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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marc Pallarès Piquer]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Marc Pallarès Piquer]]></description>
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      <title><![CDATA[Senderos de guerras: cuando la intención de convencer al otro se convierte en mera destrucción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/senderos-intencion-convencer-convierte-destruccion_129_4704073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a2d1180-0732-4e2c-811a-0e79cb2a80c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Senderos de guerras: cuando la intención de convencer al otro se convierte en mera destrucción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hasta que el principio de realidad de las personas que comandan el mundo  no deje de necesitar una total y avariciosa transformación de sus  necesidades más instintivas, desgraciadamente, será difícil que algunos  podamos ver el fin de las guerras en vida</p></div><p class="article-text">
        A mediados de los 90, un prestigioso fil&oacute;sofo balc&aacute;nico pronostic&oacute; que en 2015 las guerras pr&aacute;cticamente habr&iacute;an desaparecido. El razonamiento era el siguiente: los pa&iacute;ses &ldquo;desarrollados&rdquo; no necesitar&iacute;an dirimir sus diferencias con las armas porque las restricciones en la compra de deuda p&uacute;blica y el veto a las exportaciones resultar&iacute;an m&aacute;s eficaces que un conflicto b&eacute;lico. Y, por lo que a los pa&iacute;ses &ldquo;menos desarrollados&rdquo; se refer&iacute;a, 2015 presentar&iacute;a una nuevas sociedades quiz&aacute; no mucho m&aacute;s pr&oacute;speras, pero con una disminuci&oacute;n del antagonismo entre las ambiciones de poder y las realidades sociales. Este aspecto concebir&iacute;a las relaciones humanas a partir de una dimensi&oacute;n de la realidad en la que las armas y los bombardeos no tendr&iacute;an cabida. En definitiva, subyac&iacute;a la idea de que las guerras eran poco m&aacute;s que resquicios del feudalismo; y no s&oacute;lo porque eran controladas por las minor&iacute;as privilegiadas sino tambi&eacute;n porque, seg&uacute;n este fil&oacute;sofo, expresaban una alineaci&oacute;n anacr&oacute;nica de toda la esfera del capitalismo, de su orden, de su prosperidad y de la regulaci&oacute;n que este capitalismo aportar&iacute;a a las sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, seg&uacute;n el <a href="http://escolapau.uab.es/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=532%3Aanuarios-alerta&amp;catid=46&amp;Itemid=66&amp;lang=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Informe Alerta</a> que redacta la Escola de Cultura de Pau, en 2013 hubo 35 conflictos armados, la mayor&iacute;a en &Aacute;frica (13), seguido de cerca por Asia (11). A continuaci&oacute;n, Europa (cinco), Oriente Medio (cinco) y Am&eacute;rica (uno).
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que llama la atenci&oacute;n de estos escalofriantes datos es que la inestable Am&eacute;rica del siglo XX (la del Sur) ha dejado paso a una Am&eacute;rica del siglo XXI m&aacute;s tranquila. Hay que tener en cuenta algunos hechos que han marcado el devenir de los &uacute;ltimos a&ntilde;os: tanto en Honduras, en 2009, como en Paraguay, en 2012, gobiernos elegidos democr&aacute;tica y leg&iacute;timamente (el de Manuel Zelaya y el de Fernando Lugo) fueron revocados sin la necesidad de recurrir a los contundentes m&eacute;todos militares. La fechor&iacute;a, t&iacute;pica del siglo XX, se ha sofisticado, ya que las fuerzas conservadoras utilizaron argucias jur&iacute;dicas para sustituir a presidentes progresistas; se trat&oacute; de una estrategia bautizada por el profesor Marcos Roitman como &ldquo;golpes de Estado constitucionales&rdquo; que, de alguna manera, han evitado que explotaran algunos conflictos b&eacute;licos en aquellas latitudes.
    </p><p class="article-text">
        Por lo que a &Aacute;frica se refiere, las guerras del pasado 2013 ponen en evidencia que la violencia de las desigualdades sociales todav&iacute;a es capaz de exacerbar, en pleno siglo XXI, los discursos identitarios, que son percibidos como las &uacute;nicas v&iacute;as de ascenso social: las personas que se reconocen como miembros de una &ldquo;comunidad&rdquo; religiosa, cultural o &eacute;tnica encuentran un sentimiento de pertenencia y recurren a medios armados para hacer valer sus derechos a trav&eacute;s de su grupo. El historiador Pierre Kipr&eacute; cree que &Aacute;frica pasa por una crisis de identidad que sumerge sus ra&iacute;ces en ancestrales procesos hist&oacute;ricos. La mayor&iacute;a de las fronteras africanas fueron delimitadas artificialmente por las naciones coloniales a finales del siglo XIX, y se llevaron a cabo sin tener en cuenta las realidades humanas y sociales. Esto tiene unas consecuencias que se siguen arrastrando a d&iacute;a de hoy y que explican el motivo por el cual &Aacute;frica es el lugar donde m&aacute;s guerras se producen; en cierta manera, se puede decir que existe una carencia de sus propias sociedades, hecho que implica que los conflictos surjan a partir de los dict&aacute;menes de unas &eacute;lites pol&iacute;ticas africanas que siguen creando las redes de las relaciones sociales como componentes &iacute;ntimos de poder.
    </p><p class="article-text">
        En otros rincones del planeta, algunos de los conflictos que se vienen produciendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y que habitualmente consideramos como <em>locales</em>, suelen ser agravados por hechos externos. De esta manera, la intervenci&oacute;n occidental en Libia en 2011 facilit&oacute; la extensi&oacute;n de armas de guerra almacenadas por Gadafi, pero tambi&eacute;n de los lanzamientos franceses y brit&aacute;nicos de armamento con paraca&iacute;das.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los conflictos que habitualmente se suelen considerar como religiosos, el historiador y economista liban&eacute;s Georges Corm defiende que incluso enfrentamientos como los de Gaza son <em>m&aacute;s profanos</em> de lo que creemos, es decir, son conflictos anclados en un contexto social cuya din&aacute;mica no se suele analizar en profundidad y donde diferentes mandatarios encuentran la oportunidad de concretar sus ambiciones, que poco o nada tienen que ver con las supeustas convicciones religiosas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, seg&uacute;n el informe de Escola de Cultura i de Pau de 2014, solo en junio de este 2014 nos encontramos con que siete conflictos han agravado su situaci&oacute;n con respecto a su situaci&oacute;n en los los meses anteriores: Irak, Afganist&aacute;n, Burundi, Nigeria, Pakist&aacute;n, R. Centroafricana, R. D. Congo-Rwanda. Esto nos lleva a pensar que, en los a&ntilde;os 90, el fil&oacute;sofo no acert&oacute; en su vaticinio. Las violencias organizadas por los poderes estatales (y religiosos, si no se aceptan los postulados de Georges Corm) inscriben el uso de las armas como herramientas que permiren enlazar, a trav&eacute;s de la exacerbaci&oacute;n emocional, a la v&iacute;ctima y al verdugo de todo conflicto b&eacute;lico en una especie de comunidad sagrada. Por ello, en pleno siglo XXI, las guerras suelen desviarse de la <em>funci&oacute;n social productiva</em> (que en el pasado funcionaba como principio y como meta supuestamente &ldquo;&uacute;tiles&rdquo; para el pueblo que era llamado a filas).
    </p><p class="article-text">
        Ahora, sea en el contexto que sea (&Aacute;frica, Irak, Rusia-Ucrania &hellip;) la guerra es enfocada por quienes la declaran como un instrumento necesario para impulsar alg&uacute;n tipo de uni&oacute;n orgi&aacute;stica del pueblo; as&iacute;, a pesar de la crueldad (Chevalier ya dej&oacute; escrito en su sensacional <em>El miedo</em> que una guerra es &ldquo;la concesi&oacute;n a la Providencia de la capacidad de llenar cementerios&rdquo;), el llamamiento a la guerra responde a &ldquo;algo inevitable&rdquo; en tanto que quien lleva a su poblaci&oacute;n hacia ella encuentra en sus rivales el paradigma de valor-signo.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la humanidad no rompa con este paradigma, seguramente las guerras no podr&aacute;n ser simples objetos de estudio de los libros (o las tablets) de historia en los institutos. Hasta que el principio de realidad de las personas que comandan el mundo no deje de necesitar una total y avariciosa transformaci&oacute;n de sus necesidades m&aacute;s instintivas, desgraciadamente, ser&aacute; dif&iacute;cil que algunos podamos ver el fin de las guerras en vida.
    </p><p class="article-text">
        A pesar del transcurso de los siglos, a pesar de los avances en otras dimensiones humanas, todav&iacute;a hay demasiadas <em>diferencias</em> que quienes llevan las riendas del mundo han decidido que deben regirse por una dominaci&oacute;n de Eros que tambi&eacute;n es la del T&aacute;natos. As&iacute;, la realizaci&oacute;n y la intenci&oacute;n de <em>convencer al otro</em> se convierte en mera destrucci&oacute;n tanto en Irak, como en Nigeria, en Ucrania o en Afganist&aacute;n. No en un sentido moral sino irracional: coger las armas o subirse a un avi&oacute;n de combate todav&iacute;a es percibido como algo que se sit&uacute;a m&aacute;s all&aacute; del Bien o del Mal, y esto hace que permanezca por encima del principio de realidad establecido, un principio convertido con demasiada facilidad en un sendero de guerras en el que, este Eros, en pleno siglo XXI, aun niega y ataca la convivencia en demasiados rincones del planeta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marc Pallarès Piquer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/senderos-intencion-convencer-convierte-destruccion_129_4704073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Aug 2014 18:51:46 +0000]]></pubDate>
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