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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ismael Serrano]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ismael_serrano/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ismael Serrano]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Dónde están los músicos? Elogio de Amaral y su 'Ratonera']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/musicos-elogio-amaral-ratonera_129_4930813.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">A lo mejor convendría revisar el viejo prejuicio posmodernista y  entender que ser músico, más aún con la que está cayendo, conlleva  también una responsabilidad ética ineludible</p></div><p class="article-text">
        Vale. Quiz&aacute; no sea obligatorio escribir en todas las guitarras &ldquo;Esta m&aacute;quina mata fascistas&rdquo; a la manera de Woody Guthrie. No es necesario que, como Joan Baez, viajemos a Hanoi bajo el bombardeo implacable cantando &ldquo;Gracias a la vida&rdquo;. Pero, &iquest;c&oacute;mo no sumarse al activismo en estos oscuros tiempos de orfandad moral? Si hasta Wham cant&oacute; para recaudar fondos para los mineros que hac&iacute;an huelga en tiempos de Thatcher. Aunque fuera en playback.
    </p><p class="article-text">
        Preguntaba Silvio Rodr&iacute;guez a sus compa&ntilde;eros de oficio por las armon&iacute;as apropiadas para hacer el retrato certero de lo perdido y de lo encontrado.
    </p><p class="article-text">
        La b&uacute;squeda de una voz propia marca la carrera de todo m&uacute;sico, en su empe&ntilde;o por exorcizar los demonios interiores y exteriores.
    </p><p class="article-text">
        La posmodernidad impuso el esteticismo en toda expresi&oacute;n art&iacute;stica. Hab&iacute;a que romper con la tradici&oacute;n y abandonar toda idea de compromiso moral como creador. El individualismo nos alejaba de una realidad de la que m&aacute;s val&iacute;a huir. Transformarla era una utop&iacute;a inalcanzable as&iacute; que lo mejor era refugiarse en un mundo propio alejado del resto de los cong&eacute;neres.
    </p><p class="article-text">
        Y en esto vino la Transici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que la lucha ya no era por entonces lo que hab&iacute;a sido. El propio mayo del 68 hab&iacute;a cambiado el paradigma. Prohibido prohibir, el cuestionamiento de la autoridad, las luchas por los derechos civiles. En cierto modo, la juventud abandonaba la tradicional lucha de clases para &ldquo;sectorizarla&rdquo; en batallas por otra identidad, menos global, m&aacute;s particular. Pensadores como Tony Judt definen ese cambio de paradigma como algo reaccionario. Al abandonar la identidad obrera la lucha se parcela y se debilita. Y d&iacute;ganme si un ultraliberal no tomar&iacute;a gustoso como consigna aquel &ldquo;prohibido prohibir:&rdquo; la desregulaci&oacute;n de los mercados de trabajo o del tr&aacute;fico de las transacciones financieras nos han llevado hasta donde estamos.
    </p><p class="article-text">
        La democracia trajo consigo un nuevo fen&oacute;meno cultural: la Movida. La frivolidad se impon&iacute;a. Romper con el pasado supon&iacute;a dejar de lado la tradici&oacute;n de lucha, obsoleta ya para algunos ante la prosperidad que inevitablemente la democracia habr&iacute;a de traer. Posmodernidad a ritmo de pop rebelde, emulando la pose punk pero olvidando la impronta reivindicativa de The Clash. Es cierto que fueron muchas las aportaciones culturales de aquel entonces que merecen ser rescatadas, pero convengamos que la Movida no fue tan transversal ni tan &eacute;pica como la mirada nost&aacute;lgica nos quiere hacer creer.
    </p><p class="article-text">
        En plena fiesta posdictadura se intent&oacute; condenar al olvido a los cantautores. Al fin y al cabo en eso consist&iacute;a el pacto de la transici&oacute;n: en olvidar. El compromiso pol&iacute;tico en el arte se convirti&oacute; en un estigma. Toda canci&oacute;n empapada de ideolog&iacute;a era una anacronismo a desterrar. Quedaron algunos restos de naufragio en el rock radical de los 80, pero era m&uacute;sica para una minor&iacute;a rebelde que no se resignaba a perder su identidad de clase obrera y combativa.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a mediados de los 90 saqu&eacute; mi primer disco, fueron muchas las preguntas acerca de mi empe&ntilde;o por sacar a relucir mis convicciones ideol&oacute;gicas en las canciones. No me salv&eacute; del prejuicio que desde los 80 hab&iacute;a quedado instalado en la conciencia colectiva. A d&iacute;a de hoy dicho prejuicio sigue teniendo una fuerza tremenda: gran parte de las cr&iacute;ticas hacia una canci&oacute;n como &ldquo;Pap&aacute;, cu&eacute;ntame otra vez...&rdquo; hacen referencia a su tono nost&aacute;lgico y, como no, anacr&oacute;nico. Simplemente porque no se han tomado la peque&ntilde;a molestia de escuchar la canci&oacute;n. Se trata de una bronca generacional: este es un mundo muy diferente al que hab&iacute;an so&ntilde;ado nuestros padres. Desde una posici&oacute;n acomodaticia, la generaci&oacute;n de nuestros progenitores hac&iacute;a un relato de la transici&oacute;n edulcorado y condescendiente, dejando de lado lo mucho de derrota que tuvo aquel tiempo. No es nostalgia, es iron&iacute;a. De aquellos polvos, estos lodos o &ldquo;ahora mueren en Bosnia los que mor&iacute;an en Vietnam&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al igual que tras el corralito en Argentina, al estallar la crisis en Espa&ntilde;a, la ciudadan&iacute;a empez&oacute; a corear &ldquo;No nos representan&rdquo;. &ldquo;Que se vayan todos&rdquo; gritaban entre cacerolazos desde Buenos Aires. El desencanto hacia una clase pol&iacute;tica, c&oacute;mplice del desastre que nos tocaba vivir, hac&iacute;a mella en el cr&eacute;dito de toda la clase dirigente. La crisis revelaba el d&eacute;ficit democr&aacute;tico en el que viv&iacute;amos y pon&iacute;a en jaque a todas las instituciones que hab&iacute;an pilotado la Sagrada Transici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los movimientos asamblearios, que de forma espont&aacute;nea convert&iacute;an la plaza p&uacute;blica en &aacute;gora efervescente tras el 15 M, retomaban debates ideol&oacute;gicos abandonados. Si bien a&uacute;n quedaban algunos coletazos de aquella posmodernidad heredada. &ldquo;No somos ni de izquierdas ni de derechas&rdquo; dec&iacute;an algunos, sin explicar en qu&eacute; momento y de qu&eacute; manera se hab&iacute;a superado ese modelo. El viejo prejuicio &ldquo;desideologizador&rdquo; mutaba en uno nuevo: nuestra incapacidad a la hora de diluir nuestra individualidad en el colectivo nos imped&iacute;a tener representantes claros, referentes. Convenir que alguien nos representa tiene algo de renuncia en favor del colectivo y nuestra generaci&oacute;n, a fuerza, adem&aacute;s, de ser maltratada por sus representantes pol&iacute;ticos, era incapaz de ceder en ese sentido. En el fondo era otra victoria del neoliberalismo: la nuestra es una sociedad atomizada de individuos desencantados incapaces de confiar los unos en los otros .
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a tambi&eacute;n que distinguir entre aquellos indignados por un sistema injusto que quieren cambiar y aquellos indignados simplemente por el hecho de no poder entrar en el sistema. &iquest;C&oacute;mo puedo estar en el paro si hablo 4 idiomas y tengo varias carreras?, se preguntan algunos, como si lo indignante no fuera que el paro alcance cotas dram&aacute;ticas sino, simplemente, que a uno le hayan negado la posibilidad de entrar a formar parte de la &eacute;lite privilegiada.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso la ciudadan&iacute;a se moviliz&oacute;, tom&oacute; conciencia, dijo &ldquo;ya basta&rdquo;. La gente sali&oacute; (salimos) a la calle e hicimos nuestra rabia visible.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;y los m&uacute;sicos? &iquest;D&oacute;nde estaban?
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a 23 de noviembre varias &ldquo;marchas por la dignidad&rdquo; convergen en Madrid en su defensa de lo p&uacute;blico. Coincido all&iacute;, leyendo el manifiesto, convocado por la reci&eacute;n creada marea roja (trabajadores del sector cultural), con mucha gente de las artes esc&eacute;nicas, de las artes pl&aacute;sticas. Actores y actrices, directores de cine, escritores se hacen eco de la indignaci&oacute;n generalizada y utilizan toda plataforma posible para amplificar la protesta.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;y los m&uacute;sicos? &iquest;D&oacute;nde estamos?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;T&uacute; que representas el pasado haces del presente una ratonera&rdquo; canta Amaral. Un conocido grupo de pop compone una canci&oacute;n dedic&aacute;ndole toda su rabia a una clase pol&iacute;tica c&oacute;mplice del desfalco cuando no alienada e incapaz de dar soluciones a los problemas reales de la gente.
    </p><p class="article-text">
        Hay quien lo tacha de oportunismo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No es oportunista precisamente lo contrario? &iquest;No lo es permanecer al margen de un desastre que se preve&iacute;a y del que no hemos querido ser conscientes hasta que no ha llamado a las puertas de nuestra propia casa? &iquest;No es, tambi&eacute;n, deber del m&uacute;sico hacer la cr&oacute;nica del tiempo que a uno le toca vivir? Grupos como Vetusta Morla se suman a la ira global y la convierten en canci&oacute;n. Otros, como Nacho Vegas, que nunca ha ocultado sus convicciones ideol&oacute;gicas, deciden explicitar m&aacute;s si cabe en sus letras la condena a un sistema podrido.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De qu&eacute; extra&ntilde;arse? Al fin y al cabo es lo natural. O al menos lo ha sido para muchos m&uacute;sicos que no han dejado de conmoverse ante la lucha y la tragedia ajena aun cuando la previsible crisis no hab&iacute;a llegado a su cima.
    </p><p class="article-text">
        Algunos periodistas musicales celebran la iniciativa y se hacen ahora la misma pregunta: &iquest;d&oacute;nde estaban los m&uacute;sicos? Pero, &iquest;cu&aacute;l es la responsabilidad de un periodismo musical que ha caricaturizado cualquier muestra de compromiso ideol&oacute;gico en las canciones? No ha sido precisamente dicho periodismo el que ha alentado el activisimo de mis compa&ntilde;eros de oficio en su obra. &iquest;D&oacute;nde estaba ese periodismo que descubre ahora la grandeza moral del artista sensible a la tragedia cuando el drama estaba hu&eacute;rfano de canciones? Quiz&aacute; los m&uacute;sicos hasta ahora hab&iacute;amos fallado en nuestra responsabilidad de escribir el relato de una generaci&oacute;n que exige ser escuchada. Pero tambi&eacute;n es responsabilidad de los l&iacute;deres de opini&oacute;n y de la cr&iacute;tica period&iacute;stica la construcci&oacute;n de un discurso complaciente con un sistema cimentado en el abuso y la injusticia.
    </p><p class="article-text">
        A lo mejor convendr&iacute;a revisar el viejo prejuicio posmodernista y entender que ser m&uacute;sico, m&aacute;s a&uacute;n con la que est&aacute; cayendo, conlleva tambi&eacute;n una responsabilidad &eacute;tica ineludible. Son muchas las generaciones de trovadores tratando de hacer testimonio de un mundo desigual y empe&ntilde;ados en generar espacios de encuentro para aquellos que no se resignan. &ldquo;Esta m&aacute;quina acorrala al miedo y lo obliga rendirse&rdquo; escribi&oacute; el bueno de Pete Seeger en su viejo banjo. Para eso escribimos canciones al fin y al cabo. Para desempolvarnos el miedo. Para que la rabia compartida se convierta en esperanza.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo queda tratar de encontrar la respuesta a la pregunta que Silvio hac&iacute;a y dar con las armon&iacute;as apropiadas para nuestras audaces y politonales canciones, aquellas que nos har&aacute;n sentir menos solos en un mundo que parece derrumbarse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ismael Serrano]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Apr 2014 20:02:22 +0000]]></pubDate>
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