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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alexis Ravelo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alexis_ravelo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alexis Ravelo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Qué alivio lo de Bob Dylan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/alivio-bob-dylan_132_3782015.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Qu&eacute; alivio lo del Nobel de Literatura para Bob Dylan, qu&eacute; f&aacute;cil ser&aacute; todo ahora. Vale: como casi siempre te han cogido con la guardia baja. T&uacute; estabas desempolvando ese borrador de art&iacute;culo que escribiste hace ya tiempo sobre tu adorado Murakami (Haruki, al Ryu ese ya no lo lee nadie), preparando algo sobre Phillip Roth, o, a todas malas, intentando enterarte de qui&eacute;n carajo eran Ngugi Wa Thiong&rsquo;o, Ismael Kadar&eacute; o el tal Adonis, por si los de la Academia te hac&iacute;an lo de otros a&ntilde;os y te pon&iacute;an a escarbar en Wikipedia para escribir una cosa que quedara bien sin que se te notara demasiado que no los conoc&iacute;as ni de nombre antes de estar en la quiniela anual. Esta vez s&iacute; que puedes hablar libremente, escribir tu articulico, dar declaraciones al periodista de turno (ese que te tiene en su agenda para llamarte cada vez que se muere alguien de quien no ha preparado obituario), poner comentarios en las redes sociales y hasta parecer democr&aacute;tico, moderno y progresista, porque Dylan es de los que se mojaban cuando hab&iacute;a que mojarse, cuando t&uacute; a&uacute;n ibas al cole y ni siquiera sab&iacute;as que exist&iacute;a, cuando el cura progre de tu parroquia dejaba que los catequistas amenizaran la misa con aquella versi&oacute;n del <em>Blowing in the Wind</em>. Quiz&aacute; esa fue la primera vez que o&iacute;ste la melod&iacute;a, que no la letra, de una de sus canciones. &iquest;Recuerdas? Adem&aacute;s, el tipo se puso como apellido art&iacute;stico el nombre de no s&eacute; qu&eacute; poeta y as&iacute; la cosa suena m&aacute;s a poes&iacute;a. Lo cierto es que eres incapaz de recordar m&aacute;s de cinco canciones de Bob Dylan sin acudir a internet y que en tu casa es posible que no haya m&aacute;s de un disco (si hay al menos uno) de los suyos, pero, si haces memoria, conoces la mentada <em>Blowing in the Wind</em> (ha salido en muchos documentales, aunque sea un poco m&oacute;notona), <em>Knocking on Heavens Door</em> (qu&eacute; chula aquella versi&oacute;n de Guns and Roses), <em>Mr. Tambourine Man</em> (hab&iacute;a una peli en la que Michelle Pfeiffer la usaba para civilizar a unos j&oacute;venes soci&oacute;patas) y, c&oacute;mo no, <em>Like a Rolling Stone</em>, aparte de <em>The Times They Are A Changin'</em>, ideal para finalizar tu comentario o tu art&iacute;culo de opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De cualquier manera, esta vez tambi&eacute;n te han hecho una peque&ntilde;a faena, porque en estas ocasiones no basta con que digas que no te disgusta, hay que haber sentido a-do-ra-ci&oacute;n, tener al individuo como icono, haberlo seguido desde siempre. Y a ti, Dylan, rec&oacute;nocelo, ni fu ni fa y el gangoseo con el que canta pone a prueba tu ingl&eacute;s de academia Stillitron. Ya se lo pod&iacute;an haber dado a Silvio Rodr&iacute;guez, a Sabina o al Nano, que los tienes m&aacute;s fresquitos y encima cantan en cristiano. Pero, a fin de cuentas, no es lo mismo que cuando se lo dieron a Alice Munro (a quien solo hab&iacute;a le&iacute;do la madre de tu mujer en un club de lectura), a Le Cl&eacute;zio (mencionado una vez por ese amigo solter&oacute;n que siempre te encuentras en la mesa del fondo de la librer&iacute;a, donde est&aacute;n las rarezas), a Mo Yan (que te sonaba poco) o a Thomas Transtr&ouml;mer (que no te sonaba nada, porque, total, no pensabas que se lo fueran a dar a un sueco y t&uacute;, suecos, un par de novelistas de polic&iacute;aca y para de contar).
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, es bonito que puedas decir &ldquo;Bob Dylan&rdquo; y todo el mundo sepa de qui&eacute;n hablas. Cuando uno dice &ldquo;Transtr&ouml;mer&rdquo;, o &ldquo;Svetlana Aleksi&eacute;vich&rdquo; en una reuni&oacute;n social, todos lo miran como si hubiera dicho una palabrota, lo acusan con la mirada de ser un pedante insoportable. Y t&uacute; tienes que parecer culto, pero no pedante.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que ahora puedes decir &ldquo;Bob Dylan&rdquo; y a&ntilde;adir que en sus canciones hay tambi&eacute;n poes&iacute;a. Y de la buena, de la que llega a todo el mundo (ya sabes que hoy es mejor llegar a todo el mundo que llegar a cada uno, que es el camino que hasta hoy recorr&iacute;a la poes&iacute;a). S&iacute;, tras el impacto inicial, puedes escribir un art&iacute;culo valorando positivamente la cosa y caer&aacute;s muy bien en las redes, no ser&aacute;s uno de esos culturetas carcas que no est&aacute;n en el siglo. Y preguntarte por qu&eacute; no le van a dar el Nobel de Literatura a un cantautor (aunque hace poco hayas le&iacute;do que &laquo;&iquest;Por qu&eacute; no &ldquo;no&rdquo;, entonces, si el mejor razonamiento que puedes hacer es por qu&eacute; no?&raquo;), obviando el hecho de que hay poetas que tambi&eacute;n han sido cantautores (Boris Vian, sin ir m&aacute;s lejos) y cantautores que han sido pintores (Luis Eduardo Aute, por ejemplo) y hasta cantautores que han sido actores (el propio Bob Dylan), pero que si un cantautor, por el hecho de serlo, fuera ya poeta entonces no necesitar&iacute;a guitarra. Alguien podr&iacute;a decirte esto, pero, entonces, ser&iacute;a f&aacute;cil arg&uuml;ir que la poes&iacute;a es mucho m&aacute;s que escribir en verso, que la poes&iacute;a est&aacute; en todos lados, est&aacute; en el aire, en el fondo de uno mismo, en un viejo sentado en un parque y en un ni&ntilde;o jugando con un barquito de papel. Si alguien insiste, dici&eacute;ndote que los poetas son precisamente las personas que se dedican a intentar captar toda esa belleza re-cre&aacute;ndola en firmes palabras, en obras a las que la palabra le basta por s&iacute; sola para evocarla, dispones de varios recursos: hablar de la dilatada trayectoria de Dylan, de su influencia, de la ocasi&oacute;n en que se public&oacute; un libro con sus letras. Si todo esto falla, puedes terminar la pol&eacute;mica diciendo que hay que abrir la mente, acostumbrarse a los nuevos tiempos, democratizar la cultura (siempre es m&aacute;s f&aacute;cil democratizar la cultura que democratizar la sociedad), abandonar los prejuicios (obviando el hecho de que los prejuicios nos sirven para establecer categor&iacute;as entre lo que percibimos, permiti&eacute;ndonos diferenciar, por ejemplo, entre un pene y una silla, lo cual nos permite andar con menos cuidado a la hora de elegir d&oacute;nde sentarnos). Y, por supuesto, acabar diciendo que los tiempos est&aacute;n cambiando. Que nadie te quite tu final de art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;: vas a guardar el borrador sobre Murakami (Haruki). Todav&iacute;a es posible que, en una de estas, le den un Grammy.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/alivio-bob-dylan_132_3782015.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Oct 2016 10:51:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Qué alivio lo de Bob Dylan]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El libro, por un día]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dia-del-libro-alexis-ravelo_132_4036327.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El libro. Ah, el libro. Llega el 23 de abril y el libro, por una vez sale a la calle, se visibiliza, es respetado, se habla bien de &eacute;l. Hay que fomentarlo, divulgarlo, exhibirlo. Esa actividad normalmente individual, &iacute;ntima, casi secreta, de la lectura, se hace, por una vez, p&uacute;blica, colectiva. Se exponen manualidades en las que Don Quijote, Sancho y Dulcinea sustituyen en la entrada al empleado de la empresa de seguridad subcontratada en institutos, bibliotecas y museos. Informativos que de ordinario prefieren rellenar sus huecos libres con v&iacute;deos de Youtube sobre accidentes y perritos conmovedores, o con reportajes sobre el calor o el fr&iacute;o que hace, se dignan a dedicar totales de un par de minutos a Cervantes. Centros comerciales que exponen los libros mucho peor que los perfumes ponen en estos d&iacute;as mesas de saldo que sirven para vaciar su fondo de almac&eacute;n. Maestros y profesores de instituto piden a los escritores locales que den una charla sobre la importancia de la lectura a un alumnado que ni les ha le&iacute;do ni les leer&aacute;. Autoras y autores asisten a dar conferencias gratuitas a foros p&uacute;blicos gestionados por productores de eventos, intermediarios ineptos que s&iacute; cobran. Pol&iacute;ticos de todos los colores y sabores se apresuran a hacerse fotos con libreros, escolares o acad&eacute;micos en puestos callejeros o en aulas magnas, dando discursos sobre la importancia de la lectura, esa que no tienen en cuenta casi nunca al elaborar los presupuestos generales de las instituciones que gobiernan.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, est&aacute; bien que se celebre el D&iacute;a Mundial del Libro y el Derecho de Autor. T&uacute;, que lees y eres persona generosa, sabes que el libro no da la felicidad (la ignorancia es m&aacute;s &uacute;til cuando uno lo que quiere es ser feliz), pero hace a las personas m&aacute;s libres, y por eso siempre te prestas a colaborar con esas actividades de promoci&oacute;n y visibilizaci&oacute;n, a alegrarte p&uacute;blicamente de ellas, a celebrarlas. Pero t&uacute;, precisamente t&uacute;, que lees todo el a&ntilde;o, que todo el a&ntilde;o fomentas la lectura entre quienes tienes alrededor (y la actividad del fomento de la lectura es tan sutil que, simplemente, llevando en la guagua un libro y no un m&oacute;vil ya est&aacute;s contribuyendo a ella), que frecuentas las librer&iacute;as y las bibliotecas, sientes siempre que ah&iacute;, al fondo, persiste ineluctablemente un dejo de impostura, algo de ceremonia formal en torno a una faceta de la cultura que, en realidad, nos importa mucho a muy pocos y casi nada a la mayor&iacute;a. Sabes que ese pol&iacute;tico que acaba de abandonar la feria con un libro debajo del brazo no ha le&iacute;do nunca al escritor con el que se acaba de sacar la foto y jam&aacute;s ha pisado ni pisar&aacute; la librer&iacute;a cuyo stand ha visitado. Sabes que esa reportera que ha hecho el reportaje con el actor de cuarta disfrazado de Cervantes est&aacute; tan interesada en El Quijote como en la vida sexual del escarabajo pelotero.
    </p><p class="article-text">
        El libro contin&uacute;a siendo ese objeto que da gustito, que te conmueve y te desordena la conciencia, que da un codazo a la realidad para que puedas verla con m&aacute;s lucidez. Lo es, lo fue y lo ser&aacute;, a pesar del pol&iacute;tico, el reportero, el profe, el jefe de planta y el productor de eventos que solo se acuerdan de su existencia en abril, para hacerse la foto o para hacer caja, que en el fondo es lo mismo. Somos otros (autores y autoras, bibliotecarios y bibliotecarias, libreros y libreras, editores y editoras, lectores y lectoras, que solemos ser, adem&aacute;s, ser varias de estas cosas a la vez) quienes hacemos que diariamente se celebre al libro y al derecho de autor. A veces no es complicado, ni requiere presupuesto ni grandes esfuerzos: cuando le regalamos a alguien una novela o un libro de poemas, cuando preferimos ir a nuestra librer&iacute;a de confianza en lugar de a una p&aacute;gina de descarga gratuita en Internet, cuando nos encontramos en una esquina y hablamos sobre lo &uacute;ltimo que hemos le&iacute;do, ya estamos haciendo m&aacute;s de lo que hacen muchos. Los dem&aacute;s, aparecen una vez al a&ntilde;o (durante un d&iacute;a, una semana, un mes, lo que dure el programa de actos) para quedar bien o llenarse el bolsillo. Y nosotros, t&uacute; y yo, callamos y fingimos ser felices as&iacute;: para un d&iacute;a al a&ntilde;o en el que parece que el libro le importa a todo el mundo, tampoco vamos a aguar la fiesta. Pero, cuando nos cruzamos en esos actos, esas charlas, esas ferias, nos sabemos miembros de una misma secta, comandos de la misma guerrilla, esa que sabe que un libro es una trinchera, una barricada, una atalaya de francotiradores refractarios a la impostura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dia-del-libro-alexis-ravelo_132_4036327.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Apr 2016 10:57:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El libro, por un día]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Día del Libro,Alexis Ravelo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El experto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/experto_132_2342590.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El experto es un librepensador, opina con independencia. Curioso es, por tanto, que su criterio coincida con tanta frecuencia con los intereses de los pol&iacute;ticamente poderosos y de las empresas, m&aacute;s poderosas aun, del IBEX 35. O, m&aacute;s bien, de sus filiales locales, porque, sabido es, el experto es siempre de provincias. Le hubiera encantado ser un experto de capital del reino, pero all&aacute; triunfaron siempre otros, m&aacute;s cualificados o con mejores contactos. A estos, el experto los sigue con respeto y algo de envidia cuando escriben sus editoriales (mucho m&aacute;s influyentes que la columna de opini&oacute;n que &eacute;l mantiene en el peri&oacute;dico de su ciudad) o dan gritos en los debates de los medios generalistas (incomparablemente m&aacute;s espectaculares que esas tertulias de radio local a las que &eacute;l acude sin cobrar).
    </p><p class="article-text">
        El experto est&aacute; formado e informado, por supuesto. &Eacute;l mismo fue rojo un d&iacute;a muy lejano, cuando era m&aacute;s joven y rom&aacute;ntico. Aunque quiz&aacute; no fue rojo del todo. Quiz&aacute; morado o ros&aacute;ceo. En todo caso, ley&oacute; a Marx. Tres o cuatro p&aacute;ginas. Pero al final, Fukuyama tiene los pies m&aacute;s en la tierra, es m&aacute;s realista, no tiene nada que ver. Y los trajes de buen corte son mejores que los pantalones vaqueros, que oprimen y recalientan las g&oacute;nadas (el experto es casi siempre hombre, vaya usted a saber por qu&eacute;). Tiene siempre una ristra interminable de estad&iacute;sticas, de c&aacute;lculos del PIB, de &iacute;ndices de afiliados a la seguridad social. Siempre son grandes cifras que se refieren a grandes hechos, tomados de forma global. No le interesa saber cu&aacute;nto empleo precario, cu&aacute;ntos hogares con la nevera vac&iacute;a, cu&aacute;ntas humillaciones han de sufrir algunas personas (siempre minor&iacute;as, siempre excepciones a la regla) para llegar a fin de mes. No le interesa, salvo cuando, claro est&aacute;, ni sus propios datos consiguen ocultarlo. Entonces suele haber una explicaci&oacute;n en la conducta previa de las propias v&iacute;ctimas, o una explicaci&oacute;n global que suele remitir, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, a una coyuntura, una situaci&oacute;n o un contexto econ&oacute;micos que hacen las veces de mano de Dios en su mundo de macrocifras cuyas fuentes jam&aacute;s est&aacute;n acreditadas.
    </p><p class="article-text">
        El experto sali&oacute; de una facultad de Derecho, de Econ&oacute;micas o de Empresariales. En alg&uacute;n caso, de la de Ciencias de la Informaci&oacute;n. Pero, aunque no fuera as&iacute;, su vocaci&oacute;n verdadera es la Comunicaci&oacute;n, as&iacute;, con may&uacute;sculas. Por eso no cesa de comunicarse y de comunicarnos cu&aacute;l es su idea de c&oacute;mo es el mundo o, al menos, de c&oacute;mo no debe ser y, vaya por adelantado, el mundo nunca debe ser como lo ve la gente que no ha ido a las facultades a las que &eacute;l fue ni conoce a la gente que &eacute;l conoce.
    </p><p class="article-text">
        El experto es un h&aacute;bil polemista. Pero prefiere dejar su arsenal dial&eacute;ctico para debates de altura y se limita a desarmar a sus adversarios con una sorprendente combinaci&oacute;n de argumentos ad hominem, ad novitatem y ad verecundiam, dependiendo de la materia de la que se trate. Por supuesto, nunca duda. Que duden los dem&aacute;s. &Eacute;l lo sabe todo. Si no lo entendemos ser&aacute; porque hemos sido presa de la vieja propaganda ideol&oacute;gica izquierdista. O porque somos tontos, directamente.
    </p><p class="article-text">
        El experto nunca es de derechas. Siempre es de centro, moderado, de centro liberal, entendiendo que el adjetivo proviene de &ldquo;liberalismo&rdquo; y no de &ldquo;libertarismo&rdquo;, que tampoco hay que confundir las cosas, porque &eacute;l cree en la libertad, pero no en el libertinaje. En el reformismo, pero no en los cambios porque s&iacute;. En la libertad religiosa, pero opina que es de rojos rancios creer que es el laicismo p&uacute;blico el que la garantiza: en un mundo moderno, deber&iacute;a aceptarse con absoluta normalidad que hubiera crucifijos en los centros de ense&ntilde;anza. En los derechos de las minor&iacute;as, siempre que esas minor&iacute;as sean influyentes. Y en el rey. Siempre cree en el rey. Siempre es mejor un rey que un presidente de la rep&uacute;blica. Porque, en el fondo, siempre es mejor lo heredado que lo elegido por la gente. El experto cree que la gente es est&uacute;pida y no hay que dejarla elegir. Es su convicci&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima. Eso vaya por delante, aunque &eacute;l lo negar&aacute; siempre. Y si, por descuido, llegamos a adivinarlo, siempre tiene a mano una cita suelta de Plat&oacute;n, de Voltaire o de Ortega para apoyar su postura.
    </p><p class="article-text">
        El experto opina siempre que los experimentos, mejor con gaseosa; que ya est&aacute; el mundo lo suficientemente mal como para querer cambiarlo; que es una cuesti&oacute;n de responsabilidad personal y p&uacute;blica mantener nuestra democracia tal y como est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        El experto, eso s&iacute;, es moderno y usa las redes sociales. Ha sabido adaptar su lenguaje a los nuevos tiempos. No solo ha aprendido ingl&eacute;s, sino que ha sabido incorporar a su l&eacute;xico los t&eacute;rminos del correctismo para que no se noten su etnocentrismo, su amor al viejo orden, su defensa de los privilegiados, su machismo y su homofobia. Su miedo al otro, en suma, ese pavor que le produce quien es diferente a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        El experto cree en la legalidad. La invoca siempre. Cualquier iniciativa, cualquier medida, cualquier forma de adelanto social ha de estar de acuerdo con las leyes, que son inviolables, intocables, irreformables. Cosa que le viene muy bien, porque en una selva de leyes es muy f&aacute;cil ocultar la injusticia. Cuando se le dice que la sociedad siempre avanza dos pasos por delante de las leyes, que son estas quienes deben adaptarse a ella, y no al contrario, el experto se enerva siempre un poco (solo un poquito) y vaticina el caos.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, el experto es muy cr&iacute;tico con los pol&iacute;ticos. Sobre todo con aquellos que le negaron la posibilidad de hacer negocio con lo p&uacute;blico y con los que no han favorecido a las empresas a las que est&aacute; vinculado, laboral o familiarmente. Hay algo que no he dicho sobre el experto: siempre tiene alg&uacute;n negocio en la manga. Acompa&ntilde;ado o en solitario, siempre opta a alg&uacute;n concurso, a alguna concesi&oacute;n, a un plan de comunicaci&oacute;n y eso solo lo saben quienes leen la letra peque&ntilde;a de los boletines oficiales y los otros expertos (los expertos son legi&oacute;n), quienes jam&aacute;s lo dir&aacute;n en p&uacute;blico, pues el expertismo   goza un oculto corporativismo a prueba de bomba hasta que llega el d&iacute;a en que alguno de ellos es imputado de rebote junto al pol&iacute;tico imputado de turno. Entonces, los expertos lo devoran, porque, para garantizar su supervivencia, las jaur&iacute;as han de cebarse indefectiblemente con sus elementos m&aacute;s d&eacute;biles.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/experto_132_2342590.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Nov 2015 12:20:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El experto]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fútbol es así]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/futbol-asi-alexis-ravelo_132_4485136.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Los he visto insultarse, escupirse, amenazarse, mentarse a la madre, mostrarse los genitales en actitud de gallito</p><p class="subtitle">A sus jefes, esos del traje y el puro y los negocios sospechosos, los he oído hablar de defensa de colores, de queridas aficiones</p><p class="subtitle">Y siguen así, con su juego de tronos, día a día, generando agresividad, violencia y comportamientos innobles en su mundo de machos alfa. Hasta que alguien muere</p></div><p class="article-text">
        Los he visto insultarse, escupirse, amenazarse, mentarse a la madre, mostrarse los genitales en actitud de gallito. Los he visto darse patadas, cabezazos, codazos, pu&ntilde;etazos, cachetadas. Alguna vez, como animales, hasta se han mordido entre s&iacute;. Los he visto presumir de poder facturar millones sin haber estudiado, mostrar con arrogancia su autom&oacute;vil deportivo o las mujeres &mdash;para ellos,solo hembras&mdash; de belleza igualmente perecedera que la suya a quienes portan del brazo como si fuesen trofeos, y no avergonzarse de gastar m&aacute;s en videojuegos que en libros mientras su &eacute;xito comienza a extinguirse al mismo ritmo que su juventud,  a la vez que firman aut&oacute;grafos a ni&ntilde;os para quienes son &iacute;dolos y que lo ven todo. Todo.
    </p><p class="article-text">
        A sus jefes, esos del traje y el puro y los negocios sospechosos, los he o&iacute;do hablar de defensa de colores, de queridas aficiones &mdash;que es como ellos se refieren a quienes proporcionan a sus empresas defraudadoras muchas de sus plusval&iacute;as, en un acto idiota de ingenua defensa de un clan para el que &uacute;nicamente son basura&mdash;, de citas con sus semejantes &mdash;ellos los llaman rivales&mdash; que son siempre victorias potencialmente decisivas, important&iacute;simas, imprescindibles.
    </p><p class="article-text">
        Y a sus voceros, los supuestos informadores que hacen posible toda esta perversi&oacute;n, les he visto y o&iacute;do disculpar todas esas y otras mezquindades, al mismo tiempo que fabrican el partido del siglo de esa semana para poder dar una importancia que no tienen a cuestiones f&uacute;tiles en un pa&iacute;s que se desmorona y teniendo acto seguido el cuajo de ponderar la supuesta nobleza de eso a lo que ellos llaman deporte y que ya no es m&aacute;s que una carcasa de iniquidades que envuelve lo que un d&iacute;a fue un juego interesante y un bello esfuerzo f&iacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        Y siguen as&iacute;, con su juego de tronos, d&iacute;a a d&iacute;a, generando agresividad, violencia y comportamientos innobles en su mundo de machos alfa y contratos multimillonarios que aumentan la miseria de quien es tan pobre que solo tiene dinero.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que alguien muere.
    </p><p class="article-text">
        Entonces se apresuran a declarar que la violencia no tiene nada que ver con lo que hacen, que esos que se matan entre ellos son completamente ajenos a su actividad, que suspender&aacute;n o no partidos, y har&aacute;n o no homenajes, y guardar&aacute;n o no minutos de silencio.
    </p><p class="article-text">
        Y t&uacute; les creer&aacute;s. Lo terrible es que t&uacute; les creer&aacute;s y har&aacute;s caso como a un or&aacute;culo a los voceros que te hablan del emocionante silencio de las multitudes durante esos minutos, del rendido homenaje de las nobles aficiones, de partidos que deb&iacute;an de haberse suspendido mientras sesenta energ&uacute;menos se curan de heridas causadas por la estulticia. Y luego, cuando el tiempo borre esa muerte de la memoria de todos, volver&aacute;s a sentir tus colores, a dar importancia a un mont&oacute;n de sandeces, a comprar a tu hijo el equipaje oficial de tu equipo para que contin&uacute;e admirando a esos tipos que se insultan, se escupen, se amenazan, se mientan a la madre.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que vuelva a morir alguien.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/futbol-asi-alexis-ravelo_132_4485136.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Dec 2014 12:16:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El fútbol es así]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una novela perversa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/novela-perversa_132_4638228.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Idyll</p><p class="subtitle">, Quiroga da otra vuelta de tuerca, cabalgando entre la ciencia ficción, la distopía, el</p><p class="subtitle">thriller</p></div><p class="article-text">
        La balear editorial Dolmen edita <em>Idyll</em>, la nueva novela de Elio Quiroga, director de <em>Fotos</em>, <em>Nodo</em> y <em>La hora fr&iacute;a</em> y autor de varios otros libros, entre los que yo destacar&iacute;a <em><strong>El despertar</strong></em>, divertid&iacute;sima novela sobre zombis, cargada de humor negro, iron&iacute;a y &aacute;cida cr&iacute;tica a la sociedad actual, publica.
    </p><p class="article-text">
        Con <em>Idyll</em>, Quiroga da otra vuelta de tuerca, cabalgando entre la ciencia ficci&oacute;n, la distop&iacute;a, el <em>thriller</em> y el <em>gore</em>. No escribir&eacute; ni una sola palabra sobre el argumento de esta novela, porque no deseo destripar a nadie su lectura. Pero necesito expresar (y acaso sea este el sitio adecuado), algunas impresiones sobre ella. Desmedido, sin respetar absolutamente ninguno de los &iacute;tems del correctismo, Quiroga se ha permitido construir una historia de suspense (ambientada por motivos argumentales en Estados Unidos) que comienza de un modo enga&ntilde;osamente convencional y, poco a poco, sumerge al lector en los s&oacute;tanos de la pesadilla. Violando las convenciones de los g&eacute;neros populares juveniles actuales (aqu&iacute; las estudiantes son toxic&oacute;manas y sexualmente activas, y si intentas atarlas con un candado te dar&aacute;n con &eacute;l en los morros), lleva hasta las &uacute;ltimas consecuencias la din&aacute;mica de interacciones de sus personajes, as&iacute; como las premisas narrativas de las que parte. Cruel, incompasivo, desenreda a lo largo de sus 428 p&aacute;ginas un desfile de iniquidad, una kerm&eacute;s de la perversi&oacute;n que nos obliga a mirarnos a nosotros mismos (como individuos y como sociedad) en el espejo de la anormalidad. Porque la literatura, aunque sea amena, no puede ser &uacute;nicamente divertimento, <em>Idyll</em>, como los <em><strong>Cantos de Maldoror</strong></em>, los cuentos de <strong>Ambrosse W. Bierce</strong> o algunas novelas de los contempor&aacute;neos <strong>Chuck Palahniuk</strong> o <strong>Bret Easton Ellis</strong>, hace surgir la lucidez de lo desagradable, del horror m&aacute;s carnal y la escatolog&iacute;a m&aacute;s tormentosa, y hace que aquella se despliegue como una luz sobre el mundo, mostr&aacute;ndonos lo que hay bajo lo que nos cuentan la ideolog&iacute;a y los tertulianos partidarios del darwinismo social travestidos de pragm&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Idyll</em> se lee con avidez; se disfruta con sonrisas, empat&iacute;as y sobresaltos; se goza en los gui&ntilde;os a la cultura Pop, sobre todo si uno es de esos que entienden los gags de <em>The</em> <em>Big Bang Theory</em>. Incluso se aprecia su af&aacute;n interdisciplinar (digresiones sobre Qu&iacute;mica, Astronom&iacute;a, nuevas tecnolog&iacute;as y Psiquiatr&iacute;a, entre otras muchas materias, salpican la novela). Pero, necesario es advertirlo, no solamente no es apta para menores de 18 a&ntilde;os (como advierte la editorial en su cubierta), sino que tampoco lo es para el lector burgu&eacute;s, para lectores c&oacute;modos que deseen salir del libro tal y como estaban antes de entrar en &eacute;l. Esos har&aacute;n mejor en buscar otro tipo de lecturas, de las que proporcionan &uacute;nica y exclusivamente evasi&oacute;n, mientras fuera, tras la ventana, el mundo arde.
    </p><p class="article-text">
        Los otros, los que tienen lo que hay que tener, la apreciar&aacute;n en lo que vale.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/novela-perversa_132_4638228.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Sep 2014 14:56:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una novela perversa]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El año en que quise ser B. Traven o cómo nació M. A. West]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ano-quise-traven-nacio-west_132_4678196.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En la actualidad, si te dedicas al ámbito  creativo, resulta muy difícil  divulgar tu trabajo sin divulgar,  también, un poco de ti mismo, de tu  propia identidad</p></div><p class="article-text">
        <a href="http://alexisravelo.wordpress.com/2014/09/01/el-ano-en-que-quise-ser-b-traven-o-como-nacio-m-a-west/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Esto es una confesi&oacute;n</a>. Y una explicaci&oacute;n.  Pero uno nunca puede explicar r&aacute;pidamente por qu&eacute; hace ciertas cosas.  Para hacerlo de forma eficaz, debe escarbar en la memoria y el pasado.  Por eso, quiz&aacute;, habr&aacute; que empezar por el principio.
    </p><p class="article-text">
        Hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, un buen amigo y  yo entrevistamos para una revista literaria a una escritora mexicana de  origen liban&eacute;s. Cuando se habl&oacute; de las etiquetas a las que estrategias  promocionales y casillas acad&eacute;micas condenan a los autores, nos dijo:  &ldquo;La etiqueta &lsquo;mexicana&rsquo;, la etiqueta &lsquo;mujer&rsquo;, la etiqueta &lsquo;joven&rsquo;&hellip; Me  cansa todo eso, yo querr&iacute;a ser B. Traven&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por si no lo recuerdan,<a href="http://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/traven.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> B. Traven</a> fue uno de los tantos seud&oacute;nimos de un escritor alem&aacute;n que firm&oacute; novelas inolvidables, como <em><strong>El barco de la muerte</strong></em> o <em><strong>El tesoro de Sierra Madre</strong></em><em>. </em>En  su &eacute;poca no se sab&iacute;a qui&eacute;n era. El lector se enfrentaba directamente a  sus textos, que son lo que realmente importa cuando se habla de  literatura. Desconozco exactamente los motivos por los que B. Traven se  ocultaba: se ha hablado de timidez, de un pasado anarquista, aunque yo  siempre he preferido la explicaci&oacute;n de que Bruno Traven cre&iacute;a que sus  libros deb&iacute;an hablar por s&iacute; solos.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s claros est&aacute;n los motivos por los que  otros autores, en su oportunidad, tambi&eacute;n se ocultaron: desde la  puramente econ&oacute;mica (la posibilidad de vender m&aacute;s t&iacute;tulos a una misma  editorial o publicaci&oacute;n peri&oacute;dica) hasta la pol&iacute;tica. En algunas  ocasiones, el motivo ha sido la pura diversi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La escritura, para m&iacute;, es tambi&eacute;n juego.  Quiero decir: la vertiente l&uacute;dica de la actividad creativa se me antoja  imprescindible, pues es la que termina abarcando asuntos mucho m&aacute;s  serios, entre ellos, el de la identidad.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, si te dedicas al &aacute;mbito  creativo, resulta muy dif&iacute;cil divulgar tu trabajo sin divulgar,  tambi&eacute;n, un poco de ti mismo, de tu propia identidad. Ese aspecto  siempre me ha preocupado, porque uno desea crear cosas que duren en el  tiempo y los seres humanos caducan, como lo hacen los carn&eacute;s de  identidad. Por ello he reflexionado frecuentemente sobre lo que nos  cont&oacute; aquella escritora y, movido por esa reflexi&oacute;n, en 2012 (un a&ntilde;o en  el que mi nevera estaba muy vac&iacute;a pero mi coraz&oacute;n muy lleno) <strong>decid&iacute; ser B. Traven</strong>.
    </p><p class="article-text">
        En parte juego, en parte experimento, en  parte (gran parte) apuesta conmigo mismo, a principios de ese a&ntilde;o decid&iacute;  emplear algo del mucho tiempo libre que ten&iacute;a en plantearme a m&iacute; mismo  un reto en forma de ejercicio de estilo: <strong>lograr escribir una novela negra cl&aacute;sica al modo de los autores norteamericanos de los a&ntilde;os cincuenta</strong>. Esto no es nada nuevo. Lo hab&iacute;an hecho <strong>Boris Vian</strong>, <strong>Georges Simenon</strong> o <strong>Gonz&aacute;lez Ledesma</strong>.  Pero ya se sabe: todo est&aacute; escrito salvo lo que te toca escribir a ti  mismo. Y este era un pecado que deseaba cometer. Por supuesto, no  bastar&iacute;a con que yo quedara contento con el resultado: <strong>la novela  tendr&iacute;a que acabar siendo publicada y los lectores habr&iacute;an de leerla  sin notar que hab&iacute;a sido escrita en la parte m&aacute;s africana de Espa&ntilde;a por  un autor que no hab&iacute;a pisado EEUU en su vida</strong>.
    </p><p class="article-text">
        No hubo mala intenci&oacute;n. Simplemente,  quise retarme a m&iacute; mismo, obligarme a hacer algo distinto mudando de  estilo y de razones, como quer&iacute;a Lope de Vega.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, <strong>escrib&iacute; una novela pulp fingiendo que se trataba de una de las novelas escritas por un autor olvidado</strong><em>pulp</em> que hab&iacute;a sido traducido por Thal&iacute;a Rodr&iacute;guez Ferrer (que prest&oacute; amablemente su nombre para esta peque&ntilde;a <em>boutade</em>) y por m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pronto descubr&iacute; que no bastaba con  escribir la novela: hab&iacute;a que crear una bibliograf&iacute;a esencial, unos  cuantos hitos biogr&aacute;ficos que sirvieran para perfilar una sombra, una  editorial inicial y ef&iacute;mera. Acab&eacute;, incluso, escribiendo un pr&oacute;logo en  el que se mencionaban algunos cr&iacute;ticos norteamericanos que se hab&iacute;an  ocupado de ella. El pr&oacute;logo, claro est&aacute;, forma parte de la novela en  otro plano de la ficci&oacute;n, pero supuso, para m&iacute;, un problema: me vi a m&iacute;  mismo escribiendo imp&uacute;dicos elogios sobre mi propio trabajo,  amplificando los que ya hab&iacute;a incluido en <a href="http://alexisravelo.wordpress.com/2013/01/10/olvidado-m-a-west/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una entrada de blog que deb&iacute;a servir de gancho</a>.
    </p><p class="article-text">
        Pero el verdadero experimento, el verdadero reto, comenz&oacute; en mayo de 2013, cuando <strong>Navona Editorial</strong> public&oacute; <strong>El viento y la sangre, de Martin Aloysius West</strong><em>El viento y la sangre</em>, como el n&uacute;mero 2 de su colecci&oacute;n dedicada al g&eacute;nero, despu&eacute;s de <em><strong>Seis enigmas para Sherlock Holmes</strong></em> e inmediatamente antes de la magistral <strong>La promesa, de Friedrich D&uuml;rrenmatt</strong><em>La promesa</em>.  Muy pocas personas estaban en el secreto. Por supuesto, mis editores,  un par de amigos y mis libreros de referencia. El prop&oacute;sito no era  econ&oacute;mico: era est&eacute;tico, l&uacute;dico, acaso sociol&oacute;gico. La publicaci&oacute;n de <em>El viento y la sangre</em> fue, en fin, como una de esas botellas que uno lanza al mar del  intertexto, sin muchas esperanzas de que llegara a ning&uacute;n sitio. Las  caracter&iacute;sticas del juego exig&iacute;an, adem&aacute;s, que no se hicieran campa&ntilde;as  de promoci&oacute;n. Sin embargo, sorprendentemente, la novela gust&oacute;, gan&oacute;  lectores y mereci&oacute; el inter&eacute;s de algunos <a href="http://www.granadablogs.com/pateandoelmundo/el-viento-y-la-sangre/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cr&iacute;ticos</a> y <a href="http://lecturaylocura.com/el-viento-en-la-sangre/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">blogueros</a> a <a href="http://www.elescobillon.com/2013/05/el-viento-y-la-sangre-una-novela-de-m-a-west/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">quienes admiro</a>, y hasta el de alguna que otra revista.
    </p><p class="article-text">
        Con placer, debo decir que muy pocos se  dieron cuenta de que se trataba de una falsa traducci&oacute;n y que, al  entender los par&aacute;metros del proyecto, <a href="http://leersinprisa.blogspot.com.es/2013/10/el-viento-y-la-sangre-de-mawest.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la mayor parte de ellos</a> se convirti&oacute; en <a href="http://gastronomianegraycriminal.wordpress.com/2013/05/27/una-de-polis-y-ladrones-sin-polis-pero-con-camarera-el-viento-y-la-sangre-de-m-a-west/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">amable c&oacute;mplice</a>.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando empieza septiembre, tras  consultarlo con las personas directamente implicadas, he decidido que ya  es hora de salir del armario: <em>El viento y la sangre</em> y su protagonista, Rudy Bambridge, nacieron en Canarias, en 2012. <strong>M. A. West no existe</strong>.  Fue la m&aacute;scara que necesit&oacute; ponerse un escritor llamado Alexis Ravelo  para demostrarse a s&iacute; mismo que no era un escritor canario, espa&ntilde;ol o  calvo, sino, sencillamente, un artesano, un escribidor.
    </p><p class="article-text">
        Desde aqu&iacute; deseo dar las gracias a todos  aquellos que contribuyeron a ello y a quienes se dieron cuenta y  callaron. Y disculparme con las personas que leyeron <em>El viento y la sangre </em>creyendo  en la existencia de West, con quienes lo recomendaron a sus amigos y  pidieron m&aacute;s. La intenci&oacute;n, repito, no era mala y el da&ntilde;o, creo, habr&aacute;  sido leve, ef&iacute;mero como lo es todo carn&eacute; de identidad. En todo caso, les  ruego que piensen que formaron parte de una buena obra: la apuesta de  un autor que deseaba que, al menos uno de sus textos, se explicara por  s&iacute; solo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ano-quise-traven-nacio-west_132_4678196.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Sep 2014 12:16:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El año en que quise ser B. Traven o cómo nació M. A. West]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El otro lado de la línea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lado-linea_132_4836957.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cualquiera que entienda la definición de diccionario del término  "democracia", sabe que un referéndum es la más democrática de las formas  de abordar cualquier asunto crucial para la convivencia</p><p class="subtitle">En 1978 yo tenía siete años y, por tanto, no voté. Pero me consta que no había alternativa</p><p class="subtitle">Hemos tenido 36 años para estudiar, para hacer los deberes, erradicar nuestro analfabetismo y aprender inglés</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as uno no ha dejado de escuchar argumentos pintorescos para justificar la imposici&oacute;n de la continuidad en el trono de la dinast&iacute;a borb&oacute;nica. De entre ellos, hay uno (escuchado tanto de boca de pol&iacute;ticos como de tertulianos profesionales) que me resulta particularmente irritante. <a href="http://alexisravelo.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Podr&iacute;a enunciarse as&iacute;:</a> como la Constituci&oacute;n, emanada del pueblo, dicta que<a href="http://www.publico.es/estaticos/htmls/proyecto-de-ley-organica-de-abdicacion.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> la sucesi&oacute;n en el trono se decidir&aacute; por Ley Org&aacute;nica</a>, votada en el Parlamento por <a href="http://www.eldiario.es/politica/PP-PSOE-Mesa_del_Congreso-Ley_Organica_abdicacion_0_267374028.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">partidos votados por el pueblo</a>, todo aquel que cuestione la sucesi&oacute;n por medio de este procedimiento, es enemigo de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Esta idea es, cuando menos, parad&oacute;jica, pues quienes cuestionan ese procedimiento proponen en su mayor&iacute;a, como alternativa, la celebraci&oacute;n de un refer&eacute;ndum en el que los gobernados expresen directa y claramente, si est&aacute;n de acuerdo con ese sistema. Pero cualquiera que entienda la definici&oacute;n de diccionario del t&eacute;rmino <a href="http://lema.rae.es/drae/srv/search?key=democracia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;democracia&rdquo;</a>, sabe que un refer&eacute;ndum es la m&aacute;s democr&aacute;tica de las formas de abordar cualquier asunto crucial para la convivencia. Por consiguiente, quienes defienden que la imposici&oacute;n de la sucesi&oacute;n por una Ley Org&aacute;nica redactada a toda carrera definen como antidemocr&aacute;ticos a quienes proponen que el asunto se dirima mediante un procedimiento que cualquier persona con sentido com&uacute;n denominar&iacute;a much&iacute;simo m&aacute;s democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Este sistema que pretende ahora prolongarse en el tiempo surgi&oacute; en un momento cr&iacute;tico para Espa&ntilde;a, durante el cual tanto quienes proced&iacute;an del Franquismo como quienes lo hab&iacute;an sufrido decidieron ceder en sus objetivos para llegar a un acuerdo de m&iacute;nimos que permitiera la paz. Probablemente eligieron la injusticia al desorden; es comprensible, eran momentos delicados.
    </p><p class="article-text">
        En 1978 yo ten&iacute;a siete a&ntilde;os y, por tanto, no vot&eacute;. Pero me consta que no hab&iacute;a alternativa: o se votaba a favor de aquella Constituci&oacute;n, en la que hab&iacute;a cosas mejores que las que hab&iacute;a habido durante mucho tiempo, o se era partidario de m&aacute;s de lo mismo. O incluso del caos. Y aquella Constituci&oacute;n, la &uacute;nica posible si se quer&iacute;a democracia, llevaba incluido un rey, nieto de aquel que se hab&iacute;a ido de Espa&ntilde;a antes de la rep&uacute;blica truncada en 1936 por un golpe de Estado que, a su vez, dio pie a una guerra y sumi&oacute; al pa&iacute;s en una dictadura oligarco&ndash;personalista que, como un &eacute;xodo b&iacute;blico, durar&iacute;a cuarenta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero esa Espa&ntilde;a de ahora no es la Espa&ntilde;a de 1978. Hemos tenido 36 a&ntilde;os para estudiar, para hacer los deberes, erradicar nuestro analfabetismo y aprender ingl&eacute;s. Incluso alem&aacute;n, en los &uacute;ltimos tiempos. Y, por otro lado, hemos podido ver qu&eacute; tal nos va en el Siglo XXI con aquel acuerdo de m&iacute;nimos que se pact&oacute; en el XX, el cual sirvi&oacute; bien a aquellos prop&oacute;sitos pero que quiz&aacute; ya se ha agotado.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, tras la abdicaci&oacute;n de Juan Carlos I de Borb&oacute;n, ha llegado el momento de retratarse, de demostrar si uno es un dem&oacute;crata o no. Ya no valen ficciones, ya no vale el <em>argumentum ad antiquitatem</em>, ya no vale hablar de responsabilidades que, en el fondo, no son m&aacute;s que obligaciones debidas al IBEX 35. Hay que situarse en las filas de quienes, partidarios o no de la monarqu&iacute;a, quieren que se consulte al pueblo o en las filas contrarias, en aquellas que no quieren que el pueblo tenga la oportunidad de pronunciarse.
    </p><p class="article-text">
        No hay medias tintas. No puede uno quedarse en medio. En la vida hay momentos en los que hay que retratarse. Por eso, entre otras, me resulta particularmente llamativa la postura adoptada por la c&uacute;pula del Partido Socialista Obrero Espa&ntilde;ol. Aquellos que en el Congreso de Suresnes (1974) hablaban de la necesidad de una rep&uacute;blica federalista para Espa&ntilde;a bien pod&iacute;an arg&uuml;ir en 1978 (y hasta en 2000) que hab&iacute;a que aplazar ese proyecto debido a la coyuntura y acaso ten&iacute;an raz&oacute;n. Espa&ntilde;a era un pa&iacute;s que ven&iacute;a del atraso, de un agujero de cuarenta a&ntilde;os en el tiempo democr&aacute;tico. Se puede entender que ciertos proyectos se dejaran pendientes, que se intentara trabajar con los pies puestos en el suelo, que hubiera que hacer eso que los tertulianos llaman<em> Realpolitik</em>. Pero ahora, cuando llega la hora de demostrar que cre&iacute;an realmente en sus objetivos, han elaborado un argumentario en el que los dirigentes hablan de las <a href="http://www.icndiario.com/2014/06/04/rubalcaba-afirma-que-el-psoe-de-hondas-raices-republicanas-no-rompera-el-consenso/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;hondas ra&iacute;ces republicanas&rdquo;</a> del partido mientras rechazan la posibilidad de consultar a la ciudadan&iacute;a sobre esa rep&uacute;blica. Un problema de ra&iacute;ces y puntas, o de brotes verdes, o de ra&iacute;ces podridas, supongo.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que hoy se ha trazado en este pa&iacute;s una l&iacute;nea imaginaria, pero trazada de forma muy precisa, que lo cruza longitudinalmente. Y esa l&iacute;nea no separa, como podr&iacute;a suponerse, a mon&aacute;rquicos de republicanos. Esa l&iacute;nea separa a quienes est&aacute;n de acuerdo en que los gobernados decidan de quienes se niegan a darles la posibilidad de elegir; esto es: esa l&iacute;nea separa a los dem&oacute;cratas de quienes no lo son.
    </p><p class="article-text">
        Yo me considero partidario de la democracia. Creo que el poder debe estar influenciado por la ciudadan&iacute;a, que esta debe tomar parte en aquellos acuerdos importantes para la convivencia. Una convivencia cuyas normas deben tender a la igualdad de derechos, a la garant&iacute;a de las libertades.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tambi&eacute;n soy partidario de un gobierno republicano. Conozco a otros dem&oacute;cratas (algunos de ellos buenos amigos), que prefieren una monarqu&iacute;a parlamentaria. Pero ni ellos ni yo (precisamente porque somos dem&oacute;cratas) estamos de acuerdo con que se niegue a los ciudadanos la posibilidad de elegir. Ellos, adem&aacute;s, est&aacute;n seguros (y probablemente no sin raz&oacute;n) de que un refer&eacute;ndum resultar&iacute;a actualmente favorable a la monarqu&iacute;a. No obstante, vistos los aciertos meteorol&oacute;gicos de las encuestas y los sondeos, no hay manera de comprobarlo si no es mediante un refer&eacute;ndum.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, la l&iacute;nea: dem&oacute;cratas a un lado; no dem&oacute;cratas al otro.
    </p><p class="article-text">
        No sirven legalismos, no sirven discursos acerca de responsabilidades. Es as&iacute; de sencillo. Y lo es porque, claramente, en democracia, el fin no justifica los medios; en democracia, los medios condicionan el fin. Si se celebra ese refer&eacute;ndum, podr&eacute; decir que contin&uacute;o, pese a todo, viviendo en una democracia; si no se celebra, entender&eacute;, de una vez por todas, que vivo en una oligarqu&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lado-linea_132_4836957.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Jun 2014 13:00:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El otro lado de la línea]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contar el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/contar-mundo_132_4916583.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando yo era adolescente, todos leían a García Márquez. Le habían   concedido el Premio Nobel hacía pocos años y su fama, antes grande, se   había convertido en universal, así que todo el mundo tenía en su casa un   ejemplar de</p><p class="subtitle">Cien años de soledad</p><p class="subtitle">Crónica de una muerte anunciada</p><p class="subtitle">La mala hora</p><p class="subtitle">Relato de un náufrago</p><p class="subtitle">, había aprendido a decir Aracataca y cantaba</p><p class="subtitle">Ojos de perro azul</p></div><p class="article-text">
        <strong>Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez</strong> muri&oacute; en Jueves Santo. Aunque se  tem&iacute;a desde hac&iacute;a d&iacute;as, la noticia nos sorprendi&oacute; a mi pareja y a m&iacute; en  un hotel rural, apartados del mundo y del ordenador. Fue una amiga  quien nos telefone&oacute; para darnos la noticia. Hoy es domingo y la noticia  ya no es noticia. Por eso, quiz&aacute;, sea un buen d&iacute;a para reflexionar y  escribir sobre Garc&iacute;a M&aacute;rquez.
    </p><p class="article-text">
        Cuando yo era adolescente, todos le&iacute;an a Garc&iacute;a M&aacute;rquez. Le hab&iacute;an  concedido el Premio Nobel hac&iacute;a pocos a&ntilde;os y su fama, antes grande, se  hab&iacute;a convertido en universal, as&iacute; que todo el mundo ten&iacute;a en su casa un  ejemplar de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, de <em>Cr&oacute;nica de una muerte anunciada</em>, de <em>La mala hora</em> o <em>Relato de un n&aacute;ufrago</em>, hab&iacute;a aprendido a decir Aracataca y cantaba <em>Ojos de perro azul</em>. Y quiz&aacute; por eso, porque todo el mundo le le&iacute;a y ser adolescente es<em> leer en contra</em> y ser tambi&eacute;n, por qu&eacute; no, un poco pedante, tard&eacute; mucho en abrir un  libro suyo. Finalmente lo hice a los 18 o 19 a&ntilde;os. Fue una edici&oacute;n de  Bruguera de <em>El oto&ntilde;o del patriarca</em>, que comenzaba:
    </p><p class="article-text">
        <em>Durante el fin de semana los gallinazos se metieron por los balcones  de la casa presidencial, destrozaron a picotazos las mallas de alambre  de las ventanas y removieron con sus alas el tiempo estancado en el  interior, y en la madrugada del lunes la ciudad despert&oacute; de su letargo  de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y de podrida  grandeza. </em>
    </p><p class="article-text">
        Continu&eacute; leyendo, como hipnotizado, aquella novela escrita a grandes  p&aacute;rrafos de decenas de p&aacute;ginas, plagada de im&aacute;genes, de adjetivos  imprevistos, de hechos crueles o hermosos o ambas cosas (hechos que yo  no acababa de entender del todo pero que poblaban mis sue&ntilde;os por la  noche), de enumeraciones que comunicaban una rara m&uacute;sica que flu&iacute;a a un  ritmo constante que lo llevaba a uno desde aquella primera oraci&oacute;n hasta  las &uacute;ltimas l&iacute;neas, aquellas que hablan de:
    </p><p class="article-text">
        <em>&hellip; las campanas de gloria que anunciaron al mundo la buena nueva de  que el tiempo incontable de la eternidad hab&iacute;a por fin terminado. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y ah&iacute; cambi&oacute; todo. Ah&iacute; descubr&iacute; que me equivocaba: que la unanimidad del aplauso no est&aacute; re&ntilde;ida con la excelencia de la obra.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Garc&iacute;a M&aacute;rquez </strong>(luego  descubrir&iacute;a que &eacute;l no hab&iacute;a estado solo en esa tarea) hab&iacute;a sabido  mitificar la realidad, haci&eacute;ndola fant&aacute;stica, para acercarse mejor a la  parte m&aacute;s invisible de ella.
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, hab&iacute;a en su obra im&aacute;genes  impresionantes de j&oacute;venes de belleza mortal llevadas por los aires,  cogidas de las puntas de una s&aacute;banas y fantasmas que envejec&iacute;an y  enamorados que com&iacute;an las flores de los jardines de sus amadas, pero lo  importante es que Garc&iacute;a M&aacute;rquez pod&iacute;a contar aquello en el m&aacute;s bello y  exquisitamente po&eacute;tico de los discursos (tal vez no public&oacute; poes&iacute;a  porque toda su obra es un largo poema) y llegando, al mismo tiempo, a  cualquier lector o lectora, fuera cual fuese su bagaje intelectual. Esa  es una de las cosas que le hacen grande. Y raro. Quiz&aacute; solo Cort&aacute;zar  comparta con &eacute;l ese lujo de ser amado simult&aacute;nea y un&aacute;nimemente por  p&uacute;blico y academia. Por eso el llanto que arrojan las redes sociales me  parece esta vez sincero: quienes lamentan su fallecimiento son, esta vez  s&iacute;, personas que han le&iacute;do sus textos, que los aman, que acaso  descubrieron la literatura gracias a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Yo he puesto hoy ante m&iacute; la docena de libros suyos que tengo (me faltan algunos t&iacute;tulos, curiosamente su primera novela, <em>La hojarasca</em> y la &uacute;ltima, <em>Memoria de mis putas tristes</em>, as&iacute; como<em> Del amor y otros demonios</em>;  todos esos libros que faltan fueron prestados y jam&aacute;s devueltos, pero  solo echo de menos al primero) y he recordado c&oacute;mo fui devor&aacute;ndolos en  desorden, en distintas ediciones, con ojos fascinados y con la  tentaci&oacute;n, en algunos momentos, de dejar el libro para hacerle la ola  por las cosas que era capaz de hacer con las palabras: recuerdo seguir  la aventura (o desventura) de Luis Alejandro Velasco, asistir con  curiosidad morbosa a las &uacute;ltimas horas de Santiago Nasar, penar con el  coronel (un coronel cuya miseria y angustia tantos hemos compartido),  vivir una temporada larga en Macondo, con la familia Buend&iacute;a, pasearme  con variable inter&eacute;s por sus<em> Doce cuentos peregrinos </em>o <em>Los funerales de la Mam&aacute; Grande</em>.  Y, sobre todo, asistir a los amores contrariados de Florentino Ariza y  Fermina Daza, los protagonistas de la que sigue siendo mi novela  favorita de entre las suyas (he le&iacute;do en estos d&iacute;as que era tambi&eacute;n su  preferida, as&iacute; que sospecho que no ando tan mal de gustos).
    </p><p class="article-text">
        Garc&iacute;a M&aacute;rquez fue muchas cosas:  narrador, periodista, guionista, activista pol&iacute;tico, hombre cabal que si  ten&iacute;a que decir algo no se callaba ni debajo del agua, el protagonista  de un sinf&iacute;n de an&eacute;cdotas que involucran nombres importantes de la  cultura y la pol&iacute;tica y, en sus &uacute;ltimos tiempos, una especie de icono,  una figura amable que representaba la bondad y la sabidur&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; es esa docena de libros (y unos  cuantos m&aacute;s), un maestro que supo aprovechar los hallazgos t&eacute;cnicos (un  tanto indigestos) de la nueva novela y verterlos en el crisol del  espa&ntilde;ol para hallar una nueva forma de contar y de contarnos el mundo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/contar-mundo_132_4916583.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Apr 2014 10:33:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Contar el mundo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Imagina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/imagina_132_4960211.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Imagina un país en el que cientos de miles de personas se dirigen a la capital reclamar sus derechos.</p></div><p class="article-text">
        Un peque&ntilde;o <a href="http://alexisravelo.wordpress.com/2014/03/26/imagina/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ejercicio mental</a>:
    </p><p class="article-text">
        Imagina un pa&iacute;s en el que cientos de miles de personas se dirigen a la capital reclamar sus derechos.
    </p><p class="article-text">
        Un  pa&iacute;s que desconf&iacute;a de la buena fe de sus ministros, porque ya est&aacute;  tristemente acostumbrado a que estos est&eacute;n al servicio de grandes  empresas nacionales (o, aun peor, multinacionales), y no al de los  gobernados.
    </p><p class="article-text">
        Un  pa&iacute;s donde los polic&iacute;as son apaleados en batallas campales en las que  la gente pierde los dientes o los test&iacute;culos. Un pa&iacute;s en el que muchas  personas no necesariamente malvadas se sienten incapaces de experimentar  empat&iacute;a hacia esos mismos polic&iacute;as, ya que en otras ocasiones recientes  ellos no han mostrado piedad mientras aporreaban a chicas j&oacute;venes o  ciudadanos que, simplemente, pasaban por all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Un  pa&iacute;s donde hay quienes no pueden encender la calefacci&oacute;n por miedo a no  poder hacer frente a unas tarifas incomprensibles dictadas por el  capital privado; en el que la gente rebusca comida en los contenedores y  familias enteras son desalojadas de sus casas mientras gran cantidad de  viviendas permanecen vac&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Un  pa&iacute;s en el que varios millones de trabajadores y trabajadoras est&aacute;n  dispuestos a perder sus derechos y su dignidad con tal de poder llevar  un plato de comida a su mesa.
    </p><p class="article-text">
        Un  pa&iacute;s en el que el estudiantado, el personal sanitario, el funcionariado  y hasta el peque&ntilde;o y mediano empresariado muestra un casi un&aacute;nime  rechazo a las medidas adoptadas por su gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Imagina  un pa&iacute;s en el que todo el mundo sabe que los poderosos campean a sus  anchas y pueden destrozar las vidas de miles y miles de personas para  enriquecerse, sin que la justicia pueda hacer nada por impedirlo, porque  aquellos jueces que quieran evitarlo saldr&aacute;n mal parados.
    </p><p class="article-text">
        Ahora imagina que eres el presidente de ese pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No te preguntar&iacute;as, acaso, si est&aacute;s haciendo algo mal?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/imagina_132_4960211.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Mar 2014 10:48:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Imagina]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vindicación del editor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/vindicacion-editor-alexis-ravelo_132_4975113.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Sé que no es políticamente correcto defenderlos, que es más molón  defender la creatividad independiente (como si ellas y ellos no fueran  creativos y no fueran independientes), pero, como autor, sé que siempre  soy mejor si tengo cerca a un editor.</p></div><p class="article-text">
        Hoy he vuelto a repasar un libro que siempre vale la pena releer: la <em>Correspondencia, 1948&ndash;1986</em> entre Miguel Delibes y Josep Verg&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Es un epistolario de 469 p&aacute;ginas entre el  autor vallisoletano y el que fuera su editor en <em>Destino durante muchos  a&ntilde;os</em>, desde la concesi&oacute;n del Premio Nadal al primero en 1947 por <em>La sombra del cipr&eacute;s es alargada</em> (fue  as&iacute; como se conocieron) hasta el fallecimiento del segundo. En esas  cartas el lector asiste al desarrollo de una relaci&oacute;n que comienza  siendo estrictamente comercial y acaba convirti&eacute;ndose en algo realmente  &iacute;ntimo. Hay grandes o peque&ntilde;as disputas sobre liquidaciones, juegos de  pruebas y oportunidad o no de editar un determinado t&iacute;tulo en una  determinada fecha. Pero tambi&eacute;n la clara disposici&oacute;n de Verg&eacute;s para  apostar siempre por los t&iacute;tulos de un autor que &eacute;l consideraba de val&iacute;a,  aunque con algunos de sus libros (la producci&oacute;n de Delibes fue siempre  variada e incesante) pudiera, en ocasiones, salir perdiendo desde un  punto de vista estrictamente econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Esto me ha recordado la queja reciente de  un autor m&aacute;s veterano que yo, y a quien respeto much&iacute;simo, acerca de  que editores as&iacute; han sido sustituidos, en las grandes editoriales, por  comerciales sin gusto ni real conocimiento literarios. En efecto: las  fusiones, las absorciones, el fallecimiento de propietarios de  editoriales cuyos herederos acaban poni&eacute;ndolas en manos de grandes  grupos, han llenado el sector de agentes comerciales m&aacute;s centrados en  hojas de c&aacute;lculo que en juegos de pruebas. Por suerte, contin&uacute;a  existiendo un gran n&uacute;mero de editores y editoras que est&aacute;n enamorados de  su trabajo y saben hacerlo bien, pero a veces son como Los &Uacute;ltimos de  Filipinas: no solo deben resistir a la tendencia oligopolista del  mercado, sino a la aparici&oacute;n de nuevos soportes de difusi&oacute;n (el ebook,  naturalmente), cuyos defensores (a veces ingenuos, a veces interesados)  parecen ver en ellos una figura obsoleta e innecesaria.     &Uacute;ltimamente  he tenido la discusi&oacute;n de siempre con varias personas, acerca de estos  nuevos soportes (papel versus <em>ebook</em>, para entendernos). Mi  posici&oacute;n, m&aacute;s o menos conocida, es que los nuevos soportes ser&aacute;n el  futuro, pero a&uacute;n no son el presente (al menos no el presente ideal) para  la difusi&oacute;n de la literatura. Vivimos una &eacute;poca de cambio y reajuste.
    </p><p class="article-text">
        En esa discusi&oacute;n, cuando los polemistas queremos llegar a un cierto acuerdo, solemos acabar conviniendo en que lo importante es el contenido y no el soporte en el que se difunde, el cual es indiferente.
    </p><p class="article-text">
        Pero no lo es. No lo es, del mismo  modo que la t&eacute;cnica y los motivos que un artista utiliza para un pintar  un lienzo no son los mismos que cuando practica un grabado. Cualquiera  que haya le&iacute;do <em>La obra de arte en su &eacute;poca de reproductibilidad t&eacute;cnica</em>, de Walter Benjamin, entender&aacute; por qu&eacute; no puede serlo.
    </p><p class="article-text">
        En el asunto, claro est&aacute;, suelen entrar  en juego factores comerciales y uno de los argumentos que escucho con  m&aacute;s frecuencia en defensa del soporte electr&oacute;nico es el de que, gracias a  la eliminaci&oacute;n de intermediarios, la cultura se democratiza, el  escritor (el creador) se independiza del capital y puede difundir su  trabajo sin depender de criterios comerciales ni de aquellos que (se  supone) fagocitan parte de su producci&oacute;n. No s&eacute; hasta qu&eacute; punto es  cierto, habida cuenta que las plataformas de venta de esos libros son, en su mayor&iacute;a, multinacionales y  que el posicionamiento de los t&iacute;tulos en ellas depender&aacute; de su  relevancia en cuanto al n&uacute;mero de ventas (no se me ocurre manera m&aacute;s  tosca de confundir precio con valor).
    </p><p class="article-text">
        En esa consideraci&oacute;n del editor como un intermediario, se olvida, adem&aacute;s, que es intermediario en un muy otro sentido en que lo es, por ejemplo, un intermediario frutero.  Esa imagen del editor como un se&ntilde;or de chaqueta y corbata que enciende  puros con billetes de cincuenta y alza el pulgar ante los manuscritos  ci&ntilde;&eacute;ndose a criterios estrictamente comerciales me parece una grosera  simplificaci&oacute;n y no se corresponde con la de ninguno de los editores y  editoras que conozco.
    </p><p class="article-text">
        He trabajado con varios editores y sigo  con atenci&oacute;n las carreras de otros: algunos de ellos trabajan para  editoriales, o se juegan sus propios cuartos, y, por tanto, forman parte  de ese grupo que el gobierno de este pa&iacute;s denomina &ldquo;emprendedores&rdquo;,  esos que se baten diariamente el cobre desde sus pymes intentando  sobrevivir en un mercado complicado. Pero, mercados y dem&aacute;s capistaladas  aparte, profesionales como Arianna Squilloni, Gregori Dolz, Josep Forment, Anik Lapointe, Pere Sureda,  Esperanza Moreno, Jorge Liria, Pl&aacute;cido Checa, Pablo Cruz, Cristina Herreros o Bel&eacute;n Bermejo son personas que trabajan en el mundo del libro porque lo aman, y no viven de la literatura, sino que viven en ella, probablemente mucho m&aacute;s a fondo que muchos de los autores que intentamos colarles nuestro &uacute;ltimo original.
    </p><p class="article-text">
        Y no es cierto que no sean necesarios.  Los autores discutiremos con ellos o no, tendremos grandes o peque&ntilde;as  disputas sobre liquidaciones, juegos de pruebas y oportunidad o no de  editar un determinado t&iacute;tulo en una determinada fecha. Pero su figura me  resulta, como autor y como lector, pr&aacute;cticamente imprescindible. El  editor es el espejo en el que un autor se mira de frente y ve todas las  imperfecciones que ha de corregir. Es el entrenador que te dice d&oacute;nde  est&aacute;n tus vicios y tus taras, qu&eacute; habilidades debes potenciar y cu&aacute;les  son los puntos flacos que has de corregir. Su intervenci&oacute;n suele  constituir la diferencia entre un simple texto y un libro, haciendo que  lleguen al lector obras de calidad.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que no es pol&iacute;ticamente correcto defenderlos, que es m&aacute;s mol&oacute;n defender la creatividad independiente (como si ellas y ellos no fueran creativos y no fueran independientes), pero, como autor, s&eacute; que siempre soy mejor si tengo cerca a un editor. Y, como lector, siempre prefiero libros que han sido editados a aquellos que han sido meramente publicados.  Estos dos t&eacute;rminos pueden parecer sin&oacute;nimos, pero no lo son; de hecho,  como me hizo notar un editor hace muchos a&ntilde;os, los sin&oacute;nimos no existen.
    </p><p class="article-text">
        Disculpa la extensi&oacute;n de este texto. Si  hubiera tenido a mano a alguno de mis editores, seguramente me hubiese  aconsejado que procurara condensar, hacerlo m&aacute;s breve. Y hubiese tenido,  como casi siempre, raz&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/vindicacion-editor-alexis-ravelo_132_4975113.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Mar 2014 11:36:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vindicación del editor]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Alexis Ravelo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leopoldo María Panero, el personaje y el poeta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/leopoldo-maria-panero-personaje-poeta_132_4992156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Para los habitantes de mi ciudad era el  poeta loco, el que desde hacía un par de décadas estorbaba el paso a los  viandantes.</p></div><p class="article-text">
        Para los habitantes de mi ciudad <a href="http://alexisravelo.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">era el  poeta loco</a>, el que desde hac&iacute;a un par de d&eacute;cadas estorbaba el paso a los  viandantes, se reclinaba al sol en un banco de San Telmo, el que  trasegaba ingentes cantidades de Coca Cola y quemaba cigarrillos, uno  tras otro; con voz nasal, con mirada torva, con gestos de reojo a  quienes no viv&iacute;an en ese mundo en el que solo cab&iacute;a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Para los habitantes de mi ciudad era, s&iacute;,  un personaje, un hombre desconcertante que daba conferencias en garitos  o publicaba libro tras libro, solo o a cuatro manos con poetas locales.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de los habitantes de mi ciudad no  le han le&iacute;do: para ellos es una leyenda, la presencia cercana en su  mundo terrenal de sem&aacute;foros y pasos de peatones de aquel que, seg&uacute;n  dicen los que entienden, ha descendido hasta el &uacute;ltimo s&oacute;tano del  Infierno y ha vuelto para cont&aacute;rnoslo.
    </p><p class="article-text">
        Muchos ignoran el alcance, el tama&ntilde;o de la obra de ese animal extra&ntilde;o y bello que es Leopoldo Mar&iacute;a Panero,  quien falleci&oacute; anoche, probablemente sin recibir los Santos Sacramentos  ni la Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica porque maldita la falta que le hac&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Leopoldo Mar&iacute;a, &uacute;ltimo de su estirpe, hijo mediano de Leopoldo Panero, hermano de Juan Luis y de Michi (el m&aacute;s desmedido de los desmedidos hijos de Felicidad Blanc), benjam&iacute;n de los Nueve Nov&iacute;simos antologados por Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet en 1970 (Jos&eacute;  Mar&iacute;a &Aacute;lvarez, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;, Pere Gimferrer, Vicente Molina  Foix, Antonio Mart&iacute;nez Sarri&oacute;n, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Guillermo Carnero y Ana  Mar&iacute;a Moix, tambi&eacute;n recientemente fallecida) hab&iacute;a continuado  publicando incesantemente nuevas entregas de su obra po&eacute;tica desde 1968,  adem&aacute;s de hacer incursiones narrativas y ensay&iacute;sticas y traducciones  personal&iacute;simas (si eres amante de las curiosidades, no deber&iacute;as perderte  Matem&aacute;tica demente, la divertida selecci&oacute;n de textos l&oacute;gicos de Lewis Carroll que public&oacute; en Anagrama).
    </p><p class="article-text">
        Ambos, el personaje y el poeta, forman ya  parte de nuestra memoria, acaso de nuestra biograf&iacute;a sentimental. El  primero, humano, falleci&oacute; hoy. El segundo, inmenso, sigue y seguir&aacute; vivo  en su oficio ya para siempre. Si conoc&iacute;as al primero y nunca has  frecuentado al segundo, ahora tienes una excusa perfecta para hacerlo  (una l&aacute;stima que no descubramos a algunos poetas hasta que mueren, pero  seguro que no ser&aacute; la primera vez que te ocurre). Su Obra Completa consta  de dos entregas publicada en Visor por T&uacute;a Blesa, pero tambi&eacute;n hay una  cantidad ingente de libros suyos editados por Lumen, Huerga y Fierro, El  &Aacute;ngel Ca&iacute;do, Hyperi&oacute;n, Valdemar o Calambur. Ah&iacute; est&aacute;n los Poemas del manicomio de Mondrag&oacute;n, Tango o Sombra, esper&aacute;ndote. Si a&uacute;n no sabes si te interesar&aacute;, te dejo aqu&iacute; una muestra, antigua y leve:
    </p><p class="article-text">
        A FRANCISCO
    </p><p class="article-text">
        <em>Suave como el peligro atravesaste un d&iacute;a</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con tu mano imposible la fr&aacute;gil medianoche</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y tu mano val&iacute;a mi vida, y muchas vidas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y tus labios casi mudos dec&iacute;an lo que era el pensamiento.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pas&eacute; una noche a ti pegado como a un &aacute;rbol de vida</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>porque eras suave como el peligro,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>como el peligro de vivir de nuevo.</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Last night together&rdquo; 1980
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/leopoldo-maria-panero-personaje-poeta_132_4992156.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Mar 2014 10:45:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Leopoldo María Panero, el personaje y el poeta]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ponga un canario en su biblioteca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ponga-canario-biblioteca_132_5166937.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Usted, persona de h&aacute;bitos sibaritas, que ha mostrado a sus amigos y amigas las excelencias de escritores de lugares como Armenia, Congo Belga, Albania, Bosnia, Turqu&iacute;a y Eslovaquia.
    </p><p class="article-text">
        Usted, lector o lectora perfectamente al d&iacute;a, que ya le&iacute;a a los autores suecos antes de que llegara Larsson, que ya hab&iacute;a asistido a la edificaci&oacute;n de los pilares de la tierra antes de que se implantara su marina franquicia catalana y ya sab&iacute;a de todos los secretos vaticanos antes de que el cine los expusiera al vulgo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Va a dejar pasar la oportunidad de ser el primero o la primera entre los suyos en descubrir el nuevo fen&oacute;meno literario perif&eacute;rico? &iquest;Va a permitir que sea ese compa&ntilde;ero de oficina estirado, esa vecina &ldquo;moderna&rdquo;, ese cu&ntilde;ado pedante, o esa primita resabiada quienes le descubran a estos nuevos e interesant&iacute;simos autores?
    </p><p class="article-text">
        Piense que en este mundo global, en el que todo lo exc&eacute;ntrico parece tan c&eacute;ntrico y tan explorado, en el que parecen no quedar ya flores salvajes, existe a&uacute;n una literatura perif&eacute;rica por descubrir, la cual, sin embargo, resulta intelectualmente asequible a su idioma y su cultura sin dejar de ser un producto genuinamente ex&oacute;tico. Me refiero (si est&aacute; bien informado, lo habr&aacute; adivinado ya), a la literatura canaria.
    </p><p class="article-text">
        Repare en las evidentes ventajas: alejamiento de la Metr&oacute;poli pero cercan&iacute;a intelectual; africanidad pero en espa&ntilde;ol; referentes americanos pero giros l&eacute;xicos mucho m&aacute;s familiares para el lector ib&eacute;rico; crisol de culturas, pero sin necesidad de viajar a Nueva York (car&iacute;simo), en caso de querer visitar el escenario de su novela preferida. Y, en cuanto a la moda sueca, recuerde que los canarios fueron los primeros espa&ntilde;oles en plantar su semilla en el fr&iacute;o norte (Muchas veces, en sentido literal. Una demanda colectiva de paternidad en los a&ntilde;os ochenta lo demuestra).
    </p><p class="article-text">
        Y una vez pensado todo esto, no piense m&aacute;s y ponga a un canario en su biblioteca.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s podr&aacute; hablar de la prosa recia de Gonz&aacute;lez D&eacute;niz, del rico universo de Antol&iacute;n D&aacute;vila, de los deliciosos bocados narrativos de Dolores Campos-Herrero, de los grises ambientes de Gonz&aacute;lez Ascanio y las elegantes ficciones de Jos&eacute; Manuel Brito.
    </p><p class="article-text">
        Podr&aacute; hablar, tambi&eacute;n, de temas de candente actualidad: del pol&eacute;mico asunto de la memoria hist&oacute;rica, con las novelas de Miguel &Aacute;ngel Sosa Mach&iacute;n como excusa; del peque&ntilde;o drama de las an&oacute;nimas v&iacute;ctimas de la crisis, haciendo lo propio con las de Santiago Gil.
    </p><p class="article-text">
        Podr&aacute; hacer sonre&iacute;r a sus amistades con los juegos naif de Juan Carlos de Sancho. O presumir de haber constatado primero que nadie la val&iacute;a de relatistas y microrrelatistas, como la joven &Aacute;ngeles Jurado o la todav&iacute;a m&aacute;s joven Judith Bosch.
    </p><p class="article-text">
        Si es amante de intrigas y violencias, tiene varios escritores negros entre los que elegir: algunos aut&oacute;ctonos, como Correa o Ravelo; otros afincados hace a&ntilde;os en las Islas, como Lozano o Carlos &Aacute;lvarez (no confundir con el cantante l&iacute;rico).
    </p><p class="article-text">
        Incluso dispone usted de varios ejemplares de canarios afincados en grandes ciudades, como Sabas Mart&iacute;n o Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o (una de cuyas novelas tiene como ganancia secundaria proporcionar un tema original&iacute;simo de conversaci&oacute;n, olvidado entre nosotros desde Leopoldo Azancot: el erotismo y el juda&iacute;smo).
    </p><p class="article-text">
        Y la poes&iacute;a? Ah, la poes&iacute;a. Canarias, por si usted desconoce el dato, es tradicional territorio de poetas. Puede empezar por los m&aacute;s j&oacute;venes: Pedro Flores, Tina Su&aacute;rez, Federico J. Silva, Alicia Llarena, Ver&oacute;nica Garc&iacute;a, Silvia Rodr&iacute;guez (no confundir con el cantautor), Cecilia Dom&iacute;nguez, Marcos Hormiga? Son tantos y tan interesantes que usted podr&aacute; hablar de uno cada d&iacute;a sin repetirse en mucho tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Imag&iacute;nese en medio de esa reuni&oacute;n social en la que ya hace rato que corren el vino y la cerveza, captando la atenci&oacute;n de todos al decir: &ldquo;Recuerdo un poema de un poeta de Lanzarote que?&rdquo;. Se convertir&aacute; enseguida en el centro de inter&eacute;s de sus potenciales amantes y en la envidia de sus rivales amorosos.
    </p><p class="article-text">
        Pero, ya que ser&aacute; el primero o la primera en descubrirlos, aproveche su ventaja. Usted, que cuando apareci&oacute; Mankell olisque&oacute; enseguida a Sj&ouml;wall-Wahl&ouml;&ouml;, no pierda el tiempo y encuentre cuanto antes a los Millares y los Padorno y los de La Torre, a Arozarena y a Isaac de Vega, a Agust&iacute;n Espinosa y Garc&iacute;a Cabrera, a Alonso Quesada y Domingo Rivero.
    </p><p class="article-text">
        En esta tarea (puede que algo laboriosa, pero de indudable provecho) podr&aacute; ayudarse de util&iacute;simos estudios de Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n, Eugenio Padorno, Oswaldo Guerra, Antonio Becerra o Nilo Palenzuela, entre otros, sin olvidar a la decana de los estudiosos de la literatura canaria: do&ntilde;a Mar&iacute;a Rosa Alonso.
    </p><p class="article-text">
        Piense en c&oacute;mo presumir&aacute; de haber llegado antes que nadie a los protagonistas de la nueva ola canaria; en la soltura con la que transmitir&aacute; sus conocimientos acerca del mestizaje cultural, de la influencia del paisaje en la po&eacute;tica insular; piense en el asombro que despertar&aacute; al decir a los ne&oacute;fitos: &ldquo;Pero si los ten&iacute;as ah&iacute;, ante tus narices: justo enfrente de &Aacute;frica. Y no los conoc&iacute;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No espere m&aacute;s. Ponga a un canario en su biblioteca.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; al principio le cueste un poco y tenga que dirigirle la palabra a su librero o librera de confianza, porque tal vez (peque&ntilde;as desventajas de ser un pionero) hasta dentro de un tiempo no figuren en mesa de novedades. Mucho menos en supermercados, aeropuertos o en esa cadena de negocios que llevan nombre de maniobra textil (o de gesto insultante, si usted quiere) y apellido de gentilicio brit&aacute;nico. Esos sitios, como bien sabe, van siempre en el furg&oacute;n de cola de la cultura, a remolque de lo que ya otros han descubierto. No sea vulgar. Usted tiene demasiada clase para eso. Acuda a los sitios donde re-al-men-te est&aacute;n los libros y solicite a alguno de los autores mencionados en este aviso (que es tambi&eacute;n advertencia) o a otros canarios que su librero acaso ya conozca.
    </p><p class="article-text">
        Porque s&iacute;, ya varios editores (ellos no son tontos) han puesto los ojos en diversos canarios y los han fichado. Y, por otro lado, desde hace tiempo los distribuidores (ellos tampoco son miopes) hacen llegar regularmente a cualquier rinc&oacute;n de Espa&ntilde;a los libros de las editoriales canarias (s&iacute;, las hay: alguna tienen incluso luz el&eacute;ctrica y tel&eacute;fono).
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, no espere m&aacute;s. Que cuando Babelia o El cultural lleguen, usted lleve ya un buen  rato ah&iacute;. Convi&eacute;rtase en un precursor, en un pionero, en un experto. No deje que se le eche encima lo irremediable y le coja despistado lo que ya se ve&iacute;a venir.
    </p><p class="article-text">
        No dude un instante m&aacute;s. Ponga a un canario en su biblioteca. H&aacute;galo hoy y enorgull&eacute;zcase ma&ntilde;ana. No sea esta vez de los &uacute;ltimos en enterarse.  H&aacute;galo sin demora. Comparta, adem&aacute;s, este mensaje entre personas de su c&iacute;rculo m&aacute;s &iacute;ntimo. No se lo env&iacute;e a todas: s&oacute;lo a aquellas que lo merecen. Se lo aseguro: se lo agradecer&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin otro particular que comunicarle y esperando que la informaci&oacute;n proporcionada le sea de utilidad, aprovecha para enviarle un cordial saludo:
    </p><p class="article-text">
        Bernardo Betancor.
    </p><p class="article-text">
        (Becario Adjunto a la C&aacute;tedra de Pirobiolog&iacute;a y Concatenaciones Diversas de la Universidad de Pataf&iacute;sica de San Exp&oacute;sito).
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://alexisravelo.canariblogs.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Blog de Alexis Ravelo</a>
    </p><p class="article-text">
         Alexis Ravelo
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alexis Ravelo, Alexis Ravelo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ponga-canario-biblioteca_132_5166937.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Apr 2010 08:23:56 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ponga un canario en su biblioteca]]></media:title>
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