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    <title><![CDATA[elDiario.es - Francisco Moreno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/francisco_moreno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Francisco Moreno]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El retratista que pintaba con risas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/retratista-pintaba-risas_132_9943100.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Manolo Vieira era, ante todo, un magn&iacute;fico retratista.
    </p><p class="article-text">
        De vez en cuando,&nbsp;la vida nos recuerda que hoy estamos aqu&iacute;, y al d&iacute;a siguiente ya no estamos. Es una cuesti&oacute;n inexorable, por m&aacute;s que vivamos pensando que siempre habr&aacute; un ma&ntilde;ana. Cuando alguien querido se nos va es cuando reparamos en todas las cosas que hicimos juntos, y, tambi&eacute;n aquellas que no hicimos pensando en qu&eacute; podr&iacute;amos hacerlas m&aacute;s adelante. Esas son las cosas que m&aacute;s duelen, las que no hicimos porque nos enredaban cosas mucho menos importantes que seguir cultivando la amistad.
    </p><p class="article-text">
        Esa es la sensaci&oacute;n que tengo desde la noche de este mi&eacute;rcoles. La noticia de su marcha me pill&oacute; en el mismo g&eacute;lido Madrid donde nos conocimos a mediados de los a&ntilde;os 80. Yo era un pipiolo que empezaba la carrera de periodismo, y &eacute;l, un exitoso humorista llegado de&nbsp;Canarias&nbsp;para triunfar en la capital espa&ntilde;ola.&nbsp;Florida Park&nbsp;era la sala que llenaba cada noche. Los setenta hab&iacute;an hecho famosos a artistas como Pajares o Esteso, pero&nbsp;Manolo&nbsp;practicaba un tipo de humor diferente, menos bizarro, y m&aacute;s de cintura para arriba.
    </p><p class="article-text">
        Si&nbsp;Manolo&nbsp;tiene un antecedente nacional, ese no puede ser otro que Gila. Ambos, m&aacute;s que simples humoristas, eran sobre todo,&nbsp;magn&iacute;ficos retratistas. Sus &laquo;cuentos&raquo; a veces surrealistas nac&iacute;an de la propia realidad; Gila describiendo aquella Espa&ntilde;a analfabeta de la posguerra espa&ntilde;ola, y&nbsp;Manolo, de esa manera canaria en que nos expresamos y relacionamos, del sentido que damos a la vida y las poses que ponemos ante las circunstancias de la vida. Describirlas en sus lados absurdos y disparatados, observarnos en un asadero y contarlo con esa visi&oacute;n tan emocionalmente inteligente. Fue as&iacute; como se convirti&oacute; en monologuista, sin que nadie supiera entonces, hasta que lleg&oacute; muchos a&ntilde;os despu&eacute;s el&nbsp;Club de la Comedia, que as&iacute; se llamaba lo que &eacute;l hac&iacute;a encima de un escenario.
    </p><p class="article-text">
        Ambos volvimos a nuestras islas, y aqu&iacute;, seguimos cultivando amistad y compartiendo sue&ntilde;os.&nbsp;Como si fuera un pr&oacute;logo de lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s, en Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola en Canarias fue el primer lugar de trabajo en el que nos cruzar&iacute;amos: yo hac&iacute;a cosas serias, y &eacute;l ya se tomaba muy en serio hacer re&iacute;r. Aquel programa de humor se llam&oacute;&nbsp;Una hora menos. Sab&iacute;a que la televisi&oacute;n es una cara con dos monedas, y &eacute;l lo daba todo para que cayera del lado bueno. Hizo venir de Barcelona al mejor realizador de programas de variedades de entonces, Miquel Fortuny, curtido en cientos de shows televisivos y mano derecha de &Aacute;ngel Casas, un grande de la televisi&oacute;n de los ochenta y noventa.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo mejor estaba por llegar. Y eso ocurri&oacute; en su&nbsp;<a href="https://rtvc.es/rtvc-rinde-homenaje-a-manolo-vieira/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Televisi&oacute;n Canaria</a>. Fue el cohete que necesit&aacute;bamos para empezar a orbitar y que cada canario la sintiera como propia, como&nbsp;La Nuestra. Me incorpor&eacute; a la&nbsp;Televisi&oacute;n Canaria&nbsp;en 2001. Entonces, a&uacute;n en estas islas hab&iacute;a mucho pleito insular y muy poco sentido de regi&oacute;n. El que era querido en una isla pod&iacute;a ser rechazado en la de enfrente. Pero&nbsp;Manolo, que siempre hab&iacute;a huido de pleitos y miserias insulares, era uno de los pocos artistas de entonces que se elevaba sobre las ocho islas para serlo de todas al mismo tiempo. 22 a&ntilde;os despu&eacute;s, ya empieza a desarrollarse un apreciable tejido de talentos locales del humor que han construido sus trayectorias en todas las islas; pero conviene no olvidar que esa puerta quien primero la abri&oacute; fue el maestro de todos ellos.
    </p><p class="article-text">
        No result&oacute; f&aacute;cil convencerle para que se subiera a aquel nuevo barco televisivo que se present&oacute; en sociedad recreando en un spot la escena del camarote de los hermanos Marx. En la tarea de subirlo jug&oacute; un papel fundamental su m&aacute;nager,&nbsp;Santi Falc&oacute;n, que en paralelo se convirti&oacute; en pieza esencial del nuevo equipo de programaci&oacute;n de la tele, y, desde entonces, amigo del alma y genio de este oficio.
    </p><p class="article-text">
        El mayor miedo de&nbsp;Manolo&nbsp;es que el p&uacute;blico pudiera alg&uacute;n d&iacute;a cansarse de &eacute;l. Sus CDs y casetes se vend&iacute;an como churros, y sus actuaciones en&nbsp;Chistera&nbsp;o en cualquiera de los pueblos de Canarias siempre colgaban el cartel de completo. Por eso le tem&iacute;a tanto a la televisi&oacute;n, porque sab&iacute;a qu&eacute; si no med&iacute;a su presencia, pod&iacute;a achicharrarse y quemarse igual que hac&iacute;an los tubos cat&oacute;dicos de entonces. Pero tras el necesario proceso de maduraci&oacute;n, acept&oacute; el reto de competir en la noche m&aacute;s re&ntilde;ida del a&ntilde;o, la Nochevieja, por aquel tiempo reino infranqueable de TVE con sus Martes y Trece o Morancos. En el primer contrato que firmamos, s&oacute;lo puso una condici&oacute;n: su espect&aacute;culo solo tendr&iacute;a dos pases en televisi&oacute;n. Tal condici&oacute;n se mantuvo hasta este &uacute;ltimo&nbsp;31 de diciembre. Paradojas de la vida; con quien firm&oacute; el primer contrato con&nbsp;RTVC, firm&oacute; tambi&eacute;n el &uacute;ltimo.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo a aquellos inicios, tambi&eacute;n nos comprometimos a realizar un programa semanal en el que el sketch, m&aacute;s que el mon&oacute;logo, fuese el hilo conductor del programa. As&iacute; naci&oacute; aquel m&iacute;tico &ldquo;Esta noche pago yo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La Nochevieja&nbsp;y&nbsp;Esta Noche pago yo&nbsp;fueron dos cohetes que nos propulsaron como ning&uacute;n otro combustible podr&iacute;a hacerlo. No existe paralelismo cercano a la haza&ntilde;a conquistada por&nbsp;Manolo: 22 a&ntilde;os ininterrumpidos cenando con todos los canarios, y&nbsp;22 a&ntilde;os de liderazgo indiscutible entre todas las cadenas de televisi&oacute;n&nbsp;que emiten en Espa&ntilde;a. Nadie antes ha estado tanto tiempo acudiendo a esa cita anual y nadie, desde que existe competencia televisiva, ha conseguido las cuotas que alcanz&oacute;&nbsp;Manolo&nbsp;cada Nochevieja hasta este &uacute;ltimo 31 de diciembre.
    </p><p class="article-text">
        F&iacute;sicamente,&nbsp;Manolo&nbsp;se fue de este mundo una g&eacute;lida noche del&nbsp;<a href="https://rtvc.es/fallece-manolo-vieira/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">8 de febrero</a>. Pero dejar de vivir no es lo mismo que morirse. Ahora seguir&aacute; viviendo en el recuerdo de varias generaciones de canarios. A cuantos trabajamos en esta casa nos toca preservar su memoria m&aacute;s all&aacute; de los vivos actuales. Tenemos el compromiso de&nbsp;cuidar su legado y cultivar el acervo que nos deja. Nuestra deuda de gratitud debe ser eterna y perenne. Se lo debemos a quien seguro que se fue tranquilo y ligero, algo que s&oacute;lo les est&aacute; permitido a quienes nunca traicionan su propia conciencia.&nbsp;Su coherencia y la genialidad de su obra siempre podr&aacute; ser comprobada revisando el inmenso <a href="https://rtvc.es/trayectoria-de-un-humorista-muy-querido/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">archivo</a>&nbsp;que nos deja.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/retratista-pintaba-risas_132_9943100.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Feb 2023 15:09:02 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El retratista que pintaba con risas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Ganar una guerra o perder un Oasis?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ganar-guerra-perder-oasis_132_2333640.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Gran Canaria necesita seguir modernizando su planta hotelera. Sería absurdo que, para ello, tengamos que destrozar un palmeral</p></div><p class="article-text">
        El 5 de junio de 1989, coincidiendo con el D&iacute;a Mundial del Medio Ambiente, fue demolida la estructura del Hotel Dunas, un proyecto levantado junto a la Charca de Maspalomas que nunca pudo ser terminado porque los ciudadanos de Gran Canaria dijeron que no pod&iacute;amos seguir da&ntilde;ando esa joya que la naturaleza quiso darle a la isla. En aquella ocasi&oacute;n, y tal vez porque el esqueleto de lo que se avecinaba ya estaba all&iacute; para escandalizar conciencias, nadie se enred&oacute; entonces en buscar razones ocultas al deseo colectivo de hacerlo desaparecer. 25 a&ntilde;os despu&eacute;s, ahora sin esqueleto visible, nos enfrentamos a una situaci&oacute;n similar, pero muchos quieren revestir este nuevo embate contra el Oasis como una batalla miserable entre dos competidores hoteleros. &iquest;De verdad necesitamos otro nuevo esqueleto para llegar a las mismas conclusiones que entonces?.
    </p><p class="article-text">
        La compa&ntilde;&iacute;a que promueve ese disparate, y el coro de voces interesadas que secundan ese atentado, prefiere que hablemos de otras cosas. Dec&iacute;a Thomas Fuller que &ldquo;la astucia puede tener vestidos, pero a la verdad le gusta ir desnuda&rdquo;. De acuerdo a ello, y ante la ausencia de vestidos y razones decentes, es mejor ocultar la verdad y lanzar mucho humo para as&iacute; poder ocultar despu&eacute;s el propio palmeral. Para que no hablemos de la agresi&oacute;n medioambiental que permit&iacute;a la licencia ahora anulada, dirigen todos sus esfuerzos a inculcar la idea de que son ellos los agredidos. Y si hay alguna v&iacute;ctima en todo esto, mejor se&ntilde;alarse a s&iacute; mismos para ver si as&iacute; nadie se&ntilde;ala al Palmeral. S&oacute;lo falta cambiar de sitio a los culpables: a los que reclamamos calidad y excelencia se nos convierte en acomplejados competidores que de forma ruin s&oacute;lo quiere cortarles el paso. Piensan que si cuela, nadie se acordar&aacute; de nada de esto cuando lo que se corten de verdad sean las palmeras.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; no hay ning&uacute;n atropello. Si acaso quieren buscar mejor s&iacute;mil automovil&iacute;stico, les aconsejo el del conductor suicida. Aquel que encendi&oacute; la radio y escuch&oacute; al comentarista decir: &ldquo;les avisamos que un coche se ha metido en la autopista en direcci&oacute;n contraria&rdquo;. Al escucharlo, y mirando al frente; se dijo a si mismo: &ldquo;uno, no; cientos, cientos&hellip;&rdquo;. Por m&aacute;s que se&ntilde;alen a Lopesan como el &uacute;nico opositor a su proyecto, esta autopista est&aacute; llena de voces conduciendo en la misma direcci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Para evitar m&aacute;s peligros que los de la propia conducci&oacute;n, ojal&aacute; consigui&eacute;ramos convencer a quien va en direcci&oacute;n contraria que tome la que marcan las flechas. Lo mismo justamente que le piden en otros muchos lugares otras empresas hoteleras y colectivos sociales, que ven c&oacute;mo puede deteriorarse el destino en el que operan si se levantan sus proyectos de Todo Incluido y turistas del mont&oacute;n en medio de joyas medioambientales que exigen la mayor sensibilidad. Aliadas con la propia sociedad, ellas tambi&eacute;n apuestan por la calidad y la excelencia. Quienes creemos que el turismo debe ser una industria sostenible que d&eacute; trabajo hoy y tambi&eacute;n ma&ntilde;ana, tenemos ya interiorizado que la calidad ambiental y paisaj&iacute;stica del &uacute;ltimo Oasis de Europa es una cuesti&oacute;n que est&aacute; muy por encima de intereses concretos, y que justamente, defender la sostenibilidad de la industria tur&iacute;stica, preservando sus espacios m&aacute;s emblem&aacute;ticos, es un compromiso que nos obliga a todos. 
    </p><p class="article-text">
        Por el bien de este sector, y de todos cuantos vivimos en la isla, la defensa de espacios de alt&iacute;simo valor medioambiental y paisaj&iacute;stico es una obligaci&oacute;n que todos debemos compartir. Sin ellos, sin sitios como el Oasis y su palmeral, caer&aacute;n los pilares fundamentales del destino en su conjunto. Por eso no somos arte, sino parte, en la defensa de ese espacio p&uacute;blico, y por eso van a errar en sus prop&oacute;sitos quienes quieren obviar deliberadamente la decisiva y m&aacute;s importante defensa que de ese Palmeral ha hecho pr&aacute;cticamente toda la sociedad civil y pol&iacute;tica de Gran Canaria. Lo acreditan los numerosos pronunciamientos que en la misma direcci&oacute;n han hecho los grupos ecologistas, las dos Universidades canarias, los colegios profesionales de Arquitectos, la pr&aacute;ctica totalidad de las fuerzas pol&iacute;ticas y la mayor&iacute;a de instituciones, que, de diversos modos y exceptuando al Ayuntamiento del municipio que m&aacute;s celo deb&iacute;a poner en su defensa, han expresado su decisi&oacute;n de impedir que siga aumentando el volumen edificatorio en esa zona tan valiosa y especial. 
    </p><p class="article-text">
         Nosotros no queremos guerras. Pero las sufrimos. Se nos vetan contrataciones por oponernos a una barbaridad que a todos nos devaluar&aacute;. Y se nos achaca miedo a la libre competencia cuando lo que pedimos es que esa competencia lo sea de verdad y as&iacute; nos ayude a todos a seguir mejorando. En ese Palmeral deber&iacute;a estar, como mucho y como ya lo fue, el hotel m&aacute;s coqueto y exclusivo de todo el Atl&aacute;ntico Norte. Si se tiene altura de miras y amor por la tierra, porque uno la siente m&aacute;s all&aacute; del negocio, todos convendremos en que una buena competencia obliga a la mejora de todos los competidores. Ya hay adem&aacute;s una sentencia sobre la imposibilidad de usar como privadas zonas verdes p&uacute;blicas. Ya no queda ninguna excusa que justifique tal sostenella y no enmendalla.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que con guerras, las cosas siempre se han arreglado mejor hablando. Pero para eso, y por seguir con los s&iacute;miles, hay que aparcar orgullos y evitar los portazos. Nunca es tarde para buscar soluciones razonables. Gran Canaria necesita seguir modernizando su planta hotelera. Ser&iacute;a absurdo que, para ello, tengamos que destrozar un palmeral cuando a&uacute;n quedan muchos sitios donde adem&aacute;s de hoteles, podemos plantar nuevas palmeras. Con voluntad, todo es posible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ganar-guerra-perder-oasis_132_2333640.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Nov 2015 18:37:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Ganar una guerra o perder un Oasis?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si no es por Colón, hágalo por César, señor presidente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/colon-hagalo-cesar-senor-presidente_132_4724203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace ya 22 años que César Manrique nos dejó. Pero su voz ha retumbando estos días como si el pasado hubiese venido al presente</p><p class="subtitle">En 1989 vimos caer el Hotel Dunas, y todos nos juramentamos entonces, de  alguna manera tácita, que aquel entorno que constituyen las Dunas, la  Charca y el Palmeral, no aumentaría su capacidad de carga</p><p class="subtitle">De usted depende que sea efectiva la demanda de toda una isla para que ese lugar quede protegido de tan funestas intenciones</p></div><p class="article-text">
        Hace ya 22 a&ntilde;os que C&eacute;sar Manrique nos dej&oacute;. Pero su voz ha retumbando estos d&iacute;as como si el pasado hubiese venido al presente. Se nos ha presentado nuevamente, como esos espectros que se aparecen cada vez que se producen las mismas circunstancias que les hicieron sufrir en vida. Es una voz del pasado, pero sus palabras suenan como si acabaran de ser pronunciadas. Aunque fuera por procurarle un verdadero descanso eterno, o aunque s&oacute;lo sea por nuestro propio porvenir, Canarias ser&iacute;a un lugar m&aacute;s placentero si &eacute;l no tuviera que hablarnos de vez en cuando porque ya todos hablamos por &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Pero obviamente, y 22 a&ntilde;os despu&eacute;s de la desaparici&oacute;n de aquel hombre &uacute;nico, visionario y precursor de eso que en la econom&iacute;a digital y del cambio clim&aacute;tico del Siglo XXI, se llama Desarrollo Sostenible, por aqu&iacute; andamos emulando a los cangrejos ciegos que &eacute;l mismo hiciera famosos. Tan para atr&aacute;s, que, de repente, algunos siguen comport&aacute;ndose en el presente como si a&uacute;n estuvi&eacute;ramos en su pasado, cuando C&eacute;sar dec&iacute;a lo que ahora vuelve a decir en ese video que ya han visto en internet muchos miles de canarios.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que a usted, querido Presidente de Canarias, la voz de C&eacute;sar Manrique nunca le podr&aacute; resultar indiferente. Es otra de las personas que tambi&eacute;n comprendi&oacute; Canarias como usted dice entenderla. &Eacute;l se elev&oacute; sobre su propio pe&ntilde;asco para ser reconocido, respetado y admirado como canario de las siete islas. &Eacute;l las entend&iacute;a y las sent&iacute;a de manera conjunta, y cada uno de los canarios lo sent&iacute;an a &eacute;l como uno de los suyos. Denunci&oacute; dislates aqu&iacute; y all&aacute;, y a todos nos marc&oacute; un camino. &Eacute;l no era pol&iacute;tico, era simplemente artista, pero usted sabe que no necesitaba votos para contar con una legi&oacute;n de seguidores.
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a que pensara en &eacute;l, porque tal vez su olvido sea el que nos hace caminar hacia atr&aacute;s, que volvamos a hablar de destrucci&oacute;n absurda en lugar de construcci&oacute;n razonable.  Probablemente imbuidos por aquel esp&iacute;ritu que C&eacute;sar Manrique supo extender por todas las conciencias de este Archipi&eacute;lago, en 1989 vimos caer el Hotel Dunas, y todos nos juramentamos entonces, de alguna manera t&aacute;cita, que aquel entorno que constituyen las Dunas, la Charca y el Palmeral, no aumentar&iacute;a nunca m&aacute;s su ya de por s&iacute; dolorida, por sobrepasada, capacidad de carga. Hicimos la promesa entonces para que aquel paraje nunca m&aacute;s sufriera nuevas agresiones.
    </p><p class="article-text">
        Veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s de aquel derribo que te&oacute;ricamente iba a marcar un antes y un despu&eacute;s, de lo que hoy estamos volviendo a hablar, querido Presidente, es de incrementar en un 40% el n&uacute;mero de habitaciones que se asientan en ese Palmeral en el que nunca debi&oacute; colocarse ni una sola. Hoy hay poco m&aacute;s de 300 habitaciones, muchas de ellas conseguidas de manera ilegal como testifica una sentencia del Tribunal Supremo. Por si eran pocas, ahora se proponen construir unas 150 m&aacute;s. Y ya nos han dicho que no nos alteremos con este incremento, que no ponen problema en cambiar la perspectiva: si no las queremos a lo alto, las pueden hacer a lo ancho. Nos plantean una sencilla elecci&oacute;n: o nos ponen una muralla para que no podamos verlas, o nos cortan algunas de ellas para poner camas donde hab&iacute;a palmeras. Sea a lo alto o a lo ancho, ya nos han dejado claro a todos, y supongo que a usted de forma a&uacute;n m&aacute;s expl&iacute;cita, que no renuncian a una sola de las 450 que dicen, contra toda evidencia, corresponderles. Lo que no dicen es que tal n&uacute;mero de habitaciones es el resultado de apropiarse y sumar como propio lo que el Tribunal Supremo dijo que era suelo p&uacute;blico, o dicho de otro modo, de cada uno de los que hayan llegado hasta esta l&iacute;nea de la lectura.
    </p><p class="article-text">
        A este disparate se han opuesto muchos miles de canarios, pero algunos se empe&ntilde;an en convertir en sospechosos a los que piden calidad y respeto ambiental despu&eacute;s de predicar con el ejemplo. C&eacute;sar ya hab&iacute;a muerto, y el siglo XXI ya hab&iacute;a nacido, cuando en el p&aacute;ramo des&eacute;rtico de Meloneras, surgi&oacute; un nuevo destino que alter&oacute; sutilmente algunos conceptos anteriores: si antes se hac&iacute;an hoteles en los palmerales, ahora se hac&iacute;an palmerales en los nuevos hoteles. Tal y como Manrique hiciera con los Jardines del Meli&aacute; Salinas de Lanzarote, que por cierto est&aacute;n declarados BIC sin que nadie discutiera una sola coma al expediente que en su d&iacute;a impuls&oacute; el Cabildo de esa isla, la naturaleza exuberante en forma de grandes jardines y lagos y la volumetr&iacute;a arquitect&oacute;nica repartida de forma arm&oacute;nica han dado lugar en Meloneras a un entorno dif&iacute;cilmente discutible desde el punto de la calidad y la exigencia mil veces reclamada.
    </p><p class="article-text">
        Pero eso parece dar igual en esta tierra, tan acostumbrados como estamos a confundirnos con las intenciones. Tal vez sea por eso, pero es al promotor de esa f&oacute;rmula al que hoy muchos le recriminan que tambi&eacute;n coincida con todos los que no desean volver al pasado, con esa vuelta atr&aacute;s que quiere levantarse precisamente en medio del lugar m&aacute;s sensible para tener la mayor de las sensibilidades. Si, como dice el refr&aacute;n, obras son amores, y no buenas razones, y en este caso, humilde y sinceramente creo que las palabras van acompa&ntilde;adas de hechos, que esa voz forme parte del coro no deber&iacute;a resultarnos tan sospechoso. Sobre todo, si lo que pide a su competencia es que lo sea de verdad y apueste por la excelencia en un paraje que destaca precisamente por ser uno de los de mayor calidad tur&iacute;stica natural de todo el Archipi&eacute;lago. Algunos podr&aacute;n pensar que no es alentando a la competencia a superarse como mejor se defiende el negocio propio. Los miopes podr&aacute;n pensar que cuanto peor sea lo que haya en el Palmeral, mejor le ir&aacute; a los hoteles que se asientan alrededor, que los 45 millones de inversi&oacute;n previstos para el nuevo Oasis poco pueden hacer frente a los 120 millones que cost&oacute; el hotel que tiene frente a s&iacute;, si cruza la Avenida de Col&oacute;n. Pero si se tiene altura de miras y amor por la tierra, todos convendremos en que una buena competencia obliga a la mejora de todos los competidores. Usted, se&ntilde;or Presidente, en circunstancias parecidas, pero muy alejadas del Palmeral, suele referirse a esas cosas de la calidad, la sostenibilidad y el compromiso con las pr&oacute;ximas generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Olv&iacute;dese por un momento de los t&eacute;cnicos y piense en sus propias motivaciones, en las razones que le llevaron a meterse en eso tan denostado hoy que se llama pol&iacute;tica. Rebusque en sus discursos y encuentre el momento en el que le importaban m&aacute;s las buenas causas que las amenazadoras consecuencias, esas que siempre pueden desactivarse si se cuenta con la voluntad necesaria. Si a&uacute;n quiere mantener ese esp&iacute;ritu transformador, el de alguien que quiere mejorar el futuro de su tierra, mire a su mesa y contemple ese expediente que quiere declarar Bien de Inter&eacute;s Cultural el lugar que otros, bastante irresponsables, han sentenciado con un proyecto que tira por tierra muchos de los avances ya alcanzados en materia de construcci&oacute;n tur&iacute;stica y sensibilizaci&oacute;n medioambiental. De usted depende que sea efectiva la demanda de toda una isla para que ese lugar quede protegido de tan funestas intenciones, que esa licencia s&oacute;lo tale el &aacute;rbol del papel en la que fue escrita.
    </p><p class="article-text">
        Es usted, y su Gobierno, el que ahora tiene la &uacute;ltima palabra, y de su decisi&oacute;n depender&aacute; lo que ver&aacute;n en el futuro los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as canarias que vengan a nacer en medio de esta discusi&oacute;n. Si no da v&iacute;a libre a ese BIC, estar&aacute; apostando de facto por un anticuado modelo de masificaci&oacute;n y vulgarizaci&oacute;n tur&iacute;stica en uno de los parajes m&aacute;s emblem&aacute;ticos y singulares del Archipi&eacute;lago. Si se siente canario de las siete islas, ese palmeral le tiene que doler tanto como colocar un mamotreto en pleno Parque de Las Ca&ntilde;adas. Usted no puede permitir eso en ninguno de los lugares sagrados de Canarias.
    </p><p class="article-text">
        No voy a negar que le hemos o&iacute;do hablar mucho de modernizaci&oacute;n tur&iacute;stica y de mejorar la calidad de nuestra oferta hotelera. Lo ha dicho muchas veces, pero es lamentable que le hayan hecho tan poco caso. Mire que hay fealdad en esos sures para da&ntilde;ar a la vista. Esos apartamentos blancos que se encaraman por los barrancos que parecen nichos de cementerio. Supongo que lamentar&aacute; no haber visto caer ni uno s&oacute;lo a pesar de sus empe&ntilde;os. Si lo piensa un poco, no dejar&aacute; de resultarle parad&oacute;jico que, con tanta chatarra tur&iacute;stica como hay, lo &uacute;nico que se vaya a derribar bajo su actual mandato sea un edificio que, hasta la Fundaci&oacute;n que hered&oacute; el esp&iacute;ritu de C&eacute;sar Manrique, ha pedido que no sea v&iacute;ctima de la piqueta avariciosa. Recordar&aacute; que fue en abril del pasado a&ntilde;o cuando la Fundaci&oacute;n C&eacute;sar Manrique expres&oacute; su apoyo a cuantas medidas se arbitren para su protecci&oacute;n por parte de las administraciones competentes en  la conservaci&oacute;n y defensa del Patrimonio Cultural de Canarias.
    </p><p class="article-text">
        No nos enredemos pues con Col&oacute;n. No creo que usted pueda dudar de su paso por esa zona. Es probable, sin embargo, que no le parezca raz&oacute;n suficiente para evitar la piqueta. Pero si no le vale el almirante, acu&eacute;rdese de C&eacute;sar Manrique. Reitere el compromiso de todos con el legado de aquel genial canario y proteja y preserve para el futuro ese lugar. Si a &eacute;l nunca le olvidaremos, seguro que tampoco vamos a olvidarnos de lo que usted, y su Gobierno, puede hacer con un lugar tan &uacute;nico que lleva por nombre la palabra Oasis.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/colon-hagalo-cesar-senor-presidente_132_4724203.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 31 Jul 2014 21:47:35 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Si no es por Colón, hágalo por César, señor presidente]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Presidente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los leones del Congreso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/leones-congreso_132_5728916.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        As&iacute; empec&eacute; la lectura de ese libro, y si conf&iacute;an algo en mi criterio, olviden todo lo que acabo de decir, porque nuevamente Federico Utrera viene a cuadrar su peculiar c&iacute;rculo para desnudar esa supuesta intenci&oacute;n banal y vestirla con el barniz del relato erudito e hist&oacute;rico. Se trata pues de una cr&oacute;nica minuciosa y singular, adornada con los encajes de la curiosidad, no la insana, sino la otra, la que sirve para enriquecer posiciones y mejorar el juicio que podamos hacer, en este caso, de quienes desarrollan su trabajo en ese limbo f&iacute;sico que son las Cortes Generales. As&iacute;, cuando nos habla de vicios humanos, cuando aborda asuntos tan escabrosos o morbosos como la relaci&oacute;n de sus se&ntilde;or&iacute;as con el alcohol o las drogas, lo que termina aflorando son historias muy instructivas y reveladoras sobre el car&aacute;cter autodestructivo de la propia pol&iacute;tica. El caso del senador Carlos Piquer constituye en el libro un buen ejemplo de c&oacute;mo esa presi&oacute;n desenfrenada que rodea al juego pol&iacute;tico, y el foco que la sociedad pone sobre ellos, tiene un componente destructivo no apto para personalidades poli&eacute;dricas, sobre todo para aquellos que llegaron a la pol&iacute;tica empujados m&aacute;s por inquietudes que por ambiciones.
    </p><p class="article-text">
        El libro est&aacute; plagado de jugosas an&eacute;cdotas, tambi&eacute;n de ilustradas referencias a grandes parlamentarios cuyo eco discursivo a&uacute;n parece retumbar por pasillos y hemiciclo. Impagable resulta igualmente ese primer diccionario de la jerga parlamentaria, que supone una eficaz recopilaci&oacute;n de esa terminolog&iacute;a cr&iacute;ptica con que los pol&iacute;ticos retuercen el lenguaje de la sencillez.
    </p><p class="article-text">
        En resumen, lectura recomendable sin mayores efectos secundarios que las prevenciones hacia la pol&iacute;tica y quienes la interpretan. Para los propios protagonistas y para el establishment, la obra puede incluso resultar pol&iacute;ticamente incorrecta, algo que tambi&eacute;n se convierte en un m&eacute;rito, ahora que la palabra correcci&oacute;n no suele ser m&aacute;s que un sin&oacute;nimo de hipocres&iacute;a. Pero desde la cierta complicidad que produce el roce de a&ntilde;os recorriendo esos pasillos de poder, la obra ni siquiera resulta c&aacute;ustica en su lectura global. En realidad, el libro es un ejercicio de desmitificaci&oacute;n tanto para los que a&uacute;n admiran la existencia de vocaciones pol&iacute;ticas como para quienes creen que para ser eso, pol&iacute;tico, hay que estar desprovisto de cualquier escr&uacute;pulo. Ni estatuas de bronce ni tampoco de sal. Simples mortales en un escenario de ambiciones y aspiraciones.
    </p><p class="article-text">
        Aparte de todo esto, la obra, de paso, revive un g&eacute;nero literario, el de la cr&oacute;nica parlamentaria, al que se acercaron, desde finales del siglo XIX y hasta la Guerra Civil, la mayor parte de nuestros grandes novelistas y pensadores espa&ntilde;oles y que estaba bastante de capa ca&iacute;da desde la muerte de Luis Carandell. Y no cuento nada m&aacute;s de este libro, sino que se lee r&aacute;pido, y su degluci&oacute;n intelectual mejorar&aacute; nuestras habilidades como contertulio en cualquier conversaci&oacute;n pol&iacute;tica. Dicho de otro modo, deja poso.
    </p><p class="article-text">
        <em>*Francisco Moreno es ex director de RTVC y actual director del &Aacute;rea Audiovisual de Editorial Prensa Ib&eacute;rica.</em>
    </p><p class="article-text">
         Francisco Moreno*
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Moreno, Francisco Moreno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/leones-congreso_132_5728916.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Apr 2012 20:37:49 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los leones del Congreso]]></media:title>
    </item>
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