<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Joana Castells Savall]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/joana_castells_savall/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Joana Castells Savall]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/511184" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Carles Pradas: “En cuanto el personaje trasciende su contexto, las palabras, puede situarse donde uno quiera”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/carles-pradas-la-setena-vida-de-kaspar-schwarz-llibres-males-herbes_132_4504848.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ab0942d-6e4f-4b72-87ad-9f540312a626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carles Pradas: “En cuanto el personaje trasciende su contexto, las palabras, puede situarse donde uno quiera”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a Carles Pradas (Barcelona, 1979), escritor, fotógrafo, guionista... forjado entre los destellos de la imagen y los laberintos de la palabra escrita.</p><p class="subtitle">Acaba de salir a la luz su primera novela,</p><p class="subtitle">La setena vida de Kaspar Schwarz</p><p class="subtitle">, publicada en una cuidada edición especial por Males Herbes (noviembre, 2014).</p></div><p class="article-text">
        A partir de repliegues, recodos, veladuras y silencios, <em>La setena vida de Kaspar Schwarz</em> es, con todos los detalles, una obra abierta &ndash;de par en par&ndash;, que se mueve, que huye, que no muere nunca y en cada cap&iacute;tulo, p&aacute;rrafo o en cada palabra, recomienza. Inesperada como una sorpresa, inquietante como un baile de m&aacute;scaras y bienvenida como la promesa de un viaje: sideral, en el tiempo, a ultramar, de la mano de un ser escurridizo y extraordinario. Y en ese paseo por el siglo XX a caballo de la historia y la quimera, los ojos del lector tendr&aacute;n que acostumbrarse a la oscuridad, acaso para no dejar de creer en una vaga idea de para&iacute;so que nos persigue, y nos hace querer volver a existir, de nuevo, otra vez, y otra&hellip; como en la biograf&iacute;a ap&oacute;crifa, septuplicada, de un fantasma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Siete vidas&hellip; &iquest;necesitamos tantas para encontrarle un sentido? &iquest;Y para construir un personaje? (&iquest;De d&oacute;nde sale Kaspar Schwarz?)</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso de las siete vidas&hellip; as&iacute; que abres el libro y entras en las primeras p&aacute;ginas ya entiendes de d&oacute;nde viene el significado, &iquest;verdad? M&aacute;s que nada respond&iacute;a a la idea de que el t&iacute;tulo resumiera el personaje, su rostro (que ya ver&eacute;is). As&iacute; que se trata de un juego formal, un gui&ntilde;o, a partir de un t&oacute;pico.
    </p><p class="article-text">
        Y sobre el origen del protagonista, lo cierto es que el libro nace de las fotos m&aacute;s que del texto. Todo empez&oacute; el d&iacute;a en que me compr&eacute; una &oacute;ptica nueva para la c&aacute;mara fotogr&aacute;fica y, solo en casa con mi gato, empec&eacute; a sacarle fotos para probar la lente, era el modelo que ten&iacute;a a mano en aquel momento (&iexcl;y mira que no es un modelo nada f&aacute;cil!). Y mientras procesaba las fotos, escuchaba a David Bowie y ten&iacute;a por encima de la mesa <em>El libro del desasosiego</em>, de Pessoa, que estaba leyendo por aquellos d&iacute;as. Y de repente se conjuraron estas tres cosas, Pessoa con sus heter&oacute;nimos, la m&uacute;sica de Bowie y el personaje de Ziggy Stardust, y vi a Kaspar (que as&iacute; se llama mi gato, Kaspar Hauser). Y en ese momento se junt&oacute; todo, Kaspar estaba so&ntilde;ando encima de la mesa, sonaba David Bowie, ten&iacute;a Pessoa en la cabeza&hellip; y cog&iacute; las fotos que le estaba haciendo a Kaspar y las incrust&eacute; en fotograf&iacute;as de &eacute;poca que iba encontrando. Y a partir de ah&iacute; se fue tejiendo la historia, como un pie de foto, en un proceso inverso de los libros ilustrados habituales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Kaspar Schwarz muda la piel como quien cambia de camisa. &iquest;Hay alguna l&oacute;gica &ndash;&iquest;un karma?&ndash; que encadene un disfraz &ndash;&iquest;una existencia?&ndash; tras otro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que el libro, creo, y no s&eacute; si se percibe de esa forma, es una historia de amor. B&aacute;sicamente es una historia de amor rom&aacute;ntica y apasionada (que a m&iacute; me encantan, sobre todo en el cine: soy un fan de <em>Dr Zhivago, El camino a casa</em> y ese tipo de historias&hellip;). Pienso que Kaspar es un personaje que, en esta b&uacute;squeda de su amada (Vaira, que ya conoceremos), cuanto m&aacute;s se acerca a ella, m&aacute;s se aleja de s&iacute; mismo. Y este alejamiento le lleva a ir generando identidades nuevas, que primero son identidades suplantadas pero que al final se van convirtiendo en existencias que va imaginando y creando como una manera de vivir en s&iacute; misma. El tema de la identidad siempre me ha fascinado, y quer&iacute;a tratar de hacer un juego de espejos a partir de esta idea de que con cada identidad nueva que Kaspar construye, m&aacute;s se aleja de su yo verdadero, si es que eso existe, si es que este yo no es m&aacute;s que la suma de todos los personajes, con un resultado siempre distinto. De este modo, tambi&eacute;n, cada lector, escogiendo los aspectos o los fragmentos de cada personalidad que m&aacute;s le gusten, puede acabar creando su propio Kaspar Schwarz.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>En la novela, realidad y ficci&oacute;n se imbrican y se confunden como un mapa del mundo en una fotograf&iacute;a velada. De qu&eacute; modo intervienen la verdad y la mentira en la construcci&oacute;n narrativa? &iquest;De qu&eacute; depende, para ti, la verosimilitud de una historia, de una escena, un gesto o un personaje?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pienso que la verosimilitud se alcanza &ndash;o se busca&ndash; sobre todo a partir de la forma: el libro no deja de ser una traslaci&oacute;n literaria del <em>mockumentary</em> &ndash;el falso documental&ndash;, que es un g&eacute;nero cinematogr&aacute;fico que me interesa mucho porque consigue, a trav&eacute;s de un determinado formato (articulando entrevistas, exponiendo los resultados de una investigaci&oacute;n, con un tono de pretendida verdad&hellip;), que lleguemos a creernos una historia que, tal vez, si nos la presentaran desde la ficci&oacute;n, como un relato cinematogr&aacute;fico, no nos tragar&iacute;amos. Lo que ocurre en esta novela, sin embargo, es que llega un momento en que se sale de madre, y aqu&iacute; es donde tienen que intervenir las ganas de creer del lector, donde se le pide que se deje llevar y acompa&ntilde;e el viaje. Es lo que Coleridge llam&oacute; la &ldquo;suspensi&oacute;n de la incredulidad&rdquo;, que consiste en abordar la ficci&oacute;n dejando de lado, temporalmente, las dudas y suspicacias. Y tambi&eacute;n hay un cap&iacute;tulo de los Simpson que, para m&iacute;, lo resume muy bien, es un episodio en que Leonard Nimoy est&aacute; presentando un <em>Twilight Zone</em> o algo as&iacute;, y dice:
    </p><p class="article-text">
        <em>(Busca en su libreta)</em>
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Hola, soy Leonard Nimoy. El siguiente cap&iacute;tulo sobre extraterrestres es real, y si es real, es que es falso. Todo son mentiras, pero mentiras entretenidas, y al final, &iquest;no est&aacute; ah&iacute; la aut&eacute;ntica verdad? La respuesta es no&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Este es un libro hecho de recortes, fragmentos, intuiciones, fotograf&iacute;as, trucajes&hellip; &iquest;las im&aacute;genes ilustran o confunden?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, como he dicho antes, el relato surge de las im&aacute;genes, y es que me interesaba jugar con el hecho de que hoy, m&aacute;s que nunca, no nos podemos fiar de ellas. Y aunque hace m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os ya exist&iacute;a el trucaje (las m&iacute;ticas fotos de Franco y Hitler en la estaci&oacute;n, etc.), ahora es de lo m&aacute;s habitual: &iquest;hasta qu&eacute; punto nos podemos creer los modelos que aparecen en las portadas del <em>Vogue </em>o el <em>Cosmopolitan</em>? Todos ellos son personajes inventados, que no tienen esas formas ni esos ojos ni esos labios. Pues eso me seduc&iacute;a mucho, plantearme y cuestionar la veracidad de las im&aacute;genes. Incluso pienso que actualmente podemos confiar m&aacute;s en seg&uacute;n qu&eacute; textos, si conocemos su autor y su contexto, que en ciertas im&aacute;genes, que hasta ahora se hab&iacute;an tenido por un testimonio fidedigno de la realidad. Y tal vez ya no haya nada de lo que podamos decir que es completamente real, o verdad.
    </p><p class="article-text">
        Y ligando esto de las fotos con el tema de las identidades, que ya hemos apuntado, me gustar&iacute;a relacionarlo con la cuesti&oacute;n de las redes sociales hoy en d&iacute;a: ahora cualquier persona se puede generar un personaje y ser quien no es, crear un perfil de s&iacute; mismo a partir de fotos y narraciones. En el fondo, Facebook est&aacute; lleno de Kaspars Schwarz, de gente que se exhibe de una manera, pero que en realidad no tiene esa vida tal como la muestra, como quiere hacer creer, acaso como querr&iacute;a que fuera. Y a nuestra generaci&oacute;n a&uacute;n se nos escapa bastante, pero los nativos digitales crecen con esta autopercepci&oacute;n poli&eacute;drica, con la posibilidad de inventarse y de mostrarse de muchas formas diferentes. Y al fin y al cabo, quiz&aacute; esto se haya hecho siempre, y tal vez todo el mundo lo haga, &iquest;no? Todos nosotros nos proyectamos en vidas y mundos y personalidades que no son los nuestros, que quedan fuera de la &ldquo;realidad&rdquo; compartida y tienen m&aacute;s que ver con la subjetividad y los deseos de cada uno. Y Kaspar, pobre, est&aacute; tan confuso que yo creo que tiene que ir cambiando de nombre y de vida porque no se soporta a s&iacute; mismo, no aguanta convivir mucho tiempo con la misma identidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La &ldquo;t&eacute;cnica del manuscrito encontrado&rdquo;, un recurso frecuente en la historia de la literatura (que tiene en El Quijote uno de los ejemplos y de los precedentes m&aacute;s ilustres), engrana la narraci&oacute;n y nos permite seguir el rastro de alguien que se esconde y que no para de crecer. &iquest;Cambiar&iacute;a algo si las pistas fueran falsas, tendr&iacute;amos que dejar de creer en &eacute;l?</strong><em>El Quijote</em>
    </p><p class="article-text">
        No necesariamente, &iquest;no? Aqu&iacute; lo importante es la ficci&oacute;n. <em>El Quijote</em>, de hecho, que es una referencia obvia para el lector de literatura universal, es precisamente la obra que nos hace entender que en la novela cabe todo. Y de eso ya hace unos cuantos siglos, &iexcl;es impresionante! Cuando la ficci&oacute;n funciona, dejas de plantearte qu&eacute; es real y qu&eacute; no lo es porque ya no hace falta saberlo, ya no tienes ninguna duda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A la narraci&oacute;n en tercera persona y a la voluntad de rigor documental se intercala la voz m&aacute;s desnuda &ndash;y de color verde&ndash; del protagonista, que se muestra a trav&eacute;s de fragmentos reflexivos, fogonazos l&iacute;ricos, cartas o recortes de un diario personal. &iquest;Desde la intimidad nos hacemos una idea m&aacute;s afinada del mundo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, esto era un problema que ten&iacute;a el primer manuscrito, que era todo en tercera persona y desde ese punto de vista documental, y sent&iacute;a que me limitaba mucho literariamente, como si estuviera escribiendo s&oacute;lo un informe. Y entonces no puedes huir demasiado, no puedes hacer ciertos viajes. Luego la introducci&oacute;n de la voz del protagonista me permiti&oacute;, adem&aacute;s de llegar a entender un poco mejor al personaje, escribir m&aacute;s libremente, hacer escapadas. O sea que se trataba, por un lado, de una opci&oacute;n que era pertinente para el libro, pero tambi&eacute;n de una decisi&oacute;n tomada ego&iacute;stamente, desde una necesidad personal de volar. Las cartas, los pensamientos y los escritos de Kaspar me permit&iacute;an, a un tiempo, proyectar cosas propias y presentar en la novela dos posturas: una vertiente m&aacute;s cl&iacute;nica, m&aacute;s neutra o as&eacute;ptica y otra m&aacute;s subjetiva o po&eacute;tica. Aunque, al final, acaso haya un proceso de asimilaci&oacute;n entre ambas voces, el narrador-investigador termina contamin&aacute;ndose mucho de la mirada del protagonista.
    </p><p class="article-text">
        Y el tema de plasmar en color verde la subjetividad del personaje fue m&aacute;s bien una opci&oacute;n est&eacute;tica en el momento de maquetar, una soluci&oacute;n visual para que el lector se creara en seguida una imagen mental de ambas voces. Y aqu&iacute; tengo que destacar lo que esto tiene de apuesta y de riesgo por parte de la editorial, por el trabajo y el coste que supon&iacute;a editar el libro desde el punto de vista gr&aacute;fico, del dise&ntilde;o (&iexcl;el verde reventaba el presupuesto!), pero al final decidimos mantenerlo por el bien del libro, y agradezco esta confianza por parte de los editores. Fue un poco como <em>Death or Glory </em>[de The Clash], a por todas, lo que se acerca bastante a la filosof&iacute;a de Males Herbes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y adem&aacute;s el verde es su color, &iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, encima eso (<em>r&iacute;e</em>). Y es que Kaspar es un Males Herbes de la cabeza a los pies, y ya que esta vez la portada no era verde, dijimos, pues hag&aacute;moslo dentro, en la voz del protagonista.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La historia contempor&aacute;nea funciona como un tel&oacute;n de fondo o quiere ser parte de la materia narrativa de la novela? (&iquest;Y nos habla aqu&iacute;, acaso, de la necesidad de reinventarse?)</strong>
    </p><p class="article-text">
        De hecho, para la elecci&oacute;n del per&iacute;odo hist&oacute;rico me ayud&oacute; la circunstancia de que las im&aacute;genes de las que dispon&iacute;a (de Creative Commons y de libre licencia) eran de aquella &eacute;poca (la Primera Guerra Mundial, el per&iacute;odo de entreguerras, el crack del 29&hellip;), y eso me sirvi&oacute; de cors&eacute; a la hora de escribir, me ayud&oacute; a acotar el paisaje de la novela. Pero, adem&aacute;s, el trasfondo hist&oacute;rico era &uacute;til para trabajar la idea de la inmortalidad del personaje, no desde una vis&oacute;n cristiana, sino transportada a la propia imaginaci&oacute;n del lector, porque una vez el personaje trasciende su contexto, las palabras, se puede situar donde uno quiera, &iquest;no? En el libro, cuando en alg&uacute;n momento Kaspar realiza unos viajes que, en cierto modo, se escapan de la f&iacute;sica, no hace falta dar una explicaci&oacute;n, en la novela est&aacute;, pero no resulta imprescindible, Kaspar va adonde t&uacute; quieras que vaya. Es como lo que dec&iacute;amos antes de <em>El Quijote</em>, t&uacute; lo podr&iacute;as hacer aparecer aqu&iacute; mismo, en esta plaza&hellip; como Orson Welles, que llev&oacute; Sancho Panza a los sanfermines y segu&iacute;a funcionando: el personaje era el mismo en la &eacute;poca que fuera, o en cualquier caso desentonaba tanto entonces como lo hizo en su momento, en su libro. Son caracteres tan exc&eacute;ntricos y tan especiales que los puedes transportar a todas partes.
    </p><p class="article-text">
        Y la historia, pues, aqu&iacute;, es un contexto y un pretexto. Pero adem&aacute;s, la historia del siglo XX me interesa mucho, porque es la &eacute;poca de un gran trastorno. Un momento en el que nacen muchas ideas y muchas cosas, cambian otras, mueren un mont&oacute;n, sobre todo, mueren muchas cosas. Y la historia tambi&eacute;n nos habla de la violencia que parece que ha sido necesaria siempre, por desgracia, para que se produjeran grandes cambios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>As&iacute; como en la m&uacute;sica son tan importantes las notas como las pausas, &iquest;en el libro cuenta tanto lo que se explica como lo que se calla? (&iexcl;Hay un cap&iacute;tulo hecho de tres p&aacute;ginas blancas!)</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que s&iacute;. Normalmente, mientras escribo, escucho mucha m&uacute;sica, y parte de la banda sonora de <em>Kaspar Schwarz </em>fue Thelonious Monk, un m&uacute;sico que hace evidente que son tan importantes las notas que no toca como las que s&iacute; toca. Pues este cap&iacute;tulo vac&iacute;o &ndash;que se titula as&iacute;, &ldquo;Buit&rdquo;, &lsquo;vac&iacute;o&rsquo; en catal&aacute;n&ndash; viene de ah&iacute;, quiere ser una pausa (que podr&iacute;a parecer un error: &iexcl;tres p&aacute;ginas blancas!), que el lector podr&aacute; llenar en su cabeza imaginando c&oacute;mo suena lo que falta. Y ocurre lo mismo con los saltos temporales a lo largo del libro, al estilo de los t&iacute;picos ejercicios de ingl&eacute;s, &iquest;te acuerdas?, eso de <em>fill in the blanks by putting the verb in brackets into the correct tense</em>? (<em>R&iacute;e</em>)
    </p><p class="article-text">
        <strong>S&iacute;, es que esos vac&iacute;os, omisiones, silencios parece que pidan una determinada actitud lectora: &iquest;un lector impl&iacute;cito invitado a participar en la construcci&oacute;n del relato y a imaginar todas las vidas posibles?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, aqu&iacute; el lector dir&aacute;. Lo que yo quer&iacute;a hacer &ndash;no s&eacute; si lo he logrado&ndash; era escribir una obra que no fuera complicada de inicio, como esas en las que antes tienes que leer toda la filosof&iacute;a de Foucault para entender algo <em>(r&iacute;e)</em>, sino un libro entretenido que te hiciera pasar un buen rato pero que, tambi&eacute;n, por otro lado, diera la opci&oacute;n de una pantalla dos, por decirlo de alg&uacute;n modo, que en una segunda lectura o desde una mirada m&aacute;s detenida, te permitiera ir descubriendo posibilidades a partir de nuevos detalles, e imaginando reescrituras. O sea, de entrada, yo ten&iacute;a en la cabeza las tres reglas maestras del espect&aacute;culo de Billy Wilder &ndash;&ldquo;entretener, entretener, entretener&hellip;&rdquo;&ndash;, mi intenci&oacute;n era, sobre todo, que el lector se lo pasara bien, pero al mismo tiempo, dejando la puerta abierta para que, quien as&iacute; lo quiera, pueda ir superponiendo nuevas capas de sentido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y en relaci&oacute;n a la tradici&oacute;n literaria, &iquest;cu&aacute;les son los ecos que resuenan en la novela? &iquest;Hacia qu&eacute; constelaci&oacute;n literaria mira Kaspar Schwarz?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ostras, &iexcl;qu&eacute; dif&iacute;cil! Hay muchos, yo creo, hay muchos autores que me gustan, y pienso que mis influencias no son s&oacute;lo literarias, son tambi&eacute;n musicales, y sobre todo cinematogr&aacute;ficas&hellip; Y ya hemos comentado algunas, de hecho, que quiz&aacute; aparentemente no guardan relaci&oacute;n pero que en su momento confluyeron a la hora de escribir la novela: Pessoa, David Bowie (creo que el personaje de Alexander Kosinski tiene mucho de Ziggy Stardust), el mundo del <em>mockumentary</em> &ndash;el <em>Zelig</em> de Woody Allen se hace bastante evidente, el <em>Forgotten Silver</em> de Peter Jackson es un (falso) documental que tambi&eacute;n me interesa mucho&ndash;, y un mont&oacute;n de documentales de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Y de referentes literarios, te dir&iacute;a que no hay tantos como visuales y, acaso, si los hay, ser&iacute;an mucho m&aacute;s antiguos, como <em>El Quijote</em> o el <em>Manuscrito encontrado en Zaragoza</em>, de Jan Potocki&hellip;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Dice, en el ep&iacute;logo del libro: &ldquo;Esta es, aproximadamente, la historia de Kaspar Schwarz: un claroscuro precipitado de mil finales&rdquo;, y es que &iquest;acaso se termina alguna vez de escribir una novela?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que hay novelas que s&iacute; y otras que no. Esta no tiene final, pero algunas s&iacute; que terminan, novelas que quiz&aacute; sean m&aacute;s cerradas, que tienen sentido por el arco dram&aacute;tico m&aacute;s can&oacute;nico del planteamiento, nudo y desenlace. Y hay otras que funcionan a partir del momento en que acaban, y buscan, en el punto final, seguir generando contenido mental, imaginativo, en cada lector. De hecho, el comentario de uno de los primeros lectores de confianza de este libro fue: &ldquo;&iexcl;tienes que hacer una serie de Kaspar Schwarz en la historia!&rdquo;. Y quiero pensar que Kaspar tanto podr&iacute;a acabar en la Revoluci&oacute;n Francesa, haciendo rodar cabezas al lado de Robespierre, como dentro de quinientos a&ntilde;os, viviendo en Saturno&hellip; Yo quer&iacute;a que fuera un personaje lo bastante poli&eacute;drico como para transformarse en otros mil, y llegar a un final suficientemente abierto como para que fuera el comienzo de muchas cosas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/carles-pradas-la-setena-vida-de-kaspar-schwarz-llibres-males-herbes_132_4504848.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Nov 2014 16:00:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0ab0942d-6e4f-4b72-87ad-9f540312a626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243287" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0ab0942d-6e4f-4b72-87ad-9f540312a626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243287" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Carles Pradas: “En cuanto el personaje trasciende su contexto, las palabras, puede situarse donde uno quiera”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0ab0942d-6e4f-4b72-87ad-9f540312a626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carles Pradas: “Un cop el personatge transcendeix el seu context, les paraules, es pot situar allà on es vulgui”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/carles-pradas-la-setena-vida-de-kaspar-schwarz-llibres-males-herbes_132_4504842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ab0942d-6e4f-4b72-87ad-9f540312a626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carles Pradas: “Un cop el personatge transcendeix el seu context, les paraules, es pot situar allà on es vulgui”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a Carles Pradas (Barcelona, 1979), escriptor, fotògraf, guionista... forjat entre els llambreigs de la imatge i els laberints de la paraula escrita.</p><p class="subtitle">Acaba de sortir a la llum la seva primera novel.la,</p><p class="subtitle">La setena vida de Kaspar Schwarz</p><p class="subtitle">, publicada en una acurada edició especial per Males Herbes (novembre, 2014).</p></div><p class="article-text">
        Tota replecs, revolts, veladures i silencis, <em>La setena vida de Kaspar Schwarz</em> &eacute;s, en cada detall i amb tots els ets i uts, una obra oberta &ndash;de bat a bat&ndash;, que es mou, que fuig, que no mor mai i en cada cap&iacute;tol, par&agrave;graf o en cada paraula, recomen&ccedil;a. Inesperada com una sorpresa, inquietant com un ball de m&agrave;scares i benvinguda com la promesa d&rsquo;un viatge: sideral, en el temps, a ultramar, de la m&agrave; d&rsquo;un &eacute;sser foned&iacute;s i extraordinari. I en aquest passeig pel segle XX a cavall de la hist&ograve;ria i la quimera, els ulls del lector hauran d&rsquo;avesar-se a la foscor, potser per no deixar de creure en una vaga idea de parad&iacute;s que ens encal&ccedil;a, i ens fa voler tornar a existir, una vegada i una altra i una altra... com en la biografia ap&ograve;crifa, septuplicada, d&rsquo;un fantasma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Set vides... En calen tantes per fer sentit? I per construir un personatge? (D&rsquo;on surt Kaspar Schwarz?)</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aix&ograve; de les set vides... un cop obres el llibre i entres en les primeres p&agrave;gines, ja entens d&rsquo;on ve el significat, no? M&eacute;s que res responia a la idea que el t&iacute;tol resum&iacute;s el personatge, el seu rostre (que ja veureu). Aix&iacute; que &eacute;s un joc formal, com una picada d&rsquo;ullet, a partir d&rsquo;un t&ograve;pic.
    </p><p class="article-text">
        I pel que fa a l&rsquo;origen del protagonista, el cas &eacute;s que el llibre neix de les fotos m&eacute;s que del text. Tot va comen&ccedil;ar el dia que em vaig comprar una &ograve;ptica nova per a la c&agrave;mera fotogr&agrave;fica i, sol a casa amb el meu gat, vaig comen&ccedil;ar a fer-li fotos per provar la lent, era el model que tenia a m&agrave; en aquell moment (i mira que no &eacute;s un model f&agrave;cil!). I mentre processava les fotos escoltava David Bowie i tenia per sobre la taula <em>El llibre del desassossec</em>, de Pessoa, que estava llegint aquells dies. I de sobte es van conjurar totes tres coses, Pessoa amb els seus heter&ograve;nims, la m&uacute;sica de Bowie i el personatge de Ziggy Stardust, i vaig veure en Kaspar (que aix&iacute; es diu el meu gat, Kaspar Hauser). I en aquell moment es va ajuntar tot, en Kaspar estava somiant sobre la taula, sonava David Bowie, tenia Pessoa al cap... i vaig agafar les fotos que li estava fent a en Kaspar i les vaig incrustar en fotografies d&rsquo;&egrave;poca que anava trobant. I a partir d&rsquo;aqu&iacute; es va anar filant la hist&ograve;ria, com un peu de foto, en un proc&eacute;s invers dels llibres il.lustrats habituals.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Kaspar Schwarz muda la pell com qui canvia de camisa. Hi ha alguna l&ograve;gica &ndash;un karma?&ndash; que encadeni una disfressa &ndash;una exist&egrave;ncia!&ndash; rere l&rsquo;altra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;s que el llibre, jo crec, i no s&eacute; si es percep d&rsquo;aquesta manera, &eacute;s una hist&ograve;ria d&rsquo;amor. B&agrave;sicament &eacute;s una hist&ograve;ria d&rsquo;amor rom&agrave;ntica i apassionada (que a mi m&rsquo;encanten, sobretot en el cine: s&oacute;c un fan de <em>Dr Zhivago</em>, <em>El camino a casa</em> i aquesta mena d&rsquo;hist&ograve;ries...). Penso que en Kaspar &eacute;s un personatge que, en aquesta recerca de la seva estimada (la Vaira, que ja coneixerem), com m&eacute;s s&rsquo;hi apropa, m&eacute;s s&rsquo;allunya de si mateix. I aquest allunyament el du a anar generant identitats noves, que primer s&oacute;n identitats suplantades per&ograve; que al final esdevenen exist&egrave;ncies que va imaginant i va creant com una manera de viure en si mateixa. El tema de la identitat sempre m&rsquo;ha fascinat, i volia provar de fer un joc de miralls des d&rsquo;aquesta idea que amb cada identitat nova que en Kaspar construeix, es va allunyant del seu jo veritable, si &eacute;s que n&rsquo;hi ha cap, si &eacute;s que aquest jo no &eacute;s m&eacute;s que una suma de tots els personatges, amb un resultat sempre diferent. Aix&iacute; tamb&eacute; cada lector, escollint els aspectes o els fragments de cada personalitat que m&eacute;s li agradin, pot acabar creant el seu propi Kaspar Schwarz.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/97237d26-2f18-4860-9f45-27070cbd4c0f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>En la novel.la, realitat i ficci&oacute; s&rsquo;imbriquen i es confonen com un mapa del m&oacute;n en una fotografia velada. De quina manera intervenen la veritat i la mentida en la construcci&oacute; narrativa? De qu&egrave; dep&egrave;n, per a tu, la versemblan&ccedil;a d&rsquo;una hist&ograve;ria, una escena, un gest o un personatge?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Penso que la versemblan&ccedil;a s&rsquo;assoleix, o es busca, sobretot a partir de la forma: el llibre no deixa de ser una translaci&oacute; liter&agrave;ria del <em>mockumentary </em>&ndash;el fals documental&ndash;, que &eacute;s un g&egrave;nere cinematogr&agrave;fic que m&rsquo;interessa molt perqu&egrave; aconsegueix, a trav&eacute;s d&rsquo;un determinat format (articulant entrevistes, exposant una recerca, amb un to de pretesa veritat...), que ens arribem a creure una hist&ograve;ria que, potser, si ens la presentessin des de la ficci&oacute;, com un relat cinematogr&agrave;fic, no ens empassar&iacute;em. El que passa en aquesta novel.la &eacute;s que arriba un moment que ens n&rsquo;anem de mare, i aqu&iacute; &eacute;s on intervenen les ganes de creure del lector, on se li demana que es deixi anar i acompanyi el viatge. &Eacute;s el que Coleridge va anomenar la &ldquo;suspensi&oacute; de la incredulitat&rdquo;, que consisteix a abordar la ficci&oacute; tot aparcant el dubte i la suspic&agrave;cia per una estona. I tamb&eacute; hi ha un cap&iacute;tol dels Simpson que, per a mi, ho resumeix molt b&eacute;, &eacute;s un episodi en qu&egrave; en Leonard Nimoy est&agrave; presentant un <em>Twilight Zone </em>o una cosa aix&iacute;, i diu:
    </p><p class="article-text">
        (<em>Busca a la llibreta)</em>
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Hola, soy Leonard Nimoy. El siguiente cap&iacute;tulo sobre extraterrestres es real, y si es real, es que es falso. Todo son mentiras, pero mentiras entretenidas, y al final, &iquest;no est&aacute; ah&iacute; la aut&eacute;ntica verdad? La respuesta es no&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aquest &eacute;s un llibre fet de retalls, fragments, intu&iuml;cions, fotografies, trucatges... Les imatges il&middot;lustren o confonen? </strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, com ja he dit al principi, el relat sorgeix de les imatges, i &eacute;s que m&rsquo;interessava jugar amb el fet que avui, m&eacute;s que mai, no ens en podem refiar. I si b&eacute; fa m&eacute;s de cinquanta anys ja existia el trucatge (les m&iacute;tiques fotos de Franco i Hitler a l&rsquo;estaci&oacute;, etc.), ara &eacute;s d&rsquo;all&ograve; m&eacute;s habitual: fins a quin punt ens podem creure els models que surten a les portades del <em>Vogue </em>o el <em>Cosmopolitan</em>? Tots ells s&oacute;n personatges inventats, que no tenen aquelles formes ni aquells ulls ni aquells llavis. Doncs aix&ograve; em sedu&iuml;a molt, plantejar-me i q&uuml;estionar la veracitat de les imatges. Fins i tot penso que actualment podem refiar-nos m&eacute;s de segons quins textos, si en saps l&rsquo;autor i en coneixes el context, que de certes imatges, que fins ara s&rsquo;havien tingut per un testimoni fidedigne de la realitat. I potser ja no hi ha res que puguis dir que &eacute;s completament real, o veritat.
    </p><p class="article-text">
        I lligant aix&ograve; de les fotos amb el tema de les identitats, que ja hem apuntat, voldria relacionar-ho amb la q&uuml;esti&oacute; de les xarxes socials avui en dia: ara qualsevol persona es pot generar un personatge i ser alg&uacute; que no &eacute;s, crear un perfil de si mateix a partir de fotos i narracions. En el fons, Facebook est&agrave; ple de Kaspars Schwarz, de gent que s&rsquo;exhibeix d&rsquo;una manera, per&ograve; que en realitat no t&eacute; aquella vida tal com la mostra, com vol fer creure, potser com voldria que fos. I a la nostra generaci&oacute; encara se&rsquo;ns escapa for&ccedil;a, per&ograve; els nadius digitals creixen amb aquesta autopercepci&oacute; poli&egrave;drica, amb la possibilitat d&rsquo;inventar-se i mostrar-se de moltes maneres diferents. I al capdavall, en certa mesura, potser aix&ograve; s&rsquo;ha fet sempre i potser tothom ho fa, no? Tots nosaltres somiem i ens projectem en vides i mons i personalitats que no s&oacute;n ben b&eacute; els nostres, fora de la &ldquo;realitat&rdquo; compartida, que tenen m&eacute;s a veure amb la subjectivitat i els desitjos de cadasc&uacute;. I en Kaspar, pobre, est&agrave; tan conf&oacute;s que jo crec que ha d&rsquo;anar canviant de nom i de vida perqu&egrave; no se suporta a ell mateix, no aguanta conviure gaire temps amb la mateixa identitat.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La &ldquo;t&egrave;cnica del manuscrit trobat&rdquo;, un recurs freq&uuml;ent en la hist&ograve;ria de la literatura (que t&eacute; en El Quixot un dels exemples i els precedents m&eacute;s il.lustres), engrana la narraci&oacute; i ens permet seguir el rastre d&rsquo;alg&uacute; que s&rsquo;amaga i no para de cr&eacute;ixer. Canviaria res si les pistes fossin falses, haur&iacute;em de deixar-hi de creure?</strong><em>El Quixot</em>
    </p><p class="article-text">
        No necess&agrave;riament, no? Aqu&iacute; l&rsquo;important &eacute;s la ficci&oacute;. <em>El Quixot</em>, de fet, que &eacute;s una refer&egrave;ncia &ograve;bvia per al lector de literatura universal, &eacute;s precisament l&rsquo;obra que ens fa entendre que a la novel.la hi cap tot. I d&rsquo;aix&ograve; ja fa uns quants segles, &eacute;s impressionant! Quan la ficci&oacute; funciona deixes de plantejar-te qu&egrave; &eacute;s real i qu&egrave; no ho &eacute;s perqu&egrave; ja no et cal saber-ho, no en tens cap dubte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A la narraci&oacute; en tercera persona i a la voluntat de rigor documental s&rsquo;intercala la veu m&eacute;s nua &ndash;i de color verd&ndash; del protagonista, que es mostra a trav&eacute;s de fragments reflexius, fogonades l&iacute;riques, cartes o retalls d&rsquo;un diari personal. Des de la intimitat ens fem una idea m&eacute;s afinada del m&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, aix&ograve; era un problema que tenia el primer manuscrit, que era tot en tercera persona i des d&rsquo;aquest punt de vista documental, i trobava que em limitava molt a nivell literari, com si estigu&eacute;s escrivint nom&eacute;s un informe. I aleshores no pots fugir gaire, no pots fer certs viatges. Llavors, la introducci&oacute; de la veu del protagonista em va permetre, a part d&rsquo;arribar a entendre una mica m&eacute;s el personatge, escriure m&eacute;s lliurement, fer escapades. O sigui que es tractava, per una banda, d&rsquo;una opci&oacute; que era pertinent per al llibre, per&ograve; tamb&eacute; d&rsquo;una decisi&oacute; presa egoistament, des d&rsquo;una necessitat personal de volar. Les cartes, els pensaments i els escrits d&rsquo;en Kaspar em permetien alhora projectar coses meves i presentar en la novel.la dues postures: un vessant m&eacute;s cl&iacute;nic, m&eacute;s neutre o as&egrave;ptic i un altre m&eacute;s subjectiu o po&egrave;tic. Tot i que al final, potser, hi ha un proc&eacute;s d&rsquo;assimilaci&oacute; entre totes dues veus, el narrador-investigador s&rsquo;acaba contaminant molt, i de mala manera, de la mirada del protagonista.
    </p><p class="article-text">
        I el tema de plasmar de color verd la subjectivitat del personatge va ser m&eacute;s aviat una opci&oacute; est&egrave;tica a l&rsquo;hora de maquetar, una soluci&oacute; visual perqu&egrave; el lector es cre&eacute;s de seguida una imatge mental de les dues veus. I aqu&iacute; he de destacar el que aix&ograve; t&eacute; d&rsquo;aposta i de risc per part de l&rsquo;editorial, per la feina i el cost que suposava editar el llibre des del punt de vista gr&agrave;fic, del disseny (el verd rebentava el pressupost!), per&ograve; al final vam decidir mantenir-ho pel b&eacute; del llibre, i agraeixo aquesta confian&ccedil;a per part dels editors. Va ser una mica com <em>Death or Glory</em> [dels The Clash], jugar-se el tot pel tot, que &eacute;s bastant la filosofia de Males Herbes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>I a m&eacute;s el verd ja &eacute;s el seu color, no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, a sobre aix&ograve; (<em>riu</em>). I &eacute;s que en Kaspar &eacute;s un Males Herbes de cap a peus, i ja que aquest cop la portada no era verda, vam dir, doncs fem-ho a dins, en la veu del protagonista.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9c41c920-52d1-43eb-a27d-e854cced87dd_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>La hist&ograve;ria contempor&agrave;nia funciona com un tel&oacute; de fons o vol ser part de la mat&egrave;ria narrativa de la novel.la? (I ens parla aqu&iacute;, potser, de la necessitat de reinventar-se?)</strong>
    </p><p class="article-text">
        De fet, per a la tria del per&iacute;ode hist&ograve;ric em va ajudar la circumst&agrave;ncia que les imatges de qu&egrave; disposava (de Creative Commons i de lliure llic&egrave;ncia) eren d&rsquo;aquella &egrave;poca (la Primera Guerra Mundial, el per&iacute;ode d&rsquo;entreguerres, el crac del 29...), i aix&ograve; em va servir de cotilla a l&rsquo;hora d&rsquo;escriure, em va ajudar a acotar el paisatge de la novel.la. Per&ograve;, a m&eacute;s, el rerefons hist&ograve;ric era &uacute;til per treballar la idea de la immortalitat del personatge, no des d&rsquo;una visi&oacute; cristiana, sin&oacute; transportada a la pr&ograve;pia imaginaci&oacute; del lector, perqu&egrave; un cop el personatge transcendeix el seu context, les paraules, es pot situar on es vulgui, no? Al llibre, quan en algun moment en Kaspar fa uns viatges que, d&rsquo;alguna manera, s&rsquo;escapen de la f&iacute;sica, no cal donar cap explicaci&oacute;, a la novel.la hi &eacute;s, per&ograve; no es fa imprescindible, en Kaspar va on tu vulguis que vagi. &Eacute;s com el que d&egrave;iem abans del Quixot, tu el podries fer apar&egrave;ixer aqu&iacute; mateix, en aquesta pla&ccedil;a... com l&rsquo;Orson Welles, que va portar Sancho Panza als Sanfermines i seguia funcionant: el personatge era el mateix a l&rsquo;&egrave;poca que fos, o en tot cas desentonava tant llavors com ho va fer en el seu moment, dins del seu llibre. S&oacute;n car&agrave;cters tan exc&egrave;ntrics i tan especials que els pots transportar a tot arreu.
    </p><p class="article-text">
        I la hist&ograve;ria, doncs, aqu&iacute;, &eacute;s un context i un pretext. Per&ograve; a part, la hist&ograve;ria del segle XX m&rsquo;interessa molt, perqu&egrave; &eacute;s l&rsquo;&egrave;poca d&rsquo;un gran trasbals. Un moment en qu&egrave; neixen moltes idees i moltes coses, en canvien d&rsquo;altres, en moren un munt, sobretot moren moltes coses. I la hist&ograve;ria tamb&eacute; ens parla de la viol&egrave;ncia que sembla que ha calgut sempre, malauradament, perqu&egrave; es produeixin grans canvis.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aix&iacute; com en la m&uacute;sica s&oacute;n tan importants les notes com les pauses, al llibre compta tant el que s&rsquo;explica com el que es calla? (Hi ha un cap&iacute;tol fet de tres p&agrave;gines blanques!)</strong>
    </p><p class="article-text">
        Jo crec que s&iacute;. Normalment, mentre escric, escolto molta m&uacute;sica, i part de la banda sonora de <em>Kaspar Schwarz</em> va ser Thelonious Monk, un m&uacute;sic que fa evident que s&oacute;n gaireb&eacute; m&eacute;s importants les notes que no toca com les que toca. Doncs aquest cap&iacute;tol buit &ndash;que es titula aix&iacute;, per cert&ndash; ve d&rsquo;aqu&iacute;, vol ser una pausa (que podria arribar a semblar un error: tres p&agrave;gines blanques!), que el lector podr&agrave; omplir en el seu cap tot imaginant com sonaria el que hi falta. I aix&iacute; mateix passa amb els salts temporals al llarg del llibre, a l&rsquo;estil dels t&iacute;pics exercicis d&rsquo;angl&egrave;s, recordes?, all&ograve; de <em>fill in the blanks by putting the verb in brackets into the correct tense</em>? (<em>Riu</em>)
    </p><p class="article-text">
        <strong>S&iacute;, &eacute;s que aquests buits, omissions, silencis sembla que demanen una determinada actitud lectora: un lector impl&iacute;cit convidat a participar en la construcci&oacute; del relat i a imaginar totes les vides possibles?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, aqu&iacute; el lector dir&agrave;. El que jo volia fer &ndash;no s&eacute; si ho he aconseguit&ndash; era escriure una obra que no fos complicada d&rsquo;inici, com aquelles en qu&egrave; has de llegir abans la filosofia de Foucault per entendre&rsquo;n alguna cosa (<em>riu</em>), sin&oacute; un llibre entretingut que et fes passar una bona estona per&ograve; que tamb&eacute;, d&rsquo;altra banda, don&eacute;s l&rsquo;opci&oacute; d&rsquo;una pantalla dos, per dir-ho d&rsquo;alguna manera, que en una segona lectura o des d&rsquo;una mirada m&eacute;s detinguda, et permet&eacute;s anar descobrint possibilitats a partir de nous detalls, i imaginant-ne reescriptures. O sigui, d&rsquo;entrada, jo tenia al cap les tres regles mestres de l&rsquo;espectacle de Billy Wilder &ndash;&ldquo;entretenir, entretenir, entretenir...&rdquo;&ndash;, la meva intenci&oacute; era, sobretot, que el lector s&rsquo;ho pass&eacute;s b&eacute;, per&ograve; al mateix temps, deixant la porta oberta perqu&egrave;, qui vulgui, pugui anar superposant-hi noves capes de sentit.
    </p><p class="article-text">
        <strong>I pel que fa a la relaci&oacute; amb la tradici&oacute; liter&agrave;ria, quins ecos ressonen en la novel.la? Cap a quina constel.laci&oacute; liter&agrave;ria mira Kaspar Schwarz?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ostres, que dif&iacute;cil! N&rsquo;hi ha molts, jo crec, hi ha molts autors que m&rsquo;agraden, i penso que les meves influ&egrave;ncies no s&oacute;n nom&eacute;s liter&agrave;ries, s&oacute;n tamb&eacute; musicals, i sobretot cinematogr&agrave;fiques... I ja n&rsquo;hem comentat algunes, de fet, que potser aparentment no tenen relaci&oacute; per&ograve; que en el seu moment van confluir a l&rsquo;hora d&rsquo;escriure la novel.la: Pessoa, David Bowie (crec que el personatge d&rsquo;Alexander Kosinski t&eacute; molt de Ziggy Stardust), el m&oacute;n del <em>mockumentary</em> &ndash;el <em>Zelig</em> de Woody Allen s&rsquo;hi fa prou evident, el <em>Forgotten Silver </em>de Peter Jackson &eacute;s un (fals) documental que tamb&eacute; m&rsquo;interessa molt&ndash;, i un munt de documentals de la Primera i la Segona Guerra Mundial. I de referents literaris, et diria que no n&rsquo;hi ha tants com visuals i, potser, si n&rsquo;hi ha algun, serien molt m&eacute;s antics, com <em>El Quixot</em> o el <em>Manuscrit trobat a Saragossa</em>, de Jan Potocki...
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/76fb0e4f-aed0-42cb-8943-10bf1abb1e05_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Hi diu, a l&rsquo;ep&iacute;leg del llibre: &ldquo;Aquesta &eacute;s, aproximadament, la hist&ograve;ria de Kaspar Schwarz: un clarobscur precipitat de mil finals&rdquo;, i &eacute;s que, una novel.la, s&rsquo;acaba mai d&rsquo;escriure?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Jo crec que hi ha novel.les que s&iacute; i altres que no. Aquesta no t&eacute; final, per&ograve; algunes s&rsquo;acaben d&rsquo;escriure, novel.les que potser s&oacute;n m&eacute;s tancades, que tenen sentit per l&rsquo;arc dram&agrave;tic m&eacute;s can&ograve;nic de plantejament, nus i desenlla&ccedil;. I n&rsquo;hi ha d&rsquo;altres que funcionen a partir del moment en qu&egrave; acaben, i busquen, en el punt final, seguir generant contingut mental, imaginatiu, en cada lector. De fet, el comentari d&rsquo;un dels primers lectors de confian&ccedil;a d&rsquo;aquest llibre va ser: &ldquo;has de fer una s&egrave;rie de Kaspar Schwarz en la hist&ograve;ria!&rdquo;. I vull pensar que en Kaspar tant podria acabar a la Revoluci&oacute; Francesa, fent rodar caps al costat de Robespierre com, d&rsquo;aqu&iacute; cinc-cents anys, vivint a Saturn... Jo volia que fos un personatge prou poli&egrave;dric per transformar-se en d&rsquo;altres mil, i arribar a un final prou obert per ser l&rsquo;inici de moltes coses.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/carles-pradas-la-setena-vida-de-kaspar-schwarz-llibres-males-herbes_132_4504842.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Nov 2014 15:57:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0ab0942d-6e4f-4b72-87ad-9f540312a626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243287" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0ab0942d-6e4f-4b72-87ad-9f540312a626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243287" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Carles Pradas: “Un cop el personatge transcendeix el seu context, les paraules, es pot situar allà on es vulgui”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0ab0942d-6e4f-4b72-87ad-9f540312a626_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Mare nit’ i la banalitat del mal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/mare-nit-banalitat-mal_132_4611316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">L’editorial Males Herbes reincideix en Vonnegut i ens regala ara ‘Mare nit’, una novel.la imprescindible traduïda al català per Martí Sales</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Som el que fem veure que som, aix&iacute; que val m&eacute;s que anem amb compte amb el que fem veure que som&rdquo;, diu Kurt Vonnegut, en la introducci&oacute; de 1966 a la seva tercera novel&middot;la (<em>Mother Night</em>, Fawcett Publications, 1961; <em>Mare nit, </em>Males Herbes, 2014), que aquesta &eacute;s una de les lli&ccedil;ons que es poden aprendre de les confessions d&rsquo;un espia. La moral de la hist&ograve;ria en un temps que es despenya, en punt mort, cap a la fi de la moral i de la hist&ograve;ria. O l&rsquo;esmolada advert&egrave;ncia d&rsquo;alg&uacute; que ens avisa de l&rsquo;abisme: si cap tribunal al m&oacute;n ens arribar&agrave; mai a absoldre dels crims contra un mateix, no es pot viure, riure ni dormir com un soc mentre fingim que no sabem el que ens fem, neguem cada paraula que exclamem o fem veure que som qui no volem ser.
    </p><p class="article-text">
        Howard W. Campbell, Jr., el protagonista d&rsquo;aquesta novel&middot;la, fou un artista, un espia nord-americ&agrave; i un popular locutor de r&agrave;dio al servei de la propaganda nazi durant la Segona Guerra Mundial. I va excel&middot;lir igualment en la interpretaci&oacute; de cadascun d&rsquo;aquests papers aparentment enfrontats, com un antiheroi impecable, fidel al gui&oacute; de la seva trag&egrave;dia personal i afligit del mal del seu temps. Va ser tan bon dramaturg que la seva obra, rom&agrave;ntica i ensucrada, sobreviuria molts anys &ndash;firmada amb un altre nom i escrita en una altra llengua&ndash; al jove idealista que Campbell no tornaria a ser mai m&eacute;s. I faria tan b&eacute; d&rsquo;espia que els missatges encriptats que intercalava en les seves emissions radiof&ograve;niques, el contingut dels quals ell mateix desconeixia, servirien enormement la causa aliada al llarg de la Segona Gran Guerra, mentre els seus discursos a favor de la ideologia nacionalsocialista inflamaven l&rsquo;&agrave;nim i anestesiaven la consci&egrave;ncia d&rsquo;una societat malalta, i de futures generacions de neonazis. Per&ograve; ara &ndash;l&rsquo;any 1961&ndash;, entre les reixes d&rsquo;una pres&oacute; &ldquo;nova i bonica de la vella Jerusalem&rdquo;, a l&rsquo;espera de ser jutjat per crims contra la humanitat, Howard W. Campbell, Jr. ens confessa que, en realitat, tot el que ell havia volgut era viure tranquil al costat de la seva estimada Helga, i que la guerra o la fi dels seus dies l&rsquo;enxampessin a casa &ldquo;fent la seva feina pac&iacute;fica&rdquo;. I a fe de m&oacute;n que podem creure&rsquo;l.
    </p><p class="article-text">
        <em>Mare nit</em> &eacute;s, tal vegada, la novel&middot;la m&eacute;s desencantada de Kurt Vonnegut, i una novel&middot;la que, per falta de fantasia, descansaria inc&ograve;moda en el calaix de sastre de la ci&egrave;ncia-ficci&oacute; on s&rsquo;ha volgut guardar l&rsquo;obra del mestre. Impregnada d&rsquo;un humor que no fa riure, dolorosa i punyent sense arribar, potser, a les ll&agrave;grimes, bascula entre la hist&ograve;ria i la ficci&oacute; per ordir una descarnada reflexi&oacute; sobre els replecs de la identitat, l&rsquo;engranatge pervers de la ment totalit&agrave;ria i sobre l&rsquo;origen i la naturalesa del mal. Des del protagonista a la corrua de personatges estramb&ograve;tics que es passegen per les p&agrave;gines del llibre, aqu&iacute; tothom &eacute;s una mena d&rsquo;agent doble, amb una personalitat m&uacute;ltiple i una identitat fonedissa, i tots ells pateixen una esp&egrave;cie d&rsquo;esquizofr&egrave;nia moral que els esberla la consci&egrave;ncia i els eximeix de qualsevol responsabilitat sobre els propis actes. Fins al punt que ning&uacute; no pot reconeixe&rsquo;s al mirall, o als ulls dels altres, ni creure en la veritat de la paraula, dels sentiments o de les ll&agrave;grimes. I aix&iacute;, alg&uacute; &ldquo;va plorar d&rsquo;alegria. D&rsquo;alegria veritable? Qui ho sap. L&rsquo;&uacute;nic que puc confirmar &eacute;s que les ll&agrave;grimes eren humides i salades&rdquo; (p. 160).
    </p><p class="article-text">
        Kurt Vonnegut, Jr. va n&eacute;ixer a Indianapolis el novembre de 1922 i, als vint anys, va enrolar-se a l&rsquo;ex&egrave;rcit nord-americ&agrave; i va ser enviat a Europa per lluitar amb els aliats a la Segona Guerra Mundial. Capturat com a presoner de guerra, va ser destinat a Dresden, on va viure la destrucci&oacute; de la ciutat i l&rsquo;infern causat per les bombes del seu propi ex&egrave;rcit. Va sobreviure de miracle, refugiat en un antic escorxador a gaireb&eacute; vint metres sota terra i, durant les setmanes seg&uuml;ents, la seva feina seria treure d&rsquo;entre les runes muntanyes de cad&agrave;vers que haurien de ser cremats. Aquesta experi&egrave;ncia atro&ccedil; va ser recollida, anys despr&eacute;s, en una de les seves novel&middot;les m&eacute;s conegudes, <em>Escorxador-5</em> (1969), i marcaria inevitablement una manera desencantada, perplexa i, tanmateix, incondicionalment curiosa de veure el m&oacute;n. Aix&iacute;, a <em>Mare nit</em> es fan presents l&rsquo;absurd, els esquin&ccedil;os i els estralls causats per l&rsquo;obedi&egrave;ncia, des d&rsquo;una fe cega, dels dictats de qualsevol tipus d&rsquo;absolutisme, a la vegada que s&rsquo;intenta identificar &ndash;i ridiculitzar&ndash; els mecanismes que fan funcionar la m&agrave;quina implacable de la ment totalit&agrave;ria, &ldquo;una ment que es pot comparar a un sistema d&rsquo;engranatges amb algunes dents tallades a l&rsquo;atzar. Una m&agrave;quina de pensar aix&iacute; de desdentada i condu&iuml;da per una libido est&agrave;ndard o subest&agrave;ndard, que gira amb l&rsquo;absurditat espasm&ograve;dica, nerviosa i sorollosa d&rsquo;un rellotge de cucut infernal. (...) Les dents que falten, evidentment, s&oacute;n veritats senzilles i &ograve;bvies, veritats que la majoria de les vegades estan a l&rsquo;abast i s&oacute;n comprensibles fins i tot per a nanos de deu anys&rdquo; (pp. 204-205).
    </p><p class="article-text">
        I &eacute;s que, en definitiva, &ldquo;l&rsquo;obstinaci&oacute; per tirar endavant sense certs bocins obvis d&rsquo;informaci&oacute;&rdquo;, obeint a ulls clucs, ens porta, sense remei, a una confusi&oacute; end&egrave;mica, acr&iacute;tica i amoral, com un estat mental col&middot;lectiu que permet &ndash;i avala&ndash; l&rsquo;odi, el silenci, la desconfian&ccedil;a i fins i tot l&rsquo;horror. No perqu&egrave; s&iacute;, en aquesta novel&middot;la, la hist&ograve;ria i la ficci&oacute; es donen la m&agrave; precisament en una pres&oacute; de Tel Aviv, en la breu trobada que mantenen en Campbell i Adolf Eichmann, &ldquo;l&rsquo;arquitecte d&rsquo;Auschwitz, l&rsquo;introductor de les cintes transportadores als crematoris, el comprador m&eacute;s gran del m&oacute;n del gas Zyklon-B&rdquo;, i tamb&eacute; i tan sols un bur&ograve;crata gris, un home decididament obt&uacute;s i mediocre i una pe&ccedil;a min&uacute;scula d&rsquo;un infal&middot;lible engranatge criminal, incapa&ccedil; de q&uuml;estionar, d&rsquo;assumir c&agrave;rrecs de consci&egrave;ncia o de deixar de complir ordres. Hannah Arendt, a <em>Eichmann a Jerusalem</em> va anomenar aquesta paradoxa espantosa &ldquo;la banalitat del mal&rdquo;. I Kurt Vonnegut Jr., amb <em>Mare nit</em>, ens obliga a preguntar-nos, una vegada i una altra, si la maldat &eacute;s nom&eacute;s cosa dels monstres.
    </p><p class="article-text">
        Aix&iacute;, en gaireb&eacute; l&rsquo;&uacute;nic moment en qu&egrave; en Howard perd els estreps i &eacute;s presa de la ira, apallissa un exsoldat que volia matar-lo i exclama:
    </p><p class="article-text">
        <em>        &mdash;No s&oacute;c ni el teu dest&iacute; ni el teu dimoni! &mdash;vaig dir&mdash;. Mira&rsquo;t b&eacute;! Has vingut a matar el dimoni amb les mans nues i ara te&rsquo;n vas amb la mateixa gl&ograve;ria que un home expulsat d&rsquo;un autob&uacute;s de l&iacute;nia en marxa! Aquesta &eacute;s tota la gl&ograve;ria que et mereixes! Aix&ograve; &eacute;s tot el que es mereix alg&uacute; que combat el mal absolut. Hi ha una pila de raons per lluitar, per&ograve; no n&rsquo;hi ha cap de bona per odiar sense l&iacute;mits, per pensar que el mateix D&eacute;u Totpoder&oacute;s odia amb tu tamb&eacute;. On &eacute;s el mal? &Eacute;s aquesta gran part de cada persona que vol odiar sense l&iacute;mits, que vol odiar amb D&eacute;u al seu costat. &Eacute;s aquesta part de cada persona que troba tan atractives totes les menes d&rsquo;atrocitats. &Eacute;s la part de l&rsquo;imb&egrave;cil que castiga i envileix i fa la guerra de grat.(p. 228)</em>
    </p><p class="article-text">
        Des de la por, la desesperaci&oacute; i el desconcert, es respira, al llarg del llibre, l&rsquo;aire estant&iacute;s del Berl&iacute;n dels anys 30 i 40, o de les golfes ratera al Greenwich Village de Nova York on Howard W. Campbell s&rsquo;amagar&agrave; durant quinze anys, o de la cel&middot;la de la pres&oacute; de la vella Jerusalem on ara espera. El c&agrave;stig, el perd&oacute;, o la fosa en negre de la manca de respostes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>Tiger got to hunt, bird got to fly;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Man got to sit and wonder &lsquo;why, why, why?&rsquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tiger got to sleep, bird got to land;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Man got to tell himself he understand.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Kurt Vonnegut, Jr.</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/mare-nit-banalitat-mal_132_4611316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Oct 2014 06:20:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[‘Mare nit’ i la banalitat del mal]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Mare nit’ y la banalidad del mal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/mare-nit-banalidad-mal_132_4611301.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La editorial Males Herbes reincide en Vonnegut y nos regala ahora 'Mare nit' (‘Madre noche’), una novela imprescindible traducida al catalán por Martí Sales</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8a3640a9-7977-4595-8258-e33cbdcdafd1_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Somos lo que fingimos ser, as&iacute; que debemos tener cuidado con lo que fingimos ser&rdquo;, dice Kurt Vonnegut, en la introducci&oacute;n de 1966 a su tercera novela (<em>Mother Night</em>, Fawcett Publications, 1961; <em>Mare nit</em>, Males Herbes, 2014), que esta es una de las lecciones que se pueden aprender de las confesiones de un esp&iacute;a. La moral de la historia en un tiempo que se despe&ntilde;a, en punto muerto, hacia el fin de la moral y de la historia. O la afilada advertencia de alguien que nos avisa del abismo: si no existe ning&uacute;n tribunal en el mundo que pueda llegar a absolvernos de los cr&iacute;menes contra uno mismo, no hay forma de vivir, re&iacute;r ni dormir como un tronco mientras fingimos que no sabemos lo que hacemos, negamos cada palabra que exclamamos o simulamos que somos quien no queremos ser.
    </p><p class="article-text">
        Howard W. Campbell, Jr., el protagonista de esta novela, fue un artista, un esp&iacute;a estadounidense y un popular locutor de radio al servicio de la propaganda nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Y sobresali&oacute; por igual en la interpretaci&oacute;n de cada uno de estos papeles aparentemente encontrados, como un antih&eacute;roe impecable, fiel al gui&oacute;n de su tragedia personal y aquejado del mal de su tiempo. Fue tan buen dramaturgo que su obra, rom&aacute;ntica y edulcorada, sobrevivir&iacute;a muchos a&ntilde;os &ndash;firmada con otro nombre y escrita en otra lengua&ndash; al joven idealista que Campbell ya no volver&iacute;a a ser. Y har&iacute;a tan bien de esp&iacute;a que los mensajes encriptados que intercalaba en sus emisiones radiof&oacute;nicas, cuyo contenido &eacute;l mismo desconoc&iacute;a, servir&iacute;an enormemente a la causa aliada durante la Segunda Gran Guerra, mientras sus discursos a favor de la ideolog&iacute;a nacionalsocialista inflamaban el &aacute;nimo y anestesiaban la conciencia de una sociedad enferma, y de futuras generaciones de neonazis. Pero ahora &ndash;en el a&ntilde;o 1961&ndash;, entre las rejas de una prisi&oacute;n &ldquo;nueva y bonita de la vieja Jerusal&eacute;n&rdquo;, a la espera de ser juzgado por cr&iacute;menes contra la humanidad, Howard W. Campbell, Jr. nos confiesa que, en realidad, todo lo que &eacute;l hab&iacute;a querido era vivir tranquilo junto a su amada Helga, y que la guerra o el fin de sus d&iacute;as le sorprendieran en casa &ldquo;haciendo su trabajo pac&iacute;fico&rdquo;. Y a fe que podemos creerle.
    </p><p class="article-text">
        <em>Mare nit</em> es, tal vez, la novela m&aacute;s desencantada de Kurt Vonnegut, y una novela que, por falta de fantas&iacute;a, descansar&iacute;a inc&oacute;moda en el caj&oacute;n de sastre de la ciencia ficci&oacute;n donde se ha querido guardar la obra del maestro. Impregnada de un humor que no hace re&iacute;r, dolorosa y desgarradora sin llegar, quiz&aacute;, a las l&aacute;grimas, bascula entre la historia y la ficci&oacute;n para urdir una descarnada reflexi&oacute;n sobre los repliegues de la identidad, el engranaje perverso de la mente totalitaria y sobre el origen y la naturaleza del mal. Desde el protagonista a la galer&iacute;a de personajes estramb&oacute;ticos que se pasean por las p&aacute;ginas del libro, aqu&iacute; todos son una suerte de agentes dobles, con una personalidad m&uacute;ltiple y una identidad escurridiza, y todos ellos sufren una especie de esquizofrenia moral que les parte la conciencia y les exime de cualquier responsabilidad sobre los propios actos. Hasta el punto de que nadie puede reconocerse ante el espejo, o en los ojos de los dem&aacute;s, ni creer en la verdad de la palabra, de los sentimientos o de las l&aacute;grimas. Y as&iacute;, alguien &ldquo;llor&oacute; de alegr&iacute;a. &iquest;De alegr&iacute;a verdadera? Qui&eacute;n sabe. Lo &uacute;nico que puedo confirmar es que las l&aacute;grimas eran h&uacute;medas y saladas&rdquo; (p. 160).
    </p><p class="article-text">
        Kurt Vonnegut, Jr. naci&oacute; en Indian&aacute;polis en noviembre de 1922 y, a los veinte a&ntilde;os, se alist&oacute; en el ej&eacute;rcito estadounidense y fue enviado a Europa para luchar con los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Capturado como prisionero de guerra, fue destinado a Dresde, donde vivi&oacute; la destrucci&oacute;n de la ciudad y el infierno causado por las bombas de su propio ej&eacute;rcito. Sobrevivi&oacute; de milagro, refugiado en un antiguo matadero a casi veinte metros bajo tierra y, durante las semanas siguientes, su trabajo ser&iacute;a sacar de entre los escombros monta&ntilde;as de cad&aacute;veres que habr&iacute;an de ser quemados. Esta experiencia atroz fue recogida, a&ntilde;os despu&eacute;s, en una de sus novelas m&aacute;s conocidas, <em>Matadero-5 </em>(1969), y marcar&iacute;a inevitablemente una forma desencantada, perpleja y, sin embargo, incondicionalmente curiosa de ver el mundo. As&iacute;, en <em>Mare nit</em> se hacen presentes el absurdo, los esguinces y los estragos causados por la obediencia, desde una fe ciega, a los dictados de cualquier tipo de absolutismo, a la vez que se intenta identificar &ndash;y ridiculizar&ndash; los mecanismos que hacen funcionar la m&aacute;quina implacable de la mente totalitaria, &ldquo;una mente que se puede comparar a un sistema de engranajes con algunos dientes cortados al azar. Una m&aacute;quina de pensar as&iacute; de desdentada y conducida por una libido est&aacute;ndar o subest&aacute;ndar, que gira con la absurdidad espasm&oacute;dica, nerviosa y ruidosa de un reloj de cuco infernal. (...) Los dientes que faltan, evidentemente, son verdades sencillas y obvias, verdades que la mayor&iacute;a de las veces est&aacute;n al alcance y son comprensibles incluso para chicos de diez a&ntilde;os&rdquo; (pp. 204-205).
    </p><p class="article-text">
        Y es que, en definitiva, &ldquo;el af&aacute;n por salir adelante sin ciertos pedazos obvios de informaci&oacute;n&rdquo;, obedeciendo a ciegas, nos lleva, sin remedio, a una confusi&oacute;n end&eacute;mica, acr&iacute;tica y amoral, como un estado mental colectivo que permite &ndash;y avala&ndash; el odio, el silencio, la desconfianza e incluso el horror. No por acaso, en esta novela, la historia y la ficci&oacute;n se dan la mano precisamente en una c&aacute;rcel de Tel Aviv, en el breve encuentro que mantienen Campbell y Adolf Eichmann, &ldquo;el arquitecto de Auschwitz, el introductor de las cintas transportadoras a los crematorios, el comprador m&aacute;s grande del mundo del gas Zyklon-B&rdquo;, y tambi&eacute;n y tan s&oacute;lo un bur&oacute;crata gris, un hombre decididamente obtuso y mediocre y una pieza min&uacute;scula de un infalible engranaje criminal, incapaz de cuestionar, de asumir cargos de conciencia o de dejar de cumplir &oacute;rdenes. Hannah Arendt, en <em>Eichmann en Jerusal&eacute;n</em> llamar&iacute;a a esa espantosa paradoja &laquo;la banalidad del mal&raquo;. Y Kurt Vonnegut Jr., con <em>Mare nit</em>, nos obliga a preguntarnos, una y otra vez, si la maldad es patrimonio exclusivo de los monstruos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en casi el &uacute;nico momento en que Howard pierde los estribos y es llevado por un arranque de ira, da una paliza a un ex soldado que quer&iacute;a matarlo y exclama:
    </p><p class="article-text">
        <em>  &iexcl;No soy ni tu destino ni tu demonio! &ndash;dije&ndash;. &iexcl;M&iacute;rate bien! &iexcl;Has venido a matar al demonio con las manos desnudas y ahora te vas con la misma gloria que un hombre expulsado de un autob&uacute;s de l&iacute;nea en marcha! &iexcl;Esta es toda la gloria que te mereces! Eso es todo lo que se merece alguien que combate el mal absoluto. Hay un mont&oacute;n de razones para luchar, pero no hay ninguna buena raz&oacute;n para odiar sin l&iacute;mites, para pensar que el mismo Dios Todopoderoso odia contigo tambi&eacute;n. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el mal? Es esa gran parte de cada persona que quiere odiar sin l&iacute;mites, que quiere odiar con Dios a su lado. Es esa parte de cada persona que encuentra tan atractivas todo tipo de atrocidades. Es la parte del   imb&eacute;cil   que castiga y envilece y hace la guerra con gusto. (p. 228)</em>
    </p><p class="article-text">
        Desde el miedo, la desesperaci&oacute;n y el desconcierto se respira, a lo largo del libro, el aire viciado del Berl&iacute;n de los a&ntilde;os 30 y 40, o de la buhardilla-ratonera en el Greenwich Village de Nueva York donde Howard W. Campbell se esconder&aacute; durante quince a&ntilde;os, o de la celda de la prisi&oacute;n de la vieja Jerusal&eacute;n donde ahora espera. El castigo, el perd&oacute;n, o el fundido en negro de la falta de respuestas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0cf796e4-b8d7-47c9-8a91-6fb5bf35ce4f_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>Tiger got to hunt, bird got to fly;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Man got to sit and wonder &lsquo;why, why, why?&rsquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tiger got to sleep, bird got to land;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Man got to tell himself he understand.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Kurt Vonnegut, Jr.</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/mare-nit-banalidad-mal_132_4611301.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Oct 2014 06:05:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[‘Mare nit’ y la banalidad del mal]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["La novela tiene una competencia durísima hoy en día, pero por eso mismo sigue siendo vital"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/novela-competencia-durisima-mismo-vital_132_4751177.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22e5fe86-7a31-4a42-9e1f-de00d4cee4e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;La novela tiene una competencia durísima hoy en día, pero por eso mismo sigue siendo vital&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a Daniel Galera (São Paulo, 1979) a propósito de la novela ‘Barba xopa de sang’, que llegó a las librerías de este lado del mar en la traducción al catalán de Josep Domènech i Ponsatí y publicada por l’Altra editorial (marzo 2014)</p></div><p class="article-text">
        &lsquo;Barba xopa de sang&rsquo; (&ldquo;Barba empapada de sangre&rdquo;) teje, con manos atentas y expertas, el itinerario geogr&aacute;fico de una &iacute;ntima b&uacute;squeda &ndash;sorprendente a cada paso, siempre cerca del mar&ndash;, a la vez fascinante y terrible: la b&uacute;squeda de la propia identidad a trav&eacute;s de lo que cada rostro revela y oculta, resiguiendo los silencios de una historia familiar que se ha convertido leyenda, o sue&ntilde;o. Para seguir adelante, saludar el presente o hacer las paces. Pero, para reconocernos ante el espejo o en la mirada de los dem&aacute;s como quien halla su lugar en el mundo, primero habr&aacute; que perder el miedo y bajar, en punto muerto y sin linterna, al &ldquo;coraz&oacute;n de las tinieblas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong> &ldquo;Nadie puede elegir nada y, a&uacute;n as&iacute;, la responsabilidad es nuestra&rdquo;, se afirma, hacia el final del libro, despu&eacute;s de una larga ruta solitaria. &iquest;Este ser&iacute;a el motor, o el sentido &ndash;parad&oacute;jico, ambiguo&ndash; del viaje que se narra en la novela? </strong>
    </p><p class="article-text">
        La tensi&oacute;n entre libre albedr&iacute;o y determinismo, y las consecuencias de estas dos maneras de ver el mundo en la responsabilidad que tenemos sobre nuestros actos es el tel&oacute;n de fondo del libro. Sin embargo, no he tratado de ofrecer ninguna respuesta definitiva a estas cuestiones. Me gusta la idea de que todo lo que ocurre no es m&aacute;s que el resultado de lo que acaba de suceder, que las decisiones que tomamos son ilusorias aunque en nuestra experiencia la sensaci&oacute;n de decidir sea muy fuerte, casi inevitable. Y a esto se suma la herencia de nuestros actos y de los actos de nuestros antepasados, y la circularidad de la naturaleza y de los mitos. Incluso ocup&aacute;ndonos solo de nuestras vidas en un mundo individualista, somos parte de estos procesos, aunque pueda resultar dif&iacute;cil percibirlo y entenderlo. La perspectiva que ofrece una novela puede hacer que todo esto sea m&aacute;s claro, al menos de una manera sugerente o po&eacute;tica.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&lsquo;Barba xopa de sang&rsquo; (Barba empapada de sangre) es un t&iacute;tulo que impresiona, de entrada, la imaginaci&oacute;n del lector desprevenido, con una gran fuerza visual, impactante, como m&iacute;nimo. &iquest;Se trata de una idea previa a la construcci&oacute;n del relato o el t&iacute;tulo surgi&oacute; de la ficci&oacute;n, despu&eacute;s de contar la historia? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Por primera vez en mi vida, el t&iacute;tulo vino antes de la escritura del libro. La expresi&oacute;n se me ocurri&oacute; poco despu&eacute;s de mudarme a Garopaba, cuando apenas empezaba a imaginar la historia que escribir&iacute;a. Luego, la escena que justifica el t&iacute;tulo vino despu&eacute;s, y este sirvi&oacute; de inspiraci&oacute;n para ciertos episodios de la novela. Lo que me atrajo del t&iacute;tulo desde un principio fue la violencia casi caricaturesca de esa barba ensangrentada, el tono de &ldquo;pulp fiction&rdquo;, una imagen que liga con un h&eacute;roe de c&oacute;mic o de pel&iacute;culas de acci&oacute;n, algo que, al fin y al cabo, contrasta con el despliegue vagaroso y existencialista de la narraci&oacute;n. No creo que un t&iacute;tulo tenga que explicar o proporcionar una clave de lectura de un libro. Su papel es despertar la curiosidad del lector.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>En el libro se hace un uso original y h&aacute;bil de diversos modos discursivos combinados en una arquitectura a la vez compleja y arm&oacute;nica. (Una justa proporci&oacute;n de fragmentos narrativos, descripciones exhaustivas y di&aacute;logos vivos y veros&iacute;miles integrados en el cuerpo del texto... incluso extensas notas al pie con una funci&oacute;n narrativa: &ldquo;flashbacks&rdquo;, mensajes telef&oacute;nicos, etc.). &iquest;Eso responde a una voluntad experimental, de jugar con la infinidad de t&eacute;cnicas y posibilidades expresivas que brinda el g&eacute;nero novel&iacute;stico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En ning&uacute;n momento tuve ambiciones experimentales con este libro, pero me permit&iacute; una libertad total a la hora de tomar decisiones que modelar&iacute;an la narraci&oacute;n. El cuerpo principal de la novela sigue reglas fijas, es incluso conservador en su concepci&oacute;n: un narrador en tercera persona que casi siempre se limita a la perspectiva del protagonista, tiempo presente, descripciones detalladas. Por eso mismo las excepciones a la norma acaban llamando m&aacute;s la atenci&oacute;n y, espero, acaban teniendo un efecto positivo: las notas al pie con mensajes y &ldquo;flashbacks&rdquo;, los ocasionales vuelos omniscientes de la narraci&oacute;n, etc&eacute;tera. Mi intenci&oacute;n era construir un ambiente inmersivo y generar una sensaci&oacute;n de vida en tiempo real, y crear una cierta atm&oacute;sfera de suspense que nunca se resuelve completamente. Tambi&eacute;n quer&iacute;a proyectar las minucias de la vida prosaica del personaje dentro del panorama m&aacute;s amplio de los conflictos familiares, generaciones pasadas y futuras, ciclos naturales y mitos recurrentes que lo envuelve.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El personaje de Beta, la perra del padre, que est&aacute; al lado del protagonista a lo largo de toda la novela, &iquest;tiene un precedente ilustre en la Baleia de &lsquo;Vidas secas&rsquo;, de Graciliano Ramos? Una criatura de acci&oacute;n y sin habla, una presencia constante que acompa&ntilde;a, articula y a veces incluso desencadena el desarrollo de la trama... &iquest;C&oacute;mo valoras su papel en el relato?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Adoro &lsquo;Vidas secas&rsquo;, y a Baleia, pero Beta es una perra muy diferente. En el libro de Graciliano Ramos, conocemos la perspectiva del animal, el mundo desde sus ojos, su sensibilidad, sus necesidades, sus sue&ntilde;os poblados de conejillos de indias. Beta, en cambio, est&aacute; siempre en la distancia, solo conocemos su apariencia y sus acciones. Nunca deja de ser un perro visto desde la mirada humana, no entramos como por arte de magia en su experiencia interior, como ocurre con Baleia. Esta es una diferencia relevante. Pero es verdad que Beta tiene una importancia enorme en el relato, que fue cobrando a medida que escrib&iacute;a. Para el protagonista, ella representa al padre muerto, y su afecci&oacute;n al animal crea una situaci&oacute;n en la que &eacute;l no puede tolerar la idea de que la perra tambi&eacute;n muera, sabemos que har&aacute; cualquier cosa para mantenerla con vida y cerca de &eacute;l. Eso hizo posible una serie de situaciones narrativas interesantes que trat&eacute; de explorar, como las escenas del atropellamiento de la perra o de su rescate de las garras de los nativos. El animal cumple una funci&oacute;n en la construcci&oacute;n del mito de su nuevo due&ntilde;o, lo cual es, en cierto modo, un nexo con su padre. Todo est&aacute; conectado, y la perra es un eslab&oacute;n m&aacute;s en la cadena.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Las descripciones minuciosas, a veces po&eacute;ticas y siempre potentes, parece que escapan a la pura digresi&oacute;n o a la &uacute;nica intenci&oacute;n de recrear ambientes para reivindicar una funci&oacute;n en el engranaje de la ficci&oacute;n (de tan precisas, casi se puede sentir el murmullo del mar, el ronquido del trueno o percibir el cambio de estaci&oacute;n en la temperatura del agua). &iquest;Es la naturaleza un personaje m&aacute;s del libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La naturaleza es el escenario de la novela, y el escenario tambi&eacute;n es personaje. Esa fue siempre mi forma de verlo. Buenas descripciones de la naturaleza pueden ser sublimes, y pueden ayudar al lector a ver a los personajes como peque&ntilde;as piezas de algo mucho mayor que los trasciende. Hay quien es casi ciego al mundo natural, pero mi personaje es del tipo contrario, su inter&eacute;s por la naturaleza es m&aacute;s fuerte que hacia las personas. Su pensamiento, su trabajo, sus aficiones, su soledad, todas las dimensiones de su vida est&aacute;n ligadas a la naturaleza, sobre todo al mar. En una ciudad costera como Garopaba, que vive principalmente de la pesca y del turismo, el mar cobra una importancia vital, es una presencia constante en la vida de todos sus habitantes. Por todo ello, no escatim&eacute; nada en la descripci&oacute;n de la naturaleza y del paisaje. Alrededor de la historia y de sus personajes hay siempre ese mundo natural que los trasciende, y que permanece indiferente a lo que les pasa y a su rebeld&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Hasta hoy, has explorado diversos g&eacute;neros narrativos (novela, relatos, novela gr&aacute;fica), &iquest;qu&eacute; actitud implica cada uno? &iquest;Cu&aacute;les son, para ti, las posibilidades y las exigencias de cada g&eacute;nero?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No me veo como un autor que explora muchos g&eacute;neros. Escrib&iacute; cuentos al principio de mi carrera, despu&eacute;s solo novelas. La novela gr&aacute;fica (&lsquo;Cachalote&rsquo;, Quadrinhos Na Cia&ndash;Companhia das letras, 2010) es un caso especial, fruto de una colaboraci&oacute;n creativa con el ilustrador Rafael Coutinho. Trabaj&eacute; en ella casi como si escribiera una novela a cuatro manos con Rafael, aprendiendo poco a poco las peculiaridades del lenguaje del c&oacute;mic. Pero me considero solo un escritor de ficci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tu obra ha comenzado a ser traducida a otras lenguas y, al mismo tiempo, tambi&eacute;n te dedicas a la traducci&oacute;n literaria. Desde esa doble perspectiva de escritor-traductor, &iquest;qu&eacute; dir&iacute;as que se gana y se pierde por los caminos de la traducci&oacute;n? &iquest;Cu&aacute;les son los retos, las promesas y los compromisos de la traducci&oacute;n literaria? Y tambi&eacute;n, &iquest;hay que ser escritor para traducir literatura, poeta para traducir poes&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Traducir es reescribir, y reescribir es escribir, por lo tanto, el traductor es una especie de escritor tambi&eacute;n, con la diferencia importante que se limita al lenguaje y al estilo, sin la libertad de interferir en la historia que ya ha sido escrita. Para alcanzar el m&aacute;ximo de fidelidad posible al original, el traductor tiene que inventar, encontrar soluciones creativas. Por eso cada traductor tiene un estilo, y es tan importante de cara al resultado final como la exactitud literal de los t&eacute;rminos y las oraciones traducidos. Algo del original siempre se pierde en la traducci&oacute;n. El valor de lo que se gana es lo que separa las buenas traducciones de las que no lo son.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y, por &uacute;ltimo, &iquest;crees que hoy en d&iacute;a, en la era de las misivas instant&aacute;neas, de las respuestas inmediatas, de las m&uacute;ltiples ventanas abiertas en el aqu&iacute; y ahora, hay lugar todav&iacute;a para zambullirse en el tiempo largo, concentrado, de la narrativa extensa? &iquest;Tiene buena salud, para ti, la novela? </strong>
    </p><p class="article-text">
        La novela tiene una competencia dur&iacute;sima, pero por eso mismo sigue siendo vital. Su permanencia en la literatura y en las listas de los libros m&aacute;s vendidos revela que no estamos dispuestos a renunciar completamente a las narraciones de fondo, que exigen una inmersi&oacute;n exclusiva y prolongada. En cierta medida, las necesitamos en medio del flujo veloz y fragmentado de la vida contempor&aacute;nea, como pilares a los que aferrarse en medio del ruido del exceso de informaci&oacute;n o como ant&iacute;dotos para una experiencia humana cada vez m&aacute;s acuciante, cuantificada y aplastada por las nuevas tecnolog&iacute;as. Quiz&aacute; esto ocurra porque la conciencia humana no es otra cosa que una narraci&oacute;n compleja y de fondo, una especie de novela. El pasado y el futuro, la evocaci&oacute;n de la memoria y la identidad funcionan de manera parecida a una novela. Y al fin y al cabo, eso es lo que buscamos en los buenos relatos: el contacto con una visi&oacute;n del mundo que no es la nuestra, que puede chocar o coincidir con la nuestra, pero que de una manera u otra la enriquecer&aacute; o la iluminar&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/novela-competencia-durisima-mismo-vital_132_4751177.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jul 2014 11:36:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/22e5fe86-7a31-4a42-9e1f-de00d4cee4e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242754" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/22e5fe86-7a31-4a42-9e1f-de00d4cee4e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242754" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["La novela tiene una competencia durísima hoy en día, pero por eso mismo sigue siendo vital"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/22e5fe86-7a31-4a42-9e1f-de00d4cee4e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“La novel.la té una competència duríssima avui dia, però per això mateix continua sent vital”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/novella-competencia-durissima-mateix-continua_132_4751227.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22e5fe86-7a31-4a42-9e1f-de00d4cee4e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“La novel.la té una competència duríssima avui dia, però per això mateix continua sent vital”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a Daniel Galera (São Paulo, 1979) a propòsit de la novel.la ‘Barba xopa de sang’, que ha arribat a les llibreries d’aquesta banda de mar en la traducció de Josep Domènech i Ponsatí i publicada per l’Altra editorial (març 2014)</p></div><p class="article-text">
        <em>Barba xopa de sang</em> fila, amb mans atentes i expertes, l&rsquo;itinerari geogr&agrave;fic d&rsquo;una &iacute;ntima recerca &ndash;sorprenent a cada passa, sempre a prop del mar&ndash;, alhora fascinant i terrible: la recerca de la pr&ograve;pia identitat a trav&eacute;s del que cada rostre revela i amaga, resseguint els buits d&rsquo;una hist&ograve;ria familiar que ha esdevingut llegenda, o somni. Per anar endavant, saludar el present o fer les paus. Per&ograve;, per reconeixe&rsquo;ns al mirall o en la mirada dels altres com qui troba el seu lloc al m&oacute;n, primer caldr&agrave; perdre la por i baixar, en punt mort i sense llanterna, al &ldquo;cor de la tenebra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong> &ldquo;Ning&uacute; pot triar res i, tot i aix&iacute;, la responsabilitat &eacute;s nostra&rdquo;, s&rsquo;afirma, cap al final del llibre, despr&eacute;s d&rsquo;una llarga ruta solit&agrave;ria. Aquest seria el motor, o el sentit &ndash;paradoxal, ambigu&ndash; del viatge que es narra a la novel.la?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La tensi&oacute; entre lliure albir i determinisme, i les conseq&uuml;&egrave;ncies d&rsquo;aquestes dues visions del m&oacute;n en la responsabilitat que tenim sobre els nostres actes &eacute;s el tel&oacute; de fons del llibre. No obstant aix&ograve;, no he provat d&rsquo;oferir cap resposta definitiva a aquestes q&uuml;estions. M&rsquo;agrada la idea que tot el que passa no &eacute;s m&eacute;s que el resultat del que acaba de passar, que les decisions que prenem s&oacute;n il.lus&ograve;ries encara que en la nostra experi&egrave;ncia la sensaci&oacute; d&rsquo;estar decidint sigui molt forta, gaireb&eacute; inevitable. I a aix&ograve; se suma l&rsquo;her&egrave;ncia dels nostres actes i dels actes dels nostres avantpassats, i la circularitat de la naturalesa, i dels mites. Incl&uacute;s ocupant-nos nom&eacute;s de les nostres vides en un m&oacute;n individualista, som part d&rsquo;aquests processos, malgrat que pugui resultar dif&iacute;cil adonar-se&rsquo;n i entendre-ho. La perspectiva que ofereix una novel.la pot fer que tot aix&ograve; esdevingui m&eacute;s clar, com a m&iacute;nim d&rsquo;una manera suggeridora o po&egrave;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&lsquo;Barba xopa de sang&rsquo; &eacute;s un t&iacute;tol que impressiona, d&rsquo;entrada, la imaginaci&oacute; del lector desprevingut, amb una gran for&ccedil;a visual, impactant, com a m&iacute;nim. Es tracta d&rsquo;una idea pr&egrave;via a la construcci&oacute; del relat o el t&iacute;tol va sorgir de la ficci&oacute;, despr&eacute;s d&rsquo;explicar la hist&ograve;ria?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Per primera vegada a la meva vida, el t&iacute;tol va venir abans de l&rsquo;escriptura del llibre. L&rsquo;expressi&oacute; se&rsquo;m va oc&oacute;rrer poc despr&eacute;s de traslladar-me a Garopaba, quan tot just comen&ccedil;ava a imaginar la hist&ograve;ria que escriuria. Llavors, l&rsquo;escena que justifica el t&iacute;tol va venir despr&eacute;s, i aquest va servir d&rsquo;inspiraci&oacute; per a certs episodis de la novel.la. El que em va atraure del t&iacute;tol des d&rsquo;un principi va ser la viol&egrave;ncia gaireb&eacute; caricaturesca d&rsquo;aquesta barba ensangonada, el to de &ldquo;pulp fiction&rdquo;, una imatge que lliga amb un heroi de c&ograve;mic o de pel.l&iacute;cules d&rsquo;acci&oacute;, quelcom que, al cap i a la fi, contrasta amb el desplegament vagar&oacute;s i existencialista de la narraci&oacute;. No crec que un t&iacute;tol hagi d&rsquo;explicar o proporcionar una clau de lectura d&rsquo;un llibre. El seu paper &eacute;s despertar la curiositat del lector.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1fbb1021-0d47-4951-a974-0b8773b9c3dd_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Al llibre es fa un &uacute;s original i h&agrave;bil de diversos modes discursius combinats en una arquitectura alhora complexa i harm&ograve;nica. (Una justa proporci&oacute; de fragments narratius, descripcions exhaustives i di&agrave;legs vius i versemblants integrats en el cos del text... incl&uacute;s extenses notes al peu amb una funci&oacute; narrativa: &ldquo;flashbacks&rdquo;, missatges telef&ograve;nics, etc.). Aix&ograve; respon a una voluntat experimental, de jugar amb la infinitat de t&egrave;cniques i possibilitats expressives que brinda el g&egrave;nere novel.l&iacute;stic?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En cap moment vaig tenir ambicions experimentals amb aquest llibre, per&ograve; em vaig permetre una llibertat total a l&rsquo;hora de prendre decisions que modelarien la narraci&oacute;. El cos principal de la novel.la segueix regles fixes, &eacute;s fins i tot conservador en la seva concepci&oacute;: un narrador en tercera persona que gaireb&eacute; sempre es limita a la perspectiva del protagonista, temps present, descripcions detallades. Per aix&ograve; mateix les excepcions a la norma acaben cridant m&eacute;s l&rsquo;atenci&oacute; i, espero, acaben tenint un efecte positiu: les notes al peu amb missatges i &ldquo;flashbacks&rdquo;, els ocasionals vols omniscients de la narraci&oacute;, etc&egrave;tera. La meva intenci&oacute; era construir un ambient immersiu i generar una sensaci&oacute; de vida en temps real, i crear una certa atmosfera de suspens que mai s&rsquo;acaba de resoldre del tot. Tamb&eacute; volia projectar les min&uacute;cies de la vida prosaica del personatge dins del panorama m&eacute;s ampli de conflictes familiars, generacions passades i futures, cicles naturals i mites recurrents que l&rsquo;embolcalla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El personatge de la Beta, la gossa del pare, que est&agrave; al costat del protagonista al llarg de tota la novel.la, t&eacute; un precedent il.lustre en la Baleia de &lsquo;Vides seques&rsquo;, de Graciliano Ramos? Una criatura d&rsquo;acci&oacute; i sense parla, una pres&egrave;ncia constant que acompanya, articula i a vegades fins i tot desencadena el desenvolupament de la trama... Com valores el seu paper en el relat?</strong><em> </em>
    </p><p class="article-text">
        Adoro <em>Vides seques</em>, i la Baleia, per&ograve; la Beta &eacute;s una gossa for&ccedil;a diferent. Al llibre de Graciliano Ramos, coneixem la perspectiva de l&rsquo;animal, el m&oacute;n des dels seus ulls, la seva sensibilitat, les seves necessitats, els seus somnis poblats de conillets d&rsquo;&iacute;ndies. La Beta, en canvi, est&agrave; sempre en la dist&agrave;ncia, nom&eacute;s en coneixem l&rsquo;aparen&ccedil;a i les seves accions. Mai no deixa de ser un gos vist des de la mirada humana, no entrem com per art de m&agrave;gia en la seva experi&egrave;ncia interior, com passa amb la Baleia. Aquesta &eacute;s una difer&egrave;ncia rellevant. Per&ograve; &eacute;s veritat que la Beta t&eacute; una import&agrave;ncia enorme en el relat, que va anar adquirint a mesura que escrivia. Per al protagonista, ella representa el pare mort, i la seva afecci&oacute; a l&rsquo;animal crea una situaci&oacute; en qu&egrave; ell no pot tolerar la idea que la gossa tamb&eacute; mori, sabem que far&agrave; qualsevol cosa per mantenir-la amb vida i a prop seu. Aix&ograve; va fer possible una s&egrave;rie de situacions narratives interessants que vaig mirar d&rsquo;explorar, com les escenes de l&rsquo;atropellament de la gossa o del seu rescat de les grapes dels nadius. L&rsquo;animal compleix una funci&oacute; en la construcci&oacute; del mite del seu nou amo, la qual cosa &eacute;s, en certa manera, un nexe amb el seu pare. Tot est&agrave; connectat, i la gossa &eacute;s una anella m&eacute;s en aquesta cadena.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e08c3058-2eab-47eb-8701-595512fd6fff_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Les descripcions minucioses, a vegades po&egrave;tiques i sempre potents, sembla que defugen la pura digressi&oacute; o l&rsquo;&uacute;nica intenci&oacute; de recrear ambients per reivindicar una funci&oacute; en l&rsquo;engranatge de la ficci&oacute; (de tan acurades, gaireb&eacute; es pot sentir la remor del mar, el ronc del tro o percebre el canvi d&rsquo;estaci&oacute; en la temperatura de l&rsquo;aigua). La natura &eacute;s un personatge m&eacute;s del llibre?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La natura &eacute;s l&rsquo;escenari de la novel.la, i l&rsquo;escenari tamb&eacute; &eacute;s un personatge. Aquesta ha estat sempre la meva manera de veure-ho. Bones descripcions de la natura poden ser sublims, i ajuden el lector a veure els personatges com petites peces d&rsquo;alguna cosa molt m&eacute;s gran que els transcendeix. Hi ha qui &eacute;s gaireb&eacute; cec al m&oacute;n natural, per&ograve; el meu personatge &eacute;s del tipus contrari, el seu inter&egrave;s per la natura &eacute;s m&eacute;s fort que per les persones. El seu pensament, la seva feina, les seves aficions, la seva solitud, totes les dimensions de la seva vida estan lligades a la natura, sobretot al mar. En una ciutat costanera com Garopaba, que viu principalment de la pesca i el turisme, el mar pren una import&agrave;ncia vital, &eacute;s una pres&egrave;ncia constant en la vida de tots els seus habitants. Per tot aix&ograve;, no vaig escatimar res en la descripci&oacute; de la natura i del paisatge. Al voltant de la hist&ograve;ria i dels seus personatges hi ha sempre aquest m&oacute;n natural que els transcendeix, i que roman indiferent al que els passa i a la seva rebel.lia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dce8ac71-a947-40ce-8b97-aa4ceccb2795_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Fins avui, ja has explorat diversos g&egrave;neres narratius (novel.la, relats, novel.la gr&agrave;fica), quina actitud implica cadascun? Quines s&oacute;n, per a tu, les possibilitats i les exig&egrave;ncies de cada g&egrave;nere?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No em veig com un autor que explora molts g&egrave;neres. Vaig escriure contes al comen&ccedil;ament de la meva carrera, despr&eacute;s tan sols novel.les. La novel.la gr&agrave;fica (&lsquo;Cachalote&rsquo;, Quadrinhos Na Cia&ndash;Companhia das letras, 2010) &eacute;s un cas especial, fruit d&rsquo;una col.laboraci&oacute; creativa amb l&rsquo;il.lustrador Rafael Coutinho. Vaig treballar-hi gaireb&eacute; com si escriv&iacute;s una novel.la a quatre mans amb en Rafael, aprenent de mica en mica les peculiaritats del llenguatge del c&ograve;mic. Per&ograve; em considero nom&eacute;s un escriptor de ficci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La teva obra ha comen&ccedil;at a ser tradu&iuml;da a altres lleng&uuml;es i, alhora, tamb&eacute; et dediques a la traducci&oacute; liter&agrave;ria. Des d&rsquo;aquesta doble perspectiva d&rsquo;escriptor-traductor, qu&egrave; diries que es guanya i es perd pels camins de la traducci&oacute;? Quins s&oacute;n els reptes, les promeses i els compromisos de la traducci&oacute; liter&agrave;ria? I tamb&eacute;, s&rsquo;ha de ser escriptor per traduir literatura, poeta per traduir poesia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Traduir &eacute;s reescriure, i reescriure &eacute;s escriure, per tant, el traductor &eacute;s una esp&egrave;cie d&rsquo;escriptor tamb&eacute;, amb la difer&egrave;ncia important que es limita al llenguatge i a l&rsquo;estil, sense la llibertat d&rsquo;interferir en la hist&ograve;ria que ja ha estat escrita. Per assolir el m&agrave;xim de fidelitat possible a l&rsquo;original, el traductor ha d&rsquo;inventar, trobar solucions creatives. Per aix&ograve; cada traductor t&eacute; un estil, i &eacute;s tan important de cara al resultat final com l&rsquo;exactitud literal dels termes i les oracions tradu&iuml;ts. Alguna cosa de l&rsquo;original sempre es perd en la traducci&oacute;. El valor d&rsquo;all&ograve; que s&rsquo;hi guanya &eacute;s el que separa les bones traduccions de les que no ho s&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>I, per &uacute;ltim, creus que avui dia, a l&rsquo;era de les missives instant&agrave;nies, de les respostes immediates, de les m&uacute;ltiples finestres obertes en l&rsquo;aqu&iacute; i ara, hi ha lloc encara per capbussar-se en el temps llarg, concentrat, de la narrativa extensa? T&eacute; bona salut, per a tu, la novel.la?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La novel.la t&eacute; una compet&egrave;ncia dur&iacute;ssima, per&ograve; per aix&ograve; mateix continua sent vital. La seva perman&egrave;ncia en la literatura i a les llistes dels llibres m&eacute;s venuts revela que no estem disposats a renunciar completament de les narracions de fons, que exigeixen una immersi&oacute; exclusiva i prolongada. En certa mesura, les necessitem enmig del flux velo&ccedil; i fragmentat de la vida contempor&agrave;nia, com pilars on aferrar-nos enmig del soroll de l&rsquo;exc&eacute;s d&rsquo;informaci&oacute; o com a ant&iacute;dots per a una experi&egrave;ncia humana cada vegada m&eacute;s apressant, quantificada i esclafada per les noves tecnologies. Potser aix&ograve; passa perqu&egrave; la consci&egrave;ncia humana no &eacute;s altra cosa que una narraci&oacute; complexa i de fons, una mena de novel.la. El passat i el futur, l&rsquo;evocaci&oacute; de la mem&ograve;ria i la identitat funcionen de manera semblant a una novel.la. I al cap i a la fi, aix&ograve; &eacute;s el que busquem en els bons relats: el contacte amb una visi&oacute; del m&oacute;n que no &eacute;s la nostra, que pot xocar o coincidir amb la nostra, per&ograve; que d&rsquo;una manera o altra l&rsquo;enriquir&agrave; o la il.luminar&agrave;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/novella-competencia-durissima-mateix-continua_132_4751227.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jul 2014 11:09:07 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/22e5fe86-7a31-4a42-9e1f-de00d4cee4e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242754" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/22e5fe86-7a31-4a42-9e1f-de00d4cee4e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242754" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“La novel.la té una competència duríssima avui dia, però per això mateix continua sent vital”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/22e5fe86-7a31-4a42-9e1f-de00d4cee4e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“La creación poética es una indagación y a la vez una coraza”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/creacion-poetica-indagacion-vez-coraza_132_4822477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e0c6eb3-2dfe-4384-88e4-66eb6b89cb76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“La creación poética es una indagación y a la vez una coraza”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a Víctor Obiols (Barcelona, 1960), poeta, traductor y musicoterapeuta conocido también, en el mundo de la música, como Víctor Bocanegra</p><p class="subtitle">Acaba de publicar el volumen de poesía ‘D’un juny dur’ (LaBreu, mayo 2014)</p></div><p class="article-text">
        Con la fuerza y la alegr&iacute;a de las buenas noticias, como un regalo o una fiesta sorpresa, sale a la &ldquo;sabia luz que hab&iacute;amos olvidado&rdquo; el nuevo libro de V&iacute;ctor Obiols, una colecci&oacute;n de treinta poemas de larga distancia que cantan cada d&iacute;a de un junio. Frente al espejo, desde dentro, una voz sola escucha el eco del tiempo y apunta sus notas, en una met&aacute;frasis de la intimidad y de la memoria literaria. &lsquo;D&rsquo;un juny dur&rsquo; nos habla desde la fe en el amor a la palabra, y dise&ntilde;a un calendario de fugas hacia la fantas&iacute;a de la letra y el sonido, y hacia la posibilidad de vivir &ndash;y decir&ndash; en la maravilla de un d&iacute;a tras otro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Dir&iacute;as que hoy (a comienzos de otro junio...) la poes&iacute;a es, todav&iacute;a, un arma cargada de futuro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, ya lo dijo Celaya... y tiene que serlo, un arma cargada de futuro. Siempre lo ha sido y siempre lo ser&aacute;. Yo creo que la poes&iacute;a tiene un valor suprapol&iacute;tico y atemporal, y tiene que servirnos siempre, en cualquier &eacute;poca, y especialmente en &eacute;pocas de penuria espiritual, como la actual.
    </p><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><b>“Confessa sons agònics, o menteix... / I si menteix el so?” (Dia 2)</b><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;El poeta es un fingidor? (&iquest;En qu&eacute; reside la verdad y la fuerza de la palabra po&eacute;tica?)</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Y esto es de Pessoa! Llega a ser una falacia, porque el poeta finge para decir verdades, dice mentiras que son verdad, mientras que tantas veces lo que se nos suele hacer pasar por verdad es todo mentira. En la poes&iacute;a, en la literatura, estamos en ese juego de tener que validar nuestra experiencia a trav&eacute;s de ficciones que, al fin y al cabo, nos sustentan mucho m&aacute;s que las convicciones prosaicas, las dosis de realidad que tomamos cada d&iacute;a y que continuamente nos hacen da&ntilde;o.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><b>"I el fantasma posaria ànima / als pianos insípids, / i melodia a la tenebra” (Dia 18)</b><br/><br/><b> </b><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La m&uacute;sica y la poes&iacute;a ser&iacute;an, para ti, diferentes colores de tinta de una misma pluma (la que empu&ntilde;amos para transcribir el misterio)? &iquest;De qu&eacute; forma con cada una?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es curioso, porque un poeta a quien quiero mucho, Llu&iacute;s Sol&agrave;, me dijo de este libro, que le gust&oacute;, que le parec&iacute;a que las letras ten&iacute;an concomitancias con mi disco ('Can&ccedil;ons de l&rsquo;Ak&iacute;delara'), y eso me hizo pensar que en estos poemas hay tambi&eacute;n una investigaci&oacute;n sobre el sonido, sobre el mundo de la m&uacute;sica, y eso es lo que, en cierta forma, marca mi pauta vital.
    </p><p class="article-text">
        La poes&iacute;a, evidentemente, es un ritmo y una melod&iacute;a que se imponen, siempre hay una m&uacute;sica, que contiene ideas, porque contiene significados. Y en cambio, la m&uacute;sica pura, el lenguaje musical, tambi&eacute;n significa mucho, aunque no lo podamos traducir, o si lo traducimos, lo empobrecemos. Luego hay eso que tratamos de hacer los que escribimos canciones, que es juntar ambos lenguajes, y que de alguna forma supone un sacrilegio, algo extra&ntilde;o que, cuando sale bien, es muy bonito, es casi un milagro: las grandes canciones son aquellas en las que ves que lo que se dice no se podr&iacute;a decir de otro modo m&aacute;s que a trav&eacute;s de esa m&uacute;sica, y esa m&uacute;sica, a su vez, siempre ir&aacute; acompa&ntilde;ada de aquellas palabras. Por eso siempre tenemos este problema con los poemas musicados: los est&aacute;s condenando &ndash;si se hace bien&ndash; a que aquella melod&iacute;a siempre resuene. Por otra parte, mucha m&aacute;s gente conoce ciertos poemas gracias a su versi&oacute;n musicada (pienso en Machado con la m&uacute;sica de Serrat, o en los poetas que cantan Raimon o Paco Ib&aacute;&ntilde;ez...)
    </p><p class="article-text">
        Entonces se abre el debate sobre si la voz recitada, la palabra, es o no es suficiente... y &iquest;por qu&eacute; hace falta cantarla, si el poema ya tiene su m&uacute;sica? Recuerdo aquella an&eacute;cdota sobre Debussy y Mallarm&eacute;, que eran amigos, en que Debussy le dijo al poeta que quer&iacute;a poner m&uacute;sica a 'La siesta (o &ldquo;la tarde&rdquo;) de un fauno', y Mallarm&eacute; respondi&oacute;: &ldquo;Pensaba que la m&uacute;sica ya la hab&iacute;a puesto yo...&rdquo; Fue entonces cuando Debussy hizo el 'Preludio a la siesta de un fauno', fant&aacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, personalmente, se trata de dos registros diferentes. Cuando hago m&uacute;sica intento escribir una letra clara y comunicativa y con la poes&iacute;a hago lo que me da la gana, porque es un espacio de libertad (siempre dentro de unos c&oacute;digos est&eacute;ticos y unos mecanismos propios...) En este libro la m&uacute;sica tambi&eacute;n est&aacute;, en el sonido, y en im&aacute;genes: las campanas, los pianos...
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><b>“En brut. Retall de l’ombra que t’habita, / la dita en mínima peroració / insomne, afuada l’energia astuta / ­—conclusió— / de passar per on no borda cap perill.” </b><br/><br/><b>(Dia 24)</b><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;La aventura po&eacute;tica es una manera de enfrentarse al mundo, de indagarlo, o una fuga de la imaginaci&oacute;n, en la palabra, para ponernos a salvo de todo lo que es feo y asusta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La creaci&oacute;n po&eacute;tica es una indagaci&oacute;n pero al mismo tiempo es una coraza que te haces, porque en un momento de hipersensibilidad, de experiencias fuertes que puedes estar viviendo, la poes&iacute;a es una fuga, no s&eacute; si hacia adelante o hacia atr&aacute;s, una huida hacia adentro, en cualquier caso. No s&eacute; c&oacute;mo ser&aacute; una huida hacia adentro (r&iacute;e). Por eso tiene ese valor de autodefensa ante el mundo y al mismo tiempo ayuda a comprenderlo, afina la visi&oacute;n. Pero como es un ejercicio muy subjetivo, muy individual, muy propio, no sabes hasta qu&eacute; punto puedes transmitirlo, no est&aacute;s nunca seguro de si llegar&aacute; a los dem&aacute;s. Y entonces viene una decisi&oacute;n posterior, que es poner todo ese magma, ese material informe que te remueve por dentro, en solfa, para poder compartirlo. Porque lo primero que hay es esa necesidad de entender y de decir, y luego viene la construcci&oacute;n est&eacute;tica, verbal. De hecho, los treinta d&iacute;as de junio no dejan de ser una ficci&oacute;n (no escrib&iacute; un poema diario durante todo un mes), es un artificio que he construido para poder comunicarme, por eso, porque si estamos haciendo arte, pues hagamos artificio.<strong> </strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><b> “Refàs a partir de la veu de dins. / I no fereix els ulls.” (Dia 20)</b> <br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;&lsquo;D&rsquo;un juny dur&lsquo; es el diario de campo de lo que no se ve? &iquest;Un almanaque de fantas&iacute;as muertas, de fantas&iacute;as nuevas? </strong><em>fantas&iacute;as muertas, de fantas&iacute;as nuevas</em>
    </p><p class="article-text">
        Es una bonita forma de decirlo (r&iacute;e).
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><b> </b><b>“Percaça cireres que no són de mastegar / sinó d’ullar-ne la polpa.” (Dia 11)</b><br/><br/><b> </b><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        &iquest;<strong>&ldquo;Ceci n&rsquo;est pas une pipe&rdquo;? &iquest;Nos traicionan las im&aacute;genes? &iquest;O destilan la esencia, intocable pero reconocible, de las cosas? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que la imaginaci&oacute;n debe ser una v&iacute;a de conocimiento. Pero al mismo tiempo tambi&eacute;n acaba siendo un mecanismo de fascinaci&oacute;n, y un mundo donde te puedes refugiar. El arte es una mentira para decir verdades, &iquest;no? Lo que coment&aacute;bamos antes... Y las im&aacute;genes son representaciones de la realidad, no la realidad misma, claro, pero nos acercan a ella, nos ayudan a conocerla. El arte trata de dar forma a los misterios del mundo con un c&oacute;digo propio.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><b>“Pot haver-hi so que el salvi?” (Dia 5)</b><br/><br/><b> </b><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es lo que queremos salvar, preservar o cantar a trav&eacute;s de la poes&iacute;a, de la m&uacute;sica, del arte? </strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Todo! Queremos salvarlo todo, rescatar la vida de la miseria... Es aquella frase tan terrible de Van Gogh, que dec&iacute;a: &ldquo;La miseria no se acabar&aacute; nunca&rdquo;. Y se suicid&oacute;. Y hace pensar en quien vive la vida con este sentido finalista de que no vale la pena vivir... jam&aacute;s sabremos si eso es una patolog&iacute;a del cerebro o una idea l&uacute;cida, quiz&aacute; no hay una sola respuesta... (Albert Camus dec&iacute;a que la &uacute;nica cuesti&oacute;n filos&oacute;fica es el suicidio.) Pero el arte, en cualquier caso, es un intento por salvarnos, s&iacute;, y la palabra po&eacute;tica tiene ese valor de mensaje encriptado: a veces hay cosas que llega un momento en que se hacen inapelables, y a menudo, cuando aparecieron, la gente no se dio cuenta.<strong> </strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><b>Una nua i llisa estesa de paraules / que pesin per si soles / amb les soles del vent (Dia 10)</b><br/><br/><br/><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Poes&iacute;a: &iquest;dif&iacute;cil o di&aacute;fana? &iquest;De qu&eacute; modo crees que se articula la comprensi&oacute;n po&eacute;tica? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong> </strong>Creo que la pretensi&oacute;n del poeta debe ser que se llegue a leer poes&iacute;a de la misma forma en que una persona se enamora de una m&uacute;sica, de una melod&iacute;a; que alguien pueda quedar atrapado en unos versos sin saber demasiado qu&eacute; dicen, porque all&iacute; hay un misterio que le cautiva. Igual que con la m&uacute;sica. Y esto es lo mejor que te puede pasar cuando escribes, que la gente quede atrapada en el hechizo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dices:</strong><em><strong> </strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Deixa-t&rsquo;ho tot a fora i entra sol. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un &uacute;nic gaudi: construir amb all&ograve; que tens a dir, </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>amb all&ograve; que tens a dins, quan diu tan fosc i fi. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dir i desdir. Filar i refilar. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>I amable amb tot, i amb tu, fora s&iacute;mbols&ldquo;.</strong><strong> (Dia 10)</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y suena como una declaraci&oacute;n de intenciones, como un magn&iacute;fico consejo en el tono generoso de las &lsquo;Cartas a un joven poeta&rsquo;... &iquest;Se te ocurre otro? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Este! Eso es lo que yo dir&iacute;a a los j&oacute;venes poetas... Y es que supongo que ese es el ideal del poeta (que piensa que lo es, que se inviste de poeta): llegar a ser como los &ldquo;vates&rdquo; latinos, ese poeta visionario que llega a decir de una manera natural, como si fuera un mago, cuando ya no hay diferencia entre palabra de comunicaci&oacute;n o palabra pragm&aacute;tica y palabra m&aacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que hay gente que habla en poes&iacute;a, gente que no necesita toda esa ret&oacute;rica porque ya le sale as&iacute; y no es un discurso impostado; me viene a la cabeza la figura de Miguel Hern&aacute;ndez, que era pastor, como la imagen de poeta natural. Pero los que ya estamos tan mediatizados por la literatura no s&eacute; si somos capaces de volver al para&iacute;so perdido de la inocencia ling&uuml;&iacute;stica, o po&eacute;tica, y hacemos lo que podemos con lo que tenemos, que es mucho, o es demasiado... 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><strong>“Per la paraula</strong><br/><br/><strong>ens hem reunit; tothom escolta.</strong><br/><br/><strong>La lluna reté el secret.” (Dia 27)</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/creacion-poetica-indagacion-vez-coraza_132_4822477.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Jun 2014 10:13:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0e0c6eb3-2dfe-4384-88e4-66eb6b89cb76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242812" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0e0c6eb3-2dfe-4384-88e4-66eb6b89cb76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242812" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“La creación poética es una indagación y a la vez una coraza”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0e0c6eb3-2dfe-4384-88e4-66eb6b89cb76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“La creació poètica és una indagació i alhora una cuirassa”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/creacio-poetica-indagacio-alhora-cuirassa_132_4822950.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e0c6eb3-2dfe-4384-88e4-66eb6b89cb76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“La creació poètica és una indagació i alhora una cuirassa”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a Víctor Obiols (Barcelona, 1960), poeta, traductor i musicoterapeuta conegut també, en el món de la música, com Víctor Bocanegra</p><p class="subtitle">Acaba de publicar el volum de poesia ‘D’un juny dur’ (LaBreu, maig 2014)</p></div><p class="article-text">
        Amb la for&ccedil;a i l&rsquo;alegria de les bones not&iacute;cies, com un regal o una festa sorpresa, surt a la <em>s&agrave;via llum que hav&iacute;em oblidat</em> el nou llibre de V&iacute;ctor Obiols, un recull de trenta poemes de llarga dist&agrave;ncia que canten cada dia d&rsquo;un juny. Com davant del mirall, de dins estant, una veu sola escolta els ecos del temps i n&rsquo;apunta les notes, en una met&agrave;frasi de la intimitat i de la mem&ograve;ria liter&agrave;ria. &lsquo;D&rsquo;un juny dur&rsquo; ens parla des de la fe en l&rsquo;amor a la paraula, i dissenya un calendari de fuites cap a la fantasia de la lletra i el so, i cap a la possibilitat de viure &ndash;i de dir&ndash; en la meravella d&rsquo;un dia despr&eacute;s de l&rsquo;altre.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diries que avui (a principis d&rsquo;un altre juny...) la poesia &eacute;s encara una arma carregada de futur?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, ja ho va dir Celaya... i ho ha de ser, una arma carregada de futur. Sempre ho ha estat i sempre ho ser&agrave;. Jo crec que la poesia t&eacute; un valor suprapol&iacute;tic i atemporal, i ens ha de servir sempre, en totes &egrave;poques, i sobretot en &egrave;poques de pen&uacute;ria espiritual, com l&rsquo;actual.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><em><b> </b></em><br/><br/><b>"Confessa sons agònics, o menteix... / I si menteix el so?"</b><em><b> (Dia 2)</b></em><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>El poeta &eacute;s un fingidor? (On rau la veritat i la for&ccedil;a de la paraula po&egrave;tica?)</strong>
    </p><p class="article-text">
        I aix&ograve; &eacute;s de Pessoa! Arriba a ser una fal&middot;l&agrave;cia, perqu&egrave; el poeta fingeix per dir veritats, diu mentides que s&oacute;n veritat, mentre que a vegades, el que se&rsquo;ns sol fer passar per veritat &eacute;s tot mentida. En la poesia, en la literatura, estem en aquest joc d&rsquo;haver de validar la nostra experi&egrave;ncia a trav&eacute;s de ficcions que, al cap i a la fi, ens sustenten molt m&eacute;s que no pas les conviccions prosaiques, les dosis de realitat que prenem cada dia i que cont&iacute;nuament ens fan mal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/394b5a49-303e-4fb9-b8bc-673bd5124650_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><br/><br/><br/><b>"I el fantasma posaria ànima / als pianos insípids, / i melodia a la tenebra". (Dia 18)</b><br/><br/><br/><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>La m&uacute;sica i la poesia serien, per a tu, diferents colors de tinta d&rsquo;una mateixa ploma (la que empunyem per transcriure el misteri)? De quina manera amb cadascuna? </strong>
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;s curi&oacute;s, perqu&egrave; un poeta que jo m&rsquo;estimo molt, en Llu&iacute;s Sol&agrave;, em va dir d&rsquo;aquest llibre, que li va agradar, que li semblava que les lletres tenien concomit&agrave;ncies amb el meu disc (&lsquo;Can&ccedil;ons de l&rsquo;Ak&iacute;delara&rsquo;), i aix&ograve; em va fer pensar que en aquest recull hi ha tamb&eacute; una investigaci&oacute; sobre el so, sobre el m&oacute;n de la m&uacute;sica, i aix&ograve; &eacute;s el que, d&rsquo;alguna manera, marca la meva pauta vital.
    </p><p class="article-text">
        La poesia, evidentment, &eacute;s un ritme i una melodia que s&rsquo;imposen, sempre hi ha una m&uacute;sica, que cont&eacute; idees, perqu&egrave; cont&eacute; significats. I en canvi, la m&uacute;sica pura, el llenguatge musical, tamb&eacute; significa molt per&ograve; no el podem traduir, o quan el tradu&iuml;m l&rsquo;empobrim. Despr&eacute;s hi ha aix&ograve; que provem de fer els que escrivim can&ccedil;ons, que &eacute;s ajuntar els dos llenguatges, i que d&rsquo;alguna manera suposa un sacrilegi, una cosa estranya que, quan surt b&eacute;, &eacute;s molt bonica, &eacute;s gaireb&eacute; un miracle: les grans can&ccedil;ons s&oacute;n aquelles en qu&egrave; veus que no es podria dir d&rsquo;una altra manera all&ograve; que es diu sin&oacute; a trav&eacute;s d&rsquo;aquella m&uacute;sica, i aquella m&uacute;sica, al mateix temps, sempre anir&agrave; acompanyada d&rsquo;aquelles paraules. Per aix&ograve; sempre tenim aquest problema amb els poemes musicats: els est&agrave;s condemnant &ndash;si es fa ben fet&ndash; que aquella melodia sempre ressoni. Per altra banda, molta m&eacute;s gent coneix certs poemes gr&agrave;cies a la seva versi&oacute; musicada (penso en Machado amb la m&uacute;sica de Serrat, o els poetes que cantaven Raimon o Paco Ib&aacute;&ntilde;ez...)
    </p><p class="article-text">
        Aleshores s&rsquo;obre el debat de si la veu recitada, la paraula, &eacute;s o no &eacute;s prou... i per qu&egrave; fa falta cantar-la, si el poema ja t&eacute; la seva m&uacute;sica? Recordo aquella an&egrave;cdota sobre Debussy i Mallarm&eacute;, que eren amics, en qu&egrave; Debussy va dir-li al poeta que volia musicar-li &lsquo;La migdiada (o &ldquo;la tarda&rdquo;) d&rsquo;un faune&rsquo;, i Mallarm&eacute; va respondre: &ldquo;Em pensava que la m&uacute;sica ja l&rsquo;hi havia posat jo...&rdquo; Va ser aleshores que Debussy va fer el &lsquo;Preludi a la migdiada d&rsquo;un faune&rsquo;, fant&agrave;stic.
    </p><p class="article-text">
        Per a mi, personalment, es tracta de dos registres diferents. Quan faig m&uacute;sica miro d&rsquo;escriure una lletra clara i comunicativa i amb la poesia faig el que em d&oacute;na la gana, perqu&egrave; &eacute;s un espai de llibertat (sempre dins d&rsquo;uns codis est&egrave;tics i uns mecanismes propis...) En aquest llibre la m&uacute;sica tamb&eacute; hi &eacute;s, en el so, i en imatges: les campanes, els pianos... 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5e9bd666-64af-4506-becd-4e2fa07fea83_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><br/><br/><br/><b>"En brut. Retall de l’ombra que t’habita, / la dita en mínima peroració / insomne, afuada l’energia astuta / ­—conclusió— / de passar per on no borda cap perill".</b><em><b> (Dia 24)</b></em><br/><br/><b> </b><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>L&rsquo;aventura po&egrave;tica &eacute;s una manera d&rsquo;encarar-se amb el m&oacute;n, d&rsquo;indagar-lo, o una fuga de la imaginaci&oacute;, en la paraula, per posar-nos a recer de tot all&ograve; que &eacute;s lleig i espanta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La creaci&oacute; po&egrave;tica &eacute;s una indagaci&oacute; per&ograve; al mateix temps &eacute;s una cuirassa que et fas, perqu&egrave; en un moment d&rsquo;hipersensibilitat, d&rsquo;experi&egrave;ncies fortes que pots estar vivint, la poesia &eacute;s una fugida, no s&eacute; si endavant o enrere, una fugida endins, en tot cas. No s&eacute; com deu ser una fugida endins (riu). Per aix&ograve; t&eacute; aquest valor d&rsquo;autodefensa davant del m&oacute;n i al mateix temps ajuda a comprendre&rsquo;l, afina la visi&oacute;. Per&ograve; com que &eacute;s un exercici molt subjectiu, molt individual, molt propi, no saps fins a quin punt el pots transmetre, no est&agrave;s mai segur de si arribar&agrave; als altres. I aleshores ve una decisi&oacute; posterior, que &eacute;s posar tot aquest magma, aquest material informe que et remou per dins, en solfa, per poder compartir-lo. Perqu&egrave; el primer que hi ha &eacute;s aquesta mena de necessitat d&rsquo;entendre i de dir, i despr&eacute;s ve la construcci&oacute; est&egrave;tica, verbal. De fet, els trenta dies de juny no deixen de ser una ficci&oacute; (no vaig escriure un poema diari durant tot un mes), &eacute;s un artifici que he constru&iuml;t per poder comunicar, per aix&ograve;, perqu&egrave; si estem fent art, doncs fem artifici.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><br/><br/><br/><em><b> "</b></em><b>Refàs a partir de la veu de dins. / I no fereix els ulls".</b><em><b> (Dia 20)</b></em><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>&lsquo;D&rsquo;un juny dur&lsquo; &eacute;s el diari de camp d&rsquo;all&ograve; que no es veu? Un almanac de fantasies mortes, de fantasies noves? </strong><em>fantasies mortes, de fantasies noves</em>
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;s una bonica manera de dir-ho (riu).
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><em><b> </b></em><br/><br/><b>"Percaça cireres que no són de mastegar / sinó d’ullar-ne la polpa". (Dia 11)</b><br/><br/><br/><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Ceci n&rsquo;est pas une pipe&rdquo;? Ens traeixen les imatges? O destil&middot;len l&rsquo;ess&egrave;ncia, intocable per&ograve; recognoscible, de les coses?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Jo crec que la imaginaci&oacute; ha de ser una via de coneixement. Per&ograve; al mateix temps tamb&eacute; acaba sent un mecanisme de fascinaci&oacute;, i un m&oacute;n on et pots refugiar. L&rsquo;art &eacute;s una mentida per dir veritats, no? El que d&egrave;iem abans... I les imatges s&oacute;n representacions de la realitat, no la realitat mateixa, &eacute;s clar, per&ograve; ens hi apropen, ens ajuden a con&egrave;ixer-la. L&rsquo;art mira de donar forma als misteris del m&oacute;n amb un codi propi.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><b>"Pot haver-hi so que el salvi?" (Dia 5)</b><br/><br/><b/><b> </b><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Qu&egrave; &eacute;s el que volem salvar, preservar o cantar a trav&eacute;s de la poesia, de la m&uacute;sica, de l&rsquo;art?    </strong>
    </p><p class="article-text">
        Tot! Volem salvar-ho tot, rescatar la vida de la mis&egrave;ria... &Eacute;s aquella frase tan terrible de Van Gogh, que deia: &ldquo;La mis&egrave;ria no s&rsquo;acabar&agrave; mai&rdquo;. I es va su&iuml;cidar. I fa pensar en qui viu la vida amb aquest sentit finalista que no val la pena viure... no sabrem mai si aix&ograve; &eacute;s una patologia del cervell o una idea l&uacute;cida, potser no hi ha una sola resposta... (Albert Camus deia que l&rsquo;&uacute;nica q&uuml;esti&oacute; filos&ograve;fica &eacute;s el su&iuml;cidi.) Per&ograve; l&rsquo;art, en tot cas, &eacute;s un intent per salvar-nos, s&iacute;, i la paraula po&egrave;tica t&eacute; aquest valor de missatge encriptat: a vegades hi ha coses que arriba un moment que es fan inapel&middot;lables, i molts cops, quan van apar&egrave;ixer, la gent no se&rsquo;n va adonar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><br/><br/><br/><b>"Una nua i llisa estesa de paraules / que pesin per si soles / amb les soles del vent" (Dia 10)</b><br/><br/><br/><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Poesia: dif&iacute;cil o di&agrave;fana? De quina manera creus que s&rsquo;articula la comprensi&oacute; po&egrave;tica? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Crec que la pretensi&oacute; del poeta ha de ser que s&rsquo;arribi a llegir poesia de la mateixa manera que una persona s&rsquo;enamora d&rsquo;una m&uacute;sica, d&rsquo;una melodia, que alg&uacute; pugui quedar atrapat en uns versos sense saber massa qu&egrave; diuen, perqu&egrave; all&agrave; hi ha un misteri que fa que all&ograve; el captivi. Igual que amb la m&uacute;sica. I aix&ograve; &eacute;s el millor que et pot passar quan escrius, que la gent quedi atrapada en l&rsquo;enc&iacute;s.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><b>Dius:</b><br/><br/><b>"Deixa-t’ho tot a fora i entra sol. </b><br/><br/><b>Un únic gaudi: construir amb allò que tens a dir, </b><br/><br/><b>amb allò que tens a dins, quan diu tan fosc i fi. </b><br/><br/><b>Dir i desdir. Filar i refilar. </b><br/><br/><b>I amable amb tot, i amb tu, fora símbols".</b><b> (Dia 10)</b><br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>I sona com una declaraci&oacute; d&rsquo;intencions, com un magn&iacute;fic consell en el to gener&oacute;s de les &lsquo;Cartes a un jove poeta&rsquo;... Se te n&rsquo;acut cap altre?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aquest! Aix&ograve; &eacute;s el que jo diria als joves poetes... I &eacute;s que suposo que aquest &eacute;s l&rsquo;ideal del poeta (que pensa que ho &eacute;s, que s&rsquo;investeix de poeta): arribar a ser com els &ldquo;vates&rdquo; llatins, aquest poeta visionari que arriba a dir d&rsquo;una manera natural, com si fos un mag, quan ja no hi ha difer&egrave;ncia entre paraula de comunicaci&oacute; o paraula pragm&agrave;tica i paraula m&agrave;gica.
    </p><p class="article-text">
        Suposo que hi ha gent que parla en poesia, gent que no necessita tota aquesta ret&ograve;rica perqu&egrave; ja li surt aix&iacute; i no &eacute;s un discurs impostat; em ve al cap la figura de Miguel Hern&aacute;ndez, que era pastor, com la imatge de poeta natural. Per&ograve; els que ja estem tan mediatitzats per la literatura no s&eacute; si som capa&ccedil;os de tornar al parad&iacute;s perdut de la innoc&egrave;ncia ling&uuml;&iacute;stica, o po&egrave;tica, i fem el que podem amb el que tenim, que &eacute;s molt, o &eacute;s massa...
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/72cef12a-78b6-435e-a7ab-1ecc9414b5a9_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote><strong>"Per la paraula</strong><br/><br/><strong>ens hem reunit; tothom escolta.</strong><br/><br/><strong>La lluna reté el secret". (Dia 27)</strong><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/creacio-poetica-indagacio-alhora-cuirassa_132_4822950.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Jun 2014 09:52:07 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0e0c6eb3-2dfe-4384-88e4-66eb6b89cb76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242812" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0e0c6eb3-2dfe-4384-88e4-66eb6b89cb76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242812" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“La creació poètica és una indagació i alhora una cuirassa”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0e0c6eb3-2dfe-4384-88e4-66eb6b89cb76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salvador Giralt: "Escric sobre el meu entorn, però deixo volar lliurement la imaginació"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/salvador-giralt-escric-lliurement-imaginacio_132_4925689.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4289d3c4-bc06-4ca0-b1e1-fe0f185cb2b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Salvador Giralt: &quot;Escric sobre el meu entorn, però deixo volar lliurement la imaginació&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a Salvador Giralt (Barcelona, 1954), matemàtic, poeta,  narrador, president de l’Associació dels Amics de la Migdiada i autor de  ‘L’Entrepà’ (LaBreu, 2012)</p></div><p class="article-text">
        &lsquo;L&rsquo;Entrep&agrave;&rsquo; &eacute;s el nom d&rsquo;un petit bar al centre de Manresa en aquesta novel.la breu (o narraci&oacute; llarga, com prefereix dir-li autor), dividida en dues parts, que relata fragments d&rsquo;una vida en forma d&rsquo;hist&ograve;ria corrent i aparentment tranquil&middot;la que s&rsquo;allarga vora trenta anys. En primera persona, la veu d&rsquo;un narrador-protagonista de qui mai no sabrem el nom desplega retrospectivament una trama sense estrid&egrave;ncies, amb un estil viu, di&agrave;legs lleugers i acurades descripcions minucioses d&rsquo;esdeveniments quotidians: un p&iacute;cnic a la font un migdia d&rsquo;hivern, el secret de la recepta dels millors entrepans o la justa proporci&oacute; de p&oacute;lvora, s&egrave;mola i plom per a carregar degudament una pistola. Poblada de car&agrave;cters dom&egrave;stics i d&rsquo;&eacute;ssers m&eacute;s eteris i un punt salvatges, la narraci&oacute; bascula entre el foc de l&rsquo;amor en l&rsquo;idealisme rom&agrave;ntic i l&rsquo;&egrave;pica d&rsquo;un dia despr&eacute;s de l&rsquo;altre. A la recerca d&rsquo;un equilibri fugisser i delicat en una balan&ccedil;a que, per un s&iacute; o per un no i sense saber ben b&eacute; com, sempre es descompensa.   
    </p><p class="article-text">
        <strong>L&rsquo;espai i el temps de &lsquo;L&rsquo;Entrep&agrave;&rsquo; i els personatges que els habiten s&oacute;n coordenades i car&agrave;cters familiars, segurament pr&ograve;xims a la majoria de lectors en llengua catalana. &Eacute;s el dia a dia la millor font d&rsquo;hist&ograve;ries?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Suposo que aix&ograve; dep&egrave;n de l&rsquo;escriptor... El que fa novel.la hist&ograve;rica, per exemple, se&rsquo;n va a altres &egrave;poques. En canvi, els meus referents quan escric s&oacute;n l&rsquo;entorn immediat, la quotidianitat. &lsquo;L&rsquo;Entrep&agrave;&rsquo; est&agrave; situat a Manresa, on vaig viure uns anys, i al llibre apareixen coordenades reals, llocs que conec, experi&egrave;ncies meves... Per&ograve; despr&eacute;s m&rsquo;agrada barrejar coses, inventar, transformar-ho, com en un trencaclosques amb tota mena de peces que, a poc a poc i a la seva manera, es van encaixant.
    </p><p class="article-text">
        <strong>I amb els personatges, igual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, en els meus personatges gaireb&eacute; sempre hi ha una persona darrere, com si necessit&eacute;s una connexi&oacute; amb la Terra des d&rsquo;on fer volar lliurement la imaginaci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>I quina &eacute;s, per a tu, l&rsquo;espurna que engega el motor de la ficci&oacute; narrativa? Quin &agrave;nim, necessitat o quina idea et porten a seure i escriure una novel.la? </strong>
    </p><p class="article-text">
        D&rsquo;entrada, jo no diria que &lsquo;L&rsquo;Entrep&agrave;<em>&rsquo; </em>&eacute;s una novel.la, per a mi &eacute;s una narraci&oacute; llarga, perqu&egrave; una novel.la t&eacute; un altre temps, un desplegament diferent, una altra complexitat.
    </p><p class="article-text">
        Jo no havia escrit mai fins a l&rsquo;any 1985, quan em va agafar una mena de trastorn mental, com una malaltia, i em vaig posar a escriure. Des d&rsquo;aleshores, m&rsquo;hi dedico tant com puc. Vaig comen&ccedil;ar amb poesia i despr&eacute;s em vaig posar amb la narrativa...  i tinc for&ccedil;a projectes oberts, i moltes coses mig acabades. Pensa que des del 85 fins ara han passat molts anys! Un altre tema &eacute;s la q&uuml;esti&oacute; de publicar, d&rsquo;entrar en el m&oacute;n de la literatura que es troba a les llibreries, per a mi ha estat molt complicat i molt llarg. A m&eacute;s, tinc la sensaci&oacute; que avui dia tot es fa una mica atropelladament, alg&uacute; escriu un llibre que t&eacute; &egrave;xit i l&rsquo;any seg&uuml;ent ja en treu un altre. Jo no estic en aquesta situaci&oacute;, vinc d&rsquo;una altra banda, vaig treballant, independentment de si es publica o no i, si puc, publicar&eacute; algunes coses, no moltes, tampoc.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A la primera part del llibre es narra una hist&ograve;ria d&rsquo;amor que s&rsquo;acaba en sec, sense final feli&ccedil;. Per&ograve; mentre dura, &eacute;s la &ldquo;rutina daurada dels dies benaurats&rdquo;, un estat de pl&agrave;cida satisfacci&oacute; quotidiana, una manera de viure a favor de les petites meravelles di&agrave;ries... Ressona, aqu&iacute;, el t&ograve;pic de la &ldquo;daurada mitjania&rdquo; d&rsquo;Horaci?   </strong>
    </p><p class="article-text">
        Dep&egrave;n dels nivells o de les capes de lectura, imagino. Horaci t&eacute; un poema que m&rsquo;agrada molt, &ldquo;Beatus ille&rdquo;... I s&iacute;, la primera part del llibre &eacute;s com un globus; es narra, amb molta ironia, una situaci&oacute; idealitzada, daurada, amb les seves contradiccions, per&ograve; molt rom&agrave;ntica, inflada com un globus. De fet, hi ha bastanta literatura darrere d&rsquo;aquest llibre, que no cal que es noti per&ograve; hi &eacute;s, com a rerefons.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Aix&iacute;, l&rsquo;an&ograve;nim narrador-protagonista &eacute;s un tipus conformista i anod&iacute; o un savi contemplatiu (un fil&ograve;sof de barra de bar) que ens transmet una important lli&ccedil;&oacute; de vida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Jo diria que &eacute;s bastant savi, el narrador de l&rsquo;obra (que no t&eacute; nom per&ograve; jo s&eacute; qui &eacute;s). I alhora &eacute;s una persona molt anodina, un home rutinari i molt ven&ccedil;ut per la vida, per&ograve; aix&ograve; &uacute;ltim potser en el bon sentit: &eacute;s alg&uacute; que se sobreposa a una crisi molt profunda i aconsegueix assolir un equilibri.
    </p><p class="article-text">
        I de fet, el llibre t&eacute; dues parts que s&oacute;n el mateix, per&ograve; la primera &eacute;s viscuda en primera persona i a la segona el narrador fa de testimoni, en certa manera est&agrave; estalvi del que hi passa. &Eacute;s un relat que d&oacute;na dues voltes: a la primera part, el protagonista &eacute;s el subjecte i, a la segona, juga un paper una mica de guia, com un guru que fa el que pot.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Els personatges femenins, l&rsquo;Elionor i m&eacute;s tard la Daisy, vindrien a ser Madames Bovary de casa nostra?    </strong>
    </p><p class="article-text">
        Potser... suposo que s&oacute;n una mica arquet&iacute;piques, com un tipus de dona del qual tothom t&eacute; una part, amb un punt de misteri que explica la fascinaci&oacute; que provoquen. En realitat, es tracta de dos personatges paral.lels, gaireb&eacute; id&egrave;ntics, que responen a aquesta simetria en l&rsquo;estructura del relat.
    </p><p class="article-text">
        <strong>I el Pollastret, el poeta alcoh&ograve;lic autor dels rodolins per a cada entrep&agrave; de la carta, quin paper juga, &eacute;s una nota de color o una disson&agrave;ncia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Pollastret juga una mica el paper de catalitzador, de buf&oacute;. &Eacute;s un provocador que alhora es fa molt entranyable, i amb un enginy fora del com&uacute;. En els rodolins no s&rsquo;acaba de veure la seva talla, per&ograve; es pot endevinar, no? (Riu.) El que m&rsquo;ha sorpr&egrave;s molt &eacute;s que ha captivat molts lectors, fins al punt de gaireb&eacute; esdevenir el protagonista del llibre. Ha acabat prenent molt de pes, una import&agrave;ncia que jo crec que li ha donat el p&uacute;blic.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&Eacute;s que, llevat del narrador, tant les &ldquo;hero&iuml;nes&rdquo; del llibre com la galeria de secundaris s&oacute;n personatges m&eacute;s aviat plans, arquet&iacute;pics, que semblen posats al servei de l&rsquo;acci&oacute;, com si, predestinats, funcionessin per demostrar una tend&egrave;ncia natural d&rsquo;esdevenir-se les coses. Com en una tragicom&egrave;dia moderna? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Per aix&ograve; dic que no es tracta d&rsquo;una novel.la, sin&oacute; d&rsquo;una narraci&oacute; llarga. Per a mi, a &lsquo;L&rsquo;Entrep&agrave;&rsquo; hi ha un personatge i prou, en el sentit de car&agrave;cter novel.l&iacute;stic, que &eacute;s el narrador, els altres s&oacute;n una mica personatges de guinyol, representats a trav&eacute;s de la mirada d&rsquo;aquest narrador. I hi ha un punt de fatalisme al llibre, s&iacute;, per&ograve; m&eacute;s aviat en un sentit oriental, de <em>karma</em>, com una manera impersonal d&rsquo;encadenar-se naturalment els esdeveniments. I en aquest transcurs s&rsquo;imbriquen una s&egrave;rie de temes, la passi&oacute; amorosa, etc.
    </p><p class="article-text">
        <strong>S&iacute;, perqu&egrave; l&rsquo;amor condemnat al frac&agrave;s &eacute;s un dels t&ograve;pics m&eacute;s purament rom&agrave;ntics i un dels temes que engranen l&rsquo;acci&oacute; de &lsquo;L&rsquo;Entrep&agrave;&rsquo;. Es tracta d&rsquo;una manera d&rsquo;entendre les relacions humanes o d&rsquo;un tribut a la tradici&oacute; liter&agrave;ria?   </strong>
    </p><p class="article-text">
        No, de tribut a la tradici&oacute; liter&agrave;ria res, &eacute;s com m&rsquo;ha sortit. En aquesta vida tot t&eacute; els seus clarobscurs, els bons moments hi s&oacute;n per&ograve; s&rsquo;acaben, i si ho mires amb perspectiva, tot va cap a la decad&egrave;ncia... I &eacute;s part del sentit de la veritat, veure-ho aix&iacute;. Jo crec que l&rsquo;amor com un esclat, apassionat, existeix, i en les relacions hi ha moments de paroxisme i moments de calma, &eacute;s part de la Naturalesa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El desenvolupament de la intriga narrativa est&agrave; lligat a un objecte descol&middot;locat, oblidat durant molts anys, que sempre retorna amb un poder d&rsquo;atracci&oacute; i amb una for&ccedil;a evocativa extraordin&agrave;ria. &Eacute;s tal la import&agrave;ncia de certs objectes en la nostra vida di&agrave;ria? Vivim a merc&egrave; dels nostres fetitxes?  </strong>
    </p><p class="article-text">
        Les pistoles? Aix&ograve; potser s&iacute; que respon a una voluntat de donar un toc literari... Perqu&egrave; jo no havia vist mai pistoles, no n&rsquo;havia tingut mai cap a les mans. I em vaig passar tota una tarda en una armeria per examinar-ne, perqu&egrave; m&rsquo;expliquessin coses, perqu&egrave; m&rsquo;ensenyessin com es carregava una arma... Potser el que hi ha darrere &eacute;s que, de petit, el meu joc preferit era fer p&oacute;lvora, p&oacute;lvora banca, p&oacute;lvora negra, i cremar-la; conec la p&oacute;lvora, perqu&egrave; n&rsquo;he fet. Ara, per qu&egrave; sorgeixen les pistoles? Aqu&iacute; potser s&iacute; que hi ha una mica d&rsquo;artifici, per&ograve; de cop va tenir sentit posar-les, penso que &eacute;s un dels elements que mant&eacute; un grau d&rsquo;incertesa, un punt d&rsquo;intriga que articula tot el llibre i condueix al desenlla&ccedil;. Per&ograve;, per qu&egrave; les vaig posar no ho s&eacute;. Quan escrius hi ha temes que s&rsquo;activen i et preguntes qu&egrave; tenen a veure amb tu, per qu&egrave; hi penses, si de cop apareixeran en la teva vida real... Per&ograve;, amb les pistoles, fins ara no ha estat el cas (riu). 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Al llarg dels anys t&rsquo;has dedicat a la poesia, la narrativa i el teatre: quina mena d&rsquo;aventura suposa per a tu cadascun? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Vaig comen&ccedil;ar amb la poesia i despr&eacute;s vaig seguir amb la narrativa, i abans havia estudiat teatre amb Fernando Grifell. A mi el que m&rsquo;agrada m&eacute;s &eacute;s escriure, tot i que actuar o recitar t&eacute; alguna cosa de festa, d&rsquo;ara i aqu&iacute;, de moment de celebraci&oacute;, que tamb&eacute; m&rsquo;agrada molt. Ara, trobo que recitar poesia &eacute;s molt dif&iacute;cil, m&eacute;s que fer un paper en una obra de teatre. Recitar &eacute;s una mica com fer de <em>clown</em>, pendent i a merc&egrave; de la interacci&oacute; amb el p&uacute;blic.
    </p><p class="article-text">
        <strong>I finalment, qu&egrave; &eacute;s l&rsquo;Associaci&oacute; dels Amics de la Migdiada, de la qual ets president? </strong>
    </p><p class="article-text">
        (Riu.) Ui, ara aix&ograve; ja t&eacute; molta hist&ograve;ria. En el seu origen &eacute;s una idea que neix molt relacionada amb un premi literari que es deia El Punyal de Vic... Jo m&rsquo;havia presentat a molts premis i tenia ganes de guanyar-ne un, i des de l&rsquo;Associaci&oacute; dels Amics de la Migdiada vam muntar un festival perqu&egrave; pogu&eacute;s guanyar un premi. Ja ho deia a les bases, eh!, no ens n&rsquo;amag&agrave;vem pas... Per&ograve; sobretot, el principi dels Amics de la Migdiada &eacute;s prendre&rsquo;s les coses amb calma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Consultar-les amb el coix&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, aix&ograve;. Seria una associaci&oacute; amb inquietuds liter&agrave;ries per&ograve; tamb&eacute; relacionada amb aquest gust pel rep&ograve;s, per fer un bon &agrave;pat i dormir. I la veritat &eacute;s que funciona bastant a ritme de migdiada... Per&ograve; de tant en tant muntem alguna cosa, hem fet dues o tres migdiades col.lectives, arrossada, migdiada i algun petit recital. I despr&eacute;s tamb&eacute; hi ha un blog, que el porto sobretot jo, i on apareix for&ccedil;a literatura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sort que hem fet l&rsquo;entrevista abans de dinar, doncs! I a manera de diagn&ograve;stic literari, t&eacute; bona salut la literatura catalana actual o molts dels llibres que es publiquen avui serien hist&ograve;ries per anar a dormir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;s que crec que a mi em falta una mica la connexi&oacute; amb tot aquest circuit. Jo vaig entrar en la literatura aix&iacute; de cop, venia d&rsquo;un altre m&oacute;n que no hi tenia res a veure i de sobte em vaig trobar escrivint, sense con&egrave;ixer ning&uacute; que ho fes, i ho vaig haver d&rsquo;aprendre tot, buscar, mirar qu&egrave; feien els altres... Llavors em passa que de tot el que hi ha ara me&rsquo;n sento una mica lluny, desconnectat. Trobo moltes coses ben escrites, per&ograve; la m&agrave;gia d&rsquo;un bon llibre &eacute;s quelcom diferent. No s&eacute; com estar&agrave; aquest &uacute;ltim d&rsquo;en [Vicen&ccedil;] Pag&egrave;s, encara no l&rsquo;he llegit... I recordo que a la llibreria Documenta de Barcelona em van recomanar &lsquo;La trag&egrave;dia de cal Pere Llarg&rsquo;, d&rsquo;en Girbal Jaume, que em va semblar fant&agrave;stic... Per&ograve; sobretot me&rsquo;n vaig molt a la literatura estrangera del segle passat. Ara, per exemple, estic amb Capote o Fante...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/salvador-giralt-escric-lliurement-imaginacio_132_4925689.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Apr 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4289d3c4-bc06-4ca0-b1e1-fe0f185cb2b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242669" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4289d3c4-bc06-4ca0-b1e1-fe0f185cb2b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242669" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Salvador Giralt: "Escric sobre el meu entorn, però deixo volar lliurement la imaginació"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4289d3c4-bc06-4ca0-b1e1-fe0f185cb2b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salvador Giralt: "Escribo sobre mi entorno, pero dejo volar libremente la imaginación"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/salvador-giralt-escribo-libremente-imaginacion_132_4925677.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4289d3c4-bc06-4ca0-b1e1-fe0f185cb2b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Salvador Giralt: &quot;Escribo sobre mi entorno, pero dejo volar libremente la imaginación&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a Salvador Giralt (Barcelona, 1954), matemático, poeta, narrador, presidente de la Asociación de los Amigos de la Siesta y autor de 'L’Entrepà' (LaBreu, 2012)</p></div><p class="article-text">
        'L&rsquo;Entrep&agrave;' es el nombre de un peque&ntilde;o bar en el centro de Manresa en esta novela breve (o narraci&oacute;n larga, como prefiere llamarla su autor), dividida en dos partes, que relata fragmentos de una vida en forma de historia corriente y aparentemente tranquila que se alarga por casi treinta a&ntilde;os. En primera persona, la voz de un narrador-protagonista de quien nunca conoceremos el nombre despliega retrospectivamente una trama sin estridencias, con un estilo vivo, di&aacute;logos ligeros y precisas descripciones minuciosas de acontecimientos cotidianos: un picnic en la fuente un mediod&iacute;a de invierno, el secreto de la receta de los mejores bocadillos o la justa proporci&oacute;n de p&oacute;lvora, s&eacute;mola y plomo para cargar debidamente una pistola. Poblada de caracteres dom&eacute;sticos y seres m&aacute;s et&eacute;reos y un punto salvajes, la narraci&oacute;n bascula entre el fuego del amor en el idealismo rom&aacute;ntico y la &eacute;pica de un d&iacute;a tras otro. En busca de un equilibrio fugaz y delicado en una balanza que, por un s&iacute; o por un no y sin saber muy bien c&oacute;mo, siempre se descompensa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El espacio y el tiempo de 'L&rsquo;Entrep&agrave;' y los personajes que los habitan son coordenadas y caracteres familiares, seguramente cercanos a la mayor&iacute;a de lectores en lengua catalana. &iquest;Es el d&iacute;a a d&iacute;a la mejor fuente de historias?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Supongo que eso depende del escritor... Quien hace novela hist&oacute;rica, por ejemplo, se va a otras &eacute;pocas. En cambio, mis referentes cuando escribo son el entorno inmediato, lo cotidiano. 'L&rsquo;Entrep&agrave;' est&aacute; situado en Manresa, donde viv&iacute; unos a&ntilde;os, y en el libro aparecen coordenadas reales, lugares que conozco, experiencias propias... Pero despu&eacute;s me gusta mezclar cosas, inventar, transformarlo, como en un rompecabezas con toda clase de piezas que, poco a poco y a su manera, se van encajando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y con los personajes, igual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, en mis personajes casi siempre hay una persona detr&aacute;s, como si necesitara una conexi&oacute;n con la Tierra desde donde hacer volar libremente la imaginaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y cu&aacute;l es, para ti, la chispa que arranca el motor de la ficci&oacute;n narrativa? &iquest;Qu&eacute; &aacute;nimo, necesidad o qu&eacute; idea te llevan a sentarte y escribir una novela ?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para empezar, yo no creo que 'L&rsquo;Entrep&agrave;' sea una novela, para m&iacute; es una narraci&oacute;n larga, porque una novela tiene otro tiempo, un despliegue diferente, otra complejidad.
    </p><p class="article-text">
        Yo no hab&iacute;a escrito nunca hasta el a&ntilde;o 1985, cuando me cogi&oacute; una especie de trastorno mental, como una enfermedad, y me puse a escribir. Desde entonces, me dedico a ello todo lo que puedo. Empec&eacute; con poes&iacute;a y despu&eacute;s me puse con la narrativa... y tengo bastantes proyectos abiertos, y muchas cosas medio acabadas. &iexcl;Piensa que desde el 85 hasta ahora han pasado muchos a&ntilde;os! Otro tema es la cuesti&oacute;n de publicar, de entrar en el mundo de la literatura que se encuentra en las librer&iacute;as, para m&iacute; ha sido muy complicado y muy largo. Adem&aacute;s, tengo la sensaci&oacute;n de que hoy en d&iacute;a todo se hace un poco atropelladamente, alguien escribe un libro que tiene &eacute;xito y al a&ntilde;o siguiente ya saca otro. Yo no estoy en esa situaci&oacute;n, vengo de otra parte, voy trabajando, independientemente de si se publica o no y, si puedo, publicar&eacute; algunas cosas, no muchas, tampoco.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la primera parte del libro se narra una historia de amor que termina de repente, sin final feliz. Pero mientras dura, es la &ldquo;rutina dorada de los d&iacute;as bienaventurados&rdquo;, un estado de pl&aacute;cida satisfacci&oacute;n cotidiana, una manera de vivir a favor de las peque&ntilde;as maravillas diarias... &iquest;Resuena aqu&iacute; el t&oacute;pico de la &ldquo;dorada median&iacute;a&rdquo; de Horacio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Depende de los niveles o de las capas de lectura, imagino. Horacio tiene un poema que me gusta mucho, &ldquo;Beatus ille&rdquo;... Y s&iacute;, la primera parte del libro es como un globo; se narra, con mucha iron&iacute;a, una situaci&oacute;n idealizada, dorada, con sus contradicciones, pero muy rom&aacute;ntica, hinchada como un globo. De hecho, hay bastante literatura detr&aacute;s de este libro, que no tiene por qu&eacute; notarse pero est&aacute;, como trasfondo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>As&iacute;, &iquest;el an&oacute;nimo narrador-protagonista es un tipo conformista y anodino o un sabio contemplativo (un fil&oacute;sofo de barra de bar) que nos transmite una importante lecci&oacute;n de vida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo dir&iacute;a que es bastante sabio, el narrador de la obra (que no tiene nombre pero yo s&eacute; qui&eacute;n es). Y a la vez es una persona muy anodina, un hombre rutinario y muy vencido por la vida, pero esto &uacute;ltimo quiz&aacute; en el buen sentido: es alguien que se sobrepone a una crisis muy profunda y consigue alcanzar un equilibrio.
    </p><p class="article-text">
        Y de hecho, el libro tiene dos partes que son lo mismo, pero la primera es vivida en primera persona y en la segunda el narrador hace de testigo, en cierto modo est&aacute; a salvo de lo que ocurre. Es un relato que da dos vueltas: en la primera parte, el protagonista es el sujeto y, en la segunda, juega un papel un poco de gu&iacute;a, como un gur&uacute; que hace lo que puede.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Los personajes femeninos, Elionor y m&aacute;s tarde Daisy, vendr&iacute;an a ser Madames Bovary en versi&oacute;n aut&oacute;ctona?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;... supongo que son algo arquet&iacute;picas, como un tipo de mujer del que todo el mundo tiene una parte, con un punto de misterio que explica la fascinaci&oacute;n que provocan. En realidad, se trata de dos personajes paralelos, casi id&eacute;nticos, que responden a esa simetr&iacute;a en la estructura del relato.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y el Pollastret, el poeta alcoh&oacute;lico autor de los pareados para cada bocadillo de la carta, &iquest;qu&eacute; papel juega, es una nota de color o una disonancia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Pollastret juega un poco el papel de catalizador, de buf&oacute;n. Es un provocador que a la vez resulta muy entra&ntilde;able, y con un ingenio fuera de lo com&uacute;n. En los pareados no se acaba de ver su talla, pero puede adivinarse, &iquest;no? (R&iacute;e.) Lo que me ha sorprendido mucho es que ha cautivado a muchos lectores, hasta el punto de que casi se ha convertido en el protagonista del libro. Ha terminado cobrando mucho peso, una importancia que yo creo que le ha dado el p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es que, salvo el narrador, tanto las &ldquo;hero&iacute;nas&rdquo; del libro como la galer&iacute;a de secundarios son personajes m&aacute;s bien planos, arquet&iacute;picos, que parecen puestos al servicio de la acci&oacute;n, como si, predestinados, funcionaran para demostrar una tendencia natural de los acontecimientos. &iquest;Como en una tragicomedia moderna?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por eso digo que no se trata de una novela, sino de una narraci&oacute;n larga. Para m&iacute;, en 'L&rsquo;Entrep&agrave;' s&oacute;lo hay un personaje, en el sentido de car&aacute;cter novelesco, que es el narrador, los dem&aacute;s son como personajes de gui&ntilde;ol, representados a trav&eacute;s de la mirada de este narrador. Y hay un punto de fatalismo en el libro, s&iacute;, pero m&aacute;s bien en un sentido oriental, de karma, como una manera impersonal de encadenarse naturalmente los sucesos. Y en ese transcurso se imbrican una serie de temas, la pasi&oacute;n amorosa, etc.
    </p><p class="article-text">
        <strong>S&iacute;, porque el amor condenado al fracaso es uno de los t&oacute;picos m&aacute;s puramente rom&aacute;nticos y uno de los temas que engranan la acci&oacute;n de 'L&rsquo;Entrep&agrave;'. &iquest;Se trata de una manera de entender las relaciones humanas o de un tributo a la tradici&oacute;n literaria ?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No, de tributo a la tradici&oacute;n literaria nada, es como me ha salido. En esta vida todo tiene sus claroscuros, los buenos momentos est&aacute;n pero se acaban, y si lo miras con perspectiva, todo va hacia la decadencia... Y es parte del sentido de la verdad, verlo as&iacute;. Yo creo que el amor como un estallido, apasionado, existe, y en las relaciones hay momentos de paroxismo y momentos de calma, es parte de la Naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El desarrollo de la intriga narrativa est&aacute; ligado a un objeto descolocado, olvidado durante muchos a&ntilde;os, que siempre retorna con un poder de atracci&oacute;n y con una fuerza evocativa extraordinaria. &iquest;Es tal la importancia de ciertos objetos en nuestra vida diaria? &iquest;Vivimos a merced de nuestros fetiches?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Las pistolas? Esto tal vez s&iacute; responda a una voluntad de dar un toque literario... Porque yo jam&aacute;s hab&iacute;a visto pistolas ni hab&iacute;a tenido una en las manos. Y me pas&eacute; toda una tarde en una armer&iacute;a para examinar, para que me explicaran, para que me ense&ntilde;aran c&oacute;mo se carga un arma... Quiz&aacute; lo que hay detr&aacute;s es que, de peque&ntilde;o, mi juego favorito era hacer p&oacute;lvora, p&oacute;lvora banca, p&oacute;lvora negra, y quemarla; conozco la p&oacute;lvora, porque he hecho. Pero, &iquest;por qu&eacute; surgen las pistolas? Aqu&iacute; quiz&aacute; s&iacute; haya algo de artificio, pero de repente tuvo sentido ponerlas, pienso que es uno de los elementos que mantiene un grado de incertidumbre, un punto de intriga que articula todo el libro y conduce al desenlace. Pero  no s&eacute; por qu&eacute; las puse. Cuando escribes hay temas que se activan y te preguntas qu&eacute; tienen que ver contigo, por qu&eacute; piensas en ello, si de pronto aparecer&aacute;n en tu vida real... Pero, con las pistolas, hasta ahora no se ha dado el caso (r&iacute;e).
    </p><p class="article-text">
        <strong>A lo largo de los a&ntilde;os te has dedicado a la poes&iacute;a, a la narrativa y al teatro: &iquest;qu&eacute; tipo de aventura supone para ti cada uno?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Empec&eacute; con la poes&iacute;a y luego segu&iacute; con la narrativa, y antes hab&iacute;a estudiado teatro con Fernando Grifell. A m&iacute; lo que me gusta es escribir, aunque actuar o recitar tiene algo de fiesta, de aqu&iacute; y ahora, de momento de celebraci&oacute;n, que tambi&eacute;n me gusta mucho. Pero creo que recitar poes&iacute;a es muy dif&iacute;cil, m&aacute;s que hacer un papel en una obra de teatro. Recitar es un poco como hacer de <em>clown</em>, pendiente y a merced de la interacci&oacute;n con el p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y finalmente, &iquest;qu&eacute; es la Asociaci&oacute;n de los Amigos de la Siesta, de la que eres presidente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        (R&iacute;e.) Uy, ahora eso ya tiene mucha historia. En su origen fue una idea que naci&oacute; muy vinculada a un premio literario que se llamaba El Punyal de Vic... Yo me hab&iacute;a presentado a muchos premios y ten&iacute;a ganas de ganar uno, y desde la Asociaci&oacute;n de los Amigos de la Siesta montamos un festival para que pudiera ganar un premio. Ya lo dec&iacute;a en las bases, &iexcl;eh!, no lo escond&iacute;amos... Pero sobre todo, el principio de los Amigos de la Siesta es tomarse las cosas con calma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Consultarlas con la almohada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, eso. Ser&iacute;a una asociaci&oacute;n con inquietudes literarias pero tambi&eacute;n relacionada con ese gusto por el reposo, por hacer una buena comida y dormir. Y la verdad es que funciona bastante a ritmo de siesta... Pero de vez en cuando montamos algo, hemos hecho dos o tres siestas colectivas, paella, siesta y alg&uacute;n peque&ntilde;o recital. Y luego tambi&eacute;n hay un blog, que llevo sobre todo yo, y donde aparece bastante literatura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iexcl;Pues suerte que hemos hecho la entrevista antes de comer! Y a modo de diagn&oacute;stico literario, &iquest;tiene buena salud la literatura catalana actual o muchos de los libros que se publican hoy ser&iacute;an historias para dormir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que creo que a m&iacute; me falta un poco la conexi&oacute;n con todo ese circuito. Yo entr&eacute; en la literatura as&iacute; de golpe, ven&iacute;a de otro mundo que no ten&iacute;a nada que ver y de repente me encontr&eacute; escribiendo, sin conocer a nadie que lo hiciera, y lo tuve que aprender todo, buscar, mirar qu&eacute; hac&iacute;an los dem&aacute;s... Entonces me ocurre que de todo lo que hay ahora me siento un poco lejos, desconectado. Encuentro muchas cosas bien escritas, pero la magia de un buen libro es algo distinto. No s&eacute; c&oacute;mo estar&aacute; este &uacute;ltimo de [Vicen&ccedil;] Pag&egrave;s, a&uacute;n no lo he le&iacute;do... Y recuerdo que en la librer&iacute;a Documenta de Barcelona me recomendaron &lsquo;La trag&egrave;dia de cal Pere Llarg', de Girbal Jaume, que me pareci&oacute; fant&aacute;stico... Pero sobre todo me voy mucho a la literatura extranjera del siglo pasado. Ahora, por ejemplo, estoy con Capote o Fante...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/salvador-giralt-escribo-libremente-imaginacion_132_4925677.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Apr 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4289d3c4-bc06-4ca0-b1e1-fe0f185cb2b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242669" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4289d3c4-bc06-4ca0-b1e1-fe0f185cb2b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242669" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Salvador Giralt: "Escribo sobre mi entorno, pero dejo volar libremente la imaginación"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4289d3c4-bc06-4ca0-b1e1-fe0f185cb2b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Les cròniques del déu coix’, de la guerra de los mundos, de la supervivencia de la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/croniques-del-deu-coix-joan-lluis-lluis-llibres_132_4933764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b6a9326-a42f-4fcb-a7fa-9c16b805bdbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Les cròniques del déu coix’, de la guerra de los mundos, de la supervivencia de la memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mito y la historia se dan la mano en la nueva novela de Joan-Lluís Lluís, publicada por Proa y con ilustraciones de Perico Pastor.</p></div><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima novela de Joan-Llu&iacute;s Llu&iacute;s (<em>Les cr&ograve;niques del d&eacute;u coix</em>, Proa, octubre de 2013), un dios feo, seco, cojo, sudado, harapiento y vencido nos cuenta c&oacute;mo sus formidables hermanos, las divinidades del Olimpo, murieron de hambre cuando los humanos dejaron de creer en ellos. Con la ca&iacute;da del imperio romano, y con el advenimiento del Dios &uacute;nico de los cristianos, nuevas leyes, otros relatos, in&eacute;ditas prohibiciones y la fe convertida en dogma armar&iacute;an el nacimiento de una civilizaci&oacute;n con su propia cosmogon&iacute;a, una explicaci&oacute;n del origen y la raz&oacute;n del Universo que, para existir, necesitaba barrer de la faz de la Tierra el pante&oacute;n de los antiguos. As&iacute;, el linaje ol&iacute;mpico desapareci&oacute; cuando no qued&oacute; nadie que se acordara de adorarlos, cuando se extingui&oacute; la llama de los sacrificios oficiados en su honor. Porque lo cierto es que los dioses apenas se alimentaban de la devoci&oacute;n humana, y &ldquo;los festines del Olimpo, con las mesas dispuestas con carne y pescado, con pan y fruta, con vino, n&eacute;ctar y ambros&iacute;a eran trucos inspirados por los dioses a los poetas y los pintores para hacer creer a los humanos que los dioses no los necesitaban; en realidad los dioses s&oacute;lo com&iacute;an humo, s&oacute;lo beb&iacute;an humo&rdquo;. Estamos en el siglo VII de los cristianos, y la muerte de las divinidades paganas ha apagado, con el fuego, una forma de ver el mundo. Pero, incomprensible e involuntariamente, uno de ellos sobrevive&hellip; acaso s&oacute;lo para contar su historia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Hefesto (m&aacute;s tarde Vulcano), un ser arisco, asocial y deforme, era el dios del fuego y los metales, de la inteligencia manual (<em>tekn&eacute;</em>), el hijo sin padre de Hera, esposa de Zeus, y el marido leg&iacute;timo de la diosa del deseo y la belleza. Trabajador infatigable, se&ntilde;or del calor y el humo de las fraguas, y orfebre prodigioso, es ahora, tambi&eacute;n, el narrador en primera persona del transcurso de los siglos despu&eacute;s de la derrota de su mundo, el testimonio indiferente de la historia de los humanos m&aacute;s all&aacute; de la ca&iacute;da de la Grecia y la Roma antiguas, obligado, para sobrevivir, a adaptarse como puede y a coexistir, entre desde&ntilde;oso y perplejo, retirado en su amada Sicilia, con la ambici&oacute;n, el af&aacute;n, el espanto, la miseria y el sue&ntilde;o de la aventura mortal.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; pasan cientos de a&ntilde;os como el tiempo de cien bostezos de un dios, y Hefesto deber&aacute; asumir la humillaci&oacute;n de tratar con los humanos como el precio de los sacrificios que necesita para vivir, y aprende a relacionarse con ellos desde un desprecio distante, comprando su miedo, su adoraci&oacute;n y su silencio. Pero muy de vez en cuando, en la imparable sucesi&oacute;n de generaciones, en el encadenamiento de los cambios, las revoluciones, los inventos, las guerras y las muertes que han escrito nuestra historia tal como la hemos le&iacute;do hasta hoy, en alguna ocasi&oacute;n de vez en cuando sobreviene, tambi&eacute;n para Hefesto, la maravilla del encuentro, de sentir &ndash;curiosidad, incomprensi&oacute;n, deseo e incluso amor&ndash; y de equivocarse. Y son estas inflexiones de la voz y la mirada las pocas excepciones, contadas, que hacen que un dios no llore el olvido de su nombre, tan s&oacute;lo por unos momentos, y acercan al lector a la suerte de un personaje complejo, redondo, y a los repliegues de su historia.
    </p><p class="article-text">
        Con el estilo cautivador y amable propio de las grandes narraciones, y con las potentes ilustraciones de Perico Pastor, <em>Les cr&ograve;niques del d&eacute;u coix</em> es una novela que extiende tantas lecturas como entradas o acepciones guarda la palabra <em>mito</em>. Esto es, una &ldquo;narraci&oacute;n fabulosa puramente inventada&rdquo; (por el placer, irresistible, de la ficci&oacute;n), una met&aacute;fora de la naturaleza humana (con todas sus m&aacute;scaras), una mentira a contraluz de la raz&oacute;n (que se refleja y se opone a un sistema de creencias pretendidamente ciertas). O una forma de pensar y organizar las preguntas y los sistemas de la vida a partir de una l&oacute;gica propia y muy cercana a la capacidad de significaci&oacute;n &ndash;multiforme y seguramente infinita&ndash; de la articulaci&oacute;n narrativa, a la potencia &ndash;creadora de mundos&ndash; de la palabra. Y acaso esto &uacute;ltimo sea la sola raz&oacute;n por la que Hefesto sobrevive: para resolver aprender, en el siglo XXI de los cristianos, despu&eacute;s de todo, a leer y escribir.
    </p><p class="article-text">
        En este mismo sentido caminan, hacia el final del art&iacute;culo, estas palabras de Doris Lessing: &ldquo;Supongamos que el agua inundara nuestras ciudades, que se elevara el nivel del mar. El narrador sobrevivir&aacute;, porque nuestra imaginaci&oacute;n nos determina, nos sustenta, nos crea: para bien o para mal y para siempre&rdquo; (<em>On not winning the Nobel Prize</em>).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/croniques-del-deu-coix-joan-lluis-lluis-llibres_132_4933764.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Apr 2014 09:44:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1b6a9326-a42f-4fcb-a7fa-9c16b805bdbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242480" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1b6a9326-a42f-4fcb-a7fa-9c16b805bdbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242480" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Les cròniques del déu coix’, de la guerra de los mundos, de la supervivencia de la memoria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1b6a9326-a42f-4fcb-a7fa-9c16b805bdbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Les cròniques del déu coix’, de la guerra dels mons, de la supervivència de la memòria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/croniques-del-deu-coix-joan-lluis-lluis-llibres_132_4933757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b6a9326-a42f-4fcb-a7fa-9c16b805bdbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Les cròniques del déu coix’, de la guerra dels mons, de la supervivència de la memòria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mite i la història es donen la mà en la nova novel.la de Joan-Lluís Lluís, publicada per Proa i amb il.lustracions de Perico Pastor</p></div><p class="article-text">
        A la darrera novel.la de Joan-Llu&iacute;s Llu&iacute;s (<em>Les cr&ograve;niques del d&eacute;u coix</em>, Proa, octubre de 2013), un d&eacute;u lleig, sec, coix, suat, esparracat i ven&ccedil;ut ens explica com els seus formidables germans, les divinitats de l&rsquo;Olimp, van morir de fam quan els humans van deixar de creure-hi. Amb la caiguda de l&rsquo;imperi rom&agrave;, i amb l&rsquo;adveniment del D&eacute;u &uacute;nic dels cristians, noves lleis, altres relats, in&egrave;dites prohibicions i la fe convertida en dogma bastirien el naixement d&rsquo;una civilitzaci&oacute; amb la seva pr&ograve;pia cosmogonia, una explicaci&oacute; de l&rsquo;origen i la ra&oacute; de l&rsquo;Univers que, per existir, necessitava escombrar de la fa&ccedil; de la Terra el pante&oacute; dels antics. Aix&iacute;, la nissaga ol&iacute;mpica va desapar&egrave;ixer quan no va quedar ning&uacute; que es record&eacute;s d&rsquo;adorar-los, quan es va extingir la flama dels sacrificis oficiats en honor seu. Perqu&egrave; el cert &eacute;s que els d&eacute;us tan sols s&rsquo;alimentaven de la devoci&oacute; humana, i &ldquo;els festins de l&rsquo;Olimp, amb les taules parades amb carn i peix, amb pa i fruita, amb vi, n&egrave;ctar i ambrosia eren enganyifes inspirades pels d&eacute;us als poetes i als pintors per fer creure als humans que els d&eacute;us no els necessitaven; en realitat els d&eacute;us nom&eacute;s menjaven fum, nom&eacute;s bevien fum&rdquo;. Som al segle VII dels cristians, i la mort de les divinitats paganes ha apagat, amb el foc, una manera de veure el m&oacute;n. Per&ograve;, incomprensiblement i involunt&agrave;ria, un d&rsquo;ells sobreviu... potser nom&eacute;s per a contar la seva hist&ograve;ria.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/99a4bf2c-dc5d-4376-a998-e2ee8ed4e03b_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Hefest (m&eacute;s tard Vulc&agrave;), un &eacute;sser esquerp, asocial i estrafet, era el d&eacute;u del foc i dels metalls, de la intel.lig&egrave;ncia manual (<em>tekn&eacute;</em>), el fill sense pare d&rsquo;Hera, esposa de Zeus, i el marit leg&iacute;tim de la deessa del desig i la bellesa. Treballador infatigable, senyor de l&rsquo;escalfor i el fum de les fargues, i orfebre prodigi&oacute;s, &eacute;s ara, tamb&eacute;, el narrador en primera persona del transcurs dels segles despr&eacute;s de la desfeta del seu m&oacute;n, el testimoni indiferent de la hist&ograve;ria dels humans m&eacute;s enll&agrave; de la caiguda de la Gr&egrave;cia i la Roma antigues, obligat, per sobreviure, a adaptar-se com pot i coexistir, entre desdeny&oacute;s i perplex, retirat a la seva estimada Sic&iacute;lia, amb l&rsquo;ambici&oacute;, l&rsquo;afany, l&rsquo;esglai, la mis&egrave;ria i el somni de l&rsquo;aventura dels mortals.
    </p><p class="article-text">
        I aix&iacute; passen cents d&rsquo;anys com el temps de cent badalls d&rsquo;un d&eacute;u, i Hefest ha d&rsquo;assumir la humiliaci&oacute; de tractar amb els humans com el preu dels sacrificis que necessita per viure, i apr&egrave;n a relacionar-s&rsquo;hi des d&rsquo;una arrog&agrave;ncia distant, comprant la seva por, la seva adoraci&oacute; i el seu silenci. Per&ograve; molt de tant en tant, en la imparable successi&oacute; de generacions, en l&rsquo;encadenament dels canvis, les revolucions, els invents, les guerres i les morts que han escrit la nostra hist&ograve;ria tal com l&rsquo;hem llegit fins ara, algun cop de tant en tant sobrev&eacute;, tamb&eacute; per a Hefest, la meravella de trobar-se amb els altres, de sentir &ndash;curiositat, incomprensi&oacute;, desig i fins i tot amor&ndash; i d&rsquo;equivocar-se. I s&oacute;n aquestes inflexions de la veu i la mirada les poques excepcions, comptades, que fan que un d&eacute;u no plori l&rsquo;oblit del seu nom, tot just per una estona, i apropen el lector a la sort d&rsquo;un personatge complex, rod&oacute;, i als replecs de la seva hist&ograve;ria.
    </p><p class="article-text">
        Amb l&rsquo;estil captivador i amable propi de les grans narracions, i amb les potents il.lustracions de Perico Pastor, <em>Les cr&ograve;niques del d&eacute;u coix</em> &eacute;s una novel.la que est&eacute;n tantes lectures com entrades o accepcions guarda la paraula <em>mite</em>. Aix&ograve; &eacute;s, una<em> </em>&ldquo;narraci&oacute; fabulosa purament inventada&rdquo; (pel plaer, irresistible, de la ficci&oacute;), una met&agrave;fora de la naturalesa humana (en totes les seves m&agrave;scares), una mentida a contrallum de la ra&oacute; (que s&rsquo;emmiralla i s&rsquo;oposa a un sistema de creences pretesament verdaderes). O una manera de pensar i organitzar les preguntes i els sistemes de la vida a partir d&rsquo;una l&ograve;gica pr&ograve;pia i molt unida a la capacitat de significaci&oacute; &ndash;multiforme i segurament infinita&ndash; de l&rsquo;articulaci&oacute; narrativa, a la pot&egrave;ncia &ndash;creadora de mons&ndash; de la paraula. I potser aix&ograve; &uacute;ltim &eacute;s la sola ra&oacute; per qu&egrave; Hefest sobreviu: per decidir-se a aprendre, al segle XXI dels cristians, despr&eacute;s de tant de tot, a llegir i escriure.
    </p><p class="article-text">
        En aquest mateix sentit caminen, cap al final de l&rsquo;article, aquestes paraules de Doris Lessing: &ldquo;Suposem que l&rsquo;aigua inund&eacute;s les nostres ciutats, que s&rsquo;elev&eacute;s el nivell del mar. El narrador sobreviur&agrave;, perqu&egrave; la nostra imaginaci&oacute; ens determina, ens sustenta, ens crea: per b&eacute; o per mal i per sempre&rdquo; (<em>On not winning the Nobel Prize</em>).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f4a58f21-f442-47f4-89d9-1dae5eccb272_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/croniques-del-deu-coix-joan-lluis-lluis-llibres_132_4933757.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Apr 2014 09:43:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1b6a9326-a42f-4fcb-a7fa-9c16b805bdbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242480" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1b6a9326-a42f-4fcb-a7fa-9c16b805bdbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242480" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Les cròniques del déu coix’, de la guerra dels mons, de la supervivència de la memòria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1b6a9326-a42f-4fcb-a7fa-9c16b805bdbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yo es otra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/marta-rojals-l-altra-la-magrana_132_4990485.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres años y ocho ediciones después de</p><p class="subtitle">Primavera, estiu, etcètera</p><p class="subtitle">, el pasado enero llegó a las librerías</p><p class="subtitle">L’altra</p><p class="subtitle">(RBA - La Magrana), bienvenida segunda novela de Marta Rojals.</p></div><p class="article-text">
        Hecha de pliegues, curvas y silencios, <em>L&rsquo;altra </em>es la historia de Anna y de todos sus dobles. Anna, Annona, Nona, dise&ntilde;adora gr&aacute;fica por azar, rozando los cuarenta, arisca y enigm&aacute;tica, arrastrando con Nel una relaci&oacute;n tocada por los a&ntilde;os, <em>inadaptada de serie</em>, introspectiva por naturaleza, haciendo girar la rueda de los d&iacute;as a golpe de pedal. Imaginando atajos, explorando el sexo, equilibrando trompazos, coleccionista de olvidos y secretos, Anna calla, no se pregunta lo que duele responder y calcula, calcula, calcula&hellip; la salida f&aacute;cil, la palabra justa y la medida indolora de las cosas. Para poner el contador a cero &ndash;<em>reset</em>: &lsquo;reinicializa los cambios realizados&rsquo;&ndash;, y volver a empezar.
    </p><p class="article-text">
        Con una protagonista inquietante y compleja, que a un tiempo se construye y se desintegra, y una aventura m&aacute;s grave, m&aacute;s seria, lejos de la otra <em>Primavera&hellip;</em>, ahora Rojals teje, con tino, una fina telara&ntilde;a all&iacute; donde el aire se hiende. El aire enrarecido que nos separa de los dem&aacute;s y el aire que se aspira, hondo, antes de hablar para decir a las claras aquello que importa, lo que hace tiempo que se esconde y se espera o toda la verdad. O no, y seguir adelante. Y as&iacute;, los personajes de esta novela desfilan y crecen en una deriva rabiosamente actual: la Barcelona de la crisis y todos sus estragos, la extrema fragilidad cotidiana que impregna y articula nuestros afectos, y la despedida de la d&eacute;cada de los treinta de una generaci&oacute;n que ha perdido el mundo que apenas empezaba a medir y conocer.
    </p><p class="article-text">
        Desde la voz de una tercera persona agarrada a la mirada di&oacute;ptrica de Anna, la narraci&oacute;n se arma, como un edificio lo bastante s&oacute;lido, con una arquitectura dif&iacute;cil y arm&oacute;nica de elipsis y palabra, de pausa y discurso, en que el pasado irrumpe de un portazo, una y otra vez, y atasca el d&iacute;a a d&iacute;a en los desgarros de un presente hecho de sombras. Y con la fuerza de un estilo que reconocer&aacute;n los lectores que se dejaron cautivar, en la primera novela de la autora, por la frase &aacute;gil, el humor, la naturalidad del habla, la aguda y fresca verosimilitud de los di&aacute;logos y los giros insospechados que hacen saltar las p&aacute;ginas. Acaso aqu&iacute;, sin embargo, m&aacute;s elaborado y oscuro, m&aacute;s denso, menos fresco, y con todo, un estilo que revela un o&iacute;do afinado y una preocupaci&oacute;n, entre divertida y apasionada, por los avatares del lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, una galer&iacute;a de personajes bien trabajados y las brechas y los sustos de sus relaciones intrincadas, una elaborada construcci&oacute;n temporal, desordenada con acierto, y la palabra afilada y suelta de Marta Rojals configuran el engranaje de una historia bien trabada y escriben la receta de un libro que se devora. Que nos recuerda la respuesta con la que el poeta cambi&oacute;, por fuerza y para siempre, la pregunta por la identidad contempor&aacute;nea. Porque si nunca acabamos de saber de qu&eacute; est&aacute; hecha la materia de la imagen que nos devuelven los espejos, qu&eacute; hay de luz y qu&eacute; de sombra, ni cu&aacute;les son las fuerzas que equilibran la cadena de los d&iacute;as, tal vez nunca sabremos, tampoco, hasta d&oacute;nde podemos tirar de la cuerda que, dolorosamente o por suerte, nos ata a los dem&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/marta-rojals-l-altra-la-magrana_132_4990485.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Mar 2014 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Yo es otra]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jo és una altra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/marta-rojals-l-altra-la-magrana_132_4990494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres anys i vuit edicions després de</p><p class="subtitle">Primavera, estiu, etcètera,</p><p class="subtitle">al gener va arribar a les llibreries</p><p class="subtitle">L’altra</p><p class="subtitle">(RBA-La Magrana), benvinguda segona novel.la de Marta Rojals.</p></div><p class="article-text">
        Feta de plecs, revolts i silencis, <em>L&rsquo;altra</em> &eacute;s la hist&ograve;ria de l&rsquo;Anna i de tots els seus dobles. L&rsquo;Anna, l&rsquo;Annona, Nona, dissenyadora gr&agrave;fica per atzar, fregant els quaranta, esquiva i enigm&agrave;tica, arrossegant amb el Nel una relaci&oacute; tocada pels anys, <em>inadaptada de s&egrave;rie</em>, introspectiva de mena, fent girar la roda dels dies a cops de pedal. Rumiant dreceres, explorant el sexe, equilibrant trompades, col.leccionista d&rsquo;oblits i secrets, l&rsquo;Anna calla, no es pregunta el que fa mal respondre i calcula, calcula, calcula... la sortida f&agrave;cil, la paraula justa i la mesura indolora de les coses. Per posar el comptador a zero &ndash;<em>reset</em>: &lsquo;reinicialitza els canvis realitzats&rsquo;&ndash;, i tornar a comen&ccedil;ar.
    </p><p class="article-text">
        Amb una protagonista inquietant i complexa, que alhora es construeix i es desintegra, i una aventura m&eacute;s greu, m&eacute;s seriosa, lluny de l&rsquo;altra <em>Primavera...</em>, ara Rojals fila, prim, una fina teranyina de vidre all&agrave; on l&rsquo;aire s&rsquo;esberla. L&rsquo;aire enrarit que ens separa dels altres i l&rsquo;aire que s&rsquo;aspira fons abans de parlar per dir, ras i curt, all&ograve; que importa, el que fa temps que s&rsquo;amaga i s&rsquo;espera o tota la veritat. O no, i anar tirant. I aix&iacute;, els personatges d&rsquo;aquesta novel.la desfilen i creixen en una deriva rabiosament actual: la Barcelona de la crisi i tots els seus estralls, l&rsquo;extrema fragilitat quotidiana que impregna i articula els nostres afectes, i el comiat de la d&egrave;cada dels trenta d&rsquo;una generaci&oacute; que ha perdut el m&oacute;n que amb prou feines comen&ccedil;ava a apamar i a con&egrave;ixer.
    </p><p class="article-text">
        Des de la veu, aquesta vegada, d&rsquo;una tercera persona aferrada a la mirada di&ograve;ptrica de l&rsquo;Anna, la narraci&oacute; es basteix, com un edifici prou s&ograve;lid, amb una arquitectura dif&iacute;cil i harm&ograve;nica d&rsquo;el&middot;lipsi i paraula, de pausa i discurs, en qu&egrave; el passat irromp d&rsquo;un cop de porta, ara s&iacute; i ara tamb&eacute;, i encalla el dia a dia en els esquin&ccedil;os d&rsquo;un present fet d&rsquo;ombres. I amb la for&ccedil;a d&rsquo;un estil que reconeixeran els lectors que es van deixar encisar, a la primera novel.la de l&rsquo;autora, per la frase &agrave;gil, l&rsquo;humor, la naturalitat de la parla, l&rsquo;aguda i fresca versemblan&ccedil;a dels di&agrave;legs i els girs insospitats que fan saltar les p&agrave;gines. Potser aqu&iacute;, per&ograve;, m&eacute;s elaborat i m&eacute;s fosc, m&eacute;s dens, menys fresc, i amb tot, un estil que revela una o&iuml;da afinada i una preocupaci&oacute;, entre divertida i apassionada, pels avatars del llenguatge.
    </p><p class="article-text">
        Aix&iacute;, una galeria de personatges ben treballats i els esvorancs i els ensurts de les seves relacions intricades, una elaborada construcci&oacute; temporal, desordenada amb encert, i la paraula esmolada i solta de Marta Rojals configuren l&rsquo;engranatge d&rsquo;una hist&ograve;ria ben travada i escriuen la recepta d&rsquo;un llibre que es devora. Que ens recorda la resposta amb qu&egrave; el poeta va canviar, per for&ccedil;a i per sempre, la pregunta per la identitat contempor&agrave;nia. Perqu&egrave; si mai no acabem de saber de qu&egrave; est&agrave; feta la mat&egrave;ria de la imatge que ens retornen els miralls, qu&egrave; hi ha de llum i de foscor, ni quines s&oacute;n les forces que equilibren la cadena dels dies, potser mai no sabrem tampoc fins a on podem estirar la corda que, dolorosament o per sort, ens lliga als altres. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/marta-rojals-l-altra-la-magrana_132_4990494.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Mar 2014 20:04:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Jo és una altra]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yu Hua: una insòlita mirada al passat i a la història]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/yu-hua-el-passat-i-els-castigs-males-herbes_132_5078228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">L’editorial Males Herbes publica quatre relats de Yu Hua, d’una poètica esfereïdora i inèdits fins ara en llengua catalana</p><p class="subtitle">El novembre del 2013, Yu Hua va presentar</p><p class="subtitle">El passat i els càstigs</p><p class="subtitle">a Barcelona i va mirar de respondre les moltes preguntes que suscita la seva literatura</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
         El primer dimarts de novembre de l&rsquo;any que acaba de  passar, al Centre de Cultura Contempor&agrave;nia de Barcelona, l&rsquo;escriptor Yu  Hua va ser convidat a parlar de la seva literatura a prop&ograve;sit de  l&rsquo;obertura del m&agrave;ster en estudis xinesos de la Universitat Pompeu Fabra i  de la publicaci&oacute;, amb tapes verdes (Males Herbes), d&rsquo;un llibre que  recull quatre relats seus de fa anys, de quan l&rsquo;autor deixava d&rsquo;arrencar  dents i desinflamar genives per provar de fer-se escriptor. Prenent el  t&iacute;tol del segon d&rsquo;aquests relats inicials i qui sap si inici&agrave;tics, el  volum es troba a les llibreries com <em>El passat i els c&agrave;stigs</em>, i  desplega quatre hist&ograve;ries que, probablement, siguin els contes m&eacute;s  cruels (m&eacute;s i tot que els contes infantils, a l&rsquo;estil de l&rsquo;Andersen i  els germans Grimm originals, s&rsquo;ent&eacute;n, aix&ograve; &eacute;s, abans de la irrupci&oacute; de  la correcci&oacute; pol&iacute;tica en tots els espais, no immunes, de la tradici&oacute; de  la paraula i la imaginaci&oacute;), els contes m&eacute;s cruels, doncs, que he llegit  mai, sobretot un.
    </p><p class="article-text">
        Yu Hua s&rsquo;inscriu en la primera generaci&oacute;  d&rsquo;escriptors que agafen la ploma (o es posen a les tecles) alliberats de  les constriccions, la censura, la por i els c&agrave;stigs a qu&egrave; els anys durs  del maoisme sotmeteren els intel.lectuals i artistes a la Xina. I la  seva carrera liter&agrave;ria s&rsquo;inicia en un moment d&rsquo;ebullici&oacute; cultural,  d&rsquo;efervesc&egrave;ncia creativa i d&rsquo;obertura a noves influ&egrave;ncies &ndash;els anys 80  del segle passat&ndash; en qu&egrave; sorgeixen autors i moviments que buscaran  subvertir els vells c&agrave;nons est&egrave;tics a trav&eacute;s de l&rsquo;experimentaci&oacute; formal,  a la recerca d&rsquo;un llenguatge v&agrave;lid per dir el present amb l&rsquo;&agrave;nim  entusiasta d&rsquo;una nova avantguarda. En aquest moment de la hist&ograve;ria  cultural de la Xina, doncs, i en aquest principi de la traject&ograve;ria d&rsquo;un  escriptor, cal situar els quatre relats que componen <em>El passat i els c&agrave;stigs.</em> M&eacute;s endavant, apareixeran les obres que han consagrat Yu Hua tant al seu pa&iacute;s com internacionalment: <em>Vivir! </em>(1992), una novel.la adaptada al cinema per Zang Yhimou, <em>Chronicle of a Blood Merchant </em>(1995) o <em>Brothers </em>(2005). 
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve;  de moment, per al cas que ens ocupa, s&rsquo;acaba de publicar, per primera  vegada en catal&agrave;, un recull de quatre narracions del qual dif&iacute;cilment  cap lector en sortir&agrave; il.l&egrave;s. Un llibre per on, en atmosferes  descarnades i on&iacute;riques, tocades pels reflexos oblics d&rsquo;una llum  inc&ograve;moda com un mal pressentiment, deambulen, amb la vida trencada,  personatges que, per m&eacute;s que llegim, mai no arribem a con&egrave;ixer, i on  d&rsquo;un passat brutal que s&rsquo;endevina per&ograve; no se&rsquo;n parla emergeix, com un  malson fora del temps, un m&oacute;n incomprensible i inh&ograve;spit, embogit pel  record, que destil.la un present estrany fet de viol&egrave;ncia, calamitats i  desprop&ograve;sits, poblat per criatures ferides sense nom i sense sort. Les  refer&egrave;ncies hist&ograve;riques al passat immediat (els estralls de la Revoluci&oacute;  Cultural) s&rsquo;intueixen per&ograve; no hi s&oacute;n, la psicologia dels personatges es  perd en la crueltat inusitada dels seus actes, i no hi ha codi ni  discurs que ens transporti a l&rsquo;&agrave;mbit referencial de la normalitat  pretesament compartida. I &eacute;s cap aquest univers desancorat, cap a una  deriva perplexa o <em>un tipus de realitat </em>estrafeta on s&rsquo;encaminen  els ulls del lector, inevitablement desprevingut, que obre per primer  cop aquest volum. I no hi ha exegesi, glossa, cr&iacute;tica, dreceres ni  consells que valguin. Tan sols la for&ccedil;a intr&iacute;nseca, la pot&egrave;ncia &iacute;ntima  de la paraula quan va de la m&agrave; de la literatura, enginyera de mons i  camins sobre la lletra impresa que ens creen i ens sustenten, que  perduren.
    </p><p class="article-text">
        Pot ser, doncs, que l&rsquo;experi&egrave;ncia de llegir <em>El passat i els c&agrave;stigs</em> consisteixi a passar p&agrave;gines com qui devora ensurts, reprimint les  ganes de tapar-se la cara o tancar els ulls, encadenant imatges  esbala&iuml;dores articulades amb un estil sec, directe i potent. Fins al  final, quan probablement no sabrem qu&egrave; pensar, qu&egrave; sentim o si ens  atrevir&iacute;em a recomanar a ning&uacute; la lectura d&rsquo;aquest llibre. Per&ograve; parat el  cop, passat el xoc, pot ser tamb&eacute; &ndash;i fa mal de dir&ndash; que la viol&egrave;ncia  esdevingui de mica en mica m&eacute;s indolora, i que els ulls, desorbitats i  endurits, astorats i incr&egrave;duls, reconeguin de sobte que han llegit sang i  fetge, i poesia. I &eacute;s que en la quasi absoluta abs&egrave;ncia de pistes i  referents, de m&oacute;n interior dels personatges, de context hist&ograve;ric, de  coordenades m&eacute;s enll&agrave; de la p&agrave;gina &ndash;en la m&eacute;s deshabitada falta de  consol&ndash; es presenta, sencera i sonora, la for&ccedil;a de la paraula est&egrave;tica,  de l&rsquo;experi&egrave;ncia po&egrave;tica, i la capacitat de commoci&oacute; &ndash;de trastorn, de  fer forat i sotragada en les funcions cel.lulars dels &ograve;rgans lectors,  vitals&ndash; de la (bona, si &eacute;s que n&rsquo;hi ha una altra) literatura.
    </p><p class="article-text">
        Dos  mesos despr&eacute;s de rellegir i corregir aquests relats i decidir baixar a  Barcelona, el primer dimarts de novembre, per sentir parlar Yu Hua en  una sala replena del CCCB, i ara que el text s&rsquo;ha fet llibre, encara no  tinc clares les lesions anat&ograve;miques que hagi pogut produir-me. Per&ograve; no  me&rsquo;n penedeixo, agraeixo l&rsquo;aventura i &ndash;no puc prometre-ho, per&ograve;  segurament&ndash; repetiria el viatge.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/yu-hua-el-passat-i-els-castigs-males-herbes_132_5078228.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jan 2014 22:25:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Yu Hua: una insòlita mirada al passat i a la història]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yu Hua: una insólita mirada al pasado y a la historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/yu-hua-el-passat-i-els-castigs-males-herbes_132_5078236.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La editorial Males Herbes publica cuatro relatos de Yu Hua, de una poética aterradora e inéditos hasta ahora en lengua catalana</p><p class="subtitle">Dos meses atrás, Yu Hua presentó</p><p class="subtitle">El passat i els càstigs</p><p class="subtitle">en Barcelona y trató de responder a las muchas preguntas que suscita su literatura</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3c16eb04-20b1-49b1-a62b-289a8d1d34a6_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
         El primer martes de noviembre del a&ntilde;o que acaba de pasar, en el Centre de Cultura Contempor&agrave;nia de Barcelona, el escritor Yu Hua fue invitado a hablar de su literatura a prop&oacute;sito de la apertura del m&aacute;ster en estudios chinos de la Universitat Pompeu Fabra y de la publicaci&oacute;n con tapas verdes (Males Herbes), de un libro que recoge cuatro de sus relatos de hace a&ntilde;os, de cuando nuestro autor dejaba de arrancar dientes y desinflamar enc&iacute;as para tratar de convertirse en escritor. Tomando el t&iacute;tulo del segundo de estos relatos iniciales y qui&eacute;n sabe si inici&aacute;ticos, el volumen se encuentra en las librer&iacute;as como <em>El passat i els c&agrave;stigs</em>, y despliega cuatro historias que, probablemente, sean los cuentos m&aacute;s crueles (m&aacute;s a&uacute;n que los cuentos infantiles, al estilo del Andersen y los hermanos Grimm originales, se entiende, esto es, antes de la irrupci&oacute;n de la correcci&oacute;n pol&iacute;tica en todos los espacios, no inmunes, de la tradici&oacute;n de la palabra y la imaginaci&oacute;n), los cuentos m&aacute;s crueles, pues, que he le&iacute;do jam&aacute;s, sobre todo uno. 
    </p><p class="article-text">
        Yu Hua se inscribe en la primera generaci&oacute;n de escritores que cogen la pluma (o se sientan al teclado) liberados de las constricciones, la censura, el miedo y los castigos a los que los a&ntilde;os duros del mao&iacute;smo sometieron a los intelectuales y artistas en China. Y su carrera literaria se inicia en un momento de ebullici&oacute;n cultural, de efervescencia creativa y de apertura a nuevas influencias &ndash;los a&ntilde;os 80 del siglo pasado&ndash; en el que surgen autores  y movimientos que tratar&aacute;n de subvertir los viejos c&aacute;nones est&eacute;ticos a trav&eacute;s de la experimentaci&oacute;n formal, en busca de un lenguaje v&aacute;lido para decir el presente con el &aacute;nimo entusiasta de una nueva vanguardia. En este momento de la historia cultural de China, pues, y en este principio de la trayectoria de un escritor, cabe situar los cuatro relatos que componen <em>El passat i els c&agrave;stigs</em>. M&aacute;s adelante, aparecer&aacute;n las obras que han consagrado Yu Hua tanto en su pa&iacute;s como internacionalmente: <em>Vivir! </em>(1992), una novela adaptada al cine por Zhang Yimou, <em>Chronicle of a Blood Merchant </em>(1995) o <em>Brothers </em>(2005). 
    </p><p class="article-text">
        Pero de momento, para el caso que nos ocupa, se acaba de publicar, por primera vez en catal&aacute;n, un volumen de cuatro narraciones del que dif&iacute;cilmente el lector saldr&aacute; ileso. Un libro por donde, en atm&oacute;sferas descarnadas y on&iacute;ricas, tocadas por los reflejos oblicuos de una luz inc&oacute;moda como un mal presentimiento, deambulan, con la vida rota, personajes que, por m&aacute;s que leamos, nunca llegaremos a conocer, y donde, de un pasado brutal que se adivina pero del que no se habla, emerge, como una pesadilla fuera del tiempo, un mundo incomprensible e inh&oacute;spito, enloquecido por el recuerdo, que destila un presente extra&ntilde;o hecho de violencia, calamidades y desprop&oacute;sitos, poblado por criaturas sin nombre y sin suerte. La referencias hist&oacute;ricas al pasado inmediato (los estragos de la Revoluci&oacute;n Cultural) se intuyen pero no est&aacute;n, la psicolog&iacute;a de los personajes se pierde en la crueldad inusitada de sus actos, y no hay c&oacute;digo ni discurso que nos transporte al &aacute;mbito referencial de la normalidad supuestamente compartida. Y es hacia este universo desancorado, hacia una deriva perpleja o <em>un tipo de realidad </em>contrahecha adonde se dirigen los ojos del lector, inevitablemente desprevenido, que abre por primera vez este libro. Y no hay ex&eacute;gesis, glosa, cr&iacute;tica, atajos ni consejos que valgan. Apenas la fuerza intr&iacute;nseca, la potencia &iacute;ntima de la palabra cuando va de la mano de la literatura, ingeniera de mundos y caminos sobre la letra impresa que nos crean y sustentan, que perduran. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, es posible que la experiencia de leer <em>El passat i els c&agrave;stigs </em>consista en pasar p&aacute;ginas como quien devora sustos, reprimiendo las ganas de taparse la cara o cerrar los ojos, encadenando im&aacute;genes aterradoras articuladas con un estilo seco, directo y potente. Hasta el final, cuando probablemente no sabremos qu&eacute; pensar, qu&eacute; sentimos o si osar&iacute;amos recomendar a alguien la lectura de este libro. Pero, encajado el golpe, pasado el choque, puede ser tambi&eacute;n &ndash;&iquest;est&aacute; mal decirlo?&ndash; que la violencia se vuelva poco a poco m&aacute;s indolora, y que los ojos, desorbitados y endurecidos, asombrados e incr&eacute;dulos, reconozcan  de repente que han le&iacute;do sangre y delirio, y poes&iacute;a. Y es que en la casi absoluta ausencia de pistas y referentes, de mundo interior de los personajes, de contexto hist&oacute;rico, de coordenadas m&aacute;s all&aacute; de la p&aacute;gina &ndash;en la m&aacute;s deshabitada falta de consuelo&ndash; se presenta, entera y sonora, la fuerza de la palabra est&eacute;tica, de la experiencia po&eacute;tica, y la capacidad de conmoci&oacute;n &ndash;de trastorno de las funciones celulares de los &oacute;rganos lectores, vitales&ndash; de la (buena, si es que existe otra) literatura.
    </p><p class="article-text">
        Dos meses despu&eacute;s de releer y corregir estos relatos y decidir bajar a Barcelona, el primer martes del pasado noviembre, para o&iacute;r hablar a Yu Hua en una sala repleta del CCCB, y ahora que el texto se ha hecho libro, a&uacute;n no acierto a valorar las lesiones anat&oacute;micas que haya podido producirme. Pero no me arrepiento, agradezco la aventura y &ndash;no puedo prometerlo, pero seguramente&ndash; repetir&iacute;a el viaje.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joana Castells Savall]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/el-diari-de-la-cultura/yu-hua-el-passat-i-els-castigs-males-herbes_132_5078236.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jan 2014 22:24:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Yu Hua: una insólita mirada al pasado y a la historia]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
