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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto García Palomo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto_garcia_palomo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto García Palomo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Los desaparecidos de Maidán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/desaparecidos-maidan_1_4853761.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97c1bce6-673b-4db4-a4c4-23d7a1e8484b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los desaparecidos de Maidán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La plataforma de coordinación de la plaza de la Independencia en Kiev denuncia que 71 personas siguen en paradero desconocido desde los disturbios de febrero</p></div><p class="article-text">
        De entre todos los acontecimientos ocurridos en Ucrania desde noviembre, hay uno que no despertado el mismo inter&eacute;s que el cambio de un Gobierno, la p&eacute;rdida de Crimea o el enfrentamiento de Kiev con Mosc&uacute;: la desaparici&oacute;n inicial de centenares de personas de las que 71 siguen en paradero desconocido.
    </p><p class="article-text">
        El primer recuento de desaparecidos, alimentado por el conflicto en Crimea, fue de 661 personas. En poco tiempo pas&oacute; a 250. Y seis meses despu&eacute;s se ha quedado en 71, seg&uacute;n la contabilidad de SOS Euromaid&aacute;n. Esta cantidad difiere mucho de la &uacute;ltima hecha publica por el Ministerio de Interior, que la cifr&oacute; en dos personas. SOS Euromaid&aacute;n, la asociaci&oacute;n surgida a ra&iacute;z de las concentraciones en la plaza de la Independencia de Kiev, no obstante, investiga todav&iacute;a peticiones de ayuda de ciudadanos que han perdido a alguno de sus familiares o conocidos. La pista de algunas de ellas se perdi&oacute; en diciembre, pero principalmente a partir de las protestas del 18 de febrero.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; a&uacute;n se desconoce el paradero de todas estas personas? Las teor&iacute;as sobre estas desapariciones son diversas y la t&eacute;cnica para resolverlas es endeble. Para que alguien desaparezca no tiene m&aacute;s que dejar de emitir se&ntilde;ales de vida, algo sencillo en un pa&iacute;s de 45,5 millones de personas con gran presencia rural, sin un acceso tan directo como el mundo urbano a las nuevas tecnolog&iacute;as. Por eso, la cifra var&iacute;a a diario y mantiene un amplio porcentaje de inexactitud. Una de los razonamientos m&aacute;s extendidos dice que muchos de los registrados eran de fuera de Kiev y, sencillamente, se volvieron a sus lugares de residencia sin avisar a nadie. Otra habla de un silencio voluntario, provocado por el trauma que supone asistir a tantos heridos o cad&aacute;veres.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n hay decenas de testimonios documentados de torturas, palizas o arrestos de gente que despu&eacute;s de un tiempo sin rastro apareci&oacute; por sorpresa. Y descubrimientos de cad&aacute;veres. El primer caso fue el de Yuri Verbitski, sism&oacute;logo y activista que fue raptado del hospital donde se estaba recuperando de heridas tras las manifestaciones de febrero y cuyo cad&aacute;ver fue encontrado cerca del aeropuerto de Kiev unas semanas despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Dmitro Bul&aacute;tov, conocido nacionalista, apareci&oacute; con la cara llena de navajazos y con una oreja cortada. El activista denunci&oacute; haber sido torturado por un grupo de gente &ldquo;que hablaba con acento ruso&rdquo; y de ser acusado de &ldquo;esp&iacute;a de Estados Unidos&rdquo;. Apareci&oacute; despistado en una calle de las afueras de Kiev. El Gobierno de Yanuk&oacute;vich sugiri&oacute; que era una invenci&oacute;n para ganar popularidad y como &ldquo;forma de provocaci&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Mijailo Haurylik, de unos 30 a&ntilde;os de edad, tras ser encontrado desnudo por la calle, relat&oacute; c&oacute;mo hab&iacute;a sufrido todo tipo de humillaciones que incluso fueron fotografiadas para &ldquo;diversi&oacute;n&rdquo; de sus captores. 
    </p><h3 class="article-text">Golpeados y humillados</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Toda la gente que fue a la polic&iacute;a fue golpeada y humillada&rdquo;, cuenta Alexandra Novitchkova, portavoz de SOS Euromaid&aacute;n, de 35 a&ntilde;os. Su listado de declaraciones incluye secuestros y ajustes de cuentas a activistas y manifestantes. Seg&uacute;n las versiones que esgrimen tanto esta asociaci&oacute;n como Amnist&iacute;a Internacional, los causantes de estas agresiones pueden ser milicias prorrusas, miembros de Berkut (las fuerzas especiales ucraniananas) o <em>titushkas</em>, milicias alineadas del lado de la polic&iacute;a y conocidas por su comportamiento intimidatorio durante las manifestaciones y sus secuestros, palizas a opositores o incluso por sus &ldquo;vueltas de reconocimiento&rdquo; en coche para &ldquo;ajusticiar&rdquo; opositores.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos llegan a diario centenares de quejas, pero no tenemos en marcha ninguna l&iacute;nea de investigaci&oacute;n porque a&uacute;n hay muchos frentes abiertos de violaciones de derechos humanos durante las protestas&rdquo;, indica Tanya Mazur, directora de la oficina de Amnist&iacute;a Internacional en Ucrania. &ldquo;Tenemos que centrarnos en ciertas campa&ntilde;as y cerciorarnos bien antes de emprender otras&rdquo;, reconoce Mazur.
    </p><p class="article-text">
        Las desapariciones tambi&eacute;n son un campo abonado para la rumorolog&iacute;a. Una de las historias m&aacute;s macabras habla de un grupo de cerca de 50 activistas que fueron quemados en un edificio ocupado de la plaza de la Independencia que estaba sirviendo de enfermer&iacute;a. Los investigadores lo han desmentido. Otros hablan de cremaciones masivas en hospitales y comisar&iacute;as, de fosas comunes en cunetas de las ciudades o incluso de lanzamiento de cad&aacute;veres al r&iacute;o Dnipro, que divide la capital y atraviesa de norte a sur gran parte del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En la mayor&iacute;a de las acusaciones se habla de palizas en el parque Marinsky de Kiev. En este espacio verde se encuentra el antiguo estadio del principal equipo de la ciudad, el Dinamo de Kiev, y est&aacute; a unos metros de la plaza de la Independencia, centro neur&aacute;lgico del Maid&aacute;n. Desde all&iacute; salieron algunos de los disparos de francotiradores que acabaron con la vida de m&aacute;s de 100 personas el 18 de febrero. Se ha llegado a denunciar que en ese parque hay muchos enterrados. &ldquo;Es poco fiable porque es muy dif&iacute;cil hacer algo as&iacute; tan cerca de la muchedumbre y con la tierra helada por unas temperaturas de hasta 30 grados bajo cero&rdquo;, relata Alexandra, portavoz de SOS Euromaid&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aquello era pr&aacute;cticamente una guerra&rdquo;, apunt&oacute; Andriy Babyn, un detenido, al peri&oacute;dico New York Times. &ldquo;La gente acababa en comisar&iacute;as u hospitales donde los trabajadores pod&iacute;an ser simpatizantes del Gobierno y cargarlas con los detenidos&rdquo;. Seg&uacute;n la plataforma opositora, se han encontrado manchas de sangre en celdas y en tramos de asfalto: &ldquo;Aunque sea f&aacute;cil encontrar muestras en muchos lugares, necesitamos hacer pruebas de ADN para saber d&oacute;nde estuvo la gente&rdquo;, anota Alexandra, &ldquo;y eso es una enorme cantidad de trabajo que dudemos que vaya a llevar a cabo la polic&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente tiene miedo a presentar denuncias o a&uacute;n conservan la esperanza de que sus familiares o conocidos aparezcan antes de dirigirse a la polic&iacute;a&rdquo;, explican desde SOS Euromaid&aacute;n. &ldquo;Las probabilidades son muchas: que sigan con vida, que sus cuerpos no se hayan encontrado, secuestros, que haya errores en los nombres y apellidos del registro... ninguna de estas posibilidades se puede desestimar&rdquo;, afirma Alexandra Novitchkova. &ldquo;Soy optimista por el n&uacute;mero de voluntarios (450) implicados en la b&uacute;squeda y porque me imagino que el nuevo Gobierno dar&aacute; un empuj&oacute;n importante para la resoluci&oacute;n de estos casos&rdquo;.  &iquest;Y los rumores? &ldquo;No los podemos desmentir, pero tampoco aceptar&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto García Palomo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/desaparecidos-maidan_1_4853761.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 May 2014 18:32:15 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pravy Sektor, el rostro más temible de la nueva Ucrania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/ultraderecha-ucrania_1_4870632.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eb751e09-369e-4537-a493-8be46d4b7d28_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pravy Sektor, el rostro más temible de la nueva Ucrania"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desconocido hasta la rebelión contra Yanukóvich, Pravy Sektor se ha convertido en el grupo ultraderechista más peligroso de Ucrania</p><p class="subtitle">Cuenta con su propia milicia paramilitar que ha participado en enfrentamientos violentos contra la oposición al actual Gobierno de Kiev</p></div><p class="article-text">
        No quiere decir su nombre, pero todo el mundo lo llama Byk, toro en ucraniano. Como indica su apodo, hay que capearlo como a un miura cada vez que atraviesa el pasillo. Lleva chaleco antibalas, pasamonta&ntilde;as y ning&uacute;n arma a la vista. Es bajito, pero su decisi&oacute;n, su volumen corporal y su presumible fuerza asustan.
    </p><p class="article-text">
        Toro es uno de los voluntarios que escoltan la entrada al edificio ocupado por Pravy Sektor en la plaza de la Independencia de Kiev. Este Sector de Derechas, seg&uacute;n su traducci&oacute;n, apareci&oacute; en Ucrania poco antes de las manifestaciones del 30 de noviembre, cuando miles de personas salieron a la calle para protestar contra la negativa del expresidente V&iacute;ctor Yanuk&oacute;vich de firmar un tratado de libre comercio con la Uni&oacute;n Europea. Y en estos meses ya ha conseguido acaparar la atenci&oacute;n de la gente dentro y fuera del pa&iacute;s por su conducta violenta y sus ideas ultras. En las &uacute;ltimas semanas, miembros armados del grupo han participado en tiroteos en la zona suroriental de Ucrania.
    </p><p class="article-text">
        Poca gente, sin embargo, parece saber qu&eacute; es exactamente Pravy Sektor. Ni qui&eacute;n lo forma o qui&eacute;n lo financia. Su bandera (compuesta por dos barras horizontales, una negra y una roja, simulando la tierra y la sangre derramada por ella) ondea sobre algunas tiendas de campa&ntilde;as de la plaza donde naci&oacute; el heterog&eacute;neo movimiento conocido como Maid&aacute;n o Euromaid&aacute;n (por su afinidad de pertenencia a Europa) y sus s&iacute;mbolos son cada vez m&aacute;s visibles.
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera Andrea, el boxeador profesional de 27 a&ntilde;os que hace de lazarillo por el inmueble ocupado en esta plaza, conoce el ideario del grupo m&aacute;s all&aacute; de su lema 'Gloria a Ucrania' y de la llamada &ldquo;Revoluci&oacute;n Nacional&rdquo; que enarbola la formaci&oacute;n por medio de sus &ldquo;soldados&rdquo;. Tampoco el n&uacute;mero de seguidores: &ldquo;S&oacute;lo lo saben en las esferas superiores. No nos dejan saberlo para no darles pistas al enemigo&rdquo;, apunta este joven de rasgos hoscos y nariz machacada por los golpes en el ring. &iquest;Qu&eacute; enemigo? &ldquo;Putin&rdquo;, responde de inmediato en alusi&oacute;n al presidente ruso.
    </p><p class="article-text">
        Su discurso responde al del nacionalismo ucraniano contrario a la anexi&oacute;n de las provincias orientales a la Federaci&oacute;n Rusa. &ldquo;Queremos una Ucrania formada por la gente de aqu&iacute;, en paz. Los que dicen que matamos son los de Mosc&uacute;, que siempre mienten&rdquo;, espeta. Lo explica alguien que naci&oacute; en Yalta &ndash;tercera ciudad de la pen&iacute;nsula de Crimea, la primera provincia que pas&oacute; a formar parte de Rusia hace un par de meses- y ha peleado como p&uacute;gil en torneos de Ruman&iacute;a, Bulgaria o Alemania. Andrea quiere &ldquo;un Estado democr&aacute;tico&rdquo; y asegura que no son &ldquo;radicales&rdquo; sino &ldquo;gente harta de la corrupci&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Queremos que el dinero del pa&iacute;s sea para el pueblo y no para los gobernantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que no son radicales, pero algunos de sus miembros m&aacute;s conocidos han protagonizado amenazas y extorsiones. Alexander Muzychko apareci&oacute; en la Fiscal&iacute;a de Kiev en febrero <a href="http://www.guerraeterna.com/los-ultras-ucranianos-disfrutan-de-sus-mejores-dias/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para amenazar y golpear</a> a un fiscal porque no le dec&iacute;a d&oacute;nde estaba su jefe. Se pase&oacute; por el Ayuntamiento de la capital exhibiendo un kalashnikov y retando a los presentes a que se lo arrebataran. En marzo <a href="http://www.guerraeterna.com/hora-de-la-limpieza-en-ucrania/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muri&oacute; a tiros</a> en una operaci&oacute;n de las fuerzas especiales de la polic&iacute;a organizada para detenerlo o simplemente silenciarlo.
    </p><p class="article-text">
        El l&iacute;der del Pravy Sektor -Dimitri Yarosh, de 42 a&ntilde;os- es un antiguo dirigente del grupo de ultraderecha Trizub (que significa 'tridente', como el s&iacute;mbolo de la bandera ucraniana que representa los tres elementos aire, tierra y agua). De formaci&oacute;n militar sovi&eacute;tica (fue entrenado en el Ej&eacute;rcito ruso y despu&eacute;s se enrol&oacute; en grupos nacionalistas ucranianos a finales de los 80, cuando la URSS se desintegraba), Yarosh siempre ha mostrado una actitud extremadamente beligerante contra las fuerzas rusas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si asoman su cara aqu&iacute;, como en Georgia en 2008, van a recibir un golpe en los dientes&rdquo;, dijo en una entrevista a la revista Time. Afirma llevar entrenando a milicias desde hace veinte a&ntilde;os y que fueron los primeros en salir con armas de fuego a las calles de la capital ucraniana. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se les relaciona con el partido de marcada l&iacute;nea ultranacionalista Svoboda, formado en 2005 al calor de la llamada Revoluci&oacute;n Naranja (su l&iacute;der, Oleg  Tiagnibok, fue declarado 'persona non grata' en Estados Unidos por unas declaraciones &ldquo;abiertamente antisemitas&rdquo;) y que es la cuarta fuerza pol&iacute;tica desde las &uacute;ltimas elecciones legislativas. Su grupo posee actualmente tres ministros -de Agricultura, Educaci&oacute;n y Ecolog&iacute;a-, seis gobernadores provinciales, un viceprimer ministro y el fiscal general del Estado.
    </p><p class="article-text">
        Desde el Kremlin los describen como neonazis y les acusan de sembrar el odio hacia los ciudadanos rusos y de negociar con terroristas. Tambi&eacute;n les han culpado de ser los protagonistas de los disparos que acabaron con la vida de m&aacute;s de 100 personas en las protestas de febrero. &ldquo;Cada uno los enmarca en el grupo contrario: Rusia los ve como una herramienta norteamericana o europea, y ellos de tener alg&uacute;n v&iacute;nculo con Rusia&rdquo;, sostiene Mark Rachkevych, periodista del diario en ingl&eacute;s Kyiv Post. &ldquo;Pero no se sabe realmente qui&eacute;n est&aacute; detr&aacute;s&rdquo;, aclara. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n este periodista, Pravy Sektor cuenta con unas 1.500 personas, de las cuales s&oacute;lo una parte minoritaria ser&iacute;a seguidora del  l&iacute;der nacionalista ucraniano <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Stepan_Bandera" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Step&aacute;n Bandera</a>, que luch&oacute; junto a los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Ellos estiman haber congregado a 10.000 &ldquo;soldados&rdquo; que pelean en las zonas &ldquo;separatistas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pravy Sector ha dicho que est&aacute; dispuesto a presentarse a las pr&oacute;ximas  elecciones legislativas. Pocos les auguran mucho &eacute;xito. En las  encuestas no llegan ni al 1%.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se nos se&ntilde;ala como <em>banderovsky</em> (los &rdquo;fachas&ldquo; de aqu&iacute;) o neonazis y s&oacute;lo queremos la unidad de Ucrania frente a los separatistas&rdquo;, asevera Andrea mientras se&ntilde;ala dos huchas para recaudar dinero para armas (&ldquo;compramos f&uacute;siles Scorpion y Kalashnikov&rdquo;, sonr&iacute;e). En la acampada nadie parece haber tenido ning&uacute;n choque con ellos y siguen a la expectativa de sus movimientos. 
    </p><p class="article-text">
        Solo Oleg Babanin, portavoz del lobby prorruso Vybor, relata en su despacho c&oacute;mo han ido dos veces a las oficinas para pedir documentaci&oacute;n y llevarse papeles. &ldquo;Una vez rompieron un cristal y se metieron de madrugada. Otra llegaron en tropel y nos obligaron a ense&ntilde;arles nuestros archivos&rdquo;, dice el portavoz de esta asociaci&oacute;n con fuertes conexiones en Mosc&uacute;.
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        &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; el siguiente paso? Esa es la gran duda en Ucrania. Ya han formado un grupo paramilitar que ha participado en enfrentamientos contra grupos prorrusos en las zonas de Donestk o Lugansk, en el este del pa&iacute;s. Miembros del grupo estuvieron en la manifestaci&oacute;n de Odessa en la que se lanzaron c&oacute;cteles molotov contra el edificio de la sede de los sindicatos, que acab&oacute; en llamas. Decenas de personas murieron asfixiados, la mayor&iacute;a miembros de los grupos contrarios al Gobierno de Kiev que hab&iacute;an ocupado el edificio.
    </p><p class="article-text">
        De momento, en las dos plantas del bloque que han ocupado en la plaza de la Independencia, los cerca de 30 miembros que pasean por su interior evitan, con cierta amabilidad,  pronunciarse. Casi todos se han ido a luchar al este del pa&iacute;s. El resto pasa las noches en lo que antes era un locutorio, convertido ahora en un dormitorio com&uacute;n con colchones en las cabinas y desplegados sobre pal&eacute;s. La antigua recepci&oacute;n se utiliza de cocina, con mostrador, hornillos, nevera y microondas. En el s&oacute;tano, un antiguo gimnasio a&uacute;n mantiene su sala de m&aacute;quinas y los vestuarios. En la primera s&oacute;lo queda una barra colgada en la pared y una mesa de ping pong. En los segundos, una sauna encendida a medio gas se utiliza para secar la ropa. Algunas baldas de las estanter&iacute;as muestran un relicario de m&aacute;scaras antig&aacute;s y munici&oacute;n. Y camisetas con el rostro de Putin retratado como Adolf Hitler cuelgan de los muros. Andrea insiste en que &ldquo;&eacute;l es el enemigo&rdquo; mientras sortea la embestida de Toro, que vuelve a su sitio habitual: la entrada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto García Palomo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/ultraderecha-ucrania_1_4870632.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 May 2014 17:51:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pravy Sektor, el rostro más temible de la nueva Ucrania]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ucrania,Ultraderecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Entiendo la autodefensa cuando el Gobierno no te protege"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/entiendo-autodefensa-gobierno-protege_1_4880136.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2fac0ed-021e-4a7a-972b-66caa417d0de_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Entiendo la autodefensa cuando el Gobierno no te protege&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mdalena Kachurets es una de las líderes estudiantiles que participó en las protestas de Maidán en Kiev. Ahora ve el futuro de las revueltas en Ucrania con una mezcla de ilusión e incertidumbre</p></div><p class="article-text">
        Mdalena Kachurets cuenta que por Kiev circulaba esta broma: &ldquo;Si ves a una persona con m&aacute;scara y un palo, seguro que tiene dos doctorados y habla tres idiomas&rdquo;. Fue una de ellas. No lleg&oacute; a portar un arma, pero pas&oacute; noches en vela, se enfrent&oacute; a la polic&iacute;a y form&oacute; parte de ese ente heterog&eacute;neo llamado Maid&aacute;n. Esta ucraniana de 25 a&ntilde;os puede relatar esa pertenencia desde los primeros d&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Han pasado seis meses. Y en la plaza de la Victoria (de donde procede el nombre del colectivo, pues 'maid&aacute;n' es plaza en ucraniano) se funden las tiendas de campa&ntilde;a con las casetas de los partidos pol&iacute;ticos que se presentan a los comicios del 25 de mayo. Los acampados esperan a esta fecha para dejar un espacio que llevan ocupando de forma continua m&aacute;s de dos meses. No hay rastro de estudiantes ni de familias, los que predominaban al principio. S&iacute; de civiles vestidos de militares que han encontrado en esta lucha un motivo para vivir: muchos de ellos, asegura Kachurets, provienen de otras provincias y se niegan a regresar. &ldquo;Dejaron sus trabajos, sus casas, y no piensan rendirse.  Algunos se han encontrado a s&iacute; mismos&rdquo;, defiende.
    </p><p class="article-text">
        Casada y con una ni&ntilde;a, valora los episodios ocurridos en su pa&iacute;s como algo que le ha ense&ntilde;ado a saber &ldquo;qui&eacute;n es valiente y qui&eacute;n no hace nada&rdquo;. En su caso, el &iacute;mpetu que le empuj&oacute; a protestar fue algo tan sencillo como la homologaci&oacute;n de t&iacute;tulos universitarios a nivel europeo. Despu&eacute;s de haber pasado seis meses en EEUU, donde descubri&oacute; que era &ldquo;mucho m&aacute;s libre en Ucrania&rdquo;, y otro en Cracovia con una beca, se dio cuenta de los problemas que ten&iacute;an los estudiantes ucranianos para cursar una carrera en otro pa&iacute;s o para que les convalidaran un diploma. Eso, unido al clamor popular contra las medidas de los mandatarios, desemboc&oacute; en un potente germen de indignaci&oacute;n contra sus gobernantes. Y en la formaci&oacute;n del colectivo estudiantil del que es una de las portavoces, el Consejo de Coordinaci&oacute;n de Estudiantes, que conecta a las universidades del pa&iacute;s para poner en marcha diversas formas de activismo. Sin sede ni estatutos. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No tienes que estar organizado cuando quieres protegerte. La mayor&iacute;a de asociaciones que exist&iacute;an en el pa&iacute;s solo sirven a la Administraci&oacute;n y no a los estudiantes. Ese recelo ha hecho que dijeran que nos respaldaba la ultraderecha e incluso EEUU&rdquo;, desmiente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando empezamos a protestar no apoy&aacute;bamos a ning&uacute;n partido o candidato, s&oacute;lo quer&iacute;amos que fueran honestos&rdquo;, explica esta licenciada que prepara su tesis sobre Derecho Penal. Esa actitud la llev&oacute;, junto a algunos compa&ntilde;eros, a promover por las redes sociales una concentraci&oacute;n en el centro de Kiev. Calculaban una asistencia de 30 personas y aparecieron mil. 
    </p><p class="article-text">
        Era la &uacute;ltima semana de noviembre, antes de que el Ejecutivo aceptase o declinase un pacto de libre comercio con la Uni&oacute;n Europea. Siguieron yendo los siguientes d&iacute;as hasta que congregaron a 20.000 personas y la protesta tuvo algo de repercusi&oacute;n medi&aacute;tica. Decidieron quedarse a dormir en la plaza y fueron expulsados de una forma que ella define como &ldquo;crueldad intolerable&rdquo;: &ldquo;Fueron 200 polic&iacute;as con el equipo completo para disolver a poco m&aacute;s de un centenar de personas. A cincuenta se las llevaron a sus dependencias sin ning&uacute;n motivo y casi todas resultaron heridas. Algunos han pasado m&aacute;s de dos meses arrestados&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        El impacto de esta acci&oacute;n policial tuvo tanto eco que al d&iacute;a siguiente centenares de miles personas colapsaron la almendra central de Kiev. La respuesta del gobierno: una ley de seguridad ciudadana en enero que imped&iacute;a formar grupos de m&aacute;s de cinco personas o juntarse cinco coches. &ldquo;&iexcl;No podr&iacute;as ni asistir a un funeral!&rdquo;, exclama. &ldquo;Ser&iacute;a gracioso si no fuera en serio. En esa situaci&oacute;n no queda m&aacute;s remedio que levantarse y luchar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sus recuerdos de esos d&iacute;as dibujan una especie de bruma en su rostro: amigos que cargan con los cuerpos sin vida de las personas que fueron tiroteadas, madres llevando comida cada tarde a los puestos de la plaza o una ola de fabricaci&oacute;n artesanal de escudos y artefactos protectores. &iquest;Apoyas la violencia? &ldquo;Entiendo la autodefensa. Cuando el Gobierno no te protege, tienes que luchar por tu cuenta&rdquo;, responde. &ldquo;Decidimos que hab&iacute;a que cambiar el discurso pac&iacute;fico. Cuanto m&aacute;s pac&iacute;ficos, m&aacute;s les permit&iacute;amos&rdquo;, afirma con una voz dulce mientras remueve un caf&eacute; con leche. &ldquo;Es dif&iacute;cil mover ficha en el tablero cuando el contrincante rompe las reglas&rdquo;, reflexiona. 
    </p><p class="article-text">
        Aquello significaba &ldquo;el alto precio&rdquo; que estaban dispuestos a pagar &ldquo;para cambiar el pa&iacute;s&rdquo;, seg&uacute;n resume. Un coste que en estos momentos se traduce en un Gobierno interino &ldquo;paralizado&rdquo; por la separaci&oacute;n de una de sus regiones y el anhelo de otras, por los enfrentamientos entre partidarios de formar parte de Rusia o del autogobierno de las regiones, y defensores de la uni&oacute;n ucraniana. &ldquo;La gente quiere unir a su pa&iacute;s con sus propias reglas. Hay que cambiar las cosas. Est&aacute;n todos corrompidos por su forma de hacer dinero f&aacute;cil&rdquo;, aventura antes de reconocer que a&uacute;n no sabe a qui&eacute;n dar&aacute; su confianza. &ldquo;Lo que queremos es vivir en un pa&iacute;s civilizado. Un pa&iacute;s donde los pol&iacute;ticos se preocupen por los ciudadanos y la gente sepa sus derechos y los de los dem&aacute;s&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto García Palomo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/entiendo-autodefensa-gobierno-protege_1_4880136.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 May 2014 18:26:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Entiendo la autodefensa cuando el Gobierno no te protege"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ucrania]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poli Díaz está constipado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/poli-diaz-memorias_1_5001511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dfca6be8-1010-4995-a17f-16ca21ac057f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Poli Díaz: A golpes con la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El exboxeador publicó unas memorias,</p><p class="subtitle">A golpes con la vida</p><p class="subtitle">(Espasa, 2013), donde cuenta en primera persona lo que tantos años se rumoreó en tercera</p></div><p class="article-text">
        Poli D&iacute;az est&aacute; constipado. El exboxeador profesional no quiere reconocerlo, pero este embate de entretiempo es una se&ntilde;al m&aacute;s de su alergia al fr&iacute;o, al calor y a todo lo que tenga que ver con sacar a la luz su vida privada. Para el p&uacute;gil, un resfriado es &ldquo;como Picasso sin pintura, un Ferrari sin combustible&rdquo;, como lo era para el cantante Frank Sinatra en el c&eacute;lebre perfil de Gay Talese.
    </p><p class="article-text">
        No es raro, sin embargo, ver a gente con cl&iacute;nex en la mano e incluso sonarse la nariz a estas alturas de a&ntilde;o y con una climatolog&iacute;a insana. Lo hacen en la parada del autob&uacute;s, en el metro o en la cola de una tienda. Para Policarpo D&iacute;az Ar&eacute;valo, nacido en &ldquo;el Valle del Kas&rdquo; el 21 de noviembre de 1967, el flujo mucoso que brota de su nariz -y que emborrona a&uacute;n m&aacute;s la cadencia de su maltrecha voz- levanta sospechas. Un misterio que es f&aacute;cil de desvelar en la manzana donde vivieron sus padres y donde ahora comparte espacio con su mujer, Eva, su &ldquo;&aacute;ngel de la guarda&rdquo;. Ella le sirve de lucero y representante. Su hermano &Aacute;ngel, tambi&eacute;n. Siempre se le ve por la zona junto a alguno de los dos paseando a su perro, Rocky. Y son ellos quienes responden al otro lado del tel&eacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        A Poli D&iacute;az le cuesta hablar. Est&aacute; &ldquo;malito&rdquo;, dice, y tambi&eacute;n -aunque esto lo confiesa m&aacute;s tarde Eva- &ldquo;bajo de &aacute;nimo&rdquo;. Y no es por los grados de temperatura de m&aacute;s ni por el incordio de aclarar la garganta o estornudar de s&uacute;bito. Son los pu&ntilde;etazos que le ha ido atizando la realidad desde que naci&oacute; y que acaba de plasmar en sus memorias, <em>A golpes con la vida</em> (Espasa, 2013). En &eacute;l recopila en primera persona lo que tantos a&ntilde;os se rumore&oacute; en tercera. Sus inicios en el boxeo, c&oacute;mo consigui&oacute; convertirse en el mejor boxeador espa&ntilde;ol de la historia, la derrota en aquel fat&iacute;dico combate con Pernell Whitaker en Virginia por el t&iacute;tulo mundial, su disoluci&oacute;n personal en el l&iacute;quido de una jeringuilla y el intento de encauzar su destino regresando al origen.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;En casa no me hac&iacute;an ni puto caso&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Esa placenta est&aacute; al sur de Madrid. En el barrio de Vallecas. Un barrio de unos 240.000 habitantes situado a la orilla de la M-30 (el anillo de autopista que rodea la ciudad) que se ha fundido con la urbe tras un pasado de marginalidad, droga y miseria que a&uacute;n conservan algunas de sus avenidas. All&iacute; se cr&iacute;o Poli. Era un entorno de constipado continuo debido al fr&iacute;o de un hogar precario y a la ausencia de agua caliente. Ese escenario, m&aacute;s cercano a la descripci&oacute;n de la infancia que hace Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s en <em>El Mundo</em>, lo arrastraba habitualmente a la calle. Un territorio comanche donde todos se resguardaban y donde la gente se buscaba las casta&ntilde;as en una suerte de supervivencia obligada.
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         Eran tiempos de rumba y menudeo. La dictadura de Franco languidec&iacute;a tras cuatro d&eacute;cadas y la democracia se cimentaba sobre los pilares de la televisi&oacute;n p&uacute;blica como &uacute;nico canal, el imperio de los quinquis y los estragos de la hero&iacute;na. &ldquo;Si ven&iacute;as del centro de Madrid, desde que pasabas el puente de la M-30 y sub&iacute;as por la avenida de la Albufera, la pinta del barrio era cada vez peor. Y yo viv&iacute;a arriba del todo, al final de la civilizaci&oacute;n&rdquo;, recuerda el boxeador. Ese lugar, la calle Arroyo del Olivar, a&uacute;n sigue estando en el limbo urban&iacute;stico. Su domicilio a&uacute;n muestra esa dejadez de arrabal. El muro derrumbado del portal forma una corrala de matojos y, frente a la puerta, se encuentra la que probablemente sea la &uacute;ltima fuente de la capital. Eso s&iacute;, revestida de un &oacute;xido que acredita el paso del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En casa no me hac&iacute;an ni puto caso. No sab&iacute;an lo que hac&iacute;a ni quer&iacute;an saberlo. Ni mis padres ni mis hermanos. Como &eacute;ramos tantos, cada uno iba a su bola y pasaba de los otros como de la mierda&rdquo;, esgrime. &ldquo;Tengo poco que agradecerles a mis padres, que casi no me dieron ni cari&ntilde;o ni buen trato ni educaci&oacute;n. Con tantos hijos, los hombres no deb&iacute;an de tener tiempo...&rdquo;, se lamenta Poli D&iacute;az.
    </p><p class="article-text">
        Sus trayectos al colegio Jaume I El Conquistador se convirtieron en un martirio. Era en aquel descampado del camino donde se ense&ntilde;aban las lecciones m&aacute;s &uacute;tiles. &ldquo;Hab&iacute;a que estar muy vivo con esa fauna&rdquo;, apunta. Hoy el centro educativo es un instituto de persianas bajadas y hojas secas en los alf&eacute;izares. Un panorama desolador lejos del bullicio de anta&ntilde;o. Consecuencias de la deuda municipal.
    </p><p class="article-text">
        Poli abandon&oacute; los estudios por una vida entre ra&iacute;les de tren hasta que se meti&oacute; en el boxeo. Y de la chatarra pas&oacute; al oro. Se libr&oacute; de la delincuencia y los problemas de una sociedad con el 21% de paro. Empez&oacute; en un gimnasio del barrio hasta que lo adopt&oacute; el periodista y empresario Enrique Sarasola. Debut&oacute; con 20 a&ntilde;os. Con 22 ya era campe&oacute;n de Espa&ntilde;a y ocho veces de Europa. Un palmar&eacute;s que nadie ha logrado igualar. &ldquo;Boxeaba con cojones, con arranques de rabia, igual que Perico Delgado con la bici. Y eso les pon&iacute;a cachondos: la furia espa&ntilde;ola&rdquo;, rememora.
    </p><h3 class="article-text">El d&iacute;a que cambi&oacute; todo: 27 de julio de 1991</h3><p class="article-text">
        Invicto, con una autoestima por las nubes y una buena forma f&iacute;sica, lleg&oacute; al 27 de julio de 1991. Jornada clave en su biograf&iacute;a, aunque &eacute;l insista en que &ldquo;para dar hostias da lo mismo, ni hay que pensar en n&uacute;meros, ni en fechas ni en detalles tontos&rdquo;. Fue la noche del combate por el t&iacute;tulo mundial contra Pernell Whitaker. En Norfork, Virginia (EEUU). Con 40 grados y una humedad cuatro veces mayor que la de la periferia madrile&ntilde;a. &ldquo;Las semanas de antes se le ve&iacute;a por aqu&iacute; vacilando. No estaba bien preparado&rdquo;, cuenta Jorge, un antiguo compa&ntilde;ero suyo que ahora regenta un bar a pocos metros de la Federaci&oacute;n de Boxeo de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Los Chunguitos palmeaban aquello de &ldquo;no tienes rival, y como persona eres total. Todo el que te conoce habla bien de ti, estrecha tu mano y te dice: 'Bravo, campe&oacute;n, eres mi colega, eres el mejor&rdquo;. &ldquo;&Iacute;bamos a verle en autobuses&rdquo;, certifica &Aacute;ngel Guti&eacute;rrez, un mozo de 61 a&ntilde;os de la Galer&iacute;a Puerto Cardoso. &ldquo;Un tipo muy majete&rdquo;. &ldquo;Ten&iacute;a novia y la ven&iacute;a a recoger cuando era un don nadie. Luego pasaba con un descapotable lleno de chavalas&rdquo;, completa &Aacute;ngel Sep&uacute;lveda, 33 a&ntilde;os al mando de Talleres Olivar.
    </p><p class="article-text">
        Todo pareci&oacute; cambiar tras aquella cita. Poli D&iacute;az hab&iacute;a volado pocos d&iacute;as antes. Las televisiones hac&iacute;an sus apuestas. Jam&aacute;s hubo tanto seguimiento a un deporte que ahora est&aacute; represaliado por los medios de comunicaci&oacute;n. La gente esperaba de madrugada la retransmisi&oacute;n de un combate hist&oacute;rico. Y Poli D&iacute;az se concentr&oacute; en aquel <em>Fly like a butterfly, sting like a bee</em> que recomendaba Mohammed Ali, su rey.
    </p><p class="article-text">
        Sali&oacute; de rojo. Se movi&oacute; por la lona como una chinche mientras Whitaker ejerc&iacute;a de sat&eacute;lite en el centro del ring. Aguant&oacute; hasta el &uacute;ltimo asalto y perdi&oacute; por puntos. Con una mu&ntilde;eca y dos costillas rotas. &ldquo;Aquella hab&iacute;a sido solo una derrota, importante, pero solo una. La primera y &uacute;nica derrota de mi carrera profesional. Probablemente, estaba mal acostumbrado y ahora ten&iacute;a que digerirla y analizar los errores que comet&iacute;. Porque ese no pod&iacute;a ser el final. Solo hab&iacute;a pagado mi inexperiencia y mi mala organizaci&oacute;n&rdquo;, sopesa ahora.
    </p><p class="article-text">
        El KO t&eacute;cnico le vino despu&eacute;s. Con el bolsillo repleto de millones de pesetas, un traspi&eacute;s en el cuadril&aacute;tero y mucha parentela arrim&aacute;ndose a quien a&uacute;n pose&iacute;a el halo de las leyendas. Incluso fue la imagen de un videojuego. &ldquo;Todav&iacute;a s&eacute; que hay alguno por ah&iacute;, gente mala que, tarde o temprano, va a caer por su propio peso. Me acuerdo de todos los que me han hecho putadas o me han <em>quitao</em> dinero, incluso siendo boxeador. Yo no les voy a hacer <em>n&aacute;</em>, pero ya caer&aacute;n&rdquo;, lamenta en su libro.
    </p><p class="article-text">
        El socialismo barr&iacute;a en las urnas y hac&iacute;a creer en un milagro econ&oacute;mico. Las protestas se  perd&iacute;an en los m&aacute;rgenes de las enciclopedias. Y el boxeo volv&iacute;a a su terreno inicial: los garajes.  &ldquo;La prensa y algunos pol&iacute;ticos empezaron a meterse con el boxeo con el rollo de siempre de que si es violento, de que si hay muerte y todas esas chorradas. Y se puso de moda no informar de los combates&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Auge y ca&iacute;da del potro</h3><p class="article-text">
        Como una mala met&aacute;fora, el apodado Potro de Vallecas se despe&ntilde;&oacute; por el precipicio con el lastre de la fama. Tuvo relaciones, un hijo y alg&uacute;n que otro espect&aacute;culo donde ya se desvanec&iacute;a su imagen equina. &ldquo;La droga en Vallecas fue una lacra, como la peste. Y en el barrio empezaron a faltar h&eacute;roes y a sobrar hero&iacute;na&rdquo;, aduce. A Poli D&iacute;az le fallaron los frenos de contenci&oacute;n. Fardaba de coca con los amigos, fumaba papel de plata en confianza y se evad&iacute;a pinch&aacute;ndose. Tanto que cruz&oacute; las v&iacute;as e instal&oacute; una tienda de campa&ntilde;a donde ejerc&iacute;a, a cambio de su dosis, de guardi&aacute;n de yonquis.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; me enganch&eacute;? Pues a&uacute;n no lo s&eacute;. Me lo he preguntado muchas veces y no he encontrado una respuesta. Que se lo pregunten a otros, a ver si lo saben ellos. Si alguien quiere saber c&oacute;mo se empieza, que se vaya a un poblado de esos y haga una encuesta. Yo solo s&eacute; que la hero&iacute;na te puede, te engancha tanto que no ves m&aacute;s cosas en tu vida&rdquo;. Le rob&oacute; al futuro toneladas de goce. Junt&oacute; todos los polvos en un brote. Pero habr&iacute;a que hablar en asirio para explicar lo que sent&iacute;a, como describe Fernando Arrabal en <em>El mono</em> o <em>Enganchado al caballo</em>.
    </p><p class="article-text">
        De esa &ldquo;&eacute;poca mala&rdquo; a la que se refiere el due&ntilde;o de un videoclub del barrio, en la que &ldquo;ten&iacute;a problemas con todo el mundo&rdquo;, pas&oacute; a sufrir una de las grandes pandemias nacionales: el olvido. &ldquo;Y es que la gente ya no se acuerda, o no se quiere acordar, de todos esos combates en los que gener&eacute; tanto dinero y en los que todo el mundo estaba pendiente de m&iacute;. Aqu&iacute; cada uno va a lo suyo, y no se reconocen los m&eacute;ritos de nadie. Y si te va mal, por ah&iacute; te pudras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Apareci&oacute; en contadas ocasiones. Relacionado con reyertas de discoteca, desavenencias con sus padres, cameos en pel&iacute;culas o incluso sospechas de violencia de g&eacute;nero. &ldquo;Tuvo mala suerte, como tantos en el barrio&rdquo;, suspiran ahora dos vecinos de La Torre, un conocido edificio circular que corona una castigada zona de inmigraci&oacute;n, paro y trapicheo.
    </p><p class="article-text">
        De todo esto hace veinte a&ntilde;os. Ahora, el Potro camina con su perro sin pasar por alto un &ldquo;buenos d&iacute;as&rdquo; a quien se cruza con &eacute;l. Se ofrece para dar clases de boxeo y cuelga el tel&eacute;fono con voz cansada, tal vez esperando a que amaine este lacerante constipado para recuperar su esencia, aquella que rimaba as&iacute;: &ldquo;Soy Poli D&iacute;az, y doy hostias como tranv&iacute;as&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto García Palomo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/poli-diaz-memorias_1_5001511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Mar 2014 19:52:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Poli Díaz está constipado]]></media:title>
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