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    <title><![CDATA[elDiario.es - Xavier Domènech]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/xavier_domenech/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Xavier Domènech]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Anatomía de un instante: La democracia en el Palacio o la última batalla del mito de la transición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/anatomia-instante-democracia-palacio-ultima-batalla-mito-transicion_129_12782595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6587a89-2958-4064-8b01-33cd7c5acb37_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1781y804.jpg" width="1200" height="675" alt="Anatomía de un instante: La democracia en el Palacio o la última batalla del mito de la transición"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La propia fotografía del Rey acogiendo a un Suárez que ya no podía recordar –y por ello lo reivindicaba entonces y no antes– y que afirmaba su papel (“La transición la hicimos Adolfo y yo”, dijo), indicaba ya el ocaso de un mito que se tenía que extasiar</p></div><p class="article-text">
        Walter Benjamin, en su 'El Par&iacute;s del Segundo Imperio en Baudelaire', observa que, frente a la visi&oacute;n de la masa como creadora de un Victor Hugo de '<em>Les Mis&eacute;rables</em>', el poeta franc&eacute;s se separa de ella a partir de la figura del h&eacute;roe en huida. Construye en ese sentido una comuni&oacute;n explicativa a partir del uso de las alegor&iacute;as que &ldquo;son las &uacute;nicas que est&aacute;n en el secreto (&hellip;) Su t&eacute;cnica es la del <em>putsch</em>&rdquo;. El golpe de Estado que transfigura una realidad en otra. Algo parecido se podr&iacute;a decir de la nueva serie 'Anatom&iacute;a de un instante', basada en la novela de 2008 de Javier Cercas y estrenada el 20N, justo en el momento que se conmemora el cincuenta aniversario de la muerte de Franco, para fijar un relato sobre el fin de la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        En el trabajo de Cercas hay alegor&iacute;as constantes &ndash;de hecho, se construye sobre una sola imagen: la del 23 de febrero de 1981&ndash; y hay h&eacute;roes, que lo son en tanto en cuanto huyen y traicionan a los &ldquo;suyos&rdquo; para pactar con los &ldquo;otros&rdquo;. Mimbres desde los que se construye un relato sofisticado para hacer arder de nuevo las cenizas en las que ha quedado reducido el mito de la transici&oacute;n. No hay en &eacute;l, por supuesto, pueblo, si no es para sellar y aplaudir el mito. No es que en la realidad, que no en la ficci&oacute;n que se hace pasar por documental en la serie, este no estuviera presente. La historiograf&iacute;a, que no la novela, ha asentado desde la d&eacute;cada de los noventa del siglo pasado que el r&eacute;gimen no muri&oacute; en la cama, ni tampoco en los palacios, sino en la calle. Algo que, por otro lado, era conocido por los propios jerarcas de la dictadura, cuando afirmaban que &ldquo;la primera batalla de la transici&oacute;n se da en la calle&rdquo;, o por el mismo ministro de Gobernaci&oacute;n del primer gobierno de la Monarqu&iacute;a, a&uacute;n en dictadura, Fraga Iribarne, que, obsesionado por controlar la calle, ve&iacute;a en las huelgas generales de Sabadell o Vitoria en 1976 &ldquo;una ocupaci&oacute;n de la ciudad, como la de Petrogrado en 1917&rdquo;. Percepci&oacute;n que tambi&eacute;n estaba asentada entre la poblaci&oacute;n cuando, preguntada por el CIS en 1985 (momento &aacute;lgido de la construcci&oacute;n del mito de la transici&oacute;n en torno a la figura del Rey) sobre a qui&eacute;n se deb&iacute;an las libertades, solo un escaso 13 % apuntaba a los dirigentes institucionales, mientras que el 55 % cre&iacute;a que la clave hab&iacute;an sido las movilizaciones populares. Durante lo que restaba del siglo XX no se volvi&oacute; a realizar tal tipo de pregunta. A partir de entonces solo se pidi&oacute; que se valorara hasta qu&eacute; punto la figura del Rey hab&iacute;a sido clave, por si hab&iacute;a alguna duda a&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco en 'Anatom&iacute;a de un instante' este protagonismo de las movilizaciones est&aacute; ni se le espera. Solo aparece mencionado para explicar que la calle era ocupada bajo &oacute;rdenes del PCE para forzar su legalizaci&oacute;n. Algo, esto de que la gente solo sal&iacute;a a protestar para conseguir la legalizaci&oacute;n comunista, que no deja de sorprender teniendo en cuenta que si en 1976 Espa&ntilde;a era el pa&iacute;s con m&aacute;s conflictos de Europa, en 1979, dos a&ntilde;os despu&eacute;s de la legalizaci&oacute;n del PCE, ya lo era del conjunto de pa&iacute;ses de la OCDE. Tambi&eacute;n se muestra por una &uacute;nica vez una manifestaci&oacute;n, la del entierro de los abogados asesinados por la extrema derecha en Atocha. Asesinato que se atribuye a la aprobaci&oacute;n de la Ley para la Reforma Pol&iacute;tica, y no al conflicto en la construcci&oacute;n en Madrid que era su verdadero origen, de la misma forma que el golpe de Estado de 1981 se atribuye reiteradamente a la legalizaci&oacute;n del PCE, que hab&iacute;a acaecido cuatro a&ntilde;os antes, en un intento obsesivo de encauzar y encapsular todo hacia lo institucional y hacia un &ldquo;instante concreto&rdquo; sobreinterpretado en exceso. En todo caso, esa &uacute;nica manifestaci&oacute;n, contenida en un relato que recorre cuatro cap&iacute;tulos, aparece precisamente para mostrar la calle, una calle que en ese momento era un entierro, en su autocontenci&oacute;n, en su &ldquo;silencio emocionante&rdquo;. No hab&iacute;a ruido, solo orden, nada distorsionaba el redoble de los despachos de mando.
    </p><p class="article-text">
        Los h&eacute;roes y los espacios del cambio son otros en esta ficci&oacute;n que quiere ser verdad hist&oacute;rica y, por tanto, memoria. Los h&eacute;roes son Su&aacute;rez, Carrillo y Torcuato Fern&aacute;ndez Miranda, admirablemente interpretados, y los espacios, los palacios de la Moncloa y el Pardo que resuelven sus tensiones finalmente en el Congreso. All&iacute; se jug&oacute; todo, all&iacute; se dio todo, all&iacute; se cre&oacute; todo. Pero, encerrados all&iacute;, no se entiende nada. Se hace incomprensible, por ejemplo, la propia elecci&oacute;n de Adolfo Su&aacute;rez como presidente en julio de 1976: &iquest;por qu&eacute; en ese momento, por qu&eacute; &eacute;l? El pen&uacute;ltimo secretario general del Movimiento (es decir, de la Falange), con el que para el historiador Javier Tusell Su&aacute;rez estaba absolutamente identificado, se convierte de golpe en un oportunista de provincias sin ideolog&iacute;a que ten&iacute;a como virtud su fidelidad al Rey y haberlo ayudado a salir a disfrutar de las noches madrile&ntilde;as. 
    </p><p class="article-text">
        En palabras del monarca en la serie: &ldquo;Adolfo es adolfista&rdquo;, poco m&aacute;s, y ah&iacute; reside su heroicidad. La realidad, que describe bien el propio Cercas al final de su libro aunque no le da ning&uacute;n sentido interpretativo m&aacute;s all&aacute; del personal, es que Su&aacute;rez es elegido presidente del Gobierno precisamente porque gran parte del aparato del franquismo lo puede reconocer como uno de los &ldquo;suyos&rdquo;, a diferencia del propio Fraga o Areilza, que eran los verdaderos &ldquo;reformistas&rdquo; del gobierno anterior, en el camino hacia el cambio. Un cambio, y de aqu&iacute; el momento de su elecci&oacute;n, que se da porque la calle ya no es del franquismo, el gobierno no puede gobernar y de lo que se trata es de cambiar para superar la inoperancia y sobrevivir. Tampoco hubo tantas fisuras en esto como se pretende en esta ficci&oacute;n que quiere pasar por documental. El tiempo dedicado en la serie a la &ldquo;astucia&rdquo; pol&iacute;tica y a la tensi&oacute;n que llev&oacute; a que se pudiera aprobar in extremis la Ley para la Reforma Pol&iacute;tica por parte de las Cortes franquistas, como si ese fuera el momento del nacimiento de la democracia, no deja de provocar una cierta hilaridad. Esa ley se aprob&oacute; con 425 votos a favor y, de hecho, el Gobierno durante el franquismo nunca hab&iacute;a perdido una votaci&oacute;n en esas Cortes.
    </p><p class="article-text">
        No es que en los palacios no hubiera historias emocionantes. Ah&iacute; est&aacute;, por ejemplo, la de Carmen D&iacute;az de Rivera que, en una serie donde no hay mujeres protagonistas, es presentada solo con un lac&oacute;nico &ldquo;Ella es Carmen&rdquo; y ubicada ahist&oacute;ricamente en algunos momentos. La jefa de gabinete de Adolfo Su&aacute;rez, hija ileg&iacute;tima del arquitecto institucional del franquismo (Serrano Su&ntilde;er), ideol&oacute;gicamente cada vez m&aacute;s roja y enlace clave con la oposici&oacute;n en ciertos momentos, contiene en su historia tambi&eacute;n &ldquo;instantes&rdquo; aleg&oacute;ricos. Historias s&iacute;, muchas, pero la &eacute;pica de la libertad se libraba en otros lugares. Espacios y sujetos colectivos que justo en este momento las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de la memoria han empezado a asumir ante la debilidad de un relato en el que todo pas&oacute; en dos palacios y cuatro despachos.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, este relato hac&iacute;a aguas ya en 2008, cuando sali&oacute; el libro de Cercas. La propia fotograf&iacute;a del Rey durante ese mismo a&ntilde;o acogiendo a un Su&aacute;rez que ya no pod&iacute;a recordar &ndash;y por ello lo reivindicaba entonces y no antes&ndash; y que afirmaba su papel (&ldquo;La transici&oacute;n la hicimos Adolfo y yo&rdquo;, dijo), indicaba ya el ocaso de un mito que se ten&iacute;a que extasiar. 'Anatom&iacute;a de un instante' tuvo el valor de reconstruirlo, a partir de la idea de los h&eacute;roes traidores, de una forma sofisticada. Han pasado casi dos d&eacute;cadas de ese momento, paso del tiempo que se deja notar en la serie, cuando parece presentar  la figura del Rey m&aacute;s oscura y ambivalente que el propio libro (se indica que la &ldquo;operaci&oacute;n Armada&rdquo;, que condujo al golpe de Estado, se inici&oacute; despu&eacute;s de una reuni&oacute;n con el monarca). 
    </p><p class="article-text">
        Pero ahora, a cincuenta a&ntilde;os de la muerte del dictador, con el propio antiguo monarca destruyendo a hachazos su mito, tenemos una magn&iacute;fica mutaci&oacute;n del mito en esta serie. Estrenada el 20N, pronto tambi&eacute;n aparecer&aacute;n las memorias del Rey en castellano. Todo de nuevo presente, para saber qu&eacute; se debe saber y recordar. Es mejor, sin duda, la serie, m&aacute;s convincente, basada en el arte de un autor en construir la &eacute;pica de los h&eacute;roes ca&iacute;dos. Un autor que, ir&oacute;nicamente, se ha convertido en un gran cr&iacute;tico del presidente del Gobierno actual, pidiendo su dimisi&oacute;n, despu&eacute;s de que se intentara articular un nuevo canal de televisi&oacute;n ligado al &ldquo;sanchismo&rdquo;, precisamente por ser, en su opini&oacute;n, un traidor. Tambi&eacute;n &eacute;l, como Su&aacute;rez, debe abandonar el poder &ldquo;para salvar la democracia&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/anatomia-instante-democracia-palacio-ultima-batalla-mito-transicion_129_12782595.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Nov 2025 21:05:56 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA['Un haz de naciones': los futuros (im)posibles de una crisis territorial sin precedentes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/haz-naciones-crisis-afirmacion-soberanias_1_6079987.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">eldiario.es adelanta uno de los capítulos del último libro de Xavier Domènech, historiador y exdirigente de Catalunya en Comú, sobre las relaciones nacionales y el debate de la soberanía en España</p></div><p class="article-text">
        <strong> &iquest;Reforma o ruptura? Los futuros (im)posibles</strong>
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        Pedro S&aacute;nchez fue defenestrado de la Secretar&iacute;a General del PSOE en la noche de autos del 2 de octubre, y el 29 de octubre Mariano Rajoy fue elegido otra vez presidente de Espa&ntilde;a, con 68 abstenciones del PSOE. La estrategia de Rajoy de sentarse y esperar mientras cruj&iacute;a el sistema pol&iacute;tico acab&oacute; con un &eacute;xito absoluto y el PSOE pr&aacute;cticamente de rodillas pidiendo compasi&oacute;n. Pero hab&iacute;a poca gloria en esa victoria hecha de hiel. Empezaba la legislatura del bloqueo. El bloqueo a un parlamento donde el Gobierno no ten&iacute;a una mayor&iacute;a clara, practicado desde la Mesa del Congreso, donde s&iacute; que la ten&iacute;a; el bloqueo de un Gobierno sin capacidad de sacar adelante iniciativas en ese mismo parlamento que manten&iacute;a bloqueado, y el bloqueo tambi&eacute;n con Catalu&ntilde;a. Pocas semanas despu&eacute;s de la investidura de Rajoy, el PNV y el Partido Socialista de Euskadi llegaban a un acuerdo para formar un nuevo Gobierno en el Pa&iacute;s Vasco. Ese acuerdo inclu&iacute;a abrir el debate sobre el derecho a decidir en el marco de una nueva reforma estatutaria. En ese caso, tras un a&ntilde;o de bloqueo, presiones y crujidos, aquello que seg&uacute;n el PSOE hac&iacute;a imposible un acuerdo con Podemos y la confluencias en Espa&ntilde;a, no fue un problema en el caso vasco.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco el retorno de Pedro S&aacute;nchez a la Secretar&iacute;a General del PSOE el 21 de mayo cambi&oacute; sustancialmente la situaci&oacute;n a pesar de lo &eacute;pico que fue ese proceso. Un Pedro S&aacute;nchez que ahora afirmaba que Catalu&ntilde;a era una naci&oacute;n, que hablaba de plurinacionalidad y del pacto con Podemos que no hizo en su etapa anterior, fue aupado por la militancia contra el aparato del partido en las primarias contra todo pron&oacute;stico. Para muchos socialistas, fue su particular 15M. Pero &eacute;l, que ya no ten&iacute;a acta de diputado, y el nuevo n&uacute;cleo dirigente decidieron instalarse en el tiempo de espera una vez conseguido el poder interno en el partido: seg&uacute;n dec&iacute;an, antes de hacer nada, ten&iacute;an que ganar el conjunto de congresos regionales socialistas. Cierto que se intentaba hacer reuniones, algunas con el propio Pedro S&aacute;nchez, en las que se parec&iacute;a anunciar un nuevo ciclo, pero la verdad es que &eacute;l no controlaba un grupo parlamentario que, en puridad, en parte era el mismo que lo hab&iacute;a defenestrado de la Secretar&iacute;a General, y tampoco en aquello que se refer&iacute;a a Catalu&ntilde;a o la plurinacionalidad, como en muchos otros temas, se apreciaban pasos m&aacute;s all&aacute; de un nuevo discurso. Patxi L&oacute;pez, que, por lo dem&aacute;s, se hab&iacute;a enfrentado con Pedro S&aacute;nchez por la Secretar&iacute;a General pregunt&aacute;ndole qu&eacute; entend&iacute;a por naci&oacute;n (una pregunta que hizo precisamente para criticar sus nuevas posiciones), era ahora el nuevo responsable de la plurinacionalidad y de la propuesta de modelo territorial en el PSOE. Tal como se hab&iacute;a aprobado en junio de 2017, durante su 39 Congreso, los socialistas se compromet&iacute;an a &laquo;perfeccionar el reconocimiento del car&aacute;cter plurinacional del Estado&raquo;, lo cual, por lo que se ve, era algo ya reconocido que solo cab&iacute;a &laquo;perfeccionar&raquo;, en el marco de una reforma federal, pero sin tocar el tab&uacute; de la soberan&iacute;a indivisible. En la medida que era yo mismo quien se ocupaba de los temas de la plurinacionalidad en el grupo confederal, quise hablar con Patxi L&oacute;pez para intentar encontrar un lenguaje com&uacute;n con ellos que permitiera poner las bases para empezar a hablar de soluciones en el contexto catal&aacute;n. En un breve encuentro, que ya no se repiti&oacute; m&aacute;s, previo a una reuni&oacute;n que deb&iacute;amos mantener con el PSOE sobre el tema territorial, y que creo que al final tampoco se lleg&oacute; a celebrar, le coment&eacute; la posibilidad a L&oacute;pez, dado el problema que generaba la palabra &laquo;soberan&iacute;a&raquo;, de que en vez de ese t&eacute;rmino utiliz&aacute;ramos el de demos, el demos catal&aacute;n, vasco, gallego o andaluz, pues estos exist&iacute;an para decidir de forma separada y refrendataria sobre su propio Estatuto. Me dijo que s&iacute;, pero se qued&oacute; pensativo y, al cabo de nada, exclam&oacute;: &laquo;&iexcl;Me est&aacute;s haciendo trampa!&raquo;. Yo le contest&eacute; que no, que estaba tratando de encontrar un lenguaje com&uacute;n. Poco despu&eacute;s le envi&eacute; un prudente mensaje a un dirigente socialista catal&aacute;n diciendo que no hab&iacute;a encontrado al nuevo responsable del tema territorial muy puesto en el tema, pero que quiz&aacute;s no era m&aacute;s que una impresi&oacute;n. Su respuesta fue clara: &laquo;Creo que tu impresi&oacute;n es correcta&raquo;. Hab&iacute;amos hecho una moci&oacute;n de censura al PP en julio de 2017 que ofrecimos primero al PSOE, pero, a pesar de dibujar muchos futuros (im)posibles en ella, no fructific&oacute;, y ahora faltaban solo cuatro meses para el 1 de octubre. En Espa&ntilde;a nada se mov&iacute;a, mientras que en Catalu&ntilde;a miles de voluntarios actuando en la clandestinidad (hasta el punto de devenir indetectables para el Centro Nacional de Inteligencia), entre los cuales hab&iacute;a gente insospechada que se compromet&iacute;a despu&eacute;s de a&ntilde;os e incluso algunos que no hab&iacute;an militado nunca, estaban creando las condiciones para el fracaso del Estado.
    </p><p class="article-text">
        A finales de agosto, Pere Portabella, que hab&iacute;a retomado hac&iacute;a pocos a&ntilde;os la tradici&oacute;n del suquet que inauguraba el curso pol&iacute;tico en la d&eacute;cada de 1980, nos convoc&oacute; a todos a esa cena en su mas&iacute;a de Palau-sator, en el Empord&agrave;. En esa extraordinaria comida se encontraban reunidos desde el president Puigdemont hasta Pedro S&aacute;nchez, pasando por Oriol Junqueras, Jordi Cuixart, Jordi S&agrave;nchez o Carles Mund&oacute; (si no me equivoco, ese a&ntilde;o Carme Forcadell no fue). En Barcelona se acababan de producir los atentados terroristas en La Rambla, lo que hab&iacute;a llevado a una enorme tensi&oacute;n entre los representantes del Estado y la propia Generalitat con el mayor Josep Llu&iacute;s Trapero, jefe de los Mossos d&rsquo;Esquadra y nuevo h&eacute;roe popular en una Catalu&ntilde;a necesitada de h&eacute;roes como agua. En esa cena, Puigdemont le ofreci&oacute; a Pedro S&aacute;nchez su apoyo si presentaba una moci&oacute;n de censura al PP &mdash;lo cual podr&iacute;a haber abierto un escenario completamente nuevo antes del 1 de octubre&mdash;, oferta que el secretario general del PSOE rechaz&oacute;. Cuixart y yo nos lanz&aacute;bamos puyas de broma en una mesa que compart&iacute;amos, y tambi&eacute;n tuve un intenso intercambio con Jordi S&agrave;nchez y un comentario con Oriol Junqueras sobre por qu&eacute; Josep Benet, que pensaba que llegar&iacute;a a ser presidente de la Generalitat, nunca lo fue y sobre la necesidad de resguardarse las espaldas de los compa&ntilde;eros de viaje. Una vez que hubo acabado la cena, pens&eacute; que all&iacute; se encontraban casi todos los protagonistas del drama que se iba a desatar en los pr&oacute;ximos meses. Faltaban los del PP, que iban afirmando d&iacute;a s&iacute; y d&iacute;a tambi&eacute;n que todo estaba controlado y que no hab&iacute;a urnas. Faltaba, adem&aacute;s, el protagonista principal de lo que vendr&iacute;a: una parte importante del pueblo de Catalu&ntilde;a que, con su determinaci&oacute;n, iba a llevar a cabo el 1 de octubre. Tambi&eacute;n pens&eacute;: &laquo;A ver cu&aacute;ntos vamos estar aqu&iacute; el a&ntilde;o que viene&hellip;&raquo;. Al a&ntilde;o siguiente, la mitad de los protagonistas de esa cena estaban en prisi&oacute;n o en el exilio. Fue la &uacute;ltima cena antes de la crisis m&aacute;s profunda del Estado espa&ntilde;ol desde 1978. Una crisis que tom&oacute; la forma de la afirmaci&oacute;n de las soberan&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/haz-naciones-crisis-afirmacion-soberanias_1_6079987.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2020 20:26:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA['Un haz de naciones': los futuros (im)posibles de una crisis territorial sin precedentes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Soberanía,Xavier Domènech]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El último libro de Josep Fontana: análisis del pasado y proyecto social]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ultimo-josep-fontana-analisis-proyecto_129_1543690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4f03e41-b137-46a5-b7e1-bd6e00a8ddc0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El último libro de Josep Fontana: análisis del pasado y proyecto social"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta es una historia del capitalismo y es una historia de las alternativas al mismo. Una historia de las posibilidades de los luditas de instaurar una república democrática en Gran Bretaña en 1812 o de las luchas por la democracia y el socialismo</p></div><p class="article-text">
        El gran comunista libertario ingl&eacute;s William Morris escrib&iacute;a en los compases finales de lo que hab&iacute;a sido una vida marcada por la fecundidad creativa de saberes artesanos y revolucionarios que &ldquo;la mejor forma de prolongar el resto de nuestros d&iacute;as, viejo amigo, es terminar nuestras viejas cosas&rdquo;. Y algo hay de eso en la &uacute;ltima obra p&oacute;stuma de Josep Fontana <em>Capitalismo y democracia 1756-1848</em>, escrita en los d&iacute;as que la enfermedad le acortaba su vida. En ella hay una vuelta a sus or&iacute;genes, a los primeros pasos que dio como historiador con la publicaci&oacute;n en 1971 de <em>La quiebra de la monarqu&iacute;a absoluta (1814 -1820)</em>, donde pretend&iacute;a explicar el paso del antiguo r&eacute;gimen al nacimiento del capitalismo en Espa&ntilde;a. Pero no es un retorno sin m&aacute;s. El hijo de la casta de Cl&iacute;o, como le gustaba llamar a los historiadores a Marc Bloch, vuelve al inicio de su camino despu&eacute;s de un largu&iacute;simo viaje de conocimiento y reflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En una obra suya publicada en 2006 y que extra&ntilde;amente para m&iacute; pas&oacute; relativamente desapercibida, <em>De en medio del tiempo</em>, se refer&iacute;a precisamente a su trabajo primigenio como un trabajo inconcluso y a la necesidad de volver a &eacute;l ya que &ldquo;con el tiempo fui aprendiendo que no exist&iacute;a un &uacute;nico e inevitable camino del pasado al presente, sino una multiplicidad de posibilidades (&hellip;) y entend&iacute;, por consiguiente, que lo que hab&iacute;a estado estudiando no era la crisis y hundimiento de un r&eacute;gimen, sino el proceso por el cual unos protagonistas sociales crearon un determinado r&eacute;gimen nuevo, imponiendo una entre las diversas formas en que era posible construir el futuro y evitando que alguien pasara por los corredores que conduc&iacute;an a otras historias&rdquo;. Y ello es precisamente lo que cierra y abre su &uacute;ltimo libro &ldquo;por el corredor que no tomamos, hacia la puerta que no abrimos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La carga de <em>Capitalismo y democracia</em> es de profundidad. Sit&uacute;a el nacimiento del capitalismo no ya como el producto natural del desarrollo de nuevas fuerzas productivas y relaciones de producci&oacute;n en la crisis del feudalismo, ni siquiera como resultado de la acci&oacute;n de una burgues&iacute;a que, como nueva clase social ascendente, habr&iacute;a derribado el viejo r&eacute;gimen, sino como una reacci&oacute;n. Una reacci&oacute;n protagonizada por esta misma burgues&iacute;a y los terratenientes al crecimiento econ&oacute;mico producido b&aacute;sicamente por los campesinos y los trabajadores de oficio. Esta tom&oacute; la forma concreta de un gran expolio que se perpetr&oacute; contra los bienes comunes, hacedores no de un retraso que imped&iacute;a el crecimiento, sino protagonistas de ese mismo crecimiento.
    </p><p class="article-text">
        En la base de esta tesis, en el substrato de su reflexi&oacute;n, parece haber en este sentido un di&aacute;logo continuado con Marx, especialmente con el joven Marx, y el extraordinario historiador brit&aacute;nico E.P. Thompson, que son los autores m&aacute;s directamente citados en este libro. En sus p&aacute;ginas reaparece as&iacute; el Marx que reflexiona desde la <em>Gaceta Renana</em> en 1842 sobre&nbsp;los &ldquo;robos&rdquo; de le&ntilde;a, convertidos en tales por unas nuevas leyes de la propiedad que mutaban lo que antes era un bien com&uacute;n en propiedad capitalista. Este es un momento fundamental no s&oacute;lo del nacimiento del capitalismo, sino del paso del viejo topo, como sol&iacute;a llamarse al propio Marx, del idealismo al materialismo.
    </p><p class="article-text">
        Resuena tambi&eacute;n en toda esta descripci&oacute;n de la g&eacute;nesis capitalista <em>Los or&iacute;genes de la Ley Negra</em> del historiador brit&aacute;nico, una obra a&uacute;n hoy fundamental para entender c&oacute;mo se expropi&oacute; en los or&iacute;genes del capitalismo los derechos de las clases populares para convertirlos en cr&iacute;menes. Pero en este di&aacute;logo va mucho m&aacute;s all&aacute; de lo que fueron ellos en la descripci&oacute;n de los propios or&iacute;genes del capitalismo y de los sujetos sociales que primero resistieron a su implantaci&oacute;n para poner las bases de la alternativa al mismo despu&eacute;s. Aquellos sujetos que, seg&uacute;n Thompson, hab&iacute;a que rescatar de &ldquo;la enorme prepotencia de la posteridad&rdquo;. Estos no son para Fontana ninguna suerte de proletariado industrial &ldquo;maduro&rdquo; (si es que nunca existi&oacute; una clase obrera &ldquo;madura&rdquo; en lo que nunca ha sido una realidad estabilizada ni una identidad cosificada, por mucho que se insista en ello) sino los artesanos, campesinos, peque&ntilde;os tenderos o trabajadores de oficio que Fontana va haciendo reaparecer en cada nuevo intento revolucionario desde los inicios del capitalismo hasta 1848. Es en ellos que apunta a la posibilidad una historia alternativa, una historia de lo que pudo ser a lo que a&uacute;n podr&iacute;a ser, antes de la imposici&oacute;n del capitalismo. Una alternativa basada en el crecimiento econ&oacute;mico equitativo bajo la hegemon&iacute;a de los Consejos Campesinos y las sociedades de oficio. Posibilidad que no muere con la implantaci&oacute;n del capitalismo, sino que constituye durante el siglo XIX su principal alternativa en los albores del nacimiento del comunismo, las tradiciones libertarias o el socialismo.
    </p><p class="article-text">
        En este marco, es interesante la reflexi&oacute;n que introduce sobre los efectos perduradores de la Revoluci&oacute;n Francesa. De hecho, para Fontana el principal legado de esa revoluci&oacute;n &ndash;a la que Michelet se dirig&iacute;a afirmando &ldquo;Llama &iquest;c&oacute;mo debiste ser, cuando tus cenizas queman todav&iacute;a?&rdquo;&ndash; no fue ser una revoluci&oacute;n burguesa inexistente, sino la supresi&oacute;n de los derechos se&ntilde;oriales a la vez que se preservaban los comunales y se proced&iacute;a a un reparto de la propiedad entre los campesinos que poco ten&iacute;a que ver con las desamortizaciones posteriores europeas. Lo cual explicar&iacute;a como uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s poblados del continente, Francia, tuvo una relaci&oacute;n inversa de crecimiento de la esperanza de vida y de la talla de sus habitantes en relaci&oacute;n al resto de Europa, donde decrecieron con la extensi&oacute;n del capitalismo, y no vivi&oacute; fen&oacute;menos migratorios masivos en las crisis de subsistencia que s&iacute; afectaron a Gran Breta&ntilde;a, Irlanda, Alemania o a Italia.
    </p><p class="article-text">
        Pero con todo esto en realidad no decimos nada de este libro. Esta es una historia del capitalismo y es una historia de las alternativas al mismo. Una historia de las posibilidades de los luditas de instaurar una rep&uacute;blica democr&aacute;tica en Gran Breta&ntilde;a en 1812 o de las luchas por la democracia y el socialismo, luchas que no eran sino una y la misma, en las barricadas de la primavera de los pueblos de 1848. La historia de todo ello y de la construcci&oacute;n de un modelo. Un modelo de sociedad y un modelo de Estado, el de la sociedad capitalista y el del Estado liberal, en un recorrido que puede ir de una minuciosa explicaci&oacute;n de lo que se coc&iacute;a en el Congreso de Viena de 1815 entre las grandes potencias europeas, hasta la mirada global con la que nos hace viajar por Asia y &Aacute;frica o los vastos territorios de Am&eacute;rica. As&iacute;, son extraordinarias las p&aacute;ginas dedicadas a la importancia de la suerte de la moneda africana, los <em>cauris</em> formados por conchas, y su expropiaci&oacute;n para entender la ruina de las econom&iacute;as africanas ante el gran enga&ntilde;o capitalista. Como lo son tambi&eacute;n aquellas que nos hablan de la relaci&oacute;n entre capitalismo y esclavismo, que no era una &ldquo;r&eacute;mora&rdquo; del pasado que el capitalismo aboli&oacute;, sino precisamente producto de su pretendida &ldquo;modernidad&rdquo; terminado a partir de las luchas que se libr&oacute; contra ella.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la historia, en definitiva, de una relaci&oacute;n que se ha querido secuencial y que en realidad era y es profundamente contradictoria. La historia del capitalismo, el Estado liberal y la democracia que no son varias caras de la misma moneda como demasiadas veces han contado los apologetas del orden establecido. Pero es tambi&eacute;n una historia de c&oacute;mo desde las cenizas de los sucesivos impulsos revolucionarios, la burgues&iacute;a triunf&oacute; al implementar un modelo de control de los trabajadores europeos a partir de la formaci&oacute;n de un tipo de Estado espec&iacute;fico pactando con el viejo orden. El reverso del esclavismo y de la explotaci&oacute;n de las poblaciones no europeas ser&iacute;a este sentido para Fontana el estado de control y sumisi&oacute;n al que se quiso condenar a los trabajadores del viejo continente. Desde la construcci&oacute;n de un nuevo tipo de Estado se redefinieron as&iacute; las leyes de la propiedad, para proclamar justo despu&eacute;s que &eacute;ste nunca m&aacute;s deb&iacute;a intervenir en el mercado &ldquo;libre&rdquo; que &eacute;l mismo hab&iacute;a creado.
    </p><p class="article-text">
        Para Fontana, la m&aacute;xima expresi&oacute;n de la hegemon&iacute;a de esta burgues&iacute;a se produjo cuando consigui&oacute; convencer a sus propios adversarios de que ella misma constituye una fuerza revolucionaria de progreso. Y es por ello que, en su legado final, Josep Fontana nos invita a desvelar &ldquo;c&oacute;mo empez&oacute; este enga&ntilde;o&rdquo;, que es como subtitula <em>Capitalismo y democracia</em>. En sus &uacute;ltimos d&iacute;as dedic&oacute; las horas que le quedaban a ense&ntilde;arnos el pasado de nuevo, en lo que no es una historia con voluntad acad&eacute;mica, como aclara &eacute;l mismo en las primeras p&aacute;ginas de su libro, sino la historia como &ldquo;an&aacute;lisis del pasado y proyecto social&rdquo;, siguiendo los pasos que nos dibuj&oacute; en su libro de 1981 <em>Historia. An&aacute;lisis del pasado y proyecto social</em>. En su final volvi&oacute; a los or&iacute;genes y as&iacute; nos invit&oacute; de nuevo a cruzar el corredor que no tomamos, la puerta que no abrimos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ultimo-josep-fontana-analisis-proyecto_129_1543690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 May 2019 18:26:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El último libro de Josep Fontana: análisis del pasado y proyecto social]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Xavier Domènech,Capitalismo,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Josep Fontana: maestro de maestros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/josep-fontana-maestro-maestros_129_1960980.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25b29286-8070-4288-a1c0-dcf7aeadb2fb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Josep Fontana: maestro de maestros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es imposible comprender estos trabajos sin su constante preocupación por la teoría social y la historiografía que lo situó siempre a la vanguardia de la ciencia histórica durante décadas</p><p class="subtitle">Porque la obra y la vida de Josep Fontana estuvieron marcados por el compromiso. Por el compromiso con la enseñanza, con el compromiso con la vida</p></div><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil escribir estas l&iacute;neas despu&eacute;s de la muerte del que ha sido un referente personal e historiogr&aacute;fico no de una sino de muchas generaciones de historiadores y ciudadanos en Catalunya y Espa&ntilde;a. Generaciones que aprendimos con &eacute;l, seg&uacute;n una feliz expresi&oacute;n de su maestro Pierre Vilar, a pensar hist&oacute;ricamente nuestro presente, revistando incesantemente el pasado para ver en &eacute;l no s&oacute;lo los caminos que llevaban hasta nosotros y c&oacute;mo se produce el cambio hist&oacute;rico, sino tambi&eacute;n, como le gustaba citar de T.S. Eliot, &ldquo;por el corredor que no tomamos, hacia las puertas que no abrimos&rdquo;: por el corredor que a&uacute;n podemos tomar, hacia la puerta que todav&iacute;a podemos abrir. Y es dif&iacute;cil escribir estas l&iacute;neas porque en ellas no se puede sintetizar lo que signific&oacute; la obra y la vida de Josep Fontana (una tarea ingente que abordaran sin duda los hijos de la Casta de Cl&iacute;o en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os), como imposible es sustraerse del impacto emocional de su ausencia. Del impacto emocional de saber que el primer libro de historia que cay&oacute; en mis manos, encontrado en la biblioteca en mi primer a&ntilde;o de instituto, no fue otro que el de &ldquo;Historia. An&aacute;lisis del pasado y proyecto social&rdquo; o de haber podido asistir a&ntilde;os despu&eacute;s a sus clases de doctorado y encontrar en las conversaciones con &eacute;l el est&iacute;mulo del que ha sido sin duda un maestro de maestros.  
    </p><p class="article-text">
        Alumno de Vicens Vives, pero muy especialmente de Pierre Vilar, Josep Fontana estuvo marcado por su militancia temprana en el antifranquismo catal&aacute;n y por su intento renovado de dar sabia en nuestras tierras al proyecto de Historia total, aunque con el tiempo fue mucho m&aacute;s all&aacute; de ella. Sus dos l&iacute;neas principales de trabajo y preocupaci&oacute;n constantes se interrelacionaron en este sentido de manera fecunda (a pesar de que su camino nos llev&oacute; tambi&eacute;n mucho m&aacute;s all&aacute;, hacia la historia del siglo XX o la construcci&oacute;n de una reflexi&oacute;n sobre el hecho nacional catal&aacute;n). La primera de ellas intentaba analizar y explicar el tr&aacute;nsito del antiguo r&eacute;gimen al capitalismo, y del absolutismo al Estado liberal, no como una realidad &ldquo;necesaria&rdquo; &ldquo;de un progreso definido de manera un&iacute;voca&rdquo;, sino como un proceso complejo donde se impusieron unas opciones frente a la diversidad de l&iacute;neas de desarrollo posible, como la construcci&oacute;n de un nuevo mundo que en sus contradicciones llega hasta nuestros d&iacute;as. En este campo sus obras son prolijas y van desde su primer libro &ldquo;La quiebra de la monarqu&iacute;a absoluta (1814-1820)&rdquo;, con un impacto enorme en la historiograf&iacute;a de los a&ntilde;os setenta, hasta la culminaci&oacute;n, que no conclusi&oacute;n, de este proyecto con ese diamante de sabidur&iacute;a que fue &ldquo;De en medio del tiempo&rdquo; publicado en 2006.
    </p><p class="article-text">
        Pero es imposible comprender estos trabajos sin su constante preocupaci&oacute;n, en lo que fue su segunda gran l&iacute;nea de aportaciones a nuestro conocimiento, por la teor&iacute;a social y la historiograf&iacute;a que lo situ&oacute; siempre a la vanguardia de la ciencia hist&oacute;rica durante d&eacute;cadas. Trabajos que se cimentaron desde la publicaci&oacute;n en los primeros ochenta de &ldquo;Historia. An&aacute;lisis del pasado y proyecto social&rdquo; hasta el impresionante &ldquo;La historia de los hombres&rdquo; en 2006, pasando por ese grito contestatario de un viejo rockero inmensamente joven que fue &ldquo;La historia despu&eacute;s del fin de la historia&rdquo; a principios de los noventa, cuando Fukuyama y todos los propagandistas del nuevo orden neoliberal pretend&iacute;an convencernos de que la historia hab&iacute;a terminado y s&oacute;lo nos restaba vivir bajo su yugo. Con esos trabajos insustituibles, marcados por el compromiso constante con el cambio pol&iacute;tico, social y cultural, nos introdujo en la escuela de los historiadores marxistas brit&aacute;nicos, la escuela de los E.P. Thompson, los Hobsbawm, los Hill o Rodney Hilton, fue sin duda uno de los mejores lectores de Gramsci, Luk&aacute;cs y Korsch entre nosotros, hizo de Walter Benjamin y Marc Bloch una fuente de inspiraci&oacute;n para la renovaci&oacute;n de nuestra historiograf&iacute;a y con ello, con todos ellos, remont&aacute;ndose desde Ibn Khaldun o Vico hasta Ranahit Guha, construy&oacute; uno de los legados m&aacute;s fecundos de nuestra historiograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello nos alej&oacute; de cualquier mecanicismo y nos ense&ntilde;&oacute; que aquello que no trascendi&oacute; al proceso hist&oacute;rico, que es tan rico en t&eacute;rminos de experiencia hist&oacute;rica como lo que trascendi&oacute;, no puede ser obviado sin m&aacute;s. Porque la obra y la vida de Josep Fontana estuvieron marcados por el compromiso. Por el compromiso con la ense&ntilde;anza, y de ello da fe su trabajo constante con profesores de historia de secundar&iacute;a para la renovaci&oacute;n pedag&oacute;gica, con el compromiso con la vida. Le escrib&iacute;a Pierre Vilar en una carta de 1957 a un joven Fontana &ldquo;No es una ciencia fr&iacute;a la que queremos, pero es una ciencia&rdquo;. Y fue a partir de all&iacute; que construy&oacute; una obra que nos ilumin&oacute; de forma diferente el siglo XIX y XX en un proyecto de &ldquo;Una historia que se realice en el interior de este mundo revolucionado y cambiante (&hellip;) que cumpla la exigencia que formulaba Bloch de convertirse (...) y que nos ayude a rencontrar la dimensi&oacute;n de la utop&iacute;a: la esperanza, como dec&iacute;a Mart&iacute; i Pol, del hecho que &rdquo;todo est&aacute; por hacer y todo es posible&ldquo; (&hellip;) Porque hay algo que conviene que quede claro. De todo lo que sosten&iacute;amos en el pasado, hay algo que no nos averg&uuml;enza y de lo que no hemos renegado: el prop&oacute;sito de seguir luchando por un mundo donde haya la mejor igualdad posible dentro de la mayor libertad. En este combate no importa perder una batalla, porque sabemos que otros lo seguir&aacute;n. E incluso si hubi&eacute;ramos sabido de avanzada que era in&uacute;til, porque todas las batallas se perder&iacute;an, habr&iacute;a valido la pena librarlas&rdquo;. Porque, como afirmaba en un pasaje especialmente querido por &eacute;l de Paul &Eacute;luard, &ldquo;otros las ganar&aacute;n. Todos los otros&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/josep-fontana-maestro-maestros_129_1960980.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Aug 2018 18:14:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Josep Fontana: maestro de maestros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Xavier Domènech,Unidas Podemos,Referéndum 1-O]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ley LGTBI: una oportunidad histórica para el cambio social]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ley-lgtbi-oportunidad-historica-cambio_129_3189224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/440c0508-425b-4452-97be-16a0c0ba5c42_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ley LGTBI: una oportunidad histórica para el cambio social"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El martes empezará la andadura parlamentaria de un texto destinado a mejorar las vidas de las personas LGTBI, un paso más hacia la transformación de las lógicas de género impuestas por el heterocispatriarcado</p></div><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o celebramos el 40 aniversario de la primera manifestaci&oacute;n LGTBI del Estado espa&ntilde;ol, que tuvo lugar en un espacio que ha sido siempre escenario de diversidad: la Rambla de Barcelona. Dispersados por la polic&iacute;a con balas de goma, 4000 activistas por la libertad sexual y de g&eacute;nero reivindicaron entonces su existencia en el mismo lugar donde hace apenas unas semanas la barbarie quiso negar la vida. Su marcha fue un gesto de afirmaci&oacute;n cuyos lemas enlazan con la fraternidad ciudadana vivida despu&eacute;s de los atentados del 17 de agosto: &ldquo;Nosaltres no tenim por, nosaltres som!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, despu&eacute;s de cuarenta a&ntilde;os de intenso activismo contra las estructuras de poder que han perseguido, judicializado y medicalizado sus vidas, el debate entorno las pol&iacute;ticas LGTBI entra al centro mismo del Estado, el Congreso de los Diputados. Y lo hace con una ley que recoge gran parte de sus reivindicaciones hist&oacute;ricas. El pr&oacute;ximo martes, En Com&uacute; Podem defender&aacute; en el pleno el Proyecto de ley integral LGTBI (Ley contra la discriminaci&oacute;n por orientaci&oacute;n sexual, identidad o expresi&oacute;n de g&eacute;nero y caracter&iacute;sticas sexuales, y de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transg&eacute;nero e intersexuales), que ha sido elaborado por decenas de colectivos de todo el Estado, no s&oacute;lo aquellos integrados en la Federaci&oacute;n estatal de lesbianas, gays transexuales y bisexuales, sino tambi&eacute;n muchas otras entidades y activistas establecidos por el territorio espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Estamos ante un momento hist&oacute;rico. El martes empezar&aacute; la andadura parlamentaria de un texto destinado a mejorar las vidas de las personas LGTBI, en tanto su aprobaci&oacute;n les dotar&iacute;a de derechos hist&oacute;ricamente negados y les dar&iacute;a un marco de protecci&oacute;n espec&iacute;fico contra la discriminaci&oacute;n. Pero el objetivo de la ley es m&aacute;s amplio; su articulado es tambi&eacute;n un paso m&aacute;s hacia la transformaci&oacute;n de las l&oacute;gicas de g&eacute;nero impuestas por lo que se ha venido a llamar heterocispatriarcado: ese conjunto de normas sociales y jur&iacute;dicas que obligan a que nuestra orientaci&oacute;n sexual, identidad de g&eacute;nero y expresi&oacute;n de g&eacute;nero est&eacute; en consonancia con la &ldquo;normalidad&rdquo;, una &ldquo;normalidad&rdquo; definida por un binarismo que expulsa a los m&aacute;rgenes a todo aquello que no se integre en los binomios &ldquo;hombre/mujer&rdquo; o &ldquo;masculino/femenino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es obvio que una ley no puede transformar inmediatamente un orden establecido hist&oacute;ricamente pero s&iacute; puede poner ciertas bases que permitan abordar la naturaleza estructural del problema. &Eacute;sta es una ley ambiciosa, que cubre todas las etapas de la vida y &aacute;mbitos sociales, y que intenta no caer en la trampa liberal de creer que los culpables de la LGTBIfobia son unos pocos individuos que act&uacute;an fuera del sistema. Es importante reconocer y abordar el crecimiento de las agresiones LGTBIf&oacute;bicas, que seg&uacute;n datos del Minsiterio del Interior aumentaron en un 36 % el pasado a&ntilde;o, pero m&aacute;s importante a&uacute;n es se&ntilde;alar la naturaleza sist&eacute;mica de la LGTBIfobia y c&oacute;mo &eacute;sta emana muchas veces de las propias estructuras de Estado. Por eso esta ley propone modificar directamente nuestro sistema sanitario, laboral, educativo y administrativo, a la vez que incidir en el &aacute;mbito cultural.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;mbito sanitario, la ley apuesta por una visi&oacute;n despatologizadora de la transexualidad: no estamos ante una enfermedad o trastorno, sino ante una expresi&oacute;n de la diversidad de g&eacute;nero. Por ello, se propone un modelo de acompa&ntilde;amiento a la salud trans basado en la libre autodeterminaci&oacute;n del g&eacute;nero. En el &aacute;mbito educativo se establece un plan sobre educaci&oacute;n y diversidad de g&eacute;nero que estar&aacute; presente desde la ense&ntilde;anza primaria hasta la universitaria, y se modificar&aacute; el material did&aacute;ctico para eliminar el sesgo discriminatorio hacia la diversidad. La ley promueve la creaci&oacute;n del Centro de Memoria Hist&oacute;rica LGTBI, cuyo objetivo ser&aacute; revertir la invisibilizaci&oacute;n hist&oacute;rica de las personas LGTBI, algo que no es s&oacute;lo de justicia sino que repercutir&aacute; positivamente en la riqueza de nuestro acervo cultural.
    </p><p class="article-text">
        La ley pretende hacer justicia a las personas que han estado tradicionalmente en los m&aacute;rgenes de las pol&iacute;ticas LGTBI. Del jurista trans Dean Spade, que ha desarrollado una cr&iacute;tica a las pol&iacute;ticas contra la discriminaci&oacute;n por LGTBIfobia, rescatamos su advertencia del riesgo que supone retocar mediante este tipo de iniciativas jur&iacute;dicas s&oacute;lo la fachada de la violencia neoliberal, que es lo que en &uacute;ltimo t&eacute;rmino perjudica y margina a&uacute;n m&aacute;s a las poblaciones LGTBI m&aacute;s vulnerables. Es por eso que no hay una verdadera pol&iacute;tica de g&eacute;nero si no se acompa&ntilde;a de un cambio social a gran escala. En la medida de lo posible, esta ley contribuye a esta voluntad de cambio poniendo el foco por primera vez en los colectivos LGTBI con m&aacute;s riesgo de precarizaci&oacute;n o que son v&iacute;ctimas de discriminaciones m&uacute;ltiples: adem&aacute;s de ser una ley feminista, que incluye perspectiva de g&eacute;nero transversal a todo el articulado, contiene art&iacute;culos espec&iacute;ficos para personas LGTBI de edad avanzada, las personas migradas o solicitantes de asilo, las que est&aacute;n privadas de libertad o las menores y adolescentes. A las mujeres trans, que sufren grandes niveles de violencia, les reconoce una especial protecci&oacute;n y establece que se les aplique la ley de violencia de g&eacute;nero. En cuanto a violencias, es importante destacar tambi&eacute;n que esta ley regula por primera vez a nivel jur&iacute;dico la violencia intrag&eacute;nero, que es aquella que se da entre los miembros de una pareja sentimental del mismo g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        La defensa de esta ley se ubica en un proyecto pol&iacute;tico amplio con el que En Com&uacute; Podem busca recoger las demandas del activismo feminista y LGTBI y promover una transformaci&oacute;n social profunda en cuanto al g&eacute;nero. El siguiente paso ser&aacute; el registro, antes de fin de a&ntilde;o, de una ley integral trans, proyecto liderado por la Plataforma de Derechos Trans. El activismo trans lleva d&eacute;cadas luchando contra la invisibilizaci&oacute;n a la que sido sometido muchas veces dentro del mismo colectivo LGTBI. Ha llegado la hora de que, tambi&eacute;n en las instituciones, las personas trans se pongan a la cabeza del cambio social. No en vano, en nuestra sociedad, como dice la historiadora e investigadora trans Susan Stryker, &ldquo;cada vez que una persona trans respira, realiza una peque&ntilde;a revoluci&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Domènech, Lucia Martín y Mar García Puig, Xavier Domènech, Mar García Puig, Lucía Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ley-lgtbi-oportunidad-historica-cambio_129_3189224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Sep 2017 18:08:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ley LGTBI: una oportunidad histórica para el cambio social]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[LGTBI,En Comú Podem]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Victorias y derrotas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/victorias-derrotas_132_3919898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"Es necesario analizar sosegadamente tanto los errores como los aciertos, pero no encerrarnos en dilemas imposibles, ya que lo que tenemos por delante es una redefinición estratégica de largo alcance", asegura el cabeza de lista de En Comú Podem</p></div><h3 class="article-text">I</h3><p class="article-text">
        El 26J ha resultado claramente una sorpresa. Habr&aacute; tiempo para ver en perspectiva que es lo que se ha podido hacer mal o bien en una campa&ntilde;a electoral no esperada y en la que hab&iacute;amos puesto como principal propuesta la conformaci&oacute;n de un gobierno vertebrado por las distintas confluencias. De hecho, la campa&ntilde;a se ha convertido para el resto de actores pol&iacute;ticos no en un plebiscito sobre el gobierno realmente existente, el del PP, sino sobre la propuesta que hac&iacute;amos. Eso significaba defenderse de m&uacute;ltiples mensajes cruzados precisamente dirigidos contra esta posibilidad. De all&iacute; que la principal celebraci&oacute;n del PP en la noche electoral &ndash;con el grito del &ldquo;Si se puede&rdquo; como acto de pura venganza&ndash; no era su victoria, sino la derrota de las nuevas fuerzas del cambio. De all&iacute; que la principal celebraci&oacute;n del PSOE fuera precisamente que no se le hubiera superado electoralmente, era su &ldquo;victoria&rdquo;. En un efecto que se multiplicaba tambi&eacute;n en otros partidos.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido ha funcionado la activaci&oacute;n del temor hacia un gobierno protagonizado por estas nuevas fuerzas. &iquest;Estos temores se pod&iacute;an superar con una campa&ntilde;a de apenas un mes? Dif&iacute;cilmente, m&aacute;s all&aacute; de que haya cosas que hayan funcionado y otras no o que haya problemas de base o no. El problema probablemente es m&aacute;s profundo y no se juega s&oacute;lo en el terreno de las hegemon&iacute;as electorales a corto plazo, m&aacute;s cuando la propuesta que se hace no encuentra eco en la formaci&oacute;n que propones como principal aliado de ese posible gobierno. Para desactivar ese temor se tiene que apelar a la suavidad, lo que hace que a su vez pierdas se&ntilde;as de identidad anteriores, y esa suavidad en quince d&iacute;as o un mes tiene que actuar contra mil elementos cruzados. Hay dilemas que a veces son imposibles tanto por un lado como por el otro.
    </p><h3 class="article-text">II</h3><p class="article-text">
        En toda victoria hay elementos de derrota. Ciertamente el resultado m&aacute;s probable ser&aacute; un gobierno del PP, que pr&aacute;cticamente no ha sido ni juzgado en esta campa&ntilde;a. Pero este ser&aacute; un gobierno parlamentariamente d&eacute;bil y que no tendr&aacute; respuestas a ninguna de las grandes preguntas que nos ha llevado al escenario de cambio pol&iacute;tico actual, sino es la negaci&oacute;n o reformas de muy bajo nivel ante unas crisis de alto nivel: la democr&aacute;tica, la social y la plurinacional. Ser&aacute; en este sentido un gobierno o una coalici&oacute;n de gobierno, explicita o impl&iacute;cita, agonizante. En este marco se debe construir una oposici&oacute;n eficaz, tanto en aquello que implica capacidad de incidencia para cambios concretos, como en aquello que implica construcci&oacute;n de una nueva alternativa de futuro que debe tener una de sus bases en la pol&iacute;tica desarrollada en el Congreso, pero no s&oacute;lo.
    </p><p class="article-text">
        El sistema pol&iacute;tico del estado se encuentra en plena transici&oacute;n y es todo &eacute;l el que debe ser finalmente refundado. Proceso en el que la clave social, la cultural, la democr&aacute;tica y la plurinacional deben ser construidas desde distintos niveles, &aacute;mbitos y sujetos para hacer que las alternativas fuertes, al devenir progresivamente m&aacute;s hegem&oacute;nicas, devengan suaves por mayoritarias. Fuera de las l&oacute;gicas de campa&ntilde;a, se debe generar un proceso amplio donde lo que est&eacute; en juego ya no sea la refundaci&oacute;n de un sistema pol&iacute;tico sino la generaci&oacute;n de procesos constituyentes para que las alternativas de gobierno nazcan de las alternativas de sociedad.
    </p><h3 class="article-text">III</h3><p class="article-text">
        En toda derrota hay elementos de victoria. El mismo hecho de que lo que realmente se ha plebiscitado es la alternativa de gobierno que propon&iacute;an las nuevas fuerzas del cambio, indica hasta que punto han sido ellas, y s&oacute;lo ellas, las que est&aacute;n marcando la pauta del debate pol&iacute;tico y se constituyan a su vez como &uacute;nica alternativa real al gobierno del PP. Esa centralidad s&oacute;lo ha sido posible a partir de una gran osad&iacute;a que naci&oacute; en las calles, se solidific&oacute; en los ayuntamientos del cambio, e irrumpi&oacute; con una fuerza enorme en el congreso el 20 de diciembre, convirtiendo el bipartidismo en una pobre sombra de lo que hab&iacute;a sido e inaugurando la transici&oacute;n del sistema pol&iacute;tico. Eso s&oacute;lo ha sido posible por la acci&oacute;n de millones de ciudadanos an&oacute;nimos y por la conjunci&oacute;n de las m&aacute;s generosas de las voluntades y de las mejores inteligencias que hemos tenido de nuestro lado. S&oacute;lo desde esa osad&iacute;a democr&aacute;tica se entiende que ante el fracaso de conformaci&oacute;n de un gobierno del cambio real, y el bloqueo vivido que en este sentido nos llev&oacute; a nuevas elecciones, se pretendiera una aceleraci&oacute;n del tiempo hist&oacute;rico que finalmente no ha sido posible. Pero ante ello debemos convertir la frustraci&oacute;n en un nuevo tiempo de cambio. No ser&aacute; en este sentido ni la primera vez, ni la &uacute;ltima, que nos encontremos colectivamente frente a este reto.
    </p><h3 class="article-text">IV</h3><p class="article-text">
        Tenemos por delante una gran responsabilidad. Eso conlleva analizar sosegadamente tanto los errores como los aciertos, pero no encerrarnos en dilemas imposibles, ya que lo que tenemos por delante es una redefinici&oacute;n estrat&eacute;gica de largo alcance. Esta es una historia que va m&aacute;s all&aacute; de un momento y un espacio determinado. Nos encontramos en el inicio de una nueva fase hist&oacute;rica, que tiene un ciclo pol&iacute;tico especifico, pero tambi&eacute;n econ&oacute;mico, social y cultural, incidir en el mismo no es quedarse atrapado en l&oacute;gicas pol&iacute;ticas cortas, es intentar siempre estar a la altura y saberse adaptar a los retos de cada momento sin olvidar los de conjunto. Las viejas fuerzas no quieren ceder y si ceden los hacen para ganar tiempo, las nuevas deben saber representar las aspiraciones inmediatas pero tambi&eacute;n actuar en un conjunto m&aacute;s amplio, donde se pueda dilucidar finalmente una alternativa social, econ&oacute;mica, cultural y pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/victorias-derrotas_132_3919898.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jun 2016 12:38:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Victorias y derrotas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Xavier Domènech,En Comú Podem]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Victòries i derrotes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/victories-derrotes_132_3919903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"Cal analitzar assossegadament tant els errors com els encerts, però no tancar-nos en dilemes impossibles, ja que el que tenim per davant és una redefinició estratègica de llarg abast", assegura el cap de llista d'En Comú Podem</p></div><h3 class="article-text">I</h3><p class="article-text">
        El 26J ha resultat clarament una sorpresa. Hi haur&agrave; temps per veure en perspectiva que &eacute;s el que s'ha pogut fer malament o b&eacute; en una campanya electoral no esperada i en la qual hav&iacute;em posat com a principal proposta la conformaci&oacute; d'un govern vertebrat per les diferents conflu&egrave;ncies. De fet, la campanya s'ha convertit per a la resta d'actors pol&iacute;tics no en un plebiscit sobre el govern realment existent, el del PP, sin&oacute; sobre la proposta que f&egrave;iem. Aix&ograve; significava defensar-se de m&uacute;ltiples missatges creuats precisament dirigits contra aquesta possibilitat. D'aqu&iacute; que la principal celebraci&oacute; del PP la nit electoral &ndash;amb el crit del &ldquo;S&iacute; se puede&rdquo; com a acte de pura venjan&ccedil;a&ndash; no era la seva vict&ograve;ria, sin&oacute; la derrota de les noves forces del canvi. D'aqu&iacute; que la principal celebraci&oacute; del PSOE fos precisament que no se l'hagu&eacute;s superat electoralment, era la seva &ldquo;vict&ograve;ria&rdquo;. En un efecte que es multiplicava tamb&eacute; en altres partits.
    </p><p class="article-text">
        En aquest sentit ha funcionat l'activaci&oacute; de la por cap a un govern protagonitzat per aquestes noves forces. Aquests temors es podien superar amb una campanya de tot just un mes? Dif&iacute;cilment, m&eacute;s enll&agrave; que hi hagi coses que hagin funcionat i altres que no o que hi hagi problemes de base o no. El problema probablement &eacute;s m&eacute;s profund i no es juga nom&eacute;s en el terreny de les hegemonies electorals a curt termini, m&eacute;s quan la proposta que es fa no troba ress&ograve; en la formaci&oacute; que proposes com a principal aliat d'aquest possible govern. Per desactivar aquesta por s'ha d'apel&middot;lar a la suavitat, el que fa que al seu torn perdis senyals d'identitat anteriors, i aquesta suavitat en quinze dies o un mes ha d'actuar contra mil elements creuats. Hi ha dilemes que de vegades s&oacute;n impossibles tant d'una banda com per l'altre.
    </p><h3 class="article-text">II</h3><p class="article-text">
        En tota vict&ograve;ria hi ha elements de derrota. Certament el resultat m&eacute;s probable ser&agrave; un govern del PP, que pr&agrave;cticament no ha estat ni jutjat en aquesta campanya. Per&ograve; aquest ser&agrave; un govern parlament&agrave;riament feble i que no tindr&agrave; respostes a cap de les grans preguntes que ens ha portat a l'escenari de canvi pol&iacute;tic actual, si no &eacute;s la negaci&oacute; o reformes de molt baix nivell davant unes crisis d'alt nivell: la democr&agrave;tica, la social i la plurinacional. Ser&agrave; en aquest sentit un govern o una coalici&oacute; de govern, explicita o impl&iacute;cita, agonitzant. En aquest marc s'ha de construir una oposici&oacute; efica&ccedil;, tant en all&ograve; que implica capacitat d'incid&egrave;ncia per a canvis concrets, com en all&ograve; que implica construcci&oacute; d'una nova alternativa de futur que ha de tenir una de les seves bases en la pol&iacute;tica desenvolupada al Congr&eacute;s, per&ograve; no nom&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El sistema pol&iacute;tic de l'estat es troba en plena transici&oacute; i &eacute;s tot ell el qu&egrave; ha de ser finalment refundat. Proc&eacute;s en el qual la clau social, la cultural, la democr&agrave;tica i la plurinacional han de ser constru&iuml;des des de diferents nivells, &agrave;mbits i subjectes per fer que les alternatives fortes, en esdevenir progressivament m&eacute;s hegem&ograve;niques, meriten suaus per majorit&agrave;ries. Fora de les l&ograve;giques de campanya, s'ha de generar un proc&eacute;s ampli on el que estigui en joc ja no sigui la refundaci&oacute; d'un sistema pol&iacute;tic sin&oacute; la generaci&oacute; de processos constituents perqu&egrave; les alternatives de govern neixin de les alternatives de societat.
    </p><h3 class="article-text">III</h3><p class="article-text">
        En tota derrota hi ha elements de vict&ograve;ria. El mateix fet que el que realment s'ha plebiscitat &eacute;s l'alternativa de govern que proposaven les noves forces del canvi, indica fins a quin punt han estat elles, i nom&eacute;s elles, les que estan marcant la pauta del debat pol&iacute;tic i es constitueixin al seu torn com a &uacute;nica alternativa real al govern del PP. Aquesta centralitat nom&eacute;s ha estat possible a partir d'una gran gosadia que va n&eacute;ixer als carrers, es va solidificar en els ajuntaments del canvi, i va irrompre amb una for&ccedil;a enorme en el congr&eacute;s el 20 de desembre, convertint el bipartidisme en una pobre ombra del que havia estat i inaugurant la transici&oacute; del sistema pol&iacute;tic. Aix&ograve; nom&eacute;s ha estat possible per l'acci&oacute; de milions de ciutadans an&ograve;nims i per la conjunci&oacute; de les m&eacute;s generoses de les voluntats i de les millors intel&middot;lig&egrave;ncies que hem tingut del nostre costat. Nom&eacute;s des d'aquesta gosadia democr&agrave;tica s'ent&eacute;n que davant el frac&agrave;s de conformaci&oacute; d'un govern del canvi real, i el bloqueig viscut que en aquest sentit ens va portar a noves eleccions, es pretengu&eacute;s una acceleraci&oacute; del temps hist&ograve;ric que finalment no ha estat possible. Per&ograve; davant d'aix&ograve; hem de convertir la frustraci&oacute; en un nou temps de canvi. No ser&agrave; en aquest sentit ni la primera vegada, ni l'&uacute;ltima, que ens trobem col&middot;lectivament davant d'aquest repte.
    </p><h3 class="article-text">IV</h3><p class="article-text">
        Tenim per davant una gran responsabilitat. Aix&ograve; comporta analitzar assossegadament tant els errors com els encerts, per&ograve; no tancar-nos en dilemes impossibles, ja que el que tenim per davant &eacute;s una redefinici&oacute; estrat&egrave;gica de llarg abast. Aquesta &eacute;s una hist&ograve;ria que va m&eacute;s enll&agrave; d'un moment i un espai determinat. Ens trobem en l'inici d'una nova fase hist&ograve;rica, que t&eacute; un cicle pol&iacute;tic espec&iacute;fic, per&ograve; tamb&eacute; econ&ograve;mic, social i cultural, incidir en el mateix no &eacute;s quedar atrapat en l&ograve;giques pol&iacute;tiques curtes, &eacute;s intentar sempre estar a l'altura i saber-se adaptar als reptes de cada moment sense oblidar els de conjunt. Les velles forces no volen cedir i si cedeixen els fan per guanyar temps, les noves han de saber representar les aspiracions immediates per&ograve; tamb&eacute; actuar en un conjunt m&eacute;s ampli, on es pugui dilucidar finalment una alternativa social, econ&ograve;mica, cultural i pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/victories-derrotes_132_3919903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Jun 2016 12:37:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Victòries i derrotes]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Xavier Domènech,En Comú Podem]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recordar a Companys más allá de su muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/recordar-companys-alla-muerte_132_2431493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bf521c4-b2f7-4e7c-a700-2db2f06e79e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Recordar a Companys más allá de su muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Companys se ha convertido en un símbolo de la lucha antifascista en una situación enormemente compleja. Su figura contiene muchas esperanzas, contradicciones y también sombras.</p></div><p class="article-text">
        El asesinato de Llu&iacute;s Companys marca una cesura en la memoria popular del catalanismo de izquierdas de este pa&iacute;s. Una herida que ha resultado ser&nbsp;finalmente nacional: un espacio de consenso de la memoria de Catalunya. La muerte en manos del fascismo del &uacute;nico presidente de un gobierno democr&aacute;tico ejecutado en medio de una guerra civil europea que se convirti&oacute; en mundial, explica por s&iacute; misma el significado que tom&oacute; aquella muerte. Pero, yendo m&aacute;s all&aacute;, el fin de Companys&nbsp;constituye un antes y un despu&eacute;s en nuestro pasado. Toda una historia parece acabar con &eacute;l. En Catalunya y en Espa&ntilde;a, evidentemente, pero tambi&eacute;n en Europa.
    </p><p class="article-text">
        Un mismo hilo atraviesa la muerte de Machado en Colliure -en febrero de 1939, en el otro lado de la frontera huyendo del franquismo-, el fin del fil&oacute;sofo alem&aacute;n Walter Benjamin -en Portbou en septiembre de 1940, huyendo en este caso del nazismo-, y el fusilamiento de Companys -en octubre de 1940, fruto de la colaboraci&oacute;n de la Gestapo con el franquismo. Guerra Civil y Segunda Guerra Mundial son, en estas historias, inseparables. La conmemoraci&oacute;n del asesinato de Companys tiene tambi&eacute;n, por lo tanto, una dimensi&oacute;n internacional. No siempre exitosa, es cierto: si Europa emergi&oacute; de este periodo con la instauraci&oacute;n de nuevos sistemas pol&iacute;ticos que ten&iacute;an en su ADN constitucional y memorial el antifascismo, este no fue el caso de nuestra tierra.
    </p><p class="article-text">
        Pero si la muerte de Companys contiene en s&iacute; misma m&uacute;ltiples significados, reducir su legado al acto de su fusilamiento, no ser&iacute;a sino enterrar la vida que los franquistas segaron. Como dej&oacute; dicho Maragall, la &ldquo;tendencia a presentar a Companys rodeado de este aura de presidente m&aacute;rtir (...) si bien se ajusta a la verdad, tambi&eacute;n la distorsiona si se convierte en el &uacute;nico prisma a trav&eacute;s del cual se contempla la su vida (...)&rdquo;; &ldquo;la transforma en un ser unidimensional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La vida de Companys, en efecto, simboliza como pocas las contradicciones, esperanzas y tambi&eacute;n el hundimiento&nbsp;de lo que fue el republicanismo catalanista del primer tercio del siglo XX. En primera instancia, porque Companys&nbsp;no fue el dirigente pol&iacute;tico de una Catalunya homog&eacute;nea, sin contradicciones ni conflictos. Al contrario, represent&oacute; como nadie la &ldquo;Falsa Ruta&rdquo; denunciada en 1939 por el antiguo prohombre de la Lliga convertido en fervoroso franquista, Fernando Valls y Taberner: &ldquo;Catalunya ha seguido una falsa ruta y ha llegado en gran parte a ser v&iacute;ctima de su propio extrav&iacute;o. Esta falsa ruta ha sido el nacionalismo catalanista. (&hellip;) el catalanismo, en su actuaci&oacute;n pol&iacute;tica, construy&oacute; poderosamente al desarrollo del subversivismo en Catalunya, llev&aacute;ndolo hasta las capas sociales superiores. (&hellip;) y a consecuencia de ello el catalanismo es hoy un cad&aacute;ver.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Companys, efectivamente, perteneci&oacute; a la generaci&oacute;n de j&oacute;venes republicanos de principios de siglo, formada por los Alomar, los Domingo o los Layret. Esos j&oacute;venes, partiendo del legado de Pi i Margall, consiguieron en un largo proceso hacer encajar republicanismo y catalanismo, articulando as&iacute; la propia realidad nacional catalana. En el caso de Companys este camino tom&oacute; una forma especialmente intensa, obrando para que este proyecto pol&iacute;tico no quedara desligado de las clases populares catalanas. Este prop&oacute;sito marc&oacute; su actividad pol&iacute;tica ya casi desde el principio, bien como abogado de obreros, bien cultivando la amistad de dirigentes sindicales libertarios como el Noi del Sucre.
    </p><p class="article-text">
        Esta intensa relaci&oacute;n con las clases populares le llev&oacute; al presidio a principios de los a&ntilde;os veinte y a ver de cerca la muerte en la figura de su amado Francesc Layret. Le condujo asimismo a desplegar su activismo m&aacute;s all&aacute; de las clases populares urbanas. Se convirti&oacute; en ese proceso en una de las personas claves en la fundaci&oacute;n de la Uni&oacute; de Rabassaires, en 1922, y dirigi&oacute; su principal portavoz, La Terra. Republicanismo, catalanismo, obrerismo y campesinado quedaban as&iacute; inseparablemente ligados a su figura, sin la que no se entiende su potencia pol&iacute;tica ni la hegemon&iacute;a que alcanz&oacute; el republicanismo en los primeros a&ntilde;os de la II Rep&uacute;blica, cuando Catalunya se convirti&oacute; en su&nbsp;principal resguardo.
    </p><p class="article-text">
        A veces se ha querido contraponer la figura de Companys a la de Francesc Maci&agrave;. Este &uacute;ltimo muri&oacute; en&nbsp;la Navidad de 1933 convertido ya en todo un s&iacute;mbolo, como demostr&oacute; un entierro tan s&oacute;lo comparable al de Durruti. Companys, en cambio, ser&iacute;a tan s&oacute;lo un pol&iacute;tico h&aacute;bil y de &ldquo;gestos&rdquo; alocados. Aunque es dif&iacute;cil pensar en algo m&aacute;s voluntarioso que el intento de liberar Catalunya desde Prats de Moll&oacute; protagonizada por Maci&agrave; en 1926, esta contraposici&oacute;n olvida f&aacute;cilmente la importancia de Companys para asegurar el arraigo popular de la propuesta pol&iacute;tica que impuls&oacute;. El futuro President de Catalunya fue el concejal m&aacute;s votado en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931; fue aquel que proclam&oacute; la Rep&uacute;blica desde el balc&oacute;n del Ayuntamiento justo para hacerla llegar; fue el que se constituy&oacute; en uno de los principales baluartes del republicanismo de izquierdas de Espa&ntilde;a durante el bienio negro, el que protagoniz&oacute; los hechos de octubre de 1934, cuando cay&oacute; para volver despu&eacute;s victorioso en febrero de 1936.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo, Companys ha convertido en un s&iacute;mbolo de la lucha antifascista en una situaci&oacute;n enormemente compleja de procesos revolucionarios y confrontaci&oacute;n b&eacute;lica y en uno de los momentos m&aacute;s convulsos de la historia de Catalunya y de Espanya. Su figura contiene muchas esperanzas, contradicciones y tambi&eacute;n sombras. Sin embargo, nos sigue interpelando y nos recuerda que sin la memoria de las injusticias del pasado, no hay futuro seguro para las esperanzas del presente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gerardo Pisarello, Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/recordar-companys-alla-muerte_132_2431493.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2015 08:17:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Recordar a Companys más allá de su muerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lluís Companys]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recordar Companys més enllà de la seva mort]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/recordar-companys-enlla-seva-mort_132_2431509.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bf521c4-b2f7-4e7c-a700-2db2f06e79e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Recordar Companys més enllà de la seva mort"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Companys ha esdevingut un símbol de la lluita antifeixista en una situació enormement complexa de processos revolucionaris i confrontació i en un dels moments més convulsos de la història de Catalunya i d’Espanya. La seva figura conté moltes esperances, contradiccions i també ombres.</p></div><p class="article-text">
        L&rsquo;assassinat de Llu&iacute;s Companys i Jover marca una cesura en la mem&ograve;ria popular del catalanisme d&rsquo;esquerres d&rsquo;aquest pa&iacute;s. Una ferida que esdev&eacute; finalment nacional: un espai de consens de la mem&ograve;ria de Catalunya. La mort en mans del feixisme de l&rsquo;&uacute;nic president d&rsquo;un govern democr&agrave;tic executat en mig d&rsquo;una guerra civil europea que esdevingu&eacute; mundial, explica per si mateixa el significat que prengu&eacute; aquella mort. Per&ograve;, m&eacute;s enll&agrave;, la fi de Companys constitueix un abans i un despr&eacute;s en el nostre passat. Tota una hist&ograve;ria sembla acabar amb ella. A Catalunya i a Espanya, evidentment, per&ograve; tamb&eacute; a Europa.
    </p><p class="article-text">
        Un mateix fil travessa la mort de Machado a Cotlliure &ndash;el febrer de 1939, a l&rsquo;altra banda de la frontera fugint del franquisme&ndash;, la fi del fil&ograve;sof alemany Walter Benjamin &ndash;a Portbou el setembre de 1940, fugint en aquest cas del nazisme&ndash;, i l&rsquo;afusellament de Companys &ndash;l&rsquo;octubre del 1940, fruit de la col&middot;laboraci&oacute; de la Gestapo amb el franquisme. Guerra Civil i Segona Guerra Mundial s&oacute;n, en aquestes hist&ograve;ries, indestriables. La commemoraci&oacute; de l&rsquo;assassinat de Companys t&eacute;, doncs, tamb&eacute; una dimensi&oacute; internacional. No sempre reeixida, &eacute;s cert: si Europa emerg&iacute; d&rsquo;aquest per&iacute;ode amb la instauraci&oacute; de nous sistemes pol&iacute;tics que tenien en el seu ADN constitucional i memorial l&rsquo;antifeixisme, aquest no fou el cas de la nostra terra.
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; si la mort de Companys cont&eacute; en si mateixa m&uacute;ltiples significats, reduir el llegat del President Companys a l&rsquo;acte del seu afusellament, no seria sin&oacute; enterrar la vida que els franquistes segaren. Com va deixar dit Pasqual Maragall, la &ldquo;tend&egrave;ncia a presentar a Companys envoltat d&rsquo;aquesta aura de president m&agrave;rtir (&hellip;) si b&eacute; s&rsquo;ajusta a la veritat, tamb&eacute; la distorsiona si esdev&eacute; l&rsquo;&uacute;nic prisma a trav&eacute;s del qual es contempla la seva vida (&hellip;)&rdquo;; &ldquo;la transforma en un &eacute;sser unidimensional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La vida de Companys, en efecte, simbolitza com poques les contradiccions, esperances i tamb&eacute; ensulsiades del que fou el republicanisme catalanista del primer ter&ccedil; del segle XX. En primera inst&agrave;ncia, perqu&egrave; Companys no fou el dirigent pol&iacute;tic d&rsquo;una Catalunya homog&egrave;nia, sense contradiccions ni conflictes. Ans al contrari, represent&agrave; com ning&uacute; la &ldquo;Falsa Ruta&rdquo; denunciada al 1939 per l&rsquo;antic prohom de la Lliga esdevingut fervor&oacute;s franquista, Fernando Valls i Taberner: &ldquo;Catalu&ntilde;a ha seguido una falsa ruta y ha llegado en gran parte a ser v&iacute;ctima de su propio extrav&iacute;o. Esta falsa ruta ha sido el nacionalismo catalanista. (&hellip;) el catalanismo, en su actuaci&oacute;n pol&iacute;tica, construy&oacute; poderosamente al desarrollo del subversivismo en Catalu&ntilde;a, llev&aacute;ndolo hasta las capas sociales superiores. (&hellip;) y a consecuencia de ello el catalanismo es hoy un cad&aacute;ver.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Companys, efectivament, pertany&eacute; a la generaci&oacute; de joves republicans de principis de segle, formada pels Alomar, els Domingo o els Layret. Aquests joves, partint del llegat de Pi i Margall, aconseguiren en un llarg proc&eacute;s fer encaixar republicanisme i catalanisme, articulant aix&iacute; la pr&ograve;pia realitat nacional catalana. En el cas de Companys aquest cam&iacute; prengu&eacute; una forma especialment intensa, obrant per tal que aquest projecte pol&iacute;tic no rest&eacute;s deslligat de les classes populars catalanes. Aquest prop&ograve;sit va marcar la seva activitat pol&iacute;tica ja gaireb&eacute; des del principi, b&eacute; com a advocat d&rsquo;obrers, b&eacute; cultivant l&rsquo;amistat de dirigent sindicals llibertaris com el Noi del Sucre.
    </p><p class="article-text">
        Aquesta intensa relaci&oacute; amb les classes populars el port&agrave; al presidi a principis dels anys vint i a veure de prop la mort en la figura del seu estimat Frances Layret. El port&agrave;, aix&iacute; mateix, a desplegar el seu activisme m&eacute;s enll&agrave; de les classes populars urbanes. Es convert&iacute; en el proc&eacute;s en una de les persones claus en la fundaci&oacute; de la Uni&oacute; de Rabassaires, el 1922, i a dirigir el seu principal portaveu, La Terra. Republicanisme, catalanisme, obrerisme i pagesia quedaven aix&iacute; indestriablement lligats a la seva figura, sense la que no s&rsquo;ent&eacute;n la seva pot&egrave;ncia pol&iacute;tica ni l&rsquo;hegemonia que assol&iacute; el republicanisme en els primers anys de la II Rep&uacute;blica, quan Catalunya n&rsquo;esdevingu&eacute; el principal resguard.
    </p><p class="article-text">
        De vegades, s&rsquo;ha volgut contraposar la figura de Companys a la de Francesc Maci&agrave;. Aquest &uacute;ltim hauria mort el Nadal de 1933 convertit ja en tot un s&iacute;mbol, com va demostrar un enterrament tan sols comparable al de Durruti. Companys, en canvi, seria tan sols un pol&iacute;tic h&agrave;bil i de &ldquo;gestos&rdquo; arrauxats. Tot i que &eacute;s dif&iacute;cil pensar en quelcom m&eacute;s voluntari&oacute;s que l&rsquo;intent d&rsquo;alliberar Catalunya des de Prats de Moll&oacute; protagonitzada per Maci&agrave; el 1926, aquesta contraposici&oacute; oblida f&agrave;cilment la import&agrave;ncia de Companys per assegurar l&rsquo;arrelament popular de la proposta pol&iacute;tica que impuls&agrave;. El futur President de Catalunya fou el regidor m&eacute;s votat a les eleccions municipals del 12 d&rsquo;abril de 1931; fou aquell que proclam&agrave; la Rep&uacute;blica des del balc&oacute; de l&rsquo;Ajuntament just per fer-la arribar; fou el que es constitu&iacute; en un dels principals baluards del republicanisme d&rsquo;esquerres d&rsquo;Espanya durant el bienni negre, el que protagonitz&agrave; els fets d&rsquo;octubre del 1934, quan caigu&eacute; per retornar despr&eacute;s victori&oacute;s el febrer de 1936.
    </p><p class="article-text">
        Amb el pas del temps, Companys ha esdevingut un s&iacute;mbol de la lluita antifeixista en una situaci&oacute; enormement complexa de processos revolucionaris i confrontaci&oacute; b&egrave;l&middot;lica i en un dels moments m&eacute;s convulsos de la hist&ograve;ria de Catalunya i d&rsquo;Espanya. La seva figura cont&eacute; moltes esperances, contradiccions i tamb&eacute; ombres. Tanmateix, ens continua interpel&middot;lant i ens recorda que sense la mem&ograve;ria de les injust&iacute;cies del passat, no hi ha futur segur per les esperances del present.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gerardo Pisarello, Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/opinions/recordar-companys-enlla-seva-mort_132_2431509.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2015 07:28:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Recordar Companys més enllà de la seva mort]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que el viento se llevó. El declive de Convergència]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/pujol-ciu-catalunya_132_4683250.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El 'caso Pujol' viene a certificar un declive –el de Convergència– que se venía produciendo hace tiempo</p><p class="subtitle">Algunos pretenden convertir a Mas en un nuevo Moíses que conduzca a los catalanes a la tierra prometida</p><p class="subtitle">Sin embargo, los grandes avances en la conquista de las libertades de Catalunya no han venido del catalanismo conservador. Han venido de fuerzas a su izquierda que hoy, y con la experiencia del 15-M de fondo, podrían construir un nuevo espacio electoral</p></div><p class="article-text">
        La conmoci&oacute;n que ha producido nuestro maestro Yoda particular en su impensable paso hacia el lado oscuro a veces no deja de sorprender. Ser&eacute; un <em>rara avis</em>, pero como catal&aacute;n no me siento nada afectado, ni siquiera sorprendido, por el <em>caso Jordi Pujol.</em> Justo cuando se publicaba el segundo volumen de sus memorias en octubre de 2009, con pocos d&iacute;as de diferencia, sal&iacute;an de un furg&oacute;n policial esposados dos hombres de su plena confianza: Maci&agrave; Alavedra y Llu&iacute;s Prenafeta. Las palabras que abr&iacute;an ese segundo volumen situaban a nuestro protagonista en abril de 1980, en el momento que deven&iacute;a por primera vez en <em>Molt Honorable</em>. Solo con Prenafeta en el Palacio de la Generalitat, Pujol le confesaba: &ldquo;Llu&iacute;s, en estos momentos la Generalitat somos tu y yo&rdquo;. Pues eso, Llu&iacute;s y &eacute;l. M&aacute;s los hijos, el otrora Conseller d&rsquo;Economia o la sede del partido embargada judicialmente&hellip; Una tendencia, no una sorpresa.
    </p><p class="article-text">
        Pero es cierto, para quienes Jordi Pujol era el padre de la patria, e incluso para muchos otros que se impregnaron en parte de ese mito, su &ldquo;confesi&oacute;n&rdquo; ha causado una profunda perturbaci&oacute;n. Se adivina ya en las entra&ntilde;as de la misma, en la lectura de los mediadores del universo mental convergente, el camino para su metabolizaci&oacute;n. Para unos, los que nos hablan de su pesadilla personal y familiar, Pujol sacrific&oacute; su papel como progenitor en aras de la construcci&oacute;n nacional de Catalunya (sacrificio por el que tanto le debemos), y ahora enmendar&iacute;a ese abandono inicial inmol&aacute;ndose para solucionar un problema de &ldquo;herencia&rdquo; y &ldquo;familia&rdquo;. Algo, sea dicho de paso, muy &ldquo;propio&rdquo;. Otros, que intentan construir otro mito incierto, el de Artur Mas, son a&uacute;n m&aacute;s duros con Pujol. Enfrascados como estaban en la articulaci&oacute;n de ese nuevo relato, apuntan a la necesidad de refundar el espacio convergente. Mas inici&oacute; ya un nuevo camino, cuando revestido con las prendas de Mois&eacute;s en la campa&ntilde;a electoral de 2012 (nunca un cartel electoral mostr&oacute; tanto las profundidades de un inconsciente pol&iacute;tico) nos abri&oacute; las aguas del Mar Rojo hacia la nueva tierra prometida. Para muchos de estos comentaristas ser&iacute;a el nuevo Alfa y Omega del mundo convergente y <em>mutatis mutandis</em> de la nueva Catalunya.
    </p><p class="article-text">
        Pero entre mito y mito, la pregunta subyacente queda como un interrogante que impregna el aire: &iquest;c&oacute;mo afectar&aacute; la ca&iacute;da del <em>padre de la patria</em> al proceso nacional? Se puede tener la tentaci&oacute;n de pensar que, en realidad, poco. A pesar de las leyendas, lo cierto es que la elaboraci&oacute;n del Estatut y  el retorno de la Generalitat en medio de la transici&oacute;n, como restablecimiento de una instituci&oacute;n republicana previo a la elaboraci&oacute;n de una Constituci&oacute;n que ahora se quiere g&eacute;nesis de todo, no vino de la mano de Jordi Pujol. Vino de la mano de una movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica encabezaba por la Asamblea de Catalu&ntilde;a, donde el papel de Convergencia no era ni mucho menos central, y de un resultado electoral, el de junio de 1977, donde este partido qued&oacute; como cuarta fuerza pol&iacute;tica en n&uacute;mero de votos en el Principado, entremedio de una victoria comunista y socialista.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco fue el catalanismo conservador el que estuvo en la base de la demanda y articulaci&oacute;n del segundo <em>Estatut</em> de 2006 -si acaso estuvo en la base de su primer recorte a partir del pacto de Artur Mas con Zapatero-, sino el <em>Tripartito</em>. Pero ahora parece que todo esto ha cambiado y que por primera vez &ndash;paradojas de la vida- el catalanismo conservador, el guardi&aacute;n del sistema, pilotar&iacute;a la ruptura.
    </p><p class="article-text">
        Tama&ntilde;a epopeya un d&iacute;a merecer&aacute; una historia. La de explicar como se pas&oacute; del sue&ntilde;o de los felices d&iacute;as de la victoria electoral de CIU en 2010 &ndash;cuando se narraba que con menos har&iacute;amos m&aacute;s a partir de unas recetas de austeridad que llevar&iacute;an a Catalunya a superar r&aacute;pidamente la crisis <em>con ilusi&oacute;n</em>&ndash; a la pesadilla de ver el Parlament rodeado de manifestantes. Lo peor de todas formas no fue esa acci&oacute;n, sino ver en los sondeos de urgencia encargados esos d&iacute;as por los medios afines como la misma era apoyada por una parte nada menospreciable de la poblaci&oacute;n. Todo ello a pesar de la amplia, intensa y atronadora condena que se hizo de esa acci&oacute;n del 15M (se lleg&oacute; a comparar, ah&iacute; es nada, con el golpe de Estado del 23F). 
    </p><p class="article-text">
        Hubo entonces, cual Ave F&eacute;nix, un renacer de las cenizas de ese primer proyecto de intensificaci&oacute;n neoliberal convergente, despu&eacute;s de aquel viento en forma de 15M que tantas cosas se llev&oacute;. Con la tierra de Tara en un pu&ntilde;o, esa tierra que es &ldquo;lo &uacute;nico que importa porque es lo &uacute;nico que perdura&rdquo;, se puso a Dios por testigo de que nunca la podr&iacute;an derribar, de que sobrevivir&iacute;a y de que cuando todo hubiese pasado jam&aacute;s volver&iacute;a a pasar hambre. De ese momento al actual hay dos mundos, la abertura de un paso entre un embravecido Mar Rojo y, seg&uacute;n indican las encuestas, m&aacute;s de la mitad de los diputados perdidos por el camino. Pero este proceso no es el de Pujol, ni siquiera el de Catalunya, sino una batalla contra el tiempo, una batalla por cabalgarlo y ganarle la partida. Una batalla donde, como nos dec&iacute;a el poeta y nos cantaba Camar&oacute;n, cruza el gemido del ni&ntilde;o y la lengua rota del viejo.
    </p><p class="article-text">
        La tierra de Tara que Scarlett O&rsquo;Hara empu&ntilde;aba estaba te&ntilde;ida de rojo. Ese viento que tantas cosas se llev&oacute; nunca desapareci&oacute;. Impregn&oacute; una tierra donde el catalanismo conservador, en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os de matriz neoliberal, se ve desplazado por ERC, sin reeditar sin embargo la hegemon&iacute;a electoral que detent&oacute; el primero en sus a&ntilde;os dorados. A su izquierda, Podemos, ICV-EUiA, la CUP y lo que a&uacute;n est&eacute; por llegar apuntan ya a la posibilidad de constituir el primer espacio electoral (fragmentado) de Catalu&ntilde;a. Ese espacio donde s&iacute; se consum&oacute; la fuerza que llev&oacute; al primer intento de restablecimiento de las libertades en Catalunya.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/pujol-ciu-catalunya_132_4683250.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Aug 2014 19:18:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lo que el viento se llevó. El declive de Convergència]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[CiU - Convergència i Unió,Cataluña,Caso Pujol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Municipalismo y rupturas constituyentes: ¿1931: 2.0?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/municipalismo-proceso-constituyente-republica_132_4840128.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Dec&iacute;a Marx hablando de la revoluci&oacute;n aqu&iacute; que &ldquo;Espa&ntilde;a no ha adoptado nunca la moderna moda francesa, tan en boga en 1848, de comenzar y acabar una revoluci&oacute;n en tres d&iacute;as. Sus esfuerzos en este l&iacute;nea son complejos y m&aacute;s prolongados. Tres a&ntilde;os parece ser el plazo m&iacute;nimo que se impone el pa&iacute;s a s&iacute; mismo, mientras que el ciclo revolucionario se extiende a veces hasta nueve&rdquo;. Si uno contempla esta afirmaci&oacute;n escrita en 1854 a la luz del ciclo 1931-1939, y el m&aacute;s reducido de 1936 a 1939, no deja de sorprender, a pesar de que se refer&iacute;a al pasado y no al futuro. En el mismo sentido, la eclosi&oacute;n del 15-M, que parec&iacute;a anunciar en sus inicios una transformaci&oacute;n revolucionaria inmediata, debe enmarcarse en un ciclo largo de gran transformaci&oacute;n pol&iacute;tica. Si ya muy pronto pareci&oacute; que su irrupci&oacute;n apenas tendr&iacute;a efectos en el sistema pol&iacute;tico institucional, mutando en una y mil iniciativas a nivel sociopol&iacute;tico, lo cierto es que en este ciclo largo donde estamos inmersos todav&iacute;a nos quedan muchas m&aacute;s irrupciones por ver. De hecho, su emergencia se inscribi&oacute; en el marco del ciclo electoral que se inici&oacute; con las municipales del 22 de mayo de 2011 y termin&oacute; con la victoria del PP (aunque ser&iacute;a m&aacute;s preciso hablar en este sentido de la derrota del PSOE, ya que el partido conservador apenas hab&iacute;a incrementado su n&uacute;mero de votos desde 2008), el 20 de noviembre de 2011. Entre ese momento y el actual hemos vivido un interregno donde de forma invisible millares de microcambios, peque&ntilde;as decisiones, mil acciones, se pueden hacer evidentes de nuevo en el espacio pol&iacute;tico en el nuevo ciclo electoral que ahora reprendemos. Nada ser&aacute; en este sentido igual a como fue.
    </p><p class="article-text">
        Pr&aacute;cticamente en el mismo momento que Marx escrib&iacute;a sus an&aacute;lisis sobre el car&aacute;cter de las revoluciones en la piel de toro, otro pensador y pol&iacute;tico Pi y Margall, el &uacute;nico socialista en Espa&ntilde;a seg&uacute;n el propio Marx y posteriormente presidente de la Primera Rep&uacute;blica, desarrollaba los principios de su futuro &ldquo;constitucionalismo revolucionario&rdquo;. Su intento no era otro que el de impulsar una revoluci&oacute;n donde &ldquo;no s&oacute;lo es necesario acabar con la actual organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, sino tambi&eacute;n con la econ&oacute;mica; que es indispensable, no ya reformar la naci&oacute;n, sino cambiar la base&rdquo;. Para ello, recogiendo una tradici&oacute;n muy anterior, part&iacute;a de un federalismo que ten&iacute;a como ra&iacute;z el municipio como forma de reconstituir una sociedad libre entre iguales desde del n&uacute;cleo m&aacute;s b&aacute;sico y cercano del poder institucional.
    </p><p class="article-text">
        Iniciar un amplio proceso de transformaci&oacute;n revolucionaria tomando como base el poder local pod&iacute;a parecer extra&ntilde;o, en un per&iacute;odo donde se estilaba m&aacute;s el asalto directo al Estado. Pero Pi y Margall, en este sentido, no hac&iacute;a sino recoger una realidad del pasado para reformularla para propio su futuro. La vitalidad de la vida local en la pen&iacute;nsula, que fascinaba al propio Marx, estuvo en la base de la resistencia a la invasi&oacute;n napole&oacute;nica en 1808 y se constituy&oacute; en uno de los polos de tensi&oacute;n en el marco de la revoluci&oacute;n liberal, pero quiz&aacute;s fue ya entrado el siglo XX donde el municipalismo mostr&oacute; toda su fuerza. El Pacto de San Sebasti&aacute;n, acordado en agosto de 1930 por personalidades tan dispares entre ellas como Alejandro Lerroux o Jaume Aiguader de Estat Catal&agrave;, entre muchos otros, significaba la alianza para acabar con la primera Restauraci&oacute;n mon&aacute;rquica en el siglo XX. Una alianza posible entre fuerzas muy diversas entre s&iacute;, y a veces confrontadas, a partir de un horizonte com&uacute;n: la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica. Pero una cosa era el acuerdo, otra muy diferente su realizaci&oacute;n, para ello se recurri&oacute; a dos medios &ldquo;cl&aacute;sicos&rdquo;: o bien una huelga general o bien una insurrecci&oacute;n. Basta decir que los dos medios fracasaron. Parec&iacute;a que el intento de implementar un nuevo sistema pol&iacute;tico democr&aacute;tico se hab&iacute;a quedado sin alternativas. Lo parec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El 12 de abril de 1931 unas elecciones municipales donde se presentaban m&uacute;ltiples organizaciones pol&iacute;ticas, algunas a penas acabadas de crear un mes antes de la contienda, con programas diversos, pero con un acuerdo com&uacute;n al entorno de la democracia, marcaron el inicio del fin de la Restauraci&oacute;n. No ganaron en la mayor&iacute;a de poblaciones, de hecho lo hicieron las fuerzas mon&aacute;rquicas, pero s&iacute; que lo hicieron en los principales centros urbanos y las capitales de provincia del pa&iacute;s. Lo que vino despu&eacute;s es de sobra conocido, el 14 de abril se declaraba la Rep&uacute;blica Catalana en Catalunya al mediod&iacute;a, mientras que por la tarde ya en Madrid nac&iacute;a la Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola. El municipalismo, en forma de &uacute;ltimo regalo de ese gran progenitor de las izquierdas que fue Pi y Margall, hab&iacute;a sido inesperadamente clave. En la Puerta del Sol de Madrid una ni&ntilde;a levantada por su padre ante la multitud o&iacute;a de su labios &ldquo;&iquest;Lo ves hija? Es el futuro&rdquo;, mientras en Barcelona la joven escritora Merc&egrave; Rodoreda lo sent&iacute;a &ldquo;com un aire que va fugir i tots els que despr&eacute;s van venir mai m&eacute;s van ser com l&rsquo;aire d&rsquo;aquell dia que va fer un tall a la meva vida&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La potencia de ese momento y de esa posibilidad no qued&oacute; encerrada en los a&ntilde;os treinta. Para Manuel Fraga, flamante ministro de Gobernaci&oacute;n del primer gobierno de la monarqu&iacute;a de la Segunda Restauraci&oacute;n despu&eacute;s de la muerte de Franco, constitu&iacute;a una de sus principales preocupaciones ese &ldquo;fantasma de las elecciones de abril de 1931&rdquo;; a la que vez que, para una parte de la oposici&oacute;n, una de sus principales esperanzas. Es por ello que las elecciones municipales fueron puestas al final de todo el ciclo electoral, cuando toda la arquitectura constitucional ya estaba cerrada, y no se celebraron hasta 1979. Es esta potencia la que probablemente veremos tambi&eacute;n puesta en juego en las elecciones municipales de 2015. Todo parece girar hacia ello. Lo har&aacute; as&iacute; sin duda en Catalunya, donde una tradici&oacute;n ya larga de municipalismo alternativo se puede recombinar con nuevas fuerzas emergentes que nos pueden llegar a sorprender a todos. La har&aacute; tambi&eacute;n m&aacute;s que probablemente en otras parte del Estado, donde la emergencia de Podemos, tercera fuerza electoral en las elecciones recientes en Madrid, Arag&oacute;n, las Islas Baleares o Asturias, no se agotar&aacute; s&oacute;lo en las europeas y puede converger con otras nuevas y viejas fuerzas pol&iacute;ticas. Mientras en otras espacios, como Valencia, Galicia o Andaluc&iacute;a, pueden surgir intentos en el mismo sentido. Esta posibilidad ser&aacute; fuerte o d&eacute;bil, eso no lo sabemos, pero es una posibilidad que permite una iniciativa ofensiva y a la vez defensiva. Ofensiva en el sentido que en un marco de procesos agregados puede tomar un significado pol&iacute;tico que va m&aacute;s all&aacute; de la realidad local, como as&iacute; fue en aquel abril de 1931. Defensiva en el sentido que es precisamente en ese espacio donde ahora hay m&aacute;s posibilidades para construir un espacio de preservaci&oacute;n y transformaci&oacute;n de la vida de la ciudadan&iacute;a y de conexi&oacute;n con todos esos nuevos principios que los movimientos de resistencia a esta crisis han empezado a tejer.
    </p><p class="article-text">
        Dicho en palabras de Pi y Margall, porque es el espacio donde se puede dar &ldquo;la acci&oacute;n libre de todos elementos de progreso que existen en el reino, la mayor posibilidad en la aplicaci&oacute;n de teor&iacute;as o sistema nuevos, una mayor rapidez en la marcha colectiva&rdquo;. Veremos, en todo caso nada ser&aacute; como antes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/municipalismo-proceso-constituyente-republica_132_4840128.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Jun 2014 18:50:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Municipalismo y rupturas constituyentes: ¿1931: 2.0?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Municipalismo,Proceso Constituyente,República]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Suárez: Entre el palacio y la calle]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/suarez-transicion_132_4959871.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El 29 de enero de 1981 Su&aacute;rez presentaba su dimisi&oacute;n como presidente. Se hab&iacute;a quedado solo. La UCD, el partido que el mismo hab&iacute;a puesto en pie, era poco m&aacute;s que un avispero para su fundador. Los militares lo quer&iacute;an s&iacute; o s&iacute; fuera del gobierno. Pero fue sobre todo el deterioro de su relaci&oacute;n con el Rey lo que acab&oacute; por dar la puntilla final a su presidencia. El &uacute;ltimo gran desencuentro se hab&iacute;a producido poco tiempo atr&aacute;s a cuenta de la elecci&oacute;n de Armada como segundo jefe del Estado Mayor del Ej&eacute;rcito. Su&aacute;rez se negaba a aceptar el nombramiento del que posteriormente se convertir&iacute;a en el Elefante Blanco del 23F, pero finalmente la voluntad del rey se impuso por encima del que poco despu&eacute;s dejar&iacute;a de ser presidente. Se buscaba un golpe de tim&oacute;n ante un proceso de cambio pol&iacute;tico demasiado abierto y nuestro peque&ntilde;o Maquiavelo qued&oacute; absolutamente abandonado. Primero por los suyos y despu&eacute;s por el propio pueblo que, seg&uacute;n nos cuentan, lo segu&iacute;a a pies juntillas, cual flautista de Hamelin, fascinado ante un pol&iacute;tico de tama&ntilde;a osad&iacute;a. En su nueva aventura, con la creaci&oacute;n del CDS, s&oacute;lo consigui&oacute; dos diputados en las elecciones de 1982. De hecho, a pesar de todos los mitos, cuando en 1985 se realiz&oacute; una encuesta del CIS en la que se preguntaba a qui&eacute;n se deb&iacute;an las libertades, s&oacute;lo un 13% de los ciudadanos apuntaron a nuestros dirigentes, mientras que un 55% las atribu&iacute;a a las movilizaciones populares.
    </p><p class="article-text">
        La leyenda de Su&aacute;rez contiene elementos de una construcci&oacute;n precaria. Ahora mismo estamos ba&ntilde;ados en ella, como una forma espec&iacute;fica de reedici&oacute;n del mito de la transici&oacute;n, tan intensa como su crisis real en nuestro presente. Su construcci&oacute;n hagiogr&aacute;fica es de todas formas tard&iacute;a en relaci&oacute;n con la propia articulaci&oacute;n memorial de la transici&oacute;n y establece una relaci&oacute;n compleja con la misma. M&aacute;s cuando muchos de los constructores del mito de la transici&oacute;n fueron, ya en los a&ntilde;os ochenta, sepultureros pol&iacute;ticos de Su&aacute;rez. Fue precisamente desde su olvido personal, a partir de una enfermedad que afecta precisamente a la memoria, que empez&oacute; su activaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La construcci&oacute;n del mito de la transici&oacute;n contiene muchas implicaciones normativas para nuestro presente, impone legitimidades posibles y excluye las imposibles. Pero quiz&aacute;s la que m&aacute;s incide en la comprensi&oacute;n de la figura de Su&aacute;rez es la conversi&oacute;n de las consecuencias del cambio pol&iacute;tico en causas del mismo, para reforzar su legitimidad. La consolidaci&oacute;n de la monarqu&iacute;a, el papel dominante de las elites por encima de los agentes sociales o el discurso de la moderaci&oacute;n, fueron consecuencias del cambio pol&iacute;tico, cierto. Pero ser el resultado de un proceso no te convierte en su hacedor. &Eacute;ste no se desencaden&oacute; como un encuentro entre elites, las del r&eacute;gimen y las de la oposici&oacute;n, como tampoco se inici&oacute; a partir de las contrastadas credenciales democr&aacute;ticas de aquellos que hab&iacute;an sostenido la dictadura.
    </p><p class="article-text">
        La primera batalla de la transici&oacute;n, en palabras del gobernador civil de Barcelona en 1976, &ldquo;fue la batalla de la calle&rdquo;. Y esa batalla el r&eacute;gimen la perdi&oacute;. El primer semestre de 1976, en un pa&iacute;s donde el derecho de huelga y de manifestaci&oacute;n estaba prohibido, Espa&ntilde;a se puso al frente de la conflictividad europea. De hecho, esas huelgas hicieron que en un momento de fuerte crisis econ&oacute;mica se produjera una intensa alza de los salarios reales y condujeron tambi&eacute;n a un bloqueo pol&iacute;tico. La oposici&oacute;n pod&iacute;a ocupar la calle, pero no el poder, ya que no contaba con ninguna alianza posible en el seno de las Fuerzas Armadas; el R&eacute;gimen pod&iacute;a mantenerse en el poder, pero era incapaz de gobernar el pa&iacute;s. Este escenario planteaba al rey su dilema m&aacute;s grave, el de si ser&iacute;a capaz de consolidar o no la monarqu&iacute;a. Para recuperar la iniciativa pol&iacute;tica y desbloquear la situaci&oacute;n, necesitaba una figura que reuniera las cualidades de fidelidad a su persona y legitimidad dentro del franquismo. Ni Fraga, ni Areilza, las dos principales figuras del reformismo dentro del franquismo, serv&iacute;an a ese fin, ya que despertaban tanto recelo en sus filas como proyecto propio ten&iacute;an. Finalmente, la elecci&oacute;n del nuevo presidente del Gobierno recay&oacute; de forma inesperada en Su&aacute;rez.
    </p><p class="article-text">
        Su&aacute;rez era en 1976, seg&uacute;n Javier Tusell, &ldquo;una persona inequ&iacute;vocamente identificada con el Movimiento&rdquo;. De hecho, era su m&aacute;ximo dirigente. Pero tambi&eacute;n era, en sus propias palabras, &ldquo;un chusquero en pol&iacute;tica&rdquo;, sin una trayectoria pol&iacute;tica de largo recorrido, pero capaz de muestras de fidelidad inconfundibles hacia Juan Carlos. En este sentido, su elecci&oacute;n tranquilizaba al personal pol&iacute;tico franquista, era claramente uno de los suyos y como tal asegurar&iacute;a su pervivencia, a la vez permit&iacute;a asegurar el proyecto de la monarqu&iacute;a. En Su&aacute;rez se pod&iacute;a encontrar a alguien dispuesto a iniciar un camino de recuperaci&oacute;n de la iniciativa pol&iacute;tica, llev&aacute;ndose con ella a parte del r&eacute;gimen. Y as&iacute; fue, pero ello no se pod&iacute;a hacer sin asumir una parte del programa de la oposici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La primera medida que tom&oacute; el nuevo gobierno en julio de 1976 no fue otra que el Decreto-Ley de Amnist&iacute;a para los presos pol&iacute;ticos antifranquistas. Lo que vino despu&eacute;s fue una alocada hu&iacute;da siempre hacia adelante, que inclu&iacute;a la legalizaci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos &ndash;con la excepci&oacute;n de los republicanos que no pudieron presentarse a las elecciones de junio de 1977 para no poner en peligro a la monarqu&iacute;a&ndash;, y la celebraci&oacute;n de comicios pluripartidistas por sufragio universal, sin restos de representaci&oacute;n org&aacute;nica alguna. Todo ello fue una imposici&oacute;n de las gentes que ocuparon las calles. No de la forma so&ntilde;ada, es cierto, pero tampoco de la manera so&ntilde;ada por los franquistas. De hecho, si la movilizaci&oacute;n de 1976 marca el inicio del fin de la dictadura, y no lo que pudiera pensar o querer ninguno de sus dirigentes, tambi&eacute;n el resultado de las elecciones de 1977 fue una sorpresa. Entre la UCD articulada desde el poder por el mismo Su&aacute;rez y ganadora de las elecciones, y Alianza Popular, obtuvieron el 43% de los votos. Los partidos que ven&iacute;an del campo del antifranquismo agruparon el 49,2%. Y entonces pas&oacute; lo que no estaba previsto por la &uacute;ltima ley fundamental de la dictadura, la Ley de la Reforma Pol&iacute;tica: las nuevas Cortes se declararon ilegalmente constituyentes. Se produjo as&iacute; la ruptura jur&iacute;dica con la dictadura, aunque eso no fue seguido de otras y fundamentales rupturas.
    </p><p class="article-text">
        El papel de Su&aacute;rez en este proceso fue posible s&oacute;lo a partir de una gran autonom&iacute;a de la esfera pol&iacute;tica respecto a otras instancias de poder, posibilitada por la intensidad y confrontaci&oacute;n de las fuerzas en pugna. El proceso acab&oacute; con el franquismo, pero preserv&oacute; gran parte de su personal pol&iacute;tico, que no sufri&oacute; ning&uacute;n tipo de depuraci&oacute;n, y la monarqu&iacute;a pudo consolidarse. Pero si ello se debi&oacute; a la capacidad de iniciativa de una parte del r&eacute;gimen, el final de la dictadura solo es atribuible a la calle. El proceso constituyente se impuls&oacute; desde abajo, aunque se control&oacute; desde arriba. Esto supon&iacute;a para Su&aacute;rez una autonom&iacute;a relativa. Su papel fue asegurar siempre, en cada nueva hu&iacute;da hacia adelante, la preeminencia de la iniciativa pol&iacute;tica por parte del franquismo y la monarqu&iacute;a. No obstante, cuando los ritmos sociales se desaceleraron y lleg&oacute; el gran frenazo, qued&oacute; suspendido en el aire: ya no era &uacute;til. Ahora vuelve a serlo en forma de leyenda. Pero ahora como antes el mito se articula y se difunde desde el palacio, mientras que la dignidad y la libertad se construyen desde la calle. Ahora, como antes, el mito es un intento de transfigurar la realidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xavier Domènech]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/suarez-transicion_132_4959871.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Mar 2014 19:35:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Suárez: Entre el palacio y la calle]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Transición española]]></media:keywords>
    </item>
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