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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elina Viilup]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elina_viilup/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elina Viilup]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La elección de Juncker, entre la historia y la histeria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/eleccion-juncker-historia-histeria_1_4745243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76ff5a05-f14e-4a6c-8569-292d1c5a22f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La elección de Juncker, entre la historia y la histeria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los socialistas españoles se han autodescartado de poder moldear algo  más hacia la izquierda el programa de gobierno para los próximos cinco  años</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/07/23/si_reganan_pedro_sanchez_que_por_buen_camino_19821_1023.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Si rega&ntilde;an a Pedro S&aacute;nchez es que va por el buen camino</a>, de Ignacio S&aacute;nchez-Cuenca</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Hace algo m&aacute;s de tres meses, en un seminario celebrado en Bruselas, pudimos escuchar esta curiosa confesi&oacute;n de una eurodiputada socialdem&oacute;crata: prefer&iacute;a que el Partido Popular Europeo ganase, por un &uacute;nico esca&ntilde;o de diferencia, las elecciones de mayo. No se trataba de una disidente con Martin Schulz ni mucho menos una traidora a la causa progresista. Al contrario, estamos hablando de alguien cercana al n&uacute;cleo central del Partido de los Socialistas Europeos que, sin embargo, aspiraba ante todo a asegurar que el resultado electoral fuese esta vez determinante para designar el futuro presidente de la Comisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con ese fin, todas las familias ideol&oacute;gicas del Parlamento Europeo (salvo conservadores euroesc&eacute;pticos y ultranacionalistas eur&oacute;fobos) hab&iacute;an hecho una lectura audaz del Tratado de Lisboa designando candidatos a ese puesto, de modo parecido a como se hace para elegir un primer ministro nacional. Un paso quiz&aacute;s percibido como modesto por la desencantada opini&oacute;n p&uacute;blica europea pero con gran potencial politizador. Si el jefe del poder ejecutivo europeo empezaba a emanar del voto popular y no de un arreglo intergubernamental, se estar&iacute;an poniendo las bases de un doble avance democr&aacute;tico. Por un lado, las elecciones europeas podr&iacute;an dejar de ser una colecci&oacute;n de 28 votaciones separadas dominadas por debates nacionales -que es lo que b&aacute;sicamente son ahora- para pasar a convertirse en un aut&eacute;ntico proceso con entidad propia, capaz de determinar el rumbo pol&iacute;tico de esa UE que tanto nos afecta. Por otro lado, ser&iacute;a posible una Comisi&oacute;n m&aacute;s aut&oacute;noma de los estados miembros y con un l&iacute;der que rendir&iacute;a cuentas por igual a un alem&aacute;n o un chipriota.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, como es imposible que ning&uacute;n grupo obtenga mayor&iacute;a absoluta en la c&aacute;mara de Estrasburgo y dado que Angela Merkel y dem&aacute;s jefes de gobierno ten&iacute;an que proponer primero el nombre que se someter&iacute;a a votaci&oacute;n, no estaba garantizado establecer ese ansiado v&iacute;nculo directo entre vencedor en las elecciones y presidente de la Comisi&oacute;n. De ah&iacute; que nuestra visionaria pol&iacute;tica socialista, consciente de que el viejo conocido Jean-Claude Juncker despertaba menos reticencias que su apasionado cabeza de cartel entre los miembros del Consejo Europeo, conclu&iacute;a que esta vez era mejor facilitar y apoyar el nombramiento del candidato popular. As&iacute;, una vez sentado el precedente, ya ser&iacute;a imposible que los l&iacute;deres nacionales volviesen en el futuro a separarse del dictado de las urnas.
    </p><p class="article-text">
        A largo plazo, sal&iacute;a ganando la incipiente comunidad pol&iacute;tica de ciudadanos europeos pero tambi&eacute;n la socialdemocracia pues, en caso de ser la fuerza con m&aacute;s esca&ntilde;os dentro de cinco o diez a&ntilde;os, podr&iacute;a volver a asumir el liderazgo del poder ejecutivo en la UE gracias al apoyo del centro-derecha europe&iacute;sta. A corto plazo, el desenlace tampoco ser&iacute;a tan malo. Al fin y al cabo, Juncker es un socialcristiano federalista que ha gobernando muchos a&ntilde;os su pa&iacute;s en coalici&oacute;n con el Partido Socialista Obrero Luxemburgu&eacute;s. Adem&aacute;s, y a&uacute;n m&aacute;s importante, la UE parec&iacute;a estar escarmentada del bienio negro <a href="http://www.abc.es/economia/20130909/abci-ordoliberalismo-capitalismo-alemana-destrono-201309061311.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ordoliberal</a> que dur&oacute; de primavera de 2010 a verano de 2012, y ahora parec&iacute;a irse restableciendo el equilibrio ideol&oacute;gico que est&aacute; en el alma del proceso de integraci&oacute;n. Recu&eacute;rdese que el resultado deseado por nuestra eurodiputada &ndash;que en gran medida acab&oacute; confirm&aacute;ndose en mayo- contemplaba un grupo socialista a muy poca distancia del PPE. Algo que, combinado con una mayor presencia progresista en muchos gobiernos nacionales, pr&aacute;cticamente garantizaba una legislatura de consenso.
    </p><p class="article-text">
        A partir de aqu&iacute;, todo es m&aacute;s o menos conocido. El importante crecimiento del voto a fuerzas muy cr&iacute;ticas con la UE oscureci&oacute; por unas semanas este escenario. Pero en la pr&aacute;ctica contribuy&oacute; a asentarlo pues, una vez pasado el momento apocal&iacute;ptico, demostr&oacute; que ser&iacute;a el eje m&aacute;s-menos integraci&oacute;n en vez del izquierda-derecha el que iba a articular los pr&oacute;ximos cinco a&ntilde;os, facilitando as&iacute; la conformaci&oacute;n de una amplia base que incluye los dos grandes grupos pero tambi&eacute;n a liberales y verdes. Adem&aacute;s, la fallida estrategia de David Cameron de evitar la designaci&oacute;n de Juncker, alentada de forma hist&eacute;rica por la prensa brit&aacute;nica, ayud&oacute; parad&oacute;jicamente a la visualizaci&oacute;n de ese conflicto y al cierre de filas por parte del mismo Schulz en torno al luxemburgu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces, lejos de sentir satisfacci&oacute;n porque Bruselas fuera al fin capaz de producir un avance de alta pol&iacute;tica despu&eacute;s de tanto tiempo alimentando la triste din&aacute;mica tecnocracia-populismo, el PSOE prefiri&oacute; oponerse a la decisi&oacute;n de su grupo. Lo hizo s&oacute;lo con la fr&aacute;gil compa&ntilde;&iacute;a de sus correligionarios en Reino Unido y Suecia; dos pa&iacute;ses poco europe&iacute;stas y fuera de la moneda com&uacute;n. Se trata, pues, de una decisi&oacute;n grave que rompe la larga tradici&oacute;n pactista de la socialdemocracia espa&ntilde;ola en asuntos europeos y que se ha intentado explicar subrayando la causa a&uacute;n m&aacute;s grave que motivar&iacute;a este giro: el sufrimiento y desempoderamiento experimentados por muchos ciudadanos durante los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os. A ojos de muchos progresistas, la crisis del Euro habr&iacute;a roto el dif&iacute;cil equilibrio que debe guardar un partido democr&aacute;tico de gobierno para ser a la vez responsivo con las preferencias de sus votantes y responsable frente a la UE, opt&aacute;ndose ahora por el segundo objetivo de forma tan exagerada que casi se habr&iacute;a vaciado de contenido la existencia de programas diferentes y, por tanto, de alternativas para satisfacer los deseos de sus electorados.
    </p><p class="article-text">
        Esa desagradable sensaci&oacute;n explica que, si bien Espa&ntilde;a sea uno de los pocos pa&iacute;ses europeos en los que jam&aacute;s ha existido una gran coalici&oacute;n, en el imaginario de cierta izquierda se ha instalado la idea de un &ldquo;PPSOE&rdquo; que supuestamente gobierna y que debe ser castigado. Los dirigentes socialistas han reaccionado con p&aacute;nico ante la p&eacute;rdida de votantes que eso podr&iacute;a suponer y han optado por subrayar tanto en la campa&ntilde;a de mayo como en sus elecciones primarias que no apoyar&iacute;an a alguien que, en vez de encarnar un hito democr&aacute;tico y la posibilidad  de restablecer el consenso que tanto necesita Europa, era presentado simplificada e injustamente como el candidato de la derecha <em>austericida</em>.
    </p><p class="article-text">
        Las premisas sobre la que se construye esa actitud pueden ser s&oacute;lo electoralistas o quiz&aacute;s m&aacute;s respetables: una denuncia sincera del deterioro democr&aacute;tico, que ha frustrado sobre todo a los grupos sociales m&aacute;s d&eacute;biles, o un intento de politizar la UE con una aut&eacute;ntica pauta de gobierno izquierda-derecha. Pero incluso en ese caso, la conclusi&oacute;n ser&iacute;a equivocada. En primer lugar, porque el d&eacute;bil y plural <em>demos </em>a escala continental hace implausible e indeseable que las instituciones europeas dejen de estar gobernadas por un amplio entendimiento que abarque al menos a socialdem&oacute;cratas y democristianos de Norte y Sur. Precisamente la mala experiencia reciente de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas tan sesgadas geogr&aacute;fica e ideol&oacute;gicamente deb&iacute;an de haber convencido al PSOE de que es mejor aspirar al equilibrio program&aacute;tico y ubicarse a escala europea en el eje que divide a partidarios y detractores de la integraci&oacute;n para tratar de responder a la mayor&iacute;a social que aspira a una UE ambiciosa. Resulta incluso m&aacute;s eficaz pues, desmarc&aacute;ndose ahora tan r&iacute;gidamente del apoyo a Juncker, los socialistas espa&ntilde;oles se han autodescartado de poder moldear algo m&aacute;s hacia la izquierda el programa de gobierno para los pr&oacute;ximos cinco a&ntilde;os, perjudicando as&iacute; los intereses de sus votantes. La conducta del italiano Matteo Renzi ha sido <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/15/actualidad/1405446082_904465.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un ejemplo perfecto de todo lo contrario</a>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, tratando de superar la dif&iacute;cil tensi&oacute;n de todo partido de gobierno de izquierda al que le cuesta mucho ser responsivo en el eje ideol&oacute;gico nacional porque ha de ser responsable con sus obligaciones supranacionales, el PSOE ha optado por la peor de las respuestas: ser irresponsivo en el eje ideol&oacute;gico supranacional e irresponsable con sus compromisos nacionales. Adem&aacute;s, ha puesto en riesgo la consolidaci&oacute;n del precedente sobre la elecci&oacute;n del Presidente de la Comisi&oacute;n al haber proporcionado a las fuerzas conservadoras una excusa que esa eurodiputada con tanta visi&oacute;n estrat&eacute;gica quer&iacute;a evitar pensando en futuras victorias socialistas. Y es posible que, cuando coincida con sus compa&ntilde;eros espa&ntilde;oles, trate de hacerles ver la conveniencia de pensar con calma en las encrucijadas hist&oacute;ricas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Molina, Elina Viilup]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/eleccion-juncker-historia-histeria_1_4745243.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Jul 2014 18:59:31 +0000]]></pubDate>
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