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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ignacio Molina]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ignacio_molina/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ignacio Molina]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Curso urgente de política para la izquierda radical (edición en griego)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/curso-politica-izquierda-radical-edicion_132_4263640.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe29e393-3eb7-4aa5-898a-9b8a695de21c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Curso urgente de política para la izquierda radical (edición en griego)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tsipras ha venido a recordar con urgencia que la ética de la convicción ha de conjugarse siempre con la de la responsabilidad.</p></div><p class="article-text">
        Hace ahora menos de tres meses, Alexis Tsipras era vilipendiado por todos sus socios de la UE y por la mayor parte de los analistas pol&iacute;ticos o econ&oacute;micos internacionales. Acababa de convocar un refer&eacute;ndum que nadie entend&iacute;a, tras cinco meses de gobierno mayormente est&eacute;riles marcados por diversos episodios de enfrentamiento con Bruselas y los dem&aacute;s estados miembros; lo que inclu&iacute;a contraproducentes desaires a Berl&iacute;n, gui&ntilde;os muy desconcertantes a Putin, el haberse coaligado con un partido nacionalista de derecha o el nombramiento de un ministro de finanzas bastante soberbio capaz de enemistarse con todos sus colegas del Eurogrupo. El mero anuncio de esa votaci&oacute;n &ndash;interpretada por las instituciones europeas y las capitales nacionales como un <em>S&iacute;</em> o <em>No</em> maximalista a la permanencia en la moneda com&uacute;n- hab&iacute;a provocado que a finales de junio se disparara de nuevo la ya de por s&iacute; alt&iacute;sima prima de riesgo y que se precipitara un <em>corralito</em> bancario que parec&iacute;a hundir definitivamente la castigad&iacute;sima econom&iacute;a de Grecia.
    </p><p class="article-text">
        A Syriza s&oacute;lo le parec&iacute;a ir bien en los sondeos internos &ndash;gracias a un ambiente de &eacute;pica que&nbsp;en general se&nbsp;atribu&iacute;a&nbsp;a la ret&oacute;rica populista- y, m&aacute;s all&aacute; de las fronteras, en el espectro pol&iacute;tico e intelectual situado a la izquierda de la socialdemocracia que consideraba al l&iacute;der griego un referente de lucha audaz contra las pol&iacute;ticas de austeridad que tanto da&ntilde;o hab&iacute;an hecho al sufrido pa&iacute;s. Pero incluso estos apoyos que pod&iacute;an servir de consuelo a Tsipras (sobre todo despu&eacute;s del resonante triunfo en el refer&eacute;ndum) comenzaron a desvanecerse cuando a principio de julio, ante la inflexibilidad de Alemania y el resto de pa&iacute;ses acreedores, tuvo que ceder y firmar un tercer rescate que ven&iacute;a acompa&ntilde;ado de una condicionalidad &nbsp;tan dura como los anteriores. La facci&oacute;n m&aacute;s radical de su partido (representada por Lazafanis y Varoufakis) decidi&oacute; abandonarle y sus m&aacute;s c&eacute;lebres admiradores externos, algunos adornados con el Premio Nobel de Econom&iacute;a, se declararon profundamente decepcionados. El joven y sonriente primer ministro resultaba en julio un desastre para casi todos -ya fueran apocal&iacute;pticos o integrados- aparentemente condenado a pasar a la historia de la larga crisis del Euro como un breve par&eacute;ntesis de esperanza idealista o heterodoxia imprudente. Pero entonces Tsipras sigui&oacute; desconcertando y empez&oacute; a demostrar a todos que no hab&iacute;a que subestimarle como pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        A finales de agosto decidi&oacute; un nuevo adelanto electoral (el quinto seguido que viv&iacute;a el pa&iacute;s desde 2009) para renovar la legitimidad de su mandato y la mayor&iacute;a parlamentaria perdida tras el abandono de una veintena larga de diputados que no aceptaron que Syriza olvidase su programa anti-memorando. En el momento de la convocatoria, los juicios sobre el primer ministro segu&iacute;an siendo muy negativos pues, a su torpeza y final fracaso en las negociaciones con los acreedores o a su incapacidad para mostrar liderazgo interno, se sumaba la imagen de una Grecia incapaz de salir de la inestabilidad: cuatro elecciones en apenas tres a&ntilde;os y todo un reguero de dimisiones, gobiernos ef&iacute;meros o cismas partidarios. Pero Tsipras ten&iacute;a clara su apuesta y ayer gan&oacute;. A partir de hoy, puede presumir de ser el primer jefe de gobierno de un pa&iacute;s perif&eacute;rico que ha conseguido la reelecci&oacute;n desde que comenz&oacute; la crisis de deuda en la Eurozona. Lo hace, adem&aacute;s, con una mayor&iacute;a casi id&eacute;ntica a la de enero pero m&aacute;s margen para gobernar gracias a un grupo parlamentario ahora cohesionado que, para mayor regocijo suyo, ha visto como los radicales de Lazafanis eran fuertemente&nbsp;castigados en las urnas.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de esa lecci&oacute;n de astucia pol&iacute;tica, el episodio deja otras ense&ntilde;anzas m&aacute;s relevantes para el actual panorama pol&iacute;tico europeo. Desde luego, algunas van dirigidas a Alemania y al conjunto de actores responsables de la actual gobernanza de la UE: no se puede humillar a un pa&iacute;s y Grecia (al margen de inaplazables reformas estructurales) necesita ser tratada con un m&iacute;nimo de dignidad. Por dif&iacute;cil que resulte, Grecia tendr&aacute; que perseverar en el objetivo de modernizar su Estado, su modelo productivo y su cohesi&oacute;n social, pero s&oacute;lo habr&aacute; posibilidades de lograr el empe&ntilde;o si es tratada con respeto y si sus ciudadanos sienten algo de &nbsp;&ldquo;ownership&rdquo; en el empe&ntilde;o. El primer ministro tuvo la grandeza pol&iacute;tica de captar ese mandato popular y la habilidad de convertir una derrota negociadora en una sensaci&oacute;n colectiva de que luch&oacute; hasta donde le fue posible y supo evitar ese <em>Grexit</em> que casi ning&uacute;n compatriota quer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, otras muchas de las lecciones van dirigidas a su propia plataforma de simpatizantes de izquierda euro-cr&iacute;tica, dentro o fuera de su pa&iacute;s. Tsipras, por ejemplo, ha aprendido tras unos cuantos Consejos Europeos que la UE no se puede cambiar brusca y unilateralmente; mucho menos desde un pa&iacute;s tan debilitado como el suyo. Ahora tiene claro que debe procurarse aliados (en Bruselas, Par&iacute;s o Roma pero tambi&eacute;n en Madrid o Lisboa y, desde luego, Berl&iacute;n o Fr&aacute;ncfort) para moldear poco a poco una pol&iacute;tica econ&oacute;mica donde la austeridad ya no es, afortunadamente, el &uacute;nico ingrediente. Y ese convencimiento ha sido recompensado con el sorprendente deseo, ampliamente compartido entre sus colegas, de que fuera &eacute;l y no el l&iacute;der de la oposici&oacute;n conservadora europe&iacute;sta quien ganara esta vez&nbsp;las elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Pero, por encima de esa sabidur&iacute;a adquirida sobre c&oacute;mo funciona la integraci&oacute;n europea, Tsipras ense&ntilde;a que hay que tenerle mucho respeto al precipicio y que no es cierto que los ciudadanos no tengan nada m&aacute;s que perder tras muchos a&ntilde;os de sufrimiento. En una sociedad avanzada e integrada en Europa, por mal que le hayan ido las cosas desde 2009 para ac&aacute;, hay mucho margen para empeorar. Una Grecia fuera del euro ser&iacute;a mucho m&aacute;s insegura, a&uacute;n menos pr&oacute;spera y, pese a todo, caer&iacute;a m&aacute;s bajo en bienestar y en orgullo nacional. Es muy posible que no todos los profesores de ciencia pol&iacute;tica ense&ntilde;en bien a sus alumnos la importancia de Max Weber. En cualquier caso, Tsipras ha venido a&nbsp;recordar con urgencia&nbsp;que&nbsp;la &eacute;tica de la convicci&oacute;n ha de conjugarse siempre con la de la responsabilidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/curso-politica-izquierda-radical-edicion_132_4263640.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Sep 2015 18:39:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Curso urgente de política para la izquierda radical (edición en griego)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Syriza abre una estrecha ventana de oportunidad en Grecia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/syriza-estrecha-ventana-oportunidad-grecia_1_4409098.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/55a48e71-b219-4fde-9c14-75f9298d41e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Syriza abre una estrecha ventana de oportunidad en Grecia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora comienza lo difícil. El favor ciudadano suele prestarse en las democracias actuales de forma todavía más condicional y con plazos más cortos que las ayudas de los organismos financieros internacionales</p></div><p class="article-text">
        Las encuestas no se equivocaron. Alexis Tsipras ha ganado claramente las elecciones en Grecia y ser&aacute; el pr&oacute;ximo primer ministro. Aunque Nueva Democracia no ha perdido muchos apoyos &ndash;menos de dos puntos porcentuales con respecto a 2012-, el hundimiento definitivo del menguante centro-izquierda socialdem&oacute;crata (PASOK y DIMAR) ha supuesto casi diez puntos adicionales para Syriza. Y ese aumento, combinado con la prima de cincuenta esca&ntilde;os que se concede al partido ganador, le permitir&aacute; formar gobierno.
    </p><p class="article-text">
        El impacto devastador que ha producido siete a&ntilde;os de crisis en el bienestar griego solo es comparable al que ha tenido sobre su sistema de partidos. Baste decir que en 2007 era el cuarto pa&iacute;s m&aacute;s bipartidista de Europa (Espa&ntilde;a era el tercero), con un 80% de los votos concentrados entre Nueva Democracia y el PASOK, pero tras las elecciones de ayer la suma de ambos ni siquiera llega a un tercio (27,8% + 4,7%). Es verdad que las pautas tradicionales de la pol&iacute;tica griega ya estaban muy erosionadas desde las anteriores elecciones, pero ahora se asiste al imponente entierro de cuarenta a&ntilde;os de historia contempor&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        Resulta igualmente estremecedor, y da cuenta de la situaci&oacute;n desesperada que sufre gran parte de la sociedad griega, atender a los datos de desafecci&oacute;n y de voto extremista. La abstenci&oacute;n ha superado el 36%, a pesar de que el voto es obligatorio. Por su parte dos opciones abiertamente eur&oacute;fobas, el KKE comunista (5,5%) y la infame ultraderecha de Aurora Dorada (6,3%), mantienen el apoyo de hace tres a&ntilde;os; a pesar del auge de una fuerza tan cr&iacute;tica con la troika como es Syriza (de hecho, y a diferencia de lo ocurrido en las anteriores elecciones donde fueron minor&iacute;a, el conjunto de fuerzas contrarias a seguir aplicando el memorando ha superado de modo amplio el 50%).
    </p><p class="article-text">
        Como quiera que sea, no cabe duda que anoche era tambi&eacute;n muy evidente la ilusi&oacute;n de la victoria. Durante unos d&iacute;as, los votantes de la izquierda radical y sus simpatizantes por toda Europa -sobre todo en el resto de la periferia endeudada- van a subrayar el logro alcanzado. Se hablar&aacute; del fin de la hegemon&iacute;a alemana y de que ahora las fotos del Consejo Europeo incluir&aacute;n un jefe de gobierno descorbatado y carism&aacute;tico que sabr&aacute; defender los intereses griegos frente a las imposiciones del resto de estados miembros. Pero, sin despreciar el poder de la ret&oacute;rica, la realidad no se transforma solo con voluntad o simbolismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora comienza lo dif&iacute;cil. La situaci&oacute;n a la que se enfrenta Tsipras es endiabladamente compleja. La econom&iacute;a griega, a pesar de los magros &eacute;xitos macroecon&oacute;micos obtenidos recientemente, sigue presentando un aspecto desolador de desempleo, pobreza, endeudamiento y falta de productividad. Por su parte, el Estado sigue adoleciendo de profundas debilidades: un poder a menudo capturado por intereses olig&aacute;rquicos, una administraci&oacute;n corrupta, ineficiencia recaudatoria y malos servicios p&uacute;blicos. 
    </p><p class="article-text">
        Pol&iacute;ticamente, la robustez que hoy exhibe el ganador es m&aacute;s aparente que real. No hay que olvidar que, a pesar de haber casi alcanzado el umbral de la mayor&iacute;a absoluta, solo tiene el 36,4% de los votos. Su posici&oacute;n parlamentaria no es demasiado confortable, principalmente por la fragmentaci&oacute;n interna de su propia formaci&oacute;n sometida a tensiones entre fracciones, y si decide reforzarla coalig&aacute;ndose con otro partido deber&aacute; tomar la primera decisi&oacute;n delicada: el liberalismo europe&iacute;sta de To Potami (6%) o el populismo conservador y euroesc&eacute;ptico de ANEL (4,7%).
    </p><p class="article-text">
        Mucho m&aacute;s dif&iacute;cil que asegurar una gobernabilidad relativamente s&oacute;lida ser&aacute; mantener la esperanza que anoche viv&iacute;an sus partidarios a los que se les ha prometido el fin de los recortes. El favor ciudadano suele prestarse en las democracias actuales de forma todav&iacute;a m&aacute;s condicional y con plazos m&aacute;s cortos que las ayudas de los organismos financieros internacionales. Al fin y al cabo, las escenas que ayer se vivieron en Atenas recordaban mucho a las de Par&iacute;s con ocasi&oacute;n de la victoria de Francois Hollande aunque, solo cinco meses m&aacute;s tarde de su nombramiento, el presidente franc&eacute;s ya no encabezaba los sondeos. Y como resulta ilusorio pensar que la restricci&oacute;n presupuestaria ha tocado a su fin en Grecia, el nuevo gobierno tendr&aacute; que empezar pronto a administrar austeridad y a encajar el inevitable deterioro popular por ello.
    </p><p class="article-text">
        Syriza ha hecho muchas y muy ambiciosas promesas a una poblaci&oacute;n muy necesitada de creer en ellas sin que pueda esperar gran complicidad por parte europea para llevarlas a cabo. Algunos de los aumentos de gasto que postula el flamante l&iacute;der son sin duda justos y necesarios (por ejemplo, en educaci&oacute;n y pol&iacute;ticas sociales) pero necesita ingresos para pagarlos. Cuadrar el c&iacute;rculo es una operaci&oacute;n que est&aacute; al alcance de pocos y si el c&iacute;rculo se refiere al de las monedas de euro, sobre todo si son prestadas, esa habilidad s&oacute;lo puede intentar ejercerse de forma colectiva por todos los actores europeos, con singular protagonismo para los acreedores.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que el resultado de ayer no ha sido el que prefer&iacute;an las instituciones ni el resto de estados (con matices, tal vez, en Francia e Italia) aunque lo m&aacute;s seguro es que se asuma con calma. Una victoria de la izquierda anti-memorando en la primavera de 2012, antes del punto cr&iacute;tico veraniego cuando se empez&oacute; a hacer &ldquo;todo lo necesario&rdquo; para salvar el euro, s&iacute; hubiera sido complicad&iacute;sima de manejar pero ahora la situaci&oacute;n ha cambiado. En estos dos a&ntilde;os y medio se ha reforzado la gobernanza&nbsp; econ&oacute;mica europea y se ha asentado la idea de la irreversibilidad pol&iacute;tica de la UEM. Unos avances que, sin embargo, estrechan a&uacute;n m&aacute;s el margen negociador de Grecia que no puede asustar demasiado a los dem&aacute;s actores europeos (pues no tiene el poder de desestabilizarles) y solo puede aspirar a convencerles.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Puede hacerlo?, &iquest;Tiene alg&uacute;n margen? Yo creo que s&iacute;. Pero no obtendr&aacute; resultados inmediatos ni de forma brillante. Lo m&aacute;s probable es que durante el primer a&ntilde;o, al menos hasta que se hayan celebrado elecciones en Espa&ntilde;a, Tsipras no pueda hacer otra cosa a nivel europeo que negociar el mantenimiento de la liquidez para la econom&iacute;a griega y olvidarse de pulsos con Berl&iacute;n. Los perder&aacute; si se atreve a librarlos. Los t&eacute;rminos del memorando s&oacute;lo se aliviar&aacute;n, y de manera poco espectacular, a cambio de reformas estructurales (empezando por algunas que Samaras nunca implement&oacute;) que en algunos casos ser&aacute;n muy impopulares. 
    </p><p class="article-text">
        Pero es verdad que si hay un pol&iacute;tico en Grecia que tiene el carisma y la credibilidad para llevarlas a cabo es &eacute;l. Reformas orientadas a repartir mejor los ajustes entre grupos sociales o sectores econ&oacute;micos y a actuar sobre la ra&iacute;z del mal funcionamiento institucional: reducir las pr&aacute;cticas clientelares y el amiguismo en el empleo p&uacute;blico, limpiar la financiaci&oacute;n de los partidos, mejorar el ca&oacute;tico sistema judicial, o conseguir un sistema tributario que merezca ese nombre por poner algunos ejemplos. Para lograrlo, o al menos intentarlo, Tsipras parte con la ventaja de no estar lastrado por intereses creados como lo estaban las desacreditadas &eacute;lites de los partidos cartelizados. Sin embargo, ha de demostrar m&aacute;s honestidad al hablar con sus votantes y serles&nbsp; sincero sobre la magnitud de los problemas a los que se enfrenta el pa&iacute;s. Problemas que, como es evidente, no nacieron con la Troika por muy torpemente que &eacute;sta haya gestionado los rescates.
    </p><p class="article-text">
        A medida que consiga afirmarse como un regeneracionista y un reformador competente, ganar&aacute; el respeto de los socios. Contar&aacute; entonces con mejores cartas en Bruselas o Fr&aacute;ncfort para lograr pactos m&aacute;s equilibrados y eficaces que los que se han ido firmando desde 2010. Tal vez pueda incluso aspirar m&aacute;s adelante a un alivio de las condiciones de pago de la colosal deuda y alg&uacute;n plan adicional de est&iacute;mulos. Por eso, a todos a los que nos preocupa el futuro de la Uni&oacute;n deber&iacute;amos desearle a Tsipras mucha suerte en su empe&ntilde;o bienintencionado por cambiar su pa&iacute;s. Grecia necesita aprovechar esa estrecha ventana de oportunidad que ahora se entreabre. Y el resto de Europa tambi&eacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/syriza-estrecha-ventana-oportunidad-grecia_1_4409098.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jan 2015 06:09:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Syriza abre una estrecha ventana de oportunidad en Grecia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Podemos y las envenenadas calendas (electorales) griegas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/podemos-envenenadas-calendas-electorales-griegas_1_4408301.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a79dd23c-014b-48c8-9361-1026e9cb57a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Podemos y las envenenadas calendas (electorales) griegas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos de los tres escenarios-tipo que se abren en Grecia en el caso de que Tsipras consiga ser elegido primer ministro son potencialmente muy nocivos para Podemos y el único que le resultaría positivo parece políticamente imposible que tenga lugar antes de las elecciones españolas.</p></div><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n estelar de Pablo Iglesias en el mitin central de campa&ntilde;a de Syriza del pasado jueves y las constates alusiones de Alexis Tsipras a los paralelismos de rebeli&oacute;n anti-austeridad en Grecia y Espa&ntilde;a han vinculado de manera n&iacute;tida a ambas formaciones en el imaginario de sus respectivos votantes. Nadie parece cuestionar entonces que una victoria de la izquierda radical en las elecciones griegas que se celebran hoy supondr&iacute;a una excelente noticia para Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, quien firma este an&aacute;lisis tiene serias dudas. La raz&oacute;n de ese escepticismo es que dos de los tres escenarios-tipo que se abren en Grecia en el caso de que Tsipras consiga ser elegido primer ministro son potencialmente muy nocivos para las expectativas de su fuerza hom&oacute;loga en Espa&ntilde;a y el &uacute;nico que resulta positivo parece pol&iacute;ticamente imposible de que tenga lugar antes de las elecciones espa&ntilde;olas. Ve&aacute;moslo uno a uno.
    </p><p class="article-text">
        El primero de los escenarios, el m&aacute;s catastrofista en el corto plazo y tambi&eacute;n el menos probable, implicar&iacute;a la salida del euro (o tal vez de la UE en su conjunto) de Grecia tras un choque entre el maximalismo de su nuevo gobierno y la intransigencia de la Troika y los dem&aacute;s estados miembros de la UE.
    </p><p class="article-text">
        No es este el momento de detenerse en los detalles sobre la plausibilidad del &ldquo;Grexit&rdquo; o en los mecanismos concretos a trav&eacute;s del que podr&iacute;a implementarse pero todo apunta a que un desaf&iacute;o abierto al BCE, a la Comisi&oacute;n y a los estados acreedores en forma de incumplimiento unilateral del memorando llevar&iacute;a a la reacci&oacute;n de estos forzando la expulsi&oacute;n griega de la UEM o, en su caso, su destierro temporal a una suerte de europurgatorio (ampliando los castigos que en cierto modo el pa&iacute;s ya sufre, tal y  como se ha demostrado esta misma semana en la rueda de prensa de Mario Draghi).
    </p><p class="article-text">
        Con independencia de que haya quien defiende la conveniencia de esa salida para la sufrida poblaci&oacute;n de los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos, lo cierto es que hay coincidencia total en que ser&iacute;a un desastre econ&oacute;mico en el corto plazo y, en todo caso, un enorme fracaso pol&iacute;tico para Tsipras. Por diversos motivos, la inmensa mayor&iacute;a de sus votantes no desea volver al dracma hasta el punto de que, por sorprendente que pueda parecer, hoy el euro tiene m&aacute;s defensores que antes de la crisis. Es perfectamente perceptible el demoledor efecto demostraci&oacute;n sobre los potenciales votantes de Podemos que tendr&iacute;a una situaci&oacute;n as&iacute;: salida de capitales, &ldquo;bank run&rdquo;,  corralito financiero, p&eacute;rdida de riqueza e incluso humillaci&oacute;n nacional.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte, nadie tiene inter&eacute;s en el escenario anterior aunque, curiosamente, la constataci&oacute;n en Bruselas, Fr&aacute;ncfort o Berl&iacute;n de que Syriza no desea abandonar el euro debilita la posici&oacute;n negociadora del nuevo gobierno y abona las posibilidades del segundo escenario-tipo, que es tambi&eacute;n muy negativo y que b&aacute;sicamente consiste en que no ocurra nada. Es muy probable que lo primero que hiciera un hipot&eacute;tico gobierno de Tsipras fuese solicitar una extensi&oacute;n t&eacute;cnica del programa econ&oacute;mico de ajuste y ganar tiempo para presionar a la UE sobre una reestructuraci&oacute;n de su deuda.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que todos los dem&aacute;s estados miembros prefieren a d&iacute;a de hoy que Grecia permanezca en el euro pero tambi&eacute;n es verdad que desde 2012 se han construido importantes cortafuegos y ni los acreedores est&aacute;n ahora tan expuestos como entonces a un impago, ni los deudores parecen condenados a sufrir desestabilizaci&oacute;n, tal y como demuestra el comportamiento muy distinto que han tenido la prima de riesgo griega y la de los dem&aacute;s pa&iacute;ses perif&eacute;ricos en las &uacute;ltimas tres semanas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la teor&iacute;a de la cadena (que puede fortalecerse si se separa el eslab&oacute;n d&eacute;bil) compite con la teor&iacute;a del domin&oacute; (si Grecia cae, un pa&iacute;s tras otro podr&iacute;a desestabilizarse y el proyecto del euro fracasar&iacute;a). El miedo a la incertidumbre hace que la segunda teor&iacute;a tenga a&uacute;n muchos m&aacute;s partidarios entre las capitales nacionales, y desde luego las instituciones, pero Syriza sabe que en un aut&eacute;ntico pulso a Alemania, lo m&aacute;s probable es que &eacute;sta no aceptase amenazas y acabara abrazando la hip&oacute;tesis de la cadena dejando caer a Grecia, tal vez junto a la concesi&oacute;n de nuevos avances en la integraci&oacute;n para evitar riesgos de contagio a resto de la periferia.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que los precedentes de llegada al poder de gobiernos de izquierda impugnando las pol&iacute;ticas de austeridad no son muy esperanzadores para la posici&oacute;n negociadora de Tsipras. Si Hollande o Renzi, desde el segundo y tercer estados m&aacute;s importantes de la Eurozona, no han sido capaces de alterar significativamente la rigidez intelectual y pol&iacute;tica de Alemania, &iquest;va a ser capaz de hacerlo un l&iacute;der sin apenas aliados en Europa y desde un pa&iacute;s que no supone ni el 2% del PIB total? Tampoco vale consolarse aludiendo al car&aacute;cter &ldquo;socialdem&oacute;crata&rdquo; de aquellos frente a una izquierda radical supuestamente m&aacute;s valiente pues, no en vano, el rescate m&aacute;s duro producido hasta la fecha fue el que acept&oacute; Chipre en 2013, gobernando entonces un partido eurocomunista que comparte adscripci&oacute;n con Syriza en el Parlamento Europeo. Y est&aacute; claro que, si como consecuencia de todo eso, la llegada al poder de Tsipras solo supone continuidad con la actual situaci&oacute;n, la apelaci&oacute;n de Podemos a la ilusi&oacute;n del cambio se ver&iacute;a muy da&ntilde;ada.
    </p><p class="article-text">
        Hay luego otros varios escenarios intermedios que, en mayor o menor medida, son tambi&eacute;n todos da&ntilde;inos para el partido espa&ntilde;ol que ha colocado en su propio escaparate lo que pase en Grecia a partir de hoy: (a) un resultado muy ajustado que impida formar gobierno y aumente la inestabilidad del pa&iacute;s, (b) la necesidad de que Tsipras pacte con socios pocos deseables (como los populistas euroesc&eacute;pticos de derecha), (c) el desdibujamiento de su programa si la coalici&oacute;n es con socialdem&oacute;cratas o liberales, o (d) la fractura de Syriza entre las facciones marxistas radicales y las m&aacute;s reformistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero aun hay un tercer escenario-tipo que merece la pena examinar porque es la del &eacute;xito deslumbrante que l&oacute;gicamente s&iacute; beneficiar&iacute;a a Podemos; esto es, que en el tiempo que va desde ahora hasta las elecciones espa&ntilde;olas, un gobierno de Syriza consiga arrancar una modificaci&oacute;n sustancial de las condiciones del memorando. Esto se lograr&iacute;a bien porque tuviera &eacute;xito el pulso maximalista y el resto de actores europeos se arrugaran ante la posibilidad del domin&oacute; o bien porque Tsipras realmente convenciera a estos de llegar a un nuevo pacto en el que se flexibilizaran de manera visible las condiciones de pago de la deuda y de recortes a cambio de profundas y cre&iacute;bles reformas en el Estado griego que fueran a la ra&iacute;z de las vulnerabilidades de un pa&iacute;s con baja competitividad y con una administraci&oacute;n clientelar.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que este escenario, probablemente el m&aacute;s razonable de todos, es imposible que ocurra o, al menos, que ocurra antes de que los votantes espa&ntilde;oles de Podemos vayan a las urnas habiendo constatado que la situaci&oacute;n en Grecia ha mejorado. En el plazo de este a&ntilde;o es completamente  implausible que nadie acceda en la UE a representar ese gran acuerdo. Hay elecciones a la vuelta de la esquina en Finlandia, el m&aacute;s duro de los pa&iacute;ses acreedores y en donde es previsible que la campa&ntilde;a gire en torno a la necesidad de no ser comprensivos con Grecia.
    </p><p class="article-text">
        Pero, sobre todo, habr&aacute; m&aacute;s tarde elecciones en Espa&ntilde;a, un pa&iacute;s mucho m&aacute;s importante para la estabilidad europea, que se quiere presentar como modelo de &eacute;xito en la pol&iacute;tica de ajustes y reformas, y en donde una fuerza similar a Syriza encabeza las encuestas. Es desde luego parad&oacute;jico que el &eacute;xito de Podemos en los sondeos sea una de las principales causas de debilitamiento de Tsipras, al menos durante los primeros diez meses en los que estar&iacute;a abocado al decepcionante segundo escenario, el del statu quo, o si no se resigna a &eacute;l, al primero de la expulsi&oacute;n. Pero, a su vez, la previsi&oacute;n casi segura de que la llegada al poder de la izquierda radical griega no supondr&aacute; apenas cambios durante 2015, da&ntilde;ar&aacute; a Podemos y su mensaje de cambio.
    </p><p class="article-text">
        Resulta curioso concluir que, pese a ese abrazo en Atenas y a la sincera alegr&iacute;a que causa en ambos el &eacute;xito mutuo, lo que m&aacute;s convendr&iacute;a a cada uno es que el otro no existiera. Al menos, no todav&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/podemos-envenenadas-calendas-electorales-griegas_1_4408301.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2015 19:31:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Podemos y las envenenadas calendas (electorales) griegas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Grecia,Syriza,Elecciones Grecia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el Día Nacional…]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/dia-nacional_1_4590879.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/73319edd-ae70-4c37-a873-00a2ce6880aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el Día Nacional…"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una democracia como la nuestra ha de seguir tratando los símbolos como la bandera con mano temblorosa, aceptando sólo un enemigo histórico que además sería interior: nuestro pasado violento e incivil</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Sobre este tema tambi&eacute;n</strong>: <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/blog/construccion-identidad-nacionalcatolicismo-patriotismo-democratico_6_99100092.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">La construcci&oacute;n pol&iacute;tica de la identidad espa&ntilde;ola: &iquest;del nacionalcatolicismo al patriotismo democr&aacute;tico?</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Nos quedamos en la cama igual. Porque a los espa&ntilde;oles, en efecto, no nos estimula demasiado la m&uacute;sica militar. No es nada personal. Al menos, no necesariamente. Fuerzas Armadas y Corona, que protagonizan la celebraci&oacute;n de este d&iacute;a, tienen un importante n&uacute;mero de detractores aunque en general disfrutan de alta estima ciudadana (las series del CIS las sit&uacute;an entre las cinco instituciones mejor valoradas). Pero, aun admitiendo que el Ej&eacute;rcito o el Rey podr&iacute;an haber redimido sus culpas hist&oacute;ricas a ojos de una mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles y sin despreciar a quienes hoy disfruten viendo por televisi&oacute;n a la Patrulla &Aacute;guila, parece evidente que la expresi&oacute;n de la identidad nacional espa&ntilde;ola no est&aacute; hoy conectada a exaltaci&oacute;n alguna por la calle.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, a diferencia del personaje de la canci&oacute;n de George Brassens (que adapt&oacute; Paco Ib&aacute;&ntilde;ez o, para los de mi generaci&oacute;n, Loquillo) ese distanciamiento de los altares de la patria goza incluso de buena reputaci&oacute;n. Algo evidente en los ambientes nacionalistas perif&eacute;ricos pero que tambi&eacute;n puede detectarse entre quienes no tienen dudas de sentirse espa&ntilde;oles. La pereza patri&oacute;tica est&aacute; m&aacute;s generalizada en la izquierda social aunque alcanza incluso a buena parte del espectro conservador. Baste recordar que el hoy presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fue sorprendido hace unos a&ntilde;os lament&aacute;ndose de que el desfile le fastidiaba un puente oto&ntilde;al en Galicia.
    </p><p class="article-text">
        Como los espa&ntilde;oles suelen afrontar las cuestiones de identidad y sentimiento nacional con cierta ansiedad, se tiende a considerar ese desapego con los s&iacute;mbolos como algo patol&oacute;gico, como una expresi&oacute;n m&aacute;s del supuestamente d&eacute;bil o incluso fallido <em>nation-building</em> que solo se mitiga ef&iacute;meramente cuando hay un &eacute;xito deportivo. Sin embargo, la aut&eacute;ntica anomal&iacute;a espa&ntilde;ola podr&iacute;a radicar justo en que esa doble sensaci&oacute;n de excepcionalidad y fracaso hist&oacute;rico est&eacute; tan extendida, a pesar de que la tesis contraria resulte m&aacute;s ver&iacute;dica desde una perspectiva comparada y, sin duda alguna, m&aacute;s reconfortante. Y esa interpretaci&oacute;n alternativa llevar&iacute;a a concluir tambi&eacute;n que no hay nada marcadamente extraordinario ni tampoco negativo en el desapasionamiento con el que los espa&ntilde;oles se relacionan con su d&iacute;a nacional.
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que hay muchos ejemplos de naciones en donde abunda la presencia cotidiana y hasta la exaltaci&oacute;n de fiestas y banderas. Pero tambi&eacute;n existen bastantes otros casos de democracias avanzadas en donde esa relaci&oacute;n resulta compleja. Y hay dos tipos de razones que lo explican: la contaminaci&oacute;n hist&oacute;rica de los s&iacute;mbolos (normalmente por su asociaci&oacute;n con reg&iacute;menes tradicionalistas o autoritarios) y la existencia de sentimientos nacionales alternativos que no se identifican o incluso reniegan de la iconograf&iacute;a estatal. En Jap&oacute;n, el uso de la bandera <em>Hinomaru</em> sigue resultando hoy muy controvertido por sus connotaciones ultraconservadoras mientras los alemanes se ponen en alerta cuando suena su himno ante la posibilidad de que se cante la c&eacute;lebre estrofa prohibida del &ldquo;Deutschland &uuml;ber alles&rdquo;. Canad&aacute; o B&eacute;lgica ofrecen buenas ilustraciones de la otra fuente de distanciamiento, la que tiene que ver con una plurinacionalidad compleja, que se traduce en el rechazo de los soberanistas quebequeses hacia la &ldquo;hoja de arce&rdquo; federal o en que todo un primer ministro belga, surrealistamente cercano al nacionalismo flamenco, presumiera de confundir la <em>Braban&ccedil;one</em> con la <em>Marsellesa</em>.
    </p><p class="article-text">
        La peculiaridad espa&ntilde;ola podr&iacute;a residir en que aqu&iacute; se combinan las dos fuentes de desafecci&oacute;n. Por un lado, el hecho de que durante el franquismo fuera sedimentando una asociaci&oacute;n entre los valores del r&eacute;gimen y los s&iacute;mbolos estatales que s&oacute;lo se ha ido corrigiendo parcialmente desde finales de los setenta. Por el otro, la competencia con las festividades y dem&aacute;s signos distintivos de las diversas identidades territoriales perif&eacute;ricas que, en el caso vasco y catal&aacute;n, llegan a dominar el espacio p&uacute;blico. Pero ni siquiera esa doble debilidad es espec&iacute;fica de Espa&ntilde;a. El Reino Unido, pese a las apariencias y al hecho de tener un siglo XX menos vergonzante que la media europea, ni siquiera cuenta con d&iacute;a nacional mientras resulta notoria la distancia con la que el mundo progresista trata a la parafernalia mon&aacute;rquica o la divisi&oacute;n que causa la &ldquo;Union Jack&rdquo; en Glasgow y Belfast.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n no radica pues en la existencia de una anomal&iacute;a sino en si habr&iacute;a alguna ventaja sobre Espa&ntilde;a o los dem&aacute;s ejemplos mencionados por parte de aquellos pa&iacute;ses que como EEUU, Irlanda o Francia exhiben una desacomplejada exuberancia patri&oacute;tica. No se antoja nada evidente. Es verdad que en una comunidad democr&aacute;tica ambiciosa resulta casi imprescindible que el proyecto colectivo b&aacute;sico est&eacute; ampliamente compartido. Ayuda a que se respeten las reglas, se cumplan las obligaciones fiscales, exista preocupaci&oacute;n por la calidad de los servicios p&uacute;blicos y, en fin, que se genere capital social o empat&iacute;a con el resto de conciudadanos. Pero no parece que ense&ntilde;ar banderas m&aacute;s de lo necesario ni socializar en la obligaci&oacute;n de honrar masivamente a la patria en los d&iacute;as se&ntilde;alados contribuya demasiado a eso. Adem&aacute;s de que a muchos eso le resulte hasta grosero, la profusi&oacute;n simb&oacute;lica puede m&aacute;s bien reforzar el grave vicio del chauvinismo o perpetuar la absurda identificaci&oacute;n de enemigos de la patria (evocando las guerras que ayudaron a generar la conciencia nacional hace uno o dos siglos).
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo alem&aacute;n y de la Uni&oacute;n Europea a partir de los a&ntilde;os cincuenta ense&ntilde;an las virtudes de fundar el imaginario colectivo huyendo de la autocomplacencia y de los enemigos exteriores. Es menos emocional, y por tanto m&aacute;s dif&iacute;cil, pero una democracia sofisticada, autocr&iacute;tica y plural, como s&oacute;lo puede tener sentido que sea la espa&ntilde;ola, ha de seguir tratando los s&iacute;mbolos con mano temblorosa, aceptando s&oacute;lo un enemigo hist&oacute;rico que adem&aacute;s ser&iacute;a interior: nosotros mismos en la peor versi&oacute;n, nuestro pasado violento e incivil.
    </p><p class="article-text">
        Lo anterior no exige, desde luego, renegar del d&iacute;a nacional. Al fin y al cabo, y al margen de los desmanes que los conquistadores perpetraron luego, no parece tan terrible conmemorar el momento m&aacute;s influyente e innovador de Espa&ntilde;a en la historia universal (adem&aacute;s de cosmopolita pues, no en vano, lo protagoniz&oacute; un genov&eacute;s en un lugar tan poco castizo como las Bahamas). Pero resulta muy sano que la celebraci&oacute;n permanezca en el &aacute;mbito institucional y que los espa&ntilde;oles puedan sin m&aacute;s alargar el sue&ntilde;o en una ma&ntilde;ana festiva de octubre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/dia-nacional_1_4590879.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Oct 2014 18:29:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el Día Nacional…]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escocia después de votar: ¿resultado win-win?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/escocia-despues-votar-resultado-win-win_1_4644039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/529783d7-812d-4ef6-a4e9-faf47aa2f360_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escocia después de votar: ¿resultado win-win?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El resultado deja un escenario en el que "todos ganan"</p></div><p class="article-text">
        La t&iacute;pica caricatura del an&aacute;lisis de resultados en las madrugadas postelectorales consiste en esa imagen en la que nadie (o casi nadie) dice haber perdido. Unos subrayan que han sido quienes han obtenido m&aacute;s votos, otros que han crecido, y est&aacute;n incluso quienes se alegran conform&aacute;ndose por haber logrado mayor apoyo del que le anunciaban las encuestas. Hay mil formas imaginativas de barrer para casa y s&oacute;lo los que han sufrido un desastre sin paliativos reconocen la derrota.
    </p><p class="article-text">
        Ese espect&aacute;culo, tantas veces parodiado en el que &ldquo;todos ganan&rdquo;, resulta dif&iacute;cilmente trasladable a un refer&eacute;ndum. M&aacute;xime cuando consiste en una pregunta binaria donde, por definici&oacute;n, hay una opci&oacute;n vencedora y otra vencida. Desde luego, de haber triunfado la secesi&oacute;n ayer en Escocia, tendr&iacute;amos ahora un impactante paisaje desolador que alcanzar&iacute;a no solo a los unionistas escoceses, sino tambi&eacute;n al resto de brit&aacute;nicos y m&aacute;s all&aacute;; incluyendo a Washington y Bruselas o tambi&eacute;n, como es notorio, al Gobierno y buena parte de la opini&oacute;n p&uacute;blica espa&ntilde;ola. Pero ha ganado el &ldquo;No&rdquo; y, aparte de que eso supone una celebraci&oacute;n menos entusiasta que ayuda a reducir la sensaci&oacute;n de derrota en la otra parte, la lectura puede en efecto evitar el blanco y negro.
    </p><p class="article-text">
        Hoy los partidarios del <em>Better together</em> pueden por supuesto reivindicar su &eacute;xito y hacerlo con relativa rotundidad: por m&aacute;s de 10 puntos, superando el margen pronosticado por cualquier sondeo desde principios de agosto, y con los complementos de victorias parciales en casi todos los concejos y una legitimadora alta participaci&oacute;n (84,5%). Los conservadores evitan una ignominiosa ruptura del Reino Unido, los laboristas logran adem&aacute;s que Inglaterra no quede eternamente condenada a la hegemon&iacute;a <em>tory</em> y los liberales mantienen un territorio donde hist&oacute;ricamente han tenido apoyo.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, los partidarios de que la familia brit&aacute;nica de naciones siga unida podr&aacute;n respirar tranquilos durante muchos a&ntilde;os ya que Alex Salmond hab&iacute;a anunciado que, en caso de perder, no se volver&iacute;a a plantear un nuevo refer&eacute;ndum en el futuro. Es posible que se arrepienta de una promesa que buscaba activar a los votantes con la idea de que &eacute;sta era una oportunidad &uacute;nica en la vida, o en la historia, pero ahora el nacionalismo deber&aacute; cumplir ese compromiso si quiere mantener la respetabilidad democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n el independentismo puede sentirse satisfecho con todo el proceso. Aparte de haber obtenido en 2012 de Londres el reconocimiento de la opci&oacute;n de separarse del Reino Unido, la causa del SNP ha conseguido movilizar muchos m&aacute;s votantes de los nunca obtenidos en elecciones parlamentarias. Por si fuera poco, Escocia ha sido centro absoluto de atenci&oacute;n mundial y, lo m&aacute;s importante, al final de la campa&ntilde;a, lo ajustado de las encuestas oblig&oacute; al conjunto de los partidos brit&aacute;nicos a ofrecer mucha m&aacute;s autonom&iacute;a fiscal y competencial. As&iacute; pues, aunque sea a trav&eacute;s de un desv&iacute;o, se habr&aacute; conseguido arrancar de Westminster la que era estrategia inicial del Gobierno escoc&eacute;s: la <em>devolution max</em> o, si se prefiere, la <em>independence-minus</em>.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, al margen de que el an&aacute;lisis se&ntilde;ale que el resultado sienta bien a los distintos partidos, es m&aacute;s importante subrayar que tambi&eacute;n habr&aacute; &ldquo;final feliz&rdquo; desde una perspectiva estrictamente ciudadana. Al fin y al cabo, todos los sondeos realizados apuntan a que esa soluci&oacute;n de mayor autonom&iacute;a era la aut&eacute;ntica opci&oacute;n preferida por la mayor&iacute;a de escoceses, por delante del statu-quo conservador o del desgarro de una escisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hay adem&aacute;s otras lecciones potencialmente positivas que en su caso beneficiar&iacute;an al conjunto del Reino Unido y, de paso, a otros estados plurales en donde conviven m&uacute;ltiples identidades nacionales. Es evidente, como atestigua el buen resultado independentista en Glasgow o en otras &aacute;reas cosmopolitas y con din&aacute;mica de clases sociales, que no s&oacute;lo han pesado consideraciones identitarias. El empuje del &ldquo;S&iacute;&rdquo;, que tanto ha asustado a las &eacute;lites brit&aacute;nicas, se apoyaba tambi&eacute;n en otros cuatro elementos que explican la mayor ilusi&oacute;n que generaba la idea de crear un nuevo Estado. Merece la pena repasarlas.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, el creciente rechazo al desempoderamiento democr&aacute;tico frente a los mercados, o frente a la idea de que &ldquo;no hay alternativa&rdquo; y que apenas hay margen para decidir en casa. Muy conectado a eso, la reacci&oacute;n contra una desigualdad rampante o contra la percepci&oacute;n de que una mentalidad demasiado mercantil domina en el resto del Reino Unido (aunque haya evidencia emp&iacute;rica de que los escoceses no son tan izquierdistas y comunitaristas de lo que presumen). En tercer lugar, la sensaci&oacute;n de que el poder pol&iacute;tico ha de ser menos distante y, desde luego, en absoluto condescendiente o irrespetuoso con la diferencia. Y por &uacute;ltimo, en un elemento cosmopolita con el que el nacionalismo de Salmond mostraba su cara menos esencialista, el europe&iacute;smo. Por todo eso, queda la esperanza de que los l&iacute;deres brit&aacute;nicos tomen nota y tengan la visi&oacute;n de avanzar ahora hacia una democracia m&aacute;s consociacional, menos individualista y segmentada, m&aacute;s descentralizada y respetuosa con las identidades no inglesas, o mejor conectada con el continente.
    </p><p class="article-text">
        Con este resultado, en fin, gana tambi&eacute;n la comunidad internacional, que seguir&aacute; contando con un actor suficientemente potente y comprometido por la seguridad global, la ayuda al desarrollo o la cooperaci&oacute;n econ&oacute;mica y en el terreno de las ideas. Y particularmente, en la Uni&oacute;n Europea, el desenlace despeja un panorama de reivindicaciones secesionistas que erizaba a las instituciones y a varias capitales nacionales, con singular &eacute;nfasis en Madrid.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y el impacto sobre el panorama espa&ntilde;ol?, &iquest;tambi&eacute;n se puede hablar de <em>win-win</em>? Est&aacute; claro que hoy resuena el alivio del Gobierno central que no s&oacute;lo ha evitado la tortura de asistir al nacimiento legal de un nuevo Estado, sino que adem&aacute;s termina esta pesadilla con dos peque&ntilde;as satisfacciones. Primero, el que la apuesta de Cameron no haya sido al final universalmente juzgada como la mejor, reduci&eacute;ndose as&iacute; un poco la indudable fuerza del relato sobre el &ldquo;derecho a decidir&rdquo;. Despu&eacute;s, la constataci&oacute;n mundial de que los movimientos secesionistas suceden en las mejores familias (Reino Unido, Canad&aacute;, B&eacute;lgica, Italia) y, por tanto, se explican mucho m&aacute;s por la existencia objetiva de m&uacute;ltiples identidades que por d&eacute;ficits democr&aacute;ticos singulares; al margen de que &eacute;stos tambi&eacute;n puedan existir, como se acaba de se&ntilde;alar antes para el caso brit&aacute;nico y, sin duda, sucede en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los nacionalismos catal&aacute;n y vasco, en principio tambi&eacute;n deber&iacute;an estar contentos. Escocia ha visto reconocida su personalidad nacional y se le ha consultado sobre c&oacute;mo prefiere desarrollarla. Lo har&aacute; en el seno de un Estado plural y m&aacute;s descentralizado (que, por cierto, podr&iacute;a tomar como modelo el cat&aacute;logo competencial del Estado auton&oacute;mico en la futura transferencia de nuevos poderes). Por eso el soberanismo podr&aacute; subirse a ese enorme coro de los que hoy dir&aacute;n haber ganado. Pero cuando lo haga, no es seguro que sea capaz de disimular su decepci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/escocia-despues-votar-resultado-win-win_1_4644039.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Sep 2014 07:59:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escocia después de votar: ¿resultado win-win?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Proyecto Europeo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escocia antes de votar: un referente contradictorio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/escocia-votar-referente-contradictorio_1_4642408.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1b9a581-337d-4b19-8327-4284c4b6edeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escocia antes de votar: un referente contradictorio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pase lo que pase, habrá una lectura catalana del desenlace. Si gana el No, el gobierno central y los detractores del soberanismo catalán respirarán aliviados. Pero si gana el Sí, el referente escocés tendría lecturas contradictorias para defensores y contrarios al proceso.</p></div><p class="article-text">
        A pocas horas de saber si los escoceses optan por la independencia o por mantener su ciudadan&iacute;a brit&aacute;nica, y considerando la incertidumbre sobre el resultado final, parece interesante ordenar los diversos elementos que hacen de este refer&eacute;ndum un acontecimiento pol&iacute;tico tan notable. Tanto que, dependiendo del desenlace, podr&iacute;a ser incluso el de mayor relieve del a&ntilde;o. El proceso tiene desde luego importancia propia pero, al mismo tiempo y contemplado desde otros pa&iacute;ses con fen&oacute;nemos secesionistas, adquiere un valor a&ntilde;adido muy especial.
    </p><p class="article-text">
        Comenzando la reflexi&oacute;n por la relevancia objetiva que tiene el caso per se, ser&iacute;an al menos cuatro los motivos que justifican tanto inter&eacute;s. Los dos primeros son obvios y se refieren a la doble cara de la misma moneda: por un lado, el posible alumbramiento de un nuevo Estado con todo lo que eso supone y, por el otro, el consecuente impacto de esa escisi&oacute;n en el pa&iacute;s matriz que la sufre. Es verdad que, dicho as&iacute;, el fen&oacute;meno no ser&iacute;a tan novedoso (ha habido decenas de secesiones recientes y, por ejemplo, hace solo tres a&ntilde;os que Sud&aacute;n del Sur se escindi&oacute; de Sud&aacute;n sin atraer excesiva atenci&oacute;n). Pero sucede que este caso tiene circunstancias muy excepcionales. Escocia no s&oacute;lo ser&iacute;a el primer Estado que nace en Europa occidental desde hace medio siglo, sino seguramente un caso in&eacute;dito en toda la historia contempor&aacute;nea fuera de contextos coloniales, b&eacute;licos o post-autoritarios.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Reino Unido no solo ser&iacute;a la primera democracia consolidada y descentralizada que sufre una amputaci&oacute;n territorial en los tiempos recientes, sino que adem&aacute;s lo habr&iacute;a hecho ins&oacute;litamente en contra de su voluntad y, al tiempo, a trav&eacute;s de un procedimiento pac&iacute;fico y aceptado (se mencionan a veces las rupturas de Noruega en 1905 e Islandia en 1944 con, respectivamente, la corona sueca y danesa pero se trata de precedentes m&aacute;s que discutibles).
    </p><p class="article-text">
        Los otros dos motivos por los que la votaci&oacute;n escocesa suscita, en s&iacute; misma, tanta expectaci&oacute;n, son algo m&aacute;s espec&iacute;ficos pero igualmente apasionantes: el impacto que tendr&iacute;a la posible independencia sobre las relaciones internacionales y sobre la integraci&oacute;n Europea. En efecto, tal vez no se haya subrayado suficientemente la eventualidad de que una de las cinco o seis principales potencias mundiales actuales (medido en t&eacute;rminos diplom&aacute;ticos, de seguridad, econ&oacute;micos, de cooperaci&oacute;n o de poder blando en general) vea repentinamente deteriorada su presencia e influencia en la globalizaci&oacute;n; lo que explica el nerviosismo con que Estados Unidos y la OTAN, Australia o Canad&aacute; y la Commonwealth, e incluso China y los emergentes aguardan el veredicto de las urnas.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, y por lo que se refiere a la UE, es evidente que un triunfo del S&iacute; provocar&iacute;a muchos quebraderos de cabeza en Bruselas, relativos tanto al complej&iacute;simo proceso que se abrir&iacute;a para la readhesi&oacute;n de Escocia, como al potencial efecto negativo en el debate abierto sobre una futura retirada brit&aacute;nica de la Uni&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo anterior lleva a concluir que, incluso si Escocia fuera realmente un caso &uacute;nico y no existieran en el mundo otros nacionalismos perif&eacute;ricos, la votaci&oacute;n de hoy ser&iacute;a merecedora de enorme atenci&oacute;n. Pero, en efecto, sucede que a todo lo anterior se suma el inter&eacute;s que despierta en otros contextos con movimientos independentistas. Flandes, Pa&iacute;s Vasco, y la Padania o ciertas regiones septentrionales italianas son solo algunos de los territorios europeos en donde el resultado puede tener consecuencias. Pero es sin duda en Catalu&ntilde;a, y de forma paralela en el conjunto de Espa&ntilde;a, donde la votaci&oacute;n escocesa tendr&aacute; un mayor impacto. Pase lo que pase, habr&aacute; una lectura catalana del desenlace.
    </p><p class="article-text">
        Si gana el No, el gobierno central y los detractores del soberanismo respirar&aacute;n aliviados. Salmond ha prometido que, en ese caso, no se volver&aacute; a plantear de nuevo la independencia hasta dentro de una generaci&oacute;n o, incluso, puede que de forma indefinida. Por tanto, con Escocia fuera de escena (combinado con un bloque quebequ&eacute;s en horas bajas y el fuerte rechazo existente a los separatismos de Crimea y otras zonas de Europa oriental), el &lsquo;proc&eacute;s&rsquo; quedar&iacute;a m&aacute;s solo, perdiendo empuje interno y visibilidad exterior. No obstante, es evidente que incluso en esas circunstancias, los l&iacute;deres nacionalistas catalanes tratar&aacute;n de seguir subrayando su potent&iacute;sima narrativa del &ldquo;derecho a decidir&rdquo;. Desde septiembre de 2012, cuando las circunstancias se aliaron en el proceso soberanista para hacer coincidir su arranque con el Acuerdo de Edimburgo en el que Cameron permit&iacute;a el refer&eacute;ndum, desde la Generalitat no se ha dejado de subrayar el supuesto contraste entre un Londres dem&oacute;crata y respetuoso con la plurinacionalidad y un Madrid r&iacute;gido y legalista. Es decir, el relato que intentar&iacute;a proyectar el catalanismo no ser&iacute;a de fracaso (aunque objetivamente as&iacute; fuera en gran medida)  sino de reivindicaci&oacute;n del precedente de haber votado.
    </p><p class="article-text">
        Pero en el caso de que gane el S&iacute;, el referente escoc&eacute;s tambi&eacute;n tendr&iacute;a lecturas contradictorias para defensores y contrarios al proceso. Es obvio que &eacute;ste recibir&iacute;a un regalo extraordinario si arrancara a partir de ma&ntilde;ana un proceso pac&iacute;fico y acordado de creaci&oacute;n de un nuevo Estado europeo. Pero, en ese caso, tambi&eacute;n se suscitar&iacute;an algunos interrogantes serios para la causa independentista. Para empezar, el fracaso de la arriesgada apuesta de Cameron debilitar&iacute;a mucho la idea aparentemente convincente de que permitir la consulta podr&iacute;a ser una v&iacute;a de reconocimiento suficiente a las demandas catalanas y, que una vez aceptado ese derecho, vencer&iacute;an los partidarios de no romper con Espa&ntilde;a. Por otro lado, la consumaci&oacute;n de la independencia de Escocia se recibir&iacute;a con tanto malestar en la UE y la comunidad internacional, que permitir&iacute;a reivindicar la denunciada inflexibilidad del gobierno espa&ntilde;ol como m&aacute;s responsable a nivel global y m&aacute;s propicia para preservar la supervivencia de las democracias plurales. E incluso desde una lectura puramente democr&aacute;tica, el triunfo coyuntural del S&iacute;, despu&eacute;s de dos a&ntilde;os con el No por delante en los sondeos y en un contexto en el que la opci&oacute;n mayoritaria de los escoceses pasaba por m&aacute;s autonom&iacute;a, cuestionar&iacute;a el refer&eacute;ndum como instrumento id&oacute;neo para resolver los problemas territoriales en contextos complejos y la convivencia entre identidades nacionales m&uacute;ltiples.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/escocia-votar-referente-contradictorio_1_4642408.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Sep 2014 19:53:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escocia antes de votar: un referente contradictorio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Proyecto Europeo,Escocia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La elección de Juncker, entre la historia y la histeria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/eleccion-juncker-historia-histeria_1_4745243.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76ff5a05-f14e-4a6c-8569-292d1c5a22f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La elección de Juncker, entre la historia y la histeria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los socialistas españoles se han autodescartado de poder moldear algo  más hacia la izquierda el programa de gobierno para los próximos cinco  años</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/07/23/si_reganan_pedro_sanchez_que_por_buen_camino_19821_1023.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Si rega&ntilde;an a Pedro S&aacute;nchez es que va por el buen camino</a>, de Ignacio S&aacute;nchez-Cuenca</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Hace algo m&aacute;s de tres meses, en un seminario celebrado en Bruselas, pudimos escuchar esta curiosa confesi&oacute;n de una eurodiputada socialdem&oacute;crata: prefer&iacute;a que el Partido Popular Europeo ganase, por un &uacute;nico esca&ntilde;o de diferencia, las elecciones de mayo. No se trataba de una disidente con Martin Schulz ni mucho menos una traidora a la causa progresista. Al contrario, estamos hablando de alguien cercana al n&uacute;cleo central del Partido de los Socialistas Europeos que, sin embargo, aspiraba ante todo a asegurar que el resultado electoral fuese esta vez determinante para designar el futuro presidente de la Comisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con ese fin, todas las familias ideol&oacute;gicas del Parlamento Europeo (salvo conservadores euroesc&eacute;pticos y ultranacionalistas eur&oacute;fobos) hab&iacute;an hecho una lectura audaz del Tratado de Lisboa designando candidatos a ese puesto, de modo parecido a como se hace para elegir un primer ministro nacional. Un paso quiz&aacute;s percibido como modesto por la desencantada opini&oacute;n p&uacute;blica europea pero con gran potencial politizador. Si el jefe del poder ejecutivo europeo empezaba a emanar del voto popular y no de un arreglo intergubernamental, se estar&iacute;an poniendo las bases de un doble avance democr&aacute;tico. Por un lado, las elecciones europeas podr&iacute;an dejar de ser una colecci&oacute;n de 28 votaciones separadas dominadas por debates nacionales -que es lo que b&aacute;sicamente son ahora- para pasar a convertirse en un aut&eacute;ntico proceso con entidad propia, capaz de determinar el rumbo pol&iacute;tico de esa UE que tanto nos afecta. Por otro lado, ser&iacute;a posible una Comisi&oacute;n m&aacute;s aut&oacute;noma de los estados miembros y con un l&iacute;der que rendir&iacute;a cuentas por igual a un alem&aacute;n o un chipriota.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, como es imposible que ning&uacute;n grupo obtenga mayor&iacute;a absoluta en la c&aacute;mara de Estrasburgo y dado que Angela Merkel y dem&aacute;s jefes de gobierno ten&iacute;an que proponer primero el nombre que se someter&iacute;a a votaci&oacute;n, no estaba garantizado establecer ese ansiado v&iacute;nculo directo entre vencedor en las elecciones y presidente de la Comisi&oacute;n. De ah&iacute; que nuestra visionaria pol&iacute;tica socialista, consciente de que el viejo conocido Jean-Claude Juncker despertaba menos reticencias que su apasionado cabeza de cartel entre los miembros del Consejo Europeo, conclu&iacute;a que esta vez era mejor facilitar y apoyar el nombramiento del candidato popular. As&iacute;, una vez sentado el precedente, ya ser&iacute;a imposible que los l&iacute;deres nacionales volviesen en el futuro a separarse del dictado de las urnas.
    </p><p class="article-text">
        A largo plazo, sal&iacute;a ganando la incipiente comunidad pol&iacute;tica de ciudadanos europeos pero tambi&eacute;n la socialdemocracia pues, en caso de ser la fuerza con m&aacute;s esca&ntilde;os dentro de cinco o diez a&ntilde;os, podr&iacute;a volver a asumir el liderazgo del poder ejecutivo en la UE gracias al apoyo del centro-derecha europe&iacute;sta. A corto plazo, el desenlace tampoco ser&iacute;a tan malo. Al fin y al cabo, Juncker es un socialcristiano federalista que ha gobernando muchos a&ntilde;os su pa&iacute;s en coalici&oacute;n con el Partido Socialista Obrero Luxemburgu&eacute;s. Adem&aacute;s, y a&uacute;n m&aacute;s importante, la UE parec&iacute;a estar escarmentada del bienio negro <a href="http://www.abc.es/economia/20130909/abci-ordoliberalismo-capitalismo-alemana-destrono-201309061311.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ordoliberal</a> que dur&oacute; de primavera de 2010 a verano de 2012, y ahora parec&iacute;a irse restableciendo el equilibrio ideol&oacute;gico que est&aacute; en el alma del proceso de integraci&oacute;n. Recu&eacute;rdese que el resultado deseado por nuestra eurodiputada &ndash;que en gran medida acab&oacute; confirm&aacute;ndose en mayo- contemplaba un grupo socialista a muy poca distancia del PPE. Algo que, combinado con una mayor presencia progresista en muchos gobiernos nacionales, pr&aacute;cticamente garantizaba una legislatura de consenso.
    </p><p class="article-text">
        A partir de aqu&iacute;, todo es m&aacute;s o menos conocido. El importante crecimiento del voto a fuerzas muy cr&iacute;ticas con la UE oscureci&oacute; por unas semanas este escenario. Pero en la pr&aacute;ctica contribuy&oacute; a asentarlo pues, una vez pasado el momento apocal&iacute;ptico, demostr&oacute; que ser&iacute;a el eje m&aacute;s-menos integraci&oacute;n en vez del izquierda-derecha el que iba a articular los pr&oacute;ximos cinco a&ntilde;os, facilitando as&iacute; la conformaci&oacute;n de una amplia base que incluye los dos grandes grupos pero tambi&eacute;n a liberales y verdes. Adem&aacute;s, la fallida estrategia de David Cameron de evitar la designaci&oacute;n de Juncker, alentada de forma hist&eacute;rica por la prensa brit&aacute;nica, ayud&oacute; parad&oacute;jicamente a la visualizaci&oacute;n de ese conflicto y al cierre de filas por parte del mismo Schulz en torno al luxemburgu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces, lejos de sentir satisfacci&oacute;n porque Bruselas fuera al fin capaz de producir un avance de alta pol&iacute;tica despu&eacute;s de tanto tiempo alimentando la triste din&aacute;mica tecnocracia-populismo, el PSOE prefiri&oacute; oponerse a la decisi&oacute;n de su grupo. Lo hizo s&oacute;lo con la fr&aacute;gil compa&ntilde;&iacute;a de sus correligionarios en Reino Unido y Suecia; dos pa&iacute;ses poco europe&iacute;stas y fuera de la moneda com&uacute;n. Se trata, pues, de una decisi&oacute;n grave que rompe la larga tradici&oacute;n pactista de la socialdemocracia espa&ntilde;ola en asuntos europeos y que se ha intentado explicar subrayando la causa a&uacute;n m&aacute;s grave que motivar&iacute;a este giro: el sufrimiento y desempoderamiento experimentados por muchos ciudadanos durante los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os. A ojos de muchos progresistas, la crisis del Euro habr&iacute;a roto el dif&iacute;cil equilibrio que debe guardar un partido democr&aacute;tico de gobierno para ser a la vez responsivo con las preferencias de sus votantes y responsable frente a la UE, opt&aacute;ndose ahora por el segundo objetivo de forma tan exagerada que casi se habr&iacute;a vaciado de contenido la existencia de programas diferentes y, por tanto, de alternativas para satisfacer los deseos de sus electorados.
    </p><p class="article-text">
        Esa desagradable sensaci&oacute;n explica que, si bien Espa&ntilde;a sea uno de los pocos pa&iacute;ses europeos en los que jam&aacute;s ha existido una gran coalici&oacute;n, en el imaginario de cierta izquierda se ha instalado la idea de un &ldquo;PPSOE&rdquo; que supuestamente gobierna y que debe ser castigado. Los dirigentes socialistas han reaccionado con p&aacute;nico ante la p&eacute;rdida de votantes que eso podr&iacute;a suponer y han optado por subrayar tanto en la campa&ntilde;a de mayo como en sus elecciones primarias que no apoyar&iacute;an a alguien que, en vez de encarnar un hito democr&aacute;tico y la posibilidad  de restablecer el consenso que tanto necesita Europa, era presentado simplificada e injustamente como el candidato de la derecha <em>austericida</em>.
    </p><p class="article-text">
        Las premisas sobre la que se construye esa actitud pueden ser s&oacute;lo electoralistas o quiz&aacute;s m&aacute;s respetables: una denuncia sincera del deterioro democr&aacute;tico, que ha frustrado sobre todo a los grupos sociales m&aacute;s d&eacute;biles, o un intento de politizar la UE con una aut&eacute;ntica pauta de gobierno izquierda-derecha. Pero incluso en ese caso, la conclusi&oacute;n ser&iacute;a equivocada. En primer lugar, porque el d&eacute;bil y plural <em>demos </em>a escala continental hace implausible e indeseable que las instituciones europeas dejen de estar gobernadas por un amplio entendimiento que abarque al menos a socialdem&oacute;cratas y democristianos de Norte y Sur. Precisamente la mala experiencia reciente de pol&iacute;ticas econ&oacute;micas tan sesgadas geogr&aacute;fica e ideol&oacute;gicamente deb&iacute;an de haber convencido al PSOE de que es mejor aspirar al equilibrio program&aacute;tico y ubicarse a escala europea en el eje que divide a partidarios y detractores de la integraci&oacute;n para tratar de responder a la mayor&iacute;a social que aspira a una UE ambiciosa. Resulta incluso m&aacute;s eficaz pues, desmarc&aacute;ndose ahora tan r&iacute;gidamente del apoyo a Juncker, los socialistas espa&ntilde;oles se han autodescartado de poder moldear algo m&aacute;s hacia la izquierda el programa de gobierno para los pr&oacute;ximos cinco a&ntilde;os, perjudicando as&iacute; los intereses de sus votantes. La conducta del italiano Matteo Renzi ha sido <a href="http://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/15/actualidad/1405446082_904465.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un ejemplo perfecto de todo lo contrario</a>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, tratando de superar la dif&iacute;cil tensi&oacute;n de todo partido de gobierno de izquierda al que le cuesta mucho ser responsivo en el eje ideol&oacute;gico nacional porque ha de ser responsable con sus obligaciones supranacionales, el PSOE ha optado por la peor de las respuestas: ser irresponsivo en el eje ideol&oacute;gico supranacional e irresponsable con sus compromisos nacionales. Adem&aacute;s, ha puesto en riesgo la consolidaci&oacute;n del precedente sobre la elecci&oacute;n del Presidente de la Comisi&oacute;n al haber proporcionado a las fuerzas conservadoras una excusa que esa eurodiputada con tanta visi&oacute;n estrat&eacute;gica quer&iacute;a evitar pensando en futuras victorias socialistas. Y es posible que, cuando coincida con sus compa&ntilde;eros espa&ntilde;oles, trate de hacerles ver la conveniencia de pensar con calma en las encrucijadas hist&oacute;ricas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Molina, Elina Viilup]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto_europeo/eleccion-juncker-historia-histeria_1_4745243.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Jul 2014 18:59:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La elección de Juncker, entre la historia y la histeria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Proyecto Europeo]]></media:keywords>
    </item>
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