<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Sandra Temprado]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sandra_temprado/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sandra Temprado]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/511340/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Máscaras rotas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/mascaras-rotas_1_5025204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8258f732-f546-4cb3-a834-a8c45ba9f479_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Máscaras rotas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque en silencio, las lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB) adolescentes son víctimas de malos tratos. Este es un retrato de su sufrimiento.</p></div><p class="article-text">
        No quiere levantar la vista del suelo. No es capaz de evitar que sus ojos se humedezcan. En su mente a&uacute;n quedan rastros de la &uacute;ltima humillaci&oacute;n. Aunque en silencio, las lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB) adolescentes son v&iacute;ctimas de malos tratos. F&iacute;sicos y psicol&oacute;gicos. As&iacute; lo corroboran los estudios. Y tambi&eacute;n lo ratifica el dolor del joven que ruega no dar su identidad y al que llamaremos El&iacute;as. &ldquo;Me sent&iacute;a marginado&rdquo;, cuenta El&iacute;as, con la voz entrecortada. Humillaci&oacute;n, vulnerabilidad, incomprensi&oacute;n, aislamiento o ansiedad. Estas son algunas de las emociones que sufren los adolescentes y j&oacute;venes acosados en sus centros de
    </p><p class="article-text">
        estudios. Lo normal, seg&uacute;n cuenta otro joven, era llegar a casa y pasar la tarde
    </p><p class="article-text">
        llorando en la habitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito escolar, el acoso por orientaci&oacute;n sexual afecta principalmente a loschicos, que reciben agresiones f&iacute;sicas o verbales, que viven el rechazo y la exclusi&oacute;n. El perfil de adolescente maltratado suele responder a un var&oacute;n de unos 14 a&ntilde;os solitario, t&iacute;mido, introvertido y con baja autoestima, seg&uacute;n el Informe de acoso escolar homof&oacute;bico y riesgo de suicidio en adolescentes y j&oacute;venes LGTB,
    </p><p class="article-text">
        elaborado por el colectivo a nivel estatal. M&aacute;s all&aacute; de la teor&iacute;a, muchas j&oacute;venes lesbianas han sido y son martirizadas en el instituto por serlo (o parecerlo). Morena, de algo m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, con el pelo escarolado, Elena confiesa que padeci&oacute; mucho durante su etapa en el colegio y en el instituto. &ldquo;Me sent&iacute;a muy mal, ten&iacute;a una lucha interna&rdquo;. El acoso por parte de sus compa&ntilde;eros, dice, hizo que se plantease tener una doble vida: heterosexual de puertas para fuera, homosexual en la intimidad. No era capaz de aceptarse y se qued&oacute; sola, &ldquo;sin amigos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El acoso empieza muy pronto. En la mayor&iacute;a de los casos, cuando se despierta en inter&eacute;s sexual &ndash;biol&oacute;gicamente hablando&ndash; aparecen los casos de hostigamiento, en torno a los 12 a&ntilde;os. El acosador es XY y suele ser de la misma clase. &ldquo;Mis compa&ntilde;eras siempre lo llevaron mejor que mis compa&ntilde;eros&rdquo;, matiza Sara, con tono resentido como si se trasladase a las aulas donde cursaba EGB hace casi diez a&ntilde;os. Pero el acoso no es un signo del pasado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si un d&iacute;a te llaman maric&oacute;n, no tiene mayor importancia, el acoso se da cuando es algo continuo&rdquo;, asegura Sebasti&aacute;n Fontana, abogado y encargado de realizar charlas informativas sobre la diversidad sexual en institutos valencianos. En ese momento la orientaci&oacute;n sexual pasa a ser un estigma. La mitad de los adolescentes (51%) fue v&iacute;ctima de comportamientos hom&oacute;fobos &ldquo;de vez en cuando&rdquo;. Para Elena no era una broma puntual y tampoco lo es para dos de cada diez alumnos LGTB, que sufre acoso de manera cotidiana. A ella la hostigaban a diario.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nadie quer&iacute;a sentarse conmigo en clase, se re&iacute;an de mi&rdquo;, susurra Mar&iacute;a. Las formas de acoso son diversas y, aunque unas son m&aacute;s visibles que otras, todas suponen la vulneraci&oacute;n de la integridad de los adolescentes. La violencia verbal y psicol&oacute;gica afecta al 72% de los acosados. Es habitual que un compa&ntilde;ero cuelgue un cartel en la espalda a una chica en el que pone &lsquo;bollera&rsquo; o &lsquo;marimacho&rsquo;. La persecuci&oacute;n traspasa las aulas cuando los ni&ntilde;os informan en casa de los comportamientos del compa&ntilde;ero LGTB. Los padres, en la puerta del colegio, son quienes finalmente cotorrean al padre del ni&ntilde;o lgtb &ldquo;pues me han dicho que tu Mar&iacute;a juega mucho al f&uacute;tbol y poco a las mu&ntilde;ecas&rdquo;. Comportamientos aparentemente inofensivos y socialmente tolerados. Le sigue la violencia social o
    </p><p class="article-text">
        relacional, aquella que implica mecanismos de rechazo y exclusi&oacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/934eb605-850c-4dbc-bd3d-9810396c739b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/934eb605-850c-4dbc-bd3d-9810396c739b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/934eb605-850c-4dbc-bd3d-9810396c739b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/934eb605-850c-4dbc-bd3d-9810396c739b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/934eb605-850c-4dbc-bd3d-9810396c739b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/934eb605-850c-4dbc-bd3d-9810396c739b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/934eb605-850c-4dbc-bd3d-9810396c739b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Es la que padec&iacute;a Mar&iacute;a, y la que sufre un 38% de adolescentes, seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos. La violencia f&iacute;sica, la m&aacute;s visible y f&aacute;cil de denunciar, es la que menos se practica en las aulas espa&ntilde;olas. Solo un 6% ha recibido palizas.
    </p><p class="article-text">
        Tras cada insulto, tras cada desprecio, el dolor se acrecienta. Fran Pardo, de 17 a&ntilde;os, supo imponerse con voz potente y esp&iacute;ritu luchador. &ldquo;Mi instituto estaba en una zona donde hab&iacute;a mucho neonazi&rdquo;, empieza. Cuenta que un estudiante del centro fue bautizado como &lsquo;el gay&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El &ldquo;gay&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sab&iacute;a que le daban muchas palizas, me sent&iacute;a impotente, pero lo admiraba por reconocer su homosexualidad pese a las consecuencias que ello ten&iacute;a&rdquo;, a&ntilde;ade. Pasaron los d&iacute;as, las semanas. Y los a&ntilde;os. &lsquo;El gay&rsquo; termin&oacute; sus estudios y Fran pas&oacute; a heredar la etiqueta de homosexual. No se qued&oacute; con los brazos cruzados. Propuso a la direcci&oacute;n del centro acercar la homosexualidad a los adolescentes mediante charlas. Lo apoyaron. &ldquo;Me puse por encima de los que me intentaban acosar, lo puse todo patas arriba&rdquo;. Orgulloso, jugueteando con la cresta que lleva por peinado, narra como demostr&oacute; que hab&iacute;a un gay que no ten&iacute;a miedo a salir del armario. &ldquo;Pensaba que por mucho sufrimiento que me causasen, no iban a conseguir pararme los pies sus insultos y desprecios&rdquo;, comenta Fran.
    </p><p class="article-text">
        Nunca le pegaron ni tampoco lo hundieron. Confiesa que jam&aacute;s lleg&oacute; a plantearse el suicidio porque entonces perder&iacute;a la que &eacute;l considera la &uacute;nica arma para luchar contra la homofobia: la palabra. Todo lo que escapa a la norma &ldquo;es una dificultad a&ntilde;adida en la vida&rdquo;, sentencia Jorge Hern&aacute;ndez, psic&oacute;logo del colectivo Lambda Valencia. Cada golpe &ndash;psicol&oacute;gico o f&iacute;sico &ndash; hace mella, deteriora la autoestima, sacude la identidad y la personalidad, corroe la seguridad personal&hellip; A veces parece que solo queda una salida para quien los sufre.
    </p><p class="article-text">
        El suicidio est&aacute; dentro de las principales causas externas de fallecimiento en menores de 25 a&ntilde;os. El &iacute;ndice en adolescentes LGTB es tres veces superior que entre j&oacute;venes heterosexuales. &ldquo;Cuando no ves un futuro sin acoso, puede ser f&aacute;cil pensar en quitarte la vida&rdquo;, revela una joven avergonzada por no tener en aquel momento la fuerza y seguridad para plantar cara al acoso. Nadie se suicida por su orientaci&oacute;n sexual, sino por lo la violencia que sufren por serlo.
    </p><p class="article-text">
        Al principio, manifiesta &Oacute;scar, era algo que pensaba a diario. Le parec&iacute;a la &uacute;nica soluci&oacute;n. &ldquo;No ten&iacute;a esperanza de que el acoso cesara en un futuro&rdquo;. El 43% de los adolescentes LGTB se ha planteado el suicidio. Uno de cada cinco lo ha intentado llevar a la pr&aacute;ctica en una ocasi&oacute;n y uno de cada seis ha reincidido en su intento. &Oacute;scar a&ntilde;ade que desde que se dio cuenta de su orientaci&oacute;n sexual en los primeros a&ntilde;os de secundaria, hasta que termin&oacute; bachillerato, maquin&oacute; varios planes para acabar con su vida. &ldquo;Incluso llegaba a escribir cartas en las que me desped&iacute;a de mis padres&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cuantos denuncian?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Muchos sufren acoso, pero &iquest;cu&aacute;ntos denuncian? &ldquo;Ni idea&rdquo;. Es la respuesta de Fontana, el abogado del colectivo en Valencia. Asegura que no hay estad&iacute;sticas al respecto. Al Ministerio de Interior &ldquo;no le interesa, como a ning&uacute;n otro&rdquo;, sentencia. Los adolescentes necesitan v&iacute;as realistas para poder denunciar estas vejaciones causadas por su orientaci&oacute;n sexual o identidad de g&eacute;nero. Puede parecer que son suficientes los caminos existentes, pero no es as&iacute;. En Espa&ntilde;a cualquier persona puede denunciar, no obstante, para ratificar el procedimiento legal es necesaria lapresencia del padre o madre. &ldquo;A veces, si no quieren que su familia se entere, se  callan&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        Ninguno de los testimonios habla de denuncias. El silencio en s&iacute; mismo es la declaraci&oacute;n que mejor ejemplifica las trabas que supone denunciar. La ley ha avanzado m&aacute;s r&aacute;pido que la sociedad. El problema no es la falta de
    </p><p class="article-text">
        mecanismos legales que luchen contra la homofobia, sino que la sociedad no ha ido tan deprisa como la legislaci&oacute;n. Desde la primera menci&oacute;n a la igualdad de derechos en 1994 se ha avanzado mucho, tanto a nivel penal, como laboral y civil.
    </p><p class="article-text">
        Hay ejemplos menos visibles - como el despido nulo cuando se finaliza el contrato  por motivos de orientaci&oacute;n sexual, y otros m&aacute;s mediatizados, como la ley de matrimonio igualitario. La evoluci&oacute;n legal ayuda a normalizar, seg&uacute;n el jurista, la homosexualidad y hace que aumente su visibilidad y con ello la libertad. Los ni&ntilde;os
    </p><p class="article-text">
        son la mejor muestra. Para un peque&ntilde;o que acaba de cumplir los diez a&ntilde;os es normal que dos hombres se puedan casar y que se bautice la acci&oacute;n con el nombre de &lsquo;matrimonio&rsquo;. No concibe otra cosa. Lo tiene interiorizado. Es como el divorcio para la generaci&oacute;n posterior a los ochenta.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que quedan discriminaciones como la presunci&oacute;n de paternidad o la segregaci&oacute;n del colectivo transexual, Espa&ntilde;a es uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados de la Uni&oacute;n Europea. Jos&eacute; y Juan tienen mayor respaldo legal que Giuseppe y Giovanni. Italia es uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s hom&oacute;fobos de Europa seg&uacute;n los analistas que participan en el libro Confronting homphobia in Europe, social and legal perspectives.
    </p><p class="article-text">
        Desde que en los a&ntilde;os 60 sali&oacute; a la luz el problema del acoso al colectivo LGTB, los pa&iacute;ses no reaccionaron. &lsquo;La bota&rsquo; ha sido uno de los territorios que m&aacute;s reticencias han planteado al avance legal. Por la influencia de la Iglesiacat&oacute;lica, tal y como afirma el secretario general del colectivo a nivel estatal, Jes&uacute;s Generelo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Puede ser ventajoso que la homofobia no aparezca en la ley? S&iacute; y no. Es una pregunta con doble respuesta. Hay quien considera que reconocer la homofobia en la ley puede incluso aumentar la fobia. En Francia parece que ha sido as&iacute;. Pobres Ana&iuml;s y Clo&eacute;. Sin embargo, en Espa&ntilde;a la inclusi&oacute;n legal del asunto ha reportado una disminuci&oacute;n de este tipo de violencia, seg&uacute;n el abogado Fontana. Pero nunca ser&aacute; suficiente. As&iacute; de contundente es Robert Wintemute. Jam&aacute;s se tendr&aacute; completa  igualdad de oportunidades.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/784f626d-e048-4cfc-9c93-bcfadc310d83_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/784f626d-e048-4cfc-9c93-bcfadc310d83_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/784f626d-e048-4cfc-9c93-bcfadc310d83_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/784f626d-e048-4cfc-9c93-bcfadc310d83_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/784f626d-e048-4cfc-9c93-bcfadc310d83_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/784f626d-e048-4cfc-9c93-bcfadc310d83_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/784f626d-e048-4cfc-9c93-bcfadc310d83_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Dar el paso</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando te das cuenta, es algo nuevo para ti y sientes muchas inseguridades&rdquo;. Es una mujer joven, de unos 25 a&ntilde;os, con apariencia fuerte, pero que se niega a decir su nombre. Denuncia que la sociedad no debe juzgar ni rechazar la diferencia. Lo normal es lo que est&aacute; bien visto, lo que no se debate ni se castiga. Es normal dar un beso a tu pareja cuando os reun&iacute;s en el bar de la esquina despu&eacute;s de un d&iacute;a de trabajo. Pero deja de ser normal si eres un hombre y tu pareja tambi&eacute;n. O si sois dos mujeres. Todo cambia.
    </p><p class="article-text">
        Alejandro Garc&eacute;s, con 15 primaveras, tiene pareja. Es un chico. Con 12 a&ntilde;os se dio cuenta de que se sent&iacute;a atra&iacute;do por las personas de su mismo sexo. Aunque ahora sus amigos y su familia saben que es homosexual, confiesa que antes de salir del armario fing&iacute;a ser heterosexual. Se invent&oacute; una novia, a la que llamaba Patricia. &ldquo;Ella nunca pod&iacute;a salir con nosotros, estaba ocupada o ten&iacute;a otros planes&rdquo;, narra con una peque&ntilde;a sonrisa. Esa era la excusa.
    </p><p class="article-text">
        Carla tambi&eacute;n fingi&oacute;. De 36 a&ntilde;os, rubia con el pelo corto y unos grandes ojos marrones, confiesa que por no sentirse rechazada intentaba disimular. &ldquo;Jugaba a cosas de chica en el colegio, aunque a mi lo que me divert&iacute;a era lo que hac&iacute;an los chicos&rdquo;. Era muy peque&ntilde;a y ya ten&iacute;a problemas para conciliar el sue&ntilde;o porque no sab&iacute;a si hacer lo que realmente le gustaba o fingir disfrutar con lo que hac&iacute;an sus amigas. Recuerda con angustia esa &eacute;poca en la que sent&iacute;a &ldquo;que no pertenec&iacute;a a ning&uacute;n grupo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Llega el momento en que se sale del armario. No es f&aacute;cil. Ni r&aacute;pido. Se trata de un proceso de a&ntilde;os en el que la persona pasa por varias fases. Cada caso avanza a una velocidad diferente. Pero todos tienen que superar los obst&aacute;culos que pone la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Descubr&iacute; que hac&iacute;a y sent&iacute;a cosas que no eran habituales en el resto de mis amigos&rdquo;, comenta Fran, que asegura que poco despu&eacute;s reconoci&oacute; que aunque le gustaban las chicas, tambi&eacute;n se sent&iacute;a atra&iacute;do por los chicos. &ldquo;En esa &eacute;poca fui un tanto hom&oacute;fobo, no me daba cuenta, pero sent&iacute;a miedo y creo que lo hice para protegerme&rdquo;, confiesa con voz firme. Son muchos los entornos hostiles por lo que, seg&uacute;n explica el psic&oacute;logo, es habitual ocultar la orientaci&oacute;n sexual y utilizar mecanismos de defensa para resguardarse de cr&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se re&uacute;nen fuerzas para dar el primer paso de cara a la galer&iacute;a aparece la figura del amigo confidente. Fran sali&oacute; del armario con 14 a&ntilde;os tras cont&aacute;rselo a un amigo del pueblo, que fue el encargado de dec&iacute;rselo al resto de la pandilla. &ldquo;Sal&iacute; del armario y pude ser natural, me sent&iacute;a 100% gay&rdquo;. Fran estaba harto de llevar una m&aacute;scara que representaba algo que no era.
    </p><p class="article-text">
        Tras los amigos, el siguiente entorno al que hacer frente es el instituto. Las compa&ntilde;eras se muestran m&aacute;s comprensivas, seg&uacute;n los estudios. En el &aacute;mbito educativo tambi&eacute;n juegan un papel muy importante los profesores. Los educadores suelen ayudar a los adolescentes LGTB acosados, aunque algunos (especialmente en colegios cat&oacute;licos y conservadores) aconsejan a los alumnos vivir de una manera m&aacute;s discreta su orientaci&oacute;n sexual, aseguran los testimonios.
    </p><p class="article-text">
        Lo ideal es una actuaci&oacute;n r&aacute;pida cuando se percibe este tipo de bullying, seg&uacute;n un profesor diestro en tratar con este tipo de agresiones. Entrevistar a la v&iacute;ctima es el primero de los pasos a realizar, para ofrecerle desde el primer momento apoyo y protecci&oacute;n. Tambi&eacute;n es esencial hablar con los agresores, haci&eacute;ndoles entender que es un comportamiento que no va a quedar impune y que vulnera los Derechos Humanos. Se trata de fomentar la empat&iacute;a hacia la v&iacute;ctima.
    </p><p class="article-text">
        La diversidad sexual y la orientaci&oacute;n de g&eacute;nero no es un tema tratado con frecuencia en los colegios espa&ntilde;oles. Por ello, es esencial la predisposici&oacute;n del profesorado en este tema. Esta vocaci&oacute;n tiene nombre y apellidos. &Eacute;l es Jos&eacute; Joaqu&iacute;n &Aacute;lvarez de la Roza, profesor del IES Duque de Rivas en Rivas- Vaciamadrid y tutor de orientaci&oacute;n sexual. Fue el primer centro en Espa&ntilde;a en ofrecer un espacio para asesorar a adolescentes LGTB. Un sector minoritario del profesorado se opuso a las tutor&iacute;as, sin embargo, la Asociaci&oacute;n de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) anim&oacute; a profundizar en los contenidos planteados y a facilitar la tarea de sensibilizaci&oacute;n educativa. Las tutor&iacute;as se hicieron realidad.
    </p><p class="article-text">
        En este caso las familias apoyaron la iniciativa. Pero no siempre es as&iacute;. Casi el 30 por ciento de los padres prefiere ignorar que su hijo es LGTB o simplemente lo rechazan. La madre, junto con las hermanas, suelen ser quienes m&aacute;s apoyo muestran. Generalmente no se trata de familias hom&oacute;fobas, sino de entornos en los que hablar de sexualidad a&uacute;n es tab&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Fran se lo cont&oacute; a sus padres dos meses despu&eacute;s que a sus amigos. Tres de cada diez j&oacute;venes tiene miedo al rechazo de sus seres queridos. Lo confes&oacute; porque sus padres vieron unos mensajes de texto con un chico que le delataron. &ldquo;Les choc&oacute;, y aunque ellos no son hom&oacute;fobos, a veces han hecho alg&uacute;n comentario como &lsquo;ya est&aacute;s con esas mariconadas&rsquo;&rdquo;, anota Fran mientras se r&iacute;e. Es su familia, los quiere. &ldquo;Intento ayudarles a mejorar su lenguaje&rdquo;, a&ntilde;ade. Al final quien te quiere te acepta. Ese deber&iacute;a ser el lema. No hay motivo para sentir miedo. Si bien es cierto que el familiar es en ocasiones un n&uacute;cleo hostil, es un lugar donde encontrar apoyo en el 70% de los casos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El papel de la administraci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Profesores y padres implicados. &iquest;Y la administraci&oacute;n? Falta educaci&oacute;n formalizada e institucionalizada, esta es la demanda de casi todos los entrevistados. Por ahora, la educaci&oacute;n en la diversidad est&aacute; en manos de la buena voluntad de los profesores. &ldquo;Debe incluirse en el curr&iacute;culo escolar&rdquo;. Lo reclama el psic&oacute;logo. Y del abogado. Y del joven de 17, del de 24 y del de 36. Una petici&oacute;n un&aacute;nime.
    </p><p class="article-text">
        Una charla no es suficiente. Una realidad que refleja el trabajo de Raquel Jornet, trabajadora social y t&eacute;cnica de educaci&oacute;n del colectivo en Valencia. Dos chicos ven un Real Madrid-Bar&ccedil;a. Gol. Abrazo. Euforia. Beso. Con la proyecci&oacute;n de estas im&aacute;genes arrancan las charlas que imparten. Muchos institutos repiten, otros a&uacute;n tienen reticencias. Cubren el hueco que deja vac&iacute;o el curr&iacute;culo escolar espa&ntilde;ol. &ldquo;Ahora me doy cuenta de que he hecho cosas que no deber&iacute;a&rdquo;, comenta un muchacho despu&eacute;s la charla. En muchos casos, la homofobia es una consecuencia del desconocimiento, seg&uacute;n Jornet. La educaci&oacute;n es el arma para erradicar este tipo de acoso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ayer,  hoy,  ma&ntilde;ana</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tiene el pelo canoso y m&aacute;s de medio siglo a sus espaldas. Manos de hombre sosegadas, que se exaltan cuando habla del pasado. &ldquo;Por lo menos ahora hay referentes&rdquo;, dice levantando la mano derecha para captar la atenci&oacute;n. En los a&ntilde;os 70, las cosas eran muy diferentes, la homosexualidad era algo invisible. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora se habla m&aacute;s, ya no es un tab&uacute;. Pero hay otros retos. El entorno ha cambiado. Maric&oacute;n. #Maric&oacute;n. Homofobia 2.0. Un estado en Facebook, una menci&oacute;n en Twitter. Una vejaci&oacute;n viral. Pero tambi&eacute;n una v&iacute;a de escape. Para muchos las redes sociales han sido una fuente de informaci&oacute;n y un medio en el que no sentirse solo. &ldquo;Ve&iacute;as que no eras el &uacute;nico que estaba sintiendo cosas diferentes a las estipuladas como normales&rdquo;, alega Mar&iacute;a. La red le ayud&oacute; a descubrir que le estaba pasando.
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;Si nosotros lo vemos mal, como vamos a querer que el resto lo vea bien. Debemos dejar de tratarlo como si fuese una verg&uuml;enza y vivir nuestra sexualidad con naturalidad&rdquo;, sentencia Ana.
    </p><p class="article-text">
        Con la cabeza bien alta confiesa que enamorarse de una persona le ayud&oacute; a reconocer su homosexualidad. Es una mujer fuerte, morena, de ojos claros. No es capaz de esconder su sonrisa al recordar como fue presentando a su pareja a su familia y amigos. &ldquo;La gente te mira, cuchichea, pero no es capaz de decirte nada directamente&rdquo;, comenta. Abandon&oacute; el silencio. Colg&oacute; la m&aacute;scara rota por las humillaciones sufridas y se mostr&oacute; tal y como es.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-DWd5TrFAhVQ-6748', 'youtube', 'DWd5TrFAhVQ', document.getElementById('yt-DWd5TrFAhVQ-6748'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-DWd5TrFAhVQ-6748 src="https://www.youtube.com/embed/DWd5TrFAhVQ?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sandra Temprado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/mascaras-rotas_1_5025204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Feb 2014 17:03:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8258f732-f546-4cb3-a834-a8c45ba9f479_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4445822" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8258f732-f546-4cb3-a834-a8c45ba9f479_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4445822" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Máscaras rotas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8258f732-f546-4cb3-a834-a8c45ba9f479_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Homofobia]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
