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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Capote]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan_capote/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Capote]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Dos predilectos, dos aciertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/predilectos-aciertos_129_12130636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f376b48a-f9de-48b9-953a-4a1d86e4a843_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos predilectos, dos aciertos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Antonio Fernández Rodríguez y Anelio Rodríguez Concepción, que siempre han atendido con especial afecto a los oriundos de La Palma, son brillantes, humildes, generosos y tolerantes. Ambos son Doctores, han formado sus respectivas familias con dos mujeres extraordinarias y tienen un brillante currículo del que solo una pequeña parte ha salido en los medios</p></div><p class="article-text">
        La designaci&oacute;n de Antonio Fern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez y de&nbsp;Anelio&nbsp;Rodr&iacute;guez Concepci&oacute;n como hijos predilectos de La Palma no puede ser m&aacute;s acertada. A pesar de que sus perfiles son muy diferentes,&nbsp;Anelio&nbsp;destacado intelectual y Antonio relevante cient&iacute;fico, ambos tienen en com&uacute;n su amor por la isla, su disposici&oacute;n desde un principio para involucrarse en cualquier trabajo que contribuya al beneficio de los palmeros y el ejercicio de una docencia que ha marcado a sus alumnos, como he podido comprobar por el cari&ntilde;o que les profesan. Ellos, que siempre han atendido con especial afecto a los oriundos de la isla, son brillantes, humildes, generosos y tolerantes. Ambos son Doctores, han formado sus respectivas familias con dos mujeres extraordinarias y tienen un brillante curr&iacute;culo del que solo una peque&ntilde;a parte ha salido en los medios. A cualquiera de ellos puedo llamarlo hermano, as&iacute; que ya pueden imaginarse la alegr&iacute;a con que he recibido estas iniciativas de Cabildo Insular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antonio, To&ntilde;o como le llamamos sus amigos, es mi colega y he tenido la oportunidad de trabajar con &eacute;l, aunque no en el &aacute;mbito cient&iacute;fico, porque nuestras &aacute;reas de conocimiento son diferentes, aunque coincidimos cuando me toc&oacute; coordinar el plan estrat&eacute;gico de la ganader&iacute;a canaria.&nbsp;Se hab&iacute;a realizado otro plan con anterioridad, con costes desorbitados, en el cual no se ten&iacute;an en cuenta los aspectos sanitarios: un verdadero disparate. Cuando le ped&iacute; que coordinara la redacci&oacute;n del proyecto en el &aacute;mbito de la sanidad animal lo acept&oacute; de inmediato, haciendo un excelente trabajo por el cual no fue remunerado. Se trataba de coordinar a una serie de cient&iacute;ficos quienes, de manera altruista, colaborar&iacute;an en la elaboraci&oacute;n plan. To&ntilde;o consigui&oacute; reunirlos sin ning&uacute;n problema.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que pueda parecer un poco extra&ntilde;o,&nbsp;tambi&eacute;n he colaborado con&nbsp;Anelio&nbsp;en su faceta de escritor. Tengo el honor de ser, junto con el gran cineasta V&iacute;ctor Erice, uno de los primeros en leer sus textos, antes de&nbsp;ser&nbsp;publicados. Es evidente que dentro del aspecto literario entre nosotros todo fluye en una &uacute;nica direcci&oacute;n: &eacute;l ense&ntilde;a y yo aprendo. Sin embargo,&nbsp;Anelio&nbsp;valora un enfoque cient&iacute;fico de su obra y no digamos nada cuando entre sus personajes aparecen animales. Me involucr&eacute; mucho en la elaboraci&oacute;n de su libro &lsquo;El le&oacute;n de Mr.&nbsp;Saba&rsquo;, hasta tal punto de viajar hasta Galicia con &eacute;l (se supon&iacute;a que V&iacute;ctor tambi&eacute;n iba a viajar con nosotros pero, desgraciadamente, a &uacute;ltima hora no pudo) para vivir un par de d&iacute;as en el circo de&nbsp;Lale, nieto de Mr.&nbsp;Saba. Fueron unas jornadas extraordinarias entre trapecistas, tigres y otros artistas.
    </p><p class="article-text">
        Conoc&iacute; al padre de To&ntilde;o antes que a &eacute;l. Trabajamos juntos en la construcci&oacute;n de la Gallera Guerra, en mis &uacute;ltimos a&ntilde;os del Instituto, junto con personas entra&ntilde;ables como &lsquo;El Pistola&rsquo;, Enrique, &lsquo;Bambiche&rsquo;, &lsquo;Sereca&rsquo; y otros muchos que ya no est&aacute;n con nosotros. Al terminar la jornada nos d&aacute;bamos un homenaje a base de paella, vino del pa&iacute;s y muchas chanzas. Mi contacto con su padre, Antonio, se mantuvo en el tiempo, haci&eacute;ndose m&aacute;s afectivo seg&uacute;n iban cayendo nuestros camaradas de la gallera. Varias veces salimos juntos de tenderete, a pesar de la diferencia de edad. &Eacute;l me presentaba a sus amigos diciendo que ten&iacute;a dos hijos, uno casero y otro callejero. Imag&iacute;nense qui&eacute;n era este &uacute;ltimo.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n, en el caso de&nbsp;Anelio, conoc&iacute; antes a su padre, por la amistad que ten&iacute;a con el m&iacute;o, basada en el profundo respeto. Dec&iacute;a D. Pepe D&iacute;az Duque, abogado y erudito palmero, que la verdadera bondad solo est&aacute; en el esp&iacute;ritu de las personas inteligentes. Ese era el caso de D.&nbsp;Anelio. Ese es el caso de&nbsp;Anelio. Sin embargo, otra persona de su familia fue la que me cautiv&oacute; desde el momento en que la conoc&iacute;: su madre. Do&ntilde;a Manuela era la esencia de las cosas buenas que poseen las mujeres de esta tierra, incluyendo su lenguaje castizo. Cadenciosa y&nbsp;dulce, te regalaba una mirada llena de encanto y con un matiz de picard&iacute;a. Cuando ya estaba muy malita, mi querida prima Ana, notaria de La Laguna, hizo un esfuerzo para ir a su casa con el fin de que firmara unos papeles de inter&eacute;s para sus hijos. Como es habitual en estos casos, dado el estado febril de la se&ntilde;ora, Ana quiso comprobar si estaba en condiciones para realizar la firma. Tras ser presentada como mi pariente, le pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; opina usted de mi primo?&rdquo;, &ldquo;Que es un&nbsp;nabolengo&rdquo;, fue la respuesta. Ana mir&oacute; a&nbsp;Anelio&nbsp;sorprendida y vovi&oacute; a insistir: &ldquo;&iquest;Y qu&eacute; es un&nbsp;nabolengo, Do&ntilde;a Manuela? &rdquo;Un&nbsp;anduj&oacute;n&ldquo;, contest&oacute; de nuevo. Mi prima volvi&oacute; a mirar a&nbsp;Anelio, con cara a&uacute;n m&aacute;s extra&ntilde;ada, y nuevamente pregunt&oacute;: &iquest;Y que es un&nbsp;anduj&oacute;n, Do&ntilde;a Manuela? Esa vez se demor&oacute; un rato m&aacute;s en dar la respuesta: &rdquo;Un novelero&ldquo;. Ana puso inmediatamente los papeles delante de ella para la firma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a contar muchas m&aacute;s cosas vividas con ellos, las cuales siempre han sido provechosas o, al menos, divertidas, aunque con esta muestra creo que se visibiliza mi afecto hacia estos dos hermanos m&iacute;os y hacia sus familias. Ambos reconocimientos les hacen justicia, aunque llegan&nbsp;un poco&nbsp;tarde. Si hubieran sido designados en su momento, habr&iacute;amos podido disfrutar de cada uno, exclusivamente, por m&aacute;s tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/predilectos-aciertos_129_12130636.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Mar 2025 16:17:25 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Un jodido rayo verde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/jodido-rayo-verde_129_12283560.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - 
Según iba desapareciendo el astro en el horizonte, nuestra concentración aumentaba y, por fin, en el último instante, pudimos ver esa pequeña y extremadamente efímera luz verde. Lo celebramos ruidosamente, como si estuviéramos asistiendo a la final de una carrera que se realizara en el hipódromo de Kentucky
</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Playa de Ajuy en Fuerteventura.                            </span>
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        Desde aquel&nbsp;privilegiado&nbsp;mirador&nbsp;se pod&iacute;a contemplar toda la playa de&nbsp;Ajuy&nbsp;y unas maravillosas puestas del sol sobre el mar.&nbsp;Era tarde cuando Paco&nbsp;<em>Pejerrey</em>&nbsp;y yo pudimos observar c&oacute;mo cierta pareja de j&oacute;venes,&nbsp;en ba&ntilde;ador,&nbsp;montaban una peque&ntilde;a y casi transl&uacute;cida tienda de campa&ntilde;a, en el extremo solitario de la playa,&nbsp;para introducirse posteriormente en ella. No hab&iacute;a pasado mucho tiempo cuando aquel refugio empez&oacute; a bambolearse r&iacute;tmicamente delatando la actividad&nbsp;en la que parec&iacute;an estar concentrados sus habitantes. Poco despu&eacute;s, demasiado poco para lo que yo cre&iacute;a que era menester, salieron luciendo las mismas prendas&nbsp;de ba&ntilde;o, se&nbsp;acabaron de vestir&nbsp;y desmontaron la tienda antes de dirigirse en direcci&oacute;n a los aparcamientos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El lugar donde nos encontr&aacute;bamos era&nbsp;una maravillosa casa de la cual llevo disfrutando mucho tiempo,&nbsp;a partir de que Carmen y&nbsp;Juan Jos&eacute;&nbsp;me invitaron por primera vez; suelo acudir un par de veces al a&ntilde;o y desde all&iacute; salgo a pescar todas las ma&ntilde;anas, de tierra o en barco,&nbsp;casi siempre&nbsp;con mis amigos pescadores,&nbsp;la mayor&iacute;a&nbsp;pertenecientes a la numerosa familia de los&nbsp;Avero, verdaderos sabios de la mar. Por la tarde ellos vienen a verme y, mientras tomamos algunas&nbsp;cervezas, hablamos hasta despu&eacute;s de ca&iacute;da la noche,&nbsp;sobre todo&nbsp;del&nbsp;mundo marino.
    </p><p class="article-text">
        Al principio me cost&oacute; integrarme en aquella sociedad, pero un d&iacute;a me di cuenta de que ya era un miembro m&aacute;s de ella. Regresaba contento de pescar&nbsp;en la costa, esa vez&nbsp;solo,&nbsp;y al pasar hacia mi casa&nbsp;par&eacute; en un bar donde estaban tomando algo tres de los&nbsp;Avero, Le&oacute;n, Horacio y Chalo,&nbsp;junto con&nbsp;un par de&nbsp;pintorescos&nbsp;personajes&nbsp;del lugar. Orgulloso les mostr&eacute; mis capturas&nbsp;que inclu&iacute;an varios&nbsp;peces de mediano tama&ntilde;o. &ldquo;&iquest;Y no lo celebramos?&rdquo; Me dijo Chalo. El incontestable Le&oacute;n insisti&oacute;: &ldquo;T&oacute;mese una cerveza hombre&rdquo;. Mi amigo Horacio simplemente me mir&oacute;&nbsp;se&ntilde;alando&nbsp;al mismo tiempo&nbsp;a&nbsp;una silla que me ubicar&iacute;a de espaldas a la puerta. No me quedaba otro remedio que aceptar, aunque yo hubiera querido primero arreglar el pescado y despu&eacute;s volver&nbsp;para acompa&ntilde;arlos&nbsp;tranquilamente&nbsp;en las libaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de que acabara la primera cerveza Chalo me dijo: &ldquo;&iquest;Vas a dejar ese pescado al sol? Trae&nbsp;<em>pa&nbsp;aca</em>&nbsp;que te lo llevo a la sombra&rdquo;. El hombre sali&oacute; con mis capturas en direcci&oacute;n a una pared sombreada mientras sus hermanos se enzarzaban en una interesante discusi&oacute;n sobre la pesca con carnada viva. Cuando finalizaron yo estaba acabando mi segunda cerveza. Entonces uno de ellos, no recuerdo qui&eacute;n, me dijo: &ldquo;Pero hombre,&nbsp;vete a limpiar el pescado que hace calor&rdquo;. Sus consejos sobre pesca eran para m&iacute; &oacute;rdenes, as&iacute; que d&oacute;cilmente cog&iacute; la bolsa y empec&eacute; a subir la suave pendiente que conduc&iacute;a a la casa. Cuando llegu&eacute; arriba,&nbsp;puse&nbsp;en&nbsp;el muro de la terraza&nbsp;una plancha de madera, sobre la cual deposit&eacute; las tijeras y el rascador antes de enchufar la manguera y llenar el balde. Con todo preparado&nbsp;abr&iacute; la bolsa&hellip; y me encontr&eacute; con un trozo de bloque, que le daba peso, y unas ulagas secas que le daba volumen.
    </p><p class="article-text">
        Baj&eacute; despacio la pendiente hacia el bar donde reinaba el silencio. Le&oacute;n fumaba en una esquina mirando&nbsp;l&aacute;nguidamente&nbsp;al mar, Chalo estaba de espaldas y Horacio era la viva imagen de la inocencia&hellip; Al llegar me qued&eacute; parado mir&aacute;ndolos uno a uno alternativamente. Tengo que reconocer que aguantaron bien la risa hasta que me dirig&iacute; a ellos:&nbsp;&ldquo;Cabr&hellip;&rdquo;.&nbsp;Al final terminamos todos en la casa donde les ofrec&iacute; una cerveza mientras ellos me arreglaban el pescado.
    </p><p class="article-text">
        Desde el muro, todos los d&iacute;as sol&iacute;a mirar el horizonte, mientras se pon&iacute;a el sol,&nbsp;para ver si pod&iacute;a observar el rayo verde. As&iacute; lo hice un d&iacute;a antes del episodio en la tienda de campa&ntilde;a, sin resultados. Esa tarde se nos unieron a&nbsp;<em>Pejerrey</em>&nbsp;y a m&iacute;, como era habitual, Horacio y Chalo, adem&aacute;s de &Aacute;lvaro, un escritor-ajedrecista peninsular quien con buen criterio se hab&iacute;a instalado a vivir en aquel peque&ntilde;o&nbsp;para&iacute;so. Les habl&eacute; del rayo explic&aacute;ndoles lo del prisma de Newton y&nbsp;para los pescadores era la primera noticia. Normal, ellos que tantas veces hab&iacute;an mirado al horizonte esperando a un barco o buscando la presencia de un&nbsp;<em>aver&iacute;o</em>&nbsp;delatador de card&uacute;menes, lo consideraban como parte de su vida.&nbsp;&iquest;Qui&eacute;n va a estar fij&aacute;ndose en el horizonte cuando ya lo lleva incorporado en&nbsp;su ADN?
    </p><p class="article-text">
        Mientras les&nbsp;daba las explicaciones,&nbsp;y se acercaba el momento clave de la puesta del sol, aparecieron los j&oacute;venes de la tienda de campa&ntilde;a con dos cojines,&nbsp;secuestrados de las sillas de un bar&nbsp;vecino,&nbsp;y los&nbsp;ubicaron sobre el muro&nbsp;que&nbsp;se prolongaba fuera de la casa, dispuestos a asistir a un rom&aacute;ntico ocaso.&nbsp;Seg&uacute;n iba desapareciendo el astro en el horizonte,&nbsp;nuestra concentraci&oacute;n aumentaba y, por fin, en el &uacute;ltimo instante, pudimos ver esa peque&ntilde;a y extremadamente ef&iacute;mera luz verde. Lo celebramos ruidosamente, como si estuvi&eacute;ramos asistiendo a la final de una carrera que se&nbsp;realizara&nbsp;en el hip&oacute;dromo de Kentucky, mientras la pareja de j&oacute;venes pasaba de todo.&nbsp;D&oacute;nde vas a comparar&nbsp;un jodido rayo verde&nbsp;con&nbsp;lo que ellos estaban sintiendo&hellip;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/jodido-rayo-verde_129_12283560.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 May 2025 18:39:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un jodido rayo verde]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Cuídate amigo mío”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuidate-amigo_129_10405006.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fab1761a-43d9-4044-b613-b9d3656787ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_1077998.jpg" width="730" height="411" alt="“Cuídate amigo mío”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">IN MEMORIAM - Miguel que tenía tantas cosas por las que inquietarse seriamente, por un momento dejaba todo a un lado para preocuparse por la salud de un amigo. Ese era Miguel. Ese es Miguel</p></div><p class="article-text">
        Miguel Perdig&oacute;n, entre otras virtudes, ten&iacute;a la de sanador. Anelio y yo comprobamos un par de veces que, cuando a un amigo se le diagnosticaba un c&aacute;ncer o era v&iacute;ctima de un repentino suceso que pon&iacute;a en grave peligro a su vida, Miguel, cari&ntilde;oso y sentimental, derramaba lagrimas terap&eacute;uticas las cuales sacaban al susodicho de las garras de la muerte, al menos por una temporada. En vista de eso nosotros nos conjuramos para que, si alg&uacute;n d&iacute;a le pasaba algo grave a alguno de los dos, el otro ir&iacute;a de inmediato a&nbsp;&nbsp;cont&aacute;rselo a Miguel sin ahorrar detalles melodram&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Si &eacute;l se emocionaba as&iacute; con las penalidades de los vivos, con los muertos ten&iacute;a una actitud completamente diferente. Una vez pasado el duelo, su relaci&oacute;n con los difuntos era familiar, casi dir&iacute;a que alegre. Al igual que su padre, hablaba de ellos con naturalidad y, sobre todo, hac&iacute;a que el resto de los pertenecientes a la dimensi&oacute;n terr&aacute;quea los recordaran en sus mejores momentos, los cuales no dudaba en adornar con elementos de cosecha propia.
    </p><p class="article-text">
        Conoc&iacute; a Miguel desde que era un ni&ntilde;o, siendo &eacute;l mi vecino con tres a&ntilde;os menos, pero nuestra gran amistad se fragu&oacute; en el Colegio Mayor San Fernando donde no hab&iacute;a tenderete o gamberrada en la que no estuvi&eacute;ramos involucrados. Con nosotros se encontraba habitualmente Juani Su&aacute;rez, un peque&ntilde;o, cardi&oacute;pata y valiente majorero, el cual falleci&oacute; siendo a&uacute;n joven mientras daba clase en el Instituto. En una ocasi&oacute;n, por una &ldquo;gracia&rdquo; de este, Miguel y yo nos vimos a la expectativa de participar en una tangana colectiva de la cual dif&iacute;cilmente habr&iacute;amos salido indemnes. A la dos de la madrugada nuestro amigo hab&iacute;a desafiado a un m&eacute;dico teguestero para darse unas &ldquo;casta&ntilde;as&rdquo; cinco horas despu&eacute;s, cuando &eacute;ste saliera de su guardia. Con el paso del tiempo, y la ayuda de las copas, el galeno y sus acompa&ntilde;antes iban creciendo de tama&ntilde;o en nuestra imaginaci&oacute;n y llegamos a considerar seriamente la posibilidad de que podr&iacute;an haber pertenecido al afamado equipo de lucha de Tegueste. Poco antes de la supuesta llegada de nuestros contrincantes Miguel me dio un sabio consejo: &ldquo;T&uacute; lo que tienes que hacer es que, cuando te den el m&aacute;s m&iacute;nimo roce, te tumbas al suelo como si hubieras perdido el conocimiento&rdquo;. Afortunadamente no hizo falta usar nuestras dotes interpretativas porque el m&eacute;dico, al que conoc&iacute; despu&eacute;s como un gran profesional y hombre ecu&aacute;nime, desde el primer momento supuestamente acept&oacute; el reto porque le permit&iacute;a sacarse de encima a un insistente y embriagado fulano que estaba empe&ntilde;ado en llamar a su novia enfermera cada cuarto de hora.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que nuestra actitud se alejaba mucho de ser gallarda y rumbosa, pero era la de dos personas que consideraban que el coraje deb&iacute;a reservarse para algo m&aacute;s importante y Miguel se encarg&oacute; de demostrarlo. Muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, durante los cuales no dejamos de mantener una relaci&oacute;n fluida y afectuosa, sin perder la antigua complicidad, me encontr&eacute; con Miguel en el aeropuerto de Los Rodeos. Iba a Pamplona porque se le hab&iacute;a reactivado un proceso tumoral con la adici&oacute;n de met&aacute;stasis. Me dijo que intentar&iacute;an probar con &eacute;l una nueva terapia de la que yo hab&iacute;a o&iacute;do hablar y que hoy es la esperanza para mucha gente. &ldquo;Es el &uacute;ltimo cartucho amigo. Y si no funciona es lo que toca&rdquo;. Se enfrentaba al peor enemigo a cara descubierta, preparado para recibir los tortazos que hubieran hecho falta.
    </p><p class="article-text">
        Desde mi punto de vista el coraje puede ser una consecuencia de la rabia, la frustraci&oacute;n o la temeridad. Sin embargo, el valor sereno implica una actitud reflexiva, algo muy apreciado en los mandos militares cuando se enfrentan a situaciones l&iacute;mites, la m&aacute;s extrema de las cuales es la propia muerte. Esa cualidad la demostr&oacute; sobradamente Miguel cuando realmente hizo falta, como bien sabe su familia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s a estas alturas a alg&uacute;n lector pueda extra&ntilde;arle que no me haya concentrado en lo que habitualmente se hace cuando alguien nos deja: resaltar los aspectos m&aacute;s notables de su vida y car&aacute;cter. No, no quiero hacer aqu&iacute; un obituario curricular, no quiero escribir lo que me dictan las normas del &lsquo;buen hacer&rsquo; porque prefiero hacer caso a mis v&iacute;sceras. Tambi&eacute;n puede ser que est&eacute; pecando de un defecto habitual entre las personas del mundo de la ciencia: obviar lo que parece evidente. Tengo tan asimilado que Miguel era un hombre generoso, excelente profesional, gran padre con su familia y sus amigos, intelectual, ameno conversador y muchas cosas m&aacute;s; tengo tan somatizado el valor de su amistad, que el se&ntilde;alarlo me provocar&iacute;a un inc&oacute;modo malestar, como el que se siente ante quien cuestiona tus buenas intenciones.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s mucho m&aacute;s ilustrativo que el desarrollar un paneg&iacute;rico a sus virtudes puede ser comentar el &uacute;ltimo wasap que recib&iacute; de &eacute;l. Miguel se enter&oacute; de que yo ten&iacute;a la covid justo cuando estaba terminando un proceso patol&oacute;gico de la misma etiolog&iacute;a, pero de manera m&aacute;s insidiosa. A&uacute;n se encontraba en el hospital cuando me escribi&oacute; (su traqueotom&iacute;a no le permit&iacute;a comunicarse oralmente) para darme algunos consejos que finaliz&oacute; dici&eacute;ndome textualmente: &ldquo;Cu&iacute;date amigo m&iacute;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Miguel que hab&iacute;a pasado por varios y agresivos procesos tumorales los cuales le llevaban a seguir sometido a estrecha vigilancia m&eacute;dica; Miguel que todav&iacute;a estaba ingresado por segunda vez en pocos d&iacute;as debido a la covid, lo que lo expon&iacute;a a cualquier complicaci&oacute;n de origen hospitalario como la que finalmente ocurri&oacute; con nefasta consecuencia; Miguel que ten&iacute;a tantas cosas por las que inquietarse seriamente, por un momento dejaba todo a un lado para preocuparse por la salud de un amigo. Ese era Miguel. Ese es Miguel.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*En los Cayos de San Blas a 5 de julio del 2023</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cuidate-amigo_129_10405006.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Jul 2023 19:41:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Cuídate amigo mío”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lava y riscos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/lava-riscos_129_8452993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d42acc4a-b905-4634-988c-329091aa3a69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lava y riscos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Quiero poner énfasis en que el foco mediático sobre los perros rescatados del aislamiento entre las lavas ha relegado a segundo plano la verdadera tragedia que han padecido otros animales y sus dueños.</p></div><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente se ha montado un circo medi&aacute;tico sobre los perros rescatados del aislamiento entre las lavas de este maldito volc&aacute;n. Las opiniones van desde la exaltaci&oacute;n de ciertos atributos masculinos de los palmeros al negacionismo, pasando por el pitorreo. Sea lo que sea y lo que se indique por parte del organismo de investigaci&oacute;n correspondiente, los canes se encuentran a buen recaudo, en contra de lo que sospechan ciertos animalistas. Es evidente la similitud morfol&oacute;gica entre uno de los ejemplares, fotografiado en el momento cr&iacute;tico, y el posteriormente filmado en un v&iacute;deo, pero a m&iacute; lo que me ha convencido es la declaraci&oacute;n de mi colega C&eacute;sar Bravo, veterinario, quien ha jugado un papel fundamental en esta crisis a pesar de haber perdido su propia casa: los perros han sido atendidos y se encuentran en un centro de acogida. Conozco a C&eacute;sar desde hace el tiempo suficiente, mucho, como para afirmar que es un profesional impecable, de los que sabe diferenciar perfectamente los momentos en los que uno puede resultar cari&ntilde;oso y divertido, de aquellos en los cuales se debe ser serio y extremadamente riguroso. Por eso se ha convertido, quiz&aacute;s para asombro paulatino de s&iacute; mismo, en un l&iacute;der indiscutible de nuestra profesi&oacute;n, quien ya est&aacute; haciendo historia.
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                Cabra quemada por el volcán.                            </span>
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        Dicho esto, quiero poner &eacute;nfasis en que el foco medi&aacute;tico sobre estos canes ha relegado a segundo plano la verdadera tragedia que han padecido otros animales y sus due&ntilde;os. Cuando estuve en La Palma, hace unos d&iacute;as, pude entrevistarme con la mayor&iacute;a de los cabreros y cabreras que hab&iacute;an sufrido las consecuencias directas del volc&aacute;n. Todas esas personas estaban desplazadas, si bien algunas conservaban a&uacute;n sus instalaciones, presuntamente deterioradas por el peso de las cenizas y siempre bajo la amenaza de un cambio de rumbo en la colada. Otras las han perdido junto con sus casas y uno de ellos ha visto c&oacute;mo su reba&ntilde;o, que pastoreaba habitualmente en la zona del volc&aacute;n, se le quemaba perdiendo la mitad de sus reses y teniendo que hacer un enorme esfuerzo para curar al resto, lo cual signific&oacute; la p&eacute;rdida radical de su producci&oacute;n. He visto la emoci&oacute;n en hombres curtidos y mujeres valientes, abrumados porque sus cabras han abortado, e incluso fallecido, como consecuencia del transporte apresurado. Les he o&iacute;do decir que aceptan las p&eacute;rdidas de maquinaria e instalaciones, pero que no podr&iacute;an soportar la muerte de sus ejemplares&hellip; Y entre tanto sufrimiento tiene que aparecer un personaje, Leonardo Anselmi, un impresentable y destacado miembro de un grupo animalista, quien dice que los ganaderos estaban dejando morir a sus cabras, con terribles sufrimientos, para cobrar el seguro. Y lo peor es que lo dice en medios de alcance nacional y estos ni se han molestado en contrastar la noticia. Mire, Leonardo, creo que conozco m&aacute;s que usted la ganader&iacute;a caprina de Canarias y le puedo afirmar que nunca he tenido constancia de ganaderos que aseguren a sus animales. Es usted un difamador al que se le pueden atribuir muchos descalificativos, desde luego no los relacionados con animales, porque esos seres no merecen que sus nombres espec&iacute;ficos se relacionen con el suyo. Por tanto, no lo voy a llamar cerdo o rata y mucho menos voy a buscarle semejanza con el reproductor de sexo masculino perteneciente a la especie sobre la que estoy escribiendo. Lo voy a llamar de otra forma, canaria, por supuesto: es usted un rebenque. &iquest;Que no sabe lo que significa eso en nuestras islas? Pues tampoco se lo voy a decir. Solo quiero que se entere de una cosa: ninguno de los pastores palmeros afectados, a los que usted no les llega ni a la suela del zapato, ha tirado la toalla. Siguen en pie, intentando rehacerse. &iquest;Sabe por qu&eacute;? Porque esas personas llevan lava y riscos donde usted solo tiene rencor: en el alma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Juan Capote es  veterinario, bi&oacute;logo y profesor de Investigaci&oacute;n.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/lava-riscos_129_8452993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Nov 2021 16:26:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lava y riscos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jorge Luis Lozano:  in memoriam]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/jorge-luis-lozano-in-memoriam_129_7828622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7b8591c-0a78-463e-b93d-96539ba9fa24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jorge Luis Lozano:  in memoriam"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No quiero escribir aquí sobre el Jorge Luis Lozano académico, intelectual de prestigioso currículo, catedrático y gran comunicador. Quiero referirme a un hombre seductor, de voz grave, ojos azules y párpados que expresaban cierta melancolía. Quiero citar a una persona con gran sentido del humor, a un amigo.</p></div><p class="article-text">
        No quiero escribir aqu&iacute; sobre el Jorge Luis Lozano acad&eacute;mico, intelectual de prestigioso curr&iacute;culo, catedr&aacute;tico y gran comunicador. Eso ya lo han hecho sus colegas, quienes tienen m&aacute;s conocimiento que yo sobre la disciplina que profesaba. Quiero referirme a un hombre seductor, de voz grave, ojos azules y p&aacute;rpados que expresaban cierta melancol&iacute;a. Quiero citar a una persona con gran sentido del humor, a un amigo.
    </p><p class="article-text">
        Como no pod&iacute;a ser menos, han sido numerosos los obituarios y rese&ntilde;as despu&eacute;s de su fallecimiento. Desde las m&aacute;s acad&eacute;micas, donde se destaca su amplio curr&iacute;culo, hasta las m&aacute;s entra&ntilde;ables, escritas por sus ex alumnos:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Nos mir&oacute;, suspir&oacute;, baj&oacute; la mirada y subi&oacute; a la tarima. Nos fuimos callando. Y, entonces, ya con el corral atento, lo anunci&oacute;. Nunca se me olvidar&aacute;. 'Se&ntilde;ores', dijo, 'hoy les voy a explicar la in-di-fe-ren-cia&rdquo;. Se call&oacute;, se baj&oacute; de la tarima y se march&oacute;&ldquo; (David L&oacute;pez Canales, Vanity Fair). &rdquo;Cada clase era un placer para el intelecto, un po&eacute;tico desfile de conocimientos, un espect&aacute;culo de sabidur&iacute;a, una oda a la sensatez y a la cordura que se impon&iacute;a por encima de todo lo dem&aacute;s&ldquo; (Adri&aacute;n, Noveleros). De una forma u otra, todos coinciden en que fue un gran seductor, incluyendo el <em>in memoriam</em> que Javier Mart&iacute;n-Dom&iacute;nguez le dedic&oacute; en El Pa&iacute;s.&nbsp;
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                Jorge Lozano en la Sociedad Cosmológica de Santa Cruz de La Palma. LUZ RODRÍGUEZ                            </span>
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        Comentaba su hermana Lidia, despu&eacute;s de rememorarlo con dolor y emoci&oacute;n, en el popular programa televisivo donde interviene habitualmente, c&oacute;mo &ldquo;Jorge dec&iacute;a en casa que yo era una&nbsp;ni&ntilde;a adoptada,&nbsp;que no ten&iacute;amos el mismo ADN&rdquo;. Para ella y para todos los que le apreci&aacute;bamos, era imposible recordarlo, incluso en tr&aacute;gicos momentos, obviando su sentido del humor, sarc&aacute;stico e inteligente y yo dir&iacute;a que tambi&eacute;n deportivo. Lo tengo presente ri&eacute;ndose de una broma que le hicimos en La Palma, cuando se habitu&oacute; a venir hace unos 22 a&ntilde;os. En una de sus visitas quiso localizar una chica con quien estuvo coqueteando en su juventud. Sab&iacute;amos que ambos, ya divorciados, iban a coincidir en verano y por eso le dijimos que ella hab&iacute;a preguntado por &eacute;l, a lo cual hab&iacute;amos contestado que se encontraba bien, recuperado despu&eacute;s de la operaci&oacute;n de la pr&oacute;stata. &ldquo;&iexcl;Pero qu&eacute; cabrones sois!&rdquo;, nos dijo Jorge, en perfecto estado de lozan&iacute;a con respecto a su aparato reproductivo, al enterarse de lo ocurrido. Quisimos darle una vuelta m&aacute;s a la tuerca inventando otra conversaci&oacute;n con la susodicha, seg&uacute;n la cual hab&iacute;amos insistido en su fortaleza de salud y en que apenas le qued&oacute; alg&uacute;n efecto secundario. Concretamente la impotencia.
    </p><p class="article-text">
        Poco tiempo despu&eacute;s est&aacute;bamos en el Club N&aacute;utico, tomando unas ca&ntilde;as al mediod&iacute;a, cuando ella, quien &uacute;nicamente sab&iacute;a que nuestro amigo estaba en la isla, entr&oacute; desde la puerta a la terraza. Jorge, viendo nuestras caras de malevaje, que insinuaban alguna ruindad en ciernes, se levant&oacute; con rapidez y, para estupefacci&oacute;n de la mujer, le dijo directamente: &ldquo;Yo no estoy operado de la pr&oacute;stata&rdquo;. Desde luego, ese no creo que sea el saludo m&aacute;s habitual dedicado a una amiga a quien no se ve desde hace m&aacute;s de 35 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Naci&oacute; con gen&eacute;tica apropiada para desarrollar su fino e inteligente sentido del humor, pero sin duda ayudaron a su solera aquellas tertulias, en las que participaba como <em>enfant terrible</em>, con personajes de la talla de Eduardo Chamorro o Joan Benet, sublimes cachondos de la cultura madrile&ntilde;a. Entre ellos estaba tambi&eacute;n Jes&uacute;s Aguirre, a la saz&oacute;n Duque Consorte de Alba, y un famoso pintor del que no recuerdo el nombre. Me contaba Jorge que el artista decidi&oacute; plasmar en un lienzo una escena en la cual estar&iacute;an representados todos los tertulianos. As&iacute; lo hizo ubic&aacute;ndolos con su habitual indumentaria, en diversas posturas, con una excepci&oacute;n: el Duque, en r&iacute;gida actitud y ataviado como un camarero.
    </p><p class="article-text">
        Una de las veces que lo visit&eacute; en Madrid, hab&iacute;amos quedado para almorzar juntos en la Facultad de las Ciencias de la Informaci&oacute;n. Acudimos al comedor de profesores y nos sentamos sin m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a en una mesa algo separada. Vest&iacute;a &eacute;l, como era habitual, de manera elegante y yo con mi informal, rupestre, y no menos frecuente, atuendo de veterinario de campo. Los profesores, que entraban y sal&iacute;an, nos dirig&iacute;an una mirada o un ligero saludo, contestados con la misma parquedad por Jorge. Me extra&ntilde;aba su comportamiento y le pregunt&eacute; si no se llevaba con el resto de profesores. &ldquo;No es eso&rdquo;, me dijo, &ldquo;estoy disfrutando de las preguntas que se estar&aacute;n haciendo acerca de d&oacute;nde habr&aacute; salido el raro esp&eacute;cimen que comparte la mesa conmigo&hellip;&rdquo; En aquel momento, &eacute;l no podr&iacute;a haberse imaginado que aquel mismo rupestre individuo, a&ntilde;os despu&eacute;s, asistir&iacute;a a una de sus brillantes disertaciones frente a la &eacute;lite cultural de Tenerife, en el TEA, durante la cual, entre otras cosas, abord&oacute; la simbolog&iacute;a del cuadro <em>Rendici&oacute;n de Breda</em>. Y menos que le iba a cuestionar acerca del n&uacute;mero de caballos que aparec&iacute;an en el lienzo. Su sonora y profunda voz se alz&oacute; para decir: &ldquo;&iexcl;Ten&iacute;a que venir a fastidiarme la conferencia un veterinario!&rdquo;. Ciertamente no debe ser una intervenci&oacute;n del orador frecuente en una conferencia sobre semi&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Disfrut&eacute; mucho de los viajes a la capital en los cuales, a veces, me quedaba en su casa. Por las noches tom&aacute;bamos una copa mientras yo gozaba, con enorme privilegio, de su ingenio. Lo mismo ocurr&iacute;a en sus visitas a La Palma, durante las que, sobre todo en los primeros a&ntilde;os, invariablemente coincid&iacute;amos al atardecer en la Bodeguita del Medio y la hora del aperitivo en el Club N&aacute;utico, mientras sus ni&ntilde;os correteaban y se ba&ntilde;aban no muy lejos. Su aspecto de dandi veraniego era notable, especialmente en una sociedad formada por personas conocidas, cuyos miembros lo iban ubicando poco a poco.
    </p><p class="article-text">
        Aquellos ni&ntilde;os son hoy los adultos que hace poco han gestionado, con enorme madurez, la crisis de su padre, siempre en la cercan&iacute;a de sus t&iacute;as, siempre con la consciencia de que sus amigos est&aacute;bamos hondamente preocupados. Por desgracia s&eacute; lo que es una muerte en la UVI debido a problemas respiratorios: Chuch&uacute;, mi compa&ntilde;ero y de otros muchos, la padeci&oacute;. De etiolog&iacute;a desigual pero probablemente con una angustiosa resoluci&oacute;n similar. Cuando su t&iacute;o Jorge y Lol&oacute; me comunicaron en la Calle Real que estaba ingresado, nos transmitimos &aacute;nimo dici&eacute;ndonos que saldr&iacute;a de esta. Pensamos que tendr&iacute;a que ser as&iacute; porque &eacute;l, para regocijo nuestro, hab&iacute;a tomado la decisi&oacute;n de pasar temporadas m&aacute;s largas en La Palma. Su familia ha sufrido much&iacute;simo, el dolor ha sido profundo y ha dejado huella tambi&eacute;n en quienes habr&iacute;amos disfrutado de su palabra, de aquel interrogante &ldquo;&iquest;eh?&rdquo; con el cual remataba sus frases brillantes o simplemente ocurrentes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/jorge-luis-lozano-in-memoriam_129_7828622.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Apr 2021 12:22:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jorge Luis Lozano:  in memoriam]]></media:title>
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      <title><![CDATA[¿Volveremos a clamar en el desierto?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/volveremos-clamar-desierto_129_6195198.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - ¿Volveremos a pedir el uso estratégico de la ganadería, para la prevención de incendios, sin que nos hagan caso?</p></div><p class="article-text">
        Una vez pasado el incendio, cuyo control ha requerido toda la atenci&oacute;n hacia el esfuerzo de esos grandes profesionales y voluntarios, me parece oportuno volver insistir en un tema que va siendo recurrente &iquest;Volveremos a clamar en el desierto?&iquest;Volveremos a pedir el uso estrat&eacute;gico de la ganader&iacute;a, para la prevenci&oacute;n de incendios, sin que nos hagan caso? Ciertamente creo que no, porque desde las veces anteriores se ha visto una apertura de miras por parte de casi todas las administraciones. Casi todas. Este &uacute;ltimo incendio, junto con una lecci&oacute;n de eficacia en su gesti&oacute;n, tambi&eacute;n nos ha proporcionado nuevos datos que corroboran la importancia de la prevenci&oacute;n en la lucha por la conservaci&oacute;n medioambiental. Por otro lado, parece que las medidas que se van tomando en Gran Canarias empiezan a sumarse a las que se han puesto en marcha en ciertas partes de la pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, primero en territorio espa&ntilde;ol y ahora, aparentemente de manera decidida, en Portugal donde, como muchos sabemos, lo incendios en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han sido pavorosos. Por no hablar de Francia donde las medidas de prevenci&oacute;n a las que me voy a referir, se est&aacute;n tomando desde la d&eacute;cada de los 80.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n mis informaciones hubo dos lugares donde las medidas preventivas de car&aacute;cter primario, como la limpieza y adecuaci&oacute;n de una zona, realizada por personal de Medio Ambiente, o secundario, como el mantenimiento de la vi&ntilde;a, que conlleva eliminaci&oacute;n de combustible, han permitido parar el fuego en esas &aacute;reas, con eficacia. Todos somos conscientes, sobre todo en los &uacute;ltimos tiempos, de la importancia de la prevenci&oacute;n y en este caso el ganado ha demostrado en muchos sitios su solvencia, cuando se trata de la lucha contra las llamas. Uno de ellos nos queda muy cerca: el &uacute;ltimo gran incendio, que se cobr&oacute; una vida humana, se pudo controlar en Mazo, precisamente en una zona pastoreada por cabras.
    </p><p class="article-text">
        El pastoreo en zonas concretas de los montes palmeros, descartando los ecosistemas especialmente sensibles, podr&iacute;a ser la respuesta m&aacute;s sostenible para mantener cortafuegos en zonas espec&iacute;ficas y de alto riesgo en caso de incendio forestal, o disminuir el combustible en otras de menor sensibilidad en cuanto a biodiversidad. Esta opini&oacute;n es compartida por los responsables del cabildo palmero que se hab&iacute;an comprometido a realizar una experiencia piloto de pastoreo en un &aacute;rea de Garaf&iacute;a, de manera que esta pr&aacute;ctica ganadera permitiera mejorar a la vez las condiciones de lucha contra el fuego. Se trataba de una experiencia piloto, de un primer paso, no de una panacea. No se iban a acabar los incendios porque un reba&ntilde;o estuviera pastando en cualquier lado. Se trataba de recabar informaci&oacute;n que pudiera complementar a la experiencia positiva, realizada por el Cabildo Insular, con cabras de recr&iacute;a en un cortafuego, hace algunos a&ntilde;os. Suponiendo que ocurriera lo mismo que en otros sitios, el ahorro en mantenimiento ser&iacute;a considerable. En Galicia se asegura que el uso de esta pr&aacute;ctica permite reducir los costos de su autonom&iacute;a en una cantidad de 60 millones de euros. Didac D&iacute;as, ingeniero forestal del Cabildo de Gran Canaria, considera que el mantenimiento de ciertas zonas estrat&eacute;gicas como el cauce de barranco de la Sorrueda &ldquo;en caso de hacerse con cuadrillas, supondr&iacute;a m&aacute;s de 1.000 euros por hect&aacute;rea, mientras que el paso de un pastor por una zona estrat&eacute;gica tiene un coste de 180 euros por hect&aacute;rea&rdquo;, solo un 18%.Este mismo ingeniero indica que en Gran Canaria hay unas 8.000 hect&aacute;reas que est&aacute;n siendo pastoreadas, y que con la instalaci&oacute;n de GPS en cabras y ovejas se puede hacer un mejor control de las zonas tratadas, monitorizando unas 7.000 cabezas de peque&ntilde;os rumiantes pertenecientes a 60 pastores &iquest;Se trata de sustituir las cuadrillas por los animales? Evidentemente no, se trata de hacer su trabajo m&aacute;s eficaz, su capacidad de actuaci&oacute;n m&aacute;s amplia.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto existen otro tipo de beneficios fuera de los forestales, en este caso sobre la rentabilidad de las explotaciones ganaderas. Afortunadamente, en la actualidad, la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n canaria sabe lo que es la Cabra Palmera y el Queso Palmero. Y sabe tambi&eacute;n que la calidad de este producto viene condicionada por la alimentaci&oacute;n de los animales, que en buena cantidad est&aacute; basada en los pastos. La utilizaci&oacute;n de estos, sobre todo en diversos momentos del ciclo productivo de las cabras (secado, recr&iacute;a), incide significativamente en el balance econ&oacute;mico de las explotaciones, porque implica un buen ahorro en coste de forrajes. Pero hay otro aspecto que incide tanto o m&aacute;s econ&oacute;micamente, aunque es menos perceptible por parte de muchos productores y mucho menos por aquellos no vinculados al subsector ganadero. El periodo que transcurre entre que los animales dejan de dar leche e inician la nueva lactaci&oacute;n, tras los partos, es crucial e influye significativamente en la producci&oacute;n total l&aacute;ctea. Un mal manejo de la alimentaci&oacute;n en ese tiempo puede llevar a grandes p&eacute;rdidas de madres y cr&iacute;as durante la paridera y, adem&aacute;s, todo lo que no lleve a un equilibrio en la flora ruminal tiene un considerable efecto negativo en las siguientes fases de la lactaci&oacute;n. El pastoreo ayuda mucho en ese sentido, puesto que los animales ingieren cantidad de fibra y por su comportamiento alimenticio procuran escoger la de m&aacute;s calidad, propiciando una lactancia posterior extensa y saludable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La experiencia piloto apoyada, incluso con medios materiales, por el cabildo palmero y vista con buenos ojos por las autoridades auton&oacute;micas, no pudo llevarse a cabo porque tropez&oacute; con algunas dificultades, ajenas a la corporaci&oacute;n insular o al propio ganadero, y porque posteriormente, una vez solventadas estas, se declar&oacute; el estado de prealerta. Las cabras, una vez pre&ntilde;adas, no paren cuando su propietario quiera sino cuando corresponda a su ciclo reproductivo, por lo que el considerable retraso hizo inviable el proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Por fortuna, tanto el ganadero como la corporaci&oacute;n insular no se han desanimado y pretenden repetir la experiencia el pr&oacute;ximo a&ntilde;o, adelantando el inicio del pastoreo e implementando nuevas medidas que contribuyan a un mejor control e incremento en la eficacia. Todo pasa por la planificaci&oacute;n y me consta que en esa idea se encuentra actualmente la Consejera de Medio Ambiente del Cabildo palmero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>*Juan Capote, bi&oacute;logo, doctor en Veterinaria por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y especialista en ganado caprino.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/volveremos-clamar-desierto_129_6195198.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 2020 08:34:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Volveremos a clamar en el desierto?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El COVID-19 y el síndrome del ‘futbolero’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/covid-sindrome-futbolero_132_5956551.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El problema es que no se sabe distinguir una noticia seria de una</p><p class="subtitle">. Y peor todavía, que se valora, a la hora de darle credibilidad, más el sesgo político que el contenido de la información</p></div><p class="article-text">
        Debo reconocer que a m&iacute; me gusta m&aacute;s el balompi&eacute; por razones sentimentales que por deportivas. La &eacute;pica del Atl&eacute;tico de Madrid me encanta, pero lo que realmente me fascina es el aroma a salitre viejo que se respira en el entorno del Tenisca. Pero yo me considero un conocedor de clase B en cuestiones de f&uacute;tbol. Sin embargo, he disfrutado muchos partidos junto a todo tipo de gente en La Palma, en las otras islas y en la pen&iacute;nsula. Entre ellos algunos de clase A como los hermanos Almenara, Paquito o Aroldo, todos de mi equipo, o como los hermanos Ayut o Miguel Perdig&oacute;n, quien fue destacado guardameta del Mensajero. Pero no se trata de estos &uacute;ltimos, voy a referirme a los otros, a quienes, al igual que yo, discutimos a pesar de nuestros conocimientos inferiores. Y adem&aacute;s siempre ganamos todos los encuentros despu&eacute;s del pitido final. Si hubiera puesto a fulano en lugar de mengano por la banda, seguro que no nos empatan; si el portero no sale a destiempo&hellip;; si el planteamiento hubiera sido m&aacute;s ofensivo&hellip; Y por supuesto lo que perjudica a mis colores es malo y lo que le beneficia es bueno. Pero en todo caso no se olviden de que estamos hablando de futbol, lo m&aacute;s importante para mucha gente hasta hace seis semanas. Ahora tenemos otros motivos, otros temas de conversaci&oacute;n, sobre lo que nos puede costar nuestra salud, o nuestra vida, como les paso a Felo y a Mario, tan rivales en lo futbol&iacute;stico como queridos por sus amigos.
    </p><p class="article-text">
        Desgraciadamente esos comportamientos de futboleros de clase B se han trasladado al campo de las ciencias de la salud. Como de entrada perdimos el partido, porque los responsables del equipo no tuvieron ni la inteligencia, ni los medios, ni la preparaci&oacute;n cient&iacute;fica (Dra. en Ciencias F&iacute;sicas) de Do&ntilde;a &Aacute;ngela Merkel, muchos se han apresurado a indicar el camino que nos hubiera evitado el 90% de los problemas de haberse seguido. Sus fuentes no provienen de revistas m&eacute;dicas, aunque a fuerza de leer, o m&aacute;s bien o&iacute;r en los <em>youtubes</em>, todo lo que les echen, alguna vez coinciden con la informaci&oacute;n emitida por un cient&iacute;fico de categor&iacute;a contrastada. El problema es que no se sabe distinguir una noticia seria de una <em>fake</em>. Y peor todav&iacute;a, que se valora, a la hora de darle credibilidad, m&aacute;s el sesgo pol&iacute;tico que el contenido de la informaci&oacute;n. Al igual que los <em>futboleros, </em>quienes solo leen los diarios y revistas que apoyan decididamente a sus respectivos equipos. Nos da igual que sea un experto como Michael Robinson (que EPD) o un <em>canchanch&aacute;n</em>, siempre que diga lo que queremos o&iacute;r. Y la calidad de los periodistas, tanto en f&uacute;tbol como en las actuales circunstancias es muy variable.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 26 de abril, en la rueda de prensa habitual del Dr. Sim&oacute;n, le hicieron una pregunta a la cient&iacute;fica del Instituto Carlos III. La realizaba un o una periodista de cierta cadena de televisi&oacute;n auton&oacute;mica, de las m&aacute;s importantes de Espa&ntilde;a. Y era as&iacute;. &ldquo;Dra. &iquest;Usted cree que es necesario hacer un estudio de prevalencia a 90.000 personas si sabe que todos los d&iacute;as se hacen 50.000 PCR?&rdquo; Cualquier individuo con un cierto nivel acad&eacute;mico sabe diferenciar test de anticuerpos y un PCR. Y adem&aacute;s sabe que, seg&uacute;n el segmento de la poblaci&oacute;n sobre el que se hace la muestra, el resultado dice una cosa y no otra. Las diferencias en el muestreo y en la t&eacute;cnica son notables. Y la cuesti&oacute;n es: &iquest;un medio de la prensa que presume de cierto nivel y que hace preguntas en el ojo del hurac&aacute;n, no deber&iacute;a por lo menos asesorarse con un especialista? Alguien que le explique la diferencia entre un test para diagn&oacute;stico y un estudio de seroprevalencia. Afortunadamente no todos son iguales.
    </p><p class="article-text">
        Y otro ejemplo m&aacute;s acerca de esas noticias que el futbolero quiere o&iacute;r. En plena pol&eacute;mica por las desafortunadas declaraciones del general de la Guardia Civil, aparece algo muy importante. El Dr. Sim&oacute;n dice que las anal&iacute;ticas PCR se han multiplicado por cuatro y, sin embargo, el n&uacute;mero de casos positivos se mantiene. Eso se puede interpretar de muchas maneras, pero en todo caso es una noticia que llena de esperanza. &iquest;Qu&eacute; repercusi&oacute;n tuvo en la prensa, del color que sea? Ninguna, al menos de una manera m&iacute;nimamente notable.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s est&aacute;n los <em>futbolero</em>s de las teor&iacute;as conspiranoicas, cocinadas y servidas en las redes. Antes era algo as&iacute; como: &ldquo;El partido estaba apa&ntilde;ado. El &aacute;rbitro es amigo de un cu&ntilde;ado de fulanito que le pag&oacute; no s&eacute; cu&aacute;ntos euros&rdquo;. En este caso mucha gente se dedica a especular sobre un experimento chino del que podr&iacute;a haberse escapado el virus, en el mejor de los casos. A m&iacute; me gustar&iacute;a que vieran c&oacute;mo son las medidas de seguridad en un laboratorio de algo tan inocuo como la leche o que les fumigaran antes de entrar en una granja, a ver si cambian de opini&oacute;n. En cuanto a los que dicen que fue liberado a prop&oacute;sito, que me expliquen c&oacute;mo una bomba se prueba matando a tu propia poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En las discusiones futboleras es muy importante poner la referencia en boca de alguien solvente: &ldquo;Pues dice Jos&eacute; Mar&iacute;a Garc&iacute;a que&hellip;&rdquo; Y parece que con esta crisis sanitaria se sigue la misma pauta. El pasado 26 de abril corr&iacute;a la noticia de que el Nobel de Medicina Tasuku Honjo hab&iacute;a dicho que el virus pod&iacute;a haber salido de un laboratorio. De inmediato puse el nombre del doctor en internet (1.150.000 resultados) y la primera noticia que sale es un desmentido de la <em>fake</em>.
    </p><p class="article-text">
        Realmente estoy deseando volver a ser el futbolero de clase B dedicado a buscar chivos expiatorios: los &aacute;rbitros.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/covid-sindrome-futbolero_132_5956551.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2020 09:43:28 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El COVID-19 y el síndrome del ‘futbolero’]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Roberto, Chachín y Quico’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/roberto-chachin-quico_132_1001609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Roberto nos acaba de dejar y de aquel instante, que tal vez hubiera pintado Anelio, solo queda mi cuerpo yacente sobre la vereda, el eco de una graja y quizás la sombra de un caballete.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        He visitado varias veces la Caldera de Taburiente y guardo un especial recuerdo de una de aquellas excursiones. En octubre de 1987 yo estaba reci&eacute;n llegado de una estancia en Inglaterra y ten&iacute;a muchas, muchas ganas de entrar en el Parque Nacional, sobre todo despu&eacute;s de saber que, aparte de m&iacute;, el grupo de visitantes solo estar&iacute;a integrado por Quico Concepci&oacute;n, Chach&iacute;n Arocena y Roberto Amador. El <em>n&uacute;cleo duro</em> de la <em>sabatina</em>, formada por un grupo de amigos que todos los s&aacute;bados nos reun&iacute;amos para ver c&oacute;mo Quico y un n&uacute;mero de avezados alumnos pintaban, mientras el resto serv&iacute;amos la copas, ayud&aacute;bamos a cargar el material y nos part&iacute;amos de risa.
    </p><p class="article-text">
        Tras la tradicional parada para almorzar en el Valle de Aridane, subimos a Los Brecitos contentos e iluminados por el riego con el que mojamos el &aacute;gape. Cuando quedaban escasamente un par de kil&oacute;metros para llegar, comprobamos que una chica, sin duda extranjera y con aparatosa mochila en la espalda, sub&iacute;a a un paso cansino aquella empinada cuesta, en nuestra misma direcci&oacute;n. Tras descargar el coche Quico, haciendo un aparte, me dijo en voz baja:
    </p><p class="article-text">
        -Ya ver&aacute;s c&oacute;mo <em>la rebujina</em> la va a buscar.
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, casi enseguida Roberto se dirigi&oacute; a m&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        -&ldquo;Josechu, baja conmigo que esa chica es extranjera y t&uacute; eres el &uacute;nico que la puede entender&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        No es que mi amigo el pintor fuera un adivino. Tanto &eacute;l como el resto conoc&iacute;amos suficientemente el car&aacute;cter de Roberto: era un ser lleno de generosidad y compasi&oacute;n, cuya humildad le imped&iacute;a ser consciente de ello. Sus virtudes eran naturales, tan s&oacute;lidas como los aquellos riscos que estaban a punto de envolvernos. Si no la ayud&aacute;bamos la iba a coger la noche en medio del sendero y eso nuestro amigo no lo iba a permitir.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, descendimos para subir a la veintea&ntilde;era, quien se identific&oacute; como alemana y, una vez llegados al encuentro con nuestros amigos, nos metimos en el camino hacia Taburiente. Era muy flaca y poco agraciada; un tanto c&aacute;ndida, con aspecto de buena persona. Desde el inicio del trayecto ella, junto con Chach&iacute;n, puro en boca, pusieron una marcha de m&aacute;s por lo que se adelantaron con facilidad. Baj&aacute;bamos y sub&iacute;amos peque&ntilde;os barrancos que ol&iacute;an a resina de pino as&iacute; que, pese a llevarnos cierta distancia, a veces conflu&iacute;amos en las cimas contiguas.
    </p><p class="article-text">
        En una de aquellas ocasiones nuestro predecesor nos grit&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        -&ldquo;&iexcl;Es de las nuestras!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Me preguntaba c&oacute;mo pudo entenderse con ella porque nuestro amigo solo hablaba espa&ntilde;ol, idioma que la muchacha desconoc&iacute;a por completo. Entonces me acord&eacute; de una an&eacute;cdota ocurrida el a&ntilde;o anterior. Como era habitual, a final del verano arrib&oacute; un velero que ven&iacute;a con una familia alemana a bordo, rumbo a Am&eacute;rica. Normalmente en el Club N&aacute;utico eran acogidos y se les permit&iacute;a usar sus instalaciones, as&iacute; que pronto los ni&ntilde;os viajeros estaban jugando con los del Club, entre los que se encontraban los hijos de Quico. Coincidieron aquellas fechas con el cumplea&ntilde;os de Gonzalito, el m&aacute;s peque&ntilde;o de todos, por lo que fueron invitados los infantes alemanes y con ellos sus padres. Al d&iacute;a siguiente hab&iacute;a expectaci&oacute;n en la barra del N&aacute;utico. Est&aacute;bamos todos intrigados acerca de c&oacute;mo Quico, que no hablaba sino espa&ntilde;ol, pod&iacute;a haberse comunicado con el teut&oacute;n que no ten&iacute;a ni idea de nuestro idioma. Al llegar el pintor nos arremolinamos en su entorno y fue Roberto quien pregunt&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        -&ldquo;&iquest;Pudiste entenderte con el alem&aacute;n?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        -&ldquo;Hasta la tercera botella de vino no&rdquo;,  contest&oacute; Quico con convicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso est&aacute;bamos intrigados por lo que le hab&iacute;a dicho la alemana y al llegar a la casa de Taburiente nos apresuramos a interrogar al fumador. Nos explic&oacute; que, seguramente ayudado por la ingesta l&iacute;quida del almuerzo, le hab&iacute;a podido preguntar si no le asustaba que se hiciera de noche en la vereda, a lo que ella respondi&oacute; llev&aacute;ndose la mano al pecho mientras pronunciaba la palabra &ldquo;Jes&uacute;s&rdquo;. Se sent&iacute;a bajo su protecci&oacute;n divina.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que al encontrarnos la muchacha hab&iacute;a ca&iacute;do de pie. Pudo alojarse, desayunar y cenar con nosotros. El resto del d&iacute;a, para nuestra comodidad y preocupaci&oacute;n, desaparec&iacute;a con intenci&oacute;n de caminar sobre aquellas inseguras veredas. La verdad es que nos ca&iacute;a bien e incluso, despu&eacute;s de la tercera jornada all&iacute; dentro, nos parec&iacute;a un poquito m&aacute;s guapa.
    </p><p class="article-text">
        El cuarto d&iacute;a la despedimos despu&eacute;s del desayuno y empezamos a recoger el material para dirigirnos al fondo del amplio barranco de Taburiente. Caminamos por una ancha vereda a cuya derecha transcurr&iacute;a el cauce del agua. A la izquierda, el pinar se desparramaba desde la cumbre llenando la zona de ac&iacute;culas que se acumulaban creando un c&oacute;modo colch&oacute;n. Despu&eacute;s de ayudar a Quico con sus preparativos, Chach&iacute;n y yo nos desplomamos sobre el mullido camino aprovechando como almohada un peque&ntilde;o desnivel cubierto de pinillo. Mir&aacute;bamos al cielo y a las copas de los &aacute;rboles empapados del aroma que exhalaba el sempiterno puro de mi amigo. La noche anterior hab&iacute;a sido pr&oacute;diga en libaciones y segu&iacute;amos una norma, establecida mucho tiempo antes, por la que no pod&iacute;amos beber hasta la una. El seguimiento era a rajatabla, solo que los domingos nos reg&iacute;amos por la hora peninsular.
    </p><p class="article-text">
        Quico, disciplinado a pesar de que compart&iacute;a la previsible incomodidad estomacal, preparaba el apunte del que luego, en su estudio, saldr&iacute;a uno de sus grandes cuadros. Roberto, hombre <em>desinquieto</em> donde los hubiera, baj&oacute; a explorar el solitario barranco. Toda la caldera era solo nuestra y dos la contemplaban desde la posici&oacute;n horizontal mientras que un tercero se esforzaba a pie derecho en su tarea y el cuarto corr&iacute;a y se encaramaba como un gamo, a pesar de estar a punto de cumplir los sesenta. Quico, envidioso de nuestra comodidad, empez&oacute; a provocarnos.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Miren qu&eacute; lejos llega Roberto&rdquo;, dijo sin dejar de mirar a su cuadro.
    </p><p class="article-text">
        Silencio, solo roto por el ruido del agua y una casi imperceptible calada de puro.
    </p><p class="article-text">
        Un rato m&aacute;s tarde, volviendo su cabeza hacia nosotros insisti&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        - &ldquo;Miren, ahora <em>la rebujina</em> se acaba de subir a una piedra.
    </p><p class="article-text">
        Nuevamente silencio en el triclineo romano.
    </p><p class="article-text">
        La tercera vez ya el pintor par&oacute; su ejercicio art&iacute;stico y se gir&oacute; completamente hacia nosotros.
    </p><p class="article-text">
        -&ldquo;&iquest;Pero es que no se van a levantar a mirarlo?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Entonces Chach&iacute;n abri&oacute; la boca para expresarse con rotundidad:
    </p><p class="article-text">
        -&ldquo;&iquest;Levantarnos, para que nos quiten el sitio?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Roberto nos acaba de dejar y de aquel instante, que tal vez hubiera pintado Anelio, solo queda mi cuerpo yacente sobre la vereda, el eco de una graja y quiz&aacute;s la sombra de un caballete.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/roberto-chachin-quico_132_1001609.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2020 13:35:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[‘Roberto, Chachín y Quico’]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Berto y Toño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/berto-tono_132_1937851.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Berto y Toño son realmente brillantes y, en el mismo mes y año, al médico se le ha nombrado Hijo Predilecto de La Palma y al veterinario presidente del Comité Científico de la Reserva de la Biosfera.</p></div><p class="article-text">
        Conoc&iacute; al Dr. Norberto Batista cuando llegu&eacute; por primera vez a mi colegio mayor. Se encontraba entre el grupo de privilegiados estudiantes quienes ya hab&iacute;an alcanzado las &uacute;ltimas asignaturas de la carrera. En aquella &eacute;poca no se pod&iacute;a permanecer en el colegio si no pasabas de curso, as&iacute; que todos eran buenos universitarios, a quienes respet&aacute;bamos y admir&aacute;bamos de manera diversa. En esta variabilidad Norberto se encontraba en el rango superior: era serio, ecu&aacute;nime y muy consecuente con sus ideas. El hecho de que no perteneciera al grupo de cafres, con el que yo me identificaba, no le restaba valor en nuestra estima.
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        Despu&eacute;s de licenciarse, Berto opt&oacute; por la comprometida especialidad de oncolog&iacute;a, donde no tardar&iacute;a en destacar. Por desgracia, a estas alturas de la vida, varias de mis amistades y alg&uacute;n familiar, han tenido que pasar por un tratamiento oncol&oacute;gico, por lo que, irremediablemente, he tenido constancia personal del quehacer del m&eacute;dico y, por otra parte, tambi&eacute;n he asistido a alguna de sus conferencias. No me voy a detener en sus &eacute;xitos personales porque recientemente han sido se&ntilde;alados por la prensa. Son otras cosas, desconocidas por la mayor&iacute;a, las que siguen despertando en m&iacute; esa admiraci&oacute;n de estudiante universitario. Norberto, muchos a&ntilde;os despu&eacute;s sigue fiel a sus principios y a su tierra. Con su prestigio podr&iacute;a acumular riqueza de forma considerable dedic&aacute;ndole m&aacute;s tiempo a la actividad privada. Pero en lugar de eso la ha empleado en estudiar, para beneficio del sector p&uacute;blico, y en trabajar su tierra. Con sus propias manos ha levantado las paredes de piedra que separan a los bancales, cultivados de aguacates, colindantes a su propia casa. La tierra para el que la trabaja. Y tambi&eacute;n he tenido la oportunidad de verlo entrar en la habitaci&oacute;n donde yace un paciente. Esa mirada clara y limpia, junto a su palabra suave y sabia, crea la sensaci&oacute;n en el enfermo de que por la puerta ha entrado un Arc&aacute;ngel (Supongo que San Miguel, por ser de La Palma)
    </p><p class="article-text">
        Al Dr. Antonio Fern&aacute;ndez lo conoc&iacute; en circunstancias inversas: &eacute;l era un destacado estudiante de veterinaria cuando yo acababa la carrera e hicimos pinitos juntos, en La Palma, donde mi t&iacute;tulo figuraba y &eacute;l pon&iacute;a un saber cl&iacute;nico ausente en mi especialidad de Producci&oacute;n Animal. Pero desde el principio su s&oacute;lida vocaci&oacute;n de pat&oacute;logo no fue obst&aacute;culo para tener una visi&oacute;n mucho m&aacute;s amplia de la importancia y problem&aacute;tica que envolv&iacute;a a la ganader&iacute;a canaria. Una visi&oacute;n solidaria y global que pronto lo puso en la tarea de cimentar la Facultad de Veterinaria de la ULPGC, en cuyo proceso de construcci&oacute;n ha sido una figura clave, sin el suficiente reconocimiento p&uacute;blico todav&iacute;a. A To&ntilde;o me unen adem&aacute;s afectos familiares pues he sido c&oacute;mplice de su padre, desde hace mucho tiempo, con quien comparto afecto y alegr&iacute;a cada vez que coincidimos y nos abrazamos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Quiz&aacute;s por todos esos lugares comunes, adem&aacute;s de por su inteligencia natural, siento que, cuando estoy trabajando con &eacute;l, conoce mis opiniones antes de que yo las exprese.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda su trayectoria es muy conocida entre los profesionales, pero puede que muchos palmeros no sepan que &eacute;l fue, en su momento, el catedr&aacute;tico m&aacute;s joven de Espa&ntilde;a, o que la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ha alcanzado un gran nivel, en buena parte debido a la labor de su equipo, o que es un hombre de referencia mundial en su especialidad, entre otras cosas. Pero tan importante como eso es su disponibilidad para trabajar a favor de los que m&aacute;s lo necesitan o su generosidad a la hora de entender a quienes han discrepado injustamente con &eacute;l, como suele ocurrir con todos los que destacan en una actividad.
    </p><p class="article-text">
        Hace un a&ntilde;o, aproximadamente, escrib&iacute; en este mismo medio un texto sobre dos grandes amigos: un eminente investigador israel&iacute; y un ex luchador, propietario de perros de presa canarios. Dec&iacute;a de ellos que solo ten&iacute;an en com&uacute;n mi amistad y el a&ntilde;o y mes de su muerte. En este caso, por fortuna, no es as&iacute;: Berto y To&ntilde;o est&aacute;n vivitos y coleando, con tiempo para seguir beneficiando a nuestra sociedad. Ambos son realmente brillantes y, en el mismo mes y a&ntilde;o, al m&eacute;dico se le ha nombrado Hijo Predilecto de La Palma y al veterinario presidente del Comit&eacute; Cient&iacute;fico de la Reserva de la Biosfera, dos reconocimientos del m&aacute;s alto rango que contradicen la frase lo de que &ldquo;nadie es profeta en su tierra&rdquo;. Esto deja en un elevado nivel a nuestros dos paisanos, pero tambi&eacute;n a quienes han tenido la lucidez de nombrarlos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/berto-tono_132_1937851.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Sep 2018 16:52:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Berto y Toño]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un regalo en el alféizar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/regalo-alfeizar_132_2001500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hubo una época en la cual las ratas blancas de laboratorios estaban de moda, pero no recuerdo que ningún niño de mi época y de mi entorno la tuviera.</p></div><p class="article-text">
        Cuando los brit&aacute;nicos ganaron la batalla de Inglaterra a los alemanes, alguien describi&oacute; a aquellos j&oacute;venes h&eacute;roes como muchachos que, diez a&ntilde;os antes, ten&iacute;an una rata blanca en su bolsillo. Efectivamente, hubo una &eacute;poca en la cual esos animalillos de laboratorios estaban de moda, pero no recuerdo que ning&uacute;n ni&ntilde;o de mi &eacute;poca y de mi entorno la tuviera. Quien s&iacute; la pose&iacute;a era mi h&eacute;roe del momento, Guillermo Brown, personaje literario mediante el cual la genial Richmal Crompton satirizaba a una vida social llena de prejuicios brit&aacute;nicos y de caspa victoriana. Y no solo eso. Guillermo lleg&oacute; a organizar &ldquo;la quincena de las ratas&rdquo;, como oposici&oacute;n a &ldquo;la semana de los p&aacute;jaros&rdquo; que una cursi se&ntilde;orita vegetariana hab&iacute;a puesto en marcha en su pueblo. En este caso mi h&eacute;roe consigui&oacute; concentrar a un mont&oacute;n de ratas, de todo tipo menos blancas, a base de robarlas de las ratoneras y proporcionarles un op&iacute;paro banquete diario sustra&iacute;do de las despensas de su familia y las de sus amigos. El relato acaba cuando Guillermo, sin ser consciente de ello, aparece en un concurso disfrazado del flautista de Amel&iacute;n, llevando detr&aacute;s un s&eacute;quito de roedores. Por supuesto gan&oacute; el premio tras provocar una desbandada entre el p&uacute;blico asistente. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Me sent&iacute;, por tanto, muy feliz cuando me la consiguieron y la ten&iacute;a encima cada vez que era posible. Por eso el d&iacute;a en que se me perdi&oacute; me llev&eacute; un gran disgusto, pero, inesperadamente, la rata aflor&oacute; en el patio trasero de la casa, a la semana siguiente. Estaba hecha un desastre con varias mordidas propiciadas por sus cong&eacute;neres de alcantarilla, una de las cuales le hab&iacute;a partido el rabo. A esas alturas ya era una adulta, hab&iacute;a perdido la gracia de su etapa juvenil y, francamente, ten&iacute;a un aspecto deplorable. La cog&iacute; y, con toda la delicadeza que pude, le practiqu&eacute; lo que yo cre&iacute;a que eran los primeros auxilios. Un poco m&aacute;s tarde volvi&oacute; a escaparse y nunca m&aacute;s la volv&iacute; a ver.
    </p><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, tras la muerte de mi padre, mi hermana convenci&oacute; a nuestra madre, Loreto, para que se pasara algunos d&iacute;as en la casa de campo donde veraneaba. Ella, propietaria de la finca, jam&aacute;s pernoct&oacute; con anterioridad en la misma, aunque sub&iacute;a de tarde en tarde con su marido y la utilizaba para celebrar encuentros familiares. Tras superar, no sin esfuerzos, sus reticencias, se le prepar&oacute; una habitaci&oacute;n la cual, como todas las del edificio, ten&iacute;a una ventana exterior que comunicaba con el resto de la parcela donde deambulaban dos perros y una gata. Esta &uacute;ltima, queriendo congraciarse con la visita, le dej&oacute; un regalo en el alfeizar. Cuando mi madre comprob&oacute; que se trataba de un rat&oacute;n cazado por ella, arregl&oacute; su equipaje, regres&oacute; a su casa en Santa Cruz de La Palma y nunca m&aacute;s volvi&oacute; a pernoctar en aquel inmueble.
    </p><p class="article-text">
        Loreto, como otras muchas personas, le ten&iacute;a una fuerte fobia a las ratas y, sin embargo, en su d&iacute;a acept&oacute; que su hijo tuviera una. Por potente que fuera esa aversi&oacute;n, el sentimiento era infinitamente inferior al amor que sent&iacute;a por &eacute;l.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/regalo-alfeizar_132_2001500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Jul 2018 21:13:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un regalo en el alféizar]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mirada de Lola]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/mirada-lola_132_2012822.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace dos meses le detectamos un tumor mamario a Lola. La llevamos para que Sandra, una amiga y colega especialista, la operara.</p></div><p class="article-text">
        Un d&iacute;a Kulber, el perro Pastor Garafiano que ten&iacute;amos en la granja, se acerc&oacute; hac&iacute;a m&iacute; agitado. Al llegar me di cuenta de que ten&iacute;a sangre en la mand&iacute;bula, justo antes de verlo desplomarse y morir. Alarmado llam&eacute; a Manolo, un compa&ntilde;ero de trabajo experto cazador, para que corroborara mi opini&oacute;n acerca de que el perro hab&iacute;a sido envenenado. Por desgracia, en el mundo de los podencos no es nada raro que los vecinos de la zona envenenen a los perros pertenecientes a cuadrillas for&aacute;neas, e incluso sus propietarios suelen llevar un ant&iacute;doto, cuando salen de cacer&iacute;a, que han salvado unas cuantas vidas caninas. Mi amigo no lo ten&iacute;a claro y, haciendo un desagradable esfuerzo, decidimos abrirlo para tomar muestras. Cuando seccionamos el coraz&oacute;n emergieron una multitud de filarias: el perro hab&iacute;a muerto de un infarto, pero &iquest;por qu&eacute;? Recorrimos el camino que hab&iacute;a usado el animal en sentido contrario y, tras adentrarnos en la nave m&aacute;s cercana, revisamos los corrales hasta que nos encontramos con el espect&aacute;culo: junto al comedero que tambi&eacute;n hacia de valla, se encontraba un cabrito muerto con el cuello seccionado. El instinto cazador dormido de Kulber hab&iacute;a aflorado para ensa&ntilde;arse con el animal. Aquel enorme n&uacute;mero de par&aacute;sitos existentes en su torrente sangu&iacute;neo termin&oacute; completando la faena.
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        Un par de a&ntilde;os despu&eacute;s, todav&iacute;a sin perro pastor, fui al Sur de Tenerife para visitar una floreciente explotaci&oacute;n caprina, junto a mi compa&ntilde;ero Mor&iacute;n, que hab&iacute;a sido cabrero desde peque&ntilde;o. All&iacute; se encontraba una perra garafiana parida y &eacute;l pensaba recoger algunos cachorros para entregarlos a pastores. Los fue probando uno a uno por el sistema de agarrarlos de la piel del lomo dej&aacute;ndolos en el aire. Si se quejaban no serv&iacute;an. Con el convencimiento de que est&aacute;bamos haciendo algo bueno para los ganaderos, llevamos los perros a nuestra granja para repartirlos en la siguiente semana. As&iacute; pues, Mor&iacute;n, satisfecho con lo que &iacute;bamos a hacer, se fue al norte de la isla con tres animalitos, pero volvi&oacute; con una cachorra. El potencial due&ntilde;o no pod&iacute;a tenerla porque ya se hab&iacute;a hecho con otro perro de pastoreo y, como consecuencia, la perrita regresaba al centro. Ya nos hab&iacute;a costado desprendernos de todos esos simp&aacute;ticos garafianos por lo que fue recibida con alegr&iacute;a y decidimos que iba a ocupar el puesto de Kulber. Lola hab&iacute;a llegado a casa.
    </p><p class="article-text">
        El animal, como corresponda a los canes de esa raza, pronto empez&oacute; a demostrar una gran inteligencia y un car&aacute;cter afable. Cuando te miraba sab&iacute;as que te estaba entendiendo y ese sentimiento se iba acrecentando con la madurez. Tambi&eacute;n ten&iacute;a una cualidad que los cabreros aprecian mucho y denominan <em>sangre</em>. Es decir, una disposici&oacute;n inmediata para recibir &oacute;rdenes y trabajar. Era y es querida por todos nosotros sin excepci&oacute;n y alguna vez me la traje a mi casa. En la primera ocasi&oacute;n que lo hice, aquella perra que no hab&iacute;a salido nunca de una granja se comport&oacute; como una consumada urbanita.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo los procesos fisiol&oacute;gicos habituales, llegado el momento tuvo su primer celo y seis meses despu&eacute;s el segundo. Cuando le lleg&oacute; el tercero le trajimos un macho muy representativo de la raza que cumpli&oacute; como gal&aacute;n experto, pese a ser su primera cubrici&oacute;n. Dos meses despu&eacute;s nacieron siete cachorros que fueron amamantados perfectamente hasta su destete, tras el cual pasaron a manos de los nuevos due&ntilde;os y hoy existen varios de sus descendientes con posibilidades de ser campeones de la raza.
    </p><p class="article-text">
        Lola, como muchos individuos, tuvo su momento de gloria. Cuando ten&iacute;a ya unos pocos a&ntilde;os apareci&oacute; por Tenerife un famoso presentador de TV, ruso, que estaba recorriendo el mundo para mostrar las diferentes razas caninas del globo. Era como americano C&eacute;sar Mill&aacute;n pero a la moscovita. Este fornido <em>encantador de perros</em> hab&iacute;a sido militar en los cuerpos de &eacute;lite, lo que no le hab&iacute;a agriado el sentido del humor. Yo le recomend&eacute; que fuera a La Palma a grabar a los garafianos en pastoreo, pero por razones de agenda le era imposible.
    </p><p class="article-text">
        Soltamos unas cabras y tras ellas fue la Lola, casi haciendo el parip&eacute;. Despu&eacute;s el ruso se sent&oacute; en un mullido prado y la llam&oacute; usando palabras de su idioma. Mientras la acariciaba se dirig&iacute;a a la c&aacute;mara deshaci&eacute;ndose en elogios, seg&uacute;n nos comentaba el traductor.
    </p><p class="article-text">
        Algo m&aacute;s recientemente, Narvay Quintero, el Consejero de Agricultura del Gobierno de Canarias, decidi&oacute; visitar nuestra granja, acompa&ntilde;ado de varias personas relevantes de su departamento, cosa que agradecimos porque era el primero que lo hac&iacute;a en 35 a&ntilde;os de nuestra existencia. Las instalaciones se encontraban en estado de revista, pero no pod&iacute;amos evitar las situaciones inesperadas. Cuando llegamos al &uacute;ltimo corral, la comitiva observ&oacute; con horror que en medio de las j&oacute;venes cabras se encontraba una gran rata. Se quedaron mir&aacute;ndola a trav&eacute;s de la valla y yo fui, tan r&aacute;pido como mis a&ntilde;os me dejaron, a buscar a Lola. Tras abrirle la puerta tard&oacute; unos segundos en detectar al roedor y mucho menos en morderlo, lanzarlo al aire y, tras el aterrizaje, destrozarle el cr&aacute;neo con su mand&iacute;bula.
    </p><p class="article-text">
        Hace dos meses le detectamos un tumor mamario a Lola. La llevamos para que Sandra, una amiga y colega especialista, la operara. Tuvo que extirparle tambi&eacute;n los ovarios, donde ten&iacute;a met&aacute;stasis, y nos comunic&oacute; que todo era cuesti&oacute;n de tiempo. Y no mucho. Cuando realmente no pudi&eacute;ramos evitar su sufrimiento habr&iacute;a que tomar una dolorosa decisi&oacute;n. Hoy la vi. Empieza a respirar con una cierta dificultad, su paso es m&aacute;s cansino y ya no me acompa&ntilde;a a caminar por la finca. Pero cuando su mirada se enfrenta a la m&iacute;a siento que me sigue entendiendo. Quiz&aacute;s m&aacute;s que nunca. Lola, no te voy a defraudar. Cuando llegue el momento estar&eacute; a la altura de las circunstancias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/mirada-lola_132_2012822.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Jul 2018 16:48:40 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La mirada de Lola]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Penélope]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/penelope_132_2024045.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Una cabrita de corta edad es siempre adorable, muy fácil a la hora de tomarle cariño y por eso, cuando empecé a trabajar con ellas, convencí a mis padres para cambiar el menú de la cena de navidad.</p></div><p class="article-text">
        Tito se baj&oacute; del furg&oacute;n y le dio una patada a la puerta. Al mismo veh&iacute;culo en el que hab&iacute;a cargado todas sus pertenencias para trasladarse a Canarias y cambiar su vida segura, como profesor de un colegio franc&eacute;s, por la incertidumbre de ciertas cuadras ubicadas en el filo brumoso de unas cumbres. &Eacute;l acababa de arrollar a una peque&ntilde;a cabra que yo le hab&iacute;a conseguido por un m&oacute;dico precio. Muri&oacute; al instante. Yo no estaba delante y no recuerdo qu&eacute; pas&oacute; despu&eacute;s, si el profesor de equitaci&oacute;n se cisc&oacute; en sus muertos, si se emborrach&oacute; o, m&aacute;s probablemente, hizo las dos cosas.
    </p><p class="article-text">
        Una cabrita de corta edad es siempre adorable, muy f&aacute;cil a la hora de tomarle cari&ntilde;o y por eso, cuando empec&eacute; a trabajar con ellas, convenc&iacute; a mis padres para cambiar el men&uacute; de la cena de navidad. A partir de ese momento dejar&iacute;amos de tomar cabrito para sustituirlo por una especie de puchero cuya enjundia era carne de gallina. Con el tiempo un empresario, quien entre sus negocios ten&iacute;a una granja de caprino, quiso corresponder la labor de asesoramiento que yo hab&iacute;a realizado, tanto en mi horario de trabajo como en mi tiempo libre, y me hizo algunas propuestas, alguna de ella deshonesta. Se lo agradec&iacute;, al mismo tiempo que le especificaba mi falta de h&aacute;bito y de gusto por ciertas expediciones, y aprovech&eacute; para pedirle que me regalara una baifa, a ser posible hija de los machos que le hab&iacute;amos cedido. As&iacute; fue y al poco tiempo me lleg&oacute; de Gran Canaria una bonita cr&iacute;a reci&eacute;n destetada de Raza Majorera. Tito tuvo repuesto y, a partir de entonces, se andar&iacute;a con mucho cuidado cada vez que se iba a colocar en el asiento del conductor.
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        En aquella &eacute;poca hab&iacute;amos cambiado a unas nuevas cuadras, situadas en las monta&ntilde;as de Tacoronte, pero segu&iacute;a mandando entre nosotros una ni&ntilde;a especialmente cautivadora: era inquieta, bonita, cari&ntilde;osa y juguetona. Esa princesa de los establos nos manipulaba y no dudaba de enfadarse con nosotros cuando decid&iacute;a que hab&iacute;amos hecho algo incorrecto. Por eso la nueva cabrita adopt&oacute; su nombre: Pen&eacute;lope.
    </p><p class="article-text">
        El animal creci&oacute; felizmente, fuera de todo peligro y rodeado de mimos, hasta que le lleg&oacute; la edad en la cual sol&iacute;an cubrirse por primera vez sus cong&eacute;neres. Tras pens&aacute;rselo un tiempo, Tito llev&oacute; la joven cabra a nuestro centro y all&iacute; la cubrimos con un macho de su misma raza. De vuelta a las cuadras observamos como la gestaci&oacute;n iba avanzando, sin ning&uacute;n s&iacute;ntoma al principio, como no fuera una ligera tumefacci&oacute;n en la vulva. Sin embargo, en el &uacute;ltimo mes el animal empez&oacute; a <em>echar ubre</em> y con gran complacencia comprobamos que esa gl&aacute;ndula estaba magn&iacute;ficamente conformada. Sin duda iba a ser una buena lechera.
    </p><p class="article-text">
        A los cinco meses, como corresponde, pari&oacute; sin ninguna dificultad dos bonitas hembras, de un color muy parecido al de su madre. Dos nuevos juguetes para los ni&ntilde;os y adolescente habituales en las cuadras, incluida la que le dio nombre. Las cabritas crecieron con vigor alimentadas por la buena producci&oacute;n lechera de la madre y, cuando lleg&oacute; el momento de su destete, Tito quien se estaba viendo como propietario de una granja de cabras en lugar de una cuadra de caballos, decidi&oacute; regal&aacute;rselas a Manolo, un marchante de caballos del norte de la isla, de quien sab&iacute;a que las iba a cuidar adecuadamente en una zona de buenos pastos. Y entonces lleg&oacute; la debacle para la constituci&oacute;n f&iacute;sica del profesor de equitaci&oacute;n. El hombre se vio de repente con una producci&oacute;n de tres litros de leche diarios. Por aquel entonces viv&iacute;a solo con su perro y ambos no daban abasto.  Recuerdo abrir la nevera de su cocina y encontrarme con una jarra del producto l&iacute;quido y dos amplios recipientes, uno con natillas y otro lleno de arroz con leche. Incluso el profesor hizo sus pinitos en la elaboraci&oacute;n de quesos. El resultado fue un <em>chicloso</em> art&iacute;culo del cual yo estaba seguro que, tir&aacute;ndolo a la pared, rebotar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Durante las siguientes semanas Tito iba engordando a ojos vista mientras su rostro estaba adquiriendo un aspecto cada vez m&aacute;s rubicundo por lo que, en un alarde de sensatez, volvi&oacute; a llamar Manolo el marchante. No volvimos a ver a Pen&eacute;lope, aunque nos tranquiliz&aacute;bamos peri&oacute;dicamente al recibir noticias de su vida apacible en el lejano norte de la isla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/penelope_132_2024045.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Jul 2018 17:10:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Penélope]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un ojo azul y otro marrón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ojo-azul-marron_132_2035494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Reprimiéndome las ganas de mandarle un mensaje al</p><p class="subtitle">belillo</p><p class="subtitle">, fui observando cómo engordaba, cada vez más, según se iba acercando la fecha del parto.</p></div><p class="article-text">
        Lo primero que hicimos, cuando mi perra d&aacute;lmata lleg&oacute; a casa fue cambiarle su nombre. El que llevaba en la cartilla era Loretta y el de mi madre Loreto, por lo que optamos por el poco original de Perdita, apelativo de la protagonista de 101 d&aacute;lmatas. Desde mi adolescencia ten&iacute;a fijaci&oacute;n con esa maravillosa raza de perros d&oacute;ciles, simp&aacute;ticos y de gran belleza. Por esta raz&oacute;n, cuando aprob&eacute; con nota, por &uacute;nica vez en mi vida universitaria, el Selectivo de Ciencias, mi padre me pregunt&oacute; qu&eacute; quer&iacute;a como premio. No lo dud&eacute; un instante y le ped&iacute; un d&aacute;lmata. Era pr&aacute;cticamente imposible conseguir un cachorro, pero no me disgust&oacute; nada el que fuera una hembra de un a&ntilde;o. Cuando lleg&oacute; a casa nos dimos cuenta de una serie de detalles: ten&iacute;a un ojo azul y otro marr&oacute;n; era bonita y sorda como una tapia; soltaba pelo en cantidad. Esta &uacute;ltima caracter&iacute;stica hizo que tuviera prohibido entrar en las habitaciones con moqueta en el suelo y la perra fue lo suficientemente inteligente como para dejar de introducirse en un cuarto donde se hab&iacute;an cubierto las baldosas con ese tapiz, poco despu&eacute;s de que ella llegara a casa.          
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        Durante el siguiente verano la perra entr&oacute; en celo, por segunda vez, se la llevamos a un macho que ten&iacute;a nuestro pariente Manuel Poggio, muy bonito, por cierto. All&iacute; se qued&oacute; con el gal&aacute;n y, cuando fuimos a recogerla, el mago de turno nos dijo que no perdi&eacute;ramos el tiempo, que no estaba pre&ntilde;ada. Nos explic&oacute; c&oacute;mo se deber&iacute;an hacer las cosas: soltarla en el barranco durante una semana para que los chuchos del lugar &ldquo;la abrieran&rdquo; y despu&eacute;s llev&aacute;rsela al d&aacute;lmata. As&iacute; que nos fuimos, un tanto con la mosca detr&aacute;s de la oreja y desde ese momento me dediqu&eacute; a observarla con inter&eacute;s.      
    </p><p class="article-text">
        Obviamente y para mi preocupaci&oacute;n, en el primer mes apenas manifest&oacute; ning&uacute;n s&iacute;ntoma notable de pre&ntilde;ez, pero poco despu&eacute;s not&eacute; con alegr&iacute;a que sus pezones se ablandaban. Reprimi&eacute;ndome las ganas de mandarle un mensaje al <em>belillo</em>, fui observando c&oacute;mo engordaba, cada vez m&aacute;s, seg&uacute;n se iba acercando la fecha del parto. Cuando este era inminente, una noche vino a estudiar a mi casa Cipriano el cual, en la &eacute;poca, estaba en segundo de Medicina, por lo que yo le supon&iacute;a una cierta pericia en situaciones como esa. Evidentemente, dejamos los libros para estar atentos a la situaci&oacute;n y nos pusimos a esperar a que saliera el primer cachorro y a la inmediata ingesta de la placenta por parte de la madre. Cuando se repiti&oacute; la operaci&oacute;n con el segundo, consideramos que el parto iba bien y, quiz&aacute;s por remordimiento, volvimos a los estudios.
    </p><p class="article-text">
        Un rato despu&eacute;s o&iacute;mos unos agudos gemidos sin duda provenientes de un cachorro. Al llegar comprobamos que un perrito se hab&iacute;a quedado atrapado detr&aacute;s de la nevera sin ser atendido por su madre, cuya sordera le imped&iacute;a enterarse de la situaci&oacute;n. As&iacute; pues, me acerqu&eacute; y cog&iacute; con mi mano aquel precioso cachorro blanco, como todos los d&aacute;lmatas al nacer, pero que se distingu&iacute;a por una peque&ntilde;a mancha negra en el hocico, como un bigote.
    </p><p class="article-text">
        Las cr&iacute;as prosperaron, pero eran muchas para una primeriza, as&iacute; que decidimos complementar su dieta con leche en polvo. Todos los d&iacute;as les llevaba un par de biberones y, antes de abrir los ojos, ya sab&iacute;an de mi presencia cuando los llamaba para alimentarlos. En su ceguera sal&iacute;an disparados para todos los lados y yo los met&iacute;a en un cubo para sacarlos uno a uno y amamantarlos. El m&aacute;s inquieto de todos ten&iacute;a ese bigotito a lo Hitler, as&iacute; que decid&iacute; qued&aacute;rmelo. Obviamente, como hubiera sido de muy mal gusto ponerle el nombre del dictador, opt&eacute; por hacer de nuevo un alarde de falta de originalidad y lo llam&eacute; Pongo. No he tenido un v&iacute;nculo m&aacute;s estrecho con un perro en mi vida que el que me un&iacute;a a este animal. Quiz&aacute;s el haber establecido una relaci&oacute;n desde su nacimiento pudo influir en ello, pero recuerdo el dolor que sent&iacute; en Madrid, donde estudiaba Veterinaria varios a&ntilde;os despu&eacute;s, al enterarme de su muerte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/ojo-azul-marron_132_2035494.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Jul 2018 17:50:57 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un ojo azul y otro marrón]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Acero y plata de Luna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/acero-plata-luna_132_2047896.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Una cría de burro, sea la que sea, es un animalito adorable, pero es que aquella era además diminuta y negra como el azabache.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&hellip;es peque&ntilde;o, peludo, suave, tan blando por fuera, que se dir&iacute;a todo algod&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s ese sea el primer texto literario que recuerde haber o&iacute;do, que no le&iacute;do porque, con cuatro a&ntilde;os, a&uacute;n no sab&iacute;a hacerlo. Y quiz&aacute;s por eso, mi padre, empecinado lector, me dijo que aquel burrito se llamaba <em>Platero</em>, sin parase a pensar cu&aacute;l era su verdadero nombre. En 1957 subimos a veranear a una pensi&oacute;n de San Pedro, ya que en el invierno anterior una terrible borrasca se llev&oacute; la casa de mi abuela, donde lo hac&iacute;amos antes, junto con 22 preciosas vidas. Casi todos los d&iacute;as hac&iacute;amos un tramo de carretera para acercarnos a un pajero que el peque&ntilde;o pollino compart&iacute;a con dos vacas y algunas gallinas que entraban y sal&iacute;an. Era el momento culminante de mi jornada y pr&aacute;cticamente lo &uacute;nico de que me acuerdo sobre aquel verano. Contemplaba su panza, sus orejas, antes de acercarme para acariciarlo. Y me gustaba su color gris, &ldquo;acero y plata de luna&rdquo; dir&iacute;a el poeta. Un d&iacute;a mi felicidad lleg&oacute; al colmo cuando me dejaron sujetarlo por el cabestro. Por un momento era m&iacute;o, Platero era m&iacute;o.
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                </figure><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, Marichal, mi hermano majorero, me pregunt&oacute; un d&iacute;a: &ldquo;&iquest;Te gustan los burros?&rdquo;. Y aquel ni&ntilde;o, que nunca debi&oacute; irse volvi&oacute; a m&iacute;. &ldquo;S&iacute;, claro&rdquo;, le contest&eacute;. Al poco dos burras, capturadas en la costa de Fuerteventura, aparecieron en Tenerife. Solo tuve que ir a buscarlas junto al barco. Mi amiga Marichu y yo decidimos mantener a una, mientras que la otra se la regal&eacute; a Nanan y Sandra por su boda, realizada <em>solo</em> tres a&ntilde;os antes. La nuestra era negrita, la m&aacute;s peque&ntilde;a, y de una docilidad que contradec&iacute;a su estado salvaje de dos meses antes. Al poco, ante nuestro asombro, comprobamos que empezaba a echar una barriga m&aacute;s que sospechosa. Era muy joven, pero tuvimos que admitir que estaba pre&ntilde;ada.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a, desde la cuadra en que se encontraba, Tito me llam&oacute; para decirme que hab&iacute;a parido. Cuando llegu&eacute; me la encontr&eacute; acompa&ntilde;ada del animal m&aacute;s entra&ntilde;able del mundo. Y fue al cogerlo en brazos cuando me invadi&oacute; de nuevo aquel ni&ntilde;o emocionado, al sentir a ese ser &ldquo;peque&ntilde;o, peludo, suave.... todo algod&oacute;n&rdquo;. Una cr&iacute;a de burro, sea la que sea, es un animalito adorable, pero es que aquella era adem&aacute;s diminuta y negra como el azabache. Tito propuso llamarla Silvia como la jovencita sobrina de Marichu, pero Mar&iacute;a, su hija peque&ntilde;a, mostr&oacute; un considerable desagrado, as&iacute; que tuvimos que ponerla Mar&iacute;a Silvia.
    </p><p class="article-text">
        En una ocasi&oacute;n, varias personas del mundo del caballo acudimos, pie a tierra, con nuestros burros, a una romer&iacute;a de San Benito. Sobre la marcha a Santiago Pino, con quien disfrutar&iacute;a de esa y otro buen n&uacute;mero de fiestas y competiciones, se le ocurri&oacute; que &iacute;bamos representando a una asociaci&oacute;n de amigos del burro, inexistente aun en Canarias. Entre trago y trago de la bota, nos par&aacute;bamos a dar toda clases de explicaciones sobre la necesidad de conservar a esta especie, a quienes nos preguntaban, tras leer el cartel que improvisamos. En la comitiva estaba Guillermo, un veterano profesor de equitaci&oacute;n, quien destacaba con su bonito gara&ntilde;&oacute;n majorero, el cual, por la condici&oacute;n de entero, hac&iacute;a todo lo posible por coquetear con las burras del grupo. Al llegar a la tribuna principal, donde se encontraba Ani Oramas, alcaldesa de La Laguna, y Manuel Hermoso, presidente del Gobierno de Canarias, Guillermo en un <em>descuido</em>, que solo lo tomar&iacute;a como tal quien no conociera su historial h&iacute;pico, afloj&oacute; la cuerda con la que llevaba al semental y este se mont&oacute; sobre la burra haciendo exhibici&oacute;n de todo su potencial armament&iacute;stico. Como puede suponerse el jolgorio del p&uacute;blico, incluido los pol&iacute;ticos, fue memorable.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, como correspond&iacute;a, Mar&iacute;a Silvia fue destetada, tras lo cual regalamos a la madre e hija por separado a dos personas de quienes est&aacute;bamos seguros de que iban a cuidarlos. Y vaya que si los cuidaron. Estoy convencido de que cuando ambas murieron fue por exceso de un mimo, al que gen&eacute;ticamente no estaba hecha su r&uacute;stica constituci&oacute;n, sobreviviente del desierto.
    </p><p class="article-text">
        Pr&oacute;ximamente tengo el encargo, junto a tres amigos m&aacute;s, de tirar al mar las cenizas de Santiago. Siguiendo sus instrucciones beberemos en ese momento. Y hablaremos con &eacute;l, entre otras cosas de un paseo con burros por la calle de La Carrera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/acero-plata-luna_132_2047896.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Jun 2018 19:56:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Acero y plata de Luna]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Plata]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una mirada tierna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/mirada-tierna_132_2060712.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos alegrábamos de que no supiera preparar café porque, en caso contrario, no hubiera dudado en invitar a quien entrase por la puerta, fuera o no con fines delictivos.</p></div><p class="article-text">
        Cuando sus hijas eran ni&ntilde;as, mi hermana Concha y su marido decidieron hacerse con un perro que diera cierta seguridad a la casa. Siempre es recomendable adquirirlo desde cachorro, pero determinadas circunstancias que planeaban sobre el entorno vecinal les hizo decidirse por un adulto. Relativamente cerca viv&iacute;an un hombre y su atractiva amante, de quienes en el barrio se comentaba con insistencia que &eacute;l la dominaba de forma implacable, e incluso la torturaba aprovechando su corpulencia y perverso car&aacute;cter. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que de ese tipo de individuos se conoce las barbaridades que hacen, pero no hasta d&oacute;nde pueden llegar. Por tanto, mi familia se decidi&oacute; por Ursus, un supuesto pastor alem&aacute;n, el cual delataba su falta de pureza en el excesivo tama&ntilde;o, y que se revel&oacute; como un verdadero <em>lun&aacute;tico</em>. Las noches en que el mar se manchaba perpendicularmente con la incuestionable luz de la Luna llena, dejaron de ser para ellos un peri&oacute;dico acontecimiento felizmente esperado, porque la preocupaci&oacute;n los desbordaba ya que entonces el perro sol&iacute;a escaparse con un destino incierto.
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        Por lo dem&aacute;s, aquel animal hac&iacute;a el mismo papel de guardi&aacute;n que un cong&eacute;nere disecado. Nos alegr&aacute;bamos de que no supiera preparar caf&eacute; porque, en caso contrario, no hubiera dudado en invitar a quien entrase por la puerta, fuera o no con fines delictivos. Los visitantes, gente conocida o desconocida, lo miraban con admiraci&oacute;n, recelo o aprensi&oacute;n, y a &eacute;l le daba lo mismo. Inmutable, cuando no casi dormitando bajo una mesa o en la terraza, los observaba con una mirada tierna que desdec&iacute;a el vigor de su mand&iacute;bula.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a por la ma&ntilde;ana se encontraba el perro realizando sus cansinos periplos hogare&ntilde;os, cuando mi hermana, como tantas veces, lo perdi&oacute; de vista. A los pocos segundos se oy&oacute; un grito aterrador en medio de unos ladridos poco habituales. Concha sali&oacute; a la ventana y encontr&oacute; a su <em>famoso</em> vecino apoyado contra un muro, blanco como el papel, mientras un transfigurado Ursus lo acorralaba ense&ntilde;ando los mismos dientes que hab&iacute;a usado para desgarrar su pantal&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mi hermana estuvo mucho tiempo pregunt&aacute;ndose a qu&eacute; hab&iacute;a podido deberse aquel brusco cambio de comportamiento de un animal tan noble. Lo cierto es que no andaba descaminado su instinto cuando percibi&oacute; algo ininteligible para la mayor&iacute;a de los humanos. Aquel desagradable personaje que despertara tantas sospechas en el vecindario, y tanta adrenalina en el torrente sangu&iacute;neo de Ursus, hoy en d&iacute;a est&aacute; en la c&aacute;rcel, convicto por haber asesinado y descuartizado a una mujer extranjera, y su pobre pareja, ps&iacute;quicamente destrozada y f&iacute;sicamente in&uacute;til, convalece en un hospital de cr&oacute;nicos. Mi hermana sigue diciendo que nunca compr&oacute; un pantal&oacute;n m&aacute;s a gusto en su vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/mirada-tierna_132_2060712.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Jun 2018 15:26:04 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una mirada tierna]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Grillo’ y la Calle Real]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/grillo-calle-real_132_2072307.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Se suponía que el caballo iba a ser el protagonista involuntario del número acrobático que pensábamos realizar Maurito, Isidoro y yo.</p></div><p class="article-text">
        Dos veces entr&oacute; el <em>Grillo</em> en el Real Nuevo Club. Las mismas en las que se hab&iacute;a paseado por la Calle Real. Una de ellas lo hizo en la sede n&aacute;utica, a la espera de participar en el circo carnavalero, organizado el a&ntilde;o despu&eacute;s de la exitosa <em>Boda del Siglo</em>. Se supon&iacute;a que el caballo iba a ser el protagonista involuntario del n&uacute;mero acrob&aacute;tico que pens&aacute;bamos realizar Maurito, Isidoro y yo, a sus lomos, durante el desfile por la calle principal. Previamente fuimos a caracterizarnos de bailarinas circenses en casa de Malula y Mauro, donde sab&iacute;amos que una buena provisi&oacute;n de whisky nos esperaba en el hogar de un abstemio. Para insuflar nuestro valor nos bebimos media botella a un ritmo m&aacute;s que r&aacute;pido. Quiz&aacute;s por eso tuvimos que esperar a vernos fotografiados, dos d&iacute;as despu&eacute;s, para ser conscientes del aroma a prost&iacute;bulo franc&eacute;s de la <em>belle &eacute;poque</em> que embargaba a nuestro aspecto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En cualquier caso, el desfile fue un &eacute;xito. Al menos hasta que tuvimos conciencia. El caballo iba sin silla y nos encaram&aacute;bamos a &eacute;l, tras subir los tres pelda&ntilde;os del taburete que Malula nos hab&iacute;a prestado, el cual, de manera inexplicable, desapareci&oacute; de nuestro control sin que nos di&eacute;ramos cuenta. Con esperada osad&iacute;a, a tenor de nuestro nivel et&iacute;lico, nos pon&iacute;amos de pie sobre su lomo para m&aacute;s tarde abrir lentamente nuestras piernas y deslizarnos hasta quedar sentados sobre el cuadr&uacute;pedo. Despu&eacute;s nos desliz&aacute;bamos hacia atr&aacute;s para dejarnos caer por el trasero del animal hasta llegar al suelo. En la vez que me toc&oacute; hacerlo, pasado El Puente, ya Isidoro se hab&iacute;a dado un considerable, pero sin consecuencias graves, le&ntilde;azo. Cuando me deslic&eacute; hasta los adoquines o&iacute; una voz peculiar detr&aacute;s de m&iacute;. &ldquo;&iexcl;Juan, Juan!&rdquo;. Me di la vuelta para encontrarme con Antonio Gala, al que me hab&iacute;an presentado unos d&iacute;as antes. &ldquo;Juan, te habr&aacute;s desangrado al bajarte por el trasero del caballo...&rdquo; No s&eacute; si me re&iacute;, pero fue lo m&aacute;s probable.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, el joven Adolfo, que actuaba de palafrenero, se llev&oacute; el caballo, no recuerdo si por iniciativa propia o por consejo de alg&uacute;n sensato adulto, as&iacute; lo que no nos qued&oacute; otro remedio que ir a tomar una copa en la cantina m&aacute;s cercana.
    </p><p class="article-text">
        La otra vez que el <em>Grillo</em> transit&oacute; por esa calle, tan llena de historia y aromas de infancia, fue durante la cabalgata organizada con motivo de la Bajada de la Virgen, en 1995. Por aquellas fechas ten&iacute;amos montado un mariachi en el que participaban m&uacute;sicos y miembros de profesiones diversas, todos ellos con talento y o&iacute;do. Mi papel all&iacute; era variado: tan pronto me ocupaba del atrezo como hac&iacute;a de ficticio manager. En aquella ocasi&oacute;n me toc&oacute; encabezar el equipo que cerraban bailando un grupo de adolescentes, hijas de mis amigos, vestidas de <em>lupitas</em>. Y lo hice enarbolando una bandera mexicana mientras luc&iacute;an en mis cartucheras dos pistolas id&eacute;nticas a las verdaderas. Y por supuesto lo hice sobre <em>Grillo</em>. El concejal del Ayuntamiento hab&iacute;a decidido colocarnos en el final de la cabalgata, pero nosotros, quiz&aacute;s enardecidos por nuestro aspecto de charros, optamos por encabezarla, sin encomendarnos ni a Dios ni al diablo. As&iacute; que, ante miles de espectadores, nos encaminamos hacia La Alameda sin mirar atr&aacute;s. Casi llegando a la plaza, Elsa L&oacute;pez me pidi&oacute; subirse a la grupa a lo que yo acced&iacute; encantado. Como mandan los c&aacute;nones, se peg&oacute; a mi espalda y yo me sent&iacute; tan abrazado como cuando tuve por primera vez en mis manos su libro <em>El viento y las adelfas</em>, tras lo que sucumb&iacute; para siempre a esa poes&iacute;a que es capaz de acariciar o reventarte el alma.
    </p><p class="article-text">
        Una vez finalizado el desfile, nuestros esp&iacute;ritus exaltados optaron por hacer una visita a mi sobrina Mar&iacute;a, quien no hab&iacute;a podido vernos por encontrarse enferma. En lugar de largar la concebida serenata en la ventana de su casa, y toda vez que la misma estaba a la altura de la calle, decidimos realizar la actuaci&oacute;n en el interior, junto a la terraza. <em>Grillo</em>, confiado en mis manos, no tuvo inconveniente en adentrarse por un pasillo construido para personas, girar noventa grados y permanecer, como un espectador m&aacute;s, mientras nuestros peculiares Mariachis interpretaban magistralmente el <em>Jarabe Tapat&iacute;o</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de eso volvimos a la Calle Real y, caminando en direcci&oacute;n contraria a lo ya recorrido, los mariachis continuaron con su m&uacute;sica. Al llegar a la sede principal del Real Club N&aacute;utico entramos todos en el zagu&aacute;n, cuyo amplio interior ya era para <em>Grillo</em> pecata minuta. En la parte superior del edificio se celebraba un baile, as&iacute; que muchos de sus participantes se asomaron para vernos. Lanzados como est&aacute;bamos, pedimos permiso para subir las escaleras con el caballo y ya casi nos estaba autorizando Miguel Perdig&oacute;n, el presidente, cuando Isidoro, casi siempre m&aacute;s osado que nadie, recuper&oacute; su cordura para negarse rotundamente. All&iacute; se quedaron los m&uacute;sicos y yo baj&eacute; el resto de la Calle Real, solo con el caballo y una bandera cruzada sobre mi hombro, que parec&iacute;a la de un ej&eacute;rcito derrotado. No s&eacute; por qu&eacute;, pero me embargaba una sensaci&oacute;n de tristeza. 
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, muri&oacute; <em>Grillo</em>. De la manera m&aacute;s terrible: solo en la cuadra, por la noche, con un c&oacute;lico de torsi&oacute;n. Isidoro se lo encontr&oacute; al d&iacute;a siguiente yacente y traumatizado por los golpes que se hab&iacute;a dado contra las paredes, presa de un horrible sufrimiento. No te lo merec&iacute;as <em>Grillo</em>. Ni yo el que no me dieras la oportunidad de aliviar eternamente tu sufrimiento con una inyecci&oacute;n letal. No s&eacute; lo que me doli&oacute; aquello. Solo s&eacute; que todav&iacute;a me duele.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/grillo-calle-real_132_2072307.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Jun 2018 16:14:31 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[‘Grillo’ y la Calle Real]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un obstáculo peligroso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/obstaculo-peligroso_132_2766125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya ninguno de sus ojos me parecía maligno y confiaba plenamente en su segura solidez cuando estaba sobre la silla.</p></div><p class="article-text">
        El <em>Grillo</em> termin&oacute; por viajar a La Palma para intercambiar su lugar con <em>Lapepa</em>, una yegua pura sangre cuyo temperamento sobrepasaba las capacidades de mi hermana. Para entonces, acostumbrado a viajar y a cambiar de cuadra, el caballo no tuvo problemas en adaptarse a los expertos cuidados de Isidoro. Mi hermana no encontr&oacute; otra dificultad con &eacute;l, aparte de la complicaci&oacute;n que representaba su alzada para subirse, y desde el primer momento comparti&oacute; el caballo con Mar&iacute;a Jos&eacute;, la hija adolescente de Miguel, un &iacute;ntimo amigo. Yo, como ocurriera desde que tuve que irme de la isla, aprovechaba cualquier oportunidad para visitarla y ahora ten&iacute;a un nuevo y entra&ntilde;able aliciente. Siempre al llegar junto a &eacute;l, <em>Grillo</em> mostraba parcamente su alegr&iacute;a con una mirada atenta, pocas veces acompa&ntilde;ada de un tenue resoplido. Ya ninguno de sus ojos me parec&iacute;a maligno y confiaba plenamente en su segura solidez cuando estaba sobre la silla.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En una de mis primeras visitas sal&iacute; de paseo con Luc&iacute;a, entonces una ni&ntilde;a con enorme capacidad para la equitaci&oacute;n. Camin&aacute;bamos por caminos reales, entre viejas casas, hasta llegar a la Monta&ntilde;a de la Bre&ntilde;a. Cuando subimos a esta, nos encontramos con mi hermana y mi sobrino Pablo quienes ser&iacute;an los primeros testigos de lo que ellos consideraban una &ldquo;proeza&rdquo;. Los caballos, cuando est&aacute;n correctamente montados, se desplazan con igual o mayor facilidad descendiendo que ascendiendo, pero hay bajadas que realmente impresionan. Aquella, quiz&aacute;s por la perspectiva, era una de estas. Entre los gritos de mi hermana, suplic&aacute;ndome que no lo hiciera, y de mi peque&ntilde;o sobrino, anim&aacute;ndome a lo contrario, Luc&iacute;a y yo descendimos tranquilamente por la monta&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de eso la volv&iacute; a bajar de nuevo, esta vez con mi gran amigo Jos&eacute; Ram&oacute;n Fern&aacute;ndez de la Puente. Aunque ya se hab&iacute;a retirado de la competici&oacute;n, &eacute;l fue uno de los mejores jinetes de las islas y, como ten&iacute;a formaci&oacute;n militar, hab&iacute;a hecho muchas &ldquo;cortadas&rdquo; en su vida. El <em>Grillo</em>, en plena madurez, ten&iacute;a un coraz&oacute;n a prueba de bombas, por lo cual no tuvimos problemas en seguir al coronel cuesta abajo... al galope. Mi caballo enterraba el posterior tan eficazmente en la grava volc&aacute;nica, que ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de ir en horizontal cuando bajaba aquella empinada monta&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        En otro momento organizamos un <em>cross</em> h&iacute;pico en El Paso, cerca del lugar donde fue traicionado Tanaus&uacute; por Alonso Fern&aacute;ndez de Lugo. Dise&ntilde;&eacute; personalmente el recorrido, como casi todos los que se hab&iacute;an montado en La Palma hasta ese momento, pero esta vez ten&iacute;a como novedad el que yo tambi&eacute;n participaba. Tal cosa en una competici&oacute;n oficial era imposible, pero no se trataba de un evento de ese tipo. Despu&eacute;s de montar el dise&ntilde;o, y mientras Santiago Pino sub&iacute;a mi caballo desde su cuadra, yo estaba en un restaurante para tomar un bocadillo de carne y beber una cerveza. Me preocupaba que la falta de entrenamiento de <em>Grillo</em> le pudiera afectar en la carrera, la cual, como todas las de su tipo, se presentaba casi siempre con dos o m&aacute;s opciones, para la mayor&iacute;a de los obst&aacute;culos. La m&aacute;s dif&iacute;cil era tambi&eacute;n la m&aacute;s r&aacute;pida y en la m&aacute;s f&aacute;cil, inevitablemente, perd&iacute;as tiempo. Me tocaba salir uno de los &uacute;ltimos, sabiendo que ya varios jinetes hab&iacute;an acabado con buenos resultados, por lo cual decid&iacute; acogerme a la l&iacute;nea recta, a pesar de mi preocupaci&oacute;n por el posible agotamiento del animal. Cuando llegu&eacute; al final, <em>Grillo </em>resoplaba en calma mientras yo tuve que echarme cual largo era, boca arriba en el suelo, para coger aire.
    </p><p class="article-text">
        El Paso tambi&eacute;n fue el lugar en el cual pude disfrutar parte de la &uacute;ltima peripecia que viv&iacute; con mi caballo. Se celebraba la Romer&iacute;a del Pino y varios jinetes bajamos entre carretas y participantes, todos ataviados con el traje t&iacute;pico. Durante el trayecto, donde Grillo se port&oacute; como un apacible veterano, &iacute;bamos comiendo, bebiendo y montando en la grupa a unas cuantas chicas. Despu&eacute;s de esa jarana, cuando llegamos al pueblo, lo primero que hice fue llevar al caballo a la cuadra, darle de comer y de beber, e irme a dormir al asiento trasero de mi decr&eacute;pito coche. Sobre las dos de la ma&ntilde;ana me despert&eacute; y, ya medio repuesto, me fui a la zona de bailes, donde pude encontrarme con los otros dos jinetes que fueron conmigo a la romer&iacute;a. Ellos no hab&iacute;an dormido y segu&iacute;an bebiendo, pero fue cuesti&oacute;n de tomarme una copa para ponerme a su altura. En medio de la euforia decidimos que, en lugar de volver al d&iacute;a siguiente para trasladar los equinos en el remolque, cruzar&iacute;amos la cumbre en ese momento a sus lomos. Como ambos ten&iacute;an los caballos en otra cuadra, organizamos un encuentro en la carretera general, a pesar de que era un peligro con tanto conductor regresando de la fiesta y, por tanto, potencialmente bebido. Sin embargo, no los vi cuando llegu&eacute; a la v&iacute;a y, presumi&eacute;ndolos adelantados, continu&eacute; por ese trayecto, cuesta arriba intentando dar m&aacute;s ritmo a mi montura. Como no los situaba, decid&iacute;, otra vez, que prefer&iacute;a el camino m&aacute;s corto, atravesando el t&uacute;nel de un kil&oacute;metro, a pesar de su ubicaci&oacute;n en la carretera general. Un poco antes de llegar a la boca del mismo, me adelant&oacute; un coche para pararse a los veinte metros. De este se baj&oacute; mi amigo To&ntilde;o, quien esper&oacute; moviendo la cabeza como reprobaci&oacute;n a mi insensatez. Por suerte, puso su veh&iacute;culo detr&aacute;s de m&iacute; un buen trayecto e incluso se mont&oacute; un rato mientras yo conduc&iacute;a. Finalmente nos despedimos al llegar a una vereda que me permitir&iacute;a desviarme de la carretera y sus peligros.
    </p><p class="article-text">
        De paso hac&iacute;a las cuadras quedaba la casa en la cual mi hermana sol&iacute;a pasar los veranos, as&iacute; que entr&eacute; por el jard&iacute;n para saludarla sin desmontarme, a la siete de la ma&ntilde;ana, y decirle que despu&eacute;s de dejar el caballo volver&iacute;a a desayunar. Diez minutos m&aacute;s tarde estaba llegando a la Sociedad H&iacute;pica Miranda, pero me encontr&eacute; las puertas cerradas. Debido a eso, me met&iacute; por una finca de aguacates colindante para hacer un rodeo.  Primero me top&eacute; con una canalizaci&oacute;n de agua a baja altura, que el caballo salt&oacute; sin dificultad. Y luego otra y despu&eacute;s otra. Finalmente, me vi frente a una gruesa tuber&iacute;a situada casi a un metro sobre el suelo y separada unos setenta cent&iacute;metros del terrapl&eacute;n que ya pertenec&iacute;a a las instalaciones ecuestres. O entraba por all&iacute; o ten&iacute;a que dar toda la vuelta y esperar a que abrieran. Con el caballo parado a unos cinco metros, frente a aquel peligroso obst&aacute;culo, solt&eacute; las riendas para relajarme y evaluar las posibilidades antes de tomar una decisi&oacute;n, pero en un instante me encontr&eacute; arriba, dentro del recinto. <em>Grillo</em> hab&iacute;a considerado por su cuenta que ya estaba bien de tute y que ten&iacute;a ganas de llegar a su casa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/obstaculo-peligroso_132_2766125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 May 2018 16:46:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un obstáculo peligroso]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La caída más peligrosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/caida-peligrosa_132_2102501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando estaba en el suelo, sangrando por un codo, comprendí que no había sido la mejor idea iniciar la carrera en dirección a las cuadras.</p></div><p class="article-text">
        Poco tiempo despu&eacute;s de la llegada de Grillo a Tenerife, comet&iacute; un error. Sorprendido en un principio por la facilidad con que el caballo acept&oacute; mi nada despreciable peso en su silla y tras una semana montando con extrema prudencia, decid&iacute; sacarlo al campo. Mi amigo Luis llevaba la otra montura, que tambi&eacute;n hab&iacute;a respondido con docilidad en las primeras semanas de doma y ambos trotamos tranquilamente por los prados colindantes a las cuadras.
    </p><p class="article-text">
        Todo iba bien hasta que Tito, nuestro profesor, nos pidi&oacute; que hici&eacute;ramos un galope para ver como respond&iacute;an los animales. Cuando estaba en el suelo, sangrando por un codo, comprend&iacute; que no hab&iacute;a sido la mejor idea iniciar la carrera en direcci&oacute;n a las cuadras. M&aacute;s tarde supe tambi&eacute;n que un potro, que se ha criado con el contacto humano, puede admitir en el primer momento la silla y el peso del caballista, pero tambi&eacute;n que antes o despu&eacute;s se va a medir con su jinete. Grillo esa vez me gan&oacute; y su triunfo termin&oacute; cost&aacute;ndome varias <em>volatas </em>m&aacute;s.
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        No obstante, no fui el m&aacute;s perjudicado de aquel negocio: Gauguin, el otro caballo cuyo nombre empezaba por la misma letra que el de su medio hermano, como todos los nacidos en el mismo a&ntilde;o en la yeguada, no tard&oacute; en dar muestras de su car&aacute;cter. El due&ntilde;o, quien estuvo a la expectativa en el primer momento, se confi&oacute; al ver que solo yo hab&iacute;a aterrizado en el galope y, sin dudarlo, se dirigi&oacute; a Tito para decirle que &eacute;l personalmente quer&iacute;a encargarse de la doma de su caballo. Todo esto parecer&iacute;a l&oacute;gico si no fuera porque su potro hab&iacute;a sido se&ntilde;alado por Le&oacute;n, su criador, como el m&aacute;s necesitado de un jinete experto, y que &eacute;l no llevaba sino un a&ntilde;o en el mundo de la equitaci&oacute;n. Pronto lo conocimos como <em>&iexcl;fiiuu!,</em> onomatopeya del viento tempestuoso que quer&iacute;a representar la velocidad con la cual Gauguin pasaba bajo un jinete destartalado quien, irremediablemente, siempre terminaba cay&eacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        Pero aquel percance no fue el m&aacute;s serio ni el que m&aacute;s me doli&oacute;. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, cuando cre&iacute;a que Grillo estaba lo suficientemente domado, durante un paseo solitario por el campo, inici&eacute; un galope, cuesta abajo, por cierto camino que discurr&iacute;a entre eucaliptos reci&eacute;n cortados. La musculaci&oacute;n del caballo empezaba a notarse y su boca aceptaba con facilidad el apoyo. Echado ligeramente hac&iacute;a delante, para liberar la grupa del animal, comenc&eacute; la cautelosa carrera. Nuevo error. Hab&iacute;a observado, hac&iacute;a relativamente poco tiempo, que el caballo manifestaba una especie de leve cojera, la cual con la misma facilidad que aparec&iacute;a desaparec&iacute;a y, a pesar de ello, no supe medir sus posibles consecuencias: al tercer tranco de galope, en la bajada, sent&iacute; la grupa de <em>Grillo</em> casi en mi cabeza. Cuando ya el caballo se hab&iacute;a perdido de mi vista, comprob&eacute; que estaba sentado entre dos troncos de eucaliptos los cuales, talados en bisel, eran aut&eacute;nticas estacas de empalamiento. Me levant&eacute; y fui caminando hacia las cuadras con la ligera esperanza de encontrarlo en el camino. No fue as&iacute; y al llegar lo vi tranquilamente amarrado al picadero mir&aacute;ndome con su ojo bondadoso. Cuando, un poco m&aacute;s tarde, subido de nuevo a &eacute;l, caminaba en el entorno cerrado de la pista, me di cuenta de que aquella era la ca&iacute;da con m&aacute;s peligro que nunca hab&iacute;a tenido. Pero no la m&aacute;s dolorosa, porque solo afect&oacute; a mi cuerpo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/caida-peligrosa_132_2102501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 May 2018 19:50:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La caída más peligrosa]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En un cercado lleno de primavera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cercado-lleno-primavera_132_2114901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Resaltaba el blanco de la conjuntiva ocular, como ocurre en muchos caballos temperamentales. Observé al otro lado de la cara y me volví a encontrar con el ojo bondadoso.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No recuerdo haberlo distinguido cuando lo vi por primera vez. Estaba con otros caballos, pastando en un cercado lleno de primavera, y las gram&iacute;neas, crecidas, le tapaban parte de las extremidades. Eso dificultaba la apreciaci&oacute;n de sus caracter&iacute;sticas morfol&oacute;gicas y, por tanto, su valoraci&oacute;n. Le&oacute;n, el responsable de aquella yeguada cordobesa en la que todos los animales ten&iacute;an un estribo grabado a fuego en su muslo izquierdo, me mostraba los j&oacute;venes animales en venta, se&ntilde;al&aacute;ndome el origen y peculiaridades de cada uno. Yo, confuso y emocionado por la primera compra de un potro que realizaba en mi vida, apenas pod&iacute;a establecer preferencias. Mi acompa&ntilde;ante segu&iacute;a comentando. &ldquo;Aquel alaz&aacute;n entrepelado es un magnifico animal. Tiene un gran mecanismo saltando en libertad&rdquo;. Uno de los equinos que estaba a la derecha del se&ntilde;alado mostraba un bonito cord&oacute;n corrido en la cara y su mirada le hac&iacute;a parecer bondadoso. Otro, que pas&oacute; trotando por detr&aacute;s, capt&oacute; la atenci&oacute;n de mi acompa&ntilde;ante. &ldquo;Este posiblemente es el mejor de todos, aunque necesitar&aacute; un jinete experto para domarlo. Tiene mucha clase&rdquo;. Al final quedamos en que el mayoral mantendr&iacute;a al d&iacute;a siguiente en las cuadras a este &uacute;ltimo potro y al del cord&oacute;n corrido, para poder verlos con detenimiento.
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegamos de nuevo a la finca lo primero que me sorprendi&oacute; fue la docilidad de aquellos dos animales. &ldquo;Es que tengo un yeg&uuml;ero que hace maravillas&rdquo; me explic&oacute; Le&oacute;n, a quien no le hizo falta ninguna pregunta. Ten&iacute;an cinco a&ntilde;os y yo desconoc&iacute;a que, con esa edad relativamente elevada, suele complicarse la doma de un caballo. Esta ignorancia, junto con la tranquilidad que manifestaban los potros en sus <em>boxes</em>, me confundi&oacute; lo suficiente como para pagarlo m&aacute;s tarde.
    </p><p class="article-text">
        Si bien los dos ejemplares eran hijos del mismo padre, Takir, un pura sangre ingl&eacute;s, no se parec&iacute;an mucho. Uno de ellos, el favorito de Le&oacute;n, ten&iacute;a la cruz destacada, pecho ancho y profundo y fuertes articulaciones. Sin embargo, el otro parec&iacute;a m&aacute;s armonioso. Pero su mirada no era igual a la del d&iacute;a anterior. Resaltaba el blanco de la conjuntiva ocular, como ocurre en muchos caballos temperamentales. Observ&eacute; al otro lado de la cara y me volv&iacute; a encontrar con el ojo bondadoso. Enseguida me empez&oacute; a fascinar la duda sobre cu&aacute;l ser&iacute;a su car&aacute;cter. &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es su nombre?&rdquo; pregunt&eacute;. &ldquo;Grillo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tres semanas m&aacute;s tarde, la zona de los Rodeos, como tantas veces, estaba llena de bruma. El veh&iacute;culo que tra&iacute;a a los dos caballos no ten&iacute;a suficiente tracci&oacute;n como para subirlos a la peque&ntilde;a monta&ntilde;a que se encuentra frente al aeropuerto, por lo que tuvimos que bajarlos del remolque y conducirlos, a mano, cuesta arriba
    </p><p class="article-text">
        Ambos ten&iacute;an la cabeza alta, los ollares dilatados y las orejas erguidas. Entraban en su nuevo y desconocido mundo, despu&eacute;s de tres d&iacute;as encerrados en un espacio reducido que pronto se llen&oacute; de novedosos aromas marinos.
    </p><p class="article-text">
        Era de noche y caminamos alumbrados de lejos por las tenues luces de cercan&iacute;a que cubr&iacute;an el aeropuerto. Grillo y su compa&ntilde;ero parec&iacute;an brillar a pesar de la falta de cepillo en varios d&iacute;as. Al llegar a un peque&ntilde;o llano trotamos un poco y cre&iacute; sintonizarme con su ritmo cardiaco. &iquest;Flotaba el caballo? No. Probablemente era yo el que lo hac&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cercado-lleno-primavera_132_2114901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 May 2018 19:53:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[En un cercado lleno de primavera]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un pastor cubano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/pastor-cubano_132_2125892.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Aquel cachorro y yo compartimos un dúplex y la comida comprada en el centro de Madrid, que podía ser propia de humanos o de perros.</p></div><p class="article-text">
        Para dormir introduc&iacute;a su hocico en mi zapatilla, us&aacute;ndola como una m&aacute;scara de ox&iacute;geno bastante irrespirable e impregnada contundentemente de todo el olor que podr&iacute;a exhalar el pie de un soldado de 2&ordf; del ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol. Aquel cachorro y yo compartimos un d&uacute;plex y la comida comprada en el centro de Madrid, que pod&iacute;a ser propia de humanos o de perros conforme a las circunstancias temporales, es decir, seg&uacute;n el d&iacute;a del mes. Me lo hab&iacute;a regalado Alicia, una colega quien, como yo, empezaba a dar sus primeros pasos en la profesi&oacute;n, si bien ella trabajaba en una cl&iacute;nica de peque&ntilde;os animales. Cuando fui a recoger a ese pastor alem&aacute;n, certificado por una novel especialista, me ense&ntilde;&oacute; a sus padres. El macho era espectacular, aunque la hembra parec&iacute;a m&aacute;s mediocre, a&uacute;n teniendo en cuenta la desmejora propia del periodo de amamantamiento. Sin embargo, me llam&oacute; la atenci&oacute;n el que cierto cachorro tuviera una mancha blanca destacada debajo de su cuello, pero Alicia le rest&oacute; importancia a esa circunstancia, al mismo tiempo que pon&iacute;a en mis manos otra de las cr&iacute;as, que correspond&iacute;a totalmente al prototipo de cachorro de aquella raza.
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        Tras dos meses de convivencia, cerca de la Puerta del Sol, aprovech&eacute; un permiso militar para llev&aacute;rselo a mis padres. A los dos le gustaban mucho los perros y se quedaron muy contentos cuando les llev&eacute; a <em>Drake</em>, tal como lo bautizamos en honor de otro entra&ntilde;able c&aacute;nido que hab&iacute;a vivido su dilatada existencia junto a nosotros. El cachorro, como todos, era juguet&oacute;n y bonito, aunque no hubiera empezado a levantar las orejas, para lo cual ya ten&iacute;a edad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando, al fin liberado del servicio militar, regres&eacute; de nuevo a casa, en Navidad, lo hice acompa&ntilde;ado por Mariano, otro colega de mi promoci&oacute;n, ya profesor asociado a la Universidad y con un brillante porvenir de etn&oacute;logo por delante.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l conoc&iacute;a mis tribulaciones acerca de las orejas del perro, por lo que lleg&oacute; a la isla con una expectaci&oacute;n casi igual a la m&iacute;a. No tardamos en comprobar las cualidades del can: su hocico molosoide, su grupa a la altura de la cruz y, sobre todo, la verticalidad de las orejas, hacia abajo, indicaban claramente que ese gracioso animal de ocho meses era producto de un cruce. Es m&aacute;s, si no hubiera sido porque lo vi mamando de su madre, hubiera dicho que, aparte de una displasia de cadera, de pastor alem&aacute;n no ten&iacute;a una gota de sangre.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, el perro parec&iacute;a bonito y as&iacute; me lo hac&iacute;a notar la gente que lo ve&iacute;a, antes de preguntarme por su raza. Dada mi condici&oacute;n de veterinario, no pod&iacute;an suponerse que el animal no tuviera <em>pedigree</em>. Tres veces tuve que contar la historia con la previsible desilusi&oacute;n de mi interlocutor o interlocutora correspondiente, pero a la cuarta decid&iacute; cambiar de argumento. Un d&iacute;a comprob&eacute;, mientras paseaba a <em>Drake</em>, que no pod&iacute;a esquivar a la persona quien, desde lo lejos, se acercaba hacia m&iacute; con el &aacute;nimo insidioso de interrogarme. Era un &ldquo;experto&rdquo; local, de m&aacute;s edad que yo, al que le gustaba alardear en p&uacute;blico de sus &ldquo;conocimientos&rdquo;, sobre todo cuando le permit&iacute;an resaltar la ignorancia o el fracaso de otros. No estaba cerca a&uacute;n, as&iacute; que me dio tiempo para pensar.
    </p><p class="article-text">
        -Est&aacute; bonito el perrito -sonre&iacute;a falsamente - &iquest;De qu&eacute; raza es?
    </p><p class="article-text">
        -Pastor Cubano &ndash; contest&eacute; mirando al infinito.
    </p><p class="article-text">
        -Ah! S&iacute;... Creo que he o&iacute;do hablar de ellos... Pero hay pocos, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        -Que yo sepa, en Espa&ntilde;a s&oacute;lo hay tres parejas. La colega que me regal&oacute; el cachorro tiene una en Madrid (esta ubicaci&oacute;n geogr&aacute;fica le dio un toque de veracidad que me anim&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        -Pero es un poco chato para ser pastor... -observ&oacute; receloso.
    </p><p class="article-text">
        -Claro -contest&eacute; ya mir&aacute;ndolo a la cara- seg&uacute;n me cont&oacute; mi amiga, Fidel los seleccion&oacute; con ese criterio para poder hacer presa en el ganado cebuino que pasta en las caballer&iacute;as de all&iacute; -me estaba envalentonando-, y si te fijas bien en el andar, mueve las caderas a un ritmo de bailarina de Copacabana.
    </p><p class="article-text">
        Aunque parezca mentira, se lo trag&oacute;, y como &eacute;l otras personas que me ca&iacute;an antip&aacute;ticas o a las que quer&iacute;a gastar una broma.
    </p><p class="article-text">
        <em>Drake</em> no tard&oacute; en situarme nuevamente, como su leg&iacute;timo due&ntilde;o, en la c&uacute;spide de su sociedad jerarquizada. Esa relaci&oacute;n dur&oacute; un a&ntilde;o, despu&eacute;s del cual tuve que ir a trabajar fuera. Y entonces ocurri&oacute; el desastre: sin que nos di&eacute;ramos cuenta, el perro se hab&iacute;a promocionado en el grupo familiar hasta tal punto que s&oacute;lo admit&iacute;a mi autoridad, y eso qued&oacute; patente cuando me fui. Se aculaba y gru&ntilde;&iacute;a a mis padres, actitudes que pude comprobar personalmente, porque termin&oacute; comport&aacute;ndose de ese modo conmigo durante una de las visitas que con frecuencia hac&iacute;a a la isla. Y un d&iacute;a lleg&oacute; la fat&iacute;dica llamada: <em>Drake</em> hab&iacute;a mordido seriamente a la empleada del hogar, quien desde su &eacute;poca de cachorro le daba de comer cuando estaba en casa. A ella tuvieron que llevarla al hospital para curarla y con el perro hubo que tomar una dr&aacute;stica decisi&oacute;n. Cuando, no mucho tiempo despu&eacute;s, regres&eacute; a La Palma, no hice ninguna pregunta. Mir&eacute; a mi padre. Sus ojos parpadearon y un ligero movimiento de su dentadura fue lo m&aacute;s parecido a una triste sonrisa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Capote]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/pastor-cubano_132_2125892.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 May 2018 19:32:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un pastor cubano]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Cuba]]></media:keywords>
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