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    <title><![CDATA[elDiario.es - Politikon]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/politikon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Politikon]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los partidos en España. ¿De la clandestinidad al cártel?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/partidos-espana-clandestinidad-cartel_1_4884156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/256db239-0c44-4081-8237-ede752e5556d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Portada del libro de Politikon &#039;La urna rota&#039; (Debate)."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La finalidad de los partidos no es tanto la implementación de programas como asegurarse de que  disponen de más rentas para repartir entre los suyos</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>El colectivo <a href="http://politikon.es/acerca-de/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Politikon</a>, especializado en ciencias sociales, acaba de publicar el libro <em>La urna rota</em> (Debate), del cual reproducimos un extracto. Sus autores son Jorge Galindo, Kiko Llaneras, Octavio Medina, Jorge San Miguel, Roger Senserrich y Pablo Sim&oacute;n.</li>
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        El desarrollo de los partidos pol&iacute;ticos en cualquier pa&iacute;s depende mucho de sus reg&iacute;menes pol&iacute;ticos. Por ejemplo, la larga y estable tradici&oacute;n liberal-democr&aacute;tica de pa&iacute;ses como el Reino Unido, los Pa&iacute;ses Bajos o B&eacute;lgica les hizo vivir pr&aacute;cticamente todo el ciclo de evoluci&oacute;n de las organizaciones.
    </p><p class="article-text">
        Otros pa&iacute;ses m&aacute;s tard&iacute;os, como Alemania, o m&aacute;s inestables, como Francia o Italia, vivieron un desarrollo m&aacute;s irregular, pero tambi&eacute;n paralelo. Sin embargo, Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s que destaca por su fracaso a la hora de constituir reg&iacute;menes homologables a los de la Europa de su &eacute;poca. Solo por citar sucintamente, Espa&ntilde;a en el per&iacute;odo comprendido entre 1812 y 1978 tuvo seis constituciones en vigor (y dos no aprobadas), ocho insurrecciones militares (tanto de corte liberal como autoritario), cuatro abdicaciones de monarcas por presiones internas o externas, dos rep&uacute;blicas (la primera dur&oacute; un a&ntilde;o y la segunda, ocho) y cuatro guerras civiles (las tres carlistas m&aacute;s la civil). De hecho, si se repasan esos 166 a&ntilde;os del per&iacute;odo, durante 66 hubo una negaci&oacute;n taxativa de cualquier forma de representaci&oacute;n liberal, en 74 (especialmente durante la Restauraci&oacute;n) hubo constitucionalismo olig&aacute;rquico y en apenas 26 a&ntilde;os reg&iacute;menes democr&aacute;ticos-constitucionales.
    </p><p class="article-text">
        Este fracaso hist&oacute;rico de Espa&ntilde;a a la hora de constituir un r&eacute;gimen de libertades ha tenido su traducci&oacute;n en nuestro legado hist&oacute;rico. La violencia pol&iacute;tica, la manipulaci&oacute;n de los resultados o la subversi&oacute;n de las reglas con el objeto de ganar, la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica sistematizada, la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica y el extremismo, la tendencia a un multipartidismo atomizado, el personalismo y el clientelismo como relaci&oacute;n entre la pol&iacute;tica y la sociedad o la concentraci&oacute;n de poder en el ejecutivo han sido algunas de nuestras hist&oacute;ricas se&ntilde;as de identidad.
    </p><p class="article-text">
        Los partidos pol&iacute;ticos en Espa&ntilde;a, en su forma m&aacute;s genuina, germinaron a finales de la Restauraci&oacute;n, especialmente tras el reinado de Alfonso XIII. Fue entonces cuando los partidos de notables republicanos comenzaron a organizarse, la Lliga de Camb&oacute; empez&oacute; a desempe&ntilde;ar un papel nuclear en Catalu&ntilde;a, el PSOE y la UGT cobraron importancia (siguiendo el modelo de los partidos de masas) e incluso, durante la dictadura de Primo de Rivera, se vio el primer intento de un partido fascista espa&ntilde;ol en la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Durante los convulsos a&ntilde;os de la Segunda Rep&uacute;blica aparecieron tambi&eacute;n nuevos partidos, si bien de corta vida y estructura, y la derecha espa&ntilde;ola se aglutin&oacute; en torno a la CEDA, mientras que el PCE gan&oacute; espacio durante la Guerra Civil. Aun as&iacute;, todas estas experiencias quedaron truncadas con la llegada de la dictadura de Franco. Los partidos quedaron prohibidos fuera del Movimiento Nacional y, o bien se disolvieron por la represi&oacute;n a sus miembros, o bien estos se marcharon al exilio. Solo unos pocos, especialmente los comunistas, tuvieron un papel importante desde la oposici&oacute;n clandestina a la dictadura. El resto no aceleraron su refundaci&oacute;n hasta las postrimer&iacute;as del franquismo.
    </p><p class="article-text">
        Durante los a&ntilde;os de la Transici&oacute;n, entre 1977 y 1982, el pacto entre los franquistas salientes y la oposici&oacute;n entrante requiri&oacute; la (re)constituci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos. La oposici&oacute;n estaba en la clandestinidad o el exilio y, si bien sus actividades eran cada vez m&aacute;s toleradas, carec&iacute;an de fuerza org&aacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Sus redes organizativas eran casi inexistentes. Por su parte, los franquistas reciclados carec&iacute;an de tradici&oacute;n partidista.
    </p><p class="article-text">
        Se trataba m&aacute;s bien de familias y corrientes que, amparadas por el aparato del Estado, fundar&iacute;an nuevas organizaciones para pilotar el proceso. En ese contexto de incertidumbre surgieron los partidos pol&iacute;ticos modernos en Espa&ntilde;a. Eran formaciones principalmente dirigidas por &eacute;lites, casi sin militantes ni cuadros, sin recursos organizativos y sin tradici&oacute;n hist&oacute;rica de continuidad. No ser&iacute;a hasta mucho m&aacute;s tarde,  hasta la estabilizaci&oacute;n y expansi&oacute;n del sistema de partidos a partir del final de la Transici&oacute;n, cuando los partidos espa&ntilde;oles quedar&iacute;an configurados en sus rasgos b&aacute;sicos. Esto es relevante porque apunta que estas organizaciones aparecieron en Espa&ntilde;a en la fase final del &laquo;desarrollo&raquo; de los partidos, cuando los partidos de masas hab&iacute;an quedado atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n explica por qu&eacute; hubo un inter&eacute;s especial en consolidarlos plante&aacute;ndose como un beneficio tanto para los nuevos pol&iacute;ticos, que pod&iacute;an ver cumplidas sus ambiciones, como para el propio sistema, evitando la inestabilidad de reg&iacute;menes pasados. Aunque lo trataremos m&aacute;s extensamente en otros cap&iacute;tulos, elementos como un sistema de listas cerradas y bloqueadas (para evitar disidencias), una gran discrecionalidad en el control de la administraci&oacute;n (para evitar que los t&eacute;cnicos, franquistas en origen, abortasen decisiones) o una importante financiaci&oacute;n p&uacute;blica (las cuotas de los militantes eran magras) fueron en esta l&iacute;nea. Tales elementos fueron eficaces a la hora de subvertir algunos de los males hist&oacute;ricos de los partidos espa&ntilde;oles: fragmentaci&oacute;n, polarizaci&oacute;n o personalismo. En parte gracias a estos mecanismos, el sistema de partidos en Espa&ntilde;a es uno de los m&aacute;s estables de nuestro entorno. Sin embargo, esto no est&aacute; exento de costes, siendo el m&aacute;s notable la colonizaci&oacute;n partidista de la vida p&uacute;blica. De hecho, algunos te&oacute;ricos han planteado que Espa&ntilde;a puede ser un buen ejemplo de la cartelizaci&oacute;n del sistema de partidos, una fase que va un paso m&aacute;s all&aacute; de los partidos cl&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el modelo de cartelizaci&oacute;n, los partidos tienen una relaci&oacute;n con el Estado basada en el control de puestos de gobierno. Su finalidad no es tanto la implementaci&oacute;n de programas como asegurarse de que disponen de m&aacute;s spoils o rentas para repartir entre los suyos. Para ello, los partidos suelen intentar limitar la competici&oacute;n pol&iacute;tica, restringiendo la entrada de nuevos actores mediante barreras a la entrada a nuevos partidos. Adem&aacute;s, la inmensa mayor&iacute;a de los partidos dependen para su financiaci&oacute;n de la aportaci&oacute;n del Estado.
    </p><p class="article-text">
        Dado su acceso privilegiado a las instituciones, los partidos se financian generosamente, primando en particular a los ganadores de las elecciones. El hecho de que en Espa&ntilde;a m&aacute;s del 80 por ciento de la financiaci&oacute;n (conocida) de los partidos sea a trav&eacute;s de fondos p&uacute;blicos apuntar&iacute;a en esta direcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, los partidos necesitan cada vez menos a los militantes para su sostenimiento, con lo que se acelera su vaciado.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, en un mundo de medios de comunicaci&oacute;n de masas, marketing y agencias especializadas, los militantes pueden ser reemplazados en el &uacute;nico momento en que pueden ser necesarios, durante la campa&ntilde;a electoral. La distinci&oacute;n entre el militante y el que no lo es pierde importancia para el partido.
    </p><p class="article-text">
        En resumen, en su relaci&oacute;n con los votantes los partidos c&aacute;rtel son peque&ntilde;os, ambiciosos, muy profesionales y relativamente cerrados. Estos habr&iacute;an optado por esta v&iacute;a en el contexto actual, dado que es la mejor manera de ganar unas elecciones. Campa&ntilde;as caras, profesionales, coherentes (sin cargos intermedios d&iacute;scolos), concentradas en atraer a los votantes (no hacer felices a las bases) y dirigidas a ganar unas elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Porque m&aacute;s all&aacute; de su relaci&oacute;n distante con el electorado, los partidos c&aacute;rtel viven para gobernar. Los cuadros del partido en la oposici&oacute;n aspiran a ser cargos de libre designaci&oacute;n una vez llegados al gobierno. El partido es una organizaci&oacute;n de mando y sus dirigentes aspiran a controlar la administraci&oacute;n de un modo u otro. Cuando pierden las elecciones, algunos de sus dirigentes se mantienen en sus puestos, blindados en alguna agencia independiente o cargos de otra administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Otros entran en la puerta giratoria con el sector para-p&uacute;blico que envuelve a las organizaciones. Ambas rutas, en todo caso, no son m&aacute;s que un descanso temporal hasta que sea hora de volver al poder.
    </p><p class="article-text">
        Decir que los partidos en Espa&ntilde;a, a partir del dise&ntilde;o de la Transici&oacute;n, se han &laquo;cartelizado&raquo; es una aseveraci&oacute;n no exenta de problemas. Una identificaci&oacute;n de los partidos con el Estado no implica necesariamente una mayor distancia con la base social (como siempre, depende de qu&eacute; entendamos por esta &uacute;ltima). Adem&aacute;s, los partidos c&aacute;rtel &ndash;es decir, peque&ntilde;os, cerrados, dependientes del sector p&uacute;blico&ndash; son moneda corriente en otros pa&iacute;ses con democracias &laquo;consensuales&raquo; como los Pa&iacute;ses Bajos o Austria. Algo que, por cierto, no ha impedido a sus ciudadanos mostrar una mayor satisfacci&oacute;n con sus representantes que la que tenemos en Espa&ntilde;a. Es m&aacute;s, no se ha podido demostrar que estemos ante una colusi&oacute;n en las pol&iacute;ticas. Aunque los partidos puedan tender a la moderaci&oacute;n, lo cierto es que siguen aplicando pol&iacute;ticas diferentes (guiadas por componentes ideol&oacute;gicos) y no (solo) aquellas que les reportan m&aacute;s votos. Y los electores, cada vez m&aacute;s vol&aacute;tiles, someten con frecuencia el presunto c&aacute;rtel a tensi&oacute;n. Por m&aacute;s que el sistema electoral pueda ser restrictivo, que aparezcan nuevos partidos en diferentes lugares y niveles de gobierno es algo que se ha demostrado posible.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, aunque esta idea en su extremo sea poco razonable, s&iacute; que hay algunos rasgos de cartelizaci&oacute;n indeseables que se derivan de una tendencia a fortalecer (en exceso) el rol de los partidos. Por supuesto, esto fue fruto del contexto hist&oacute;rico de los a&ntilde;os setenta, pero parece que, como un p&eacute;ndulo, ha oscilado demasiado en una direcci&oacute;n, en particular en la de unos partidos ampliamente intrusivos. Es verdad que muchas de las caracter&iacute;sticas de nuestros partidos (como su baja militancia o su profesionalizaci&oacute;n) son consecuencia del momento hist&oacute;rico de las democracias representativas, con lo que son dif&iacute;cilmente reversibles. Hasta ser&iacute;a discutible si es deseable retornar a los modelos de organizaci&oacute;n del pasado.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, una particularidad que tienen nuestros partidos respecto a los de nuestro entorno es un liderazgo interno poco competitivo., lo cual merece un tratamiento especial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Politikon]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/partidos-espana-clandestinidad-cartel_1_4884156.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 May 2014 18:14:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los partidos en España. ¿De la clandestinidad al cártel?]]></media:title>
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