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    <title><![CDATA[elDiario.es - J.J. Rodríguez-Lewis]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/j_j_rodriguez-lewis/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - J.J. Rodríguez-Lewis]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El periódico que reclamó sin éxito unidad para el primer Cabildo de La Palma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/periodico-reclamo-exito-unidad-primer-cabildo-palma_129_13070947.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce5356a4-845b-459f-9693-fa50ba9b114e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El periódico que reclamó sin éxito unidad para el primer Cabildo de La Palma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - El 21 de noviembre de 1912 comenzó a publicarse en Santa Cruz de La Palma un semanario de vida breve –apenas nueve números–, pero con un objetivo claro y concreto: influir en un momento político decisivo para la isla</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                En la imagen, el periódico &#039;El cabildo insular&#039;.                             </span>
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        El 21 de noviembre de 1912 comenz&oacute; a publicarse en Santa Cruz de La Palma&nbsp;un semanario&nbsp;de&nbsp;vida breve &ndash;apenas nueve n&uacute;meros&ndash;, pero&nbsp;con un objetivo claro y concreto: influir en un momento pol&iacute;tico decisivo para la isla. El peri&oacute;dico se llamaba&nbsp;<em>El cabildo insular</em>&nbsp;y naci&oacute; en pleno proceso de&nbsp;constituci&oacute;n de los cabildos insulares en Canarias.&nbsp;La ley que creaba estas instituciones se hab&iacute;a aprobado unos meses antes, el 11 de julio de 1912, dentro de la reorganizaci&oacute;n administrativa impulsada por el gobierno Canalejas. Con ella se reconoc&iacute;a a cada isla un organismo propio de administraci&oacute;n y gobierno, como propugnaban los pr&oacute;ceres canarios Pedro P&eacute;rez D&iacute;az&nbsp;(1865-1930)&nbsp;o Manuel Vel&aacute;zquez&nbsp;Cabrera (1863-1916), sus principales adalides. Pero la ley, por s&iacute; sola, no bastaba. Para que los cabildos empezaran a funcionar era necesario elegir a sus consejeros.&nbsp;Ese paso se estaba retrasando. El reglamento provisional aprobado en octubre de 1912 fijaba un plazo de dos meses para celebrar las primeras elecciones, pero la convocatoria se hac&iacute;a esperar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto apareci&oacute;&nbsp;<em>El cabildo insular</em>, decidido a reclamar que el nuevo sistema institucional se&nbsp;pusiera en marcha cuanto antes.&nbsp;El semanario se imprim&iacute;a en la imprenta del Diario de Avisos, propiedad de Manuel Santos Rodr&iacute;guez&nbsp;(1875-1958), y ten&iacute;a un formato modesto: dos p&aacute;ginas a cuatro columnas. La portada estaba dedicada casi por completo a art&iacute;culos de opini&oacute;n, mientras que la segunda p&aacute;gina inclu&iacute;a noticias breves, correspondencia y algunos anuncios.&nbsp;Aunque su fundador formal fue Pedro Hern&aacute;ndez Mart&iacute;n, el aut&eacute;ntico motor del peri&oacute;dico era su director, Jos&eacute; Felipe Hidalgo (1884-1971). Personaje singular de la vida cultural palmera.&nbsp;Hidalgo fue&nbsp;periodista, poeta, escultor, pintor y profesor. Autodidacta y de temperamento inquieto, hab&iacute;a dirigido poco antes otro semanario,&nbsp;<em>El dictamen</em>, tambi&eacute;n vinculado al debate sobre los cabildos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando apareci&oacute;&nbsp;<em>El cabildo insular</em>, la batalla pol&iacute;tica por crear estas instituciones ya se hab&iacute;a librado en Madrid. Ahora el debate era otro: cu&aacute;ndo y c&oacute;mo deb&iacute;an constituirse. Desde sus primeros n&uacute;meros el peri&oacute;dico insisti&oacute; en la necesidad de convocar cuanto antes las elecciones insulares. El retraso inquietaba a sus redactores, que consideraban imprescindible poner en marcha el nuevo organismo para que las islas pudieran gestionar sus propios intereses. El semanario era abiertamente autonomista y ve&iacute;a en los cabildos una oportunidad hist&oacute;rica para reforzar la personalidad administrativa de cada isla, como se hab&iacute;a demandado en la Asamblea de La Palma de 1910. Para&nbsp;esta isla, en particular, la nueva instituci&oacute;n deb&iacute;a significar una mayor capacidad de decisi&oacute;n, de autonom&iacute;a en definitiva, sobre asuntos propios.
    </p><p class="article-text">
        Pero el peri&oacute;dico no solo reclam&oacute; rapidez en el proceso. Tambi&eacute;n quiso intervenir en el debate sobre c&oacute;mo deb&iacute;a nacer el nuevo cabildo palmero. La pol&iacute;tica de la isla estaba entonces profundamente dividida. Por un lado se encontraba el bloque formado por los partidos din&aacute;sticos&nbsp;&ndash;conservadores y liberales&ndash;&nbsp;que dominaban la vida pol&iacute;tica local. Sus portavoces en la prensa eran el conservador&nbsp;<em>Isla de La Palma</em>&nbsp;y el liberal din&aacute;stico&nbsp;<em>El Nudo</em>. Frente a ellos se situaba una coalici&oacute;n integrada por liberales&nbsp;moretistas&nbsp;(conocidos como &ldquo;sevillanos&rdquo; por los falsos duros&nbsp;de la &eacute;poca) y republicanos. Tambi&eacute;n con sus correspondientes&nbsp;peri&oacute;dicos afines:&nbsp;<em>La raz&oacute;n</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Diario de La Palma</em>, respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        Ante ese panorama,&nbsp;<em>El cabildo insular</em>&nbsp;defendi&oacute; una idea insistente: evitar que el nacimiento del cabildo quedara marcado por una lucha partidista. La nueva instituci&oacute;n deb&iacute;a representar a toda la isla, no convertirse en instrumento de una facci&oacute;n. Por eso el semanario propuso la formaci&oacute;n de una candidatura de integraci&oacute;n, en la que estuvieran representadas tanto las mayor&iacute;as como las minor&iacute;as pol&iacute;ticas. De ese modo el cabildo podr&iacute;a constituirse sin enfrentamiento electoral y nacer con mayor prestigio.&nbsp;Sus p&aacute;ginas apelaban al sentido de responsabilidad de los dirigentes pol&iacute;ticos para que dejaran a un lado viejas rivalidades y permitieran que la nueva corporaci&oacute;n surgiera en un clima de concordia.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta, sin embargo, no prosper&oacute;. Las elecciones se convocaron finalmente para el 12 de enero de 1913 y la campa&ntilde;a electoral deriv&oacute; en una dura confrontaci&oacute;n entre los dos bloques pol&iacute;ticos de la isla. El resultado dio la victoria a la candidatura formada por conservadores y liberales&nbsp;din&aacute;sticos, mientras que&nbsp;la&nbsp;coalici&oacute;n&nbsp;moretista-republicana qued&oacute; derrotada.&nbsp;Para el semanario aquello supuso una clara decepci&oacute;n. Durante semanas hab&iacute;a defendido la necesidad de un acuerdo&nbsp;de unidad&nbsp;que evitara la lucha pol&iacute;tica. Tras los comicios lament&oacute; que el cabildo naciera marcado por la confrontaci&oacute;n partidista. La paradoja era evidente: mientras en la mayor&iacute;a de las otras islas los consejeros fueron proclamados sin votaci&oacute;n gracias a candidaturas &uacute;nicas, en La Palma el proceso termin&oacute; en un enfrentamiento electoral.
    </p><p class="article-text">
        El 16 de enero de 1913, apenas cuatro d&iacute;as despu&eacute;s de celebrarse las elecciones, apareci&oacute; el &uacute;ltimo n&uacute;mero de&nbsp;<em>El cabildo insular</em>. Con el cabildo ya elegido, el peri&oacute;dico parec&iacute;a haber agotado&nbsp;la raz&oacute;n de su existencia. En realidad, su breve vida refleja muy bien el clima pol&iacute;tico de aquellos meses. Fue un peri&oacute;dico nacido para intervenir en un momento concreto y para defender una idea: que el primer Cabildo de La Palma deb&iacute;a surgir con el mayor consenso posible. M&aacute;s de un siglo despu&eacute;s, aquel ef&iacute;mero semanario sigue siendo un testimonio revelador de los debates que acompa&ntilde;aron el nacimiento de una instituci&oacute;n que hoy forma parte esencial del autogobierno insular.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/periodico-reclamo-exito-unidad-primer-cabildo-palma_129_13070947.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 09:07:56 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Cien años de cuando los cabildos rozaron su desaparición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cien-anos-cabildos-rozaron-desaparicion_129_13066099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2f366fc4-077f-4794-9295-ef5db8e177d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cien años de cuando los cabildos rozaron su desaparición"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN -  Hace un siglo, en los años centrales de la dictadura de Primo de Rivera, Canarias vivió uno de esos momentos en que su estructura institucional volvió a ponerse patas arriba, y los cabildos rozaron su desaparición</p></div><p class="article-text">
        Este 16 de marzo se cumplen 113 a&ntilde;os de la constituci&oacute;n de los cabildos insulares, creados por Ley de 1912&nbsp;y puestos en marcha en 1913. Hoy forman parte indiscutible del paisaje pol&iacute;tico canario, pero cuesta imaginar hasta qu&eacute; punto su existencia estuvo en entredicho apenas una d&eacute;cada despu&eacute;s de nacer. Hace un siglo, en los a&ntilde;os centrales de la dictadura de Primo de Rivera, Canarias vivi&oacute; uno de esos momentos en que su&nbsp;estructura&nbsp;institucional volvi&oacute; a ponerse patas arriba, y los cabildos rozaron su desaparici&oacute;n.&nbsp;La Diputaci&oacute;n Provincial de Canarias llevaba a&ntilde;os dando se&ntilde;ales de agotamiento:&nbsp;la&nbsp;misma, en 1924,&nbsp;reconoc&iacute;a que no hab&iacute;a podido funcionar con normalidad desde 1913. En paralelo, desde Gran Canaria se insist&iacute;a en que la autonom&iacute;a insular solo ser&iacute;a real si se suprim&iacute;a ese &ldquo;in&uacute;til organismo&rdquo; que, desde hac&iacute;a d&eacute;cadas, era escenario de rivalidades y recelos.
    </p><p class="article-text">
        El Directorio Militar vio en esa debilidad una oportunidad para redise&ntilde;ar la administraci&oacute;n canaria. Pero la idea de disolver los cabildos &ndash;especialmente los de las islas menores&ndash;&nbsp;gener&oacute; inquietud en varias islas. Los rumores de una reforma profunda, que pod&iacute;a barrer de un plumazo las instituciones insulares creadas en 1912, encendieron las alarmas. El Ministerio de la Gobernaci&oacute;n decidi&oacute; entonces un movimiento calculado: disolver provisionalmente los cabildos, pero pedir a sus presidentes una memoria sobre c&oacute;mo reorganizar su r&eacute;gimen administrativo y econ&oacute;mico. La jugada buscaba tantear el terreno y medir resistencias.
    </p><p class="article-text">
        Las memorias fueron claras y mayoritariamente coincidentes&nbsp;(Jos&eacute; L&oacute;pez y Mart&iacute;n-Romero lider&oacute; la de La Palma): conservar los cabildos, reforzando su personalidad y su hacienda, crear una mancomunidad interinsular voluntaria para coordinar servicios, suprimir la Diputaci&oacute;n Provincial, cuyas funciones ya ejerc&iacute;an los cabildos (planteamiento del que&nbsp;se desmarcaron Tenerife&nbsp;y Fuerteventura) y subordinar&nbsp;los delegados del gobierno al poder central evitando duplicidades. El mensaje era inequ&iacute;voco: los cabildos eran ya el coraz&oacute;n del autogobierno insular y no estaban dispuestos a renunciar a ello.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, una delegaci&oacute;n palmera&nbsp;de pr&oacute;ceres residentes&nbsp;en Madrid&nbsp;&ndash;Pedro P&eacute;rez D&iacute;az, Pedro&nbsp;Poggio&nbsp;y Le&oacute;n de las Casas&ndash;,&nbsp;que actu&oacute; tambi&eacute;n en representaci&oacute;n de otras islas como La Gomera,&nbsp;logr&oacute; entrevistarse con Jos&eacute; Calvo&nbsp;Sotelo, entonces director general de Administraci&oacute;n. El futuro ministro de Hacienda no ocultaba su intenci&oacute;n de suprimir los cabildos de las islas menores, cuyos presupuestos consideraba demasiado exiguos y absorbidos por el gasto de personal. Los&nbsp;comisionados&nbsp;palmeros defendieron con firmeza que los servicios de beneficencia y ense&ntilde;anza deb&iacute;an seguir en manos del cabildo, y que ninguna isla deb&iacute;a perder su instituci&oacute;n insular. Aquella defensa, hoy casi olvidada, fue decisiva&nbsp;para que La Palma y el resto de las islas menores conservaran su cabildo.&nbsp;Quiz&aacute; sea buen momento para homenajear a aquellos tres representantes, y a&ntilde;adir al propio Jos&eacute; L&oacute;pez y Mart&iacute;n-Romero.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, el 20 de marzo de 1925, el Estatuto Provincial de Calvo&nbsp;Sotelo&nbsp;certific&oacute; la muerte de la Diputaci&oacute;n Provincial. El pre&aacute;mbulo no dejaba lugar a dudas: era un &ldquo;organismo sin vida real ni funcionamiento eficiente&rdquo;, incapaz de superar las rivalidades interinsulares. En su lugar se cre&oacute; una mancomunidad interinsular obligatoria, formada por un representante de cada cabildo. Su misi&oacute;n era coordinar servicios, repartir cargas y, en palabras del propio Estatuto, &ldquo;amansar las encrespadas pasiones locales&rdquo;. La sede se fij&oacute; en Santa Cruz de Tenerife y su primer presidente fue el palmero Jos&eacute; L&oacute;pez y Mart&iacute;n-Romero.&nbsp;Pero el intento de armonizar el pleito insular dur&oacute; poco. En septiembre de 1925, el Cabildo de Gran Canaria, aunque con reticencias del de&nbsp;la isla de Lanzarote, impuls&oacute; una mancomunidad voluntaria con las islas orientales, gesto que evidenciaba que la desconfianza segu&iacute;a intacta. El proyecto unificador volv&iacute;a a naufragar.
    </p><p class="article-text">
        Pese a ello, el Estatuto de 1925 fortaleci&oacute; a los cabildos: les otorg&oacute; las funciones y obligaciones de las diputaciones provinciales y les aplic&oacute; su r&eacute;gimen organizativo. En la pr&aacute;ctica, cada isla pas&oacute; a funcionar como una peque&ntilde;a provincia, y cada cabildo como una diputaci&oacute;n. Era, en el fondo, la idea que P&eacute;rez D&iacute;az hab&iacute;a defendido desde 1906. Los cabildos quedaron compuestos por consejeros directos y corporativos, elegidos como los diputados provinciales. Su n&uacute;mero variaba seg&uacute;n la isla: 14 en Tenerife y Gran Canaria, 12 en La Palma, 10 en La Gomera y Lanzarote, 8 en Fuerteventura y 6 en El Hierro.
    </p><p class="article-text">
        Apenas dos a&ntilde;os despu&eacute;s, el 21 de septiembre de 1927, el ministro Mart&iacute;nez Anido firm&oacute; el decreto que divid&iacute;a Canarias en dos provincias. La medida, sorprendentemente, apenas gener&oacute; contestaci&oacute;n p&uacute;blica,&nbsp;aunque&nbsp;m&aacute;s por respeto (o temor) al r&eacute;gimen que por convicci&oacute;n. El decreto garantiz&oacute; la continuidad de los cabildos insulares y mantuvo la Mancomunidad Interinsular, ahora como &oacute;rgano representativo&nbsp;de cada provincia. En 1928 y 1929 se complet&oacute; la nueva estructura administrativa, atribuyendo a las mancomunidades competencias sobre servicios interinsulares.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cien a&ntilde;os despu&eacute;s, aquellos episodios siguen siendo una pieza clave para entender&nbsp;la Canarias actual. La supervivencia de los cabildos no fue un proceso natural ni inevitable: fue el resultado de tensiones pol&iacute;ticas, negociaciones discretas y la defensa firme&nbsp;de las islas menores frente a un poder central que ve&iacute;a sus instituciones como prescindibles. Hoy, cuando los cabildos gestionan carreteras, servicios sociales, cultura, medio ambiente o transportes, conviene recordar que su existencia estuvo a punto de truncarse al poco de nacer. Y que,&nbsp;parad&oacute;jicamente, fue una dictadura centralista la que, pese a sus primeras intenciones&nbsp;y&nbsp;gracias al desvelo de algunos de nuestros pr&oacute;ceres, termin&oacute; consolidando el modelo insular que a&uacute;n define la vida pol&iacute;tica y administrativa del Archipi&eacute;lago.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cien-anos-cabildos-rozaron-desaparicion_129_13066099.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 12:57:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cien años de cuando los cabildos rozaron su desaparición]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La Quinta Verde: una prioridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/la-quinta-verde-una-prioridad-j-j-rodriguez-lewis_132_4690159.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En 1987, hace casi treinta a&ntilde;os, el grupo palmero Taburiente dedic&oacute; una canci&oacute;n a la Quinta Verde de Santa Cruz de La Palma, que se ha convertido en un sutil martillo pil&oacute;n que denuncia la desidia o la incapacidad para desarrollar definitivamente este fabuloso escenario natural. En realidad, todo el disco (&ldquo;La Alpispa&rdquo;, &ldquo;La nube y el sol&rdquo;, &ldquo;Mirador de las estrellas&rdquo;, &ldquo;Viento sur&rdquo;...) era -de alguna forma- un canto de adoraci&oacute;n al entorno de esta hacienda rural situada en los l&iacute;mites del casco urbano de la capital palmera, una de las muestras m&aacute;s caracter&iacute;sticas de este modelo de arquitectura dom&eacute;stica en Canarias.
    </p><p class="article-text">
        La Quinta Verde es tambi&eacute;n un tema con cierta recurrencia en nuestra particular 'agenda-setting', aunque los avances que se publican no terminen nunca por ser definitivos. Hace tres a&ntilde;os volvi&oacute; a estar de actualidad porque el Ayuntamiento pretend&iacute;a ubicar en la antigua casona de los Massieu-Monteverde, construida en el siglo XVII (entre 1672 y 1690), con portada de canter&iacute;a, el futuro Museo de la Bajada de la Virgen, y se anunciaban nuevos trabajos para facilitar la accesibilidad. Y la idea, en principio, no era mala. Es m&aacute;s, todo lo que sea poner en valor la hacienda y sus aleda&ntilde;os debe ser bueno 'per se'. Y as&iacute; lo entendi&oacute; tambi&eacute;n Luis Morera, l&iacute;der del popular grupo musical y defensor a ultranza de este enclave desde los a&ntilde;os ochenta. Supuestamente, desde 2009 un convenio con el Cabildo Insular hab&iacute;a convertido el caser&oacute;n en sede de un aula abierta de educaci&oacute;n ambiental, pero el proyecto -por lo que parece- nunca lleg&oacute; a desarrollarse suficientemente. Ahora bien, debemos tener claro que tampoco un restaurante ser&iacute;a una opci&oacute;n equivocada en torno al patio central ni, por supuesto, un centro tem&aacute;tico o de interpretaci&oacute;n ligado a la riqueza bot&aacute;nica de la finca, como ha propuesto el polifac&eacute;tico artista palmero, aunque debemos tener en cuenta las peque&ntilde;as dimensiones del inmueble. Cualquier iniciativa en esta direcci&oacute;n no hace m&aacute;s que sumar.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, lo que no puede perderse es la perspectiva correcta del asunto. Lo m&aacute;s significativo de la Quinta Verde no es la hacienda, aunque haya sido declarada Bien de Inter&eacute;s Cultural (2005), sino su entorno, su medio natural. La defensa de este espacio emblem&aacute;tico durante los a&ntilde;os que lo amenaz&oacute; la especulaci&oacute;n inmobiliaria, y a la que se incorpor&oacute; con acierto el Ayuntamiento, no pretend&iacute;a otro cosa que proteger un entorno natural de primer orden en una ciudad acogotada por la construcci&oacute;n en altura y su orograf&iacute;a caprichosa. Su palmeral superior, sus huertas dispuestas en terrazas, sus angostos senderos y escalinatas, sus bellas portadas almenadas (&uacute;ltimamente la primera de ellas sostenida por tablones y vigas), su magia y el alma imperecedera de Leocricia Pestana (a&uacute;n recuerdo c&oacute;mo este lugar era una de las excusiones fijas de nuestra ni&ntilde;ez para escuchar -de madrugada- el esp&iacute;ritu de la dama de blanco)... configuran un paraje hermoso y natural que urge poner al servicio de la ciudad y de sus visitantes. Santa Cruz de La Palma necesita imperiosamente respirar con cierto desahogo so pena de morir por hipoxia severa. As&iacute; que m&aacute;s que abandonarnos en la discusi&oacute;n sobre el destino de la casona -que tiene su recorrido-, lo que la ciudad reclama es que se habilite y acondicione, de una vez, el entorno como un gran parque urbano para solaz y disfrute de nuestros vecinos y turistas, y que puede &ldquo;proyectar&rdquo; el propio Luis Morera (si no lo ha hecho ya), porque no hay otro profesional que la conozca m&aacute;s ni que la haya defendido con tanto tes&oacute;n. Eso es, en definitiva, lo que espera la poblaci&oacute;n m&aacute;s temprano que tarde.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 16 de junio, Morera publicaba en Facebook un alarmante &ldquo;SOS por la Quinta Verde&rdquo; tras una casi clandestina visita a la finca. Yo sigo sin entender c&oacute;mo en una ciudad como la capital insular este proyecto tan necesario no es una prioridad desde hace casi treinta a&ntilde;os. Hoy siento, en fin, que este art&iacute;culo apenas sea un trasunto del que publiqu&eacute; en mi blog personal en noviembre de 2011, pero es que &ndash;tres a&ntilde;os despu&eacute;s- su contenido es m&aacute;s actual que nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/la-quinta-verde-una-prioridad-j-j-rodriguez-lewis_132_4690159.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Aug 2014 19:45:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La Quinta Verde: una prioridad]]></media:title>
    </item>
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