<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Gloria Ayuso]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gloria_ayuso/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gloria Ayuso]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/511934/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Israel, Jordania, El Sinaí: una maravilla tras otra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/israel-jordania-sinai-maravilla_132_4789874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a364ee51-1e9d-4c21-bf18-433877354929_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Israel, Jordania, El Sinaí: una maravilla tras otra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diversidad y tensión religiosa, ruinas espectaculares, conflictos atávicos y escenarios de película se entremezclan en estos tres destinos, una opción ideal para llenar de emociones un pedazo del verano</p></div><p class="article-text">
        Fue ya hace tres a&ntilde;os, pero lo recuerdo, junto con el de Guatemala, como uno de mis mejores viajes. Por eso mismo creo que merece mucho la pena contarlo.
    </p><p class="article-text">
        El secreto es que en un mismo viaje de tan s&oacute;lo tres semanas, incluso de dos si se anda apurado de tiempo, pueden experimentarse grand&iacute;simas sensaciones: la de trasladarse 500 a&ntilde;os atr&aacute;s en el tiempo contemplando c&oacute;mo musulmanes y hebreos practicantes viven en la Ciudad Vieja de Jerusal&eacute;n; acercarse al conflicto entre israel&iacute;es y palestinos, en lucha por una tierra completamente &aacute;rida; vivir el ambiente relajado y la amabilidad del pueblo jordano; impresionarse con la espectacularidad de las ruinas de Petra; permanecer dos d&iacute;as en el desierto de Lawrence de Arabia, y acabar sumergi&eacute;ndote entre la gran variedad de coloridos y vistosos peces en uno de los grandes yacimientos de coral del mundo, en el Mar Rojo de El Sina&iacute;. Todo queda cerca y es la combinaci&oacute;n perfecta.
    </p><p class="article-text">
        Llegamos desde Barcelona a Tel Aviv a mediados de julio. Desde esta gran metr&oacute;poli, que no tiene nada que envidiar a cualquier otra de las grandes ciudades occidentales, nos dirigimos directamente a nuestro primer gran destino, a tan s&oacute;lo unos 60 kil&oacute;metros: Jerusal&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; nos instalamos en la Ciudad Vieja. Y nos gust&oacute; tanto que puede decirse que de all&iacute; no nos movimos. Pese a que los precios del alojamiento son caros &ndash;por unos 60 euros duermes en un cuarto de hotel que se las trae&ndash;, estar en el coraz&oacute;n de Jerusal&eacute;n hist&oacute;rico bien val&iacute;a la pena.
    </p><p class="article-text">
        La Ciudad Vieja, con el mercado siempre abierto entre sus estrechas callejuelas laber&iacute;nticas, en seguida nos rob&oacute; el coraz&oacute;n. El Muro de las Lamentaciones nos sorprendi&oacute;, as&iacute; como el oscuro atuendo de hebreos ortodoxos y sus familias. Las mujeres, tapadas con largas faldas y con el pelo recogido bajo las cofias, denotaban la r&iacute;gida disciplina a la que se ve&iacute;an sometidas, al igual que las musulmanas. Tanto hebreos como musulmanes paseaban por las calles en un ajetreo rutinario sin aparente atisbo de roce o conflicto. Tan s&oacute;lo la ampl&iacute;sima presencia de j&oacute;venes de apenas 18 a&ntilde;os con atuendo militar y cargados con escopetas en cada calle o esquina recodaba que nos encontr&aacute;bamos en una sociedad muy militarizada y con un grave conflicto como trasfondo.
    </p><p class="article-text">
        Coincidi&oacute; nuestra visita con un viernes de Ramad&aacute;n, lo que nos impidi&oacute; visitar el interior de la gran Mezquita, pero nos permiti&oacute; presenciar la irrupci&oacute;n en las estrech&iacute;simas calles de la Ciudad Vieja de centenares de musulmanes saliendo de la gran mezquita tras la oraci&oacute;n, y de otros tantos jud&iacute;os ataviados de negro con sombrero o kip&aacute; que se dirigen al Muro de las Lamentaciones para celebrar la noche previa al Sabat. Un tremendo espect&aacute;culo, similar a la fren&eacute;tica actividad de un hormiguero donde parece que no existe organizaci&oacute;n y sin embargo todas las hormigas siguen en realidad su camino. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; se cruzaban en ese peque&ntilde;o espacio musulmanes y hebreos, bajo el milagro de lograr no empujarse, evitando incluso el contacto visual. Eso s&iacute;, bajo la presencia de los j&oacute;venes armados de verde. Contemplamos la escena boquiabiertos, sentados en el bar de una esquina tomando el tradicional refresco de lim&oacute;n con menta, y sin perdernos nada de lo que suced&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Seguimos el camino de los jud&iacute;os hacia el Muro de las Lamentaciones. Contrariamente a lo que pens&aacute;bamos, el viernes por la noche no daba lugar a la solemnidad. Al contrario, el Muro era una verdadera fiesta. Los j&oacute;venes jud&iacute;os saltaban, cantaban&hellip; Estar ah&iacute; era para ellos una alegr&iacute;a y as&iacute; lo celebraban. 
    </p><p class="article-text">
        La noche nos acog&iacute;a a todos en un ambiente sereno. Con el kip&aacute; en la cabeza, que es necesario ponerse antes de entrar en el recinto, entramos cada cual en su lado del muro: hombres a la izquierda y mujeres a la derecha, en espacio separados por una pared. A trav&eacute;s de ella, espiaban sin  temor algunas mujeres, intentando atisbar hacia la zona de los hombres. Como es tradici&oacute;n, dejamos un mensaje entre las piedras del muro, y agradecimos que nos dejaran acceder a este lugar sagrado y de atm&oacute;sfera tan especial.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; como las religiones musulmana y jud&iacute;a son perfectamente palpables al instante en el ambiente de la Ciudad Vieja de Jerusal&eacute;n, el cristianismo queda relegado a los monumentos que recuerdan su presencia hist&oacute;rica. Su representaci&oacute;n m&aacute;s se&ntilde;alada es el Via Crucis. Siguiendo el recorrido se llega a la iglesia elevada justo en el lugar donde Jes&uacute;s fue crucificado. Sorprende entonces que cat&oacute;licos y ortodoxos se dividen el espacio de culto en ese mismo lugar, separ&aacute;ndolo por una pared.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Flotando en las sales del Mar Muerto</strong>
    </p><p class="article-text">
        Jerusal&eacute;n fue nuestra base para salidas de un d&iacute;a al Mar Muerto, Bel&eacute;n y Hebr&oacute;n. En el Mar Muerto, visita que se puede complementar con la del interesante asentamiento de Qumr&aacute;n, encontramos  un complejo preparado para que los turistas se cambien de ropa y, sobre todo, te des la necesaria ducha posterior al ba&ntilde;o, dado que entre el barro y el alto contenido en sal te queda una capa incrustada sobre la piel. Entrar en el agua de textura aceitosa debido a su densidad fue in duda una experiencia, as&iacute; como flotar sobre la sal y aplicarse el barro sobre la piel. Un consejo de lo m&aacute;s l&oacute;gico que no seguimos: &iexcl;no meter la cabeza bajo el agua para evitar el contacto de la sal con los ojos!
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Cruzar la frontera en Hebr&oacute;n fue una experiencia, entre militares y un largu&iacute;simo pasillo formado por rejas a lado y lado. En Bel&eacute;n, la iglesia de la Natividad, construida donde naci&oacute; Jes&uacute;s, muestra una puertecita diminuta por la que es necesario bajar la cabeza para poder entrar. El lugar exacto del nacimiento nos pareci&oacute; extra&ntilde;amente engalanado con curiosos adornos.
    </p><p class="article-text">
        Tras m&aacute;s de cinco d&iacute;as en Jerusal&eacute;n, alquilamos un coche y nos dirigimos al norte de Israel: Nazaret, Tiber&iacute;ades,  Mar de Galilea y Cafarna&uacute;n. Cruzamos el pa&iacute;s de norte a sur hasta Amm&aacute;n, ciudad que nos encant&oacute;. Llegamos tarde y ya no quedaba en ning&uacute;n puesto callejero pan para comer con el delicioso hummus que compramos &ndash;&iexcl;qu&eacute; delicia el hummus en todas partes!&ndash; , de modo que una amable mujer nos ofreci&oacute; una bolsa entera de pan, sin darnos opci&oacute;n a rechazarlo ni a pagarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Visitamos unas ruinas, la mezquita y el mirador, donde celebraban una feria con puestos callejeros de comida y artesan&iacute;a. Como en todos los pueblos que cruzamos, el Ramad&aacute;n se celebraba con luces en las calles y en las casas, y con petardos que los ni&ntilde;os hac&iacute;an estallar cada d&iacute;a al llegar la noche.
    </p><p class="article-text">
        Proseguimos hacia el sur de Jordania, por la autopista del Rey, una simple carretera de dos carriles, uno por sentido, que cruza el pa&iacute;s de norte a sur, pasando entre  ruinas y antiguos castillos y poblados entre medio de un bonito paisaje monta&ntilde;oso completamente &aacute;rido. Hasta llegar a nuestro principal destino: Petra.
    </p><p class="article-text">
        Estuvimos aqu&iacute; tres d&iacute;as visitando las ruinas. No nos cansamos. La espectacular entrada por el desfiladero (El Siq) ya te deja con la boca abierta, para llegar despu&eacute;s a la primera gran puerta El Jazneh (El Tesoro), la popular imagen que aparece en una de las pel&iacute;culas de Indiana Jones. Visitar todo el complejo requiere de largas caminatas, para las que es important&iacute;simo llevar agua, crema solar y sombrero que cubra hasta el cuello, para evitar insolaciones, algo que el segundo d&iacute;a padecimos.
    </p><p class="article-text">
        La excursi&oacute;n hasta lo alto para encontrar Al Deir o El Monasterio, mayor que El Tesoro, merece much&iacute;simo la pena. All&iacute; nos quedamos tres horas tumbados frente a esa gran maravilla. Existe incluso la opci&oacute;n de quedarse a dormir con los lugare&ntilde;os bajo la luz de las estrellas.
    </p><p class="article-text">
        Seguimos nuestro viaje hasta el desierto de Wadi Rum, famoso por Lawrence de Arabia, donde exploramos la zona dos d&iacute;as y nos quedamos a dormir en un campamento. Disfrutamos del lugar pr&aacute;cticamente solos. Tras la preceptiva noche mirando las estrellas y una excursi&oacute;n de dos horas en camello, proseguimos nuestra ruta hacia Aqaba y la frontera del sur.
    </p><p class="article-text">
        Para llegar hasta el mejor lugar para disfrutar de la costa del Mar Rojo, en la pen&iacute;nsula de El Sina&iacute;, ya en Egipto, es necesario cruzar tres pa&iacute;ses y dos fronteras en un d&iacute;a: de Jordania a Israel a trav&eacute;s de la frontera en Aqaba con Eliat, y de Israel a El Sina&iacute; por la frontera de Taba. Salir de Jordania fue f&aacute;cil, como lo hab&iacute;a sido entrar. En el control de Israel nos preguntaron como siempre por todo y m&aacute;s. Y tuvimos que realizar una larga cola para poder cruzar hasta Taba. Una experiencia que resolvimos finalmente pagando m&aacute;s de lo que indicaban las gu&iacute;as en la frontera de Egipto. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dahab, el templo de los submarinistas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nos dirigimos en bus a Dahab, una ciudad tur&iacute;stica y famosa por el submarinismo y el snorkel. El viaje en autob&uacute;s por la costa nos ofreci&oacute; un paisaje grotesco: centenares de complejos tur&iacute;sticos y de segundas residencias a medio construir, kil&oacute;metros y m&aacute;s kil&oacute;metros de un desolado paisaje junto al mar completamente destrozado por los esqueletos de las construcciones fantasma a medio terminar.  
    </p><p class="article-text">
        En Dahab, algo m&aacute;s viva, hicimos snorkel en las fant&aacute;sticas playas, en una fabulosa experiencia de coral y todo tipo de peces de las formas m&aacute;s extra&ntilde;as y colores m&aacute;s espectaculares. El famoso Blue Hole, a tan s&oacute;lo un metro de la costa, se abre con 100 metros de profundidad. Siguiendo el agujero por sus bordes con la ayuda de gafas y aletas, se ve un incre&iacute;ble espect&aacute;culo marino. En el centro, varios j&oacute;venes hac&iacute;an apnea, bajando a pleno pulm&oacute;n por las profundidades hasta que el cuerpo aguante. en un rinc&oacute;n de la costa, centenares de l&aacute;pidas que ponen los pelos de puntas recuerdan a los submarinistas que han muerto en este conocido enclave.  
    </p><p class="article-text">
        Tras unos d&iacute;as de merecido descanso y una visita obligada al Monte Sina&iacute;, volvimos hacia Israel y Tel Aviv, no sin la sensaci&oacute;n de que, tras m&aacute;s de tres semanas de viaje y emociones, y de desconectar completamente de nuestra realidad diaria en Barcelona, podr&iacute;amos seguir viajando as&iacute; durante meses sin cansarnos.
    </p><p class="article-text">
        La vuelta a Israel, subimos hasta Tel Aviv con un autob&uacute;s de l&iacute;nea, el mismo que acostumbran a llenar los j&oacute;venes militares israel&iacute;es cuando van de permiso a sus casas, y el mismo que una semana antes hab&iacute;a sido tiroteado en un atentado. Unos d&iacute;as previos a nuestro desplazamiento escribimos v&iacute;a correo electr&oacute;nico a la embajada espa&ntilde;ola para informarnos sobre la conveniencia de hacer el viaje. La respuesta, desaconsejando el desplazamiento, nos lleg&oacute; dos semanas m&aacute;s tarde, cuando ya est&aacute;bamos en Barcelona.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gloria Ayuso]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/israel-jordania-sinai-maravilla_132_4789874.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jun 2014 21:37:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a364ee51-1e9d-4c21-bf18-433877354929_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2691042" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a364ee51-1e9d-4c21-bf18-433877354929_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2691042" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Israel, Jordania, El Sinaí: una maravilla tras otra]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a364ee51-1e9d-4c21-bf18-433877354929_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Viajes,Israel,Jordania,Egipto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Israel, Jordània i El Sinaí: una meravella rere l'altra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/israel-jordania-sinai-meravella-laltra_132_4789833.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a364ee51-1e9d-4c21-bf18-433877354929_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Israel, Jordània i El Sinaí: una meravella rere l&#039;altra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Diversitat i tensió religiosa, ruïnes espectaculars, conflictes atàvics i escenaris de pel·lícula es barregen en aquests tres destins, una opció ideal per omplir d'emocions un tros de l'estiu</p></div><p class="article-text">
        Va ser ja fa tres anys, per&ograve; ho recordo, juntament amb el de Guatemala, com un dels meus millors viatges. Per aix&ograve; mateix crec que val molt la pena explicar-ho. 
    </p><p class="article-text">
        El secret &eacute;s que en un mateix viatge de tan sols tres setmanes, fins i tot de dos si es va apurat de temps, es poden experimentar grand&iacute;ssimes sensacions: la de traslladar-se 500 anys enrere en el temps contemplant com musulmans i hebreus practicants viuen a la Ciutat Vella de Jerusalem; acostar-se al conflicte entre israelians i palestins, en lluita per una terra completament &agrave;rida; viure l'ambient relaxat i l'amabilitat del poble jord&agrave;; impressionar-se amb l'espectacularitat de les ru&iuml;nes de Petra; romandre dos dies al desert de Lawrence d'Ar&agrave;bia, i acabar submergint-se entre la gran varietat de vistosos peixos en un dels grans jaciments de corall del m&oacute;n, al Mar Roig del Sina&iacute;. Tot queda a prop i &eacute;s la combinaci&oacute; perfecta. 
    </p><p class="article-text">
        Vam arribar des de Barcelona a Tel Aviv a mitjans de juliol. Des d'aquesta gran metr&ograve;poli, que no t&eacute; res a envejar a qualsevol altra de les grans ciutats occidentals, ens vam dirigirdirectament al nostre primer gran dest&iacute;, a tan sols uns 60 quil&ograve;metres: Jerusalem. 
    </p><p class="article-text">
        All&agrave; ens vam instal&middot;lar a la Ciutat Vella. I ens va agradar tant que es pot dir que d'all&agrave; no ens vam moure. Malgrat que els preus de l'allotjament s&oacute;n cars-per uns 60 euros dorms en una cambra d'hotel que se les porta-, estar en el cor de Jerusalem hist&ograve;ric b&eacute; valia la pena. 
    </p><p class="article-text">
        La Ciutat Vella, amb el mercat sempre obert entre els seus estrets carrerons laber&iacute;ntics, de seguida ens va robar el cor. El Mur de les Lamentacions ens va sorprendre, aix&iacute; com el fosc vestit dels hebreus ortodoxos i de les seves fam&iacute;lies. Les dones, tapades amb llargues faldilles i amb els cabells recollits sota les c&ograve;fies, denotaven la r&iacute;gida disciplina a la qual es veien sotmeses, igual que les musulmanes.
    </p><p class="article-text">
        Tant hebreus com musulmans passejaven pels carrers en un enrenou rutinari sense aparent indici de frec o conflicte. Tan sols l'ampl&iacute;ssima pres&egrave;ncia de joves de tot just 18 anys amb abillament militar i carregats amb escopetes a cada carrer o cantonada recordava que ens trob&agrave;vem en una societat molt militaritzada i amb un greu conflicte com a rerefons. 
    </p><p class="article-text">
        Va coincidir la nostra visita amb un divendres de Ramad&agrave;, el que ens va impedir visitar l'interior de la Gran Mesquita, per&ograve; ens va permetre presenciar la irrupci&oacute; en les estret&iacute;ssimes carrers de la Ciutat Vella de centenars de musulmans sortint de la Gran Mesquita despr&eacute;s de l'oraci&oacute;, i d'altres tants jueus abillats de negre amb barret o quip&agrave; que es dirigien al Mur de les Lamentacions per celebrar la nit pr&egrave;via al Sabat. Un gran espectacle, similar a la fren&egrave;tica activitat d'un formiguer on sembla que no hi ha organitzaci&oacute; i no obstant aix&ograve; totes les formigues segueixen en realitat el seu cam&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Aix&iacute; es creuaven en aquest petit espai musulmans i hebreus, sota el miracle d'aconseguir no emp&egrave;nyer, evitant fins i tot el contacte visual. Aix&ograve; s&iacute;, sota la pres&egrave;ncia dels joves armats de verd. Vam contemplar l'escena bocabadats, asseguts al bar d'una cantonada prenent el tradicional refresc de llimona amb menta, i sense perdre'ns res del que succe&iuml;a. 
    </p><p class="article-text">
        Vam seguir el cam&iacute; dels jueus cap al Mur de les Lamentacions. Contr&agrave;riament al que pens&agrave;vem, el divendres a la nit no donava lloc a la solemnitat. Al contrari, el Mur era una veritable festa. Els joves jueus saltaven, cantaven ... Ser-hi era per a ells una alegria i aix&iacute; ho celebraven. 
    </p><p class="article-text">
        La nit ens acollia a tots en un ambient ser&egrave;. Amb el quip&agrave; al cap, que cal posar-se abans d'entrar al recinte, vam entrar cadasc&uacute; en el seu costat del mur: homes a l'esquerra i dones a la dreta, en espai separats per una paret. A trav&eacute;s d'ella, espiaven sense por algunes dones, intentant entreveure cap a la zona dels homes. Com &eacute;s tradici&oacute;, vam deixar un missatge entre les pedres del mur, i vam agrair que ens deixessin accedir a aquest lloc sagrat i d'atmosfera tan especial. 
    </p><p class="article-text">
        Aix&iacute; com les religions musulmana i jueva s&oacute;n perfectament palpables a l'instant en l'ambient de la Ciutat Vella de Jerusalem, el cristianisme queda relegat als monuments que recorden la seva pres&egrave;ncia hist&ograve;rica. La seva representaci&oacute; m&eacute;s assenyalada &eacute;s el Via Crucis. Seguint el recorregut s'arriba a l'esgl&eacute;sia elevada just en el lloc on Jes&uacute;s va ser crucificat. Sorpr&egrave;n llavors que cat&ograve;lics i ortodoxos es divideixen l'espai de culte en aquest mateix lloc, separat per una paret. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Surant en les sals del Mar Mort</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Jerusalem va ser la nostra base per a sortides d'un dia al Mar Mort, Betlem i Hebron. Al Mar Mort, visita que es pot complementar amb la de l'interessant assentament de Qumran, vam trobar un complex preparat perqu&egrave; els turistes es canvi&iuml;n de roba i, sobretot, facin la necess&agrave;ria dutxa posterior al bany, ja que entre el fang i l'alt contingut en sal et queda una capa incrustada sobre la pell. Entrar a l'aigua de textura oliosa causa de la seva densitat va ser sense dubte una experi&egrave;ncia, aix&iacute; com surar sobre la sal i aplicar el fang sobre la pell. Un consell d'all&ograve; m&eacute;s l&ograve;gic que no vam seguir: no ficar el cap sota l'aigua per evitar el contacte de la sal amb els ulls!
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ca1098cd-50cc-4b96-9d6e-d21e9f6a6e8c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Creuar la frontera a Hebron va ser una experi&egrave;ncia, entre militars i un llargu&iacute;ssim passad&iacute;s format per reixes a banda i banda. A Betlem, l'esgl&eacute;sia de la Nativitat, constru&iuml;da on va n&eacute;ixer Jes&uacute;s, mostra una porteta diminuta que fa baixar el cap per poder entrar-hi. El lloc exacte del naixement ens va semblar estranyament engalanat amb curiosos adorns. 
    </p><p class="article-text">
        Despr&eacute;s de m&eacute;s de cinc dies a Jerusalem, vam llogar un cotxe i ens vam dirigir al nord d'Israel: Natzaret, Tiber&iacute;ades, Llac de Tiber&iacute;ades i Cafarna&uuml;m. Vam creuar el pa&iacute;s de nord a sud fins Amman, ciutat que ens va encantar. Vam arribar tard i ja no quedava en cap lloc de carrer pa per menjar amb el delici&oacute;s hummus que vam comprar &ndash;quina del&iacute;cia l'hummus a tot arreu!&ndash;, de manera que una amable dona ens va oferir una bossa sencera de pa, sense donar-nos opci&oacute; a rebutjar ni a pagar-lo. 
    </p><p class="article-text">
        Vam visitar unes ru&iuml;nes, la mesquita i el mirador, on celebraven una fira amb parades de carrer de menjar i artesania. Com en tots els pobles que vam creuar, el Ramad&agrave; es celebrava amb llums als carrers ia les cases, i amb petards que els nens feien esclatar cada dia en arribar la nit. 
    </p><p class="article-text">
        Vam prosseguir cap al sud de Jord&agrave;nia, per l'autopista del Rei, una simple carretera de dos carrils, un per sentit, que creua el pa&iacute;s de nord a sud, passant entre ru&iuml;nes i antics castells i poblats entre mig d'un bonic entorn de muntanya completament &agrave;rid. Fins arribar al nostre principal dest&iacute;: Petra. 
    </p><p class="article-text">
        Vam estar aqu&iacute; tres dies visitant les ru&iuml;nes. No ens vam cansar. L'espectacular entrada pel congost (El Siq) ja et deixa amb la boca oberta, per arribar despr&eacute;s a la primera gran porta El Jazneh (El Tresor), la popular imatge que apareix en una de les pel &middot; l&iacute;cules d'Indiana Jones. Visitar tot el complex requereix de llargues caminades, per a les quals &eacute;s important&iacute;ssim portar aigua, crema solar i barret que cobreixi fins al coll, per evitar insolacions, cosa que el segon dia vam patir. 
    </p><p class="article-text">
        L'excursi&oacute; fins a dalt per trobar Al Deir o El Monestir, m&eacute;s gran que El Tresor, val molt&iacute;ssim la pena. All&agrave; ens vam quedar tres hores tombats davant aquella gran meravella. Hi ha fins i tot la opci&oacute; de quedar-se a dormir amb els vilatans sota la llum de les estrelles. 
    </p><p class="article-text">
        Vam seguir el nostre viatge fins al desert de Wadi Rum, fam&oacute;s per Lawrence d'Ar&agrave;bia, on vam explorar la zona dos dies i ens vam quedar a dormir en un campament. Vam gaudir del lloc pr&agrave;cticament sols. Despr&eacute;s de la preceptiva nit mirant les estrelles i d'una excursi&oacute; de dues hores en camell, vam prosseguir la nostra ruta cap a Aqaba i la frontera del sud. 
    </p><p class="article-text">
        Per arribar fins al millor lloc per gaudir de la costa del Mar Roig, a la pen&iacute;nsula del Sina&iacute;, ja a Egipte, cal creuar tres pa&iuml;sos i dues fronteres en un dia: de Jord&agrave;nia a Israel a trav&eacute;s de la frontera a Aqaba amb Eliat, i d'Israel a El Sina&iacute; per la frontera de Taba. Sortir de Jord&agrave;nia va ser f&agrave;cil, com ho havia estat entrar. En el control d'Israel ens van preguntar com sempre per tot i m&eacute;s. I vam haver de fer una llarga cua per poder creuar fins Taba. Una experi&egrave;ncia que vam resoldre finalment pagant m&eacute;s del que indicaven les guies a la frontera d'Egipte. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dahab, el temple dels submarinistes</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Ens vam dirigir en bus a Dahab, una ciutat tur&iacute;stica i famosa pel submarinisme i el snorkel. El viatge amb autob&uacute;s per la costa ens va oferir un paisatge grotesc: centenars de complexos tur&iacute;stics i de segones resid&egrave;ncies a mig construir, quil&ograve;metres i m&eacute;s quil&ograve;metres d'un desolat paisatge al costat del mar completament destrossat pels esquelets de les construccions fantasma a mig acabar. 
    </p><p class="article-text">
        A Dahab, una mica m&eacute;s viva, vam fer snorkel a les fant&agrave;stiques platges, en una fabulosa experi&egrave;ncia de corall i tot tipus de peixos de les formes m&eacute;s estranyes i els colors m&eacute;s espectaculars. El fam&oacute;s Blue Hole, a tan sols un metre de la costa, s'obre amb 100 metres de profunditat.
    </p><p class="article-text">
        Seguint el forat per les seves vores amb l'ajuda d'ulleres i aletes, es veu un incre&iuml;ble espectacle mar&iacute;. Al centre, diversos joves feien apnea, baixant a ple pulm&oacute; per les profunditats fins que el cos aguanti. En un rac&oacute; de la costa, centenars de l&agrave;pides que posen els p&egrave;ls de punta recorden als submarinistes que han mort en aquest conegut enclavament. 
    </p><p class="article-text">
        Despr&eacute;s d'uns dies de merescut descans i una visita obligada a la Muntanya Sina&iacute;, vam tornar cap a Israel i Tel Aviv, no sense la sensaci&oacute; que, despr&eacute;s de m&eacute;s de tres setmanes de viatge i emocions, i de desconnectar completament de la nostra realitat di&agrave;ria a Barcelona, podr&iacute;em seguir viatjant aix&iacute; durant mesos sense cansar-nos. 
    </p><p class="article-text">
        De tornada a Israel, vam pujar fins Tel Aviv amb un autob&uacute;s de l&iacute;nia, el mateix que acostumen a omplir els joves militars israelians quan van de perm&iacute;s a casa, i el mateix que una setmana abans havia estat tirotejat en un atemptat. Uns dies previs al nostre despla&ccedil;ament vam escriure via correu electr&ograve;nic a l'ambaixada espanyola per informar-nos sobre la conveni&egrave;ncia de fer el viatge. La resposta, desaconsellant el despla&ccedil;ament, ens va arribar dues setmanes m&eacute;s tard, quan ja est&agrave;vem a Barcelona.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gloria Ayuso]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/israel-jordania-sinai-meravella-laltra_132_4789833.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Jun 2014 21:29:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a364ee51-1e9d-4c21-bf18-433877354929_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2691042" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a364ee51-1e9d-4c21-bf18-433877354929_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2691042" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Israel, Jordània i El Sinaí: una meravella rere l'altra]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a364ee51-1e9d-4c21-bf18-433877354929_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Israel,Jordania]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
