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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos Taibo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos_taibo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos Taibo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Mujeres Libres': pioneras de la revolución feminista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/mujeres-libres-pioneras-revolucion-feminista_1_2135609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee280816-a2d1-4a12-ad24-4a3c4b47f606_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="&#039;Los olvidados de los olvidados&#039;, el nuevo libro de Carlos Taibo."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mujeres Libres fue una organización que surgió en el año 1936 y que puede considerarse como precursor de lo que hoy llamamos anarcofeminismo</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Fragmento de&nbsp;<a href="https://www.catarata.org/libro/los-olvidados-de-los-olvidados_80345/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">'Los olvidados de los olvidados'</a> (Catarata), el nuevo libro del escritor Carlos Taibo e ilustrado por Jacobo P&eacute;rez-Enciso</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Mujeres Libres fue una organizaci&oacute;n cuya actividad se despleg&oacute; desde la primavera de 1936 hasta el final de la guerra civil. Lleg&oacute; a contar con 150 agrupaciones y unas 20.000 afiliadas, entre las que destac&oacute; el trabajo de militantes como Amparo Poch, Mercedes Comaposada o Luc&iacute;a S&aacute;nchez Saornil. Cabe entender que fue un movimiento precursor de lo que hoy se describe como anarcofeminismo.
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        Conviene recordar que en el mundo libertario, y en la d&eacute;cada de 1930, lo com&uacute;n era que el feminismo se identificase con un discurso y una pr&aacute;ctica burgueses, estrechamente relacionados con el sufragismo y con la defensa de determinadas reformas legales que poco interesaban, por l&oacute;gica, a las mujeres anarquistas. Cierto es que &eacute;stas defendieron -no pod&iacute;a ser de otra manera- la igualdad entre mujeres y hombres en materia de derechos laborales y sociales, y que al respecto denunciaron los salarios, m&aacute;s bajos, percibidos por las mujeres, rechazaron la doble explotaci&oacute;n padecida por &eacute;stas y subrayaron los efectos negativos de la menor presencia femenina en el sistema educativo. Pero fueron m&aacute;s all&aacute;, de la mano de la contestaci&oacute;n de lo que supon&iacute;an la sociedad patriarcal y el autoritarismo masculino.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido decidieron enfrentarse a tres esclavitudes, como eran las surgidas de la ignorancia, de la condici&oacute;n de las mujeres como tales y de su explotaci&oacute;n en tanto que trabajadoras. Aunque en ocasiones defendieron la familia, en otras se inclinaron por rechazar lo que &eacute;sta acarreaba, de tal manera que si unas veces postularon la pareja monog&aacute;mica, en otras se inclinaron por respaldar el amor libre e igual. Muchas de las percepciones de las integrantes de Mujeres Libres se manifestaron a trav&eacute;s de una apuesta en la que con frecuencia se dieron cita la educaci&oacute;n colectiva de los hijos, la socializaci&oacute;n de las tareas dom&eacute;sticas, los llamados &ldquo;liberatorios de prostituci&oacute;n&rdquo;, el despliegue de ambiciosos programas de apertura de guarder&iacute;as o, en suma, la atenci&oacute;n a los refugiados.
    </p><p class="article-text">
        Mujeres Libres se pronunci&oacute; con claridad por la configuraci&oacute;n de organizaciones espec&iacute;ficamente femeninas en el mundo libertario. Esas organizaciones deb&iacute;an ver la luz por cuanto, en lo que a las mujeres se refiere, y pese a la afirmaci&oacute;n de Federica Montseny en el sentido de que &ldquo;el anarquismo no ha establecido jam&aacute;s distingos entre el hombre y la mujer&rdquo;, descollaban problemas no precisamente menores. &ldquo;He visto muchos hogares, no ya de simples confederados, sino de anarquistas (&iquest;!?), regidos por las m&aacute;s puras normas feudales&rdquo;, subray&oacute; en un art&iacute;culo Luc&iacute;a S&aacute;nchez Saornil. Un texto de enero de 1937 recordaba, por otra parte, que &ldquo;los <em>music-halls</em> y las casas de prostituci&oacute;n siguen abarrotados de pa&ntilde;uelos rojos, rojos y negros y de toda clase de insignias antifascistas&rdquo;. A menudo se pon&iacute;a el acento en c&oacute;mo los &oacute;rganos confederales part&iacute;an de la presunci&oacute;n de que las mujeres no estaban en condiciones de desempe&ntilde;ar papeles de relieve o de que, para hacerlo, precisaban de la ayuda ineludible de los hombres.
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        Para que nada faltase, en fin, no fueron infrecuentes, durante la guerra civil, las colectivizaciones en las que pervivieron salarios diferentes para mujeres y hombres. Acaso no hab&iacute;an quedado plenamente superadas opiniones como las que, en el XIX, entend&iacute;an sin m&aacute;s, en el mundo libertario, que el papel de la mujer deb&iacute;a quedar circunscrito en exclusiva al hogar y que cuando aqu&eacute;lla acced&iacute;a al mercado de trabajo no estaba haciendo otra cosa que propiciar, al restar empleos a los hombres, la miseria y la degradaci&oacute;n de los obreros. Y ello por mucho que fuese innegable que en sus sucesivos congresos la CNT se hab&iacute;a pronunciado con claridad por el derecho de las mujeres al trabajo y por la independencia econ&oacute;mica de &eacute;stas.
    </p><p class="article-text">
        Mujeres Libres tuvo motivos sobrados para contestar, por otro lado, una imagen muy extendida en las organizaciones libertarias: la del revolucionario entendido como un var&oacute;n henchido de atributos masculinos y enfrentado a la condici&oacute;n de debilidad de las mujeres, condenadas a asumir, entonces, una funci&oacute;n menor. De hecho, y pese al esfuerzo realizado, esa imagen se mantuvo durante la guerra civil, con las mujeres -por primera vez portadoras de 100 pantalones y con el pelo corto- a la postre obligadas a alejarse de los frentes de combate. Lo anterior no fue &oacute;bice para que, en t&eacute;rminos generales, las mujeres experimentasen, con todo, una notoria liberaci&oacute;n, con una mayor libertad econ&oacute;mica, sexual y de movimientos, entre 1936 y 1939.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, y fueren cuales fueren los problemas que se revelaban en las organizaciones anarquistas, es dif&iacute;cil imaginar que Mujeres Libres hubiese podido surgir en un magma distinto del que ofrec&iacute;a la CNT. En ese magma despuntaron figuras femeninas que, a m&aacute;s de ejercer la ense&ntilde;anza, el periodismo o el sindicalismo, mostraron una clara conciencia de que la revoluci&oacute;n social, por s&iacute; sola, no acabar&iacute;a con muchas de las ataduras que afectaban a las mujeres, necesitadas de una emancipaci&oacute;n que reclamaba una revoluci&oacute;n propia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Taibo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/mujeres-libres-pioneras-revolucion-feminista_1_2135609.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 May 2018 18:15:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Guerra Civil Española,CNT - Confederación Nacional del Trabajo,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vertical del poder en la Rusia contemporánea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/taibo-libro-rusia-contemporanea_1_3135451.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/448dfa86-7874-4a26-861d-a31b9bd7ac9a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Portada del nuevo libro de Carlos Taibo: &#039;La Rusia contemporánea y el mundo&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto editorial del nuevo libro de Carlos Taibo 'La Rusia contemporánea y el mundo'</p></div><p class="article-text">
        Se ha dicho a menudo que Rusia es una democracia de baja intensidad, en la que se registra un respeto aparente de muchas de las reglas de la democracia liberal aun cuando falte la riqueza que, a los ojos de sus defensores, da sentido a &eacute;sta. As&iacute; las cosas, el hecho de que en Rusia se celebren elecciones con varias fuerzas contendientes, haya alguna suerte de libertad de expresi&oacute;n &mdash;al menos en lo que se refiere a medios escritos y a ciertas radios&mdash;, la divisi&oacute;n de poderes haya sido formalmente reconocida, los empresarios disfruten de cierto margen de maniobra y sea posible abandonar el pa&iacute;s ser&iacute;an datos con un relieve, pese a todo, limitado.
    </p><p class="article-text">
        Cabr&iacute;a preguntarse, claro, si un razonamiento del mismo cariz no podr&iacute;a emplearse, hechas las correcciones que procedan, para describir muchas de las democracias liberales can&oacute;nicas. Parece, en cualquier caso, que existe un acuerdo general en lo que hace a la idea de que en la Rusia contempor&aacute;nea se le otorga un peso mucho mayor a la estabilidad y a la gobernabilidad que a la democracia en sentido propio.
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                </figure><p class="article-text">
        En la trastienda operar&iacute;a un contrato entre los gobernantes y la poblaci&oacute;n en virtud del cual el silencio connivente de la segunda ser&iacute;a compensado con mejoras en la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y social de la primera. La f&oacute;rmula consiguiente habr&iacute;a abocado en un sistema m&aacute;s democr&aacute;tico que el que se ha desarrollado en muchas de las rep&uacute;blicas exsovi&eacute;ticas y mucho m&aacute;s democr&aacute;tico, por a&ntilde;adidura, que el que ha adquirido carta de naturaleza en China.
    </p><p class="article-text">
        Para describir ese sistema, el aparato ideol&oacute;gico consiguiente emplea a menudo la expresi&oacute;n &ldquo;democracia soberana&rdquo;, en un grado u otro opuesta al proyecto norteamericano de &ldquo;promoci&oacute;n de la democracia&rdquo;. En la esencia de ese concepto estar&iacute;a la idea de que en Rusia se han perfilado hist&oacute;ricamente f&oacute;rmulas democr&aacute;ticas aut&oacute;ctonas que merecen ser preservadas de la injerencia for&aacute;nea, y ante todo de la que procede del mundo occidental.
    </p><p class="article-text">
        Este r&aacute;pido repaso de la condici&oacute;n del sistema pol&iacute;&shy;tico ruso debe iniciarse con el recordatorio de que el sistema en cuesti&oacute;n tiene, en lo que hace a su c&uacute;pula, un car&aacute;cter semipresidencialista. As&iacute; las cosas, el poder ejecutivo se lo reparten un presidente elegido directamente por la poblaci&oacute;n y un primer ministro promovido por el parlamento, conforme a un modelo gen&eacute;ricamente similar al franc&eacute;s. En los hechos, sin embargo, el semipresidencialismo ruso ha experimentado una deriva en provecho de lo que se antoja un presidencialismo no precisamente moderado.
    </p><p class="article-text">
        Desde el momento de la independencia, en 1991, los h&aacute;bitos pol&iacute;ticos al uso han colocado al presidente en la cabeza indisputada de un esquema pol&iacute;tico en relaci&oacute;n con el cual se ha empleado con frecuencia la expresi&oacute;n &ldquo;vertical del poder&rdquo;. Baste con recordar que lo com&uacute;n ha sido que el presidente se reservase el control sobre los llamados &ldquo;ministerios de fuerza&rdquo;, que de esta forma quedaban lejos de la jurisdicci&oacute;n de un primer ministro con atribuciones, entonces, visiblemente recortadas. No est&aacute; de m&aacute;s que subraye que en los a&ntilde;os de presidencia de Yeltsin la concentraci&oacute;n del poder en manos de una figura d&eacute;bil, enfermiza y alcoholizada provoc&oacute; visibles atrancos en el funcionamiento del sistema pol&iacute;tico ruso.
    </p><p class="article-text">
        Aunque sobre la materia volver&eacute; enseguida, obligado parece rese&ntilde;ar, en segundo lugar, el peso de lo que llamar&eacute; pol&iacute;tica &ldquo;subterr&aacute;nea&rdquo;. El fen&oacute;meno, en modo alguno desconocido en otros muchos lugares del planeta, refiere c&oacute;mo son formidables corporaciones econ&oacute;mico-financieras que operan en la trastienda las que dictan la mayor&iacute;a de las reglas del juego, o al menos aqu&eacute;llas de entre &eacute;stas que remiten a cuestiones importantes. En el caso ruso la principal concreci&oacute;n del fen&oacute;meno que me ocupa ha asumido la forma de los llamados &ldquo;oligarcas&rdquo;, que irrumpieron con fuerza en la vida pol&iacute;tica en los a&ntilde;os de Yeltsin y que, bien que en virtud de f&oacute;rmulas en un grado u otro modificadas, conservan hoy el grueso de su peso.
    </p><p class="article-text">
        Es llamativo que cuando se trata de dar cuenta de la condici&oacute;n de los integrantes de los gabinetes ministeriales en Rusia rara vez se defina a aqu&eacute;llos como liberales, nacionalistas o socialdem&oacute;cratas: lo com&uacute;n es que se eche mano de c&oacute;digos descriptores que remiten a la pol&iacute;tica subterr&aacute;&shy;nea, de tal forma que se sugiera, entonces, que tal ministro representa los intereses del complejo industrial-militar, aquel otro est&aacute; vinculado con la industria productora de gas, a un tercero se le reconocen relaciones con tal o cual banco y un cuarto se halla muy cercano a uno u otro circuito mafioso.
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os de presidencia de Yeltsin, pero tambi&eacute;n, aunque con perfil limitado, en los posteriores, se ha hecho sentir en Rusia, en tercer lugar, lo que algunos analistas han entendido que era una falsa polarizaci&oacute;n. En esos a&ntilde;os result&oacute; ser muy com&uacute;n que en las dos c&aacute;maras legislativas federales, en Mosc&uacute;, se hiciese valer lo que en apariencia era una cruda confrontaci&oacute;n entre el aparato de poder yeltsiniano, por un lado, y una oposici&oacute;n nucleada, por el otro, en torno al Partido Comunista de la Federaci&oacute;n Rusa (PCFR).
    </p><p class="article-text">
        Cuando se abandonaba, sin embargo, la capital del pa&iacute;s, en el panorama pol&iacute;tico de rep&uacute;blicas, regiones y ciudades, a menudo no era en modo alguno sencillo distinguir el perfil de esos dos contrincantes. No hab&iacute;a que ir muy lejos en busca de una explicaci&oacute;n certera: unos y otros proced&iacute;an del mismo lugar &mdash;la burocracia dirigente de la etapa sovi&eacute;tica&mdash;, de tal forma que, aunque pudiesen exhibir eventuales diferencias, a la postre el origen compartido desdibujaba en buena medida estas &uacute;ltimas.
    </p><p class="article-text">
        La independencia del Partido Comunista, sobre el papel la principal fuerza opositora, estuvo sometida a dudas en los a&ntilde;os de Yeltsin, entrampada como estaba esa fuerza pol&iacute;tica en su incapacidad para articular una cre&iacute;ble resistencia popular: era, al fin y al cabo, una instancia heredera de un viejo partido de poder. El PCFR ha conservado, con todo, esa naturaleza de liviana independencia luego de 2000, bien que cada vez m&aacute;s debilitado y cada vez m&aacute;s absorbido por el atractivo que emana del discurso nacional-patri&oacute;tico de Putin.
    </p><p class="article-text">
        Dar&eacute; un cuarto paso para subrayar, una vez m&aacute;s, el peso del nacionalismo de estado ruso en la configuraci&oacute;n de las diferentes opciones pol&iacute;ticas. Bueno ser&aacute; que al respecto recuerde que en las elecciones generales celebradas en 1993 la fuerza pol&iacute;tica m&aacute;s votada fue el Partido Liberal Democr&aacute;tico (PLD), encabezado por un pol&eacute;mico dirigente llamado Vlad&iacute;mir Yirinovski. El pron&oacute;stico que se extendi&oacute; entonces suger&iacute;a que la gran confrontaci&oacute;n en los a&ntilde;os siguientes se producir&iacute;a entre el nacionalismo agresivo, en su caso parafascista, de Yirinovski y el bloque de poder liderado por el presidente Yeltsin. Las cosas, sin embargo, no sucedieron as&iacute;: el PLD y el propio Yirinovski fueron perdiendo fuelle en el terreno electoral, de tal manera que nunca m&aacute;s repitieron, ni en las elecciones generales ni en las presidenciales, el &eacute;xito de 1993.
    </p><p class="article-text">
        Conviene no extraer de lo anterior una conclusi&oacute;n equivocada, como ser&iacute;a aquella que afirmase que el declive del PLD ilustraba tambi&eacute;n el retroceso paralelo de un nacionalismo de perfiles agresivos. Lo que operaba por detr&aacute;s era un fen&oacute;meno diferente: si en 1993 el PLD era, en los hechos, la &uacute;nica fuerza pol&iacute;tica importante que concurr&iacute;a a las elecciones con un programa de nacionalismo virulento, en las sucesivas consultas electorales esta &uacute;ltima mercanc&iacute;a ideol&oacute;gica pas&oacute; a impregnar las posiciones de otras fuerzas pol&iacute;ticas, de tal suerte que el PLD perdi&oacute; las ventajas que inicialmente se hab&iacute;an derivado de la singularidad de su propuesta.El escenario en los a&ntilde;os subsiguientes, y en cierto sentido hasta hoy, era, conforme a un juicio leg&iacute;timo, m&aacute;s inquietante que el de 1993, toda vez que se hab&iacute;a verificado una genuina yirinovskizaci&oacute;n de la vida pol&iacute;tica rusa.
    </p><p class="article-text">
        Asumir&eacute;, en quinto t&eacute;rmino, un apunte r&aacute;pido sobre algunos de los rasgos caracterizadores de lo que, en el terreno pol&iacute;tico, han sido, hasta hoy, los a&ntilde;os de presidencia de Putin y de Medv&eacute;dev. En un escenario marcado por un doble hecho &mdash;Putin se ha visto beneficiado por una inevitable comparaci&oacute;n con Yeltsin y ha sacado provecho, como ya he se&ntilde;alado, del despliegue de medidas de represi&oacute;n dura al calor de la segunda guerra de Chechenia&mdash;, es evidente que el presidente suscita niveles altos de respaldo popular, bien que con oscilaciones m&aacute;s o menos importantes.
    </p><p class="article-text">
        En este mismo terreno lo suyo es recordar que algunas intervenciones en el exterior &mdash;Ucrania, Siria&mdash; han sido interesadamente utilizadas para propiciar la recuperaci&oacute;n de eventuales p&eacute;rdidas de apoyos populares derivadas de la crisis econ&oacute;mica y de la delicada situaci&oacute;n social. En este orden de cosas son pocos los analistas que estiman que Putin tendr&aacute; problemas para abrir un nuevo mandato presidencial en 2018. Es com&uacute;n que se considere, por lo dem&aacute;s, que la solidez de la posici&oacute;n del presidente estar&iacute;a por detr&aacute;s de algunos gestos de liberalidad arbitrados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en 2012 se aprobaron medidas como las relativas a la convocatoria de elecciones para cubrir los puestos de los ejecutivos en los agentes de la federaci&oacute;n y se establecieron reglas menos severas en lo que respecta a la legalizaci&oacute;n, a la acci&oacute;n y a las posibilidades de presentaci&oacute;n en elecciones de los partidos. Pero, m&aacute;s all&aacute; de lo anterior, dos son acaso los rasgos principales de la etapa que me interesa. Si el primero lo aporta la obtenci&oacute;n de c&oacute;modas mayor&iacute;as absolutas por parte de Rusia Unida, el partido presidencial, en las sucesivas elecciones legislativas, el segundo asume la forma de un f&eacute;rreo control de las autoridades sobre los medios de comunicaci&oacute;n, o al menos sobre aqu&eacute;llos de entre &eacute;stos que tienen, o pueden tener, eco entre la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De resultas, y a los ojos de algunos estudiosos, ha quedado perfilada una &ldquo;Rusia de la televisi&oacute;n&rdquo; a la que preocupa ante todo la estabilidad y que engulle sin problemas la propaganda gubernamental en un escenario en el que han menudeado la presi&oacute;n y la represi&oacute;n sobre los medios independientes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Taibo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/taibo-libro-rusia-contemporanea_1_3135451.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Oct 2017 17:18:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vertical del poder en la Rusia contemporánea]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rusia,Vladímir Putin]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rusia y la crisis en Ucrania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/rusia-crisis-ucrania_1_4917415.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d9954989-475f-44cd-95d6-06cab5330852_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rusia y la crisis en Ucrania"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es difícil, entonces, que, en un escenario lastrado por la acción de  una UE impresentablemente supeditada a los intereses norteamericanos,  Rusia entienda que está siendo objeto de una agresiva operación de  acoso</p><p class="subtitle">Extracto del libro 'Rusia frente a Ucrania' (Los Libros de la Catarata), de próxima distribución en las librerías</p></div><p class="article-text">
        A duras penas es imaginable que Rusia sea una potencia meramente regional. Basta con echar una ojeada a su ubicaci&oacute;n, en el centro de las tierras emergidas del norte del planeta, para percatarse de que sus movimientos tienen por fuerza que ejercer efectos sobre el panorama entero del planeta, y ello incluso en los momentos de mayor postraci&oacute;n. Un Estado que cuenta con fronteras con la UE, que considera que el oriente pr&oacute;ximo es su <em>patio trasero</em>, que sigue desplegando una parte de sus arsenales en la linde con China, que mantiene contenciosos varios con Jap&oacute;n y que choca con EEUU a trav&eacute;s del estrecho de Bering no puede ser  una potencia regional. Pero Rusia arrastra, por a&ntilde;adidura, una singular&iacute;sima condici&oacute;n geoestrat&eacute;gica. Con fronteras extremadamente extensas, a caballo entre Europa y Asia, se trata de una potencia continental que debe encarar por igual enormes posibilidades y riesgos evidentes. Agreguemos que estamos ante un Estado que es un productor principal de hidrocarburos, que disfruta de un derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y que cuenta con un arsenal nuclear importante. Una de las consecuencias plausibles de todo lo anterior es el hecho de que nos hallamos ante uno de los pocos Estados del planeta en los cuales las influencias externas son limitadas o, en su defecto, resultan ser poco eficientes. 
    </p><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s, si Rusia se beneficia de evidentes potencialidades, arrastra tambi&eacute;n taras no menos relevantes. Recordemos que, al menos en lo que respecta a su territorio europeo, es un pa&iacute;s geogr&aacute;ficamente desprotegido, que carece llamativamente de una salida permanente y hacedera a mares c&aacute;lidos, que est&aacute; ubicado en latitudes demasiado septentrionales como para permitir el despliegue de una econom&iacute;a diversificada, que cuenta con r&iacute;os que en la mayor&iacute;a de los casos discurren de sur a norte y a duras penas pueden ser objeto de un uso comercial estimulante o, en fin, que atesora una riqueza ingente en materias primas que se encuentran, sin embargo, en regiones tan alejadas como inh&oacute;spitas.  
    </p><p class="article-text">
        Hay qui&eacute;n, en otro orden de cosas, se pregunta por qu&eacute; Rusia forma parte del grupo que integran las econom&iacute;as emergentes y que conocemos con el acr&oacute;nimo de BRIC. La pregunta es leg&iacute;tima por cuanto Rusia no es ni una econom&iacute;a emergente, ni un Estado que muestre una realidad en ebullici&oacute;n, ni un pa&iacute;s del Tercer Mundo que haya dejado atr&aacute;s  viejos atrancos. Al cabo, y por a&ntilde;adidura, hay diferencias fundamentales entre el modelo ruso y el que se revela en los otros espacios mencionados. Si una de ellas es el peso, mucho mayor, que tienen en Rusia, sobre el total de las exportaciones, las que se refieren a la energ&iacute;a, otra la aporta un gasto militar porcentualmente mucho m&aacute;s elevado. Para que nada falte, y a diferencia de China, la India y Brasil, Rusia es un pa&iacute;s con poblaci&oacute;n envejecida y en crisis demogr&aacute;fica abierta. A la postre las razones que medio justifican la presencia de Mosc&uacute; entre los BRIC remiten a las dimensiones del pa&iacute;s, a su poder&iacute;o militar, a la riqueza en materias primas y, en cierto sentido, a la voluntad de contestar, en un grado u otro, la hegemon&iacute;a occidental.
    </p><p class="article-text">
        Los acontecimientos recientes en Ucrania ratifican, por otra parte, un diagn&oacute;stico cada vez m&aacute;s extendido: tendremos que acostumbrarnos a lidiar con conflictos <em>sucios </em>en relaci&oacute;n con los cuales ser&aacute; cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil mostrar una franca adhesi&oacute;n a la posici&oacute;n de alguno de los contendientes. Conflictos como los de Palestina o el S&aacute;hara occidental, que provocan reacciones de inmediata solidaridad con palestinos y saharauis, van a ser m&aacute;s bien infrecuentes en la etapa en la que nos adentramos. Y es que sobran los motivos para guardar las distancias ante la conducta de todos los agentes importantes, aut&oacute;ctonos y for&aacute;neos, que operan en Ucrania. El registro de los <em>naranjas</em> es tan lamentable como el de los <em>azules: </em>unos y otros comparten sumisiones externas, querencias represivas y oligarcas beneficiarios. Pero no es m&aacute;s halag&uuml;e&ntilde;o el balance que aportan las potencias occidentales, decididas a mover pieza en provecho de sus intereses m&aacute;s descarnados, y una Rusia que sigue jugando la carta de un imperio que impone reglas del juego en su <em>extranjero cercano</em>.
    </p><p class="article-text">
        No parece, en paralelo, que nos encontremos ante una reaparici&oacute;n de la <em>guerra fr&iacute;a.</em> Al respecto cabe invocar dos argumentos principales. El primero se&ntilde;ala que en el momento presente no se enfrentan dos cosmovisiones y dos sistemas econ&oacute;micos diferentes. Aunque el capitalismo occidental y el ruso muestren modulaciones distintas, es f&aacute;cil apreciar una comunidad de proyectos e intereses. El segundo de esos argumentos subraya que existe una distancia abismal entre el gasto en defensa de las potencias occidentales y el que mantiene Rusia. Son varios los Estados miembros de la OTAN que, cada uno por separado, han decidido preservar un gasto militar m&aacute;s alto que el ruso. Pero por detr&aacute;s se aprecian tambi&eacute;n enormes disparidades en el tama&ntilde;o de las econom&iacute;as: no se olvide que el PIB ruso, en paridad de poder adquisitivo, es un 15% del de la UE. Y hay enormes distancias, en suma, en lo que se refiere a poblaci&oacute;n y peso en el comercio mundial. Mientras la UE cuenta con 500.000.000 de habitantes y corre a cargo del 16% de las exportaciones registradas en el planeta, y China tiene 1.300.000.000 de habitantes y protagoniza el 8% del comercio mundial, Rusia est&aacute; poblada por algo menos de 145.000.000de personas  &ndash;un 2,4% de la poblaci&oacute;n total- y despliega un escueto 2,5% de las exportaciones.     
    </p><p class="article-text">
        Pareciera, en fin, como si Rusia no hubiera recibido agravio alguno y se comportase como una potencia agresiva ajena a toda contenci&oacute;n. La realidad es  bastante diferente. En lo que al mundo occidental se refiere, Rusia lo ha probado casi todo en el &uacute;ltimo cuarto de siglo: la docilidad sin l&iacute;mites del primer Yeltsin, la colaboraci&oacute;n de Putin con Bush hijo entre 2001 y 2006, y, en suma, una moderada confrontaci&oacute;n que era antes la consecuencia de la prepotencia de la pol&iacute;tica estadounidense que el efecto de una opci&oacute;n propia y consciente. Mosc&uacute; no ha sacado, sin embargo, provecho alguno de ninguna de esas opciones. Antes bien, ha sido obsequiado con sucesivas ampliaciones de la OTAN, con un reguero de bases militares en el <em>extranjero cercano</em>, con el descarado apoyo occidental a las <em>revoluciones de colores</em> y con un displicente trato comercial. No es dif&iacute;cil, entonces, que, en un escenario lastrado por la acci&oacute;n de una UE impresentablemente supeditada a los intereses norteamericanos, Rusia entienda que est&aacute; siendo objeto de una agresiva operaci&oacute;n de acoso, y ello por mucho que las diferencias no las marquen ahora ideolog&iacute;as aparentemente irreconciliables, sino l&oacute;gicas imperiales bien conocidas.
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      <dc:creator><![CDATA[Carlos Taibo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Apr 2014 18:48:53 +0000]]></pubDate>
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