<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Marc Font Ribas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marc_font_ribas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marc Font Ribas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/511514/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El lento camino de Uganda para dejar atrás a Joseph Kony]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/lento-camino-paz-norte-uganda_1_4975857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/900de424-6869-4175-afb0-41bf23086942_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El lento camino de Uganda para dejar atrás a Joseph Kony"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de superar la guerra entre el Ejército y los rebeldes del LRA, las cicatrices de la contienda todavía son muy visibles</p><p class="subtitle">Los casos de acaparamiento de tierras, algunos promovidos por el propio Gobierno, alimentan un nuevo conflicto</p></div><p class="article-text">
        Casi toda la vida de Obur William ha transcurrido en Tedi, un pueblo de unos 10.000 habitantes del distrito de Amuru, en el norte de Uganda. A sus 60 a&ntilde;os, vino aqu&iacute; al mundo y en el mismo lugar nacieron sus hijos y sus nietos. No se plantea morir en otro sitio, pero, si depende del Gobierno ugand&eacute;s, este campesino terminar&aacute; sus d&iacute;as alejado de su pueblo natal.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el Ejecutivo del eterno Yoweri Museveni &ndash;28 a&ntilde;os como presidente del pa&iacute;s&ndash;, William y sus vecinos son &ldquo;invasores&rdquo; que ocupan ilegalmente una tierra que pertenece a la <a href="http://www.nfa.org.ug/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Autoridad Nacional Forestal</a> (NFA, en ingl&eacute;s). Desde Kampala, la capital, se quiere ampliar la superficie de bosque en Tedi y expulsar a los residentes, quienes recuerdan que sus antepasados se establecieron en el pueblo antes de 1930.
    </p><p class="article-text">
        Lo que sucede en Tedi es un ejemplo extremo de acaparamiento de tierras, un <a href="http://reliefweb.int/sites/reliefweb.int/files/resources/Full_Report_3823.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">problema cada vez m&aacute;s generalizado</a> en toda Uganda y que perjudica especialmente a la poblaci&oacute;n m&aacute;s pobre, dependiente de sus peque&ntilde;as parcelas para llevar a cabo una imprescindible agricultura de subsistencia.
    </p><p class="article-text">
        Las preocupaciones para Obur William empezaron en los a&ntilde;os 90, cuando se vio obligado, como el resto de los habitantes de su pueblo, a instalarse en un campo de desplazados para, seg&uacute;n la versi&oacute;n oficial, facilitar las operaciones militares de las fuerzas armadas ugandesas contra el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Lord's_Resistance_Army" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ej&eacute;rcito de Resistencia del Se&ntilde;or</a> (LRA), la milicia de Joseph Kony.
    </p><p class="article-text">
        Las dos d&eacute;cadas de guerra provocaron unos 100.000 muertos y 1,8 millones de desplazados, que vivieron a&ntilde;os hacinados en 200 campos. A medida que la zona se fue pacificando, la poblaci&oacute;n desplazada empez&oacute; a volver a sus hogares entre 2003 y 2006. La sorpresa fue comprobar c&oacute;mo a menudo sus tierras hab&iacute;an sido ocupadas por el Gobierno, que se hab&iacute;a apropiado de ellas al declararlas vac&iacute;as, o por otras familias y no pudieron recuperarlas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El 80% de la tierra de Acholiland &ndash;la regi&oacute;n del norte m&aacute;s afectada por el conflicto&ndash; no est&aacute; registrada a nombre de nadie, porque la propiedad ha sido tradicionalmente comunitaria y se ha transmitido por costumbre. Esto dificulta enormemente demostrar ahora de qui&eacute;n es&rdquo;, cuenta Daniel Komakech, responsable de la oficina de Amuru de la <a href="http://ulaug.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Uganda Land Alliance</a> (ULA), una coalici&oacute;n de ONG dedicada a proteger el acceso a la tierra de la poblaci&oacute;n pobre.
    </p><h3 class="article-text">Lejos de la estabilidad</h3><p class="article-text">
        &ldquo;El conflicto por la tierra es la consecuencia m&aacute;s grave de la guerra con el LRA, ya que mucha gente se ha visto desplazada definitivamente de sus casas y la pobreza ha aumentado. Si no se resuelve, puede ser el origen de nuevos estallidos&rdquo;, avisa desde Gulu &ndash;la principal ciudad de Acholiland&ndash; el periodista Moses Odokonyero. El tambi&eacute;n miembro del <a href="http://www.numec.ug/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Northern Uganda Media Club</a> (NUMEC) a&ntilde;ade la elevada tasa de paro, la prostituci&oacute;n infantil y los muchos casos de &ldquo;alcoholismo y violencia contra las mujeres&rdquo; como cicatrices de una zona marcada por el trauma social.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5275362a-169f-4eed-8429-513139eb2dcf_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5275362a-169f-4eed-8429-513139eb2dcf_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5275362a-169f-4eed-8429-513139eb2dcf_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5275362a-169f-4eed-8429-513139eb2dcf_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5275362a-169f-4eed-8429-513139eb2dcf_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5275362a-169f-4eed-8429-513139eb2dcf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5275362a-169f-4eed-8429-513139eb2dcf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El grupo de Kony cuenta con menos de 200 miembros activos y se mueve entre el este de la Rep&uacute;blica Centroafricana &ndash;sumida en un grave conflicto interno&ndash; y la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, seg&uacute;n el <a href="http://reports.lracrisistracker.com/en/annual-2013/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a> que en febrero publicaron las organizaciones Invisible Children y Resolve LRA Crisis Initiative. Ya no constituye una amenaza real para el norte de Uganda, que est&aacute; pacificado. Denis Barnabas, responsable de proyectos de la ONG <a href="http://www.refugeelawproject.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Refugee Law Project</a>, advierte de que &ldquo;todav&iacute;a estamos lejos de la paz positiva. Para alcanzarla hay que solucionar cuestiones como la pobreza, la desocupaci&oacute;n o el analfabetismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La pobreza afecta al 46% de la poblaci&oacute;n de la regi&oacute;n, seg&uacute;n datos de 2010 de la Oficina Nacional de Estad&iacute;stica, con diferencia la cifra m&aacute;s alta del pa&iacute;s. Muy visible en las calles de Gulu, Kitgum o Adjumani &ndash;algunas de las principales ciudades del &aacute;rea&ndash;, todav&iacute;a se acent&uacute;a m&aacute;s en los peque&ntilde;os pueblos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estamos tratando los efectos del conflicto, pero no las ra&iacute;ces, entre las que tambi&eacute;n hay la falta de inversiones o un amplio poso de desconfianza entre el norte y el sur del pa&iacute;s. Por todo ello, tardaremos d&eacute;cadas en llegar a la paz positiva&rdquo;. As&iacute; se expresa Moses Rubangangeyo, que al mismo tiempo es v&iacute;ctima y victimario de una guerra en la que perdi&oacute; a sus padres y a dos de sus hermanos. Fue uno de los 30.000 ni&ntilde;os secuestrados por los rebeldes y pas&oacute; ocho a&ntilde;os como soldado en el LRA, donde lleg&oacute; a ser teniente.
    </p><p class="article-text">
        En 2004, dej&oacute; la guerrilla y fund&oacute; <a href="http://www.iyepuganda.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Information for Youth Empowerment Programme</a> (IYEP), una ONG que desde entonces ha atendido a m&aacute;s de 3.500 j&oacute;venes v&iacute;ctimas de un conflicto, a los que da apoyo psicol&oacute;gico, formaci&oacute;n acad&eacute;mica y ayuda a reinsertar socialmente. &ldquo;Nuestra filosof&iacute;a es trabajar de v&iacute;ctima a v&iacute;ctima y demostrar, con nuestro mismo ejemplo, que es posible salir adelante&rdquo;, explica Rubanbangeyo en Gulu.
    </p><p class="article-text">
        Joan Abalo no fue secuestrada por el LRA pero tambi&eacute;n sufri&oacute; las consecuencias de la guerra. Su familia tuvo que abandonar su pueblo, Koch, para instalarse en Gulu. &ldquo;Ya nunca volvimos a vivir all&iacute; y todav&iacute;a hoy hay mucha gente desplazada que no han podido volver a sus casas&rdquo;, afirma la joven.  
    </p><p class="article-text">
        Ahora estudia Medicina en Kampala gracias al apoyo econ&oacute;mico del centro de ayuda para ni&ntilde;as Santa M&oacute;nica, ubicado en Gulu. Dirigido por la hermana Rosemary Nyrumbe, este lugar acoge a m&aacute;s de 200 j&oacute;venes, muchas de las cuales fueron esclavas sexuales durante la guerra, a las que se da apoyo psicol&oacute;gico y formaci&oacute;n acad&eacute;mica para reinsertarlas en una sociedad de la que fueron arrancadas por la fuerza. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c7e7d5e5-9135-4d1d-99d4-e6954bc5ecb3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c7e7d5e5-9135-4d1d-99d4-e6954bc5ecb3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c7e7d5e5-9135-4d1d-99d4-e6954bc5ecb3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c7e7d5e5-9135-4d1d-99d4-e6954bc5ecb3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c7e7d5e5-9135-4d1d-99d4-e6954bc5ecb3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c7e7d5e5-9135-4d1d-99d4-e6954bc5ecb3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c7e7d5e5-9135-4d1d-99d4-e6954bc5ecb3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Corrupci&oacute;n gubernamental</h3><p class="article-text">
        Tanto en las calles de Kitgum como en las de Gulu, hoy se cuentan por docenas las oficinas de ONG e instituciones dedicadas a apoyar a la poblaci&oacute;n local, pero durante a&ntilde;os el conflicto del norte de Uganda fue un conflicto olvidado y, por ejemplo, la <a href="http://www.unocha.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinaci&oacute;n de Asuntos Humanitarios</a> (UNOCHA) no se instal&oacute; definitivamente en la zona hasta 2005, a pesar de los casi dos millones de desplazados.
    </p><p class="article-text">
        La pacificaci&oacute;n vino acompa&ntilde;ada de promesas de inversiones que a menudo no han llegado a materializarse por culpa de la enorme corrupci&oacute;n del pa&iacute;s. El esc&aacute;ndalo m&aacute;s famoso fue el relacionado con los 9,5 millones de euros que los pa&iacute;ses donantes aportaron para financiar el Plan de Paz, Recuperaci&oacute;n y Desarrollo para el Norte de Uganda 2009-2012 y que acabaron en bolsillos privados, en lugar de en proyectos para la poblaci&oacute;n. &ldquo;La corrupci&oacute;n que sufrimos demuestra que el Gobierno nos sigue tratando como un territorio olvidado&rdquo;, lamenta Denis Barnabas.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Es nuestra tierra y no nos iremos&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Sin el apoyo del Gobierno, todo el trabajo de docenas de organizaciones para cerrar las heridas de la guerra puede irse al traste. La ley de la tierra de Uganda reconoce la propiedad comunal y su transmisi&oacute;n consuetudinaria y la Constituci&oacute;n del pa&iacute;s tambi&eacute;n garantiza, en teor&iacute;a, el acceso a la tierra en las comunidades rurales.
    </p><p class="article-text">
        Pero la aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica dista de lo que dicen las normas. El Gobierno de Museveni est&aacute; fomentando la implantaci&oacute;n de proyectos de la agroindustria &ndash;como plantaciones de az&uacute;car&ndash; o el inicio de explotaciones petrol&iacute;feras &ndash;en el distrito de Amuru&ndash; que acent&uacute;an los casos de acaparamiento de tierras en el norte del pa&iacute;s, sin que la poblaci&oacute;n reciba una compensaci&oacute;n justa y equiparable, tal como dicta la ley.
    </p><p class="article-text">
        Sentado en la principal plaza de Tedi, Obur William reconoce que, si los expulsan, la &uacute;nica alternativa para la mayor&iacute;a ser&aacute; instalarse en ciudades como Gulu o Pabbo, abandonando su actividad agr&iacute;cola. A su lado, Dan sentencia: &ldquo;Es nuestra tierra y no nos iremos. Si nos echan, lo tendr&aacute;n que hacer por la fuerza y tenemos claro que resistiremos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La &eacute;poca de las masacres y secuestros masivos ya pas&oacute; en el norte de Uganda, pero la gesti&oacute;n del posconflicto alimenta la desconfianza de los acholi (grupo &eacute;tnico que representa un 4% de la poblaci&oacute;n) hacia Kampala y acent&uacute;a su sensaci&oacute;n de pueblo discriminado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marc Font Ribas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/lento-camino-paz-norte-uganda_1_4975857.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Mar 2014 18:50:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/900de424-6869-4175-afb0-41bf23086942_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1992318" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/900de424-6869-4175-afb0-41bf23086942_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1992318" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El lento camino de Uganda para dejar atrás a Joseph Kony]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/900de424-6869-4175-afb0-41bf23086942_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Uganda]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
