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    <title><![CDATA[elDiario.es - Nicolás Melini]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/nicolas_melini/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Nicolás Melini]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Literatura a contracorriente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/literatura-contracorriente_129_10144040.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef1b8c2d-01b4-468e-92dd-f60796f00f65_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Literatura a contracorriente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - 
Texto de la conferencia impartida en el Instituto Cervantes de Albuquerque, Nuevo Mexico, EEUU, en 2007, en un encuentro con los novelistas Blanca Riestra y Ricardo Menéndez Salmón
</p></div><p class="article-text">
        Lo mejor de ser un escritor que escribe a contracorriente &ndash;con la invitaci&oacute;n a pronunciar esta charla eso parece que me consideran, y yo soy una persona muy obediente&mdash; es que uno rara vez se da cuenta de ello. En realidad, en este oficio, uno nunca puede estar demasiado seguro de nada. Al menos en el momento en el que se escribe. Todo son maravillosas incertidumbres. Solo despu&eacute;s, una vez publicado lo escrito, tal vez, lleguemos a alguna certeza acerca de lo que hemos hecho, a trav&eacute;s de los comentarios de los lectores. Y ni siquiera. Aquello que hemos escrito con la absoluta convicci&oacute;n de que &ldquo;es&rdquo; una cosa, de pronto, descubrimos que &ldquo;atesora&rdquo; otros matices; que, afortunadamente, est&aacute; cargado de otros significados; adem&aacute;s o, incluso a expensas, de lo que hab&iacute;amos pretendido proponer. Esa es la ciencia de la materia que nos ocupa: la literatura. As&iacute; que me atrever&eacute; a apuntar que lo que s&iacute; parece evidente es que el escritor seguro, convencido y con certezas acerca de la validez y la oportunidad de lo que escribe (ese escritor consciente de que su libro contiene los ingredientes necesarios para obtener una gran difusi&oacute;n, con gran tirada de ejemplares, u optar a tal o cual premio de gran cuant&iacute;a econ&oacute;mica), ese escritor s&iacute; que <em>no </em>es un escritor a contracorriente<em>.</em> Probablemente habr&aacute; escogido los temas, construido las tramas y los personajes, elegido la prosa apropiada para situarse ah&iacute;. Y todo ello le proporcionar&aacute; beneficios inmediatos, pero, muy probablemente, le escatimar&aacute; el &eacute;xito perpetuo; el total, el absoluto, el de los autores que permanecen y los libros que quedan.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo con mi incertidumbre, la verdad es que yo no s&eacute; muy bien c&oacute;mo definir ni al escritor ni a la literatura a contracorriente. Reflexionando un poco acerca de ello, me voy dando cuenta de que, si acaso, el escritor y la literatura a contracorriente no cumplen estrictamente el veredicto de la preposici&oacute;n &ldquo;contra&rdquo;. No se opone a nada, no va contra nada. M&aacute;s bien lo que hace el escritor a contracorriente es eludir, evitar (en alg&uacute;n caso transgredir, aunque ni siquiera esto sea imprescindible), ciertas cosas. Lo que hace es situarse al margen. Pero, una vez m&aacute;s, &iquest;a prop&oacute;sito? &iquest;Con idea de romper lo establecido? &iquest;Con el expreso fin de contradecir la norma? Muchas veces tampoco. Porque lo que hace el escritor a contracorriente es, simplemente, centrar su atenci&oacute;n, la atenci&oacute;n de lo que escribe, en aquello que le importa, en lo que siente imperiosa necesidad de abordar, tanto tem&aacute;tica como formalmente: Franz Kafka, Julio Cort&aacute;zar, Ismail Kadar&eacute;, Kjell Askildsen&hellip; Un escritor a contracorriente no es el que se sit&uacute;a en la corriente para que esta lo arrastre, sino el que no se deja arrastrar. Pero tal vez no tanto por beligerancia como por una cuesti&oacute;n de simple buen gusto, y porque en el margen de esa corriente es donde el escritor encuentra sus pepitas de oro.
    </p><p class="article-text">
        A lo &uacute;nico que normalmente tenemos que plantar batalla frontalmente es a la incertidumbre. La escritura tiene una &eacute;pica, pero es una &eacute;pica sin oponentes claros, tan inciertos como la incertidumbre de si hemos sorteado todos los peligros; es una &eacute;pica del escritor contra el propio escritor y sus miedos y sus tentaciones. Ni siquiera Bukowski, que parecer&iacute;a el escritor a la contra por excelencia, escapa a esta &eacute;pica ni a nada de lo que llevo dicho. Escribi&oacute; en contra de algunos poetas y de un cierto tipo de poes&iacute;a, lo hizo tambi&eacute;n en contra de su padre, de ciertas convenciones morales y literarias, incluso en contra de s&iacute; mismo. Habl&oacute; de sexo y de procacidades para, tal vez, soliviantar algunas conciencias. Pero al final lo que realmente nos sobrecoge de todo ello es la honestidad con la que lo hizo, que no es otra cosa que su manera de responder en su literatura a aquello que le importaba, sin hacer caso a nada m&aacute;s. Eludir lo que le dictaba el mundo, y hacerse caso a s&iacute; mismo. Cuando se aparta el sexo, el lenguaje soez, las borracheras y todas esas cosas que tanto llaman la atenci&oacute;n de su literatura, uno se encuentra con una escritura espl&eacute;ndida; se puede escuchar, en la m&uacute;sica de su prosa y de su poes&iacute;a, el martillear de las teclas de su m&aacute;quina de escribir. Puro <em>jazz</em>. Y lo que queda es la desnuda humanidad del Hombre contada por un hombre espec&iacute;fico, &uacute;nico, singular. Y eso, al fin y al cabo, es la literatura. En palabras de William Saroyan: &ldquo;Contar la historia del hombre en la Tierra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Creo que eso es lo que hicieron todos esos escritores que me gustan &mdash;muchos de ellos de este pa&iacute;s&mdash;, contar, a su manera, la historia de todos nosotros en este mundo: J. D. Salinger, John Cheever, Richard Brautigan, Raymond Carver &ndash;y todos ellos, c&oacute;mo no, desde la m&aacute;s amarga de las incertidumbres, no solo literarias, sino existenciales.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, la primera lucha que tengo que librar siempre es contra un car&aacute;cter d&eacute;bil que me hace dudar todo el tiempo si ser&eacute; capaz de arrancar, escribir una l&iacute;nea, la primera l&iacute;nea, y la segunda, y la tercera. Nunca s&eacute; si ser&eacute; capaz de escribir un nuevo poema, un cuento o una novela. &ldquo;Por qu&eacute; me digo siempre <em>no soy capaz, no soy capaz, </em>todo el tiempo esas palabras que no son ciertas y me niegan y entorpecen de un modo tan sutil, contra mis propios actos, contra la evidencia de este preciso instante&rdquo;, he escrito. Aunque nada me indica que a esos autores que tanto me gustan no les pasara lo mismo. De hecho muchos de ellos se suicidaron: &iquest;habr&aacute; manera m&aacute;s radical de sentirse incapaces de seguir escribiendo? &iquest;Habr&aacute; modo m&aacute;s contundente de ir a la contra de la propia escritura que interrumpirla para siempre? &iquest;Existir&aacute; un escritor m&aacute;s a contracorriente que el que arremete contra su propia vida? Pero la verdad es que, al menos por ahora, no aspiro a ser tan contrario a todo. Aparte de esas secretas veleidades conmigo mismo a la hora de luchar contra mis propias trampas y mi innata capacidad para &ldquo;no escribir nunca todo lo que podr&iacute;a escribir&rdquo; &ndash;lo cual, visto desde otro punto de vista, puede resultar hasta un tanto higi&eacute;nico&mdash;, mis confrontaciones son bastante sutiles, nada radicales, y, desde luego, en absoluto destructivas, como el maltrato a la salud personal o (que nadie lo desee) el suicidio. S&iacute; es verdad que algunas de las cosas que he escrito pueden resultar especialmente duras &ndash;esto lo s&eacute; a trav&eacute;s de algunos lectores&mdash;, pero en realidad no es mi pretensi&oacute;n: yo me limito a tratar de escribir lo mejor posible diciendo honestamente aquellas cosas que me emocionan, que supongo que no es poco. Aunque a esto hay que a&ntilde;adir que el mero hecho de conseguir emocionar, y de hacerlo con cierto grado de honestidad (&eacute;tica, moral, est&eacute;tica), entiendo que puede ser extraordinariamente duro para much&iacute;simas conciencias. Estoy pensando ahora en Cioran, pero tambi&eacute;n en Sylvia Plath, Lovecraft o en un escritor brasile&ntilde;o contempor&aacute;neo que me gusta much&iacute;simo, Rubem Fonseca, y ninguno de ellos tiene gran cosa que ver con los otros. En el caso de Lovecraft es un escritor de g&eacute;nero, muy entretenido, y en el de Fonseca, adem&aacute;s de duro, tambi&eacute;n puede consider&aacute;rsele bastante divertido. Pero es que el humor es un arma afilada, una forma inteligente de ejercer la contra. Y ejercer la contra no significa ni mucho menos renunciar a la seducci&oacute;n, abandonar el entretenimiento. Para que Fonseca denuncie en sus libros aspectos sociales de su pa&iacute;s (generalmente relacionados con la violencia y la injusticia), y eso llegue al lector con la suficiente eficacia, el humor y el aspecto l&uacute;dico resultan primordiales. De hecho, el g&eacute;nero social por antonomasia es la novela negra, en el que mejor se reflejan problem&aacute;ticas sociales y coyunturas pol&iacute;ticas. Es el g&eacute;nero, tal vez, m&aacute;s evidentemente a la contra de cosas concretas.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo yo, en el &uacute;nico g&eacute;nero en el que he sido relativamente consciente de situarme a la contra ha sido en la poes&iacute;a. Pero esto porque en Espa&ntilde;a el caudal-reserva-espiritual-de-los-usos-y-maneras-m&eacute;tricos-de-nuestra-fuerte-tradici&oacute;n est&aacute; tan establecido como canon que a poco que uno trate de salirse de &eacute;l para buscar una m&uacute;sica acorde a nuestros tiempos (c&oacute;mo deber&iacute;a decirse el mundo en la poes&iacute;a contempor&aacute;nea) se encuentra nadando r&iacute;o arriba; esto es recibiendo el desd&eacute;n, el menosprecio, cuando no la descalificaci&oacute;n, de quienes se encuentran c&oacute;modamente nadando en la corriente de la tradici&oacute;n filol&oacute;gicamente institucionalizada. Pero a&uacute;n as&iacute; soy optimista, y puedo decir con agradecimiento que, mientras muchos poetas se escandalizan y soliviantan, otros tantos lectores no habituales de poes&iacute;a me han ofrecido su respaldo y su apoyo. Para qu&eacute; pretender m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Escribo una poes&iacute;a que no es poes&iacute;a, sino una mezcla de g&eacute;neros; novela, cuento, memoria, diario. Lo mismo que he hecho con alguno de mis libros de narrativa. Un editor me rechaz&oacute; &ldquo;Cuaderno de mis mayores&rdquo; argumentando que, hombre, eso no es una novela. &ldquo;Claro que no&rdquo;, le dije, &ldquo;es un libro de cuentos&rdquo;. Tiempo despu&eacute;s, un editor me dijo: &ldquo;Pero esto no es precisamente un libro de cuentos&rdquo;. &ldquo;Claro que no&rdquo;, le respond&iacute;, &ldquo;est&aacute; claro que es una novela&hellip;; y sin embargo pertenece al g&eacute;nero de la memoria, al epistolar, y en peri&oacute;dicos y revistas e internet he publicado sus cap&iacute;tulos como si fueran cuentos&rdquo;, deb&iacute; a&ntilde;adir.
    </p><p class="article-text">
        Encontrar la medida justa a la hora de mezclar varios g&eacute;neros me parece una tarea siempre estimulante, que desconcierta a los editores, pero obtiene un resultado estupendo en los lectores, pues se encuentran con una obra espec&iacute;fica, que se define a s&iacute; misma en sus p&aacute;ginas. Estoy pensando ahora en &ldquo;El cuaderno rojo&rdquo;, de Paul Auster, en &ldquo;Una pena en observaci&oacute;n&rdquo;, de C.S. Lewis, y en &ldquo;El arte del yo-yo&rdquo;, de Juan Bonilla. Hay un momento m&aacute;gico en el que el escritor comienza a trabajar y, de pronto, se da cuenta de que su libro, el libro que ha empezado, participa de varios g&eacute;neros, y sabe exactamente cu&aacute;l es la proporci&oacute;n de cada uno; todo est&aacute; ya ah&iacute;. A m&iacute; me pas&oacute; con &ldquo;Cuaderno de mis mayores&rdquo; y luego con &ldquo;Cuadros de Hopper&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Margen de los g&eacute;neros, contracorriente al fin. Me pregunto c&oacute;mo he llegado hasta aqu&iacute;. Si al final me convencer&eacute; de que soy un escritor a contracorriente y por eso he sido invitado a dar esta charla. &iquest;Se puede decir de alguien que ha publicado seis libros tan breves que es algo respecto de algo en la vida? &iexcl;Ay! &iexcl;La brevedad!
    </p><p class="article-text">
        Dice Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino que los lectores prefieren la novela al cuento porque &eacute;sta les permite vivir largamente en el libro; lo que no les gusta es morir cada poco, como en los libros de cuentos. Yo, sin embargo, a&uacute;n me he perdido todos esos grandes cl&aacute;sicos de m&aacute;s de 500 p&aacute;ginas. Soy lector de novela corta, de cuentos y poemas, y, por lo tanto, creo que no podr&iacute;a ser autor de otra cosa. No creo haber citado aqu&iacute; a ning&uacute;n autor que acostumbre a ir m&aacute;s all&aacute; de las 200 p&aacute;ginas. Mis novelas no superan las 150. Y claro, no puedo dejar de acordarme de aquel &uacute;nico librito de Juli&aacute;n Ayesta, &ldquo;Helena, o el mal del verano&rdquo;, de Rulfo y su &ldquo;Pedro P&aacute;ramo&rdquo;, pero sobre todo, del compa&ntilde;ero de viaje que finalmente no hemos tenido, el venezolano Israel Centeno y su bello &ldquo;Iniciaciones&rdquo;, o del compa&ntilde;ero de viaje que finalmente s&iacute; he tenido, Men&eacute;ndez Salm&oacute;n, autor que con el &eacute;xito de su breve novela &ldquo;La ofensa&rdquo; contradice el precepto de Merino; el caso sigue siendo llevar la contraria, hacer la pu&ntilde;eta, pero sobre todo escribir bien, buena literatura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Apr 2023 08:44:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Literatura a contracorriente]]></media:title>
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      <title><![CDATA[De recluidos a libres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/recluidos-libres_132_1001316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Y, ciertamente, esta pandemia ha sido un baño de vida en el sentido de obligarnos a entrar en contacto con la posibilidad de morir, ese antagonismo indispensable para disfrutar de la vida.</p></div><p class="article-text">
        Recluidos, ya sabemos del comportamiento heroico de quienes est&aacute;n en primera l&iacute;nea contra el virus, y, tambi&eacute;n, ya nos han ido alcanzando las noticias de las mezquindades, cobard&iacute;as y estupideces de otros tantos. Cuando escribo esto se publica la informaci&oacute;n sobre el lamentable abandono de ancianos en residencias.
    </p><p class="article-text">
        El coronavirus est&aacute; matando a un gran n&uacute;mero de personas en todo el mundo. Aqu&iacute;, en Madrid (ciudad m&aacute;s afectada de Espa&ntilde;a por el momento), perecen en soledad famosos y personas desconocidas que pasan a engrosar el n&uacute;mero estad&iacute;stico. La cifra va en aumento, las urgencias de los hospitales se encuentran colapsadas y se ha habilitado el Palacio de hielo como morgue. Nuestra alarma es total y, sin embargo, tranquilamente en casa, uno a&uacute;n puede preguntarse por qu&eacute;, durante la denominada &ldquo;gripe espa&ntilde;ola&rdquo;, hace un siglo, no reaccionamos igual, paralizando toda actividad en los pa&iacute;ses. Entonces, en Espa&ntilde;a no fueron miles de muertos, sino un par de cientos de miles (y en el mundo, millones): Josep Pla, que lleg&oacute; a pensar que se lo llevaba por delante, coment&oacute; en su <em>El cuaderno gris</em>: &ldquo;aqu&iacute; han cerrado la universidad&rdquo;, un dato que contrasta con el p&aacute;rrafo entero que hoy le llevar&iacute;a consignar todo lo que hemos cerrado. Edward Munch se autorretrat&oacute; en Oslo despu&eacute;s de padecerla, como resucitado, cosa que no pudieron hacer, desde luego, otros pintores coet&aacute;neos suyos, como Gustav Klimt y Egon Schiele, pues no lo pudieron contar. Volviendo al presente, personalmente me he sentido algo m&aacute;s inquieto en alguna ocasi&oacute;n, fuera de Espa&ntilde;a, ante la posibilidad de contraer la malaria. Tambi&eacute;n es verdad que el covid-19 no nos zumba, como los mosquitos, en nuestros o&iacute;dos, pero es que adem&aacute;s las cifras de la malaria son de respetar &mdash;m&aacute;s que las de este virus&mdash;En muchos pa&iacute;ses la gente convive a diario con la posibilidad de enfermar y morirse, y lo hace con una tranquilidad que nos pasmar&iacute;a. Mi experiencia es que, emparentado con africanos, el tel&eacute;fono suena cada poco debido a las peores noticias. En &Aacute;frica la gente muere como moscas por las razones m&aacute;s absurdas, y no se detienen las econom&iacute;as de sus pa&iacute;ses para dedicar todos los esfuerzos a resolver el problema. Se convive dram&aacute;ticamente con ello como probablemente se hac&iacute;a en la Espa&ntilde;a de tiempos de la gripe espa&ntilde;ola. En las paredes de las habitaciones de las casas de Cansamance, a la altura de la cintura &mdash;all&iacute; donde alcanza el manotazo desde el sill&oacute;n, el taburete o el colch&oacute;n&mdash;, podemos observar una franja de medio metro de ancho producida por la sangre seca de los mosquitos aplastados a lo largo de unos meses. La amenaza es constante y normal. No se imaginan ustedes lo r&aacute;pido que uno aprende y saca una pericia excepcional para aplastar mosquitos sin pesta&ntilde;ear ni detener su actividad. M&aacute;s bien, en Espa&ntilde;a solemos encontrarnos muy poco amenazados. Hay pensadores que afirman que occidente est&aacute; escaso de realidad, falto de verdad. Y, ciertamente, esta pandemia ha sido un ba&ntilde;o de vida en el sentido de obligarnos a entrar en contacto con la posibilidad de morir, ese antagonismo indispensable para disfrutar de la vida. Los artistas solemos ser m&aacute;s conscientes de la presencia de la muerte, pero, en nuestras sociedades, &uacute;ltimamente, se dir&iacute;a que esta conciencia de los artistas estorba el esp&iacute;ritu de Jauja imperante, as&iacute; que la tendencia es la de escoger cada vez artistas m&aacute;s ligeros e inconscientes.
    </p><p class="article-text">
        Nos est&aacute; resultando extra&ntilde;o el estado de alarma en el que vivimos estas semanas, por razones obvias y por otra que no lo son tanto. Hay cuestiones que parecen no casar del todo. Me inclino a pensar que estamos asistiendo y participando en algo nuevo y notable. El mundo se ha convertido en una aldea (ya saben) y no es lo mismo vivir en peque&ntilde;as sociedades que no se tienen a la vista, que encontrarnos tan a la vista y a la mano las unas de las otras. Ahora el pueblo es muy grande, del tama&ntilde;o del mundo entero. En 1918, I Guerra Mundial, los dirigentes norteamericanos enviaron a sus soldados enfermos, en barcos en los que mor&iacute;an por el camino, a infectar de gripe a toda Europa, para empezar, y al resto del mundo, para terminar, sin tener que plantearse asumir la menor responsabilidad por ello. Hoy esto ser&iacute;a impensable. Es de resaltar, por cierto, que este virus proviene de la ingesta de animales que nosotros no comer&iacute;amos y, sin embargo, no parece que se haya producido entre nosotros un movimiento de odio hacia el otro, ese ser de otra raza que come animales inmundos &mdash;por decirlo de un modo risible&mdash;: esto debe de ser porque, al fin, y aunque a algunos trogloditas les pese, ahora nos cuesta un poco m&aacute;s demonizar a los otros. Ya somos un poco ellos y ellos &ldquo;nuestros&rdquo;, a&uacute;n con costumbres culinarias tan variadas.
    </p><p class="article-text">
        Y en este contexto de aldea global &mdash;quiero pensar&mdash;, durante esta pandemia (que algunos expertos cient&iacute;ficos se&ntilde;alan como sobrevalorada y alarmista, seg&uacute;n he podido leer), los pa&iacute;ses desarrollados est&aacute;n tomando medidas que no se hab&iacute;an tomado nunca, tratando de preservar la vida de sus ciudadanos. No ser&iacute;a lo mismo unos cientos de miles de personas v&iacute;ctimas de la gripe espa&ntilde;ola en la Espa&ntilde;a de 1918 y 1919, que unos miles ahora. As&iacute; que me parece que la civilizaci&oacute;n, en este momento, podr&iacute;a estar plante&aacute;ndose nuevos est&aacute;ndares. Podr&iacute;a estar haci&eacute;ndose una civilizaci&oacute;n mejor mediante la lucha contra un covid-19 que no es tan distinto a cualquiera de los coronavirus que hemos padecido en los &uacute;ltimos tiempos. Y, si as&iacute; fuera, no ser&iacute;a de extra&ntilde;ar que otros nos tomen como ejemplo ante males suyos, como la malaria, que parecen cronificados a la espera de milagros cient&iacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
        Hay quien preferir&aacute; pensar mal, siempre habr&aacute; quien prefiera pensar mal (he le&iacute;do sobre algunas de las teor&iacute;as conspirativas que hay en circulaci&oacute;n: el temor a la implantaci&oacute;n de un nuevo totalitarismo, el peligro de una posible orquestaci&oacute;n financiera ferozmente extractiva), pero por qu&eacute; no permitirnos pensar bien. La humanidad est&aacute; siempre plante&aacute;ndose c&oacute;mo erradicar los males que aquejan la salud de sus poblaciones, y, cada cierto tiempo, lo consigue. Lo que antes era asumible por inabordable, hoy es inasumible y se aborda. Qui&eacute;n sabe si lo pr&oacute;ximo ser&aacute; que nos plantemos ante los fallecimientos por gripe estacional, o que nos tomemos realmente en serio, hasta el par&oacute;n total, el hambre en el mundo (lean <em>El hambre</em>, de Mart&iacute;n Caparr&oacute;s). Solemos pensar que, en las sociedades capitalistas, el capital es siempre lo primero, y, sin embargo, en este momento estamos primando la salud por delante del inter&eacute;s econ&oacute;mico de pa&iacute;ses y grandes corporaciones. En Espa&ntilde;a, los ricos hacen donaciones millonarias, las empresas del IBEX se ponen de acuerdo para aportar millones de euros, otras empresas paran sus producciones para fabricar lo necesario en los hospitales, el estado sacrifica la actividad econ&oacute;mica, la suspende y trata de disponer recursos para que los ciudadanos padezcan lo menos posible por el par&oacute;n laboral. &iexcl;Hemos adoptado una actitud &eacute;pica (y &eacute;tica) integral contra el covid-19!
    </p><p class="article-text">
        El ser humano lucha contra el desorden, nos resistimos a la entrop&iacute;a cuando limpiamos el polvo en casa y cuando financiamos la sanidad p&uacute;blica. Esa es una de nuestras principales batallas a lo largo de la historia. Es natural que el desorden se produzca y que nosotros tratemos de aplacarlo. No es tan descabellado pensar que podr&iacute;amos encontrarnos en un punto de inflexi&oacute;n en nuestra lucha contra los males actuales de la humanidad. Es para sentirse orgullosos que, en este momento, ya no nos sirva resistir a este virus mediante medidas puntuales, que hayamos puesto en marcha lo que requiere del concurso y el sacrificio de todos. Qu&eacute; gran paso. Parecer&iacute;a mentira que sacrifiquemos parte de las econom&iacute;as particulares y pongamos la econom&iacute;a com&uacute;n a disposici&oacute;n, para que el virus se propague lo menos posible y salvar vidas: qu&eacute; ejemplo de valores a gran escala. Contra el mal concepto que solemos tener del ser humano en general (en contraste con el mejor concepto que solemos tener de nosotros mismos), la humanidad a la que pertenecemos est&aacute; haci&eacute;ndolo bien. Por ahora recluidos, nuestra lucha contra este desorden que se nos impon&iacute;a, nuestra resistencia ante esta pandemia, nos har&aacute; ligeramente m&aacute;s libres.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nicol&aacute;s Melini es escritor</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pulsi&oacute;n del amigo</em> es uno de sus libros de cuentos disponibles como ebook.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/recluidos-libres_132_1001316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2020 13:42:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De recluidos a libres]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Pandemia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Así no hay peligro que podamos ver venir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/peligro-podamos-ver-venir_132_1001616.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El barco se hundía y la orquesta (el Gobierno, la prensa) seguía manteniendo la atención del “público” (nunca mejor dicho), un público embebido en los acordes de un debate cultural mediocre, hecho de identitarismos- maniqueísmos, demagogias y demás mezquindades-.</p></div><p class="article-text">
        Ahora que hemos debido parar, forzados por el virus &mdash;pero a&uacute;n recordamos c&oacute;mo era todo justo antes del par&oacute;n&mdash;, no s&eacute; si ustedes, como yo, perciben el tiempo anterior al d&iacute;a 9 de marzo como una extraordinaria locura. Est&aacute;bamos desinformados. Nos encontr&aacute;bamos tan embebidos de un debate cultural desquiciado que ni siquiera los periodistas informaban de lo que se estaba produciendo. Viv&iacute;amos en el aire: suspendidos e inconscientes mientras el virus se aproximaba. Est&aacute;bamos advertidos por lo sucedido en China y en Italia. No es que la informaci&oacute;n no existiera. No es que la orquesta del Titanic siguiera tocando mientras todo el mundo corr&iacute;a despavorido intentando salvarse, no. El barco se hund&iacute;a y la orquesta (el Gobierno, la prensa) segu&iacute;a manteniendo la atenci&oacute;n del &ldquo;p&uacute;blico&rdquo; (nunca mejor dicho), un p&uacute;blico embebido en los acordes de un debate cultural mediocre, hecho de identitarismos &mdash;manique&iacute;smos, demagogias y dem&aacute;s mezquindades&mdash;. M&aacute;s que m&uacute;sica, mucho ruido.
    </p><p class="article-text">
        Si tenemos un poco de memoria para recordar c&oacute;mo era todo hace apenas unos d&iacute;as, tal vez seamos capaces de percibir lo que nos sobraba entonces, y podamos, mentalmente, separarlo de lo que era indispensable. Tantas cosas eran o hubiesen sido indispensables entonces&hellip; Pero indispensable era, desde luego, estar atentos a lo que pod&iacute;a constituir un serio peligro, y no estar tan atentos a lo que no lo era. Por el contrario, no eran indispensables, desde luego, la mayor parte de las disputas sobre las que nos pronunci&aacute;bamos (brome&aacute;bamos, emit&iacute;amos nuestras consignas, nos posicion&aacute;bamos, escrib&iacute;amos, hac&iacute;amos nuestros memes, re&iacute;amos, llor&aacute;bamos, nos manifest&aacute;bamos, etc&eacute;tera&hellip;) Era un estado de ficci&oacute;n, pero no de la ficci&oacute;n necesaria para entender lo que importa del mundo, sino de la que nos enajena:&nbsp; un aut&eacute;ntico disparate. No nos conduc&iacute;a a ning&uacute;n lugar, al menos no a ning&uacute;n lugar que fuese de inter&eacute;s para el com&uacute;n: m&aacute;s bien nos conduc&iacute;a a esto, a no darnos cuenta del peligro. Nos alejaba de la realidad, est&aacute;bamos en Babia, atendiendo a pulsiones identitarias, puro narcisismo.
    </p><p class="article-text">
        Ya saben que Narciso se encuentra tan embebido en su propio reflejo, que se cae en &eacute;l y se ahoga. Lo identitario hoy es propio de consumidores, consumimos una identidad y nos ofrecemos como producto de esa identidad. Nos amamos a nosotros mismos por la identidad que representamos, consumimos y vendemos. Ah&iacute; estamos, en medio: consumidores y productos y <em>beneficiados</em> de que nos consuman y, por &uacute;ltimo, <em>complacidos</em> de ser consumidos. Muy poco que ver con la realidad, con la verdad, con el sentido de las cosas. Muchas personas se profesionalizan ofreciendo el crecepelo de su identidad, incluso de una identidad que no es la suya pero queda bien. Los medios de comunicaci&oacute;n est&aacute;n plagados de ejercicios identitarios, ya que fidelizan al p&uacute;blico. Lo identitario es nicho de mercado. El espectador quiere verse reflejado, busca el <em>reflejo</em> de su identidad. Lo identitario tiene muy poco que ver con la verdad de las cosas. De hecho, lo identitario, incluso cuando concita la aprobaci&oacute;n de la mayor&iacute;a, es del inter&eacute;s de unos pocos beneficiados, deleitados con su propio compromiso. Lo identitario es chiquito, superficial, victimista, ego&iacute;sta, y, desgraciadamente, en este caso, ha ocultado lo que es mayor, profundo, el victimario real, lo que deb&iacute;a estar import&aacute;ndonos a todos sin excepci&oacute;n; es decir, ni siquiera a la mayor&iacute;a: a todos sin excepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;c&oacute;mo es posible? &iquest;&iexcl;C&oacute;mo puede ser que un debate cultural plagado de identitarismos nos haya ocultado lo que es sin duda de un inter&eacute;s general!? Es sorprendente. Sin embargo no era del todo imprevisible: lo identitario, que suele beber de la victimizaci&oacute;n de alguna minor&iacute;a, sin embargo siempre, siempre, pretende que la realidad es la suya, y no aquella en la que se encuentra la mayor&iacute;a. Al contrario, la mayor&iacute;a, a&uacute;n no encontr&aacute;ndose en su lugar, a&uacute;n no participando directamente de los intereses de la minor&iacute;a identitaria, debe &ldquo;ponerse en su lugar&rdquo; y debe renunciar al lugar que le es propio, el lugar de la mayor&iacute;a. Porque, si no, corre el peligro de ser tachada de &ldquo;insensible&rdquo;: los adjetivos empleados por los activistas identitarios suelen ser m&aacute;s fuertes, m&aacute;s groseros, y estar argumentados maniqueamente de un modo que a la mayor&iacute;a le resulta complicado obviarlos, y en ese miedo ha estado el com&uacute;n &mdash;activistas y dirigentes activistas <em>a favor</em> de identitarismos, y activistas y dirigentes activistas <em>en contra</em> de esos identitarismos&mdash;, todos, sin atisbo de lucidez, en el ruido maniqueo de la disputa identitaria.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fenece Narciso, mir&aacute;ndose a s&iacute; mismo en el estanque. S&oacute;lo que, en nuestro caso, es como si Narciso se encontrase liderando a una masa humana ingente: activistas y dirigentes pol&iacute;ticos, cada uno en su orilla, inclinados mir&aacute;ndose en el estanque, y todos nosotros inclinados tras ellos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; no hay peligro que podamos ver venir.&nbsp; &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nicol&aacute;s Melini es escritor. Su &uacute;ltima novela, <em>El estupor de los atlantes</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/peligro-podamos-ver-venir_132_1001616.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2020 13:01:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Así no hay peligro que podamos ver venir]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué parón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/paron-melini_132_1001866.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Si estábamos rematadamente perdidos como sociedad, la amenaza del cataclismo jerarquizará de nuevo, por la fuerza, nuestros valores.</p></div><p class="article-text">
        Es una cat&aacute;strofe. Qu&eacute; par&oacute;n. El coronavirus se extiende produciendo estragos sanitarios y oblig&aacute;ndonos a detenernos en seco, como si se tratase del mandato clarividente de un fil&oacute;sofo o de un asceta.
    </p><p class="article-text">
        Si &iacute;bamos muy r&aacute;pido, ahora iremos necesariamente lentos. Si &eacute;ramos &ldquo;l&iacute;quidos&rdquo;, ahora nos haremos s&oacute;lidos. Si est&aacute;bamos disgregados, ahora volveremos al ser &mdash;del &ldquo;estar&rdquo; al &ldquo;ser&rdquo; irremediablemente&mdash;. Si est&aacute;bamos rematadamente perdidos como sociedad, la amenaza del cataclismo jerarquizar&aacute; de nuevo, por la fuerza, nuestros valores. Si atend&iacute;amos a los cantos de sirena del pensamiento d&eacute;bil (el nihilismo posmoderno), confiriendo importancia a lo que no la tiene en absoluto, ahora habr&aacute; que buscar d&oacute;nde se encuentra lo que s&iacute; importa absolutamente. Si pens&aacute;bamos que China aspiraba a ser como nosotros, ahora podr&iacute;amos vislumbrar que acaso ninguna sociedad quiera para s&iacute; nuestra debilidad moral de los &uacute;ltimos tiempos. Si no nos esforz&aacute;bamos, ah&iacute;tos de arrogancia, ahora sabemos que vamos por detr&aacute;s y somos de una fragilidad pavorosa. Si dilu&iacute;amos nuestra cultura mediante molestos debates de lo superfluo y accesorio, convirtiendo la literatura en mera propuesta de valor de cuestiones identitarias y nichos de consumo desvalorizados, es de esperar que ahora nos lo pensemos dos veces. Si lo identitario se ense&ntilde;oreaba como perentorio, produciendo la exclusi&oacute;n de lo mayoritario y confiriendo a las minor&iacute;as ofendidas el poder de excluir y proscribir, ahora habr&aacute; que convenir que no es lo minoritario e identitario lo que nos incluye a todos. Si la &ntilde;o&ntilde;er&iacute;a, la inmadurez, la mala educaci&oacute;n hab&iacute;an alcanzado las m&aacute;s altas cotas de poder, ahora, en peligro, no nos quedar&aacute; otra que clamar por dirigentes maduros, bien educados, capaces. Si los errados hab&iacute;an adquirido patente para actuar en perjuicio de todos, acaso en este momento los miremos con lupa y desentra&ntilde;emos la naturaleza peligrosa de sus sandeces. Si la revoluci&oacute;n con sus utop&iacute;as estupefacientes nos estaba separando de la raz&oacute;n y la verdad, es posible que ahora bajemos los balones al liso terreno de juego. Si, como sociedad, m&aacute;s que la vida, nos obnubilaba el dinero y la acumulaci&oacute;n de bienes y cosas,&nbsp; este tal vez sea el punto de inflexi&oacute;n para nuestra contrici&oacute;n, en presencia de algo m&aacute;s valioso. Si todo val&iacute;a y daba igual o era lo mismo, esta amenaza nos ha impulsado al estadio en que vale m&aacute;s lo que atesora un valor mayor. Si viv&iacute;amos desresponsabilizados y lo consider&aacute;bamos guay, asombroso, atractivo, ahora al menos aborreceremos hasta cierto punto a los irresponsables, y hasta les llamaremos la atenci&oacute;n y los pondremos en su sitio. Si hab&iacute;amos le&iacute;do a Foucault, a Barthes o a Derrida con la sibilina intenci&oacute;n de instrumentalizarlos e idear c&oacute;mo modificar la sociedad a nuestro antojo, mediante caprichosas y t&oacute;xicas minucias culp&oacute;genes, tal vez desde ya comprendamos que somos un poco menos dioses de lo que cre&iacute;amos. Si la posverdad nos marcaba el paso, es posible que estemos a punto de comprender la importancia de que la verdad vaya por delante. Y si nuestra tiquismiquis ingenier&iacute;a social, el activismo identitario y las pol&iacute;ticas victimistas nos parec&iacute;an el colmo de la sofisticaci&oacute;n y la llave del futuro, tal vez ahora hagamos caso a los que nos ense&ntilde;an que la vida va de otra cosa, pesa de otra manera, es sofisticada de verdad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La crisis v&iacute;rica es el caos, y, sin embargo, atesora propiedades que son propias de la resistencia a la entrop&iacute;a. Es un producto catastr&oacute;fico &mdash;thanatos&mdash;. Nos pone en peligro y resultar&aacute; devastador para la econom&iacute;a. Muchas personas han muerto ya y otras muchas est&aacute;n muriendo o morir&aacute;n. Casi todos nosotros enfermaremos. El coronavirus es cosa mala. Nos abismamos. Me asombra que, ni siquiera as&iacute;, su mal sobre nosotros sea el absoluto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/paron-melini_132_1001866.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2020 14:12:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Qué parón]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Este escritor sí que es un ser humano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/resena-libro-manuel-rivas_132_4025622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre</p><p class="subtitle">El último día de Terranova,</p><p class="subtitle">de Manuel Rivas, novela que ha obtenido en La Palma el Premio de la Crítica a la mejor novela de 2015 escrita en gallego.</p></div><p class="article-text">
        <em>El &uacute;ltimo d&iacute;a de Terranova</em>, Manuel Rivas (Alfaguara)&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los lectores de Manuel Rivas estar&aacute;n de acuerdo conmigo en que se trata de un autor que se muestra persona en sus libros. Y esta es, aunque parezca mentira, una extra&ntilde;a cualidad. La gran mayor&iacute;a de las novelas que leemos son mucho menos sensibles, m&aacute;s desalmadas que las de Rivas. O ser&aacute; que las de Rivas, salvando cualquier posibilidad de sensibler&iacute;a por medio de un gusto fabulador exquisito, atienden a los personajes y su naturaleza (positiva o negativa, seg&uacute;n el caso) con el manique&iacute;smo propio de quien denuncia moralmente los desmanes de los m&aacute;s fuertes y se compromete &eacute;ticamente con el sufrimiento de los m&aacute;s d&eacute;biles. El sesgo est&aacute; claro. Y es uno de los sesgos posibles: la realidad, por desgracia, nos demuestra continuamente hasta qu&eacute; punto lo es, si bien esta misma nos demuestra que otros sesgos tambi&eacute;n lo son.
    </p><p class="article-text">
        La sensibilidad como ideolog&iacute;a y la ideolog&iacute;a como sensibilidad: tal vez Rivas podr&iacute;a intentar mostrar, al menos, la ambivalencia de las cosas, el env&eacute;s positivo de lo negativo y el negativo de lo positivo, pero entonces su sensibilidad ser&iacute;a otra.
    </p><p class="article-text">
        <em>El &uacute;ltimo d&iacute;a de Terranova</em> cuenta la historia de Vicenzo Fontana, que est&aacute; a punto de liquidar su librer&iacute;a, Terranova, tras m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os de resistencia en un peque&ntilde;o pueblo de la costa de la muerte gallega. Vicenzo recuerda su ni&ntilde;ez enferma, su polio, que le da&ntilde;&oacute; con una cojera incorregible, y recuerda tambi&eacute;n su paso por un piso compartido en Madrid, en 1975, cuando conoci&oacute; a Gar&uacute;a, la chica argentina de la que se enamor&oacute;, y con la que, reci&eacute;n muerto el dictador, volvi&oacute; a Galicia para hacerse cargo de la librer&iacute;a. Tambi&eacute;n narra un tiempo anterior a su vida, 1935, cuando el hijo del pescador Ponte &ndash;Eliseo, su t&iacute;o&mdash; monta la librer&iacute;a con el dinero que su padre le deja a su muerte, tras deslomarse hasta caer exahusto (ocultando que est&aacute; enfermo de tuberculosis) en el barco en el que trabajaba. Los varios tiempos de la historia avanzan imbric&aacute;ndose los unos con los otros y, en definitiva, se trata de una estructura temporal simple, tan bien ejecutada y tan adecuada para transmitir lo que la historia propone que merece la mayor consideraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De una gran bonhom&iacute;a, los personajes de <em>El &uacute;ltimo d&iacute;a de Terranova</em> est&aacute;n dotados de caracter&iacute;sticas humanas que permiten al autor desplegar su convicci&oacute;n humanista. Se trata de personajes que sue&ntilde;an con peque&ntilde;as cosas alcanzables &ndash;al menos&mdash; en lo po&eacute;tico; personajes que pierden la batalla principal de su existencia aun abrigando el consuelo de haber conservado la dignidad: una peque&ntilde;a y postrera victoria &iacute;ntima. La riqueza de emociones (im&aacute;genes literarias, pensamientos literarios) as&iacute; como la sensaci&oacute;n de que presenciamos c&oacute;mo el paso del tiempo deja su huella sobre los personajes, consiguen que el ejemplo de su secreta resistencia, sus peque&ntilde;as heroicidades, nos infundan cierto aliento y conmisceraci&oacute;n. No se tratar&aacute;, en nuestro caso, de una ilusi&oacute;n o tristeza por ellos, sino por nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Manuel Rivas es un fabulador que ya lo tiene demostrado en narraciones anteriores, como <em>El l&aacute;piz del carpintero</em> y sus cuentos, recogidos en el volumen <em>Lo m&aacute;s extra&ntilde;o</em>, y ha recibido el Premio Nacional de Narrativa por <em>Qu&eacute; me quieres, amor</em>, as&iacute; como el Premio de la Cr&iacute;tica en dos ocasiones, por <em>Un mill&oacute;n de vacas</em> y por <em>El l&aacute;piz del carpintero.</em> Esta novela se encuentra, como m&iacute;nimo, entre lo mejor que le hemos le&iacute;do. Un estilo propio, intransferible, resultado del trabajo de d&eacute;cadas. Son muy pocas las novelas sobre las que a uno le apetece escribir algo, aunque solo sea para dar constancia de su existencia y tratar de salvarlas un poquito del silencio en el que las sume nuestra sobreproducci&oacute;n novel&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        <em>El &uacute;ltimo d&iacute;a de Terranova </em>es una novela de comedida carga simb&oacute;lica. La historia de un acabamiento que est&aacute; en perfecta sinton&iacute;a con la sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida de inocencia (o de fin de era) en la que parece que nos hemos sumido, al menos en Espa&ntilde;a, tras el estallido de la crisis financiera mundial.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;*Rese&ntilde;a publicada en la revista <em>Colof&oacute;n</em> el 14 de abril de 2016
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/resena-libro-manuel-rivas_132_4025622.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Apr 2016 12:55:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Este escritor sí que es un ser humano]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Perderse en la soledad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/perderse-en-la-soledad_132_4236183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La soledad de los perdidos</p><p class="subtitle">es una novela de una gran ambición literaria, de difícil comparación con otros productos de la literatura actual debido a que sus exigencias y aciertos superan con creces los de cualquier otra propuesta.</p></div><p class="article-text">
        <em>La soledad de los perdidos, de Luis Mateo D&iacute;ez (Alfaguara, 2015)</em><em> </em>
    </p><p class="article-text">
        Ambrosio Leda tiene que huir, dejando a su mujer y a su hija de 7 a&ntilde;os, porque va a ser encarcelado (&ldquo;depurado&rdquo; por cuestiones pol&iacute;ticas), y se refugia en un lugar a medio camino de ning&uacute;n lugar, no demasiado lejos, pues piensa que m&aacute;s bien cerca es donde no lo buscar&aacute;n. El lugar es fantasmag&oacute;rico, la Ciudad de Sombra. Se dir&iacute;a que se encuentra fuera del tiempo y del espacio. Ambrosio Leda vaga por esta ciudad como una sombra m&aacute;s y a cada paso se encuentra con personajes de extra&ntilde;as cataduras en situaciones surrealistas, grotescas, absurdas, on&iacute;ricas, divertidas, pat&eacute;ticas, fant&aacute;sticas.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo el inolvidable Carpo, joven que esconde el ni&ntilde;o que fue, maltratado y explotado, y se desdobla en &eacute;l (terror&iacute;fico) psic&oacute;tico y bipolar. O Rufi&aacute;n Glauco, un piojo que acompa&ntilde;a al mendigo Valdesamario, el de la calle Confecciones y la Iglesia del Escapulario: el piojo trata de dar lecciones a Ambrosio Leda, pero este no se deja y le espeta que el tifus es lo que &eacute;l transmite y no otra cosa. O Marcial Mansarda, que le ha quitado el collar al perro para pon&eacute;rselo &eacute;l, y que le pide a Ambrosio Leda que lo ayude a quit&aacute;rselo y a pon&eacute;rselo al perro de nuevo; pero el perro es un lobo, y Ambrosio sale y los deja a punto de devorarse: &ldquo;No es lo mismo un perro que el fantasma de un perro. Tampoco un amo se parece al hombre que se pone el collar del perro&rdquo;. Y as&iacute; hasta el infinito, un encuentro tras otro, y Ambrosio Leda como descendiendo &ndash;en su deambular, en su sonambulismo&mdash;, adentr&aacute;ndose cada vez m&aacute;s en la niebla de su exilio.
    </p><p class="article-text">
        <em>La soledad de los perdidos</em> es una novela de una gran ambici&oacute;n literaria, de dif&iacute;cil comparaci&oacute;n con otros productos de la literatura actual debido a que sus exigencias y aciertos superan con creces los de cualquier otra propuesta. Es una obra mayor de un autor que ya lo era por novelas anteriores &ndash;de hecho es uno de los pocos que ha obtenido dos veces el Premio de la Cr&iacute;tica&mdash;. Cervantino, Luis Mateo D&iacute;ez parte de una gran memoria visual atesorada en los a&ntilde;os de posguerra para hacer algo nuevo, distinto, que se sale del tiempo y crea su propio espacio literario m&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Bien podr&iacute;a interpretarse que <em>La soledad de los perdidos</em> versa sobre las emociones del exilado (m&aacute;s ahora, que tenemos im&aacute;genes frescas de quienes buscan refugio recorriendo Europa), aunque la novela trasciende en mucho cualquier posibilidad de conexi&oacute;n con una realidad tan prosaica. Es m&aacute;s una gran novela que una novela sobre algo, porque en ella se novela todo. Esto s&iacute;, Ambrosio Leda es un exilado en grado sumo, singularmente arquet&iacute;pico. Pero tambi&eacute;n y sobre todo es un Orfeo que desciende por etapas al averno, personaje a personaje, situaci&oacute;n a situaci&oacute;n, mientras se encuentra en el vac&iacute;o neblinoso de un profundo extra&ntilde;amiento.
    </p><p class="article-text">
        <em>Rese&ntilde;a publicada en la revista </em>Colof&oacute;n 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/perderse-en-la-soledad_132_4236183.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Jan 2016 09:34:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Perderse en la soledad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cuento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-cuento_132_2286697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En España se ha hecho mucho un cuento que es de taller. Y el taller del cuento es al cuento lo que la iglesia a su religión.</p></div><p class="article-text">
        Hay un nuevo cuento que es cuento viejo, y viceversa. Lo que no se aguanta en el cuento es el mal cuento. Ese es imperdonable y lo hay de toda clase y angostura. El bueno, si bueno, dos veces nuevo. La verdadera novedad no suele notarse. La novedad es indolora, pilla al lector desprevenido y fascinado. Extra&ntilde;ado. Lo marciano ni extra&ntilde;a, y nada conmueve; lo marciano es desconexi&oacute;n y, por lo tanto, vac&iacute;o sin hilo, n&aacute;usea (O no, si a&uacute;n en lo marciano queda algo de hilaz&oacute;n, que es la antig&uuml;edad de toda literatura).
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos encontrarnos en &lsquo;la era del postcuento&rsquo;, pero dice uno que habr&iacute;a de ser, m&aacute;s que post, post post &mdash;doblemente o al cuadrado, o sea post&sup2;&mdash;, porque con un solo post <em>aujor d'hui </em>no basta. El cuento soporta mal nuestro dogma. Esa es su ambivalencia fuerte de g&eacute;nero grande. Uno puede decantarse por un cuento &uacute;ltimo, futuro, pero el mero decantamiento resultar&aacute; dogm&aacute;tico. Y todo dogma llama al dogma. Se multiplicar&aacute;n ac&oacute;litos y contrarios como en un milagro de panes y peces: total, para mantener el dogma a raya, para deshacerlo, licuarlo y hacerlo fluir hacia<em> los r&iacute;os que van a dar a la mar</em>. Toda religi&oacute;n crea sus propios ateos. El cuento espa&ntilde;ol es uno, grande y libre en su provincianismo, que se pretende ajeno (sin decirlo y disimulando) a la amplitud del cuento <em>en</em> espa&ntilde;ol. No es endog&aacute;mico el cuento espa&ntilde;ol, sino <em>endogm&aacute;tico</em>. A m&iacute; me gustan Jon Bilbao (que no es amigo ni &ldquo;amigo&rdquo; m&iacute;o), Juan Bonilla y el Eloy Tiz&oacute;n de <em>Parpadeos</em>. Ricardo Men&eacute;ndez Salm&oacute;n y lo que tengo le&iacute;do de Eduardo Halfon y Antonio Ortu&ntilde;o, por ejemplo. S&aacute;ez de Ibarra es una autoridad en esto del cuento espa&ntilde;ol, porque en lo que dice del cuento no se confunde autoridad con autoritarismo.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a se ha hecho mucho un cuento que es de taller. Y el taller del cuento es al cuento lo que la iglesia a su religi&oacute;n. Est&aacute; bien, ha sido un buen apostolado el de la &uacute;ltima d&eacute;cada. El cura no tiene por qu&eacute; ser un virtuoso en lo amatorio para aconsejar a los novios no planificar su familia y el tallereador no tiene por qu&eacute; ser un gran escritor para propalar su buena nueva del cuento libre. Pero parece que esto ha dado en un cuento de libertad o liberaci&oacute;n prescrita, formularia, que Cristian Crusat denuncia cuento de mera &ldquo;plantilla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que el cuento es libre; el cuento <em>en</em> espa&ntilde;ol, m&aacute;s; y parece que cierto cuento espa&ntilde;ol, muy a nuestro pesar, no.
    </p><p class="article-text">
        <em>Art&iacute;culo publicado en </em>El Nacional<em> de Venezuela</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-cuento_132_2286697.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Dec 2015 11:37:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El cuento]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Café Comercial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cafe-comercial_132_2532413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Creo que aún no he conseguido hacerme a la idea de que el Comercial no está, así que va a ser un duelo largo, una ausencia dura, una pérdida que recordaré especialmente cuando tenga que quedar con alguien y comprenda que no, que ya no.</p></div><p class="article-text">
        Supe del cierre del caf&eacute; Comercial, el lunes pasado, poco antes de dirigirme a otro de los caf&eacute;s de Madrid, el Gij&oacute;n. Aunque se me hab&iacute;a hecho tarde para acudir a &ldquo;las lentejas&rdquo; de ese d&iacute;a y ya hab&iacute;a descartado ir a comer all&iacute;, en el &uacute;ltimo momento, me llam&oacute; Anelio Rodr&iacute;guez Concepci&oacute;n, que estaba de paso por Madrid, para que nos vi&eacute;ramos esa tarde; le coment&eacute; que a&uacute;n lleg&aacute;bamos al caf&eacute; (al puro, a la copa de la sobremesa) de &ldquo;las lentejas&rdquo;, que alguna de la gente que se da cita en el Gij&oacute;n deseaba conocerlo, y quedamos all&iacute; a las 15.30h. Aplac&eacute;, pues, el impacto de la noticia del cierre del Comercial &ndash;el estupor&mdash;, y all&iacute; me fui con mi hija de 9 a&ntilde;os, que es una santa y se dedica a leer (y los escritores se lo celebran y hasta se lo jalean, &iexcl;lee, mi ni&ntilde;a!) mientras en la mesa se parlotea durante horas; en esta ocasi&oacute;n y en algunas otras, hasta las 20.00. Ese lunes fue uno de los d&iacute;as concurridos de &ldquo;las lentejas&rdquo;, aunque echamos de menos a Pepe Esteban; estaban por supuesto Juancho Armas Marcelo y Juan Carlos Chirinos, y tambi&eacute;n Jorge Edwards y Carlos Franz, adem&aacute;s de Anelio Rodr&iacute;guez Concepci&oacute;n y yo (cito s&oacute;lo a los escritores, pues hab&iacute;a m&aacute;s gente); otras veces van Jorge Eduardo Benavides, Ignacio del Valle, Ernesto P&eacute;rez Z&uacute;&ntilde;iga, Fernando S&aacute;nchez Drag&oacute;, Pedro Crenes, el traductor japon&eacute;s Ryukichi Terao o Elsa L&oacute;pez (estos dos cuando se encuentran en Madrid). He coincidido all&iacute; con Jos&eacute; Luis Torres Vitolas, con Fernando Rodr&iacute;guez Lafuente, con Juan Carlos M&eacute;ndez Gu&eacute;dez, con Marcelo Luj&aacute;n, con Paula Izquierdo, con Ra&uacute;l Tola, y un largo etc. El caf&eacute;, la tertulia, el encuentro de escritores goza de buena salud. Esa es la buena noticia, la mala es que ha cerrado el caf&eacute; Comercial.
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegu&eacute; a Madrid en 1993, el Caf&eacute; Comercial se convirti&oacute;, muy pronto, en el lugar en el que qued&aacute;bamos algunos alumnos de la Escuela TAI para proponernos guiones que realizar en las pr&aacute;cticas de rodaje, para planificar dichas pr&aacute;cticas o discutir los detalles nimios de producci&oacute;n o montaje. Por entonces, sentado en una de las mesas del centro de la pared lateral, sol&iacute;a encontrarse el fil&oacute;sofo Javier S&aacute;daba. Yo hab&iacute;a le&iacute;do alguno de sus libros y, la presencia de un escritor al que has le&iacute;do, aunque no lo trates, aunque apenas s&iacute; lo conozcas, hace m&aacute;s c&aacute;lidos los lugares. Y eso era el Comercial, entre otras muchas cosas, un lugar en el que verse continuamente acompa&ntilde;ado por personas que escriben, act&uacute;an, hacen periodismo, dirigen teatro, dirigen cine, fotograf&iacute;an, pintan, hacen m&uacute;sica&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Ya a principios de los 90 se encontraba por all&iacute; el camarero Juan Bohigues (que no ha cambiado nada en todo este tiempo), elegante en su uniforme, la chaquetilla blanca, y a vueltas con sus veleidades art&iacute;sticas, escribiendo guiones que presentaba a productoras &ndash;he podido encontr&aacute;rmelo hasta en el and&eacute;n de la estaci&oacute;n de trenes de San Sebasti&aacute;n, porque hab&iacute;a ido, como uno, al festival de cine&mdash;. Juan acaba de ser padre y, por cierto, le debo la lectura del manuscrito de su primer libro de cuentos, que me ha enviado hace unas semanas. Y tambi&eacute;n pod&iacute;a verse por all&iacute;, siempre desde que fui por primera vez, a los Fernandos, los socios due&ntilde;os &ndash;el con pelo y el sin pelo&mdash;, pues no hab&iacute;a d&iacute;a que no se pusieran la chaquetilla blanca para atender las mesas como dos camareros m&aacute;s. Con el con pelo apenas he hablado alguna vez. Mi trato fue siempre con el sin pelo, que, adem&aacute;s, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os hab&iacute;a impulsado el uso de la segunda planta para la celebraci&oacute;n de actos culturales y, poco a poco, hab&iacute;a equipado el sal&oacute;n de arriba con un peque&ntilde;o escenario, iluminaci&oacute;n, pantalla y sonido.
    </p><p class="article-text">
        El Comercial siempre estaba vivo, por horas, unas horas m&aacute;s y otras menos, pero siempre vivo (y hab&iacute;a ocasiones en las que, si estabas all&iacute; demasiado tiempo, sal&iacute;as con dolor de cabeza, tal era el ruido generado por las conversaciones y el tintineo de la vajilla), pero &uacute;ltimamente la terraza no se llenaba casi a ninguna hora, la zona de la largu&iacute;sima barra hab&iacute;a quedado pr&aacute;cticamente desierta, y no era tan sencillo llenar la segunda planta, en la que se daban cita los jugadores de ajedrez &ndash;y cartas, y damas&mdash;, y los que consultaban el internet de pago. Ni siquiera acogiendo la organizaci&oacute;n de actos era sencillo encontrarla llena. As&iacute; que Fernando se bat&iacute;a continuamente con la frustraci&oacute;n de hacer cosas pero no conseguir mucho, aunque el Comercial era posiblemente uno de los mejores sitios, por su ubicaci&oacute;n y por sus caracter&iacute;sticas, para convocar a cualquier cosa.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima vez que estuve, apenas unos d&iacute;as antes del cierre, Pedro Crenes present&oacute; su libro de microrrelatos <em>Microndo</em>, publicado por Casa de Cart&oacute;n (el editor Jos&eacute; Luis Torres Vitolas sol&iacute;a presentar en el Comercial todos los libros que iba publicando), con Dom&eacute;nico Chieppe y, ya en el p&uacute;blico, Michelle Roche, Ernesto P&eacute;rez Z&uacute;&ntilde;iga y Linda Ontiveros, entre otros. Tras la presentaci&oacute;n, tomando algo en el sal&oacute;n de abajo, alguien dijo que, en el lugar de la presentaci&oacute;n all&iacute; arriba, hab&iacute;an apartado mesas y sillas y,  en aquel preciso instante, un mont&oacute;n de parejas bailaban tango, &iexcl;bailaban tango!, y propuso subir a verlo, que era muy bonito. Por alguna raz&oacute;n, no sub&iacute; a mirar y ahora lamento profundamente no haberlo hecho.
    </p><p class="article-text">
        El otro editor fijo del Comercial durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os era Pablo M&eacute;ndez, de editorial Vitruvio. Presentaba all&iacute; muchos de sus libros y realizaba un multitudinario recital anual, a finales de julio, en el que he participado alguna vez. Por eso, tambi&eacute;n, mi &uacute;ltimo libro de poemas, <em>Los chinos</em>, lo present&eacute; en el Comercial, con Carlos Salem. Me extra&ntilde;&oacute; una foto de todos los participantes del recital Vitruvio de este a&ntilde;o, que tuvo lugar la semana pasada, una semana antes del cierre, cenando en una larga mesa dispuesta en el sal&oacute;n de abajo, porque me pareci&oacute; (al encontr&aacute;rmela en Internet) que alguien se desped&iacute;a, y no supe si pensar que era el editor, porque ni por asomo se me hubiese ocurrido que quien se desped&iacute;a era el caf&eacute;. Imagen extra&ntilde;a, mortecina, crepuscular, de poetas cenando, en un caf&eacute; que, s&oacute;lo unos d&iacute;as despu&eacute;s, ya no existe. El poeta Tom&aacute;s Segovia se sent&oacute; durante a&ntilde;os en ese mismo lugar y, &uacute;ltimamente, al menos para m&iacute;, resultaba harto dif&iacute;cil entrar en el caf&eacute; sin vislumbrar por un segundo su cabellera blanca, fantasmag&oacute;rica: ahora ser&aacute; la fantasmagor&iacute;a dentro de la fantasmagor&iacute;a que es el caf&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, desde aquellas primeras ma&ntilde;anas y tardes de 1993 y 1994 planificando peque&ntilde;as pr&aacute;cticas de rodaje, el Comercial ha sido el &ldquo;lugar de encuentro&rdquo; natural. All&iacute; me ve&iacute;a a finales de los 90 con Andr&eacute;s Koppel y Juan Carlos Fresnadillo; o me di cita por primera vez con el que luego ha sido uno de mis mejores amigos, Juan Carlos M&eacute;ndez Gu&eacute;dez, con su mujer, la psic&oacute;loga Esther Roperti; o quedaba para charlar con los actores V&iacute;ctor Rivas y Mart&iacute;n Mujica. Cuando, all&aacute; por el 2000, lleg&oacute; el momento de buscar actor para uno de los personajes de mi primer cortometraje, <em>Mirar es un pecado</em>, all&iacute; me cit&eacute; con la productora Bel&eacute;n S&aacute;nchez y con los actores candidatos, que se sentaban a nuestra mesa de 20 en 20 minutos para una primera entrevista; hasta que lleg&oacute; Israel Rodr&iacute;guez y se acab&oacute; la b&uacute;squeda. En el Comercial he quedado tambi&eacute;n con mi actriz predilecta Nieve de Medina, o con el amigo director de documentales Miguel G. Morales, que acudi&oacute; con el actor Jos&eacute; Manuel Cervino (y hasta habr&aacute; foto de aquel divertido encuentro en alg&uacute;n sitio), o con el productor Guillermo Carnero, o con el ayudante de direcci&oacute;n Javier Petit.
    </p><p class="article-text">
        Estoy seguro de que muchos clientes del Comercial podr&iacute;an hacer una memoria similar a esta, con distintos nombres y hasta con nombres coincidentes con los que voy disponiendo aqu&iacute;, porque eso es el caf&eacute;; si algo lo caracteriza es el &ldquo;encuentro&rdquo; y por eso escribo &ndash;sin que sirva de precedente&ndash; este art&iacute;culo plagado de nombres, porque los nombres son el mejor homenaje que se le puede hacer.
    </p><p class="article-text">
        Cuando laboralmente hice la programaci&oacute;n de La Noche de los Libros, el caf&eacute; Comercial era uno de los lugares m&aacute;s exitosos a la hora de organizar un acto. En el 2008, con la colaboraci&oacute;n de Fernando Mar&iacute;as, hicimos all&iacute; uno con Juan Manuel de Prada, Paula Izquierdo y Rafael Reig que llen&oacute; el caf&eacute; de un modo espectacular. Lo mismo al a&ntilde;o siguiente, 2009, que estuvieron Andr&eacute;s Barba, Vanessa Montfort y &Aacute;ngela Vallvey. La Noche de los Libros hace mucha publicidad de los actos que organiza, y, adem&aacute;s, lo que hac&iacute;amos all&iacute; se celebraba en la planta de abajo, met&iacute;amos iluminaci&oacute;n, y ya desde la calle se notaba que en el caf&eacute; estaba sucediendo algo gordo.
    </p><p class="article-text">
        Pero el Comercial ha sido a la cultura como el <em>backstage</em> al centro de la escena, aunque ocasionalmente se convirtiese en el escenario mismo. El caf&eacute; Comercial, para m&iacute;, no fue tanto el lugar donde celebrar una tertulia como el sitio id&oacute;neo para el encuentro regular con alg&uacute;n amigo, para iniciar una colaboraci&oacute;n con alguien o para, una vez hecho el trabajo, recibir los resultados en forma de libro. M&aacute;s que para una tertulia, en definitiva, el Comercial era el lugar id&oacute;neo para un vis a vis. Cuando tuve mis primeros manuscritos casi terminados, all&iacute; me reun&iacute;a con la montadora de cine Cristina Otero a charlar durante horas sobre los m&aacute;s nimios detalles de la historia; y cuando Cristina Otero ha tenido guion de cortometraje en desarrollo all&iacute; nos hemos reunido durante horas hasta tenerlo bien masticado para su direcci&oacute;n. Lo mismo con el director de cortos Xavi Sala o con el guionista y director Fernando Le&oacute;n Rodr&iacute;guez. El Comercial ha sido el lugar de encuentro para la discusi&oacute;n de algunas de mis historias, pero imagino que lo habr&aacute; sido para la discusi&oacute;n de las historias de un extraordinario n&uacute;mero de personas. Y tambi&eacute;n era el lugar de las peque&ntilde;as transacciones, el lugar de te lo dejo y lo lees y luego hablamos o el lugar de ya lo termin&eacute; mira a ver qu&eacute; te parece. All&iacute; qued&eacute; con Ismael Belda para entregarle los ejemplares, reci&eacute;n salidos de imprenta, de su <em>La Universidad Blanca</em>, que hemos publicado en Colecci&oacute;n La Palma de poes&iacute;a; y un poco despu&eacute;s, apenas hace unos meses, all&iacute; le entregu&eacute; al editor David Cabrera las correcciones, revis&aacute;ndolas p&aacute;gina por p&aacute;gina sobre la mesa de la cafeter&iacute;a, del libro <em>Diario de John Roberton</em>, de Blanca Strepponi, que hemos publicado tambi&eacute;n. Eso cuando no ha sido el editor quien ha quedado conmigo para entregarme mis ejemplares de alguno de mis libros.
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, era inimaginable que el Comercial dejara de existir. El propio Fernando, alguna vez, entre veras y bromas, me coment&oacute; que aquello (que era un negocio familiar y por eso segu&iacute;an, a pesar incluso de algunas ofertas para dejarlo) s&oacute;lo se pod&iacute;a cerrar de una forma: de golpe, porque si no se generar&iacute;a demasiado revuelo. &iexcl;Imag&iacute;nate, decir que el Comercial se cierra! Y nos echamos unas risas. S&iacute;, s&iacute;, t&uacute; r&iacute;ete pero&hellip;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, mejor de golpe. Me recuerda un poco a esos amigos o familiares que enferman de c&aacute;ncer y no te lo dicen, te lo ocultan, y te enteras de pronto, el d&iacute;a del deceso, de que ya no los vas a ver m&aacute;s. Creo que a&uacute;n no he conseguido hacerme a la idea de que el Comercial no est&aacute;, as&iacute; que va a ser un duelo largo, una ausencia dura, una p&eacute;rdida que recordar&eacute; especialmente cuando tenga que quedar con alguien y comprenda que no, que ya no. Pero tambi&eacute;n es una herida grande que me hace un poco m&aacute;s madrile&ntilde;o, porque, parad&oacute;jicamente, lo que m&aacute;s me hace madrile&ntilde;o no es tanto haberlo tenido como haberlo perdido. No quiero ni pensar c&oacute;mo ser&aacute; esa herida para los Fernandos, o para Juan Bohigues, porque all&iacute; nos recib&iacute;an, eran el centro, no ten&iacute;an m&aacute;s que estar all&iacute; para que todo sucediera y, si nosotros hemos perdido el caf&eacute;, ellos nos han perdido a todos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Alg&uacute;n d&iacute;a cerrar&aacute; el Caf&eacute; Gij&oacute;n. Pero no es por el capitalismo (o s&iacute;, tambi&eacute;n): es ley de vida.
    </p><p class="article-text">
        Publicado en el blog personal <a href="https://sugherir.wordpress.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://sugherir.wordpress.com/</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cafe-comercial_132_2532413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Aug 2015 14:30:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Café Comercial]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El rapto de Europa (o Grecia)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-rapto-de-europa-o-grecia_132_2560125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Como si no supiéramos que la derecha (y gran parte de la izquierda) es muy conservadora, está en sintonía con el dinero, y el dinero siempre gana. ¿Cubanización de Grecia? Y qué sentido tendría eso. Sólo que no gane el dinero.</p></div><p class="article-text">
        Yo no creo que Europa sea inocente en la crisis griega.
    </p><p class="article-text">
        Los l&iacute;deres europeos pod&iacute;an haber dicho &ldquo;no&rdquo; a la incorporaci&oacute;n de Grecia. Pero la quer&iacute;an dentro, a pesar de que sab&iacute;an que era un desastre de pa&iacute;s, mal gobernado por una &eacute;lite irresponsable y muy corrupta. Quiz&aacute; pensaron, &iquest;vamos a dejar fuera del &ldquo;tren del capitalismo del futuro&rdquo; a la &ldquo;cuna de la cultura occidental&rdquo;? Mal asunto. &iquest;Nosotros a una y Grecia a otra, a parte? No, Grecia tiene que entrar, y ya la meteremos en vereda.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, desde su punto de vista, la &eacute;lite griega no se merec&iacute;a nada, mejor que perdieran la soberan&iacute;a en favor de Europa. El endeudamiento es una buena arma de destrucci&oacute;n de la iniciativa pol&iacute;tica. Adem&aacute;s, endeudar es un gran negocio. Grecia se incorpor&oacute;, las cuentas fallaron &ndash;tal vez estuviera previsto&mdash; y Bruselas puso a un presidente tecn&oacute;crata (si no recuerdo mal, el mismo que hab&iacute;a supervisado la entrada de Grecia en el euro, el mismo que dej&oacute; pasar las cuentas falsas. Papadimos, Gobernador del Banco Nacional de Grecia con el Gobierno que minti&oacute;, fue ascendido a vicepresidente del Banco Central Europeo, y por fin elevado a presidente del pa&iacute;s, como por arte de magia). El &ldquo;golpe&rdquo; estaba dado.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, la Troika se encuentra en la fase de &ldquo;meter en vereda&rdquo; a Grecia para que su econom&iacute;a se adapte a ese capitalismo del futuro. El experimento puede fallar. O no. Si el experimento no falla, dentro de algunos a&ntilde;os Grecia no se habr&aacute; descolgado de Europa y ser&aacute; un pa&iacute;s econ&oacute;micamente m&aacute;s moderno.
    </p><p class="article-text">
        Pero est&aacute;n las consideraciones &eacute;ticas: el proyecto de Europa para Grecia se lleva a cabo &ldquo;sin&rdquo; Grecia; sin que los griegos puedan hacer o decidir nada. Hagan o digan, el plan contin&uacute;a. Aunque voten, da igual lo que voten (a un partido u otro, el S&iacute; o el NO), el plan contin&uacute;a. &iquest;Est&aacute; bien intervenir as&iacute; en un pa&iacute;s? &iquest;Y si el plan se tuerce y la modernizaci&oacute;n pretendida no llega nunca? &iquest;Y qu&eacute; pasa con la gente que se queda por el camino, da igual? &iquest;Y por qu&eacute; ha de implantarse el capitalismo financiero que ellos quieren como ellos quieren, sin escapatoria? Cu&aacute;nta convicci&oacute;n, &iquest;no?, qu&eacute; seguros est&aacute;n de que la implantaci&oacute;n de ese sistema es lo mejor.
    </p><p class="article-text">
        Esperemos que el plan de la Troika no se malogre. Y, tambi&eacute;n, que el poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico (europeo-mundial) no est&eacute; equivocado, que esa modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica, efectivamente, sea lo mejor para el futuro de los griegos, porque no han dejado alternativa. 
    </p><p class="article-text">
        *** 
    </p><p class="article-text">
        Leo en la revista <em>El rapto de Europa</em> (y bien podr&iacute;a ser Europa la que rapta, no la raptada, en este caso) el n&uacute;mero dedicado a &ldquo;La cultura en la Grecia de hoy&rdquo; &ndash;con textos del director de cine Stathis Athanasiou, el poeta y ensayista (Doctor en Filosof&iacute;a) Dimitris Angelis, o la historiadora del arte Vana Verroiopoulou&mdash;, y una vez m&aacute;s me sorprende c&oacute;mo, cuando una crisis financiera devasta una industria cultural, sin embargo, emergen los artistas, aparecen los creadores. Es como si el capitalismo a pleno rendimiento no favoreciera la actividad y visibilidad de los artistas, que quedan igualados y superados, enterrados, desmotivados, por lo que la industria produce para vender. En cuanto cae el negocio, emergen los artistas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, dice el director de cine Stathis Athanasiou: &ldquo;En Grecia la gente ya no est&aacute; motivada para ganarse la vida haciendo un trabajo <em>normal</em>, ya que hoy en d&iacute;a aqu&iacute; no hay trabajo <em>normal</em>, por lo tanto lo &uacute;nico que nos queda es hacer lo que amamos&rdquo;. El cine griego, en esta coyuntura adversa, sin ayudas estatales ni espectadores en las salas del pa&iacute;s (ya que la gente no tiene dinero para ir al cine), se ha hecho mucho m&aacute;s interesante. Los que producen cine son los que lo aman y est&aacute;n dispuestos a producirlo caiga quien caiga; en vez de buscar el p&uacute;blico de la salas griegas con comedietas para el consumo interno, se est&aacute;n haciendo &ndash;sin dinero&mdash; pel&iacute;culas m&aacute;s universales, que llaman la atenci&oacute;n internacional, como <em>Boy eating the Bird&rsquo;s food</em>. &ldquo;El otro d&iacute;a estaba hablando con unos amigos alemanes&rdquo;, escribe Stathis Athanasiou, &ldquo;y les preguntaba por qu&eacute; el cine alem&aacute;n est&aacute; tan mal, y ellos me dec&iacute;an: <em>Porque nosotros no tenemos problemas</em>, y re&iacute;amos, pero esto no est&aacute; lejos de la verdad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la industria del libro, por supuesto, ha sido devastada con el cierre de las principales editoriales del pa&iacute;s. La novela hist&oacute;rica, tal vez porque no haya dinero para que los escritores pasen tiempo document&aacute;ndose, apenas se produce; las novelas, en general, son m&aacute;s cortas, posiblemente porque a los editores les supone un esfuerzo empresarial demasiado grande imprimir libros largos. Pero &ldquo;la crisis ha ayudado a esclarecer el panorama editorial&rdquo;, el campo literario se ha despejado y esto ha hecho posible la irrupci&oacute;n de j&oacute;venes y nuevas revistas; se aprecia una mayor celeridad de los escritores a la hora de responder con la ficci&oacute;n a la situaci&oacute;n presente del pa&iacute;s: ya ha surgido una primera narrativa de la crisis; y &ldquo;el relato griego presenta en su conjunto mayores logros que la novela&rdquo;. Me pregunto, porque no estoy seguro: &iquest;Podr&iacute;a decirse que emerge la literatura? 
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; una parte importante de la izquierda pol&iacute;tica europea que parece que se tirar&iacute;a al monte con lo de Grecia. La derrota es muy dura. Como si no supi&eacute;ramos que la derecha (y gran parte de la izquierda) es muy conservadora, est&aacute; en sinton&iacute;a con el dinero, y el dinero siempre gana. &iquest;Cubanizaci&oacute;n de Grecia? Y qu&eacute; sentido tendr&iacute;a eso. S&oacute;lo que no gane el dinero. 
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Tengo la sensaci&oacute;n de que la &ldquo;transparencia&rdquo; con la que se ha producido el enfrentamiento del Gobierno griego con la Troika ha perjudicado, finalmente, a los griegos. Es la primera vez que asuntos de esta &iacute;ndole se televisan, se escenifican, hasta el didactismo y el intento de ejemplaridad. Posiblemente, la negociaci&oacute;n habr&iacute;a sido un poco menos dura con menos luz y taqu&iacute;grafos. M&aacute;s teniendo en cuenta que, si se ha televisado, entre otras cosas, es debido a la naturaleza ideol&oacute;gica del enfrentamiento. Pero no se nos escape que situaciones similares se han producido en el pasado con otros pa&iacute;ses, y, la <em>trasparentaci&oacute;n </em>del caso griego (a pesar de que pueda haber perjudicado a los griegos), supone una puesta de cartas sobre la mesa que tiene dif&iacute;cil vuelta atr&aacute;s. Aun habiendo sido ejemplar hasta la humillaci&oacute;n, o precisamente por eso, la pr&oacute;xima vez no ser&aacute; lo mismo. Y as&iacute; es que se avanza. Los caminos del Se&ntilde;or, que suele decirse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-rapto-de-europa-o-grecia_132_2560125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2015 11:08:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El rapto de Europa (o Grecia)]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ahora ya es ayer. Los fragmentos encontrados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ahora-ya-es-ayer-los-fragmentos-encontrados-nicolas-melini_132_4289514.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En el sistema económico en el que vivimos, producimos mucho más de lo que necesitamos. El crecimiento económico depende en parte de esa sobreproducción, que conlleva el consumo de bienes que no nos hacen falta realmente.</p></div><p class="article-text">
        <em>3 de febrero de 2015 </em>
    </p><p class="article-text">
        Si mencionamos la mutilaci&oacute;n genital femenina en el Kurdist&aacute;n, nos horrorizamos, ponemos el grito en el cielo y demonizamos a madres, hijas y toda la sociedad kurda; si esas mismas mujeres empu&ntilde;an un arma, luchan y expulsan de su territorio al Estado Isl&aacute;mico, cantamos su haza&ntilde;a de orgullo feminista (y es de sospechar que ni siquiera asociamos ambas informaciones).
    </p><p class="article-text">
        La realidad atesora matices maravillosos. Pero quien est&aacute; en &ldquo;la lucha&rdquo; (pol&iacute;tica, ideol&oacute;gica, sectaria) necesita verlo en t&eacute;rminos maniqueos. No lo condeno, se supone que esa es la forma de empujar para cambiar el mundo, aunque sea a costa de cometer injusticias. Y s&iacute;, son las mismas mujeres, con que s&oacute;lo hubiera una, ya son las mismas (las que practican y sufren la ablaci&oacute;n, y las que empu&ntilde;an un arma y expulsan al enemigo).<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>15 de febrero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        Comentando la actualidad &ndash;pareciera a menudo&mdash; no hay lucidez posible. M&aacute;s bien al contrario: comentando la actualidad, pareciera que lo m&aacute;s probable es que nos mostremos torpes e idiotas. La actualidad es una ci&eacute;naga poblada de buenos y malos. Se trata de dirimir todo el tiempo: bien o mal, mejor o peor, lamentable o certero, acierto o fracaso, bobo o listo, capaz o incapaz, nocivo o beneficioso&hellip; Y con los intereses de los grupos de poder en juego &ndash;impulsando, acotando, silenciando o interrumpiendo el debate&mdash;, mediatizando e instrumentalizando la raz&oacute;n y la verdad y el conocimiento, todo resulta bastante atronador y confuso. La actualidad es el &aacute;mbito de lo maniqueo. A veces resulta casi m&aacute;s idiota el que trata de matizar (o descompartimentar) un hecho de la actualidad, evitando incurrir en el manique&iacute;smo, que quien ofrece una opini&oacute;n maniquea con todas las consecuencias. Ante lo tan reciente, mojarse pareciera necesario. Ante la actualidad, una peque&ntilde;a parte de la humanidad (pues no lo hace todo el mundo, sino tan s&oacute;lo unos pocos) reacciona y toma la responsabilidad de decir lo que est&aacute; bien y lo que est&aacute; mal: es algo absolutamente indispensable. Todos los grados de manique&iacute;smo y todos los intentos de matizaci&oacute;n resultan de inter&eacute;s en el momento de la reacci&oacute;n. Y hoy, al haberse incrementado tanto el n&uacute;mero de voces que pueden (est&aacute;n capacitadas y disponen de los medios) comentar la actualidad, cada vez caben muchos m&aacute;s matices respecto de esta. Es un avance. Dirimimos m&aacute;s y mejor, de manera cada vez m&aacute;s compleja. De eso se trata. A veces parece un ruido ensordecedor y contaminador, tememos que nada de eso conduzca a ninguna cosa que merezca la pena, y necesitamos desconectarnos. Est&aacute; bien, podemos participar o no participar. Podemos dedicar nuestros esfuerzos a la actualidad exclusivamente, o podemos dedicarlos exclusivamente a librar otras batallas, bien las &iacute;ntimas y personales, bien las de mayor alcance intelectual; podemos participar s&oacute;lo de manera espor&aacute;dica, en ocasiones concretas, respecto de asuntos de actualidad espec&iacute;ficos, o decidir que la actualidad no es nuestro campo de intervenci&oacute;n en absoluto. Al fin y al cabo, otros lo har&aacute;n por nosotros. Es m&aacute;s, hay quien no participa por no sentirse capacitado, s&iacute;, y tambi&eacute;n hay quien no lo hace sinti&eacute;ndose <em>estupendo</em> respecto de quienes lo hacen, y sin embargo ello no parece que reste ni un &aacute;pice de relevancia o trascendencia o necesidad o pertinencia a ese acto de dirimir sobre lo que acaba de suceder. Qu&eacute; ser&iacute;a de la humanidad si unos pocos no lo hicieran. Qu&eacute; ser&iacute;a de la humanidad si otros pocos lo hicieran en vez de dedicarse a reflexionar de un modo mucho menos inmediato &ndash;menos apremiante&mdash; sobre todo aquello que no debe ser ventilado en t&eacute;rminos maniqueos, sobre todo aquello que debe ser reflexionado a&uacute;n un poco m&aacute;s y mejor.<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>20 de febrero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        A algunos la realidad de las cosas no les estropea su compromiso ideol&oacute;gico sectario ni un poquito.
    </p><p class="article-text">
        <em>23 de febrero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        En &eacute;poca de crisis financiera y social, vivimos, en parte, gracias a los excedentes. No hay trabajo. No hay posibilidades de crecer. Nos apretamos el cintur&oacute;n. Y nos &ldquo;comemos&rdquo; todo lo que hab&iacute;a de m&aacute;s a nuestro alrededor.
    </p><p class="article-text">
        En el sistema econ&oacute;mico en el que vivimos, producimos mucho m&aacute;s de lo que necesitamos. El crecimiento econ&oacute;mico depende en parte de esa sobreproducci&oacute;n, que conlleva el consumo de bienes que no nos hacen falta realmente. El resultado es una vida opulenta, en la que tenemos m&aacute;s de lo que necesitamos de algunas cosas y eso es as&iacute; casi todo el tiempo. Luego nos alcanza una crisis financiera y tiramos de todo eso que hay de m&aacute;s a nuestro alrededor y que nadie quiere o que, en otras circunstancias, no querr&iacute;amos y hasta denostar&iacute;amos. Los m&aacute;s solidarios trabajan para la comunidad, emplean su tiempo (su excedente de tiempo) en beneficio de los m&aacute;s necesitados. Y, tambi&eacute;n, algunos de los que no est&aacute;n carentes de nada &ndash;o casi nada&mdash; de lo material, ofrecen una parte de lo suyo en caridad, deshaci&eacute;ndose de lo que en ese momento no necesitan, sus propios excedentes o, si no, una peque&ntilde;a parte de sus recursos.
    </p><p class="article-text">
        No cabe duda, pues, acerca del papel extraordinario del excedente en este sistema econ&oacute;mico capitalista en el que vivimos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, por ejemplo, cuando a muchas personas les falta lo fundamental, produce tristeza observar en los rincones de nuestras casas y lugares de trabajo todo eso que fue adquirido en un momento en el que parec&iacute;a que lo fundamental no iba a faltar nunca (a nadie o a casi nadie). Esos tristes rincones, los sentimos como decadencia chejoviana. Lo viejo obsoleto, in&uacute;til por superfluo, se estanca y es preciso una regeneraci&oacute;n. El capitalismo es as&iacute;, producimos ingentes cantidades de todo; consumimos lo que necesitamos, lo que no necesitamos y a&uacute;n nos sobra de todo por todos lados. En lugares peque&ntilde;os, mucho de lo que ten&iacute;amos de sobra encuentra su momento de utilidad cuando llega el tiempo de las vacas flacas. Aun as&iacute;, la contradicci&oacute;n entre lo que tenemos y no necesitamos y lo que necesitamos y no tenemos resulta, a menudo, flagrante. <em>Individualmente</em>, llega un momento en el que ya no sabemos c&oacute;mo canjear lo que tenemos y no necesitamos por lo que no tenemos y necesitamos. Tal vez <em>colectivamente</em> ser&iacute;a un poco m&aacute;s sencillo.
    </p><p class="article-text">
        Si se piensa o se sue&ntilde;a un estado racional y l&uacute;cido de las cosas, quiz&aacute;, las propias instituciones pudieran liderar ese canje de excedentes por lo que le hace falta a la ciudadan&iacute;a. Imagino a las instituciones organizando la log&iacute;stica de recolecci&oacute;n de los excedentes de los ciudadanos para su posterior venta al por mayor en beneficio de los due&ntilde;os de esos excedentes y del com&uacute;n. Merecer&iacute;a la pena quitarnos de encima todo lo que no necesitamos en pos de lo que s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>4 de marzo de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; pa&iacute;s este, m&aacute;s ex&oacute;tico, &iquest;no?, en el que los principales premios literarios no se conceden a los mejores, sino a presentadores de televisi&oacute;n, etc. Cuando nos miran desde fuera, &iquest;no flipan? La &lsquo;marca Espa&ntilde;a&rsquo; literaria, &iquest;no est&aacute; desvirtuada, si es que un editor de fuera no puede mirar a los principales premios de Espa&ntilde;a en busca de un autor al que traducir y publicar? &iquest;Hay alg&uacute;n pa&iacute;s en el que el valor dinero se haya follado de este modo cualquier otro valor? &iquest;Y nos hemos acostumbrado a vivir en este lodo sin rechistar y hasta nos parece normal y no vemos c&oacute;mo podr&iacute;a ser de otro modo? La vida es sue&ntilde;o, y los sue&ntilde;os, pesadillas son. 
    </p><p class="article-text">
        <em>11 de marzo de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La mala educaci&oacute;n</em> no es una pel&iacute;cula de Pedro Almod&oacute;var. Si erradic&aacute;ramos la mala educaci&oacute;n (empezando por la nuestra, la de cada uno de nosotros), arregl&aacute;bamos el mundo.
    </p><p class="article-text">
        <em>13 de marzo de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        Todos sabemos que las empresas que fabrican la ropa que vestimos han deslocalizado su producci&oacute;n y ahora la fabrican en pa&iacute;ses lejanos, en condiciones leoninas para los trabajadores, pero no parece que acertemos con un argumento que, de verdad, nos persuada de seguir vistiendo ropa de esas marcas. El argumento &ldquo;normal&rdquo; es: <em>Vistiendo esa prenda est&aacute;s explotando a un trabajador. </em>Puede ser. Pero eso supondr&iacute;a que nos encontramos del lado (en el bando, en la facci&oacute;n) del explotador. Sin embargo, la coartada del empresario para obligar al trabajador en India es mantener unos precios competitivos en nuestro pa&iacute;s, unos precios asequibles para nosotros. Nuestra necesidad de ropa barata, acorde con nuestro bajo poder adquisitivo, nos har&iacute;a, supuestamente, dependientes de que un empresario explote a los trabajadores en otro pa&iacute;s. No querremos que nuestra camisa cueste el doble o el triple: con nuestro sueldo o nuestro paro o nuestra pensi&oacute;n no podr&iacute;amos pagarla.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, nuestra miseria se corresponde con la miseria del explotado que manufactura nuestra ropa. Nuestra culpabilidad nos quiebra y nos convierte en mezquinos, pero no somos nosotros los que estamos encima, poderosos, explotando, sino el empresario, cuya posici&oacute;n poderosa, explotadora, nos iguala a consumidores y manufactureros. Los pobres o empobrecidos siempre se encuentran en el mismo bando, en la misma facci&oacute;n, da igual que haya una gran diferencia de poder adquisitivo y de condiciones laborales entre el trabajador de un lugar y el de otro. Lo cierto es que el trabajador que fabrica nuestra ropa en condiciones de explotaci&oacute;n y nosotros somos lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Si nos doblaran el sueldo (el paro, la pensi&oacute;n) a nosotros &ndash;los trabajadores esclavizados que nos manufacturan la ropa en otros pa&iacute;ses&mdash;, desaparecer&iacute;an. 
    </p><p class="article-text">
        <em>29 de marzo de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        Cu&aacute;ntos libros has publicado, c&oacute;mo se titula tu &uacute;ltimo libro, &iquest;eres famoso?, me preguntaba un ni&ntilde;o de 9 a&ntilde;os hace un par de d&iacute;as, as&iacute;, con la insolencia de una metralleta.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Fuiste futbolista? &iquest;Por qu&eacute; no eres millonario?, me espet&oacute; a continuaci&oacute;n, sin que le hubiese contestado a lo anterior.
    </p><p class="article-text">
        Me encog&iacute; de hombros. No me interesaba tanto responderle como asistir al espect&aacute;culo que me estaba ofreciendo: ni&ntilde;o peque&ntilde;o con una sonrisita de lo s&eacute; todo y te lo voy a espetar a la cara.
    </p><p class="article-text">
        Mucho me temo que, aunque le hubiese contestado que tal vez me conozca alguna gente, no, no soy famoso en el sentido que &eacute;l me lo preguntaba. Y m&aacute;s bien muy pocos futbolistas son millonarios, pero si se lo digo seguro que me mira de arriba abajo con la suficiencia de haber descubierto mi fracaso. Ellos, los ni&ntilde;os peque&ntilde;os, parecen tener muy claro qu&eacute; es lo que importa en la vida: dinero y fama.
    </p><p class="article-text">
        Por eso no me extra&ntilde;ar&aacute; que, en el futuro, cada vez m&aacute;s y m&aacute;s personas cometan las mayores atrocidades en nombre del dinero o la fama. Como viene sucediendo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El copiloto del avi&oacute;n estrellado en los Alpes franceses afirm&oacute; que todo el mundo le conocer&iacute;a. Luego, parece que estrell&oacute; el avi&oacute;n con 150 personas a bordo, mat&aacute;ndose y mat&aacute;ndolos. Ten&iacute;a raz&oacute;n, ahora todo el mundo sabe qui&eacute;n es.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la fama no sea el &uacute;nico factor interviniente en este caso, hay que recordar que la fama, en s&iacute; misma, no es un valor. No lo es ni &eacute;tico ni moral. El dinero tampoco.
    </p><p class="article-text">
        Aunque a veces lo parezcan.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; estamos, entre los viejos valores debilitados y los nuevos d&eacute;biles valores que ni lo son.
    </p><p class="article-text">
        Pero no quisiera yo sonar ni muy tr&aacute;gico ni muy conservador. Para atr&aacute;s no volveremos. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Publicado en</em> El Cotidiano
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ahora-ya-es-ayer-los-fragmentos-encontrados-nicolas-melini_132_4289514.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2015 15:30:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ahora ya es ayer. Los fragmentos encontrados]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los negros. Esto es Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/los-negros-esto-es-madrid-nicolas-melini_132_4397070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        &nbsp;El farolillo le danzaba la sombra.
    </p><p class="article-text">
        Ignacio Aldecoa
    </p><p class="article-text">
        <em>(Espera de tercera clase)</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        1
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la nevera hab&iacute;a algo de cordero en aceite de palma que hab&iacute;a dejado su mujer hac&iacute;a unos d&iacute;as, as&iacute; que Ibra puso un cazo con agua al fuego, para hacer arroz, sin haber conseguido quitarse de encima esa extra&ntilde;eza que lo invad&iacute;a cuando llegaba de la calle y ese d&iacute;a la polic&iacute;a no lo hab&iacute;a parado ni una sola vez. Hab&iacute;a estado por Arturo Soria, pill&oacute; la M-30 hasta 3 veces, fue al pueblo de Barajas y regres&oacute; del pueblo de Barajas, tuvo una aver&iacute;a que resolver cerca del Hospital Puerta de Hierro y, para concluir, debi&oacute; regresar a la central de Hortaleza, pero no se hab&iacute;a topado con ellos; solo los hab&iacute;a visto en una ocasi&oacute;n, pero peque&ntilde;os en la distancia, en otra v&iacute;a. Por fortuna, ya se encontraba en casita &ndash;viv&iacute;a de alquiler en un piso de Carabanchel Alto&mdash; y all&iacute; nadie pod&iacute;a ir a molestarle; aunque, bien pensado, mejor no lanzaba las campanas al vuelo, porque lo mismo se inventaban alguna excusa y empezaban a entrar en las casas. Si esto no fuera Espa&ntilde;a se hubiese esperado cualquier cosa; pero, qui&eacute;n sab&iacute;a, a lo peor su error hab&iacute;a sido, hasta aquel momento, no esperar cualquier cosa de Espa&ntilde;a. De hecho, a algunos espa&ntilde;oles amigos, compa&ntilde;eros de trabajo, los ve&iacute;a especialmente desconcertados con su pa&iacute;s, m&aacute;s o menos tan desconcertados (e &ldquo;indignados&rdquo;) como &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Encendi&oacute; la tele para ver la reposici&oacute;n de un cap&iacute;tulo de la serie <em>Aqu&iacute; no hay quien viva</em> (los chascarrillos del portero le hac&iacute;an re&iacute;r tanto&hellip;) sin pensar en la posible relaci&oacute;n entre el t&iacute;tulo de la comedia y lo que hab&iacute;a estado pensando. No fue el t&iacute;tulo lo que le hizo volver sobre todo aquello, mirar la puerta del piso &ndash;cuando ya se encontraba degustando el arroz y la carne y el picante del habanero y la pasta de ocro&mdash; e imaginar por un instante que tocaban y &eacute;l abr&iacute;a y era la polic&iacute;a que le ped&iacute;a, una vez m&aacute;s, los papeles. Pens&oacute;, incluso, que su vecina Charo sal&iacute;a al rellano y, en su defensa, incordiaba a los polic&iacute;as (imagin&oacute; tambi&eacute;n c&oacute;mo uno de estos se volv&iacute;a y la mandaba a entrar en su casa), y no pudo menos que sorprenderse: hab&iacute;a que ver c&oacute;mo su mente lo hab&iacute;a llevado de una cosa a la otra hasta ver que su vecina regresaba a su casa y se quedaba, presumiblemente, tras la puerta, escudri&ntilde;ando c&oacute;mo lo molestaban. Era de locos, lo paraban tanto por ah&iacute;, que ya los imaginaba tocando a la puerta de su casa.
    </p><p class="article-text">
        Su mujer Fatou no estaba porque as&iacute; era ahora; estar&iacute;a por ah&iacute;, de visita, en el piso de Bubacar o en el de Amy. Y casi mejor, porque las cosas entre ellos se hab&iacute;an vuelto un tanto desagradables. Ella no se sent&iacute;a a gusto en Espa&ntilde;a. &Eacute;l sab&iacute;a que se trataba de eso porque lo hab&iacute;a visto en otras parejas de senegaleses que, igual que &eacute;l, se hab&iacute;an tra&iacute;do a sus esposas despu&eacute;s de un tiempo. Mientras manten&iacute;an la relaci&oacute;n de novios (o de reci&eacute;n casados) a distancia, por tel&eacute;fono y Skype, todo iba bien; con el dinero que ellos les enviaban viv&iacute;an como princesas. Por poco que fuera lo que ellos les mandaran era mucho m&aacute;s de lo que pod&iacute;a so&ntilde;ar una chica que no tuviera a su marido en Europa; si ten&iacute;an alg&uacute;n hijo, pod&iacute;an alimentarlo mejor que nadie, y hac&iacute;an vida social, una vida muy agradable entre los suyos, de casa en casa, de cocina en cocina, de festejo en festejo. Ella se lo hab&iacute;a dicho alguna vez, que desde que hab&iacute;a llegado a Espa&ntilde;a todo eso se hab&iacute;a acabado. Se sent&iacute;a aprisionada: &ldquo;Aqu&iacute; siempre con estrecheces (<em>jafe jafe</em>), y encerrados en pisos; y si trabajas, en lo peor&rdquo;. &Eacute;l no pod&iacute;a menos que comprenderla; ella, en Senegal, no era ni m&aacute;s ni menos que nadie (m&aacute;s bien un poco m&aacute;s que muchos), y en Espa&ntilde;a solo pod&iacute;a trabajar limpiando casas o alguna cosa por el estilo. As&iacute; que, maldita la reagrupaci&oacute;n familiar, de un tiempo a esta parte, si por ella fuese, se volver&iacute;a a Senegal; que &eacute;l se quedara en Espa&ntilde;a trabajando, si era eso lo que quer&iacute;a, que ella ir&iacute;a all&iacute; a pasar, por lo menos, la mitad del a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor era que su descontento hab&iacute;a tenido consecuencias serias en la convivencia y en la vida de pareja, ya no hac&iacute;a la comida, aunque &eacute;l llegase tarde del trabajo, y, para terminar de estropearlo todo, tensaba la situaci&oacute;n, vengativa, hasta el extremo de negarle el sexo. Era el mundo al rev&eacute;s, todo lo que hab&iacute;an recibido como educaci&oacute;n en el trato del marido con la mujer y de la mujer con el marido se hab&iacute;a ido al traste y no parec&iacute;a que tuviese soluci&oacute;n o, cuando menos, &eacute;l no pod&iacute;a hacer gran cosa, salvo protestar un poco, hablar con ella y, por tel&eacute;fono, hablar con sus mentores en Senegal (su madre, b&aacute;sicamente); buscar la mediaci&oacute;n de los suyos para que aconsejaran a su mujer y pudieran arreglar las cosas. Eso significaba horas de conversaciones telef&oacute;nicas, en el locutorio; semanas, meses buscando el entendimiento. &Eacute;l llamaba a Senegal; ellos llamaban a Fatou; Fatou y &eacute;l lo hablaban; y vuelta a empezar. &Eacute;l llamaba a Senegal.
    </p><p class="article-text">
        Ibra lidiaba con todo eso y, por el d&iacute;a, soportaba a la polic&iacute;a, que parec&iacute;a tener &oacute;rdenes de amargarle la existencia (a &eacute;l y a todos los que fueran como &eacute;l); pero, al menos por ahora, estaba contento, porque ten&iacute;a un buen trabajo, bien pagado, en Telef&oacute;nica, y por mucho dinero que enviara a casa, nunca ser&iacute;a m&aacute;s de un par de cientos de euros para cubrir los gastos de comida y farmacia de toda su familia: padres, 7 hermanos menores que &eacute;l e imprevistos. Eso era lo que importaba, significaba cumplir su principal objetivo cuando hab&iacute;a decidido emigrar a Europa, un objetivo que no hab&iacute;a variado: tener para vivir y poder enviar suficiente dinero a casa. Eso era lo que pod&iacute;a hacer que un hombre se sintiera mejor hombre o dejara de serlo a sus propios ojos y ante los ojos de los dem&aacute;s senegaleses. Por fortuna, se hab&iacute;a salido pronto de la construcci&oacute;n (que era lo que se hab&iacute;a venido abajo en primer lugar con la crisis financiera), fue lo suficientemente listo para buscar enseguida algo un poco mejor que el ladrillo, y lo encontr&oacute;. Ahora, aunque las cosas siguieran as&iacute;, pod&iacute;a estar, econ&oacute;micamente, tranquilo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        2
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Khassim iba caminando por la calle Argumosa, pero inquieto; no como antes, cuando Lavapi&eacute;s era casi como su propia casa y pod&iacute;a encontrarse con todos sus amigos y conocidos cualquier d&iacute;a que pasara por all&iacute;. Ahora iba mirando hacia el final de la calle, alerta, por si ve&iacute;a pasar a la polic&iacute;a. Khassim no ten&iacute;a permiso de residencia, pero eso no hab&iacute;a sido impedimento para que se ganase la vida a lo largo de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ahora &ldquo;contratado&rdquo; por Los Carmen, unos gitanos con varios puestos itinerantes en mercados como los de plaza El&iacute;ptica, Aluche o Alcal&aacute; de Henares. Los Carmen le pagaban por horas, Khassim era el vendedor de confianza de la familia y, cuando la polic&iacute;a lo ve&iacute;a en el puesto, no lo molestaba; al fin y al cabo, pod&iacute;an comprobar, aunque solo fuera de manera ocular, que ten&iacute;a trabajo; y tampoco era cuesti&oacute;n de andar contrariando a los gitanos por nada. Pero si lo vieran en la calle ser&iacute;a distinto. La polic&iacute;a, &uacute;ltimamente, era ver un negro y dar la vuelta. Por eso Khassim apenas sal&iacute;a de casa, se quedaba all&iacute; tranquilo, viendo la tele o con el ordenador, hablando por Skype con los suyos (con sus hermanos en Ziguinchor; con Mansur, un primo que ten&iacute;a en Toulousse; con Taleb, que ahora viv&iacute;a en Valencia), y si alg&uacute;n amigo quer&iacute;a verlo ya sab&iacute;a d&oacute;nde encontrarlo. Era muy triste, deprimente, tener que vivir escondido, pero era el &uacute;nico modo de minimizar el riesgo de que lo expulsaran del pa&iacute;s. No sal&iacute;a m&aacute;s que a trabajar, lo hac&iacute;a mirando siempre a un lado y a otro lado cuando se dispon&iacute;a a rebasar la puerta del edificio. Llegar al trabajo y volver del trabajo era toda una aventura. Caminaba pegado a las paredes de las casas y, al llegar a las esquinas, antes de aventurarse, miraba a ver si hab&iacute;a polic&iacute;as. Los agentes que iban a la caza del negro por su barrio sol&iacute;an vestir de paisano, por eso hab&iacute;a que fijarse en los pies de las personas, en sus zapatos. Todos los negros de Carabanchel sab&iacute;an que aquellos polic&iacute;as de paisano llevaban botas, y ese era el modo de identificarlos; gracias a eso, m&aacute;s de una vez hab&iacute;a podido escapar.
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera iba al supermercado, si pod&iacute;a evitarlo; los locutorios eran territorio comanche (<em>worul</em>); algunas estaciones de metro pod&iacute;an convertirse en una ratonera. La polic&iacute;a estaba por todos lados. Lo sab&iacute;a tambi&eacute;n por su amigo Ibra, que ten&iacute;a papeles y, debido a su trabajo, sol&iacute;a ir de barrio en barrio. Ibra le hab&iacute;a dicho que, por la ma&ntilde;ana, cuando sal&iacute;a de Carabanchel en coche, lo paraban; y cuando entraba en el centro, lo paraban; y cuando iba a entrar en cualquier otro barrio, lo volv&iacute;an a parar. Con un poco de mala suerte, si ten&iacute;a que moverse ese d&iacute;a por varias zonas, a Ibra lo pod&iacute;an parar 4 o 5 veces, y protestaba a los polic&iacute;as (&ldquo;&iquest;Otra vez?&rdquo;) y les dec&iacute;a que a ver si inventaban alg&uacute;n sistema para que, una vez que le hubieran &ldquo;mirado&rdquo; ese d&iacute;a, no volvieran a molestarle: un papel, les dec&iacute;a, un salvoconducto, un boleto o algo, en fin, algo. Pero eso no se iba a producir, de ning&uacute;n modo, porque ser&iacute;a como reconocer lo que estaban haciendo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En Carabanchel, los polic&iacute;as de paisano aparcaban el coche en una calle cercana a la que estuviesen peinando. Aparcaban en alguna bocacalle discreta, donde el coche estuviese menos visible, y hasta que no lo llenaban de africanos no paraban. Si atr&aacute;s cab&iacute;an 3 personas, ellos met&iacute;an 5 o 6 bien apretujadas, como sardinas en lata (<em>diaan ci biir pakh</em>: como serpientes en un agujero). Eran m&aacute;quinas desliz&aacute;ndose por las calles de dos en dos hasta alcanzar a alg&uacute;n negro al que poder pedirle la documentaci&oacute;n, y si no ten&iacute;as la residencia o la ten&iacute;as caducada &ndash;aunque no hubieses hecho nada, aunque no hubieses cometido el menor delito, aunque no tuvieses el menor antecedente&mdash;, al coche y para el CIE, una c&aacute;rcel en toda regla, paso previo indispensable antes de que te echaran de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Todo eso Khassim y todos los senegaleses de Madrid se lo sab&iacute;an de memoria, incluso los que hab&iacute;an podido regularizar su situaci&oacute;n hac&iacute;a a&ntilde;os y no ten&iacute;an nada que temer, al menos en lo personal. Pero aquel d&iacute;a Khassim deb&iacute;a ir al locutorio que hay en la plaza de Lavapi&eacute;s, regentado por paisanos suyos, porque estaba casi seguro de que all&iacute; encontrar&iacute;a a Lamin, un amigo al que hab&iacute;a prestado 30 euros unos meses atr&aacute;s, 30 euros que ahora quer&iacute;a enviar a casa. En los &uacute;ltimos 2 d&iacute;as hab&iacute;a recibido decenas de llamadas perdidas de varias personas de su familia (desde &Aacute;frica siempre los requer&iacute;an as&iacute;, con una llamada perdida), y no quer&iacute;a devolver ninguna de aquellas llamadas sin que el dinero estuviese en camino y pudiera ofrecer a los suyos la clave para que fuesen a recogerlo.
    </p><p class="article-text">
        A Khassim no le hac&iacute;a ninguna gracia jug&aacute;rsela de aquella manera, y hasta se estaba arrepintiendo cuando se asom&oacute; para mirar la plaza: todo parec&iacute;a normal, pero no era lo mismo; era la plaza de Lavapi&eacute;s, pod&iacute;a ver a los espa&ntilde;oles del barrio, a las se&ntilde;oras que van al s&uacute;per, a los que sacan dinero en el cajero, a los paquistan&iacute;es que tienen restaurante o teter&iacute;a en la zona cruzando para realizar alguna gesti&oacute;n, a unos extranjeros blancos &ndash;estudiantes&mdash; encontr&aacute;ndose junto a la boca de metro, pero la plaza le result&oacute; desangelada, nada que ver con otros tiempos; los que eran como &eacute;l ya no aparec&iacute;an por all&iacute;, se escond&iacute;an, igual que &eacute;l; a otros muchos los hab&iacute;an pillado y se encontraban en el CIE, si no expulsados del pa&iacute;s. A aquellas alturas de la partida, el Gobierno ya hab&iacute;a expulsado a mucha gente, &eacute;l pod&iacute;a ser el siguiente y, si fuera as&iacute;, no estaba seguro de ser capaz de emigrar de nuevo; cruzar el desierto, hacer la traves&iacute;a en patera... Cuando lo hab&iacute;a hecho, hac&iacute;a ahora 7 a&ntilde;os, se vio obligado a comer tantas latas de at&uacute;n que lo hab&iacute;a aborrecido; ya no era capaz ni de olerlo, y mucho tem&iacute;a tener que volver a pasar por lo mismo, latas de at&uacute;n incluidas; lo de las latas de at&uacute;n le parec&iacute;a terror&iacute;fico, por alguna raz&oacute;n era ah&iacute; donde se hab&iacute;a concentrado todo el horror de su migraci&oacute;n: agresiones, intemperies amenazantes, humillaciones personales y colectivas, el hambre y la sed y el fr&iacute;o y el calor y todos los dolores y todas las diarreas y todos los v&oacute;mitos de aquellos largos meses de absoluta incertidumbre. Las latas de at&uacute;n eran eso, latas de at&uacute;n, y resultaban ser tambi&eacute;n todo lo dem&aacute;s. Por muchos relatos que hubiera escuchado, siempre acababa pensando que la suya hab&iacute;a sido una de las peores migraciones posibles (si exceptuaba, claro est&aacute;, la de quienes hab&iacute;an perdido la vida por el camino, en el desierto o contra polic&iacute;as o contra otros emigrantes o contra bandidos o en el mar, cuyo relato personal no hab&iacute;a podido escuchar, por razones obvias, porque no hab&iacute;an podido contarlo), y, por supuesto, no ten&iacute;a ni punto de comparaci&oacute;n con la migraci&oacute;n de Ibra, que hab&iacute;a venido a Espa&ntilde;a con todo arreglado, en avi&oacute;n, y a casa de familiares; o con la de su amigo Tambi, pescador de San Luis que, harto de no pescar nada &ndash;los grandes barcos llevaban un tiempo esquilmando la costa del pa&iacute;s para poner el mejor pescado en las mesas de Europa&mdash;, sali&oacute; un d&iacute;a cualquiera como si fuese a pescar, en su cayuco, pero con suficiente combustible y comida, puso rumbo a las Canarias y all&iacute; lleg&oacute; a los 3 d&iacute;as, que los guardias civiles, al verlo salir solo del cayuco le preguntaron alarmados que d&oacute;nde estaban los dem&aacute;s. &ldquo;&iquest;Otros? &iexcl;No! &iexcl;Yo solo!&rdquo;, les hizo gestos Tambi. Incre&iacute;ble, jejeje, pensaba Khassim: &ldquo;&iexcl;No, otros no, yo&hellip;!&rdquo;, Tambi como si nada, saludable y exultante (imaginaba). Todos sonre&iacute;an cuando se encontraban a Tambi &ndash;aparte de por su 1,90 cm. de altura, su pecho y sus brazos enormes, que parec&iacute;an de luchador, y su natural bonhom&iacute;a&mdash; porque conoc&iacute;an aquella an&eacute;cdota ya casi legendaria de emigrante pillo solitario. La emigraci&oacute;n de Khassim, sin embargo, era pr&aacute;cticamente tab&uacute;, como la de muchos otros; &eacute;l apenas soltaba prenda, si acaso hab&iacute;a contado a veces lo de las latas de at&uacute;n (aquel horror exacerbado que le produc&iacute;an); porque lo dem&aacute;s no consegu&iacute;a que le saliese por la boca, lo ten&iacute;a agarrado all&aacute; adentro. 
    </p><p class="article-text">
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        En una ocasi&oacute;n, Ibra se dirig&iacute;a en su coche a atender una aver&iacute;a cuando observ&oacute; a trav&eacute;s del espejo que un coche de polic&iacute;a lo segu&iacute;a. Ibra iba despacio &ndash;no hab&iacute;a cometido ninguna infracci&oacute;n&mdash;, por una calle de Barajas con coches a ambos lados, y el coche de polic&iacute;a trat&oacute; de adelantarlo por la derecha del &uacute;nico carril con la intenci&oacute;n de cruzarse delante de &eacute;l e impedirle continuar, as&iacute; que se puso delante y no los dej&oacute;. Aquello enerv&oacute; a los polic&iacute;as, que activaron la sirena y no descansaron hasta que &eacute;l encontr&oacute; un lugar en el que hacerse a un lado. Los tipos estaban cabread&iacute;simos:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; haces!, &iexcl;est&aacute;s loco t&uacute; o qu&eacute;!, &iexcl;te has metido en medio y no nos has dejado pasar! &iexcl;Te vamos a meter un puro que no veas!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No&rdquo;, observ&oacute; &eacute;l con tranquilidad, &ldquo;pretend&iacute;as adelantarme por la derecha, en esta calle, y eso s&iacute; es una imprudencia, as&iacute; que lo he impedido. Adem&aacute;s, si quer&iacute;as pararme, me lo dices y yo paro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ibra sab&iacute;a que si cuestionaba adecuadamente la actuaci&oacute;n de los polic&iacute;as, aun ofuscados, no se atrever&iacute;an con &eacute;l, por lo que pudiera alegar contra ellos m&aacute;s adelante, si la cosa iba a m&aacute;s; y as&iacute; fue m&aacute;s o menos, poco a poco se hab&iacute;an tenido que contener hasta limitarse a lo de siempre, pedirle la documentaci&oacute;n y comprobar que ten&iacute;a todo en regla. Pero ah&iacute; no termin&oacute; la cosa, porque una vez que le hicieron todo tipo de advertencias y amenazas m&aacute;s o menos innecesarias (incluidos los, para &eacute;l, ya cl&aacute;sicos comentarios cuestionando que se dedicara a aquello que su veh&iacute;culo publicitaba, Telef&oacute;nica), subieron a su coche y lo rebasaron y &eacute;l subi&oacute; al suyo y continu&oacute; su camino, detr&aacute;s de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Dio la casualidad de que su trayecto coincid&iacute;a con el de los polic&iacute;as &ndash;y &eacute;l sab&iacute;a que pod&iacute;a ser as&iacute;&mdash;, de tal modo que condujo con toda la sorna que pudo, despacio, tras ellos, girando en los mismos sitios que ellos y conservando una prudente distancia con su coche cuando recorr&iacute;an una calle, hasta que ellos se mosquearon de nuevo y, justo al alcanzar la entrada de la comisar&iacute;a de Barajas, se detuvieron y bajaron del coche.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ad&oacute;nde co&ntilde;o vas t&uacute; ahora, &iquest;eh?, &iquest;por qu&eacute; nos sigues?, &iquest;nos est&aacute;s siguiendo?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Tal vez temieran que Ibra se dirigiera a la comisar&iacute;a para presentar una queja contra ellos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Yo?, ah&iacute;&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ibra se&ntilde;al&oacute; la comisar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Est&aacute;s de co&ntilde;a, no?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No, no estoy de co&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los agentes se remov&iacute;an mirando a Ibra y mirando la comisar&iacute;a y mirando el coche que conduc&iacute;a Ibra.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me han llamado de aqu&iacute;, Internet no va, voy a ver&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
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        Youssou iba a visitar &ndash;una o, incluso dos veces por semana&mdash; a un amigo que se encontraba en el CIE de Carabanchel. Le llevaba comida, ropa, algo de dinero. Era el &uacute;nico amigo o familiar que pod&iacute;a hacerlo (ten&iacute;a en regla sus papeles), porque en la misma cola al sol que se organizaba a las puertas de las dependencias del CIE, los polic&iacute;as ped&iacute;an la documentaci&oacute;n. Cualquiera que tratase de visitar a un familiar o amigo, y no tuviese permiso de residencia, pod&iacute;a acabar recluido tambi&eacute;n. Sobre la marcha, los sacaban de la cola y los conduc&iacute;an al interior; era un juego de ni&ntilde;os para los polic&iacute;as, y les encantaba aquello &ndash;ser tan listos, tenerlo f&aacute;cil&mdash;. Tambi&eacute;n acud&iacute;an a las puertas de los colegios por la ma&ntilde;ana, esperaban a que los inmigrantes dejaran a sus hijos y, cuando se dispon&iacute;an a regresar a sus casas o a seguir para el trabajo, les ped&iacute;an la documentaci&oacute;n. Un inmigrante pod&iacute;a dejar a su hijo en el cole y acabar la ma&ntilde;ana en el CIE, iniciado su proceso de expulsi&oacute;n. Un ni&ntilde;o hijo de inmigrante, tuviese la edad que tuviera (fuese espa&ntilde;ol o no, y es relevante porque si es espa&ntilde;ol influir&aacute; en la percepci&oacute;n de su nacionalidad), pod&iacute;a salir del cole un d&iacute;a cualquiera y encontrarse con que lo iba a recoger otra persona, alg&uacute;n amigo o familiar, porque su padre hab&iacute;a sido detenido tras dejarlo por la ma&ntilde;ana all&iacute; mismo y pod&iacute;a ser expulsado del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Moises llevaba 3 semanas dentro y, desesperado, ve&iacute;a c&oacute;mo, si nada ni nadie lo remediaba, lo expulsar&iacute;an a Senegal de forma completamente ilegal, porque en aquel momento a&uacute;n esperaba respuesta sobre su petici&oacute;n del permiso de residencia (la hab&iacute;a presentado poco antes de ser detenido en una redada en el metro de Pir&aacute;mides), y, seg&uacute;n le hab&iacute;a informado un abogado de una ONG que los visitaba all&iacute; dentro, el Estado no pod&iacute;a echar del pa&iacute;s a nadie que estuviese a la espera de una respuesta administrativa. Si esa respuesta no llegaba tendr&iacute;an que soltarlo a las 5 semanas. Pero Moises estaba convencido de que recibir&iacute;a una respuesta, y que ser&iacute;a convenientemente negativa, justo antes de que se cumpliera el l&iacute;mite de d&iacute;as que pod&iacute;an retenerlo. O, incluso, que le meter&iacute;an en un avi&oacute;n sin haber recibido respuesta ni positiva ni negativa, con total impunidad. Qui&eacute;n lo impedir&iacute;a. Y luego, desde Senegal, c&oacute;mo reclamar&iacute;a justicia.
    </p><p class="article-text">
        En sus visitas, Youssou escuchaba a Moises, lo animaba, le ped&iacute;a que no desesperase, lo aleccionaba para que fuera fuerte si, finalmente, lo expulsaban. Moises sent&iacute;a un fuerte sentimiento de culpa por encontrarse all&iacute;. As&iacute; es el sentimiento de culpa, no importaba que no hubiera hecho nada malo. Lo hab&iacute;an jodido, la hab&iacute;a jodido. Entre llantos le cont&oacute; que los polic&iacute;as, cuando llegaban al centro con alg&uacute;n inmigrante, se mostraban plet&oacute;ricos. Era como si hubiesen detenido a un capo del narcotr&aacute;fico, cuando, sin embargo, se trataba solo de muchachos como &eacute;l. La raz&oacute;n de que llegaran sonrientes, enjundiosos, dicharacheros, henchidos, era que les premiaban con un fin de semana libre. Los que no deten&iacute;an inmigrantes &ndash;porque no lo hubieran logrado o porque no quisieran, insumisos&mdash;, se quedaban sin fin de semana, tendr&iacute;an que librar otros d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Son como ni&ntilde;os&rdquo;, se quejaba Moises, &ldquo;los ves llegar y no te puedes creer toda esa bravuconer&iacute;a. Se creen h&eacute;roes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A Youssou todo aquello le pareci&oacute; obsceno y sinti&oacute; una n&aacute;usea, aunque se la ocult&oacute; a Moises.
    </p><p class="article-text">
        Moises, sin embargo, lloraba. En los primeros encuentros, no. Pero en los dos &uacute;ltimos hab&iacute;a llorado desconsoladamente. Se hab&iacute;a ganado la vida como hab&iacute;a podido, en ocasiones trabajando en la obra gracias a los papeles de alg&uacute;n amigo &ndash;del propio Youssou en una ocasi&oacute;n&mdash; y a la complicidad del encargado de la obra o de la propia empresa, que hac&iacute;an la vista gorda (&iquest;acaso hab&iacute;an detenido y expulsado del pa&iacute;s a aquellos encargados y empresarios, tan delincuentes de aquel delito concreto como &eacute;l, o quiz&aacute; m&aacute;s?); o, si no, vendiendo en la calle. Vendiendo CDs piratas, s&iacute;, y pa&ntilde;uelos, y bolsos, y fundas para m&oacute;viles. Se sent&iacute;a culpable, pero no sab&iacute;a de d&oacute;nde proven&iacute;a su culpa; ten&iacute;a que ver, tal vez, con que lo hubieran pillado, y con encontrarse recluido all&iacute;, m&aacute;s que con haber trabajado sin permiso en obras de construcci&oacute;n o con haber vendido en la calle ilegalmente.
    </p><p class="article-text">
        Moises hab&iacute;a conseguido llegar a Espa&ntilde;a, en patera desde El Aai&uacute;n a Canarias, en tiempos de la segunda legislatura de Aznar, y entonces lo retuvieron durante 4 semanas en un centro de Fuerteventura; pero, cumplido aquel periodo, los metieron a todos en un avi&oacute;n fletado por el Gobierno, un vuelo nocturno, un vuelo secreto (sin cobertura de medios de comunicaci&oacute;n, sin que el Gobierno hubiese dicho a los ciudadanos lo que estaban haciendo, y c&oacute;mo lo estaban haciendo, y por qu&eacute; lo estaban haciendo), y los hab&iacute;an soltado en Madrid. Otras veces el lugar elegido era Barcelona, o Valencia. Moises conoc&iacute;a a personas que hab&iacute;an llegado a esas otras ciudades en esos mismos vuelos secretos. No les preguntaban si ten&iacute;an alguna preferencia. Ellos, los africanos, no sab&iacute;an a d&oacute;nde iban o qu&eacute; iba a pasar cuando llegaran. La incertidumbre entre ellos era total. Una vez en la pen&iacute;nsula, la propia polic&iacute;a le dec&iacute;a a cada uno: &ldquo;Hala, venga, te puedes ir&rdquo;. A la calle, sin papeles, sin dinero, sin ropa... Algunos, desconcertados, protestaban. &ldquo;&iquest;No quer&iacute;as venir a Europa?, pues venga, de qu&eacute; te quejas, ya est&aacute;&rdquo;, les dec&iacute;a alg&uacute;n polic&iacute;a. Y era verdad, hab&iacute;an alcanzado Espa&ntilde;a y ahora pod&iacute;an continuar viaje hacia cualquier otro pa&iacute;s (Francia, B&eacute;lgica, Suiza) en el que viviese alg&uacute;n amigo o familiar, o quedarse en Espa&ntilde;a, si es que hab&iacute;a trabajo; y lo hab&iacute;a, porque las constructoras necesitaban mano de obra y los quer&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; era con Aznar, con nocturnidad, en secreto, directos a la calle; luego lleg&oacute; Zapatero, muchos pudieron regularizar su situaci&oacute;n y trat&oacute; de hacer lo mismo que el Gobierno anterior, vuelos fletados con inmigrantes desde Canarias a Madrid, Valencia, Barcelona&hellip;, pero a las claras, diciendo a la opini&oacute;n p&uacute;blica lo que hac&iacute;a y por qu&eacute;. Solo que entonces, los que lo hab&iacute;an hecho en secreto y con nocturnidad, ahora en la oposici&oacute;n, le echaron a la ciudadan&iacute;a encima y el Gobierno tuvo que ir reculando. El Gobierno empez&oacute; a devolver gente en cuanto llegaba; lleg&oacute; a acuerdos con Senegal para posibilitar la pronta repatriaci&oacute;n o impedir la emigraci&oacute;n en origen; envi&oacute; medios para interceptar e impedir la emigraci&oacute;n antes de que alcanzara las costas espa&ntilde;olas. El partido progresista hab&iacute;a terminado haciendo una pol&iacute;tica de inmigraci&oacute;n todav&iacute;a m&aacute;s dura que el anterior Gobierno de derechas, por eso muchos senegaleses afirman que les ha ido mejor con gobiernos del PP que con gobiernos del Psoe, m&aacute;s a&uacute;n despu&eacute;s de la persecuci&oacute;n aplicada a partir de la segunda legislatura de Zapatero.
    </p><p class="article-text">
        Con Zapatero (y Rubalcaba de Ministro de Interior) los persiguieron, los detuvieron y los expulsaron a sus pa&iacute;ses de origen. No hay color:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy en Madrid&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;C&oacute;mo que est&aacute;s en Madrid!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me han tra&iacute;do en avi&oacute;n y los polic&iacute;as me acaban de decir que puedo irme. Estoy en la calle&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;D&oacute;nde est&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La calle se llama&hellip; Francisco Silvela&rdquo;, a duras penas consigui&oacute; Moises pronunciar aquellas dos palabras de un modo inteligible, &ldquo;delante de un Burger King. Le he pedido a alguien que me deje el m&oacute;vil para llamarte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Est&aacute;s en el Burger King de Francisco Silvela? No te muevas de ah&iacute;, voy para all&aacute;, estoy en <em>trente minutes</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Moises se sent&oacute; en un banco y aguard&oacute;, mirando la calle perfectamente asfaltada, el tr&aacute;fico de coches nuevos, la gente que pasaba bien vestida &ndash;con ropa de Zara y de Mango y de Cortefiel y de El Corte Ingl&eacute;s&mdash;; con traje algunos hombres&hellip; Nunca olvidar&aacute; aquel rato sentado en el banco, mirando alrededor, sin un euro en el bolsillo, sin nada, como un aparecido. Al verlo, Youssou se alegr&oacute; mucho, pero tambi&eacute;n se mostr&oacute; abrumado; hac&iacute;a meses que no ten&iacute;a noticias suyas, la familia de Moises le hab&iacute;a llamado en varias ocasiones, por si &eacute;l sab&iacute;a algo de su paradero, pero la &uacute;ltima noticia que hab&iacute;an tenido era que hab&iacute;a estado en el Aai&uacute;n, y tambi&eacute;n sab&iacute;an que ya no se encontraba all&iacute;. Tem&iacute;an lo peor, que se hubiese ahogado, como tantos otros; Youssou hab&iacute;a estado haci&eacute;ndose a la idea de que, tal vez, no lo volver&iacute;a a ver. &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a llamado a casa? Moises no supo explicarle, le hab&iacute;a dicho a alguien que lo hiciera, a un tipo, porque a &eacute;l no le apetec&iacute;a hablar con nadie; estaba muy enfadado, tal vez fuera eso, el cabreo que le hab&iacute;a producido tener que meterse en aquella patera sin saber nadar. Estaba indignado con todos los que no hab&iacute;an hecho nada para evitar que tuviera que emigrar as&iacute;. Por eso no hab&iacute;a llamado. Le hab&iacute;a dicho a uno que hab&iacute;a conocido, interno como &eacute;l en Fuerteventura, que si hablaba con tal amigo com&uacute;n que se encontraba en Senegal le dijera que lo hab&iacute;a visto, que estaba bien; y que, si pod&iacute;a, se lo comentara a alguien de su familia, nada m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Moises lloraba mientras le explicaba a Youssou que estaba convencido de que no hab&iacute;a nada que hacer, que le expulsar&iacute;an. Con rabia, le mostr&oacute; unos recortes de prensa: en uno de aquellos, el Sindicato Unificado de Polic&iacute;a denunciaba que se estaban produciendo redadas indiscriminadas y ped&iacute;an su cese inmediato por considerarlas abusivas; en otro, una asociaci&oacute;n ciudadana hab&iacute;a recabado datos sobre las redadas y presentado una queja a la Defensora del pueblo; en otro, la ONU elevaba una queja al Gobierno espa&ntilde;ol y ped&iacute;a que las redadas a inmigrantes terminaran; en otro, la defensora del pueblo presentaba un informe al Gobierno y ped&iacute;a que acabase con esa pr&aacute;ctica abusiva e ilegal; en otro, Amnist&iacute;a Internacional denunciaba las redadas indiscriminadas a inmigrantes; en otro, la Abogac&iacute;a del Estado condenaba las redadas a inmigrantes por inconstitucionales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No sirve de nada. Nada sirve de nada&rdquo;, lloraba Moises. &ldquo;C&oacute;mo es posible que nada sirva de nada (<em>dara sotiwul, dara sotiwul!)</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De pronto, consigui&oacute; serenarse.
    </p><p class="article-text">
        Ahora ten&iacute;a miedo, otra vez, le cont&oacute; a su amigo &ndash;proven&iacute;an del mismo barrio de Dakar, hab&iacute;an crecido juntos y Youssou hab&iacute;a sido su referente en Madrid: se quer&iacute;an&mdash;. Hac&iacute;a una semana que hab&iacute;a habido amotinados entre quienes iban a ser conducidos hacia el aeropuerto. De alg&uacute;n modo se hab&iacute;an percatado de que los trasladaban para expulsarlos, y de que aquello era el fin, y ofrecieron toda la resistencia que pudieron. Los polic&iacute;as se las hab&iacute;an visto y deseado, as&iacute; que ahora no era la polic&iacute;a la que ven&iacute;a a por ellos, sino el ej&eacute;rcito; un n&uacute;mero mucho mayor de hombres y mujeres. Ten&iacute;a miedo porque no sab&iacute;a c&oacute;mo reaccionar&iacute;a cuando lo fueran a expulsar, y, si no se controlaba, los soldados le har&iacute;an da&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;T&uacute; nunca te has peleado&rdquo;, observ&oacute; Youssou, haci&eacute;ndole ver que &eacute;l no era una persona violenta.
    </p><p class="article-text">
        Pero Moises neg&oacute;, no era eso, no se trataba de que &eacute;l fuese una persona violenta. Lo que pasaba era que no pod&iacute;a m&aacute;s. Sent&iacute;a que aquella situaci&oacute;n lo hab&iacute;a desbordado. No controlaba su estado de nerviosismo.
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        Lamin dijo que todo lo que estaba pasando era cosa de Rubalcaba, el Ministro de Interior. Un peri&oacute;dico hab&iacute;a publicado el documento interno de la polic&iacute;a con las &oacute;rdenes expresas del ministerio de expulsar a todos los inmigrantes sin papeles que fuera posible. Ibra y Khassim rieron: &ldquo;S&iacute;&rdquo;, dijo Ibra, &ldquo;y a Rubalcaba le preguntaron en el congreso y respondi&oacute; que no, que no hay redadas a inmigrantes, que eso ser&iacute;a inconstitucional&rdquo;. Rieron m&aacute;s, al fin y al cabo eso es lo que se dice de los pol&iacute;ticos, que mienten con la cara muy dura, y ellos, que conoc&iacute;an la verdad, no pod&iacute;an menos que re&iacute;r ante la cara tan dura que hab&iacute;a que tener para decir en el Parlamento que no hab&iacute;a redadas. No solo hab&iacute;a redadas, hab&iacute;a de todo lo que nunca antes hab&iacute;a habido, una persecuci&oacute;n en toda regla.
    </p><p class="article-text">
        Se encontraban en el sal&oacute;n, acababan de dar cuenta de una merluza con un peque&ntilde;o relleno de picante, sobre un arroz en salsa roja (<em>thiebou diem</em>), servida en una sola fuente redonda, y comenzaban a beber agua y zumo y <em>bissap</em>. Tambi&eacute;n nos encontr&aacute;bamos all&iacute; Khadija, que hab&iacute;a hecho la mayor parte de la comida, Fatou, Tambi, Kumba y yo (adem&aacute;s de los ni&ntilde;os), y, mientras Khassim se hac&iacute;a con un peque&ntilde;o port&aacute;til para buscar, divertido, las im&aacute;genes del Ministro diciendo aquello en el Congreso, Ibra se puso a contarnos &ndash;especialmente a Kumba y a m&iacute;&mdash;, que lo hab&iacute;an parado en plena Gran V&iacute;a. Al parecer la polic&iacute;a no pod&iacute;a ver a un negro conduciendo un coche (ni una sola vez le hab&iacute;an dicho en un control que siguiera camino sin m&aacute;s). Detenido en un sem&aacute;foro, en cuanto Ibra hab&iacute;a observado que all&aacute; adelante ven&iacute;a un coche de polic&iacute;a con el que, inevitablemente, se cruzar&iacute;a, supo que le hab&iacute;a tocado de nuevo; aun as&iacute;, cuando pasaron junto a &eacute;l, desvi&oacute; la mirada hacia la radio, para evitar el contacto visual, por si colaba, pero enseguida vio en el retrovisor que el coche de polic&iacute;a daba la vuelta en redondo, salt&aacute;ndose la l&iacute;nea continua de la Gran V&iacute;a; as&iacute; que, con toda tranquilidad, en medio del tr&aacute;fico, en cuanto el disco se puso en verde, se hizo a un lado y detuvo el coche y se baj&oacute; para esperarlos, lo que produjo cierto desconcierto en la pareja de polic&iacute;as, que ya se dispon&iacute;a a activar las luces y la sirena para reclamarle aquello que ya hab&iacute;a hecho. De pronto se lo encontraron detenido all&iacute;, esper&aacute;ndolos, y se inquietaron por lo inusual de la circunstancia.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello lo contaba Ibra apoy&aacute;ndose en la eficacia de su expresividad corporal, haciendo unas veces de polic&iacute;as y otras de s&iacute; mismo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Documentaci&oacute;n&rdquo;, le dijo uno de los polic&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Documentaci&oacute;n...&rdquo;, respondi&oacute; &eacute;l, y le entreg&oacute; el NIE.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Papeles del coche&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Papeles del coche&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Te lo tienes bien aprendido&hellip;&rdquo;, ironiz&oacute; el otro polic&iacute;a mientras el primero revisaba los papeles, &ldquo;as&iacute; me gusta, s&iacute; se&ntilde;or&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Trabajas en telef&oacute;nica?&rdquo;, dijo el primero se&ntilde;alando el coche.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No, lo llevo pintado as&iacute; porque me gusta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ibra se hab&iacute;a puesto en pie y se alter&oacute; cont&aacute;ndonos aquello, gesticulaba y se mostraba irritado: &ldquo;Para qu&eacute; preguntan tonter&iacute;as, que miren la documentaci&oacute;n: &iquest;est&aacute; bien?, est&aacute; bien; &iquest;est&aacute; mal?, est&aacute; mal. Pero que se dejen de historias, <em>bu ma rey ak vakh</em>, gilipollas, <em>bu ma rey ak vakh </em>(d&eacute;jate de tonter&iacute;as)&rdquo;, dijo a Tambi en wolof.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto est&aacute; todo en regla&rdquo;, admiti&oacute; el primero de los polic&iacute;as, pero no le devolvi&oacute; la documentaci&oacute;n. El otro, sin embargo, ya se volv&iacute;a para el coche.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A ver, majete&rdquo; (ahora s&iacute; le devolvi&oacute; la documentaci&oacute;n y le sonri&oacute;, afable), &ldquo;me abres el cap&oacute;, por favor&rdquo;, y ech&oacute; a andar hacia all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Aacute;brelo t&uacute;&rdquo;, Ibra se qued&oacute; quieto.
    </p><p class="article-text">
        El polic&iacute;a acus&oacute; la negativa con sorpresa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Venga, &iquest;no dices que est&aacute; todo en regla? No te hagas el guay conmigo; me hab&eacute;is parado porque os ha dado la gana, me est&aacute;n esperando para ver una aver&iacute;a en ese edificio de ah&iacute; y estoy llegando tarde por vuestra culpa, as&iacute; que haz lo que tengas que hacer, pero yo no soy tu colega, haz tu trabajo y ah&oacute;rrate el buen rollo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vale, vale, pero no te pongas chulo, &iquest;eh?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Su compa&ntilde;ero ya regresaba sobre sus pasos, con hast&iacute;o, a ver por qu&eacute; se complicaba aquello. En vez del cap&oacute;, el primero abri&oacute; el maletero, mientras su compa&ntilde;ero llegaba junto a ellos con adem&aacute;n de transmitirle que no merec&iacute;a la pena, que lo dejara.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Y todos estos <em>router</em>?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ibra no se molest&oacute; en mirar dentro del maletero para ver las cajas con los <em>router</em> en el fondo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Son tuyos todos estos <em>router</em>?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No&rdquo;, dijo Ibra con sequedad, sin apartar la vista del polic&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;C&oacute;mo que no, est&aacute;n en tu coche. &iquest;Son tuyos o no son tuyos?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No, esos <em>router</em> no son m&iacute;os&rdquo;, lo desafi&oacute; Ibra con la mirada. Era obvio que no eran suyos, sino de la compa&ntilde;&iacute;a, &eacute;l solo trabajaba con ellos.
    </p><p class="article-text">
        El polic&iacute;a cerr&oacute; el maletero.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vale&rdquo;, dijo, &ldquo;puedes continuar&rdquo;, y se separ&oacute; del coche.
    </p><p class="article-text">
        El otro polic&iacute;a se le acerc&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo siento, t&iacute;o. La cosa est&aacute; muy jodida. Si no lo hici&eacute;ramos se nos caer&iacute;a el pelo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ibra nos cont&oacute; que no dijo nada, ya hab&iacute;a tenido suficiente y percib&iacute;a un fuerte amargor debajo de la lengua, as&iacute; que hab&iacute;a subido al coche de su trabajo y se hab&iacute;a marchado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Que comprendiera que si no lo hac&iacute;an se les ca&iacute;a el pelo!, pues por eso, haz tu puto trabajo y d&eacute;jate de historias&rdquo;, se enervaba Ibra repitiendo la an&eacute;cdota mientras todos se hac&iacute;an cargo de sus sentimientos y re&iacute;an y se indignaban; salvo Khassim, que, al contrario, baj&oacute; la mirada y zarande&oacute; la cabeza para s&iacute;. Pens&eacute; que tal vez estar&iacute;a pensando que &eacute;l, sin papeles, no ten&iacute;a la posibilidad de enfrentarse de aquel modo a los polic&iacute;as. No todos se encontraban en la misma situaci&oacute;n, a pesar de ser negros y proceder del mismo pa&iacute;s. Percib&iacute; cierta envidia (quiz&aacute; orgullo o admiraci&oacute;n contenida) por parte de Khassim y Tambi hacia su amigo Ibra, y, al tiempo, me pareci&oacute; que a Ibra no le importaba que se notara que su situaci&oacute;n en el pa&iacute;s no era la misma que la de ellos; al contrario, tal vez era una de las razones por las que contaba aquel tipo de historias. 
    </p><p class="article-text">
        6
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ablay era un senegal&eacute;s maduro, de aspecto elegante y maneras de se&ntilde;or, y uno de los pocos que llegaron a Madrid a principios de los 90, cuando apenas hab&iacute;a negros en Espa&ntilde;a; entonces todos ellos se dedicaban a vender Winstom y Marlboro de contrabando a la salida del metro, como los marroqu&iacute;es, e hicieron dinero, m&aacute;s de uno puso negocio propio, compr&oacute; piso, se hizo casa en Senegal, se trajo a toda la familia o se cas&oacute; y tuvo 3 o 4 hijos. Estuvo bien, aquello. Y ahora esto.
    </p><p class="article-text">
        Ablay sol&iacute;a contar que iba caminando tan tranquilo por una calle de Embajadores, de paseo (hacia donde cre&iacute;a que encontrar&iacute;a a su gente, es decir, sin un destino del todo claro), cuando, al rebasar una esquina, atisb&oacute; a un par de polic&iacute;as, se par&oacute; en seco, mir&aacute;ndolos con los ojos muy abiertos, y ech&oacute; a correr en direcci&oacute;n contraria, lo que propici&oacute; que los polic&iacute;as lo persiguieran. Huy&oacute; deprisa, peg&aacute;ndose a las paredes de las casas; est&aacute; en buena forma &ndash;y los polic&iacute;as, no tanto&mdash;, as&iacute; que la persecuci&oacute;n por las calles se alarg&oacute; durante un buen rato, recorrieron varias manzanas y Ablay hizo que los polic&iacute;as dieran varias vueltas a un edificio, de la forma m&aacute;s absurda (sub&iacute;a por una calle, bajaba por la otra, y vuelta a empezar). Hizo que los polic&iacute;as sudaran la gota gorda, hasta que lo alcanzaron y consiguieron darle el alto. Cuando por fin llegaron junto a &eacute;l, resoplando y malhumorados, y le pidieron a gritos la documentaci&oacute;n, Ablay les mostr&oacute;, con adem&aacute;n asustado, su DNI.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Pero, pero&hellip;&rdquo;, balbuce&oacute; uno de los polic&iacute;as, &ldquo;&iquest;tienes la nacionalidad? &iquest;Eres espa&ntilde;ol?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iexcl;S&iacute;!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iquest;&iexcl;Entonces por qu&eacute; corres!?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iexcl;Porque me persegu&iacute;an&hellip;!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iexcl;Joder, me cago en...! Nada t&iacute;o, d&eacute;jalo, que es espa&ntilde;ol&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iquest;Y entonces por qu&eacute; corr&iacute;a? &iexcl;Joder!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;M&iacute;ralo, es un listo, &iquest;no los ves? Se est&aacute; descojonando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ablay neg&oacute;, aunque sin ocultar una leve sonrisa. La jugarreta se le hab&iacute;a ocurrido as&iacute;, de pronto, sobre la marcha. Y estaba bien.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iexcl;Me cago en la puta!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; cabr&oacute;n!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iexcl;Joder!&rdquo; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iexcl;Anda, l&aacute;rgate!, puedes irte, &iexcl;pero que no se repita!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iexcl;Joder!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Que no lo repitiera, le dec&iacute;an&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Ablay se pas&oacute; unos meses provocando que la polic&iacute;a lo persiguiera cada vez que se topaba con esta en alg&uacute;n lugar. Era lo m&iacute;nimo que pod&iacute;a hacer. Adem&aacute;s, se dio cuenta de que luego se lo pod&iacute;a contar a su gente. Con las carcajadas que les produc&iacute;a aliviaba su desamparo, la frustraci&oacute;n, el miedo, su tristeza. Cualquier emoci&oacute;n que hubiese agazapada all&iacute; adentro sal&iacute;a transformada en regocijo y risas; por un rato. 
    </p><p class="article-text">
        7
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Khadija, que trabajaba en una gran empresa y se desplazaba en metro hasta su oficina porque viv&iacute;a lejos del trabajo, lo cierto era que no le hab&iacute;an pedido su documentaci&oacute;n ni una sola vez a lo largo de los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, aunque sab&iacute;a de las dificultades que estaban atravesando sus amigos y familiares emigrados en Espa&ntilde;a, y no se sent&iacute;a nada c&oacute;moda con la sensaci&oacute;n de que estaba siendo objeto de alguna clase de privilegio, que ella atribu&iacute;a a que la persecuci&oacute;n era mayor hacia los hombres, pero, tambi&eacute;n, a que su manera de vestir y los lugares que frecuentaba (y, por qu&eacute; no, tambi&eacute;n a su modo de estar en estos) le confer&iacute;an ante los polic&iacute;as un estatus ilusorio distinto al del resto de los senegaleses. Posiblemente, ni siquiera fuesen capaces de estar muy seguros de su procedencia cuando la ve&iacute;an por ah&iacute;. Tal vez le atribuyeran cualquier otro estatus &ndash;turista, ciudadana europea, africana &ldquo;misteriosa&rdquo; con posibles, trabajadora de un organismo internacional o de una empresa transnacional, estudiante gringa&mdash;, menos el de inmigrante ilegal, que era a los que buscaban. Hab&iacute;a conseguido regularizar su situaci&oacute;n hac&iacute;a ya unos a&ntilde;os, y hab&iacute;a obtenido (gracias a su formaci&oacute;n) un trabajo nada com&uacute;n entre quienes hab&iacute;an emigrado ilegalmente. En cualquier caso, todo parec&iacute;a indicar que si no le ped&iacute;an la documentaci&oacute;n cada vez que la ve&iacute;an, como suced&iacute;a con tantos senegaleses, era por prejuicios (apariencias, clasismo, discriminaci&oacute;n positiva); en definitiva, se trataba de una injusticia que la beneficiaba y se sumaba a la injusticia de que persiguieran, para detenerlas y echarlas del pa&iacute;s, a personas que no hab&iacute;an hecho nada malo.
    </p><p class="article-text">
        Khadija quer&iacute;a solicitar un permiso para que su madre pudiera venir a verla, hab&iacute;a averiguado los pasos que deb&iacute;a dar y lo primero era presentar una &ldquo;carta de invitaci&oacute;n&rdquo; junto con una serie de documentos. Quer&iacute;a que su madre viera c&oacute;mo viv&iacute;a en Espa&ntilde;a, le hac&iacute;a ilusi&oacute;n tener a su madre en casa, deseaba tener a su madre para ella sola. Quer&iacute;a llevarla de compras a El Corte Ingl&eacute;s, ense&ntilde;arle el Museo del Prado y presentarla a sus amigas del trabajo. Se imaginaba a su madre, maravillosa, con su gran bub&uacute; y su pa&ntilde;uelo en la cabeza, en todos esos sitios. Se la imaginaba en el supermercado y en la pasteler&iacute;a, comprando el pan, diciendo unas palabras en espa&ntilde;ol. La llevar&iacute;a al cine, quer&iacute;a ver una pel&iacute;cula con su madre, ellas dos juntas en la sala &ndash;su madre no hab&iacute;a ido nunca al cine&mdash;, le contar&iacute;a al o&iacute;do lo que dec&iacute;an los personajes en espa&ntilde;ol o ingl&eacute;s, o ir&iacute;an a ver una pel&iacute;cula francesa en versi&oacute;n original. Era un sue&ntilde;o lindo, ahora le hab&iacute;a dado por ah&iacute;, se lo hab&iacute;a ganado, y su madre tambi&eacute;n. Su madre ten&iacute;a muchos m&aacute;s hijos, pero solo ella pod&iacute;a ofrecerle aquel viaje, su &uacute;nico viaje lejos de Gambia y Senegal, su &uacute;nica visita a Occidente; a una ciudad con teatros, tiendas y avenidas iluminadas; una ciudad desbordante de energ&iacute;a el&eacute;ctrica. Khadija sab&iacute;a que no ser&iacute;a sencillo, ya hab&iacute;a hecho gestiones de aquel tipo para otras personas en el pasado, y siempre hab&iacute;a sido un engorro de papeles seguido de una larga y desesperante espera de a&ntilde;os, y sab&iacute;a que, posiblemente, ahora resultar&iacute;a a&uacute;n peor.
    </p><p class="article-text">
        Khadija sali&oacute; de trabajar, fue a casa, recogi&oacute; a su hijo de 6 a&ntilde;os, que ya hab&iacute;a hecho los deberes del cole (para que Mar&iacute;a, la se&ntilde;ora que lo recog&iacute;a y llevaba a casa por las tardes, pudiera marcharse), y se dirigi&oacute; a la Comisar&iacute;a de Polic&iacute;a. Su hijo, se dec&iacute;a, ten&iacute;a todo el derecho del mundo a recibir la visita de su abuela. Ellos ya la hab&iacute;an visitado en Senegal hac&iacute;a un par de a&ntilde;os, cuando el ni&ntilde;o ten&iacute;a 4, y ahora ella necesitaba propiciar aquel reencuentro y atesorar la imagen de su hijo y su madre en Madrid. Los llevar&iacute;a a subir en el telef&eacute;rico: har&iacute;a una foto de su hijo y su madre, nieto y abuela, sentados en la cabina del telef&eacute;rico, sobre la Casa de Campo, con Madrid detr&aacute;s de sus sonrisas. Su hijo Jaime hab&iacute;a nacido en Espa&ntilde;a, era hijo de padre espa&ntilde;ol y, por lo tanto, era espa&ntilde;ol. Intent&oacute; cargarse de raz&oacute;n mientras se dirig&iacute;a hacia la Comisar&iacute;a de Polic&iacute;a: el Estado espa&ntilde;ol no pod&iacute;a permitirse andar poniendo obst&aacute;culos para que a aquel ni&ntilde;o lo visitara su abuela. Ser&iacute;a una canallada. Si eso sucediera, convertir&iacute;an a aquel ni&ntilde;o en un espa&ntilde;ol de 4&ordf; categor&iacute;a. Le doli&oacute; pensar aquello, su hijo un ni&ntilde;o de 4&ordf; porque ella hab&iacute;a emigrado de Senegal. No lo permitir&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Dijo al funcionario que quer&iacute;a presentar una &ldquo;carta de invitaci&oacute;n&rdquo; para que su madre, de Senegal, viniera a visitarla a Espa&ntilde;a, y el funcionario la mir&oacute; de arriba abajo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Ah, s&iacute;?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, Khadija advirti&oacute; que al decirle aquello la hab&iacute;a mirado como si ella fuese, sin matices, una mierda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tu madre, &iquest;no?&rdquo;, asinti&oacute; el funcionario como si le diera una bofetada.
    </p><p class="article-text">
        A Khadija casi se le saltan las l&aacute;grimas, se indign&oacute;, qu&eacute; era lo que estaba poniendo en duda aquel tipo, y por qu&eacute;: &iquest;que se tratara realmente de su madre? &iquest;Que ella pudiera presentar una carta de invitaci&oacute;n para que su madre la visitara? &iquest;Qu&eacute;? &iquest;Cu&aacute;l era el problema? &iquest;Cu&aacute;l era <em>su</em> problema?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&iacute;, mi madre&rdquo;, Khadija le tendi&oacute; la carta y los documentos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y qui&eacute;n te ha dicho a ti lo que tienes que traer&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estuve aqu&iacute;&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&iacute; no has estado&rdquo;, la ataj&oacute; el funcionario.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&iacute;, estuve aqu&iacute;, estaban cerrando y el polic&iacute;a de la entrada me dijo&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El polic&iacute;a de la entrada no puede haberte dicho&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&hellip;que entrara en la p&aacute;gina del Ministerio de Interior que ah&iacute; estaba todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El funcionario sonri&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He tra&iacute;do <em>todos</em> los documentos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La p&aacute;gina del Ministerio de Interior&hellip;&rdquo;, el funcionario neg&oacute; ostensiblemente.
    </p><p class="article-text">
        Ella dijo con firmeza:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He tra&iacute;do <em>todos</em> los documentos del listado que figura en la web del Ministerio de Interior&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ten&iacute;as que haber venido aqu&iacute;, en la web no es. Estos son los documentos&rdquo;, le tendi&oacute; un papel con el listado de la documentaci&oacute;n requerida y a Khadija, de nuevo, casi se le saltan las l&aacute;grimas al comprobar que aquel listado era 4 veces m&aacute;s largo que el que figuraba en la web del Ministerio.
    </p><p class="article-text">
        El funcionario parec&iacute;a feliz.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Ves?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Entonces lo que dice la web del Ministerio no sirve?&rdquo;, protest&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El funcionario se encogi&oacute; de hombros y neg&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Khadija iba a rebatirle con dureza, c&oacute;mo era posible que en la web del Ministerio figurara una informaci&oacute;n incompleta, que no era veraz; c&oacute;mo era posible que &eacute;l la tratara as&iacute;, c&oacute;mo era posible que disfrutara tanto trat&aacute;ndola as&iacute;; pero repar&oacute; en su hijo, a su lado, y tambi&eacute;n pens&oacute; que si alzaba la voz y pon&iacute;a a parir al funcionario perder&iacute;a en el acto toda posibilidad de conseguir lo que quer&iacute;a, porque aquel tipo encontrar&iacute;a cualquier excusa para pon&eacute;rselo todav&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil y, finalmente, no podr&iacute;a hacerse visitar por su madre.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esto es lo que tengo que traer&rdquo;, asever&oacute; Khadija.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando lo tengas todo se lo pasamos a la polic&iacute;a para que te investigue&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Khadija pos&oacute; una mano sobre su hijo. Fue un acto reflejo, como queriendo salvaguardarlo de aquellas palabras tan duras contra ella &ndash;le hubiese tapado los o&iacute;dos&mdash;, y se dispuso a abandonar la comisar&iacute;a agradeciendo hip&oacute;critamente la ayuda del funcionario.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Khadija me cont&oacute; esto imagin&eacute; a aquel tipo con la bandera preconstitucional tatuada en alg&uacute;n lugar de su cuerpo. &ldquo;Ponen a los peores&rdquo;, me dec&iacute;a Khadija, &ldquo;a los m&aacute;s hijos de puta; porque de lo que se trata es de desanimar a la gente&rdquo;. Khadija lloraba y maldec&iacute;a, ella, que tan bien conoc&iacute;a lo espa&ntilde;ol: &ldquo;&iexcl;Puto pa&iacute;s de mierda! &iexcl;Este puto pa&iacute;s de mierda!&rdquo;, y me pareci&oacute; que no le faltaba raz&oacute;n. &ldquo;&iexcl;Yo pago impuestos!&rdquo;, maldijo tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Khadija hab&iacute;a salido a la calle tras el &ldquo;altercado&rdquo; con el funcionario, conteniendo las l&aacute;grimas para que su hijo (muy preocupado) no la viera llorar, se hab&iacute;a detenido a echar un nuevo vistazo a la lista de documentos que ten&iacute;a que presentar y hab&iacute;a comprendido que ser&iacute;a pr&aacute;cticamente imposible que pudiera reunirlos. Hab&iacute;a un buen n&uacute;mero de documentos que tendr&iacute;a que solicitar a Senegal y que, pens&oacute;, posiblemente no existieran; al menos no con aquellos nombres y las caracter&iacute;sticas que les supon&iacute;a. Estaba hecho a posta. &ldquo;Un funcionario facha puede ser muy &uacute;til al Estado si lo que el Estado quiere es tratarte como a la mierda. Ponen a los peores, a los m&aacute;s desagradables hijos de puta. Saben qui&eacute;nes son y los ponen ah&iacute;. Esos no necesitan que los aleccionen mucho en el trabajo para que te traten as&iacute;, vienen aleccionados de casa&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        8
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos hab&iacute;amos escuchado a Ibra contar el d&iacute;a que hab&iacute;a atendido una aver&iacute;a en casa del ex futbolista Zinedine Zidane, o del cantante Antonio Carmona, o de la tonadillera Isabel Pantoja (futbolistas, cantantes, actores, presentadores de televisi&oacute;n&hellip;), confiri&eacute;ndole menos importancia que a sus altercados con polic&iacute;as debidos al celo que estaban poniendo en cumplir el encargo del Ministro. Ibra es soberbio, no le impresiona la fama ni la riqueza de los dem&aacute;s, pero le sublevan las injusticias y los intentos de humillaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En una ocasi&oacute;n, Ibra se encontraba sentado en su coche cuando un tipo se acerc&oacute; y le dijo que all&iacute; no se pod&iacute;a aparcar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo s&eacute;, gracias&rdquo;, le respondi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No, que no se puede aparcar, est&aacute;s delante de un garaje&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo s&eacute;, estoy esperando a un amigo, no me he bajado del coche ni me voy a bajar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Luego dir&aacute;n que si el racismo!&rdquo;, puso el tipo el grito en el cielo justo cuando se acercaba otra persona, como pretendiendo sumar un aliado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ah&iacute; no se puede aparcar&rdquo;, dijo el que llegaba, un se&ntilde;or mayor.
    </p><p class="article-text">
        Ibra, en vista de que lo segu&iacute;an interpelando, abri&oacute; la puerta y se baj&oacute; del coche, lo que, al parecer, los puso nerviosos; el primero se apart&oacute; unos metros, vociferando, y el segundo lo amenaz&oacute; con el bast&oacute;n y grit&oacute; que era polic&iacute;a, sacando y mostrando alg&uacute;n tipo de credencial:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Mira, soy polic&iacute;a, soy polic&iacute;a!&rdquo;, le advirti&oacute; atemorizado, como diciendo, no me toques que...
    </p><p class="article-text">
        Ibra mir&oacute; la credencial (qu&eacute; ser&iacute;a aquello), luego el bast&oacute;n, sonri&oacute; con cierto hast&iacute;o y sigui&oacute; apoyado en el coche, ignor&aacute;ndolo; al parecer, el se&ntilde;or hab&iacute;a encontrado en el color de su piel una oportunidad para &ldquo;venirse arriba&rdquo;; y, en cierto modo, no pod&iacute;a reproch&aacute;rselo, con la que estaba cay&eacute;ndoles a los africanos encima era normal que cualquiera se sintiese con derecho. Entonces llego Javi, el amigo espa&ntilde;ol al que esperaba, y, al reparar en la expresi&oacute;n de su rostro, pregunt&oacute; qu&eacute; estaba pasando.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nada&hellip; Uno que me dec&iacute;a que aqu&iacute; no se puede aparcar, le he dicho que lo s&eacute; y ahora este se&ntilde;or, que dice que es polic&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero Javi no ten&iacute;a la misma paciencia que &eacute;l ante aquel tipo de asuntos, se volvi&oacute; hacia el se&ntilde;or y lo llam&oacute; viejo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Polic&iacute;a t&uacute;? L&aacute;rgate de aqu&iacute;, viejo, d&eacute;jate de hacer el puto rid&iacute;culo, joder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Javi se enfrent&oacute; a los dos y los mand&oacute; a la mierda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Iros a tomar por saco, gilipollas!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ibra rio, &eacute;l estaba mucho m&aacute;s tranquilo que Javi, aunque hab&iacute;a sido el acosado; pero lo comprendi&oacute;, porque hay espa&ntilde;oles que se sienten profundamente avergonzados cuando otros espa&ntilde;oles hostigan injustamente a los inmigrantes, y sab&iacute;a que Javi le ten&iacute;a cari&ntilde;o. Aquella combinaci&oacute;n de amistad y verg&uuml;enza lo hab&iacute;a puesto de tan mala hostia. Javi estaba rojo como un tomate.
    </p><p class="article-text">
        Luego se subieron al coche y se marcharon y, en el coche, cuanto m&aacute;s cabreado parec&iacute;a Javi, m&aacute;s tranquilo se mostraba Ibra, y cuanto m&aacute;s tranquilo se mostraba Ibra, intentando que Javi comprendiera que todo estaba bien, m&aacute;s se indignaba Javi.
    </p><p class="article-text">
        <em>Publicado en la revista digital </em>Fronterad
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/los-negros-esto-es-madrid-nicolas-melini_132_4397070.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jan 2015 23:03:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los negros. Esto es Madrid]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la era del Islam Mcguffin]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/en-la-era-del-islam-mcguffin-nicolas-melini_132_4419240.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>7 de enero de 2015. D&iacute;a de los atentados:</em>
    </p><p class="article-text">
        El horror del fanatismo criminal. Y en medio un mont&oacute;n de gente inocente, v&iacute;ctimas. Pero no nos enga&ntilde;emos, no es religi&oacute;n, o no solo, es pol&iacute;tica. Lo que el terrorismo pretende es sembrar el odio y abonar el terreno para que se creen dos bandos bien enfrentados, que no nos quede m&aacute;s remedio que el enfrentamiento. Ese ser&iacute;a su poder, los har&iacute;a mucho m&aacute;s poderosos. Son unos verdaderos malnacidos, y los que se les oponen con virulencia muchas veces tambi&eacute;n persiguen empoderarse, hacer pol&iacute;tica... para ganar adeptos y ser poderosos. Esta lucha pol&iacute;tica beneficia tanto a los radicales islamistas como a Marine Le Pen y un largo etc&eacute;tera de grupos que hacen pol&iacute;tica islam&oacute;foba. Ninguno de ellos nos quiere bien, van a lo suyo. No hay problema, el problema es que ellos quieren el problema porque les conviene. La respuesta adecuada es con las leyes en la mano. Justicia.
    </p><p class="article-text">
        <em>7 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        No es religi&oacute;n, es pol&iacute;tica. Hay demasiada gente con poder abogando por un mundo con dos grandes enemigos enfrentados a cara de perro, &ldquo;ilustraci&oacute;n&rdquo; versus &ldquo;islam&rdquo; (y lo entrecomillo porque de lo que se trata es de versiones manipuladas de ambas cosas), &ldquo;occidente&rdquo; versus &ldquo;islam&rdquo;, a la manera de capitalismo versus comunismo. A m&iacute; me parece, la que pretenden, una ficci&oacute;n de muy mal gusto. La quieren pasar por inevitable. Es completamente evitable. El papel que se nos reserva en esa ficci&oacute;n es el de peque&ntilde;os verdugos y/o v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        <em>8 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        Hay mucho intelectual &ldquo;liberal&rdquo; defendiendo las libertades &ndash;b&aacute;sicamente&mdash; de los de <em>arriba</em>, aplacando cualquier reclamaci&oacute;n de libertad por parte de los de <em>abajo</em> (esto es: obviando tantas veces los ataques a las libertades del com&uacute;n por parte de quienes ostentan el poder econ&oacute;mico y pol&iacute;tico). En algunos casos, no debiera ser. El liberal se enfrenta intelectualmente al absolutismo y obtiene libertades para el com&uacute;n. Leerle a Arcadi Espada &ndash;como hoy y demasiadas veces ya&mdash; eso de la &ldquo;abrasadora superioridad moral de occidente&rdquo;, provoca una cierta arcada, precisamente una arcada liberal. En realidad, tal vez no sean tan liberales; son conservadores, y reaccionarios, y suelen tener mucho menos encaje de ideas distintas a las suyas que lo que dicen. Tiene gracia, esos &ldquo;liberales&rdquo; se r&iacute;en de la &ldquo;supuesta superioridad moral&rdquo; de la izquierda (y no digo yo que les falte raz&oacute;n en ciertas ocasiones, aunque exageren un poco, hasta el punto de denigrar a la progres&iacute;a que incurre en el error de creerse moralmente superiora), &iexcl;y luego proclaman &ldquo;la abrumadora superioridad moral de occidente!&rdquo;. Tengo la sensaci&oacute;n de que, taimadamente, y a veces ni siquiera, abogan por una Europa Le Pen enfrentada a esa abrumadora inferioridad moral de... no s&oacute;lo los islamistas radicales: en esa abrumadora inferioridad que atribuyen a <em>los otros</em>, cabe much&iacute;sima gente, no solo los asesinos islamistas
    </p><p class="article-text">
        <em>8 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;xito de los terroristas, m&aacute;s terrorismo. En Par&iacute;s, &ldquo;alguien&rdquo; ha hecho estallar un artefacto explosivo cerca de un donner kebab, y otro &ldquo;alguien&rdquo; ha lanzado dos granadas de mano contra una mezquita. La &uacute;nica respuesta posible es la policial y la judicial, contra todos los que atenten; lo &uacute;nico que nos salva y soluciona y arregla es el estado de derecho. Cuidado con emitir exabruptos islam&oacute;fobos en internet. El otro d&iacute;a, un tipo dijo una barbaridad sobre lo del polic&iacute;a que fue empujado a las v&iacute;as del tren y lo detuvieron. Si las autoridades saben lo que se hacen, actuar&aacute;n tanto contra los que celebren las muertes de los periodistas de Charlie Hebdo como contra los que hagan apolog&iacute;a de la violencia contra los musulmanes o llamen a tomarse la justicia por su mano. 
    </p><p class="article-text">
        <em>9 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        La exigencia de algunos (Sostres &amp; co.) de que los musulmanes <em>den la cara</em> y <em>salgan</em> y <em>se manifiesten</em> en contra de los atentados yihadistas de Par&iacute;s, es una idea con trampa. Lo que quieren es identificar al supuesto enemigo para poder atacarle pol&iacute;ticamente, un modo de crear un estatus quo que les interesa, en el que ellos sean protagonistas (s&iacute;, los musulmanes tambi&eacute;n ser&iacute;an protagonistas, pero para mal). Es mejor que no salgan a decir que condenan los atentados. Ya lo hacen las organizaciones oficiales relacionadas con su religi&oacute;n. Lo hacen siempre, aunque algunos pretenden que no se enteran o que no es suficiente. O muy tontos. O malas personas que esperan sacar algo de los atentados.
    </p><p class="article-text">
        <em>9 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n era el Presidente de Francia cuando estos 2 hermanos terroristas (los hermanos Kouachi) eran ni&ntilde;os e iban a la escuela?
    </p><p class="article-text">
        En Madrid hay colegios gueto. No creo que la situaci&oacute;n en Madrid sea tan tremenda como parece que ha sido en algunos barrios de Par&iacute;s las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, pero tampoco parece que el problema del terrorismo de este tipo haya terminado aqu&iacute;. Y este terrorismo tambi&eacute;n se debe a problemas de &iacute;ndole social; falta de expectativas, pocas razones para identificarse con su propio pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;nes son los gobernantes de Espa&ntilde;a durante este tiempo en el que hay colegios gueto en Espa&ntilde;a? &iquest;Se har&aacute;n responsables si, en el futuro, uno de esos ni&ntilde;os espa&ntilde;oles atenta?
    </p><p class="article-text">
        <em>10 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        El humor de Charlie Hebdo es indispensable. Y por supuesto que no es ni racista ni islam&oacute;fobo.
    </p><p class="article-text">
        En un primer momento, la decisi&oacute;n de tantos medios de comunicaci&oacute;n de Estados Unidos de no publicar sus dibujos puede resultar muy decepcionante. S&iacute;, el miedo es comprensible. S&iacute;, a muchos nos gustar&iacute;a que hicieran una defensa m&aacute;s valiente de la libertad de expresi&oacute;n. C&oacute;mo es posible que &ldquo;falle&rdquo; EE.UU. en eso. Lo cierto es que all&iacute; tienen muy arraigada una suerte de cultura de la no agresi&oacute;n medi&aacute;tica a las creencias de ning&uacute;n grupo humano, que nosotros no llegamos a compartir. Muchas de las cosas que leemos por aqu&iacute;, all&iacute; son impensables, incluso penadas (y aqu&iacute; no son penadas ni aunque se haya legislado que lo sean). Tal vez seamos m&aacute;s liberales. Tal vez seamos m&aacute;s cafres. Podemos hacer un mill&oacute;n de consideraciones sobre ello. Pero es evidente que EE.UU. se posiciona del lado de la religi&oacute;n, enfrente de ateos y blasfemos.
    </p><p class="article-text">
        <em>11 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Vieron anoche la Noche Tem&aacute;tica de TVE? El reportaje no llega a ISIS, se centra en el proceder de &ldquo;Al-Qaeda en el Magreb&rdquo;, pero lo mismo sirve para hacerse uno una idea de lo que est&aacute; pasando. 2 cosas: el &ldquo;verdadero&rdquo; enemigo, armado y dispuesto a todo, se encuentra tan lejos de poder hacernos un da&ntilde;o real (a occidente, a nuestros valores, a nosotros mismos) como que 1. se trata de cuatro gatos, 2. no tienen la complicidad de pr&aacute;cticamente nadie en el mundo isl&aacute;mico, 3. se trata, no de musulmanes, sino de grupos que quieren tomarse el poder por su mano, sobre todo, el poder de los d&eacute;biles gobiernos locales; amenazan a occidente, pero el poder de occidente les queda muy lejos y muy grande, y, de hecho, les queda tan lejos y tan grande como que tienen que tratar de legitimarse en zonas como el desierto o estados medio desmantelados como Iraq, 4. el peligro real para nosotros es que se hagan con zonas de las que proceden los recursos energ&eacute;ticos con los que funcionamos, como el petr&oacute;leo y el gas que nos llega por Argelia (habr&aacute; quien objete que nuestra captura de esos recursos no es leg&iacute;tima, habr&aacute; a quien no le importe si lo es o no lo es, hay muchas consideraciones que hacer en ese debate, que nunca se produce pero ya va siendo inevitable). Atentar en Francia, por tanto, a los yihadistas les sirve, primero, para tratar de &ldquo;legitimarse&rdquo; en su lucha por obtener el poder local all&iacute; donde se encuentran; es &ldquo;prestigio&rdquo; para lo local, primero de todo, y publicidad para lo global, despu&eacute;s de todo. Aprovechan internet para tratar de hacerlo global y para atraer a j&oacute;venes que viven en occidente y se encuentran perdidos, sin salida, sin futuro. Por supuesto, no es una cuesti&oacute;n religiosa, sino de poder (el Islam es una coartada), ellos se dedican a secuestrar, traficar, degollar, etc., lo que les aleja mucho de ser lo que, por regla general, se conoce por buenas personas musulmanas &ndash;o &ldquo;buenos musulmanes&rdquo;, a secas&mdash;, entre los que habr&aacute; de todo (1.157 millones, estimado en todo el mundo, contra los apenas miles de yihadistas que tratan de afianzar su poder por medio de la violencia). Las principales v&iacute;ctimas de esos yihadistas son los propios musulmanes que se encuentran en las &aacute;reas en las que los yihadistas pelean por el poder local. Hablamos de cientos de miles de v&iacute;ctimas musulmanas. Cuando una de esas v&iacute;ctimas, aunque sea una sola, se produce en occidente, nuestra histeria lo magnifica y convierte en una amenaza global de proporciones abrumadoramente superiores a las reales: como cuando se ha producido un contagio de &eacute;bola entre nosotros. Hay que saber qui&eacute;n es el enemigo y qui&eacute;n nos quiere hacer da&ntilde;o de verdad y cu&aacute;l es la fuerza real que tiene y d&oacute;nde nos puede hacer da&ntilde;o y por qu&eacute;, con qu&eacute; objetivo y con qu&eacute; consecuencias (las reales, no las de la histeria y los pruritos y los intereses de otros grupos que lo usan para hacerse poderosos localmente, aqu&iacute;). Vayamos &ldquo;acostumbr&aacute;ndonos&rdquo; (inform&aacute;ndonos para dirimir r&aacute;pidamente y no hacer el rid&iacute;culo de la &ldquo;histeria eb&oacute;lica&rdquo;); esto va a ser as&iacute;, posiblemente, durante mucho tiempo, y se cobrar&aacute; m&aacute;s v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        <em>11 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        Tratamos a los musulmanes de Espa&ntilde;a (1.732.000 personas, nacidas aqu&iacute; y/o venidas de otros lugares), como si fueran &ldquo;otra cosa&rdquo;, como si &ldquo;no fueran nosotros&rdquo;, o su religi&oacute;n no fuera &ldquo;parte de este pa&iacute;s&rdquo;. No es as&iacute; y eso tiene que cambiar.
    </p><p class="article-text">
        <em>13 de febrero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        Ante la imagen de la cabecera de la manifestaci&oacute;n de las autoridades pol&iacute;ticas contra el terrorismo yihadista convertida en un meme en el que se sustituye el eslogan <em>Je suis Charlie</em> por <em>Je suis hypocrite</em>:
    </p><p class="article-text">
        si ejerces mal el poder, te deslegitimas (Tremenda la deslegitimaci&oacute;n obtenida por Bush en su respuesta al 11 de septiembre, y la cosa contin&uacute;a).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Uacute;nicamente estamos obligados a obedecer a los poderes leg&iacute;timos&rdquo;. El contrato social. Jean-Jacques Rousseau
    </p><p class="article-text">
        <em>13 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        Completamente de acuerdo con J.J. Armas Marcelo.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El multiculturalismo es un fracaso. La gente habla sin saber. El multiculturalismo es todo lo contrario del interculturalismo y genera el gueto, con todas sus consecuencias tribales y marginales. El interculturalismo es mestizaje, y de ninguna manera es asimilaci&oacute;n, sino todo lo contrario. La ley es igual para todos, en deberes y derechos. La asimilaci&oacute;n le exige al inmigrante convertirse en un ciudadano que debe adaptarse absolutamente al nuevo pa&iacute;s y debe abandonar todas sus creecias y principios: es totalitarismo. El interculturalismo s&oacute;lo exige cumplimiento de la ley del pa&iacute;s al que se llega a vivir, no que se pierdan costumbres y tradiciones, salvo las que est&eacute;n por encima de las leyes de los ciudadanos. El multiculturalismo reproduce los errores del pa&iacute;s de origen y no acepta el mestizaje. Me declaro una vez m&aacute;s partidario del interculturalismo y del mestizaje, me declaro enemigo directo y activo del multiculturalismo y de la asimilaci&oacute;n. Se usan con profundo desconocimiento estos t&eacute;rminos y sus conceptos en los medios de informaci&oacute;n. Un error que confunde a mucha gente&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Lo que toca no es el multiculturalismo (ah&iacute; estamos), sino el interculturalismo, un paso m&aacute;s. El multiculturalismo es una etapa anterior al interculturalismo y estuvo bien y sirvi&oacute; para la convivencia. Varias culturas viven juntas pero no revueltas. Unos en un sitio y otros en el otro. Se han de respetar: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Pero, en estos momentos, Libertad, Igualdad, Fraternidad es un eslogan que est&aacute; muerto, que no nos sirve para afrontar estos problemas porque es tan solo un barniz que se le pone por encima a la sociedad, sin que suponga un verdadero pegamento social: las fisuras culturales siguen en medio y siempre hay alguien dispuesto a meter una cu&ntilde;a pol&iacute;tica para separar. El paso que toca es el interculturalismo, el mestizaje, all&iacute; donde ya no es necesario apostillar Libertad, Igualdad, Fraternidad, porque es as&iacute; de facto. Lo dec&iacute;a por aqu&iacute;: tratamos al mill&oacute;n setecientos mil musulmanes espa&ntilde;oles como si fueran otra cosa, como si no fueran nosotros. He ah&iacute; una fisura terrible. Todo el debate que se ha producido a ra&iacute;z de los atentados de Par&iacute;s se encuentra minado por expresiones que delatan que no nos creemos que seamos lo mismo (ateos, cristianos, musulmanes, gn&oacute;sticos, jud&iacute;os...). Lo que antes fue pegamento (Libertad, Igualdad, Fraternidad) ahora es mero barniz. Los medi&aacute;ticos &ldquo;guardianes&rdquo; de la civilizaci&oacute;n occidental (Arcadi Espada, Salvador Sostres, Federico Jim&eacute;nez Losantos, Daniel Arjona, etc.) esgrimen la secularizaci&oacute;n de la sociedad propiciada por la Ilustraci&oacute;n de un modo que es excluyente, para segregar.
    </p><p class="article-text">
        <em>14 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute; que recordar a cierta progres&iacute;a para que, m&aacute;s o menos, sirven las teor&iacute;as conspirativas. Aqu&iacute; hemos padecido una nada m&aacute;s y nada menos que 10 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <em>14 de enero de 2015</em>
    </p><p class="article-text">
        Nos encontramos en la era del Islam McGuffin.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/en-la-era-del-islam-mcguffin-nicolas-melini_132_4419240.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jan 2015 09:56:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En la era del Islam Mcguffin]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sr. Profesor El Hadji Amadou Ndoye]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/sr-profesor-el-hadji-amadou-ndoye-nicolas-melini_132_4434174.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Es extra&ntilde;o para m&iacute; hablar sobre El Hadji Amadou Ndoye. Comienzo a escribir esto sentado junto a un butac&oacute;n en el que &eacute;l se sent&oacute; alguna vez, en casa, en Madrid, y nunca pens&eacute; que me encontrar&iacute;a en esta tesitura, y menos tal d&iacute;a como hoy, en 2013, tan pronto. Como bien saben, el profesor Ndoye falleci&oacute; &ndash;a&uacute;n no se hab&iacute;a jubilado de su trabajo del Departamento de Espa&ntilde;ol en la Universidad Cheik Anta Diop de Dakar&mdash;, demasiado joven, a los 65 a&ntilde;os de edad, a&uacute;n no hace 1 a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Cuando pienso en &eacute;l y entrevero su gesto, su forma de hablar y estar, comprendo que El Hadji Amadou Ndoye era un hombre reflexivo, as&iacute; como portador de una honorabilidad y una bonhom&iacute;a que, tras haber conocido a muchos senegaleses, me resulta familiar, aunque en su caso estas llegasen algo m&aacute;s lejos debido a su educaci&oacute;n y su claridad de principios. Hund&iacute;a sus ra&iacute;ces, a conciencia, en su pa&iacute;s, al mismo tiempo que se comportaba como avanzadilla de este que mira hacia fuera, y alcanz&oacute; a participar en el &aacute;mbito espa&ntilde;ol hasta el punto de hacerse acreedor, por ejemplo, de este homenaje. Todo ello le convert&iacute;a en un senegal&eacute;s cl&aacute;sico en muchos aspectos, pero, tambi&eacute;n, en un senegal&eacute;s tremendamente moderno, y, finalmente, en un ser excepcional.
    </p><p class="article-text">
        El senegal&eacute;s, por lo general, es persona agradable, amable y educada &ndash;o tal vez debiera decir considerada con los dem&aacute;s&mdash;. Aventurar&eacute; que uno de los posibles or&iacute;genes de su gen&eacute;rica calidad de trato pudiera ser su educaci&oacute;n en familias numerosas en las que los individuos adolecen de la posibilidad de atesorar la menor posesi&oacute;n, lo que les vuelca sobre las personas desde peque&ntilde;os. Son muchos y, normalmente, no tienen cosas: la primera posibilidad de individualismo se suele abrir tarde para ellos, ya adultos, con las primeras posesiones; de peque&ntilde;os no tienen otra posibilidad que entretenerse e interactuar con los dem&aacute;s, incluso en el caso de quienes, por car&aacute;cter, sean m&aacute;s ego&iacute;stas. Por supuesto, luego cada cual es cada cual, el car&aacute;cter particular se impone. Y, por otro lado, en Senegal tambi&eacute;n hay ricos, gente que siempre tuvo de todo y a la que nunca le falt&oacute; de nada (aunque sean los menos y yo no los haya tratado).
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, Senegal es un mundo m&aacute;s &ldquo;s&oacute;lido&rdquo; que el nuestro en la actualidad, y por ello lento, ceremonioso. No s&eacute; si han tenido ocasi&oacute;n de ver alguna ficci&oacute;n audiovisual dirigida al p&uacute;blico televisivo senegal&eacute;s: nada que ver con los audiovisuales de ficci&oacute;n &ldquo;occidentales&rdquo;. Se trata de una sucesi&oacute;n de largas escenas en las que alguien se dirige a la casa de otra persona, es recibido, acomodado, agasajado como es debido; y luego, ocupando ya cada cual el lugar que le corresponde en la casa &ndash;el anfitri&oacute;n y la visita&mdash;, el visitante comienza haciendo una larga introducci&oacute;n en la que agradece el recibimiento, y recapitula todo lo memorable que les une a ellos y a sus familias (pudiendo remontarse a generaciones pasadas), para, finalmente, abordar el asunto que le ha tra&iacute;do: el problema o la propuesta o la petici&oacute;n o el ofrecimiento que quiere trasladarle. Y as&iacute;, en el audiovisual televisivo, una escena tras otra, describiendo minuciosamente las ceremonias que jalonan el cl&aacute;sico melodrama de culebr&oacute;n, pero en una diluida baja intensidad, donde el melodrama queda muy al fondo, detr&aacute;s de las buenas o malas maneras de los personajes. Son, estos audiovisuales, como un manual de las viejas buenas y malas conductas en el trato dentro de la familia, en el trato entre familias, o en el trato con el forastero, y, aun siendo audiovisuales, no se entender&iacute;a su existencia sin la enorme importancia de la palabra en la educaci&oacute;n tradicional africana.
    </p><p class="article-text">
        Pero Amadou Ndoye &ndash;que era un buen representante de las buenas viejas maneras del &Aacute;frica del oeste&mdash;, adem&aacute;s, concluy&oacute; su carrera universitaria en Lyon, Francia, y desarroll&oacute; su vida profesional en Dakar &ndash;ciudad de dimensiones importantes (dos millones y medio de personas), con posibilidad de cierto cosmopolitismo&mdash;, en un pa&iacute;s, Senegal, en el que conviven unas 20 etnias distintas con sus propios idiomas (y quien dice idiomas dice concepciones del mundo), y adem&aacute;s en el &aacute;mbito universitario, en modo &ldquo;literatura espa&ntilde;ola e hispanoamericana&rdquo;, es decir, abierto a un territorio vast&iacute;simo, el de la lengua espa&ntilde;ola que, como saben, es una gran patria.
    </p><p class="article-text">
        El profesor Ndoye tuvo tres educaciones distintas: primero, la tradicional, impartida en casa por sus padres y abuelos, completamente oral, basada en acertijos, refranes, f&aacute;bulas, juegos de palabras, etc. La segunda, ya que era musulm&aacute;n, la educaci&oacute;n cor&aacute;nica, impartida con torpeza en base a memorizar las suras en &aacute;rabe (por lo que no consigui&oacute; hablar &aacute;rabe, aunque s&iacute; desarrollar la memoria, algo que luego le vendr&iacute;a muy bien, seg&uacute;n sus propias palabras). Y la tercera, la educaci&oacute;n francesa, en la que tambi&eacute;n le ense&ntilde;aron ingl&eacute;s y otro idioma, el espa&ntilde;ol, para ya en la universidad aprender tambi&eacute;n portugu&eacute;s, porque era un forofo de Brasil, del f&uacute;tbol, de la selecci&oacute;n brasile&ntilde;a de finales de los 50 y principios de los 60, de Pel&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que el profesor Ndoye era un africano wol&oacute;fono, franc&oacute;fono, arab&oacute;fono, angl&oacute;fono, hispan&oacute;fono y lus&oacute;fono, nada menos; musulm&aacute;n y perteneciente a la etnia Lebu. Una etnia muy particular, porque &ndash;tambi&eacute;n en sus propias palabras&mdash; hasta el siglo XVIII los Lebu convivieron con los Wolof, se rebelaron para no pagar una serie de tributos y se alejaron hacia la pen&iacute;nsula de Cabo Verde, y, en el camino, se mezclaron con los Serer, de ah&iacute; que en la actualidad los Lebu compartan palabras, expresiones y algunas costumbres con estos. Por cierto, los Lebu, la etnia del profesor Ndoye, es pol&iacute;tica y econ&oacute;micamente preponderante en Dakar, y me cuentan que su wolof es m&aacute;s arcaico de lo habitual.
    </p><p class="article-text">
        En las Islas Canarias en las que yo me cri&eacute; &ndash;en La Palma, durante la d&eacute;cada de los 70&mdash; no ve&iacute;amos negros m&aacute;s que por la tele: negros norteamericanos; pandilleros, humoristas, y ya en los 80, Tina Turner&hellip;, am&eacute;n de los africanos esclavizados de la serie de televisi&oacute;n <em>Ra&iacute;ces</em>. Si los ni&ntilde;os de aquellos a&ntilde;os hubi&eacute;semos visto llegar a un negro subiendo por la carretera &ndash;como por otra parte sol&iacute;a suceder con blanqu&iacute;simos turistas alemanes&mdash; no s&eacute; lo que hubiera pasado; tal vez lo que me han contado que a&uacute;n sucede en aldeas de cualquier rinc&oacute;n de &Aacute;frica cuando los ni&ntilde;os ven aparecer a un blanco: hubi&eacute;semos salido corriendo, hubi&eacute;semos huido despavoridos, tal vez habr&iacute;amos corrido a casa para contarlo. O, tal vez, hubi&eacute;semos corrido tras &eacute;l cantando &ldquo;&iexcl;Negro!&rdquo;, &ldquo;&iexcl;hola negro!&rdquo;, todos los ni&ntilde;os arremolin&aacute;ndose &ldquo;&iexcl;negro, negro, negro!&rdquo;, exactamente igual que me ha pasado a m&iacute; en Senegal, ya de adulto, todos los ni&ntilde;os corriendo detr&aacute;s de m&iacute;, arremolin&aacute;ndose alrededor m&iacute;o, gritando &ldquo;&iexcl;tubab, tubab, tubab, tubab, tubab!&rdquo; S&eacute; que no hubiese sucedido lo mismo en esta ciudad, por ejemplo, en Las Palmas, en la que ya en los 70 exist&iacute;a una gran colonia de africanos, pero lo que s&iacute; igualaba a toda Canarias por entonces era una voluntad econ&oacute;mica y pol&iacute;tica de ocultar a sus ciudadanos el lugar que las islas ocupaban en el mundo, haciendo desaparecer el continente africano de los mapas, cuando no situando las islas en un improbable aparte all&aacute; en un c&oacute;rner del Mediterr&aacute;neo. Nos quer&iacute;an espa&ntilde;oles, luego nos quisieron europeos; la gran mayor&iacute;a de nosotros nos quer&iacute;amos espa&ntilde;oles, y luego, tambi&eacute;n, nos quisimos europeos. Para mi generaci&oacute;n de canarios, en un alt&iacute;simo porcentaje, &Aacute;frica no estaba ah&iacute;: &Aacute;frica quedaba lej&iacute;simo. Cada vez que nos top&aacute;bamos con la visi&oacute;n de ese continente en el televisor nos hac&iacute;amos la falsa idea de que no ten&iacute;amos nada que ver con &eacute;ste. Creo que es algo que nos explica mucho de lo que somos hoy, de nuestros anhelos e incomodidades y sorpresas y despertares de ahora. Tambi&eacute;n explica en parte lo que el profesor Ndoye es para nosotros, para la literatura de las islas, tanto como explica en parte algunos aspectos de la nueva literatura insular sobre los que el lector podr&aacute; reflexionar, si quiere, cuando nos lea.
    </p><p class="article-text">
        Curiosamente, en la historia reciente hemos asistido a la llegada a las costas de las islas, en pateras o cayucos, de grupos de negros de &Aacute;frica en busca de una oportunidad de desarrollo personal, y una parte de la sociedad ha reaccionado empavorecida, como si se tratase de fantasmas, de zombis de ultratumba, de gentes que ven&iacute;an del m&aacute;s all&aacute; del final del mundo. Todav&iacute;a recuerdo con estupor la portada del peri&oacute;dico Diario de Avisos en la que figuraba el Presidente Paulino Rivero, de pie en un muelle, con mascarilla, mirando con aprensi&oacute;n, a cuatro metros de distancia &ndash;sin atreverse a acercarse&mdash; a un africano reci&eacute;n llegado en cayuco que, tendido en el suelo, desfallec&iacute;a de cansancio e hipotermia. La foto del Presidente en la portada del diario lanzaba un mensaje claro a la poblaci&oacute;n: teman, sientan asco, al&aacute;rmense. Pero tiene su env&eacute;s para quien quisiera verlo: fasc&iacute;nense, investiguen, descubran, &aacute;branse, desper&eacute;cense, creen.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el profesor Ndoye lleg&oacute; mucho antes, y por otros medios, fue un aparecido distinto que estos otros, vino del m&aacute;s all&aacute; del final de nuestro mapa, de la zona ciega de nuestra cartograf&iacute;a, y tra&iacute;a noticias de nosotros, es decir, de los escritores nuestros de los 70, en un tiempo en el que la maltrecha autoestima de los isle&ntilde;os y de su literatura anhelaban fervientemente trascender alguna de las fronteras de esta tierra.
    </p><p class="article-text">
        Fue un hecho ins&oacute;lito, surreal e inesperado: un negro del &Aacute;frica se interes&oacute; por nosotros.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de quienes anhelaban alg&uacute;n reconocimiento exterior solo cab&iacute;a la posibilidad de acogerlo, atenderlo, escucharlo, traerlo para que nos dijera&hellip; (en Canarias hemos padecido una necesidad casi existencial de que nos hablen de quienes somos); adem&aacute;s, en el caso de las mentes que ve&iacute;an en Espa&ntilde;a una potencia opresora colonial, que fuese un negro africano quien se interesara por la literatura de las islas debi&oacute; de ser un accidente de marcada justicia po&eacute;tica (o pol&iacute;tica); en el caso del Sr. Ndoye, sin embargo, debi&oacute; de tratarse tan solo de un paso l&oacute;gico en el devenir de su hispanofilia.
    </p><p class="article-text">
        Como bien recuerda el periodista Carlos Fuentes en su art&iacute;culo tras la muerte de Amadou Ndoye, de t&iacute;tulo &ldquo;El profesor de espa&ntilde;ol que bailaba cha-cha-cha&rdquo;, ese devenir comenz&oacute; en la adolescencia y a trav&eacute;s de determinada m&uacute;sica:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Sol&iacute;a decirlo con una sonrisa: &rdquo;la letra con m&uacute;sica entra&ldquo;. Antes que profesor y ap&oacute;stol del espa&ntilde;ol en &Aacute;frica, Amadou Ndoye (1947-2013) fue un hijo de su tiempo. Y un joven en un mundo de esperanza marcado por la independencia de Senegal en 1960. En aquellos d&iacute;as (y noches) de efervescencia empez&oacute; a familiarizarse Ndoye con el idioma castellano, al que siempre se refer&iacute;a como &rdquo;la lengua de Cervantes&ldquo;. Pero no fue un libro el que puso la semilla hispana en el futuro profesor de la </strong><strong>Universidad Cheik Anta Diop</strong><strong>. En Dakar, como en otras capitales africanas ya emancipadas, los bailes populares sol&iacute;an estar animados por ritmos latinos y un estimable pu&ntilde;ado de discos singles americanos. Como retrat&oacute; Malick Sidib&eacute;. Era, principalmente, m&uacute;sica cubana que llegaba por dos v&iacute;as: con los marineros senegaleses que cruzaban el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico y con la influyente presencia pol&iacute;tico-militar cubana en el continente. &rdquo;Escuch&aacute;bamos m&uacute;sica en espa&ntilde;ol y quer&iacute;amos entender a los cantantes, a Benny Mor&eacute;, a Abelardo Barroso, tambi&eacute;n al Tr&iacute;o Matamoros&ldquo;, record&oacute; en entrevista con este cronista en 2009. Porque Amadou Ndoye, adem&aacute;s de maestro del castellano en Senegal, era un bailar&iacute;n de cierta destreza. Conoc&iacute;a, y bailaba, son montuno y timba, pero tambi&eacute;n alg&uacute;n cha cha ch&aacute; legendario. Ya fuera en un rato libre en M&eacute;xico o en la fiesta de clausura de un congreso en Colombia. Daba gusto escuchar su alegr&iacute;a por la influencia latina, y espa&ntilde;ola, en el universo cultural africano. De las huellas en Nicol&aacute;s Guill&eacute;n (Songoro cosongo) al nuevo hip hop combativo de </strong><em>Songoro cosongo</em><strong>Didier Awadi</strong><strong>, sin olvidar a los pioneros de lo latino en &Aacute;frica, la todopoderosa Orchestra Baobab. Fue un lujo compartir ratos de escucha con la Orquesta Arag&oacute;n (&rdquo;ya casi son africanos&ldquo;, bromeaba), entre caf&eacute; y caf&eacute;, con los recuerdos de los d&iacute;as felices bailando en la memoria. Buen viaje, Amadou&rdquo;. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n mi actual compa&ntilde;era, Mama Di&eacute;dhiou, bailaba aquellos discos con su padre, subi&eacute;ndose de ni&ntilde;a a sus pies, en el cuartel de Dakar donde se cri&oacute;. Se trata de algo, aquella m&uacute;sica, que Canarias comparti&oacute; y comparte en la actualidad con el &Aacute;frica del oeste y, sin embargo, parece que nunca lo supo, parece que a&uacute;n no lo sabe, aunque ahora est&eacute; Carlos Fuentes para cont&aacute;rnoslo y siempre hubo alguien que tuvo alg&uacute;n atisbo. Mi propio t&iacute;o Cuco, cantante del grupo Son Montuno en La Palma, viaj&oacute; a Dakar en los 70, con su hermano Ram&oacute;n y su padre, el maestro Ram&oacute;n G&oacute;mez, para bucear sus costas a pulm&oacute;n en busca de caracolas que poder intercambiar con otros coleccionistas del resto del mundo, y al aventurarse por la ciudad descubri&oacute; tiendas de discos en las que hall&oacute; singles y LPs del Tr&iacute;o Matamoros que curiosamente no se encontraban en las islas. Africanos y canarios hemos sido sincr&oacute;nicos, al menos en estos ritmos.
    </p><p class="article-text">
        El profesor Ndoye lleg&oacute; al espa&ntilde;ol a trav&eacute;s de la m&uacute;sica cubana, pero tambi&eacute;n a trav&eacute;s de la m&uacute;sica cubana que hac&iacute;an los grupos africanos que se enamoraron de aquellos ritmos y los cantaron tanto en su idioma como en espa&ntilde;ol, a menudo sin hablarlo. Pincho en internet algunos links musicales que me env&iacute;a Carlos Fuentes &ndash;Carlos aloj&oacute; al profesor en su apartamento de Madrid un buen n&uacute;mero de ocasiones, y escuch&oacute; con &eacute;l esos temas&mdash;, y, a mi lado, mi compa&ntilde;era Mama y mi cu&ntilde;ado Mousa reconocen a los cantantes: &ldquo;&iexcl;Laba Sosseh!&rdquo; &ldquo;&iexcl;Esa era la m&uacute;sica que le gustaba a Ndoye!&rdquo;, me dice Mama, antes incluso de saber que la escucho porque estoy trabajando en esto.
    </p><p class="article-text">
        En post publicado en el blog &Aacute;frica Vive, de Casa &Aacute;frica &ndash;con sede aqu&iacute;, en Las Palmas&mdash;, en su secci&oacute;n Semilla Negra, dice Carlos Fuentes:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;En las m&uacute;sicas de Senegal, Mal&iacute; y Guinea arraigaron muchos sonidos cubanos. Orquestas ya legendarias como Number One de Dakar, Baobab, Star Band o Super &Ecirc;toile de Dakar (Senegal); Les Ambassadeurs o Super Rail Band de Bamako (Mal&iacute;); Bembeya Jazz, en Conakry (Guinea); y la longeva Orchestre Poly-Rythmo de Cotonou (Ben&iacute;n) popularizaron la pachanga cubana. Especial atenci&oacute;n merece en este cap&iacute;tulo repleto de nombres ahora famosos (Youssou N&acute;Dour, Salif Keita, Sekou Diabat&eacute;, M&eacute;lome Clement&hellip;) el pionero absoluto de la fusi&oacute;n afrocubana lejos del Caribe. El cantante gambiano Laba Sosseh, a quien sus seguidores apodaron El Maestro, lider&oacute; primero en &Aacute;frica dos de las orquestas m&aacute;s famosas del momento: Star Band y Super Star. Y con esos r&eacute;ditos desembarc&oacute; en Nueva York para codearse con los grandes de la salsa&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese es el azar hist&oacute;rico maravilloso por el que este hombre, Amadou Ndoye, se hiciera &ldquo;ap&oacute;stol del espa&ntilde;ol&rdquo; en &Aacute;frica; primero (impartiendo clases de traducci&oacute;n, gram&aacute;tica hist&oacute;rica y literatura espa&ntilde;ola e hispanoamericana en la universidad), y, despu&eacute;s, indagando en la literatura de las islas Canarias porque, en sus propias palabras &ndash;pero prestadas de Agust&iacute;n Espinosa&mdash;, las islas se encuentran &ldquo;a un tiro de piedra&rdquo; del continente africano, y, tambi&eacute;n, porque se dio cuenta de que nadie lo hac&iacute;a. Se lo cont&oacute; as&iacute; al periodista Eduardo Garc&iacute;a Rojas en entrevista publicada en Diario de Avisos el 13 de agosto de 2011:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Entre 1966 y 1967 y mientras estaba en la Universidad de Dakar, tuvimos a un lector canario, Juan Manuel Gonz&aacute;lez, que junto al director del departamento, puesto que ocupaba un franc&eacute;s, nos anim&oacute; a traducir del espa&ntilde;ol al franc&eacute;s poemas de escritores canarios como Pedro Lezcano, Pedro Garc&iacute;a Cabrera, Pedro Perdomo Acedo y as&iacute; fue c&oacute;mo tuve acceso a la poes&iacute;a canaria por primera vez. M&aacute;s tarde tuve la oportunidad de viajar en 1985 a Tenerife, invitado por un encuentro Canarias-&Aacute;frica organizado por la Caja de Ahorros, y en el que me toc&oacute; hablar de literatura espa&ntilde;ola y me regalaron una serie de libros que tras ojearlos me hizo entender que hubo una narrativa canaria de los a&ntilde;os 70 entre cuyos autores estaban, entre otros, Juan Cruz, Alberto Omar y Fernando Delgado, y como estaba buscando tema para la tesis de doctorado, pens&eacute;, he encontrado un fil&oacute;n porque esa literatura no se conoc&iacute;a en los pa&iacute;ses del &Aacute;frica franc&oacute;fona y me puse a estudiar textos de Luis Le&oacute;n Barreto, Juan-Manuel Garc&iacute;a Ramos, V&iacute;ctor Ram&iacute;rez, todos los autores de los setenta en Canarias, desde la dictadura a la dictablanda y la Transici&oacute;n. Tambi&eacute;n lo que vino despu&eacute;s, en los ochenta, lo que contribuy&oacute; a que entendiera a Canarias porque me oblig&oacute; a remontar a su pasado literario. Es decir, Viera y Clavijo, Cairasco de Figueroa, casi todo lo que se escribi&oacute; en el siglo XVI hasta los setenta&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En 1998, el profesor Ndoye defendi&oacute; en Toulouse, Francia, una tesis de Nuevo R&eacute;gimen: &ldquo;La narrativa canaria del 70 (1975-1985)&rdquo;. Ese mismo a&ntilde;o 1998 presenta en Las Palmas su libro &ldquo;Estudios sobre narrativa canaria&rdquo; (Baile del sol, 1998; en cuyo contenido entrar&eacute; luego), y en dicha presentaci&oacute;n, seg&uacute;n sus propias palabras, un se&ntilde;or se le acerc&oacute; y le propuso &ndash;de parte del periodista grancanario Federico Gonz&aacute;lez Ram&iacute;rez&mdash; colaborar en un peri&oacute;dico que comenzaba su andadura: La Tribuna de Canarias. El peri&oacute;dico no dur&oacute; mucho, un par de a&ntilde;os, pero lo suficiente para que de esas colaboraciones period&iacute;sticas saliese su libro &ldquo;A un tiro de piedra&rdquo; (Baile del sol, 2006), y hay que decir que la presencia de Ndoye en sus p&aacute;ginas signific&oacute; un peque&ntilde;o hito en la prensa insular, donde no es habitual que se cuente con la mirada de personalidades del exterior de las islas, si acaso del centro del pa&iacute;s, pero no de otros pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        El profesor Ndoy conoc&iacute;a Canarias lo suficiente, no solo a trav&eacute;s de sus viajes y los amigos que ya atesoraba, sino, sobre todo, a trav&eacute;s de su literatura (y esto es la Historia de Canarias, el car&aacute;cter de su gente, sus anhelos y frustraciones), de tal manera que no parece que encontrase mayor dificultad en la tarea de escribir aquellos art&iacute;culos; adem&aacute;s, aprovech&oacute; la oportunidad para, sobre todo, abordar temas de &Aacute;frica que no sol&iacute;an tener cabida regularmente en ese tipo de espacios en los medios de Canarias; tarea para la que, no se nos escape, era necesario que supiese perfectamente lo que se dec&iacute;a y no se dec&iacute;a aqu&iacute;, lo que se conoc&iacute;a y no se conoc&iacute;a, lo que se pensaba y no se pensaba, para abordar los temas de un modo que adem&aacute;s nos interesaran.
    </p><p class="article-text">
        Esa colecci&oacute;n de 61 art&iacute;culos supone una buena muestra del pensamiento del profesor, no tanto sobre Canarias, sino sobre su continente. Titula: &ldquo;Muertes sospechosas en Burkina Faso&rdquo;; &ldquo;Jadafi y los conflictos africanos&rdquo;; &ldquo;Candidatos a la emigraci&oacute;n&rdquo;; &ldquo;Sedar Senghor, Soyinka, Gordimer, Mahfuf: enajenaci&oacute;n y compromiso&rdquo;; &ldquo;Nigeria y su desgraciado petr&oacute;leo&rdquo;; &ldquo;So&ntilde;ando con Senegambia&rdquo;; &ldquo;El pasado de Sierra Leona&rdquo;; &ldquo;El reto de Costa de Marfil&rdquo;; &ldquo;Pedro Garc&iacute;a Cabrera en Dakar&rdquo;; &ldquo;El escritor africano, entre la libertad del hombre y la monstruosidad &uacute;ltima&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; en estos art&iacute;culos, pues, el Amadou Ndoye pol&iacute;tico, el de los principios, el que tiene tan plena conciencia del lugar que ocupa en el mundo, el de ideas, el hijo de la descolonizaci&oacute;n que observa c&oacute;mo su pa&iacute;s, lejos de emanciparse, se sume en una segunda colonizaci&oacute;n que es de influencia, econ&oacute;mica, bancaria, con el FMI y unos cuantos m&aacute;s al fondo, y a&uacute;n peor en aquellos otros pa&iacute;ses descolonizados donde hay riqueza (diamantes, petr&oacute;leo, colt&aacute;n); se encuentra ah&iacute; el profesor Ndoye que observa c&oacute;mo aqu&iacute; se manipulaba a la opini&oacute;n p&uacute;blica retorciendo por inter&eacute;s pol&iacute;tico el significado de la llegada de los cayucos, obviando que una de las principales razones ha sido la desaparici&oacute;n de la pesca en las costas de Senegal por culpa de acuerdos internacionales que han permitido a grandes barcos esquilmar la zona, dejando el pescado de 4&ordf; categor&iacute;a para los senegaleses para poner en las mesas de Europa el pescado de 3&ordf;, 2&ordf; y 1&ordf; categor&iacute;as. Tambi&eacute;n se encuentra en esos art&iacute;culos el profesor Ndoye que se pregunta por la necesidad de una Justicia global, que ofrece una versi&oacute;n de c&oacute;mo es eso de ense&ntilde;ar espa&ntilde;ol en &Aacute;frica, o cuestiona el empecinamiento canario de darles la espalda.
    </p><p class="article-text">
        Le cito:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Los isle&ntilde;os le dan la espalda a &Aacute;frica y tienen la mirada puesta en Europa y Am&eacute;rica. Si visitaran Dakar se enterar&iacute;an de que los alisios que soplan sobre el Archipi&eacute;lago refrescan a la capital de Senegal de clima parecido al de las islas entre noviembre y mayo. Se percatar&iacute;an si viajaran un poco de que en el &Aacute;frica subsahariana &ndash;Gab&oacute;n, Costa de Marfil, Camer&uacute;n, Ben&iacute;n, Senegal&mdash; se estudia el idioma de Cervantes y de Alonso de Quesada. La insularidad les parecer&iacute;a un vestidito estrecho que se quitar&iacute;an moment&aacute;neamente. &iquest;Saben los canarios que Dakar est&aacute; m&aacute;s cerca de las islas que Madrid? &iquest;Que de noche se puede escuchar en Dakar Radio Nacional de Espa&ntilde;a como en San Jos&eacute; o en Taco? Mientras tanto, siguen soplando los alisios sobre las costas del Atl&aacute;ntico.&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al principio he descrito al profesor como un hombre reflexivo. Amadou Ndoye conversaba reflexionando, con ese gesto de mirada huidiza u ojos cerrados, evitando tu visi&oacute;n bien por timidez o por cuidar que no te sintieras inc&oacute;modo al ser interpelado, y como ten&iacute;a tan claro el piso en el que estaba parado, cualquier cosa que dec&iacute;a &ndash;aun abordando el tema m&aacute;s espinoso y pol&iacute;ticamente controvertido&mdash; sonaba como un b&aacute;lsamo, nunca como una agresi&oacute;n, nunca conflictivo; resultaba tremendamente firme en sus convicciones, pero no arrojaba los argumentos contra nadie, los pon&iacute;a sobre la mesa, los formulaba de tal modo que el argumento y la convicci&oacute;n estaban ah&iacute;, pero no pod&iacute;an convertirse en el objeto de otra querella, de una querella superpuesta a la que importaba y se debat&iacute;a. Era una cuesti&oacute;n de cultura en el m&aacute;s amplio sentido de la palabra &ndash;incluyendo su tradici&oacute;n africana&mdash; y se deb&iacute;a tambi&eacute;n a una f&eacute;rrea formaci&oacute;n del car&aacute;cter. En sus art&iacute;culos se encuentra ese Ndoye: un hombre que sab&iacute;a c&oacute;mo decir las cosas, as&iacute; que no ten&iacute;a que callar nada.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, si me permiten, en este Ndoye encontr&eacute; a quien hab&iacute;a informado a mi mujer. Antes que &eacute;l, ella me hab&iacute;a ofrecido esa perspectiva de las cosas. Hab&iacute;a escuchado muchos de esos argumentos, o, mejor dicho, hab&iacute;a atendido a un pensamiento que se estructuraba de ese modo.
    </p><p class="article-text">
        En alguna de las escalas de Ndoye en Madrid, le organizamos un encuentro en casa con ex alumnos suyos que viven en Espa&ntilde;a (el Profesor tiene alumnos ense&ntilde;ando espa&ntilde;ol en muchos sitios, en Espa&ntilde;a, en Estados Unidos, en Francia&hellip;) y estos asistieron desconcertados e ilusionados, yo dir&iacute;a que con una mezcla de respeto, veneraci&oacute;n, aprensi&oacute;n y hasta sobrecogimiento ante su ex profesor, expectantes y divertidos. El profesor Ndoye ten&iacute;a fama de ser un ense&ntilde;ante duro, exigente; les exig&iacute;a trabajo, esfuerzo, dar el m&aacute;ximo, no desfallecer, &eacute;pica en el estudio; les arengaba a sacar adelante el pa&iacute;s, depositaba en sus alumnos responsabilidades que iban mucho m&aacute;s all&aacute; de la mera realizaci&oacute;n personal; por lo que he podido escuchar, en el aula era autoridad moral y tambi&eacute;n pol&iacute;tica. Y adem&aacute;s de todo eso era ameno, y provocaba una sonrisa algo m&aacute;s que a menudo. Recuerdo perfectamente un gesto particular, muy propio de &eacute;l, cuando en alguna de aquellas reuniones, que normalmente se alargaban 6 o 7 horas, nos hablaba acerca de algo que requer&iacute;a esfuerzo; c&oacute;mo en actitud reflexiva, encogido sobre s&iacute; mismo, con la cabeza metida entre las piernas, sin mirarte, sin mirar a nadie, los ojos cerrados, apretaba el rostro y hasta los pu&ntilde;os y todo el cuerpo, en tensi&oacute;n, para, finalmente, conminar al esfuerzo. Ese gesto, por ejemplo, era caracter&iacute;stico y sobrecog&iacute;a y aun as&iacute; no estaba exento de vis c&oacute;mica; regocijaba, fascinaba, era memorable.
    </p><p class="article-text">
        Durante aquella reuni&oacute;n con sus ex alumnos, el profesor Ndoye trataba de convencerlos de que dieran por concluida su migraci&oacute;n y regresaran a casa, para ocuparse de su pa&iacute;s; les conminaba a abandonar sus vidas ordinarias en Madrid para regresar y ponerse al frente de los nuevos alumnos de espa&ntilde;ol en la universidad Chek Anta Diop; un regreso que no s&eacute; si ha conseguido en alguno de los casos, porque una vez iniciada la emigraci&oacute;n, y hechos a otro pa&iacute;s, a nadie le resulta f&aacute;cil desandar lo andado, ni siquiera para regresar al pa&iacute;s propio, ni siquiera con promesas de una vida mejor, un sueldo estupendo y la esperanza de dejar de ser una suerte de ciudadanos de segunda para convertirse en personalidades de cierta preponderancia social. As&iacute; es la emigraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero queda claro que el compromiso del Sr. Ndoye con su pueblo era inquebrantable; consideraba su deber ocupar el puesto que ocup&oacute; en la Universidad, y ejerc&iacute;a ese deber con responsabilidad, no solo en la Universidad, sino all&iacute; donde iba.
    </p><p class="article-text">
        Cr&eacute;anme si les digo que, posiblemente, su conocimiento de la literatura escrita en Canarias era una peque&ntilde;a parte de lo mejor que el profesor Ndoye pod&iacute;a ofrecernos. De hecho, la literatura de las islas fue su puerta de entrada en Canarias; pero creo que, en los &uacute;ltimos tiempos, est&aacute;bamos aprendiendo que deb&iacute;amos escuchar lo que ten&iacute;a que decir sobre todo lo dem&aacute;s, y quien sabe si, con el tiempo, nos hubi&eacute;semos dado cuenta de que ten&iacute;amos que ir all&iacute;, y conocer lo suyo, interesarnos por &eacute;l de veras, algo que, en cualquier caso, seg&uacute;n tengo noticia, s&iacute; han hecho unos cuantos, en unos casos de su mano y en otros casos por cuenta propia pero visit&aacute;ndolo en Dakar: el escritor y m&uacute;sico de jazz Roberto Cabrera (con la poeta Olga Rivero), el escritor Pablo Mart&iacute;n Carvajal (que suele viajar a Senegal por sus obligaciones pol&iacute;ticas), el ya mencionado periodista Carlos Fuentes, o el periodista Nicol&aacute;s Castellanos son algunos de ellos. Fueron a Senegal. Visitaron la zona ciega de nuestra cartograf&iacute;a y la descubrieron felices.
    </p><p class="article-text">
        En lo referente a lo que el profesor Ndoye escribi&oacute; sobre la narativa canaria de los 70, hay que observar que comienza su libro <em>Estudios sobre narrativa canaria</em> (Baile del sol, 1998) con un texto sobre la novela <em>Fayc&aacute;n</em>, novela de los a&ntilde;os 40 de V&iacute;ctor Doreste, en lo que no parece en absoluto un gesto arbitrario ni casual. El texto de Ndoye se titula &ldquo;O el viaje de retorno al rompecabezas de la identidad canaria&rdquo;, y le sirve para cifrar el &ldquo;condicionamiento del canario&rdquo;: &ldquo;Un pasado de golpes, humillaciones, torturas y represiones&rdquo;, y cita el relato:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;&mdash;Los perros hemos nacido para adular y para morder al enemigo del amo&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La gracia del asunto es que se trata de una alegor&iacute;a narrada por un perro vagabundo de pura raza canaria, una f&aacute;bula de apariencia inofensiva, pero el profesor desentra&ntilde;a su sentido escondido (&iquest;tal vez demasiado duro y desagradable como para ser contado sin ambages en los a&ntilde;os 40?), y pone el foco en todo lo que tiene la novela de radiograf&iacute;a velada de los or&iacute;genes de la identidad insular y el efecto devastador que el sometimiento antiguo ha producido sobre el car&aacute;cter de las personas en el presente.
    </p><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima p&aacute;gina del libro, el profesor nos ofrece la clave de por qu&eacute; ha iniciado el libro con Fayc&aacute;n. Dice: &ldquo;El papel de la historia en las pautas de conducta y la neurosis est&aacute; confirmado por un estudio de Quevedo Su&aacute;rez [&hellip;] si ha desaparecido oficialmente la esclavitud como instituci&oacute;n sigue viviendo agazapada en los pliegues de la idiosincrasia&rdquo;. Regresando al primer texto del libro, y refiri&eacute;ndose a <em>Fayc&aacute;n</em>, dice Ndoye: &ldquo;Al canario sojuzgado y despose&iacute;do lo socializaron infundi&eacute;ndole una mentalidad de esclavo&rdquo;, y cita un fragmento en el que el perro nos ilustra sobre su educaci&oacute;n: &ldquo;Cuando crec&iacute;amos lo suficiente, muchos de nosotros ingres&aacute;bamos en un colegio, donde nos ense&ntilde;aban cosas util&iacute;simas y, sobre todo, la manera de tratar a nuestros amos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un perro. Y se trata de un canario. Can (ario).
    </p><p class="article-text">
        Podemos afirmar que el profesor Ndoye encontr&oacute; en la narrativa de Canarias un tema af&iacute;n, y lo mismo que se interesa por lo de africano que hay en la toponimia reflejada en <em>Fayc&aacute;n</em>, tambi&eacute;n se tiene en cuenta a s&iacute; mismo cuando aborda el tema de la esclavitud de los canarios y c&oacute;mo esa herida se extiende hasta el presente e impregna la literatura. En cierto modo, al acercarse a nosotros, nos acerc&oacute; a s&iacute; mismo, a su continente.
    </p><p class="article-text">
        Mi generaci&oacute;n, por ejemplo &ndash;esto no lo dice el Sr. Ndoye, sino yo&mdash;, que es una generaci&oacute;n que ignora con cierto desparpajo este pasado de esclavitud (y gracias a ello ha podido desembarazarse solo en parte de algunos sentimientos inc&oacute;modos, por no decir desagradables, o al menos de la mayor parte de su intensidad), aun reproduce comportamientos que en ocasiones pueden producir hartazgo: una quejumbre injustificada, cierto victimismo, cierta necesidad de que nos digan qui&eacute;nes somos, refuercen nuestra identidad o, simplemente, nos halaguen los o&iacute;dos dici&eacute;ndonos qu&eacute; inteligentes y qu&eacute; guapos somos&hellip; Aun no siendo muy conscientes de ese pasado de esclavitud, servilismo e indignidad, se observa en los canarios una necesidad de dignificarse equiparable a la de otros pueblos despose&iacute;dos, y ello se revela, por poner un ejemplo casi al azar, cuando Juan Carlos Fresnadillo es nominado al Oscar por un cortometraje en 1998: &iexcl;toda esa felicidad! (leg&iacute;tima; todo ello es leg&iacute;timo, por supuesto), &iexcl;el festejo que se expresa de manera similar a una botella que descorcha su presi&oacute;n! &iexcl;Ha nacido un h&eacute;roe! Y as&iacute; en muchos otros casos.
    </p><p class="article-text">
        En Canarias ha habido y hay artistas muy conscientes de esa necesidad canaria, que ellos mismos portan; algunos la utilizan a su favor, masajeando egos y aliviando la autoestima del p&uacute;blico insular para obtener su atenci&oacute;n o crear expectativas sobre s&iacute; mismos; otros huyen de esa carga, se desmarcan, reaccionan; demasiados pocos son ajenos u operan por libre de esa r&eacute;mora de indignidad que proviene del pasado. Y, &iexcl;se&ntilde;or, no s&eacute; si antes, pero, al menos a partir de hoy, espero ser uno de estos &uacute;ltimos!
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n estas cosas de la idiosincrasia han tra&iacute;do comportamientos inteligentes. Por poner un ejemplo, recordar&eacute; algo muy palmero, y que el escritor Anelio Rodr&iacute;guez Concepci&oacute;n suele reivindicar: es lo que podr&iacute;amos denominar &ldquo;hacerse el co&ntilde;o&rdquo;. Esto es, cuando alguien tiene un comportamiento poco inteligente y agresivo contigo, ser amable, adularlo, agachar la cabeza y sonre&iacute;r, hacerse el tonto, hacerse el co&ntilde;o, quedar por debajo para sobresalir por encima. Es todo un arte.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, no es de extra&ntilde;ar que el profesor Ndoye nos tuviera calados, me recuerda Mama que en el comportamiento y la gestualidad corporal de muchos blancos al encontrarse con un negro puede observarse muchas veces que espera que el negro adopte una gestualidad servil, y si el negro no la adopta, muchos blancos se soliviantan &iacute;ntimamente, y, autom&aacute;ticamente, sienten antipat&iacute;a por esa persona. Lo mismo, muchos negros, africanos o no, incurren en esa gestualidad servil frente a los blancos, y ah&iacute; est&aacute; tambi&eacute;n esa actitud extremadamente arrogante y exhibicionista de muchos negros norteamericanos para ilustrar otro posible estadio de la cosa.
    </p><p class="article-text">
        En Canarias tenemos la figura del godo, que no es m&aacute;s que un peninsular que se viene arriba en cuanto observa que la gente se deja, y odiamos esa figura con furia, nos subleva, le hacemos el vac&iacute;o, la arrinconamos, la execramos con nuestro desprecio, sin darnos cuenta de que no es solo &eacute;l, su actitud est&aacute; &iacute;ntimamente relacionada con la nuestra. Durante mi adolescencia viv&iacute; 2 a&ntilde;os en Zaragoza, y ahora llevo 20 en Madrid: creo que puedo afirmar que en la pen&iacute;nsula no hay ni un solo godo. Ni uno solo. Acaso est&eacute;n todos aqu&iacute;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Siempre que me encontr&eacute; con el Profesor, en alg&uacute;n momento, se acord&oacute; de V&iacute;ctor Ram&iacute;rez y J.J. Armas Marcelo. En este libro le dedica 3 trabajos a cada uno de ellos, 6 trabajos en total que suponen pr&aacute;cticamente el coraz&oacute;n del libro. Creo que es evidente que ten&iacute;a un especial inter&eacute;s por la obra de estos dos autores.
    </p><p class="article-text">
        En uno de los trabajos dedicados a Armas Marcelo comienza diciendo:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Aunque ustedes puedan mirarme como un ejemplar raro, ex&oacute;tico y sorpresivo de africano que se interesa de manera casi milagrosa por la literatura canaria mientras su continente se desangra en las atrocidades y pesadillas del hambre y las guerras fratricidas, me reconozco en los fantasmas y demonios de J.J. Armas Marcelo [&hellip;] J.J. Armas Marcelo es contempor&aacute;neo m&iacute;o y nuestras vidas han sido paralelas hasta cierto punto. Para m&iacute;, leer a J.J. es recrear parte de mi vida.&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la obra de V&iacute;ctor Ram&iacute;rez, por otro lado, parece encontrar el alma de ese canario herido que introduce a trav&eacute;s de <em>Fayc&aacute;n</em>, y cuando desgrana <em>Arena Rubia y otros relatos</em> aparecen p&aacute;rrafo a p&aacute;rrafo todos los s&iacute;ntomas de algo que &eacute;l conoce tan bien por su condici&oacute;n de negro africano: 1) La herencia del miedo; 2) la cobard&iacute;a; 3) lo de fuera, mejor; y 4) el pesimismo.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;adir&eacute; que en Canarias &ndash;adem&aacute;s de la herencia del miedo, la cobard&iacute;a, el menosprecio o sobre-aprecio de lo propio y el pesimismo&mdash; tenemos tambi&eacute;n la figura del canario fuerte, que fustiga a los dem&aacute;s. Ya no es el cacique, no lo hace para explotar a sus cong&eacute;neres y sacarles un r&eacute;dito econ&oacute;mico, pero tal vez lo sustituya, y acaso sea otra v&iacute;ctima de la misma r&eacute;mora, pues no se libra de esta. Y est&aacute; tambi&eacute;n la figura del que, asqueado hasta no soportarlo m&aacute;s, se desentiende &ndash;mayor desprecio a&uacute;n que el que fustiga&mdash;, un desprecio voluntarioso que denota que el desentendimiento no es tal, y, de hecho, si escarbas un poco, el desentendimiento desaparece. Sucede tambi&eacute;n que cuando alguien destaca un poco en Canarias, se activan autom&aacute;ticamente una serie de fuerzas de compensaci&oacute;n para garantizar, no su desarrollo personal y art&iacute;stico, sino su mediocrizaci&oacute;n. Muchos sienten que el talento, en las islas, se esconde. Sobrevive escondido. Se bunqueriza y se ahoga.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el profesor Ndoye se adentra en la poes&iacute;a de Juan Manuel Torres Vera (<em>Nunca fui a Garatusa</em>), lo primero que se&ntilde;ala es un &ldquo;consejo&rdquo; que dice que el poeta se permite solo murmurado:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Olv&iacute;date si quieres encontrarte. Abraza esa piedra y estamos en camino infinito. Chijer&eacute;&rdquo;. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Y de J.J. Armas Marcelo le interesa que, si tuviera que escoger entre Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica, no lo conseguir&iacute;a. Acaso encuentra ah&iacute; una v&aacute;lvula de escape hacia lo ancho del mundo en espa&ntilde;ol, similar a la suya propia, lo que asocia a esta afirmaci&oacute;n &ldquo;identitaria&rdquo; del autor:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Fuimos y somos criollos raros, sin apenas tenerlo en cuenta, como quien no quiere la cosa, y pese a nosotros mismos y nuestras m&aacute;scaras temporales; fuimos y somos jugadores empedernidos de la baraja americana, desde la nada de Las Alcaravaneras a lo que hoy se llama Playa de las Am&eacute;ricas; fuimos y somos Lopes de Aguirre an&oacute;nimos, sombras inmutables de Vieras y Clavijos contenidos y extra&ntilde;amente t&iacute;midos, Condes don Juli&aacute;n de patios interiores que no s&oacute;lo nunca vendimos nuestro T&aacute;nger imaginario sino que nunca nos atrevimos a dar el triple salto mortal y el grito de la gran traici&oacute;n necesaria frente a los que nos ense&ntilde;aron lo que &eacute;ramos y nunca hab&iacute;amos sido. De ah&iacute; la Historia, la Literatura, y nosotros&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, le interesa al profesor Ndoye lo que la literatura insular ha manifestado acerca de esa identidad canaria que describe Armas Marcelo, una identidad compleja y lastrada, y por ello concluye su libro con un texto de t&iacute;tulo: &ldquo;El tema de la esclavitud a trav&eacute;s de la narrativa canaria contempor&aacute;nea&rdquo;, relacionando definitivamente ambos pueblos, el canario y el africano. La estructura del libro no es casual ni inocente, estructura para decir, por supuesto en cada cap&iacute;tulo encontramos el an&aacute;lisis de las obras, pero comienza con la identidad maltrecha del canario, escoge obras mediante las cuales hacer un seguimiento del tema, y concluye con la esclavitud.
    </p><p class="article-text">
        En este cierre del libro se&ntilde;ala:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Antes que los negros, los guanches salieron del archipi&eacute;lago como esclavos rumbo a los mercados de Sevilla y Valencia&rdquo;. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Hasta finales del siglo XIX, la esclavitud
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;era la base del sistema econ&oacute;mico y pol&iacute;tico en ambas orillas del Atl&aacute;ntico&rdquo;, </strong>y<strong> &ldquo;no nos andemos con rodeos, la burgues&iacute;a canaria de la segunda mitad del siglo XIX se opuso de modo tajante a la abolici&oacute;n de la esclavitud&rdquo;, </strong>y <strong>&ldquo;todas las instituciones oficiales peninsulares e insulares, en sus respectivos informes, califican a la esclavitud de inmoral, injusta, detestable, etc&hellip; la condena al mismo tiempo que desean manifestar su necesidad. [&hellip;] El hombre debe ser libre seg&uacute;n el derecho de gentes, pero no hay que cuestionar el concepto de propiedad privada&rdquo;. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Sigo leyendo:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;La presencia de esclavos en el archipi&eacute;lago durante 4 siglos ha dejado huellas &ndash;&iquest;precisas?, &iquest;difusas?&mdash; en la conformaci&oacute;n f&iacute;sica, cultural, religiosa y psicol&oacute;gica del pueblo canario [&hellip;] Lo seguro es que muchas familias isle&ntilde;as actuales muy ufanas de su abolengo han sacado sus riquezas del comercio triangular. &iquest;Cu&aacute;ntos caserones de Tenerife y Lanzarote guardan en el silencio de sus mazmorras los gemidos de esclavos arrancados por la fuerza de la tierra de sus antepasados?&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; han de llegar mis palabras sobre el Profesor hoy. Espero que hayan sido lo suficientemente ilustrativas.
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de terminar me gustar&iacute;a contarles una peque&ntilde;a an&eacute;cdota personal -&mdash;personal del Profesor y personal m&iacute;a&mdash;, que creo que puede ser significativa de c&oacute;mo me gustar&iacute;a creer que evoluciona en la actualidad la relaci&oacute;n de algunos canarios con esa zona ciega, o cegada, de nuestra cartograf&iacute;a y nuestra historia: en una ocasi&oacute;n, el Profesor me confes&oacute; que &eacute;l no hab&iacute;a querido aceptar una segunda esposa. Sabes c&oacute;mo es, all&iacute; es complicado, viene la familia, te dicen, un hombre como t&uacute;&hellip; de tu posici&oacute;n&hellip; Me cost&oacute; much&iacute;simo, pero aguant&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        En Senegal, cuando un hombre obtiene una cierta categor&iacute;a econ&oacute;mica no es desaprovechado, siempre hay una prima, siempre hay un amigo casi hermano que tiene una hija, muchas mujeres aceptar&iacute;an encantadas convertirse en su segunda esposa. La posibilidad est&aacute; ah&iacute;, y el hombre no siempre tiene la capacidad de negarse; no aceptar puede ser interpretado como ego&iacute;sta, un desaire; y recuerden los ceremoniosos audiovisuales que les describ&iacute; al principio: pueden ser muchos, y con discursos muy persuasivos, quienes se presenten en casa con sus requerimientos, propuestas, peticiones, consejos: Mi madre ven&iacute;a y me dec&iacute;a&hellip; Todo el mundo. Pero aguant&eacute;. Yo quer&iacute;a tener una mujer, solo dos hijos&hellip; como mucho&hellip; Quer&iacute;a tener una peque&ntilde;a familia, me dijo Ndoye.
    </p><p class="article-text">
        Cuando yo conoc&iacute; al Profesor acababa de nacer mi hija, Aisatu (nombre senegal&eacute;s por el &aacute;rabe Aisha), &eacute;ste la conoci&oacute; siendo un beb&eacute;, y siempre que nos escrib&iacute;amos me preguntaba por ella: &iquest;Y Aisatu, est&aacute; bien mi esposa? &iquest;C&oacute;mo est&aacute; mi esposa, est&aacute; bien?, me dec&iacute;a de mi hija.
    </p><p class="article-text">
        Y yo me trincaba (al menos a bote pronto) pensando que aquel se&ntilde;or pod&iacute;a estar pensando en serio que mi hija, 14 o 15 a&ntilde;os despu&eacute;s, se convirtiese en su segunda mujer. Si no fuera porque sab&iacute;a que &eacute;l no hab&iacute;a querido sumar una segunda esposa, si no fuese porque pod&iacute;a estar seguro de que se trataba de una costumbre, de un juego tradicional, de una broma senegalesa&hellip;
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, en el &aacute;mbito dom&eacute;stico, siempre hay alguien que se refiere al beb&eacute; &ndash;sea ni&ntilde;o o ni&ntilde;a&mdash; y le dice a sus padres: &ldquo;Mira que es feo mi marido, qu&eacute; voy a hacer yo con un marido tan feo&hellip;&rdquo;; o que le dice a las abuelas, con la nieta delante: &ldquo;Esa co esposa de ustedes s&iacute; que llora, yo no s&eacute; qu&eacute; van a hacer con una co esposa tan llorona&rdquo;. Son cosas que dicen las visitas para chinchar a abuelos y abuelas: &ldquo;Ay, ese esposo tuyo s&iacute; que es ruin&hellip;&rdquo;, le dicen a una abuela de su nieto, y la abuela entra en el juego y defiende a su nieto.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que cuando el Profesor me preguntaba por su esposa en realidad se trataba de un gesto cari&ntilde;oso, estaba interpretando el papel de abuelo. Me estaba involucrando en su cultura.
    </p><p class="article-text">
        Me estaba involucrando en su cultura.
    </p><p class="article-text">
        Yo le contestaba: Su mujer es una hija maravillosa. Hoy ha dormido hasta las 11 de la ma&ntilde;ana y se ha tomado todo el biber&oacute;n. Ya ver&aacute; qu&eacute; esposa m&aacute;s guapa y m&aacute;s inteligente va a ser. 
    </p><p class="article-text">
        <em> </em>
    </p><p class="article-text">
        NOTA: <em>Esta conferencia dictada en la Universidad de Las Palmas, por encargo de la C&aacute;tedra Vargas Llosa, durante la celebraci&oacute;n de un homenaje al hispanista senegal&eacute;s El Hadji Amadou Ndoye.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/sr-profesor-el-hadji-amadou-ndoye-nicolas-melini_132_4434174.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Jan 2015 20:28:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sr. Profesor El Hadji Amadou Ndoye]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ilusionismo escapista de Miguel Antonio Chávez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-ilusionismo-escapista-de-miguel-antonio-chavez-nicolas-melini_132_4448270.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>Sobre </em>Conejo ciego en Surinam, <em>de Miguel Antonio Ch&aacute;vez (Literatura Mondadori, Bogot&aacute;, Colombia, 2013)</em> 
    </p><p class="article-text">
        Un conejo nos habla: hasta ah&iacute;, todo normal.
    </p><p class="article-text">
        Porque este libro nos explica el mundo alej&aacute;ndose de &eacute;ste (o, mejor, todo lo contrario, se aleja de &eacute;ste para explic&aacute;rnoslo). &ldquo;Soy un conejo libre en el amplio sentido librepensador de la palabra&rdquo;, se presenta, para concluir al final del cap&iacute;tulo: &ldquo;Vosotros viv&iacute;s en este patio. / Y el patio soy yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Miguel Antonio Ch&aacute;vez dispone un artefacto narrativo tan abierto y libre que el mundo y la literatura se deshacen y semejan la impronta que a menudo percibimos ante una obra de arte moderno, esa combinaci&oacute;n de est&eacute;tica <em>cool</em>, espect&aacute;culo, &ldquo;funci&oacute;n humor&iacute;stica&rdquo;, auto boicot de cualquier posibilidad de sentido &ndash;o frivolidad o tomadura de pelo duchampiana&mdash;, y vac&iacute;o o, tambi&eacute;n, al fin y al cabo, nada; aunque, esta s&iacute;, una &ldquo;nada&rdquo; cargada de sentido, porque refleja extraordinariamente bien el mundo en que vivimos. En muy poco expresa la esencia de nuestro tiempo como no podr&iacute;a hacerlo, de ninguna de las maneras, una obra literaria realista o gen&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El conejo&rdquo; de este autor ecuatoriano, joven nacido en 1979, es la avanzadilla de las emociones, muestra uno de los posibles caminos literarios que tomar, est&aacute; en vanguardia, tomando ventaja sobre otras literaturas. Cierto que, de alg&uacute;n modo, combina surrealismo, publicidad, dibujo animado, absurdo, distintas po&eacute;ticas y g&eacute;neros, pero lo hace para convertir esta novela en &ldquo;arte&rdquo;; y se trata de un &ldquo;arte&rdquo; que es de una manera que las novelas no suelen serlo. El resultado del artificio es un cuadro que resulta bello para la imaginaci&oacute;n &ndash;aunque renunciando a la belleza en s&iacute;, como toda obra de arte moderno&mdash; y tambi&eacute;n es bello para el pensamiento.
    </p><p class="article-text">
        Resulta fascinante la libertad creativa con la que opera Miguel Antonio Ch&aacute;vez. Y c&oacute;mo hace uso de esa libertad (con qu&eacute; libertad, valga la redundancia). En <em>Conejo ciego en Surinam </em>vamos observando c&oacute;mo el relato atraviesa peque&ntilde;as fases por distintos g&eacute;neros, del tinte rom&aacute;ntico al de esp&iacute;as a la intriga pol&iacute;tica a la fantas&iacute;a&hellip;, justamente como si, lo suyo, fuese un espect&aacute;culo y, tambi&eacute;n, como si ese espect&aacute;culo lo fuera de magia: de ilusionismo y escapismo. Vendr&iacute;a a ser como una alegor&iacute;a de Monterroso pasada por Disney y convertida en una instalaci&oacute;n de Cildo Meireles; o como Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas pintada por Roy Lichtenstein para &ldquo;decorar&rdquo; los interiores de un parque tecnol&oacute;gico-astrof&iacute;sico, si no la catedral de Notre Dame. Un disparate maravilloso.
    </p><p class="article-text">
        Todos los fans de Javier Tomeo deber&iacute;an leer este libro.
    </p><p class="article-text">
        <em>Publicado en la revista digital venezolana </em>Colof&oacute;n<em> (diciembre de 2014)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-ilusionismo-escapista-de-miguel-antonio-chavez-nicolas-melini_132_4448270.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Dec 2014 16:08:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El ilusionismo escapista de Miguel Antonio Chávez]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Twitting]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/twitting-nicolas-melini_132_4460587.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El obituario en red est&aacute; deshaciendo ya nuestro modo de sentir los &oacute;bitos. Y qu&eacute; tal esto: el Supremo avala que los escritores que dejen de trabajar por realizar su obra reciban una pensi&oacute;n por el tiempo que dejan de cotizar (qu&eacute; tonto, pero si es el D&iacute;a Internacional de la Mujer, &iexcl;el titular se refiere a las mujeres que dejen de trabajar para cuidar a sus hijos!). Pinga es una palabra africana, sol&iacute;a recordar el profesor Ndoye. Ya no se lleva que los l&iacute;deres adopten una postura intransigente, a la manera que exhib&iacute;an todos aquellos dictadores del siglo pasado; ahora se lleva la intransigencia misma sin necesidad de postura (con el gesto y el verbo disimulado). Que <em>tweeting</em> signifique &ldquo;piar&rdquo; y uno sea canario anda que no tiene gracia. Leo algunas afirmaciones del fil&oacute;sofo Byung-Chul Han y nuevamente siento nostalgia de un tiempo en el que sab&iacute;a callar; cuando callas, te atienden mejor, dices algo y se escucha; pero tal vez ya sea demasiado tarde&hellip; Suena el dentista ah&iacute; al lado pero suave &ndash;aire, placentero a pesar de todo; por qu&eacute; no cerrar&aacute;n la puerta&mdash;, y aqu&iacute; en la sala la canci&oacute;n melosa de la novela, en el televisor; en silencio la ni&ntilde;a que aguarda con el brazo vendado, que sin embargo viene por las caries. No dar puntada sin medre. Miles de personas se manifestaron; apelaban a los escritores, les se&ntilde;alaban las consignas de las pancartas que portaban (sus pesares y reivindicaciones por todos conocidas), y con gestos les rogaban que les ayudaran, que no les dejaran tirados &ndash;ellos no&mdash;; que escribieran, por favor, que escribieran sobre <em>aquello</em>, que escribieran por dios se lo ped&iacute;an. Encuentro encantador cierto desencuentro con las editoriales, cuando sucede: no quieren lo que tienes, no tienes lo que dicen querer, no quieren lo que quieres&hellip;Tal vez no deba continuar escribiendo esto sin acordarme de Javier Moreno y su Alma; sobre todo de <em>su alma</em>. Escribir sobre lo que no alcanzas a ver con claridad (escribir sobre aquello que s&oacute;lo intuyes) puede estar bien, no digo yo que no, pero cuidado porque, tal vez, alguien &ndash;aquello que solo intuyes&mdash; lo haya visto y mostrado ya con claridad meridiana y solo consigas, si acaso, proponer una bagatela confusa para ense&ntilde;ar la m&aacute;s triste informaci&oacute;n: que no alcanzas. Se dir&iacute;a que los dem&oacute;cratas representantes nuestros se lo estaban pasando en grande: nos insultaban; todo lo que les hemos dicho, ellos nos lo devolv&iacute;an con motivo de marchas, asambleas, escraches y acampadas; &iquest;que los hemos tachado de fachas?, ellos nos tachaban de neonazis; la verdad es que, tal vez, s&oacute;lo nos estuvieran empatando. &iquest;Los twitteros canarios p&iacute;an o ladran? Hay escritores en circulaci&oacute;n que dan un &ldquo;perfil&rdquo; determinado y escritores que no lo dan o que dan otro &ndash;elemental a la hora de programas, premios, entrevistas&hellip;&mdash;, y alguna vez deberemos preguntarnos por qu&eacute; tantas veces resultar&iacute;a complicado, si fu&eacute;semos capaces de cierta objetividad, establecer una relaci&oacute;n bajo criterios coherentes entre la calidad del perfil conferido y la categor&iacute;a de la obra; bueno, una sucinta explicaci&oacute;n: se trata del camino que hemos recorrido entre conferir importancia al &ldquo;ser&rdquo;, y, ahora, conced&eacute;rsela tambi&eacute;n al &ldquo;parecer&rdquo;. Recuerdo cuando mi hija pintarrajeaba, como quien los firmara, los libros que yo estuviera leyendo; hoy lo ha hecho mi sobrina de 6 a&ntilde;os, que vive con nosotros desde hace 10 meses; supongo que ha observado que le presto mucha atenci&oacute;n a <em>eso</em>, as&iacute; que quiere estar ah&iacute;, que los libros que estoy leyendo sean ella tambi&eacute;n; en una ocasi&oacute;n, tras presentar un libro propio, mi hija se interpuso entre un lector y yo y garabate&oacute; unos rayones ininteligibles en mi brazo; &ldquo;es m&iacute;o&rdquo;, parec&iacute;a querer decir; me conmovi&oacute; la emoci&oacute;n, el sentimiento, la avidez con la que tom&oacute; mi brazo: &ldquo;&Eacute;l te podr&aacute; firmar su libro, pero yo lo firmo a &eacute;l&rdquo;, y me firm&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Identidad&hellip;
    </p><p class="article-text">
        A lo que eres o crees que eres&hellip; m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Nadie deja de ser algo por ser adem&aacute;s otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Ahora me extra&ntilde;a no dedicar todo mi tiempo a buscar &ldquo;alimento&rdquo; de letras de la mayor altura: por qu&eacute; atender a lo dem&aacute;s &ndash;y no me refiero s&oacute;lo a los libros&mdash;; y sin embargo no nos permitimos no atenderlo. Tal vez la pol&iacute;tica consista en dominar las sensibilidades de la ciudadan&iacute;a de modo que esas sensibilidades est&eacute;n con el pol&iacute;tico y lo legitimen para ejercer el poder sobre ella; los hechos generan sensibilidad, pero no es menos cierto que hechos y sensibilidad no son la misma cosa, y ah&iacute; se encuentra un terreno amplio abonado para la gran manipulaci&oacute;n; en sociedades medi&aacute;ticas no s&oacute;lo se manipula ese espacio: se manipula el hecho mismo y hasta la propia sensibilidad y cualquier posible reacci&oacute;n; hasta el agotamiento y extenuaci&oacute;n de los hechos y las sensibilidades y las ideas convertidas en nada por la magia del transcurso de la actualidad. P&aacute;jaros posados en la ropa tendida&hellip; Cada vez que se sent&iacute;a culpable me regalaba algo, fraternal, como un ni&ntilde;o infantil acostumbrado a deshacerse de los juguetes rotos comprando la amistad y la voluntad de sus amigos, s&oacute;lo que ten&iacute;a 40 a&ntilde;os y lo que me regalaba eran viejos enseres de adulto a cambio de que me dejara explotar por &eacute;l. Una antolog&iacute;a es una estrategia de otro en la que mejor no participar (a menos que te agrade la sensaci&oacute;n de que te lleven al huerto). Qu&eacute; clase de nostalgia es la lengua; a todos nos sucede cuando de pronto escuchamos una de aquellas palabras de la infancia. Operar intelectualmente desde el concepto isla a menudo es muy complicado: Isla islaislaislaisla, y despu&eacute;s lo que se quiera pensar&hellip; &mdash;acudamos a Lac&aacute;n para analizar todas esas frases en las que pronunciamos la palabra isla, o cualquiera de sus <em>derivados</em>, sin raz&oacute;n&mdash;. &iquest;Y si en realidad nos movi&eacute;ramos s&oacute;lo para el desastre y no existiese otra posibilidad que sucumbir; desastre y sucumbir, desastre y sucumbir&hellip;? Dem&oacute;cratas que no quieren que les consulten no son dem&oacute;cratas. &iexcl;Ah, estas sobras, qu&eacute; maravilla estas sobras del capitalismo, cada vez me agradan m&aacute;s estas sobras! No eran nada el uno para el otro (s&oacute;lo hab&iacute;an follado una vez), ella lo llamaba todos los s&aacute;bados por la ma&ntilde;ana y &eacute;l siempre pensaba que lo hac&iacute;a &uacute;nicamente para que escuchara la respiraci&oacute;n fuerte de su hijo peque&ntilde;o dormido a su lado, porque le dec&iacute;a que a&uacute;n se encontraba en la cama, que su marido se acababa de ir, y callaba mucho y no ten&iacute;a nada que decir y en realidad (una vez &eacute;l le pregunt&oacute;) no quer&iacute;a con &eacute;l nada nunca m&aacute;s, s&oacute;lo aquel no decirse al otro lado del tel&eacute;fono y la respiraci&oacute;n fuerte de su hijo. Republicanos que identifican rep&uacute;blica con izquierda excluyen a tantos otros dem&oacute;cratas. Cual Onetti en la cama, con estos dispositivos peque&ntilde;os en los que escribir, esa hora antes de dormir se me est&aacute; haciendo de las productivas del d&iacute;a, incluso de las m&aacute;s productivas, a veces, porque me llevo el ordenadorcito y escribo, cual Onetti en la cama, <em>ay si Onetti hubiese conocido estos ordenadorcitos</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Publicado en la revista ACL, revista de la </em>Academia Canaria de la Lengua, <em>n&ordm; 2, octubre de 2014</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/twitting-nicolas-melini_132_4460587.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Dec 2014 20:40:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Twitting]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ‘recuperación’ con estoque. Vamos bien pero a peor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/recuperacion-estoque-vamos-bien-pero-a-peor_132_4804357.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Nos dicen por un lado que ya salimos de la crisis, que hemos visto la luz al final del t&uacute;nel, y por otro que hay que hacer una nueva tanda de reformas o una nueva reforma laboral o una nueva subida del IVA o m&aacute;s recortes. Escuchamos y no entendemos, vamos bien pero a peor. La troika dice que ya salimos y al mismo tiempo que debemos hacer m&aacute;s en la l&iacute;nea que sentimos que nos hace da&ntilde;o. &ldquo;Salir de la crisis&rdquo; (la &ldquo;recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica&rdquo;) y un mayor sufrimiento para trabajadores y parados y la ciudadan&iacute;a en general &ndash;enfermos, dependientes, jubilados con demasiada carga familiar, infancia con problemas de nutrici&oacute;n&ndash;, parece ir perfectamente aparejado. &iquest;Salimos o entramos? &iquest;Vamos o venimos?
    </p><p class="article-text">
        Busquemos algo de luz, leamos a Noam Chomsky.
    </p><p class="article-text">
        Chomsky es un ling&uuml;ista y activista pol&iacute;tico estadounidense de enorme prestigio en todo el mundo. Para empezar encontramos que Noam Chomsky se declara anarcosindicalista (a la manera que el anarcosindicalismo se da en EE.UU.), y tambi&eacute;n, y creo que es lo relevante en este caso, un &ldquo;liberal cl&aacute;sico&rdquo;. En 'El beneficio es lo que cuenta (Neoliberalismo y orden global)', libro publicado antes de la actual crisis financiera, en 1999, comienza definiendo &ldquo;neoliberalismo&rdquo;: &ldquo;el sistema doctrinal tambi&eacute;n se conoce como Consenso de Washington&rdquo; y a&ntilde;ade que sus &ldquo;supuestos b&aacute;sicos est&aacute;n lejos de ser los que animaban la tradici&oacute;n liberal desde la ilustraci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, Chomsky est&aacute; con Gerald Haines cuando &eacute;ste dice: &ldquo;A continuaci&oacute;n de la Segunda Guerra Mundial, por propio inter&eacute;s, Estados Unidos asumi&oacute; la responsabilidad de velar por el sistema del mundo capitalista&rdquo;. Tal vez, a estas alturas, esto sea ya una obviedad para todos nosotros: hemos vivido la guerra fr&iacute;a y su final, sabemos c&oacute;mo Washington intervino para derrocar a Allende en Chile o al gobierno democr&aacute;tico de Guatemala, y hemos observado tambi&eacute;n c&oacute;mo viene interviniendo militarmente donde hay petr&oacute;leo y gas. Para los estadounidenses se trata, b&aacute;sicamente, de defender sus intereses econ&oacute;micos. En &ldquo;documentos secretos&rdquo; desvelados por Chomsky en este libro, puede leerse que los reg&iacute;menes nacionalistas que amenazan la &ldquo;estabilidad&rdquo; son calificados  de &ldquo;manzanas podridas&rdquo;, &ldquo;virus&rdquo; que podr&iacute;a &ldquo;infectar&rdquo; a otros, etc. Pero, para explicar el origen de las ideas que animan hoy al consenso de Washington &ndash;el neoliberalismo&mdash;, Chomsky se remonta a un primer experimento econ&oacute;mico llevado a cabo &ldquo;hace 200 a&ntilde;os, cuando las autoridades brit&aacute;nicas de la India instituyeron el Permanent Settlement (Asentamiento Permanente) que iba a reportar maravillas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dice Chomsky que aquella fue la primera &ldquo;mala idea&rdquo; econ&oacute;mica. Las malas ideas son buenas para unos pocos, que obtienen extraordinarios beneficios, y p&eacute;simas para la gran mayor&iacute;a, que se ven s&uacute;bitamente empobrecidos. Llegado este punto, podemos comenzar a relacionar lo explicitado por Chomsky y nuestra situaci&oacute;n actual en Espa&ntilde;a tras 7 a&ntilde;os del estallido de la crisis financiera y 3 de reformas y austeridad para salir de esta. En el caso del Permanent Settlement, el resultado &ldquo;extraordinario&rdquo; fue analizado unas d&eacute;cadas despu&eacute;s por una comisi&oacute;n independiente, para comprobar que &ldquo;los huesos de los tejedores de algod&oacute;n blanqueaban las llanuras de la India&rdquo;. El empobrecimiento fue brutal. Aun as&iacute;, el Gobernador General Brit&aacute;nico observ&oacute; que el Permanent Settlement &ndash;y dijo estas palabras que cita Chomsky en su libro&mdash; &ldquo;aun siendo un fracaso en otros muchos aspectos y en los m&aacute;s fundamentales, tiene la gran ventaja de, por lo menos, haber creado un grupo de ricos propietarios de tierras profundamente interesados en la permanencia del dominio brit&aacute;nico y que disponen de absoluta autoridad sobre las masas de la poblaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Chomsky a&ntilde;ade otras &ldquo;ventajas&rdquo; de esta mala idea econ&oacute;mica: que &ldquo;los inversores brit&aacute;nicos ganaron inmensas fortunas&rdquo; y que &ldquo;India financiaba el 40% del d&eacute;ficit comercial brit&aacute;nico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este es un patr&oacute;n que podemos observar tambi&eacute;n en la Espa&ntilde;a actual: enriquecidos los contados ricos del lugar, enriquecidas otro tanto algunas fuerzas financieras for&aacute;neas, empobrecida el conjunto de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo con algunos ejemplos de &ldquo;malas ideas&rdquo; que son muy buenas para quienes las implantan, Chomsky recuerda c&oacute;mo el Consenso de Washington se ocup&oacute; de uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos del mundo, Brasil: &ldquo;En 1989, Haines califica la pol&iacute;tica de norteamericanizaci&oacute;n de Brasil&rdquo; de &ldquo;sumamente exitosa&rdquo;, &ldquo;una aut&eacute;ntica historia de &eacute;xito a la americana&rdquo;. Mientras a ojos del mundo financiero los beneficios se multiplicaron por 3 en solo un a&ntilde;o, &ldquo;los salarios industriales, ya entre los m&aacute;s bajos del mundo, disminu&iacute;an otro 20%&rdquo;. Y &ldquo;en el informe sobre desarrollo humano de la ONU, Brasil se sit&uacute;a a la par que Albania&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha habido alguna novedad interesante en el terreno de la evoluci&oacute;n del neoliberalismo en el mundo y de la implantaci&oacute;n de malas ideas econ&oacute;micas, como, por ejemplo, que se han empezado a implantar tambi&eacute;n en casa, esto es, en Estados Unidos. De la actual crisis han &ldquo;salido&rdquo; con una clase trabajadora empobrecida y con salarios mucho m&aacute;s bajos que antes, y sin embargo las &eacute;lites financieras se han enriquecido notablemente.
    </p><p class="article-text">
        Aunque les he mencionado, muy por encima, una serie de ideas e informaciones recogidas en apenas las 10 primeras p&aacute;ginas del libro de Chomsky, creo que ya podemos alumbrar alg&uacute;n tipo de sospecha sobre nuestro presente, as&iacute; que recapitulemos: tras la ca&iacute;da de Lehman Brothers en EE.UU., el tsunami econ&oacute;mico alcanz&oacute; a Espa&ntilde;a, pa&iacute;s en el que derriba una importante burbuja inmobiliaria (a un buen n&uacute;mero de entidades bancarias mal gestionadas &ndash;en algunos casos, criminalmente gestionadas&mdash;, a unas arcas p&uacute;blicas dependientes en gran medida de los estupendos ingresos derivados de la burbuja inmobiliaria, y un largu&iacute;simo etc&eacute;tera). En esa situaci&oacute;n de extrema debilidad, con todas las instituciones econ&oacute;micas mundiales (lo que la prensa ha dado en llamar el &ldquo;gobierno mundial en la sombra&rdquo;, instituciones econ&oacute;micas dominadas por EE.UU en buena medida, entre ellas al menos, de forma directa, una parte de la troika) se&ntilde;alando que Espa&ntilde;a deb&iacute;a realizar fuertes &ldquo;reformas estructurales&rdquo; en su econom&iacute;a, es finalmente Obama quien llama personalmente al presidente espa&ntilde;ol, Rodr&iacute;guez Zapatero, para doblegar su brazo.
    </p><p class="article-text">
        Zapatero acudi&oacute; al Congreso, escenific&oacute; su frustraci&oacute;n y fracaso y anunci&oacute; que iniciaba los recortes solicitados, as&iacute; como que se aplicar&iacute;a a ello con la misma convicci&oacute;n que cuando aplicaba medidas acordes con sus ideas. Juntos Zapatero y Rajoy reformaron la Constituci&oacute;n para satisfacer a los acreedores del pa&iacute;s. Rajoy gan&oacute; las siguientes elecciones generales, por mayor&iacute;a absoluta, mintiendo a su electorado sobre la verdadera naturaleza de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica que llevar&iacute;a a cabo, negando que 'tocar&iacute;a' la sanidad y la educaci&oacute;n, afirmando que recuperar&iacute;a el empleo inmediatamente, y sin embargo se aplic&oacute; desde el primer d&iacute;a a convertirse en el mejor servidor de esas instituciones econ&oacute;micas mundiales, para pasar por el mejor presidente tecn&oacute;crata que pudieran encontrar. Los mercados, al observar la debilidad de Espa&ntilde;a, apostaron en contra del pa&iacute;s hasta subir su prima de riesgo a cotas insoportables, algo que les result&oacute; extremadamente rentable y que supuso una sangr&iacute;a para el pa&iacute;s. Supuestamente, no exist&iacute;a otra alternativa, y si hubiese existido, supuestamente tambi&eacute;n, Rajoy la hubiese tomado, sin embargo es muy elocuente el resultado de sus pol&iacute;ticas; qui&eacute;nes se han enriquecido y qui&eacute;nes han padecido lo peor de la crisis. Pese a que uno de los mayores dramas es el desempleo, no ha adoptado medidas de est&iacute;mulo. El da&ntilde;o est&aacute; hecho a conciencia.
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy (mediados de 2014) es evidente que la crisis financiera est&aacute; siendo muy rentable para especuladores financieros internacionales (a los que el Gobierno vende entidades bancarias nacionalizadas); y tambi&eacute;n est&aacute; siendo rentable para las &eacute;lites econ&oacute;micas del pa&iacute;s. Las familias son desahuciadas. Y, sin embargo, el Gobierno ha creado una mala idea, un &ldquo;banco malo&rdquo;, para quitar de los balances de las entidades financieras los inmuebles que resultaban t&oacute;xicos y que la nueva entidad pueda venderlos, por ejemplo, a &ldquo;fondos buitre&rdquo;. Mientras la gente es desahuciada, uno de los hijos del ex presidente Aznar se encuentra en el negocio. Como sucediera en la India, el reparto de beneficiados y damnificados est&aacute; claro, bien para &eacute;lites nacionales e internacionales, mal para el conjunto de los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Parece claro, pues, que si nos encontramos en medio de una de esas malas ideas que son tan buenas, lo que el Gobierno anuncia como recuperaci&oacute;n no lo ser&aacute; para todo el mundo. Al conjunto de la ciudadan&iacute;a, desde el principio de la crisis, solo le ha quedado una alternativa, el pataleo, la protesta, la lucha, la denuncia en los tribunales, la violencia en las calles, la denuncia en los medios de comunicaci&oacute;n que han estado dispuestos a hacerlo, y si no en las redes sociales y foros de internet. La dicotom&iacute;a de la ciudadan&iacute;a ha sido y sigue siendo:
    </p><p class="article-text">
        Nos pisan.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, si nos pisan y duele podemos hacer dos cosas: quejarnos, o no quejarnos.
    </p><p class="article-text">
        Si no nos quejamos, aprietan m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Si, a pesar de que nos aprietan m&aacute;s, no nos quejamos o nos quejamos poco, apretar&aacute;n m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Venga, entonces nos quejaremos en condiciones...
    </p><p class="article-text">
        Pero, vaya, descubrimos que aun as&iacute;, aprietan m&aacute;s, y nos reprimen por la fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez si nos quej&aacute;ramos mucho, pero mucho much&iacute;simo, hasta un extremo que les resulte insoportable, apretar&iacute;an un poco menos.
    </p><p class="article-text">
        Protestar es indispensable, que muchos lo hagan es lo m&aacute;s sano, si los que lo hacen no lo hicieran, estar&iacute;amos peor. Por desgracia, no parece que &ldquo;nuestras&rdquo; &eacute;lites econ&oacute;micas est&eacute;n dispuestas a dejar de incurrir en injusticias... mientras sigan ganando... Pueden seguir as&iacute; hasta que la situaci&oacute;n no les sea rentable, o les sea m&aacute;s rentable cambiar el ciclo. &ldquo;El beneficio es lo que cuenta&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/recuperacion-estoque-vamos-bien-pero-a-peor_132_4804357.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Jun 2014 08:07:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La ‘recuperación’ con estoque. Vamos bien pero a peor]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo es posible que Mariano Rajoy siga siendo el presidente del Gobierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/rajoy-presidente-gobierno-posible_132_4915261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Rajoy es un presidente del Gobierno que, como poco, ha dirigido un partido pol&iacute;tico, el PP, a lo largo de una d&eacute;cada en la que dicho partido no dej&oacute; de acumular dinero negro, presuntamente de donaciones ilegales realizadas por constructores y grandes empresas a cambio de concesiones (dinero p&uacute;blico), y una gran parte de ese dinero p&uacute;blico ennegrecido acab&oacute; en cuentas en para&iacute;sos fiscales de personas concretas, adem&aacute;s de financiar al partido &ndash;sobresueldos, obras en sedes, m&iacute;tines, pagos a prensa, regalos caros...&mdash;, y la &uacute;nica explicaci&oacute;n de eso, que es grav&iacute;simo, que yo le he escuchado a ese presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fue un escueto (con la boca peque&ntilde;a, adem&aacute;s con voz t&iacute;mida, baja y balbuceante): &ldquo;Ah&iacute; unos... dirig&iacute;amos el partido y otros... hicieron lo que hicieron&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        (No es literal, hablo de memoria, pero teniendo en cuenta lo poco que sirve ahora la verdad, qu&eacute; m&aacute;s da, &iquest;no? En cualquier caso, se trata de una explicaci&oacute;n a todas luces insuficiente; es m&aacute;s, inaceptable, despu&eacute;s de todo lo sucedido.)
    </p><p class="article-text">
        Y a pesar de ello, Rajoy sigue siendo el presidente del Gobierno y, a d&iacute;a de hoy, como si hubi&eacute;semos olvidado todo <em>eso</em> &ndash;lo mencionado de lo ocurrido y m&aacute;s que hay y m&aacute;s que sigue apareciendo&mdash;, ni siquiera parece que nos cuestionemos que deba seguir si&eacute;ndolo; al contrario, liderar&aacute; al partido durante las pr&oacute;ximas elecciones europeas y se presentar&aacute; a las pr&oacute;ximas elecciones generales y, qui&eacute;n sabe... Ni en los peores sue&ntilde;os de un ciudadano consciente de los problemas del pa&iacute;s podr&iacute;a colarse semejante pesadilla de situaci&oacute;n pol&iacute;tica: observamos at&oacute;nitos la corrupci&oacute;n del partido que gobierna y a&uacute;n no sabemos si el Gobierno contin&uacute;a ah&iacute; &ndash;como si nada&mdash; porque a pesar de todo es lo leg&iacute;timo, porque la impunidad pol&iacute;tica en este pa&iacute;s alcanza cotas inconmensurables y no importa, o porque el espect&aacute;culo es tal que queremos que contin&uacute;e (el espect&aacute;culo).
    </p><p class="article-text">
        La oposici&oacute;n, encabezada por los representantes del Psoe, ya ha demostrado de sobra que no est&aacute; interesada en obligar a Rajoy y a su partido a asumir la menor responsabilidad pol&iacute;tica por B&aacute;rcenas, G&uuml;rtel y dem&aacute;s dineros (sustra&iacute;dos a la arcas del Estado), entre otras cosas porque no le conviene atacar de muerte al bipartidismo, que luego, se supone, le toca el turno a ellos &ndash;y, por cierto, bien pensado, mejor que Rajoy haga el trabajo sucio de los recortes que ya si eso luego... ya...&ndash;. Cinismo puro y duro.
    </p><p class="article-text">
        La estabilidad es muy bonita, deber&iacute;amos estar agradecidos al bipartidismo. Ellos quebraron el pa&iacute;s haciendo lo que han hecho y permitiendo lo que han permitido &ndash;deuda privada descomunal que con la crisis financiera e inmobiliaria han convertido en p&uacute;blica, quebrando el pa&iacute;s y obligando a tama&ntilde;os recortes sociales&mdash; y ellos mismos gestionan la &ldquo;recuperaci&oacute;n&rdquo;, nos ense&ntilde;an la luz al final de t&uacute;nel cuando a&uacute;n no somos capaces de verla, y apechugan con el mal rollo que nos han generado (a ver si vamos a creernos que les gusta mandar a los antidisturbios a reventar manifestaciones pac&iacute;ficas y velar por la seguridad nuestra y del Estado de Derecho; claro que no).
    </p><p class="article-text">
        Era mucho mejor cuando los suyos capitaneaban las cajas de ahorros ahora quebradas, entre ellas CajaMadrid &ndash;muchas de ellas concurrieron en Bankia, que es la que finalmente ha puesto de rodillas al pa&iacute;s, esto es, al pie de los caballos de la Troika&mdash;. Ese partido pol&iacute;tico, por cierto, el que lideraba esa caja de ahorros que sali&oacute; a bolsa ocultando su situaci&oacute;n y acab&oacute; por darle la puntilla a la econom&iacute;a espa&ntilde;ola, es tambi&eacute;n el partido del presidente, el mismo partido y conducido por &eacute;l en ese tiempo, cuando desde esa caja liderada por su partido se estaban perpetrando estafas como las de las preferentes; pero no importa, la responsabilidad queda convenientemente repartida entre el ramillete de partidos y sindicatos que ten&iacute;an alg&uacute;n voto ah&iacute; dentro y, al fin y al cabo, el Psoe gobernaba el pa&iacute;s cuando el Banco de Espa&ntilde;a no supervis&oacute; esa y otras cajas con el suficiente celo; aunque los dineros, todo hay que decirlo, en quienes se invirti&oacute; legal e ilegalmente hasta el despilfarro fue en los primeros. Y qu&eacute; Comunidad Aut&oacute;noma minti&oacute; sobre su d&eacute;ficit hasta un extremo tal que resultaba que era de las menos endeudadas mientras result&oacute; estar entre las que m&aacute;s: la de Madrid de Esperanza Aguirre. A qu&eacute; partido pertenecen los pol&iacute;ticos que se van destapando con cuentas en Suiza: al PP. Qu&eacute; partido es el responsable de la liberalizaci&oacute;n de las radiales que ha resultado un pufo para el pa&iacute;s de proporciones extraordinarias, el PP. Qui&eacute;n conced&iacute;a los dineros p&uacute;blicos que deb&iacute;an servir para cursos de formaci&oacute;n en Madrid que ni siquiera se realizaron, el PP. Y no es por exonerar al Psoe, que tiene los ERE de Andaluc&iacute;a, cuya implicaci&oacute;n en los cursos de formaci&oacute;n estafados en Andaluc&iacute;a apenas ha empezado a apuntarse en estas fechas, y que bastante culpa porta en todo lo que ha pasado al ser el partido que ha gobernado con-contra el PP a lo largo de tres d&eacute;cadas: partido pol&iacute;tico, el Psoe, c&oacute;mplice total de la burbuja inmobiliaria, que encima neg&oacute; la crisis y no la afront&oacute; permitiendo que se agravara, mostrando una incapacidad de gobierno que ray&oacute; la cobard&iacute;a. El PP de Rajoy, cuando Rajoy era l&iacute;der de la oposici&oacute;n y m&aacute;xima figura del partido, pag&oacute; las obras de su sede de G&eacute;nova con dinero negro que era dinero p&uacute;blico que acab&oacute; en para&iacute;sos fiscales. La G&uuml;rtel es una trama que convierte dinero p&uacute;blico en dinero del PP (y de unos pocos que se enriquecen colocando sus fortunas en para&iacute;sos fiscales). No produc&iacute;an nada, extra&iacute;an, de las arcas de todos y para su uso y disfrute colectivo e individual. Y qui&eacute;nes utilizaban la mafia china para evadir dinero a para&iacute;sos fiscales, &iquest;eran esos malditos rojos?
    </p><p class="article-text">
        Parece que hay muestras m&aacute;s que evidentes de que en Espa&ntilde;a existe una casta de extractores de riqueza del pa&iacute;s, ego&iacute;sta, insolidaria y delincuente; es una casta ensoberbecida, maleducada, que se cree por encima de todos nosotros. Ni siquiera es una cuesti&oacute;n ideol&oacute;gica. Es por soberbia, es por casta. El presidente Rajoy se ha encontrado y se encuentra a la cabeza de esa casta, viviendo en ella, de ella. Es inconcebible que contin&uacute;e ah&iacute;. Pero (hay un pero maravilloso) en el inconsciente colectivo parece que cuaja la intuici&oacute;n de que esta purga medi&aacute;tica y judicial, est&aacute; limpia del pa&iacute;s que tan nauseabunda e hipn&oacute;tica nos resulta, se est&aacute; produciendo durante su mandato, no contra sus intereses y los intereses de su partido, sino, m&aacute;s bien, porque &eacute;l lo quiere. Por lo visto, mientras se siga publicando, investigando y enjuiciando a los responsables del PP, mejor que siga Rajoy. M&aacute;s, mientras Rajoy garantice una cierta recuperaci&oacute;n macroecon&oacute;mica del pa&iacute;s, mejor la estabilidad que esa recuperaci&oacute;n macroecon&oacute;mica proporciona que la inestabilidad de que Rajoy caiga. La econom&iacute;a, primero; no es de extra&ntilde;ar, el dinero es nuestro valor principal. Y los de los dineros del pa&iacute;s &ndash;Bancos y empresas del IBEX&mdash;, que son los que realmente podr&iacute;an pedir la cabeza de Rajoy y conseguirla, no nosotros, han estado ah&iacute; junto a PP y Psoe todos estos a&ntilde;os, antes en las maduras de la corrupci&oacute;n, y ahora en las duras de los ajustes. Incluyamos a la monarqu&iacute;a, que tambi&eacute;n tiene lo suyo en todo esto y, adem&aacute;s, ahora se encuentra convenientemente arrumbada, moralmente incapacitada para intervenir. Y aun me olvidaba de la Troika y de quien llam&oacute; a Zapatero para que finalmente doblegara su brazo e iniciara los recortes: Obama. Rajoy ha trabajado tan bien para ellos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Art&iacute;culo publicado en el digital</em> El Cotidiano
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/rajoy-presidente-gobierno-posible_132_4915261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Apr 2014 20:03:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cómo es posible que Mariano Rajoy siga siendo el presidente del Gobierno]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Mariano Rajoy,Presidente,Gobierno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres novelas, recientes, de lo mejor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/tres-novelas-de-lo-mejor_132_4926301.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>He rese&ntilde;ado solo estas tres novelas por tratarse de las que me han parecido excepcionales de entre unas 30 del &aacute;mbito espa&ntilde;ol publicadas mayoritariamente en 2013 y que he le&iacute;do a lo largo de los &uacute;ltimos meses. Importante me parece se&ntilde;alar que no conozco a los autores.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>'Para&iacute;sos',  de Iosi Havilio</strong>
    </p><p class="article-text">
        (Caballo de Troya, 2013, 350 p&aacute;g.)
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera sabemos su nombre. Su marido muere de pronto, atropellado,  dej&aacute;ndola con un beb&eacute; peque&ntilde;o, Sim&oacute;n. El hermano del marido, Jaime, se  ocupa de los tr&aacute;mites. No parecen tener una buena relaci&oacute;n ella y su  cu&ntilde;ado, parece que &eacute;ste nunca la considerara de la familia; ni &eacute;l ni su  mujer. La tratan con condescendencia. No volver&aacute;n a verse despu&eacute;s de la  muerte del marido. Unos d&iacute;as despu&eacute;s llega la orden de desalojo de la  casa y la finca en la que viven ella y su hijo, que se encuentra en el  campo, en un lugar llamado Open Door: hay una deuda y el propietario  quiere recuperarla. Le ofrecen dinero, muy poco, para unos meses. No le  queda m&aacute;s remedio que aceptar. Con su beb&eacute; a cuestas, deja la finca y se  dirige a la ciudad, adonde llega justo el d&iacute;a de las inundaciones. Toma  una habitaci&oacute;n en un hotelucho regentado por una gallega. All&iacute; conoce a  una rumana, de Transilvania, Iris, que lleva 2 a&ntilde;os en el pa&iacute;s...
    </p><p class="article-text">
        Relato lineal, 'Para&iacute;sos', de Iosi Havilio (Buenos Aires, Argentina,  1974), comienza con un suceso cat&aacute;rtico que mancha al personaje  principal en adelante. A partir de ese momento lo que mantiene nuestro  inter&eacute;s es su vulnerabilidad, la posibilidad de que caiga, as&iacute; como  aquellos momentos en los que descubrimos que es capaz de seguir adelante  a pesar de todo. Se trata tambi&eacute;n, en cierto modo, de una novela  epis&oacute;dica. El transcurrir natural, en t&eacute;rminos realistas, de la historia  (tanto como el transcurso del tiempo y las acciones en intensidad  cotidiana), permite al lector viajar despacio de peque&ntilde;o episodio en  peque&ntilde;o episodio. El mayor logro de la estructura de esta novela (una  estructura que no se ve) es conseguir, mediante un argumento nimio,  dejar sitio a algo que debe parecerse mucho a la vida.
    </p><p class="article-text">
        Lo excepcional de los personajes es su condici&oacute;n de gente corriente,  como rara vez se encuentra esa condici&oacute;n expresada a trav&eacute;s de la  literatura. Al principio pensamos que esa mujer que protagoniza la  historia va a ser menos capaz, que nada puede m&aacute;s que empeorar en su  vida, pero no, se mantiene, sale adelante sutilmente, flota sobre su  propia vulnerabilidad, ni m&aacute;s ni menos que como cualquiera de nosotros  en nuestras propias vidas. Gracias a Iris comienza a trabajar en un zoo.  Ah&iacute; conoce a varios compa&ntilde;eros. Yessica, la compa&ntilde;era que debe formarla  pero la trata mal. Canetti, &ldquo;con doble T&rdquo;, jefe de ordenanza que se le  pega y le propone presentarle a una persona que necesita que le pongan  inyecciones todos los d&iacute;as, la se&ntilde;ora se llama Tosca y es una gorda  inmensa con un tumor benigno en el cogote. Ella se da cuenta de que  Canetti le hace el favor porque quiere salir con ella, y se zafa. Tosca  le comenta que arriba de su piso hay uno libre y le dice que puede  ocuparlo a cambio de los pinchazos. Se traslada all&iacute; con su hijo. Es un  sitio muy particular, un edificio ocupado desde hace d&eacute;cadas, conocido  como el Buti por uno que muri&oacute; resistiendo un desalojo all&iacute; 10 a&ntilde;os  atr&aacute;s...
    </p><p class="article-text">
        Novela escrita en un falso presente,  presente hist&oacute;rico, de manera g&eacute;lida, distante, contenida, acerada, que  es la voz de la protagonista, el autor no incurre en frases buenas o  demasiado literarias que no encajar&iacute;an en la voz del personaje. Tampoco  detiene su mirada en lo que no se detendr&iacute;a la suya. Parece cumplir el  precepto de Hemingway, &ldquo;escribe la historia, quita las frases buenas y  mira a ver si todav&iacute;a funciona&rdquo;. El estilo, en su austeridad, resulta  muy seductor. Expresa bien el dilema existencial de esta madre que de  pronto pierde al hombre tosco del que se enamor&oacute; como &ldquo;sin querer&rdquo;,  tard&iacute;amente, y, sola en el mundo, tiene que irse a la ciudad a buscarse  la vida. Se trata de un estilo que permite al lector vivir la historia, y  no es sencillo lo que consigue Iosi Havilio. Lo que podr&iacute;a parecer  banal, no lo es en su caso, o, dicho de otro modo, lo banal no resulta  nada banal escrito por este autor. Se interesa por todo aquello que no  suele ser de inter&eacute;s para la literatura, algo que lo emparenta a muchos  buenos cineastas contempor&aacute;neos, aquellos que depositan la mirada en  sucesos de aparente baja intensidad dram&aacute;tica. En este sentido,  'Para&iacute;sos', de Iosi Havilio, resulta ser una novela rabiosamente  contempor&aacute;nea. Sin duda entre lo mejor que hemos le&iacute;do &uacute;ltimamente.
    </p><p class="article-text">
        <em>Rese&ntilde;a publicada en la revista digital microrevista</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>'Memorias de Andr&eacute;s Chiliquinga</strong>', de Carlos Arcos Cabrera
    </p><p class="article-text">
        (Alfaguara Ecuador, Quito, 2013, 212 p&aacute;g.)
    </p><p class="article-text">
        Andr&eacute;s Chiliquinga, m&uacute;sico Otavalo y dirigente ind&iacute;gena, se dirige a  Nueva York invitado a participar en el curso Literaturas Andinas.  Desconfiado como buen andino ante pr&aacute;cticamente todo lo que le acontece,  al principio no puede menos que sentirse abrumado y, al o&iacute;r hablar a  los dem&aacute;s, hispanistas consumados, sentir l&aacute;stima de s&iacute; mismo. &Eacute;l es  m&uacute;sico, no es estudiante de literatura, no sabe de qu&eacute; modo se ha metido  en este l&iacute;o, hasta se plantea si no habr&aacute; gato encerrado y lo hayan  metido ah&iacute; por alguna raz&oacute;n. La directora gringa del curso pide a una de  las estudiantes que le ayude, y, adem&aacute;s, le exime de las obligaciones  de los dem&aacute;s. No tendr&aacute; que aplicar para nota. Y le encarga la lectura  de 'Huasipungo' (1934), de Jorge Icaza, novela indigenista que habla de  la gente que es como &eacute;l. De hecho, enseguida descubre que uno de los  protagonistas del libro lleva precisamente su nombre, Andr&eacute;s  Chiliquinga, y otro de los personajes principales el apellido de la  estudiante (Mar&iacute;a Clara Pereira) que le ayuda. Pereira es un cacique y  Andr&eacute;s Chiliquinga un runa, un indio, como &eacute;l. Mar&iacute;a Clara Pereira dice  ser lesbiana, pero entre ella y &eacute;l se establece una curiosa relaci&oacute;n de  camarader&iacute;a que no parece postergar del todo la sensualidad; &eacute;l la coge  por la cintura y ella le pasa el brazo por el hombro cuando pasean por  el campus y sus alrededores.
    </p><p class="article-text">
        La historia que Carlos  Arcos narra, 'Memorias de Andr&eacute;s Chiliquinga', transcurre entre las  clases, la habitaci&oacute;n de la universidad en la que Andr&eacute;s se hospeda, la  biblioteca en la que &eacute;l y Mar&iacute;a Clara preparan sus respectivos trabajos,  las salidas a restaurantes y alg&uacute;n bolo que el m&uacute;sico realiza con un  viejo amigo que vive en la ciudad. Aunque se siente en desventaja  intelectual con todo el mundo, Andr&eacute;s es un tipo cosmopolita, conoce  toda Europa; todos los a&ntilde;os viaja a Holanda, donde se junta con varios  m&uacute;sicos Otavalos y se va con ellos en una furgoneta a recorrer el  continente, haciendo buenos dineros tocando y pidiendo en las calles de  las ciudades. Adem&aacute;s, recientemente Andr&eacute;s ha participado en la revuelta  que ha tumbado al Mahuad en Ecuador, y que, finalmente, tras un  brev&iacute;simo gobierno en el que los ind&iacute;genas participan, acaba con un  acuerdo para que gobierne el pa&iacute;s Gustavo Noboa, as&iacute; que se ha  convertido en un l&iacute;der ind&iacute;gena (aunque, tal como lo cuenta, ha debido  de ser casi a su pesar).
    </p><p class="article-text">
        El relato del viaje de  Andr&eacute;s y su estancia en EE.UU. es franco: hombre que llega de fuera y se  enfrenta a una realidad que desconoce. Choque de culturas (con la  sutileza en ese choque que es propia de un mundo que est&aacute; muy mezclado y  tiende a mezclarse cada vez m&aacute;s). El proceso del personaje, a lo largo  de la historia, es un proceso identitario, de confrontaci&oacute;n con su  pasado y de recomposici&oacute;n de qui&eacute;n es ahora. Andr&eacute;s Chiliquinga, que  parec&iacute;a tener muy claro qui&eacute;n era, entra en crisis al enfrentar nueva  informaci&oacute;n acerca del pasado de los suyos y tener que v&eacute;rselas  intelectualmente con lo que no es propio de su oficio ni de su  condici&oacute;n; y de esa crisis sale un hombre distinto. La lectura de la  novela de Icaza enfrenta la visi&oacute;n del ind&iacute;gena actual a la que el autor  kitchwahablante arroja sobre su pueblo. Como andino, adem&aacute;s, no acaba  de comprender que lo que all&iacute; lee no sea real &ndash;o no tenga nada que ver  literalmente con &eacute;l (y con su tutora)&mdash;, lo que propicia interesantes  reflexiones sobre la literatura; sobre ficci&oacute;n y realidad, etc. Su  tocayo le visita m&aacute;gicamente en sue&ntilde;os que parecen reales. Su visi&oacute;n de  la novela no puede ser la de un hispanista, y parece que eso le piden:  que no trate de imitar a los otros, que hable de lo que siente al leer  el libro, nada m&aacute;s. Sospecha incluso que se trata de un experimento, o  que se encuentra ah&iacute; porque los gringos quieren saber lo que piensa, al  darse cuenta estos de que los indios son lo suficientemente fuertes para  tumbar a un presidente que era amigo de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Novela narrada en primera persona en la voz del personaje principal,  este resulta un personaje completo, del que conocemos y reconocemos  matices pr&aacute;cticos, prejuicios, talentos, su forma de expresarse, y la  vertiginosa evoluci&oacute;n de su compleja identidad desde el principio hasta  el final de la novela. En este sentido, el personaje protagonista de  esta novela resulta espectacular. El resto de los personajes de la  novela, vividos desde la perspectiva de Andr&eacute;s Chiliquinga, son  veros&iacute;miles, interesantes (m&aacute;s los m&aacute;s pr&oacute;ximos a &eacute;l que aquellos con  los que no tiene que interactuar), y, sobre todo, ayudan de manera  determinante a que accedamos a los matices m&aacute;s variados de la identidad  compleja de Andr&eacute;s; incluidos en este caso los personajes de la novela  que est&aacute; leyendo.
    </p><p class="article-text">
        El de esta novela es un estilo  realista casi funcional, en la medida que podr&iacute;amos considerar que lo es  el empleado, por ejemplo, en el 'Lazarillo de Tormes'. No hay una  propuesta de esteta. Lo m&aacute;s interesante es c&oacute;mo se mezcla y confronta el  lenguaje propio del personaje principal con el nuestro o con el  lenguaje propio de aquellos a los que encuentra en EE.UU. M&aacute;s que en la  escritura, la est&eacute;tica de la novela se juega en un plano sociol&oacute;gico, y  en este sentido se trata de un relato muy l&uacute;cido, capaz de ofrecernos  matices muy interesantes de todo lo que nos cuenta. Es una literatura  estupenda porque para transmitirnos esos matices debe acertar con los  significados de un modo que resulten polis&eacute;micos, ofreciendo al lector  la posibilidad de discernir entre los matices que confluyen en una misma  frase, hecho o descripci&oacute;n. La novela, por ello, se encuentra cargada  de sentido. Parece inaugurar su propio espacio literario, el del  personaje, y tiene m&eacute;rito porque se trata de un espacio que, como sucede  hoy, abarca mucho m&aacute;s que un pa&iacute;s o etnia o clase social o tiempo  hist&oacute;rico. Es el lugar de Andr&eacute;s Chiliquinga en un mundo globalizado.  Una identidad cada vez m&aacute;s compleja. Y que evoluciona deprisa.
    </p><p class="article-text">
        <em>Rese&ntilde;a publicada en la revista digital OtroLunes</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>'Divorcio en el aire'</strong>, de Gonzalo Torn&eacute;
    </p><p class="article-text">
        (Literatuta Mondadori, 2013, 305 p&aacute;ginas)
    </p><p class="article-text">
        Jon comienza narrando un viaje con su mujer, Helen, a un balneario,  como intento in extremis para salvar su matrimonio, una relaci&oacute;n  dial&eacute;cticamente tortuosa. Ambos quieren pero parecen no poder arreglar  las cosas. Helen corre y desaparece y &eacute;l va tras ella. Jon se remonta a  los tiempos en que se conocieran en Madrid y comienza a cont&aacute;rselo a su  segunda mujer, un matrimonio posterior al de Helen. Uno de los grandes  hallazgos de 'Divorcio en el aire' es el modo en que el autor maneja el  tiempo de la historia, c&oacute;mo pasa de un tiempo a otro sin previo aviso,  estableciendo a cada paso un singular vaiv&eacute;n desde el pasado a un tiempo  a&uacute;n m&aacute;s remoto, y luego al presente, que es un tiempo muy posterior al  del arranque de la novela... Gonzalo Torn&eacute; moldea el tiempo para dar  cabida a su antojo a los m&aacute;s minuciosos detalles de la historia, para  alcanzar niveles extremadamente &iacute;ntimos, psicol&oacute;gicos, y adem&aacute;s hacerlo  por extenso sin que la historia pierda inter&eacute;s (al contrario).
    </p><p class="article-text">
        En uno de esos saltos sin previo aviso, Jon y Helen (un joven catal&aacute;n  de familia burguesa que corre el peligro de venirse a menos y una joven  norteamericana que disfruta de las noches locas de Espa&ntilde;a) se instalan  en Barcelona, donde &eacute;l comienza ocult&aacute;ndole a su familia. Finalmente  accede a presentarle a alg&uacute;n miembro de esta: su madre se encuentra en  un piso, sola, medio loca desde antes de que su padre la dejara. En esa  primera visita, Helen descubre tambi&eacute;n algo terrible sobre el padre de  Jon.
    </p><p class="article-text">
        Los personajes de 'Divorcio en el aire' resultan  extraordinarios por la minuciosidad y el rigor con el que sus vidas  est&aacute;n contadas. La voz de Jon, personaje principal y narrador, resulta  l&uacute;cida y analiza hasta un extremo radiogr&aacute;fico sus sentimientos ante  cada situaci&oacute;n que se le hubo planteado, y tampoco escatima en  elucubraciones sobre lo que cree que sucedi&oacute; a los dem&aacute;s personajes en  cada preciso momento. Jon atesora adem&aacute;s una forma muy personal  e  inimitable de ver las cosas. Es un personaje espec&iacute;fico. Resulta  memorable por su modo de razonar e interpretar el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Los personajes de 'Divorcio en el aire' est&aacute;n perfectamente poli  dimensionados gracias a la voz compleja del narrador, y resultan  conmovedoramente reales. Helen, sexualmente muy placentera, una amante  que parece tener las mismas apetencias que un t&iacute;o, que cae en el  alcoholismo a fuerza de divertirse con su marido en la noche  barcelonesa, con aspiraciones sociales pero que no encaja en la alta  sociedad catalana a la que &eacute;l pertenece, de la que &eacute;l parece huir porque  observa que sus negocios se van al garete y cree que est&aacute;n m&aacute;s seguros  &ndash;tanto &eacute;l como ella&mdash; si pone un poco de distancia con personas que no  les perdonar&aacute;n su ruina, que no dudar&aacute;n en humillarlos llegado el  momento. La hermana de Jon, que no puede tener hijos, casada con un  empresario enclenque en cuanto su padre desaparece, m&aacute;s por guarecerse  que por amor, lo que admite con cinismo, y que tiene una capacidad  verbal descomunal para humillar a su hermano &ndash;que no se defiende por  pena hacia ella&mdash; y joderle la vida y su matrimonio por simple y llano  resentimiento. Los personajes est&aacute;n bien insertados en el espacio  hist&oacute;rico, a trav&eacute;s de ellos se sugiere y narra complejamente la  sociedad en la que se mueven. El autor consigue situar la narraci&oacute;n en  un plano al que solo se puede acceder a trav&eacute;s de la buena literatura.
    </p><p class="article-text">
        El estilo es lo suficientemente personal e intransferible,  excepcionalmente interesante por literariamente espec&iacute;fico en las  apreciaciones que el protagonista realiza sobre la realidad:  pr&aacute;cticamente en cada frase el narrador dice algo que nos espabila por  c&oacute;mo est&aacute; dicho y la rotura de alg&uacute;n clich&eacute; o la sorpresa de transgredir  la previsibilidad de lo dicho para acabar convirti&eacute;ndolo en algo  original y bien encarnado en la voz del personaje. La novela resulta  densa, pero no por ret&oacute;rica, sino porque al conseguir situar la  narraci&oacute;n en planos que son de calado psicol&oacute;gico y sociol&oacute;gico  pr&aacute;cticamente en cada frase acaece algo de cierta relevancia. Admirable y  talentoso trabajo el de Gonzalo Torn&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Rese&ntilde;a publicada en la revista digital OtroLunes</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/tres-novelas-de-lo-mejor_132_4926301.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Apr 2014 13:09:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tres novelas, recientes, de lo mejor]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres novelas, recientes, de lo mejor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/tres-novelas-recientes-de-lo-mejor_132_4926322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>He rese&ntilde;ado solo estas tres novelas, tras la lectura a lo largo de los &uacute;ltimos meses de unas 30 novelas del &aacute;mbito espa&ntilde;ol publicadas mayoritariamente en 2013, por tratarse de las que me han parecido excepcionales. Importante me parece se&ntilde;alar que no conozco a los autores. Tal vez no las encuentren en sus librer&iacute;as, pero siempre pueden pedir al librero que se las pida o conseguirlas por internet.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>'Para&iacute;sos',  de Iosi Havilio</strong>
    </p><p class="article-text">
        (Caballo de Troya, 2013, 350 p&aacute;g.)
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera sabemos su nombre. Su marido muere de pronto, atropellado, dej&aacute;ndola con un beb&eacute; peque&ntilde;o, Sim&oacute;n. El hermano del marido, Jaime, se ocupa de los tr&aacute;mites. No parecen tener una buena relaci&oacute;n ella y su cu&ntilde;ado, parece que &eacute;ste nunca la considerara de la familia; ni &eacute;l ni su mujer. La tratan con condescendencia. No volver&aacute;n a verse despu&eacute;s de la muerte del marido. Unos d&iacute;as despu&eacute;s llega la orden de desalojo de la casa y la finca en la que viven ella y su hijo, que se encuentra en el campo, en un lugar llamado Open Door: hay una deuda y el propietario quiere recuperarla. Le ofrecen dinero, muy poco, para unos meses. No le queda m&aacute;s remedio que aceptar. Con su beb&eacute; a cuestas, deja la finca y se dirige a la ciudad, adonde llega justo el d&iacute;a de las inundaciones. Toma una habitaci&oacute;n en un hotelucho regentado por una gallega. All&iacute; conoce a una rumana, de Transilvania, Iris, que lleva 2 a&ntilde;os en el pa&iacute;s...
    </p><p class="article-text">
        Relato lineal, 'Para&iacute;sos', de Iosi Havilio (Buenos Aires, Argentina, 1974), comienza con un suceso cat&aacute;rtico que mancha al personaje principal en adelante. A partir de ese momento lo que mantiene nuestro inter&eacute;s es su vulnerabilidad, la posibilidad de que caiga, as&iacute; como aquellos momentos en los que descubrimos que es capaz de seguir adelante a pesar de todo. Se trata tambi&eacute;n, en cierto modo, de una novela epis&oacute;dica. El transcurrir natural, en t&eacute;rminos realistas, de la historia (tanto como el transcurso del tiempo y las acciones en intensidad cotidiana), permite al lector viajar despacio de peque&ntilde;o episodio en peque&ntilde;o episodio. El mayor logro de la estructura de esta novela (una estructura que no se ve) es conseguir, mediante un argumento nimio, dejar sitio a algo que debe parecerse mucho a la vida.
    </p><p class="article-text">
        Lo excepcional de los personajes es su condici&oacute;n de gente corriente, como rara vez se encuentra esa condici&oacute;n expresada a trav&eacute;s de la literatura. Al principio pensamos que esa mujer que protagoniza la historia va a ser menos capaz, que nada puede m&aacute;s que empeorar en su vida, pero no, se mantiene, sale adelante sutilmente, flota sobre su propia vulnerabilidad, ni m&aacute;s ni menos que como cualquiera de nosotros en nuestras propias vidas. Gracias a Iris comienza a trabajar en un zoo. Ah&iacute; conoce a varios compa&ntilde;eros. Yessica, la compa&ntilde;era que debe formarla pero la trata mal. Canetti, &ldquo;con doble T&rdquo;, jefe de ordenanza que se le pega y le propone presentarle a una persona que necesita que le pongan inyecciones todos los d&iacute;as, la se&ntilde;ora se llama Tosca y es una gorda inmensa con un tumor benigno en el cogote. Ella se da cuenta de que Canetti le hace el favor porque quiere salir con ella, y se zafa. Tosca le comenta que arriba de su piso hay uno libre y le dice que puede ocuparlo a cambio de los pinchazos. Se traslada all&iacute; con su hijo. Es un sitio muy particular, un edificio ocupado desde hace d&eacute;cadas, conocido como el Buti por uno que muri&oacute; resistiendo un desalojo all&iacute; 10 a&ntilde;os atr&aacute;s...
    </p><p class="article-text">
        Novela escrita en un falso presente, presente hist&oacute;rico, de manera g&eacute;lida, distante, contenida, acerada, que es la voz de la protagonista, el autor no incurre en frases buenas o demasiado literarias que no encajar&iacute;an en la voz del personaje. Tampoco detiene su mirada en lo que no se detendr&iacute;a la suya. Parece cumplir el precepto de Hemingway, &ldquo;escribe la historia, quita las frases buenas y mira a ver si todav&iacute;a funciona&rdquo;. El estilo, en su austeridad, resulta muy seductor. Expresa bien el dilema existencial de esta madre que de pronto pierde al hombre tosco del que se enamor&oacute; como &ldquo;sin querer&rdquo;, tard&iacute;amente, y, sola en el mundo, tiene que irse a la ciudad a buscarse la vida. Se trata de un estilo que permite al lector vivir la historia, y no es sencillo lo que consigue Iosi Havilio. Lo que podr&iacute;a parecer banal, no lo es en su caso, o, dicho de otro modo, lo banal no resulta nada banal escrito por este autor. Se interesa por todo aquello que no suele ser de inter&eacute;s para la literatura, algo que lo emparenta a muchos buenos cineastas contempor&aacute;neos, aquellos que depositan la mirada en sucesos de aparente baja intensidad dram&aacute;tica. En este sentido, 'Para&iacute;sos', de Iosi Havilio, resulta ser una novela rabiosamente contempor&aacute;nea. Sin duda entre lo mejor que hemos le&iacute;do &uacute;ltimamente.
    </p><p class="article-text">
        <em>Rese&ntilde;a publicada en la revista digital microrevista</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>'Memorias de Andr&eacute;s Chiliquinga', de Carlos Arcos Cabrera</strong>
    </p><p class="article-text">
        (Alfaguara Ecuador, Quito, 2013, 212 p&aacute;g.)
    </p><p class="article-text">
        Andr&eacute;s Chiliquinga, m&uacute;sico Otavalo y dirigente ind&iacute;gena, se dirige a Nueva York invitado a participar en el curso Literaturas Andinas. Desconfiado como buen andino ante pr&aacute;cticamente todo lo que le acontece, al principio no puede menos que sentirse abrumado y, al o&iacute;r hablar a los dem&aacute;s, hispanistas consumados, sentir l&aacute;stima de s&iacute; mismo. &Eacute;l es m&uacute;sico, no es estudiante de literatura, no sabe de qu&eacute; modo se ha metido en este l&iacute;o, hasta se plantea si no habr&aacute; gato encerrado y lo hayan metido ah&iacute; por alguna raz&oacute;n. La directora gringa del curso pide a una de las estudiantes que le ayude, y, adem&aacute;s, le exime de las obligaciones de los dem&aacute;s. No tendr&aacute; que aplicar para nota. Y le encarga la lectura de 'Huasipungo' (1934), de Jorge Icaza, novela indigenista que habla de la gente que es como &eacute;l. De hecho, enseguida descubre que uno de los protagonistas del libro lleva precisamente su nombre, Andr&eacute;s Chiliquinga, y otro de los personajes principales el apellido de la estudiante (Mar&iacute;a Clara Pereira) que le ayuda. Pereira es un cacique y Andr&eacute;s Chiliquinga un runa, un indio, como &eacute;l. Mar&iacute;a Clara Pereira dice ser lesbiana, pero entre ella y &eacute;l se establece una curiosa relaci&oacute;n de camarader&iacute;a que no parece postergar del todo la sensualidad; &eacute;l la coge por la cintura y ella le pasa el brazo por el hombro cuando pasean por el campus y sus alrededores.
    </p><p class="article-text">
        La historia que Carlos Arcos narra, 'Memorias de Andr&eacute;s Chiliquinga', transcurre entre las clases, la habitaci&oacute;n de la universidad en la que Andr&eacute;s se hospeda, la biblioteca en la que &eacute;l y Mar&iacute;a Clara preparan sus respectivos trabajos, las salidas a restaurantes y alg&uacute;n bolo que el m&uacute;sico realiza con un viejo amigo que vive en la ciudad. Aunque se siente en desventaja intelectual con todo el mundo, Andr&eacute;s es un tipo cosmopolita, conoce toda Europa; todos los a&ntilde;os viaja a Holanda, donde se junta con varios m&uacute;sicos Otavalos y se va con ellos en una furgoneta a recorrer el continente, haciendo buenos dineros tocando y pidiendo en las calles de las ciudades. Adem&aacute;s, recientemente Andr&eacute;s ha participado en la revuelta que ha tumbado al Mahuad en Ecuador, y que, finalmente, tras un brev&iacute;simo gobierno en el que los ind&iacute;genas participan, acaba con un acuerdo para que gobierne el pa&iacute;s Gustavo Noboa, as&iacute; que se ha convertido en un l&iacute;der ind&iacute;gena (aunque, tal como lo cuenta, ha debido de ser casi a su pesar).
    </p><p class="article-text">
        El relato del viaje de Andr&eacute;s y su estancia en EE.UU. es franco: hombre que llega de fuera y se enfrenta a una realidad que desconoce. Choque de culturas (con la sutileza en ese choque que es propia de un mundo que est&aacute; muy mezclado y tiende a mezclarse cada vez m&aacute;s). El proceso del personaje, a lo largo de la historia, es un proceso identitario, de confrontaci&oacute;n con su pasado y de recomposici&oacute;n de qui&eacute;n es ahora. Andr&eacute;s Chiliquinga, que parec&iacute;a tener muy claro qui&eacute;n era, entra en crisis al enfrentar nueva informaci&oacute;n acerca del pasado de los suyos y tener que v&eacute;rselas intelectualmente con lo que no es propio de su oficio ni de su condici&oacute;n; y de esa crisis sale un hombre distinto. La lectura de la novela de Icaza enfrenta la visi&oacute;n del ind&iacute;gena actual a la que el autor kitchwahablante arroja sobre su pueblo. Como andino, adem&aacute;s, no acaba de comprender que lo que all&iacute; lee no sea real &ndash;o no tenga nada que ver literalmente con &eacute;l (y con su tutora)&mdash;, lo que propicia interesantes reflexiones sobre la literatura; sobre ficci&oacute;n y realidad, etc. Su tocayo le visita m&aacute;gicamente en sue&ntilde;os que parecen reales. Su visi&oacute;n de la novela no puede ser la de un hispanista, y parece que eso le piden: que no trate de imitar a los otros, que hable de lo que siente al leer el libro, nada m&aacute;s. Sospecha incluso que se trata de un experimento, o que se encuentra ah&iacute; porque los gringos quieren saber lo que piensa, al darse cuenta estos de que los indios son lo suficientemente fuertes para tumbar a un presidente que era amigo de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Novela narrada en primera persona en la voz del personaje principal, este resulta un personaje completo, del que conocemos y reconocemos matices pr&aacute;cticos, prejuicios, talentos, su forma de expresarse, y la vertiginosa evoluci&oacute;n de su compleja identidad desde el principio hasta el final de la novela. En este sentido, el personaje protagonista de esta novela resulta espectacular. El resto de los personajes de la novela, vividos desde la perspectiva de Andr&eacute;s Chiliquinga, son veros&iacute;miles, interesantes (m&aacute;s los m&aacute;s pr&oacute;ximos a &eacute;l que aquellos con los que no tiene que interactuar), y, sobre todo, ayudan de manera determinante a que accedamos a los matices m&aacute;s variados de la identidad compleja de Andr&eacute;s; incluidos en este caso los personajes de la novela que est&aacute; leyendo.
    </p><p class="article-text">
        El de esta novela es un estilo realista casi funcional, en la medida que podr&iacute;amos considerar que lo es el empleado, por ejemplo, en el 'Lazarillo de Tormes'. No hay una propuesta de esteta. Lo m&aacute;s interesante es c&oacute;mo se mezcla y confronta el lenguaje propio del personaje principal con el nuestro o con el lenguaje propio de aquellos a los que encuentra en EE.UU. M&aacute;s que en la escritura, la est&eacute;tica de la novela se juega en un plano sociol&oacute;gico, y en este sentido se trata de un relato muy l&uacute;cido, capaz de ofrecernos matices muy interesantes de todo lo que nos cuenta. Es una literatura estupenda porque para transmitirnos esos matices debe acertar con los significados de un modo que resulten polis&eacute;micos, ofreciendo al lector la posibilidad de discernir entre los matices que confluyen en una misma frase, hecho o descripci&oacute;n. La novela, por ello, se encuentra cargada de sentido. Parece inaugurar su propio espacio literario, el del personaje, y tiene m&eacute;rito porque se trata de un espacio que, como sucede hoy, abarca mucho m&aacute;s que un pa&iacute;s o etnia o clase social o tiempo hist&oacute;rico. Es el lugar de Andr&eacute;s Chiliquinga en un mundo globalizado. Una identidad cada vez m&aacute;s compleja. Y que evoluciona deprisa.
    </p><p class="article-text">
        <em>Rese&ntilde;a publicada en la revista digital OtroLunes</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>'Divorcio en el aire', de Gonzalo Torn&eacute;</strong>
    </p><p class="article-text">
        (Literatuta Mondadori, 2013, 305 p&aacute;ginas)
    </p><p class="article-text">
        Jon comienza narrando un viaje con su mujer, Helen, a un balneario, como intento in extremis para salvar su matrimonio, una relaci&oacute;n dial&eacute;cticamente tortuosa. Ambos quieren pero parecen no poder arreglar las cosas. Helen corre y desaparece y &eacute;l va tras ella. Jon se remonta a los tiempos en que se conocieran en Madrid y comienza a cont&aacute;rselo a su segunda mujer, un matrimonio posterior al de Helen. Uno de los grandes hallazgos de 'Divorcio en el aire' es el modo en que el autor maneja el tiempo de la historia, c&oacute;mo pasa de un tiempo a otro sin previo aviso, estableciendo a cada paso un singular vaiv&eacute;n desde el pasado a un tiempo a&uacute;n m&aacute;s remoto, y luego al presente, que es un tiempo muy posterior al del arranque de la novela... Gonzalo Torn&eacute; moldea el tiempo para dar cabida a su antojo a los m&aacute;s minuciosos detalles de la historia, para alcanzar niveles extremadamente &iacute;ntimos, psicol&oacute;gicos, y adem&aacute;s hacerlo por extenso sin que la historia pierda inter&eacute;s (al contrario).
    </p><p class="article-text">
        En uno de esos saltos sin previo aviso, Jon y Helen (un joven catal&aacute;n de familia burguesa que corre el peligro de venirse a menos y una joven norteamericana que disfruta de las noches locas de Espa&ntilde;a) se instalan en Barcelona, donde &eacute;l comienza ocult&aacute;ndole a su familia. Finalmente accede a presentarle a alg&uacute;n miembro de esta: su madre se encuentra en un piso, sola, medio loca desde antes de que su padre la dejara. En esa primera visita, Helen descubre tambi&eacute;n algo terrible sobre el padre de Jon.
    </p><p class="article-text">
        Los personajes de 'Divorcio en el aire' resultan extraordinarios por la minuciosidad y el rigor con el que sus vidas est&aacute;n contadas. La voz de Jon, personaje principal y narrador, resulta l&uacute;cida y analiza hasta un extremo radiogr&aacute;fico sus sentimientos ante cada situaci&oacute;n que se le hubo planteado, y tampoco escatima en elucubraciones sobre lo que cree que sucedi&oacute; a los dem&aacute;s personajes en cada preciso momento. Jon atesora adem&aacute;s una forma muy personal  e inimitable de ver las cosas. Es un personaje espec&iacute;fico. Resulta memorable por su modo de razonar e interpretar el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Los personajes de 'Divorcio en el aire' est&aacute;n perfectamente poli dimensionados gracias a la voz compleja del narrador, y resultan conmovedoramente reales. Helen, sexualmente muy placentera, una amante que parece tener las mismas apetencias que un t&iacute;o, que cae en el alcoholismo a fuerza de divertirse con su marido en la noche barcelonesa, con aspiraciones sociales pero que no encaja en la alta sociedad catalana a la que &eacute;l pertenece, de la que &eacute;l parece huir porque observa que sus negocios se van al garete y cree que est&aacute;n m&aacute;s seguros &ndash;tanto &eacute;l como ella&mdash; si pone un poco de distancia con personas que no les perdonar&aacute;n su ruina, que no dudar&aacute;n en humillarlos llegado el momento. La hermana de Jon, que no puede tener hijos, casada con un empresario enclenque en cuanto su padre desaparece, m&aacute;s por guarecerse que por amor, lo que admite con cinismo, y que tiene una capacidad verbal descomunal para humillar a su hermano &ndash;que no se defiende por pena hacia ella&mdash; y joderle la vida y su matrimonio por simple y llano resentimiento. Los personajes est&aacute;n bien insertados en el espacio hist&oacute;rico, a trav&eacute;s de ellos se sugiere y narra complejamente la sociedad en la que se mueven. El autor consigue situar la narraci&oacute;n en un plano al que solo se puede acceder a trav&eacute;s de la buena literatura.
    </p><p class="article-text">
        El estilo es lo suficientemente personal e intransferible, excepcionalmente interesante por literariamente espec&iacute;fico en las apreciaciones que el protagonista realiza sobre la realidad: pr&aacute;cticamente en cada frase el narrador dice algo que nos espabila por c&oacute;mo est&aacute; dicho y la rotura de alg&uacute;n clich&eacute; o la sorpresa de transgredir la previsibilidad de lo dicho para acabar convirti&eacute;ndolo en algo original y bien encarnado en la voz del personaje. La novela resulta densa, pero no por ret&oacute;rica, sino porque al conseguir situar la narraci&oacute;n en planos que son de calado psicol&oacute;gico y sociol&oacute;gico pr&aacute;cticamente en cada frase acaece algo de cierta relevancia. Admirable y talentoso trabajo el de Gonzalo Torn&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Rese&ntilde;a publicada en la revista digital OtroLunes</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/tres-novelas-recientes-de-lo-mejor_132_4926322.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Apr 2014 12:30:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tres novelas, recientes, de lo mejor]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Novela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre la psicopatía como posible pandemia del presente. Preocupaciones generales (los psicópatas)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/pandemia-politicos-psicopatas_132_4929407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Cuando vienen tan mal dadas &ndash;o nos las dan tan mal&mdash; nos tiramos los trastos los unos a los otros en un guirigay interminable de damnificados, culpables, leg&iacute;timos, ileg&iacute;timos, inocentes y verdugos para que, finalmente, se salve quien pueda. No parece que podamos evitarlo. Todos los sectores de la sociedad se defienden como buenamente pueden, salen a la arena a luchar por su cuota de poder, por lo ya obtenido, por lo que se pudiera perder e incluso por lo que podr&iacute;an obtener en el tr&aacute;nsito, a r&iacute;o revuelto. Entre todos zarandeamos eso que se ha dado en llamar &ldquo;inter&eacute;s general&rdquo;. Unos pierden, otros ganan. Por desgracia, durante esta crisis financiera parece estarse demostrando que la ciudadan&iacute;a (los que atesoramos sobre todo intereses generales, m&aacute;s que particulares), tenemos todas las de perder.
    </p><p class="article-text">
        En otros tiempos, un desequilibrio de poderes en el que sali&eacute;semos perdiendo podr&iacute;a saldarse con una revoluci&oacute;n, al menos con una contestaci&oacute;n social contundente, pero esto ya no es as&iacute;, y a las pruebas de varios pa&iacute;ses (Grecia, Italia, Portugal, Irlanda), inclusive el nuestro, podemos remitirnos. Si en otro tiempo, ante una situaci&oacute;n de poder injusto sobre la ciudadan&iacute;a, &eacute;sta encontr&oacute; la forma de responder &ndash;ese poder sol&iacute;a estar identificado, asum&iacute;a hasta las &uacute;ltimas consecuencias el ejercicio del poder, de hecho sol&iacute;a ejercerlo un grupo determinado o, incluso, una &uacute;nica persona omnipotente, como a&uacute;n sucede en tantos pa&iacute;ses&mdash;, en esta &eacute;poca democr&aacute;tica, liberal, financiera, sin embargo, hemos engendrado un sistema en el que las responsabilidades del desaguisado quedan convenientemente diluidas, confiriendo estabilidad social al sistema incluso en el desastre, incluso a pesar de que la regeneraci&oacute;n fuese una opci&oacute;n deseable por parte de una mayor&iacute;a de la sociedad. Aunque el umbral de insatisfacci&oacute;n no est&aacute; prescrito, la revoluci&oacute;n parece harto improbable. Por ahora s&oacute;lo podemos protestar vacuamente, en una queja continua, sin que se nos haga caso. Nuestra opini&oacute;n, nuestros votos, ya no cuentan del mismo modo, se est&aacute; haciendo evidente que se encuentran desvalorizados. No hace mucho, si un Gobierno lo hac&iacute;a mal, lo ech&aacute;bamos y ven&iacute;a otro. Ahora ni siquiera esto es posible. Los gobiernos de los dos partidos que se ven&iacute;an alternando en el poder tanto en nuestro pa&iacute;s como en otros pa&iacute;ses de nuestro entorno parecen no tener m&aacute;s remedio que gobernar en contra de la opini&oacute;n general (los intereses generales) de la ciudadan&iacute;a, evidenci&aacute;ndose que nuestros votos no son suficiente presi&oacute;n. El &uacute;nico sino de los partidos m&aacute;s representativos es quemarse en el poder y pasar a la oposici&oacute;n. Quienes gobiernan, realmente, pues, se encuentran fuera del alcance de nuestros votos. Hay demasiados responsables decidiendo nuestro futuro a los que no podemos votar. Y la soluci&oacute;n podr&iacute;a ser m&aacute;s democracia, es decir, hacer posible que elijamos tambi&eacute;n a esos que nos gobiernan desde fuera del alcance de nuestros votos, pero eso no parece probable, m&aacute;s bien al contrario, en el &iacute;nterin, a&uacute;n perderemos capacidad democr&aacute;tica. Cuanto m&aacute;s protestamos, menos derechos tenemos.
    </p><p class="article-text">
        Esta podr&iacute;a ser una descripci&oacute;n muy general de la situaci&oacute;n en la que vivimos, pero ahora me permitir&eacute; adem&aacute;s alguna preocupaci&oacute;n personal. Lo dir&eacute; con total brutalidad: los psic&oacute;patas.
    </p><p class="article-text">
        En estados totalitarios &ndash;un punto de referencia con el prop&oacute;sito de comprender qu&eacute; ha cambiado&mdash; quienes gobiernan atesoran todo el poder y lo asumen haci&eacute;ndose visibles y responsables ante los gobernados, las castas se reparten el poder, unos quedan desfavorecidos, otros privilegiados, y eso no se mueve, queda m&aacute;s o menos abrochado de tal modo que resulta tan dif&iacute;cil ascender socialmente a lo largo de la vida como, cuando se nace en buena cuna, perderlo todo. Un psic&oacute;pata desalmado que obtiene un poder totalitario sobre los ciudadanos no tiene m&aacute;s remedio que asumir todas las tropel&iacute;as que realiza, enfrentarlas, tratar de ocultarlas, defenderlas&hellip; asumiendo unos riesgos que son vitales, aun contando con todo un aparato al servicio de ese poder totalitario, que garantiza la estabilidad por medio de la violencia.
    </p><p class="article-text">
        En nuestras democracias financieras, sin embargo, hemos hecho posible un ideal que es liberal y abrazado tanto por partidos de derechas como de izquierdas: cualquier persona puede ascender y conseguirlo todo, lo m&aacute;ximo, a lo largo de su vida. Se supone que prosperar&aacute;n los mejores, los que se lo merecen, y que eso nos beneficiar&aacute; a todos. Pero no es exactamente as&iacute;. Ni todos los que ascienden son los mejores, ni todos los que no lo hacen son los peores, ni el &eacute;xito de los que ascienden proporciona un beneficio para los dem&aacute;s. Adem&aacute;s, el sistema (y las caracter&iacute;sticas de la sociedad que hemos construido) es un caldo favorable para que multitud de psic&oacute;patas &ndash;esos seres que gustan de tener poder sobre los dem&aacute;s, controlarlos, salir ganando, y que no dudan en pisar a quien haga falta; si es legalmente, mejor, pues as&iacute; podr&aacute;n irse de rositas&mdash;, obtengan &ldquo;leg&iacute;timamente&rdquo; todo lo que quieran, tal como observa en un reciente estudio Inmaculada J&aacute;uregui Valenciaga*: &ldquo;Gracias a estudios como los de I&ntilde;aki Pi&ntilde;uel (2000) o Vicente Garrido (2008) empezamos a saber que la psicopat&iacute;a campa a sus anchas en dominios como la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a&rdquo;, dice, y adem&aacute;s recomienda una serie de an&aacute;lisis de la sociedad contempor&aacute;nea &ldquo;como los de Zygmunt Bauman (2007), Vicente Verd&uacute; (2003), Gilles Lipovetsky (1983, 1990), Christoph Lasch (1999) o Richard Sennett (1989)&rdquo;, an&aacute;lisis que dibujan la sociedad actual como ciertamente propicia para el desarrollo de esta clase de personas, los psic&oacute;patas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la gran mayor&iacute;a de las buenas personas se conforman con poco &mdash;con un trabajo, un sueldo, incluso menos&mdash;, y el psic&oacute;pata sin ning&uacute;n talento se conforma con hacer da&ntilde;o al pr&oacute;jimo m&aacute;s cercano, el psic&oacute;pata con capacidad se las ingenia para entrar en &aacute;mbitos donde medrar y optimizar su falta de empat&iacute;a y su capacidad para competir. No tienen problema en pisar alguna cabeza si lo estiman ventajoso; atesoran poder y grandes cantidades de dinero, lo que adem&aacute;s les permite saltarse a la torera cualquier norma escrita o no escrita.
    </p><p class="article-text">
        El psic&oacute;pata carece de remordimientos porque cosifica al otro, esto es, le quita al otro sus atributos de persona y lo valora como cosa. En el neoliberalismo econ&oacute;mico global, las personas somos n&uacute;meros. Un psic&oacute;pata con el poder de intervenir en esta econom&iacute;a siquiera necesita que seamos n&uacute;meros para hacernos da&ntilde;o, pues ya se encargar&iacute;a &eacute;l de cosificarnos, pero es que encima el propio sistema nos cosifica en las informaciones que se nos ofrece sobre, por ejemplo, econom&iacute;a macro. La coyuntura financiera actual, m&aacute;s bien, incluso podr&iacute;a estar propiciando que personas m&aacute;s o menos cabales act&uacute;en como psic&oacute;patas. Y un tanto de lo mismo sucede con el mundo laboral (ver &lsquo;Mi jefe es un psic&oacute;pata: por qu&eacute; la gente normal se vuelve perversa al alcanzar el poder&rsquo;, I&ntilde;aki Pi&ntilde;uel, 2008).
    </p><p class="article-text">
        Los psic&oacute;patas son marcadamente narcisistas, y vivimos en sociedades superficiales, hedonistas y narcisistas: el predominio general del YO casa bien con su car&aacute;cter. El psic&oacute;pata trabaja siempre para s&iacute; mismo y cuando da es porque manipula o espera recuperar esa inversi&oacute;n en el futuro. Un psic&oacute;pata puede ser, al mismo tiempo, un gran benefactor, que realiza obras de caridad mientras lleva a cabo un gran da&ntilde;o en la obtenci&oacute;n de su dinero y su poder. Y esto se parece mucho al proceder de las grandes fortunas benefactoras, pero tambi&eacute;n al proceder de la gran mayor&iacute;a de los grandes grupos empresariales y financieros, que invierten grandes cantidades de dinero en procurarse una imagen limpia, mientras defienden ferozmente sus intereses o evaden impuestos o sit&uacute;an su capital en para&iacute;sos fiscales, al borde de la legalidad o ilegalmente.
    </p><p class="article-text">
        Si el n&uacute;mero de psic&oacute;patas a lo largo y ancho de las sociedades en que vivimos ha aumentado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, tambi&eacute;n la concentraci&oacute;n de la riqueza en manos de muy pocos, algo que podr&iacute;a estar relacionado. Para que nos hagamos una idea, se estima que en Espa&ntilde;a hay unos 447.000 psic&oacute;patas repartidos por todos los &aacute;mbitos de la sociedad. Sin duda, el sistema en el que vivimos tendr&aacute; mucho que ver en todo aquello que nos est&aacute; pasando y no nos gusta, pero cu&aacute;nto tiene que ver la actuaci&oacute;n de determinadas personas desde determinados puestos, y cu&aacute;ntos de estos pertenecen a ese 1% de psic&oacute;patas mundiales.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, no se trata de criminalizar sectores &ndash;los ricos, los directivos de grandes corporaciones, los banqueros o los especuladores financieros&mdash;, sino de se&ntilde;alar lo que puede ser una tendencia que viene mereciendo estudios desde hace d&eacute;cadas. Ni siquiera estamos hablando de burdos villanos como los de los dibujos animados o las pel&iacute;culas de televisi&oacute;n que se emiten en la sobremesa. Aunque desde la ficci&oacute;n se nos tenga tan bien aleccionados contra el mal de esos seres egoc&eacute;ntricos, acaparadores, capaces de llegar muy lejos para conseguir lo que quieren, el asunto es algo m&aacute;s complejo y sibilino. Por mucho que la ficci&oacute;n nos haya aleccionado, en la vida real no resulta tan f&aacute;cil reconocerlos, aunque uno observa comportamientos de algunas personalidades visibles y siente que se le hiela la sangre, m&aacute;s a&uacute;n cuando imagina lo que podr&iacute;amos encontrar entre los que se mueven fuera de los focos.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad en la que se relajan las responsabilidades cuando de lo que se habla es de dinero (si adem&aacute;s el psic&oacute;pata puede ser un experto en eludir responsabilidades, en lavarse las manos, en echarle la culpa a los otros), parece propicia&hellip; Una sociedad en la que cabe tanto relativizar todo tipo de valores, como, cuando esos valores son s&oacute;lidos, abusar de la hipocres&iacute;a, parece propicia&hellip; Una sociedad en la que est&aacute; permitido &ldquo;atacar&rdquo; la deuda de una naci&oacute;n soberana para obtener beneficios &ndash;decisi&oacute;n que toman una serie de directivos de grandes fondos de inversi&oacute;n, adem&aacute;s de peque&ntilde;os accionistas&mdash;, parece propicia&hellip; Una sociedad con una econom&iacute;a globalizada, posibilidades de enorme rentabilidad inmediata y poblaciones rehenes en los pa&iacute;ses, sin movilidad para escapar de las emboscadas financieras, parece propicia&hellip; Una sociedad en la que se entroniza a los que tienen mayor capacidad de consumo, en la que la vanidad y la seducci&oacute;n son valores primordiales (cuando el psic&oacute;pata es un embaucador nato), parece propicia... Una sociedad de la era de la informaci&oacute;n en la que los medios de comunicaci&oacute;n se permiten mostrarse como cuerdas de transmisi&oacute;n de los poderosos &ndash;partidos pol&iacute;ticos y grandes corporaciones que contratan su publicidad&mdash;, evidenciando una funci&oacute;n pornogr&aacute;ficamente manipuladora (cuando el psic&oacute;pata es un manipulador nato), parece propicia. Una sociedad en la que lo mismo todo vale que nada sirve, descrita por eminentes soci&oacute;logos como &ldquo;sociedad del vac&iacute;o&rdquo; (Lipovetsky), una sociedad c&iacute;nica (cuando el psic&oacute;pata es un c&iacute;nico redomado), parece propicia&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, siendo propicia (como la libertad del individuo es uno de los valores medulares de nuestras democracias &ndash;&ldquo;somos&rdquo; liberales de derechas y de izquierdas&mdash;), resulta muy complejo encontrar un resquicio para imponer normas que limiten la capacidad da&ntilde;ina de esta clase de personas. Si bien cabe como medida inmediata la reprobaci&oacute;n de sus actos y, a corto plazo, legislaciones espec&iacute;ficas que limiten sus beneficios o dificulten su &lsquo;modus operandi&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        *'Psicopat&iacute;a: pandemia de la modernidad', de Inmaculada J&aacute;uregui Valenciaga (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria).<em> N&oacute;madas. Revista cr&iacute;tica de Ciencias Sociales y Jur&iacute;dicas</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Publicado en la revista digital</em> Olvidos, Granada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nicolás Melini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/pandemia-politicos-psicopatas_132_4929407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Apr 2014 13:54:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sobre la psicopatía como posible pandemia del presente. Preocupaciones generales (los psicópatas)]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Pandemia,Políticos]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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