<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Guillem Vidal]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/guillem_vidal/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Guillem Vidal]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/511534" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la corrupción es eficiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/corrupcion-eficiente_1_4508766.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e127b556-f7d9-4a50-baf8-cff4b3eae1bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la corrupción es eficiente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La utilización de una posición de privilegio para facilitar intereses personales, lo que se conoce como 'corrupción como atajo', podría aumentar la eficiencia del sistema en algunos casos.</p></div><p class="article-text">
        Cuentas en Suiza. Cargos a dedo. Sobres. ERES. Tarjetas &lsquo;black&rsquo;&hellip; La lista parece interminable. La corrupci&oacute;n pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a se encuentra hoy en el epicentro de la actualidad. Los bar&oacute;metros del CIS no dejan lugar a dudas: el fraude y la corrupci&oacute;n se han convertido en uno de <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/nueva-politica/importa-corrupcion_0_241125996.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los principales problemas para los ciudadanos</a> desde el inicio de la Gran Recesi&oacute;n en 2008. Es natural. Al fin y al cabo, la corrupci&oacute;n es la principal causa del deficiente funcionamiento de nuestras instituciones&hellip; &iquest;acaso no es as&iacute;? Aun a riesgo de caer en cierta provocaci&oacute;n, argumentamos lo contrario. La corrupci&oacute;n puede resultar incluso eficiente.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, debemos diferenciar entre dos tipos de corrupci&oacute;n. Por un lado, existe la &lsquo;corrupci&oacute;n como extracci&oacute;n&rsquo; de recursos p&uacute;blicos a trav&eacute;s de la privatizaci&oacute;n de beneficios (robo, desfalcos, cajas &lsquo;b&rsquo;, retribuciones ilegales, etc.). Se trata, en esencia, de redistribuir de manera directa el dinero de todos hacia los bolsillos de aquellos que controlan el sistema.
    </p><p class="article-text">
        Otro tipo distinto es la &lsquo;corrupci&oacute;n como atajo&rsquo;. &Eacute;sta se distingue por la utilizaci&oacute;n de una posici&oacute;n privilegiada como m&eacute;todo para facilitar intereses personales. Por ejemplo, saltarse regulaciones y burocracia, respuestas administrativas ad hoc, empleo p&uacute;blico no competitivo o contratos a dedo. Se trata tambi&eacute;n de una redistribuci&oacute;n de recursos, pero estos no se transfieren de manera directa. Es una manera m&aacute;s sutil de enriquecerse a costa del ciudadano.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro argumento aqu&iacute; es que la corrupci&oacute;n como atajo (no es el caso de la corrupci&oacute;n como extracci&oacute;n directa) puede ser eficiente si aligera las distorsiones creadas por instituciones disfuncionales. Esta hip&oacute;tesis es conocida como 'grease the wheels' (engrasar las ruedas) y, entre otros, ha sido desarrollada por <a href="http://www.suomenpankki.fi/pdf/160134.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&eacute;on y Weill (2010)</a>. Estos dos autores afirman que la corrupci&oacute;n como atajo es eficiente en algunos casos: cuando alivia las distorsiones causadas por la administraci&oacute;n; cuando una burocracia ineficiente constituye un impedimento a la actividad econ&oacute;mica que alg&uacute;n atajo en forma de &lsquo;corrupci&oacute;n&rsquo; puede sortear; y cuando sirve para reducir los costes de los tiempos de espera.
    </p><p class="article-text">
        En resumen, la hip&oacute;tesis de 'grease the wheels' establece que la corrupci&oacute;n como atajo es un <em>second-best</em>, actuando como una f&oacute;rmula para salvar problemas y, por tanto, aumentando la eficiencia del sistema. Este argumento de corrupci&oacute;n como segundo-&oacute;ptimo explica tambi&eacute;n por qu&eacute;, mientras las cosas 'iban bien', la corrupci&oacute;n no se ha penalizado en las urnas.
    </p><p class="article-text">
        Girando el punto de mira hacia los ciudadanos, se suele afirmar que saltarse las normas es un mal end&eacute;mico de la sociedad espa&ntilde;ola (la tradici&oacute;n picaresca). Hay incluso quien se&ntilde;ala que es otra de las causas de la situaci&oacute;n en que vivimos: facturas sin IVA, falsos desempleados, trabajo en negro, etc. Podr&iacute;amos trasladar a este caso la misma hip&oacute;tesis de 'grease the wheels': parece razonable pensar que estamos otra vez ante un <em>second-best</em>, un recurso desesperado de los ciudadanos para resolver problemas de precariedad, complejidades administrativas e incluso situaciones de pobreza. Ahora bien, debemos ser conscientes de que la soluci&oacute;n no viene por la criminalizaci&oacute;n de estas actividades ni por poner sobre los hombros de los ciudadanos el peso de la culpa; sino que, otra vez, este comportamiento irregular es el fruto de un sistema que no acaba de funcionar.
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n es pues evidente. Si la corrupci&oacute;n (al menos la corrupci&oacute;n como atajo) es consecuencia y no causa de unas administraciones disfuncionales -y de hecho puede contribuir, ex post, a su mejor funcionamiento-, la soluci&oacute;n pasa por una reforma institucional sist&eacute;mica, puesto que la v&iacute;a judicial, aunque necesaria, nunca atajar&aacute; el problema de ra&iacute;z.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillem Vidal, Ramon Marrades]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/corrupcion-eficiente_1_4508766.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Nov 2014 20:23:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e127b556-f7d9-4a50-baf8-cff4b3eae1bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="60114" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e127b556-f7d9-4a50-baf8-cff4b3eae1bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="60114" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cuando la corrupción es eficiente]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e127b556-f7d9-4a50-baf8-cff4b3eae1bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Con o sin cebolla?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/cebolla_132_1521312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Una encuesta con más de 4.100 encuestados intenta arrojar luz sobre las preferencias por tipos de tortilla de patata de los españoles</p><p class="subtitle">La preferencia mayoritaria es la tortilla con cebolla y más bien poco cuajada</p><p class="subtitle">La derecha prefiere la tortilla más cuajada que la izquierda y tiene una menor preferencia por la cebolla</p><p class="subtitle">Los aragoneses se parecen más al español medio en sus preferencias por la tortilla</p><p class="subtitle">Los jóvenes prefieren el concebillismo líquido, mientras que los mayores el concebollismo cuajado</p></div><p class="article-text">
        La tortilla de patatas es uno de los platos m&aacute;s populares de la gastronom&iacute;a espa&ntilde;ola. Tambi&eacute;n uno de los m&aacute;s pol&eacute;micos, pues provoca aut&eacute;nticas discusiones sobre la mejor forma de cocinarlo. Hasta ahora dispon&iacute;amos de muy poca informaci&oacute;n acerca de las verdaderas preferencias de los espa&ntilde;oles. Este grave vac&iacute;o de conocimiento sobre uno los m&aacute;s importantes debates culinarios contempor&aacute;neos llega a su fin con una encuesta difundida a trav&eacute;s de <a href="https://twitter.com/guillemvidal_/status/1131906061127041027" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Twitter</a> en la que han participado m&aacute;s de 4.100 personas. Por fin podemos analizar en detalle lo que la opini&oacute;n p&uacute;blica nos dice sobre este exquisito manjar. La ciencia, al fin, al servicio del paladar.
    </p><p class="article-text">
        No sorprender&aacute; demasiado al lector saber que, seg&uacute;n la encuesta, m&aacute;s de un 85% de espa&ntilde;oles afirma haber cocinado alguna vez una tortilla de patatas, llegando casi al 90% en comunidades como Galicia y el Pa&iacute;s Vasco. Aunque no es tan f&aacute;cil de cocinar &ndash;todos nos hemos llevado&nbsp;alg&uacute;n disgusto al darle la vuelta&ndash; el paladar nos exige aprender: al ser preguntados &ldquo;cu&aacute;nto dir&iacute;a que le gusta la tortilla de patatas en una escala del 0 al 10 en que 0 significa 'nada' y 10 significa 'mucho&rdquo;, m&aacute;s de un 80% de los respondientes se posicionaron en un 8 o m&aacute;s. Hasta aqu&iacute; los datos de transversalidad. Veamos a las divisiones.
    </p><h3 class="article-text">Tipos de Tortilleros</h3><p class="article-text">
        Existen dos claras dimensiones te&oacute;ricas sobre las que se basa el conflicto tortillista. La primera de ellas es el cl&aacute;sico 'con o sin cebolla'. Algunos lloran al cortarla, otros lloran si la encuentran dentro la tortilla. La segunda dimensi&oacute;n del conflicto se refiere a la textura. Hay quienes la prefieren cuajada &ndash;despectivamente calificada como 'una roca'&ndash; y quienes la prefieren l&iacute;quida &ndash;su descripci&oacute;n despectiva en este caso es: 'Comer la tortilla con cucharita como si fuera un yogurt'&ndash;. La tabla 1 cruza estas dos dimensiones, formando cuatro tipos de tortillistas [i].
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tabla 1:</strong> Tipos de tortilla
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/167e4819-1bec-4cb2-a7c6-ca2272ca41e9_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/167e4819-1bec-4cb2-a7c6-ca2272ca41e9_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/167e4819-1bec-4cb2-a7c6-ca2272ca41e9_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/167e4819-1bec-4cb2-a7c6-ca2272ca41e9_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/167e4819-1bec-4cb2-a7c6-ca2272ca41e9_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/167e4819-1bec-4cb2-a7c6-ca2272ca41e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/167e4819-1bec-4cb2-a7c6-ca2272ca41e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Los resultados de la encuesta son muy claros: la mayor&iacute;a de los espa&ntilde;oles, casi un 75%, prefiere la tortilla con cebolla. Asimismo, en una escala del 0 al 10, donde 0 es totalmente l&iacute;quida y 10 totalmente cuajada, la media queda en 4,5; es decir, generalmente se prefiere la textura tirando a l&iacute;quida. La tabla 2 indica los porcentajes de cada tipo de tortillista cruzando las dos variables. Sumando m&aacute;s de la mitad de la muestra, los 'conce-l&iacute;quidos' arrasan. Siguen los 'conce-cuajados' con el 21% y los 'since-l&iacute;quidos' con el 16,6%. La categor&iacute;a con menor &eacute;xito es la de 'since-cuajados', que no llega al 9%. Llegamos a una primera conclusi&oacute;n importante: si ustedes no se la quieren jugar, tienen muchas m&aacute;s probabilidades de que su tortilla guste si a&ntilde;aden cebolla y la cocinan tirando a l&iacute;quida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tabla 2: </strong>Preferencias de tortilla
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a8a2cfc-4bd6-47cf-b7e0-a93d10ddeeb5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a8a2cfc-4bd6-47cf-b7e0-a93d10ddeeb5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a8a2cfc-4bd6-47cf-b7e0-a93d10ddeeb5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a8a2cfc-4bd6-47cf-b7e0-a93d10ddeeb5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a8a2cfc-4bd6-47cf-b7e0-a93d10ddeeb5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0a8a2cfc-4bd6-47cf-b7e0-a93d10ddeeb5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0a8a2cfc-4bd6-47cf-b7e0-a93d10ddeeb5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Diferencias Territoriales</h3><p class="article-text">
        Existen, sin embargo, importantes diferencias territoriales por comunidad aut&oacute;noma. El gr&aacute;fico 1 ilustra la media de cada CCAA en la dimensi&oacute;n 'cebolla' y la dimensi&oacute;n 'textura'. La l&iacute;nea gris horizontal indica la media de 'cebolla', mientras que la vertical indica la media en 'textura'. Cada uno de los cuatro cuadrados corresponde a un tipo de tortillista. As&iacute; pues, en Galicia nos encontramos con una clar&iacute;sima preferencia por la tortilla sin cebolla y pr&aacute;cticamente deshecha (since-l&iacute;quidos), mientras que, en el otro extremo, en Extremadura la prefieren cuajada y con cebolla (conce-cuajada). El Pa&iacute;s Vasco (conce-l&iacute;quida) y la Comunidad Valenciana (since-cuajada) constituyen los otros dos otros extremos opuestos. La CCAA donde las preferencias se parecen m&aacute;s a la media es Arag&oacute;n. Queda confirmado:&nbsp;<a href="https://www.overdrive.com/media/3119038/aragon-es-nuestro-ohio" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Arag&oacute;n es nuestro Ohio.</a>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1.</strong> Preferencias de tortilla por CCAA
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cab39e59-d17d-45ec-aae0-3516b8be8d6a_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cab39e59-d17d-45ec-aae0-3516b8be8d6a_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cab39e59-d17d-45ec-aae0-3516b8be8d6a_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cab39e59-d17d-45ec-aae0-3516b8be8d6a_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cab39e59-d17d-45ec-aae0-3516b8be8d6a_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cab39e59-d17d-45ec-aae0-3516b8be8d6a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cab39e59-d17d-45ec-aae0-3516b8be8d6a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Tortilla y pol&iacute;tica</h3><p class="article-text">
        Podemos repetir el mismo ejercicio para ver las preferencias de tortilla por cercan&iacute;a a partidos pol&iacute;ticos, tal y como ilustra el gr&aacute;fico 2. Los votantes de los partidos de derecha, en especial PP y Vox, prefieren la tortilla claramente cuajada, mientras que aquellos m&aacute;s cercanos ideol&oacute;gicamente a Unidas Podemos la prefieren m&aacute;s l&iacute;quida que la media nacional. La dimensi&oacute;n 'cebolla' divide sobretodo al PP y a Vox; estos &uacute;ltimos la prefieren sin cebolla. PSOE y Ciudadanos quedan cerca de la media, con preferencias ligeramente sesgadas en favor del sincebollismo cuajado. Algunos analistas han <a href="https://twitter.com/jfalbertos/status/1132281020076699648" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comentado </a>un preocupante resultado: la falta de un partido pol&iacute;tico en el cuadrado 'since-l&iacute;quidos' evidencia a una importante crisis de representaci&oacute;n en nuestro sistema de partidos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2.</strong> Preferencias de tortilla por partido pol&iacute;tico
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cedc3ba5-c72c-4e92-93d6-4faba12a0e9f_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cedc3ba5-c72c-4e92-93d6-4faba12a0e9f_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cedc3ba5-c72c-4e92-93d6-4faba12a0e9f_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cedc3ba5-c72c-4e92-93d6-4faba12a0e9f_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cedc3ba5-c72c-4e92-93d6-4faba12a0e9f_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cedc3ba5-c72c-4e92-93d6-4faba12a0e9f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cedc3ba5-c72c-4e92-93d6-4faba12a0e9f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Modelando tipos de tortillistas</h3><p class="article-text">
        En un siguiente paso podemos analizar los cuatro tipos de forma m&aacute;s sofisticada utilizando regresiones log&iacute;sticas multinomiales para determinar el efecto de cada una de las variables a nivel individual. El gr&aacute;fico 3 nos indica los efectos marginales por tipos de tortillistas. Hay varios resultados destacables. En primer lugar, queda claro que el concebollismo l&iacute;quido es cosa de hombres: ser hombre aumenta en m&aacute;s de 6 puntos porcentuales la probabilidad de estar en esa categor&iacute;a en comparaci&oacute;n a ser mujer. Por el contrario, ser mujer aumenta la probabilidad de preferir la tortilla cuajada, sea con o sin cebolla. La edad tambi&eacute;n marca diferencias importantes: los j&oacute;venes prefieren el concebillismo l&iacute;quido, mientras que los mayores el concebollismo cuajado. Los m&aacute;s experimentados en cocinar tortilla, as&iacute; como los que indican que la tortilla les gusta much&iacute;simo, quedan claramente sobrerrepresentados en la categor&iacute;a 'conce-l&iacute;quidos'. Ideol&oacute;gicamente, ser de derechas aumenta la probabilidad de preferir el sincebollismo cuajado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 3</strong>: Efectos marginales de tipos de tortilla
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e264c6e6-a44a-45cc-8023-e225af7dd2f7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e264c6e6-a44a-45cc-8023-e225af7dd2f7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e264c6e6-a44a-45cc-8023-e225af7dd2f7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e264c6e6-a44a-45cc-8023-e225af7dd2f7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e264c6e6-a44a-45cc-8023-e225af7dd2f7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e264c6e6-a44a-45cc-8023-e225af7dd2f7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e264c6e6-a44a-45cc-8023-e225af7dd2f7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">&iquest;Comida o sexo?</h3><p class="article-text">
        La encuesta inclu&iacute;a una &uacute;ltima pregunta &ndash;para muchos la m&aacute;s dif&iacute;cil de responder&ndash;: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; importancia otorga a disfrutar con la comida con relaci&oacute;n al sexo? En una escala del 0 al 10, en que 0 significa que prefiere 'una buena comida' y 10 significa 'buen sexo', &iquest;d&oacute;nde se posicionar&iacute;a?&rdquo;. La pasi&oacute;n de los conce-l&iacute;quidos, que no tiene l&iacute;mites (ya hemos visto que son los que m&aacute;s experiencia tienen y a los que m&aacute;s les gusta la tortilla), se confirma una vez m&aacute;s: son el &uacute;nico grupo que prefiere una buena comida al buen sexo.
    </p><p class="article-text">
        Los curiosos querr&aacute;n tambi&eacute;n saber c&oacute;mo se distribuye esta &uacute;ltima variable por CCAA. El gr&aacute;fico 4 muestra los resultados. En primer lugar, cabe destacar que la media nacional queda muy cerca del 5,5, es decir, justo en la mitad de la escala (de 11 puntos). En cuanto a las diferencias por CCAA, los casos m&aacute;s claros son Baleares, Castilla y Le&oacute;n, y Extremadura, donde la preferencia por el 'buen sexo' queda muy por encima de la media. En el otro extremo encontramos a Arag&oacute;n, y aunque con un mayor margen de error, Navarra. En estas dos comunidades &ndash;en menor medida tambi&eacute;n en Catalu&ntilde;a y Madrid&ndash; la preferencia ser&iacute;a por una buena comida en lugar de buen sexo. Finalmente, es importante matizar que las mujeres prefieren una buena comida al sexo y que existe una fuerte correlaci&oacute;n por edad: a mayor edad mayor preferencia por sexo (resultados no mostrados).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 4</strong>: Probabilidades de preferencias por buena comida/sexo por CCAA
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86f2d89f-84bc-4deb-b293-9b4a77f6aa91_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86f2d89f-84bc-4deb-b293-9b4a77f6aa91_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86f2d89f-84bc-4deb-b293-9b4a77f6aa91_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86f2d89f-84bc-4deb-b293-9b4a77f6aa91_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/86f2d89f-84bc-4deb-b293-9b4a77f6aa91_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/86f2d89f-84bc-4deb-b293-9b4a77f6aa91_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/86f2d89f-84bc-4deb-b293-9b4a77f6aa91_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h3 class="article-text">Conclusiones</h3><p class="article-text">
        Este ejercicio arroja luz sobre unos de los grandes debates culinarios de la sociedad espa&ntilde;ola. Queda claro que la gran mayor&iacute;a prefiere la tortilla con cebolla, ligeramente tirando a l&iacute;quida. Los concebillistas l&iacute;quidos obtienen, sin lugar a duda, mayor&iacute;a absoluta. Sin embargo, hay que atender a importantes diferencias regionales, sobretodo la excepcionalidad gallega hacia el sincebollismo l&iacute;quido. Los modelos estad&iacute;sticos nos indican tambi&eacute;n importantes diferencias entre los tipos de tortillistas: una mayor preferencia de la mujer por el cuajadismo, la juventud y su gusto por el concebollismo l&iacute;quido, o el gozo de la derecha por el sincebollismo cuajado.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, cabe destacar el vac&iacute;o de representaci&oacute;n pol&iacute;tica entre los sincebollistas l&iacute;quidos. &iquest;Significa eso que hay espacio para un nuevo partido? Ah&iacute; queda esa est&uacute;pida pregunta junto al recuerdo del peso fundamental que ha tenido la tortilla de patatas en la <a href="http://confidencialandaluz.com/la-verdad-de-la-foto-de-la-tortilla/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pol&iacute;tica espa&ntilde;ola</a>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Notas:</strong> Aunque la muestra es alta y bastante representativa a nivel regional, hay que tener en cuenta que la encuesta ha sido difundida a trav&eacute;s de Twitter y no cumple ni de lejos con la rigurosidad necesaria para que los resultados reflejen una muestra representativa a nivel nacional.
    </p><p class="article-text">
        #Openscience: pod&eacute;is descargar los <a href="https://t.co/SOPeyrVxpc?amp=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos </a>en formato .dta, el <a href="https://t.co/BwLcyTaZ7O?amp=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&oacute;digo</a>, y el&nbsp;<a href="https://t.co/xDVIniyCvv?amp=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuestionario</a> original para replicar los resultados.
    </p><p class="article-text">
        [i] Es importante tener en cuenta que las dos dimensiones no son del todo ortogonales: a m&aacute;s l&iacute;quida se prefiere la tortilla con m&aacute;s cebolla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillem Vidal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/cebolla_132_1521312.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Jun 2019 19:15:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Con o sin cebolla?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo ha cambiado la crisis nuestro conflicto político?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/conflicto-politico-espana-campanas-electorales_132_3932694.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo ha cambiado la crisis el conflicto político en España?</p><p class="subtitle">Analizamos cuáles son los temas predominantes en las últimas cuatro campañas electorales</p><p class="subtitle">Antes de la la crisis, dominan cuestiones relacionadas con la seguridad y terrorismo, el conflicto territorial y el liberalismo cultural</p><p class="subtitle">Con la llegada de la crisis, emergen con fuerza los asuntos económicos, relacionados con el Estado de bienestar y el liberalismo económico. En la campaña de 2015, se añade el tema de la crisis política y resurge la cuestión territorial</p></div><p class="article-text">
        Las campa&ntilde;as electorales son el per&iacute;odo en el que los partidos ofrecen m&aacute;s informaci&oacute;n sobre sus posiciones pol&iacute;ticas y los temas de la agenda p&uacute;blica que consideran prioritarios. Para ello, sacan el m&aacute;ximo partido del espacio y el tiempo que logran en los medios de comunicaci&oacute;n. Y es a estos mismos medios de comunicaci&oacute;n a los que los ciudadanos recurrimos para conocer cu&aacute;les son las prioridades pol&iacute;ticas de cada formaci&oacute;n. Con vistas a las elecciones del pr&oacute;ximo domingo en este post repasamos la evoluci&oacute;n de los temas que han articulado el conflicto pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a para entender mejor los cambios pol&iacute;ticos de los &uacute;ltimos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        En el marco del proyecto <a href="http://www.eui.eu/Projects/POLCON/Home.aspx" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">POLCON</a>&nbsp;nos hemos propuesto estudiar la evoluci&oacute;n del conflicto pol&iacute;tico y las campa&ntilde;as electorales en doce pa&iacute;ses europeos, comparando datos de las elecciones celebradas durante la crisis con las del periodo anterior. Para ello analizamos el contenido de los dos peri&oacute;dicos de mayor tirada durante los dos meses previos a las elecciones, lo que nos permite identificar qu&eacute; temas reciben m&aacute;s atenci&oacute;n, por parte de qu&eacute; partidos y c&oacute;mo &eacute;stos se posicionan <em>(en el final de este post puede consultarse con mayor detalle en qu&eacute; consisten estos an&aacute;lisis y una lista exhaustiva de los temas codificados).</em>
    </p><p class="article-text">
        Un aspecto a destacar sobre la estructura del conflicto pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a, discutido en este otro <a href="http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/pecado-original_6_509259087.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">post</a>, es su unidimensionalidad[1]. Al contrario que en algunos pa&iacute;ses europeos, la divisi&oacute;n izquierda-derecha aglutina temas econ&oacute;micos y culturales. Hasta hace poco el PP y el PSOE representaban fundamentalmente cada uno de los polos de dicho eje. Sin embargo, la crisis econ&oacute;mica y pol&iacute;tica que afronta Espa&ntilde;a &mdash;y que se extiende por gran parte de Europa&mdash; parece haber producido importantes cambios en las dimensiones de conflicto, es decir, en las cuestiones que se debaten en la esfera p&uacute;blica y estructuran la competici&oacute;n partidista. &iquest;En qu&eacute; medida se ha transformado el espacio pol&iacute;tico a ra&iacute;z de la llamada Gran Recesi&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1. Configuraci&oacute;n del espacio pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/477239b2-4ebc-45d4-8d22-f6b2b9478237_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/477239b2-4ebc-45d4-8d22-f6b2b9478237_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/477239b2-4ebc-45d4-8d22-f6b2b9478237_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/477239b2-4ebc-45d4-8d22-f6b2b9478237_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/477239b2-4ebc-45d4-8d22-f6b2b9478237_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/477239b2-4ebc-45d4-8d22-f6b2b9478237_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/477239b2-4ebc-45d4-8d22-f6b2b9478237_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 muestra qu&eacute; temas configuraban el conflicto pol&iacute;tico y c&oacute;mo se relacionaban con ellos los principales partidos pol&iacute;ticos de &aacute;mbito nacional en las &uacute;ltimas cuatro elecciones (2004-2015). Los puntos de color representan los partidos pol&iacute;ticos, mientras que los puntos en blanco y negro sin relleno representan los distintos temas. Para interpretar el gr&aacute;fico hay que tener en cuenta tanto el tama&ntilde;o de los puntos como la distancia entre ellos. Cuanto mayor el tama&ntilde;o del c&iacute;rculo, mayor la presencia del tema o el partido en los medios de comunicaci&oacute;n analizados. Las distancias representan c&oacute;mo se relacionan los actores entre s&iacute; y respecto de los temas. Por ejemplo, el PSOE aparece pr&oacute;ximo al liberalismo cultural (el c&iacute;rculo etiquetado como cult-lib), lo que indica su mayor apoyo a temas como el matrimonio homosexual, el aborto o la igualdad de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        En general, las campa&ntilde;as posteriores a la crisis muestran una imagen muy diferente de las dos previas. Despu&eacute;s del inicio de la crisis, la necesidad de reformar un sistema pol&iacute;tico y econ&oacute;mico poco satisfactorio domina el debate p&uacute;blico. En consecuencia, el inter&eacute;s por las cuestiones culturales queda sustituido por la necesidad de dar respuesta a la crisis pol&iacute;tica y se intensifica el debate sobre temas econ&oacute;micos. Al mismo tiempo, aunque con matices de intensidad, el conflicto territorial mantiene una presencia constante y no desde&ntilde;able. A continuaci&oacute;n analizamos con m&aacute;s detalle los cambios producidos as&iacute; como algunas particularidades de cada campa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Los temas tratados en las campa&ntilde;as&nbsp;electorales anteriores a la crisis son muy diversos, aunque dominan cuestiones relacionadas con la seguridad (categor&iacute;a en la que se engloba el terrorismo de ETA), el conflicto territorial y el liberalismo cultural. Durante estas dos legislaturas, el gobierno del PSOE aprob&oacute; leyes en materia de derechos civiles y sociales como la del matrimonio igualitario, la de la dependencia o la reforma del aborto. Adem&aacute;s de estas pol&iacute;ticas, en 2008 levant&oacute; una fuerte contestaci&oacute;n entre las filas populares la pol&iacute;tica de regularizaci&oacute;n de inmigrantes en situaci&oacute;n irregular, de ah&iacute; que el rechazo a la inmigraci&oacute;n (etiquetado como inmigraci&oacute;n en el gr&aacute;fico 1) aparezca como un tema moderadamente pr&oacute;ximo al PP. Asimismo, hay una fuerte presencia del conflicto territorial y de cuestiones de seguridad. La reforma de los estatutos de autonom&iacute;a, el Plan Ibarretxe y el Estatuto Catal&aacute;n centraron el debate p&uacute;blico, aunque la gran distancia entre los c&iacute;rculos que representan a los partidos y el de &ldquo;regionalismo&rdquo; muestra su escasa afinidad con estas propuestas. Por &uacute;ltimo, marca este per&iacute;odo la lucha contra el terrorismo y la ilegalizaci&oacute;n de la izquierda abertzale, temas que polarizaron fuertemente el debate y que se encuentran incluidos dentro de la etiqueta &ldquo;seguridad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de las dos elecciones anteriores, las campa&ntilde;as de 2011 y 2015 tuvieron ya lugar en un contexto de crisis, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica. En ambas elecciones se produce un incremento del n&uacute;mero de partidos, sobre todo en 2015 con la irrupci&oacute;n de Podemos y Ciudadanos en la esfera p&uacute;blica. Aunque en 2008 hab&iacute;a emergido t&iacute;midamente un discurso de reforma institucional, la grave situaci&oacute;n econ&oacute;mica que rode&oacute; las elecciones de 2011 hizo que los temas econ&oacute;micos, relacionados con el Estado de bienestar y el liberalismo econ&oacute;mico, monopolizaran el debate. En la campa&ntilde;a de 2015, sin embargo, se materializan e interact&uacute;an las crisis pol&iacute;tica y econ&oacute;mica. Aunque persiste la preocupaci&oacute;n por los temas econ&oacute;micos, Podemos, Ciudadanos, e incluso el PSOE, han insistido en los temas de reforma democr&aacute;tica y lucha contra la corrupci&oacute;n en su oposici&oacute;n al gobierno de Mariano Rajoy. El desaf&iacute;o nacionalista en Catalu&ntilde;a tambi&eacute;n ha recibido una gran atenci&oacute;n, como muestra el tama&ntilde;o del c&iacute;rculo etiquetado como regionalismo. Respecto a ese tema, sin embargo, todos los partidos aparecen relativamente lejanos &mdash;Podemos en menor medida&mdash; ya que sus propuestas se encontraban lejos del contenido representado por este c&iacute;rculo (que incluye temas como el derecho de autodeterminaci&oacute;n). Si hubi&eacute;ramos incluido a los partidos nacionalistas en los an&aacute;lisis, estos aparecer&iacute;an ubicados en esta esquina del gr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que en la gesti&oacute;n de la crisis econ&oacute;mica y pol&iacute;tica la Uni&oacute;n Europea ha estado muy presente, resulta sorprendente su ausencia en el debate p&uacute;blico. El debate en Espa&ntilde;a sigue produci&eacute;ndose en clave nacional, incluso cuando se hace referencia a actores internacionales como los gobiernos griego o alem&aacute;n. Esper&aacute;bamos que la discusi&oacute;n sobre las pol&iacute;ticas de austeridad y los rescates politizasen esta cuesti&oacute;n. Sin embargo, la integraci&oacute;n europea tiene una presencia casi irrelevante en los art&iacute;culos analizados. Durante mucho tiempo, la Uni&oacute;n Europea fue lo que en Ciencia Pol&iacute;tica se llama un <em>valence issue</em>, es decir, un tema con un alto nivel de acuerdo entre los ciudadanos y una inexistente competici&oacute;n entre los partidos. Despu&eacute;s de todo lo ocurrido, s&oacute;lo la izquierda radical ha intentado t&iacute;midamente problematizar este tema y desde la perspectiva de la reforma, no de la salida, como ha ocurrido en pa&iacute;ses como Francia o Reino Unido por la extrema derecha. Esto hace concluir que Europa sigue siendo un <em>valence issue</em> en Espa&ntilde;a, y la politizaci&oacute;n est&aacute; por venir (si es que llega).
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, &iquest;podemos hablar de cambio en la estructura del conflicto pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a? En efecto, ha habido cambios en los temas y en los actores aunque a&uacute;n sea pronto para evaluar si ser&aacute;n o no duraderos en el tiempo. Especialmente en 2015, aunque tambi&eacute;n t&iacute;midamente en 2011, el PP y el PSOE han perdido el monopolio del protagonismo, abriendo el debate a nuevos partidos como Podemos y Ciudadanos. Los temas que se abordan en el periodo de la crisis son notablemente diferentes a los que interesaban en el periodo anterior. El liberalismo cultural y las cuestiones de seguridad, particularmente lo relacionado con el terrorismo de ETA, se han visto desplazados y han ganado en preeminencia los asuntos de &iacute;ndole econ&oacute;mica. Asimismo, aunque la tendencia asoma levemente en 2008, es en las segundas elecciones de la crisis en las que se incorporan los temas de regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica e institucional al debate p&uacute;blico. Queda por ver c&oacute;mo se consolida el espectro pol&iacute;tico con la llegada de los nuevos actores, ya que la divisi&oacute;n nueva-vieja pol&iacute;tica y los temas que le acompa&ntilde;an s&oacute;lo puede ser, por definici&oacute;n, temporal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Anexo: Para entender mejor el an&aacute;lisis relacional de contenidos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con el fin de analizar la competencia partidista durante las campa&ntilde;as electorales, empleamos un an&aacute;lisis de contenido relacional de art&iacute;culos de prensa. Nos basamos en los datos de medios de comunicaci&oacute;n porque esto nos permite estudiar los conflictos visibles p&uacute;blicamente entre partidos y porque esta fuente de datos es especialmente sensible a los cambios pol&iacute;ticos y los temas del d&iacute;a. Nuestros resultados se basan en el an&aacute;lisis de los dos peri&oacute;dicos de mayor tirada, en este caso <em>El Pais</em> y <em>El Mundo.</em> Cada frase gramatical de un art&iacute;culo se reduce a su forma m&aacute;s b&aacute;sica, que contiene s&oacute;lo el sujeto (partido pol&iacute;tico), el objeto (tema), y la direcci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre los dos, cuantificada mediante una escala de entre -1 y + 1 (para m&aacute;s detalles sobre el m&eacute;todo ver <a href="http://ebooks.cambridge.org/chapter.jsf?bid=CBO9781139169219&amp;cid=CBO9781139169219A016" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dolezal, Hutter, y W&uuml;est 2012</a>). La Tabla 1 representa la lista exhaustiva de temas y el significado de la direcci&oacute;n para cada tema. En total, se han codificado unas 4.159 frases, alrededor de unas 1.000 por cada campa&ntilde;a electoral. Para este an&aacute;lisis se han excluido las categor&iacute;as de temas con menos del tres por ciento de relevancia as&iacute; como los partidos regionales para concentrarse en la competencia entre partidos a nivel nacional. Finalmente, la t&eacute;cnica que usamos para la representaci&oacute;n conjunta de los partidos y de los temas es una variante de <em>Multidimensional Scaling </em>(MDS), un m&eacute;todo flexible que nos permite ilustrar la relaci&oacute;n ponderada entre actores y temas en un espacio com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tabla 1</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c3b12c3-3f35-4320-981f-2b8592e4fb57_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c3b12c3-3f35-4320-981f-2b8592e4fb57_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c3b12c3-3f35-4320-981f-2b8592e4fb57_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c3b12c3-3f35-4320-981f-2b8592e4fb57_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c3b12c3-3f35-4320-981f-2b8592e4fb57_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5c3b12c3-3f35-4320-981f-2b8592e4fb57_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5c3b12c3-3f35-4320-981f-2b8592e4fb57_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        [1] Si bien el clivaje territorial constituye una segunda dimensi&oacute;n para algunos partidos regionalistas, &eacute;ste tambi&eacute;n se correlaciona con el eje izquierda-derecha para la mayor&iacute;a de partidos, tal y como se puede ver <a href="http://politikon.es/2016/05/20/politikon-grafico-el-nuevo-espacio-de-competicion-politica/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillem Vidal, Irene Sánchez-Vítores, Swen Hutter]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/conflicto-politico-espana-campanas-electorales_132_3932694.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jun 2016 17:51:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Cómo ha cambiado la crisis nuestro conflicto político?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gobiernos (Ir)responsables]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/gobiernos-irresponsables_1_4542983.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8435c5f-8ef9-41a7-8ff7-49e384579455_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gobiernos (Ir)responsables"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La creciente incompatibilidad de satisfacer los intereses de los ciudadanos y de los agentes externos ha sido evidente en repetidas ocasiones</p><p class="subtitle">Esto, en tiempos de crisis y escasez, ha generado un estado de indignación ante el que la clase política es incapaz de justificar sus privilegios en la medida que cumplen cada vez menos funciones importantes</p></div><p class="article-text">
        La era de la democracia de partidos ha llegado a su fin. As&iacute; comienza uno de los libros p&oacute;stumos del maestro Peter Mair titulado &lsquo;Gobernando el Vac&iacute;o&rsquo; <em>(Ruling the Void, 2012). </em><a href="http://www.amazon.co.uk/Ruling-The-Void-Hollowing-Democracy/dp/1844673243" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ruling the Void, 2012</a>A trav&eacute;s de un viaje emp&iacute;rico sobre los cambios en las m&uacute;ltiples dimensiones del comportamiento pol&iacute;tico, el autor vaticina el progresivo desfallecimiento del modelo occidental de democracia Europeo. Los s&iacute;ntomas resultan, si m&aacute;s no, convincentes.
    </p><p class="article-text">
        La desconexi&oacute;n entre los partidos pol&iacute;ticos y la ciudadan&iacute;a ha llegado a niveles extraordinarios. La claras l&iacute;neas ideol&oacute;gicas que los partidos pol&iacute;ticos representaban, y que anta&ntilde;o abarcaban marcadas circunscripciones, se han difuminado. Los ciudadanos nos hemos convertido en votantes amorfos reticentes al compromiso que supone la afiliaci&oacute;n partidista. De actores principales, los partidos pol&iacute;ticos han pasado a ser gigantes con pies de barro incapaces de sustentar la democracia en su forma actual.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n resulta parad&oacute;jica. El abrumador descontento con el funcionamiento democr&aacute;tico y los baj&iacute;simos niveles de confianza en las instituciones pol&iacute;ticas, especialmente marcados en los pa&iacute;ses del sur de Europa, contrastan con los altos niveles de apoyo que goza la democracia como r&eacute;gimen pol&iacute;tico. Dicho de otro modo, lo que est&aacute; en duda no es la democracia en s&iacute;, sino el ejercicio de &eacute;sta: democracia s&iacute;, pero no as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Este fen&oacute;meno parece ahondar sus ra&iacute;ces en la perdida de capacidad de respuesta pol&iacute;tica, o &lsquo;<em>responsiveness&rsquo;</em> en el termino anglosaj&oacute;n, que se refiere a la (in)capacidad de los gobiernos en responder a los intereses de la ciudadan&iacute;a. Tanto la globalizaci&oacute;n como el reto de la integraci&oacute;n Europea han tra&iacute;do consigo una serie de nuevos desaf&iacute;os que desde el inicio de la Gran Recesi&oacute;n en 2008 han situado a muchos gobiernos en una encrucijada. Por un lado, nuestros representantes tienen el deber de gobernar acorde con los intereses de los ciudadanos. Por otro, deben actuar de forma responsable ante los compromisos con agentes externos como organizaciones internacionales o agencias de cr&eacute;dito. Si bien los gobiernos democr&aacute;ticos siempre han tenido que lidiar con intereses contrapuestos, el problema acontece cuando satisfacer ambos resulta en una tarea irreconciliable.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de los pa&iacute;ses del sur de Europa, este conflicto de intereses que Mair acu&ntilde;a como el dilema entre &lsquo;<em>responsiveness&rsquo; </em>y &lsquo;<em>responsibility&rsquo;</em>, ha sido particularmente pronunciado. Los gobiernos Espa&ntilde;oles, al igual que los Griegos, Italianos y Portugueses, actuaron de forma &lsquo;responsable&rsquo; hacia agentes externos al implantar las medidas de austeridad prescritas por la <em>Troika</em>, por ello sacrificando la defensa del inter&eacute;s p&uacute;blico. La creciente incompatibilidad de satisfacer ambos conjuntos de intereses &ndash;de los ciudadanos y de agentes externos- ha sido evidente en repetidas ocasiones, independientemente del color ideol&oacute;gico del partido gobernante.
    </p><p class="article-text">
        Ante tal escenario, tanto la competencia entre partidos pol&iacute;ticos como las elecciones parecen perder significado. &iquest;Qu&eacute; sentido tiene acudir a las urnas si no hay alternativa? El resultado es una democracia electoral alejada de la ciudadan&iacute;a que provoca, en tiempos de bonanza, indiferencia, y en tiempos de escasez, indignaci&oacute;n. E ah&iacute; los famosos esl&oacute;ganes <em>&lsquo;No nos representan&rsquo; o &lsquo;PSOE y PP la misma mierda es&rsquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        El <em>S&iacute;ndrome de Tocqueville</em> adquiere especial relevancia en este contexto: 'la casta' es incapaz de justificar sus privilegios en la medida que cumplen cada vez menos funciones importantes. No es sorprendente, por lo tanto, que surjan nuevos movimientos sociales y partidos pol&iacute;ticos reclamando recuperar la perdida soberan&iacute;a popular o <em>responsiveness</em>. Muchos de ellos, bien se identifiquen con un lado u otro del espectro ideol&oacute;gico, abogan por reemplazar el modelo actual por un una democracia m&aacute;s directa y participativa que priorice el empoderamiento de la voluntad popular.
    </p><p class="article-text">
        El mensaje que comparten cruza fronteras y oc&eacute;anos: las elites econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas han secuestrado la democracia, y nosotros, los verdaderos representantes del pueblo, vamos a rescatarla. Si bien en ocasiones este tipo de discursos han acabado por sofocar libertades caracter&iacute;sticas de las democracias liberales, estos partidos resultan atractivos en cuanto apelan a uno de los problemas fundamentales del modelo actual de forma sencilla y directa a trav&eacute;s de la b&uacute;squeda de un enemigo claramente identificable, ya sea interno (partidos pol&iacute;ticos, la corrupci&oacute;n, la casta&hellip;) o externo (la Uni&oacute;n Europea, la inmigraci&oacute;n&hellip;).
    </p><p class="article-text">
        Las democracias del Sur de Europa se enfrentan ante un grave problema de representatividad agravado por la crisis econ&oacute;mica. Gobiernos de todos colores se han visto forzados a actuar conforme a las demandas de la <em>Troika</em> claramente en contra del inter&eacute;s publico. El resultado es la apertura de un nuevo espacio pol&iacute;tico para nuevos partidos y movimientos que prometen la recuperaci&oacute;n de la soberan&iacute;a popular y todav&iacute;a gozan de la credibilidad que otorga su novedad. Queda por ver, sin embargo, c&oacute;mo se llenan estos vac&iacute;os, y sobretodo, de que substancia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillem Vidal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/gobiernos-irresponsables_1_4542983.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Nov 2014 19:16:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d8435c5f-8ef9-41a7-8ff7-49e384579455_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="29229" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d8435c5f-8ef9-41a7-8ff7-49e384579455_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="29229" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Gobiernos (Ir)responsables]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d8435c5f-8ef9-41a7-8ff7-49e384579455_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lea más periódicos y le gustará más su democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/lea-periodicos-gustara-democracia_1_4851787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/29582059-f2d7-4604-9cfd-dfc6f543b520_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lea más periódicos y le gustará más su democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los ciudadanos más satisfechos con la democracia tienden a mostrar un alto interés por la política</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos de la &uacute;ltima ronda de la Encuesta Social Europea (ESE) en 2012, los pa&iacute;ses en que sus ciudadanos muestran un alto inter&eacute;s por la pol&iacute;tica tambi&eacute;n tienden a sentirse m&aacute;s satisfechos con su democracia. A pesar de que pueda tratarse de una relaci&oacute;n no causal, es decir, que un mayor inter&eacute;s no genere una mayor satisfacci&oacute;n, se trata de una evidencia poco casual.
    </p><p class="article-text">
        Si nos fijamos en los pa&iacute;ses que componen cada extremo del gr&aacute;fico no es dif&iacute;cil discernir entre los pa&iacute;ses del Sur o la periferia de la UE, donde tanto el inter&eacute;s como la satisfacci&oacute;n son bajos, y los del Norte o centro, d&oacute;nde ocurre todo lo contrario. Entre el primer grupo podemos encontrar pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a o Portugal junto con pa&iacute;ses de tard&iacute;a incorporaci&oacute;n a la UE como Eslovenia o Rumania. A medida que los niveles de satisfacci&oacute;n e inter&eacute;s por la pol&iacute;tica aumentan aparece un segundo grupo compuesto por pa&iacute;ses n&oacute;rdicos como Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia, Suiza, y en menor medida Alemania, Holanda, Francia o Reino Unido.
    </p><p class="article-text">
        Una posible explicaci&oacute;n es que los ciudadanos en los pa&iacute;ses m&aacute;s afectados por las medidas de austeridad perciban que la pol&iacute;tica no puede hacer frente al deterioro econ&oacute;mico y social de su pa&iacute;s, y que por lo tanto, carece de importancia. Parad&oacute;jicamente, <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/interes-politica-espanoles_0_142436310.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el inter&eacute;s por la pol&iacute;tica parece estar al alza</a> desde la crisis econ&oacute;mica en algunos de estos pa&iacute;ses, aunque quiz&aacute; ya no se trate de un inter&eacute;s por la pol&iacute;tica tradicional.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillem Vidal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/lea-periodicos-gustara-democracia_1_4851787.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 May 2014 18:49:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/29582059-f2d7-4604-9cfd-dfc6f543b520_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="39957" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/29582059-f2d7-4604-9cfd-dfc6f543b520_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="39957" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lea más periódicos y le gustará más su democracia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/29582059-f2d7-4604-9cfd-dfc6f543b520_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué pasa cuando las elecciones no sirven para castigar a los políticos que se lo merecen?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/elecciones-sirven-castigar-politicos-merecen_1_4922043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Para que la confianza en el sistema democrático se mantenga, los políticos ineptos o corruptos deberían ser penalizados por sus acciones pasadas mientras que los políticos que ‘sí nos representan’ deberían ser re-elegidos. Sin embargo, la democracia se resiente porque este sencillo mecanismo de castigo y recompensa no parece funcionar en el actual contexto de crisis económica.</p></div><p class="article-text">
        Una dificultad compartida por los ciudadanos del Sur de Europa es la de c&oacute;mo identificar con precisi&oacute;n qu&eacute; pol&iacute;ticos son responsables de la crisis econ&oacute;mica y cu&aacute;les de ellos deber&iacute;an ser castigados. Tampoco est&aacute; claro que las alternativas pol&iacute;ticas que ofrecen los grandes partidos con opciones de gobernar sean diferentes y que un cambio de color en el ejecutivo pueda suponer un cambio sustancial, especialmente en materia econ&oacute;mica. Este es un argumento que retomaremos m&aacute;s adelante. Por ahora nos limitaremos a afirmar que la principal consecuencia de que las elecciones no est&eacute;n cumpliendo con su papel de legitimaci&oacute;n de la democracia es que la frustraci&oacute;n de los ciudadanos se est&aacute; proyectando de manera indiscriminada hacia todas las instituciones pol&iacute;ticas clave, en especial el gobierno, el parlamento y los partidos pol&iacute;ticos.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Cu&aacute;ndo aumenta la desafecci&oacute;n pol&iacute;tica?</h3><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo aumenta la desafecci&oacute;n pol&iacute;tica?</strong>La Gran Recesi&oacute;n que comenz&oacute; en 2008 ha provocado un aumento exponencial de la insatisfacci&oacute;n pol&iacute;tica respecto al sistema democr&aacute;tico en los pa&iacute;ses del sur de Europa. Los niveles de desconfianza hacia las instituciones pol&iacute;ticas clave se encuentran en su punto m&aacute;s alto en Grecia, Portugal y Espa&ntilde;a. Como puede observarse en el gr&aacute;fico 1, los resultados del Eurobar&oacute;metro entre 1986 y 2013 indican que una gran proporci&oacute;n de ciudadanos del sur del Mediterr&aacute;neo son m&aacute;s esc&eacute;pticos con el funcionamiento de la democracia, especialmente desde el colapso de Lehman Brothers, que queda recogido en el gr&aacute;fico a trav&eacute;s de una l&iacute;nea roja punteada vertical.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1 - La insatisfacci&oacute;n con la democracia en Grecia, Portugal, Espa&ntilde;a y la UE-12, 1986-2013</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a100d3-d9ae-4941-b9d5-6351c725fd35_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a100d3-d9ae-4941-b9d5-6351c725fd35_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a100d3-d9ae-4941-b9d5-6351c725fd35_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a100d3-d9ae-4941-b9d5-6351c725fd35_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a100d3-d9ae-4941-b9d5-6351c725fd35_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/68a100d3-d9ae-4941-b9d5-6351c725fd35_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/68a100d3-d9ae-4941-b9d5-6351c725fd35_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo debemos interpretar estos resultados? &iquest;Hay alguna relaci&oacute;n entre la Gran Recesi&oacute;n y el aumento de la insatisfacci&oacute;n con la democracia? &iquest;Podr&iacute;a decirse que la democracia ha fallado al electorado? &iquest;O son las mismas instituciones pol&iacute;ticas las causantes de dicha insatisfacci&oacute;n? Una posible explicaci&oacute;n ser&iacute;a que el aumento en la tasa de paro se encontrar&iacute;a tras los altos &iacute;ndices de 'desafecci&oacute;n pol&iacute;tica', una malquerencia que se podr&iacute;a definir como &ldquo;un sentimiento de impotencia, cinismo y falta de confianza en el proceso pol&iacute;tico&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Qui&eacute;n tiene la culpa? &iquest;Los pol&iacute;ticos o el desempleo?</h3><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;n tiene la culpa? &iquest;Los pol&iacute;ticos o el desempleo?</strong>De acuerdo con las teor&iacute;as del voto econ&oacute;mico, los ciudadanos castigan o recompensan a los gobiernos en ejercicio bas&aacute;ndose en el comportamiento macroecon&oacute;mico del pa&iacute;s, sobre todo cuando el desempleo aumenta. Si esta hip&oacute;tesis fuese correcta, los votantes del sur de Europa deber&iacute;an penalizar a los gobiernos en el poder al ser percibidos como malos gestores de la crisis. En circunstancias normales el electorado podr&iacute;a depositar la confianza en los representantes reci&eacute;n elegidos completando as&iacute; el proceso c&iacute;clico que legitima la democracia. Desafortunadamente las condiciones que hacen posible la recompensa y el castigo no est&aacute;n presentes en la situaci&oacute;n actual.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 2 ilustra los crecientes niveles de desconfianza pol&iacute;tica mostrados hacia el gobierno, el parlamento y los partidos pol&iacute;ticos en Grecia, Portugal y Espa&ntilde;a. Adem&aacute;s, se a&ntilde;ade un cuarto gr&aacute;fico para mostrar el contraste entre estos tres pa&iacute;ses y los resultados agregados de los 12 pa&iacute;ses que fundaron la UE en 1993 (EU-12). Las l&iacute;neas punteadas verticales indican las elecciones legislativas, la l&iacute;nea roja punteada vertical indica el inicio de la recesi&oacute;n y las &aacute;reas sombreadas muestran si el gobierno es socialdem&oacute;crata (rojo) o conservador (azul). Los tres primeros casos muestran claramente que acudir a las urnas o el cambio de color del gobierno no ha frenado el aumento de la desafecci&oacute;n pol&iacute;tica. El gr&aacute;fico indica que, a pesar de que la desafecci&oacute;n disminuye ligeramente tras la celebraci&oacute;n de comicios, se mantiene un persistente aumento de la desconfianza en los tres pa&iacute;ses, con independencia de si se celebraron elecciones legislativas o se produjo un cambio en el color del gobierno.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2 - Los niveles de desempleo y la desconfianza hacia las instituciones pol&iacute;ticas en Grecia, Portugal, Espa&ntilde;a y la UE-12, 2003-2013</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e9c9a22-de47-47a9-84ad-626d8c8d1732_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e9c9a22-de47-47a9-84ad-626d8c8d1732_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e9c9a22-de47-47a9-84ad-626d8c8d1732_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e9c9a22-de47-47a9-84ad-626d8c8d1732_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e9c9a22-de47-47a9-84ad-626d8c8d1732_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e9c9a22-de47-47a9-84ad-626d8c8d1732_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8e9c9a22-de47-47a9-84ad-626d8c8d1732_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bd85200-56d0-432c-89fe-c64178d73c77_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bd85200-56d0-432c-89fe-c64178d73c77_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bd85200-56d0-432c-89fe-c64178d73c77_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bd85200-56d0-432c-89fe-c64178d73c77_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bd85200-56d0-432c-89fe-c64178d73c77_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7bd85200-56d0-432c-89fe-c64178d73c77_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7bd85200-56d0-432c-89fe-c64178d73c77_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ab9180f-970e-4b2f-9862-0aa95c2f37f6_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ab9180f-970e-4b2f-9862-0aa95c2f37f6_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ab9180f-970e-4b2f-9862-0aa95c2f37f6_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ab9180f-970e-4b2f-9862-0aa95c2f37f6_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ab9180f-970e-4b2f-9862-0aa95c2f37f6_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ab9180f-970e-4b2f-9862-0aa95c2f37f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9ab9180f-970e-4b2f-9862-0aa95c2f37f6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/19e2515a-d91e-4d04-90dc-404c7261ec0e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/19e2515a-d91e-4d04-90dc-404c7261ec0e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/19e2515a-d91e-4d04-90dc-404c7261ec0e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/19e2515a-d91e-4d04-90dc-404c7261ec0e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/19e2515a-d91e-4d04-90dc-404c7261ec0e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/19e2515a-d91e-4d04-90dc-404c7261ec0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/19e2515a-d91e-4d04-90dc-404c7261ec0e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Los datos muestran claramente que la celebraci&oacute;n de elecciones no ha impedido un aumento de la desconfianza institucional en el sur de Europa, tal vez porque los ciudadanos no pueden castigar adecuadamente a los corresponsables de la actual crisis econ&oacute;mica a nivel nacional e internacional. En cambio, podemos observar que el aumento de la tasa de desempleo (l&iacute;nea inferior en los gr&aacute;ficos) resulta un predictor preciso de la desconfianza pol&iacute;tica y que la sanci&oacute;n electoral no ha ayudado a los ciudadanos a renovar la confianza en las instituciones democr&aacute;ticas. De hecho, los ciudadanos del sur de Europa han castigado a las instituciones pol&iacute;ticas de forma indiscriminada y los niveles de desconfianza se encuentran en su punto m&aacute;s alto desde 2003.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;C&oacute;mo castigar al responsable?</h3><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo castigar al responsable?</strong>La tasa de paro y la desafecci&oacute;n pol&iacute;tica evolucionan de forma similar, pero esto no quiere decir que el desempleo sea el causante de la desconfianza. Como dicen los cient&iacute;ficos sociales, correlaci&oacute;n no es causalidad. Una posible explicaci&oacute;n tiene que ver con el hecho de que la Gran Recesi&oacute;n es una crisis multinivel (de dimensiones estatales, europeas y globales) mientras que el mecanismo de rendici&oacute;n de cuentas que el ciudadano tiene m&aacute;s a mano es el estatal y, el pr&oacute;ximo 25 de mayo, el europeo. Conscientes de las consecuencias que puede tener para su futuro profesional, los pol&iacute;ticos que han gestionado la recesi&oacute;n tienden a se&ntilde;alar las caracter&iacute;sticas transnacionales o globales de la crisis en un intento de exoneraci&oacute;n de responsabilidades. Si esta explicaci&oacute;n es plausible, los ciudadanos percibir&iacute;an el d&eacute;ficit democr&aacute;tico a nivel europeo, sobre todo en temas de pol&iacute;tica econ&oacute;mica, y ser&iacute;an conscientes de la falta de instrumentos para castigar a los pol&iacute;ticos responsables en los niveles europeos y globales. Por exponerlo de otra manera, &iquest;c&oacute;mo se castiga a los responsables internacionales del austericidio? La falta de mecanismos efectivos de castigo y recompensa resulta en frustraci&oacute;n colectiva y en la p&eacute;rdida de confianza en el sistema pol&iacute;tico, una situaci&oacute;n m&aacute;s peligrosa de lo que puede parecer a primera vista.
    </p><p class="article-text">
        Bertrand Russell defini&oacute; la democracia como &ldquo;el proceso mediante el cual el pueblo elige a la persona a qui&eacute;n le echar&aacute; la culpa&rdquo;. Si los ciudadanos no son capaces de identificar eficazmente a los representantes que merecen ser castigados y elegir alternativas cre&iacute;bles, las elecciones se vuelven irrelevantes, y los ciudadanos desarrollan desafecci&oacute;n pol&iacute;tica o desconfianza hacia todas las instituciones pol&iacute;ticas (especialmente el gobierno, el parlamento y los partidos pol&iacute;ticos). Lo que nos lleva a preguntarnos, &iquest;hasta cu&aacute;ndo se puede mantener la desconfianza de los ciudadanos en las instituciones pol&iacute;ticas antes de que comiencen a cuestionar la democracia como r&eacute;gimen? &iquest;Cabe pensar que la desafecci&oacute;n pol&iacute;tica no acabar&aacute; afectando a la legitimidad de la democracia?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Muro, Guillem Vidal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/elecciones-sirven-castigar-politicos-merecen_1_4922043.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Apr 2014 18:37:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Qué pasa cuando las elecciones no sirven para castigar a los políticos que se lo merecen?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuándo nos importa la corrupción?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/importa-corrupcion_1_4977584.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0700f055-4288-40df-a2ee-5d330f6e1299_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuándo nos importa la corrupción?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué piensan los españoles de la corrupción? ¿Creen que ha aumentado en  los últimos años? ¿Hay alguna relación entre la percepción de la  corrupción y la crisis económica?</p></div><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos de la ONG Transparencia Internacional (l&iacute;nea superior del gr&aacute;fico), Espa&ntilde;a obtuvo su peor resultado hist&oacute;rico en los &iacute;ndices de corrupci&oacute;n en el a&ntilde;o 2013. Asimismo, las encuestas del CIS sobre las preocupaciones de los ciudadanos indican que a partir del inicio de la Gran Recesi&oacute;n en septiembre de 2008, la corrupci&oacute;n se convirti&oacute; en una de las mayores preocupaciones de los espa&ntilde;oles. La corrupci&oacute;n y el fraude pas&oacute; a ser el segundo problema m&aacute;s importante para los ciudadanos a principios del 2013 seguido de la tasa de paro, indicada en el gr&aacute;fico con una l&iacute;nea roja.
    </p><p class="article-text">
        Parece improbable que Espa&ntilde;a sea hoy un pa&iacute;s mucho m&aacute;s corrupto que antes de la Gran Recesi&oacute;n, cuando nos encontr&aacute;bamos en medio de una burbuja inmobiliaria que facilitaba el tr&aacute;mite de sobres. Por el contrario, la crisis econ&oacute;mica seguramente haya contra&iacute;do la actividad econ&oacute;mica as&iacute; como la corrupci&oacute;n en t&eacute;rminos absolutos. Y sin embargo, la percepci&oacute;n de la corrupci&oacute;n como problema ha ido al alza en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, tal y como indica el &aacute;rea sombreada azul.
    </p><p class="article-text">
        Una explicaci&oacute;n m&aacute;s cre&iacute;ble es que cuando los ciudadanos nos vemos amenazados por circunstancias econ&oacute;micas adversas seamos m&aacute;s propicios a buscar culpables y percibir la corrupci&oacute;n como un mal de las instituciones o de la &lsquo;clase pol&iacute;tica&rsquo; que nos ha llevado a esta situaci&oacute;n. Curiosamente, los niveles de desempleo evolucionan de una forma muy similar a los cambios en la percepci&oacute;n de la corrupci&oacute;n, aunque es posible que uno no sea la causa del otro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; que la corrupci&oacute;n s&oacute;lo nos importa cuando la econom&iacute;a va mal?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Muro, Guillem Vidal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/importa-corrupcion_1_4977584.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Mar 2014 19:47:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0700f055-4288-40df-a2ee-5d330f6e1299_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="59160" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0700f055-4288-40df-a2ee-5d330f6e1299_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="59160" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Cuándo nos importa la corrupción?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0700f055-4288-40df-a2ee-5d330f6e1299_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política,Corrupción]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
