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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carmelo Moreno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carmelo_moreno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carmelo Moreno]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sátira política en televisión, ¿género informativo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/satira-politica-television-genero-informativo_1_4894835.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53358118-6733-4e78-ad36-fa106e1c3d69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sátira política en televisión, ¿género informativo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La valoración de la sátira está polarizada: donde unos simplemente ven  humor sobre cuestiones de actualidad otros ven información de forma  humorística</p></div><p class="article-text">
        Un estudioso de los medios de comunicaci&oacute;n, Geoffrey Baym, public&oacute; en 2009 un libro titulado <a href="http://www.amazon.com/From-Cronkite-Colbert-Evolution-Broadcast/dp/0199945845" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">From Cronkite to Colbert. The Evolution of Broadcast News</a> (libremente parafraseado al castellano podr&iacute;amos titularlo como <em>De I&ntilde;aki Gabilondo al Gran Wyoming. La evoluci&oacute;n de las noticias en televisi&oacute;n</em>). En el libro se analiza la evoluci&oacute;n del modelo informativo y los cambios en los patrones de honestidad comunicacional percibidos en la televisi&oacute;n de EEUU en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, un modelo que podr&iacute;a ampliarse al resto de pa&iacute;ses desarrollados. La tesis del libro es contundente: los viejos presentadores de noticiarios en televisi&oacute;n, representantes de los cl&aacute;sicos valores del periodismo (la objetividad, el desapasionamiento y cierto laconismo expresivo), est&aacute;n siendo sustituidos en cuanto a notoriedad e influencia p&uacute;blica por los presentadores de programas de s&aacute;tira pol&iacute;tica, que representan unos valores m&aacute;s actualizados y postmodernos del periodismo televisivo actual, donde reina la subjetividad, la hilaridad y cierta sobreactuaci&oacute;n expresiva. Modelos como el Edward R. Murrow de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Buenas_noches,_y_buena_suerte" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la pel&iacute;cula de George Clooney que tanto agrad&oacute; al ex presidente Zapatero</a>, o modelos como el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Walter_Cronkite" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Walter Cronkite que invent&oacute; aquello de &ldquo;as&iacute; son las cosas&rdquo;</a> y que luego otros en Espa&ntilde;a no s&oacute;lo copiaron sino incluso amplificaron (&iquest;se acuerdan de aquel periodista que acu&ntilde;&oacute; lo de &ldquo;as&iacute; son las noticias y as&iacute; se las hemos contado&rdquo;), han dado paso a otro tipo de l&iacute;deres informativos como son, por ejemplo, Stephen Colbert, David Letterman, Bill Maher, John Stewart o Conan O'Brien, todos ellos presentadores que conducen exitosos programas de s&aacute;tira pol&iacute;tica en la televisi&oacute;n en Estados Unidos. En nuestro pa&iacute;s, el ejemplo m&aacute;s evidente ser&iacute;a <a href="http://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=1&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=0CDMQFjAA&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.lasexta.com%2Fprogramas%2Fel-intermedio%2F&amp;ei=DblsU9DbIaed0AXR-YHoCA&amp;usg=AFQjCNH6BgPgz7b2V0FlwSlOBAQsYbazmw&amp;sig2=kiB3l12NTxAziDNtMO30Cw" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Intermedio</a>, que conduce El Gran Wyoming.
    </p><p class="article-text">
        En el episodio piloto de su ya m&iacute;tico programa <a href="http://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=1&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=0CDMQFjAA&amp;url=http%3A%2F%2Fthecolbertreport.cc.com%2F&amp;ei=uLhsU6T8JcaR0AXr_4GABA&amp;usg=AFQjCNENitMNObZKsoBxAiRq8VQob1RACQ&amp;sig2=nkC8V0zLeehgCbliz5JMxg&amp;bvm=bv.66330100,d.d2k" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Colbert Report</a>, en Octubre de 2005, Colbert manifest&oacute; que el prop&oacute;sito de su programa era hacer <a href="http://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=9&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=0CIMBEBYwCA&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.nytimes.com%2F2010%2F10%2F17%2Fmagazine%2F17FOB-onlanguage-t.html&amp;ei=7rhsU5KwDtCZ0QWN_oC4Ag&amp;usg=AFQjCNF7p5z21DvmQJ_20YKKiMfSfqFO9Q&amp;sig2=AThh_l21Gua-FxqFwu2acw&amp;bvm=bv.66330100,d.d2k" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;truthiness&rdquo;</a>. Nadie sab&iacute;a lo que era eso y, de hecho, cre&oacute; una expectativa enorme en la opini&oacute;n p&uacute;blica. Esa palabra ni siquiera exist&iacute;a en ingl&eacute;s aunque su popularidad se extendi&oacute; tan r&aacute;pidamente que ya en Enero de 2006 la American Dialectic Society, encargada del estudio de la lengua inglesa en Estados Unidos, la declar&oacute; la mayor contribuci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica del a&ntilde;o. En realidad, &ldquo;truthiness&rdquo; es un neologismo de imposible traducci&oacute;n al castellano (podr&iacute;amos intentarlo y dejarlo en &ldquo;verdacidad&rdquo;). Es un juego de palabras que hace referencia a la posibilidad de inventar una verdad c&oacute;mica, esto es, una verdad que no es verdadera ni falsa ni todo lo contrario. Como dicen los ingleses, &ldquo;truthiness&rdquo; es una &ldquo;stunt word&rdquo;, esto es, una palabra sin sentido y sin una definici&oacute;n posible, lo cual no quiere decir que sea una estupidez. De hecho, no es una estupidez en absoluto. Comparen la &ldquo;truthiness&rdquo; americana con la versi&oacute;n m&aacute;s castiza y menos sofisticada de este juego c&oacute;mico colbertiano que propone todos los d&iacute;as el Gran Wyoming en su programa cuando abre la emisi&oacute;n con su c&eacute;lebre eslogan &ldquo;ya conocen las noticias, ahora le contaremos la verdad&rdquo;. La pregunta que habr&iacute;a que hacerse es hasta qu&eacute; punto esta verdad c&oacute;mica hispana es tambi&eacute;n una verdacidad.
    </p><p class="article-text">
        En los estudios de humor a nivel internacional, la s&aacute;tira pol&iacute;tica es considerada un g&eacute;nero c&oacute;mico muy controvertido y dif&iacute;cilmente clasificable porque es un h&iacute;brido a mitad de camino entre el puro entretenimiento y cierto af&aacute;n de intencionalidad pol&iacute;tica provocadora. Tal vez por ello la s&aacute;tira ha sido objeto de interpretaciones en algunos casos contrapuestas. En este mismo foro, mi colega <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/participacion-desafecta-cinismo-polarizacion_0_219778148.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carolina Galais</a> resaltaba en un post c&oacute;mo la infos&aacute;tira pol&iacute;tica podr&iacute;a ser vista de forma cr&iacute;tica como una confirmaci&oacute;n del cinismo reinante y el triunfo de cierta banalidad informativa. Sin embargo, otros colegas como Jos&eacute; Luis Valhondo en su libro <a href="http://books.google.es/books?id=jREeoW3AOWsC&amp;pg=PA32&amp;lpg=PA32&amp;dq=satira+informativa+y+democracia&amp;source=bl&amp;ots=bgOzjeru-k&amp;sig=fEFNgPRhPyIvyrPMlHHpLybQ9JI&amp;hl=es&amp;sa=X&amp;ei=VItfU_KWI4Km0QXJs4HwDQ&amp;ved=0CC4Q6AEwAA" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">S&aacute;tira televisiva y democracia en Espa&ntilde;a</a> pretenden ver en este subg&eacute;nero informativo una especie de faro pr&aacute;ctico que ilumina a la opini&oacute;n p&uacute;blica en medio de la sobreabundancia de datos mediante una cr&iacute;tica aut&eacute;ntica, elaborada y de impacto. Estas percepciones muestran hasta qu&eacute; punto la valoraci&oacute;n de la s&aacute;tira est&aacute; polarizada: donde unos simplemente ven humor sobre cuestiones de actualidad otros ven informaci&oacute;n de forma humor&iacute;stica. Mi impresi&oacute;n es que ambas posiciones corren el riesgo de sobrevalorar el efecto real que estos programas tienen con car&aacute;cter general. Ni son tan apocal&iacute;pticos ni tienen tanto efecto ben&eacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Para hacerse una idea m&aacute;s precisa sobre esta cuesti&oacute;n, algunos estudios realizados en Estados Unidos, como por ejemplo los trabajos de Dannagal Young en el caso de las elecciones en <a href="http://scholar.google.com/citations?view_op=view_citation&amp;hl=es&amp;user=fWtPIV4AAAAJ&amp;citation_for_view=fWtPIV4AAAAJ:u5HHmVD_uO8C" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">2000</a> y <a href="http://scholar.google.com/citations?view_op=view_citation&amp;hl=es&amp;user=fWtPIV4AAAAJ&amp;citation_for_view=fWtPIV4AAAAJ:d1gkVwhDpl0C" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">2004</a>, o los trabajos del Landreville, Holbert y Lamarre sobre <a href="http://hij.sagepub.com/content/15/4/482.abstract" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la relaci&oacute;n entre ideolog&iacute;a y s&aacute;tira pol&iacute;tica</a>, indican que este tipo de programas tienen un impacto muy limitado en la opini&oacute;n p&uacute;blica. Generalmente, la variable principal que m&aacute;s discrimina a la hora de valorar y juzgar estos programas suele ser el nivel educativo. Las personas con un cierto nivel educativo (es decir, las personas que habitualmente tienen un alto grado de informaci&oacute;n de la realidad social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica a trav&eacute;s de los tradicionales cauces serios de informaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de los noticiarios de televisi&oacute;n) suelen ser m&aacute;s proclives a concebir estos programas como espacios de entretenimiento y su grado de disfrute y fidelidad suele estar relacionado con el nivel de sofisticaci&oacute;n que perciben en dicho programa. Su relaci&oacute;n con el programa es m&aacute;s cognitiva que emocional o ideol&oacute;gica, y su actitud suele ser del tipo: &ldquo;si la s&aacute;tira est&aacute; bien elaborada, entonces me entretiene y la veo; si la s&aacute;tira y los gags no son inteligentes, no importa la ideolog&iacute;a que haya detr&aacute;s, simplemente desconecto&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Como muy bien explicaba en un post la humorista Malena Pichot desde su experiencia argentina, <a href="http://www.eldiario.es/cultura/entrevistas/Malena-Pichot-chiste-desaparecidos-gracioso_0_251975353.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;se puede hacer un chiste sobre todo, incluido sobre el tema de los desaparecidos, con la condici&oacute;n de que sea muy gracioso&rdquo;</a>: lo importante, en el caso de personas con cierto nivel de exigencia humor&iacute;stica, es apreciar habilidad cognitiva, algo que sea ingenioso y sofisticado m&aacute;s all&aacute; del tema propuesto. Por el contrario, las personas con un menor nivel educativo (es decir, cuyo nivel de informaci&oacute;n pol&iacute;tica est&aacute; conformado b&aacute;sicamente por la &ldquo;amplia gama de programas de informaci&oacute;n&rdquo; en televisi&oacute;n) suelen ser m&aacute;s proclives a concebir este tipo de programas como uno m&aacute;s de los programas de informaci&oacute;n, e incluso consideran que estos programas pueden llegar a informar mejor de la actualidad pol&iacute;tica que los tradicionales formatos informativos serios. En estos casos, la relaci&oacute;n con la s&aacute;tira tiende a ser m&aacute;s emocional e ideol&oacute;gica que cognitiva, y se centra en gran medida en los temas objeto de la s&aacute;tira. En estos casos, el nivel de exigencia de los espectadores sobre el grado de sofisticaci&oacute;n de los gags sat&iacute;ricos es menor y pueden entrar en juego otros aspectos como, por ejemplo, ciertas suspicacias a la hora de la elecci&oacute;n de los temas que son susceptibles de intencionalidad pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Recomiendo un ejercicio mental a cualquier lector de este post: imaginen al equipo de guionistas del programa de El Intermedio que, en lugar de hacer bromas sobre Floriano, B&aacute;rcenas o Zapatero, intentaran durante una semana elaborar, por ejemplo, gags sat&iacute;ricos sobre la actitud y las opiniones de los ciudadanos indignados que se movilizan todas las semanas en las calles de Espa&ntilde;a contra las pol&iacute;ticas de recortes del Gobierno de Mariano Rajoy. Imaginen el grado de sofisticaci&oacute;n que ser&iacute;a necesario alcanzar para que dichos gags sat&iacute;ricos fueran aceptados y disfrutados c&oacute;micamente por la audiencia del programa. Este tipo de opciones humor&iacute;sticas explican lo que parad&oacute;jicamente podr&iacute;a entenderse como &ldquo;el dilema tr&aacute;gico de la s&aacute;tira&rdquo;. Generalmente, todo ejercicio de s&aacute;tira pol&iacute;tica tiene que elegir entre hacer humor sofisticado a costa de reducir su labor informativa o hacer informaci&oacute;n graciosa a costa de reducir el &aacute;mbito de sus temas c&oacute;micos. En gran medida, todo depende de la audiencia y de su predisposici&oacute;n hacia el humor propuesto por un programa sat&iacute;rico. Si el espectador busca humor, pedir&aacute; calidad; si busca informaci&oacute;n corre el riesgo de parecer un simpl&oacute;n. Obviamente, los satiristas tambi&eacute;n pueden intentar quedarse en un punto medio, pero en este &uacute;ltimo caso corren el riesgo de no satisfacer a nadie.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmelo Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/satira-politica-television-genero-informativo_1_4894835.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 May 2014 18:11:41 +0000]]></pubDate>
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