&aacute;quina tragaperras trata de solucionar el crucigrama del peri&oacute;dico. He salido de casa en esta tarde de invierno para no tenerme demasiado en cuenta. No llueve. No truena. No nieva.
    </p><p class="article-text">
        La camarera mira hacia la puerta como si necesitara que alguien entrara en la cafeter&iacute;a para as&iacute; mantenerla ocupada y no recordar que de joven so&ntilde;&oacute; con cambiar el mundo. Todos de j&oacute;venes quisimos cambiar el mundo. Le&iacute;mos muchos libros. Escuchamos muchas canciones. Vimos muchas pel&iacute;culas que nos alentaban en nuestro prop&oacute;sito de cambiar el mundo. No s&eacute; qu&eacute; leen los j&oacute;venes de este tiempo. Ni lo que escuchan. Ni lo que contemplan. Ya no estoy en las redes sociales. Todav&iacute;a prefiero el mundo de los bares al mundo digital. Me resulta menos violento. Menos oscuro. Menos solitario. 
    </p><p class="article-text">
        Los de mi generaci&oacute;n no hemos dejado de ser j&oacute;venes en nuestra cabeza, pero ahora, con las manos ya arrugadas, sostenemos la copa de vino o de whisky o de tequila, de otra manera, con menos firmeza, con un entusiasmo dom&eacute;stico que, como los cubitos de hielo, se va diluyendo lentamente tras cada trago. No cambiamos el mundo. No lo conseguimos. El mundo contin&uacute;a regido por los multimillonarios. Los delincuentes habituales. Los que nunca pierden. El mundo, eso s&iacute;, nos ha hecho a su imagen y semejanza. Nos ha moldeado. Nos ha esculpido. A la camarera le ha adornado con ojeras de tuberculosa y una belleza te&ntilde;ida y balbuceante, de mirada distra&iacute;da, que m&aacute;s que acuosa es servicial y a m&iacute; me ha situado a esta hora fatigada en esta cafeter&iacute;a de barrio bebiendo un vino de raza mediocre, &aacute;spero y resistente, por no tenerme demasiado en cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Ahora la camarera pasa la bayeta por la superficie de la barra con una determinaci&oacute;n concienzuda, casi brusca, como si as&iacute; lograra borrar de su memoria todas las derrotas que ha tenido que admitir. Es hora de regresar a casa. La sirena de una ambulancia se esparce por la calle como un hurac&aacute;n que se va acercando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/camarera_132_12961186.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 20:46:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Camarera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jóvenes,Precariedad,Precariedad laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reír]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/reir_132_12926513.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f39f1345-b5c6-4d19-8cd5-05bbdd64bcbb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reír"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Así, sin apenas darnos cuenta, terminaremos claudicando de nuestros nuevos propósitos para el año nuevo más por cansancio de nosotros mismos que por falta de interés"</p></div><p class="article-text">
        Temprano por la ma&ntilde;ana, en uno de esos lunes ins&iacute;pidos, hechos como de&nbsp;cart&oacute;n&nbsp;piedra o de escayola barata, que saben a derrota y a galletas revenidas, con las cumbres de los montes que circundan la ciudad cubiertas de nieve y unas insistentes gotas de lluvia posnavide&ntilde;a goteando sobre mi cabeza despoblada, me sorprende descubrir en un sem&aacute;foro a dos hombres trajeados de azul marino, con corbata, cuarentones de perfil estilizado, mand&iacute;bula cuadrada, porte de directivos de alguna sucursal bancaria, ri&eacute;ndose a carcajadas como si de pronto hubieran descubierto el secreto de la felicidad.
    </p><p class="article-text">
        Tras reponerme, casi a tropezones, de la sorpresa, me digo que darse de bruces un lunes por la ma&ntilde;ana con un grupo de personas que, en la calle, est&aacute;n ri&eacute;ndose a carcajadas es casi como regresar a casa montado en un unicornio en una de esas noches en que no solo ha habido eclipse de luna sino tambi&eacute;n cerveza gratis en todos los garitos donde uno ha asomado el hocico. Mucho m&aacute;s, si en ese lunes ins&iacute;pido que huele a colonia podrida y a&nbsp;cart&oacute;n mojado, hace fr&iacute;o y llueve. No es corriente encontrarse a alguien ri&eacute;ndose a carcajadas. Ni en la calle ni en el supermercado. Tampoco en el bar donde, a mediod&iacute;a, hay quienes se arrodillan ante el primer vino de la jornada. Lo corriente son las caras largas. Los m&uacute;sculos tensos. Los rostros esculpidos en piedra caliza. El ce&ntilde;o fruncido. La m&aacute;scara hier&aacute;tica del descontento. La resignaci&oacute;n cat&oacute;lica incrustada en el &aacute;nimo. Nada. Ni una sonrisa. Ni una mueca. Nada que demuestre entusiasmo. Nada que nos sacuda el cuerpo a risotadas, como si de pronto, casi por descuido, en una esquina cualquiera de la propia biograf&iacute;a, uno disfrutara de un encuentro fortuito con eso que llaman la alegr&iacute;a de vivir. 
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o que acabamos de iniciar es muy largo, pero todo pasar&aacute; velozmente. La lluvia empapar&aacute; la tierra, en los valles florecer&aacute;n los cerezos, el sol secar&aacute; el cauce de los r&iacute;os, los escaparates de los comercios no tardar&aacute;n en mostrar de nuevo los turrones navide&ntilde;os y los dirigentes medievales que se est&aacute;n adue&ntilde;ando del planeta no les faltar&aacute;n ocasiones para mostrar cu&aacute;nto de miserable hay en la condici&oacute;n humana. La tarea de madrugar, hacer dinero, lidiar con nuestros semejantes y maleducar a nuestros descendientes, nos ir&aacute; llenando lentamente las horas y as&iacute;, sin apenas darnos cuenta, terminaremos claudicando de nuestros nuevos prop&oacute;sitos para el a&ntilde;o nuevo m&aacute;s por cansancio de nosotros mismos que por falta de inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Todo pasa. Las campa&ntilde;as electorales de las diferentes comunidades aut&oacute;nomas pasar&aacute;n. Pasar&aacute; tambi&eacute;n el invierno, el croar de las ranas, las tempestades de abril, la liga de f&uacute;tbol y el furioso verano y al final no quedar&aacute; m&aacute;s que aquello que hayamos hecho con el tiempo que nos ha tocado vivir. Tal vez la manera m&aacute;s apropiada de hacerlo sea ri&eacute;ndose. Vivir ri&eacute;ndose. Ri&eacute;ndose a carcajadas. Reventarse el pecho a carcajadas ya que a fin de cuentas la vida no es m&aacute;s que una broma, de mal gusto en ocasiones. Pero no, no resulta f&aacute;cil re&iacute;r. Dylan ten&iacute;a raz&oacute;n: cuesta mucho re&iacute;r, basta un tren para llorar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/reir_132_12926513.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jan 2026 20:46:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reír]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Felicidad,Elecciones,Invierno,verano]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/europa_132_12898688.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b269c974-31a1-4ccd-9f9d-dd1a1057e723_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Este es el propósito de los políticos medievales: que los ciudadanos de la Unión Europea aniquilemos el humanismo de nuevo para suicidarnos mediante la implantación en nuestras vidas de lo exagerado, lo excesivo, lo inhumano"</p></div><p class="article-text">
        Tal vez porque muchos ciudadanos perciben el futuro como una amenaza con las evidencias de la crisis clim&aacute;tica, la guerra en Europa, la colonizaci&oacute;n digital, las sociedades envejecidas, las democracias que se desmoronan, la provocaci&oacute;n estadounidense y la epidemia de soledad, los pol&iacute;ticos medievales est&aacute;n de regreso con el prop&oacute;sito de gobernar Europa llevados de la mano de los propietarios de los grandes medios de comunicaci&oacute;n, redes sociales incluidas, y de la multitud de votantes informada por dichos medios. 
    </p><p class="article-text">
        El futuro ya no parece prometedor. Los pol&iacute;ticos medievales, para minorar el miedo de los votantes a un porvenir donde no vivamos m&aacute;s seguros ni seamos m&aacute;s altos, ni m&aacute;s ricos ni m&aacute;s guapos, prometen llevar r&aacute;pidamente a Europa de vuelta a un pasado que nunca existi&oacute;; el pasado de las familias felices, el hombre de una pieza, la mujer creada de una costilla, la grandeza imperial, la verdad religiosa como &uacute;nica verdad hist&oacute;rica y dem&aacute;s fantas&iacute;as animadas de ayer y de hoy. 
    </p><p class="article-text">
        Los europeos somos culpables. Los ciudadanos europeos, cada vez que consentimos que en la conciencia del hombre europeo se aniquile el humanismo, somos culpables, porque el humanismo es el mayor regalo que ha hecho Europa a la humanidad. El humanismo es una medida humana. La constataci&oacute;n de que el ser humano es la medida de todas las cosas. La confirmaci&oacute;n de que el ser humano es el sentido &uacute;ltimo de la evoluci&oacute;n, el desarrollo y el progreso, si es que tales conceptos existen, y si es posible que alguna vez el ser humano se sacuda de encima todos los instintos primarios que arrastra desde que habitaba las cavernas. El humanismo, seg&uacute;n Sandor Marai, tambi&eacute;n es &ldquo;una actitud humana que no espera ninguna respuesta m&aacute;gica o milagrosa al problema de la muerte, ni pretende la soluci&oacute;n de los problemas terrenales mediante fuerzas sobrenaturales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No estamos sujetos a ninguna divinidad. No somos, seg&uacute;n los humanistas que surgieron en Europa durante el Renacimiento, ni m&aacute;s ni menos que seres humanos con la determinaci&oacute;n, la voluntad casi ciega, de levantarnos todos los d&iacute;as de la cama para trabajar, hacer la compra, mirar escaparates, charlar de f&uacute;tbol en la barra de los bares y sumergirnos en las pantallas que nos han cercado la existencia dentro de un universo indiferente. 
    </p><p class="article-text">
        Los europeos aniquilamos el humanismo de una manera tr&aacute;gica en diferentes ocasiones de la historia m&aacute;s reciente. Lo hicimos con las c&aacute;maras de gas de Auschwitz, con las fosas de Katyn, con el infierno de los campos disciplinarios de Stalin, entre las ruinas de Dresde y Coventry, en las c&aacute;rceles franquistas o en las calles ensangrentadas de Sarajevo. Lo aniquilamos cada vez que abandonamos la medida humana para entregarnos a un R&eacute;gimen ya sea religioso, pol&iacute;tico, social o econ&oacute;mico se denomine ya como fascismo, comunismo, franquismo o como la pr&oacute;xima Cruzada contra los migrantes. 
    </p><p class="article-text">
        Este es el peligro. Este es el prop&oacute;sito de los pol&iacute;ticos medievales: que los ciudadanos de la Uni&oacute;n Europea aniquilemos el humanismo de nuevo para suicidarnos mediante la implantaci&oacute;n en nuestras vidas de lo exagerado, lo excesivo, lo inhumano...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/europa_132_12898688.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jan 2026 20:46:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Europa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Europa,Política,Humanismo,Cambio climático,Auschwitz,Fascismo,Comunismo,Franquismo,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Terminal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/terminal_132_12869089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3906837f-af81-4331-969f-3c9727372894_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x330y102.jpg" width="1200" height="675" alt="Terminal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Tiempo de balance. Tiempo para recuperar instantes del pasado, calles, antiguas amistades, conversaciones interrumpidas, paisajes y también los profundos aromas de las cocinas antiguas"</p></div><p class="article-text">
        La Navidad es tiempo terminal. Tiempo de balance. Tiempo para recuperar instantes del pasado, calles, antiguas amistades, conversaciones interrumpidas, paisajes y tambi&eacute;n los profundos aromas de las cocinas antiguas: las coliflores y el vinagre, las casta&ntilde;as, los mazapanes, la harina de las rosquillas, el lomo plateado de los grandes peces muertos y tambi&eacute;n las carnes asadas que se cocinaban a fuego lento durante las lentas horas de la infancia.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es tiempo terminal en las labores agr&iacute;colas pues en el campo se han recogido ya todos los frutos y se ha puesto en la tierra la semilla de las futuras cosechas. La Iglesia, con su reconocida astucia para apropiarse de todo lo que le interesa sin pagar nada por ello, recogi&oacute; en su calendario esa costumbre agr&iacute;cola para que, desde entonces, se celebre que el buen dios, seg&uacute;n la tradici&oacute;n cristiana, se hace humano con el prop&oacute;sito de redimirnos de nuestra miserable condici&oacute;n de pecadores. Esta es la raz&oacute;n hist&oacute;rica que motiva que durante los d&iacute;as m&aacute;s se&ntilde;alados de la Navidad todo, tanto en las calles como en los hogares, se revista de un decidido entusiasmo alcoh&oacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        No desatendiendo este entusiasmo, tambi&eacute;n es tiempo de balance en los medios de comunicaci&oacute;n. Tiempo de recuento y de predicciones. Lo normal en esta &eacute;poca. Hay, en estas fechas, cierta predisposici&oacute;n a la vagancia en casi todos los medios, lo que propicia que los periodistas se dediquen a hacer un recuento de los acontecimientos m&aacute;s importantes que han tenido lugar durante el a&ntilde;o que finaliza. Lo de las predicciones ya no se ajusta tan solo a estas fechas, dado que desde que el periodismo de investigaci&oacute;n fue liquidado, una gran parte de los periodistas, sobre todo los que acuden a las tertulias, se han convertido en adivinos con sentencias m&aacute;s propias de quirom&aacute;nticos, profetas, echadoras de cartas y dem&aacute;s charlatanes que de lo que se supone que son.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se lleva mucho lo de las listas. Mucho. Las listas de los mejores libros, las mejores pel&iacute;culas, los mejores programas de televisi&oacute;n, las estupideces m&aacute;s est&uacute;pidas de los est&uacute;pidos que gobiernan el planeta, etc&eacute;tera; en definitiva, relleno barato y caprichoso con el que los medios procuran entretenernos mientras pasamos el rato haciendo cuenta del dinero que nos vamos a dejar en los langostinos, el pavo, los polvorones, el turr&oacute;n y los regalos a los parientes m&aacute;s allegados.
    </p><p class="article-text">
        Todo este entusiasmo alcoh&oacute;lico, salpicado de recuerdos y predicciones, una vez iniciado el nuevo a&ntilde;o, termina&nbsp;del mismo modo en que suelen terminar casi todas las celebraciones: con cierto regusto a tiempo perdido incrust&aacute;ndose en el paladar, la cabeza vac&iacute;a, la boca del est&oacute;mago anestesiada por el cansancio y el ardor g&aacute;strico y con una m&uacute;sica remota, triste e in&uacute;til flotando en el aire como si fuera una cometa que hubiera perdido los hilos...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/terminal_132_12869089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Dec 2025 20:46:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Terminal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pantallas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pantallas_132_12834942.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7c100c5d-5edf-4e8a-916a-f06cb272c7b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pantallas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Nuestra época, primando los medios audiovisuales, ha ido relegando a los libros hasta arrinconarlos en polvorientas bibliotecas municipales que nadie visita ni siquiera para refugiarse de los heladores vientos árticos propios del invierno"</p></div><p class="article-text">
        La primac&iacute;a de las im&aacute;genes sobre las ideas. Nuestra &eacute;poca, primando los medios audiovisuales, ha ido relegando a los libros hasta arrinconarlos en polvorientas bibliotecas municipales que nadie visita ni siquiera para refugiarse de los heladores vientos &aacute;rticos propios del invierno. En nuestro pa&iacute;s esto ya lo aventur&oacute; Manuel Aza&ntilde;a al decir que si en Espa&ntilde;a deseas guardar un secreto lo mejor era publicarlo en un libro.
    </p><p class="article-text">
        Estamos sujetos a una&nbsp;extra&ntilde;a contradicci&oacute;n: todo el mundo dice que la vida es corta, breve, que apenas dura un instante, pero todo el mundo afirma que se aburre, que no sabe qu&eacute; hacer ni c&oacute;mo pasar el tiempo. Tal vez por eso las grandes corporaciones industriales dedicadas al ocio audiovisual, que no tiene m&aacute;s prop&oacute;sito que distraernos, convirtiendo el entretenimiento en la aspiraci&oacute;n suprema de la vida humana, se ha adue&ntilde;ado de nuestro tiempo. Los ciudadanos ya no participamos en la diversi&oacute;n. La consumimos. Ni siquiera la compartimos, sino que la consumimos en soledad. La consumimos plantando nuestro trasero durante largas horas en cualquier asiento donde podamos relacionarnos con una pantalla para jugar con ella, conversar con ella, escucharla, contemplarla, acariciarla...
    </p><p class="article-text">
        Esta entrega tan devota a las pantallas, adem&aacute;s de distraernos, ha generalizado la estupidez, la soledad y ha tra&iacute;do de vuelta el fascismo, tan presente en las cavern&iacute;colas redes sociales. Estar distra&iacute;dos. En eso consiste la vida en este tiempo tecnol&oacute;gico. Ya que la felicidad, tan huidiza siempre, tan casual, parece que est&aacute; mucho m&aacute;s all&aacute; de nuestras posibilidades, nos conformamos con estar distra&iacute;dos. &ldquo;&iexcl;No quiero conceder a la muerte ning&uacute;n poder sobre mis pensamientos!&rdquo;, escribi&oacute; Thomas Mann en su obra 'La monta&ntilde;a m&aacute;gica. Perfecto. Un admirable prop&oacute;sito: vivir sin que la muerte revolotee por tu cerebro como una polilla siniestra. Para socorrernos en la dif&iacute;cil tarea de mantener a la muerte alejada de nuestro cerebro, en el supuesto de no haberlo anestesiado con toneladas de partidos de f&uacute;tbol contemplados a trav&eacute;s del televisor, nos hemos dado multitud de distracciones, relacionadas con las pantallas.
    </p><p class="article-text">
        No resulta f&aacute;cil escapar de los pensamientos relacionados con la muerte. Cierto. Pero tampoco resulta f&aacute;cil escapar de las pantallas que se han adherido a nuestros ojos como las enredaderas a las tapias blancas de los patios, los huertos soleados y los jardines oto&ntilde;ales donde lo &uacute;nico que se escucha es el susurro l&aacute;nguido de la mala hierba. Muchas personas mueren solas frente a una pantalla encendida. Muchas. Cada vez m&aacute;s. Personas solitarias. Personas, algunas, que han cumplido durante su existencia, sobradamente, con el prop&oacute;sito esgrimido por el personaje creado por Thomas Mann. No pensar en la muerte. Ni en la muerte ni en nada. Esta es una de las grandes conquistas de la tecnolog&iacute;a: haber logrado que el ciudadano medio pase por este mundo sin pensar, permanentemente distra&iacute;do, ausente tanto de s&iacute; mismo como de todo aquello que le rodea. Conciudadanos incluidos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/pantallas_132_12834942.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Dec 2025 20:45:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pantallas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Muerte,Thomas Mann,Soledad,Tecnología,Ficción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Forrarse]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/forrarse_132_12809842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a71c30c6-9255-4ed5-9414-9454f7cff244_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Forrarse"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Existe la posibilidad de aprovecharse de cualquier circunstancia calamitosa para forrarse mientras te pasas por el arco del triunfo todo eso de la dedicación, la perseverancia, el emprendimiento, la meritocracia y el mantra de la cultura del esfuerzo"</p></div><p class="article-text">
        La palabra trabajo procede del vocablo latino 'tripalium', que era un instrumento de tortura que nuestros inquisidores utilizaron con muy buen provecho. Esta etimolog&iacute;a no es casual. Como tampoco es casual que el lema &ldquo;el trabajo os har&aacute; libres&rdquo; fuera emplazado sobre los accesos a numerosos campos de exterminio establecidos por el r&eacute;gimen nazi. 
    </p><p class="article-text">
        En nuestra sociedad un trabajo, para que sea considerado un verdadero trabajo, solo tiene una motivaci&oacute;n: el dinero, o m&aacute;s exactamente la falta de dinero. Lo dem&aacute;s son milongas. Lo primero que descubres cuando eres joven y trabajas durante doce horas diarias fregando platos en un restaurante de mala muerte en alguna lluviosa capital centroeuropea, es que el trabajo no te libera sino que es una maldici&oacute;n. M&aacute;s en concreto que el trabajo es la maldici&oacute;n de las maldiciones&nbsp;y que si las circunstancias no te son medianamente favorables puedes pasarte el resto de tu vida desarrollando una labor que te produce angustia, tedio, fatiga, sudores fr&iacute;os y otras calamidades, porque eso es lo que el verdadero trabajo causa: malestar general. 
    </p><p class="article-text">
        No desarrollando la labor que te apasiona mediante una retribuci&oacute;n en concordancia con tu esfuerzo o no siendo un anacoreta &ldquo;huido de este mundanal ruido para seguir la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido&rdquo;, lo &uacute;nico que te proporciona sustento, cobijo, vestimenta y una cierta libertad como de chimpanc&eacute; en el zool&oacute;gico o de jilguero en la jaula, es el dinero. El dinero que se te retribuye por tu trabajo. Pero el dinero de verdad no se logra trabajando. 
    </p><p class="article-text">
        El dinero de verdad, el que te procura el libre albedr&iacute;o, el aut&eacute;ntico, el que te sacia de gloria bendita, se logra mediante la desfachatez, las herencias familiares, los premios de las loter&iacute;as o desarrollando la suficiente astucia como para conseguir que unos cuantos desgraciados trabajen veinticuatro horas al d&iacute;a por un salario miserable, para que as&iacute; puedas comprarte un &uacute;ltimo modelo descapotable, ropa de dise&ntilde;o, un palco en la &oacute;pera, un &aacute;tico en el centro de la ciudad o unas merecid&iacute;simas vacaciones en cualquier playa despoblada de este superpoblado planeta.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, tambi&eacute;n existe la posibilidad de aprovecharse de cualquier circunstancia calamitosa para forrarse mientras te pasas por el arco del triunfo todo eso de la dedicaci&oacute;n, la perseverancia, el emprendimiento, la meritocracia y el mantra de la cultura del esfuerzo. Para eso, no tienes m&aacute;s que seguir el nutritivo ejemplo de quienes durante la pandemia firmaron suculentos y fraudulentos contratos con la administraci&oacute;n p&uacute;blica para surtirnos de mascarillas mientras nosotros, confinados, nos nutr&iacute;amos de papel higi&eacute;nico, hac&iacute;amos pan, nos encaden&aacute;bamos a todas las series televisivas habidas y por haber, cant&aacute;bamos aquello tan chabacano, tan meloso, del 'Resitir&eacute;' e Isabel D&iacute;az Ayuso condenaba a casi ocho mil ancianos a una muerte tan criminal como su estatura pol&iacute;tica...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/forrarse_132_12809842.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Dec 2025 20:45:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Forrarse]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Conocimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/conocimiento_132_12788387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/230052ed-c4a9-41d9-b65a-dc66a41c1578_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Conocimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se puede discutir con fanáticos. Este es un principio elemental. Más si son fanáticos que consideran que la felicidad está en los retrocesos</p></div><p class="article-text">
        Los j&oacute;venes franquistas, fascistas, bruscos de palabra y d&eacute;spotas de coraz&oacute;n, rehenes de las redes sociales, son creyentes, tienen una f&eacute; fan&aacute;tica, incondicional en el r&eacute;gimen criminal del general Franco del mismo modo que los monjes escol&aacute;sticos de la Edad Media cre&iacute;an ciegamente en los dogmas de la Iglesia; dogmas como el de la Inmaculada Concepci&oacute;n o el de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. No se puede discutir con fan&aacute;ticos. Este es un principio elemental. M&aacute;s si son fan&aacute;ticos que consideran que la felicidad est&aacute; en los retrocesos, en la vuelta atr&aacute;s hacia un pasado mitificado de boina calada, misa dominical, sotanas en la escuela, seiscientos en la calzada y verdes prados donde las mariposas volaban, los troncos de los &aacute;rboles se retorc&iacute;an pl&aacute;cidamente, las vacas pastaban y los hombres y las mujeres, en santo matrimonio, caminaban cara al sol hacia un horizonte crepuscular, cat&oacute;lico y bendecido por el Tribunal de Orden P&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        Lo propio de la juventud, adem&aacute;s de la tristeza que provoca la sensualidad, es la divagaci&oacute;n, la arrogancia y cierto lirismo revolucionario, aunque casi siempre como defensa ante el propio desconcierto, pero la juventud es tan solo una concesi&oacute;n temporal. Como todo en la vida. Concesi&oacute;n, en este caso de plenitud f&iacute;sica, egolatr&iacute;a, vaguedad y en contadas, contad&iacute;simas ocasiones de una deslumbrante belleza. Pero una na vez perdido el divino tesoro que &ldquo;ta vas para no volver, cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer&rdquo;, todo es estremecerse con el descubrimiento, en primer lugar, de la insignificancia de casi todas las cosas, empezando por la propia insignificancia, para advertir m&aacute;s tarde, primero como sospecha, luego como certeza, que el enemigo m&aacute;s peligroso de la humanidad, del cual es imposible defenderse, es la estupidez. 
    </p><p class="article-text">
        Ya sea contemplando la televisi&oacute;n, haciendo macram&eacute;, jugando a las palas en un front&oacute;n deshabitado, paseando al perro o llorando de madrugada en los lavabos de las discotecas donde nos hemos dejado la juventud, por todas partes nos persigue la sospecha de que, vayamos por donde vayamos, siempre nos alcanzar&aacute; la sombra del mayor peligro: el peligro de una estupidez que lo oscurece todo. El &uacute;ltimo estremecimiento, sin embargo, el m&aacute;s divertido, el del v&eacute;rtigo ante la huida del tiempo, nos descubre que seguramente lo m&aacute;s est&uacute;pido de la vida sea la tendencia a olvidar nuestra propia memez, maniatados, como estamos, a una ingente cantidad de supersticiones, mitos, leyendas, dioses inventados y otras disparatadas creencias. En fin, todo requiere conocimiento. Todo. Tambi&eacute;n conocimiento de nosotros mismos y de nuestra historia. Pero, claro, es mucho m&aacute;s f&aacute;cil, mucho m&aacute;s c&oacute;modo, creer que conocer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/conocimiento_132_12788387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Nov 2025 22:01:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Conocimiento]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Difuntos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/difuntos_132_12729316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/162846ba-020c-4ffb-87ca-3f3718eec3ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1464y1552.jpg" width="1200" height="675" alt="Difuntos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Mientras vivimos olvidamos que la gente se muere. También las personas que amamos"</p></div><p class="article-text">
        Morirse es una descortes&iacute;a. Adem&aacute;s de un acto supremo, definitivo, morirse es una descortes&iacute;a con los seres queridos que sobreviven a nuestra muerte, puesto que les imponemos nuestra ausencia sin su consentimiento; descortes&iacute;a a la que todos, para lamento de nuestros deudos, estamos convocados. Hay una canci&oacute;n de Jacques Brel en la que el cantante belga recuerda que, en los inicios de noviembre, con los primeros fr&iacute;os, las primeras casta&ntilde;as y los primeros resfriados, el transcurrir de los a&ntilde;os se nos presenta como un transitar de crisantemo en crisantemo, convirti&eacute;ndonos en personas cada vez m&aacute;s solitarias dado que nuestras amistades y nuestros familiares m&aacute;s cercanos van partiendo hacia lo desconocido.
    </p><p class="article-text">
        La vida no es una meditaci&oacute;n sobre la muerte, sino sobre la vida, salvo el d&iacute;a de los fieles difuntos que es cuando vamos al cementerio con el prop&oacute;sito de conmemorar a nuestros muertos. Este es un d&iacute;a tremendo. No por el cementerio, sino porque es la jornada donde se realza la memoria humana en lo que la memoria tiene de m&aacute;s tr&aacute;gico, de m&aacute;s irreversible. Mientras vivimos olvidamos que la gente se muere. Tambi&eacute;n las personas que amamos. Las personas que tratamos con una mezcla de afecto y de irritaci&oacute;n, ya que esta es una manera de tratar que no podemos casi superar, involuntaria, pero consustancial al ser humano.
    </p><p class="article-text">
        Los muertos tienen la ventaja de no resultar ya fastidiosos, sus palabras ya no hieren, sus actos ya no molestan, convertidos en sombras melanc&oacute;licas, fantasmales, de nuestra memoria incierta. Mientras vivimos olvidamos que las personas que amamos se mueren porque mientras vivimos olvidamos la muerte. Tal vez porque el ser humano, siendo el &uacute;nico animal consciente de su finitud f&iacute;sica, no est&aacute; construido para pensar en la muerte. 
    </p><p class="article-text">
        Los medios de comunicaci&oacute;n nos muestran a diario todas las muertes posibles que se dan en este planeta, as&iacute; que sin necesidad alguna de acudir a la contemplaci&oacute;n de la naturaleza, el espect&aacute;culo de la muerte lo tenemos constantemente presente en nuestras vidas. Pero aun as&iacute;, nadie vive pensando en su propia muerte. Supongo que esto se debe a que la permanencia f&iacute;sica en este mundo es la &iacute;ntima creencia de todos los seres humanos. 
    </p><p class="article-text">
        De modo que antes de hacerse otra vez a una rutina de temporales de nieve, vientos &aacute;speros y discusiones navide&ntilde;as, convencido de que lo le espera no es la muerte sino el invierno, el l&uacute;cido invierno que dec&iacute;a Mallarme, el ser humano, tras acudir amorosamente al cementerio para depositar unas pocas flores &mdash;lamentablemente ya casi todas de pl&aacute;stico&mdash; sobre la tumba de sus muertos, regresa de nuevo a sus quehaceres para&nbsp;trabajar, cambiar de coche, sorber la sopa fr&iacute;a de los martes, editar podcast sobre las hortalizas que te aseguran una existencia longeva, pasar las vacaciones en alguna remota playa australiana subido a una tabla de surf o adentrarse en alguna de las pantallas donde, d&iacute;a tras d&iacute;a, sin mayor distracci&oacute;n, nos vamos dejando la vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/difuntos_132_12729316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Oct 2025 20:52:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Difuntos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Muerte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Explicación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/explicacion_132_12662900.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25b2265f-46f5-4c74-aa9f-66e58d692905_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Explicación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La oportunidad de los resentidos, la de los frustrados. Nada más vengativo. Nada más peligroso que la oportunidad aprovechada por quienes se sienten menospreciados, ninguneados por cualquiera de las formas de la inteligencia"</p></div><p class="article-text">
        El 18 de marzo del a&ntilde;o 1944, d&iacute;a de Sandor seg&uacute;n el calendario gregoriano, el escritor h&uacute;ngaro Sandor Marai y su esposa, invitaron a cenar a algunos parientes en el piso que el matrimonio hab&iacute;a habitado durante dos d&eacute;cadas en la ciudad de Buda. La mesa para el banquete se dispuso de acuerdo con la tradici&oacute;n burguesa de un tiempo pret&eacute;rito: vajilla de porcelana de Meissen, antigua herencia familiar, cubiertos de plata y dos candelabros franceses con las velas encendidas proyectando una luz &iacute;ntima y misteriosa con la que iluminar los rostros de los familiares, el peque&ntilde;o c&iacute;rculo burgu&eacute;s rodeado de unos muebles antiguos que reflejaban los gustos, las costumbres y los modos de las gentes del pasado.
    </p><p class="article-text">
        Los once comensales se sentaron alrededor de una mesa ovalada. Todos eran descendientes de las familias burguesas que hab&iacute;an habitado el mundo s&oacute;lido y confortable anterior a la guerra de las trincheras, siendo, todos, inequ&iacute;vocamente contrarios a los nazis, salvo uno de los parientes. Tras la cena comenz&oacute;, en torno a la mesa, la habitual tertulia, junto con las copas de vino y las tazas de caf&eacute;. Todos tem&iacute;an el final de la guerra. Lo que pod&iacute;a suceder tras la guerra. Sandor Marai opin&oacute; que hab&iacute;a que romper de una vez con los alemanes. La mayor&iacute;a estuvo de acuerdo, salvo el pariente nazi, que, encar&aacute;ndose con el escritor h&uacute;ngaro, le manifest&oacute;: &ldquo;Yo no soy nacionalsocialista. T&uacute; no puedes comprenderlo porque tienes talento. Yo no tengo talento as&iacute; que necesito al nacionalsocialismo. Ahora se trata de los que no tenemos talento. &iexcl;Esta es nuestra oportunidad!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El	19 de marzo del a&ntilde;o 1944, o sea, al d&iacute;a siguiente de la celebraci&oacute;n de esta cena, tres divisiones provenientes de Belgrado, dos de Zagreb, dos blindadas de Viena y una motorizada de Cracovia penetraron en el pa&iacute;s magiar. Estas fuerzas no encontraron oposici&oacute;n alguna. La operaci&oacute;n Margarethe fue la acci&oacute;n militar alemana que produjo la r&aacute;pida ocupaci&oacute;n de Hungr&iacute;a por el Tercer Reich. &ldquo;Ahora se trata de nosotros, de los que no tenemos talento. &iexcl;Esta es nuestra oportunidad!&rdquo;. La oportunidad de los resentidos, la de los frustrados. Nada m&aacute;s vengativo. Nada m&aacute;s peligroso que la oportunidad aprovechada por quienes se sienten menospreciados, ninguneados por cualquiera de las formas de la inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez lo que explica la barbarie financiada por los grandes empresarios industriales y alentada por millones de ciudadanos europeos durante el siglo XX, tambi&eacute;n explique el asalto a las instituciones democr&aacute;ticas por parte de los b&aacute;rbaros en estos oscuros d&iacute;as del siglo XXI.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/explicacion_132_12662900.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Oct 2025 16:57:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Explicación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nazismo,Nazis,Alemania,Hungría]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Regresar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/regresar_132_12632961.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4926c2bb-914f-414f-bf07-7afeb727c1d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2057y1391.jpg" width="1200" height="675" alt="Regresar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"No disponiendo de la facultad de detener el tiempo, todo lo que vivimos tiene, a cierta edad, un marcado componente nostálgico. Máxime en otoño cuando todo es regresar hacia aquel que somos una vez despojados del bañador, la pereza sin culpa y el entusiasmo, casi infantil, con el que nos fuimos de vacaciones"</p></div><p class="article-text">
        En el valle, por la carretera que sube a la cumbre del monte, sin ning&uacute;n prop&oacute;sito de alcanzarla, puede contemplarse la chimenea de un caser&iacute;o, desdibujado en el aire espeso de la tarde, donde sale un hilo de humo so&ntilde;oliento y se entrev&eacute;n, tambi&eacute;n, un perro grande, mil razas, tumbado junto a una pared de piedra y unas pocas ristras de ma&iacute;z sobre el balc&oacute;n de madera. El rumor sordo del r&iacute;o, lejano pero presente, saltando por encima de las piedras, pone sobre la quietud del campo un punto de misterio.
    </p><p class="article-text">
        Todas las cosas en oto&ntilde;o parecen tener un cansancio y un abandono internos; incluidos los animales, tanto racionales como irracionales. Los &uacute;ltimos d&iacute;as del verano se han llevado consigo el furioso resplandor de un sol casi africano que dominaba el paisaje a latigazos de bochorno, as&iacute; que, ahora, las laderas de los montes que circundan este valle presentan un resplandor de rescoldo moribundo. Empieza el oto&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Desde este momento las casas se enfr&iacute;an y los d&iacute;as se revistir&aacute;n de un lirismo dom&eacute;stico y bobalic&oacute;n de gatitos ronroneando en cestas de mimbre, cielos ingleses, tarros de mermelada con papeles de barba cosidos al cuello de los tarros con hilo blanco de coser reposando en las alacenas de las cocinas y abuelas horneando tartas o tejiendo chalecos de lana. El aire se suaviza. La vaguedad se despide. Los &aacute;rboles tienen a&uacute;n pendientes las hojas muertas, ya por pocos d&iacute;as, y la atm&oacute;sfera h&uacute;meda de la tarde, presagio de lluvia, posee una gran riqueza de matices donde las lejan&iacute;as se difuminan vagamente entre colores c&aacute;lidos, terrosos y huidizos: rosados endebles, puntos de carm&iacute;n, dorados...
    </p><p class="article-text">
        Una tarde de oto&ntilde;o. Una tarde de oto&ntilde;o en el campo para no escuchar, en este silencio mineral, la ruidosa realidad donde habitan los jueces franquistas, los b&aacute;rbaros que se han adue&ntilde;ado del planeta, los pol&iacute;ticos barriobajeros con sus insultos barriobajeros, los periodistas que mienten para satisfacer sus necesidades econ&oacute;micas, los reaccionarios nacionales tan propensos a considerarse los propietarios de la naci&oacute;n, el discurrir mental de Miguel Tellado y toda esa fatiga de tanta tertulia...
    </p><p class="article-text">
        Huir. La aspiraci&oacute;n in&uacute;til de este tiempo oscuro y criminal. Huir cuando, en realidad, tras el verano todo es regresar.&nbsp;No disponiendo de la facultad de detener el tiempo, todo lo que vivimos tiene, a cierta edad, un marcado componente nost&aacute;lgico. M&aacute;xime en oto&ntilde;o cuando todo es regresar hacia aquel que somos una vez despojados del ba&ntilde;ador, la pereza sin culpa y el entusiasmo, casi infantil, con el que nos fuimos de vacaciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/regresar_132_12632961.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Sep 2025 19:45:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Regresar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Migrantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/migrantes_132_12527612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f52a1b75-3b11-4ccc-b6a3-e9dc811aae32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Migrantes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En este mundo todos, en un momento determinado de nuestra biografía, podemos ser migrantes empujados por el azar y la necesidad. Todos. Con mayor o con menor fortuna, pero todos podemos convertirnos en migrantes en busca de un país que nos acoja"</p></div><p class="article-text">
        En este mundo hay pocas cosas seguras. El dolor, la sucesi&oacute;n de las estaciones, el llanto de los reci&eacute;n nacidos, la certeza de que en cada pueblo hay un tonto, la b&uacute;squeda del consuelo amoroso, el deterioro f&iacute;sico y alg&uacute;n gallego soltando sandeces desde cualquier tribuna de los conservadores nacionales. Lo dem&aacute;s es tan incierto como el porvenir, dependiendo casi siempre m&aacute;s del azar que de la voluntad humana. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es el azar, en combinaci&oacute;n con la necesidad, lo que nos convierte en migrantes: personas necesitadas en busca de un pa&iacute;s que nos acoja, de una bandera que nos conforte, de un techo que nos cobije y de algo m&aacute;s que un raqu&iacute;tico mendrugo de pan con el que distraer el hambre. 
    </p><p class="article-text">
        Los ingenieros de los legendarios Altos Hornos de Vizcaya, los primeros, llegaron a este territorio de B&eacute;lgica, de Inglaterra, de Holanda, para poner en funcionamiento las industrias de la margen izquierda de la r&iacute;a. Los obreros vinieron de la Espa&ntilde;a profunda. La Espa&ntilde;a rural, reseca, polvorienta, castigada por los terratenientes, las moscas, una Iglesia medieval y la escasez de lluvias. Los m&aacute;s llegaron para trabajar en la construcci&oacute;n, en las navieras, en las f&aacute;bricas. Los menos, para jugar al domin&oacute; en la casa regional correspondiente y todos para combatir el tedio, la nostalgia y la pobreza rellenando quinielas, haciendo trampas al mus, acudiendo a Lasesarre o a las Llanas los domingos por la tarde y bebiendo vino barato en las tabernas donde la derrota se instalaba cerca de los v&aacute;teres, junto a alg&uacute;n grasiento frigor&iacute;fico.. 
    </p><p class="article-text">
        La historia siempre se mueve en c&iacute;rculos, por lo que nada, salvo los dinosaurios, puede considerarse definitivamente extinguido. Los migrantes que llegan ahora a nuestro territorio, llegan desde el lejano Oriente, desde el Magreb, desde Sudam&eacute;rica o desde el &Aacute;frica subsahariana para trabajar en el andamio, vender rosas callejeras, tejer pantalones en min&uacute;sculos talleres o para cuidar de nuestros mayores. 
    </p><p class="article-text">
        En este mundo todos, en un momento determinado de nuestra biograf&iacute;a, podemos ser migrantes empujados por el azar y la necesidad. Todos. Con mayor o con menor fortuna, pero todos podemos convertirnos en migrantes en busca de un pa&iacute;s que nos acoja, de una bandera que nos conforte, de un techo que nos cobije y de algo m&aacute;s que una cucharada sopera con la que calentar el desarraigo extendido por los huesos como un paisaje de hielo y soledad de campo. Y aunque nada de esto nos suceda en nuestro breve tr&aacute;nsito por este superpoblado planeta, siempre existe la posibilidad de estar sujetos a aquello tan plat&oacute;nico de la &ldquo;transmigraci&oacute;n del alma&rdquo;. &iquest;O es que acaso esto tampoco era cierto?.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/migrantes_132_12527612.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Aug 2025 05:39:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Migrantes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gaza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/gaza_132_12496252.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/28bbf3b1-7504-454e-8643-2ed1882f82df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gaza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Los criminales, los asesinos, los psicópatas, se están instalando en los puestos de poder de nuestras amenazadas democracias occidentales mientras nosotros continuamos durmiendo la siesta acunados por una melodía metálica de pantallas permanentemente encendidas"</p></div><p class="article-text">
        Gaza no nos despierta de la siesta. Nada de lo que ocurre en la franja Palestina de Gaza nos despierta de la larga siesta en la que estamos inmersos. La historia corre mientras nosotros dormimos una larga siesta en nuestro para&iacute;so occidental. Los criminales, los asesinos, los psic&oacute;patas, se est&aacute;n instalando en los puestos de poder de nuestras amenazadas democracias occidentales mientras nosotros continuamos durmiendo la siesta acunados por una melod&iacute;a met&aacute;lica de pantallas permanentemente encendidas. La historia nos ense&ntilde;a, pero es bien sabido que nunca se aprende nada cuando se est&aacute; dormido. 
    </p><p class="article-text">
        El mundo nos ha cansado. Hermoso y horroroso a la vez, el mundo, con su mani&aacute;tica repetici&oacute;n de horrores, de estupideces, de desastres, parece ser que nos ha agotado hasta conseguir adormecernos. De modo que para desentendernos de tanta calamidad continuamos durmiendo la siesta sin mover un m&uacute;sculo; sin salir a las calles para protestar por las barbaries que se cometen a diario con la poblaci&oacute;n gazaiti, sin abrir siquiera los ojos para que quienes amenazan nuestras libertades perciban que no estamos totalmente dormidos, sin hacer nada; ni siquiera intentar una multitudinaria huelga general para que nuestros gobiernos occidentales tomen la determinaci&oacute;n de, cuando menos, asfixiar econ&oacute;micamente al Estado genocida de Israel. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez todo se deba a que hemos terminado renunciando a nosotros mismos para dormir en el sue&ntilde;o virtual que nos han vendido: los asesinados, los derrotados, los masacrados, todos los pobres desgraciados que comparten nuestro breve tiempo hist&oacute;rico, no tienen cabida en nuestro sue&ntilde;o virtual de personas que disfrutan de fines de semana veraniegos en lujosos restaurantes mientras muestran constantemente en las narcisistas redes sociales los cuerpos gloriosos de la adolescencia moldeados por la cirug&iacute;a, las playas paradis&iacute;acas que decoran el mejor verano de sus vidas, las &uacute;ltimas frases motivadoras con las que se desayunan y los barcos que se deslizan por un mar sin m&aacute;s horizonte que una felicidad de pl&aacute;stico promovida por influencers est&uacute;pidos, youtubers analfabetos y dem&aacute;s charlatanes. 
    </p><p class="article-text">
        Nada nos despierta de la siesta virtual en la que estamos inmersos. Nada. Ni el fascismo que se ha incrustado en nuestra vida cotidiana ni las m&uacute;ltiples im&aacute;genes que contemplamos en nuestras m&uacute;ltiples pantallas de los ni&ntilde;os que diariamente mueren de hambre en la franja de Gaza. Nada. Tal vez cuando despertemos de nuestro sue&ntilde;o virtual, si es que despertamos, comprobemos que no es el dinosaurio de Augusto Monterroso el que todav&iacute;a est&aacute; ah&iacute;, sino el horror que viene a buscarnos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/gaza_132_12496252.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Jul 2025 05:38:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gaza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Israel,Asentamientos israelíes,Gaza,Franja de Gaza,Palestina,Conflicto Palestina-Israel,Benjamin Netanyahu]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La derrota]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/derrota_132_12452104.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3712c33b-5de3-4c0e-8f57-88d4ea73ad8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La derrota"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Los ricos nos quieren pobres, que es lo que somos. Los fascistas, además de pobres, también nos quieren solos, aislados y estúpidos, que es aquello en lo que nos estamos convirtiendo..."</p></div><p class="article-text">
        Nos juzgan sus jueces. Nos mienten sus periodistas. Nos roban sus pol&iacute;ticos. Los ricos est&aacute;n ganando. No es ninguna novedad. Pero de vez en cuando conviene certificarlo para no hacerse ni demasiadas ilusiones ni llamarse a enga&ntilde;o. Los pobres, no demasiado conscientes de nuestra derrota, nos hemos rendido ante las m&uacute;ltiples pantallas con las que nos han cercado. 
    </p><p class="article-text">
        Los ricos, movidos por una descomunal codicia, talan diariamente toneladas de &aacute;rboles, contaminan los r&iacute;os, vierten petr&oacute;leo al mar, esclavizan multitudes, hacen agujeros en la capa de ozono, derriten glaciares, no pagan impuestos, extinguen especies animales, arrasan Gaza para construir un resort tur&iacute;stico, especulan con nuestros trabajos, nuestra salud y nuestras viviendas, pero nosotros, los pobres, no parece que tengamos m&aacute;s aspiraci&oacute;n que chatear, mandar mensajes est&uacute;pidos a trav&eacute;s del m&oacute;vil, tuitear bilis, beber durante el fin de semana como poetas rusos desquiciados y permanecer bien atornillados a nuestro sof&aacute; contemplando pel&iacute;cula tras pel&iacute;cula, serie tras serie, concurso tras concurso, partido de f&uacute;tbol tras partido de f&uacute;tbol y chorrada de influencers tras chorrada de influencers... 
    </p><p class="article-text">
        El futuro, seg&uacute;n dicen quienes nos alimentan el adolescente narcisismo en el que vivimos envueltos, nos pertenece, pero todas nuestras aspiraciones se concentran en llegar a fin de mes y en las cosas tangibles del presente. La m&uacute;sica barata nos obsesiona. Los escaparates nos fascinan. La pornografia alivia nuestras frustraciones. La red internauta, en contra de lo que suponemos, nos mantiene tanto o m&aacute;s aislados que a un grupo de cient&iacute;ficos leprosos encerrados en una base del C&iacute;rculo Polar &Aacute;rtico, y mientras tanto los ricos, propietarios de todos los medios de comunicaci&oacute;n, tienen la deferencia, eso s&iacute;, de transmitirnos, desde las m&uacute;ltiples pantallas con las que nos han cercado, lo que debemos creer, lo que debemos pensar, lo que debemos hacer y tambi&eacute;n lo que debemos comprar.. 
    </p><p class="article-text">
        Teni&eacute;ndonos por holgazanes, los ricos ya saben que nosotros, los pobres, adem&aacute;s de holgazanes, tambi&eacute;n tenemos cierta propensi&oacute;n a manejarnos por la vida de la manera m&aacute;s est&uacute;pida posible, pecando m&aacute;s de inocencia que de clarividencia Por eso les votamos. Por eso les concedemos democr&aacute;ticamente el gobierno de las cosas. Por eso nuestras limitaciones no nos han dado para hacer carrera pol&iacute;tica amparados por narcotraficantes gallegos, por ejemplo, u para obtener una plaza en la alta judicatura del Estado gracias al saqueo con que nuestros progenitores sometieron a los desgraciados que perdieron nuestra &uacute;ltima guerra civil. 
    </p><p class="article-text">
        Los ricos nos quieren pobres, que es lo que somos. Los fascistas, adem&aacute;s de pobres, tambi&eacute;n nos quieren solos, aislados y est&uacute;pidos, que es aquello en lo que nos estamos convirtiendo...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/derrota_132_12452104.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Jul 2025 18:55:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La derrota]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Superficial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/superficial_132_12430290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a76de5b-9a38-4434-9dd4-8bb4244542a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Superficial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El verano es la estación preferida de una gran mayoría de personas, ya que durante esas fechas la tarea de vivir resulta menos pesada, más distraída y bastante menos oscura"</p></div><p class="article-text">
        Todos los veranos nos conceden la posibilidad de desprendernos de nuestras habituales rutinas durante unas escasas semanas para percibir la vida de distinta manera, con los cinco sentidos afilados, despiertos, bien atentos a todo cu&aacute;nto sucede a nuestro alrededor. Lo mismo que los inviernos nos encierran, los veranos en cierto modo nos liberan para que as&iacute; podamos percibir los largos vientos marinos cargados de sal, por ejemplo, el salitre en la piel, el destello plateado de las sardinas que se asan a la brasa, el silencio del campo, ese silencio sonoro a modo de zumbido de insectos propio de los pa&iacute;ses mediterr&aacute;neos, los cielos azules que decoran el tranquilizador verm&uacute; del mediod&iacute;a y el calor sat&aacute;nico de las sobremesas en min&uacute;sculos apartamentos pagados como si se habitara el palacio de Versalles.
    </p><p class="article-text">
        Lo propio del verano es no ahondar. Esa es su grandeza. No ahondar. El sol brilla en el cielo. Las cig&uuml;e&ntilde;as sobrevuelan sus nidos en los campanarios de las iglesias medievales y todo lo mezquino de este mundo mezquino parece sepultado bajo las ramas frondosas de un chopo centenario o bajo las c&aacute;scaras vac&iacute;as de las gambas esparcidas por el suelo del chiringuito playero. 
    </p><p class="article-text">
        La profundidad se evita del mismo modo que se evita al pariente arruinado, ya que en la profundidad no se suele hallar m&aacute;s que el sin sentido de la vida y un cierto desasosiego, fundamentalmente estomacal, que o deriva en melancol&iacute;a o deriva en una desmedida afici&oacute;n a las retransmisiones deportivas; de modo que individuos de toda condici&oacute;n tratamos durante los d&iacute;as del verano de pasar por las cosas sin apenas tocarlas, siendo tan superficiales como las circunstancias veraniegas nos lo permitan, sabedores de que las relaciones de verano	se basan, por lo general, en el encuentro superficial ya que, como los sacerdotes, los fascistas, los adolescentes, los cineastas n&oacute;rdicos y los terroristas isl&aacute;micos ignoran, la piel lo es todo. 
    </p><p class="article-text">
        No ahondar. No atender a la miserable realidad del mundo. No trabajar. No hacer nada que no sea tumbarse a la sombra de una higuera para pasar las horas en un lento abandono sin que un solo pensamiento logre instalarse en el cerebro, buscando as&iacute; la placidez animal de los perros que sestean.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el verano es la estaci&oacute;n preferida de una gran mayor&iacute;a de personas, ya que durante esas fechas la tarea de vivir resulta menos pesada, m&aacute;s distra&iacute;da y bastante menos oscura. 
    </p><p class="article-text">
        El invierno se medita. El verano se siente. Aunque a medida que los a&ntilde;os se acumulan en la memoria el verano tambi&eacute;n comienza a percibirse como una categor&iacute;a de la mente y dentro de ella no est&aacute;n sino los primeros helados, las primeras bicicletas, las primeras zambullidas en el mar y los rostros amados y perdidos de la infancia que nos sonr&iacute;en mientras alzan al cielo un botell&iacute;n de cerveza o emergen, dichosos, de una ola moribunda... 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/superficial_132_12430290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Jul 2025 19:45:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Superficial]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ignorancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/ignorancia_132_12389222.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ef16345-8ae3-4964-ac74-0863cf50b756_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ignorancia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Han pasado casi dos siglos en los que el alma humana ha tenido que reconciliarse con un montón inmenso de novedades, pero, de momento, nadie ha puesto fecha cercana a la pregunta que el 25 de marzo del año 1836 hiciera Mariano José de Larra en el periódico El Español: ¿cuándo cesará el atrevimiento de la ignorancia?”</p></div><p class="article-text">
        La desidia intelectual de muchos parlamentarios, los insultos, el culto a la vulgaridad, la justificaci&oacute;n de la violencia, la reivindicaci&oacute;n del franquismo, las sandeces de la lideresa, las tertulias de los medios de comunicaci&oacute;n privados, el respeto hacia el pol&iacute;tico &iacute;ntimo de narcotraficantes, los j&oacute;venes est&uacute;pidos que propagan sus estupideces en las redes sociales con el entusiasmo de quienes creen haber descubierto un continente desconocido, todo es consecuencia del atrevimiento que otorga la ignorancia. 
    </p><p class="article-text">
        El 25 de marzo del a&ntilde;o 1836 en el peri&oacute;dico El Espa&ntilde;ol, dentro de una cr&oacute;nica titulada &ldquo;La muerte de Torrijos&rdquo;, general que se rebel&oacute; contra el absolutismo de Fernando VII siendo fusilado en la playa de San Andr&eacute;s de M&aacute;laga en el a&ntilde;o 1831, el periodista Mariano Jos&eacute; de Larra escribe la siguiente frase: &ldquo;&iquest;cu&aacute;ndo cesar&aacute; el atrevimiento de la ignorancia?&rdquo;. Hace casi doscientos a&ntilde;os de esta frase. En estos casi dos siglos los cambios en la sociedad han sido constantes, din&aacute;micos, de una profundidad desconocida hasta que el inventor escoc&eacute;s James Watt patent&oacute; la m&aacute;quina de vapor que permiti&oacute; el funcionamiento de enormes f&aacute;bricas, minas m&aacute;s profundas, una formidable red de transporte y el relevo de una aristocracia rural y gandula por una aristocracia financiera y retr&oacute;grada. 
    </p><p class="article-text">
        Todo desde entonces se ha hecho m&aacute;s grande: la poblaci&oacute;n, las ciudades, los ej&eacute;rcitos, la producci&oacute;n industrial, las redes ferroviarias, las calles plagadas de autom&oacute;viles, los medios de comunicaci&oacute;n, los entretenimientos, la cultura de masas, los r&eacute;cord de velocidad, los ruidos con los que convivimos... En estos casi dos siglos la aceptaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n la desconfianza ante los cambios mencionados, originaron no s&oacute;lo dos monstruosas guerras mundiales sino tambi&eacute;n los fen&oacute;menos sociales que han dominado la historia reciente de la humanidad: socialismo y fascismo, arte conceptual y sociedad de consumo, medios de comunicaci&oacute;n de masas y democratizaci&oacute;n, feminismo y psicoan&aacute;lisis, velocidad y liberaci&oacute;n sexual. 
    </p><p class="article-text">
        La vertiginosa carrera que desde entonces nos ha tra&iacute;do hasta esta edad, la edad de la revoluci&oacute;n digital, domina ya las ideas, la vida cotidiana y los sentimientos de los millones de personas que habitamos este superpoblado planeta amenazado, ahora, por la variaci&oacute;n global del clima en la tierra. Han pasado casi dos siglos en los que el alma humana ha tenido que reconciliarse con un mont&oacute;n inmenso de novedades, pero, de momento, nadie, que un servidor conozca, ha puesto fecha cercana a la pregunta que el 25 de marzo del a&ntilde;o 1836 hiciera Mariano Jos&eacute; de Larra en el peri&oacute;dico El Espa&ntilde;ol. Ni siquiera Isabel D&iacute;az Ayuso. Tanto que habla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Bolland]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Jun 2025 19:45:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ignorancia]]></media:title>
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