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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos Felipe Martell]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos_felipe/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos Felipe Martell]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La verdadera fuerza de la ULL]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/fuerza-ull_129_8705012.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/791afc5b-368b-4a6f-8625-2331c7a0095f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La verdadera fuerza de la ULL"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Siempre he presumido de que nuestra universidad cuenta con el alumnado más afectivo del mundo. Es posible que esta afirmación solo sea una fantasía subjetiva o una estrategia inconsciente de motivación, pero también podría ser (¿por qué no?) que la Universidad de La Laguna, quizá gracias a su avance impregnado de penetrante perfume de historias y de incertidumbres, actúa como un grifo gigantesco de empatía.</p></div><p class="article-text">
        Siempre he presumido de que nuestra universidad cuenta con el alumnado m&aacute;s afectivo del mundo. Es posible que esta afirmaci&oacute;n solo sea una fantas&iacute;a subjetiva o una estrategia inconsciente de motivaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n podr&iacute;a ser (&iquest;por qu&eacute; no?) que la Universidad de La Laguna, quiz&aacute; gracias a su avance impregnado de penetrante perfume de historias y de incertidumbres, act&uacute;a como un grifo gigantesco de empat&iacute;a. No lo s&eacute;. Lo cierto es que, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, tengo el placer de dar clase a una juventud entusiasta, vibrante, inconformista y apasionada. Pura ansia de inaccesibilidad. En esta liturgia docente bendecida de ilusi&oacute;n ocurre que, a veces y de repente, cada equis a&ntilde;os, surge en las aulas una persona tan especial que revienta el techo de lo imposible. Y es aqu&iacute; donde entra en escena &Aacute;ngel Goya Sanabria. &Aacute;ngel, con un nivel de confianza del 99% (como profesor de Estad&iacute;stica que soy, no me gusta emitir verdades absolutas), es el estudiante m&aacute;s brillante de su promoci&oacute;n (la <em>Promo Pika</em>), y hago esta afirmaci&oacute;n de manera as&eacute;ptica y objetiva, sin ning&uacute;n tipo de condicionamientos derivados de su perfil personal.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de los requisitos de la evaluaci&oacute;n continua de la asignatura que imparto, T&eacute;cnicas Estad&iacute;sticas, mi alumnado tiene que hacer una reflexi&oacute;n sobre la Estad&iacute;stica en la vida cotidiana, en el d&iacute;a a d&iacute;a. Cuando recib&iacute; la suya y la le&iacute;, qued&eacute; boquiabierto, tanto por el contenido como por la fuerza comunicativa del texto. Con una generosidad impagable, &Aacute;ngel me cuenta su historia personal. Su relato, que va mucho m&aacute;s all&aacute; de la ciencia de la incertidumbre, demuestra que &eacute;l ha roto el t&oacute;pico del &ldquo;si quieres, puedes&rdquo; para convertirlo en &ldquo;si quieres y puedes, lo haces&rdquo;. Este art&iacute;culo, aunque lo firme yo, en realidad no es m&iacute;o. Es suyo. He cre&iacute;do que dicha historia, su historia, no pod&iacute;a quedar en un mero trabajo universitario, por lo que le he pedido permiso para publicarla. &Eacute;l, de nuevo generoso, me lo concede. A partir de ahora habla &Aacute;ngel Goya Sanabria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&laquo;MI VIDA DE MANO DE LA ESTAD&iacute;STICA</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde que estamos en el vientre de nuestra madre, ya la Estad&iacute;stica nos est&aacute; controlando. El ginec&oacute;logo empieza a medir con el ec&oacute;grafo nuestro per&iacute;metro craneal y abdominal, as&iacute; como la longitud de nuestro f&eacute;mur. Con esos datos obtiene nuestro peso aproximado y saca una media seg&uacute;n las semanas de gestaci&oacute;n en la que nos encontramos. Obtiene nuestro percentil. Es decir, si tengo un percentil 50 quiere decir que, de cada 100 fetos, 50 miden y pesan menos que yo y otros 50 miden y pesan m&aacute;s que yo. Si hubiese tenido un percentil 25, quiere decir que el 25% de los ni&ntilde;os pesan y miden menos que yo y el 75% pesa y mide m&aacute;s que yo.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, todas las personas tenemos un metabolismo diferente, heredado de nuestros padres, y por eso se considera que, teniendo un percentil mayor de 3 y menor de 97, estamos dentro de la normalidad. Si nos salimos de esos par&aacute;metros habr&aacute; que estudiar por qu&eacute; sucede. Digo esto porque, mientras nos encontramos dentro de estos par&aacute;metros, no salta ninguna alarma, todo est&aacute; bien, digamos que progresamos adecuadamente. Los padres muchas veces entienden que tener un percentil alto es estar mejor. Un percentil 75 mejor que uno de 25. Esto no es correcto. Lo importante es seguir progresando, pero dentro de la curva del mismo percentil.
    </p><p class="article-text">
        Cuento esto porque, en mi caso, s&iacute; que salt&oacute; la alarma. El 17 de diciembre de 1998 todo era perfecto, sin problemas, un percentil dentro de la media. Sin embargo, el 18 de diciembre de 1998 mi percentil cae en picado, muy por debajo del valor 3. &iquest;Qu&eacute; ha pasado? Ha cambiado una variable muy importante.<em> &iexcl;&iexcl;&iexcl; Ya no estoy en el vientre de mi madre!!! </em>Acabo de nacer. Justamente en la semana 24 de gestaci&oacute;n, con un peso de 590 gramos y 28 cm de longitud, pulmones sin desarrollar, una inmadurez extrema. La probabilidad de sobrevivir era pr&aacute;cticamente nula, y, si por alguna raz&oacute;n lo consegu&iacute;a, las secuelas ser&iacute;an severas: no podr&iacute;a caminar, no podr&iacute;a comunicarme, no podr&iacute;a ver, no podr&iacute;a comer solo, carecer&iacute;a de total autonom&iacute;a para la vida diaria&hellip; Despu&eacute;s de 4 meses ingresado en la UCI neonatal (conectado a un respirador 70 d&iacute;as) me dieron el alta, teniendo en ese momento una estatura de 49.5 cm, un peso de 3.370 gramos y un per&iacute;metro cef&aacute;lico de 34.5 cm. Si comparo con un ni&ntilde;o que haya nacido a los 9 meses de embarazo, la estatura media estar&iacute;a entre 59.9 y 68 cm, el peso ser&iacute;a de 5.6 a 8.8 kg, y el per&iacute;metro cef&aacute;lico de 40.5 a 42.8 cm. Como es natural, todos estos detalles los conozco por lo que me han contado mis padres y de leer la historia cl&iacute;nica. Dicha historia era para m&iacute; un enigma (sobre todo lo de los percentiles y la evoluci&oacute;n) hasta que este a&ntilde;o empec&eacute; a estudiar estad&iacute;stica y ya comprendo mejor muchas cosas.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, ya sal&iacute; vivo del hospital por primera vez, y digo por primera vez porque, cada vez que ven&iacute;a el invierno&hellip;, fr&iacute;o, peque&ntilde;o resfriado, displasia broncopulmonar, bronquiolitis segura e insuficiencia respiratoria, resultando de todo esto un nuevo ingreso en el hospital. En vista de estas &ldquo;series temporales&rdquo;, el hospital realiza las gestiones oportunas para vacunarme del <em>virus sincitial</em> de la respiraci&oacute;n, ya que en Espa&ntilde;a no estaba autorizada dicha vacuna, obteniendo el permiso pertinente para m&iacute; y para todos los que viniesen detr&aacute;s. Afortunadamente la tendencia en esta serie temporal es ascendente, ha ido mejorando, ya que la funci&oacute;n pulmonar se recupera con los a&ntilde;os y la componente estacional, al &ldquo;desestacionalizar&rdquo;, desaparece y no hay esos altos y bajos, influyendo cada vez menos.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la etapa educativa, empec&eacute; en el colegio sin haber cumplido los 3 a&ntilde;os de edad en un centro para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as con &ldquo;problemas mot&oacute;ricos&rdquo;. Desde el primer d&iacute;a de clase, una compa&ntilde;era me hizo un estudio estad&iacute;stico sobre mi percentil y se lo dijo a su madre al llegar a su casa. <em>&ldquo;Mami, en mi clase hay un beb&eacute; que va en carrito, habla y tiene dientes&rdquo;</em>. Es de agradecer que viese el lado positivo, el que, aun siendo un beb&eacute;, me hubiesen salido los dientes y hablase.
    </p><p class="article-text">
        Todos los alumnos que estudian, tienen una tendencia ascendente en cuanto a los estudios. M&aacute;s o menos todos alcanzan un nivel en un tiempo determinado. Yo puedo alcanzar ese nivel, pero necesito m&aacute;s tiempo. El valor de mi pendiente es m&aacute;s bajo y, por lo tanto, para llegar a la misma altura debo emplear m&aacute;s tiempo. Del colegio al instituto se pasa por llegar al nivel de estudios adecuados o por llegar a la edad m&aacute;xima sin haberlo conseguido, siendo este &uacute;ltimo mi caso. En alguna asignatura ten&iacute;a un nivel de tercero de primaria. El primer d&iacute;a de instituto me sorprend&iacute;. El profesor que me toc&oacute; me dijo que ten&iacute;a que intentar hacer lo mismo que los dem&aacute;s, que con un poco o un &ldquo;mucho de esfuerzo&rdquo; yo podr&iacute;a tambi&eacute;n. No ten&iacute;a que dibujar y pintar mientras mis compa&ntilde;eros realizaban sus tareas, yo tambi&eacute;n ten&iacute;a que hacerlas. Y as&iacute;, por diversificaci&oacute;n, termin&eacute; la ESO.
    </p><p class="article-text">
        El servicio de orientaci&oacute;n me dice que vaya pensando en realizar un ciclo formativo de grado medio, algo que me guste, pero yo, recordando lo que me dijo aquel profesor el primer d&iacute;a de instituto (<em>&ldquo;T&uacute; tambi&eacute;n puedes si lo intentas y te esfuerzas&rdquo;</em>), contest&eacute; que mi futuro ten&iacute;a una variable bidimensional: estudiar un ciclo o un bachillerato. Yo intentar&iacute;a sacar el bachillerato, y, si no iba bien, me decantar&iacute;a por un ciclo. Y me fue bien observando las diferentes variables y decant&aacute;ndome por la que cre&iacute;a correcta para conseguir mi objetivo, que en aquel entonces era terminar el bachillerato. Una vez terminado, me planteo otro objetivo. LA UNIVERSIDAD. Pero soy consciente de mis limitaciones y, por lo tanto, tuve que valorar que se podr&iacute;a dar el caso de no superar la EBAU, por lo que solicit&eacute; plaza en un Ciclo Superior.
    </p><p class="article-text">
        Para superar la EBAU estudi&eacute; con estrategia. Empleando la estad&iacute;stica, me hice una hoja de c&aacute;lculo con las notas medias de bachillerato, me puse notas muy bajas en las asignaturas que eran mis puntos d&eacute;biles y calcul&eacute; lo que deber&iacute;a sacar en mis puntos fuertes para alcanzar la media necesaria para entrar en la carrera que yo quer&iacute;a. Opt&eacute; tambi&eacute;n por plaza de discapacidad, y lo logr&eacute; por los dos caminos, ya que saqu&eacute; de media, en la EBAU, un 9 y algo.
    </p><p class="article-text">
        Por ahora, mi estrategia en la ULL es recurrir a la matr&iacute;cula parcial, ya que todo el mundo me dice que el primer curso es el m&aacute;s dif&iacute;cil por la transici&oacute;n del bachillerato a la <em>uni</em>. De esta forma, al tener menos asignaturas, le puedo dedicar m&aacute;s tiempo a cada una. Pero&hellip; estoy pensando que, si apruebo todo, el pr&oacute;ximo curso me matricular&eacute; de todas las asignaturas y comprobar&eacute; hasta d&oacute;nde puedo llegar&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese es su relato, su vida. Su punto y seguido. A cort&iacute;simo plazo, es decir, al futuro inmediato, quiero a&ntilde;adirle una l&iacute;nea m&aacute;s a la historia. Se trata de que, como dije al principio, &Aacute;ngel es el alumno m&aacute;s brillante de su grupo, y la excelente calificaci&oacute;n que obtendr&aacute; en la asignatura que imparto no obedece a ning&uacute;n tipo de condicionamiento por mi parte. Ser&aacute; el merecido premio a su esfuerzo y a la superaci&oacute;n. Esta es la verdadera fuerza de la ULL.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Carlos Felipe Martell</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Profesor y escritor&nbsp;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/fuerza-ull_129_8705012.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Jan 2022 17:12:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La verdadera fuerza de la ULL]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Tipología del negacionismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/tipologia-negacionismo_129_6237252.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El término negacionismo es muy tentador, y puede llevarnos a incluir en él, sin temor a equivocarnos, a todo tipo de portadores de las más diversas patologías sociales (terraplanistas, bebelejías, obsesos del 5G, reptilianos…), a predicadores, a personas con cerebros restrictivos…</p></div><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a escuchaba en la tele la noticia de que treinta j&oacute;venes hab&iacute;an sido pillados haciendo un botell&oacute;n, con el consiguiente riesgo que eso podr&iacute;a suponer para la salud colectiva de la poblaci&oacute;n. La extra&ntilde;a sensaci&oacute;n de <em>d&eacute;j&agrave; vu</em> me dej&oacute; pasmado. &ldquo;&iquest;Acaso no he escuchado esta misma noticia ayer, y anteayer, pero en otra ciudad?&rdquo;. Pues bien, de treinta en treinta, de fiesta en fiesta, este tipo de comunicados ha puesto a la juventud en el punto de mira de la opini&oacute;n p&uacute;blica. Tantos y tantos j&oacute;venes bebiendo y abraz&aacute;ndose sin mascarillas. La informaci&oacute;n, claro, como todas sus predecesoras, no inclu&iacute;a el dato de que, en el lugar en cuesti&oacute;n, viv&iacute;an unos cien mil j&oacute;venes. Es un acto, por supuesto, injustificable, pero &iquest;acaso nos da derecho a resaltar la palabra &ldquo;juventud&rdquo; como el gran problema de la expansi&oacute;n de la covid-19? &iquest;Qu&eacute; pasa con los &ldquo;no j&oacute;venes&rdquo; o &ldquo;no tan j&oacute;venes&rdquo;? En mi barrio, por ejemplo, todos los j&oacute;venes (pr&aacute;cticamente todos) llevan mascarilla; el grado de estupidez lo aportan muchos adultos, bien sea cuando sacan a pasear al perro o cuando van a tirar la basura. No valen las justificaciones del tipo &ldquo;este es un barrio tranquilo y no me cruzo con nadie&rdquo;. Justo unos minutos antes de ponerme a escribir este art&iacute;culo, sal&iacute; a tirar la basura y me cruc&eacute; con un vecino. El vecino me dio una peque&ntilde;a lecci&oacute;n magistral sobre el peligro que suponen los h&aacute;bitos nocturnos de los j&oacute;venes. El discurso lo pronunci&oacute; casi a gritos (debido a la distancia que marqu&eacute;) y sin mascarilla. Las normas est&aacute;n para cumplirlas. Resulta vergonzoso que sean los j&oacute;venes (al menos los de mi barrio), precisamente, los que, con su conducta, tengan que dar ejemplo a los &ldquo;no j&oacute;venes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, hecha esa aclaraci&oacute;n introductoria, este art&iacute;culo pretende centrarse en un tipo concreto de &ldquo;no j&oacute;venes&rdquo; que contravienen todas las normas legales y sanitarias, dando en ocasiones una incre&iacute;ble sensaci&oacute;n de impunidad. Se trata de los negacionistas. El t&eacute;rmino negacionismo es muy tentador, y puede llevarnos a incluir en &eacute;l, sin temor a equivocarnos, a todo tipo de portadores de las m&aacute;s diversas patolog&iacute;as sociales (terraplanistas, bebelej&iacute;as, obsesos del 5G, reptilianos&hellip;), a predicadores, a personas con cerebros restrictivos&hellip; Es tanta la variedad de perfiles que, por simple curiosidad, me he puesto a esquematizar y a elaborar una clasificaci&oacute;n de los negacionistas.
    </p><p class="article-text">
        De entrada, podemos distinguir tres tipos de negacionistas, y cada uno de esos grupos, a su vez, se puede subdividir en otros tres. As&iacute; que el negacionismo, en el fondo, se reduce a un tablero de nueve casillas dispuestas en una matriz de tres filas por tres columnas. Los tres grandes grupos del negacionismo son los agitadores, los amplificadores y los disc&iacute;pulos. Los agitadores vienen a ser los grandes l&iacute;deres de los que parte todo este desprop&oacute;sito, y, en consecuencia, sus nombres y sus rostros son los m&aacute;s conocidos (al menos entre sus simpatizantes). Los amplificadores son aquellos que se dedican a mimetizar, a imitar y a repetir las consignas y mandamientos dictados por sus l&iacute;deres, de manera que son ellos quienes, cotidianamente, comparten y expanden por las redes todo tipo de publicaci&oacute;n sensacionalista contraria a la realidad, publicaci&oacute;n que, por supuesto, no est&aacute; sustentada por ning&uacute;n tipo de aval cient&iacute;fico. En el nivel m&aacute;s bajo de la jerarqu&iacute;a tenemos a los disc&iacute;pulos, esos adeptos, fans, que parecen tener una boca de buz&oacute;n, en el sentido de que se lo tragan todo. Definidos los tres grandes grupos, paso ahora a profundizar y subdividir cada uno de ellos.
    </p><p class="article-text">
        El grupo de agitadores es el m&aacute;s disperso, o sea, donde se dan las mayores diferencias, pues los tres perfiles que vamos a definir corresponden a tres tipos de objetivos que poco tienen que ver entre s&iacute;. Por un lado, estar&iacute;an los oportunistas, esos que solo buscan poder (pol&iacute;tico, social, laboral&hellip;) o un beneficio econ&oacute;mico. En consecuencia, se trata de los aut&eacute;nticos estafadores infiltrados en el movimiento negacionista. Otro tipo de agitadores son los exhibicionistas. Se trata de personas egoc&eacute;ntricas y acomplejadas que ven aqu&iacute; una oportunidad para sentirse escuchadas, personas que necesitan seguidores para ser alguien, que necesitan diferenciarse de la mayor&iacute;a, gente que matar&iacute;a por conseguir que le pongan delante una c&aacute;mara y un micro. Finalmente tenemos al grupo m&aacute;s irracional de agitadores: los fundamentalistas. Aunque parezca incre&iacute;ble, hay personas que inventan y predican teor&iacute;as disparatadas que contradicen el sentido com&uacute;n y las evidencias. Lo incre&iacute;ble no es que inventen esas teor&iacute;as, sino que acaben crey&eacute;ndoselas. Antes de pasar a los amplificadores, propongo algunos trucos para que, cuando escuchemos a un agitador, seamos capaces de distinguir, aproximadamente, en qu&eacute; categor&iacute;a se encuadra. Si tiene una mirada segura, convincente y directa a tus ojos, es un oportunista. Si su mirada es de orgasmo y la dirige al cielo, es un exhibicionista. Si se trata de una mirada perdida, de loco, es un fan&aacute;tico (fundamentalista).
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los amplificadores, los hay cr&eacute;dulos, dubitativos e incr&eacute;dulos. Los cr&eacute;dulos son los ingenuos, aquellos que se creen cualquier tipo de bulo. Suelen ser personas con un sistema emocional tan convulso que puede alterarse y violentarse cuando leen cualquier noticia falsa sobre una supuesta injusticia, noticia que, por supuesto, necesitan compartir para que el mundo la conozca. Es posible que el grupo m&aacute;s numeroso del movimiento negacionista sea el de los dubitativos. Creo que los esfuerzos de la did&aacute;ctica cient&iacute;fica deber&iacute;an centrase en ellos. Es entendible que la gente pueda dudar, ya que no todos sabemos de todo. Los dubitativos son personas que necesitar&iacute;an herramientas que les permitan entender que la ciencia es la que se basa en las evidencias. Quiz&aacute;, si tuvieran acceso a dichas herramientas, el grupo de negacionistas se reducir&iacute;a considerablemente. El &uacute;ltimo subgrupo, peligroso donde los haya, es el de los incr&eacute;dulos. Se trata de gente maliciosa, individuos que no creen en los disparates, pero que, aun as&iacute;, los comparten y los extienden por pura maldad o por divertimento personal.
    </p><p class="article-text">
        Y llegamos a los disc&iacute;pulos, la gran legi&oacute;n de soldados adeptos del movimiento. En ellos podemos distinguir entre los camuflados, los precavidos y los exaltados. Los primeros pasan totalmente desapercibidos, pues tienen la suficiente verg&uuml;enza social como para temer hacer el rid&iacute;culo, de forma que son incapaces de participar en los movimientos activistas. Los precavidos s&iacute; que apoyan abiertamente las teor&iacute;as conspiratorias y absurdas, pero lo hacen &ldquo;con la mascarilla puesta&rdquo;, intentando cumplir las normas por miedo a la represalia. Finalmente est&aacute;n los exaltados, los activistas, esos seguidores incondicionales que idolatran a todo tipo de frikis, locos o estafadores, y matar&iacute;an por ellos.
    </p><p class="article-text">
        A partir de esta tipolog&iacute;a, hagamos una reflexi&oacute;n final. La aut&eacute;ntica raza pura del negacionismo incluye a cinco de los nueve perfiles expuestos. Se trata de los agitadores fundamentalistas, de los amplificadores cr&eacute;dulos, y de todos (los tres subgrupos) los disc&iacute;pulos. En cuanto a los grupos restantes, uno de ellos, el de los dubitativos, se debate entre la evidencia y la irracionalidad, mientras que los otros tres (oportunistas, exhibicionistas e incr&eacute;dulos) utilizan el movimiento negacionista para obtener un beneficio personal, sea pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, egoc&eacute;ntrico o, simplemente, diversi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Carlos Felipe Martell</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Escritor y profesor universitario</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/tipologia-negacionismo_129_6237252.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Sep 2020 10:15:31 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tipología del negacionismo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Promoción fantasía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/promocion-fantasia_132_1923838.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">A veces lo olvidamos, pero los alumnos universitarios son unos seres mayores de edad que nos pagan nuestro sueldo y que, además, tienen la cabeza muy liberada de las paranoias que nos contaminan a nosotros.</p></div><p class="article-text">
        Reciprocidad. En este septiembre se cumplen tres a&ntilde;os, pero mis vivencias se anclaron de tal manera que todav&iacute;a siento palpitar recuerdos en versi&oacute;n 2015. T&uacute; dominabas desde esos asientos antivisita que la universidad te hab&iacute;a alquilado en E.3.1, E.2.3 o &ldquo;Eduardo Domenech&rdquo;. Me escudri&ntilde;abas con la innegociable curiosidad juvenil con la que siempre se analizan las primeras impresiones proporcionadas por un nuevo profesor. Recuerdo que sonre&iacute;as. Sonre&iacute;as y yo tambi&eacute;n lo hac&iacute;a porque me contagiabas. Era imposible no hacerlo. Ahora, con el paso de los a&ntilde;os, te miro y certifico que formaste parte de una promoci&oacute;n de cine. Quiz&aacute; no lo creas, pero en 2015, a veces, mientras te daba clase, me sent&iacute;a como si yo mismo estuviera al otro lado, en tu lado, observando y comiendo cotufas. Reciprocidad.
    </p><p class="article-text">
        Nostalgia. Este a&ntilde;o te grad&uacute;as. No todos tus compa&ntilde;eros estaban all&iacute;, en 2015, ni todos est&aacute;n ahora, en 2018. Algunos se habr&aacute;n quedado en el camino. Otros, mis No Alumnos, se incorporaron m&aacute;s tarde. Pronto desaparecer&aacute;s de este edificio; de la cafeter&iacute;a. En un par de a&ntilde;os echar&aacute;s de menos las asignaturas de alem&aacute;n, el ascensor asesino, las risitas de tu amiga chiflada, las horas de estr&eacute;s en la biblioteca&hellip; Nostalgia.
    </p><p class="article-text">
        Fantas&iacute;a. 2015 parece que fue ayer, pero, parad&oacute;jicamente, tambi&eacute;n parece que fue en la &eacute;poca de los chaparrones. Fue el a&ntilde;o de la divisi&oacute;n acad&eacute;mica. El curso anterior hubo tal cantidad de suspensos en las asignaturas m&aacute;s pu&ntilde;eteras, que la facultad decidi&oacute; dividir al alumnado en tres grupos: uno en Adeje y dos en Guajara (uno de ma&ntilde;ana y otro de tarde). Desde el primer d&iacute;a me di cuenta de que t&uacute; y tus compa&ntilde;eros erais un grupo de estudiantes con unas miradas tan &aacute;vidas que se com&iacute;an el aula, las expectativas, las ilusiones y la vida. Siempre estabais en modo arco&iacute;ris. Siempre. Por eso, d&iacute;a tras d&iacute;a, cada vez que cruzaba las puertas de entrada a las aulas, sent&iacute;a fantas&iacute;a dentro de m&iacute;. Sent&iacute;a fantas&iacute;a en tu ingenuidad, en tu franqueza, en tu espontaneidad. Daba igual si estabas en el grupo de tarde o en el de ma&ntilde;ana. Daba igual la presencia f&iacute;sica (la de Guajara) o la virtual (la de Adeje). Daba igual. Vosotros, gracias a vuestra arrolladora presencia y a una personalidad grupal aplastante, hicisteis mucho m&aacute;s f&aacute;cil mi receptividad emp&aacute;tica. Cuando te lo ponen f&aacute;cil, la docencia fluye f&aacute;cil. Fantas&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Transici&oacute;n. En noviembre, cuando cumpl&iacute; 52 a&ntilde;os pero me sent&iacute;a como un semipal&iacute;ndromo de 25 en modo pausa, las clases se colorearon de globos y de tartas con velas inextinguibles. Con el paso de los d&iacute;as, mi torturadora e insaciable mentalidad anal&iacute;tica me hizo entender por qu&eacute; recib&iacute; tus regalos. No creo que fuera exactamente por m&eacute;ritos propios, sino por dem&eacute;ritos de otros profesores. T&uacute; ven&iacute;as del instituto. La palabra &ldquo;instituto&rdquo; conlleva sinton&iacute;a e interacci&oacute;n entre alumnado y profesor. Pero luego, al dejar el instituto, llegas a la universidad y te tratamos como un n&uacute;mero o una ficha, con una distancia y una soberbia indigna de un docente. Ese paso del instituto (donde te escuchan y te valoran) a la universidad (donde no eres nadie) es muy cruel. Lo es sobre todo durante el primer curso universitario; el m&aacute;s cruel. Transici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Fortaleza. Y aunque ahora, querido estudiante, est&aacute;s leyendo mi agradecimiento hacia ti en forma de reflexiones, permite que haga un brev&iacute;simo par&eacute;ntesis y me dirija a mis compa&ntilde;eros. Al profesorado. Querido profesor. A veces lo olvidamos, pero los alumnos universitarios son unos seres mayores de edad que nos pagan nuestro sueldo y que, adem&aacute;s, tienen la cabeza muy liberada de las paranoias que nos contaminan a nosotros. Nuestras propias paranoias nos conducen a ver a los alumnos como enemigos, como cucarachas o como seres inferiores. Enemigo. Cucaracha. Inferior. Es entonces, bajo esta perspectiva distorsionada de locura, cuando adoptamos una actitud de defensa contra el enemigo, una actitud de aplastamiento a las cucarachas o una actitud desp&oacute;tica de humillaci&oacute;n al inferior. Pero, querido profesor (y no me des las gracias), las actitudes est&aacute;n para revertirlas. De nada. Ya est&aacute;. Ya me he desahogado. &iquest;Te suena algo de esto? Un alumno como t&uacute;, que llevas tres a&ntilde;os en la universidad aguantando nuestras vejaciones, nuestros egos o nuestras actuaciones psic&oacute;ticas, es un h&eacute;roe portador de unas cicatrices que jam&aacute;s imagin&oacute; tener cuando lleg&oacute;. Pero tambi&eacute;n es una persona enriquecida gracias a los conocimientos adquiridos, a los docentes vocacionales (que tambi&eacute;n los hay) y, sobre todo, a las amistades ganadas. Fortaleza.
    </p><p class="article-text">
        Resistencia. Lo cierto es que sigues aqu&iacute;. Son muchos los alumnos que terminan el bachillerato y se van a estudiar a otras universidades. Son muchos los alumnos que, a mitad de carrera, se van a otras universidades. Son muchos los alumnos que se ir&iacute;an a otras universidades, pero no lo hacen por falta de medios. Y t&uacute;, seguramente, te habr&aacute;s cuestionado muchas veces qu&eacute; hacemos nosotros, los profesores, ante esta realidad. &iquest;Por qu&eacute; no nos preguntamos cu&aacute;l es la raz&oacute;n de que nuestros alumnos no quieran quedarse? Esa cuesti&oacute;n, tan crucial a nivel te&oacute;rico, nunca nos la planteamos seria y profundamente por miedo a mirarnos, analizarnos y aborrecernos. Y aunque no nos la preguntamos, s&iacute; que la respondemos de forma superficial para salir al paso. A esa cuesti&oacute;n crucial le damos respuestas subjetivas, respuestas blandas, de conveniencia, respuestas que no est&aacute;n basadas en un an&aacute;lisis introspectivo de c&oacute;mo es nuestra convivencia universitaria con el alumnado. Porque, no lo olvides, la convivencia puede ser pac&iacute;fica y horizontal o tirante y vertical. Teniendo en cuenta lo dicho, quiero agradecerte que sigas aqu&iacute;, que seas uno de los supervivientes de la Promo Fanta. Quiero agradecerte que te hayas quedado en esta universidad, tu universidad, y que hayas luchado por ella a pesar de los inconvenientes. Y a nivel personal, quiero agradecerte todo lo que, sin t&uacute; saberlo, me has ense&ntilde;ado y aportado. Para un profesor no puede haber nada m&aacute;s enriquecedor que las ense&ntilde;anzas que le aportan los j&oacute;venes con su frescura, con su claridad mental, con sus reivindicaciones, con sus eternas sonrisas, con su educaci&oacute;n&hellip; S&iacute;, con su educaci&oacute;n. Tener mala educaci&oacute;n no es llegar tarde a TU aula para recibir TUS clases que T&Uacute; est&aacute;s pagando. Tener mala educaci&oacute;n ser&iacute;a, por ejemplo, impedirle entrar en SU aula a una persona que te est&aacute; pagando el sueldo para que la ense&ntilde;es. Resistencia.
    </p><p class="article-text">
        Rebeld&iacute;a. Ahora que ya has recibido mi agradecimiento, perm&iacute;teme que comparta contigo mi entorno, mi visi&oacute;n del mundo universitario que me rodea, aquello que tengo que soportar d&iacute;a a d&iacute;a. Aquello sobre lo que discuto con algunos compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n. Hay cosas, querido alumno, que t&uacute; no te explicas y ante las cuales te rebelas. Hay actitudes que no entiendes. Te las voy a explicar. Yo creo que la clave en una docencia de calidad consiste en una relaci&oacute;n totalmente horizontal entre profesores y alumnos. Ya va siendo hora de superar conceptos tan arcaicos como el &ldquo;respeto&rdquo; y el &ldquo;usted&rdquo;. Hay docentes que siempre est&aacute;n apelando al respeto, defendiendo una estructura y unas posiciones piramidales donde el profesor est&aacute; por encima de los alumnos. Cuando en esa pir&aacute;mide se defiende el respeto solo de abajo hacia arriba, de alumno a profesor, realmente se est&aacute; abogando por el servilismo. Cuando se habla de respeto mutuo, pero en una relaci&oacute;n que no deja de ser vertical, entonces hablamos de servilismo acompa&ntilde;ado de condescendencia. No olvides que la condescendencia, de alguna manera, tambi&eacute;n es una forma de control. En cualquiera de ambas situaciones, desde arriba, desde la parte alta de la pir&aacute;mide, se escupe soberbia. Se escupe superioridad, prepotencia. Son las personas prepotentes las que, de manera soterrada, defienden tanto el servilismo como la condescendencia. T&uacute;, por suerte para ti, no sueles caer en el juego de las personalidades m&aacute;s retorcidas que intentan controlarte. Rebeld&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Personalidad. Contin&uacute;o con mis discusiones de cafeter&iacute;a. Estoy harto de escuchar a algunos compa&ntilde;eros hablando de los alumnos como si fueran un solo ente, un pu&ntilde;ado de piezas id&eacute;nticas, fabricadas en serie, que se unen y forman un lego ensamblado de torpeza, de conformismo, de inexperiencia. Y frente a ellos est&aacute; &eacute;l, el profesor, el salvador. Como docente que es, est&aacute; dotado de una inteligencia innata y de una capacidad para definir, etiquetar e identificar, con un simple vistazo, todas las infinitas carencias de los estudiantes. As&iacute;, en plan Spiderman. Con un simple vistazo, con una sonrisa pedante y con tres o cuatro frases magistrales. Querido profesor. No es f&aacute;cil justificar que las cien personas que tienes frente a ti est&aacute;n equivocadas y que t&uacute; tienes la raz&oacute;n. Y como no es f&aacute;cil, genial aprendiz de artista, hay que inventar un artificio que equilibre nuestra desventaja num&eacute;rica de cien contra uno. Ese artificio es el lego. Si yo logro armar un lego discursivo, si logro convencer a la sociedad de que el alumnado es una &uacute;nica manada directamente transportada desde el Paleol&iacute;tico hasta el aula, justificar&eacute; mi ego, mi dominio, mi sabidur&iacute;a y mi poder. Querido compa&ntilde;ero. Esa es la gran perversi&oacute;n de la ense&ntilde;anza. Si un profesor dice blanco y un alumno dice negro, no puedes imponer el blanco. Habr&aacute; que dialogar y tratar de consensuar otro color. Y no vale el gris. No vale un color triste, no vale un color que no guste a ninguno. Mejor buscar un fucsia, un rosa o un verde turquesa, &iquest;te parece? Ahora bien, si un profesor dice blanco y todo el alumnado dice negro, no puedes hacer trampas y considerar que sigue siendo uno contra uno. El alumnado no es un colectivo homog&eacute;neo e indivisible. Son cien personas diferentes, con cien visiones diferentes, con cien personalidades diferentes y con cien objetivos diferentes. Y t&uacute; no puedes tener tanta arrogancia como para considerar que los cien est&aacute;n conduciendo en direcci&oacute;n contraria. Si eres incapaz de entender que la direcci&oacute;n contraria es la blanca, tu cabeza no funciona bien. Personalidad.
    </p><p class="article-text">
        Personalidad, por supuesto. Por eso te escribo en singular. No escribo a la Promoci&oacute;n Fantas&iacute;a. Escribo a cada uno de sus miembros. Mis palabras no pretenden diluirse en un mensaje colectivo. Mis palabras pretenden llegarte a ti por todo lo que me has aportado. Y a ti, si me la aceptas, te hago una breve sugerencia. No permitas que el mundo fr&iacute;o te coma el alma. Regatea la rutina y vive. Vive. 
    </p><p class="article-text">
        Carlos Felipe Martell
    </p><p class="article-text">
        Profesor y escritor
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/promocion-fantasia_132_1923838.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Sep 2018 08:08:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Promoción fantasía]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Fantasía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la comunicación hechiza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/comunicacion-hechiza_132_2813365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando oyes en los pasillos a algunos compañeros decir que los jóvenes universitarios son unos críos inmaduros a los que hay que tutelar, te dan ganas de llorar.</p></div><p class="article-text">
        Hay dos maneras de abrir una puerta. Tocando o a patadas. Si llamas a la puerta pero no te abren, si vuelves a llamar sin obtener resultado, si tocas una y otra vez pero no recibes respuesta, al final tienes dos opciones. O te resignas o la abres de una patada. Algo as&iacute; nos pasa a unos cuantos profesores universitarios, los inconformistas, sobre todo a algunos que damos clase en facultades y grados tan aparentemente g&eacute;lidos como pueden ser la Econom&iacute;a, la Contabilidad o el Derecho. Nosotros, esa minor&iacute;a, somos animales emocionales encerrados en un mundo muy fr&iacute;o. La puerta que nos a&iacute;sla es parad&oacute;jica, pues para abrirla hay que hacerlo hacia dentro y hacia fuera. Una puerta muy complicada. Por eso solemos pasar muchos a&ntilde;os resignados hasta que llega el momento de rebelarse y tomar decisiones. Todo mundo, toda facultad, todo grado universitario, deja de ser fr&iacute;o cuando le aportamos calidez. Necesitamos entender que, para que ese grado o esa facultad tengan ese calor acogedor, su coraz&oacute;n, su motor, su alma, debe tener  un protagonista indiscutible: el alumnado. Nosotros, los animales emocionales docentes, tenemos que darle una patada (a veces muy fuerte) a la primera cerradura de la puerta para dejar entrar al alumnado. Luego esos alumnos tendr&aacute;n que darle otra patada a la segunda cerradura para que nosotros podamos salir con ellos, acompa&ntilde;&aacute;ndolos y apoy&aacute;ndolos. 
    </p><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de un mes que una vicedecana de la facultad donde trabajo me propuso colaborar en un proyecto. Yo no suelo implicarme mucho en la gesti&oacute;n universitaria, a veces porque no me considero adecuado para el cargo, y en otras ocasiones porque los enfoques planteados por el equipo gestor suelen ser muy institucionales. S&eacute; que sufro de alergia a lo pol&iacute;ticamente correcto y a lo institucional, lo cual me limita. En esta ocasi&oacute;n, sin embargo, la propuesta ven&iacute;a de una vicedecana muy especial, pues ella y yo coincidimos en muchos aspectos. Por ejemplo, a nivel docente creemos en lo mismo, si bien utilizamos diferentes herramientas para tratar de llegar al mismo objetivo en las aulas. La vicedecana utiliza armon&iacute;a para conseguir armon&iacute;a. Yo utilizo caos para conseguir armon&iacute;a. Lo m&iacute;o es m&aacute;s radical, no lo discuto, y se debe a mi creencia en mi propia definici&oacute;n del arte. El arte es la armon&iacute;a surgida del caos. O sea, yo pongo unos Power Rangers encima de la mesa cuando explico Estad&iacute;stica, mientras que la vicedecana pone m&uacute;sica. Los dos buscamos lo mismo, los dos pretendemos ponerle los ojos como platos al estudiante. 
    </p><p class="article-text">
        El proyecto en cuesti&oacute;n consist&iacute;a en organizar y participar en las Jornadas de Puertas Abiertas, unas charlas que ofrece la universidad a los alumnos de bachillerato. Me result&oacute; muy atractivo, pero puse una condici&oacute;n. Le promet&iacute; que me integrar&iacute;a en el equipo, siempre y cuando tuvi&eacute;semos libertad para dise&ntilde;ar las charlas en base a nuestros esquemas mentales. Y as&iacute; fue. Nadie nos puso restricciones. Eso hay que agradec&eacute;rselo al decanato de nuestra facultad. La universidad solo nos <em>impuso</em> dos verbos de puro sentido com&uacute;n. Informar y motivar. No hay nada que motive m&aacute;s que la palabra <em>motivar</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestro equipo lo tuvo claro desde el principio. &iquest;Cu&aacute;l es la mejor manera de llegar con nuestro mensaje a j&oacute;venes preuniversitarios de diecisiete a&ntilde;os? F&aacute;cil, &iquest;verdad? Que les cuenten la pel&iacute;cula, que les cuenten sus experiencias alumnos universitarios de diecinueve o veinte a&ntilde;os. Alguien cercano en edad que est&eacute; estudiando la misma carrera que ellos quieren hacer. Alguien que les genere confianza. La comunicaci&oacute;n entre j&oacute;venes siempre ser&aacute; m&aacute;s pura, m&aacute;s fluida y m&aacute;s sincera. Bas&aacute;ndonos en este planteamiento elegimos, como parte indispensable del equipo, a estudiantes de los cuatro grados que imparte nuestra facultad. No elegimos alumnos con un perfil determinado ni les dijimos lo que ten&iacute;an que contar. Casi fueron elegidos al azar. La idea era que nosotros, los profesores, habl&aacute;ramos muy poco para dejarle el tiempo al alumnado. Y as&iacute; lo hicimos. 
    </p><p class="article-text">
        Las jornadas en nuestra facultad, tal como ten&iacute;amos previsto, comenzaron con una breve combinaci&oacute;n discursiva muy variada: el magistral discurso emocional de Montse, la creatividad infinita de In&eacute;s, la paz y seguridad que aporta Javi cuando fluyen sus cadentes palabras, la innegociable claridad esquem&aacute;tica de Franci, la fe arrolladora en su propio mensaje de Juanjo y los escupitajos de locura (y espero no parecer pedante) de quien escribe este art&iacute;culo. Pero mi prop&oacute;sito no es felicitar a mis compa&ntilde;eros profesores. No planteo ning&uacute;n reparto proporcional de m&eacute;ritos, porque nosotros, al fin y al cabo, cobramos a fin de mes. Y nuestra participaci&oacute;n en las Jornadas de Puertas Abiertas, aunque voluntaria, es una parte m&aacute;s de nuestro trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando nosotros terminamos de hablar, llegaron ellos. Ellas y ellos. Las alumnas y los alumnos. Llegaron, pero no lo hicieron de cualquier manera. Fueron implacables, contundentes. Se comieron textualmente el escenario. Nos echaron. Nos sacaron del encuadre para autoenfocarse. Se apropiaron los micr&oacute;fonos y jam&aacute;s los devolvieron, ni siquiera para que la vicedecana pudiera dar paso a las consultas del p&uacute;blico. Fueron ellos mismos quienes, con su descarada e insultante juventud, invitaron a los asistentes bachilleres a exponer sus (a veces) afilad&iacute;simas dudas. Y fueron ellos mismos quienes respondieron a todas y a cada una de las preguntas para rescatarnos del posible mal trago. Esa actitud surgi&oacute; de manera espont&aacute;nea y enriqueci&oacute; las sesiones hasta alcanzar la excelencia. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde llega la calma y la resaca. La vuelta a la rutina acad&eacute;mica. Cuando oyes en los pasillos a algunos compa&ntilde;eros decir que los j&oacute;venes universitarios son unos cr&iacute;os inmaduros a los que hay que tutelar, te dan ganas de llorar. Pero claro, hay gente que vive una realidad paralela. O perpendicular, no lo s&eacute;. Los alumnos de los grados que participaron en este <em>juego</em> se sintieron sabios, poderosos, ansiosos por volver a participar en actos como este. Est&aacute;n esperando recibir una llamada similar. Cuando nosotros, los profesores participantes, comentamos con otros compa&ntilde;eros c&oacute;mo hicimos la puesta en escena, se sorprenden y aseguran que ha sido una buena idea la presencia de los alumnos. &iexcl;Una buena idea! &iquest;Acaso es original? Me quedo at&oacute;nito. Me resulta sorprendente que esto no se haya hecho antes. Me resulta sorprendente que no se haga en otros grados, al menos no de manera habitual. La presencia de alumnos hablando a otros alumnos, algo que parece de puro sentido com&uacute;n, hay quien lo considera &ldquo;una buena idea&rdquo;. Es triste. Espero, al menos, que, quien lo considere &ldquo;una buena idea&rdquo;, contribuya a convertirlo en un ejemplo a imitar. Por el bien de la comunidad universitaria. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nota del autor</strong>. Este art&iacute;culo est&aacute; dedicado a tres estudiantes del Grado en Contabilidad y Finanzas (Eli, Nicol&aacute;s y Adri&aacute;n), cuatro del Grado en Turismo (Maryna, Andrea, Raquel y Sara), tres del Grado en Administraci&oacute;n y Direcci&oacute;n de Empresas (Ana, Andrea y Alejandro) y otros tres del Grado en Econom&iacute;a (Gabriel, Javi y Joni) de la Universidad de La Laguna.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/comunicacion-hechiza_132_2813365.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jan 2018 16:20:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando la comunicación hechiza]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Profesores malos y menos malos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/profesores-malos_132_3009352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El profesor universitario no está en el aula para educar, no está para formar personas, sino profesionales.</p></div><p class="article-text">
        Me preguntaba un compa&ntilde;ero, profesor universitario como yo, cu&aacute;l era el truco para tener contento al alumnado. Tras un instante de reflexi&oacute;n, conclu&iacute; que no hay ning&uacute;n truco en mi posible respuesta, pero s&iacute; en su pregunta. Mi compa&ntilde;ero (&eacute;l mismo lo reconoce) tiene constantes conflictos&nbsp; con los estudiantes. No se puede pretender pasar del conflicto constante a caer bien. Si eres un &ldquo;profesor malo&rdquo;, primero tendr&aacute;s que evolucionar a &ldquo;menos malo&rdquo;. Hay que respetar las fases de la evoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Antes de entrar de lleno en la respuesta que le di, es necesario hacer una aclaraci&oacute;n importante. La docencia universitaria poco tiene que ver con la ense&ntilde;anza primaria y secundaria. En la universidad te diriges a un p&uacute;blico adulto, un p&uacute;blico poco exigente que solo quiere aprender. Cuando digo &ldquo;poco exigente&rdquo; me refiero a lo que el alumno espera de su profesor. S&iacute; que es exigente, y mucho, con el aprendizaje de cada materia. Pero, respecto al profesor, el alumno solo espera de &eacute;l que sea una herramienta m&aacute;s, como lo puede ser un libro, una tablet o un corrector de cinta. El profesor universitario no est&aacute; en el aula para educar, no est&aacute; para dictar normas de comportamiento, no est&aacute; para formar personas, sino profesionales. En definitiva, ser profesor universitario deber&iacute;a ser f&aacute;cil. Al menos much&iacute;simo m&aacute;s f&aacute;cil que dar clase a adolescentes, por ejemplo. A pesar de ello, hay muchos docentes que tienen serios problemas de comunicaci&oacute;n y de relaci&oacute;n con su audiencia.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a mi compa&ntilde;ero. A modo de ejemplo, voy a resumir un rasgo de su &ldquo;personalidad docente&rdquo; (solo uno, pero la lista es mucho m&aacute;s larga) en base a la informaci&oacute;n con la que &eacute;l mismo se autodefine. Mi compa&ntilde;ero entra al aula y le molesta que los alumnos entren despu&eacute;s que &eacute;l. Si alguien lo hace, le echa una bronca o no lo deja entrar. Primer error. El aula es del alumno, no del profesor. El profesor entra, da la clase y se va a tomar caf&eacute;. El alumno est&aacute; pagando para ocupar un asiento, y pasa muchas horas dentro del aula. Mi compa&ntilde;ero se escuda en que se desconcentra si alguien llega tarde. Pero &iquest;qu&eacute; ocurre si es el propio profesor el que llega tarde? No ocurre nada, porque la norma no va con &eacute;l. &iexcl;Claro! &Eacute;l pone la norma y las excepciones a la misma. &iexcl;&Eacute;l es la excepci&oacute;n! As&iacute; que, sin un alumno coge caravana en la carretera y el profesor llega antes que &eacute;l, tendr&aacute; que aguantar una bronca, perderse la sesi&oacute;n, o a veces ambas cosas.
    </p><p class="article-text">
        Llegados a este punto, hay personas que podr&iacute;an pensar que esta es una norma m&aacute;s, y no es para tanto. Podr&iacute;an pensar que el alumno conoce esta norma y tiene que adaptarse. De acuerdo, hay personas que podr&iacute;an pensar as&iacute;, personas que refuerzan a mi compa&ntilde;ero. Mi compa&ntilde;ero, por tanto, tiene esa norma muy enraizada y jam&aacute;s renunciar&aacute; a ella. &iquest;Cu&aacute;l es el problema? Cuando t&uacute; act&uacute;as as&iacute;, cuando t&uacute; te cabreas al ver entrar a un alumno en el aula, cuando t&uacute; le llamas la atenci&oacute;n abiertamente delante de sus compa&ntilde;eros, no solo est&aacute;s haciendo eso. Est&aacute;s haciendo algo m&aacute;s. Est&aacute;s fumigando el aula con inquietud. Eres un aut&eacute;ntico creador de tensi&oacute;n ambiental. &iexcl;El reverend&iacute;simo campe&oacute;n del mal rollo!
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es el truco para tener contento al alumnado?&rdquo;, me preguntaba. Mi respuesta, por supuesto, no gust&oacute; a mi compa&ntilde;ero. Mi respuesta consiste en que rompa con las premisas, con esos principios suyos que encorsetan la comunicaci&oacute;n. Pero mi compa&ntilde;ero insiste, porque su actitud es instintiva. &ldquo;Jam&aacute;s voy a renunciar a eso, me molesta que los alumnos lleguen tarde&rdquo;. Siempre he cre&iacute;do que las personas de principios muy arraigados se vuelven peores con el paso del tiempo, porque los principios no son m&aacute;s que l&iacute;mites para el cerebro. Una &ldquo;persona de principios&rdquo;, una &ldquo;persona de valores&rdquo;, cada vez estar&aacute; m&aacute;s encasillada por sus principios y sus valores. Es m&aacute;s, corre el riesgo de caer en el fanatismo (pero ese es otro tema). Mi compa&ntilde;ero pretende que yo le ense&ntilde;e a abrir una puerta a la que &eacute;l le ha puesto barrotes, pero sin quitar los barrotes. Y as&iacute; es imposible. Pero &eacute;l no lo comprende. Quiere llevarse bien con un colectivo al que inconscientemente considera enemigo, un colectivo formado por personas que llegan tarde y lo hacen cabrear.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; clar&iacute;simo. El ser humano est&aacute; sometido a instintos naturales, bloqueos psicol&oacute;gicos y limitaciones intelectuales. De ti depende romper o no esas barreras que encasillan tu mente. Si pretendes resolver un conflicto, no puedes enca&ntilde;onar solo a tus rivales. Tienes que enca&ntilde;onarte a ti mismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/profesores-malos_132_3009352.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Dec 2017 17:48:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Profesores malos y menos malos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Profesores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prereferéndum en cuatro actos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/prereferendum-actos_132_3190719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Pero el señor Macropolítico, con delirios propios de un héroe que está por encima o por delante de la ley, quiere abanderar a las personas con trastornos patrióticos. La separación de poderes es tan falaz como un espejismo.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Primer acto</strong>
    </p><p class="article-text">
        El se&ntilde;or Micropol&iacute;tico y el se&ntilde;or Macropol&iacute;tico tienen una relaci&oacute;n enquistada por el transcurso de los a&ntilde;os. Como sucede en muchas parejas, la fase de enamoramiento dio paso a la de indiferencia para luego caer en la incomodidad. 
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Micropol&iacute;tico: Creo que nuestra relaci&oacute;n no funciona. Habr&iacute;a que revisar los t&eacute;rminos de nuestro pacto.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Macropol&iacute;tico: (Guarda silencio y sube el ment&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Micropol&iacute;tico: Insisto. No estoy muy contento con mi situaci&oacute;n. Me siento&hellip; No s&eacute;, como si me faltaran al respeto. &iquest;Podemos hablar de ello?
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Macropol&iacute;tico: (Sube a&uacute;n m&aacute;s el ment&oacute;n y la pedanter&iacute;a).
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Micropol&iacute;tico: &iexcl;Eh! &iexcl;Estoy hablando contigo! &iexcl;Soy yo! &iexcl;Aqu&iacute;! &iexcl;El de la cara de tonto y la voz de dialecto! 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Segundo acto</strong>
    </p><p class="article-text">
        El se&ntilde;or Micropol&iacute;tico se rebela y amenaza con cometer un acto supuestamente delictivo. Entra en escena el se&ntilde;or Justo. Entrar, entrar&hellip;, entra en imagen, pero antes de que pueda pronunciarse, el se&ntilde;or Macropol&iacute;tico se adelanta. El se&ntilde;or Macropol&iacute;tico habla a la multitud.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Macropol&iacute;tico: No vamos a permitir un atropello como este. El delito que se est&aacute; cometiendo nos afecta a todos. &iexcl;A todos! A arquitectos, a amas de casa, a clientes de Mercadona, a traductores, a embarazadas y a personas humanas.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or con trastorno patri&oacute;tico: &iexcl;S&iacute;! &iexcl;As&iacute; se habla! &iexcl;Ya es hora de que alguien nos defienda y acabe con los enemigos de la naci&oacute;n! 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tercer acto</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los seguidores del se&ntilde;or Micropol&iacute;tico se enfrentan a los seguidores del se&ntilde;or Macropol&iacute;tico. Es una guerra de banderas, cruel y despiadada. Los soci&oacute;logos, polit&oacute;logos y empresas demosc&oacute;picas, afinan sus herramientas de precisi&oacute;n estad&iacute;stica para contabilizar las banderas que aporta cada bando. Parece que hay empate t&eacute;cnico, y eso no contenta a nadie. 
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Micropol&iacute;tico (desafiante): Voy a cumplir con mi promesa.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Macropol&iacute;tico (amenazante): No lo vas a hacer porque va en contra de la ley.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;or Micropol&iacute;tico: Pero mi ley no es la misma que la tuya. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuarto acto</strong>
    </p><p class="article-text">
        El se&ntilde;or Justo medita, pero no se atreve a exponer lo que piensa por miedo a represalias. Te&oacute;ricamente &eacute;l (y solo &eacute;l) tiene competencias para juzgar y ajusticiar al se&ntilde;or Micropol&iacute;tico. Pero el se&ntilde;or Macropol&iacute;tico, con delirios propios de un h&eacute;roe que est&aacute; por encima o por delante de la ley, quiere abanderar a las personas con trastornos patri&oacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        MORALEJA: La separaci&oacute;n de poderes es tan falaz como un espejismo.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Felipe Martell
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/prereferendum-actos_132_3190719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Sep 2017 19:12:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Prereferéndum en cuatro actos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Hay que ganar!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ganar-carlos-felipe_132_3476151.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La violencia en el deporte es más cotidiana, está en cientos de canchas, pabellones, y estadios, pero casi siempre es verbal y no pasa de ahí. Al no pasar de ahí, no llega a los medios de comunicación.</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de estar diez a&ntilde;os sentado en las gradas de diversas canchas y pabellones deportivos, viendo entrenamientos y partidos de baloncesto, hoy quiero resumir en unas l&iacute;neas mis impresiones tras o&iacute;r lo fuerte que laten los corazones en el mundo del deporte. &iquest;Por qu&eacute; lo hacen? &iquest;Por qu&eacute; laten con tanta ferocidad los corazones de directivos, t&eacute;cnicos y aficionados? Quiero dejar claro que este art&iacute;culo se centra exclusivamente en el deporte de base, en ni&ntilde;as y ni&ntilde;os con edades comprendidas entre siete y diecisiete a&ntilde;os. En un momento dado, cuando mi hijo decidi&oacute; que era hora de dejar el baloncesto para centrarse en sus estudios universitarios (mi hijo es la raz&oacute;n de mis diez a&ntilde;os de peregrinaje por las canchas), decid&iacute; recoger en nost&aacute;lgicos apuntes diversas an&eacute;cdotas, comportamientos, situaciones vividas en entrenamientos y partidos&hellip; Leyendo despu&eacute;s esos apuntes me di cuenta de que ten&iacute;a registrados muchos momentos m&aacute;s propios de una pel&iacute;cula de terror, o de humor absurdo, que de la propia realidad. El paso siguiente fue escribir <em>Una semana&hellip; &iquest;de b&aacute;squet?,</em> un relato socarr&oacute;n, con mucha mala baba, para despellejar los comportamientos aberrantes por parte de los adultos en el escenario del deporte infantil. Pero esa es otra historia... O no. Realmente es la misma historia que voy a narrar aqu&iacute;, solo que el relato la trata en forma de cuento. En este art&iacute;culo quiero ponerme m&aacute;s serio.
    </p><p class="article-text">
        Soy una persona con una extra&ntilde;a capacidad (ll&aacute;mese man&iacute;a o curiosidad) para estar en una grada deportiva, evadirme del juego y centrarme de lleno en el entorno. El entorno es la clave para entender la violencia en el deporte. Has le&iacute;do bien, he dicho &ldquo;violencia en el deporte&rdquo; a pesar de que la irrupci&oacute;n de dicha expresi&oacute;n en este art&iacute;culo resulte demasiado brusca. La violencia en el deporte, en contra de lo que pueda parecer, es mucho m&aacute;s frecuente de lo que pensamos. La violencia en el deporte no son solo esas agresiones aisladas, tan medi&aacute;ticas, que ocurren casi cada fin de semana en diversos lugares y en diversos deportes (principalmente en el f&uacute;tbol). No. La violencia en el deporte es m&aacute;s cotidiana, est&aacute; en cientos de canchas, pabellones, y estadios, pero casi siempre es verbal y no pasa de ah&iacute;. Al no pasar de ah&iacute;, no llega a los medios de comunicaci&oacute;n. Cuando un energ&uacute;meno le grita a un &aacute;rbitro para protestar su labor, eso es violencia. Cuando un energ&uacute;meno abuchea a un ni&ntilde;o que va a tirar un penalti o un tiro libre, eso es violencia. Y as&iacute; podr&iacute;amos continuar con decenas de ejemplos. Existe una franja invisible, muy d&eacute;bil, que separa la violencia verbal de la f&iacute;sica. Cuando se atraviesa esa fina l&iacute;nea es cuando nos alertamos. Error. El mundo del deporte no es preventivo; siempre se espera a que se llegue a las manos para actuar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;de qui&eacute;n es la culpa de todo este desatino? Voy a dar mi punto de vista. Es un punto de vista desde la grada, pero mirando m&aacute;s all&aacute; de la grada. Yo lo veo como un c&iacute;rculo dividido en compartimentos que gira a gran velocidad. Igual que una noria. En uno de los vagones de la noria tenemos a la gente que rebuzna en la grada. Ese es el elemento m&aacute;s peligroso, de acuerdo, pero no el m&aacute;ximo responsable. Siempre los enca&ntilde;onamos a ellos, siempre buscamos terapias y soluciones para pacificar o castigar a los aficionados m&aacute;s alterados. Pero, si lo pensamos con calma, es dif&iacute;cil modificar los comportamientos de personas con caracteres extremos, y sobre todo ser&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil si nos movemos en un ambiente densamente pasional. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n entonces las responsabilidades? Por encima de esos aficionados, en un segundo vag&oacute;n, est&aacute;n los clubes, los directivos, continuamente soplando en las orejas de madres y padres unas instrucciones en forma de frase imperativa: &ldquo;Hay que ganar&rdquo;. &iexcl;Hay que ganar! Es obvio que as&iacute; alteramos m&aacute;s a los pasajeros del primer vag&oacute;n. &iexcl;Hay que ganar! Estoy convencido de que si t&uacute;, a los energ&uacute;menos, les susurraras un poco de sentido com&uacute;n, se amoldar&iacute;an de lujo.
    </p><p class="article-text">
        Tercer vag&oacute;n. Por encima de los clubes, por encima de esos directivos del &ldquo;hay que ganar&rdquo;, de esos directivos que presionan a aficionados y a entrenadores, est&aacute;n las federaciones deportivas. Las federaciones intentan evitar la violencia en el deporte, nadie lo discute, pero lo hacen con una restricci&oacute;n enorme, y ese es el meollo de todo. Esa restricci&oacute;n es la propia raz&oacute;n de ser, de existir, de una federaci&oacute;n. Las federaciones recogen estad&iacute;sticas, anotan victorias y derrotas, confeccionan tablas clasificatorias&hellip; Ganadores y perdedores. &iexcl;Hay que ganar! &iexcl;Y estamos hablando de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os haciendo deporte! La rueda no acaba aqu&iacute;. Por encima de las federaciones est&aacute; la sociedad, es decir, el primer vag&oacute;n, las madres y padres de los ni&ntilde;os que est&aacute;n jugando, que lo que quieren es ganar. Todos quieren ganar.
    </p><p class="article-text">
        La rueda gira muy r&aacute;pido, por lo que es dif&iacute;cil saltar y salir fuera de ella. Por eso, los que est&aacute;n dentro son incapaces de leer m&aacute;s all&aacute; del &ldquo;hay que ganar&rdquo;. La trascendencia. La maldita palabra &ldquo;trascendencia&rdquo;. La importancia de ganar y perder. La palabra cruel. Cruel es que al final de un partido de baloncesto (o de cualquier otro deporte) la mitad de los ni&ntilde;os est&eacute;n pegando botes, hist&eacute;ricos, porque han ganado de un punto (y sus padres imit&aacute;ndoles en las gradas) mientras la otra mitad de los ni&ntilde;os est&aacute;n llorando porque han perdido de un punto. Lo peor, el masoquismo aparejado, consiste en que el pr&oacute;ximo fin de semana ser&aacute; al rev&eacute;s: los que hoy r&iacute;en llorar&aacute;n, y los que hoy lloran reir&aacute;n. Y una cosa no compensa a la otra, sus vidas emocionales no son equilibradas, pues la dispersi&oacute;n no genera equilibrio. En el caso de los padres es a&uacute;n peor. T&uacute; no puedes ir a un estadio o pabell&oacute;n para extasiarte o sufrir seg&uacute;n el resultado. Eso, a nivel mental, es insano.
    </p><p class="article-text">
        Creo que la droga m&aacute;s adictiva que existe en el mundo es la droga de la grada, ya que es dif&iacute;cil no caer en ella. Cuando t&uacute; ves a tu alrededor a miles de rostros descompuestos, insultando a un &aacute;rbitro por ser el causante de tantas injusticias que da&ntilde;an a tu propio hijo, es dif&iacute;cil no convertirte en uno de ellos.
    </p><p class="article-text">
        La receta. Es sencilla, pero el mundo del deporte jam&aacute;s me la comprar&aacute;. Ser&iacute;a un lujo que en el deporte de base no existiera la trascendencia, que no fuera importante ganar o perder, que no se llevaran marcadores ni registros de vencedores y vencidos. El ni&ntilde;o disfrutar&iacute;a jugando, los padres, en vez de mirar al marcador, mirar&iacute;an a sus hijos. Pero no te olvides, y&nbsp; te lo digo a ti, p&uacute;blico, que en el fondo t&uacute; quieres ganar. Y si quieres ganar, atente a las consecuencias, porque si t&uacute; ganas otro pierde.
    </p><p class="article-text">
        Yo no creo en ese t&oacute;pico de que en la vida a veces se gana y a veces se pierde. En la vida se camina, solo eso. Lo que ocurre es que algunos avanzan y otros retroceden. Y aquel que siempre est&aacute; pensando en ganar o perder est&aacute; retrocediendo. Mucha gente del mundo del deporte, quiz&aacute; para justificar su posici&oacute;n enrocada, utiliza como argumento que la vida es una selva y hay que ser competitivos, de manera que el deporte de base es una ense&ntilde;anza al respecto. Bien, pues yo, al menos yo, no soy nada competitivo. Y vivo bien, muy bien. Estoy seguro de que el propio hecho de no ser competitivo tiene much&iacute;simo que ver en vivir bien.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ganar-carlos-felipe_132_3476151.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Apr 2017 15:41:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¡Hay que ganar!]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Homenaje a una promoción de ensueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/homenaje-promocion-ensueno_132_3849460.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Por muchos años que pasen jamás podré olvidar a aquel grupo de gente que una mañana de diciembre se acercó a mi despacho para regalarme, además de un llamativo bolígrafo y unos tentadores bombones, una camiseta con un palíndromo embutido.</p></div><p class="article-text">
        Se trata de la V promoci&oacute;n del Grado en Turismo de la Universidad de La Laguna (ULL). Por muchos a&ntilde;os que pasen jam&aacute;s podr&eacute; olvidar a aquel grupo de gente que una ma&ntilde;ana de diciembre se acerc&oacute; a mi despacho para regalarme, adem&aacute;s de un llamativo bol&iacute;grafo y unos tentadores bombones, una camiseta con un pal&iacute;ndromo embutido. &ldquo;Sonr&iacute;e, risa y as&iacute; retratarte, risa y as&iacute; re&iacute;rnos&rdquo;. Fue el primer regalo (al menos colectivo) que recib&iacute;a yo en m&aacute;s de veinticinco a&ntilde;os de docencia. Ese d&iacute;a termin&oacute; de caerse del todo mi escafandra de profesor distante que, unos meses antes, ya alguien me hab&iacute;a empezado a arrancar de la cabeza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el presente curso acad&eacute;mico 2016-17, una buena parte de este maravilloso grupo de chicas y chicos encara su cuarto a&ntilde;o de grado. Algunos se habr&aacute;n quedado en el camino; otros a&uacute;n transitar&aacute;n por cursos inferiores, o incluso compaginar&aacute;n asignaturas de diferentes cursos. Eso es lo habitual en la ense&ntilde;anza universitaria, pues nadie dijo que fuera f&aacute;cil y que todo se aprueba a la primera. La universidad exige sacrificio, y las circunstancias personales de cada cual marcan los ritmos. Da igual donde est&eacute;n ahora. Me dirijo a todos aquellos que tuve enfrente, dentro del aula E.3.1 de la Facultad de Econom&iacute;a, Empresa y Turismo, entre septiembre y diciembre de 2013.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tan solo fueron tres meses y medio de convivencia. Eso es lo que dura la relaci&oacute;n de cada profesor con su alumnado en el actual sistema de asignaturas cuatrimestrales. Normalmente los profesores que damos clase en primer curso somos los grandes olvidados, pues los a&ntilde;os, que tan r&aacute;pido pasan para nosotros, para la juventud se eternizan. Las promociones, a medida que avanzan, apenas recuerdan a aquellos que estuvimos a su lado en los comienzos. &iexcl;Con qu&eacute; rapidez nos convierten en dinosaurios! Yo tengo una peque&ntilde;a ventaja, claro. Gracias a mis excesos a trav&eacute;s de las redes sociales les obligo a que se acuerden de m&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bien, llegados a este punto, me gustar&iacute;a explicar cu&aacute;l ha sido la mecha que me ha llevado a escribir este art&iacute;culo. Se trata de dos exalumnas. Hace unos d&iacute;as me cruc&eacute; con ellas y me hicieron una pregunta bastante comprometedora y desconcertante (a pesar de su simpleza y su pureza). &ldquo;&iquest;Qu&eacute; has querido aportar a tus alumnos, Carlos?&rdquo;. Me dio tanto que pensar que no les contest&eacute;. Quer&iacute;a meditar primero. Meditar la pregunta para dar la respuesta exacta. Soy muy meticuloso y no me gusta largar cualquier frase hecha o semihecha para quedar bien (o mal). Me compromet&iacute;, por supuesto, a darles esa respuesta tras recapacitarla. Y he reflexionado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mis reflexiones. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; has querido aportar a tus alumnos, Carlos?&rdquo;. Sinceramente, creo que esa pregunta deber&iacute;a ir dirigida al alumnado. Son ellos quienes deben exponer qu&eacute; les ha aportado el profesor, si es que les ha aportado algo. Sin embargo, el caso es que conozco a algunos docentes que suelen dar una respuesta enlatada y recurrente a dicho interrogante incluso sin que nadie se los formule. &iexcl;Sin que nadie se los formule! Profesores que se adelantan y definen su propia obra maestra. S&iacute;, hay gente que se gusta mucho, que quiere trascender, gente que necesita sentirse &ldquo;aportadora&rdquo; y exhibirlo p&uacute;blicamente. Esa respuesta recurrente que dan se trata de una idea muy manida, estudiada, memorizada y repetitiva que, para m&iacute;, es una forma m&aacute;s de petulancia o de intento de control. Lo llevo escuchando muchos a&ntilde;os en conferencias, en charlas, en entregas de orlas, en jornadas de bienvenida... Y supongo que ocurrir&aacute; tambi&eacute;n en las aulas. Esos docentes presumen que su objetivo es convertir a los alumnos en mejores personas. Y, por supuesto, lo dicen con una bondadosa sonrisa kilom&eacute;trica que se come sus propias orejas. &iexcl;Convertir a los alumnos en mejores personas!
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Convertir a los alumnos en mejores personas? Me genera repulsi&oacute;n este tipo de arrogancia. Al menos a m&iacute;, como docente, nadie me ha dado las herramientas ni la varita m&aacute;gica para convertirte en mejor persona. &iquest;Qu&eacute; significa ser mejor persona? Yo no tengo en exclusiva el concepto de mejor persona. Y si yo digo que soy un convertidor de personas en &ldquo;mejores personas&rdquo;, entonces estoy dando por sentado que yo soy una buena persona; al menos mejor persona que t&uacute;, pobrecito m&iacute;o, que necesitas de mi varita. Y esa es una actitud arrogante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hecha esa reflexi&oacute;n, la respuesta a mis dos exalumnas tal vez resulte un poco decepcionante, pues, realmente, quien suscribe estas l&iacute;neas no se ha propuesto aportar nada a nadie. Al menos no a nivel colectivo. Si un profesor se cree que puede aportar lo mismo a todos sus alumnos es porque los estar&iacute;a considerando borregos. En definitiva, cada persona receptora es quien debe decidir y definir lo que otros le han aportado. Eso s&iacute;, exalumnas. Para que no se diga que no respondo, les ofrezco tres cosas que pueden considerarse edulcorantes a vuestra pregunta: un objetivo (no es lo mismo objetivo que aportaci&oacute;n, pues el objetivo es una intenci&oacute;n y la aportaci&oacute;n es un hecho consumado), una sugerencia redundante y un deseo. Mi objetivo ha sido hacerte pensar, intentar que tomes tus propias decisiones e impedir que te las impongan. Mi sugerencia redundante es que huyas de los consejos (m&aacute;s arrogancia todav&iacute;a) y escuches la sugerencias, de manera que seas t&uacute;, finalmente, quien las valore. &iexcl;Ah! Falta el deseo. Mi deseo es que jam&aacute;s, jam&aacute;s, jam&aacute;s pierdas la chispa juvenil que ahora te define y te acompa&ntilde;a. T&oacute;mate las cosas con humor, o al menos con una sonrisa, y as&iacute; la vida te entrar&aacute; mucho m&aacute;s f&aacute;cil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ahora, chicas y chicos, lo que importa es el corto plazo. Suerte con lo que te quede de carrera o con lo que quiera que te traigas entre manos. Al final, &iexcl;no lo dudes!, conseguir&aacute;s tus objetivos y se realizar&aacute;n tus sue&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/homenaje-promocion-ensueno_132_3849460.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Sep 2016 16:09:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Homenaje a una promoción de ensueño]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sí, antes prefiero al PP porque reduce la varianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/si-antes-prefiero-al-pp-porque-reduce-la-varianza_132_4133716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Mariano, aunque apolillado, parece más auténtico, todo un viajero en el tiempo. No creo que esté aquí para tomarnos el pelo o engañarnos, sino para hacernos reír.</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;an los viejos de antes que no se pod&iacute;a mezclar la leche con la fruta porque eran incompatibles. Pero vamos por partes. Vamos a hablar de Estad&iacute;stica y de pactos. El baile de acuerdos es m&aacute;s un tema estad&iacute;stico que un puzle de aritm&eacute;tica pol&iacute;tica. Empecemos por unas breves nociones muy b&aacute;sicas de Estad&iacute;stica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay una frase maldita que trata de desacreditar a esta disciplina: &ldquo;La Estad&iacute;stica dice que si t&uacute; te comes dos manzanas y yo ninguna, nos hemos comido una manzana cada uno&rdquo;. La pu&ntilde;etera y reduccionista frase pretende simplificar e identificar toda la Estad&iacute;stica con la media aritm&eacute;tica. Efectivamente, la media de &ldquo;cero&rdquo; y &ldquo;dos&rdquo; es &ldquo;uno&rdquo;. Pero una media no significa nada si no va acompa&ntilde;ada de otra medida que demuestre la existencia de poca dispersi&oacute;n, de poca varianza, de poco distanciamiento entre los datos. Pondr&eacute; otro ejemplo m&aacute;s intuitivo. Si en una clase de dos alumnos, en un examen, uno de ellos saca un &ldquo;cero&rdquo; y el otro un &ldquo;diez&rdquo;, la nota media de ambos es &ldquo;cinco&rdquo;. Pero si en la clase de enfrente tambi&eacute;n hay dos alumnos, y ambos sacan un &ldquo;cinco&rdquo;, la nota media de ambos tambi&eacute;n es &ldquo;cinco&rdquo;. Ahora bien, este &uacute;ltimo &ldquo;cinco&rdquo; es una nota media muy representativa de sus calificaciones. En la primera clase, sin embargo, la media &ldquo;cinco&rdquo; no representa para nada las notas reales (cero y diez). Es lo mismo que lo de las manzanas.
    </p><p class="article-text">
        Una vez definida la base estad&iacute;stica, vamos a hablar de pactos; inmediatamente despu&eacute;s buscaremos la intersecci&oacute;n entre ambas cosas. Si situ&aacute;ramos en una l&iacute;nea recta a los diferentes partidos pol&iacute;ticos, utilizando una escala num&eacute;rica que comienza en el &ldquo;-5&rdquo; (extrema izquierda) y termina en el &ldquo;+5&rdquo; (extrema derecha), mi percepci&oacute;n (subjetiva, por supuesto) coloca a Izquierda Unida en el &ldquo;-2&rdquo;; a Podemos en el &ldquo;-1&rdquo;; al PSOE en el &ldquo;0&rdquo;; al PP en el &ldquo;+1&rdquo;; y a Ciudadanos en el &ldquo;+2&rdquo;&hellip; o incluso en el &ldquo;+3&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces&hellip; &iquest;Qu&eacute; demonios&hellip;? &iquest;Qu&eacute; sentido estad&iacute;stico tiene un pacto entre el &ldquo;0&rdquo; y el &ldquo;+2&rdquo;? &iexcl;En medio de ambos est&aacute; el &ldquo;+1&rdquo;! Las manzanas. Entre el &ldquo;0&rdquo; y el &ldquo;+2&rdquo; hay mucha dispersi&oacute;n. La varianza es muy grande. Si siguiera gobernando en solitario el &ldquo;+1&rdquo; (por cierto, el m&aacute;s votado) se reducir&iacute;a esa dispersi&oacute;n. Incluso, si me apuran, m&aacute;s l&oacute;gico que el actual pacto ser&iacute;a un pacto entre el &ldquo;0&rdquo; y el &ldquo;+1&rdquo;. Por supuesto, no voy a mencionar la posibilidad de mirar atr&aacute;s, hacia los n&uacute;meros negativos. El PSOE actual, nuestro &ldquo;0&rdquo;, tiene aversi&oacute;n a los n&uacute;meros negativos. El PSOE actual se ha convertido en un recitador de t&oacute;picos y letan&iacute;as. Sus discursos suelen ser po&eacute;ticos, petados de recursos anaf&oacute;ricos. Cuando se vienen arriba y recitan, les salen versos como &ldquo;Que nos explique PODEMOS esto; Que nos explique PODEMOS lo otro; Que nos explique PODEMOS&hellip;&rdquo;. No se puede mirar a la izquierda. En la izquierda se encuentran los amenazantes titiriteros con rastas, quienes entran en las iglesias vestidos de Reyes Magos indigentes y atiborrados de gomina.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, al final, un pacto entre el &ldquo;0&rdquo; y el &ldquo;+2&rdquo; es un pacto contra natura. No se puede mezclar la leche con la fruta. No puedes contentar a ricos y pobres simult&aacute;neamente. L&oacute;gicamente, tambi&eacute;n puede ser que yo est&eacute; confundido en mi percepci&oacute;n respecto a la distribuci&oacute;n de los partidos a lo largo de la l&iacute;nea, pues&hellip; En la tele he visto a&nbsp; dos l&iacute;deres que parecen clones. Dos individuos con cara de sill&oacute;n. Con chaquetas similares, corbatas similares y gestos calcados. Se abrochan el bot&oacute;n de la chaqueta a la vez, se ajustan la corbata al mismo tiempo y con la misma sonrisa. &iexcl;Como si hubieran ensayado la dichosa puesta en escena! Lo que nunca nos quedar&aacute; claro es qui&eacute;n habr&aacute; sido el core&oacute;grafo (quiz&aacute; se trate de alg&uacute;n beneficiado por las puertas giratorias) que ha propiciado este absurdo acercamiento, este postre agridulce que nos quieren hacer tragar. Los dos l&iacute;deres en cuesti&oacute;n tambi&eacute;n muestran un choque entre lenguaje verbal y lenguaje gestual, una enorme varianza entre lo que dicen y lo que sugieren. Sus gestos, sus rostros, sus sonrisas, no son nada cre&iacute;bles. Pero nada, nada, nada. De lo m&aacute;s artificial que se ha visto en pol&iacute;tica. Es m&aacute;s cre&iacute;ble la sinceridad torpe de Mariano. Mariano, aunque apolillado, parece m&aacute;s aut&eacute;ntico, todo un viajero en el tiempo. No creo que est&eacute; aqu&iacute; para tomarnos el pelo o enga&ntilde;arnos, sino para hacernos re&iacute;r. El presidente actual, de hecho, supo heredar, expandir y elevar a cotas impensables el grotesco e histri&oacute;nico humor absurdo del m&iacute;tico &ldquo;&iexcl;Viva Honduras!&rdquo; o del &ldquo;Relaxing Cup&rdquo; embotellado. Aunque pudiera parecer imposible, Mariano los super&oacute; a todos y convirti&oacute; al PP en un partido festivo. Por eso le vota tant&iacute;sima gente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando no tengamos ni vasos, ni platos, ni vecinos que elijan al alcalde, ni sentimentales seres humanos declarados &ldquo;non gratos&rdquo; con triple nacionalidad, &iquest;qu&eacute; ocio nos quedar&aacute;? &iquest;Con qu&eacute; se entretendr&aacute; la raza espa&ntilde;ola y de qu&eacute; se mofar&aacute;n los at&oacute;nitos ciudadanos extranjeros?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la alternativa actual? Si escuchas alguna de las espeluznantes declaraciones derivadas del pacto, resulta extremadamente llamativo que el l&iacute;der del partido &ldquo;+2&rdquo; diga que el ochenta por ciento del acuerdo pactado coincide con su programa pol&iacute;tico. &iquest;Es esto serio? &iquest;Ese es su concepto de democracia? &iquest;Que un pa&iacute;s se rija por los mandamientos del cuarto clasificado en las elecciones? &iexcl;Ser&iacute;a terror&iacute;fico!
    </p><p class="article-text">
        Cada vez estoy m&aacute;s convencido. Si gobiernas solo o con los que est&eacute;n muy cerca de ti, al menos reduces la varianza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/si-antes-prefiero-al-pp-porque-reduce-la-varianza_132_4133716.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Feb 2016 10:08:25 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sí, antes prefiero al PP porque reduce la varianza]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando los celos te comen la cabeza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuando-los-celos-te-comen-la-cabeza_132_2286650.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Ojalá recibieran con globos de colores a todos los profesores de la Universidad de La Laguna en el día de su cumpleaños, porque eso significaría reventar incontestablemente todos los parámetros que miden la calidad de nuestras enseñanzas.</p></div><p class="article-text">
        Quien haya le&iacute;do alg&uacute;n art&iacute;culo m&iacute;o en este diario sabr&aacute; que no los escribo con mucha asiduidad. Soy de los que necesitan inspiraci&oacute;n para escribir. A veces, un peque&ntilde;o detalle al que, en condiciones normales, no le das m&aacute;s importancia de la que merece, puede convertirse en esa mecha que te da el impulso emocional para que una idea fluya. Hoy voy a hablar de los celos profesionales.
    </p><p class="article-text">
        Soy profesor universitario e imparto Estad&iacute;stica. Hace unos d&iacute;as fue mi cumplea&ntilde;os y, al entrar en un aula, mi alumnado del Grado en Turismo de la Universidad de La Laguna me sorprendi&oacute; con una suelta de globos de colores y unos c&aacute;nticos que perfumaron de embrujo el ambiente del recinto y agitaron mi alma. Luego, en otra aula, me esperaba una tarta con diez pu&ntilde;eteras velas que no obedecieron nunca a mis soplidos. Pues bien, el v&iacute;deo casero con las im&aacute;genes de los globos cayendo sobre m&iacute;, captadas con el tel&eacute;fono m&oacute;vil de una alumna, fue subido al Facebook y se hizo viral. No estoy seguro de lo que significa viral; no s&eacute; si es un concepto encorsetado matem&aacute;ticamente, pero al menos, para m&iacute;, el hecho de que un simple v&iacute;deo de un profesor, entrando en clase y recibiendo la canci&oacute;n de Cumplea&ntilde;os Feliz en colores, registre casi nueve mil reproducciones en unos d&iacute;as, me parece impactante. Por supuesto, ese inolvidable d&iacute;a me ha servido para leer c&oacute;mo funcionan estas maravillosas promociones de j&oacute;venes canarios.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a contar otras an&eacute;cdotas para reforzar este &lsquo;estado de la cuesti&oacute;n&rsquo; que nos permita entender lo que pretendo transmitir. Por ejemplo, aquella promoci&oacute;n de hace dos a&ntilde;os que me regal&oacute; una camiseta con un pal&iacute;ndromo serigrafiado en ella (yo escribo pal&iacute;ndromos) para dejarme la boca abierta; como compensaci&oacute;n, recog&iacute; la an&eacute;cdota (y una canci&oacute;n que les compuse) en mi novela &lsquo;Los custodios de la Virgen&rsquo;. Pero, bueno, vamos a entrar ya de lleno en el charco. Y es que me encanta chapotear, hacer ruido con el agua para intentar salpicar y penetrar con ella algunos o&iacute;dos para lavar el interior.
    </p><p class="article-text">
        Me comentan unas personas que un profesor, un compa&ntilde;ero de profesi&oacute;n que imparte en el mismo grado que yo, se ha quejado en clase de que sus alumnos no tienen base suficiente en m&eacute;todos estad&iacute;sticos, en cosas &ldquo;que ya les tendr&iacute;an que haber explicado&rdquo;. Se lo dice a los alumnos, pero no es una cr&iacute;tica al alumnado, por supuesto. Es una carambola, una propiedad transitiva que pretende escupir al responsable de la Estad&iacute;stica (&iexcl;que soy yo!) pero sin que este se entere. Que lo sepan solamente los alumnos. El mensaje est&aacute; claro: &ldquo;Ese profesor grotesco que manda a callar a sus alumnos agitando un cencerro, o que amedrenta las clases con Samara (la ni&ntilde;a del pozo) embutida en sus transparencias, ese profesor&hellip; Ese profesor no ense&ntilde;a bien la Estad&iacute;stica. Porque lo digo yo, que s&eacute; lo que deber&iacute;an ense&ntilde;arles los dem&aacute;s profesores de las dem&aacute;s asignaturas&rdquo;. Por desgracia para &eacute;l, me enter&eacute;. Por desgracia para &eacute;l, aqu&iacute; estoy, escribiendo lo que pienso.
    </p><p class="article-text">
        Claro que alguien puede pensar: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; te lo tomas como algo personal? &iquest;Por qu&eacute; crees que son celos profesionales? Puede ser que se trate solo de una carencia conceptual, fundada o no, detectada por un profesor&rdquo;. Pero no; va a ser que no. Mi razonamiento es aplastante. En mi Facultad hay muchos profesores. Pongamos que sesenta, no lo s&eacute; exactamente. Pues bien, cuando me contaron la an&eacute;cdota, sin decirme el nombre del autor, yo les dije que podr&iacute;a acertar su nombre a la primera. &iexcl;&iexcl;&iexcl;Y acert&eacute;!!! &iexcl;Uno entre sesenta! Es un tema de perfiles psicol&oacute;gicos. Solo eso. Si no hubiera acertado cobrar&iacute;a validez esa posibilidad de que no fuese una puya hacia m&iacute;. Pero si adivinas de d&oacute;nde viene el veneno ser&aacute; porque ese veneno existe, y el &ldquo;empozo&ntilde;ador&rdquo; tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, supongamos que no tiene que ver conmigo. A m&iacute; jam&aacute;s se me ocurrir&iacute;a decir a mis alumnos que no tienen base matem&aacute;tica, que no saben derivar y que tendr&iacute;an que haberlos ense&ntilde;ado. Yo soy docente y estoy aqu&iacute; para ense&ntilde;ar, para reforzar conceptos o para explicar los ignorados. Jam&aacute;s le dir&iacute;a a un joven: &ldquo;T&uacute; no sabes escribir porque tienes faltas de ortograf&iacute;a, la culpa es de quien te dio clases de Lengua&rdquo;. Le estar&iacute;a faltando al respeto. Si puedo, lo ayudar&eacute; a corregir esas faltas de ortograf&iacute;a. En cualquier caso, si la Estad&iacute;stica es una herramienta usada por diferentes materias y solo se queja una persona de que el alumnado no tiene la base suficiente, el problema ser&aacute; suyo. Es m&aacute;s, yendo mucho m&aacute;s lejos, los m&eacute;todos estad&iacute;sticos a los que se alude (los que se supone que no fueron explicados por m&iacute;) seguramente son m&eacute;todos inferenciales, y la Inferencia Estad&iacute;stica no est&aacute; en los temarios oficiales de la asignatura que yo imparto: ni puedo ni el Ministerio de Educaci&oacute;n me deja dar esos contenidos.
    </p><p class="article-text">
        Yo lo veo as&iacute;. Puedes caer bien a tus chicas y chicos, ser un profe guay, pero si pretendes ser el &uacute;nico profe guay, si pretendes arrogarte la exclusividad, si te revienta que alg&uacute;n compa&ntilde;ero tambi&eacute;n caiga bien, ser&aacute; porque tu retorcida mente es enfermiza y autodestructiva. La envidia es uno de los sentimientos m&aacute;s absurdos del ser humano. Ojal&aacute; recibieran con globos de colores a todos los profesores de la Universidad de La Laguna en el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os, porque eso significar&iacute;a reventar incontestablemente todos los par&aacute;metros que miden la calidad de nuestras ense&ntilde;anzas. G&aacute;nate el derecho a que tus chicas y chicos te traigan globos, pero no intentes pinchar los de los dem&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuando-los-celos-te-comen-la-cabeza_132_2286650.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Dec 2015 12:00:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuando los celos te comen la cabeza]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El profesor astronauta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-profesor-astronauta_132_2501008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando un profesor se enfunda una escafandra voluntariamente, lo hace para protegerse de lo absurdo, de sí mismo, de sus inseguridades, de su escasa confianza para gestionar un grupo.</p></div><p class="article-text">
        Dicen que en la vida, en ocasiones, ocurre algo imprevisible que puede llegar a modificar de ra&iacute;z tus par&aacute;metros y, con ellos, tu percepci&oacute;n. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os he tenido el privilegio de pasar en dos ocasiones por una experiencia as&iacute;. La primera de ellas me impuls&oacute; a escribir novelas de intriga de un modo voraz. El otro cambio, del cual trata este art&iacute;culo, es a nivel profesional. Hoy voy a hablar de profesores universitarios.
    </p><p class="article-text">
        Soy un profesor universitario. Hasta hace tres a&ntilde;os manejaba una teor&iacute;a muy c&oacute;moda que me permit&iacute;a vivir mi profesi&oacute;n de una forma simple, eficiente, rentable (tanto para mi alumnado como para m&iacute;), pero, quiz&aacute;, sin alma; sin compromiso. Esa teor&iacute;a la enunciaba as&iacute;:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>El mejor profesor de primaria es aquel al que los ni&ntilde;os adoran.</li>
                                    <li>El mejor profesor de secundaria es aquel que te deja huella.</li>
                                    <li>El mejor profesor universitario es aquel que pasa desapercibido.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Mi concepto de &ldquo;profesor herramienta&rdquo;, un instrumento m&aacute;s (como puede serlo un libro o una tablet) al servicio del alumnado, me aseguraba una profesi&oacute;n digna, f&aacute;cil y sin complicaciones. Y, por encima de otras consideraciones, me convert&iacute;a en un profesor justo. Con el concepto de &ldquo;profesor herramienta&rdquo; se garantiza que el alumno se enfrente a una asignatura, no a un evaluador humano; el profesor ayuda, la asignatura es la que eval&uacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;d&oacute;nde estaba mi compromiso? Como dec&iacute;a en la primera frase de este art&iacute;culo, ocurri&oacute; algo (ese &ldquo;algo&rdquo; es lo de menos) que me hizo ver las cosas bajo otra perspectiva. Mi teor&iacute;a cambi&oacute;. El mejor profesor universitario no tiene por qu&eacute;, necesariamente, pasar desapercibido. Simplemente tiene que tener sentido com&uacute;n. Este cambio en m&iacute; ocurri&oacute; cuando vi la escafandra. Fue entonces cuando evolucion&eacute;. Antes era un astronauta. Ahora soy un comunicador; al menos lo intento.
    </p><p class="article-text">
        Los astronautas son unas personas que llevan una escafandra. El noventa y ocho por ciento de los profesores universitarios nos ponemos una escafandra para dar las clases. Es dif&iacute;cil pertenecer al otro dos por ciento; yo lo he conseguido, aunque me ha costado decenas de a&ntilde;os. Pero vamos por partes. Hay dos tipos de escafandras: las voluntarias o conscientes y las involuntarias o inconscientes. Cuando un profesor se enfunda una escafandra voluntariamente, lo hace para protegerse de&hellip;; para protegerse de lo absurdo. Para protegerse de s&iacute; mismo, de sus inseguridades, de su escasa confianza para gestionar un grupo. Sin embargo, el aut&eacute;ntico peligro son las escafandras inconscientes. Muchos llevamos una escafandra, pero no lo sabemos, ya que son escafandras transparentes por dentro, aunque opacas por fuera. Parad&oacute;jicamente, la escafandra transparente convierte tu profesi&oacute;n en un espejismo. T&uacute; ves perfectamente al alumnado, nada interrumpe tu campo de visi&oacute;n. Llevas una escafandra, pero&hellip; &iexcl;t&uacute; no lo sabes! No eres consciente. Desde fuera, el alumnado s&iacute; que ve esa escafandra; al ser opaca por fuera, no te ve a ti. Solo ve a un profesor astronauta. Cuando portamos esa escafandra, creemos que hemos conectado con los estudiantes, que les caemos bien e incluso que tenemos cierta complicidad con ellos. Los atendemos; los o&iacute;mos. Pero no los escuchamos. No con la escafandra.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que existe una barrera, pero es una barrera dif&iacute;cilmente salvable. &iquest;Por qu&eacute;? Porque t&uacute;, profesor, el &uacute;nico que puedes destruirla, no sabes de su existencia. No podemos arrancarnos la escafandra. Si fuese voluntaria, si supi&eacute;semos que la tenemos, podr&iacute;amos decidir hacerlo. Pero somos muy miopes, y, aunque esa pantalla, ese muro invisible que nos separa de nuestra audiencia, est&aacute; a cinco cent&iacute;metros de nuestros ojos, no somos capaces de verlo; no sabemos que est&aacute; ah&iacute;, perturbando la comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, solo el alumnado puede ayudar a que te quites la escafandra, pero, para eso, tendr&aacute;s que escucharlo aunque no te guste lo que diga. Escucharlo y entenderlo. Un profesor que haya bajado de la nube para aterrizar en la realidad, un profesor que sea capaz de escuchar a los j&oacute;venes estudiantes e, incluso, tratar de entender c&oacute;mo piensan y c&oacute;mo sienten, c&oacute;mo funcionan a esas edades, ser&aacute; un profesor m&aacute;s realizado y m&aacute;s profesional. Ahora bien, no hay que bajar la guardia. Nadie garantiza que no existan otras escafandras transparentes por dentro y opacas por fuera que a&uacute;n no hayamos detectado. As&iacute; que, si una alumna o un alumno tuyo te sugiere la existencia de una escafandra en tu cabeza, esc&uacute;chale atentamente. Aunque duela lo que te diga.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-profesor-astronauta_132_2501008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Sep 2015 12:38:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El profesor astronauta]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El circo emocional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-circo-emocional_132_2569947.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Él, uno de nuestros últimos superhéroes, de nombre Iker Casillas, abandonaba el país para dejarlo en el más insoportable de los desamparos, en un umbral de inquietud comparable al despiadado intento golpista de 1981.</p></div><p class="article-text">
        Tras una semana en la que, por fin, se le ha demostrado a la izquierda qui&eacute;n manda en Europa (con un presidente del Gobierno espa&ntilde;ol que, al sonre&iacute;r por la humillaci&oacute;n griega, se come las orejas con sus labios), en plena euforia comunitaria y (&iexcl;por supuesto!) espa&ntilde;ola producida por el aplastamiento del enemigo mediterr&aacute;neo, lleg&oacute; &Eacute;l. Y con &Eacute;l&hellip; el tormento.
    </p><p class="article-text">
        De la alegr&iacute;a europe&iacute;sta a la tragedia espa&ntilde;ola en solo tres noticias de portada. La poblaci&oacute;n, al recibir la comunicaci&oacute;n de su marcha, fue presa de una consternaci&oacute;n colectiva. &Eacute;l, uno de nuestros &uacute;ltimos superh&eacute;roes, de nombre Iker Casillas, abandonaba el pa&iacute;s para dejarlo en el m&aacute;s insoportable de los desamparos, en un umbral de inquietud comparable al despiadado intento golpista de 1981.
    </p><p class="article-text">
        Antes de meterla en el congelador, le ense&ntilde;&eacute; a mi hijo la botella de medio litro, aproximadamente llena hasta la mitad, y &eacute;l, al ver la pesadumbre en mi rostro, me pregunt&oacute; si le iba a hablar del repelente t&oacute;pico de la botella medio llena o medio vac&iacute;a. Yo, con aire paternal (como no pod&iacute;a ser de otra forma), le apret&eacute; el hombro y, con toda la carga moral que pude verbalizar, le di las instrucciones precisas. &ldquo;Esta botella contiene todas las l&aacute;grimas que expuls&eacute; por la marcha del portero de la selecci&oacute;n, el mismo que nos ha dado un mundial, el mismo que, en plena crisis, nos devolvi&oacute; las ganas de vivir. Estas l&aacute;grimas&hellip; Las voy a congelar. No saques esa botella del congelador hasta dentro de dos generaciones. Cuando lo hagas, dir&aacute;s a tus nietos que estas son las l&aacute;grimas que derram&oacute; su bisabuelo por la marcha de un patriota, las l&aacute;grimas m&aacute;s amargas del mundo. Si beben de la botella, ser&aacute;n capaces de experimentar todo el amargor que puede soportar un espa&ntilde;ol cuando se le lleva al l&iacute;mite del sufrimiento&rdquo;. Una l&aacute;grima se asom&oacute; tambi&eacute;n a los ojos de mi hijo, pero su juventud logr&oacute; contenerla. Los j&oacute;venes de hoy no llevan el orgullo patrio-futbol&iacute;stico en las venas.
    </p><p class="article-text">
        Iker Casillas hizo llorar a un pa&iacute;s. A su pa&iacute;s. Incluso miles de desahuciados fueron presa de fulminantes ataques emotivos que les hicieron sentirse peor que aquel d&iacute;a en que fueron despojados de sus respectivos hogares. La marcha de su h&eacute;roe es much&iacute;simo m&aacute;s tr&aacute;gica. Casillas ha luchado por ellos, por sus derechos, por sus desdichas. Sus paradas siempre les han reportado la adrenalina suficiente para seguir adelante. Adem&aacute;s, Casillas ha participado en varias obras ben&eacute;ficas. En su despedida, una de las frases que m&aacute;s me hizo llorar fue aquella en la que imploraba para que no se le recordara como un simple portero, sino como una buena persona. S&iacute;, ha sido un gran defensor de los m&aacute;s desfavorecidos y, por si a alguien se le hab&iacute;a olvidado, &eacute;l mismo nos lo ha vuelto a recordar en la rueda de prensa que anunciaba su marcha. &ldquo;Espero que se me recuerde por ser buena persona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adi&oacute;s, &iacute;dolo de las masas y ejemplo para los ni&ntilde;os. &iexcl;Ejemplo para los ni&ntilde;os! A mi hijo no le gusta el f&uacute;tbol, quiere estudiar Medicina. &iexcl;Y nunca ha tenido referentes! &iquest;C&oacute;mo se puede crecer sin referentes, sin idolatrar a una estrella, sin un p&oacute;ster en las paredes de tu cuarto? Igual mi hijo tratar&aacute; de adoctrinar a sus hijos para que crezcan sin referentes, pero ellos, seguramente, se revelar&aacute;n y transmitir&aacute;n otros valores; es la teor&iacute;a de los ciclos. Por eso he guardado la botellita ikercasillesca para mis bisnietos. Seguro que ellos s&iacute; que sabr&aacute;n apreciarla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/el-circo-emocional_132_2569947.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jul 2015 12:06:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El circo emocional]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Himno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/himno-carlos-felipe_132_2641910.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Menos mal que, en nuestro país, tenemos unos garantes de las libertades emblemáticas que, acurrucados, se protegen del siglo XXI y de las amenazas de la izquierda.</p></div><p class="article-text">
        En el momento de escribir estas reflexiones decid&iacute; echar un vistazo a los titulares que copaban todas las noticias, tanto en televisi&oacute;n o en radio como en la prensa escrita.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, censura la pitada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Gobierno espa&ntilde;ol condena la pitada al himno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pedro S&aacute;nchez telefone&oacute; este mediod&iacute;a al Rey para mostrar su repulsa por la pitada, anoche, al himno de Espa&ntilde;a en la Final de Copa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Antiviolencia estudiar&aacute; este lunes posibles sanciones por la pitada al himno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y yo me dije: &ldquo;&iexcl;Por fin!&rdquo;. Ya iba siendo hora. Hasta ahora hab&iacute;a faltado contundencia, pero, esta vez, se est&aacute;n dando pasos firmes y de gigante. Todos de acuerdo: falta de respeto a los s&iacute;mbolos nacionales, delito contra el honor de los espa&ntilde;oles, ofensa y desprecio a la bandera, maltrato al color gualda&hellip; Menos mal que, en nuestro pa&iacute;s, tenemos unos garantes de las libertades emblem&aacute;ticas que, acurrucados, se protegen del siglo XXI, de las amenazas de la izquierda y de la perversa evoluci&oacute;n bajo un mismo escudo. Gracias a las instituciones, a Antiviolencia, a los partidos de siempre, por defendernos de estas execrables provocaciones que solo buscan fundir la democracia; una democracia que tanto ha costado secuestrar.
    </p><p class="article-text">
        No quiero hacer m&aacute;s da&ntilde;o, ni mucho menos personalizar, pero, aunque sea por mencionarlo como ejemplo, &iquest;c&oacute;mo es posible que un jugador vasco sonr&iacute;a mientras el p&uacute;blico pita? Ya est&aacute;n tardando en retirarle la licencia. Los futbolistas, cuando suena el himno, &iexcl;tienen que cuadrarse! Bastante concesi&oacute;n se les hace al no exigirles llevarse la mano al pecho, o extenderla al frente. Cuando el himno suena no es momento para burlas, ni para risas, ni para fiestas. Es un acto que debe rozar lo luctuoso. Las conmovedoras notas musicales est&aacute;n pensadas para dirigir tus emociones, manipularlas&hellip; y arrancar tus l&aacute;grimas. Hay algunos desalmados que defienden postulados tan antipatri&oacute;ticos como el cuestionable hecho de que, el lugar donde naces, es puro azar. &iexcl;Mentira! Si has nacido en Espa&ntilde;a, eres un aut&eacute;ntico privilegiado, y no puedes renegar de ese honor. Por eso hemos de defender el himno, pues representa todo ese privilegio que el cielo nos ha concedido.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, pido perd&oacute;n a los lectores por utilizar la iron&iacute;a, pero hay algo en lo que me reafirmo. Se est&aacute;n dando pasos de gigante. Eso s&iacute;, pasos hacia atr&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/himno-carlos-felipe_132_2641910.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2015 20:47:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Himno]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un ‘finde’ de Feria del Libro en La Orotava]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/un-finde-de-feria-del-libro-en-la-orotava_132_2698808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Siento decepcionar, pero me excita (a nivel de inspiración) tanto la telebasura como la realidad cuando se pone absurda.</p></div><p class="article-text">
        Hace aproximadamente un a&ntilde;o publicaba, en este mismo peri&oacute;dico, un art&iacute;culo de opini&oacute;n titulado &lsquo;El talento y el ego son inversamente proporcionales&rsquo;. Yo estaba aterrizando, por primera vez, en el mundo literario y, consecuentemente, en una de sus ramificaciones m&aacute;s complicadas&hellip; Complicadas desde diversos puntos de vista: las Ferias del Libro y las firmas de ejemplares. Me encontr&eacute; con un submundo impactante, irracional a veces, pero, por encima de todo, inspirador. Me inspir&oacute; a hablar de los &lsquo;Grandes&rsquo; (puristas que no entran nunca al trapo, ni siquiera para criticar como me atrev&iacute; a hacer yo) frente a los Egos, Superegos, Hiperegos y Macroegos (los &lsquo;egos&rsquo; en todas sus versiones).
    </p><p class="article-text">
        Una persona que aterriza no puede creerse que su libro es el mejor en el mercado o, al menos, el mejor en su g&eacute;nero. Una persona que ya lleva un tiempo, much&iacute;simo menos. Si realmente te consideras mejor que los dem&aacute;s, est&aacute;s perdido. Perdido como escritor y, por supuesto, perdido como persona (a nivel de racionalidad y cordura, se sobreentiende). Ni siquiera aunque te lo digan otros. Ni siquiera aunque te lo diga una autoridad, un Premio Nobel o la Virgen en una de sus apariciones marianas. Pongo una an&eacute;cdota personal (y as&iacute;, de paso, como quien no quiere la cosa, exhibo mi propio Ego). Hace unas semanas, el corrector de mi editorial me comentaba que &lsquo;Los custodios de la Virgen (&iexcl;otra vez la Virgen!) era una de las mejores obras que hab&iacute;an pasado por sus manos, y alababa mi &ldquo;respeto por la lengua castellana&rdquo;; se refer&iacute;a, no solo a contenido, sino a la calidad literaria, a la cuesti&oacute;n ortotipogr&aacute;fica. Es una editorial de Barcelona, no una que hay frente a la puerta de mi casa. Estos comentarios, de acuerdo, suponen un chute de adrenalina para el autor a cort&iacute;simo plazo, pero&hellip; &iquest;Qui&eacute;n me dice que a varios de los escritores que me rodean no les han dicho, en alguna ocasi&oacute;n, un piropo parecido, o diferente, que pueda tentarles a insuflarse y creerse Mes&iacute;as de la pluma? No. Hay que ser cr&iacute;tico con estos comentarios y tratar de darles la vuelta, leerlos al rev&eacute;s cual pal&iacute;ndromos. El que te digan algo as&iacute; no tiene que significar que t&uacute; seas muy bueno. El que te digan algo as&iacute; deber&iacute;a causarte pavor, porque, indirectamente, un corrector editorial de una editorial catalana te est&aacute; insinuando que, lo habitual, es que los borradores &iexcl;enviados por los escritores! est&eacute;n plagados de errores de puntuaci&oacute;n, ortotipogr&aacute;ficos, de acentuaci&oacute;n&hellip; Al final, visto lo visto, no deber&iacute;a sorprendernos tanto lo ocurrido con la concejala de Cultura de Valencia, pues, al fin y al cabo, ella no es escritora; solo es alguien puesto a dedo para demostrarle al ciudadano por d&oacute;nde se pasan algunos la cultura.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo jugaban sus cartas, el a&ntilde;o pasado, muchos de esos individuos ansiosos por vender o por dar a conocer su libro a cualquier precio? De la manera m&aacute;s cerril posible: convirti&eacute;ndose en unos cortoplacistas vendedores ambulantes con todas sus nefastas consecuencias. Por ejemplo, si un transe&uacute;nte te dice que a &eacute;l lo que le gusta es la poes&iacute;a, no puedes empe&ntilde;arte en &lsquo;colocarle&rsquo; tu novela er&oacute;tica o tu novela hist&oacute;rica. Puedes insistir, insistir, insistir, y, tal vez, compren tu libro. &iquest;Qu&eacute; habr&aacute;s ganado? En un escenario as&iacute;, a veces ocurre que, a tu lado, hay un vendedor de poes&iacute;a mir&aacute;ndote, oyendo c&oacute;mo hablas con aquel que deber&iacute;a ser su cliente, pero t&uacute;&hellip; no solo no se lo recomiendas, sino que le calzas la er&oacute;tica. &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s haciendo, pedazo de animal que escribe? Est&aacute;s agrediendo, con tu libro, tanto al p&uacute;blico como a tu&hellip; Iba a decir &ldquo;compa&ntilde;ero&rdquo; o &ldquo;colega&rdquo;, pero ser&iacute;a un t&eacute;rmino demasiado injusto, por enorme. Lo cierto es que los libros no se han hecho para agredir a nadie. &iquest;Quiz&aacute; el tuyo s&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o despu&eacute;s, con m&aacute;s experiencia y una intenci&oacute;n mucho m&aacute;s aguda, ir&oacute;nica e inmisericorde, he estado un fin de semana en la Feria del Libro de La Orotava y&hellip; &iexcl;Oh, sorpresa! Coincid&iacute; con muchas y muchos escritores. Much&iacute;simos. La Estad&iacute;stica, casi siempre cosida de incertidumbre pero infalible, dec&iacute;a que, de nuevo, iba a flipar. Te&oacute;ricamente, la Ley de los Grandes N&uacute;meros iba a poner, a disposici&oacute;n de mi inspiraci&oacute;n, una buena raci&oacute;n de vendedores ambulantes actuando con movimientos febriles y delirantes para calzar sus libros en las manos de un p&uacute;blico at&oacute;nito. Por pura probabilidad, hoy tocaba haber repetido un escrito similar al del a&ntilde;o pasado, similar a los p&aacute;rrafos (previos) que acabo de relatar. Siento decepcionar, pero me excita (a nivel de inspiraci&oacute;n) tanto la telebasura como la realidad cuando se pone absurda. Sin embargo, como dec&iacute;a, &iexcl;oh, sorpresa! En este &lsquo;finde&rsquo; he coincidido con escritores como Mariano Gamb&iacute;n, Graciliana Montelongo, Laura Delgado, Luis Javier Velasco, Manuel P&eacute;rez Cedr&eacute;s, Dulce Xerach, Ana Gonz&aacute;lez Duque, Eva Viol&aacute;n, Yauci Fern&aacute;ndez, Antonio Arroyo, Abelardo Gonz&aacute;lez, Aquiles Garc&iacute;a Brito, Domingo Acosta&hellip; Por desgracia, no he visto en ninguno de ellos un solo rasgo de vendedor ambulante, de competidor, de vampiro&hellip; &iexcl;Ni un solo rasgo! (&iquest;Por desgracia dices, pedazo de&hellip;?).
    </p><p class="article-text">
        Y yo, &iquest;c&oacute;mo me siento? Como soy as&iacute;, tan retorcido y malvado, he salido decepcionado de la Feria. Nada que me inspire, nada que me permita describir v&iacute;sceras. Pero, claro, todo tiene su lado bueno. Hoy me siento mucho m&aacute;s unido a los escritores, creo que se est&aacute; recuperando la filosof&iacute;a y la pureza de lo que debe ser este &lsquo;oficio&rsquo;. Hoy me siento mucho m&aacute;s unido&hellip; al menos a las personas que he nombrado, pues ninguna de ellas me ha decepcionado. Ni un solo vendedor de crecepelos.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, espero que el pr&oacute;ximo &lsquo;finde&rsquo;, en la Feria de Santa Cruz, la Ley del Azar ponga en el lado cabr&oacute;n de mi cerebro alguna an&eacute;cdota tragic&oacute;mica que poder contar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/un-finde-de-feria-del-libro-en-la-orotava_132_2698808.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2015 15:30:12 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un ‘finde’ de Feria del Libro en La Orotava]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Versos sueltos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/versos-sueltos-carlos-felipe_132_4294629.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Estoy convencido de que muchos de mis estudiantes, el día de mañana empresarios, directores de hoteles o banqueros, llevarán cosida en el alma esa cara B poética, ese otro lado que equilibrará la frialdad inherente a su profesión para hacerles mejores personas.</p></div><p class="article-text">
        Cuando present&eacute; mi primera novela, &lsquo;Los privilegiados del azar&rsquo;, me encorset&eacute; el t&oacute;rax con mi guitarra ac&uacute;stica y, en la boca, como brackets, me enfund&eacute; una arm&oacute;nica de blues. Gracias a la impagable voz de Candelaria Gil Fari&ntilde;a, los dos fuimos capaces de transmitir al p&uacute;blico el alma de la novela, esa poes&iacute;a recogida en las canciones que colorean y embellecen la trama. Varios alumnos m&iacute;os (soy profesor de Estad&iacute;stica aplicada a las Ciencias Sociales), tanto los que asistieron al acto como los que vieron y escucharon la m&uacute;sica en las redes sociales, me hicieron una observaci&oacute;n que yo, al principio, no comprend&iacute;. Se sorprend&iacute;an de que un profesor de Estad&iacute;stica, &iexcl;nada menos que de Estad&iacute;stica!, adem&aacute;s de la rareza de escribir una novela, pudiese componer canciones y ejecutarlas con una ac&uacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde reside lo extra&ntilde;o? &iquest;Por qu&eacute; estudiantes de Turismo, Contabilidad, Econom&iacute;a o Geograf&iacute;a se sorprenden de que un docente universitario tenga un hobby? Es como si creyesen que solo nos dedicamos a dar clase y no tuvi&eacute;ramos vida fuera de las aulas. Tard&eacute; un tiempo en darle respuesta a ese interrogante. Poco a poco lo fui comprendiendo: mi interrogante ten&iacute;a dos errores de base, justo en la parte final del mismo. Para entender lo que a ellos les resultaba inusual, por un lado, en mi pregunta ten&iacute;a que cambiar el art&iacute;culo &lsquo;un&rsquo; por el demostrativo &lsquo;ese&rsquo;; por otro lado, al sintagma &lsquo;docente universitario&rsquo; ten&iacute;a que a&ntilde;adirle el sintagma preposicional &lsquo;de Estad&iacute;stica&rsquo;. Cuando entend&iacute; que ese era el interrogante, por fin pude darle respuesta. &iquest;Por qu&eacute; estudiantes de Turismo, Contabilidad, Econom&iacute;a o Geograf&iacute;a se sorprenden de que un docente universitario <em>DE ESTAD&Iacute;STICA</em> tenga <em>ESE</em> hobby?
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de unos d&iacute;as, en una entrevista radiof&oacute;nica, el conductor del programa me insinuaba que los j&oacute;venes de ciencias, en los institutos, eran vistos por el resto como gente &lsquo;extra&ntilde;a&rsquo;. El comentario (que sali&oacute; a colaci&oacute;n a ra&iacute;z de mi habilidad para &lsquo;fabricar&rsquo; pal&iacute;ndromos) supuso para m&iacute; un shock, precisamente por lo &lsquo;extra&ntilde;a&rsquo; que me resultaba tal observaci&oacute;n. Cuando yo estudiaba en el instituto, era la gente de letras la que me parec&iacute;a gente &lsquo;extra&ntilde;a&rsquo;. La reflexi&oacute;n del presentador signific&oacute; para m&iacute; toda una lecci&oacute;n sobre lo que son los puntos de vista y lo extremos que pueden resultar. &iquest;C&oacute;mo no lo hab&iacute;a visto antes? &iquest;Un profesor de Estad&iacute;stica, una persona de ciencias, componiendo canciones y escribiendo libros? Sin haberlo expresado de esa forma, mi alumnado se estaba refiriendo al intrusismo. No a un intrusismo destructivo u hostil, sino a un intrusismo sorprendente (para ellos). A partir de entonces, me propuse que ese intrusismo deber&iacute;a ser m&aacute;s invasivo.
    </p><p class="article-text">
        Versos sueltos. &iquest;Cu&aacute;ntas personas de ciencia escriben poes&iacute;a, componen, cantan, pintan, esculpen&hellip;? Quiz&aacute; m&aacute;s de las que creemos, pero pocos se atreven a dar el paso, a exhibir su obra, su actividad art&iacute;stica, su creatividad. Sin embargo, no deber&iacute;a ser as&iacute;. No hay nada m&aacute;s fr&iacute;o e impersonal que la Econom&iacute;a, la Administraci&oacute;n de Empresas, la Climatolog&iacute;a, la Estad&iacute;stica, el Marketing&hellip; Mi empecinamiento personal consiste en una peque&ntilde;a aportaci&oacute;n al mundo de las Ciencias Sociales, que es al que tengo acceso. En mi micro mundo (consistente en un aula concreta de la Universidad de La Laguna), trato de fomentar entre los j&oacute;venes el placer por la lectura, intentando, dentro de mis posibilidades, motivarlos con unas condiciones de acceso &uacute;nicas e irrenunciables. Acabo de empezar con esta cruzada, pero los resultados, hasta ahora, los considero magn&iacute;ficos. Estoy convencido de que muchos de estos estudiantes, el d&iacute;a de ma&ntilde;ana empresarios, directores de hoteles o banqueros, llevar&aacute;n cosida en el alma esa cara B po&eacute;tica, ese otro lado que equilibrar&aacute; la frialdad inherente a su profesi&oacute;n para hacerles mejores personas.
    </p><p class="article-text">
        Somos versos sueltos; quiz&aacute; somos m&aacute;s de los que la gente piensa. Nadie nos exige una responsabilidad social, pero podr&iacute;amos arrog&aacute;rnosla: hacer de enlace entre la frialdad de la ciencia y el aut&eacute;ntico coraz&oacute;n de la humanidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/versos-sueltos-carlos-felipe_132_4294629.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2015 20:17:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Versos sueltos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A nuestros jóvenes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/a-nuestros-jovenes-carlos-felipe_132_4316281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Joven, recuerda que la generación anterior a la tuya (¡la mía!) va a apostar para que el sistema no cambie, porque no nos interesa o no tenemos las agallas suficientes para arriesgarnos. No te conviertas en uno de nosotros, lucha.</p></div><p class="article-text">
        Tu arrogancia va ligada a tu edad, pero esa arrogancia solo es un edulcorante, una aspiraci&oacute;n a tu supuesta convicci&oacute;n y empuje para cambiar el mundo. Sin embargo, la experiencia demuestra que el edulcorante acaba diluy&eacute;ndose. Se queda en aspiraci&oacute;n, en arrogancia. Al final, el mundo no cambia. Cambiar&aacute;s t&uacute;, te convertir&aacute;s en una persona mucho peor de lo que eres.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el enunciado de una ley no escrita, una ley c&iacute;clica que engulle a las sociedades haci&eacute;ndolas vegetar en un bucle que implosiona en espiral. La espiral, por lo general, es hipn&oacute;tica. As&iacute;, hipnotizado, es como la generaci&oacute;n anterior a la tuya quiere que te sientas, porque as&iacute; es como la generaci&oacute;n anterior a la suya los hicieron sentir a ellos.
    </p><p class="article-text">
        Pero las estad&iacute;sticas est&aacute;n hechas para ser destrozadas por los valientes. La historia demuestra que, en ocasiones, la juventud se lanza a la calle para protestar por un r&eacute;gimen que oprime. Estos alzamientos reivindicativos pueden tener mayor o menor rentabilidad, nunca se sabe de antemano, y nunca se sabr&aacute; si no se producen. Hay ejemplos que se han inmortalizado en nuestras conciencias y en nuestros libros de textos, como el mayo de 1968, en Francia, o las protestas de la Plaza de Tiananm&eacute;n de 1989, en China. Otra protesta geogr&aacute;ficamente m&aacute;s cercana, el llamado 15-M, no tuvo efectos a corto plazo por falta de organizaci&oacute;n, pero s&iacute; cal&oacute; en las conciencias de la poblaci&oacute;n, convirti&eacute;ndose en un arma pac&iacute;fica, de desgaste a medio plazo, contra el secuestro de la democracia (unos pol&iacute;ticos de paso que &lsquo;regalan&rsquo; la soberan&iacute;a del pueblo, como si fuera suya, a empresarios y banqueros).
    </p><p class="article-text">
        Aunque el sentido de las puntuaciones pueda parecer contradictorio con mi discurso, quiero puntuar a dos pol&iacute;ticos con nombre y apellido. Un diez para Celia Villalobos y un cero para Juan Carlos Monedero. Un diez para Celia Villalobos por su atrevimiento y descaro al darle compulsivamente al Candy Crash en plena sesi&oacute;n del Congreso. Yo&hellip; hubiera hecho lo mismo. &iquest;Para qu&eacute; sirven las sesiones del Congreso? &iquest;Alguien lo puede explicar y convencerme? Antes de empezar la sesi&oacute;n ya sabemos lo que dir&aacute; cada una de &lsquo;sus se&ntilde;or&iacute;as&rsquo;. Si hay una votaci&oacute;n, previamente no solo sabemos si va a salir cara o cruz, sino que sabemos exactamente el n&uacute;mero de votos a favor y en contra. Una p&eacute;rdida de tiempo y dinero, una situaci&oacute;n medieval que nunca se ha modernizado. Al menos puedo entretenerme jugando al Candy Crash mientras los dem&aacute;s pronuncian sus tediosos mon&oacute;logos para lucirse ante los periodistas (los &uacute;nicos que les escuchan para dar alg&uacute;n titular al pueblo) y para menospreciar al rival. Solo es una puesta en escena, un juego de ni&ntilde;os malos, &ldquo;a ver qui&eacute;n la tiene m&aacute;s grande&rdquo;. No sirve para nada, el pescado est&aacute; vendido antes de comprar la ca&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Un cero para Monedero por entrar al trapo. &iquest;A qui&eacute;n le importa si un miembro de un partido pol&iacute;tico que ni siquiera ha gobernado hizo, en una ocasi&oacute;n, una declaraci&oacute;n de la renta m&aacute;s o menos afortunada? &iquest;De verdad es importante, o es que alguien te quiere hacer ver que es importante? Y, para colmo, esto es denunciado por defensores de los supuestos grandes saqueadores de nuestras arcas. Es un nuevo insulto a la inteligencia; por lo menos a la m&iacute;a. Cero para Monedero por caer en el juego y dar explicaciones, porque contribuye a insultar a mi inteligencia. Eso s&iacute;, gran torpeza la de ese partido que nunca entendi&oacute; que la fragmentaci&oacute;n de la izquierda le favorec&iacute;a. Al final, como consecuencia de dicha torpeza, ha alimentado un resurgir por el lado derecho que s&iacute; le va a hacer da&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, joven, recuerda que la generaci&oacute;n anterior a la tuya (&iexcl;la m&iacute;a!) va a apostar para que el sistema no cambie, porque no nos interesa o no tenemos las agallas suficientes para arriesgarnos. La mal llamada madurez nos vuelve cerriles y nos contamina con una enorme aversi&oacute;n al cambio. Pero el mundo ser&aacute; tuyo, el futuro es tuyo. Solo t&uacute; puedes equilibrar la decisi&oacute;n de tus mayores. T&uacute; has visto los devastadores efectos del secuestro de la democracia, al que han bautizado como &lsquo;crisis&rsquo;. No dejes que tu arrogancia se diluya, util&iacute;zala para dar un pu&ntilde;etazo en la mesa circular, la mesa que no tiene principio ni fin, la mesa de la rutina. No te conviertas en uno de nosotros, lucha. Siempre habr&aacute; esperanza. Yo conf&iacute;o en ti.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/a-nuestros-jovenes-carlos-felipe_132_4316281.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2015 09:44:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A nuestros jóvenes]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Sorprendente?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/sorprendente-carlos-felipe_132_4558489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        No entiendo nada. &iquest;Sorprendente?
    </p><p class="article-text">
        Lo sorprendente no es que PODEMOS sea la segunda fuerza en intenci&oacute;n de voto.
    </p><p class="article-text">
        Lo sorprendente es que la primera fuerza siga siendo el partido de B&aacute;rcenas, Rato, Acebes, el belicista Aznar, la inepta Ana Matos, la dudosa Cospedal, la endiosada Esperanza Aguirre y sus miles de adeptos, la rid&iacute;culaxing-cup Ana Botella, las emisoras pagadas, los banqueros tiranos, los empresarios enchufados&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Enfermeras y perros acusados de importar el &eacute;bola y, con &eacute;l, el miedo (ahora estamos de enhorabuena, porque, con la situaci&oacute;n reconducida, podemos olvidarnos de &Aacute;frica otra vez); ancianos preferentistas tratados como si fueran los perroflautas de los a&ntilde;os ochenta; trabajadores del ladrillo utilizado para fabricar casitas de juguete dentro de burbujas de jab&oacute;n, despertados bruscamente de su sue&ntilde;o flotante para dejarles caer en el infierno&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno estir&oacute; el chicle. Yo tuve la &iquest;&iquest;suerte?? de caer en la parte que escupe hacia la otra (hacia la pringada de saliva). Muchas personas cercanas a m&iacute;, al no haber sido expropiadas ni estafadas, al haber mantenido su puesto de trabajo, siguen defendiendo que es mejor lo que tenemos que la inc&oacute;gnita.
    </p><p class="article-text">
        Las inc&oacute;gnitas est&aacute;n para despejarlas y para darles una oportunidad. El que no arriesga hoy&hellip; no solo es un cobarde. Es insolidario. No quiero ladrones manejando mi dinero. Quiero plataformas ciudadanas que decidan, porque eso es la democracia real.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/sorprendente-carlos-felipe_132_4558489.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Oct 2014 19:39:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Sorprendente?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida con sangre entra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/la-vida-con-sangre-entra-carmen-martell_132_4633840.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hablando con mi hijo, el otro d&iacute;a record&eacute; la primera vez (y creo que la &uacute;ltima) que acud&iacute; a un cine para ver una pel&iacute;cula gore. Corr&iacute;a el a&ntilde;o 1980. Se titulaba &lsquo;Maniac&rsquo;. Un individuo de aspecto repelente (grasiento y barrig&oacute;n) se dedicaba a cortarles el cuero cabelludo a varias mujeres para luego pon&eacute;rselo a unos maniqu&iacute;es. &ldquo;&iquest;D&oacute;nde he visto esto antes?&rdquo; &ndash;me pregunt&eacute; cuando la pantalla fue salpicada por las primeras gotas de un extenso reguero de sangre.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta la encontr&eacute; en mi regresi&oacute;n a la infancia. Mi infancia es la infancia de la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os que crecimos antes de la llegada de la democracia. Todos recordamos aquellas jornadas en que sal&iacute;as de clase y, tal vez, ese d&iacute;a llevabas de regalo, en tu mochila escolar, un reglazo o un pescoz&oacute;n del s&aacute;dico profesor de turno. S&iacute;, digo s&aacute;dico, aunque no guste. Y no pienso retirarlo. Puede que el sistema les diera autoridad, poder y carta blanca, pero, finalmente, ellos eran libres para desarrollar su sadismo o aplicar el sentido com&uacute;n. Cada uno toma el camino que toma. Todav&iacute;a existen personas que defienden con vehemencia una de las parafilias m&aacute;s retorcidas y menos contestadas: un bofet&oacute;n a tiempo, a la larga &ldquo;da gustito&rdquo;. Los instintos masoquistas son perturbaciones (o no, no me atrevo a juzgarlo con rotundidad) muy personales y respetables, pero insinuar que deben ser universales, para todos, es un exceso. Tal vez a ti, que presumes del tortazo que te dio tu profe o tu padre, no te haya traumatizado el mismo, pero a otra gente s&iacute;. Aunque, claro, mi intuici&oacute;n me susurra que es tu propio trauma el que te empuja a minimizar su importancia para que te duela menos (el trauma, no el tortazo).
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, siguiendo con el relato, sales de clase con el culo ardiendo, entras en tu casa, te encuentras la tele encendida y&hellip; &iexcl;Las escenas gore! La versi&oacute;n original de &lsquo;Maniac&rsquo;. &iexcl;Una corrida de toros con todo el impacto visual y visceral! Y, por supuesto, im&aacute;genes acompa&ntilde;adas por la org&aacute;smica voz de un trastornado comentarista. Todo esto, aunque parezca dif&iacute;cil de digerir en la actualidad, como merienda; en pleno horario infantil.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro pa&iacute;s, la masacre no se limita a una plaza cerrada, no. No es suficiente con ofrecer sangre, tortura y placer a los morbosos incondicionales. Se utilizan las fiestas de los pueblos para expandir a la sociedad, a la prensa, a los extranjeros, la marca &lsquo;Espa&ntilde;a-Salvaje&rsquo;. &iquest;Por qu&eacute; hablan de 'tradici&oacute;n', cuando deber&iacute;an decir 'traici&oacute;n'? Traici&oacute;n al sentido com&uacute;n. Traici&oacute;n al concepto de animal racional.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Ah! Se me olvidaba. La oposici&oacute;n al maltrato animal no se hace para ganar votos, porque enseguida te pillamos, amigo.                                                        
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/la-vida-con-sangre-entra-carmen-martell_132_4633840.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Sep 2014 20:11:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La vida con sangre entra]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Carmen Martell]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Enterrando la crisis’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrando-la-crisis-carlos-felipe_132_4724212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        ELLOS nos dicen que, por fin, hemos tocado tierra en la vertiginosa ca&iacute;da. Una ca&iacute;da que, seg&uacute;n ELLOS, no ha sido culpa de nadie. El responsable se llama &ldquo;los mercados&rdquo;, pero es tan abstracto e intangible que no se le puede juzgar.
    </p><p class="article-text">
        Nos dicen que hemos tocado tierra, s&iacute;, pero su intenci&oacute;n es escarbar un poco esa tierra para meternos dentro y convertirnos en lombrices. Las lombrices no piensan. Cuando seas una lombriz, culebrear&aacute;s, tendr&aacute;s la sensaci&oacute;n de peque&ntilde;as subidas y bajadas; quiz&aacute; no de bienestar absoluto, pero s&iacute; de mantenimiento, de vegetar dignamente. Pero, eso s&iacute;, bajo tierra, aunque no ser&aacute;s consciente de ello... porque las lombrices no piensan.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;estamos condenados a vegetar con miserables sueldos (en el mejor de los casos) para que ELLOS se hagan m&aacute;s ricos? No. Siempre hay una salida. &iquest;C&oacute;mo se sale de debajo de la tierra? S&oacute;lo hay dos maneras: morir y salir como almas (si es que creemos en ellas), o luchar y salir como zombis (si es que confiamos en nuestras posibilidades).
    </p><p class="article-text">
        Un zombi significa un ser sin empat&iacute;a y sin coraz&oacute;n, pero no es una falta de empat&iacute;a y de coraz&oacute;n hacia otros zombis, sino hacia ELLOS. Claro que... los zombis son violentos. Para combatir a los enterradores es necesaria cierta dosis de violencia. Pero no una violencia f&iacute;sica, &eacute;sa es una met&aacute;fora. Hay que golpear sus cabezas con una violencia moral e ideol&oacute;gica. Seguramente sea m&aacute;s adecuada la palabra &ldquo;contundencia&rdquo;, pues la palabra &ldquo;violencia&rdquo; la han patentado ELLOS.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, ya sabes. Aunque escuches que ELLOS han enterrado la crisis, recuerda que la han enterrado contigo, a tu lado y al lado de las otras lombrices. Conf&iacute;a en los zombis; antes era m&aacute;s dif&iacute;cil creer en su existencia, pero ELLOS (los enterradores), con sus viles actos, han demostrado que el g&eacute;nero fant&aacute;stico y de terror no es s&oacute;lo ficci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/enterrando-la-crisis-carlos-felipe_132_4724212.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Jul 2014 21:26:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[‘Enterrando la crisis’]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sería tan simple…]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/seria-tan-simple-carlos-felipe_132_4851356.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Mi hijo, que est&aacute; a punto de cumplir diecis&eacute;is a&ntilde;os, me preguntaba: &ldquo;Pap&aacute;, si el Gobierno toma decisiones que afectan a los adolescentes (ley del menor, pol&iacute;tica de becas, malos tratos familiares...), &iquest;por qu&eacute; no me dejan a m&iacute; ejercer el derecho a voto?&rdquo;. Su planteamiento era m&aacute;s profundo de lo que, en principio, parece. La idea de mi hijo conlleva una especie de recriminaci&oacute;n velada a su padre, quien suele jactarse de afirmar que el futuro es de los j&oacute;venes. Bajo esta &oacute;ptica, dado que yo puedo votar y &eacute;l no, &iquest;por qu&eacute; soy yo quien decide su futuro? &iquest;Por qu&eacute; elijo yo a los gobernantes de mi hijo?
    </p><p class="article-text">
        Reflexion&eacute; mucho sobre su reivindicaci&oacute;n, sobre su supuesto derecho a elegir representante... o, incluso, sobre su supuesto derecho a no acudir a votar (pero a no votar por decisi&oacute;n propia, no por impedimento legal).
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;adiendo su contribuci&oacute;n al saco de mis delirios anti-sistema, ocurri&oacute; que dicho saco se llen&oacute; hasta el borde. As&iacute; que, antes de que empiece a desparramarse su contenido (a trav&eacute;s de mi lengua de v&iacute;bora), tratar&eacute; de dar un punto de vista algo m&aacute;s comedido de lo que sugieren mis entra&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        No me gusta el actual sistema. No me gusta votar para que me represente una persona a la que no conozco. No me gustan las democracias enquistadas en un mon&oacute;tono tiovivo, secuestradas por los feriantes que accionan el mecanismo de giro circular. No creo en la honestidad de los pol&iacute;ticos que viven de la pol&iacute;tica; de hecho, no tengo por qu&eacute; creer. Es m&aacute;s, pienso que desconfiar de ellos es sano para ralentizar y combatir la corrupci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; creo, a priori, en la mayor&iacute;a de pol&iacute;ticos locales, pues son m&aacute;s cercanos y sus actos son m&aacute;s controlables por los ciudadanos; cualquier actitud incorrecta es m&aacute;s f&aacute;cil de castigar.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; creo en el sistema judicial (lo que no quiere decir que crea en las actuaciones de todos los jueces), y a &eacute;l voy a apelar dentro de dos p&aacute;rrafos.
    </p><p class="article-text">
        Fin de la primera parte. La de siempre. Un discurso de lo m&aacute;s manido. Los que vertemos este tipo de opiniones somos acusados de estarnos limitando a criticar el sistema sin proponer alternativas. Es verdad. En eso tienen raz&oacute;n. Es necesario que, adem&aacute;s de &ldquo;destruir&rdquo; lo podrido, aportemos ideas constructivas. Aqu&iacute; va la m&iacute;a, que, aunque no sirva para nada y s&oacute;lo sea le&iacute;da por algunas decenas o centenas de lectores, s&iacute; quedar&aacute; constancia escrita de mi derecho a la pataleta con propuesta adosada. La idea es muy simple (seguro que nada original) y la resumo en dos puntos:
    </p><p class="article-text">
        PRIMERO: Que los programas electorales tengan la consideraci&oacute;n jur&iacute;dica de contrato y sean vinculantes (posiblemente no lo estoy expresando muy bien, pues poco s&eacute; de leyes).
    </p><p class="article-text">
        SEGUNDO, VERSI&Oacute;N A: Con cada a&ntilde;o transcurrido de legislatura, el Gobierno tiene que haber cumplido un veinticinco por ciento del programa electoral. Si no lo hace, se convocar&iacute;an nuevas elecciones y el partido (o la coalici&oacute;n) gobernante no podr&iacute;a presentar candidaturas.
    </p><p class="article-text">
        SEGUNDO, VERSI&Oacute;N B: Si, transcurridos los cuatro a&ntilde;os de legislatura, el Gobierno no ha cumplido su programa electoral (la idea podr&iacute;a flexibilizarse, por ejemplo exigiendo cumplir un ochenta por ciento del programa), no podr&aacute; volver a concurrir a las siguientes elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Un sistema judicial no manipulado es el &uacute;nico garante que puede acabar con la tomadura de pelo con la que, por imposici&oacute;n, vivimos. Esta idea, adem&aacute;s, obligar&iacute;a a los partidos a elaborar sus programas electorales planteando objetivos que realmente puedan conseguir, por lo que ser&iacute;an programas exentos de toda la fantas&iacute;a y las mentiras habituales; obligar&iacute;a al votante a leerse los programas electorales de cada partido, a confiar en ellos y a votar en consecuencia, pues dichos programas son de obligado cumplimiento. Como postre, no tendr&iacute;an sentido los absurdos m&iacute;tines preelectorales. Al fin y al cabo, amigo pol&iacute;tico, es el contrato, tu programa, quien te obliga; la historia ha demostrado que, a las palabras, se las lleva el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        A mi hijo, al menos, le encanta esta idea y la quiere para su futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Felipe Martell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/seria-tan-simple-carlos-felipe_132_4851356.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 May 2014 10:02:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sería tan simple…]]></media:title>
    </item>
  </channel>
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