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    <title><![CDATA[elDiario.es - Yago García]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/yago_garcia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Yago García]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Progresivos y peligrosos: el lado más bestia del "underground"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/progresivos-peligrosos-lado-bestia-underground_1_4316656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/01d4bd0b-20a1-404a-b404-756316708f81_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Soft Machine: Robert Wyatt, Daevid Allen, Kevin Ayers y Mike Ratledge"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Despedimos a Daevid Allen, músico y provocador, con un repaso a esos grupos de los que no va a hablarte (casi) nadie</p><p class="subtitle">¿Creías que todo el rock de vanguardia era soporífero? Estos grupos animaron la escena de los 70 compaginando política, diversión y ruido</p><p class="subtitle">Desde la Italia de Area a la Alemania de Amon Düül II, Europa fue un semillero de bandas capaces de poner tus neuronas en escabeche</p></div><p class="article-text">
        As&iacute; es como acaba todo: no con un estallido, sino con unos cuantos obituarios caracterizados por la presencia de la palabra &ldquo;hippie&rdquo; y por un tono de leve condescendencia, como corresponde un rockero que nunca lleg&oacute; a ser demasiado famoso. Aun as&iacute;, conviene llorar lo justo al se&ntilde;or <strong>Daevid Allen</strong>, fallecido el viernes 13 de febrero en su Australia natal. Cumplidos ya los 77 a&ntilde;os, este m&uacute;sico y poeta hab&iacute;a reaccionado deportivamente a su segundo diagn&oacute;stico de c&aacute;ncer, preparando con serenidad un &oacute;bito que le lleg&oacute; (seg&uacute;n el comunicado en Facebook de su hijo Orlando) rodeado de familia y amigos. Un fin muy digno para el fundador de <strong>Soft Machine</strong> y cerebro creativo de <strong>Gong</strong>. Es decir, para un se&ntilde;or cuya impronta en la m&uacute;sica pop resulta, cuanto menos, cicl&oacute;pea.
    </p><p class="article-text">
        Guitarrista de t&eacute;cnica personal&iacute;sima, <em>bon vivant </em>pertinaz (aunque menos que su amigo Kevin Ayers) y viajero infatigable, Daevid Allen era tambi&eacute;n supon&iacute;a el desmentido viviente para uno de los relatos m&aacute;s pertinaces de la historia del rock: tras probar la mixtura de misticismo, antiautoritarismo y cachondeo vertida en sus canciones, costaba un poco m&aacute;s creerse eso de que los Sex Pistols salvaron a la m&uacute;sica popular de ser devorada por aquellos dinosaurios de los 70 que ol&iacute;an a pachul&iacute;. No s&oacute;lo porque Allen fuese uno de los pocos miembros de su quinta en simpatizar con las hordas del imperdible (esc&uacute;chese el &aacute;lbum de Gong <em>Live Floating Anarchy </em>-1977- si se tienen dudas), sino porque nos recuerda que, cuando quer&iacute;an o les apetec&iacute;a, los grupos progresivos pod&iacute;an ser m&aacute;s grasientos, ruidosos, inc&oacute;modos y cargados de consignas que los Damned, los Stranglers, los Clash o cualquier otro de sus relevos en la industria. Aqu&iacute; van unos ejemplos para probarlo.
    </p><h3 class="article-text">GONG: BANANA, NIRVANA, MA&Ntilde;ANA</h3><p class="article-text">
        Encabezados por Daevid Allen, y con sus reales aposentados entre Francia, Gran Breta&ntilde;a y Mallorca, Gong eran a primera vista una comuna de hippies flipados. A segunda vista, tambi&eacute;n lo eran, pero no de forma negativa: cargaditos de sintetizadores, y dotados con una mitolog&iacute;a propia expresada en mantras como <em>&ldquo;&iexcl;Hare, Hare, </em>lavabo de se&ntilde;oras!&rdquo;, ofrec&iacute;an sonoridades de gran originalidad, am&eacute;n de dar p&aacute;bulo a ideolog&iacute;as tan poco frecuentes en el rock de su &eacute;poca como el feminismo. Esto &uacute;ltimo, gracias a la vocalista Gilly Smith, ex profesora de la Sorbona y (dice la leyenda) primera cantante brit&aacute;nica en pronunciar la palabra <em>&ldquo;fuck&rdquo; </em>en un disco. Sus obras capitales <em>(Camembert Electrique </em>-1971- y la trilog&iacute;a formada por <em>Flying Teapot, Angel&rsquo;s Egg </em>y <em>You </em>-1973, 1974-) prueban tanto su talento como su capacidad de no tomarse nada en serio, salvo la m&uacute;sica.
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            </figure><h3 class="article-text">HENRY COW: VIVIENDO EN EL CORAZ&Oacute;N DE LA BESTIA</h3><p class="article-text">
        A Soft Machine, el grupo que Daevid Allen contribuy&oacute; a fundar junto a Kevin Ayers y Robert Wyatt, se le considera germen del &lsquo;sonido Canterbury&rsquo;, movimiento que ofrec&iacute;a un pop surrealista y alambicado en sus encarnaciones m&aacute;s amables (Caravan, Hatfield and the North) y que, en las menos amables, se coagulaba en brutalidades como las perge&ntilde;adas por esta banda. Aglutinadores del movimiento Rock In Opposition (sonidos progresivos de ideolog&iacute;a izquierdista y complejidad endiablada), Henry Cow nunca ofrecieron m&uacute;sica &lsquo;f&aacute;cil&rsquo;, pero ni siquiera este aviso puede preparar al oyente para <em>In Praise of Learning, </em>su &aacute;lbum de 1975, armado en torno a andamios de free jazz, serialismo vien&eacute;s y pop deforme, con la cantante Dagmar Krause ejerciendo de dominatrix mao&iacute;sta. Junto a Krause, Lindsay Cooper (a cargo de un arsenal de instrumentos de viento) y la bajista Georgina Born prueban que, all&aacute; donde hay ruido y voluntad de inquietar, los roles de g&eacute;nero importan bien poco.
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            </figure><h3 class="article-text">HAWKWIND: TORMENTA CEREBRAL, ALL&Aacute; VAMOS</h3><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Anda, los de Lemmy!&rdquo;, habr&aacute; pensado m&aacute;s de un lector o lectora. Y, s&iacute;: el futuro mostacho de M&ouml;torhead form&oacute; parte de este grupo, cuya longevidad y pantagru&eacute;lico consumo de alucin&oacute;genos ha movido a comparaciones con The Grateful Dead. Que nadie se llame a enga&ntilde;o, pese a ello, porque los buenos momentos de Hawkwind (aquellos que van desde su debut hom&oacute;nimo de 1970 hasta <em>Quark, Strangeness and Charm </em>-1977-) no suenan a divagaci&oacute;n pastoril, sino a paseo por el Londres pre-gentrificaci&oacute;n bajo los efectos de un tripi pasado de fecha. En algo se les ten&iacute;a que notar a estos burrifacios su amistad con J. G. Ballard y Michael Moorcock, escritores cuyas obras inspiraron muchos momentos cumbres de su rock extremadamente primordial (vertiente &ldquo;dos acordes, y vas que te matas&rdquo;) trufado de ciencia-ficci&oacute;n y electr&oacute;nica casera.
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            </figure><h3 class="article-text">DEVIANTS Y PINK FAIRIES: &iexcl;HAZLO!</h3><p class="article-text">
        Novelista, periodista, activista y persona aficionada a dar la nota, en general, Mick Farren fue uno de los individuos m&aacute;s interesantes de la contracultura brit&aacute;nica. Y, como corresponde, tambi&eacute;n hizo sus pinitos musicales: con &eacute;l como <em>frontman, </em>e incubada (al igual que Hawkwind) en la escena <em>okupa </em>de Lardbroke Grove, la formaci&oacute;n original de los Deviants produjo un primer &aacute;lbum estimable <em>(Ptoof!, </em>1966) antes de dejarse llevar por la inercia del rock duro. A la altura de 1970, y tras una desastrosa gira por EE UU, los restantes miembros de la banda mandaron a Farren a paseo, rebautiz&aacute;ndose como Pink Fairies y d&aacute;ndolo todo en su single de debut, <em>The Snake / Do It </em>y en el m&aacute;s que correcto LP <em>Never Never Land. </em>En ambos casos, la afici&oacute;n a decir las cosas claras y la simplicidad musical les granjean un lugar en la genealog&iacute;a del punk.
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            </figure><h3 class="article-text">HELDON: ESQUIZOAN&Aacute;LISIS CON SECUENCIADORES</h3><p class="article-text">
        Abandonamos el Reino Unido para acercarnos a la Europa continental, concretamente a Francia. Y, del glorioso manicomio s&oacute;nico que fue el pa&iacute;s galo durante los 70, rescatamos primero a una banda que dedic&oacute; sendos temas a Salvador Puig Antich (en su debut <em>&Eacute;lectronique Guerilla, </em>1974) y a la Fracci&oacute;n del Ej&eacute;rcito Rojo <em>(Baader-Meinhoff Blues, </em>del sencillo <em>Soutien &agrave; la RAF, </em>1975). Liderados por el guitarrista Richard Pinhas, Heldon nunca escaparon del todo a las confesas influencias de King Crimson y del fil&oacute;sofo Gilles Deleuze, pero supieron destilar dichas deudas en una colisi&oacute;n de cuerdas y m&aacute;quinas que, de haber surgido unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, hubiera sido calificada como &ldquo;industrial&rdquo;. Ahora bien: <em>Only Chaos Is Real </em>(el &aacute;lbum con el que Pinhas reactiv&oacute; el proyecto en 2001) es una abominaci&oacute;n que debe ser evitada a toda costa.
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            </figure><h3 class="article-text">MAGMA: UN ORFE&Oacute;N BRUTAL</h3><p class="article-text">
        &ldquo;&Oacute;pera klingon&rdquo;: as&iacute; describen afectuosamente algunos <em>fans </em>los temas de esta banda francesa. Y ni la alusi&oacute;n al <em>bel canto </em>ni la referencia a <em>Star Trek </em>est&aacute;n de m&aacute;s, porque los mejores momentos de Magma entregan masas corales de aplastante dimensi&oacute;n, unidas a una base de rock polirr&iacute;tmico y cantadas en el presunto idioma del planeta Koba&iuml;a. Es decir, en los fonemas que Christian Vander (baterista majara y l&iacute;der del combo) espetaba aleatoriamente, conforme iba componiendo sus odas al exterminio de la humanidad en pro del bien com&uacute;n. A&uacute;n en activo, y tambi&eacute;n dotados con una importante presencia femenina (la cantante Stella Vander, autora de estimables canciones pop durante los 60), Magma cuentan como obra magna con <em>Mek&auml;n&iuml;k D&euml;strukt&iuml;w K&ouml;mmand&ouml;h </em>(1973), un &aacute;lbum que suena exactamente a aquello que indica su t&iacute;tulo.
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            </figure><h3 class="article-text">AREA: &ldquo;LOS DIOSES SE VAN, LOS INDIGNADOS NOS QUEDAMOS&rdquo;</h3><p class="article-text">
        La Italia de los 70, la de las Brigadas Rojas y Lotta Continua, fue tambi&eacute;n la patria de un buen n&uacute;mero de bandas progresivas. Y, de todas esas bandas, Area fue la m&aacute;s dada a meterse en berenjenales, tanto sonoros (merced a su cantante Demetrio Stratos, un se&ntilde;or cuyas cuerdas vocales llamaron la atenci&oacute;n del mism&iacute;simo John Cage) como pol&iacute;ticos, debido a las consignas y llamadas a la &lsquo;acci&oacute;n directa&rsquo; que pueden hallarse en la pr&aacute;ctica totalidad de sus temas. &Aacute;lbumes como <em>Arbeit Macht Frei </em>(1973), <em>Crac! </em>(1975) o <em>Gli dei se vanno gli arrabiati restano! </em>(1978) pueden, bien seducir si se entra en su juego, bien irritar por su profusi&oacute;n de virtuosismo, tanto en el canto como en la instrumentaci&oacute;n. Sorprende, eso s&iacute;, que nadie haya sampleado a&uacute;n la l&iacute;nea de bajo de <em>La mela di Odessa.</em>
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            </figure><h3 class="article-text">AMON D&Uuml;&Uuml;L II: TOMANDO EL T&Eacute; CON EL YETI</h3><p class="article-text">
        Cuando se habla del rock europeo, esquinado y <em>seventies, </em>una parada en Alemania es obligatoria. Pero, en lugar de hablar de los inevitables Can (muy sobados ya por la adulaci&oacute;n de la prensa) nosotros elegimos echarle un vistazo a Amon D&uuml;&uuml;l II, un grupo con el que siempre se llevaron a matar y que les aventaja en trogloditismo. Originados en una comuna a la que deben su nombre, y con una discograf&iacute;a tirando a laber&iacute;ntica, los D&uuml;&uuml;l pueden procurarte tanto momentos de asfixia y distorsi&oacute;n como incursiones mel&oacute;dicas m&aacute;s sofisticadas de lo que dan a entender sus pintas: compru&eacute;balo degustando trallazos como <em>Phallus Dei </em>(1969), <em>Yeti </em>(1970) y <em>Wolf City </em>(1972). De entre sus muchos componentes, y adem&aacute;s del multiinstrumentista Chris Karrer, destaca la cantante Renate Knaup, una de las pocas personas de este planeta capaces de resultar elegantes con una pandereta en la mano.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/progresivos-peligrosos-lado-bestia-underground_1_4316656.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2015 17:53:25 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La secuela de ‘Indiana Jones’ que nunca vimos (y que sí molaba)]]></title>
      <link><![CDATA[http://www.caninomag.es/la-secuela-de-indiana-jones-que-nunca-vimos-y-que-si-molaba/]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &iquest;Sab&iacute;as que Frank Darabont&nbsp;<em>(The Walking Dead, Cadena perpetua)&nbsp;</em>escribi&oacute; una&nbsp;cuarta aventura para el doctor Jones? &iquest;Y que su guion promet&iacute;a much&iacute;simo? &iquest;Y que no sal&iacute;a Shia LaBeouf? Ahora que Spielberg y Lucas han fichado a David Koepp&nbsp;<em>(Indiana Jones y el reino de la Calavera de Cristal)&nbsp;</em>para&nbsp;<em>Indiana Jones V,&nbsp;</em>es el momento de recordarlo.
    </p><p class="article-text">
        Las reacciones a la confirmaci&oacute;n de&nbsp;<em><strong>Indiana Jones V&nbsp;</strong></em>han sido para todos los gustos: desde quienes se llevan las manos a la cabeza hasta quienes opinan que ser&aacute; el mejor invento desde el Santo Grial, pasando por quienes opinan que, si el veterano&nbsp;<strong>Harrison Ford&nbsp;</strong>y los no menos venerables&nbsp;<strong>Steven Spielberg&nbsp;</strong>y&nbsp;<a href="http://www.caninomag.es/tiene-derecho-george-lucas-a-quejarse-por-la-nueva-star-wars/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>George Lucas</strong></a><strong>&nbsp;</strong>han decidido meterse en el berenjenal, pues sus razones tendr&aacute;n. A nosotros, todo sea dicho, nos resulta algo inquietante que&nbsp;<strong>David Koepp&nbsp;</strong>entre en el proyecto como guionista: vale que el director y el productor debieron tener algo de responsabilidad en que&nbsp;<em><strong>Indiana Jones y el reino de la Calavera de Cristal&nbsp;</strong></em>nos dejase tan as&iacute;, pero tambi&eacute;n es cierto que el libreto de ese filme no le hac&iacute;a demasiada justicia a la saga&nbsp;<em>jonesiana.&nbsp;</em>M&aacute;xime cuando recordamos que, a principios de los&nbsp;<em>dosmiles,&nbsp;</em>la pel&iacute;cula ten&iacute;a un cariz muy distinto: su t&iacute;tulo hubiera sido&nbsp;<a href="http://www.theraider.net/films/indy4/multimedia/cityofthegods.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>Indiana Jones and the City of the Gods</strong></em></a><em><strong>,&nbsp;</strong></em>y su guionista iba a ser nada menos que&nbsp;<strong>Frank Darabont,&nbsp;</strong>un se&ntilde;or al que tal vez conozcas por su trabajo en&nbsp;<em><strong>Cadena perpetua, La niebla&nbsp;</strong></em>y&nbsp;<em><strong>The Walking Dead,&nbsp;</strong></em>entre otras cintas y series.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; traemos esto a colaci&oacute;n? Pues porque, a diferencia de&nbsp;lo que acab&oacute; llegando a los cines en 2008,&nbsp;<em>Indiana Jones and the City of the Gods&nbsp;</em>s&iacute; aprovechaba estupendamente los t&oacute;picos de la Guerra Fr&iacute;a y los a&ntilde;os 50 para integrarlos en el universo de &lsquo;Indy&rsquo;. Sin ir m&aacute;s lejos, &iquest;te imaginas al doctor Jones declarando ante el Comit&eacute; de Actividades Antinorteamericanas, y perdiendo su c&aacute;tedra universitaria a resultas de ello? Pues as&iacute; empezaba la historia: tras un desafortunado incidente en el desierto de Nevada (del cual nuestro h&eacute;roe escapaba, s&iacute;, usando una nevera como refugio nuclear), Indiana Jones ca&iacute;a en las garras del senador&nbsp;<strong>McCarthy&nbsp;</strong>y sus secuaces. Tras el inquisitorial proceso, nuestro h&eacute;roe se convert&iacute;a en el blanco de dos facciones enfrentadas: por un lado, los esp&iacute;as sovi&eacute;ticos, y, por otro, los agentes del FBI. Completamente borracho, y huyendo de esos enemigos, &lsquo;Indy&rsquo; descubre, no a un hijo secreto con la cara de <strong>Shia LaBeouf,&nbsp;</strong>sino&nbsp;una calavera de cristal y pistas que apuntan a una extra&ntilde;a conspiraci&oacute;n en Per&uacute;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En la Amazonia peruana, el doctor Jones se hubiese encontrado de nuevo con Marion Ravenwood&nbsp;<strong>(Karen Allen).</strong>&nbsp;Y con Oxley, el cient&iacute;fico mochales interpretado por <strong>John Hurt,&nbsp;</strong>quien en esta ocasi&oacute;n tiene un papel mucho m&aacute;s activo en la trama y, adem&aacute;s, posee poderes telequin&eacute;ticos.&nbsp;Tambi&eacute;n se habr&iacute;a visto las caras otra vez con la tribu de los Hovitos (cuyo idioma sigue sin conocer, para su desgracia) y con Von Grauen, uno de esos criminales de guerra nazis que buscaron refugio en Latinoam&eacute;rica tras el fin de la II Guerra Mundial. Resulta que, al igual que los sovi&eacute;ticos, Von Grauen busca la Ciudad de los Dioses, un misterioso enclave que (como estar&aacute;s imaginando) es en realidad una antigua colonia&nbsp;alien&iacute;gena.
    </p><p class="article-text">
        Tras m&uacute;ltiples peripecias, tanto &lsquo;Indy&rsquo; como sus adversarios comunistas y fascistas&nbsp;llegan a la ciudad de marras, donde los&nbsp;<em>aliens&nbsp;</em>les ofrecen su deseo m&aacute;s codiciado a cambio de un sacrificio humano: ah&iacute; es donde Von Grauen pide restaurar la gloria del III Reich&hellip; para que, a continuaci&oacute;n, un fantasmag&oacute;rico clon de Hitler le arranque el coraz&oacute;n. &lsquo;Indy&rsquo;, por su parte, es tentado con visiones de tesoros inimaginables y grandes secretos del pasado. Pero &eacute;l s&oacute;lo aspira a una cosa: el amor de Marion. Y, como eso ya lo tiene, su decisi&oacute;n le salva la vida.
    </p><p class="article-text">
        El final de&nbsp;<em>Indiana Jones and the City of the Gods&nbsp;</em>habr&iacute;a sido de lo m&aacute;s ir&oacute;nico: al igual que en&nbsp;<em>El reino de la Calavera de Cristal,&nbsp;</em>un platillo volante surge de las ruinas de la ciudadela&hellip; pero, en lugar de partir hacia el cosmos, se estrella en la selva, provocando una explosi&oacute;n nuclear. Y, tras su ordal&iacute;a, &lsquo;Indy&rsquo; es condecorado por&nbsp;<strong>Dwight Eisenhower&nbsp;</strong>en persona, quien le felicita por haber detenido un peligroso complot comunista (si &eacute;l supiera&hellip;). Finalmente, el arque&oacute;logo y Marion se casan, culminando todo en un banquete de boda al que asiste el doctor Henry Jones Sr.&nbsp;<strong>(Sean Connery),&nbsp;</strong>quien agarra una cogorza de campeonato y canta canciones de Frank Sinatra. Fin.
    </p><p class="article-text">
        En general, esta cuarta aventura de Indiana Jones contiene muchos elementos que fueron reciclados en la pel&iacute;cula que lleg&oacute; a los cines, s&oacute;lo que el guion de Darabont los expone de una forma mucho menos caprichosa y m&aacute;s calculada. Asimismo, el libreto incluye divertidos gui&ntilde;os a las estrellas anteriores de la saga, inform&aacute;ndonos por ejemplo de que, tras <em><strong>Indiana Jones y el Templo Maldito,</strong></em>&nbsp;Willie Scott acab&oacute; mud&aacute;ndose a Hollywood y cas&aacute;ndose con un director famoso (como&nbsp;<strong>Kate Capshaw,&nbsp;</strong>su int&eacute;rprete, que es la actual se&ntilde;ora de Spielberg). Pese a que, dec&iacute;an, estaban encantados con el trabajo, acabaron rechaz&aacute;ndolo a &uacute;ltima hora. El cabreo del guionista fue may&uacute;sculo y, dicen, &eacute;l pudo tener parte de culpa en que su guion se filtrara en internet, <a href="http://www.theraider.net/films/indy4/multimedia/cityofthegods.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">donde podemos leerlo a d&iacute;a de hoy</a>. Si buscas reliquias, te aseguramos que esta s&iacute; merece la pena.
    </p><p class="article-text">
        La entrada <a href="http://www.caninomag.es/la-secuela-de-indiana-jones-que-nunca-vimos-y-que-si-molaba/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La secuela de &lsquo;Indiana Jones&rsquo; que nunca vimos (y que s&iacute; molaba)</a> aparece primero en <a href="http://www.caninomag.es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Canino</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[http://www.caninomag.es/la-secuela-de-indiana-jones-que-nunca-vimos-y-que-si-molaba/]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Mar 2016 12:16:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La secuela de ‘Indiana Jones’ que nunca vimos (y que sí molaba)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mineros y gays contra Thatcher]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/mineros-gays-thatcher_1_4338223.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7d05af0-0f1a-4fa2-8e55-b9c171c291d5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Cartel promocional de &quot;Pride&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1984, los militantes LGTB se sumaron a la última gran batalla del movimiento obrero británico</p><p class="subtitle">La película</p><p class="subtitle">Pride</p><p class="subtitle">(estreno: 20 de marzo) recrea el apoyo de los gays a la Gran Huelga de Mineros, un paro que duró un año</p><p class="subtitle">Durante los 80, la música pop sirvió para divulgar la lucha de los sindicatos y las asociaciones LGTB contra la primer ministro</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Contra Thatcher viv&iacute;amos mejor&rdquo; es una frase que podr&iacute;an hacer suya algunos nombres de la cultura pop brit&aacute;nica. Porque, durante sus casi once a&ntilde;os y medio en el poder, la primer ministro del Reino Unido se las apa&ntilde;&oacute; para poner de acuerdo a sectores muy alejados entre s&iacute;, cuyo &uacute;nico punto en com&uacute;n era su deseo de hacerle la pu&ntilde;eta. Un buen ejemplo lo proporciona <em>Pride, </em>la pel&iacute;cula que se estrena en Espa&ntilde;a el 20 de marzo, y que gan&oacute; el premio BAFTA 2014 al Mejor Debut recreando una alianza tan real como improbable: aquella que uni&oacute; a los sectores m&aacute;s progresistas del movimiento gay brit&aacute;nico con los mineros, enfrascados estos &uacute;ltimos en un paro que dur&oacute; doce meses y que lleg&oacute; a presentar las trazas de una aut&eacute;ntica batalla campal.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Resultaba inesperada dicha coalici&oacute;n? Desde luego: Gran Breta&ntilde;a s&oacute;lo hab&iacute;a despenalizado la homosexualidad en 1967, tras un caldeado debate en el que, ir&oacute;nicamente, Thatcher hab&iacute;a sido uno de los pocos parlamentarios del Partido Conservador en votar &ldquo;s&iacute;&rdquo;. Y, pese a dicha medida legal, y por mucho que David Bowie o Elton John hubieran lucido plumas en el <em>Top of the Pops, </em>la homofobia segu&iacute;a imperando en las islas, especialmente en los entornos de clase obrera. Pero, cuando hay un enemigo com&uacute;n, olvidar las diferencias es f&aacute;cil, y resultaba que, entonces, tanto gays como mineros ten&iacute;an grandes razones para odiar al thatcherismo.
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    </figure><h3 class="article-text">Carb&oacute;n, sida y tabloides</h3><p class="article-text">
        Para empezar, hay que referirse a la Gran Huelga, un conflicto que ha quedado como la &uacute;ltima batalla del movimiento obrero brit&aacute;nico. En 1983, con unas cifras de paro que superaban los tres millones de personas (el 12,5 por ciento de la poblaci&oacute;n activa), el Canciller de la Hacienda Nigel Lawson hab&iacute;a anunciado las intenciones del gobierno Conservador: convertir al Reino Unido en una econom&iacute;a de servicios. Uno de los blancos preferentes de dicha ofensiva hab&iacute;a de ser la miner&iacute;a de carb&oacute;n, un sector fuertemente subvencionado (el gobierno laborista de Clement Atlee hab&iacute;a procedido a su nacionalizaci&oacute;n en 1974) y que, adem&aacute;s, gozaba de un poderoso sindicato: la National Union of Mineworkers, vinculada hist&oacute;ricamente al Partido Laborista y presidida, en aquellos a&ntilde;os, por Arthur Scargill, sujeto muy pele&oacute;n al que no le dol&iacute;an prendas en pactar con el diablo (o con la Libia de Gadafi) en busca de apoyos para su causa. Un blanco de primera, pues, para una administraci&oacute;n deseosa de demostrar qui&eacute;n mandaba en las islas.
    </p><p class="article-text">
        En marzo de 1984, las autoridades anunciaron su decisi&oacute;n de cerrar 20 pozos mineros, algo que supon&iacute;a la p&eacute;rdida de 20.000 puestos de trabajo y que condenaba a la extinci&oacute;n a pueblos enteros, sobre todo en &aacute;reas como Yorkshire, Gales del Sur y Escocia. Pel&iacute;culas como <em>Billy Elliott, Big Man, Tocando el viento </em>y la in&eacute;dita en nuestro pa&iacute;s <em>(Still) The Enemy Within </em>han recreado el subsiguiente conflicto, en el que no faltaron ni los piquetes, ni las cargas policiales a porrazo limpio, ni las muertes violentas. Pretextando el impago de multas, el gobierno se incaut&oacute; de los fondos de la NUM, obligando a los huelguistas a recurrir a donativos privados. Es entonces cuando los activistas LGBT entran en escena.
    </p><p class="article-text">
        Mark Ashton (Ben Schnetzer en <em>Pride), </em>un irland&eacute;s de 23 a&ntilde;os que resid&iacute;a en Londres, ten&iacute;a buenas razones para poner a Thatcher en su lista negra, tanto por su pertenencia a la Young Communist League, como porque su condici&oacute;n de gay le situaba en el punto de mira de la Primera Ministro y sus aliados. Mientras que los diagn&oacute;sticos de infecci&oacute;n por VIH en el Reino Unido alcanzaban los tres millones anuales, medios afines al gobierno, como el diario <em>The Sun, </em>articulaban un discurso de homofobia virulenta.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n afirmaba Kelvin MacKenzie, director por entonces de dicho tabloide, altos cargos de la Administraci&oacute;n thatcherista se planteaban usar la pandemia como pretexto para recriminalizar la homosexualidad, apunt&aacute;ndose la idea de crear campos de concentraci&oacute;n para gays y lesbianas. Sir James Anderton, jefe de polic&iacute;a en Manchester, no se cortaba en describir a los enfermos de sida como &ldquo;desechos humanos&rdquo;, y a los mineros como &ldquo;terroristas&rdquo; y &ldquo;mafiosos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante tal estado de cosas, Mark Ashton y varios compa&ntilde;eros de militancia fundaron Lesbians and Gays Support the Miners (LGSM), una organizaci&oacute;n destinada a recaudar fondos para los mineros en huelga. Su premisa: &ldquo;No puedes ser gay y pensar s&oacute;lo en lo que les ocurre a los gays&rdquo;. Su campo de acci&oacute;n: el sur de Gales, un territorio que (a juicio de los activistas) estaba siendo postergado por el sindicato de mineros en favor de los frentes de Yorkshire y Kent. Sus resultados: alrededor de 10.000 libras (cerca de 26.000 euros, ajustados a la inflaci&oacute;n) recaudadas s&oacute;lo en Londres.
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                </figure><h3 class="article-text">Hermosas batallas perdidas</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n recuerda <em>Pride, </em>y seg&uacute;n apunta tambi&eacute;n el comunista <a href="http://www.morningstaronline.co.uk/a-772e-Pits-and-perverts-the-legacy-of-communist-Mark-Ashton#.VPye_PyG8nU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Peter Frost</a>, uno de los miembros originales del colectivo, el punto &aacute;lgido de la campa&ntilde;a fue bautizado (involuntariamente) por el mism&iacute;simo <em>The Sun: &ldquo;Los pervertidos apoyan a los mineros&rdquo;, </em>proclam&oacute; el tabloide. Y, apropi&aacute;ndose del insulto, los responsables de LGSM emplearon el nombre <em>Pits and Perverts </em>(&ldquo;Pozos [mineros] y pervertidos&rdquo;) para un concierto celebrado el 10 de diciembre de 1984, con Bronski Beat como cabezas de cartel. Convertida y ajustada a la inflaci&oacute;n, la recaudaci&oacute;n del sarao rond&oacute; los 18.500 euros, y eso que las entradas ofrec&iacute;an un descuento especial a los parados sin derecho a subsidio. Porque, cuando mostrar tu conciencia de clase implica bailar al son de <em>Why? </em>o <em>Smalltown Boy, </em>resistirse debe ser dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        La historia que relata <em>Pride </em>es, pues, hermos&iacute;sima: la campa&ntilde;a de LGSM supuso el fin de la homofobia en el movimiento obrero brit&aacute;nico, hermanando a dos colectivos distantes <em>a priori </em>tanto en entorno como en metas. Pero no debe olvidarse que, en &uacute;ltimo extremo, quien gan&oacute; el combate fue Margaret Thatcher. En julio de 1985, cuando representantes de los mineros abrieron el desfile del Orgullo Gay en Londres, la Gran Huelga era ya agua pasada: ese mismo a&ntilde;o se inici&oacute; una sucesi&oacute;n de clausuras que dispar&oacute; las cifras de paro, y las de pobreza, en muchas comarcas.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, cabe recordar que no s&oacute;lo los colectivos gays intervinieron en apoyo a los huelguistas: desde el mundo de la m&uacute;sica pop, artistas como The Clash, Robert Wyatt y The Style Council (el grupo de Paul Weller tras la disoluci&oacute;n de The Jam) tambi&eacute;n hicieron lo suyo, tanto ofreciendo las recaudaciones de sus conciertos como componiendo temas que llamasen la atenci&oacute;n sobre el conflicto. Paul Weller, precisamente, fue uno de los miembros fundadores de Red Wedge, un colectivo de m&uacute;sicos anti-Thatcher al que tambi&eacute;n se sum&oacute; Mark Ashton: el promotor de LGSM anduvo involucrado en esta nueva alianza con la que, en un momento u otro, colaboraron Madness, Bananarama, Elvis Costello y unos The Smiths arrastrados, para variar, por la fobia de Morrissey hacia la primer ministro. Cuando Ashton falleci&oacute; a causa del sida en 1987, sus amigos de Communards le dedicaron <em>For a Friend, </em>una canci&oacute;n que lleg&oacute; al n&uacute;mero 26 en las listas brit&aacute;nicas.
    </p><p class="article-text">
        En pol&iacute;tica, la nostalgia es un arma de doble filo: idealizar el encuentro del movimiento LGBT y los mineros en huelga, as&iacute; como la lucha contra el neoliberalismo de la Red Wedge, puede llevarnos a perder de vista un presente cargado con sus propias lacras. Pero tambi&eacute;n puede recordarnos que, ahora mismo, el hermanamiento de causas dispares sigue siendo una necesidad. Y tambi&eacute;n a rememorar el hecho de que los m&uacute;sicos pop pudieran granjearse grandes cotas de popularidad pese (o gracias) a llevar sus posturas pol&iacute;ticas por bandera, sin sermones, pero con ritmo e ideas claras. Una vez que <em>Pride </em>haya llegado a los cines espa&ntilde;oles, habr&aacute; que ver qui&eacute;nes se aplican el cuento. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/mineros-gays-thatcher_1_4338223.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2015 18:43:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mineros y gays contra Thatcher]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Margaret Thatcher,LGTBI,Orgullo LGTBI,Muamar El Gadafi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Katniss no quiere llevar tu bandera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/katniss-quiere-estandarte_1_4498807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3dd25c7-2fa1-463f-8e5e-1012918c32ed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Katniss hace el saludo del Distrito 11 "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El estreno de</p><p class="subtitle">Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte I</p><p class="subtitle">nos recuerda que las sagas para jóvenes también son política</p><p class="subtitle">En Tailandia, imitar el gesto de Katniss (Jennifer Lawrence) te costará un viaje a un campo de prisioneros</p><p class="subtitle">Reclamada y denostada por izquierdistas y 'neocon', la saga de la 'chica en llamas' posee un mensaje ambiguo y valioso</p></div><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo de peligroso puede ser un gesto? &iquest;Y si el gesto est&aacute; inspirado por una pel&iacute;cula para adolescentes? Pregunt&eacute;mosle al Gobierno de Tailandia, pa&iacute;s cuya polic&iacute;a militar <a href="http://www.theatlantic.com/international/archive/2014/11/five-arrested-the-hunger-games-three-finger-salute-thailand/383020/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">arrest&oacute; a cinco j&oacute;venes el 19 de noviembre</a> y los envi&oacute; a un campo de prisioneros para &ldquo;reajustar su actitud&rdquo;, todo por hacer un gesto durante un mitin del primer ministro Prayuth Chan-ocha, l&iacute;der de la junta militar que ocupa el poder en el pa&iacute;s asi&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Los estudiantes hab&iacute;an osado levantar el pu&ntilde;o derecho con tres dedos extendidos, el mismo saludo que Katniss Everdeen, el personaje de Jennifer Lawrence, hace en la franquicia <em>Los juegos del hambr</em>e. En la ficci&oacute;n, ese adem&aacute;n identifica a quien lo realiza como un opositor contra las autoridades del dist&oacute;pico pa&iacute;s de Panem. En nuestro mundo, los j&oacute;venes tailandeses lo han adoptado como se&ntilde;al de protesta ante un Gobierno totalitario, impuesto en mayo de este a&ntilde;o por un golpe de estado.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/535837135157596160?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Esta interacci&oacute;n pol&iacute;tica entre lo real y lo imaginado resulta m&aacute;s relevante que nunca, cuando <em>Los juegos del hambre: Sinsajo &ndash; Parte I</em> (la pen&uacute;ltima entrega del serial) acaba de llegar a los cines. Y confusa: mientras en Tailandia ha servido de inspiraci&oacute;n para quienes protestan contra un Gobierno de ultraderecha, en Occidente, y especialmente en EEUU, se ha convertido en una pieza disputada tanto por progresistas como neoconservadores, que reivindican su mensaje como propio. Con cada nueva entrega de la saga, articulistas y bloggers de derechas e izquierdas se pelean por demostrar que las creaciones de la escritora Suzanne Collins son, bien una ratificaci&oacute;n de sus propios postulados, bien una propaganda insidiosa al servicio del bando contrario.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es el pa&iacute;s de Panem, con sus desigualdades impuestas por &lsquo;los de arriba&rsquo;, un fruto del <em>laissez faire</em> econ&oacute;mico llevado al extremo? &iquest;O se trata de una cr&iacute;tica neoliberal a la econom&iacute;a planificada? &iquest;Revive <em>Los juegos del hambre</em>, a&uacute;n sin pretenderlo, el culto fascista a los h&eacute;roes? Estas cuestiones circulan por webs y blogs de habla inglesa al menos desde 2012. Y, si bien cabe preguntarse qu&eacute; pensar&aacute;n de ellas los j&oacute;venes tailandeses, a nosotros nos valen para recordar que las sagas &lsquo;para j&oacute;venes&rsquo; que tanto arrebatan hoy a Hollywood no son inmunes al an&aacute;lisis pol&iacute;tico.
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                </figure><h3 class="article-text">Los gananciales de Bella y Edward</h3><p class="article-text">
        Descartando por falta de espacio las comparaciones con sus originales literarios, vayamos directos a la madre del cordero: la saga de Harry Potter. Aunque las simpat&iacute;as de J. K. Rowling se decantan hacia los laboristas y nada hacia lo <em>tory</em> (y aunque <a href="http://es.harrypotter.wikia.com/wiki/Dolores_Umbridge" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el personaje de Dolores Umbridge</a> recuerde de lo lindo a Margaret Thatcher), tambi&eacute;n es verdad que esa contraposici&oacute;n entre los Dursley, la nauseabunda familia adoptiva del protagonista, y el fascinante colegio Hogwarts le pondr&iacute;a los dientes muy largos a <a href="http://www.eldiario.es/cultura/entrevistas/Owen-Jones-empeorado-escribi-Chavs_0_262124428.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Owen Jones</a> (autor del ensayo <em>Chavs: La demonizaci&oacute;n de la clase obrera</em>) por su menosprecio latente hacia aquellos sin acceso a las<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Public_school" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> public schools</a> y a las universidades de tron&iacute;o. Aunque el desprecio a los <em>muggles</em>, simples mortales privados del acceso a la magia, es uno de los rasgos definitorios del villano Lord Voldemort, el mismo juego de opuestos apareja una peligrosa condescendencia hacia los &lsquo;inferiores&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        El universo potteriano es lo bastante rico como para escapar a generalizaciones f&aacute;ciles, pero la otra saga <em>young adult</em> que ha marcado el devenir del g&eacute;nero lo tiene muy crudo para escapar a los palos. Hablamos de <em>Crep&uacute;sculo</em>, el serial rom&aacute;ntico-vamp&iacute;rico escrito por Stephenie Meyer que se ha llevado ya mil y un ataques por su muy tronada visi&oacute;n de las relaciones de pareja.
    </p><p class="article-text">
        Pero aqu&iacute; nos interesa otra cosa: el hecho de que el amor&iacute;o coloca a Bella Swann en el seno de la muy pudiente familia Cullen. Desde una perspectiva de clase, lo peor de la relaci&oacute;n entre la protagonista y Edward (Robert Pattinson) no es lo malsano de su codependencia, las implicaciones de abuso y la sexofobia contumaz que trasluce su desarrollo. Es que <em>Crep&uacute;sculo</em> parece una apolog&iacute;a del ascenso social a trav&eacute;s del matrimonio.
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                </figure><p class="article-text">
        Como no sabemos si Bella y Edward se casaron en r&eacute;gimen de gananciales, pasemos a <em>Divergente</em>. La escritora Veronica Roth se marc&oacute; una apolog&iacute;a del individuo <em>superior</em> frente al colectivo aborregado que hubiera hecho suspirar de gozo a Ayn Rand, fil&oacute;sofa cuyos textos sirven como breviario para cierto liberalismo extremo en EEUU. Roth, que se confiesa de izquierdas, insiste en que la distop&iacute;a &lsquo;tal-vez-comunista-pero-no-tanto&rsquo; que traz&oacute; en sus novelas era m&aacute;s un ejercicio de autocr&iacute;tica que otra cosa. Lo cual no redime en absoluto a una adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica penosa, propensa a tirar a la basura las ambig&uuml;edades intencionadas del original y cuya secuela (<em>Insurgente</em>) est&aacute;, para colmo, ya en preparaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dado el estado actual de este patio, los ejemplos nos seguir&iacute;an lloviendo a poco que los busc&aacute;semos. &iquest;Qu&eacute; lectura social podr&iacute;amos sacarle, por ejemplo, al hecho de que los protagonistas de Percy Jackson sean hijos de los dioses del Olimpo? &iquest;O a esos gobiernos secretos, y sobrenaturales, del mundo perfilados por las muy petardas <em>Hermosas criaturas</em> y <em>Cazadores de sombras?</em> Aun siendo conscientes de que la lectora o el lector joven (y no digamos el espectador) anda siempre a la b&uacute;squeda de modelos sobre los cuales proyectar sus propios sentimientos de alienaci&oacute;n, la disecci&oacute;n de esta clase de narrativas desvela muchas veces un panorama pasmosamente reaccionario.
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    </figure><h3 class="article-text">Marioneta en la cuerda (del arco)</h3><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que, como franquicia, <em>Los juegos del hambre</em> no tiene otro prop&oacute;sito que el de hacer ricos a sus responsables. Y que, por tanto, un acercamiento sus entregas con el ideario anticapitalista en la mano no tendr&iacute;a otro resultado que la condena sin paliativos, ali&ntilde;ada tal vez con una quema de libros en p&uacute;blico. Lo cual ser&iacute;a de lo m&aacute;s ir&oacute;nico, porque vista desde el prisma que nos ocupa, la saga de Katniss Everdeen es la &uacute;nica dotada con algo similar a un mensaje progresista.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; decimos esto? Porque, a diferencia de otros protagonistas de ciencia-ficci&oacute;n o fantas&iacute;a para j&oacute;venes, Katniss nunca deja de ser una marioneta de sus circunstancias. Es m&aacute;s: en contra de una f&aacute;cil mitificaci&oacute;n del amor rom&aacute;ntico, esta saga insiste m&aacute;s en el valor de la camarader&iacute;a y los afectos como herramientas contra el poder. Un eco, dir&iacute;ase, de ese &ldquo;solo no puedes, con amigos s&iacute;&rdquo; que el p&uacute;blico espa&ntilde;ol aprendi&oacute; en <em>La bola de cristal</em>.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se la reduce a su propio rostro, Katniss se convierte en un estandarte, y, por tanto, en un instrumento al servicio de poderes a los que no representa, y en los cuales no se ve representada. Condici&oacute;n esta que, loor a ella, no le hace ni maldita la gracia, pero contra la cual no puede oponer nada que salvo su propia desesperaci&oacute;n.
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        Tal vez Suzanne Collins no juegue en la primera divisi&oacute;n de la literatura especulativa, junto a Ballard, Dick, Ursula Le Guin o John Crowley: eso tampoco ha de importarnos demasiado, porque s&iacute; parece dotada de ideas claras y, sobre todo, de una loable capacidad para no proporcionar soluciones f&aacute;ciles a su p&uacute;blico. Algo que comparten otros ejemplos de ficci&oacute;n para adolescentes que, como la trilog&iacute;a <em>Traici&oacute;n</em> de Scott Westerfeld, no han despertado el inter&eacute;s de Hollywood pese a su gran calidad.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, tanto la escritora como su personaje pueden reclamar para s&iacute; un raro honor: el de saber que sus aventuras no s&oacute;lo han valido como meras suministradoras de adrenalina, sino tambi&eacute;n como emblema de una aut&eacute;ntica lucha contra la tiran&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/katniss-quiere-estandarte_1_4498807.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Nov 2014 20:22:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Katniss no quiere llevar tu bandera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Cine,Tailandia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Perdida', el cambio de sexo de Tyler Durden]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/perdida-cambio-sexo-tyler-durden_1_4593680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6dd38f4-fefa-4c67-be43-321df7b00b90_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Rosamund Pike es Amy en Perdida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Misógina o sencillamente misántropa? Basada en la novela de Gillian Flynn, Perdida supone un órdago tanto para feministas como para conservadores</p><p class="subtitle">Envuelta en la polémica, la nueva película de David Fincher invierte las premisas de</p><p class="subtitle">El club de la lucha</p></div><p class="article-text">
        En 1999, cuando estren&oacute;<em> El club de la lucha</em>, David Fincher se marc&oacute; una de esas carambolas con las que sue&ntilde;an algunos artistas: convertirse en &iacute;dolo gracias, no a una un&aacute;nime bienvenida cr&iacute;tica, sino a la pol&eacute;mica y el rechazo. Descrito por el cr&iacute;tico ingl&eacute;s Alexander Walker (Evening Standard) como &ldquo;una resurrecci&oacute;n del paradigma fascista&rdquo;, el filme basado en la novela de Chuck Palahniuk no s&oacute;lo fracas&oacute; en taquilla, sino que tambi&eacute;n recibi&oacute; una tormenta de escupitajos por parte de los entendidos hasta que el formato dom&eacute;stico y el &lsquo;boca a oreja&rsquo; le granjearon un <em>fandom</em> entregad&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a la dial&eacute;ctica ultraviolenta (y psicoanal&iacute;tica) entre Brad Pitt y Edward Norton, Fincher pas&oacute; de ser un exdirector de videoclips con mejor (<em>Se7en</em>) o peor (<em>Alien 3</em>) suerte en pantalla grande a figurar como aspirante al Olimpo de los nuevos cl&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Quince a&ntilde;os despu&eacute;s, David Fincher ya es un director consagrad&iacute;simo, valorado hasta la adulaci&oacute;n por la prensa y enfrentado (como Hitchcock y Kubrick) a una Academia de Hollywood que nunca se decide a darle el Oscar. Pero, como si el tiempo no hubiera transcurrido, su carrera vuelve a verse cuestionada a causa de una adaptaci&oacute;n literaria: hablamos de <em>Perdida</em>, la cinta perge&ntilde;ada por el cineasta de Denver a partir de una novela (y de un gui&oacute;n) de Gillian Flynn.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la pel&iacute;cula est&aacute;n cayendo dardos que la califican de aut&eacute;ntica basura mis&oacute;gina. &iquest;La raz&oacute;n? Pues una raz&oacute;n que, en s&iacute; misma, <strong>&iexcl;es un SPOILER!</strong>: la protagonista del filme, esa <em>Gone Girl</em> (&ldquo;chica desaparecida&rdquo;) de su t&iacute;tulo original, es una psic&oacute;pata con los angelicales rasgos de Rosamund Pike, capaz de fingir su propia desaparici&oacute;n, y posible asesinato, para hundirle la vida a un esposo con el encanto y la vida interior de una remolacha. Y, para colmo, ad&uacute;ltero.
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        El hecho de que el esposo tenga los rasgos de Ben Affleck es ya de por s&iacute; un chiste: genial maniobra, la de Fincher y su equipo de c&aacute;sting, encomend&aacute;ndole a uno de los actores m&aacute;s menospreciados de Hollywood el rol de una nulidad humana. Y ese chiste deber&iacute;a poner sobre aviso a los detractores de Perdida. Porque m&aacute;s all&aacute; de su impecable estructura de thriller esta pel&iacute;cula es una s&aacute;tira. Una s&aacute;tira que, adem&aacute;s, comparte un mareante n&uacute;mero de rasgos y estilemas con <em>El club de la lucha</em>.
    </p><p class="article-text">
        Hasta tal punto es as&iacute; que podemos calificar a Amy Dunne, la perfect&iacute;sima (y mal&iacute;sima) ama de casa encarnada por Pike, como una versi&oacute;n femenina de Tyler Durden (Brad Pitt) para los a&ntilde;os de la crisis. Y, como tal, el personaje no es ni un castigo ni una bendici&oacute;n para el feminismo: es, sencillamente, una alternativa formidable a la cl&aacute;sica &lsquo;mujer fatal&rsquo;, que cambia los vestidazos y los contraluces de Mary Astor (El halc&oacute;n malt&eacute;s) y Kathleen Turner (Fuego en el cuerpo) por el sencillo atav&iacute;o de una se&ntilde;ora de su casa.
    </p><h3 class="article-text">Amazing Amy = Tyler Durden (la explicaci&oacute;n)</h3><p class="article-text">
        Sabemos que, en parte, <em>El club de la lucha</em> naci&oacute; de la crisis de identidad sufrida por Chuck Palahniuk: padeciendo el triple estigma de trabajador alienado, artista en ciernes y gay en el armario, ali&ntilde;ada con una historia familiar bordeando el psychothriller, Palahniuk elabor&oacute; la doble figura del pat&eacute;tico agente de seguros, y su &aacute;lter ego, un hipermacho que reivindica su sagrada capacidad para expresarse a pu&ntilde;etazo limpio.
    </p><p class="article-text">
        Como muchas buenas burlas, la puesta en solfa de la condici&oacute;n masculina actual escenificada por Palahniuk y Fincher se prest&oacute; a, y fue presa de, mil y una malinterpretaciones. Algo que se repite ahora con <em>Perdida</em>: no se trata s&oacute;lo de que la pel&iacute;cula estrenada el viernes centre su peso dram&aacute;tico en un giro de gui&oacute;n, al igual que su predecesora, sino que adem&aacute;s dicho giro expone una verdad de las que duelen.
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    </figure><p class="article-text">
        A diferencia de Palahniuk, Gillian Flynn es una se&ntilde;ora heterosexual, felizmente casada (suponemos) y de origen s&oacute;lidamente enraizado en la clase media. Pero su dictamen es el mismo: en una sociedad como la actual, sentencian tanto Flynn como el autor de <em>El club de la lucha</em>, es imposible sobrevivir sin una m&aacute;scara, cuyo peso amenaza constantemente con aplastarnos o, peor a&uacute;n, con asimilarnos. Si Tyler Durden se constru&iacute;a a s&iacute; mismo mediante los clich&eacute;s de las pel&iacute;culas de acci&oacute;n y el discurso del l&iacute;der de masas, Amy tiene a su disposici&oacute;n un arsenal no menos efectivo, en el cual brillan con luz propia los talk shows sensacionalistas como Nancy Grace Live o las historias &lsquo;reales&rsquo; sobre adulterio y abuso dom&eacute;stico entregadas por el canal Lifetime, ese infatigable proveedor de telefilmes de sobremesa. La expresi&oacute;n &lsquo;armas de mujer&rsquo; nunca tuvo un sentido tan inquietante. Ni tan acertado.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, y como bien se&ntilde;ala Emine Saner en <a href="http://www.theguardian.com/film/2014/oct/07/gone-girl-backlash-david-fincher-misogynist-feminist" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Guardian</a>, <em>Perdida</em> no es el manifiesto mis&oacute;gino que han querido ver medios como The AV Club o Jezebel. Tampoco la oda a la misandria (el reverso de la misoginia, para entendernos) que ha despertado el p&aacute;nico de las voces m&aacute;s reaccionarias. Es, m&aacute;s bien, la historia de c&oacute;mo una mente trastornada rompe los barrotes de su jaula, para a continuaci&oacute;n acaparar todas las cuotas de poder que hasta entonces le hab&iacute;an sido negadas. Si el sistema s&oacute;lo acepta a una mujer joven en dos roles, la inofensiva manic pixie dream girl o la v&iacute;ctima santificada por el sufrimiento, Amy Dunne combinar&aacute; ambos arquetipos para convertirse en una terminator sexual, social y familiar. &iquest;Una hero&iacute;na, o una grand&iacute;sima zorra? Pues, al igual que Tyler Durden, ambas cosas, y ninguna de ellas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/perdida-cambio-sexo-tyler-durden_1_4593680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Oct 2014 19:08:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Nos vamos de rumba? De Gràcia a Caño Roto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/vamos-rumba-gracia-cano-roto_1_4676076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1476b50-beff-4a8c-888c-c2183f25f14c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La muerte del maestro Peret nos hace recordar el género más inventivo del pop en castellano</p><p class="subtitle">Entre la fiesta barcelonesa y la severidad</p><p class="subtitle">hardcore</p><p class="subtitle">de Madrid, la rumba gitana es un caudal inagotable de</p><p class="subtitle">temazos</p></div><p class="article-text">
        El lunes 29 de agosto, entre duelos y quebrantos medi&aacute;ticos, Pedro Pubill, <em>Peret</em>, sorprendi&oacute; por &uacute;ltima vez al p&uacute;blico. <em>Showman</em> hasta el final, el maestro de Matar&oacute; hab&iacute;a dejado dicho que en su funeral sonasen dos de las canciones m&aacute;s significativas de su repertorio: <em>El muerto vivo</em>, la cumbia colombiana que &eacute;l hizo suya en 1967 (cu&aacute;ntos escritores pagar&iacute;an por firmar lo de &ldquo;Y no estaba muerto, estaba tomando ca&ntilde;as&rdquo;) y <em>Porque yo me ir&eacute;</em>, canci&oacute;n en la cual, anticipando su propia muerte all&aacute; por 1993, Peret reconoc&iacute;a sus deudas con dos titanes de la m&uacute;sica caribe&ntilde;a como Benny Mor&eacute; y Antonio Mach&iacute;n. Am&eacute;n de recordarnos, esta vez mediante una autocita, lo de &ldquo;es preferible re&iacute;r que llorar&rdquo;. Como suele decirse, genio y figura.
    </p><p class="article-text">
        Pocas estrellas del pop en espa&ntilde;ol han sido tan lloradas como Peret, y pocas se han dignado a hacerle la peineta a la Parca con tanto desparpajo. Aqu&iacute; sospechamos que en ello debi&oacute; mediar el hecho de haber sido el rostro visible de un g&eacute;nero tan menospreciado, al principio, y reivindicado, despu&eacute;s, como la rumba catalana. El cual, todo hay que decirlo, no deja de ser una emanaci&oacute;n de la rumba, sin adjetivos. Ese rinc&oacute;n de nuestra historia musical que sigue evocando expositores de cassettes en gasolineras, camisas de lunares anudadas al ombligo y, en general, una imaginer&iacute;a que oscila entre lo despectivo y lo anecd&oacute;tico. Tremenda injusticia esta, porque ninguna corriente sonora en la Pen&iacute;nsula se ha mostrado tan abierta a la hora de fagocitar influencias, y tan capaz de conjugar el atractivo para las masas con el talento crudo, mediante una amalgama de recursos que ya quisieran para s&iacute; otras escenas sitas en la pomada de lo m&aacute;s moderno.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Afortunadamente, la rumba (con el adjetivo que se quiera: &ldquo;flamenca&rdquo;, &ldquo;gitana&rdquo; o el susodicho &ldquo;catalana&rdquo;) ya ha tenido a quienes la glosen. El libro <em>Achilifunk, </em>de Txarly Brown, los informes de periodistas como Diego A. Manrique, Juan Puchades y Luis Troquel, o el estupendo blog <a href="http://compararaungitanocondios.blogspot.com.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Comparar a Dios con un gitano</em></a>, entre otras fuentes, ofrecen torrentes de sabidur&iacute;a que a veces pueden abrumar al ne&oacute;fito. Por ello, y como nunca est&aacute; de m&aacute;s un poco de fiesta en la vida, a continuaci&oacute;n ofrecemos una gu&iacute;a b&aacute;sica (y, necesariamente, incompleta) que te convencer&aacute; de dedicarle un poco menos de tiempo a la <em>Pitchfork </em>y un poco m&aacute;s a las haza&ntilde;as en vinilo de grupos o solistas cuyos nombres deber&iacute;an sonarte desde ya.
    </p><h3 class="article-text">Catalu&ntilde;a: un 'ventilador' en lo alto del puerto</h3><p class="article-text">
        &ldquo;La rumba catalana no es un palo del flamenco&rdquo;, insisti&oacute; Peret hasta el final. Y, aunque pocos m&aacute;s autorizados que &eacute;l para lanzar semejante aseveraci&oacute;n, conviene matizarla un poco: si bien es cierto que m&uacute;ltiples rasgos distancian al sonido barcelon&eacute;s del cante jondo, tambi&eacute;n es verdad que el propio Peret comenz&oacute; su carrera como guitarrista flamenco (como tal se le ve en <em>Los Tarantos</em>, la pel&iacute;cula &ndash;1963&ndash; de Francisco Rovira Veleta), que a las rumbas se las incluye dentro de los cantes de ida y vuelta, con ra&iacute;z latinoamericana, y que en el tira y afloja sobre su filiaci&oacute;n en Catalu&ntilde;a entran m&uacute;ltiples factores, algunos de ellos de car&aacute;cter pol&iacute;tico. Pero profundizar en este tema s&oacute;lo nos arrastrar&iacute;a a un jard&iacute;n con poco espacio para el jaleo.
    </p><p class="article-text">
        Dej&eacute;moslo, pues, en que a la rumba catalana hay que darla de comer aparte, en el mejor sentido, que se nutre (en sus formas, y tambi&eacute;n en su repertorio cl&aacute;sico) de ritmos del otro lado del Atl&aacute;ntico, y que la preside una sant&iacute;sima trinidad de int&eacute;rpretes que citamos sin orden de preferencia. Su rostro m&aacute;s sonriente ser&iacute;a el de Peret, la infatigable alma de la fiesta, capaz de irse por derroteros muy inesperados y siempre dispuesto a instruir sobre las quisicosas de su sonido. <strong>Antonio Gonz&aacute;lez, El Pescadilla,</strong><em>El Pescadilla,</em> queda como su eterna promesa incumplida: un se&ntilde;or de talento estratosf&eacute;rico cuyo matrimonio con la <em>entertainer</em> m&aacute;s arrolladora de la historia de Espa&ntilde;a (s&iacute;, esa es<strong> Lola Flores</strong>, &iquest;pasa algo?) acab&oacute; alej&aacute;ndolo del ojo p&uacute;blico. El m&aacute;s pasional de los pioneros, y tambi&eacute;n el menos popular, es <strong>Josep Mar&iacute;a Valent&iacute;, Chacho,</strong><em>Chacho,</em> formidable pianista, &aacute;spero en el canto e implacable en el ritmo, condenado al olvido hasta una oportuna reivindicaci&oacute;n a principios de esta d&eacute;cada.
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        Pero la cosa no acaba aqu&iacute;: cabe recordar, por ejemplo, a <strong>Juan Castell&oacute;n, El Noi,</strong><em>El Noi,</em> que se anunciaba en las portadas de sus grabaciones como <em>El + pop de la rumba gitana</em>, y que introdujo el &oacute;rgano en el arsenal s&oacute;nico del estilo. Tambi&eacute;n a <strong>Joaqu&iacute;n Caldera, El gitano portugu&eacute;s,</strong><em>El gitano portugu&eacute;s,</em> a <strong>Ram&oacute;n Reyes, Ramunet,</strong><em>Ramunet,</em> a <strong>La Payoya</strong> y a una aut&eacute;ntica legi&oacute;n de artistas. Avanzando en el tiempo, nos damos de morros (para empezar) con la inmensa obra de Los Amaya: sobrinos de la bailaora Carmen Amaya, los hermanos Jos&eacute; y Delf&iacute;n se familiarizan con la m&uacute;sica afrocubana tocando en un<em> puticlub </em>propiedad de un polic&iacute;a, y cuando giran al pop en 1977 con <em>Vete</em> han dejado ya por el camino grabaciones donde se a&uacute;nan lo crudo y lo exquisito, alternando muchas veces con lo m&aacute;s florido del jazz rock laietano. Rumba 3 (responsables de introducir la frase &ldquo;no s&eacute; qu&eacute; tienen tus ojitos que me vuelven loco&rdquo; en el vocabulario de los ligones de playa), <strong>Los Rumberos</strong> y <strong>La Marelu</strong>, cantaora extreme&ntilde;a afincada en la Ciudad Condal cuyos discos de los 70 transmiten aun hoy una modernidad apabullante, son otros nombres, entre much&iacute;simos, a los que conviene tener en cuenta.
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    </figure><p class="article-text">
        Y mejor echar el freno, porque el fondo de cat&aacute;logo rumbero catal&aacute;n puede provocar un v&eacute;rtigo que deja en nada los causados por el soul sure&ntilde;o, el house de Chicago o las mil y una especies sonoras procedentes de Jamaica. Lo sab&iacute;a el argentino <strong>Gato P&eacute;rez</strong>, que tras abandonar el rock progresivo perge&ntilde;&oacute; temas did&aacute;cticos a la par que irresistibles como <em>El ventilador</em> (donde nos explica c&oacute;mo la rumba &ldquo;junta en la guitarra la armon&iacute;a y la percusi&oacute;n&rdquo;, dejando as&iacute; picuetos al Pacto de Varsovia, James Bond y la OTAN). De modo que, con pesar, obviamos a grupos como <strong>Chip&eacute;n</strong>, <strong>Estrellas de Gr&agrave;cia</strong> y los inevitables <strong>Los Manolos</strong> para saltar hacia el centro y el sur de la Pen&iacute;nsula.
    </p><h3 class="article-text">Ca&ntilde;o Roto y el soul de los gitanos</h3><p class="article-text">
        Conforme nos alejamos de Catalu&ntilde;a, y aunque sea simplificar (que lo es, y mucho), cabe decir que en el principio fue <strong>Miguel Vargas, Bambino:</strong><em>Bambino:</em> el cantante de Utrera comienza a grabar en 1964, demostrando desde el principio una capacidad para absorber influencias equiparable a la de Peret y compa&ntilde;&iacute;a (su sobrenombre, sin ir m&aacute;s lejos, se lo debe a la canci&oacute;n <em>Bambino Piccolino</em>, de <strong>Renato Carosone</strong>) y una intensidad en sus interpretaciones capaz de demoler el Pent&aacute;gono hasta los cimientos. Y algo m&aacute;s oscuro y m&aacute;s doloroso, tambi&eacute;n. Porque, si los sonidos catalanes apuestan por el jolgorio sin paliativos, en esa rumba que viaja desde Andaluc&iacute;a y Extremadura hacia Madrid con el &eacute;xodo rural de la posguerra late el pulso de la marginaci&oacute;n. Lo cual deja poco espacio para bromas.
    </p><p class="article-text">
        Tanto es as&iacute; que, cuando debutan en largo all&aacute; por 1974, <strong>Los Chichos</strong> cosechan un <em>hit</em> con <em>La historia de Juan Castillo</em>, temazo cuya letra (escrita parcialmente en idioma cal&oacute;) sacar&iacute;a los colores a m&aacute;s de un &eacute;mulo patrio del <em>gangsta rap</em>. Debido en parte a las aportaciones de los m&uacute;sicos de sesi&oacute;n con los que trabajaban, el vocabulario musical de Los Chichos se nutre de sonidos soul y funk, algo que marcar&aacute; a la rumba madrile&ntilde;a y que, all&aacute; por 1975, cristalizar&aacute; en <em>El sonido Ca&ntilde;o Roto</em>, formidable (y, durante mucho tiempo, &uacute;nico) LP de <strong>Los Chorbos</strong>. El &aacute;lbum toma su nombre de uno de esos <em>poblados dirigidos</em> donde las autoridades franquistas encajonan a la inmigraci&oacute;n que se instala en Madrid durante los a&ntilde;os 50 y 60. Y, en sus surcos, el talento de los componentes del grupo (entre ellos, <strong>Jos&eacute; Ortega, Manzanita,</strong><em>Manzanita,</em> guitarrista supremo) se a&uacute;na con el del productor Jos&eacute; Luis de Carlos (el mismo que provee de brillo al <em>Gipsy Rock</em> de <strong>Las Grecas</strong>) para lograr un vuelo vocal e instrumental a la altura de los <strong>Four Tops</strong> o los <strong>Temptations</strong> m&aacute;s setenteros y desaforados.
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    </figure><p class="article-text">
        As&iacute; pues, cuando <strong>Los Chunguitos</strong> (sobrinos del cantaor Porrinas de Badajoz, y residentes en Vallecas) saltan al ruedo en 1977, la terna del g&eacute;nero est&aacute; completa: mientras los hermanos Salazar entregan sonoridades <em>hardcore </em>en temas como <em>Dame veneno</em>, el ingenio de<strong> Juan Antonio Jim&eacute;nez, Jeros,</strong><em>Jeros,</em> (fallecido en 1994) proporciona a Los Chichos piezas como <em>Son ilusiones</em>, puro <em>rare groove</em> de la cabeza a los pies. Y, tras la disoluci&oacute;n de Los Chorbos, Manzanita entrega dos &aacute;lbumes imprescindibles:<em> Mucho ruido y poco duende</em> (1978) y <em>Esp&iacute;ritu sin nombre</em> (1980). Cuando, llegados a 1981, <strong>Carlos Saura</strong> escoge dos temas de Los Chunguitos (junto a la siempre infravalorada <em>Caramba, carambita </em>de <strong>Los Marisme&ntilde;os</strong>) para la banda sonora de su <em>Deprisa, deprisa</em>, que se lleva el Oso de Oro en Berl&iacute;n, parece que la rumba de Madrid va a dar el paso hacia el reconocimiento por parte de quienes ahora llamar&iacute;amos <em>hipsters</em>. Nada m&aacute;s lejos de la realidad.
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    </figure><p class="article-text">
        A lo largo de los 80, la rumba catalana dormita en espera del reconocimiento institucional que le llegar&aacute; con las olimpiadas de Barcelona 92, y sus primos de Madrid no dejan de dar tumbos: el Nuevo Flamenco de <strong>Ketama</strong> y <strong>Pata Negra</strong> se gana cada vez m&aacute;s espacio medi&aacute;tico (dejando en el camino a su propio m&aacute;rtir, el gran <strong>Ray Heredia</strong>), pero los artistas de Vallecas y Ca&ntilde;o Roto van quedando m&aacute;s y m&aacute;s asociados a las producciones de baja calidad, a unas letras en las que la drogadicci&oacute;n y la delincuencia tienen protagonismo absoluto y a las bandas sonoras del llamado 'Cine Quinqui', con filmes tales que <em>Yo, el Vaquilla </em>(1985) y <em>Perros callejeros</em> (1977). Pero el g&eacute;nero a&uacute;n es capaz de dar mordiscos: en 1999, cuando Jordi Pujol se presenta en un mitin acompa&ntilde;ado por Los Chunguitos, el a&uacute;n <em>molt honorable</em> cosecha un abucheo de impresi&oacute;n. Tal vez el pol&iacute;tico catal&aacute;n deber&iacute;a haber recordado que una de las canciones m&aacute;s emblem&aacute;ticas de la banda conclu&iacute;a con aquello de &ldquo;<em>Soy un perro callejero / Y me cago en tos tus muertos</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, esto no es todo. Y tampoco es el final: la rumba sigue viva, y seguramente sus mejor p&aacute;lpito late hoy en lugares donde la mayor&iacute;a de cr&iacute;ticos musicales no se dignar&iacute;an ni a mirar. Pero, como siempre, caben matices al hablar de esto &uacute;ltimo. Por ejemplo, el hecho de que los exitos&iacute;simos <strong>Camela</strong>, tan despreciados por algunos como reivindicados por otros, no tienen demasiado de rumberos ni en lo r&iacute;tmico ni en lo tem&aacute;tico. O la dolorosa realidad de que <strong>Estopa</strong>, aclamados como la salvaci&oacute;n del g&eacute;nero gracias a su &eacute;xito a finales de los 90, est&aacute;n muchas veces a un paso de rozar el chiste chusco. &Oacute;igase, en el v&iacute;deo de abajo, la muy irrespetuosa letra original de <em>El de en medio de Los Chichos</em> para comprobarlo. Como siempre, la verdadera fiesta est&aacute; muy, muy alejada de la radiof&oacute;rmula.
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      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/vamos-rumba-gracia-cano-roto_1_4676076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Sep 2014 18:23:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Nos vamos de rumba? De Gràcia a Caño Roto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El crepúsculo de los ídolos: 6 películas sobre rockeros en horas bajas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/crepusculo-idolos-peliculas-rockeros-bajas_1_4695482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0056d3f6-8ed9-4222-9ab0-d4aa51826109_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Sean Penn en This must be the place"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El protagonista de</p><p class="subtitle">En un patio de París</p><p class="subtitle">pasa de estrella a portero de una casa de vecinos</p><p class="subtitle">La figura del músico al que se le pasa el arroz, una constante del cine musical</p></div><p class="article-text">
        Cuando la crisis creativa, el insomnio y una sostenida adicci&oacute;n a la hero&iacute;na te roban las ideas, &iquest;qu&eacute; puedes hacer? Pues una de dos: o te dejas arrastrar hasta el pozo, convirti&eacute;ndote en uno de esos <em>has been </em>del mundo musical que todos conocemos, o imitas al protagonista (Gustave Kervern) de <em>En un patio de Par&iacute;s</em>. Tras constatar su lamentable estado en pleno concierto, este m&uacute;sico franc&eacute;s decide dejarlo todo atr&aacute;s (y queremos decir todo) para ejercer como portero de una casa de vecinos en la que la mism&iacute;sima Catherine Deneuve ejerce como habitante entra&ntilde;ablemente chiflada.
    </p><p class="article-text">
        La tragicomedia de Pierre Salvadori, que podr&iacute;a convertirse en uno de los <em>sleepers</em> del verano gracias a su ternura e imprevisibilidad, no es una pel&iacute;cula excesivamente musical. Pero s&iacute; vale para recordarnos que el rockero en decadencia es una figura m&aacute;s querida de lo que parece por el cine. Aqu&iacute; tienes unos ejemplos que van desde la estrella cuya fama se desmorona al segund&oacute;n poco dispuesto admitir que su arroz est&aacute; m&aacute;s que pasado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Spinal Tap (Rob Reiner, 1984)</strong><em>Spinal Tap </em>
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    </figure><p class="article-text">
        Mira m&aacute;s all&aacute; de los <em>amplis</em> que llegan al once, del pepino en la entrepierna y del bateras fallecido en un extra&ntilde;o accidente de jardiner&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; te queda? Pues una mirada desprovista de compasi&oacute;n hacia unos tipos a los que el &eacute;xito se les escapa de entre las manos. Aunque haya pasado a la historia como una comedia descacharrante (que lo es) y como una obra pionera del <em>mockumentary</em> o falso documental (tambi&eacute;n lo es, aunque con matices), este ejercicio de erudici&oacute;n rockera a cargo del autor de <em>La princesa prometida</em> y de Christopher Guest es una de las mejores meditaciones sobre el trauma que los 80 supusieron para los grupos dinosaurios de la d&eacute;cada anterior. No es extra&ntilde;o que los <em>heavies</em>, una de las pocas tribus urbanas que saben re&iacute;rse de s&iacute; mismas, la acogieran con v&iacute;tores.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Performance (Nicolas Roeg, Donald Campbell, 1970)</strong><em>Performance</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        La tensi&oacute;n provocada por los fotogramas de <em>Performance</em> llega a cotas dif&iacute;ciles de describir. Pero, si hacemos caso a los rumores, la angustia de la platea se queda en nada si la comparamos con aquella que se vivi&oacute; entre bambalinas. Aunque, cuando se rod&oacute;, los Rolling Stones se hab&iacute;an sobrepuesto con fuerza a la p&eacute;rdida de Brian Jones, este psicodrama sobre la relaci&oacute;n entre un g&aacute;ngster fugitivo (James Fox) y una estrella del rock perdida en su propio infierno (Mick Jagger, qui&eacute;n si no) supone un interesante, si bien deformado, vistazo al microcosmos de drogas y promiscuidad generado por entonces en torno a los chicos de <em>Sympathy for the Devil</em>. El hecho de que Anita Pallenberg, novia y compa&ntilde;era toxicol&oacute;gica de Keith Richards, ejerza como protagonista femenina ayuda bastante a ello.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Rock Star (Paul Schrader, 1987)</strong><em>Rock Star</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Michael J. Fox y Joan Jett, juntos. Interpretando a dos hermanos m&uacute;sicos cuya mam&aacute;, para colmo, es Gena Rowlands. Y con el guionista de <em>Taxi Driver</em> dirigiendo y firmando el gui&oacute;n. &iquest;Hace falta algo m&aacute;s para que <em>Rock Star</em> te parezca tentadora? Pues all&aacute; va: Bruce Springsteen escribi&oacute; <em>Light of Day</em>, la canci&oacute;n cuyo t&iacute;tulo es tambi&eacute;n el de la pel&iacute;cula en versi&oacute;n original. La pel&iacute;cula, detestada por su propio autor a d&iacute;a de hoy, ha quedado como una pieza bastante circunstancial, pero ver a la divina Joan encarnando a una prometedora cantante cuya carrera amenaza con morir antes de nacer (debido, claro, a que la chica es una bandarra y una descocada, y madre soltera para colmo) tiene su encanto. Superpuesto, faltar&iacute;a m&aacute;s, al de ver a la propia desatando la chuler&iacute;a que le caracteriza sobre el escenario, o hablando con Fox sobre &ldquo;tecnopop metalero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Anvil: El sue&ntilde;o de una banda de rock (Sacha Gervasi, 2008)</strong><em>Anvil: El sue&ntilde;o de una banda de rock</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Abandonamos por un momento el terreno de la ficci&oacute;n para darnos con la m&aacute;s cruda, o crud&iacute;sima, realidad. Los miembros del grupo canadiense Anvil, del cual el director Sacha Gervasi fue<em> roadie </em>en sus tiempos, pasaron de compartir cartel con la crema y nata del metal  a protagonizar situaciones tan humillantes como la de verse atrapados en la estaci&oacute;n de tren de Lorca (Murcia, Espa&ntilde;a) por culpa de una hoja de ruta mal planeada. Y sufrieron por ello, as&iacute; como por otras dantescas situaciones, ya que los dioses de la m&uacute;sica el&eacute;ctrica no tienen piedad para con aquellos que se quedan en el camino. Si est&aacute;s pensando en dejarlo todo para seguir tu sue&ntilde;o como estrella de rock, te aconsejamos que no veas esta pel&iacute;cula, porque cambiar&aacute;s de idea inmediatamente: la escena en la que un componente del grupo fracasa miserablemente como teleoperador bastar&aacute; para ello.
    </p><p class="article-text">
        <strong>This Must Be the Place (Paolo Sorrentino, 2011)</strong><em>This Must Be the Place </em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;nto hay del verdadero Robert Smith en el personaje encarnado por Sean Penn en esta pel&iacute;cula? El maquillaje y el cardado nido de p&aacute;jaro est&aacute;n ah&iacute;, desde luego, as&iacute; como el matrimonio con una chica mucho m&aacute;s realista y<em> down to earth </em>que &eacute;l, la vocecita aflautada y, sobre todo, el car&aacute;cter depresivo y patol&oacute;gicamente t&iacute;mido. Al menos, el l&iacute;der de The Cure a&uacute;n no ha sentido la tentaci&oacute;n de ir por esos mundos persiguiendo a criminales de guerra nazis, pero a trav&eacute;s de su figura y de su leyenda <em>This Must Be the Place</em> describe muy bien uno de los abismos a los que puede precipitarse una estrella del pop: el resultante de saber que, aunque tus discos sigan vendi&eacute;ndose a espuertas, la responsable de su &eacute;xito es una parte de ti mismo que te abandon&oacute; hace mucho, mucho tiempo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Siempre locos (Brian Gibson, 1998)</strong><em>Siempre locos</em>
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        Elaborada desde el conocimiento (su director sobrevivi&oacute; a los 60), Siempre locos es una de esas pel&iacute;culas que satisfacen sobre todo a los coleccionistas de gui&ntilde;os: el personaje de Bill Nighy, sin ir m&aacute;s lejos, no tiene por qu&eacute; ser necesariamente Ozzy Osbourne, y el parecido con Syd Barrett, o con Peter Green, de ese guitarrista desaparecido y a&ntilde;orado tal vez sea mera coincidencia. En todo caso, y visto el provecto estado en el que ya por entonces se encontraban la mayor&iacute;a de grupos brit&aacute;nicos de la vieja guardia, es un placer contemplar a esta panda de jubiletas (adem&aacute;s de Nighy, la banda Strange Fruit est&aacute; formada por Timothy Spall, Stephen Rea, Billy Connolly y Jimmy Nail) regresar a la palestra mientras huyen de terrores tales como el olvido del p&uacute;blico, el impago de royalties o el ogro por excelencia de los rockeros brit&aacute;nicos: la declaraci&oacute;n de la Renta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/crepusculo-idolos-peliculas-rockeros-bajas_1_4695482.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Aug 2014 19:09:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El crepúsculo de los ídolos: 6 películas sobre rockeros en horas bajas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Rock,Musical]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando Whit Stillman paseó por Barcelona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/whit-stillman-paseo-barcelona_1_4711890.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b56bfbda-e993-4a39-9ca5-ec8ee9b3acbf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La cinta de Whit Stillman de 1994, &#039;Barcelona&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1994, el mejor de los directores</p><p class="subtitle">indies</p><p class="subtitle">más olvidados nos ofreció un retrato de la Ciudad Condal desde los ojos de dos yanquis</p><p class="subtitle">Nominado a un Oscar y autor de obras de culto como</p><p class="subtitle">The Last Days of Disco</p><p class="subtitle">, Stillman es un cineasta cuya obra deberías revisar inmediatamente</p></div><p class="article-text">
        Hace 20 a&ntilde;os, Espa&ntilde;a era un lugar inquietante para los yanquis que la visitaban. Y no digamos si, en lugar de simples turistas, se trataba de currantes buscando hacerse hueco en ella como pa&iacute;s de adopci&oacute;n, u (horror de horrores) oficiales de la VI Flota acostumbrados a pisar el Mediterr&aacute;neo como terreno conquistado. Al menos, esa era la opini&oacute;n de Whit Stillman, un cineasta que conoc&iacute;a la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica de primera mano. En <em>Barcelona</em>, el filme que estren&oacute; hace 30 a&ntilde;os, este se&ntilde;or tan fino nacido en Washington DC ofreci&oacute; un impagable retrato de la Ciudad Condal en los a&ntilde;os postol&iacute;mpicos. Y se gan&oacute; un lugar lo bastante grande en nuestro corazoncito para que ahora le aclamemos &ndash;sin ambages- como uno de los mejores directores m&aacute;s olvidados del mundo.
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        Los protagonistas de Barcelona (Taylor Nichols, pazguato liberaloide, y su primo Chris Eigerman, militarote de modales cuestionables) se odian desde la infancia. Y tambi&eacute;n se ajustan al perfil que Stillman lleva definiendo desde sus comienzos en el cine: individuos en mayor o menor crisis existencial, nacidos y criados en el seno de la alta burgues&iacute;a estadounidense. Cual un Alan Rudolph (<em>El&iacute;geme</em>) menos vintage, pero igual de obsesionado por el estilo, nuestro director prob&oacute; desde su debut <em>Metropolitan</em> (1990) que su ambiente natural era el de la clase alta cosmopolita, y con cierta propensi&oacute;n al <em>peterpanismo</em>. En aquel caso, y pese a una financiaci&oacute;n precaria mediante sablazos a familiares y amigos, la jugada sali&oacute; bien: el debut de Stillman fue nominado al Oscar al Mejor Gui&oacute;n, am&eacute;n de llevarse el Independent Spirit Award al mejor debut. Pero no conven&iacute;a echar las campanas al vuelo.
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        No conven&iacute;a, decimos, porque parece que los personajes de Stillman no son los &uacute;nicos aquejados del S&iacute;ndrome de Peter Pan. El director, al menos en lo art&iacute;stico, tambi&eacute;n sufre dicho mal en un cuadro agudo: aquel que impide centrarse en una &uacute;nica actividad, pensando que la aut&eacute;ntica dicha siempre est&aacute; en otra parte. Stillman ha dirigido una agencia de ilustraci&oacute;n, ha hecho sus pinitos en el periodismo y la edici&oacute;n literaria y tambi&eacute;n ha sido agente de ventas para distribuidoras espa&ntilde;olas en EE UU. Esto &uacute;ltimo le permiti&oacute; trabajar en dos ocasiones como actor para Fernando Colomo: en la neoyorquina (y reivindicable) La l&iacute;nea del cielo (1984), su conversaci&oacute;n <a href="https://www.youtube.com/watch?v=vIQgOZXtl-M" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con un Antonio Resines que no sabe pronunciar &ldquo;Thornton&rdquo;</a> resulta inolvidable. Gracias a este conocimiento, <em>Barcelona </em>se alza por encima de esas pel&iacute;culas que pretenden hacer pasar por cuadros de costumbres lo que s&oacute;lo son postales de pintoresquismo. S&iacute;, se&ntilde;or Woody Allen: esto va por usted, y por su Par&iacute;s.
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        En todo caso, las criaturas del mundo Stillman acaban cayendo, tarde o temprano, presas de ese monstruo que se alimenta de ni&ntilde;os que no quieren crecer: la nostalgia. Si te decimos que nuestro cineasta naci&oacute; en 1952, y que (por temperamento y aficiones) el rock y el punk no le pegan ni con cola, entonces entender&aacute;s que uno de sus mejores filmes se titule <em>The Last Days of Disco </em>(1998). Si <em>Barcelona</em> evoca con precisi&oacute;n una ciudad mutante a trav&eacute;s de su vida nocturna, las andanzas de Chlo&euml; Sevigny (sustituta de &uacute;ltima hora para Winona Ryder), Kate Beckinsale y Chris Eigeman (otra vez &eacute;l) por los garitos de la Nueva York seventies resultan una cr&oacute;nica impagable sobre los a&ntilde;os pioneros del <em>clubbing</em>. Y tambi&eacute;n sobre el ascenso del yuppie como engendro mitol&oacute;gico y sociol&oacute;gico: de las ruinas del Studio 54, parece decirnos Stillman, habr&iacute;a de surgir el Patrick Bateman de <em>American Psycho</em>, tan hambriento de bienes materiales como ajeno a cualquier idea de diversi&oacute;n, o de comunidad.
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        S&oacute;lo nos queda una parada para finiquitar este viaje al planeta Whit Stillman. Pero tal vez sea la m&aacute;s importante, porque nos referimos a las chicas. Ah, las chicas de Whit Stillman... Estamos hablando de un se&ntilde;or capaz de convencernos, en <em>Barcelona</em>, de que Mira Sorvino y la londinense Tushka Bergen son catalanas de pro (nunca acaba de colar del todo, pero se lo perdonamos) y que, tras un hiato de trece a&ntilde;os en su carrera, regres&oacute; con un filme de esos cuya mala suerte comercial resulta inexplicable. Se trata de <em>Damiselas en apuros</em> (2012), donde nuestro hombre se prueba capaz de competir con otros dos ni&ntilde;os pijos a quienes podr&iacute;a dar alguna lecci&oacute;n que otra: Wes Anderson y Sofia Coppola. Humorismo delicado y <em>deadpan</em>, el catarismo como pretexto para el sexo anal e hipot&eacute;ticos suicidios universitarios se cuentan entre los pilares de una pel&iacute;cula que deber&iacute;as estar viendo ya mismo.
    </p><p class="article-text">
        En resumen: hace 20 a&ntilde;os, un director estadounidense aprovech&oacute; sus recuerdos de joven viajero, y sus propias paranoias sociopol&iacute;ticas, para rodar una cinta muy revisitable titulada <em>Barcelona</em>. Y ya: Stillman est&aacute; a otras cosas, principalmente literarias (<em>Love &amp; Friendship</em>, su segunda novela, se publicar&aacute; el a&ntilde;o que viene) y su filmograf&iacute;a tiene pocos visos de ser considerada como algo m&aacute;s que una nota a pie de p&aacute;gina en la historia del cine indie. Pero, sobre todo si ya no cumples los 35, tal vez te convendr&iacute;a volver a echarle un vistazo a ese filme, aun a riesgo de acabar entonando aquello de <em>C&oacute;mo hemos cambiado </em>cual la yeclana Sole Jim&eacute;nez. Y, si perteneces a una generaci&oacute;n posterior, tambi&eacute;n resulta aconsejable una aproximaci&oacute;n a la obra de Whit Stillman: tal vez as&iacute; experimentes un anticipo de esa sensaci&oacute;n que, el d&iacute;a de ma&ntilde;ana, te invadir&aacute; cuando pienses en Instagram, Tumblr y el Primavera Sound.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/whit-stillman-paseo-barcelona_1_4711890.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Aug 2014 18:11:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Barcelona,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Final Fantasy VI: 20 años de gloria y de ruina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/diario-turing/fina-fantasy-vi-gloria-ruina_1_4953291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2061e816-50f8-4420-9375-10400fceb8e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Final Fantasy VI"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿El mejor juego de rol jamás hecho para una consola, o un título atrozmente sobrevalorado?</p><p class="subtitle">Dos décadas después de su estreno en Super Nintendo, y con sus versiones para smartphone recién aparecidas, la saga de Terra y sus compañeros sigue levantando pasiones (a favor y en contra).</p></div><p class="article-text">
        Estamos en marzo de 1994 e Hironobu Sakaguchi no puede cre&eacute;rselo. Siete a&ntilde;os antes, este programador de buenas ideas y mal car&aacute;cter hab&iacute;a ascendido al estrellato gracias a un juego de rol (RPG) titulado <strong>Final Fantasy</strong>, y concebido (de ah&iacute; su nombre) para cerrar el cat&aacute;logo de la compa&ntilde;&iacute;a Squaresoft antes de su inminente quiebra. Lejos de sellar el cierre de la empresa, dicho programa se hab&iacute;a convertido en un &eacute;xito de ventas, y tambi&eacute;n en el arranque de una saga cuyo sexto t&iacute;tulo iba a llegar al p&uacute;blico en pocas semanas.
    </p><p class="article-text">
        Sakaguchi est&aacute; tan satisfecho de esta entrega que, al calor de la fiesta de fin de proyecto, descorcha una botella de champ&aacute;n mientras grita: &ldquo;&iexcl;Hemos hecho el mejor videojuego de la historia!&rdquo;. &iquest;Tendr&iacute;a raz&oacute;n?
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    </figure><p class="article-text">
        Final Fantasy VI apareci&oacute; en las tiendas niponas el 2 de abril de 1994. Su versi&oacute;n estadounidense (retitulada Final Fantasy III: la cuarta y quinta partes de la saga no hab&iacute;an cruzado el Pac&iacute;fico) tuvo que esperar al 20 de octubre para tentar a los propietarios de una Super Nintendo.
    </p><p class="article-text">
        Pese a no batir r&eacute;cords de ventas en ninguno de los dos territorios, <strong>3 millones y medio de copias hab&iacute;an sido despachadas en 2003</strong> cuando la consola que le vio nacer fue descatalogada en su pa&iacute;s de origen. Y hoy, con el juego reci&eacute;n reeditado en <a href="https://play.google.com/store/apps/details?id=com.square_enix.android_googleplay.finalfantasy" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Android</a> e <a href="https://itunes.apple.com/us/app/final-fantasy-vi/id719401490?mt=8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">iOS</a>, los aficionados a los RPG japoneses siguen divididos en un debate algo desigual: una gran mayor&iacute;a suscribe el juicio de Sakaguchi, considerando al programa como un hito del g&eacute;nero, mientras otro bando, m&aacute;s minoritario pero persistente, lo considera un t&iacute;tulo atrozmente sobrevalorado.
    </p><h2 class="article-text">Catorce personajes, catorce historias</h2><p class="article-text">
        <a href="https://twitter.com/Caith_Sith" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pablo Gonz&aacute;lez Taboada</a>, autor del libro <a href="https://www.goodreads.com/book/show/18299663-final-fantasy?from_search=true" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Final Fantasy: La leyenda de los cristales</a> (Dolmen), descubri&oacute; Final Fantasy VI alrededor de 2000. Y, como el grueso del p&uacute;blico europeo, lo hizo usando un emulador para PC: el juego s&oacute;lo llegar&iacute;a a nuestras costas de forma oficial en 2002, remakeado para PlayStation. &ldquo;Recuerdo haber probado una traducci&oacute;n hecha por fans y quedarme prendado varias horas&rdquo;, reconoce Gonz&aacute;lez Taboada, quien tiene claras las razones del mito.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n &eacute;l, adem&aacute;s de obtener un nivel t&eacute;cnico sobresaliente que &ldquo;consegu&iacute;a llevar al m&aacute;ximo las posibilidades del RPG en dos dimensiones&rdquo;, el equipo regido por Yoshinori Kitase y y Hiroyuki Hito logr&oacute; dar forma a un puzle en el cual &ldquo;todo est&aacute; ah&iacute; por alguna raz&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Cada personaje, y no son pocos, tiene su funci&oacute;n en la historia&rdquo;, explica este experto, apuntando que dichos personajes &ldquo;se mueven en un mundo abierto de escala considerable, que adem&aacute;s se permite el lujo de desarrollar secuencias &iacute;ntimas con total naturalidad&rdquo;.
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        Taboada ha hecho hincapi&eacute; en dos de los aspectos m&aacute;s alabados de Final Fantasy VI, tanto en el a&ntilde;o de su lanzamiento como ahora: <strong>su relato, y su reparto</strong>. Partiendo de una premisa algo t&oacute;pica obra de Sakaguchi, el usual &ldquo;rebeldes aguerridos versus imperio maligno&rdquo;, y con la obligaci&oacute;n de mantener las premisas de la franquicia (historia in&eacute;dita, personajes predefinidos, combate basado en men&uacute;s), Kitase se sac&oacute; de la manga un elenco de catorce protagonistas, cada uno con su propio arco argumental y funciones &uacute;nicas en el sistema de juego.
    </p><p class="article-text">
        Conformadas por los trabajos de Yoshitaka Amano (dise&ntilde;ador), Nobuo Uematsu (m&uacute;sico), el tambi&eacute;n grafista Tetsuya Nomura y otros muchos, figuras como la desvalida Terra, el audaz Locke o los gemelos Edgar y Sabin viven conflictos personales trufados por encuentros, desencuentros, reencuentros y, claro est&aacute;, montones de batallas &eacute;picas.
    </p><p class="article-text">
        El <strong>protagonismo colectivo</strong> no era entonces algo novedoso en los videojuegos, pero puede alegarse que jam&aacute;s hab&iacute;a aparecido de una forma tan culebronesca. Y tan repleta de unos di&aacute;logos agraciados, en la versi&oacute;n inglesa, por la estupenda traducci&oacute;n de Ted Woolsey.
    </p><h2 class="article-text">La aventura se convierte en rutina</h2><p class="article-text">
        El exceso de personajes y di&aacute;logos es una de las razones por las que Carlos Jurschik se halla entre los detractores de Final Fantasy VI: la primera vez que este experto en videojuegos se enfrent&oacute; al programa acab&oacute; pregunt&aacute;ndose &ldquo;por qu&eacute; se le consideraba uno de los mejores juegos de la historia, cuando su dise&ntilde;o flaqueaba y argumentalmente ten&iacute;a poco que ofrecer&rdquo;. Disertando sobre su constante b&uacute;squeda del cl&iacute;max emocional, reminiscente del anime m&aacute;s desaforado, Jurschik se pregunta &ldquo;si viene del mismo pa&iacute;s donde hicieron pel&iacute;culas Kurosawa u Ozu&rdquo;, antes de destinar sus mayores aguijonazos al propio sistema de juego.
    </p><p class="article-text">
        Un sistema basado, seg&uacute;n &eacute;l, en la monoton&iacute;a (&ldquo;En vez de por la estrategia, las batallas importantes se deciden por la reiteraci&oacute;n: ataca, cura, espera y vuelve al punto 1&rdquo;) y lastrado por un defecto fatal: &ldquo;Hay un momento donde el programa se convierte en rutina, donde ya no hay mec&aacute;nicas nuevas y casi parece que se castiga al jugador por avanzar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima frase <strong>apunta a un giro argumental</strong> que sobreviene en torno a las 15 o 30 horas de partida (seg&uacute;n el tiempo que haya dedicado cada jugador a explorar y matar bichos) y que supone un aspecto tan emblem&aacute;tico de Final Fantasy VI como la escena de la &oacute;pera o ese uso de invocaciones en el combate heredado, desde entonces, por las sucesivas entregas del serial.
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    </figure><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de <strong>partir en dos la trama</strong> tanto para los personajes como para el jugador que los controla, este cl&iacute;max define tambi&eacute;n la figura de Kefka, el antagonista principal del juego. Hablamos de una suerte de buf&oacute;n genocida al que Gonz&aacute;lez Taboada considera un logro (&ldquo;<strong>esa clase de villanos psic&oacute;ticos</strong> eran frecuentes en otros medios, pero en los videojuegos, considerados hasta entonces para ni&ntilde;os, no se ve&iacute;an&rdquo;) y al cual Carlos Jurschik califica de caricatura hom&oacute;foba, aunque (puntualiza) &ldquo;los japoneses ven estas cosas de otra forma: para ellos, el personaje es una encarnaci&oacute;n de lo rid&iacute;culo, lo extravagante y lo cabaretero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pol&eacute;micas aparte, Kefka sigue siendo <strong>uno de los enemigos m&aacute;s populares</strong> de la historia de Final Fantasy, lo cual nos lleva a otro conflicto: un sector tanto de sus fans como de sus antifans considera que Final Fantasy VI supuso el inicio de la decadencia para la saga, inocul&aacute;ndole el vicio de dar primac&iacute;a a la narraci&oacute;n sobre la interactividad.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Jurschik se adscribe a este bando: &ldquo;Las siguientes entregas para Playstation tienen tanta ambici&oacute;n que es una pena que no alcanzasen sus objetivos&rdquo;, dice, &ldquo;pero por el camino a&ntilde;adieron mucho tedio, y no acabaron de arreglar los problemas de reiteraci&oacute;n&rdquo;. Otros, en cambio, lo consideran el preludio de Final Fantasy VII (1997), el primer t&iacute;tulo en 3D de la saga, y el juego que convirti&oacute; a la PlayStation en la videoconsola m&aacute;s popular del mundo: &ldquo;Si con Final Fantasy VI se lleg&oacute; al l&iacute;mite en lo que respecta al rol japon&eacute;s cl&aacute;sico, con la sexta entrega naci&oacute; el primer estandarte moderno del g&eacute;nero, igualando sus m&eacute;ritos&rdquo;, opina Pablo Gonz&aacute;lez.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que, tanto en t&eacute;rminos financieros (<strong>10 millones de copias vendidas</strong>) como t&eacute;cnicos (analizar su impacto en historia de los videojuegos dar&iacute;a para otro art&iacute;culo), el s&eacute;ptimo Final Fantasy supuso un hito que, a&uacute;n hoy, arrastra legiones de fans. Pero a su predecesor se le reserva esa mezcla de admiraci&oacute;n y afecto debida a los cl&aacute;sicos. Bien se lo considere &ldquo;una obra maestra por la que no pasa el tiempo&rdquo; (as&iacute; lo califica Pablo Gonz&aacute;lez), bien el inicio de un declive, usuarios de todas las edades siguen jug&aacute;ndolo, y debatiendo sobre &eacute;l en blogs y foros especializados.
    </p><p class="article-text">
        Una vigencia en la que intervienen tanto la capacidad de Final Fantasy VI para entretener y fascinar como la nostalgia, no s&oacute;lo por tiempos pasados, sino tambi&eacute;n por una cierta inocencia y una cierta pasi&oacute;n. Elementos que, a estas alturas, el mainstream de los videojuegos dif&iacute;cilmente recuperar&aacute; alguna vez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/diario-turing/fina-fantasy-vi-gloria-ruina_1_4953291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Apr 2014 10:19:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Final Fantasy VI: 20 años de gloria y de ruina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Videojuegos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las jóvenes fortunas españolas pasan mucho del cine]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/dinero-espanol-pasa-cine_1_5004503.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e81f972a-4864-4140-b85f-2672c0e9e988_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las jóvenes fortunas españolas pasan mucho del cine"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los vástagos de las grandes estadounidenses se lanzan a invertir en el cine sin reparar en gastos, mientras que en España las grandes fortunas prefieren comprar cuadros, caballos y fincas en lugar de invertir en el séptimo arte</p><p class="subtitle">La heredera de Oracle, Megan Ellison, aspira a dos Oscar a la mejor película; los herederos de Endesa, Zara o la familia Benjumea no piensan en el mecenazgo</p></div><p class="article-text">
        Cabe suponer que, cuando la necesidad aprieta, muchos directores de cine sue&ntilde;an con lo mismo: un productor con fondos casi ilimitados y presto a soltar grandes cantidades para cualquier aventura art&iacute;stica, sin importar sus perspectivas en taquilla. Una figura muy poco contempor&aacute;nea, en realidad, y m&aacute;s pr&oacute;xima al ideal cl&aacute;sico del mecenas que a cualquier realidad empresarial, pero que podr&iacute;a estar hoy m&aacute;s vigente que nunca.
    </p><p class="article-text">
        Esto es dif&iacute;cil de creer, &iquest;verdad? Pues s&iacute;, y sobre todo si a uno le gusta el s&eacute;ptimo arte: las pel&iacute;culas suelen pintarnos al empresario, bien como una figura mefistof&eacute;lica (<strong>Kirk Douglas</strong> en <em>Cautivos del mal</em>), bien como la sabandija codiciosa de<strong> Tim Robbins</strong> en <em>El juego de Hollywood</em>. Alej&aacute;ndonos de la ficci&oacute;n, encontramos un panorama tirando a gris, poblado por hombres de negocios con la vista m&aacute;s pendiente del balance contable que de la pantalla. Y, como guinda de la tarta, tenemos historias muy poco hollywoodienses, como la de <strong>Humbert Balsan</strong>, el productor franc&eacute;s que financi&oacute; filmes de Bresson, Ivory y Von Trier y se suicid&oacute; en 2005 acosado por las deudas. Su caso inspir&oacute; <em>El padre de mis hijos</em> (Mia Hansen-Love, 2009).
    </p><h3 class="article-text">Los hermanos Ellison: piratas de Silicon Valley</h3><p class="article-text">
        Una cosa es jugar con los arquetipos y otra muy distinta tratar de aplicarlos a la figura de <strong>Megan Ellison</strong>. Si el nombre de esta productora no te suena, ponte al d&iacute;a, y r&aacute;pido: hija de Larry Ellison &ndash;consejero delegado de Oracle y sexto en la lista de los m&aacute;s ricos del mundo&ndash;, la m&aacute;xima responsable de <strong>Annapurna Pictures</strong> figura a sus 27 a&ntilde;os como productora en los cr&eacute;ditos de <a href="http://www.eldiario.es/cultura/cine/Spike-Jonze-Her-romantico-divertido_0_230977084.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Her</strong></a> y <a href="http://www.eldiario.es/cultura/cine/jeque-estampita-gran-estafa-americana_0_223628461.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>La gran estafa americana</strong></a>, ambas nominadas al Oscar a la mejor pel&iacute;cula. Un hito hist&oacute;rico, ya que ella es la primera mujer que figura por partida doble en esa categor&iacute;a. Su figura aparece unida a lo que algunos llaman ya el <strong>&ldquo;enfoque Silicon Valley&rdquo;</strong>: una actitud hacia las pel&iacute;culas similar a la creaci&oacute;n de <em>start-ups</em>, sin reparo a la hora de invertir grandes sumas y con miras que abarcan a la vez el beneficio y el riesgo creativo.
    </p><p class="article-text">
        Con un perfil anguloso tanto en la prensa del coraz&oacute;n como en el negocio f&iacute;lmico (que la ha vinculado a los hermanos Coen &ndash;<em>Valor de ley</em>- y a <strong>Kathryn Bigelow</strong> &ndash;<em>La noche m&aacute;s oscura</em>-), Megan Ellison se labr&oacute; en tiempo r&eacute;cord una posici&oacute;n de alta importancia en Hollywood. Lo bastante alta, al menos, como para que <strong>Harvey Weinstein</strong> le pidiera disculpas por el fracaso en taquilla de <em>The Master</em> (Paul Thomas Anderson, 2012). El habitualmente feroz magnate se daba sonoros golpes de pecho en una entrevista con <em>Deadline</em>, afirmando que no hab&iacute;a sabido promocionar la cinta y ensalzando a su joven asociada: &ldquo;Dios la bendiga por traer pel&iacute;culas as&iacute; a este mundo&rdquo;, remach&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Por si esto fuese poco, el hermano mayor de Megan, <strong>David Ellison</strong>, tambi&eacute;n se dedica a la producci&oacute;n de cine, si bien desde planteamientos m&aacute;s palomiteros. En agosto de 2010, David y su empresa Skydance Productions llamaron a la puerta de Paramount con 355 millones de euros bajo el brazo, y una oferta para realizar filmes en coproducci&oacute;n. Debido a ello, el nombre de David Ellison figura como productor ejecutivo de <em>Star Trek: En la oscuridad</em> y <em><strong>Guerra Mundial Z</strong></em>, entre otros <em>blockbusters</em>. Y tambi&eacute;n queda, junto a su hermana, como instigador de la resurrecci&oacute;n de la franquicia <em><strong>Terminator</strong></em>, una maniobra financiera que caus&oacute; sensaci&oacute;n en 2010: para vencer a Sony, Lionsgate y otros titanes en la puja por los derechos de la saga, Skydance y Annapurna soltaron 16 millones y medio de euros sin pesta&ntilde;ear.
    </p><h3 class="article-text">Apellidos, cartera y ambici&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Los hermanos Ellison no han estado exentos de batacazos: Megan, sin ir m&aacute;s lejos, tuvo que tragarse el desastre de <em>Passion Play</em>, el filme que hundi&oacute; la carrera de <strong>Megan Fox</strong> y volvi&oacute; a sepultar la de <strong>Mickey Rourke</strong>. Por otra parte, dudamos de que David se sienta orgulloso de t&iacute;tulos como <em>Un desmadre de viaje</em>. Pero sus trayectorias hacen ver que la propensi&oacute;n a desembolsar millonadas viene unida en ellos a un afilado sentido comercial: Megan no s&oacute;lo destaca por su labor como productora, sino tambi&eacute;n por sus maniobras en el mercado inmobiliario de Los &Aacute;ngeles. Y su hermano ha hecho sus pinitos (como piloto y empresario) en el mundo de la aeron&aacute;utica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la causa de esta voracidad? Podr&iacute;a decirse que <strong>Larry Ellison</strong> hizo bien acostumbrando a sus hijos a manejar grandes sumas desde peque&ntilde;itos: el patrimonio individual de cada uno de los hermanos podr&iacute;a ascender, contando s&oacute;lo con los donativos paternos, hasta los 223 millones de euros. Pero el caso de Megan y David es s&oacute;lo la punta del iceberg. Menos popular, pero tambi&eacute;n significativo, es <strong>Teddy Schwarzman </strong>(<em>Cuando todo est&aacute; perdido</em>), cuyo padre preside la inversora Blackstone. O el de <strong>Michael Benaroya</strong>, heredero de una gran inmobiliaria de Seattle, que renunci&oacute; a la compraventa de terrenos para financiar la exitosa denuncia del mercado burs&aacute;til <em>Margin Call</em> (2011).
    </p><p class="article-text">
        Como suele ocurrir en el mundo de los multimillonarios, Benaroya y los Ellison se conocen en persona. Y podemos suponer que se han visto las caras con otros j&oacute;venes titanes de apellido ilustre, tales que <strong>John P. Middleton</strong> (<em>Oldboy</em>) o <strong>Jamie Patricof</strong>, cuya carrera parece unida a la de <strong>Ryan Gosling</strong> por lazos de talonario: suyo fue el capital que hizo posibles <em>Half Nelson</em>, <em>Blue Valentine</em> y <em>Cruce de caminos</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Todos estos j&oacute;venes aparecen en el negocio respaldados por fortunas familiares, y en sus carreras se combina el buen ojo a la hora de elegir proyectos con prestigio, de esos que te hacen quedar bien al hablar de ellos con los amigos, con inversiones diversificadas que enjugan las posibles p&eacute;rdidas.
    </p><h3 class="article-text">Espa&ntilde;a: cuadros s&iacute;, pel&iacute;culas no</h3><p class="article-text">
        Dejemos a estos alevines de tibur&oacute;n nadando en Hollywood, y planteemos una pregunta: &iquest;es posible que figuras como los Ellison o Michael Benaroya surjan en Espa&ntilde;a? Parece dif&iacute;cil, y eso que los nombres no faltan. Podemos fijarnos, sin ir m&aacute;s lejos, en <strong>Gonzalo Mart&iacute;n-Villa</strong>: el hijo de <strong>Rodolfo Mart&iacute;n-Villa</strong> (Endesa) ha declarado su intenci&oacute;n de crear &ldquo;ecosistemas similares al de Silicon Valley&rdquo; desde su cargo como consejero delegado de Wayra, la aceleradora de <em>start-ups</em> de Telef&oacute;nica. Pero, que sepamos, no tiene intenciones de extender ese m&eacute;todo de trabajo al audiovisual. Los intereses de <strong>Marta Ortega P&eacute;rez</strong>, hija de Amancio Ortega (Inditex), parecen tambi&eacute;n alejados del cine. Salvo novedades, los directores de cine espa&ntilde;ol deber&aacute;n seguir so&ntilde;ando con un pellizco de esa fortuna valorada en 4.700 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, todo sea dicho, nos movemos entre mentalidades muy diferentes: el hipercompetitivo mundo empresarial de EEUU cr&iacute;a cachorros con ganas de cultivar una imagen de emprendedores dispuestos a todo, en todos los &aacute;mbitos. El dinero espa&ntilde;ol, por su parte, parece m&aacute;s af&iacute;n a la creaci&oacute;n de fundaciones y la inversi&oacute;n en artes pl&aacute;sticas que a un celuloide respaldado (a&uacute;n, y s&oacute;lo en cierta medida) por el erario p&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        Fij&eacute;monos en <strong>la familia Benjumea</strong>, propietaria de la multinacional de la ingenier&iacute;a Abengoa: su fundaci&oacute;n Focus-Abengoa, creada en 1982, patrocina un concurso de pintura contempor&aacute;nea y posee cuadros de Vel&aacute;zquez, Murillo y Zurbar&aacute;n en su colecci&oacute;n pict&oacute;rica. Pero de cine, ni rastro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Buscamos m&aacute;s s&iacute;ntomas? Pues tenemos uno reciente: mientras galer&iacute;as de arte, marchantes y coleccionistas suspiran aliviados ante la rebaja del IVA cultural, los empresarios de la industria del cine rechinan los dientes, ya que seguir&aacute;n cargando con el impuesto del 21%. De la misma manera, la Ley de Mecenazgo prometida por el PP sigue su interminable proceso de gestaci&oacute;n, con el celuloide patrio esper&aacute;ndola a&uacute;n como agua de mayo. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, parece dif&iacute;cil que las grandes fortunas nacionales, o sus v&aacute;stagos, se decidan a poner sus zarpas sobre un sector desprovisto del glamour estadounidense, percibido con desconfianza (o antipat&iacute;a) por amplios sectores de la poblaci&oacute;n de a pie y de la clase pol&iacute;tica y  que precisa del estreno de un <em>Torrente</em> o un <em>Lo imposible</em> para cuadrar las cuentas anuales. Malas noticias en un contexto internacional donde la uni&oacute;n entre arte y presupuesto depende cada vez m&aacute;s de los intereses culturales de los ricos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/dinero-espanol-pasa-cine_1_5004503.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Feb 2014 20:04:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las jóvenes fortunas españolas pasan mucho del cine]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Premios Oscar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cine español rueda en precario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/cine-espanol-rueda-precario_1_5042479.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f250129-669e-410d-ab94-037f034bc5ed_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Nueve jóvenes desempleados podrán participar en la gala de los premios Goya"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Sabías que la gala de los Goya está patrocinada por una ETT? Mientras el celuloide patrio celebra su fiesta anual, la crisis y la reforma laboral hacen mella en sus condiciones de trabajo</p></div><p class="article-text">
        Este domingo, la gala los <strong>Premios Goya 2014 </strong>se celebrar&aacute; bajo el patrocinio de una ETT. Se trata de <strong>Adecco</strong>, multinacional suiza del trabajo temporal que, el pasado 9 de diciembre, formaliz&oacute; un acuerdo con la Academia de Cine para colaborar en la ceremonia. As&iacute;, seg&uacute;n lo estipulado en el trato, cuatro j&oacute;venes desempleados contratados por Adecco trabajar&aacute;n en otros tantos departamentos del sarao (por un salario de 1.000 euros) y, adem&aacute;s, llevar&aacute;n las estatuillas hasta las figuras de nuestro cine encargadas que anunciar&aacute;n a los ganadores.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Una iniciativa loable, o un acto de caridad? Cualquiera sabe. Pero los profesionales entrevistados por eldiario.es para este informe han visto el acuerdo como la confirmaci&oacute;n de algo que ellos saben muy bien: en el celuloide de aqu&iacute; la precariedad laboral es un mal end&eacute;mico. Hablamos de un sector en el que se produjeron m&aacute;s de 1.000 despidos entre 2011 y 2012, empleando actualmente a cerca de 10.375 personas, y cuyo ritmo de producci&oacute;n descendi&oacute; un 18% (de 128 pel&iacute;culas a 105) durante dicho per&iacute;odo, seg&uacute;n datos de la confederaci&oacute;n de productores FAPAE. En ese mismo ejercicio, el presupuesto medio de un filme descendi&oacute; en nuestro pa&iacute;s de los dos millones y medio de euros hasta aproximadamente un mill&oacute;n y medio. Ca&iacute;das que, como veremos a continuaci&oacute;n, han provocado un impacto muy doloroso no s&oacute;lo en los resultados financieros de las pel&iacute;culas, sino tambi&eacute;n en las condiciones de quienes trabajan en ellas.
    </p><h3 class="article-text">Pioneros de la reforma laboral</h3><p class="article-text">
        A Julia, que trabaja como ayudante de producci&oacute;n, la precariedad laboral le resulta muy familiar. Y tambi&eacute;n las triqui&ntilde;uelas empleadas por algunos empresarios para escatimar c&eacute;ntimos y sacarse las p&eacute;rdidas de encima. <strong>&ldquo;Estuve trabajando para una productora bastante potente&rdquo;</strong>, explica.<strong> &ldquo;que tras declararse en quiebra ha denunciado a todos los trabajadores que hab&iacute;amos alquilado furgonetas durante el rodaje, acus&aacute;ndonos de hacerlo con fines personales&rdquo;</strong>. Esta profesional considera que la crisis, primero, y la Ley de Reforma Laboral de febrero de 2012, despu&eacute;s, fueron la puntilla para un sector que hab&iacute;a proporcionado r&eacute;ditos laborales dignos pese a su perpetuo estado de zozobra.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n nos cuenta Julia, antes de 2008 era habitual que a los t&eacute;cnicos se les diese de alta en el r&eacute;gimen laboral de artistas, lo cual (prosigue) <strong>&ldquo;nos permit&iacute;a cotizar m&aacute;s con menos d&iacute;as y acumular paro antes&rdquo;</strong>. Ahora, indica Julia,<strong> &ldquo;la cotizaci&oacute;n ha bajado y nuestro paro se rige por bases reguladoras de risa, lo que deja prestaciones de 400 euros o menos&rdquo;</strong>, generaliz&aacute;ndose las altas en el R&eacute;gimen General de la Seguridad Social (m&aacute;s barato para el empresario). Esto, ojo, no es s&oacute;lo exclusivo de los t&eacute;cnicos: seg&uacute;n un informe publicado el 28 de enero por la entidad de gesti&oacute;n AISGE, un 15% de los actores espa&ntilde;oles trabajan como falsos aut&oacute;nomos, pag&aacute;ndose ellos mismos unas cotizaciones adscritas, adem&aacute;s, a dicho r&eacute;gimen general.
    </p><p class="article-text">
        Durante su conversaci&oacute;n con nosotros, Julia ha mencionado la presencia cada vez mayor de las ETT en el audiovisual espa&ntilde;ol, algo que Pedro Soto considera en cierta medida exagerado. El secretario general del sindicato de t&eacute;cnicos TACE apunta, eso s&iacute;, que en el mundo de la televisi&oacute;n s&iacute; son frecuentes las que &eacute;l denomina <strong>&ldquo;ETT encubiertas, chiringuitos creados por las productoras para evitar una relaci&oacute;n contractual directa&rdquo;. &ldquo;Los profesionales del cine somos pioneros de la reforma laboral&rdquo;</strong>, bromea Soto (un t&eacute;cnico de sonido con 39 t&iacute;tulos en su filmograf&iacute;a), se&ntilde;alando que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os las pagas han descendido vertiginosamente (<strong>&ldquo;Hace 10 a&ntilde;os, era f&aacute;cil que los salarios de mercado doblasen los de convenio&rdquo;)</strong> y adem&aacute;s se han generalizado <strong>&ldquo;cosas antes impensables, como los contratos de pr&aacute;cticas cuya duraci&oacute;n excede el tiempo previsto para un rodaje&rdquo;</strong>. <strong>&ldquo;La actitud de la Inspecci&oacute;n de trabajo tambi&eacute;n ha cambiado mucho: ahora son cero receptivos a nuestras denuncias&rdquo;</strong>, apunta, antes de a&ntilde;adir un prudente<strong> &ldquo;dej&eacute;moslo as&iacute;&rdquo;</strong>. 
    </p><h3 class="article-text">Si no lo cojo yo, lo coger&aacute; otro</h3><p class="article-text">
        Otra leyenda negra asociada al audiovisual es la de las jornadas maratonianas. Y, seg&uacute;n avisa el secretario general de TACE, hay mucho de verdad en ella. El presente convenio colectivo de los t&eacute;cnicos del audiovisual (firmados por CC OO, UGT y FAPAE en 2009, y actualmente en mesa paritaria para actualizar sus tablas salariales) prev&eacute; jornadas laborales de entre 45 y 50 horas semanales, seg&uacute;n las necesidades de la producci&oacute;n. TACE no firm&oacute; ese convenio, y su secretario general (que lo define como &ldquo;un desastre, mal redactado y muy sujeto a interpretaciones&rdquo;) insiste en que las aut&eacute;nticas jornadas pueden llegar a &ldquo;doce horas al d&iacute;a, seis d&iacute;as por semana&rdquo;. <strong>&ldquo;Antes trabaj&aacute;bamos mucho para cobrar mucho, y ahora nos deslomamos para cobrar poco&rdquo;</strong>, remacha.  
    </p><p class="article-text">
        Mariana, que se mueve en los mundos de la producci&oacute;n y la direcci&oacute;n de fotograf&iacute;a, nos da una visi&oacute;n de esto a pie de plat&oacute;: &ldquo;Al haber poco dinero hay que concentrar mucho las jornadas para que cundan al m&aacute;ximo&rdquo;, explica esta profesional, que ha llegado a pasar &ldquo;24 horas en un rodaje, y eso que no cobr&eacute; un euro&rdquo;. Adem&aacute;s de la nula correspondencia entre el esfuerzo y el salario recibido, Mariana se&ntilde;ala otro grave problema para los t&eacute;cnicos, la cultura del &ldquo;si no lo cojo yo, lo coger&aacute; otro&rdquo; que empuja a los trabajadores principiantes a <strong>&ldquo;aceptar lo que salga para empezar a trabajar y hacer contactos&rdquo;</strong>.  
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute;, la voz de los sindicatos y del asalariado. Pero, &iquest;qu&eacute; se dice en los despachos de la patronal? Un alto cargo de FAPAE entrevistado por eldiario.es reconoce que la ca&iacute;da en la industria &ldquo;nos preocupa a todos&rdquo;, pero tambi&eacute;n aduce que &ldquo;una productora necesita mantener sus m&aacute;rgenes de beneficio para no cerrar&rdquo;. Consultada acerca de las formas de contrataci&oacute;n (irregulares o no), la confederaci&oacute;n de productores entiende<strong> &ldquo;que las empresas operan dentro del marco de la legalidad, y que optar&aacute;n por la modalidad m&aacute;s ventajosa dentro de ese marco&rdquo;</strong>.
    </p><h3 class="article-text">Afiliarse es inaudito</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n nuestros testimonios, entre la televisi&oacute;n y el cine existe una diferencia fundamental: en el mundo cat&oacute;dico son m&aacute;s frecuentes las contrataciones indefinidas y la figura del fijo discontinuo, lo cual facilita la formaci&oacute;n de comit&eacute;s de empresa. Las pel&iacute;culas, por el contrario, crean relaciones laborales mucho m&aacute;s breves y vol&aacute;tiles, y por ello la presencia sindical en este subsector es proporcionalmente baja, facilitando los abusos y las listas negras. Un director de arte con experiencia en cine, publicidad y televisi&oacute;n se&ntilde;ala que a las grandes productoras <strong>&ldquo;les basta con que protestes sobre las jornadas y los salarios para vetarte: total, siempre habr&aacute; m&aacute;s gente disponible&rdquo;</strong>. El secretario de Cultura de UGT Jose Mar&iacute;a Garc&iacute;a no confirma ni desmiente esta descripci&oacute;n, pero s&iacute; admite que, tras la reforma laboral, <strong>&ldquo;todas las armas legales han pasado a manos de la otra parte&rdquo;</strong>. Es decir, de los productores. 
    </p><p class="article-text">
        Garc&iacute;a, que ha formado parte de las negociaciones entre los sindicatos y FAPAE, se&ntilde;ala como principales problemas laborales del cine espa&ntilde;ol <strong>&ldquo;los bajos salarios y la discontinuidad&rdquo;</strong>, y recuerda que la actual legislaci&oacute;n permite a las empresas el descuelgue salarial, un procedimiento que habilita al empresario para no pagar seg&uacute;n convenio (la propia FAPAE tiene constancia de que una productora se acogi&oacute; recientemente a esta medida). El responsable de UGT nos cuenta tambi&eacute;n que la actual renegociaci&oacute;n de tablas salariales <strong>&ldquo;est&aacute; siendo complicada: FAPAE antes nos ofrec&iacute;a un 0,6% de incremento y ahora ha pasado a ofrecer un 0,3&rdquo;</strong>, y resume as&iacute; el conjunto de la situaci&oacute;n: <strong>&ldquo;Si t&uacute; sabes que un profesional est&aacute; sometido a malas condiciones, y &eacute;l sabe que, si no las acepta, no trabaja, &iquest;c&oacute;mo resuelves el problema?&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El secretario general de la Uni&oacute;n de Actores, I&ntilde;aki Guevara, se muestra m&aacute;s tajante: seg&uacute;n &eacute;l, el sector audiovisual en general, y el de los int&eacute;rpretes en particular, est&aacute; presidido por &ldquo;la precariedad y el miedo&rdquo;. Seg&uacute;n el informe de AISGE, el 89% de actores espa&ntilde;oles est&aacute; vinculado al audiovisual (bien como int&eacute;rpretes de plat&oacute;, bien en el mundo del doblaje), mientras que un 70% del total de la profesi&oacute;n se encuentra en paro o en situaci&oacute;n precaria. Y, en estas circunstancias, Guevara reconoce que una posible denuncia de convenio por cualquiera de las partes ser&iacute;a muy problem&aacute;tica, ya que seg&uacute;n la Reforma Laboral <strong>&ldquo;si no hay consenso, te quedas sin convenio directamente&rdquo;</strong>. Ese es el caso de los actores de doblaje, fiados desde julio de 2013, bien al acuerdo auton&oacute;mico (en Madrid, Galicia y Catalu&ntilde;a), bien directamente al Estatuto de los Trabajadores.  
    </p><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s, Guevara denuncia una situaci&oacute;n similar a la expuesta por sus compa&ntilde;eros del sector t&eacute;cnico: la duraci&oacute;n de las jornadas es excesiva (<strong>&ldquo;Legalmente se trabaja un m&aacute;ximo de 45 horas semanales, pero hay producciones en las que se superan las 12 horas por d&iacute;a, incluyendo los ni&ntilde;os&rdquo;</strong>), los salarios son extremadamente bajos y la sindicaci&oacute;n algo demasiado infrecuente (&ldquo;Hablar de afiliarse es inaudito&rdquo;). De la misma manera, las quejas conllevan su precio. El dirigente de la Uni&oacute;n de Actores nos recuerda que su colega Guillermo Toledo &ldquo;est&aacute; vetado en un mont&oacute;n de sitios&rdquo; por su actitud combativa. Toledo, recordemos, levant&oacute; una considerable polvareda se&ntilde;alando como &ldquo;explotadores&rdquo; a Imanol Arias (propietario de la productora L&iacute;nea Sur) y Emilio Arag&oacute;n (m&aacute;ximo responsable de Globomedia) en su libro de 2011 Razones para la rebeld&iacute;a.
    </p><h3 class="article-text">30 euros y un bocadillo</h3><p class="article-text">
        Dentro del cine espa&ntilde;ol, hay dos especialidades cuya situaci&oacute;n es considerada como &ldquo;lamentable&rdquo; por el resto de profesionales. La primera es la de los guionistas: seg&uacute;n un estudio de la Fundaci&oacute;n Autor publicado en 2012, s&oacute;lo un 57% de los escritores cinematogr&aacute;ficos obtiene ingresos derivados de su trabajo, unos ingresos que adem&aacute;s se reciben casi exclusivamente en calidad de aut&oacute;nomo freelance y cuya media orbita en torno a los 22.000 euros anuales. Nuestra fuente en FAPAE, no obstante, tiene reparos acerca de estas cifras: <strong>&ldquo;En Espa&ntilde;a hay personas que escriben un solo gui&oacute;n y se consideran guionistas profesionales&rdquo;</strong>, comenta, antes de elogiar el sistema de los sindicatos estadounidenses, mucho m&aacute;s estrictos en su control de las actividades laborales, y tambi&eacute;n en la exigencia de que s&oacute;lo sus afiliados puedan trabajar en el sector. Lo cual, seg&uacute;n se nos comenta desde la patronal <strong>&ldquo;es m&aacute;s fiable a la hora de obtener datos de empleo&rdquo;</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        El abogado Tom&aacute;s Ros&oacute;n, que asesora habitualmente al sindicato de guionistas ALMA, nos indica que la figura del falso aut&oacute;nomo es cada vez m&aacute;s habitual entre los escritores, sobre todo debido a que la ca&iacute;da de la producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica ha puesto a estos en manos de las televisiones privadas (&ldquo;un oligopolio muy peque&ntilde;o que fija sus propias condiciones&rdquo;). Por otra parte, Ros&oacute;n insiste en que el guionista espa&ntilde;ol est&aacute; &ldquo;en un limbo jur&iacute;dico&rdquo;: <strong>&ldquo;El convenio de 2010 dice que se deber&aacute; reunir una comisi&oacute;n para estudiar sus t&eacute;rminos. Esa comisi&oacute;n nunca se ha reunido&rdquo;. </strong>Y a&ntilde;ade tambi&eacute;n que<strong> &ldquo;Los t&eacute;cnicos tienen  m&aacute;s poder que los dem&aacute;s sectores, porque resultan imprescindibles en el d&iacute;a a d&iacute;a de un rodaje, y son mucho m&aacute;s conscientes de su situaci&oacute;n&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, los extremos de la precariedad est&aacute;n ocupados por los figurantes. Un subsector nutrido en muchos casos por parados de larga duraci&oacute;n y j&oacute;venes en busca de ingresos extra, que no est&aacute; protegido en ning&uacute;n convenio pese a la insistencia sindical (<strong>&ldquo;Se ha comentado en alguna ocasi&oacute;n&rdquo;</strong>, nos indican desde FAPAE,<strong> &ldquo;pero no est&aacute; del todo claro lo que es un figurante&rdquo;</strong>) y cuyas ganancias tras una jornada de m&aacute;s de 12 horas pueden cifrarse en &ldquo;30 euros y un bocadillo&rdquo;, seg&uacute;n Elena del Pozo. Esta fot&oacute;grafa de 36 a&ntilde;os, que trabaja como extra de cine desde los 19 <strong>(</strong><strong>&ldquo;Empec&eacute; haciendo de chica g&oacute;tica en Entre las piernas&rdquo;</strong><em>Entre las piernas</em><strong>)</strong>, nos cuenta que entre los figurantes s&iacute; es frecuente la contrataci&oacute;n por ETTs, entre ellas Adecco, y que sus condiciones empeoran a ojos vista: <strong>&ldquo;Las jornadas son cada vez m&aacute;s largas, se cobra cada vez m&aacute;s tarde y si no est&aacute;s de acuerdo, te vas y te aguantas&rdquo;</strong>. Y se pregunta: <strong>&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n quiere estar 12 horas de pie, bajo un fr&iacute;o que pela, para cobrar una birria?&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute;, los datos. Ahora, una pregunta: &iquest;pueden hacerse buenas pel&iacute;culas en condiciones precarias? Es verdad que el caso de Stockholm, ganadora del Premio Feroz al mejor drama y nominada a tres Goya, ha motivado una ola de entusiasmo hacia el low cost como motor de un nuevo cine espa&ntilde;ol. Pero tambi&eacute;n es verdad que la cinta de Rodrigo Sorogoyen estaba planteada desde el principio como un trabajo indie, de esos que compensan lo restringido de sus medios con la implicaci&oacute;n de su personal. La industria, por el contrario, tiene escasas posibilidades de generar productos atractivos si quienes trabajan en ella son asalariados y aut&oacute;nomos enfrentados a presiones, bajos salarios y una discontinuidad que impide acumular experiencia a los principiantes. Mariana, una de las j&oacute;venes profesionales entrevistadas para este reportaje, lo resume as&iacute;: <strong>&ldquo;Ahora llega el momento de la autocr&iacute;tica&rdquo;</strong>, dice.<strong> &ldquo;Si nosotros mismos no acept&aacute;semos estas condiciones, no tendr&iacute;a por qu&eacute; ser as&iacute;&rdquo;</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/cine-espanol-rueda-precario_1_5042479.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Feb 2014 20:11:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cine español rueda en precario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Premios Goya,Cine español,Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[6 'revivals' musicales que ya están aquí (aunque tú no lo sepas)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/revivals-pop-musicales_1_5066813.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/96683be9-0180-4e6e-ac70-af3592d6c9e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Naho Cano, Jose María Cano y Ana Torroja en su banda Mecano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el mundo del pop, todo es recuperable: tras años cargando con la categoría de parias, los grupos y los estilos que recogemos aquí llevan meses (o años) sirviendo de inspiración para la gestación de tendencias</p></div><p class="article-text">
        <span id="docs-internal-guid-4666a175-b4f1-e4cf-5ffd-6b6a44be657f"></span>Es la lecci&oacute;n que todo fan de la m&uacute;sica pop aprende, dolorosamente, cuando se hace mayor: salvo en casos de precariedad extrema o verg&uuml;enza irremediable, vender esos discos viejos no es una buena idea. Eso incluye los que heredaste de aquel pariente que se las daba de enrollado, o que adquiriste con toda tu ilusi&oacute;n en a&ntilde;os de locura hormonal y que ahora s&oacute;lo te producen sonrojo. Parece una locura, pero haznos caso y gu&aacute;rdalos para m&aacute;s adelante. Nos lo agradecer&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, conservar ciertas cosas en la estanter&iacute;a puede ser duro. Por eso tienes que esconderlas a toda prisa cuando vienen visitas a casa (m&aacute;s bien, estando las cosas como est&aacute;n, en tu cuarto en el domicilio paterno) o, cuando reparen en ellos tus ligues (si los hay), te mirar&aacute;n de esa forma reservada a quienes se dejan los calcetines puestos durante el himeneo. Pero la mano del <em>revival </em>es muy larga, y su costumbre de poner en valor materiales de desecho abarca cosas que el oyente medio no puede ni sospechar. 
    </p><p class="article-text">
        Sin ir m&aacute;s lejos, todos los nombres que incluimos aqu&iacute; est&aacute;n siendo objeto de una recuperaci&oacute;n acelerada, algunos desde hace ya a&ntilde;os. Por ello, sus grabaciones pueden pasar de ser objetos innombrables a puentes para el Valhalla de la molonez. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Recuerdas c&oacute;mo el <em>neorrockismo </em>del cambio de milenio rehabilit&oacute; a Led Zeppelin de golpe y porrazo tras d&eacute;cadas de sufrir el sambenito de &ldquo;dinosaurios&rdquo;? &iquest;O el d&iacute;a en el que el <em>rock</em> progresivo pas&oacute; de oler a coliflor a ser un referente respetable? Pues esto viene a ser casi lo mismo: toma buena nota de sus nombres y aprovecha la ola, antes de que el cambio natural de las tendencias devuelva a estos grupos, solistas y estilos su condici&oacute;n de apestados. 
    </p><h3 class="article-text">Fleetwood Mac</h3><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        El reciente cameo de Stevie Nicks en <em>American Horror Story: Coven </em>ha sido el &uacute;ltimo paso en un proceso de rehabilitaci&oacute;n mucho m&aacute;s largo de lo que parece. Los reyes del <em>rock</em> suavecito para emisoras de FM son ahora un referente, con lo que ha llegado el momento de aprenderse (o recordar) las letras de <em>Dreams </em>y <em>Little Lies</em>, aclamar su doble &aacute;lbum <em>Tusk </em>como una obra maestra incomprendida y lamentar que no te llegase el presupuesto para acudir a esa gira de reuni&oacute;n que prescindi&oacute; de pasar por Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Todo ello, preferiblemente mientras suena ese disco de tributo <em>(Just Tell Me That You Want M</em>e, 2012) en el que participaron Lykke Li, Tame Impala, Will Oldham y el d&uacute;o de Lee Ranaldo y J Mascis, entre otros. 
    </p><p class="article-text">
        Si los Eagles, otro grupo en coordenadas muy similares, siguen sin atraerse loas parecidas, sospechamos que se debe a que son mucho menos aptos para su proclamaci&oacute;n como iconos gay. Aunque, qui&eacute;n sabe: lo mismo, gracias a los bigotes de Don Henley, en breve los &aacute;rbitros de la elegancia van por ah&iacute; entonando el estribillo de <em>New Kid In Town</em>. El cual, por otra parte, es bien bonito.
    </p><h3 class="article-text">Giorgio Moroder</h3><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        A estas alturas, tras al menos tres d&eacute;cadas de <em>house</em> y <em>techno</em>, negar el magisterio del productor discotequero por antonomasia ser&iacute;a cosa de estultos. Pero, ojo, porque aqu&iacute; est&aacute; en juego algo m&aacute;s que un mero <em>namedropping</em>: este italo-tirol&eacute;s, ganador de tres Oscar por lo dem&aacute;s, figur&oacute; en la n&oacute;mina de invitados del Random Access Memories de Daft Punk y prepara un nuevo &aacute;lbum en solitario, as&iacute; que es hora de dejar atr&aacute;s sus socorridos trabajos junto a Donna Summer y profundizar en una discograf&iacute;a donde, entre otras perlas, hallamos una versi&oacute;n del <em>Noches de blanco sat&eacute;n </em>cuyos 15 minutos de duraci&oacute;n rebosan de lujo lascivo y poder&iacute;o <em>funky</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Eso por no hablar de otros discos memorables a su nombre <em>(From Here To Eternity</em>, 1977), bandas sonoras <em>(El expreso de medianoche</em>,<em> El precio del poder</em>,<em> American Gigol&oacute;</em> <em>o </em>la inmarcesible <em>Flashdance</em>) y trabajos tras la mesa de mezclas para los Sparks, Japan o Sigue Sigue Sputnik. Lo &uacute;nico que lamentamos es que, con los a&ntilde;os, Giorgio le haya dicho adi&oacute;s a su pelo permanentado: el bigot&oacute;n, por fortuna, sigue ah&iacute;.
    </p><h3 class="article-text"> El italodisco</h3><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        &iquest;Sorprendido? Pues no deber&iacute;as: la reivindicaci&oacute;n de los sonidos bailables del pa&iacute;s de la bota es una magna obra de tiempo cuyos or&iacute;genes se remontan, al menos, al cambio de milenio, con las labores del sello Italians Do It Better y del colectivo franc&eacute;s Valerie en funciones fundacionales, y la banda sonora de <em>Drive </em>como punto &aacute;lgido del <em>revival</em>.  
    </p><p class="article-text">
        De modo que, si eres de quienes tararean a&uacute;n lo de &ldquo;A real hero, a real human being&rdquo; mientras sue&ntilde;an con la chupa de Ryan Gosling (o con el propio, todo &eacute;l), abal&aacute;nzate sobre los productos de estas etiquetas y de otras como Rosso Corsa <em>(Miami Nights</em> 1984, <em>Lost Years</em>, Lazerhawk). Eso sin desde&ntilde;ar, por supuesto, a los cl&aacute;sicos del g&eacute;nero, tales como el excelso People from Ibiza de Sandy Marton, que inspiran a productores espa&ntilde;oles como Nightcrawler y Barcelona 82. 
    </p><p class="article-text">
        Si ya te sabes de memoria el recopilatorio Out Run Europa y aspiras a romper el term&oacute;metro de lo <em>cool</em>, usa este descubrimiento como puente a la escena <em>afro-cosmic</em>, corriente de baile <em>underground </em>e italiana que arras&oacute; en su propia patria durante los 80, y cuyos maestros (Gabrielle Baldelli, DJ Mozart) han ganado ya adeptos y paladines.
    </p><h3 class="article-text">El cutredisco espa&ntilde;ol</h3><p class="article-text">
        <em>cutredisco</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <a href="http://www.mixcloud.com/desparrame/dj-kigo-espanish-boogie-vol3/?utm_source=widget&amp;utm_medium=web&amp;utm_campaign=base_links&amp;utm_term=resource_link" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">DJ Kigo &ldquo;Espanish Boogie Vol.3&rdquo;</a> by <a href="http://www.mixcloud.com/desparrame/?utm_source=widget&amp;utm_medium=web&amp;utm_campaign=base_links&amp;utm_term=profile_link" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Desparrame</a> on <a href="http://www.mixcloud.com/?utm_source=widget&amp;utm_medium=web&amp;utm_campaign=base_links&amp;utm_term=homepage_link" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Mixcloud</a>
    </p><p class="article-text">
        Como pre&aacute;mbulo a este apartado, es de ley se&ntilde;alar que un maestro del <em>synth</em> pop patrio como Tino Casal goza de alt&iacute;simas puntuaciones en una web tan <em>indie</em> como <a href="http://lafonoteca.net/grupos/tino-casal" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Fonoteca</a>, pese a que en su d&iacute;a (y en d&eacute;cadas posteriores) los popes del buen gusto le llamaron de todo menos bonito. Nada que objetar, porque tanto NeoCasal (1981) como Etiqueta negra (1983) siguen siendo dos discazos como otros tantos sombreros de picador. Pero desde aquel d&iacute;a de 2007 en el que Diplo pinch&oacute; <em>Fotonovela</em> (Iv&aacute;n, 1984) en el Weekend Dance, esos sonidos que agitaron a la generaci&oacute;n pos-Naranjito han experimentado un empuje vertical hacia arriba. 
    </p><p class="article-text">
        En los recopilatorios <a href="http://www.mixcloud.com/desparrame/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Espanish Boogie</a> y las sesiones Desparrame, Kigo (&ldquo;&iexcl;Tu DJ amigo!&rdquo;) te har&aacute;n conocer las delicias del Sonido Sabadell (nuestro particular <em>boom</em> del dance ochentero) mientras desentierra gemas con la voz de Christina Rosenvinge (el proyecto Magia Blanca), Luz Casal, Xoxonees (el grupo rapero de la cineasta Chus Guti&eacute;rrez) o el mism&iacute;simo Fernandisco. Y mucho ojo, porque est&aacute; al caer el regreso de los sonidos de Valencia, aquel fen&oacute;meno pop que, por culpa de Arturo P&eacute;rez-Reverte y Nieves Herrero, pas&oacute; a la historia como <a href="http://www.eldiario.es/cultura/musica/Recuerdos-Ruta-Destroy_0_195980964.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;la ruta del Bakalao&rdquo;.</a>
    </p><h3 class="article-text">Mecano</h3><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Han sido muchos a&ntilde;os, desde luego: una larga temporada en la que las referencias al grupo m&aacute;s vendedor de la Espa&ntilde;a de los 80 se limitaban a las acrobacias <em>teclad&iacute;sticas</em> (y polit&oacute;xicas) de Nacho Cano, a las desventuras de Ana Torroja en la ingenier&iacute;a fiscal (y nasal) o al malhadado momento en el que a Jos&eacute; Mar&iacute;a Cano le dio por componer una &oacute;pera. Pero si la edici&oacute;n de <em><strong>Mecano 82 </strong></em>(Lengua de Trapo, 2012), el libro en el que Grace Morales analiza y contextualiza el debut del tr&iacute;o, no ha supuesto un punto de inflexi&oacute;n en su acogida por parte de la pe&ntilde;a m&aacute;s exquisita, que vengan los h&eacute;roes de la Ant&aacute;rtida y lo vean. 
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que Javiera Mena, Fran Nixon o Linda Mirada confiesen su admiraci&oacute;n por los autores de <em>Hoy no me puedo levantar </em>(la canci&oacute;n, ojo, no el musical) se debe tanto a los ciclos naturales de la nostalgia como a la gran cantidad de temazos primorosos diseminados a lo largo de su discograf&iacute;a. Si no tienes la suerte de haber escuchado El amante de fuego, dale un tiento y apostamos a que tu percepci&oacute;n de Mecano cambiar&aacute; para siempre.
    </p><h3 class="article-text">El britpop</h3><p class="article-text">
        <em>britpop</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Resulta inesperado, vertiginoso casi, pero es lo que hay: primero fue la recuperaci&oacute;n del <em>shoegaze</em>, inesperado movimiento tect&oacute;nico del que no se libraron ni las nuevas voces del <em>hip hop </em>(ah&iacute; tenemos a Lil&rsquo; B,<em> sampleando</em> a los Slowdive como base de uno de sus temas) y que nos permiti&oacute; recuperar todos aquellos &aacute;lbumes de Chapterhouse, Band of Susans, Ride y, en general, todos aquellos grupos que no eran My Bloody Valentine. Pero es que acabamos de encontrar <a href="http://www.buzzfeed.com/perpetua/the-official-britpop-album-ranking-1993-1997" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este exhaustivo repaso</a> a la producci&oacute;n discogr&aacute;fica del Reino Unido entre 1995 y 1998, aquellos a&ntilde;os en los que parec&iacute;a que Tony Blair iba a salvar el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Repaso que, adem&aacute;s, ha sido publicado en una web estadounidense. Vale, todos sabemos que Pulp siguen siendo inmensos y que Blur eran muy grandes, pero reencontrarnos con nombres como Echobelly, Kenickie, Elastica o incluso Suede puede provocar reacciones oscilantes entre el &ldquo;mira t&uacute;, si en el fondo no estaban mal&rdquo; y la huida despendolada. &iquest;Volver&aacute;n los polos Fred Perry a ser tendencia? &iquest;Recordar&aacute; el mundo que un d&iacute;a existieron Shed Seven, Rialto, Cast o incluso Menswe@r? Vete t&uacute; a saber. Aunque, a estas alturas, nosotros nos lo creemos casi todo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yago García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/revivals-pop-musicales_1_5066813.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jan 2014 19:47:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[6 'revivals' musicales que ya están aquí (aunque tú no lo sepas)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Pop,Nacho Cano]]></media:keywords>
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