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    <title><![CDATA[elDiario.es - Jacobo Muñoz Comet]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jacobo_munoz_comet/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Jacobo Muñoz Comet]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Abandono educativo, origen social y crisis económica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/abandono-educativo-origen-crisis-economica_132_2402430.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9de775f-6d7a-4524-b69a-f7c140f9fb03_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abandono educativo, origen social y crisis económica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El origen social importa mucho en la decisión de renunciar a ese importante seguro de desempleo que son los estudios</p><p class="subtitle">La crisis ha atenuado el peso de las diferencias de origen a la hora de seguir estudiando, pero estas pueden reaparecer cuando crezcan las oportunidades de empleo poco cualificado</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Seguir estudiando o empezar a trabajar? Esta pregunta se la puede plantear por primera vez cualquier joven de 16 a&ntilde;os, edad a partir de la cual la educaci&oacute;n deja de ser obligatoria en Espa&ntilde;a. Aunque la mayor&iacute;a de los que se encuentran en esta situaci&oacute;n opta por seguir en el sistema educativo, en torno a uno de cada diez decide dejar de estudiar para, en teor&iacute;a, probar suerte en la b&uacute;squeda de empleo. Esta cifra, sin embargo, var&iacute;a dependiendo del periodo. La oportunidad de ganar dinero en los a&ntilde;os de la burbuja inmobiliaria fue un aliciente para acceder al mercado de trabajo en el momento en que uno cumpl&iacute;a la edad m&iacute;nima para hacerlo. Sin embargo desde 2008, y sobre todo con la paralizaci&oacute;n del sector de la construcci&oacute;n, la tasa de abandono se ha atenuado.
    </p><p class="article-text">
        Una de las ventajas que proporciona la educaci&oacute;n es el grado de protecci&oacute;n contra el desempleo. La actual crisis econ&oacute;mica ha afectado al conjunto de la poblaci&oacute;n, pero el impacto ha sido muy distinto entre los distintos grupos educativos. La p&eacute;rdida de empleo entre aquellos que poseen estudios universitarios ha sido notablemente m&aacute;s baja. Este patr&oacute;n, lejos de ser excepcional, se ha venido repitiendo en anteriores fases recesivas, en las que el nivel de ocupaci&oacute;n ha ca&iacute;do de forma escalonada entre colectivos de trabajadores en funci&oacute;n de su cualificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con estos antecedentes parece prudente apostar por alargar la vida en el sistema educativo como estrategia individual a la hora de capear las crisis econ&oacute;micas que se vienen sucediendo de forma c&iacute;clica en nuestro pa&iacute;s. La importancia del origen familiar sobre las oportunidades vitales contin&uacute;a siendo clave tal y como se explicaba en una entrada reciente de este blog. Por tanto, aqu&iacute; nos preguntamos qui&eacute;nes son aquellos que abandonan el sistema educativo cuando por primera vez pueden hacerlo. Y, en concreto, en qu&eacute; medida la pauta de abandono est&aacute; condicionada por el origen social de esos j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        Al comenzar un nuevo curso acad&eacute;mico, aquellos que en ese a&ntilde;o natural cumplen 16 a&ntilde;os tienen diferentes opciones. Para los que han superado la educaci&oacute;n obligatoria, la continuaci&oacute;n en el sistema educativo puede producirse en bachillerato o en alg&uacute;n curso de grado medio (lo que conocemos como formaci&oacute;n profesional). Para los que han repetido alg&uacute;n curso acad&eacute;mico, las opciones se reducen a una, continuar en la ESO. Este &uacute;ltimo grupo, lejos de ser peque&ntilde;o, representa un porcentaje considerable. En 2012 un 34% de los j&oacute;venes espa&ntilde;oles de 15 a&ntilde;os que realizaron la prueba PISA hab&iacute;an repetido al menos una vez, una de las tasas m&aacute;s altas de todos los pa&iacute;ses de la OCDE, cuya media se sit&uacute;a en el 16%. Tanto para los que han completado la ESO como para los repetidores, la alternativa a las anteriores opciones es dejar de estudiar y buscar trabajo en el mercado laboral.
    </p><p class="article-text">
        Para conocer en qu&eacute; grado el origen social influye en la decisi&oacute;n de abandonar los estudios se han seleccionado los primeros trimestres de la Encuesta de Poblaci&oacute;n Activa (EPA) entre 2008 y 2013. Los individuos que componen la muestra son aquellos que tienen 16 o 17 a&ntilde;os y que se encuentran justo en el a&ntilde;o posterior al que cumplieron la edad a partir de la cual no est&aacute;n obligados a estudiar. En el primer trimestre de ese a&ntilde;o pueden por tanto estar cursando alg&uacute;n estudio reglado (ESO para los repetidores, bachillerato o grado medio para los que superaron la educaci&oacute;n obligatoria) o haber abandonado el sistema educativo. El porcentaje de j&oacute;venes que se encuentra en esta &uacute;ltima situaci&oacute;n es un 8,3%.
    </p><p class="article-text">
        Para conocer la influencia del origen social se ha escogido como aproximaci&oacute;n el capital cultural del hogar. Teniendo en cuenta el nivel educativo m&aacute;s alto de uno de los progenitores se han creado cuatro categor&iacute;as: i) origen social alto (educaci&oacute;n universitaria), ii) medio-alto (secundaria superior), iii) medio-bajo (secundaria b&aacute;sica) y iv) bajo (primaria o menos). Para tratar de captar el efecto neto, en los an&aacute;lisis se ha tenido en cuenta otros factores que pueden ser relevantes a la hora de decidir dejar de estudiar, como son el sexo, la nacionalidad, el origen &eacute;tnico de los padres, la situaci&oacute;n laboral en el hogar, si es una familia monoparental y si hay menores en el hogar.
    </p><p class="article-text">
        Cuando tenemos en cuenta s&oacute;lo a los que han finalizado la educaci&oacute;n obligatoria en el tiempo previsto, vemos que el riesgo de dejar de estudiar es superior para los j&oacute;venes que proceden de un origen familiar m&aacute;s desfavorecido (Cuadro 1). La probabilidad de abandonar el sistema educativo es un 6% mayor para los de origen social bajo en comparaci&oacute;n con los de origen social alto. El mismo an&aacute;lisis se ha calculado para los que son repetidores y que por tanto no han finalizado la educaci&oacute;n obligatoria a su debido tiempo. En este grupo la incidencia del abandono es m&aacute;s alta: de entre todos los j&oacute;venes que deciden dejar de estudiar, el 79% lo hace sin haber superado la educaci&oacute;n obligatoria. Es decir, accede al mercado de trabajo sin poseer el t&iacute;tulo de la ESO. Al igual que ve&iacute;amos anteriormente, en el colectivo de repetidores tambi&eacute;n encontramos que el riesgo es mayor para los que proceden de un entorno familiar con un menor capital cultural, pero la distancia en este caso es mucho m&aacute;s grande: 20,3% para los de origen social bajo y 10,2% para los de medio-bajo.
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                </figure><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que existe una brecha social por la que los que proceden de un origen con menos recursos culturales tienen una menor probabilidad de continuar estudiando. &iquest;En qu&eacute; medida el cambio del contexto econ&oacute;mico ha podido afectar a este tipo de desigualdad? Antes de la crisis y tomando en cuenta el periodo comprendido entre 2001 y 2007, la tasa de abandono a los 16 a&ntilde;os era un 13,6%, unos cinco puntos porcentuales m&aacute;s alto que desde 2008. En el Gr&aacute;fico 1 observamos de nuevo la probabilidad de dejar de estudiar, esta vez con s&oacute;lo dos categor&iacute;as derivadas de la reagrupaci&oacute;n: i) origen social bajo y medio-bajo; ii) origen social alto y medio-alto. Si bien contin&uacute;a existiendo una mayor desventaja para los que proceden de un origen menos favorecido, desde el inicio de la crisis econ&oacute;mica la brecha se ha ido reduciendo.
    </p><p class="article-text">
        De los anteriores resultados se desprenden al menos dos conclusiones. La primera, que el origen social desempe&ntilde;a un papel esencial en decisiones fundamentales como la de continuar o no estudiando al cumplir los 16 a&ntilde;os. El efecto es especialmente grande entre aquellos j&oacute;venes que en alg&uacute;n momento de su vida educativa han repetido curso, grupo en el que, precisamente, son mayor&iacute;a los que proceden de un origen social bajo. En un libro publicado recientemente por los investigadores H&eacute;ctor Cebolla, Jonas Radl y Leire Salazar se analiza minuciosamente c&oacute;mo el origen familiar juega un papel decisivo en las competencias, logros, expectativas y oportunidades educativas de las personas. A partir de sus resultados, los autores afirman que es hasta los tres a&ntilde;os de edad cuando la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n tiene una mayor capacidad redistributiva. En otras palabras, la manera m&aacute;s eficiente de mitigar las desventajas de partida es actuando en las edades m&aacute;s tempranas.
    </p><p class="article-text">
        La segunda conclusi&oacute;n es que la recesi&oacute;n ha tenido un efecto igualador, al menos en lo que respecta a esta etapa concreta de la vida educativa. En general la opci&oacute;n de abandono se reduce a partir de 2008, pero en mayor medida entre aquellos que proceden de un origen social m&aacute;s bajo. Posiblemente las pocas oportunidades de empleo desde el inicio de la crisis hayan sido un acicate para permanecer en el sistema educativo a la espera de tiempos mejores. Una de las preguntas que surge es c&oacute;mo evolucionar&aacute; la brecha detectada cuando la crisis econ&oacute;mica se haya superado finalmente. El problema del paro es mucho mayor para quienes poseen niveles educativos bajos, pero la memoria es corta, sobre todo cuando se vuelve posible conseguir salarios elevados en los nichos de trabajo poco cualificado, aunque se trate de una realidad pasajera.
    </p><p class="article-text">
        ----
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nota al gr&aacute;fico</strong>. Efecto marginal del a&ntilde;o sobre la probabilidad de dejar de estudiar seg&uacute;n el origen social, despu&eacute;s de una regresi&oacute;n log&iacute;stica (primeros trimestres de la EPA, 2001-2013). Controlado por sexo, nacionalidad, si ha repetido curso, origen &eacute;tnico de los padres, situaci&oacute;n laboral de los padres, presencia de menores en el hogar y si es un hogar monoparental.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nota adicional</strong>. Un 2,0% de j&oacute;venes de 16/17 a&ntilde;os no han sido incluidos en la muestra porque no viven con sus padres y por lo tanto no se puede conocer su origen social.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jacobo Muñoz Comet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/abandono-educativo-origen-crisis-economica_132_2402430.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Nov 2015 20:14:09 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El acceso por la puerta trasera del mercado laboral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/acceso-puerta-trasera-mercado-laboral_132_4290671.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Como muestra la experiencia de los inmigrantes en la última década, las opciones de promocionar desde las posiciones más bajas a las superiores en un mercado laboral segmentado como el español son escasas.</p><p class="subtitle">La crisis ha podido forzar a muchos jóvenes a replicar una entrada al mercado laboral parecida a la de los inmigrantes, por lo que es posible que su transición del sistema educativo al mercado de trabajo les penalice lo largo de sus carreras laborales.</p></div><p class="article-text">
        El modo en el que se accede por primera vez al mercado de trabajo influye en la trayectoria laboral posterior de las personas. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en lo sucedido entre la poblaci&oacute;n inmigrante en Espa&ntilde;a. Durante los a&ntilde;os previos a la crisis econ&oacute;mica, el boom inmobiliario permiti&oacute; la creaci&oacute;n de muchos puestos de trabajo de baja cualificaci&oacute;n. La intensa entrada de inmigrantes sirvi&oacute; para cubrir buena parte de esos empleos que con s&oacute;lo la fuerza de trabajo aut&oacute;ctona no era posible abastecer.
    </p><p class="article-text">
        De esta manera, la mayor&iacute;a de reci&eacute;n llegados logr&oacute; r&aacute;pidamente el acceso a recursos econ&oacute;micos, aunque esto lo consiguiera a trav&eacute;s de puestos de trabajo precarios y para algunos inmigrantes incluso poco cualificados para la formaci&oacute;n que tra&iacute;an consigo. De acuerdo con datos de la Encuesta de Poblaci&oacute;n Activa (EPA), en 2006 alrededor de la mitad de los inmigrantes de fuera de la UE15 con estudios universitarios trabajaba en los grupos de ocupaciones menos cualificadas.
    </p><p class="article-text">
        Lo que en un principio pudo servir como ayuda para una r&aacute;pida integraci&oacute;n laboral, a largo plazo les ha penalizado. En un mercado tan segmentado como el espa&ntilde;ol, en el que hay una fuerte brecha entre <em>insiders</em> y <em>outsiders</em>, las opciones de promocionar de las posiciones m&aacute;s bajas a las superiores son escasas, incluso para quienes deciden invertir en nuevo capital humano.
    </p><p class="article-text">
        Tanto antes de la crisis como a partir de 2008, entre las personas que lograban abandonar el desempleo, la probabilidad de hacerlo ocupando las peores posiciones del mercado laboral era mucho mayor para aquellos que por &uacute;ltima vez ya hab&iacute;an trabajado en esos mismos puestos. Este resultado lo hallamos tras realizar diversos an&aacute;lisis con el fichero de flujos de la EPA, el cual permite conocer la trayectoria de un mismo individuo en cada trimestre que participa en la encuesta. Con la intenci&oacute;n de medir la influencia que tiene la experiencia profesional m&aacute;s reciente para las personas que se encuentran desocupadas y que logran volver a trabajar, se ha utilizado una clasificaci&oacute;n de ocupaciones propuesta por Luis Garrido (2008), catedr&aacute;tico de Estructura Social de la UNED.
    </p><p class="article-text">
        El principal criterio que utiliza para la ordenaci&oacute;n de ocupaciones es el nivel educativo de las personas que est&aacute;n trabajando. La idea que subyace es que los individuos tratan de sacar el m&aacute;ximo rendimiento posible a sus estudios a lo largo de su vida laboral. Pasados unos a&ntilde;os en el mercado de trabajo, cada persona ocupa la mejor posici&oacute;n posible dado el nivel de educaci&oacute;n que acumula.
    </p><p class="article-text">
        El resultado de esta ordenaci&oacute;n, llevada a cabo s&oacute;lo por una muestra de personas ocupadas y consolidadas laboralmente, es una clasificaci&oacute;n de 16 grupos de ocupaciones (Cuadro A1). El de menor nivel, por ejemplo, agrupa a los peones que trabajan al aire libre en la construcci&oacute;n y en el campo. Por el contrario, los directivos del sector p&uacute;blico y del privado se encuentran en lo m&aacute;s alto de la clasificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Desde su llegada a Espa&ntilde;a, la gran mayor&iacute;a de los inmigrantes de fuera de la UE15 se han concentrado en los cinco grupos de ocupaciones de nivel m&aacute;s bajo. Para hacernos una idea, mientras que en 2000 un 73% de los inmigrantes se encontraba en esos puestos, en ese mismo a&ntilde;o s&oacute;lo un 36% de los espa&ntilde;oles lo estaba. Lo que se pretende averiguar es en qu&eacute; medida, para aquellos que se encuentran temporalmente sin empleo, la &uacute;ltima experiencia profesional condiciona a la hora de ocupar un nuevo puesto de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Como se puede observar en el Gr&aacute;fico 1, aquellos que trabajaron por &uacute;ltima vez en las ocupaciones m&aacute;s cualificadas tienen alrededor de un 40% mayor de probabilidad de evitar las ocupaciones de menor nivel que los que hab&iacute;an trabajado en los puestos menos cualificados. La relaci&oacute;n puede parecer obvia si no fuera por el hecho de que el efecto del &uacute;ltimo trabajo contin&uacute;a siendo muy fuerte una vez tenido en cuenta otros factores relevantes como el nivel de estudios del individuo, su experiencia laboral acumulada en Espa&ntilde;a o si recibe alg&uacute;n tipo de prestaci&oacute;n o subsidio por desempleo. Tampoco hay que olvidar que la muestra de este an&aacute;lisis puede estar sesgada, ya que est&aacute; compuesta &uacute;nicamente por individuos que se encuentran sin trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, si tenemos en cuenta la movilidad ocupacional experimentada por el conjunto del colectivo inmigrante, comprobamos que durante los a&ntilde;os de expansi&oacute;n econ&oacute;mica su situaci&oacute;n apenas cambi&oacute;. En 2005 la proporci&oacute;n de nacidos en el extranjero que trabajaban en los cinco grupos de ocupaciones de menor nivel continuaba siendo superior al 70%.
    </p><p class="article-text">
        La mayor probabilidad de los inmigrantes de ocupar los peores empleos una vez abandonada la desocupaci&oacute;n queda por tanto condicionada por su trayectoria laboral m&aacute;s reciente. En otras palabras, haber trabajado previamente en las ocupaciones de menor nivel les afecta directamente a sus oportunidades laborales futuras. Si tenemos en cuenta que el colectivo inmigrante accedi&oacute; por primera vez al mercado laboral espa&ntilde;ol a trav&eacute;s de su puerta trasera, podemos concluir que esta entrada les ha acabado perjudicando, ya que desde estas posiciones resulta muy complicado alcanzar empleos m&aacute;s estables que con la irrupci&oacute;n de una crisis econ&oacute;mica como la de 2008 ayudan a minimizar el riesgo de sufrir desempleo.
    </p><p class="article-text">
        Lo ocurrido en Espa&ntilde;a se podr&iacute;a extender a otros pa&iacute;ses del sur de Europa, cuyos mercados de trabajo se caracterizan por una fuerte regulaci&oacute;n pero de manera parcial. Mientras que en los mercados m&aacute;s liberales y flexibles, como en el Reino Unido, la inserci&oacute;n laboral de los inmigrantes es m&aacute;s r&aacute;pida, en aquellos m&aacute;s legislados y con m&aacute;s costes por despido, como en los pa&iacute;ses escandinavos o continentales, el efecto suele ser el contrario.
    </p><p class="article-text">
        El caso de los pa&iacute;ses mediterr&aacute;neos ser&iacute;a un h&iacute;brido de los dos modelos anteriores. Un segmento de sus mercados, el primario, estar&iacute;a fuertemente regulado y protegido ante los vaivenes econ&oacute;micos; su segmento secundario, por el contrario, se distinguir&iacute;a por su alta flexibilidad y su car&aacute;cter informal. En los pa&iacute;ses del sur de Europa el acceso laboral de los inmigrantes ha sido r&aacute;pido, como en el Reino Unido, pero se han visto relegados en la mayor&iacute;a de los casos al empleo m&aacute;s inseguro, precario y peor pagado.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        Gr&aacute;fico 1. Probabilidad de evitar un puesto de baja cualificaci&oacute;n al abandonar el desempleo en funci&oacute;n de la &uacute;ltima ocupaci&oacute;n en la que se trabaj&oacute; (<em>ocupaci&oacute;n de cualificaci&oacute;n baja</em>: categor&iacute;a de referencia)*. Varones desempleados y que han trabajado anteriormente (16-64 a&ntilde;os)
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Fuente: elaboraci&oacute;n propia a partir de la EPA (I/2005-IV/2010)
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, la crisis econ&oacute;mica ha tenido un efecto igualador entre inmigrantes y espa&ntilde;oles en lo que respecta al abandono del desempleo. Durante los a&ntilde;os de bonanza econ&oacute;mica, los inmigrantes que se encontraban sin empleo volv&iacute;an a trabajar m&aacute;s r&aacute;pido que los espa&ntilde;oles en su misma situaci&oacute;n, aunque esto lo lograran a costa de ocupar empleos con muy malas condiciones laborales, algunos dentro de la econom&iacute;a informal.
    </p><p class="article-text">
        A partir de 2008 esta ventaja desaparece, en buena parte debido a la paralizaci&oacute;n de la construcci&oacute;n, sector que hab&iacute;a facilitado hasta entonces la ocupaci&oacute;n del colectivo inmigrante. Pero tambi&eacute;n a causa de los problemas que el conjunto de la sociedad deb&iacute;a hacer frente con el fuerte aumento del paro, entre otros grupos la propia poblaci&oacute;n aut&oacute;ctona. Antes de la crisis muchos espa&ntilde;oles ten&iacute;an la posibilidad de rechazar ofertas de trabajo a la espera de encontrar un empleo que consideraran acorde a sus expectativas.
    </p><p class="article-text">
        Esta estrategia requer&iacute;a, evidentemente, un m&iacute;nimo de recursos econ&oacute;micos o apoyo familiar que permitieran la espera con el consecuente coste de no recibir ingresos, maniobra improbable para la mayor&iacute;a de inmigrantes. Sin embargo, a partir de 2008 la posibilidad de &ldquo;esperar a algo mejor&rdquo; queda muy reducida, dado que las familias comienzan a carecer de los recursos suficientes para que quienes se encuentran desempleados puedan esperar el tiempo necesario hasta optar a aquellos puestos de trabajos que les corresponder&iacute;a dada su cualificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La crisis ha podido forzar a muchos j&oacute;venes a replicar una entrada al mercado laboral parecida a la que los inmigrantes experimentaron en Espa&ntilde;a desde el a&ntilde;o 2000. Frente a una situaci&oacute;n de escasez de recursos en las familias, cualquier posibilidad de trabajo, aunque sea a costa de sufrir sobrecualificaci&oacute;n, obligar&iacute;a a aceptar empleos que en contextos econ&oacute;micos m&aacute;s estables uno podr&iacute;a plantearse rechazar. Teniendo en cuenta la naturaleza segmentadora del mercado laboral espa&ntilde;ol, y el ejemplo vivido por la poblaci&oacute;n inmigrante en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, no es descabellado imaginar que muchos j&oacute;venes cuya transici&oacute;n del sistema educativo al mercado de trabajo haya coincidido con los a&ntilde;os de la Gran Recesi&oacute;n se vean penalizados a lo largo de sus carreras laborales.
    </p><p class="article-text">
        Cuadro A1: Clasificaci&oacute;n de ocupaciones basada en la propuesta de Luis Garrido
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Jacobo Muñoz Comet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/acceso-puerta-trasera-mercado-laboral_132_4290671.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2015 18:27:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El acceso por la puerta trasera del mercado laboral]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Desigualdad,Trabajo,Mercado laboral]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La suerte en el fútbol, ¿más determinante que en otros deportes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/suerte-futbol-determinante-deportes_132_4822058.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hace cuatro a&ntilde;os Espa&ntilde;a se proclam&oacute; campeona de f&uacute;tbol en el Mundial de Sud&aacute;frica. Ven&iacute;a como favorita tras ganar la Eurocopa de 2008 y repiti&oacute; en 2012 el &eacute;xito tras revalidar el t&iacute;tulo europeo. Esta serie de triunfos consecutivos no deja de ser una anomal&iacute;a en el mundo del f&uacute;tbol, o al menos es la percepci&oacute;n que siempre he tenido con este deporte. Mientras que en el campeonato de liga las sorpresas escasean y casi todos los a&ntilde;os sale victorioso uno de los grandes, o en su defecto, alg&uacute;n otro equipo que desde el inicio de la temporada muestra una gran capacidad competitiva, en los torneos de eliminatoria tengo la sensaci&oacute;n de que es dif&iacute;cil acertar con cualquier pron&oacute;stico. Al menos si lo comparamos con otros muchos deportes en los que tambi&eacute;n cuentan con una competici&oacute;n de formato similar. 
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a que en cada momento, el equipo que te&oacute;ricamente es m&aacute;s fuerte &mdash;por nivel de presupuesto, gasto en fichajes, &eacute;xito deportivo reciente&hellip;&mdash; se lleve finalmente el t&iacute;tulo. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido f&aacute;cil prever qu&eacute; jugador se har&iacute;a con alguno de los grand slams de tenis, deporte cuyo juego est&aacute; organizado &uacute;nicamente por eliminatorias. Entre 2009 y 2013 Rafael Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic, periodo en el que ocuparon alternativamente el primer puesto de la ATP (y por tanto, eran los favoritos), lograron 17 de los 20 grandes t&iacute;tulos jugados en ese lustro. Los tenistas que rompieron con esas previsiones fueron Andy Murray y Juan Mart&iacute;n del Potro, el primero ganando el Abierto de Estados Unidos en 2012 y Wimbledon en 2013, y el segundo logrando tambi&eacute;n el Abierto de Estados Unidos en 2009. Pese a todo, estos dos jugadores consiguieron romper las quinielas ocupando en esos momentos el segundo y el tercer puesto de la lista ATP en el caso del escoc&eacute;s, y la sexta posici&oacute;n en el del argentino.
    </p><p class="article-text">
        Pero como dec&iacute;a antes, me baso en impresiones sin constatar. Me refiero a la idea de que en el f&uacute;tbol, a diferencia de otros muchos deportes, se producen m&aacute;s sorpresas cuando se trata de torneos por eliminatorias. Para comprobar hasta qu&eacute; punto esto es cierto, he comparado la posici&oacute;n que ocuparon en la liga aquellos equipos de f&uacute;tbol y de baloncesto que ganaron la Copa del Rey en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os (Gr&aacute;fico 1). Es decir, he utilizado como indicador de &lsquo;mejor equipo del momento&rsquo; al vencedor del campeonato de liga, ya que la regularidad suele mostrar cu&aacute;l es la plantilla m&aacute;s fuerte de la temporada. 
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                </figure><p class="article-text">
        En el Gr&aacute;fico 1 se observa que los campeones de la Copa del Rey de baloncesto han ocupado hasta en siete ocasiones el primer puesto en la Liga ACB, frente a los tres casos vividos en la Liga de F&uacute;tbol. Pero tambi&eacute;n se aprecia c&oacute;mo en este &uacute;ltimo deporte las sorpresas en la Copa han sido mayores, en la medida en que varios equipos lograron el t&iacute;tulo quedando en una posici&oacute;n notablemente alejada de la parte noble de la clasificaci&oacute;n. En concreto se pueden destacar los casos del Real Zaragoza, campe&oacute;n en las temporadas 2000/01 y 2003/04 ocupando respectivamente los puestos 17&ordm; y 12&ordm; de la liga, y del Espa&ntilde;ol en las temporadas 1999/10 y 2005/06, finalizando en los puestos 15&ordm; y 14&ordm; respectivamente. En baloncesto el caso m&aacute;s llamativo ser&iacute;a el ocurrido en la temporada 1997/1998, en el que el Pamesa Valencia se proclam&oacute; campe&oacute;n de la Copa del Rey finalizando la temporada en la s&eacute;ptima plaza.
    </p><p class="article-text">
        Parece por tanto factible que en el f&uacute;tbol se produce con algo m&aacute;s de frecuencia casos asombrosos. Pongamos como ejemplo lo ocurrido con Dinamarca en la Eurocopa de 1992. Tras no haber logrado clasificarse para el campeonato, la selecci&oacute;n danesa se enter&oacute; con las vacaciones ya iniciadas de que iba a jugar el torneo despu&eacute;s de que Yugoslavia quedara excluida a causa de la Guerra de los Balcanes. Sin ninguna concentraci&oacute;n previa y contra todo pron&oacute;stico, el 26 de junio de 1992 los daneses ganaban la final por un resultado de 2-0 a la Alemania de jugadores m&iacute;ticos como Bodo Illgner, Matthias Sammer, Andreas Brehme y J&uuml;rgen Klinsmann. &iquest;Qui&eacute;n lo hubiera podido imaginar al comienzo del torneo?
    </p><p class="article-text">
        Y la pregunta que me hago es, obviamente, por qu&eacute; en f&uacute;tbol parece haber m&aacute;s sorpresas que en otros deportes. Una de las claves para responder a esta pregunta puede estar en lo que en estad&iacute;stica se conoce como el Teorema del L&iacute;mite Central. En las ciencias sociales es frecuente trabajar con muestras aleatorias para estudiar poblaciones de gran tama&ntilde;o. Si por ejemplo quisi&eacute;ramos conocer caracter&iacute;sticas demogr&aacute;ficas de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola como la edad media, en vez de preguntar a cada uno de los 47 millones de personas que residen en nuestro pa&iacute;s, podemos seleccionar una muestra representativa de un tama&ntilde;o mucho menor. 
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que existe una infinidad de muestras diferentes posibles de extraer. Si seleccionamos cualquiera de ellas y comparamos la media de edad de los individuos que componen nuestra muestra con la de la poblaci&oacute;n que queremos estudiar, es muy probable que no coincidan. &iquest;Pero c&oacute;mo de lejos nos hemos quedado respecto a la realidad? Para minimizar el margen de error, una de las opciones es aumentar el tama&ntilde;o muestral. Cuantos m&aacute;s individuos formen parte de nuestra muestra, la probabilidad de aproximarnos con m&aacute;s precisi&oacute;n a la realidad es mayor. 
    </p><p class="article-text">
        Esta condici&oacute;n es importante para entender el factor &lsquo;suerte&rsquo; en el f&uacute;tbol, pero tambi&eacute;n lo es la idea que subyace en el Teorema del L&iacute;mite Central: si extraemos infinitas muestras aleatorias de nuestra poblaci&oacute;n, la tendencia general ser&aacute; la de aproximarse al par&aacute;metro real. Es decir, si la media de edad en Espa&ntilde;a es de 41 a&ntilde;os, es probable que nos encontremos con algunas muestras que a pesar de haber sido escogidas de forma aleatoria (requisito indispensable para que sean representativas) sus edades medias no coincidan con ese n&uacute;mero. Sin embargo, lo que afirma el Teorema es que si extraemos numerosas muestras, la mayor&iacute;a de ellas tender&aacute;n a aproximase a la edad real de la poblaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En el Gr&aacute;fico 2 vemos un ejemplo ficticio a partir de 800 muestras en las que se indica la media de edad obtenida en cada una de ellas. As&iacute;, aunque es posible que extraigamos una muestra cuya media de edad es de 26 a&ntilde;os (enormemente alejada de la verdadera edad media de la poblaci&oacute;n), la tendencia general del conjunto de muestras es la de acercarse a los 41 a&ntilde;os. 
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                </figure><p class="article-text">
        Extrapolando la l&oacute;gica de este teorema, tal vez podamos dar con una de las claves de por qu&eacute; en el f&uacute;tbol, en comparaci&oacute;n con otros deportes, no siempre el equipo m&aacute;s fuerte gana una competici&oacute;n cuando se juega por eliminatorias. Al igual que la muestra seleccionada de una poblaci&oacute;n trata de ser un reflejo de la realidad, los partidos que se juegan entre dos equipos sirven para medir la calidad de cada uno de ellos y, en definitiva, comprobar cu&aacute;l de los dos es superior. Es decir, a priori podemos confiar en que equipos como el Real Madrid o el Barcelona, con un presupuesto anual en los &uacute;ltimos a&ntilde;os alrededor de los 500 millones de euros, sean superiores deportivamente al resto de clubes de Primera Divisi&oacute;n, cuyo presupuesto medio oscila los 50 millones de euros. Pero el instrumento para medir la calidad de un equipo no es el gasto en fichajes, sino el resultado final en encuentros acotados por 90 minutos de juego. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras que en el ejemplo del Gr&aacute;fico 2 las unidades de cada muestra estaban compuestas por individuos, en los partidos de cualquier deporte lo representar&iacute;an las ocasiones materializadas en puntos (goles, canastas&hellip;), que son en &uacute;ltima instancia la manera de demostrar que un equipo es efectivamente superior a otro. Siguiendo la l&oacute;gica del Teorema del L&iacute;mite Central, cuantas m&aacute;s muestras utilicemos (partidos) y cuantas m&aacute;s unidades las compongan &mdash;es decir, m&aacute;s grandes sean las muestras (n&uacute;mero de ocasiones generadas y materializadas en puntos)&mdash;, la probabilidad de que el te&oacute;ricamente mejor equipo gane ser&aacute; mayor. 
    </p><p class="article-text">
        En un campeonato como la liga, en el que se juegan muchos encuentros, es m&aacute;s probable que el equipo a priori m&aacute;s fuerte se haga con la competici&oacute;n. Pero en torneos como la Copa del Rey en los que se juegan &uacute;nicamente a dos partidos, el reducido n&uacute;mero de muestras dan pie a una mayor aleatoriedad y hace m&aacute;s complicado que los resultados coincidan con la realidad. En estos casos, el n&uacute;mero de unidades que componen esas pocas muestras es fundamental. Es decir, cuantas m&aacute;s ocasiones de puntuar se generen a lo largo de un partido, el margen de aleatoriedad ser&aacute; menor.
    </p><p class="article-text">
        Veamos entonces algunas cifras que ilustran las diferencias entre un deporte como el f&uacute;tbol y otro como el baloncesto. Durante la temporada 2013/14 el n&uacute;mero total de goles marcados en la Liga de F&uacute;tbol fueron 1.045, lo que supone una media de 2,75 goles por partido. En la Liga ACB el n&uacute;mero total de puntos fueron 47.655, lo que implica una media de 155,7 puntos por partido. Pero ser&iacute;a m&aacute;s preciso tener en cuenta el n&uacute;mero de lanzamientos que acaban dentro del aro, aunque el valor de cada uno var&iacute;e en funci&oacute;n de la distancia desde donde se anota. La media de canastas por partido durante la pasada temporada fue de 88,3. Por tanto, la raz&oacute;n de ocasiones materializadas que se logran en partidos de baloncesto respecto a los de f&uacute;tbol es de 32 a 1. 
    </p><p class="article-text">
        Pero las diferencias entre ambos deportes tambi&eacute;n se aprecian en lo que respecta a las oportunidades totales a lo largo de un partido. No hay que olvidar que la calidad de un equipo se refleja, en buena medida, en su capacidad para convertir en puntos aquellas ocasiones que consigue generar. 
    </p><p class="article-text">
        Para ello tenemos dos buenos ejemplos ocurridos recientemente. El pasado mes de mayo se jugaron con seis d&iacute;as de diferencia la final de la Champions League entre el Real Madrid y el Atl&eacute;tico de Madrid, y la final de la Final Four entre el Real Madrid y el Maccabi Tel Aviv. Ambos encuentros se resolvieron adem&aacute;s en la pr&oacute;rroga. En el partido jugado en el Estadio da Luz de Lisboa el total de ocasiones de gol contabilizadas fueron 45, de las cuales cinco de ellas acabaron dentro de la porter&iacute;a. La final europea de baloncesto se resolvi&oacute; con 104 canastas efectuadas, tras haber lanzado a la cesta 201 veces. Por tanto, mientras que en la Champions League se lograba un punto por cada nueve oportunidades, en la Final Four fueron uno de cada dos. En el baloncesto no s&oacute;lo se generan m&aacute;s oportunidades, sino que adem&aacute;s se acierta m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la suerte siempre es importante, en el f&uacute;tbol, con tan pocas ocasiones de anotar un gol, parece que es m&aacute;s determinante. No obstante, aunque las oportunidades de marcar sean escasas y la media de goles no llegue a los tres por partido, a lo largo de una liga se juegan suficientes encuentros para que la aleatoriedad (o factor suerte) deje poco espacio para grandes sorpresas. En cambio, el formato por eliminatorias en torneos como la Copa del Rey, la Eurocopa o el Campeonato del Mundo contribuye a que el azar juegue un papel m&aacute;s decisivo. Un penalti fallado, un gol fantasma, la mano de dios&hellip; Por eso resulta tan ins&oacute;lito el caso de Espa&ntilde;a al haber enlazado con victoria tres grandes campeonatos de manera consecutiva. 
    </p><p class="article-text">
        El azar en peque&ntilde;as acciones es igual de crucial en partidos de alto nivel y entre grandes contrincantes, independientemente del deporte. Pero a la hora de enfrentar a un equipo humilde contra otro en principio muy superior, la suerte en el f&uacute;tbol puede ser un aliado del m&aacute;s d&eacute;bil, siempre y cuando &eacute;sta se distribuya igual para todos. Y es que en tiempos de jeques &aacute;rabes, multimillonarios rusos y otras fortunas interesados en hacerse con un club para ganarlo todo, tal vez sea una inversi&oacute;n m&aacute;s segura comprar un equipo de baloncesto en vez de uno de f&uacute;tbol.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jacobo Muñoz Comet, Jacobo Muñoz Comet]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/suerte-futbol-determinante-deportes_132_4822058.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Jun 2014 08:50:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La suerte en el fútbol, ¿más determinante que en otros deportes?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Fútbol]]></media:keywords>
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