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    <title><![CDATA[elDiario.es - Nils Henrik]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Nils Henrik]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Huir de Irak a Siria: "Aquí no hay nadie seguro”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/irak_1_4695606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31255eb9-665e-4b63-8b44-32fb96059b8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Huir de Irak a Siria: &quot;Aquí no hay nadie seguro”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cerca de 12.000 personas yazidíes huyen de la ciudad iraquí de Singal tomada por el Estado Islámico</p><p class="subtitle">"Ya van 74 ocasiones en las que nuestra gente ha sido masacrada”, lamenta Nourien tras la frontera siria</p><p class="subtitle">“Llegan traumatizados, exhaustos, y de momento sólo podemos prestar asistencia primaria”, dice una cooperante</p></div><p class="article-text">
        Sobre la austera y blanca pared de la caseta del puesto fronterizo cuelga un mapa de la parte m&aacute;s septentrional de la zona, el v&eacute;rtice donde convergen las fronteras de Turqu&iacute;a, Siria e Irak. Ciudades como al-Yarubiyah, Tal Alfar o la famosa Mosul aparecen redondeadas con un lapicero y la inscripci&oacute;n DAIS (abreviaci&oacute;n de <em>Dawla Islamiya</em>) sobre ellas, en referencia al Estado Isl&aacute;mico, indicando as&iacute; la presencia de los extremistas en estos lugares. Como para muchos otros en la regi&oacute;n, la cercana presencia de las milicias radicales sun&iacute;es preocupa a los dirigentes del dominio de al-Jazeera, un gobierno <em>de facto </em>autoproclamado en noviembre de 2013 en Qamishlo, Siria.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el trayecto desde Fyash Habour, el paso fronterizo que une Siria e Irak, a la ciudad kurda de Derek transcurre en una rotunda calma. La carretera, trufada de <em>checkpoints</em> de las milicias de protecci&oacute;n popular kurdas, las YPG, apenas observa tr&aacute;fico rodado.
    </p><p class="article-text">
        A escasos kil&oacute;metros de la capital del cant&oacute;n se levanta el campo de refugiados de Newroz, donde aproximadamente 12.000 almas yazid&iacute;es, una minor&iacute;a religiosa que hist&oacute;ricamente ha habitado la provincia de N&iacute;nive en la vecina Irak, han llegado en busca de refugio. Los radicales, que han hecho de esta minor&iacute;a, as&iacute; como de otros pueblos de diferente adhesi&oacute;n religiosa, su &uacute;ltimo objetivo, han forzado un &eacute;xodo masivo tras la toma de la ciudad de Singal. 
    </p><p class="article-text">
        ACNUR arroja unas cifras preocupantes: desde que el Estado Isl&aacute;mico atacara esta ciudad, unas 200.000 personas han huido al Kurdist&aacute;n iraqu&iacute;, convirti&eacute;ndose as&iacute; en desplazados internos por un conflicto que ha cobrado un tinte intersectario.
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        En una de las tiendas de campa&ntilde;a levantadas con extrema urgencia una m&eacute;dico atiende a un ni&ntilde;o deshidratado que llora desconsoladamente. &ldquo;Llegan traumatizados, exhaustos, y de momento s&oacute;lo podemos prestar asistencia primaria, con medicamentos b&aacute;sicos&rdquo; dice una cooperante del Comit&eacute; Internacional de Rescate (IRC por sus siglas en ingl&eacute;s).
    </p><p class="article-text">
        Nouri Saeed Mersa, ayudante de farmacia de 30 a&ntilde;os y yazid&iacute; originario de Singal, ha llegado al campo de Newroz junto con su familia hace una semana. &ldquo;Temo el invierno, me horroriza la idea de pasar aqu&iacute; m&aacute;s tiempo&rdquo;, musita con evidente desolaci&oacute;n. &ldquo;Aqu&iacute; no hay nadie seguro. No tenemos el apoyo de nadie, ni de las autoridades kurdas, ni de las autoridades iraqu&iacute;es&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La repentina retirada de las tropas peshmerga -brazo armado del gobierno regional kurdo- del norte&ntilde;o Kurdist&aacute;n ante el avance de las milicias del IS no ha ca&iacute;do bien entre la comunidad, que se siente abandonada. &ldquo;Ya van 74. &ndash;prosigue Nouri- 74 ocasiones en las que nuestra gente ha sido masacrada&rdquo;. &ldquo;Cada d&iacute;a nuestra vida empeora&rdquo; &ndash; dice dirigiendo su &iacute;ndice en direcci&oacute;n a las tiendas, a medio montar, que van levant&aacute;ndose en el campo de refugiados. &ldquo;La vida aqu&iacute; es miserable&rdquo;, sentencia en una mezcla de tristeza y hast&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la hija de Saleh mece a un ni&ntilde;o de dos meses y medio bajo el cobijo que ofrece una lona de pl&aacute;stico, &eacute;ste menciona que de tener confianza en las fuerzas peshmerga no estar&iacute;an ah&iacute;. Muchas familias optan por los n&uacute;cleos urbanos del norte de Irak: ciudades como Zajo o Duhok, donde podr&iacute;an contar con m&aacute;s posibilidades. Pero &eacute;l, esc&eacute;ptico, ya no cree en que las fuerzas kurdas puedan defender a &eacute;l y a su familia, y por eso prefiere quedarse aqu&iacute;, en tierra siria, a pesar de la guerra civil que sufre el pa&iacute;s desde hace m&aacute;s de tres a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        A escasos metros, Juaher, de 7 a&ntilde;os de edad, mira a sus padres con la firmeza de quien es consciente de que algo no va bien. Su madre, Ghasel Qassem, la abraza fuertemente y le besa repetidamente la mejilla. Luego, pensativa, se sienta entre ella y su abuela, bajo la tierna mirada de su padre, Mirseh. El padre de familia relata el calvario por el que pas&oacute; su familia para llegar a territorio sirio. &ldquo;Caminamos durante horas sin zapatos. &Eacute;se fue el peor momento para m&iacute;&rdquo;.
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        En ese instante un voluntario entrega a la ni&ntilde;a una bolsa negra que contiene unas chanclas de pl&aacute;stico. Juaher las recoge con contenido entusiasmo y busca una rec&iacute;proca mirada de su madre a la espera de aprobaci&oacute;n. &ldquo;Piroz be&rdquo; (felicidades, en kurdo), le dicen mientras su madre vuelve a acercarla a su regazo.
    </p><p class="article-text">
        Bashir, un ingeniero y periodista liban&eacute;s criado en Rojava (como se conoce al Kurdist&aacute;n sirio) afirma que los cantones que componen la regi&oacute;n sirio-kurda (Afrin, Kobane y al-Jazeera), son seguros. Su gente es conocida por su hospitalidad. &ldquo;A pesar del embargo, a pesar de tener que estar combatiendo a los milicianos del IS, nosotros compartimos lo poco que tenemos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Unos 14.000 voluntarios ayudaron a los yazid&iacute;es a desplazarse [desde el oeste del monte Sinjar, ya en territorio sirio], hasta la frontera&rdquo;. Pero a pesar de la gentileza de los habitantes del cant&oacute;n kurdo de al-Jazeera, la tiran&iacute;a de la geograf&iacute;a es una realidad ineludible: la guerra civil en Siria por un lado, las milicias del Estado Isl&aacute;mico por otro. Y entre medias 12.000 personas, con nombres y apellidos, que han decidido buscar refugio en un pa&iacute;s donde otros tres millones han huido a los pa&iacute;ses vecinos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nils Henrik]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/irak_1_4695606.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Aug 2014 18:59:03 +0000]]></pubDate>
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