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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rodrigo Sosa]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Rodrigo Sosa]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La esperanza cumple 10 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/esperanza-cumple-anos_1_4992676.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ced2ca5c-c0e7-4985-af58-15f24df7deb5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La esperanza cumple 10 años"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cristina Mora Palomo, embarazada de siete meses, sobrevivió milagrosamente a las explosiones que reventaron el vagón del tren en el que viajaba, en la estación de El Pozo. Su hija Arantxa, un símbolo de la fuerza de la vida tras la barbarie, está a punto de cumplir 10 años.</p></div><p class="article-text">
        Arantxa acaba de salir del cole. Es una ni&ntilde;a vivaz, animada, alegre. Y muy alta, de hecho, con cerca de 1,5 metros, es la m&aacute;s alta de su curso. &ldquo;Incluso ya casi me alcanza a m&iacute;&rdquo;, dice su madre, con orgullo. Le gustan la pl&aacute;stica y la m&uacute;sica, aunque le cuesta un poco sentarse a hacer los deberes. Pero lo tiene muy claro: &ldquo;De grande quiero ser veterinaria, me encantan los animales&rdquo;, dice, decidida. Es reconfortante ver su vitalidad y su entusiasmo, como el de todos los ni&ntilde;os de su edad. 
    </p><p class="article-text">
        Arantxa es una ni&ntilde;a como cualquier otra. Pero no, tambi&eacute;n es alguien especial. Tiene otra estrella. Porque ella es un poderoso s&iacute;mbolo que nos recuerda la fuerza vital que puede resistir a la peor barbarie. El 24 de mayo cumplir&aacute; 10 a&ntilde;os, tras sobrevivir junto con su madre, entonces embarazada de siete meses, a los brutales atentados del 11-M.  
    </p><p class="article-text">
        Aquel jueves de marzo de 2004, en la estaci&oacute;n de El Pozo, Cristina Mora Palomo, con su enorme y redonda barriga de avanzado estado de gestaci&oacute;n, se quit&oacute; de encima los trozos del vag&oacute;n hecho pedazos y, esquivando hierros y cad&aacute;veres, salt&oacute; del tren, guiada por el poderoso instinto de proteger a su ni&ntilde;a. &ldquo;A&uacute;n hoy me sigo acordando, casi todos los d&iacute;as, de lo que pas&oacute; ese d&iacute;a&rdquo;, dice con una mirada distante que parece evocar aquellos duros recuerdos. 
    </p><p class="article-text">
        Todo fue excepcional esa ma&ntilde;ana. Normalmente, Cristina tomaba el tren de las 10 para ir al trabajo, pero el 11 de marzo ten&iacute;a que ir m&aacute;s temprano. Adem&aacute;s, Antonio, entonces su marido, sol&iacute;a acompa&ntilde;arla: &ldquo;Ese d&iacute;a, por suerte, no vino&rdquo;. Ya en la estaci&oacute;n, subi&oacute; al tren y en seguida se produjo una primera explosi&oacute;n. &ldquo;Me di la vuelta para taparme la barriga y entonces sent&iacute; la segunda &hellip; fue muy cerca y not&eacute; c&oacute;mo se vino hacia m&iacute;&rdquo;, relata. El estallido se produjo dentro de un vag&oacute;n de dos pisos y la parte de arriba se derrumb&oacute;: &ldquo;En ese momento, s&oacute;lo pens&eacute; en la ni&ntilde;a&hellip; No s&eacute; c&oacute;mo lo hice, pero me quit&eacute; las cosas que me hab&iacute;an ca&iacute;do encima y sal&iacute; del vag&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me cost&oacute; mucho poder volver a subirme a un tren, especialmente a uno de dos pisos&rdquo;, explica. Un d&iacute;a, con una amiga, ten&iacute;an que ir a un trabajo y no ten&iacute;an m&aacute;s remedio que tomar el tren. &ldquo;Entonces vino uno de dos pisos y yo le ped&iacute; a mi amiga que esper&aacute;ramos al siguiente&rdquo;. Pero el segundo tambi&eacute;n fue uno de dos pisos y tambi&eacute;n lo dejaron pasar. &ldquo;Entonces vino el tercero, y no me lo pod&iacute;a creer, pero era de dos pisos&rdquo;. Ya estaban llegando tarde al trabajo, as&iacute; que no tuvo m&aacute;s opci&oacute;n que subirse. &ldquo;Me agarr&eacute; con todas mis fuerzas de la baranda durante todo el trayecto, por suerte eran s&oacute;lo tres paradas&rdquo;, dice. &ldquo;Al final fue todo un reto, pero lo consegu&iacute;&rdquo;, afirma aliviada.
    </p><h3 class="article-text">Doble cumplea&ntilde;os</h3><p class="article-text">
        Durante varios a&ntilde;os, cuando llegaba el 11-M, madre e hija sol&iacute;an tomarse el d&iacute;a para hacer un plan especial, para celebrar esta segunda oportunidad de la vida. &ldquo;Este a&ntilde;o tambi&eacute;n lo celebraremos, haremos una tarta, con 10 velas&rdquo;, dice Cristina. &ldquo;Me suelen llamar para felicitarnos, es como otro cumplea&ntilde;os, para las dos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Desde que se lo contaron a Arantxa hace unos tres a&ntilde;os, el 11-M ya es una historia normalizada en la familia. &ldquo;Ella empez&oacute; a preguntarme &lsquo;&iquest;mam&aacute; qu&eacute; paso?&rsquo;&hellip; Ahora se lo cuenta a sus amigas, lee los reportajes que se publicaron&rdquo;, dice. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Pero ella y sus amigos lo viven con m&aacute;s naturalidad, no les afecta tanto&rdquo;. Aunque s&iacute; es consciente del revuelo y de la atenci&oacute;n que genera: &ldquo;Hoy les contaba entusiasmada a sus amigos: &lsquo;va a venir un periodista a casa&rsquo;&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Cuidar y curar</h3><p class="article-text">
        Arantxa pasa alegremente a los saltos con un papel entre sus manos. Es un lindo dibujo de unos tigres en distintas posiciones. &iquest;Sin color? &ldquo;Es que son blancos&rdquo;, contesta con desparpajo. &ldquo;Ella es as&iacute;, muy pr&aacute;ctica&rdquo;, a&ntilde;ade la madre. &ldquo;Es muy imaginativa, tiene sus personajes, hace c&oacute;mics&hellip; aunque deber&iacute;a estudiar un poco m&aacute;s&rdquo;, se queja. Pero Arantxa se muestra decidida, tiene muy claro lo que le gusta y lo que quiere ser. &ldquo;De mayor quiero ser veterinaria, me encantan los animales&rdquo;, dice. Aunque no es lo &uacute;nico. &ldquo;Tambi&eacute;n me gusta hacer poemas, hacer rimas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        No se ve en Arantxa la m&aacute;s m&iacute;nima secuela de aquel 11 de marzo. En un principio, su madre temi&oacute; que pudiera tener alg&uacute;n problema auditivo a causa del fuerte estruendo de la explosi&oacute;n, que s&iacute; destroz&oacute; el o&iacute;do derecho de Cristina. &ldquo;Casi no puedo o&iacute;r con ese o&iacute;do. Un d&iacute;a Arantxa me dijo tras una clase en el cole &lsquo;mam&aacute; a ti te faltan todos esos huesitos que van ah&iacute; adentro&rdquo;. Afortunadamente, la ni&ntilde;a puede o&iacute;r perfectamente. &ldquo;Es muy buena, hace caso, aunque tambi&eacute;n tiene su genio&rdquo;, dicen los abuelos de Arantxa, que son un pilar fundamental de esta familia. Algo cada vez m&aacute;s frecuente en Espa&ntilde;a, tras largos a&ntilde;os de prolongada crisis y tasas de 26% de desempleo. De hecho, Cristina no ha podido escapar de este drama y se encuentra en paro desde hace casi un a&ntilde;o. 
    </p><h3 class="article-text">Conservar la memoria</h3><p class="article-text">
        En estos momentos de aniversarios de a&ntilde;os redondos se pone de manifiesto, por contraste, la falta de memoria hist&oacute;rica que predomina en una buena parte de la sociedad espa&ntilde;ola y tambi&eacute;n en las instituciones que deber&iacute;an velar por preservarla. &ldquo;Me sorprende que el 11-M se ha olvidado muy r&aacute;pidamente&rdquo;, sostiene Cristina. &ldquo;Ahora s&iacute;, con los cinco a&ntilde;os, con los diez&hellip; pero deber&iacute;a recordarse todos los a&ntilde;os. Es algo que sigue siendo muy importante para mucha gente que ha sido v&iacute;ctima, para los familiares de los que han fallecido&rdquo;, afirma. &ldquo;&iquest;Ahora qu&eacute;? &iquest;Deberemos esperar hasta los 20 a&ntilde;os para que se vuelva a recordar el 11-M?&rdquo;. &ldquo;Esto no pasa con otras cosas, como el 23-F&rdquo;, dice. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Esto es tambi&eacute;n importante para los que lo sufrimos m&aacute;s de cerca. Aqu&iacute; en el barrio tambi&eacute;n se ha olvidado, no se habla de esto, los 11 de marzo son un d&iacute;a m&aacute;s&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n pide mayor atenci&oacute;n para los barrios de la tragedia. &ldquo;Se presta atenci&oacute;n a Atocha, pero nadie se acuerda de El Pozo y de Santa Eugenia. Aqu&iacute; vinieron solamente cuando pusieron un monumento en la estaci&oacute;n de El Pozo, y ya, nunca m&aacute;s&rdquo;. Al menos, este a&ntilde;o de d&eacute;cimo aniversario, desde el Gobierno le enviar&aacute;n una medalla conmemorativa en calidad de v&iacute;ctima. En casa de Cristina y en la de sus padres s&iacute; que se mantiene vivo el recuerdo. En una vitrina, primorosamente plastificado, est&aacute; uno de los reportajes que se publicaron tras el 11-M, con la fotograf&iacute;a en primer plano de una madre sonriente junto a su hija reci&eacute;n nacida. &ldquo;Esta p&aacute;gina plastificada la tenemos todos los miembros de mi familia, mi hermano la tiene en la taquilla de su trabajo, incluso estaba en el trabajo de mi padre, a la vista de todos&rdquo;. Formas de recordar un hecho excepcional para esta familia que lo vivi&oacute; muy de cerca, pero tambi&eacute;n un importante grano de arena para mantener la memoria de uno de los acontecimientos m&aacute;s dram&aacute;ticos y trascendentes de la historia reciente de Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rodrigo Sosa]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Mar 2014 19:13:26 +0000]]></pubDate>
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