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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pablo Castillo Ortiz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pablo_castillo_ortiz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pablo Castillo Ortiz]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La crisis de la Justicia y los derechos ciudadanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/crisis-justicia-derechos-ciudadanos_132_4708534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La independencia del Poder Judicial es presupuesto indispensable de una comunidad política que limita el poder y minimiza la arbitrariedad de quienes lo ejercen.</p><p class="subtitle">No obstante, solo un 34 por ciento de los españoles y las españolas confía en su sistema judicial. Hay varios motivos que explican esta desconfianza.</p></div><p class="article-text">
        La independencia judicial est&aacute; &iacute;ntimamente conectada al correcto funcionamiento de una sociedad democr&aacute;tica y a los derechos de la ciudadan&iacute;a. M&aacute;s all&aacute; de su evidente vinculaci&oacute;n te&oacute;rico-pol&iacute;tica, existe tambi&eacute;n un nexo jur&iacute;dico-positivo entre estas nociones. El art&iacute;culo 24 de la actual Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola establece que &ldquo;Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses leg&iacute;timos, sin que, en ning&uacute;n caso, pueda producirse indefensi&oacute;n&rdquo;, en el marco de un proceso &ldquo;con todas las garant&iacute;as&rdquo;. La Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos es a&uacute;n m&aacute;s expl&iacute;cita al respecto de esta conexi&oacute;n entre independencia judicial y tutela judicial efectiva en tanto que derecho de todas las personas, al establecer en su art&iacute;culo 10 que &ldquo;Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser o&iacute;da p&uacute;blicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinaci&oacute;n de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusaci&oacute;n contra ella en materia penal&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La independencia judicial no es solo garant&iacute;a de la tutela de los derechos de los ciudadanos y las ciudadanas en procesos judiciales concretos, sino que, m&aacute;s all&aacute; de ello, la independencia del Poder Judicial en su conjunto es un presupuesto de la divisi&oacute;n de poderes y, por tanto, de una comunidad pol&iacute;tica que limita el poder y minimiza la arbitrariedad de quienes lo ejercen. Los ciudadanos y las ciudadanas necesitan de tribunales independientes, capaces de aplicar la ley de manera neutral y de defender sus derechos frente a los ataques de terceras personas, y en particular de actores m&aacute;s poderosos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la percepci&oacute;n generalizada en Espa&ntilde;a es que la judicatura no es independiente. El nivel de confianza de la ciudadan&iacute;a en la Justicia muestra una situaci&oacute;n alarmante. El Eurobar&oacute;metro Flash 385, de 2013, mostraba que solo un 34 por ciento de los espa&ntilde;oles y las espa&ntilde;olas conf&iacute;a en su sistema judicial, muy por detr&aacute;s del 53 por ciento de media de la UE-28 y, por supuesto, de pa&iacute;ses como Finlandia o Dinamarca (85 por ciento de confianza). Espa&ntilde;a era el sexto pa&iacute;s por la cola de la Uni&oacute;n Europea. Las cifras son similares si nos preguntamos por la percepci&oacute;n sobre la independencia judicial. El <em>World Economic Forum</em> ofrece unos datos interesantes, aunque al estar la encuesta dirigida solo al empresariado adolece de un importante sesgo que, incluso, podr&iacute;a favorecer opiniones m&aacute;s positivas sobre la Justicia. Pese a ello, Espa&ntilde;a obten&iacute;a una puntuaci&oacute;n media de 3.7 puntos cuando se preguntaba por la independencia judicial, un rotundo suspenso, muy por debajo de la media y lejos del 6.6 de Finlandia, siendo nuestro pa&iacute;s el s&eacute;ptimo por la cola. Resulta muy llamativo, por su extraordinaria importancia, lo ausentes que han estado estos datos del debate pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;les son las causas de esta desconfianza hacia unas instituciones que, a priori, deber&iacute;an ser los guardianes de los derechos de las ciudadanas y los ciudadanos? A falta de mayor evidencia emp&iacute;rica, pueden apuntarse una serie de hip&oacute;tesis. Para empezar, es obvio que el nivel de politizaci&oacute;n de las altas instituciones de la Justicia en Espa&ntilde;a y el car&aacute;cter expl&iacute;cito e indisimulado de esta politizaci&oacute;n proyecta una sombra de duda, a ojos de la ciudadan&iacute;a, sobre la Justicia en su conjunto. Si bien la literatura en Ciencia Pol&iacute;tica ha mostrado que pr&aacute;cticamente cualquier alta jurisdicci&oacute;n del mundo responde en cierta medida a l&iacute;neas de fractura ideol&oacute;gicas o partidistas, la crudeza de episodios en nuestro pa&iacute;s como el del Tribunal Constitucional en su sentencia frente al<em> Estatut de Catalunya</em> ha mostrado a la ciudadan&iacute;a una imagen del tribunal muy alejada de la idea de neutralidad e imparcialidad que se espera de &eacute;l y que legitima su funci&oacute;n en una sociedad democr&aacute;tica. Aunque el Tribunal Constitucional no se incardina formalmente en el Poder Judicial, s&iacute; que forma parte del concepto general de &ldquo;la Justicia&rdquo; en el imaginario de la ciudadan&iacute;a. No fue m&aacute;s edificante el descubrimiento, por lo dem&aacute;s sin consecuencias, de que el Presidente del Tribunal ocult&oacute; su militancia al partido actualmente en el gobierno. Otras altas instituciones judiciales, como el Consejo General del Poder Judicial, han vivido episodios similares, junto a casos de abierta corrupci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una segunda hip&oacute;tesis tiene que ver con la parcialidad de clase de la Justicia. La idea de &ldquo;una justicia para ricos y otra para pobres&rdquo; est&aacute; fuertemente arraigada en el imaginario colectivo. Pero cuando la desigualdad crece tanto y tan r&aacute;pidamente en un pa&iacute;s como ha ocurrido en Espa&ntilde;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el sesgo social de las instituciones judiciales se acent&uacute;a. El acceso a la Justicia se vuelve m&aacute;s dif&iacute;cil para un n&uacute;mero m&aacute;s alto de ciudadanos y ciudadanas. Frente a ello, que supone como m&iacute;nimo una erosi&oacute;n del derecho a la tutela judicial efectiva, los poderes p&uacute;blicos no solo se han mostrado inactivos, sino que incluso su actividad ha ido en ocasiones en sentido contrario al que cabr&iacute;a esperar; buen ejemplo de ello ha sido la reforma del acceso gratuito a la justicia que, seg&uacute;n denuncia una buena parte del colectivo de abogadas y abogados, dejar&aacute; a miles de espa&ntilde;oles sin acceso a los tribunales.
    </p><p class="article-text">
        Una tercera hip&oacute;tesis, en fin, tiene que ver con la p&eacute;rdida general de confianza de la ciudadan&iacute;a en todas las instituciones pol&iacute;ticas. La frecuencia e intensidad de los casos de corrupci&oacute;n y la crisis econ&oacute;mica, entre otros factores, han desencadenado una fuerte crisis de confianza de las ciudadanas y los ciudadanos en las instituciones del Estado, y la Justicia no pod&iacute;a ser una excepci&oacute;n, m&aacute;xime cuando por alguno de los motivos arriba apuntados existe una generalizada percepci&oacute;n de colusi&oacute;n de intereses y conductas entre actores e instituciones de los distintos poderes.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto de desapego de la ciudadan&iacute;a hacia sus jueces, juezas y tribunales, sorprende que la agenda del Ministerio de Justicia no preste a este asunto la atenci&oacute;n que merece, preterido en favor de prioridades de evidente inspiraci&oacute;n <em>iusnaturalista</em>. La falta de confianza de la ciudadan&iacute;a en su judicatura puede desincentivar el recurso a los tribunales, ante la expectativa de que estos no tutelar&aacute;n de forma &ldquo;efectiva&rdquo; sus derechos, perpetuando as&iacute; su vulneraci&oacute;n. El &eacute;nfasis se pone en el lugar equivocado si se cree que esta p&eacute;rdida de confianza en la Justicia es un riesgo para la estabilidad de las instituciones del Estado: lo es, sobre todo, para los derechos de las ciudadanas y los ciudadanos. No se trata de un matiz menor, pues las soluciones a adoptar pueden variar radicalmente seg&uacute;n se tenga en mente una u otra perspectiva. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Castillo Ortiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/crisis-justicia-derechos-ciudadanos_132_4708534.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Aug 2014 18:55:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La crisis de la Justicia y los derechos ciudadanos]]></media:title>
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