<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Estrella Montolio Duran]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/estrella_montolio_duran/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Estrella Montolio Duran]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/511833/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Espacios masculinos … y mini espacios femeninos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/dones-en-xarxa/igualdad-genero-feminismo_132_4215501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La atribución desigual del espacio público entre mujeres y hombres en contextos cotidianos, como el metro, y su significación simbólica</p></div><p class="article-text">
        Seguro que han observado en alguna ocasi&oacute;n el curioso cambio de itinerario que realizamos cuando caminamos por una calle o pasillo estrechos y encontramos en mitad dos personas conversando. No seguimos nuestro camino recto y atravesamos la conversaci&oacute;n, por as&iacute; decirlo, sino que vadeamos a quienes hablan como si esas dos personas hubieran creado un espacio privado que debe ser respetado. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este cambio de direcci&oacute;n para no cruzar por mitad de una conversaci&oacute;n se produce porque, cuando dos o m&aacute;s personas dialogan, construyen un espacio simb&oacute;lico que los dem&aacute;s advertimos y respetamos. De ah&iacute; que, si debido a la estrechez del pasillo, por ejemplo, nos vemos obligados a pasar entre ellas, pedimos disculpas, como &ldquo;Perd&oacute;n, paso por medio&rdquo;, o bien nos inclinamos ligeramente para minimizar la molestia de nuestra intromisi&oacute;n en esa zona personal que los interlocutores han construido, y que ha dejado provisionalmente de ser espacio p&uacute;blico para hacerse, en cierto modo, privado; pertenece de manera transitoria a quienes&nbsp; conversan.
    </p><p class="article-text">
        Las personas construimos espacios simb&oacute;licos cuando conversamos porque, de hecho, transportamos con nosotros espacios individuales, espacios personales&nbsp; que negociamos cuando nos comunicamos con los dem&aacute;s en los diferentes escenarios sociales. As&iacute;, por ejemplo, nos situamos m&aacute;s cerca de las personas que mejor conocemos y que nos gustan m&aacute;s; es decir, m&aacute;s o menos inconscientemente, reducimos el tama&ntilde;o de nuestra burbuja personal a medida que nos sentimos en confianza y a gusto. Y, en correspondencia, mantenemos mayor distancia en cent&iacute;metros con quienes acabamos de conocer o a quienes conocemos todav&iacute;a poco o con aquellos que nos relacionamos de manera formal o jer&aacute;rquica (esto es, demostramos nuestro respeto a un superior haci&eacute;ndole notar que su burbuja personal es grande, manteni&eacute;ndonos a cierta distancia). &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        N&oacute;tese, pues, que existe una correlaci&oacute;n entre el tipo de relaci&oacute;n y el tama&ntilde;o del espacio interpersonal: cuando la relaci&oacute;n es entre iguales (sim&eacute;trica), se observa mayor cercan&iacute;a espacial. Cuando la relaci&oacute;n es de poder, aumenta la distancia en cent&iacute;metros. <em>A mayor poder, m&aacute;s espacio personal</em>.
    </p><p class="article-text">
        La distancia adecuada que las personas mantenemos para dialogar no es universal: diferentes culturas tienen espacios relacionales diferentes. Es m&aacute;s que probable que ustedes hayan advertido &nbsp;que los ciudadanos n&oacute;rdicos, anglosajones y centroeuropeos, por lo general, tienden a mantener espacios interpersonales m&aacute;s amplios; esto es, conversan a mayor distancia que los hablantes mediterr&aacute;neos. Desde nuestra perspectiva, no sorprende que tendamos a calificarlos de <em>distantes.</em> Claro que, en justa correspondencia, desde su perspectiva, nosotros, mediterr&aacute;neos, podemos llegar a ser <em>agobiantes</em>.
    </p><p class="article-text">
        El diferente espacio personal que le asignamos al otro y que nos autoasignamos depende no s&oacute;lo de cuestiones relacionales y culturales, sino tambi&eacute;n del g&eacute;nero de los hablantes. Diversos estudios demuestran un fen&oacute;meno que, en realidad, es bien visible en casi cualquier interacci&oacute;n cotidiana: mujeres y hombres no tenemos burbujas personales de la misma dimensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Traducido: la cultura imperante nos asigna a las mujeres un espacio m&aacute;s reducido que a los hombres.
    </p><p class="article-text">
        Veamos algunos ejemplos cotidianos de esto.
    </p><p class="article-text">
        Observen a su alrededor en el metro, por ejemplo: &iquest;a cu&aacute;ntos hombres ven c&oacute;modamente sentados, con las piernas firmemente ancladas en el suelo&nbsp; y confortablemente separadas entre s&iacute;, ocupando holgadamente su espacio? &iquest;Y a cu&aacute;ntas mujeres ven en esa misma postura de apropiaci&oacute;n segura del espacio? A buen seguro, a muy pocas, porque todas hemos tenido que escuchar en repetidas ocasiones mientras fuimos ni&ntilde;as &ldquo;Est&aacute; muy feo que una chica se siente as&iacute;&rdquo;. No, no. Las chicas (las mujeres) han de sentarse recogiditas, las piernas bien juntitas; llegado el caso, una pierna sobre otra (ocupando menos espacio a&uacute;n), posici&oacute;n que resulta tal vez muy seductora,&nbsp; aunque tambi&eacute;n un poco inestable. De hecho, seamos o no conscientes de ello, con tales <em>pr&aacute;cticas de autoencogimiento</em>, las mujeres llevamos a cabo un ritual de minimizaci&oacute;n del espacio que ocupamos. Tambi&eacute;n de minimizaci&oacute;n del espacio simb&oacute;lico, claro; y eso es m&aacute;s grave.
    </p><p class="article-text">
        Si es una mujer quien me lee, le formulo una pregunta muy f&aacute;cil de responder: &iquest;en cu&aacute;ntas ocasiones ha tenido la desagradable impresi&oacute;n de que el var&oacute;n sentado a su lado estaba ocupando su asiento y, adem&aacute;s, tambi&eacute;n una buena parte del de usted? Es bastante probable que muchas veces. De hecho, esta es una de las quejas m&aacute;s frecuentes que expresan las mujeres profesionales en los seminarios de formaci&oacute;n, en cuanto surge el tema de la comunicaci&oacute;n no verbal: las mujeres est&aacute;n hartas de tener que lidiar en aviones y otros espacios cerrados con varones que dan por sentado que ellas son liliputienses mientras que ellos son&hellip; algo as&iacute; como Shrek!
    </p><p class="article-text">
        No vamos a discutir que, por lo general, las mujeres somos algo menos voluminosas que los varones. Lo que estamos poniendo sobre el tapete es que sea cual sea la altura y volumen de la mujer y del hombre que interact&uacute;an, en general, a ella &nbsp;se le atribuye un menor espacio personal. Otros muchos ejemplos de la vida diaria demuestran este diferente reparto del espacio, pero su descripci&oacute;n tendr&aacute; que ser en otra ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y cu&aacute;l es la conclusi&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Volvamos a&nbsp; la correlaci&oacute;n que vimos m&aacute;s arriba: a mayor poder, mayor espacio atribuido.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto&hellip; &iquest;qu&eacute; creen que significa cuando otros nos atribuyen, no su mismo espacio, sino un peque&ntilde;o <strong>mini espacio</strong>?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Estrella Montolio Duran]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/dones-en-xarxa/igualdad-genero-feminismo_132_4215501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Jan 2016 13:23:37 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Espacios masculinos … y mini espacios femeninos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Espais masculins ... i mini espais femenins]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/dones-en-xarxa/igualtat-genere-feminisme_132_4215507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">L’atribució desigual de l’espai públic entre dones i homes en contextos quotidians, com el metro, i la seva significació simbòlica.</p></div><p class="article-text">
        Segur que han observat en alguna ocasi&oacute; el curi&oacute;s canvi d'itinerari que realitzem quan caminem per un carrer o passad&iacute;s estrets i trobem al mig dues persones conversant. No seguim el nostre cam&iacute; recte i travessem la conversa, per aix&iacute; dir-ho, sin&oacute; que circumdem els que parlen com si aquestes dues persones haguessin creat un espai privat que ha de ser respectat.
    </p><p class="article-text">
        Aquest canvi de direcci&oacute; per no creuar per meitat d'una conversa es produeix perqu&egrave;, quan dos o m&eacute;s persones dialoguen, construeixen un espai simb&ograve;lic que els altres advertim i respectem. Per aquest motiu, si a causa de l'estretor del passad&iacute;s, per exemple, ens veiem obligats a passar entre elles, demanem disculpes, com &ldquo;Perd&oacute;, passo pel mig&rdquo;, o b&eacute; ens ajupim lleugerament per minimitzar la mol&egrave;stia de la nostra intromissi&oacute; en aquesta zona personal que els interlocutors han constru&iuml;t, i que ha deixat provisionalment de ser espai p&uacute;blic per fer-se, en certa manera, privat; pertany de manera transit&ograve;ria als qui conversen.
    </p><p class="article-text">
        Les persones constru&iuml;m espais simb&ograve;lics quan conversem perqu&egrave;, de fet, transportem amb nosaltres espais individuals, espais personals que negociem quan ens comuniquem amb els altres en els diferents escenaris socials.&nbsp; Aix&iacute;, per exemple, ens situem m&eacute;s a prop de les persones que coneixem m&eacute;s b&eacute; i que ens agraden m&eacute;s; &eacute;s a dir, &nbsp;de manera m&eacute;s o menys inconscient, redu&iuml;m la mida de la nostra bombolla personal a mesura que ens sentim en confian&ccedil;a i a gust. I, en correspond&egrave;ncia, mantenim major dist&agrave;ncia en cent&iacute;metres amb els que acabem de con&egrave;ixer o amb els que coneixem encara poc o amb aquells amb qui ens relacionem de manera formal o jer&agrave;rquica (aix&ograve; es, demostrem el nostre respecte a un superior fent-li notar que la seva bombolla personal &eacute;s gran, mantenint-nos a certa dist&agrave;ncia).
    </p><p class="article-text">
        Cal notar, doncs, que hi ha una correlaci&oacute; entre el tipus de relaci&oacute; i la grand&agrave;ria de l'espai interpersonal: quan la relaci&oacute; &eacute;s entre iguals (sim&egrave;trica), s'observa major proximitat espacial. Quan la relaci&oacute; &eacute;s de poder, augmenta la dist&agrave;ncia en cent&iacute;metres. <em>A m&eacute;s poder, m&eacute;s espai personal</em>.
    </p><p class="article-text">
        La dist&agrave;ncia adequada que les persones mantenim per dialogar no &eacute;s universal: diferents cultures tenen espais relacionals diferents. &Eacute;s m&eacute;s que probable que vost&egrave;s hagin advertit que els ciutadans n&ograve;rdics, anglosaxons i centreeuropeus, en general, tendeixen a mantenir espais interpersonals m&eacute;s amplis; &eacute;s a dir, conversen a major dist&agrave;ncia que els parlants mediterranis. Des de la nostra perspectiva, no sorpr&egrave;n que tendim a qualificar-los de <em>distants</em>. &Eacute;s clar que, en justa correspond&egrave;ncia, des de la seva perspectiva, nosaltres, mediterranis, podem arribar a ser <em>aclaparadors</em>.
    </p><p class="article-text">
        El diferent espai personal que li assignem a l'altre i que ens autoasignem dep&egrave;n no nom&eacute;s de q&uuml;estions relacionals i culturals, sin&oacute; tamb&eacute; del g&egrave;nere dels parlants. Diversos estudis demostren un fenomen que, en realitat, &eacute;s ben visible en gaireb&eacute; qualsevol interacci&oacute; quotidiana: dones i homes no tenim bombolles personals de la mateixa dimensi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tradu&iuml;t: la cultura imperant ens assigna a les dones un espai m&eacute;s redu&iuml;t que als homes.
    </p><p class="article-text">
        Vegem alguns exemples quotidians d'aix&ograve;.
    </p><p class="article-text">
        Observin al seu voltant al metro, per exemple: a quants homes veuen c&ograve;modament asseguts, amb les cames fermament ancorades a terra i confortablement separades entre si, ocupant folgadament el seu espai? I a quantes dones veuen en aquesta mateixa postura d'apropiaci&oacute; segura de l'espai? De ben segur, a molt poques, perqu&egrave; totes hem hagut d'escoltar en repetides ocasions mentre vam ser nenes &ldquo;Est&agrave; molt lleig que una noia s&rsquo;assegui d&rsquo;aquesta manera&rdquo;. No, no. Les noies (les dones) han de seure recollidetes, les cames ben juntetes; arribat el cas, una cama sobre l'altra (ocupant menys espai encara), posici&oacute; que potser resulta molt seductora, encara que tamb&eacute; una mica inestable. De fet, siguem o no conscients, amb aquestes pr&agrave;ctiques de <em>auto encongiment</em>, les dones portem a terme un ritual de minimitzaci&oacute; de l'espai que ocupem. Tamb&eacute; de minimitzaci&oacute; de l'espai simb&ograve;lic, &eacute;s clar; i aix&ograve; &eacute;s m&eacute;s greu.
    </p><p class="article-text">
        Si vost&egrave; &eacute;s una dona, li formulo una pregunta molt f&agrave;cil de respondre: en quantes ocasions ha tingut la desagradable impressi&oacute; que l'home assegut al seu costat estava ocupant el seu seient i, a m&eacute;s, tamb&eacute; una bona part del de vost&egrave;? &Eacute;s for&ccedil;a probable que moltes vegades. De fet, aquesta &eacute;s una de les queixes m&eacute;s freq&uuml;ents que expressen les dones professionals en els seminaris de formaci&oacute; quant sorgeix el tema de la comunicaci&oacute; no verbal: les dones estan fartes d'haver de lidiar en avions i altres espais tancats amb homes que donen per fet que elles s&oacute;n lil&middot;liputenques mentre que ells s&oacute;n ... alguna cosa aix&iacute; com Shrek!
    </p><p class="article-text">
        No discutirem que, en general, les dones som una mica menys voluminoses que els homes. El que estem posant sobre la taula &eacute;s que, sigui quina sigui l'al&ccedil;ada i volum de la dona i de l'home que interactuen, en general, a ella se li atribueix un menor espai personal. Molts altres exemples de la vida di&agrave;ria demostren aquest diferent repartiment de l'espai, per&ograve; la seva descripci&oacute; haur&agrave; de ser en una altra ocasi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        I quina &eacute;s la conclusi&oacute;?
    </p><p class="article-text">
        Tornem a la correlaci&oacute; que hem vist m&eacute;s amunt: quant m&eacute;s poder, m&eacute;s espai atribu&iuml;t.
    </p><p class="article-text">
        Per tant ... qu&egrave; creuen que significa quan altres ens atribueixen, no pas el seu mateix espai, sin&oacute; un petit <strong>mini espai</strong>?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Estrella Montolio Duran]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/dones-en-xarxa/igualtat-genere-feminisme_132_4215507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Jan 2016 13:17:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Espais masculins ... i mini espais femenins]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Levanta la mano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/dones-en-xarxa/levanta-mano_132_4547132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué Sandberg recomienda una acción comunicativa tan aparentemente banal y, sin embargo, tan arriesgada a los ojos de tantas mujeres como levantar la mano en público?</p></div><p class="article-text">
        Sheryl Sandberg, la talentosa n&uacute;mero dos de Facebook, ha emprendido<strong> una inteligente campa&ntilde;a para potenciar el liderazgo femenino</strong>. Tanto en su muy visitada intervenci&oacute;n en Ted Talks &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; tenemos tan pocas dirigentes mujeres?&rdquo; &ndash;casi 4.700.000 de visitas por el momento--, en su libro Lean In (&lsquo;Vayamos adelante&rsquo;), como igualmente en su reciente campa&ntilde;a online Ban Bossy (&lsquo;Prohibido (decir) mandona&rsquo;), Sandberg recomienda a las ni&ntilde;as, a las j&oacute;venes y a las mujeres adultas: Levanta la mano. 
    </p><p class="article-text">
        Levanta la mano cuando sepas la respuesta a una pregunta acad&eacute;mica, cuando se est&eacute;n pidiendo candidatos para un proyecto, cuando creas tener una soluci&oacute;n para un problema organizativo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; de f&aacute;cil, as&iacute; de simpl&oacute;n, podr&iacute;a pensarse. Antes al contrario, es probable que si quien me lee es una mujer, se diga a s&iacute; misma: &ldquo;Uf. As&iacute; de dif&iacute;cil&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; Sandberg recomienda una acci&oacute;n comunicativa tan aparentemente banal y, sin embargo, tan arriesgada a los ojos de tantas mujeres como levantar la mano en p&uacute;blico? 
    </p><p class="article-text">
        Pues porque, como ella ha comprobado en carne propia, como ha podido observar en su dilatada carrera como alt&iacute;sima directiva de gesti&oacute;n y como refrendan los estudios especializados, las mujeres hemos sido educadas y nos hemos aplicado en autoeducarnos para no resultar demasiado prominentes. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, una ni&ntilde;a o una mujer que levanta la mano se significa, se hace visible, se propone a s&iacute; misma, se sale de su esperable papel de discreto segundo plano. Y tal como demuestran las investigaciones &ndash;y la experiencia--, en tales casos, el entorno la castiga muy pronto. Resultado: entre los 9 y los 12 a&ntilde;os, las ni&ntilde;as aprenden que ser&aacute;n m&aacute;s populares (m&aacute;s queridas) si renuncian a erigirse en el centro del grupo, si su voz no destaca en p&uacute;blico en exceso.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; ocurre cuando las mujeres adultas trasladan al &aacute;mbito profesional estas t&aacute;cticas de auto ocultaci&oacute;n? Pues que, con todas las diferencias individuales que sin duda existen, una gran parte de ellas tienden a&hellip; adivinen: a seguir ocultando la mano, aun cuando saben la respuesta correcta o son la mejor conocedora de un tema concreto. 
    </p><p class="article-text">
        Les expongo a continuaci&oacute;n uno de los reflejos ling&uuml;&iacute;sticos que demuestra de manera palmaria lo que estamos planteando. 
    </p><p class="article-text">
        En mi experiencia como asesora en comunicaci&oacute;n para profesionales y directivos, con frecuencia, las mujeres directivas apenas flexionan los verbos en primera persona del singular (esto es, yo), sino que utilizan estrategias de tercera persona como &ldquo;la empresa ha conseguido&rdquo; o &ldquo;el grupo ha dise&ntilde;ado&rdquo;. O bien utilizan una forma de &ldquo;nosotros&rdquo; (&ldquo;hemos logrado&rdquo;, &ldquo;hemos auditado&rdquo;), un nosotros muy emp&aacute;tico, qu&eacute; duda cabe, y tambi&eacute;n solidario con el equipo, ya que incluye a un colectivo m&aacute;s amplio que la directiva individual. Sin embargo, se trata de &ldquo;nosotros&rdquo; que a menudo tambi&eacute;n encubre un logro personal de la mujer profesional. Y, as&iacute;, despu&eacute;s de una presentaci&oacute;n en p&uacute;blico en la que desde el auditorio hemos escuchado &ldquo;Se ha pilotado la salida bolsa del grupo&rdquo; o &ldquo;Hemos dise&ntilde;ado la estrategia de mercado&rdquo;, cuando alguien entre el p&uacute;blico pregunta &ldquo;&iquest;Pero qui&eacute;n exactamente ha liderado esos proyectos?&rdquo;, solo al final la directiva admite: &ldquo;Bueno&hellip; yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es qu&eacute; tal es tal vez es negativo que los profesionales, ellas o ellos, utilicen estrategias de modestia como las anteriores? &iquest;Es acaso incorrecto que diluyan su responsabilidad personal en el &eacute;xito y que, en cambio, lo presenten como resultado del equipo? No. En absoluto. Eso s&iacute;: siempre que ellos y ellas manejen las mismas estrategias. Cuando no ocurre as&iacute;, entonces, a menudo, <strong>las mujeres profesionales utilizan sin saberlo reglas de desventaja</strong>: ellas difuminan sus logros de manera casi ritual, mientras que sus compa&ntilde;eros varones, por lo general, no tienen empacho en expresarlo p&uacute;blicamente cuando creen haber hecho algo bien.
    </p><p class="article-text">
        En suma, seamos emp&aacute;ticas, tengamos esp&iacute;ritu de equipo, pero&hellip; nos conviene aprender a levantar la mano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Estrella Montolio Duran]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/dones-en-xarxa/levanta-mano_132_4547132.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Oct 2014 12:09:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Levanta la mano]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manaire]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/dones-en-xarxa/manaire_132_4835568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Fa uns dies lleg&iacute;em en els mitjans de comunicaci&oacute; que l'esposa de Pep Guardiola havia adquirit a Alemanya fama de dona &ldquo;manaire&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
         En aquests mateixos dies, comen&ccedil;ava a propagar-se per la xarxa una campanya, dissenyada i elaborada de manera molt intel&middot;ligent, i liderada per Sheryl Sandberg, la brillant n&uacute;mero dos de Facebook. Endevinin quin &eacute;s l'esl&ograve;gan d'aquesta campanya: Ban Bossy, &eacute;s a dir, &ldquo;prohibit (dir) manaire&rdquo;. La campanya apunta alt; compta amb col&middot;laboradores tan populars i dispars com Condolezza Rice o Beyonc&eacute;. Aquesta &uacute;ltima aporta un lema que no t&eacute; desperdici: &ldquo;Jo no s&oacute;c manaire. S&oacute;c la cap &rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En realitat, la coincid&egrave;ncia entre ambdues not&iacute;cies no &eacute;s una casualitat.
    </p><p class="article-text">
         Per desgr&agrave;cia, l'apel&middot;latiu manaire s'aplica amb excessiva facilitat quant una dona mostra una actitud assertiva, ferma, convincent o, simplement, manifesta una opini&oacute; pr&ograve;pia de manera clara.
    </p><p class="article-text">
        Manaire ha estat el qualificatiu amb qu&egrave; tradicionalment s'ha emmordassat a qualsevol dona que ha sortit m&iacute;nimament del seu paper esperat de &ldquo;discret segon terme&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De ben segur, moltes de les dones que llegeixin aquest article se sentiran reconegudes en el fet d'haver rebut aquest ep&iacute;tet. O - el que &eacute;s el mateix-tamb&eacute; en haver elaborat estrat&egrave;gies deliberades de comportament &ldquo;correctes&rdquo; per tal de no c&oacute;rrer el risc de rebre.
    </p><p class="article-text">
        Val la pena tractar en una altra ocasi&oacute; sobre quines s&oacute;n les pr&agrave;ctiques que, de manera m&eacute;s o menys (in) conscient, moltes joves aprenen a desenvolupar en &egrave;poca molt primerenca per intentar evitar ser titllades de manaires, estrat&egrave;gies de autoocultaci&oacute;  i ren&uacute;ncia a l'&egrave;xit que, quan s'apliquen en els &agrave;mbits professionals, esdevenen extraordin&agrave;riament limitants, com molt b&eacute; mostra la campanya de Sheryl Sandberg.
    </p><p class="article-text">
        Avui, en canvi, m'interessa destacar la import&agrave;ncia que revesteixen les paraules a l'hora de conceptualitzar el m&oacute;n, a les persones i els seus comportaments &ldquo;deguts&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
         Veiem: qu&egrave; qualificatiu s'aplica a un nen o un jove o un home que aixeca la m&agrave; quan creu saber la resposta a la pregunta que s'ha plantejat? Decidit, atent, resolt. I quan l'aixeca perqu&egrave;, per exemple, s'han demanat voluntaris (a la classe o a l'empresa)? Actiu, valent, comprom&egrave;s. I quan aquest home proposa un possible repartiment de tasques per a un treball escolar o de l'organitzaci&oacute;? Resolutiu, col&middot;laboratiu, solvent.
    </p><p class="article-text">
        Quin &eacute;s, en canvi, l'apel&middot;latiu que una nena o una dona en la mateixa situaci&oacute; rep amb molta, amb dolorosa freq&uuml;&egrave;ncia? Manaire.
    </p><p class="article-text">
        Els proposo que recollim les seg&uuml;ents paraules per tenir-m&eacute;s a prop, m&eacute;s accessibles, quan haguem de valorar una dona en circumst&agrave;ncies semblants a les descrites m&eacute;s amunt: decidida, atenta, resolta, activa, valenta, compromesa, resolutiva, col&middot;laborativa, solvent.
    </p><p class="article-text">
        Perqu&egrave;, com endevinen, substituir una paraula (manaire) per alguna altra de la llista alternativa no &eacute;s un joc ling&uuml;&iacute;stic banal, sin&oacute; que t&eacute; repercussions profundes en com percebem la persona qualificada, en com valorem el seu treball, com ens dirigim a ella, quanta credibilitat li atorguem, quines expectatives dipositem en el seu futur. I, per tant, aix&ograve; ens afecta en la nostra responsabilitat de pares i mares, d'educadors, de l&iacute;ders d'equips, de persones.
    </p><p class="article-text">
        Utilitzant adjectius com els que proposem aqu&iacute;, no nom&eacute;s serem m&eacute;s justos amb les dones i les nenes que es troben en aquestes tessitures, sin&oacute; que tamb&eacute; podrem prestar aquestes paraules amablement a qui prop nostre se senti temptat a dir: manaire.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Estrella Montolio Duran]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/dones-en-xarxa/manaire_132_4835568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jun 2014 10:28:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Manaire]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Pep Guardiola]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mandona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/dones-en-xarxa/mandona_132_4835575.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as le&iacute;amos en los medios de comunicaci&oacute;n que la esposa de Pep Guardiola hab&iacute;a adquirido en Alemania fama de mujer &ldquo;mandona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esos mismos d&iacute;as, empezaba a propagarse por la red una campa&ntilde;a, dise&ntilde;ada y elaborada de manera muy inteligente, y liderada por Sheryl Sandberg, la brillante n&uacute;mero dos de <em>Facebook. </em>Adivinen<em> </em> cu&aacute;l es el esl&oacute;gan de esa campa&ntilde;a: <em>Ban Bossy</em>, es decir, &ldquo;prohibido (decir) mandona&rdquo;. La campa&ntilde;a apunta alto; cuenta con colaboradoras tan populares y dispares como Condolezza Rice o Beyonc&eacute;. Esta &uacute;ltima aporta un lema que no tiene desperdicio: &ldquo;Yo no soy mandona. Soy la jefa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, la coincidencia entre ambas noticias no es una casualidad.
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia, el apelativo <em>mandona</em> se aplica con excesiva facilidad en cuanto una mujer muestra una actitud asertiva, firme, convincente o, simplemente, manifiesta una opini&oacute;n propia de manera clara.
    </p><p class="article-text">
        <em>Mandona</em> ha sido el calificativo con el que tradicionalmente se ha amordazado a cualquier mujer que se ha salido m&iacute;nimamente de su papel esperado de &ldquo;discreto segundo t&eacute;rmino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A buen seguro, muchas de las mujeres que lean este art&iacute;culo se sentir&aacute;n reconocidas en el hecho de haber recibido este ep&iacute;teto. O --lo que es lo mismo&mdash; tambi&eacute;n en haber elaborado estrategias deliberadas de comportamiento &ldquo;correctos&rdquo; a fin de no correr el riesgo de recibirlo.
    </p><p class="article-text">
        Vale la pena tratar en otra ocasi&oacute;n sobre cu&aacute;les son las pr&aacute;cticas que, de manera m&aacute;s o menos (in)consciente, muchas j&oacute;venes aprenden a desarrollar en &eacute;poca muy temprana para intentar evitar ser tildadas de <em>mandonas</em>, estrategias de autoocultaci&oacute;n y renuncia al &eacute;xito que, cuando aplican en los &aacute;mbitos profesionales, devienen extraordinariamente limitantes, como muy bien muestra la campa&ntilde;a de Sheryl Sandberg.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en cambio, me interesa destacar la importancia que revisten las palabras a la hora de conceptualizar el mundo, a las personas y a sus comportamientos &ldquo;debidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Veamos: &iquest;qu&eacute; calificativo se aplica a un ni&ntilde;o o a un joven o a un hombre que levanta la mano cuando cree saber la respuesta a la pregunta que se ha planteado? <em>Decidido, atento, resuelto</em>. &iquest;Y cu&aacute;ndo la levanta porque, por ejemplo, se han pedido voluntarios (en la clase o en la empresa)? <em>Activo, valiente, comprometido</em>. &iquest;Y cuando ese var&oacute;n  propone un posible reparto de tareas para un trabajo escolar o de la organizaci&oacute;n? <em>Resolutivo, colaborativo, solvente.</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es, en cambio, el apelativo que una ni&ntilde;a o una mujer en la misma situaci&oacute;n recibe con mucha, con dolorosa frecuencia? <em>Mandona</em>.
    </p><p class="article-text">
        Les propongo que recojamos las siguientes palabras para tenerlas m&aacute;s cerca, m&aacute;s accesibles, cuando tengamos que valorar a una mujer en circunstancias semejantes a las descritas m&aacute;s arriba:  <em>decidida, atenta, resuelta, activa, valiente, comprometida, resolutiva, colaborativa, solvente.</em>
    </p><p class="article-text">
        Porque, como adivinan, sustituir una palabra (<em>mandona</em>) por alguna otra de la lista alternativa no es un juego ling&uuml;&iacute;stico banal, sino que tiene repercusiones profundas en c&oacute;mo percibimos a la persona calificada, en c&oacute;mo valoramos su trabajo, c&oacute;mo nos dirigimos a ella, cu&aacute;nta credibilidad le otorgamos, qu&eacute; expectativas depositamos en su futuro. Y, por tanto, ello nos afecta en nuestra responsabilidad de padres y madres, de educadores, de l&iacute;deres de equipos, de personas.
    </p><p class="article-text">
        Utilizando adjetivos como los que proponemos aqu&iacute;, no s&oacute;lo seremos m&aacute;s justos con las mujeres y las ni&ntilde;as que se encuentran en esas tesituras, sino que tambi&eacute;n podremos prestar estas palabras amablemente a quien cerca de nosotros se sienta tentado a decir: <em>mandona</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Estrella Montolio Duran]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/dones-en-xarxa/mandona_132_4835575.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Jun 2014 10:27:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Mandona]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
