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    <title><![CDATA[elDiario.es - Yasmín Afonzo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/yasmin_afonzo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Yasmín Afonzo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Barça o barzakh]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/barca-barzakh_1_5044432.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3d3dc19-03e0-484c-a18a-2c9a690ee395_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Barça o barzakh"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Miles de refugiados llegan a España cada año huyendo de la violencia y la persecución en sus países de origen. El viaje hasta el territorio de acogida, el proceso de solicitud de asilo y su frecuente desestimación componen toda una odisea para quienes sólo tienen dos opciones: alcanzar este país, que los africanos identifican con un equipo de fútbol, o morir en el intento. ‘Barça o barzakh’, en idioma wólof</p></div><p class="article-text">
        Karim se desprende de su historia como del humo de su cigarro: R&aacute;pido, contundente. La repentina e implacable ola de fr&iacute;o que se ha instalado en Valencia cala los huesos, y obliga a los estudiantes a apurar al m&aacute;ximo sus conversaciones y pitillos a las  puertas  de  la  biblioteca  Gregori  Maians. &ldquo;Una  vez,  en  el autob&uacute;s  para  ir  a  la Universidad de Damasco, el Ej&eacute;rcito me pidi&oacute; la documentaci&oacute;n. Cuando vieron que era de Idlib me detuvieron; sin explicaciones. Estuve un d&iacute;a entero en prisi&oacute;n&rdquo;, cuenta este joven sirio desde el interior de su cazadora azul, constantemente sacudida por el viento de noviembre.
    </p><p class="article-text">
        Idlib fue una de las primeras regiones en rebelarse contra el Gobierno de Bashar al-Assad,  en  2011.  Desde  entonces,  Karim  y  su  familia,  opositores  al  r&eacute;gimen,  se sienten extra&ntilde;os en su propio territorio. La guerra en Siria, que ya dura casi tres a&ntilde;os, ha transformado por completo el paisaje antes conocido. Las villas y los olivos que luc&iacute;an al noroeste del pa&iacute;s han sido eclipsados por las bombas y los muertos. Pero este estudiante de m&aacute;ster en la Universitat de Val&egrave;ncia ya no est&aacute; all&iacute; para ser testigo del horror. Hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o Karim abandon&oacute; su pa&iacute;s para huir del conflicto y reunirse aqu&iacute; con su hermano, m&eacute;dico en uno de los hospitales de la ciudad. &ldquo;Vine a Espa&ntilde;a porque en Siria no se puede vivir. All&iacute; solo hay miedo&rdquo;, dice mientras tirita y prende otro cigarro.
    </p><p class="article-text">
        Sus padres y varios hermanos a&uacute;n permanecen en el territorio, disgregados. &ldquo;Mi familia est&aacute; en muchos sitios. Algunos en Damasco, otros todav&iacute;a en Idlib&rdquo;. Es el desorden de la guerra, que divide y separa a las personas dentro y fuera de las fronteras. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) apunta que desde el inicio del conflicto, m&aacute;s de dos millones de sirios se han visto obligados a cambiar de pa&iacute;s, a convertirse en refugiados. M&aacute;s de 120.000 han fallecido dentro de sus propias fronteras. &ldquo;La mitad de mis amigos est&aacute;n muertos &ndash;explica Karim encogiendo los hombros&ndash;. Los dem&aacute;s, como yo&rdquo;. A miles de kil&oacute;metros de casa. Exiliados.
    </p><p class="article-text">
        Es la misma huida que han emprendido 16 millones de habitantes en todo el mundo a causa de la persecuci&oacute;n, la violencia generalizada y la violaci&oacute;n de los derechos humanos en sus pa&iacute;ses de origen. A finales de 2012, 937.000 personas hab&iacute;an solicitado el estatuto de refugiadas. Espa&ntilde;a recibi&oacute; menos del 1% de estas demandas (alrededor de 2.580), la cifra m&aacute;s baja en los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os, pese al progresivo incremento en la mayor parte de Europa. Una tendencia disfrazada de contradicci&oacute;n que Espa&ntilde;a atribuye a la propia crisis econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Otros objetan. &ldquo;La Uni&oacute;n Europea ha desarrollado toda una serie de dispositivos, que impide la entrada de personas que necesitan protecci&oacute;n internacional. Muchas de esas medidas se han implementado respecto a la frontera espa&ntilde;ola&rdquo;, advierte el abogado Daniel Sanju&aacute;n desde el escritorio de su helado y modesto despacho. No es s&oacute;lo  el Frontex,  que se encarga  de vigilar los l&iacute;mites de Europa,  son las  pol&iacute;ticas migratorias de externalizaci&oacute;n de las fronteras que se han puesto en marcha en el Sur del continente: &ldquo;Espa&ntilde;a tiene acuerdos con Marruecos, Senegal, Gambia y otros territorios del &Aacute;frica subsahariana para que los controles fronterizos se hagan en las propias costas de estos pa&iacute;ses&rdquo;, aclara este miembro del departamento jur&iacute;dico de la Comisi&oacute;n Espa&ntilde;ola de Ayuda al Refugiado (CEAR). Las barreras espa&ntilde;olas no solo est&aacute;n en el territorio nacional, est&aacute;n en algunos de los pa&iacute;ses de origen y de tr&aacute;nsito de las personas refugiadas, que dif&iacute;cilmente pueden acceder a Espa&ntilde;a para ejercer su derecho al asilo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Es legal? 
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es as&iacute;, sentencia Sanju&aacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Los Derechos Humanos y la Convenci&oacute;n de Ginebra sometidos a la soberan&iacute;a de los estados y la ficci&oacute;n de sus fronteras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El viaje</strong>
    </p><p class="article-text">
        Algunos, como Abdou, todav&iacute;a se atreven a emprender esta disuasoria odisea fronteriza para llegar hasta aqu&iacute;. A este joven africano, salir de Senegal le cost&oacute; cuatro viajes en patera. Los controles exhaustivos en las costas africanas y espa&ntilde;olas impidieron por tres veces que las embarcaciones en las que apostaba la vida alcanzaran Tenerife. Pero no evitaron que Abdou y otros como &eacute;l volvieran a salir de su pa&iacute;s para jug&aacute;rsela de nuevo.
    </p><p class="article-text">
        El peligro no s&oacute;lo est&aacute; en la posibilidad de naufragar, tambi&eacute;n en la ansiedad y el hambre, que asedian y desesperan a quienes viajan a bordo de la patera. &ldquo;En uno de los trayectos, mi t&iacute;o me dio un cuchillo y me dijo: &lsquo;Si se te acerca alguien, cl&aacute;vaselo. No dudes&rsquo;. Pero no mat&eacute; a nadie&rdquo;, intenta bromear este aspirante a actor,  que  levanta  las  manos  exculp&aacute;ndose  mientras  esboza  una  blanca  y  enorme sonrisa, agrietada por el fr&iacute;o. El oto&ntilde;o no da tregua.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de cuatro mil kil&oacute;metros separan ahora a Abdou de las playas senegalesas, y de la miseria que la econom&iacute;a le brindaba en su pa&iacute;s. En Valencia, despu&eacute;s de haber vivido en varios albergues y malvivido en el antiguo cauce del r&iacute;o Turia, tiene un hogar, y trabaja, a veces, en la recogida de la naranja y en una panader&iacute;a. &iquest;Merece la pena arriesgar la vida; tanto por tan poco? &ldquo;Bar&ccedil;a o barzakh&rdquo;, responde serio, asintiendo con la cabeza. Es la expresi&oacute;n w&oacute;lof que algunos migrantes subsaharianos utilizan para referirse a la traves&iacute;a en patera, que les ofrece dos promesas: alcanzar el sue&ntilde;o europeo, que all&iacute; identifican con un equipo de f&uacute;tbol, o morir en el intento.
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        &ldquo;Muchos se quedan en el mar&rdquo;, lamenta Daniel Sanju&aacute;n, que asesora a quienes solicitan asilo y supervisa estos procedimientos legales. Las rutas clandestinas ponen en doble riesgo la vida de los refugiados africanos, pero para los m&aacute;s pobres suele ser la &uacute;nica salida, pues  la  Ley  de Asilo  espa&ntilde;ola  ya  no  contempla  la  solicitud  directa  de  protecci&oacute;n internacional en embajadas y consulados, y obliga a los demandantes a trasladarse hasta aqu&iacute; para pedir ayuda. &ldquo;La ley actual es m&aacute;s restrictiva que la anterior. Ahora, la v&iacute;a diplom&aacute;tica ha desaparecido pr&aacute;cticamente y queda al criterio del embajador promover el traslado a Espa&ntilde;a del demandante de asilo para que pueda solicitarlo aqu&iacute;&rdquo;, apunta el abogado, que combate el fr&iacute;o de la habitaci&oacute;n frotando las palmas de sus manos. Quienes logran huir de su pa&iacute;s y llegar a este, piden protecci&oacute;n a sus puertas, en puestos fronterizos y aeropuertos, o bien dentro del propio territorio, en la Oficina de Asilo y Refugio (OAR) y los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIES).
    </p><p class="article-text">
        Pero las duras trabas del &eacute;xodo no se esfuman al finalizar el viaje. Una vez pisan Espa&ntilde;a, muchos refugiados son recibidos con la frase de bienvenida m&aacute;s fr&iacute;a e hiriente: &ldquo;No me lo creo&rdquo;. Es la reacci&oacute;n del Estado ante algunas historias de persecuci&oacute;n y violencia, que tras haber recorrido miles de kil&oacute;metros, aqu&iacute; se perciben como simples discursos infundados e incoherentes en boca de inmigrantes. &ldquo;Esto se dice much&iacute;simo, y es  la  primera  causa  de  denegaci&oacute;n  de  la  petici&oacute;n  de  asilo&rdquo;,  asegura  Sanju&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Organizaciones como CEAR denuncian que la falta de informaci&oacute;n y la ausencia de int&eacute;rpretes en algunos pasos fronterizos y CIES impiden que los solicitantes de asilo reciban la atenci&oacute;n adecuada y expongan con claridad su situaci&oacute;n. &ldquo;A veces es muy dif&iacute;cil diferenciar un refugiado de un migrante. Muchas veces las causas son conjuntas o est&aacute;n confusas, porque las personas refugiadas tambi&eacute;n necesitan comer, trabajar y ganarse la vida. Por eso, a veces, se pueden confundir causas en el origen de la huida&rdquo;, explica este abogado, que pega las piernas a una estufa que por fin empieza a caldear su despacho desde debajo del escritorio.
    </p><p class="article-text">
         Sobre &eacute;l, a un lado, varias carpetas marrones se apilan peligrosamente, y delatan un volumen de trabajo que Sanju&aacute;n reconoce despu&eacute;s: &ldquo;Este a&ntilde;o hemos tratado con m&aacute;s de 400 personas&rdquo;. Muchas de ellas buscan ejercer su derecho al asilo. Si logran demostrar que en sus pa&iacute;ses sufren una persecuci&oacute;n personal y directa por motivos pol&iacute;ticos, de raza, nacionalidad, grupo social, religi&oacute;n, orientaci&oacute;n sexual o identidad de g&eacute;nero, obtendr&aacute;n el estatus de refugiados. Si no, deber&aacute;n volver al territorio del que algunos huyeron para salvar la vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Proceso de asilo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Roberto, por el momento, puede quedarse en Valencia. El Estado ha aceptado estudiar su solicitud de asilo, y por lo tanto tiene derecho a permanecer en Espa&ntilde;a durante  los  seis  meses  que  dura  la  tramitaci&oacute;n.  La Administraci&oacute;n  le  ha  otorgado provisionalmente una peque&ntilde;a cartilla roja, que le identifica como demandante de protecci&oacute;n y le facilitar&aacute;, posteriormente, el acceso a la sanidad p&uacute;blica y un permiso de trabajo. Su situaci&oacute;n aqu&iacute; tambi&eacute;n le da derecho a una plaza en alguno de los Centros de Acogida a Refugiados (CAR). En el de Mislata, donde convive con otras personas en sus mismas circunstancias, dispone de una habitaci&oacute;n compartida y diversas zonas comunes. &ldquo;Los horarios son bastante r&iacute;gidos, pero estoy muy contento con el trato&rdquo;, aclara este treinta&ntilde;ero, que lleg&oacute; aqu&iacute; desde Cuba tras abandonar su pa&iacute;s por discrepancias pol&iacute;ticas con el r&eacute;gimen.
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        Ahora acude semanalmente a CEAR, donde siguen la evoluci&oacute;n de su proceso de asilo, que comenz&oacute; hace unos meses, y le aportan formaci&oacute;n b&aacute;sica para facilitar su integraci&oacute;n en Espa&ntilde;a, que desea y espera sea el territorio de acogida. &ldquo;Hasta la fecha yo no tengo ninguna queja del Gobierno espa&ntilde;ol. Me han atendido muy bien en todos los lugares que he ido y espero poder quedarme&rdquo;, comenta mientras aguarda el inicio de un curso de cortometrajes en la peque&ntilde;a sala de espera de la oeneg&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las posibilidades de obtener el asilo son m&iacute;nimas. Espa&ntilde;a s&oacute;lo aprueba cerca del 10% de los Estatutos de Protecci&oacute;n que demandan miles de personas refugiadas cada a&ntilde;o. La restrictiva interpretaci&oacute;n que el Estado hace de la Ley de Asilo y el escaso contacto entre quienes gestionan las solicitudes y quienes dependen de ellas son los principales motivos de tan numerosas denegaciones, seg&uacute;n el &uacute;ltimo informe de CEAR. &ldquo;Muchas veces la persona s&oacute;lo es entrevistada una vez y no se pueden presentar  todas las pruebas.  Nos preocupa  que se devuelva  a su pa&iacute;s a personas  cuya  situaci&oacute;n  de  riesgo  no  haya  sido  valorada  adecuadamente&rdquo;,  incide Sanju&aacute;n. El solicitante debe marcharse; volver al lugar de donde huy&oacute;. Ese es, entre l&iacute;neas, el mensaje de la resoluci&oacute;n negativa. Los refugiados tienen la posibilidad de recurrir la decisi&oacute;n del Estado, pero durante ese periodo no se les garantiza la estancia en el pa&iacute;s. &ldquo;Se crea una situaci&oacute;n bastante delicada, porque el recurso, autom&aacute;ticamente, no permite a la persona quedarse en Espa&ntilde;a&rdquo;, subraya.
    </p><p class="article-text">
        Algunos han preferido correr el riesgo de vivir en la clandestinidad de Valencia antes que volver a su pa&iacute;s. Pero hay quien ha pagado un precio muy alto. Desprovistos de protecci&oacute;n internacional y, por lo tanto, de documentaci&oacute;n, han sido detenidos por la polic&iacute;a y encerrados en un Centro de Internamiento de Extranjeros, a la espera de ser deportados. &ldquo;Nosotros hemos atendido a solicitantes que han sido despu&eacute;s internados en el CIE&rdquo;, cuenta Sanju&aacute;n, que frunce los labios. Solicitantes de asilo privados de libertad. En el pa&iacute;s receptor. La mayor parte de ellos consiguieron quedarse en Espa&ntilde;a, pero el resto fueron devueltos adonde jam&aacute;s habr&iacute;an imaginado volver.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica oportunidad para permanecer legalmente en el territorio, adem&aacute;s de la infrecuente estimaci&oacute;n del recurso, es el arraigo social: demostrar los v&iacute;nculos creados con el pa&iacute;s que no quiere acogerte. Fue la <em>chance </em>de Reina, una risue&ntilde;a hondure&ntilde;a afincada en Valencia a la que denegaron su solicitud de asilo. &ldquo;Me dijeron que porqu&eacute; no la hab&iacute;a pedido en alguna otra parte de Honduras o en los pa&iacute;ses que hab&iacute;a visitado por motivos de trabajo&rdquo;, explica indignada esta exagente de eventos. M&eacute;xico, El Salvador,  Nicaragua,  Guatemala.  Donde  las maras  y  el  narco  han  convertido  la extorsi&oacute;n en una fuente de ingresos y en la principal pesadilla de muchos ciudadanos latinoamericanos como ella.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Reina sinti&oacute; el ca&ntilde;&oacute;n de un arma en la sien, comprendi&oacute; que la Mara 18 estaba dispuesta a cobrarse en sangre el dinero que le reclamaba. &ldquo;El 20 de junio de 2012, cuando regresaba a casa del trabajo, me estaban esperando justo en la puerta&rdquo;, recuerda esta mujer de ojos grandes y finas cejas. De una furgoneta baj&oacute; un joven que la abord&oacute; por la espalda y reiter&oacute; las amenazas que ella hab&iacute;a venido escuchando por tel&eacute;fono durante tres meses. &ldquo;Me ped&iacute;an un impuesto de guerra que yo no pod&iacute;a pagar. Por eso tuve que venir ac&aacute;&rdquo;, confiesa esta voluntaria de CEAR, que aplaca el final del oto&ntilde;o con un vaso de chocolate caliente.
    </p><p class="article-text">
        En agosto del mismo a&ntilde;o lleg&oacute; a Espa&ntilde;a, inici&oacute; su proceso de asilo e ingres&oacute; en el CAR de Mislata, donde vivi&oacute; varios meses y percibi&oacute; cierto trato discriminatorio. &ldquo;All&iacute; a los latinos no nos tratan mal, pero a alguna gente de &Aacute;frica le tiran la comida as&iacute;&rdquo;, cuenta Reina arrojando un plato invisible. Osvaldo, un periodista venezolano que sali&oacute; de su pa&iacute;s hace tres a&ntilde;os y al que tambi&eacute;n denegaron su solicitud, tampoco habla bien de la situaci&oacute;n en este Centro de Acogida a Refugiados. Asegura que no tuvo ning&uacute;n problema con los empleados del CAR, pero vivi&oacute; algunos enfrentamientos personales con otros internos que dificultaron la convivencia. &ldquo;La actitud que se vive all&iacute; es muy fuerte&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Precariedad</strong>
    </p><p class="article-text">
        El 3 de marzo de 2010, Osvaldo vol&oacute; a Espa&ntilde;a desde Venezuela para cumplir con un contrato de trabajo de 18 d&iacute;as. No ha vuelto a su pa&iacute;s desde entonces. &ldquo;Mi vida all&iacute; tiene un precio&rdquo;, confiesa en uno de los angostos pasillos de CEAR. El mismo  d&iacute;a  que  se  march&oacute;,  tres  coches  negros  se  presentaron  en  su  casa  y  varios hombres armados preguntaron por &eacute;l. Las autoridades venezolanas le buscan por la publicaci&oacute;n de un v&iacute;deo que el Gobierno de Ch&aacute;vez consider&oacute; comprometedor para uno de sus miembros.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&iacute; he tenido que empezar de cero sin tener un lugar propio, sin un centavo en mi bolsillo&rdquo;, dice Osvaldo. &ldquo;En mi pa&iacute;s soy empresario. Tengo c&oacute;mo vivir c&oacute;modo. &iquest;C&oacute;mo iba yo a cambiar mi ciclo de vida por esta situaci&oacute;n que estoy viviendo aqu&iacute;?&rdquo;. Ahora se dedica a ofrecer sus servicios como fisioterapeuta para pagar a duras penas el alquiler del piso que comparte, aunque tambi&eacute;n est&aacute; dispuesto a limpiar casas y cuidar ancianos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los puestos de trabajo a los que acceden estas personas son los menos cualificados y los m&aacute;s desprotegidos, pese a la elevada formaci&oacute;n de algunos&rdquo;, apunta Daniel Sanju&aacute;n. Hayan obtenido o no el estatus de refugiados, muchos se dedican a realizar cursos o trabajos temporales, que normalmente nada tienen que ver con  la  profesi&oacute;n  que  ejerc&iacute;an  en  su  pa&iacute;s.  &ldquo;Es  chocante.  Hay  personas  con  largas trayectorias profesionales que aqu&iacute; tienen que ir a trabajar a la naranja&rdquo;, aclara mientras apaga la estufa del despacho, que ya ha cumplido su funci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Karim lo reconoce. Dif&iacute;cilmente podr&aacute; ejercer como abogado en Espa&ntilde;a, pero no le importa: &ldquo;Todo lo que hago aqu&iacute; es para llevarlo a Siria&rdquo;. Este estudiante, que prepara su Trabajo Fin de M&aacute;ster sobre la guerra en su pa&iacute;s, asume que el conflicto no cesar&aacute; pronto. Pero mientras espera para volver all&iacute; alg&uacute;n d&iacute;a, aprovecha su estancia en Valencia. &ldquo;Hay que aprender, porque en Siria habr&aacute; muchas cosas que hacer despu&eacute;s de todo esto&rdquo;, asegura mientras se esconde del fr&iacute;o dentro de su cazadora. A punto de superar su etapa acad&eacute;mica en la universidad, se centra en el estudio del castellano, que todav&iacute;a se le resiste.
    </p><p class="article-text">
        Desde que hace unos meses ha conseguido un empleo nocturno en un restaurante del puerto, es la envidia de los compatriotas con los que aqu&iacute; se relaciona. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo? &iquest;Trabajo? &iexcl;Enhorabuena, cabr&oacute;n!&rdquo;, reproduce animado. Las noches en la barra y sirviendo mesas se le acumulan en los p&aacute;rpados, pero le permiten no depender tanto de su hermano y sufragar sus gastos personales. &ldquo;Sobre todo el tabaco&rdquo;, bromea exhalando el humo de su cigarro, que se confunde con la niebla y se mezcla con su historia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yasmín Afonzo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Feb 2014 09:51:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Barça o barzakh]]></media:title>
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