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    <title><![CDATA[elDiario.es - J.J. Rodríguez-Lewis]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/j_j_rodriguez-lewis/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - J.J. Rodríguez-Lewis]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La Razón (1908-1914): un semanario de lealtades cambiantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/razon-1908-1914-semanario-lealtades-cambiantes_129_13533361.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6917414-d2a0-41a9-bdb7-502b72c096dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Razón (1908-1914): un semanario de lealtades cambiantes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - La publicación sobreviviría durante casi seis años, probablemente hasta julio de 1914, lo que no era poco en una prensa insular caracterizada entonces por la precariedad económica y la corta existencia de muchas de sus cabeceras. En ese tiempo, La Razón protagonizó una de las trayectorias políticas más singulares —y quizá más ilustrativas— del periodismo palmero de comienzos del siglo XX</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Portada de &#039;La Razón&#039; (Real Sociedad Cosmológica)                            </span>
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        El 17 de agosto de 1908 aparec&iacute;a en Santa Cruz de La Palma un nuevo semanario que, desde su misma cabecera, no dejaba demasiado margen para la duda sobre cu&aacute;les eran, al menos sobre el papel, sus prop&oacute;sitos:&nbsp;<em>La Raz&oacute;n. Peri&oacute;dico independiente y de intereses generales</em>. Se imprim&iacute;a en los talleres de la imprenta La Palma, instalada en la calle &Aacute;lvarez de Abreu, n&uacute;mero 37, y propiedad de Tom&aacute;s Brito de la Cruz, que ser&iacute;a tambi&eacute;n su director y, en buena medida, su principal redactor.&nbsp;La publicaci&oacute;n sobrevivir&iacute;a durante casi seis a&ntilde;os, probablemente hasta julio de 1914, lo que no era poco en una prensa insular caracterizada entonces por la precariedad econ&oacute;mica y la corta existencia de muchas de sus cabeceras. En ese tiempo,&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;protagoniz&oacute; una de las trayectorias pol&iacute;ticas m&aacute;s singulares &mdash;y quiz&aacute; m&aacute;s&nbsp;ilustrativas&mdash; del periodismo palmero de comienzos del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        Era un peri&oacute;dico modesto. Cuatro p&aacute;ginas a cuatro columnas, formato de 33 por 48 cent&iacute;metros y una suscripci&oacute;n mensual de una peseta. En enero de 1909 tiraba unos 160 ejemplares, cifra que lo situaba en tercer lugar entre los ocho peri&oacute;dicos que entonces circulaban en Santa Cruz de La Palma, por detr&aacute;s de&nbsp;<em>Tierra palmera</em>, con 300 ejemplares, y del republicano&nbsp;<em>Germinal</em>, con 200, y sin perjuicio de Diario de Avisos de Santa Cruz de La Palma, de edici&oacute;n diaria.&nbsp;En conjunto, toda la prensa insular&nbsp;rondaba los 1.500&nbsp;ejemplares&nbsp;todas las semanas.&nbsp;Por su redacci&oacute;n pasaron, entre otros, Manuel L&oacute;pez Morales, Federico Hern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez, Gabriel Duque D&iacute;az, Jos&eacute; Ben&iacute;tez y Rodr&iacute;guez, Antonio Fern&aacute;ndez P&eacute;rez o Jos&eacute; Lozano P&eacute;rez &mdash;<em>Jolope</em>&mdash;, adem&aacute;s de numerosos colaboradores dentro y fuera de la isla. Su estructura tampoco se diferenciaba demasiado de la habitual entre sus contempor&aacute;neos: noticias y comentarios sobre la actualidad insular, textos literarios, informaci&oacute;n telegr&aacute;fica durante algunos a&ntilde;os y una importante presencia de la publicidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero, pese a ese barniz informativo,&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;fue esencialmente un peri&oacute;dico pol&iacute;tico y de opini&oacute;n. Pertenec&iacute;a todav&iacute;a a aquel periodismo doctrinal, combativo y proselitista que pretend&iacute;a influir, convencer y combatir y que, adem&aacute;s, necesitaba muchas veces para sobrevivir del auxilio econ&oacute;mico de los mismos grupos pol&iacute;ticos a los que defend&iacute;a. Precisamente ah&iacute; estuvo el origen de su peculiar peripecia.
    </p><p class="article-text">
        La Palma atravesaba, adem&aacute;s, un periodo nada f&aacute;cil. A la decadencia de algunas actividades tradicionales se un&iacute;an los problemas de las industrias del tabaco y de la seda, el retroceso de la ca&ntilde;a de az&uacute;car, la escasez de agua y el lento avance de las infraestructuras. El pl&aacute;tano comenzaba a abrirse paso y se extend&iacute;an innovaciones como la electricidad, el tel&eacute;fono o la telegraf&iacute;a, pero para muchos palmeros la alternativa continuaba siendo la emigraci&oacute;n, sobre todo hacia Cuba. Era una sociedad peque&ntilde;a, donde pol&iacute;tica, econom&iacute;a, relaciones familiares y prensa se entrecruzaban inevitablemente.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica insular aparec&iacute;a entonces dividida, grosso modo, en dos grandes bloques. De una parte, los conservadores que segu&iacute;an al diputado Pedro&nbsp;Poggio&nbsp;y &Aacute;lvarez y los liberales hist&oacute;ricos de Francisco Abreu y Garc&iacute;a, unidos por el pacto suscrito en septiembre de 1908 y con un notable control de los resortes pol&iacute;ticos insulares. Frente a ellos se situaban los republicanos y el nuevo sector liberal, de ascendencia conservadora,&nbsp;que encabezaban Manuel Yanes Volc&aacute;n y su yerno, el m&eacute;dico hispano-cubano Juli&aacute;n van&nbsp;Baumberghen. Estos nuevos liberales ser&iacute;an conocidos como&nbsp;&laquo;sevillanos&raquo; y terminar&iacute;an constituyendo el Partido Liberal Palmero.&nbsp;Cada grupo procuraba contar, como era habitual, con sus propios peri&oacute;dicos. Los conservadores dispon&iacute;an de&nbsp;<em>Isla de La Palma</em>; los republicanos, de&nbsp;<em>Germinal</em>; y los liberales de Van&nbsp;Baumberghen&nbsp;crearon&nbsp;<em>Tierra palmera</em>. Solo los liberales hist&oacute;ricos de Abreu carec&iacute;an entonces de un portavoz propiamente dicho. Y ese espacio fue el que durante algunos meses terminar&iacute;a ocupando&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>.
    </p><p class="article-text">
        No hab&iacute;a comenzado as&iacute;. En su art&iacute;culo-programa, el nuevo semanario se declaraba independiente y anunciaba que defender&iacute;a en pol&iacute;tica aquello que, a su entender, conviniese a los intereses de la isla: combatir el caciquismo, impedir el encumbramiento de ineptos y ambiciosos y favorecer cuanto pudiera engrandecer a La Palma. Sin embargo, desde sus primeros n&uacute;meros manifest&oacute; una evidente simpat&iacute;a hacia Pedro&nbsp;Poggio&nbsp;y el partido conservador, hasta el punto de que la prensa tinerfe&ntilde;a no tard&oacute; en calificarlo directamente como &laquo;peri&oacute;dico conservador&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n cambi&oacute; muy pronto. Tras una cierta crisis interna en su redacci&oacute;n,&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;comenz&oacute; a defender de manera cada vez m&aacute;s abierta al jefe de los liberales hist&oacute;ricos, Francisco Abreu y Garc&iacute;a. La vehemencia con que lo hizo resulta hoy dif&iacute;cil de conciliar con aquella proclamada independencia. En diciembre de 1908, enfrentado ya con&nbsp;<em>Tierra palmera</em>, el semanario describ&iacute;a a Abreu con tonos casi hagiogr&aacute;ficos y aseguraba que sus detractores jam&aacute;s conseguir&iacute;an manchar su &laquo;albo plumaje de cisne&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, las pol&eacute;micas con el peri&oacute;dico de Van&nbsp;Baumberghen&nbsp;y con el republicano&nbsp;<em>Germinal</em>&nbsp;fueron continuas, mientras&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;respaldaba decididamente al partido liberal hist&oacute;rico y, sobre todo, a su dirigente. En las elecciones municipales de mayo de 1909 apoy&oacute; a la candidatura conservadora-liberal&nbsp;abre&iacute;sta, que se impuso con claridad a la republicano-liberal sevillana.&nbsp;Y, sin embargo, pocos meses despu&eacute;s todo salt&oacute; por los aires.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El desencuentro</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al cumplir su primer a&ntilde;o,&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;segu&iacute;a proclamando que &laquo;no es de nadie&raquo; y que &laquo;es de todos&raquo;, pero su situaci&oacute;n econ&oacute;mica era cada vez m&aacute;s comprometida. El peri&oacute;dico descansaba, en la pr&aacute;ctica, sobre los hombros de Tom&aacute;s Brito, que decidi&oacute; entrevistarse con Francisco Abreu para explicarle que ya no pod&iacute;a seguir sosteni&eacute;ndolo personalmente.&nbsp;Aqu&iacute; comienzan las versiones encontradas. Seg&uacute;n Brito, record&oacute; al dirigente liberal que hasta entonces hab&iacute;a defendido gratuitamente su pol&iacute;tica y le manifest&oacute; que, si quer&iacute;a que el peri&oacute;dico continuase haci&eacute;ndolo, &eacute;l o el partido tendr&iacute;an que contribuir a sufragar sus gastos. Seg&uacute;n Abreu, el impresor le hab&iacute;a ofrecido convertir&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;oficialmente en &oacute;rgano de los liberales a cambio de un sueldo.
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, el semanario suspendi&oacute; su publicaci&oacute;n el 31 de julio de 1909. Poco despu&eacute;s, un emisario de Abreu comunic&oacute; a Brito que el dirigente liberal estaba dispuesto a sostener econ&oacute;micamente el peri&oacute;dico y el 7 de agosto&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;reapareci&oacute;. Parec&iacute;a resuelto el problema, pero faltaba el episodio que desencadenar&iacute;a el verdadero desencuentro.&nbsp;Otro enviado de Abreu, Jos&eacute;&nbsp;Al&oacute;s&nbsp;Cabrera, llev&oacute; a la redacci&oacute;n un comunicado que el dirigente liberal quer&iacute;a ver publicado. Brito estim&oacute; que algunas expresiones deb&iacute;an suprimirse porque no deb&iacute;an llevarse &laquo;al terreno sagrado de la prensa&raquo;. Despu&eacute;s de varias gestiones, se le hizo saber que Abreu financiar&iacute;a el peri&oacute;dico&nbsp;siempre que el comunicado apareciese &iacute;ntegramente. Brito respondi&oacute; que, en esas condiciones, podr&iacute;a publicarse, pero con otro director.
    </p><p class="article-text">
        Abreu orden&oacute; entonces a sus correligionarios que dejaran de colaborar con&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>. Brito, por su parte,&nbsp;lleg&oacute; incluso a desplazarse hasta la finca de El Brezal, en Bre&ntilde;a Alta, para pedir una respuesta definitiva sobre el sostenimiento del semanario. Nunca la obtuvo.&nbsp;La ruptura fue completa. Y la misma pluma que durante meses hab&iacute;a ensalzado a Francisco Abreu comenz&oacute; a combatirlo con id&eacute;ntico entusiasmo. El peri&oacute;dico declar&oacute; &laquo;la guerra&raquo; al dirigente liberal y a sus partidarios y pas&oacute; a referirse con particular acritud a los &laquo;pactistas&raquo; y a las &laquo;huestes franciscanas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su nuevo enemigo period&iacute;stico ser&iacute;a&nbsp;<em>El Nudo</em>, aparecido en septiembre de 1909 como &oacute;rgano de los liberales din&aacute;sticos y al que&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;llamar&iacute;a despectivamente &laquo;La cotorrita&raquo;. M&aacute;s llamativo a&uacute;n resulta comprobar c&oacute;mo el semanario censuraba ahora al mismo gobierno municipal pactista que apenas unos meses atr&aacute;s hab&iacute;a defendido, llegando a afirmar que 1909 constitu&iacute;a &laquo;un manch&oacute;n en la historia pol&iacute;tica palmera&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, el vac&iacute;o dejado por la desaparici&oacute;n de&nbsp;<em>Tierra palmera</em>, en diciembre de 1909, facilit&oacute; el siguiente movimiento.&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;se aproxim&oacute; progresivamente a quienes hasta hac&iacute;a muy poco hab&iacute;an sido objeto de sus ataques: los liberales de Juli&aacute;n van&nbsp;Baumberghen. El m&eacute;dico hispano-cubano pas&oacute; a ser &laquo;el prestigioso doctor&raquo; y &laquo;nuestro amigo el jefe del partido liberal de esta isla&raquo;. En las elecciones generales de mayo de 1910, el semanario combati&oacute; la candidatura de Pedro&nbsp;Poggio, arremeti&oacute; especialmente contra los liberales de Abreu y apoy&oacute; abiertamente a Van&nbsp;Baumberghen, que concurr&iacute;a aliado con los republicanos.&nbsp;La metamorfosis se hab&iacute;a completado.
    </p><p class="article-text">
        La enemistad entre Brito y los Abreu todav&iacute;a tendr&iacute;a consecuencias m&aacute;s serias. En noviembre de 1910, el alcalde de Santa Cruz de La Palma, Eugenio Abreu y Garc&iacute;a, suspendi&oacute; la circulaci&oacute;n de&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;porque no figuraba matriculada en la contribuci&oacute;n industrial. Formalmente, la decisi&oacute;n ten&iacute;a fundamento. El problema era que tampoco estaban matriculados otros peri&oacute;dicos pol&iacute;ticos de la ciudad, entre ellos&nbsp;<em>El Nudo</em>,&nbsp;<em>Isla de La Palma</em>&nbsp;o&nbsp;<em>El Pueblo</em>. La medida pod&iacute;a ser legal en su origen, pero dif&iacute;cilmente parec&iacute;a imparcial.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces,&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;desempe&ntilde;&oacute; de hecho el papel de &oacute;rgano oficioso del Partido Liberal Palmero. Defendi&oacute; a Van&nbsp;Baumberghen&nbsp;y a Pedro P&eacute;rez D&iacute;az durante el debate sobre la reorganizaci&oacute;n administrativa de Canarias, respald&oacute; la unidad provincial y la autonom&iacute;a insular y dedic&oacute; incluso un suplemento especial a ensalzar la intervenci&oacute;n del primero ante la comisi&oacute;n parlamentaria que examinaba el llamado &laquo;problema canario&raquo;.&nbsp;En las elecciones municipales de noviembre de 1911 promovi&oacute; con grandes titulares la candidatura del Partido Liberal Palmero al Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. Segu&iacute;a, no obstante, proclam&aacute;ndose independiente y asegurando que esa independencia le permit&iacute;a censurar todo aquello que considerase censurable. La realidad de sus p&aacute;ginas dec&iacute;a ya otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Durante 1912 y 1913 su orientaci&oacute;n apenas experiment&oacute; cambios. El peri&oacute;dico sigui&oacute; apoyando a los sectores opuestos al pacto y muy pendiente de la actividad de Van&nbsp;Baumberghen. Para entonces, la pretendida independencia resultaba dif&iacute;cilmente sostenible. Desde finales de 1912 el propio semanario reconoc&iacute;a que era p&uacute;blico y&nbsp;notorio que practicaba una pol&iacute;tica liberal mon&aacute;rquica y, a principios de 1914, el diario tinerfe&ntilde;o&nbsp;<em>La Opini&oacute;n</em>&nbsp;lo calificaba ya directamente como &laquo;&oacute;rgano liberal&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su &uacute;ltima campa&ntilde;a conocida fue, acaso significativamente, en favor de Pedro P&eacute;rez D&iacute;az. En las elecciones generales del 8 de marzo de 1914 pidi&oacute; expresamente el voto para el letrado palmero, candidato de la coalici&oacute;n dem&oacute;crata frente al nuevamente aspirante conservador Pedro&nbsp;Poggio.&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;sab&iacute;a que sus posibilidades eran escasas. El resultado confirm&oacute; sus temores:&nbsp;Poggio&nbsp;obtuvo 4.197 votos frente a los 1.281 de P&eacute;rez D&iacute;az.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s desapareci&oacute; el peri&oacute;dico. Durante mucho tiempo se dio por sentado que su &uacute;ltimo n&uacute;mero hab&iacute;a sido el del 7 de marzo de 1914, pero distintas referencias documentales permiten prolongar su existencia, con bastante seguridad, hasta julio. Habr&iacute;a alcanzado as&iacute; cerca de seis a&ntilde;os y unos trescientos n&uacute;meros, convirti&eacute;ndose en uno de los peri&oacute;dicos de mayor duraci&oacute;n de la prensa palmera de aquel periodo.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de aquella aventura estuvo siempre Tom&aacute;s Brito de la Cruz. Nacido en Santa Cruz de La Palma en 1875 e hijo del tambi&eacute;n impresor Manuel Brito Cabrera, aprendi&oacute; el oficio de tip&oacute;grafo en los talleres paternos de La Lealtad y pas&oacute; despu&eacute;s por la imprenta Gutenberg de los hermanos Rodr&iacute;guez M&eacute;ndez. Emigr&oacute; a Cuba en 1905 y, a su regreso tres a&ntilde;os despu&eacute;s, cre&oacute; la imprenta La Palma.&nbsp;Fue uno de aquellos tip&oacute;grafos-periodistas tan caracter&iacute;sticos de la prensa palmera de finales del XIX y comienzos del XX: impresores que no se limitaban a componer el peri&oacute;dico, sino que lo dirig&iacute;an, escrib&iacute;an y, muchas veces, lo financiaban. De juvenil militancia republicana, Brito evolucion&oacute; hacia posiciones m&aacute;s moderadas y, despu&eacute;s de&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>, dirigir&iacute;a&nbsp;<em>Diario Insular</em>. Como periodista fue vehemente, incisivo y mordaz; y sus altercados con los hermanos Abreu alcanzaron incluso los juzgados.
    </p><p class="article-text">
        La historia de&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;es, por eso, algo m&aacute;s que la peripecia de un peque&ntilde;o semanario insular. Permite observar, casi a escala microsc&oacute;pica, el funcionamiento del periodismo pol&iacute;tico de la Restauraci&oacute;n. Una prensa que se declaraba independiente mientras necesitaba del dinero y del apoyo de las facciones pol&iacute;ticas; que ensalzaba hoy al dirigente al que pod&iacute;a combatir ma&ntilde;ana; que convert&iacute;a sus columnas en prolongaci&oacute;n de las luchas electorales y caciquiles y en la que los enfrentamientos personales terminaban confundi&eacute;ndose con las diferencias ideol&oacute;gicas.
    </p><p class="article-text">
        <em>La Raz&oacute;n</em>&nbsp;naci&oacute; diciendo que no pertenec&iacute;a a nadie. Durante algunos meses estuvo cerca de los conservadores, despu&eacute;s&nbsp;defendi&oacute; con denuedo a los liberales hist&oacute;ricos de Francisco Abreu y, tras el desencuentro entre este y Tom&aacute;s Brito, termin&oacute; ocupando el espacio dejado por&nbsp;<em>Tierra palmera</em>&nbsp;como &oacute;rgano oficioso de los liberales de Juli&aacute;n van&nbsp;Baumberghen.&nbsp;Quiz&aacute; precisamente por eso resulte hoy un peri&oacute;dico particularmente interesante. Porque detr&aacute;s de sus virajes, sus excesos verbales y sus contradicciones se transparenta toda una manera de entender la prensa y la pol&iacute;tica. Rafael&nbsp;Mainar&nbsp;hab&iacute;a escrito en 1906 que un peri&oacute;dico deb&iacute;a ser &laquo;la Historia que pasa&raquo;. En las p&aacute;ginas de&nbsp;<em>La Raz&oacute;n</em>, con sus adhesiones, sus rupturas y sus peque&ntilde;as guerras particulares, pas&oacute; tambi&eacute;n una parte nada desde&ntilde;able de la historia pol&iacute;tica de La Palma de comienzos del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J. J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/razon-1908-1914-semanario-lealtades-cambiantes_129_13533361.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Sep 2026 19:37:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Razón (1908-1914): un semanario de lealtades cambiantes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Democracia sin partidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/democracia-partidos_129_13519865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/29e4ff80-0049-446a-9450-2fb5004d5c61_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151490.jpg" width="576" height="324" alt="Democracia sin partidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - 
En 1866, el poeta y periodista palmero Antonio Rodríguez López formuló una propuesta tan singular como provocadora: defender la democracia y, al mismo tiempo, rechazar los partidos políticos. Su alegato suscitó las respuestas de Juan Fernández Ferraz y Miguel Villalba Hervás, dando lugar a una controversia que conserva una inesperada actualidad
</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Antonio Rodríguez López.                            </span>
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        En enero de 1866 comenz&oacute; a circular por la prensa canaria el anuncio de un libro que todav&iacute;a no exist&iacute;a. Antonio Rodr&iacute;guez L&oacute;pez buscaba suscriptores para imprimir&nbsp;<em>Democracia sin partido. Elementos para un libro</em>, un folleto de unas cien p&aacute;ginas que solo entrar&iacute;a en m&aacute;quinas cuando las adhesiones sufragaran los gastos. La campa&ntilde;a apareci&oacute; el 15 de enero en&nbsp;<em>El Guanche</em>, de Tenerife; el 2 de febrero en&nbsp;<em>El Pa&iacute;s</em>, de Gran Canaria; y dos d&iacute;as despu&eacute;s en&nbsp;<em>El Time</em>, de La Palma. Antes de llegar a las librer&iacute;as, la obra ya hab&iacute;a buscado lectores en las tres islas.
    </p><p class="article-text">
        El volumen sali&oacute; aquel mismo a&ntilde;o de la imprenta de&nbsp;<em>El Time</em>, a cargo de Pedro Guerra, aunque las cien p&aacute;ginas previstas quedaron reducidas a ochenta y cuatro. Su autor, nacido en Santa Cruz de La Palma en 1836, era uno de los poetas canarios m&aacute;s reconocidos de su tiempo &mdash;el &laquo;cantor de&nbsp;Benahoare&raquo;&mdash;, adem&aacute;s de dramaturgo, periodista y fundador del primer peri&oacute;dico impreso de la isla. La condici&oacute;n po&eacute;tica se reconoce en una prosa llena de im&aacute;genes y resonancias religiosas; la experiencia period&iacute;stica, en su cr&iacute;tica de los comit&eacute;s, las candidaturas acordadas y los peri&oacute;dicos sometidos. En la Espa&ntilde;a de Isabel II, mientras los dem&oacute;cratas intentaban organizarse contra un r&eacute;gimen restrictivo, Rodr&iacute;guez L&oacute;pez propon&iacute;a algo parad&oacute;jico: una democracia sin partidos, difundida por la palabra y asentada en las conciencias, pero libre de las organizaciones que aspiraban a conquistar el poder en su nombre.
    </p><p class="article-text">
        Rodr&iacute;guez L&oacute;pez contempla cuatro ideas pol&iacute;ticas. El absolutismo es un fantasma que pretende recuperar un cetro sepultado; el conservadurismo, una fuerza indecisa y est&eacute;ril; el progresismo, la luz transitoria de la aurora. Solo la democracia aparece como horizonte definitivo. Su origen no estar&iacute;a en la Revoluci&oacute;n francesa ni en un pacto racional, sino en el cristianismo: de la caridad nace la fraternidad; de esta, la igualdad; y de la igualdad, la libertad. La democracia ser&iacute;a el fruto social del &aacute;rbol de la Cruz.
    </p><p class="article-text">
        Esa genealog&iacute;a no desemboca en un programa conservador. El autor defiende el sufragio universal, la abolici&oacute;n de los privilegios, las quintas, la esclavitud y la pena de muerte, junto con las libertades de imprenta, tribuna y asociaci&oacute;n. Su democracia posee, sin embargo, una frontera religiosa: admite que cada cual crea &laquo;en Jehov&aacute;, en Mahoma, en&nbsp;Vichn&uacute;&nbsp;o en nada&raquo;, pero teme que la expresi&oacute;n p&uacute;blica de esa libertad destruya la unidad moral. De ah&iacute; su afirmaci&oacute;n de que &laquo;no se puede ser dem&oacute;crata sin ser cristiano&raquo;. La contradicci&oacute;n es relevante, aunque secundaria respecto de la tesis del folleto: la democracia pertenece a todos y deja de ser universal cuando un partido se apropia de ella.
    </p><p class="article-text">
        Para comprenderla hay que atender a la distinci&oacute;n que Rodr&iacute;guez L&oacute;pez repite con insistencia: la democracia no ha de vencer, sino convencer. Imponerla desde el poder significar&iacute;a traicionarla. Como el cristianismo primitivo, debe avanzar mediante la predicaci&oacute;n, descender al coraz&oacute;n de los pueblos y transformarse en conciencia social. A sus propagadores les pide que guarden la espada y combatan con la palabra, en la prensa y en la tribuna. Antes de cambiar las leyes es preciso preparar la opini&oacute;n p&uacute;blica; antes de vencer, convencer.
    </p><p class="article-text">
        Las revoluciones promovidas por una minor&iacute;a organizada para apoderarse del Estado ser&iacute;an &laquo;revoluciones de r&iacute;o&raquo;, con militantes convertidos en pescadores de la corriente revuelta. No es lo mismo introducir la democracia en el poder que introducirla en la conciencia p&uacute;blica. La primera operaci&oacute;n desciende desde una direcci&oacute;n que se considera superior al pueblo; la segunda nace en la sociedad y asciende hasta las instituciones. Solo esta &uacute;ltima ser&iacute;a verdaderamente democr&aacute;tica.
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                Portada de &#039;Democracia sin partido&#039;. BIBLIOTECA CERVANTES. REAL SOCIEDAD COSMOLÓGICA                            </span>
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        El partido invierte ese recorrido y altera la naturaleza de la idea. Re&uacute;ne a unos para enfrentarlos con los dem&aacute;s y destruye la fraternidad; establece dirigentes y subordinados y quebranta la igualdad; somete la conciencia de sus miembros a una junta o un comit&eacute; y anula su libertad. La democracia deja entonces de pertenecer a todos y se transforma en ense&ntilde;a de una fracci&oacute;n. Cuando se hace partido &mdash;sostiene&mdash; cambia de esencia y deja de ser democracia.
    </p><p class="article-text">
        La disciplina partidaria inmoviliza adem&aacute;s el pensamiento. Rodr&iacute;guez L&oacute;pez arremete contra la &laquo;consecuencia pol&iacute;tica&raquo; que obligaba a permanecer toda la vida bajo una bandera para no ser acusado de apostas&iacute;a. La verdadera coherencia no consiste en pensar ma&ntilde;ana lo mismo que ayer, sino en actuar conforme a las convicciones presentes y conservar la libertad de modificarlas. Quien abandona un partido puede no ser un inconsecuente, sino alguien que ejerce su independencia.
    </p><p class="article-text">
        La imprenta deb&iacute;a ser el escenario de esa libertad. Frente al peri&oacute;dico subordinado a una agrupaci&oacute;n, Rodr&iacute;guez L&oacute;pez reclamaba un periodismo independiente, &laquo;flam&iacute;gero de la verdad&raquo;. Por eso convirti&oacute; la controversia entre&nbsp;<em>La Soberan&iacute;a Nacional</em>&nbsp;y&nbsp;<em>La Iberia</em>, interrumpida en 1865 por orden del comit&eacute; central progresista, en una prueba de sometimiento: ambos diarios aceptaron callar en nombre de la disciplina. La prensa hab&iacute;a entregado su libertad a los comit&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La misma apropiaci&oacute;n se reproduc&iacute;a en las elecciones. El sufragio era un acto solemne, pero las organizaciones entregaban al elector una candidatura cerrada que muchos depositaban sin leer. Ya no votaban cien ciudadanos llevando su conciencia a la urna, sino un partido que dispon&iacute;a de cien votos. Rodr&iacute;guez L&oacute;pez prefer&iacute;a la lentitud y la dispersi&oacute;n de una elecci&oacute;n espont&aacute;nea a la eficacia de unos nombres decididos de antemano.
    </p><p class="article-text">
        En el Parlamento culminaba la obediencia. Los representantes se distribu&iacute;an entre los bancos ministeriales y los de la oposici&oacute;n, y el resultado se conoc&iacute;a antes del debate. El razonamiento se apagaba frente al s&iacute; o al no mec&aacute;nico de cada bloque. Los diputados se convert&iacute;an en &laquo;aut&oacute;matas de la pol&iacute;tica&raquo; y la deliberaci&oacute;n pod&iacute;a sustituirse por una suma. El partido, nacido para defender ideas, terminaba impidiendo que estas influyeran en la decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n estaba dirigida a los propios dem&oacute;cratas: &laquo;Disolved ese partido naciente&raquo;. Para defender la democracia no era preciso inscribirse en un cat&aacute;logo ni aceptar compromisos colectivos; bastaba con encarnarla libremente y propagarla &laquo;en las urnas, en la tribuna y en la prensa&raquo;. Los dos corolarios finales lo resum&iacute;an todo: &laquo;La verdad pol&iacute;tica es la Democracia&raquo; y &laquo;La Democracia, para ser verdadera, ha de ser Democracia sin partido&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta no qued&oacute; aislada. El 25 de octubre de 1868,&nbsp;<em>El Auxiliar</em>&nbsp;recomend&oacute; el libro &laquo;a todo buen patricio&raquo; y elogi&oacute; su l&oacute;gica, su lenguaje y el talento del escritor. Diez d&iacute;as despu&eacute;s, Juan Fern&aacute;ndez Ferraz fechaba en Santa Cruz de La Palma una&nbsp;<em>Refutaci&oacute;n de algunas doctrinas contenidas en el folleto Democracia sin partido</em>, publicada aquel mismo a&ntilde;o. Ten&iacute;a solo diecinueve a&ntilde;os: nacido en la capital palmera en 1849, hab&iacute;a comenzado a escribir en&nbsp;<em>El Pito</em>&nbsp;y se formaba en Filosof&iacute;a y Letras en Madrid; m&aacute;s tarde ser&iacute;a un destacado educador y periodista en Costa Rica. En febrero de 1869 su op&uacute;sculo se vend&iacute;a a dos reales: la controversia fue p&uacute;blica, no una discrepancia privada.
    </p><p class="article-text">
        Ferraz compart&iacute;a la soberan&iacute;a popular, la igualdad jur&iacute;dica y el rechazo del privilegio. Discrepaba acerca de los medios. Si las ideas no existen separadas de quienes las sostienen, varios ciudadanos unidos por unas mismas convicciones forman inevitablemente un partido. Los abusos, intrigas, sobornos y ambiciones proceden de la imperfecci&oacute;n humana y del &laquo;pandillaje&raquo;, no de la asociaci&oacute;n pol&iacute;tica en s&iacute;. Rodr&iacute;guez L&oacute;pez acertaba al combatir las camarillas, pero se equivocaba al confundirlas con toda organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La r&eacute;plica se&ntilde;alaba el vac&iacute;o pr&aacute;ctico de&nbsp;<em>Democracia sin partido</em>. &iquest;C&oacute;mo propagar una doctrina, concurrir a las elecciones, formar mayor&iacute;as, gobernar y exigir responsabilidades sin alguna acci&oacute;n colectiva? Una idea sin defensores organizados permanece inerte. Suprimir los partidos porque pueden corromperse equivaldr&iacute;a a sofocar la libertad para impedir que alguien la utilizara mal. Para Ferraz, la muerte de los partidos ser&iacute;a la muerte de la propia libertad.
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                Portada de &#039;Refutación&#039;. BIBLIOTECA CERVANTES. REAL SOCIEDAD COSMOLÓGICA                            </span>
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        En 1869 se sum&oacute; Miguel Villalba&nbsp;Herv&aacute;s. Nacido en La&nbsp;Orotava&nbsp;en 1837, era abogado, periodista, figura del republicanismo tinerfe&ntilde;o y vicepresidente del Comit&eacute; Republicano de Santa Cruz de Tenerife. Su posterior trayectoria como diputado provincial, gobernador civil y diputado a Cortes confirmar&iacute;a que hablaba desde la pol&iacute;tica organizada. Dedic&oacute;&nbsp;<em>Los partidos pol&iacute;ticos y las sectas religiosas ante la raz&oacute;n y el derecho natural</em>&nbsp;a los comit&eacute;s republicanos de Canarias y lo present&oacute; como complemento de la refutaci&oacute;n de Ferraz. Mientras Rodr&iacute;guez L&oacute;pez ped&iacute;a disolver el partido democr&aacute;tico, Villalba conoc&iacute;a desde dentro la organizaci&oacute;n republicana y consideraba indispensable la acci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Villalba sostuvo que de la diversidad de criterios nacen inevitablemente escuelas filos&oacute;ficas, confesiones y partidos. La asociaci&oacute;n multiplica las fuerzas y traslada las ideas desde la especulaci&oacute;n hasta la tribuna, la prensa y la calle. Como Ferraz, distingui&oacute; entre partido y pandillaje: los abusos deb&iacute;an combatirse moralizando e instruyendo a la sociedad, no deshaciendo la organizaci&oacute;n. Ambos objetaron tambi&eacute;n la restricci&oacute;n religiosa del folleto, pero aquella disputa derivaba de la cuesti&oacute;n principal: si la libertad individual puede realizarse sin una organizaci&oacute;n que la defienda.
    </p><p class="article-text">
        <em>Democracia sin partido</em>&nbsp;no ofrece una arquitectura institucional capaz de sustituir a los partidos. Conf&iacute;a en que una conciencia p&uacute;blica ilustrada produzca candidaturas, mayor&iacute;as y gobiernos, pero no explica c&oacute;mo coordinar voluntades ni exigir responsabilidades. Sus contradictores vieron ese l&iacute;mite. Rodr&iacute;guez L&oacute;pez observ&oacute;, sin embargo, males persistentes: la obediencia que reemplaza al criterio propio, las siglas que se apropian de las ideas, la papeleta decidida de antemano, el peri&oacute;dico convertido en portavoz y el Parlamento sometido a mayor&iacute;as que votan antes de escuchar.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de siglo y medio despu&eacute;s, permanece la pregunta: &iquest;qu&eacute; queda de una idea cuando quienes la representan terminan utiliz&aacute;ndola para alcanzar el poder? Ferraz y Villalba ofrecieron la respuesta que faltaba: sin ciudadanos organizados, la democracia carece de instrumentos; pero cuando la organizaci&oacute;n degenera en pandilla, puede devorar la idea que deb&iacute;a servir. En esa tensi&oacute;n entre la necesidad del partido y la desconfianza hacia &eacute;l reside la originalidad de la controversia iniciada por Antonio Rodr&iacute;guez L&oacute;pez en 1866.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J. J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/democracia-partidos_129_13519865.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2026 09:23:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Democracia sin partidos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alfredo Díaz Moreno, el gran pionero olvidado del baloncesto palmero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/alfredo-diaz-moreno-gran-pionero-olvidado-baloncesto-palmero_129_13506052.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2c74a30-d3b9-4685-aa78-b8f7d3c4d6b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1151071.jpg" width="201" height="113" alt="Alfredo Díaz Moreno, el gran pionero olvidado del baloncesto palmero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Militar, instructor, árbitro, organizador, federativo y cronista, su presencia recorre los momentos decisivos de la etapa fundacional del baloncesto en La Palma. Las referencias reunidas permiten considerarlo no solo uno de sus introductores, sino la figura más completa y determinante de aquellos primeros años</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Alfredo Díaz Moreno.                            </span>
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        Cuando se habla de los or&iacute;genes del baloncesto en La Palma suelen aparecer varios nombres imprescindibles: Carlos Yanes Carrillo, Miguel Bethencourt Arrocha, Severo Rodr&iacute;guez y algunos otros j&oacute;venes que participaron en los primeros encuentros o contribuyeron despu&eacute;s a sostener la competici&oacute;n. Aquella fue, como casi todas las experiencias deportivas fundacionales, una empresa colectiva. Sin embargo, entre sus protagonistas hay uno cuya intervenci&oacute;n resulta dif&iacute;cilmente equiparable, porque estuvo presente en casi todas las facetas necesarias para que una pr&aacute;ctica desconocida terminara convirti&eacute;ndose en un deporte organizado. Ese hombre fue Alfredo D&iacute;az Moreno.
    </p><p class="article-text">
        	No fue &uacute;nicamente uno de los primeros en conocer el baloncesto ni uno de los que ayudaron a introducirlo en la isla. Lo ense&ntilde;&oacute;, facilit&oacute; un lugar donde practicarlo, arbitr&oacute; la mayor parte de los encuentros del primer campeonato, asumi&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s la primera representaci&oacute;n federativa y escribi&oacute; sobre su historia cuando todav&iacute;a viv&iacute;an muchos de sus protagonistas.&nbsp;Por la variedad y continuidad de sus aportaciones, ocupa el lugar principal en la etapa fundacional del baloncesto palmero.
    </p><p class="article-text">
        	La primera experiencia conocida se remonta a 1928 y tuvo como escenario el antiguo convento de San Francisco, entonces ocupado por el Cuartel de Infanter&iacute;a. All&iacute;, en el patio del acuartelamiento, comenzaron a jugar varios j&oacute;venes que cumpl&iacute;an el servicio militar y proced&iacute;an de La Palma, La Gomera, El Hierro y Gran Canaria. No se trataba todav&iacute;a de una competici&oacute;n reglada ni de equipos civiles constituidos, sino de una pr&aacute;ctica informal dentro del &aacute;mbito castrense. Al frente de aquella iniciaci&oacute;n se encontraba Alfredo D&iacute;az Moreno, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 25 de septiembre de 1910. Con apenas dieciocho a&ntilde;os, prepar&oacute; a los soldados y les ense&ntilde;&oacute; las reglas&nbsp;m&aacute;s&nbsp;elementales del nuevo deporte.
    </p><p class="article-text">
        	Ese episodio convierte a La Palma, con la informaci&oacute;n disponible&nbsp;(y sin necesidad de esperar al primer partido&nbsp;cuasioficial&nbsp;de 1933), en el escenario de la experiencia baloncest&iacute;stica m&aacute;s antigua&nbsp;referida&nbsp;en Canarias y coloca a D&iacute;az Moreno en el punto mismo de partida. En septiembre de 1945, cuando no hab&iacute;an transcurrido todav&iacute;a dos d&eacute;cadas desde aquellos hechos, el peri&oacute;dico&nbsp;<em>Aire Libre</em>&nbsp;situaba en 1928 la introducci&oacute;n del baloncesto en la isla y se&ntilde;alaba expresamente a Alfredo D&iacute;az Moreno y Carlos Yanes entre sus iniciadores. Tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde,&nbsp;<em>Arriba Espa&ntilde;a</em>&nbsp;volv&iacute;a a presentar a La Palma como cuna del baloncesto canario y recordaba a ambos como sus primeros propagadores.
    </p><p class="article-text">
        	El testimonio m&aacute;s expresivo es el ofrecido en 1951 por Elirerto Galv&aacute;n, jugador del&nbsp;<em>Canarias de Madrid</em>&nbsp;y uno de los baloncestistas palmeros de mayor relieve de&nbsp;la historia. En una entrevista publicada tambi&eacute;n por&nbsp;<em>Aire Libre</em>, Galv&aacute;n afirmaba que deb&iacute;a rendir tributo a Alfredo D&iacute;az Moreno, quien, con un entusiasmo sin l&iacute;mites, hab&iacute;a sido &laquo;el primero en darnos a conocer este bello deporte&raquo;. Sus palabras muestran la huella personal que dej&oacute; en quienes aprendieron a jugar bajo su orientaci&oacute;n: D&iacute;az Moreno ense&ntilde;&oacute; el juego y despert&oacute; el inter&eacute;s de los j&oacute;venes.
    </p><p class="article-text">
        	La reconstrucci&oacute;n de su trayectoria militar permite precisar su presencia en la isla. Una noticia de julio de 1929 documenta su llegada a Santa Cruz de La Palma procedente de Las Palmas, aunque&nbsp;el&nbsp;<em>basket-ball</em>&nbsp;ya lo hab&iacute;a ubicado en la capital palmera desde un a&ntilde;o antes. En marzo de 1932 aparece como presidente de la Sociedad Colomb&oacute;fila de Santa Cruz de La Palma, convocando una reuni&oacute;n para aprobar el reglamento de la entidad. Antes de que se organizara la primera competici&oacute;n de baloncesto, ya contaba, por tanto, con experiencia en la direcci&oacute;n de una asociaci&oacute;n deportiva.&nbsp;En octubre de 1932 recibi&oacute; la orden de incorporarse al Regimiento de Infanter&iacute;a de Tenerife, despu&eacute;s de haber prestado servicio en el destacamento de La Palma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	El 17 de julio de 1933 la prensa registr&oacute; nuevamente su llegada a la isla a bordo del&nbsp;<em>Ciudad de Melilla</em>, poco m&aacute;s de tres meses antes del primer encuentro civil del que tenemos noticia. Aquel partido se disput&oacute; el 30 de octubre en un huerto de Armando Yanes, en las inmediaciones del antiguo Parador. Sus protagonistas formaban parte de un grupo de j&oacute;venes que se reun&iacute;a en torno a la librer&iacute;a La Favorita y que hab&iacute;a conocido las reglas del baloncesto, entre otras referencias, mediante un reportaje aparecido en el n&uacute;mero 219 de la revista&nbsp;<em>Algo</em>.&nbsp;El terreno inicial resultaba insuficiente y&nbsp;pronto&nbsp;hubo que buscar un espacio m&aacute;s adecuado. La mediaci&oacute;n de D&iacute;az Moreno facilit&oacute; que los j&oacute;venes accedieran al patio del Cuartel de Infanter&iacute;a, el mismo recinto donde se hab&iacute;a practicado el juego en 1928. El baloncesto civil enlazaba as&iacute; con aquella primera experiencia militar y Alfredo actuaba como puente entre ambas etapas.
    </p><p class="article-text">
        	El 14 de enero de 1934 comenz&oacute; el primer campeonato palmero, que se prolong&oacute; hasta el 25 de marzo. Participaron siete equipos:&nbsp;<em>Rayo</em>,&nbsp;<em>Zeus</em>,&nbsp;<em>Terror</em>,&nbsp;<em>H&eacute;rcules</em>,&nbsp;<em>Spartaco</em>,&nbsp;<em>Arsenal</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Palma</em>. Las denominaciones, tan caracter&iacute;sticas de la &eacute;poca, muestran la espontaneidad de una competici&oacute;n creada desde abajo, sin instalaciones espec&iacute;ficas,&nbsp;ni entrenadores en el sentido actual y con embrionarias&nbsp;estructuras federativas. Hab&iacute;a que conocer las reglas, ense&ntilde;ar a aplicarlas, acondicionar el terreno, fijar los partidos y resolver las dificultades de un deporte que casi todos estaban descubriendo.&nbsp;En aquel campeonato la participaci&oacute;n de D&iacute;az Moreno fue esencial. Arbitr&oacute; la mayor parte de los encuentros, mientras Miguel Bethencourt Arrocha se ocup&oacute; de algunos de ellos. En esos primeros momentos, arbitrar tambi&eacute;n significaba ense&ntilde;ar: explicar las infracciones, ordenar el juego y acostumbrar a los participantes a unas normas que todav&iacute;a no dominaban. Fue as&iacute; una figura central en una competici&oacute;n que apenas comenzaba a abrirse camino.
    </p><p class="article-text">
        	Alfredo D&iacute;az&nbsp;permaneci&oacute; destinado en el destacamento de La Palma durante toda aquella primera temporada. En agosto de 1934 fue trasladado al Regimiento de Infanter&iacute;a n&uacute;mero 11, en Las Palmas, y pocos d&iacute;as despu&eacute;s embarc&oacute; con su esposa y su hija rumbo a Tenerife y Gran Canaria.&nbsp;Sin embargo,&nbsp;cuando menos&nbsp;en abril de 1935 volvi&oacute; a visitar La Palma.&nbsp;Durante la Guerra Civil sirvi&oacute; como sargento del Segundo Batall&oacute;n Expedicionario de Tenerife en el frente de Morata de Taju&ntilde;a. Una cr&oacute;nica de operaciones publicada por&nbsp;<em>La Prensa</em>&nbsp;en abril de 1937 destac&oacute; su serenidad en el cumplimiento de una misi&oacute;n dif&iacute;cil. En junio regres&oacute; brevemente a La Palma y el 4 de marzo de 1938 se documenta otra llegada a Santa Cruz de La Palma. Para entonces ya hab&iacute;a ascendido a alf&eacute;rez.
    </p><p class="article-text">
        	A finales de 1943 se encontraba nuevamente en la isla y fue nombrado primer delegado en La Palma de la reci&eacute;n creada Federaci&oacute;n Tinerfe&ntilde;a de Baloncesto, acompa&ntilde;ado por Pedro Mart&iacute;nez Rossi como secretario. En 1944 era ya teniente y ayudante del gobernador militar de la plaza de Santa Cruz de La Palma.&nbsp;La Delegaci&oacute;n reorganiz&oacute; la competici&oacute;n, moviliz&oacute; a los clubes, estableci&oacute; calendarios y design&oacute; &aacute;rbitros.&nbsp;El baloncesto volv&iacute;a a ponerse en marcha.&nbsp;Bajo la direcci&oacute;n de D&iacute;az Moreno se celebr&oacute; el campeonato de la temporada 1943-1944, en el que participaron&nbsp;<em>Tenisca</em>,&nbsp;<em>Mensajero</em>,&nbsp;<em>Espa&ntilde;ol</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Palma</em>, con victoria final del primero. Tambi&eacute;n se impulsaron encuentros femeninos, partidos con participaci&oacute;n militar y una Copa de Verano, al tiempo que aparec&iacute;an nuevos equipos. La competici&oacute;n oficial&nbsp;no recuperar&iacute;a esa estabilidad hasta la temporada 1951-1952.
    </p><p class="article-text">
        	D&iacute;az Moreno ejerci&oacute; como delegado entre 1943 y 1945. Lo suceder&iacute;a Miguel Bethencourt Arrocha, otra de las grandes figuras de los primeros tiempos. Bethencourt fue decisivo en el arbitraje, la reorganizaci&oacute;n y la continuidad posterior, mientras Carlos Yanes estuvo entre quienes protagonizaron la introducci&oacute;n inicial. Alfredo&nbsp;D&iacute;az, sin embargo, re&uacute;ne en una sola trayectoria casi todas las funciones: iniciador en 1928, mediador en 1933, &aacute;rbitro principal en 1934, primer delegado federativo en 1943, formador de jugadores y promotor de nuevas competiciones.
    </p><p class="article-text">
        	Es m&aacute;s, su actividad directiva no se limit&oacute; al baloncesto. En febrero de 1945 firm&oacute; como subdelegado insular de la Federaci&oacute;n Tinerfe&ntilde;a de F&uacute;tbol el calendario insular de Liga de la temporada 1944-1945, y en diciembre de 1946 aparece como secretario del Real Nuevo Club. Estas responsabilidades se sumaban a la presidencia de la Sociedad Colomb&oacute;fila de Santa Cruz de La Palma que hab&iacute;a ejercido en 1932 y completan su presencia en distintos &aacute;mbitos asociativos y deportivos.
    </p><p class="article-text">
        	Pero a&nbsp;todo ello a&ntilde;adi&oacute; una faceta que hoy posee un valor extraordinario: la de cronista. Durante 1944 public&oacute; numerosas informaciones deportivas bajo el seud&oacute;nimo de&nbsp;<em>Aldimo</em>, formado con las primeras s&iacute;labas de su nombre y apellidos.&nbsp;Y el 7 de febrero de 1947 firm&oacute; en&nbsp;<em>Diario de Avisos</em>&nbsp;el art&iacute;culo &laquo;<em>Algo</em>&nbsp;sobre la historia del baloncesto palmero&raquo;, uno de los primeros intentos de reconstruir los or&iacute;genes de este deporte en la isla. Su relato coincide en sus aspectos esenciales con los recuerdos de Gabriel G&oacute;mez Forns y Carlos Yanes y con las referencias publicadas en 1945, 1948 y 1951.&nbsp;Alfredo D&iacute;az Moreno fue, por tanto, protagonista y memorialista. Primero particip&oacute; en la historia y luego trat&oacute; de evitar que se perdiera. Esta doble condici&oacute;n explica que buena parte de lo que sabemos sobre los comienzos del baloncesto palmero haya llegado hasta nosotros, aunque su propio nombre no haya recibido un reconocimiento proporcionado. Su trayectoria solo adquiere toda su dimensi&oacute;n cuando se contemplan juntas sus distintas etapas.
    </p><p class="article-text">
        	Por lo dem&aacute;s, su carrera militar continu&oacute; despu&eacute;s de abandonar la primera l&iacute;nea de la organizaci&oacute;n baloncest&iacute;stica. Consta como sargento en 1932 y 1937; alf&eacute;rez en 1938, teniente y ayudante del gobernador militar de La Palma en 1944 y capit&aacute;n de Infanter&iacute;a en 1948. Posteriormente alcanz&oacute; el&nbsp;grado&nbsp;de comandante. Desde julio de 1959 ocup&oacute; un destino civil en el Servicio Especial de Vigilancia Fiscal del Ministerio de Hacienda, en Santa Cruz de Tenerife, en el que permaneci&oacute; hasta causar baja por edad reglamentaria el 25 de septiembre de 1980. Casado con Mar&iacute;a Concepci&oacute;n Garc&iacute;a y Garc&iacute;a, falleci&oacute; el 19 de mayo de 1982 en el Hospital General y Cl&iacute;nico de San Crist&oacute;bal de La Laguna.&nbsp;No obstante, sus restos fueron trasladados a Santa Cruz de La Palma, donde se celebr&oacute; la misa de corpore insepulto en la iglesia de El Salvador.
    </p><p class="article-text">
        	Por lo tanto, cabe considerarlo el principal constructor del baloncesto palmero durante su fase fundacional, sin atribuirle en exclusiva una obra que fue colectiva. Cuando fue preciso ense&ntilde;ar el juego, estuvo all&iacute;; cuando los j&oacute;venes necesitaron una cancha, facilit&oacute; el acceso al cuartel; cuando hubo que arbitrar el primer campeonato, dirigi&oacute; la mayor&iacute;a de sus partidos; cuando se cre&oacute; una estructura federativa, fue su primer delegado en La Palma; y cuando aquellos comienzos corr&iacute;an el riesgo de ser olvidados, escribi&oacute; su historia.
    </p><p class="article-text">
        	La Palma ha reivindicado con raz&oacute;n su condici&oacute;n de cuna del baloncesto canario. Esa consideraci&oacute;n exige recuperar a quienes lo hicieron posible. Entre ellos, Alfredo D&iacute;az Moreno ocupa un lugar excepcional y su nombre merecer&iacute;a quedar unido a una cancha o una competici&oacute;n. No ser&iacute;a una concesi&oacute;n generosa, sino la reparaci&oacute;n de un olvido: pocos hicieron tanto como &eacute;l para que en La Palma comenzara a botar un bal&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J.J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/alfredo-diaz-moreno-gran-pionero-olvidado-baloncesto-palmero_129_13506052.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Sep 2026 08:23:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alfredo Díaz Moreno, el gran pionero olvidado del baloncesto palmero]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los cabildos en la II República: entre la Constitución  y las gestoras a dedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cabildos-ii-republica-constitucion-gestoras-dedo_129_13496231.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bfcf9f4-c13a-41ed-9cce-81bc352fe89c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150742.jpg" width="682" height="384" alt="Los cabildos en la II República: entre la Constitución  y las gestoras a dedo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - La República no creó los cabildos y tampoco consiguió normalizar democráticamente su gobierno. Pero hizo algo que ya no tendría vuelta atrás: llevó por primera vez a la Constitución una institución que representaba a la isla y dejó definitivamente asentada la idea de que cualquier proyecto político para Canarias tendría que contar con ambas, la isla y su cabildo</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Sede del Cabildo Insular de La Palma entre 1939 y 1968.                            </span>
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        Cuando se proclam&oacute; la II Rep&uacute;blica, en abril de 1931, los cabildos insulares llevaban casi dos d&eacute;cadas formando parte del paisaje pol&iacute;tico y administrativo de Canarias. Hab&iacute;an nacido con la Ley de 11 de julio de 1912 despu&eacute;s de una larga batalla en torno a la organizaci&oacute;n del Archipi&eacute;lago y, aunque sus primeros a&ntilde;os no estuvieron exentos de dificultades, a comienzos de los treinta nadie pod&iacute;a considerarlos ya una experiencia provisional. El Estatuto Provincial de 1925 hab&iacute;a reforzado notablemente su posici&oacute;n, al trasladar al &aacute;mbito insular buena parte de las funciones que en el resto del pa&iacute;s correspond&iacute;an a las diputaciones provinciales, y ni siquiera la divisi&oacute;n de Canarias en dos provincias, consumada en 1927, puso en cuesti&oacute;n su continuidad. Las nuevas provincias de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas convivieron desde entonces con los siete cabildos, encargados de los intereses propios de cada isla, y con las respectivas mancomunidades interinsulares para los asuntos comunes. De una u otra forma, la isla hab&iacute;a terminado conquistando un espacio propio dentro de la organizaci&oacute;n territorial espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        La Rep&uacute;blica hered&oacute;, por tanto, unas instituciones ya asentadas y con una evidente capacidad de supervivencia. Monarqu&iacute;a y Dictadura hab&iacute;an pasado mientras los cabildos permanec&iacute;an. Sin embargo, el periodo que se abr&iacute;a en 1931 iba a ofrecer una de las mayores paradojas de toda su historia. Fue precisamente la Rep&uacute;blica la que los llev&oacute; por primera vez a una Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola, reconociendo expresamente a cada isla como una realidad org&aacute;nica dotada de su propio cabildo insular, pero fue tambi&eacute;n durante la Rep&uacute;blica cuando esas corporaciones permanecieron gobernadas por comisiones gestoras que no hab&iacute;an surgido de la elecci&oacute;n directa de los ciudadanos. La instituci&oacute;n alcanz&oacute; entonces su mayor consagraci&oacute;n jur&iacute;dica y, al mismo tiempo, vivi&oacute; bajo un sistema representativo manifiestamente provisional que termin&oacute; por durar tanto como el propio r&eacute;gimen.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n se adopt&oacute; apenas una semana despu&eacute;s de proclamarse la Rep&uacute;blica. El Decreto de 21 de abril de 1931 sustituy&oacute; las corporaciones existentes por comisiones gestoras y estableci&oacute; para Canarias una composici&oacute;n diferente seg&uacute;n la poblaci&oacute;n y entidad de cada isla: nueve miembros en Tenerife y Gran Canaria, cinco en La Palma y tres en La Gomera, El Hierro, Lanzarote y Fuerteventura. La aplicaci&oacute;n del decreto fue pr&aacute;cticamente inmediata. En el caso de La Palma fueron nombrados Manuel Casta&ntilde;eda P&eacute;rez, Domingo Pestana Lorenzo, Eugenio Abreu Creagh, Juan Mart&iacute;n P&eacute;rez y Dionisio Duque Fern&aacute;ndez. 
    </p><p class="article-text">
        Nada ten&iacute;a de extra&ntilde;o, en aquellos primeros d&iacute;as, que el Gobierno provisional quisiera sustituir unas corporaciones procedentes de la etapa anterior mientras se organizaba el nuevo r&eacute;gimen. Lo que s&iacute; terminar&iacute;a resultando mucho m&aacute;s significativo fue que aquella f&oacute;rmula, concebida para resolver una situaci&oacute;n transitoria, se prolongase durante a&ntilde;os. Las gestoras fueron renov&aacute;ndose (a veces con retraso) en funci&oacute;n de las distintas coyunturas pol&iacute;ticas y de las decisiones de los gobernadores civiles, sin que llegaran a celebrarse durante la Rep&uacute;blica las elecciones que habr&iacute;an permitido normalizar democr&aacute;ticamente la representaci&oacute;n insular. Algo parecido ocurri&oacute; con las mancomunidades. En mayo de 1931, y en aplicaci&oacute;n expresa del propio Decreto de 21 de abril, se constituy&oacute; la comisi&oacute;n sustitutiva de la Mancomunidad Interinsular de Santa Cruz de Tenerife. La Palma qued&oacute; representada por Dionisio Duque Fern&aacute;ndez, miembro de la gestora del Cabildo palmero. No deja de ser significativo que uno de los primeros protagonistas de aquel sistema provisional participara tambi&eacute;n en las discusiones sobre la futura organizaci&oacute;n pol&iacute;tico-administrativa de Canarias.
    </p><p class="article-text">
        Mientras se desarrollaba esta vida institucional a base de nombramientos gubernativos, en Madrid se discut&iacute;a algo mucho m&aacute;s trascendente: el lugar que deb&iacute;an ocupar las islas dentro de la nueva Constituci&oacute;n. El proyecto inicial elaborado por la comisi&oacute;n presidida por Luis Jim&eacute;nez de As&uacute;a no garantizaba propiamente la continuidad de los cabildos. Ni siquiera utilizaba esa denominaci&oacute;n. Preve&iacute;a que cada isla pudiera constituir una categor&iacute;a org&aacute;nica especial dotada de un cuerpo gestor, partiendo todav&iacute;a de una concepci&oacute;n de la isla muy ligada a la mancomunidad de sus municipios. Para unas corporaciones que llevaban ya cerca de veinte a&ntilde;os funcionando, la f&oacute;rmula resultaba insuficiente. El cabildo hab&iacute;a dejado de ser una simple posibilidad organizativa y se hab&iacute;a convertido en la representaci&oacute;n institucional de una realidad insular que reclamaba algo m&aacute;s que una menci&oacute;n eventual.
    </p><p class="article-text">
        Fue en ese contexto cuando adquiri&oacute; especial relieve la intervenci&oacute;n del diputado palmero Alonso P&eacute;rez D&iacute;az. En septiembre de 1931 defendi&oacute; en las Cortes el particular desarrollo alcanzado por los cabildos canarios y sostuvo que no pod&iacute;an equipararse sin m&aacute;s a las diputaciones provinciales. Su prop&oacute;sito no era &uacute;nicamente asegurar su continuidad dentro del nuevo texto constitucional. Pretend&iacute;a tambi&eacute;n recuperar para ellos un sistema de elecci&oacute;n directa. La cr&oacute;nica parlamentaria recogi&oacute; que P&eacute;rez D&iacute;az reclam&oacute; que los cabildos fueran elegidos por sufragio universal y, al rectificar durante el debate, insisti&oacute; expresamente en el sufragio directo. La Comisi&oacute;n termin&oacute; aceptando que la cuesti&oacute;n quedara recogida en el art&iacute;culo 10 y el diputado palmero retir&oacute; su enmienda. 
    </p><p class="article-text">
        La posici&oacute;n de Alonso P&eacute;rez D&iacute;az enlazaba directamente con una tradici&oacute;n insularista que ven&iacute;a de atr&aacute;s y que hab&iacute;a tenido en su hermano Pedro P&eacute;rez D&iacute;az uno de sus principales formuladores. El cabildo no deb&iacute;a ser una simple reuni&oacute;n o emanaci&oacute;n de los ayuntamientos, sino la corporaci&oacute;n representativa de la isla y, por tanto, de sus habitantes. De ah&iacute; su insistencia en el sufragio directo. Detr&aacute;s de una discusi&oacute;n aparentemente t&eacute;cnica sobre el procedimiento electoral lat&iacute;a en realidad una determinada manera de entender Canarias: las islas constitu&iacute;an personalidades suficientemente definidas para administrar sus propios intereses y no pod&iacute;an quedar diluidas ni en la provincia ni en una hipot&eacute;tica estructura regional construida de espaldas a ellas.
    </p><p class="article-text">
        La redacci&oacute;n definitiva del art&iacute;culo 10 de la Constituci&oacute;n de 1931 termin&oacute; reconociendo expresamente que cada isla canaria formar&iacute;a una categor&iacute;a org&aacute;nica provista de un cabildo insular como cuerpo gestor de sus intereses peculiares. Era un salto de enorme importancia. Por primera vez la instituci&oacute;n creada en 1912 entraba en una Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola y, con ella, la propia isla adquir&iacute;a una presencia constitucional diferenciada. Pero precisamente ah&iacute; comenz&oacute; a resultar m&aacute;s visible la contradicci&oacute;n: mientras el texto constitucional reconoc&iacute;a y fortalec&iacute;a jur&iacute;dicamente a los cabildos, la elecci&oacute;n directa defendida en aquellas mismas Cortes no llegar&iacute;a a convertirse en realidad durante la Rep&uacute;blica. La Constituci&oacute;n los consagr&oacute;; la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica continu&oacute; confi&aacute;ndolos a las gestoras.
    </p><p class="article-text">
        La Constituci&oacute;n de 1931 abri&oacute; adem&aacute;s una cuesti&oacute;n que iba mucho m&aacute;s all&aacute; de la organizaci&oacute;n interna de los cabildos. El nuevo Estado admit&iacute;a la posibilidad de constituir regiones aut&oacute;nomas y Canarias comenz&oacute; muy pronto a preguntarse qu&eacute; lugar pod&iacute;a ocupar en aquel modelo. No era un debate f&aacute;cil. El Archipi&eacute;lago acababa de atravesar d&eacute;cadas de enfrentamiento pol&iacute;tico en torno al llamado pleito insular y la divisi&oacute;n provincial apenas ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os de vigencia. Las desconfianzas entre las islas segu&iacute;an muy presentes y cualquier proyecto de organizaci&oacute;n regional ten&iacute;a que enfrentarse a una cuesti&oacute;n fundamental: c&oacute;mo construir una estructura pol&iacute;tica com&uacute;n para Canarias sin vaciar de contenido a unas instituciones insulares que hab&iacute;an adquirido ya una personalidad propia.
    </p><p class="article-text">
        Los proyectos elaborados durante aquellos a&ntilde;os muestran que la respuesta pod&iacute;a encontrarse precisamente en los cabildos. Ram&oacute;n Gil-Rold&aacute;n plante&oacute; desde 1931 unas bases para la estructuraci&oacute;n regional del Archipi&eacute;lago que manten&iacute;an sustancialmente el sistema insular establecido en 1912. La regi&oacute;n pod&iacute;a constituirse sin necesidad de desmontar la arquitectura institucional de las islas. M&aacute;s ambicioso ser&iacute;a el proyecto elaborado en 1936 por el diputado socialista Jos&eacute; Antonio Junco Toral, a iniciativa del Colegio de Agentes Comerciales de Las Palmas, que llegaba a concebir a los cabildos como aut&eacute;nticos gobiernos insulares y les atribu&iacute;a, dentro de sus respectivos territorios, la potestad ejecutiva de la regi&oacute;n. La f&oacute;rmula ten&iacute;a un notable inter&eacute;s: una organizaci&oacute;n com&uacute;n para Canarias no ten&iacute;a necesariamente que imponerse sobre las islas, sino que pod&iacute;a construirse a partir de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Ese planteamiento anticipaba, de alguna manera, un problema que permanecer&iacute;a vivo durante d&eacute;cadas. La tensi&oacute;n entre regi&oacute;n e isla no ten&iacute;a por qu&eacute; resolverse a favor de una de las dos. Los cabildos pod&iacute;an constituir la base de una organizaci&oacute;n regional en la que cada isla conservara un amplio espacio de gobierno propio. Incluso las iniciativas legislativas de aquellos a&ntilde;os muestran hasta qu&eacute; punto la instituci&oacute;n insular estaba ya consolidada. En 1934 pod&iacute;a discutirse la conveniencia de mantener las mancomunidades provinciales, pero la existencia de los cabildos apenas se cuestionaba. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de su creaci&oacute;n, hab&iacute;an pasado de ser una soluci&oacute;n discutida a convertirse en uno de los elementos m&aacute;s estables de la organizaci&oacute;n canaria.
    </p><p class="article-text">
        Los proyectos auton&oacute;micos republicanos, sin embargo, no llegaron a culminar. Las diferencias territoriales, la inestabilidad pol&iacute;tica y, finalmente, la sublevaci&oacute;n militar de julio de 1936 impidieron que Canarias se dotara entonces de un estatuto de autonom&iacute;a. Pero aquellas propuestas tuvieron al menos el valor de poner de manifiesto que los cabildos hab&iacute;an dejado de ser &uacute;nicamente unas administraciones dedicadas a carreteras, beneficencia, agricultura, obras p&uacute;blicas o servicios insulares. Eran ya instituciones pol&iacute;ticas desde las que pod&iacute;a pensarse la organizaci&oacute;n futura del Archipi&eacute;lago. En apenas dos d&eacute;cadas hab&iacute;an adquirido una centralidad que ni la Dictadura, ni la divisi&oacute;n provincial, ni los proyectos regionales parec&iacute;an capaces de borrar.
    </p><p class="article-text">
        La mejor prueba de hasta qu&eacute; punto se prolong&oacute; la anormalidad representativa de aquellos a&ntilde;os aparece casi al final del periodo. El 29 de febrero de 1936, despu&eacute;s de las elecciones generales que hab&iacute;an dado el triunfo al Frente Popular, <em>Gaceta de Tenerife</em> dedicaba un extenso comentario a los nuevos &laquo;nombramientos gubernativos para las comisiones gestoras de todos los cabildos insulares&raquo;. El peri&oacute;dico cat&oacute;lico, situado claramente en posiciones contrarias a las izquierdas, denunciaba que las mismas fuerzas que hab&iacute;an protestado contra anteriores renovaciones de las gestoras aceptaran ahora que el nuevo gobernador civil utilizara id&eacute;ntico procedimiento. La valoraci&oacute;n pol&iacute;tica de aquella cr&oacute;nica debe leerse, naturalmente, desde la l&iacute;nea ideol&oacute;gica del diario, pero el hecho que describe resulta dif&iacute;cilmente discutible: en febrero de 1936, casi cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de creada la f&oacute;rmula provisional, los cabildos segu&iacute;an siendo gobernados mediante designaciones gubernativas.
    </p><p class="article-text">
        El propio peri&oacute;dico relataba c&oacute;mo la nueva situaci&oacute;n pol&iacute;tica hab&iacute;a llevado al nombramiento de representantes de Izquierda Republicana, Uni&oacute;n Republicana, socialistas y comunistas para aquellas corporaciones, del mismo modo que en etapas anteriores otros gobernadores hab&iacute;an utilizado la misma facultad para desplazar a quienes las ocupaban. M&aacute;s all&aacute; de las acusaciones partidistas, lo verdaderamente significativo era el mecanismo: las gestoras cambiaban al comp&aacute;s de los gobiernos. La direcci&oacute;n pol&iacute;tica de unas instituciones llamadas constitucionalmente a representar los intereses peculiares de cada isla depend&iacute;a, sin embargo, de decisiones gubernativas adoptadas desde fuera de ellas.
    </p><p class="article-text">
        En ese mismo editorial aparec&iacute;a una reflexi&oacute;n que resume con bastante precisi&oacute;n el problema. El editorialista lamentaba el frecuente trasiego de representantes provocado por los cambios pol&iacute;ticos y reclamaba que se acudiera finalmente al &laquo;cuerpo electoral&raquo; para constituir aquellos organismos conforme a la voluntad y a las necesidades de la isla. Resulta dif&iacute;cil encontrar una imagen m&aacute;s expresiva de la contradicci&oacute;n que acompa&ntilde;&oacute; a los cabildos durante toda la Rep&uacute;blica. La instituci&oacute;n hab&iacute;a alcanzado en 1931 una protecci&oacute;n jur&iacute;dica desconocida hasta entonces, hab&iacute;a sido elevada al rango constitucional y aparec&iacute;a incluso como una de las posibles piezas b&aacute;sicas de una futura autonom&iacute;a canaria. Sus dirigentes, sin embargo, segu&iacute;an siendo sustituidos mediante nombramientos gubernativos.
    </p><p class="article-text">
        La II Rep&uacute;blica ocupa por ello un lugar singular en la historia de los cabildos. No fue una etapa fundacional como la de 1912 ni una fase de expansi&oacute;n competencial comparable a la de 1925. Su importancia reside en otra parte. Fue el momento en que la instituci&oacute;n insular qued&oacute; definitivamente incorporada al entramado constitucional espa&ntilde;ol y en que se reforz&oacute; la idea de que cualquier futura organizaci&oacute;n pol&iacute;tica de Canarias tendr&iacute;a que contar necesariamente con ella. Pero ese reconocimiento convivi&oacute; con una anomal&iacute;a que el propio r&eacute;gimen no consigui&oacute; resolver: los consejeros no llegaron a ser elegidos mediante el sufragio universal y directo defendido en las Cortes y las comisiones gestoras, nacidas como soluci&oacute;n provisional en abril de 1931, acompa&ntilde;aron a los cabildos durante toda la experiencia republicana.
    </p><p class="article-text">
        La sublevaci&oacute;n militar de julio de 1936 abri&oacute; un escenario radicalmente distinto. Cambiar&iacute;an otra vez quienes ocupaban las corporaciones y desaparecer&iacute;a el r&eacute;gimen constitucional que por primera vez hab&iacute;a reconocido expresamente a los cabildos, pero estos sobrevivir&iacute;an tambi&eacute;n a aquella ruptura. En apenas un cuarto de siglo hab&iacute;an atravesado la Restauraci&oacute;n, la Dictadura de Primo de Rivera y la II Rep&uacute;blica, y continuar&iacute;an existiendo bajo el nuevo r&eacute;gimen surgido de la Guerra Civil. Esa capacidad de permanencia dice probablemente m&aacute;s sobre su arraigo que cualquier formulaci&oacute;n jur&iacute;dica.
    </p><p class="article-text">
        La Rep&uacute;blica no cre&oacute; los cabildos y tampoco consigui&oacute; normalizar democr&aacute;ticamente su gobierno. Pero hizo algo que ya no tendr&iacute;a vuelta atr&aacute;s: llev&oacute; por primera vez a la Constituci&oacute;n una instituci&oacute;n que representaba a la isla y dej&oacute;<strong> </strong>definitivamente asentada la idea de que cualquier proyecto pol&iacute;tico para Canarias tendr&iacute;a que contar con ambas, la isla y su cabildo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cabildos-ii-republica-constitucion-gestoras-dedo_129_13496231.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2026 19:46:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los cabildos en la II República: entre la Constitución  y las gestoras a dedo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María de las Casas Pérez, una adelantada a su tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/maria-casas-perez-adelantada-tiempo_129_13484069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1e109f9-c0e3-4ced-8b64-85f56d285ba1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150387.jpg" width="738" height="415" alt="María de las Casas Pérez, una adelantada a su tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Fue la primera palmera que obtuvo el título de bachiller y todo apunta a que también fue la primera periodista de la isla. Alcanzó con solo quince años el título de maestra superior, ingresó en Telégrafos, dirigió un colegio, escribió en periódicos canarios y nacionales y habló desde tribunas públicas cuando la voz de las mujeres apenas encontraba espacio fuera del hogar</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                María de las Casas Pérez (foto cedida por su nieta Rosario Valcárcel).                            </span>
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        Cuando su nombre apareci&oacute; por primera vez en un peri&oacute;dico, Mar&iacute;a de las Casas P&eacute;rez ten&iacute;a solo ocho a&ntilde;os. En julio de 1900, Adolfo Cabrera-Pinto, despu&eacute;s de visitar Santa Cruz de La Palma, la situ&oacute; en primer t&eacute;rmino entre el alumnado del colegio de segunda ense&ntilde;anza y destac&oacute; su &laquo;singular talento&raquo;. El art&iacute;culo se public&oacute; inicialmente en <em>Uni&oacute;n Conservadora</em> y fue reproducido poco despu&eacute;s por <em>La Opini&oacute;n</em> y <em>La Regi&oacute;n Canaria</em>. Todav&iacute;a no era la escritora, maestra, periodista y conferenciante que llegar&iacute;a a ser, sino Marieta, como la llamaban entonces, una ni&ntilde;a criada en un hogar en el que la literatura y la prensa formaban parte de la vida diaria.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a nacido en Santa Cruz de La Palma el 31 de diciembre de 1891. Su padre, Pedro J. de las Casas Pestana, fue un acreditado periodista, investigador y maestro de larga trayectoria, mientras que su madre, Rita P&eacute;rez y Gonz&aacute;lez, ejerci&oacute; tambi&eacute;n el magisterio. Mar&iacute;a creci&oacute;, por tanto, en un hogar en el que la ense&ntilde;anza, la literatura y la prensa formaban parte de la vida cotidiana. Su hermano Jos&eacute; de las Casas P&eacute;rez desarrollar&iacute;a una extensa carrera period&iacute;stica fuera de la isla, pero Mar&iacute;a recogi&oacute; de manera especialmente completa aquella herencia familiar: fue maestra, escritora y periodista, actividades que compagin&oacute; con su trabajo en Tel&eacute;grafos y con una permanente preocupaci&oacute;n por los problemas de los lugares en los que residi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Su primera actuaci&oacute;n p&uacute;blica tuvo lugar en diciembre de 1900, durante una funci&oacute;n ben&eacute;fica organizada en favor de la Cruz Roja. Marieta ley&oacute; una composici&oacute;n escrita por su padre y dedicada a aquella instituci&oacute;n. <em>Heraldo de La Palma</em> destac&oacute; su &laquo;gusto y entonaci&oacute;n&raquo;, mientras <em>El Ej&eacute;rcito Espa&ntilde;ol</em> llev&oacute; la noticia fuera de la isla. Pocos meses despu&eacute;s, la Asamblea Suprema de la Cruz Roja le concedi&oacute; una medalla de plata. La ni&ntilde;a comenzaba as&iacute; a darse a conocer en un ambiente familiar y cultural en el que la palabra escrita y el compromiso social caminaban juntos.
    </p><p class="article-text">
        Su formaci&oacute;n fue excepcional para una mujer de aquellos a&ntilde;os. En 1904 se convirti&oacute; en la primera palmera que obtuvo el t&iacute;tulo de bachiller, despu&eacute;s de estudiar en el colegio Santa Catalina con excelentes calificaciones. Tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, cuando apenas contaba quince, era ya maestra superior. Sus primeras lecturas p&uacute;blicas hab&iacute;an sido de trabajos paternos, pero pronto comenz&oacute; a escribir sus propios textos. En 1909 public&oacute; en el n&uacute;mero &uacute;nico <em>Prensa Palmera</em> y en 1910 particip&oacute;, junto con su hermano Jos&eacute;, en una velada dedicada a Emiliano Duque Villegas. Tambi&eacute;n hizo teatro aficionado y obtuvo varios premios literarios.
    </p><p class="article-text">
        La escritura hab&iacute;a entrado, en realidad, mucho antes en su vida. En una entrevista concedida en 1927 record&oacute; que de ni&ntilde;a compon&iacute;a cuentos que su padre le pagaba a cinco c&eacute;ntimos y que, cuando estaba a punto de concluir los estudios de Magisterio, comenz&oacute; a colaborar an&oacute;nimamente en los peri&oacute;dicos que este dirig&iacute;a. &laquo;Colaboraba sin colaborar&raquo;, resumi&oacute; con una frase que explica por qu&eacute; una parte de su obra resulta hoy tan dif&iacute;cil de reconocer. Su padre alentaba sus lecturas y aptitudes literarias, pero no le permit&iacute;a firmar porque las mujeres apenas ten&iacute;an cabida en las redacciones.
    </p><p class="article-text">
        Aquellas colaboraciones an&oacute;nimas debieron de comenzar durante los primeros a&ntilde;os del siglo XX. A ellas se sumaron posteriormente los art&iacute;culos que public&oacute; con su nombre y los que dio a conocer bajo seud&oacute;nimo. Todo indica, por tanto, que Mar&iacute;a de las Casas P&eacute;rez fue la primera periodista de La Palma. No se trat&oacute; de una colaboraci&oacute;n ocasional, sino de una actividad continuada durante buena parte de su vida, primero desde el anonimato impuesto por las costumbres de la &eacute;poca y despu&eacute;s con una firma reconocida en numerosos peri&oacute;dicos canarios.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, inici&oacute; una carrera profesional poco frecuente entre las mujeres de su generaci&oacute;n. En 1909 ingres&oacute; en el Cuerpo de Tel&eacute;grafos y en noviembre de 1911 fue nombrada, por su condici&oacute;n de maestra superior, auxiliar de la Escuela de ni&ntilde;as del distrito norte de Santa Cruz de La Palma. En los a&ntilde;os siguientes pas&oacute; por diferentes destinos telegr&aacute;ficos, entre ellos Fregenal de la Sierra, M&eacute;rida, Santa Cruz de La Palma y Los Llanos de Aridane. En esta &uacute;ltima estaci&oacute;n fue ascendida en 1918, con la correspondiente mejora de sueldo. Cuatro a&ntilde;os antes hab&iacute;a contra&iacute;do matrimonio con Jos&eacute; Julio Valc&aacute;rcel Ram&iacute;rez.
    </p><p class="article-text">
        Al menos desde 1921 resid&iacute;a en Granadilla de Abona, donde se encontraba al frente de la estaci&oacute;n telegr&aacute;fica. El traslado no la apart&oacute; de la ense&ntilde;anza ni de la literatura. Por el contrario, en aquella localidad desarroll&oacute; la etapa m&aacute;s activa de su vida p&uacute;blica. En 1926 fund&oacute; y dirigi&oacute; el colegio Nuestra Se&ntilde;ora de las Mercedes, dedicado a preparar al alumnado de bachillerato y magisterio, adem&aacute;s de impartir otras ense&ntilde;anzas. Los buenos resultados acad&eacute;micos alcanzados por sus estudiantes dieron prestigio al centro y confirmaron la capacidad docente de una mujer que hab&iacute;a obtenido el t&iacute;tulo de maestra superior cuando apenas hab&iacute;a dejado atr&aacute;s la ni&ntilde;ez.
    </p><p class="article-text">
        Su presencia en Granadilla no se redujo a las aulas y a la estaci&oacute;n. En 1923, durante un homenaje celebrado en El M&eacute;dano, la prensa destac&oacute; que la &laquo;ilustrada telegrafista&raquo; hab&iacute;a rivalizado con los dem&aacute;s oradores por su elocuencia y erudici&oacute;n. Mar&iacute;a imparti&oacute; conferencias, intervino en actos culturales y particip&oacute; en representaciones teatrales. Entre 1929 y 1930 presidi&oacute; la Junta Local de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica de la Mujer, desde la que promovi&oacute; escuelas gratuitas para adultas, y continu&oacute; despu&eacute;s como propagandista de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica. Su religiosidad fue manifiesta, pero siempre estuvo acompa&ntilde;ada por una preocupaci&oacute;n muy concreta por la educaci&oacute;n, la pobreza, la sanidad y las condiciones de vida de los pueblos del sur de Tenerife.
    </p><p class="article-text">
        Durante aquellas d&eacute;cadas colabor&oacute; en cabeceras como <em>Diario de Tenerife</em>, <em>Gaceta de Tenerife</em>, <em>La Prensa</em> y <em>Diario de Avisos</em>. En 1936, <em>Acci&oacute;n Social</em> reprodujo, tom&aacute;ndolo de <em>La Prensa</em>, su art&iacute;culo &laquo;Impresiones del momento&raquo;. Mar&iacute;a escribi&oacute; art&iacute;culos, cuentos y textos de orientaci&oacute;n cat&oacute;lica, y tambi&eacute;n public&oacute;, muchas veces bajo seud&oacute;nimo, en revistas nacionales como <em>Cr&oacute;nica</em> y <em>Mundo Gr&aacute;fico</em>. La entrevista de 1927 la presentaba ya como una periodista conocida, una mujer culta y una defensora de las mujeres, aunque su figura todav&iacute;a era descrita mediante los t&oacute;picos propios de la &eacute;poca. Se elogiaba su inteligencia y su preparaci&oacute;n, pero al mismo tiempo se procuraba encajarla en el modelo dom&eacute;stico y maternal de la &laquo;mujer ideal&raquo;. Mar&iacute;a supo moverse dentro de aquellos estrechos l&iacute;mites sin renunciar al aula, la tribuna, el teatro y las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de 1930 obtuvo el primer premio del Certamen Literario Femenino celebrado en el Teatro Leal de La Laguna a beneficio de la Cantina Escolar y el Ropero Infantil. El tema propuesto era &laquo;La caridad y la educaci&oacute;n&raquo; y Mar&iacute;a present&oacute; su trabajo bajo el lema &laquo;Amor, divino amor&raquo;. Aquel mismo a&ntilde;o volvi&oacute; literariamente a La Palma. Durante la Fiesta de los Abor&iacute;genes, celebrada en el Circo de Marte con motivo de las fiestas lustrales, se ley&oacute; un discurso suyo titulado &laquo;El cant&oacute;n de Hiscagu&aacute;n&raquo;, que <em>Diario de Avisos</em> public&oacute; en dos entregas los d&iacute;as 4 y 8 de agosto. El peri&oacute;dico la present&oacute; como &laquo;prosista consumada, honra y prez de esta tierra&raquo; y destac&oacute; los aplausos recibidos por su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        En &laquo;El cant&oacute;n de Hiscagu&aacute;n&raquo; evoc&oacute; el paisaje, las tradiciones campesinas y el pasado ind&iacute;gena de los pueblos del norte de La Palma, pero tambi&eacute;n habl&oacute; de sus necesidades: el agua, las carreteras, el tel&eacute;fono y unas comunicaciones capaces de sacarlos de su aislamiento. Cerr&oacute; el discurso dirigi&eacute;ndose a las &laquo;hijas de La Palma&raquo;, a quienes anim&oacute; a cultivar las artes y las ciencias, convencida de la importancia de la mujer en la educaci&oacute;n. Entre las dos entregas, <em>Diario de Avisos</em> public&oacute; &laquo;En el aniversario de Emma Santos&raquo;, dedicado a una joven educadora fallecida cinco a&ntilde;os antes. Mar&iacute;a recordaba su preparaci&oacute;n y sus virtudes y relataba una experiencia personal: despu&eacute;s de varias p&eacute;rdidas familiares, hab&iacute;a acudido a una sesi&oacute;n espiritista buscando alguna certeza sobre los seres queridos que hab&iacute;an muerto. Sali&oacute; decepcionada y reafirm&oacute; su confianza en la fe cristiana y en el reencuentro despu&eacute;s de la muerte.
    </p><p class="article-text">
        Uno de sus art&iacute;culos m&aacute;s interesantes apareci&oacute; en la edici&oacute;n extraordinaria del diario republicano <em>Hoy</em> del 1 de enero de 1934. Lo titul&oacute; &laquo;Granadilla. Por qu&eacute; escribo estas cuartillas&raquo; y comenz&oacute; present&aacute;ndose con modestia como una &laquo;humilde cronista&raquo;. Granadilla era el &laquo;pueblo dilecto&raquo; de su esp&iacute;ritu y merec&iacute;a ocupar un lugar en aquellas p&aacute;ginas dedicadas a los municipios isle&ntilde;os. Su prosa, florida y muy atenta al paisaje, describ&iacute;a la localidad recostada en las monta&ntilde;as, entre naranjos y tierras rosadas. Pero la contemplaci&oacute;n ced&iacute;a pronto el paso a los problemas diarios de la poblaci&oacute;n: las malas comunicaciones, la escasez de agua, el insuficiente rendimiento de las galer&iacute;as y la necesidad de construir embalses.
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n ocupaba un lugar principal en aquella exposici&oacute;n. Mar&iacute;a reconoc&iacute;a las escuelas creadas por el Gobierno de la Rep&uacute;blica en la zona, pero las consideraba insuficientes. Reclamaba una escuela graduada en el casco y recursos municipales para ayudar al alumnado pobre. Su condici&oacute;n de activa cat&oacute;lica no le imped&iacute;a reconocer una decisi&oacute;n positiva del r&eacute;gimen republicano ni exigir a las administraciones que hicieran m&aacute;s. Pod&iacute;a colaborar en un peri&oacute;dico republicano sin ocultar sus convicciones religiosas y defender en cada momento las medidas que consideraba beneficiosas para Granadilla.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n intervino de forma directa en la pol&iacute;tica de su tiempo. En las elecciones a Cortes de 1933 se pronunci&oacute; en favor de Jos&eacute; Miguel de Sotomayor, demostrando que su presencia p&uacute;blica no se limitaba a los asuntos culturales, religiosos o asistenciales. Era una mujer con opini&oacute;n propia que utilizaba la prensa para tomar posici&oacute;n ante los problemas de su tiempo, una actitud poco com&uacute;n en la sociedad canaria de aquellos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 1933 particip&oacute; en una velada literaria celebrada en Adeje, donde defendi&oacute; la r&aacute;pida creaci&oacute;n de un hospital de urgencia para los pueblos de la comarca. Para explicar su necesidad record&oacute; el caso de una madre que hab&iacute;a transportado en brazos a un hijo enfermo. El peque&ntilde;o muri&oacute; durante el camino y la mujer tuvo que permanecer junto a la senda con el cuerpo, al no encontrar un establecimiento donde depositarlo. Mar&iacute;a pidi&oacute; la aportaci&oacute;n del vecindario y la cooperaci&oacute;n de las clases acomodadas para levantar el hospital. Su idea de la caridad no terminaba en la ayuda ocasional, sino que se dirig&iacute;a hacia la creaci&oacute;n de escuelas, becas y establecimientos sanitarios capaces de atender de manera estable las necesidades de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de 1935 fue trasladada, a petici&oacute;n propia, desde Granadilla a la Estaci&oacute;n-Centro de Santa Cruz de Tenerife, con un sueldo anual de 4.500 pesetas. Terminaba as&iacute; una larga etapa en la que hab&iacute;a convertido aquella localidad sure&ntilde;a en el principal escenario de su madurez. All&iacute; hab&iacute;a atendido la estaci&oacute;n telegr&aacute;fica, dirigido un colegio, promovido la educaci&oacute;n de las mujeres adultas, pronunciado conferencias, hecho teatro, escrito sobre los problemas municipales y defendido servicios destinados al conjunto de la comarca.
    </p><p class="article-text">
        En 1951 su nombre aparec&iacute;a todav&iacute;a entre el personal del Centro Regional de Telecomunicaci&oacute;n y en 1954 gan&oacute; una plaza como jefa de la oficina de Tel&eacute;grafos de Los Llanos de Aridane. Regresaba definitivamente a la isla en la que hab&iacute;a nacido y en la que hab&iacute;a comenzado a leer en p&uacute;blico siendo una ni&ntilde;a, pero lo hac&iacute;a para ocupar una responsabilidad profesional que pocas mujeres de su generaci&oacute;n hab&iacute;an alcanzado. En Los Llanos transcurri&oacute; el resto de su vida, sin abandonar por completo sus colaboraciones con <em>Diario de Avisos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a de las Casas P&eacute;rez falleci&oacute; en aquella ciudad el 27 de marzo de 1969, a los setenta y siete a&ntilde;os. Tres d&iacute;as despu&eacute;s, <em>El Eco de Canarias</em> lament&oacute; la muerte de la &laquo;brillante escritora&raquo; y record&oacute; que hab&iacute;a cultivado &laquo;con se&ntilde;alado &eacute;xito&raquo; la poes&iacute;a, el ensayo, la oratoria y el cuento, dejando muestras de su trabajo tanto en la prensa isle&ntilde;a como en publicaciones nacionales. Su recuerdo qued&oacute; especialmente arraigado en Granadilla de Abona, el pueblo que hab&iacute;a llamado dilecto de su esp&iacute;ritu. All&iacute; llevaron su nombre un colegio y, posteriormente, un centro sociocultural y una calle.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a de las Casas P&eacute;rez fue una mujer adelantada a su tiempo. Fue la primera palmera que obtuvo el t&iacute;tulo de bachiller y todo apunta a que tambi&eacute;n fue la primera periodista de la isla. Alcanz&oacute; con solo quince a&ntilde;os el t&iacute;tulo de maestra superior, ingres&oacute; en Tel&eacute;grafos, dirigi&oacute; un colegio, escribi&oacute; en peri&oacute;dicos canarios y nacionales y habl&oacute; desde tribunas p&uacute;blicas cuando la voz de las mujeres apenas encontraba espacio fuera del hogar. Sin embargo, su importancia no descansa &uacute;nicamente en esas primac&iacute;as. Tambi&eacute;n se encuentra en la perseverancia con la que puso su preparaci&oacute;n al servicio de los dem&aacute;s y en su capacidad para hacerse presente en &aacute;mbitos que todav&iacute;a estaban reservados casi por completo a los hombres.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a contemplaba el paisaje, pero tambi&eacute;n ve&iacute;a la falta de agua; hablaba de caridad, pero ped&iacute;a escuelas y hospitales; defend&iacute;a sus convicciones religiosas, pero reclamaba la intervenci&oacute;n de las instituciones. Aquella ni&ntilde;a de &laquo;singular talento&raquo; que apareci&oacute; en la prensa en 1900 termin&oacute; convirti&eacute;ndose en maestra, telegrafista, directora de colegio, escritora, conferenciante y periodista. En una &eacute;poca que conced&iacute;a a las mujeres un espacio muy reducido, Mar&iacute;a de las Casas P&eacute;rez aprendi&oacute; pronto a hacerse o&iacute;r y dedic&oacute; buena parte de su vida a mejorar la de quienes la rodeaban.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J. J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/maria-casas-perez-adelantada-tiempo_129_13484069.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Sep 2026 08:25:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María de las Casas Pérez, una adelantada a su tiempo]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Cuando El Paso tuvo tres periódicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/paso-tuvo-tres-periodicos_129_13476065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ef96965-d51f-4aeb-8749-97f45614c276_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando El Paso tuvo tres periódicos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - En apenas una década, entre 1901 y 1911, la entonces villa pasense contó con tres semanarios propios: 'La voz del Paso' (1901-1902), 'El eco de la verdad' (1907-1908) y 'El Paso' (1911)</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El semanario &#039;El eco de la verdad&#039; (1907-1908).                            </span>
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        Durante la llamada edad de oro de la prensa palmera, que se extiende aproximadamente desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil, Santa Cruz de La Palma concentr&oacute;, como era l&oacute;gico, la inmensa mayor&iacute;a de los peri&oacute;dicos que vieron la luz en la isla. Pero hubo algunas excepciones. Y una de las m&aacute;s notables fue El Paso. En apenas una d&eacute;cada, entre 1901 y 1911, la entonces villa pasense cont&oacute; con tres semanarios propios: <em>La voz del Paso</em> (1901-1902), <em>El eco de la verdad</em> (1907-1908) y <em>El Paso</em> (1911). Ninguno lleg&oacute; a imprimirse, parad&oacute;jicamente, en el municipio: los dos primeros salieron de talleres de Santa Cruz de La Palma y el &uacute;ltimo, de una imprenta de Tazacorte. Sin embargo, los tres estaban hechos desde El Paso, para El Paso y, sobre todo, desde las inquietudes pol&iacute;ticas y sociales de aquella localidad que comenzaba el siglo XX con una vitalidad poco com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de las tres cabeceras aparece, adem&aacute;s, un mismo personaje: Luis M&eacute;ndez Franco (1872-1942), militar y periodista, hijo de Faustino M&eacute;ndez Cabezola y residente en El Paso desde 1894. M&eacute;ndez Franco hab&iacute;a dirigido anteriormente <em>La justicia</em>, ejerci&oacute; temporalmente como amanuense y secretario del Ayuntamiento pasense y convirti&oacute; el periodismo en una de sus actividades m&aacute;s constantes. Su condici&oacute;n de militar explica probablemente que no figurase oficialmente al frente de aquellos peri&oacute;dicos: una disposici&oacute;n del Ministerio de la Guerra prohib&iacute;a a los militares ser fundadores o directores de peri&oacute;dicos y limitaba incluso su participaci&oacute;n como redactores cuando se trataba de publicaciones pol&iacute;ticas. Y aquellas publicaciones, aunque se presentaran como &laquo;independientes&raquo;, de pol&iacute;tica ten&iacute;an bastante.
    </p><p class="article-text">
        El Paso de aquellos a&ntilde;os era todav&iacute;a un municipio eminentemente agr&iacute;cola y ganadero, conocido incluso como el &laquo;granero del Valle&raquo;. Almendras, tabaco, vino, higos o seda formaban parte de su producci&oacute;n, junto con una industria quesera y una actividad comercial que comenzaba a despuntar. Entre 1900 y 1910 su poblaci&oacute;n pas&oacute; de 4.599 a 5.075 habitantes, aunque la emigraci&oacute;n afectaba de manera considerable a una sociedad en la que muchos hombres j&oacute;venes buscaban fortuna fuera de la isla. Tampoco faltaba cierta efervescencia asociativa. A principios de siglo funcionaban la sociedad recreativa El Progreso, la banda de m&uacute;sica La Inmaculada Concepci&oacute;n y, desde 1908, la C&aacute;mara Agr&iacute;cola, que pronto alcanzar&iacute;a considerable influencia. Hab&iacute;a tel&eacute;fono desde finales del siglo XIX, alumbrado p&uacute;blico y varios centros de ense&ntilde;anza primaria.
    </p><p class="article-text">
        En 1910 llegar&iacute;a adem&aacute;s un reconocimiento largamente celebrado: Alfonso XIII concedi&oacute; a El Paso el t&iacute;tulo de ciudad por el crecimiento de su poblaci&oacute;n, su &laquo;constante laboriosidad&raquo; y su adhesi&oacute;n a la Monarqu&iacute;a constitucional. En las gestiones tuvo un papel destacado el jurista palmero Pedro P&eacute;rez D&iacute;az. En ese ambiente de crecimiento, rivalidades pol&iacute;ticas y aspiraciones de progreso nacieron sus peri&oacute;dicos.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>La Voz del Paso</strong></em><strong>, el primer intento</strong>
    </p><p class="article-text">
        El primero fue <em>La Voz del Paso</em>, aparecido el 14 de agosto de 1901. Su existencia fue breve: apenas medio a&ntilde;o. El &uacute;ltimo ejemplar conservado es el n&uacute;mero 21, correspondiente al 22 de diciembre, aunque todo indica que continu&oacute; public&aacute;ndose durante algunas semanas de enero de 1902. Se imprim&iacute;a en los talleres del <em>Diario de Avisos</em>, en Santa Cruz de La Palma, y era una publicaci&oacute;n modesta: cuatro p&aacute;ginas, peque&ntilde;o formato y dos columnas. La suscripci&oacute;n costaba 75 c&eacute;ntimos al mes y, seg&uacute;n reconoc&iacute;a el propio peri&oacute;dico, alcanzaba una tirada de 300 ejemplares, cifra nada desde&ntilde;able para la prensa palmera de aquellos a&ntilde;os. Hoy apenas se conserva una decena de n&uacute;meros. Como era habitual, las dos primeras p&aacute;ginas estaban ocupadas fundamentalmente por art&iacute;culos y comentarios; la tercera reun&iacute;a noticias y la &uacute;ltima se destinaba casi por completo a publicidad. No hab&iacute;a fotograf&iacute;as y la informaci&oacute;n nacional o internacional era escasa. El mundo de <em>La voz del Paso</em> era, sobre todo, el de la propia isla y muy especialmente el de la pol&iacute;tica municipal.
    </p><p class="article-text">
        Aunque se subtitulaba &laquo;Peri&oacute;dico semanal independiente&raquo;, defend&iacute;a con bastante claridad al sector conservador local enfrentado a liberales y conservadores sotomayoristas. Las elecciones municipales de 1901 alimentaron buena parte de sus pol&eacute;micas. Desde sus p&aacute;ginas se denunciaban pactos, componendas y lo que el peri&oacute;dico llamaba despectivamente &laquo;el grupito&raquo; o &laquo;la camarilla&raquo;. Tampoco faltaron enfrentamientos con otros peri&oacute;dicos. Especialmente sonadas fueron sus refriegas con <em>Heraldo de La Palma</em>, el peri&oacute;dico de Wenceslao Abreu, aunque algunas controversias tuvieran menos que ver con la gran pol&iacute;tica que con cuestiones tan concretas como el pago de los maestros o unas supuestas ofensas al arcipreste Benigno Mascare&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Entre las preocupaciones locales apareci&oacute; ya una que volver&iacute;a una y otra vez a la prensa pasense: el t&uacute;nel de la cumbre. El proyecto de comunicar de manera m&aacute;s eficaz las dos vertientes de la isla era entonces poco menos que una vieja aspiraci&oacute;n que reaparecer&iacute;a tambi&eacute;n en las otras cabeceras del municipio. Cuando <em>La Voz del Paso</em> desapareci&oacute;, Luis M&eacute;ndez Franco recibi&oacute; un significativo reconocimiento: en febrero de 1902 el Ayuntamiento acord&oacute; nombrarlo hijo adoptivo por &laquo;el inter&eacute;s y celo&raquo; que hab&iacute;a demostrado en beneficio de la localidad. Incluso se anunci&oacute; meses despu&eacute;s la posible reaparici&oacute;n del peri&oacute;dico, aunque nunca lleg&oacute; a materializarse.
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        <em><strong>El Eco de la Verdad</strong></em><strong>, el gran peri&oacute;dico pasense</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el 7 de julio de 1907, apareci&oacute; <em>El Eco de la Verdad</em>. Fue, con diferencia, el proyecto period&iacute;stico m&aacute;s s&oacute;lido de cuantos nacieron en El Paso en esta etapa. Alcanz&oacute; al menos 63 n&uacute;meros y continuaba public&aacute;ndose el 29 de octubre de 1908. Se imprim&iacute;a tambi&eacute;n en Santa Cruz de La Palma, esta vez en la tipograf&iacute;a Gutenberg. Comenz&oacute; con cuatro p&aacute;ginas y posteriormente aument&oacute; a seis, convirti&eacute;ndose en el primer peri&oacute;dico palmero de car&aacute;cter diario o semanal que alcanzaba ese paginado. Su precio era de una peseta al mes y lleg&oacute; a presentarse como &laquo;el de mayor circulaci&oacute;n de cuantos se publican en la isla&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Oficialmente lo dirig&iacute;a Bautista Rojo Monreal, antiguo guardia civil avecindado en El Paso. Pero todo apunta nuevamente a Luis M&eacute;ndez Franco como verdadero responsable y principal redactor. A ellos se unieron administradores como Guillermo Santiago Casa&ntilde;as y el maestro Diego Gonz&aacute;lez P&eacute;rez, y desde mayo de 1908 se incorpor&oacute; a la redacci&oacute;n un jovenc&iacute;simo Jos&eacute; Ben&iacute;tez y Rodr&iacute;guez, que acabar&iacute;a desarrollando en Cuba una larga carrera period&iacute;stica. Precisamente una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s llamativas de <em>El Eco de la Verdad</em> fue la amplitud de su red de colaboradores y corresponsales. Los ten&iacute;a en Santa Cruz de La Palma, Los Llanos, Tazacorte y Tijarafe, pero tambi&eacute;n en Tenerife, Cuba y Venezuela. Por sus p&aacute;ginas pasaron asimismo escritores y periodistas palmeros como Tom&aacute;s Felipe Camacho, Manuel Fern&aacute;ndez Cabrera, Tom&aacute;s Capote P&eacute;rez, Gumersindo Galv&aacute;n de las Casas o Antonio Hern&aacute;ndez Capote, adem&aacute;s de autores de fuera de la isla.
    </p><p class="article-text">
        El peri&oacute;dico ofrec&iacute;a noticias, corresponsal&iacute;as, literatura, peque&ntilde;os art&iacute;culos y, durante sus primeros meses, incluso un follet&iacute;n recortable. La publicidad fue creciendo hasta ocupar p&aacute;ginas enteras: f&aacute;bricas de tabaco, abonos, comercios, medicamentos, aguas minerales, licores, champ&aacute;n, f&aacute;bricas peninsulares o productos de los m&aacute;s variados g&eacute;neros. En sus &uacute;ltimos n&uacute;meros la publicidad lleg&oacute; incluso a apropiarse de la primera p&aacute;gina, lo que permite descartar que su desaparici&oacute;n obedeciera simplemente a la falta de anunciantes.
    </p><p class="article-text">
        Pero <em>El eco de la verdad</em> fue, por encima de todo, un peri&oacute;dico de combate. Volv&iacute;a a definirse como &laquo;semanario independiente&raquo; y en su primer editorial proclamaba su deseo de mantenerse alejado de las agrupaciones que se disputaban el poder en La Palma. Aseguraba no contar con el dinero de ning&uacute;n cacique que pagara mensualmente la impresi&oacute;n del peri&oacute;dico y resum&iacute;a su posici&oacute;n con una frase rotunda: &laquo;Nuestro centro es el Progreso&raquo;. La realidad fue algo m&aacute;s compleja. El semanario mostr&oacute; pronto simpat&iacute;as liberales y una posici&oacute;n claramente contraria al leonismo, la poderosa red pol&iacute;tica asociada a Fernando Le&oacute;n y Castillo y a sus aliados insulares. Sus cr&iacute;ticas a la pol&iacute;tica municipal fueron constantes. Desde el primer n&uacute;mero combati&oacute; la composici&oacute;n del Ayuntamiento constituido en 1907, buena parte de cuyos concejales hab&iacute;an sido designados interinamente despu&eacute;s de los conflictos electorales de los a&ntilde;os anteriores.
    </p><p class="article-text">
        Alcaldes, concejales, diputados y caciques pasaron as&iacute; por la trituradora de sus editoriales. Particularmente dura fue su censura al diputado Pedro Poggio y &Aacute;lvarez, al que lleg&oacute; a calificar de diputado &laquo;nominal&raquo; que no trabajaba por los verdaderos intereses del pa&iacute;s. En sus &uacute;ltimos meses, el peri&oacute;dico defendi&oacute; incluso la formaci&oacute;n de una amplia alianza entre liberales, republicanos y conservadores disidentes frente a las combinaciones pol&iacute;ticas tradicionales. Detr&aacute;s de aquellas pol&eacute;micas se advierte una &eacute;poca en la que la prensa era mucho m&aacute;s que un medio de informaci&oacute;n: era un instrumento esencial de la lucha pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        No todo, naturalmente, eran elecciones y caciques. <em>El Eco</em> intervino activamente en la pol&eacute;mica sobre la administraci&oacute;n de los puertos francos; respald&oacute; la campa&ntilde;a por el indulto del periodista republicano Jos&eacute; Nakens; inform&oacute; sobre el problema de los llamados &laquo;duros sevillanos&raquo;; apoy&oacute; desde Los Llanos la construcci&oacute;n de un cementerio civil; sigui&oacute; las obras de la carretera del Sur y volvi&oacute; a ocuparse de las comunicaciones de la isla. Tambi&eacute;n entr&oacute; de lleno en uno de los grandes debates canarios de aquellos a&ntilde;os: la divisi&oacute;n provincial. El peri&oacute;dico defendi&oacute; con firmeza la unidad de la provincia y estuvo representado en las asambleas celebradas en Tenerife y La Palma en 1908.
    </p><p class="article-text">
        Hasta la informaci&oacute;n internacional encontr&oacute; ocasionalmente hueco, aunque llegara con retraso: Marruecos, los sucesos de Casablanca o las actividades de la poderosa colonia canaria en Cuba aparecieron en sus p&aacute;ginas. Y hubo incluso espacio para una experiencia period&iacute;stica poco habitual entonces en La Palma. Con motivo del juicio por el asesinato del abogado Siro Gonz&aacute;lez de las Casas, <em>El Eco de la Verdad</em> public&oacute; dos suplementos especiales, profusamente ilustrados con fotograbados de los protagonistas. Era una muestra m&aacute;s de la ambici&oacute;n de aquella peque&ntilde;a publicaci&oacute;n nacida en El Paso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un tercer peri&oacute;dico del que no queda ninguno</strong>
    </p><p class="article-text">
        La historia tuvo todav&iacute;a un &uacute;ltimo cap&iacute;tulo. El 26 de octubre de 1911 comenz&oacute; a publicarse <em>El Paso</em>, un nuevo semanario que se subtitulaba &laquo;Peri&oacute;dico del pueblo y para el pueblo&raquo;. Esta vez se imprim&iacute;a en Tazacorte, en la imprenta La Popular de Claudio C. Hern&aacute;ndez D&iacute;az. Debi&oacute; de tener cuatro p&aacute;ginas y un formato reducido. Nuevamente Luis M&eacute;ndez Franco aparece se&ntilde;alado como su director. Su vida fue todav&iacute;a m&aacute;s corta que la de <em>La Voz del Paso</em>. Apenas mes y medio. Sabemos que segu&iacute;a public&aacute;ndose el 14 de diciembre de 1911, aunque durante mucho tiempo se crey&oacute; que hab&iacute;a desaparecido a finales de noviembre. Lo singular es que hoy no conocemos ning&uacute;n ejemplar. R&eacute;gulo P&eacute;rez pudo consultar alguno cuando prepar&oacute; en 1948 su estudio cl&aacute;sico sobre la prensa palmera, y todav&iacute;a en 1975 el poeta pasense Ismael Gonz&aacute;lez se refiri&oacute; expresamente al n&uacute;mero 2, fechado el 2 de noviembre de 1911. En alg&uacute;n momento posterior esos ejemplares se extraviaron.
    </p><p class="article-text">
        Por fortuna, otros peri&oacute;dicos reprodujeron algunas de sus noticias y permiten atisbar cu&aacute;l era su orientaci&oacute;n. La prensa tinerfe&ntilde;a lo present&oacute; como &oacute;rgano del Partido Patri&oacute;tico, probablemente la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica que defend&iacute;a la unidad provincial y combat&iacute;a el leonismo. Parece haberse situado cerca del sector liberal que encabezaba Juli&aacute;n van Baumberghen, aunque su lema, &laquo;del pueblo y para el pueblo&raquo;, permite advertir tambi&eacute;n cierta sensibilidad obrerista. Entre las pocas informaciones que conocemos aparecen nuevamente la pol&iacute;tica electoral y, c&oacute;mo no, el t&uacute;nel de la cumbre. Es significativo que diez a&ntilde;os despu&eacute;s de <em>La Voz del Paso</em> las grandes preocupaciones locales continuaran asom&aacute;ndose a las p&aacute;ginas de otro peri&oacute;dico nacido en la misma localidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diez a&ntilde;os de periodismo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entre 1901 y 1911 El Paso protagoniz&oacute;, por tanto, una peque&ntilde;a pero intensa aventura period&iacute;stica. Tres peri&oacute;dicos en diez a&ntilde;os no son poca cosa para un municipio de unos cinco mil habitantes en una isla en la que casi toda la prensa se concentraba en la capital. Los tres tuvieron una existencia relativamente breve. Los tres fueron semanarios. Ninguno se imprimi&oacute; en El Paso. Los tres se proclamaron independientes y los tres, en realidad, tomaron partido en las disputas de su tiempo. Y los tres estuvieron ligados a la misma figura, Luis M&eacute;ndez Franco, periodista vocacional al que su profesi&oacute;n militar oblig&oacute; probablemente a permanecer m&aacute;s de una vez detr&aacute;s de la cabecera. Hay, adem&aacute;s, una &uacute;ltima paradoja. Cuando El Paso dispuso por fin de una imprenta propia, la imprenta Alfa, a partir de 1922, no volvi&oacute; a contar con peri&oacute;dicos locales. En aquellas m&aacute;quinas se imprimir&iacute;an durante la Segunda Rep&uacute;blica <em>Tribuna</em>, <em>Tribuna Libre</em> y <em>El Mundo</em>, pero las tres publicaciones estaban destinadas a Tazacorte.
    </p><p class="article-text">
        De aquel primer despertar period&iacute;stico pasense queda hoy una colecci&oacute;n fragmentaria de <em>La Voz del Paso</em>, una colecci&oacute;n casi completa de <em>El Eco de la Verdad</em> y el recuerdo, disperso entre referencias de otros peri&oacute;dicos, de <em>El Paso</em>. Suficiente, sin embargo, para reconstruir una &eacute;poca. Porque aquellos viejos semanarios dicen bastante m&aacute;s que lo que anuncian sus cabeceras. Hablan de elecciones y caciques, de carreteras y t&uacute;neles, de emigrantes y corresponsales en Cuba, de maestros, comerciantes, agricultores y escritores; de una sociedad que discut&iacute;a sobre su futuro y que descubri&oacute; tambi&eacute;n en la prensa un espacio para hacerlo. Durante unos pocos a&ntilde;os, El Paso tuvo su propia voz impresa. En realidad, lleg&oacute; a tener tres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J. J. Rodr&iacute;guez-Lewis &amp; Amparo Escuder Casimiro</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/paso-tuvo-tres-periodicos_129_13476065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Aug 2026 08:19:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando El Paso tuvo tres periódicos]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El CB La Palma de Pancho Martín: el primer proyecto insular (1967-1977)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cb-palma-pancho-martin-primer-proyecto-insular-1967-1977_129_13472060.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7065c754-ab87-4605-ae2d-991aeeb7001d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El CB La Palma de Pancho Martín: el primer proyecto insular (1967-1977)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Durante una década, el Club Baloncesto La Palma constituyó el primer proyecto serio y continuado que intentó reunir al mejor baloncesto palmero bajo unas mismas siglas y representar a la isla en las competiciones regionales y nacionales. Nacido en condiciones precarias, conoció ascensos, descensos y continuas reconstrucciones antes de alcanzar su cima deportiva en 1976 y desaparecer apenas un año después. Al frente de aquella aventura estuvo casi siempre Francisco “Pancho” Martín Hernández, su entrenador, impulsor y verdadera alma mater</p></div><p class="article-text">
        <strong>El nacimiento de un equipo insular</strong>
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                C.B. La Palma 1970-1971.                            </span>
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        En la primavera de 1967, cuando la Federaci&oacute;n Tinerfe&ntilde;a decidi&oacute; reestructurar la Tercera Divisi&oacute;n Nacional e incorporar a su grupo provincial un representante de La Palma, el baloncesto insular llevaba demasiado tiempo condicionado por la discontinuidad de las competiciones y una arraigada dispersi&oacute;n organizativa. Se jugaba, y se jugaba con entusiasmo, pero faltaba un proyecto estable capaz de reunir a los mejores y competir regularmente fuera de la isla.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Club Baloncesto La Palma</em> naci&oacute; para cubrir ese vac&iacute;o. Fue el primer intento serio y exitoso de unir al baloncesto palmero bajo unas mismas siglas y puede considerarse, adem&aacute;s, el precedente inmediato de la posterior <em>Uni&oacute;n Baloncesto La Palma</em>. Entre sus principales impulsores se encontraban Manolo P&eacute;rez Cantillo, que asumi&oacute; la presidencia; Jaime Garc&iacute;a Garc&iacute;a, secretario; Orestes Rodr&iacute;guez Hern&aacute;ndez, tesorero, y Francisco &ldquo;Pancho&rdquo; Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez, entrenador y alma mater del nuevo equipo.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a proced&iacute;a del antiguo Frente de Juventudes, de ah&iacute; que el nombre inicial de la entidad se completara con las siglas de la Organizaci&oacute;n Juvenil Espa&ntilde;ola: C. B. La Palma OJE. Era, en buena medida, un grupo de amigos decidido a convertir su afici&oacute;n en un proyecto competitivo. Antes de comenzar la liga, durante el verano de 1967, disput&oacute; su primer partido frente al <em>Perka</em>, combinado integrado por estudiantes palmeros que regresaban a la isla durante las vacaciones.
    </p><p class="article-text">
        Los comienzos no fueron f&aacute;ciles. Las estrecheces econ&oacute;micas obligaban a reducir gastos y a aprovechar los desplazamientos a Tenerife para disputar m&aacute;s de un encuentro durante el mismo fin de semana. Los viajes se realizaban por mar y la fatiga formaba parte inseparable de la competici&oacute;n. En casa, las incomparecencias de algunos rivales alteraban continuamente el calendario. Aun as&iacute;, el equipo encaden&oacute; ocho victorias y se proclam&oacute; campe&oacute;n de su grupo de Tercera Divisi&oacute;n. El partido decisivo lo disput&oacute; el 30 de enero de 1968 frente al <em>CIR-15</em> de Hoya Fr&iacute;a, al que derrot&oacute; por 52-47.
    </p><p class="article-text">
        En apenas unos meses, aquel modesto grupo hab&iacute;a conseguido el ascenso a Segunda Divisi&oacute;n. Entre los jugadores de la primera plantilla figuraban Carlos Mart&iacute;n, Manolo Jaubert, Julio Plata, Jos&eacute; Emilio de la Cruz, Emilio Hern&aacute;ndez Guardia, Carlos Bravo, Paco Ayudarte, Tino Garc&iacute;a y Nono Hern&aacute;ndez Guardia. Algunos permanecer&iacute;an durante buena parte de la d&eacute;cada y servir&iacute;an de enlace entre las distintas generaciones del club.
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                C.B. La Palma- Sansofé Las Palmas 1970-1971.                            </span>
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        El salto de categor&iacute;a result&oacute;, sin embargo, demasiado brusco. Las ausencias por estudios, servicio militar o traslado fuera de la isla deshicieron pr&aacute;cticamente el quinteto del ascenso. Pancho Mart&iacute;n tuvo que recurrir a jugadores j&uacute;niors y a j&oacute;venes con escasa preparaci&oacute;n para medirse a los mejores equipos de Tenerife. La Palma termin&oacute; la temporada 1968-1969 sin victorias y perdi&oacute; la promoci&oacute;n de permanencia frente al <em>C&iacute;rculo de Amistad XII de Enero</em>.
    </p><p class="article-text">
        Aquel descenso pudo haber puesto fin a una aventura todav&iacute;a fr&aacute;gil, pero ocurri&oacute; justamente lo contrario. El club se reconstruy&oacute;, recuper&oacute; a algunos veteranos e incorpor&oacute; nuevos valores. En la campa&ntilde;a 1969-1970 termin&oacute; subcampe&oacute;n de Tercera y, gracias a la renuncia del <em>N&aacute;utico B</em>, regres&oacute; a Segunda. All&iacute; complet&oacute; en 1970-1971 una de sus primeras grandes temporadas: ocho victorias, un empate y cinco derrotas, que le permitieron alcanzar una meritoria cuarta posici&oacute;n. Especialmente celebrada fue la victoria por 41-38 frente al potente <em>Universidad Canarias Pepsi</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pancho Mart&iacute;n segu&iacute;a ejerciendo la direcci&oacute;n t&eacute;cnica real, aunque todav&iacute;a no dispon&iacute;a del t&iacute;tulo de entrenador y en las actas deb&iacute;a figurar oficialmente otra persona como <em>coach</em>. El detalle retrata bien la naturaleza casi artesanal del proyecto. Pancho no era &uacute;nicamente quien preparaba al equipo o decid&iacute;a durante los partidos: era tambi&eacute;n quien volv&iacute;a a reunirlo cada vez que las circunstancias amenazaban con deshacerlo.
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                C.B. La Palma 1975-1976.                            </span>
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        <strong>Ascensos, descensos y generaciones</strong>
    </p><p class="article-text">
        La historia del <em>C. B. La Palma</em> fue, durante aquellos a&ntilde;os, una sucesi&oacute;n de cursos de ida y vuelta. A la excelente campa&ntilde;a de 1970-1971 sigui&oacute; otra mucho m&aacute;s gris. El equipo termin&oacute; &uacute;ltimo en Segunda y descendi&oacute; despu&eacute;s de perder en casa por un solo punto un encuentro decisivo frente al <em>Metr&oacute;pole</em>. Aquel 73-74 simbolizaba hasta qu&eacute; punto la frontera entre la permanencia y el descenso pod&iacute;a ser m&iacute;nima.
    </p><p class="article-text">
        La temporada dej&oacute;, no obstante, una buena noticia: la irrupci&oacute;n de Eduardo Aciego, quien, pese a su juventud, fue el tercer m&aacute;ximo anotador de la competici&oacute;n. El club demostraba as&iacute; que, adem&aacute;s de competir, era capaz de incorporar y promocionar nuevos jugadores. Ese relevo resultaba imprescindible porque los veteranos de 1967 iban dejando paso a una segunda generaci&oacute;n formada por Alejo Cabrera, Roberto Estrello o Pepe Arroyo, mientras se abr&iacute;an camino j&oacute;venes como Aciego, Isidro Castro, PacuchoArrocha y Guillermo &ldquo;Guigui&rdquo; Hern&aacute;ndez.
    </p><p class="article-text">
        De regreso en Tercera, La Palma volvi&oacute; a quedarse a las puertas del ascenso. En la campa&ntilde;a 1972-1973 termin&oacute; segundo, con catorce victorias y cuatro derrotas, por detr&aacute;s del <em>Caja Rural</em> de Santa Cruz. El subcampeonato no daba derecho a disputar una promoci&oacute;n, por lo que ascendi&oacute; &uacute;nicamente el campe&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aquella temporada se celebraron tambi&eacute;n los primeros derbis oficiales entre el <em>C. B. La Palma</em> y el <em>Valle Aridane</em>, que desde 1970 trataba de consolidar el baloncesto en Los Llanos. El conjunto de la capital venci&oacute; en ambos encuentros, por 42-35 en la cancha del Hogar de Juventudes de Los Llanos y por un contundente 52-23 en la segunda vuelta. La aparici&oacute;n de otro club insular no priv&oacute; al <em>C. B. La Palma</em> de su condici&oacute;n representativa; al contrario, confirmaba que el baloncesto comenzaba a extenderse y a echar ra&iacute;ces m&aacute;s all&aacute; de Santa Cruz de La Palma.
    </p><p class="article-text">
        En 1973-1974 lleg&oacute; una de las campa&ntilde;as m&aacute;s brillantes de su historia. El equipo complet&oacute; la competici&oacute;n sin conocer la derrota: quince victorias y un empate, con una media de 63 puntos anotados y solo 30 encajados. En los derbis super&oacute; ampliamente al <em>Valle Aridane</em>, por 100-41 en la capital y 39-61 en Los Llanos.
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                C.B. La Palma 1971-1972.                            </span>
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        La fase de ascenso se disput&oacute; en mayo de 1974 en una Ciudad Juvenil repleta y entusiasta. <em>La Palma</em> derrot&oacute; por 85-31 al <em>Sahara OJE</em> y por 79-57 al <em>N&aacute;utico de Las Palmas</em>. Una posterior reclamaci&oacute;n del conjunto saharaui alter&oacute; en los despachos el resultado del primer encuentro, pero no impidi&oacute; que el representante palmero conservara el primer puesto por mejor diferencia de puntos y obtuviera un nuevo ascenso.
    </p><p class="article-text">
        Siete a&ntilde;os despu&eacute;s de la fundaci&oacute;n, a&uacute;n permanec&iacute;an Julio Plata, Manolo Jaubert, Carlos Bravo y Emilio Hern&aacute;ndez Guardia. Sin embargo, el relevo generacional se hab&iacute;a consumado: Alejo Cabrera, Manolo de las Casas, Quique &Aacute;lvarez y GuiguiHern&aacute;ndez constitu&iacute;an ya la columna vertebral del equipo. Ese tr&aacute;nsito entre generaciones fue uno de los grandes logros de Pancho Mart&iacute;n. No se limit&oacute; a prolongar la vida del conjunto fundador, sino que consigui&oacute; reconstruirlo varias veces y conducirlo nuevamente a Segunda.
    </p><p class="article-text">
        En la temporada 1974-1975, Pancho dej&oacute; el banquillo en manos de Jos&eacute; Manuel &ldquo;Moncho&rdquo; Monsalve, antiguo jugador del Real Madrid y de la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola, aunque continu&oacute; como vicepresidente y delegado. Los resultados fueron discretos: La Palma termin&oacute; octavo y pen&uacute;ltimo, con cuatro victorias y doce derrotas. La aportaci&oacute;n de Monsalve, no obstante, result&oacute; decisiva. Introdujo sistemas t&aacute;cticos, moderniz&oacute; la t&eacute;cnica individual y elev&oacute; la exigencia de los entrenamientos. El equipo dio un salto en su concepci&oacute;n del juego y sent&oacute; las bases del &eacute;xito que llegar&iacute;a al a&ntilde;o siguiente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La cima antes de la desaparici&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una reestructuraci&oacute;n de las categor&iacute;as nacionales situ&oacute; al <em>C. B. La Palma</em> en la nueva Tercera Divisi&oacute;n durante la temporada 1975-1976. Pancho Mart&iacute;n regres&oacute; al banquillo y el club realiz&oacute; un esfuerzo econ&oacute;mico desconocido hasta entonces para contratar al estadounidense David Kundla, llegado por iniciativa de Monsalve.
    </p><p class="article-text">
        La combinaci&oacute;n entre el trabajo t&eacute;cnico desarrollado durante el curso anterior, el regreso de Pancho y la capacidad anotadora del norteamericano convirti&oacute; al representante palmero en el mejor equipo de su grupo. <em>La Palma</em> se proclam&oacute; campe&oacute;n canario con diecinueve victorias, un empate y solo dos derrotas. Entre sus triunfos m&aacute;s significativos estuvo el obtenido frente al <em>Caja Insular</em> por 57-56, despu&eacute;s de remontar una desventaja de diecinueve puntos, los mismos que anot&oacute; Kundla.
    </p><p class="article-text">
        El campeonato le dio derecho a disputar en Valladolid, entre finales de abril y comienzos de mayo de 1976, la fase de ascenso a la nueva Segunda Divisi&oacute;n. Por primera vez, el club med&iacute;a sus posibilidades con los campeones de diferentes grupos peninsulares. All&iacute; venci&oacute; al <em>Loyola Indauchu</em> de Bilbao por 96-88, en un partido memorable en el que David Kundla anot&oacute; 61 puntos. Perdi&oacute; ante el <em>Santa Mar&iacute;a del Mar</em> de La Coru&ntilde;a, el <em>Espa&ntilde;ol</em> de Barcelona y, por solo tres puntos, frente al <em>Liria</em>valenciano, en el encuentro que termin&oacute; por decidir sus opciones de ascenso.
    </p><p class="article-text">
        La Palma no consigui&oacute; subir, pero complet&oacute; un papel digno frente a entidades con mayores medios y experiencia. Kundla promedi&oacute; m&aacute;s de cuarenta puntos por partido y recibi&oacute; la ovaci&oacute;n del p&uacute;blico vallisoletano. Aquel campeonato canario y la participaci&oacute;n en la fase de Valladolid representaron la cima deportiva del <em>C. B. La Palma</em>.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, el mayor &eacute;xito precedi&oacute; inmediatamente al final. La temporada 1976-1977 ser&iacute;a la &uacute;ltima. Kundla no continu&oacute; y muchos de los mejores jugadores palmeros militaban ya en conjuntos de Tenerife o de la Pen&iacute;nsula. Manolo de las Casas y Sim&oacute;n Mart&iacute;n jugaban en el <em>Canarias</em>; Eduardo Aciego lo hac&iacute;a en el <em>Vallehermoso OJE</em> de Madrid; Carlos Valc&aacute;rcel se incorpor&oacute; al <em>Juventud Laguna</em> y otros hab&iacute;an abandonado la competici&oacute;n por motivos de estudio. La isla produc&iacute;a buenos jugadores, pero no siempre pod&iacute;a retenerlos.
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                C.B. La Palma 1973-1974.                            </span>
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        Pancho Mart&iacute;n volvi&oacute; a hacerse cargo de una plantilla debilitada. Aun as&iacute;, el equipo consigui&oacute; doce victorias y termin&oacute; en una honrosa quinta posici&oacute;n. En casa conserv&oacute; buena parte de su fortaleza y obtuvo triunfos como el logrado frente al <em>San Isidro</em> por 78-77. Fuera de la isla, en cambio, sus prestaciones descendieron notablemente. En Fuerteventura protagoniz&oacute; incluso una retirada antes de concluir un partido, s&iacute;ntoma del cansancio y la tensi&oacute;n acumulados.
    </p><p class="article-text">
        El problema principal ya no estaba en la cancha. El club soportaba un d&eacute;ficit superior a las cien mil pesetas de la &eacute;poca, carec&iacute;a de ayudas institucionales y privadas suficientes y acusaba el l&oacute;gico agotamiento de sus promotores despu&eacute;s de diez a&ntilde;os de sacrificios. En abril de 1977 disput&oacute;, casi como despedida, un encuentro amistoso frente al <em>Canarias Caja Rural</em>, que perdi&oacute; por la m&iacute;nima, 61-60. Poco despu&eacute;s abandon&oacute; la competici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El <em>C. B. La Palma</em> no desapareci&oacute; despu&eacute;s de un fracaso deportivo, sino cuando a&uacute;n era un conjunto competitivo. Durante una d&eacute;cada hab&iacute;a sido el primer proyecto con verdadera vocaci&oacute;n insular del baloncesto palmero. Sobrevivi&oacute; a los viajes por mar, la escasez de recursos, las continuas bajas y la marcha de sus mejores jugadores; ascendi&oacute; en tres ocasiones, promovi&oacute; distintas generaciones y convirti&oacute; la Ciudad Juvenil en una cancha dif&iacute;cil y concurrida.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de aquella continuidad estuvo siempre Pancho Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez. Entrenador durante nueve de las diez temporadas, adem&aacute;s de directivo, delegado, organizador y permanente reconstructor del equipo, fue mucho m&aacute;s que el hombre del banquillo. Sin su empe&ntilde;o dif&iacute;cilmente se explica que un proyecto nacido de un grupo de amigos en 1967 alcanzara su mayor &eacute;xito nueve a&ntilde;os despu&eacute;s. El <em>C. B. La Palma</em> fue el primer gran proyecto insular de este deporte; Pancho Mart&iacute;n, su sost&eacute;n y su verdadera alma mater.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J.J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/cb-palma-pancho-martin-primer-proyecto-insular-1967-1977_129_13472060.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2026 08:58:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El CB La Palma de Pancho Martín: el primer proyecto insular (1967-1977)]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Prensa y masonería en La Palma durante la Restauración]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/prensa-masoneria-palma-durante-restauracion_129_13465903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/78b33c69-107d-41e4-a681-798b866d65d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149829.jpg" width="438" height="246" alt="Prensa y masonería en La Palma durante la Restauración"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Durante la Restauración, la masonería y el periodismo palmero compartieron protagonistas con una frecuencia sorprendente. Directores, redactores y colaboradores de numerosas cabeceras pertenecieron también a las logias Abora e Idafe, aunque eso no convirtió a aquellos periódicos en órganos masónicos. La paradoja es precisamente esa: una presencia personal muy intensa y, durante mucho tiempo, una visibilidad pública bastante discreta. El caso de ¡Verdún! resume mejor que ninguno esa peculiar relación entre prensa, política, librepensamiento y masonería en La Palma durante este periodo</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Semanario ¡Verdún!                            </span>
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        	La masoner&iacute;a y el periodismo mantuvieron durante la Restauraci&oacute;n una relaci&oacute;n mucho m&aacute;s estrecha en La Palma de lo que pudiera parecer a primera vista. No porque existieran peri&oacute;dicos propiamente mas&oacute;nicos &mdash;en la isla no circul&oacute; ninguna publicaci&oacute;n adscrita oficialmente a una logia&mdash;, sino porque un n&uacute;mero considerable de quienes dirigieron, redactaron o colaboraron en la prensa insular pertenecieron tambi&eacute;n, en alg&uacute;n momento de sus vidas, a la Orden del Gran Arquitecto del Universo. Esta circunstancia no significa tampoco que los peri&oacute;dicos en los que escribieron fueran portavoces de la masoner&iacute;a. Muy al contrario, una de las singularidades del fen&oacute;meno palmero reside precisamente en la escasa presencia expl&iacute;cita de la instituci&oacute;n mas&oacute;nica en unas cabeceras en las que, sin embargo, participaron numerosos hermanos. 
    </p><p class="article-text">
        	La masoner&iacute;a contempor&aacute;nea se instal&oacute; en La Palma pr&aacute;cticamente al mismo tiempo que comenzaba el r&eacute;gimen de la Restauraci&oacute;n. La logia Abora n.&ordm; 91 se constituy&oacute; oficialmente en enero de 1875 y permaneci&oacute; activa, con distintos avatares, hasta 1900. A ella se sumar&iacute;a en 1891 Idafe n.&ordm; 124, cuya existencia fue bastante m&aacute;s breve, pues desapareci&oacute; en 1896. Despu&eacute;s de una d&eacute;cada de pr&aacute;ctica inactividad, Abora volver&iacute;a a &laquo;levantar columnas&raquo; en 1911, ahora con el n&uacute;mero 331 y bajo la obediencia del Gran Oriente Espa&ntilde;ol, prolongando su actividad hasta los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1920. 
    </p><p class="article-text">
        	El fen&oacute;meno resulta especialmente interesante porque la prensa palmera hab&iacute;a comenzado antes. <em>El Time</em>, primer peri&oacute;dico de la isla, apareci&oacute; en 1863, doce a&ntilde;os antes de la constituci&oacute;n formal de Abora. Algunos periodistas de aquella etapa pionera acabar&iacute;an incorpor&aacute;ndose despu&eacute;s a la masoner&iacute;a. As&iacute; ocurri&oacute;, por ejemplo, con Blas Carrillo Batista, redactor de <em>El Time</em>, o con Francisco Morales Duque, que escribi&oacute; asimismo en aquella cabecera y dirigi&oacute; <em>El Pito</em>. Morales Duque llegar&iacute;a incluso a ser venerable de Abora entre 1884 y 1890. Tambi&eacute;n el periodista y pol&iacute;tico Servando Pereyra Garc&iacute;a, director de <em>El Ariete</em>, ingresar&iacute;a posteriormente en la masoner&iacute;a palmera. 
    </p><p class="article-text">
        	Durante el &uacute;ltimo cuarto del siglo XIX, masoner&iacute;a, pol&iacute;tica y periodismo confluyeron con frecuencia en las mismas personas. Pero conviene introducir una primera cautela: el mas&oacute;n palmero de aquellos a&ntilde;os no fue necesariamente republicano. Muchos de quienes pertenecieron a Abora o Idafe militaron en el liberalismo din&aacute;stico e incluso en el conservadurismo. La masoner&iacute;a insular estaba integrada en buena medida por profesionales, comerciantes, maestros, abogados y pol&iacute;ticos pertenecientes a la burgues&iacute;a local, y la pertenencia a una logia no determinaba autom&aacute;ticamente su adscripci&oacute;n pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        	Uno de los mejores ejemplos es Pedro J. de las Casas Pestana, maestro y uno de los periodistas m&aacute;s activos de su tiempo. Perteneci&oacute; inicialmente a Abora y m&aacute;s tarde fue fundador de Idafe. Durante los a&ntilde;os ochenta dirigi&oacute; peri&oacute;dicos de marcado car&aacute;cter liberal como <em>El Eco</em>, <em>El Fomento</em> y <em>El Convenio</em>, y en la d&eacute;cada siguiente estuvo al frente de <em>Diario de Avisos</em>. Con el cambio de siglo, sin embargo, dirigir&iacute;a peri&oacute;dicos conservadores como <em>La Defensa</em>, <em>La Soluci&oacute;n</em> o <em>Isla de La Palma</em>. Junto a &eacute;l encontramos a Servando Pereyra Garc&iacute;a, Siro Gonz&aacute;lez de las Casas, Manuel L&oacute;pez Morales, Vicente Garc&iacute;a Camacho, Tom&aacute;s Yanes Cabrera o Antonio P&eacute;rez Linares, todos ligados de uno u otro modo a la prensa y a las primeras logias insulares. 
    </p><p class="article-text">
        	La presencia mas&oacute;nica alcanzaba tambi&eacute;n a periodistas relacionados con el conservadurismo. Entre ellos figuraban Pedro Poggio y &Aacute;lvarez, diputado por la isla y antiguo director de <em>La Uni&oacute;n</em>; Francisco Morales Duque; Luis Vandewalle y Quintana, marqu&eacute;s de Guisla-Guiselin y director de <em>El Noticiero</em>; Sebasti&aacute;n Arozena Henr&iacute;quez, redactor de <em>La Soluci&oacute;n</em>; Antonio Cabrera de las Casas; Jos&eacute; Manuel Hern&aacute;ndez de las Casas; Juan B. Lorenzo Rodr&iacute;guez, cronista oficial de Santa Cruz de La Palma; o los hermanos Jos&eacute; y F&eacute;lix Wang&uuml;emert y Poggio. 
    </p><p class="article-text">
        	Hay un dato particularmente expresivo de esta relaci&oacute;n entre ambas actividades. De los siete fundadores de Idafe n.&ordm; 124, constituida en mayo de 1891, seis hab&iacute;an ejercido el periodismo: Pedro J. de las Casas Pestana, Luis Vandewalle y Quintana, Servando Pereyra Garc&iacute;a, Manuel Rodr&iacute;guez Hern&aacute;ndez, C&aacute;ndido P&eacute;rez Triana y Jos&eacute; E. Guerra Zerpa. Cinco de ellos hab&iacute;an sido, adem&aacute;s, directores de peri&oacute;dicos. Tambi&eacute;n resulta llamativa la relaci&oacute;n de <em>Diario de Avisos</em> con la masoner&iacute;a durante su primera d&eacute;cada de existencia: entre 1890 y 1899 fue dirigido sucesivamente por tres masones, Jos&eacute; E. Guerra Zerpa, Manuel A. Rodr&iacute;guez Hern&aacute;ndez y Pedro J. de las Casas Pestana, pese a que el peri&oacute;dico pose&iacute;a entonces un car&aacute;cter esencialmente informativo y no mas&oacute;nico. 
    </p><p class="article-text">
        	Y es que una cosa era que hubiera masones en los peri&oacute;dicos y otra muy diferente que la masoner&iacute;a apareciera en sus p&aacute;ginas. Durante esta primera etapa las referencias son escasas. <em>El Eco</em>, dirigido por Pedro J. de las Casas Pestana, reprodujo en 1885 datos procedentes de una publicaci&oacute;n mas&oacute;nica de Zaragoza sobre la extensi&oacute;n de la masoner&iacute;a universal y remat&oacute; la noticia con una ir&oacute;nica alusi&oacute;n a las excomuniones. Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s informaba de que las sociedades mas&oacute;nicas de la provincia hab&iacute;an enviado sus estatutos al Gobierno Civil para su aprobaci&oacute;n legal y conclu&iacute;a lac&oacute;nicamente: &laquo;Horror&raquo;. No mucho m&aacute;s encontramos en la prensa liberal de aquellos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        	Parad&oacute;jicamente, fue durante la etapa de decadencia o pr&aacute;ctica inactividad de la masoner&iacute;a palmera, entre 1901 y 1910, cuando las referencias comenzaron a multiplicarse. Y lo hicieron sobre todo en la prensa republicana, obrerista y librepensadora. <em>El Grito del Pueblo</em> recurri&oacute; en varias ocasiones a la masoner&iacute;a para arremeter contra el clericalismo. En 1902 ironizaba sobre quienes pod&iacute;an llevar &laquo;por la tarde la hopa de una cofrad&iacute;a&raquo; y &laquo;por la noche el mandil de los hermanos&raquo;, y dos a&ntilde;os despu&eacute;s public&oacute; a toda plana una carta del diputado republicano y gran maestre Miguel Morayta contra el convenio suscrito entre Espa&ntilde;a y la Santa Sede. 
    </p><p class="article-text">
        	Pero ser&iacute;a <em>Germinal</em>, republicano y librepensador, el peri&oacute;dico que entre 1904 y 1910 prest&oacute; mayor atenci&oacute;n a la masoner&iacute;a. Inform&oacute; de la intervenci&oacute;n parlamentaria de Morayta, de una manifestaci&oacute;n mas&oacute;nica en La Habana, public&oacute; un poema mas&oacute;nico de Luis F. G&oacute;mez Wang&uuml;emert aparecido anteriormente en la revista cubana <em>Paz y Concordia</em> y dio cuenta de la adhesi&oacute;n de la masoner&iacute;a palmera al Congreso Internacional de Librepensadores de Roma. Tambi&eacute;n sigui&oacute; la visita a Canarias de la propagandista republicana, librepensadora y masona Bel&eacute;n S&aacute;rraga, los funerales de personajes vinculados a la Orden y diversos episodios internacionales. 
    </p><p class="article-text">
        	En <em>Germinal</em>, sin embargo, el componente mas&oacute;nico se confund&iacute;a frecuentemente con otro mucho m&aacute;s visible: el anticlericalismo librepensador. Sus p&aacute;ginas utilizaron con asiduidad la iron&iacute;a para responder a las campa&ntilde;as cat&oacute;licas contra masones y librepensadores. As&iacute; ocurri&oacute; al comentar la elecci&oacute;n del francmas&oacute;n Ernesto Nathan como alcalde de Roma o diferentes noticias relativas a miembros del clero. Masoner&iacute;a y librepensamiento no eran una misma cosa, pero compart&iacute;an entonces determinados ideales y, sobre todo, un adversario com&uacute;n en la intransigencia clerical. 
    </p><p class="article-text">
        	La situaci&oacute;n cambi&oacute; nuevamente en 1911. Abora n.&ordm; 331 signific&oacute; el renacimiento de la masoner&iacute;a palmera y, a diferencia de lo sucedido durante buena parte del siglo XIX, entre sus integrantes abundaron ahora los republicanos. Varios de ellos desempe&ntilde;aron un papel destacado en la prensa: Domingo Pestana Lorenzo, Juan Mart&iacute;n P&eacute;rez, Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez M&eacute;ndez, Alonso P&eacute;rez D&iacute;az, Antonio Ramos y Ramos, Jos&eacute; Lozano P&eacute;rez o Jos&eacute; Acosta Guion. Muchos de ellos pasar&aacute;n por peri&oacute;dicos como <em>Germinal</em>, <em>El Pueblo</em>, <em>Diario de La Palma</em> u <em>Oriente</em>. 
    </p><p class="article-text">
        	El propio <em>El Pueblo</em> salud&oacute; en 1911 el restablecimiento de la logia y reclam&oacute; que la masoner&iacute;a abandonase los viejos h&aacute;bitos de ocultaci&oacute;n. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s narr&oacute; un episodio de notable fuerza simb&oacute;lica: el entierro de Servando Pereyra Garc&iacute;a. El antiguo mas&oacute;n hab&iacute;a dispuesto que se le enterrara civilmente y vestido con las insignias correspondientes a su grado, pero la familia termin&oacute; retir&aacute;ndoselas para que pudiera recibir sepultura en el cementerio cat&oacute;lico. En el cortejo estuvieron presentes una comisi&oacute;n mas&oacute;nica y antiguos hermanos de las extinguidas Abora e Idafe. El peri&oacute;dico censur&oacute; tanto el incumplimiento de la voluntad del fallecido como la actitud de la Iglesia. 
    </p><p class="article-text">
        	<em>Diario de La Palma</em>, heredero en buena medida de aquella tradici&oacute;n republicana, inform&oacute; en 1912 de la constituci&oacute;n de la nueva Abora y se&ntilde;al&oacute; que pertenec&iacute;an a ella individuos de diferentes partidos pol&iacute;ticos. En 1914 dedic&oacute; toda su primera plana a la velada organizada en el Circo de Marte por la logia, con la colaboraci&oacute;n de la sociedad librepensadora Voltaire, en homenaje al fil&oacute;sofo franc&eacute;s. Intervinieron en el acto varios periodistas relacionados con la masoner&iacute;a, entre ellos Luis F. G&oacute;mez Wang&uuml;emert, Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez M&eacute;ndez, Alonso P&eacute;rez D&iacute;az, Antonio Ramos y Ramos y Juan Mart&iacute;n P&eacute;rez. M&aacute;s tarde, <em>Oriente</em>, &oacute;rgano de Juventud Republicana, continu&oacute; recogiendo informaciones relacionadas con la actividad mas&oacute;nica. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El singular caso de </strong><em><strong>&iexcl;Verd&uacute;n!</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	Todo este recorrido desemboca en una cabecera excepcional: <em>&iexcl;Verd&uacute;n!</em> El semanario apareci&oacute; el 11 de agosto de 1917, en plena Primera Guerra Mundial, cuando la prensa palmera atravesaba una de sus coyunturas m&aacute;s dif&iacute;ciles. Tom&oacute; precisamente su nombre de la batalla m&aacute;s larga y una de las m&aacute;s sangrientas del conflicto europeo. Se publicaba los s&aacute;bados, se imprim&iacute;a en la tipograf&iacute;a Gutenberg de los hermanos Rodr&iacute;guez M&eacute;ndez y sobrevivi&oacute; algo m&aacute;s de dos a&ntilde;os, hasta el 4 de octubre de 1919, cuando alcanz&oacute; el n&uacute;mero 112. 
    </p><p class="article-text">
        	Su singularidad reside en que la mayor parte de su n&uacute;cleo redaccional era miembro de la masoner&iacute;a. Su fundador y primer director, Domingo Pestana Lorenzo, pertenec&iacute;a a Abora con el simb&oacute;lico <em>Laplace</em>. Le sucedi&oacute; Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez M&eacute;ndez, <em>Marx</em>, antiguo director de <em>Germinal</em>. Juan Mart&iacute;n P&eacute;rez, <em>Floreal</em>, fue cofundador y redactor. Junto a ellos aparec&iacute;a como redactor-jefe Hermenegildo Rodr&iacute;guez M&eacute;ndez, considerado por los propios fundadores &laquo;el alma del peri&oacute;dico&raquo;. Entre los colaboradores encontramos tambi&eacute;n a los masones Antonio Ramos y Ramos y Luis F. G&oacute;mez Wang&uuml;emert, este &uacute;ltimo desde Cuba. A ello se a&ntilde;ad&iacute;an firmas nacionales igualmente relacionadas con la masoner&iacute;a, como Antonio Zozaya, Gabriel Alomar, Luis Araquist&aacute;in, Marcelino Domingo, Luis de Zulueta o Vicente Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez. 
    </p><p class="article-text">
        	Y, sin embargo, <em>&iexcl;Verd&uacute;n!</em> encierra una &uacute;ltima paradoja: pr&aacute;cticamente no hablaba de masoner&iacute;a. Lo mas&oacute;nico aparece mucho m&aacute;s en su universo de ideas que en referencias expresas a la Orden. El peri&oacute;dico fue decididamente aliad&oacute;filo durante la Primera Guerra Mundial, coincidiendo con la posici&oacute;n que hab&iacute;a adoptado el Gran Oriente Espa&ntilde;ol, que ve&iacute;a en las potencias de la Entente la defensa de los ideales de libertad, progreso y fraternidad. La coincidencia era particularmente significativa porque, pocos meses antes de aparecer el semanario, Abora n.&ordm; 331 hab&iacute;a comunicado que todos sus miembros eran &laquo;fervientes aliad&oacute;filos&raquo;. 
    </p><p class="article-text">
        	La guerra ocup&oacute; buena parte de sus p&aacute;ginas, pero tambi&eacute;n el Tratado de Versalles y la creaci&oacute;n de la Sociedad de Naciones, proyecto en el que la masoner&iacute;a europea hab&iacute;a depositado igualmente grandes esperanzas. A ello se a&ntilde;adieron la Revoluci&oacute;n rusa, el encarecimiento de las subsistencias, la gripe de 1918, la autonom&iacute;a insular y regional, la ense&ntilde;anza o asuntos estrictamente palmeros como la crisis de los bordados, las carreteras y las obras del puerto. 
    </p><p class="article-text">
        	El balance de casi medio siglo resulta, por tanto, menos sencillo de lo que pudiera suponerse. La prensa palmera de la Restauraci&oacute;n no fue una prensa mas&oacute;nica, pero numerosos periodistas palmeros s&iacute; fueron masones. Durante las primeras d&eacute;cadas abundaron entre ellos liberales e incluso conservadores y apenas dejaron huellas de su pertenencia a la Orden en los peri&oacute;dicos que dirigieron o redactaron. Con el cambio de siglo, las alusiones a la masoner&iacute;a se hicieron m&aacute;s frecuentes en la prensa republicana y librepensadora y, desde 1911, el nuevo n&uacute;cleo de Abora adquiri&oacute; un perfil mucho m&aacute;s pr&oacute;ximo al republicanismo. 
    </p><p class="article-text">
        	<em>&iexcl;Verd&uacute;n!</em> representa quiz&aacute; mejor que ninguna otra cabecera la culminaci&oacute;n de este proceso. Casi toda su redacci&oacute;n estaba integrada por masones y, parad&oacute;jicamente, apenas public&oacute; informaci&oacute;n sobre la masoner&iacute;a. Pero su defensa de los aliados, de los ideales democr&aacute;ticos y de la futura Sociedad de Naciones coincid&iacute;a plenamente con las posiciones asumidas entonces por el Gran Oriente Espa&ntilde;ol. La influencia, por tanto, no siempre necesitaba mostrarse mediante escuadras, compases o referencias a las logias. A veces estaba sencillamente en las ideas que sosten&iacute;an quienes escrib&iacute;an el peri&oacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J.J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/prensa-masoneria-palma-durante-restauracion_129_13465903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 2026 11:59:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Prensa y masonería en La Palma durante la Restauración]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Carlos Rodríguez ‘El Palmero’, el hombre que hizo que se quedara el baloncesto en Los Llanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/juan-carlos-rodriguez-palmero-hombre-hizo-quedara-baloncesto-llanos_129_13461309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/64221997-31ec-44e5-94fa-f1436c488f1e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149677.jpg" width="338" height="190" alt="Juan Carlos Rodríguez ‘El Palmero’, el hombre que hizo que se quedara el baloncesto en Los Llanos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Jugador, entrenador, formador y durante muchos años alma mater del C. B. Aridane, Juan Carlos Rodríguez Brito fue uno de los principales responsables de que el baloncesto dejara de aparecer y desaparecer en Los Llanos de Aridane y consiguiera, por fin, echar raíces. Su contribución al básquet insular, y particularmente al del Valle, merece hoy ser recordada y reconocida</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Juan Carlos Rodríguez Brito.                            </span>
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        Durante mucho tiempo, la historia del baloncesto en Los Llanos de Aridane tuvo algo de Guadiana. Aparec&iacute;a con fuerza, desaparec&iacute;a durante algunos a&ntilde;os y volv&iacute;a a surgir m&aacute;s tarde, casi siempre de la mano de un nuevo grupo de entusiastas. Hab&iacute;a comenzado muy pronto. Ya en 1933-1934, Severo Rodr&iacute;guez, &laquo;el Americano&raquo;, impuls&oacute; una primera eclosi&oacute;n, con cancha, asociaci&oacute;n y varios equipos, que la Guerra Civil trunc&oacute; en 1936. Hubo que esperar hasta la segunda mitad de los a&ntilde;os cincuenta para que el bal&oacute;n volviera a botar con cierta regularidad, primero con el <em>Palermo</em> y el <em>Juventud Aridane</em> y despu&eacute;s con otros conjuntos. En los sesenta lleg&oacute; otra etapa de pujanza y, en 1970, el nuevo <em>Valle Aridane</em> dio incluso el salto a Tercera Divisi&oacute;n Nacional. Pero tampoco aquello dur&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        En medio de esa historia de entusiasmos recurrentes aparece Juan Carlos Rodr&iacute;guez Brito, santacrucero de procedencia y llanense de adopci&oacute;n. En Los Llanos pronto fue simplemente Juan Carlos &laquo;el Palmero&raquo;, precisamente porque proced&iacute;a de Santa Cruz de La Palma. A comienzos de los setenta era apenas un muchacho, uno de los j&oacute;venes que empezaban a destacar alrededor del Instituto y del reci&eacute;n creado <em>Valle Aridane</em>. En la temporada 1971-72 se incorpor&oacute;, todav&iacute;a adolescente, al primer equipo, donde coincidi&oacute; con jugadores como Gregorio Pulido, Sarbelio Rodr&iacute;guez &laquo;Chaveco&raquo;, Javier Acosta, Nicolas&iacute;n G&oacute;mez, Rosendo Rodr&iacute;guez, Pedro &Aacute;ngel Camacho o Leoncio Mor&iacute;n y tambi&eacute;n con su hermano Paco Rodr&iacute;guez Brito, que ya hab&iacute;a formado parte de la plantilla en la campa&ntilde;a anterior.
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                Los Llanos Confort 2 (1985).                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Juan Carlos permaneci&oacute; en aquel <em>Valle Aridane</em> hasta 1973-74, cuarta y &uacute;ltima temporada del club en Tercera Divisi&oacute;n. Despu&eacute;s sigui&oacute; jugando en la tradicional competici&oacute;n de verano de la capital de la isla, adonde el Aridane Anra se incorpor&oacute; en 1974. El equipo estable hab&iacute;a desaparecido, pero &eacute;l continuaba jugando. Y acaso ah&iacute; est&eacute; una de las claves para comprender lo que suceder&iacute;a despu&eacute;s: Juan Carlos hab&iacute;a conocido desde dentro aquella peculiar fragilidad del baloncesto llanense, hab&iacute;a participado en uno de sus renacimientos y hab&iacute;a visto tambi&eacute;n c&oacute;mo, apenas unos a&ntilde;os despu&eacute;s, volv&iacute;a a quedarse sin una estructura que le diera continuidad. Esta vez hab&iacute;a que empezar por abajo
    </p><p class="article-text">
        A principios de los a&ntilde;os ochenta el baloncesto volvi&oacute; a despertar en Los Llanos, pero esta vez ocurri&oacute; algo diferente: se empez&oacute; por la base. En 1981 se puso en marcha la campa&ntilde;a Aridane 81, destinada a promover el deporte escolar. Marisol Van Baumberghem, figura imprescindible para entender el desarrollo del baloncesto femenino en el municipio, cont&oacute; para el b&aacute;squet con Juan Carlos Rodr&iacute;guez y Augusto C&aacute;ceres. Comenzaba entonces para &laquo;el Palmero&raquo; una larga trayectoria como entrenador y formador que se prolongar&iacute;a durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os y que acabar&iacute;a cambiando la historia de este deporte en el Valle.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Campaña Aridane-81.                            </span>
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        Durante aquellos primeros a&ntilde;os no exist&iacute;a todav&iacute;a, en Los Llanos, una competici&oacute;n federada regular que enfrentara cada fin de semana a los equipos llanenses con los de Santa Cruz de La Palma. Hab&iacute;a algo anterior y quiz&aacute; m&aacute;s importante: ni&ntilde;os y j&oacute;venes a los que ense&ntilde;ar a jugar, grupos que organizar, entrenamientos, actividades escolares, encuentros y partidos cuando era posible. Antes de volver a competir de manera estable hab&iacute;a que reconstruir pr&aacute;cticamente desde abajo una base que se hab&iacute;a perdido. Ya no se trataba, como hab&iacute;a ocurrido otras veces, de reunir a unos cuantos jugadores para sacar adelante un equipo s&eacute;nior durante una o dos temporadas, sino de formar primero a quienes alg&uacute;n d&iacute;a integrar&iacute;an esos equipos.
    </p><p class="article-text">
        En esa tarea Juan Carlos desarroll&oacute; una labor fundamental entre los muchachos, mientras Marisol Van Baumberghem hac&iacute;a otro tanto, particularmente, en el baloncesto femenino. El Patronato Municipal de Deportes terminar&iacute;a poniendo en marcha una Escuela de Baloncesto dirigida por Juan Carlos Rodr&iacute;guez, que se convirti&oacute; en un aut&eacute;ntico revulsivo para este deporte en el Valle de Aridane. Ah&iacute; se encuentra probablemente su aportaci&oacute;n m&aacute;s importante: no en un resultado concreto ni en un determinado ascenso, sino en la paciencia de trabajar durante a&ntilde;os con quienes todav&iacute;a no eran jugadores, cuando los frutos de aquel esfuerzo apenas pod&iacute;an adivinarse.
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                Aridane Alupalma (1997).                            </span>
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        En muchas de aquellas iniciativas cont&oacute;, adem&aacute;s, con la colaboraci&oacute;n de su esposa, la m&eacute;dica Nieves Rosa Arroyo, que prest&oacute; asistencia sanitaria en numerosos equipos, torneos y actividades de las d&eacute;cadas de 1980 y 1990. Eran tiempos en los que levantar un proyecto deportivo exig&iacute;a que cada cual aportara mucho m&aacute;s de lo que pod&iacute;a reflejar un acta o una clasificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El alma mater del Aridane</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los resultados comenzaron, no obstante, a llegar. En 1984, Los Llanos puso en marcha su propia competici&oacute;n de verano, el Aridane-84, cuya primera edici&oacute;n gan&oacute; precisamente el Confort-2 dirigido por Juan Carlos. La temporada siguiente, aquel Los Llanos Confort-2 fue subcampe&oacute;n insular s&eacute;nior, con &laquo;el Palmero&raquo; como entrenador-jugador y con otro de sus hermanos, Julio Rodr&iacute;guez Brito, entre los componentes del equipo. El baloncesto s&eacute;nior regresaba as&iacute; al municipio, pero ahora dispon&iacute;a de algo que hab&iacute;a faltado en otras ocasiones: detr&aacute;s comenzaba a existir una cantera.
    </p><p class="article-text">
        En pocos a&ntilde;os el nuevo Aridane pas&oacute; de competir en el &aacute;mbito insular a conseguir el ascenso a Segunda Divisi&oacute;n. En 1987-88 regres&oacute; a las competiciones provinciales con Juan Carlos inicialmente en el banquillo, Para entonces, sin embargo, su importancia dentro del club hac&iacute;a tiempo que hab&iacute;a desbordado esa funci&oacute;n concreta. Juan Carlos se hab&iacute;a convertido en el alma mater del C. B. Aridane, en una referencia que permanec&iacute;a mientras cambiaban los t&eacute;cnicos, llegaban y se marchaban jugadores o se suced&iacute;an temporadas mejores y peores.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; el mejor indicador de que aquel trabajo hab&iacute;a arraigado fuera precisamente que empezaron a aparecer otros entrenadores capaces de continuarlo. Juan Jes&uacute;s Camacho, Cipriano Castro, Leoncio Mor&iacute;n, Juan Manuel Remedios, Toni Rodr&iacute;guez, Alejandro o Josema Ramos fueron algunos de quienes asumieron despu&eacute;s, junto a los que ven&iacute;an de fuera, responsabilidades en aquel baloncesto que ya no depend&iacute;a exclusivamente de una sola persona. Ese relevo constituye, en realidad, una parte esencial del legado de Juan Carlos: no construy&oacute; &uacute;nicamente equipos; ayud&oacute; a levantar una estructura capaz de sobrevivir a sus propios impulsores.
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                Aridane Anra (1974).                            </span>
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        A finales de los ochenta, el <em>Aridane</em> se hab&iacute;a convertido ya en uno de los principales focos del b&aacute;squet insular. Era capaz incluso de atraer a destacados jugadores de Santa Cruz de La Palma, como Jos&eacute; Luis L&oacute;pez o Fernando Pe&ntilde;a. La situaci&oacute;n se hab&iacute;a invertido respecto de d&eacute;cadas anteriores: aquel baloncesto llanense que tantas veces hab&iacute;a tenido dificultades para reunir un equipo pod&iacute;a ahora competir por algunos de los mejores jugadores de la isla. Hubo despu&eacute;s problemas deportivos y econ&oacute;micos y el primer equipo termin&oacute; retir&aacute;ndose de la competici&oacute;n auton&oacute;mica en 1991-92, pero esta vez la retirada no signific&oacute; la desaparici&oacute;n del baloncesto. Permanec&iacute;an jugadores, entrenadores, competiciones y, sobre todo, una base que ya hab&iacute;a echado ra&iacute;ces.
    </p><p class="article-text">
        Juan Carlos a&uacute;n tendr&iacute;a tiempo de regresar al primer plano. En 1996-97, al frente del C. B. <em>Aridane Alupalma</em>, volvi&oacute; a conducir al club a una fase de ascenso y el equipo terminar&iacute;a consiguiendo el salto a la liga auton&oacute;mica. Hab&iacute;an transcurrido m&aacute;s de quince a&ntilde;os desde Aridane 81 y m&aacute;s de veinticinco desde que aquel adolescente santacrucero comenzara a hacerse un hueco en las canchas del Valle. &laquo;El Palmero&raquo; segu&iacute;a all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&laquo;El Palmero&raquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La vinculaci&oacute;n de Juan Carlos Rodr&iacute;guez Brito con Los Llanos desbord&oacute;, adem&aacute;s, las propias canchas. Durante a&ntilde;os fue funcionario de los ayuntamientos de Tazacorte y Los Llanos de Aridane, aunque sea su trayectoria deportiva la que aqu&iacute; centra nuestro inter&eacute;s. S&iacute; a&ntilde;ade una pincelada distinta su afici&oacute;n a la poes&iacute;a, que cristaliz&oacute; muchos a&ntilde;os despu&eacute;s en la publicaci&oacute;n del poemario <em>El ruido de las palabras</em>. Otra faceta de un hombre al que varias generaciones, sin embargo, seguir&aacute;n asociando ante todo con una cancha, un bal&oacute;n y un grupo de muchachos aprendiendo a jugar.
    </p><p class="article-text">
        No fue Juan Carlos quien llev&oacute; por primera vez el baloncesto a Los Llanos. Ese honor corresponde a Severo Rodr&iacute;guez y a aquellos pioneros de los a&ntilde;os treinta. Tampoco estuvo solo en la recuperaci&oacute;n de los ochenta: la aportaci&oacute;n de Marisol Van Baumberghem al baloncesto femenino fue extraordinaria y alrededor de ambos hubo&ndash;no muchos&ndash; entrenadores, directivos, jugadores, familias y responsables deportivos sin los que nada habr&iacute;a sido posible. Pero en la historia moderna del baloncesto llanense existe, indudablemente, un antes y un despu&eacute;s de Juan Carlos Rodr&iacute;guez Brito.
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                Aridane Panificadora Llanense (1987).                            </span>
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        &Eacute;l hab&iacute;a vivido aquel baloncesto que aparec&iacute;a y desaparec&iacute;a y conoc&iacute;a, como jugador, lo f&aacute;cil que era que un proyecto prometedor terminara diluy&eacute;ndose. Cuando le toc&oacute; asumir otras responsabilidades ayud&oacute; a construir algo distinto: una escuela, una cantera, equipos, entrenadores y, en definitiva, una cultura baloncest&iacute;stica suficientemente s&oacute;lida para sobrevivir a una generaci&oacute;n. Esa fue su gran obra y por eso su importancia no puede medirse &uacute;nicamente por los partidos que gan&oacute; o por los ascensos que consigui&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El muchacho que lleg&oacute; desde Santa Cruz de La Palma y al que sus compa&ntilde;eros llamaron &laquo;el Palmero&raquo; acab&oacute; convirti&eacute;ndose, parad&oacute;jicamente, en uno de los hombres que mejor representan el baloncesto de Los Llanos de Aridane. Su aportaci&oacute;n merece, por ello, algo m&aacute;s que el recuerdo afectuoso de quienes jugaron o entrenaron con &eacute;l. Merece un reconocimiento del baloncesto palmero y, de manera muy especial, de Los Llanos de Aridane, donde su trabajo dej&oacute; una huella que alcanza mucho m&aacute;s all&aacute; de los equipos que dirigi&oacute;. Durante d&eacute;cadas, el b&aacute;squet hab&iacute;a ido y venido por el Valle casi como el Guadiana. Juan Carlos Rodr&iacute;guez &laquo;el Palmero&raquo;, junto a otros, consigui&oacute; que esta vez se quedara. Y eso bien merece un tributo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>J.J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/juan-carlos-rodriguez-palmero-hombre-hizo-quedara-baloncesto-llanos_129_13461309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 08:48:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Juan Carlos Rodríguez ‘El Palmero’, el hombre que hizo que se quedara el baloncesto en Los Llanos]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El breñusco Julián Guerra Cabrera (1875-1959), el más prolífico fundador de periódicos de La Palma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/brenusco-julian-guerra-cabrera-1875-1959-prolifico-fundador-periodicos-palma_129_13457178.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/504b48a9-b186-44b3-ae12-078b08dc8441_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El breñusco Julián Guerra Cabrera (1875-1959), el más prolífico fundador de periódicos de La Palma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Maestro, promotor de sociedades obreras y director de nueve cabeceras entre 1900 y 1934, Guerra recorrió una singular trayectoria periodística entre el obrerismo, el republicanismo filosocialista y el catolicismo social, sin abandonar nunca su preocupación por la educación y las condiciones de vida de los trabajadores</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Periódico &#039;La Antorcha del Obrero&#039;                            </span>
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        Anselmo Juli&aacute;n Guerra Cabrera, Juli&aacute;n Guerra como se le conoc&iacute;a habitualmente, ocupa un lugar singular en la historia del periodismo de La Palma. No fue probablemente el periodista de mayor brillantez literaria de su tiempo, ni tampoco el articulista m&aacute;s celebrado, pero s&iacute; el m&aacute;s prol&iacute;fico fundador y director de peri&oacute;dicos que ha tenido la isla. Entre 1900 y 1934 puso en marcha y dirigi&oacute; nueve cabeceras, una cifra extraordinaria para una isla peque&ntilde;a y para una &eacute;poca en la que sostener econ&oacute;micamente un peri&oacute;dico constitu&iacute;a casi siempre una aventura incierta. Todas aquellas publicaciones tuvieron, adem&aacute;s, un denominador com&uacute;n: fueron peri&oacute;dicos obreristas, cat&oacute;licos o ambas cosas a la vez. 
    </p><p class="article-text">
        Su propia biograf&iacute;a ayuda a explicar esa trayectoria. Guerra hab&iacute;a nacido en Bre&ntilde;a Alta el 22 de enero de 1875, en el seno de una modesta familia campesina, en un municipio donde alrededor del noventa por ciento de la poblaci&oacute;n era analfabeta. Despu&eacute;s de recibir las primeras letras en la escuela p&uacute;blica de su pueblo, march&oacute; al Seminario Conciliar de La Laguna, donde permaneci&oacute; entre 1892 y 1896. No lleg&oacute; a ordenarse sacerdote. Abandon&oacute; aquella primera vocaci&oacute;n y se convirti&oacute; en maestro, profesi&oacute;n a la que dedicar&iacute;a pr&aacute;cticamente toda su vida. Ese paso por el Seminario no constituye un detalle menor. Guerra no fue un socialista que a&ntilde;os despu&eacute;s descubriera el catolicismo. Su formaci&oacute;n cristiana era anterior a sus primeras incursiones period&iacute;sticas y convivi&oacute; durante a&ntilde;os con un obrerismo cada vez m&aacute;s intenso, con evidentes simpat&iacute;as republicanas y con la recepci&oacute;n de algunas ideas y reivindicaciones socialistas.
    </p><p class="article-text">
        Ense&ntilde;anza, preocupaci&oacute;n social y periodismo resultaron en &eacute;l actividades dif&iacute;cilmente separables. Dirigi&oacute; escuelas promovidas por sociedades obreras como El Amparo del Obrero, la Sociedad Escolar de Obreros de La Palma, El Porvenir del Obrero o El Defensor del Obrero, creadas para proporcionar ense&ntilde;anza gratuita a trabajadores y a sus hijos. Aquel maestro fue, al mismo tiempo, uno de los personajes m&aacute;s din&aacute;micos del periodismo palmero del primer tercio del siglo XX. Luis Felipe G&oacute;mez Wang&uuml;emert lleg&oacute; a considerarlo, no sin cierta mordacidad, m&aacute;s gestor de peri&oacute;dicos que periodista de pluma. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>De </strong><em><strong>El Fiscal</strong></em><strong> a </strong><em><strong>La Disciplina</strong></em><strong>: los a&ntilde;os del obrerismo</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tras iniciarse probablemente como redactor de <em>La Justicia</em>, Guerra puso en marcha <em>El Fiscal</em>, que apareci&oacute; el 15 de enero de 1900 y alcanzar&iacute;a 91 n&uacute;meros hasta enero de 1902. Naci&oacute; como &laquo;semanario independiente, &oacute;rgano de la juventud&raquo;, con un prop&oacute;sito de evidente sabor regeneracionista, pero fue adquiriendo pronto un marcado car&aacute;cter combativo. Lleg&oacute; a proclamar la &laquo;guerra sin cuartel al degradante cunerismo&raquo;, al atropello de la justicia y a quienes se enriquec&iacute;an a costa del sudor de los trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        El peri&oacute;dico se movi&oacute; en ambientes pr&oacute;ximos al republicanismo y fue concediendo una importancia creciente a la cuesti&oacute;n obrera. Record&oacute; favorablemente a Pi y Margall y Nicol&aacute;s Salmer&oacute;n, promovi&oacute; la creaci&oacute;n de un centro instructivo para los trabajadores, hizo llamamientos a su uni&oacute;n, defendi&oacute; al concejal socialista Antonio Fern&aacute;ndez P&eacute;rez e incorpor&oacute; una secci&oacute;n denominada &laquo;Propaganda obrera&raquo;. Al mismo tiempo denunciaba la &laquo;farsa electoral&raquo; de la Restauraci&oacute;n y aspiraba a que las clases trabajadoras alcanzasen representaci&oacute;n en los ayuntamientos.
    </p><p class="article-text">
        Su independencia pol&iacute;tica explica una aparente paradoja. En las elecciones de 1901 apoy&oacute; al conservador Pedro Poggio y &Aacute;lvarez, no por identificaci&oacute;n ideol&oacute;gica, sino por considerarlo candidato del pa&iacute;s frente al cunerismo y no existir una alternativa republicana u obrera. Cuando esta apareci&oacute; dos a&ntilde;os despu&eacute;s, la posici&oacute;n de Guerra ser&iacute;a muy diferente. Las discrepancias entre Guerra y Manuel Pestana Henr&iacute;quez sobre la manera de abordar las cuestiones sociales y religiosas acabaron separando a los dos principales animadores de <em>El Fiscal</em>. Pestana fund&oacute; <em>El Grito del Pueblo</em>, mientras Guerra puso en circulaci&oacute;n pocos meses despu&eacute;s <em>La Voz del Obrero</em>. La ruptura period&iacute;stica, por cierto, no termin&oacute; con la amistad entre ambos.
    </p><p class="article-text">
        <em>La Voz del Obrero</em> apareci&oacute; el 6 de septiembre de 1902 como &laquo;semanario defensor de la clase trabajadora&raquo;. Si en <em>El Fiscal</em> el obrerismo hab&iacute;a ido ganando terreno, ahora constitu&iacute;a la raz&oacute;n de ser de la publicaci&oacute;n. Sus p&aacute;ginas difundieron el pensamiento socialista, particularmente el de Pablo Iglesias, siguieron el desarrollo del movimiento obrero y defendieron reivindicaciones como el descanso dominical, la jornada de ocho horas, la agremiaci&oacute;n y la educaci&oacute;n. Su proximidad al republicanismo fue igualmente expl&iacute;cita. El peri&oacute;dico lleg&oacute; a sostener que el triunfo de la Rep&uacute;blica pod&iacute;a significar el comienzo de la revoluci&oacute;n social y en 1903 apoy&oacute; la candidatura republicana de Pedro P&eacute;rez D&iacute;az al Congreso. Constituida aquel a&ntilde;o la Asociaci&oacute;n Gremial de Obreros de La Palma, pas&oacute; a ser &oacute;rgano de esta sociedad y llam&oacute; a los trabajadores de la isla a integrarse en ella.
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                Portada de &#039;Regeneración Palmera&#039;.                            </span>
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        Ser&iacute;a tentador concluir que Guerra hab&iacute;a abrazado entonces el socialismo. Sus propios escritos aconsejan mayor cautela. En marzo de 1903 reconoc&iacute;a que exist&iacute;a &laquo;alguna verdad&raquo; en las pretensiones de socialistas y anarquistas, pero explicaba tambi&eacute;n desde d&oacute;nde las juzgaba: se consideraba &laquo;deudor de la doctrina de Cristo&raquo;. Su antigua formaci&oacute;n seminar&iacute;stica permite comprender mejor aquella aparente contradicci&oacute;n. Guerra pod&iacute;a asumir reivindicaciones socialistas y colaborar pol&iacute;ticamente con los republicanos sin haber abandonado su matriz cristiana.
    </p><p class="article-text">
        En 1905 promovi&oacute; su tercer proyecto netamente obrerista, <em>La Disciplina</em>, &oacute;rgano de la Sociedad Escolar de Obreros de La Palma, creada para establecer escuelas de instrucci&oacute;n primaria, organizar conferencias y formar una biblioteca. El peri&oacute;dico se situaba en la l&iacute;nea de <em>La Voz del Obrero</em>, pero su ra&iacute;z cat&oacute;lica aparec&iacute;a ya con mayor nitidez. No desaparec&iacute;a por ello su preocupaci&oacute;n pol&iacute;tica. Guerra defend&iacute;a expresamente la participaci&oacute;n de los trabajadores en la vida p&uacute;blica: mediante ella pod&iacute;an conseguir mejores escuelas, una distribuci&oacute;n m&aacute;s justa de las cargas fiscales, leyes m&aacute;s favorables y normas que limitasen la jornada laboral. <em>La Disciplina</em>representa, por tanto, menos una ruptura que una progresiva decantaci&oacute;n: el obrerismo permanec&iacute;a; lo que empezaba a definirse con mayor claridad era el fundamento cristiano desde el que Guerra trataba de responder a la cuesti&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La consolidaci&oacute;n del catolicismo social</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese proceso se hizo inequ&iacute;voco en 1907 con <em>El Porvenir del Obrero</em>. La nueva cabecera segu&iacute;a siendo obrerista, pero aparec&iacute;a ya claramente inscrita en el catolicismo social alentado por la <em>Rerum Novarum</em> de Le&oacute;n XIII y en el movimiento de la denominada &laquo;buena prensa&raquo;. <em>El Porvenir del Obrero</em> naci&oacute; el 1 de junio de 1907 como &oacute;rgano de la sociedad del mismo nombre y permaneci&oacute; en circulaci&oacute;n hasta enero de 1910. Pretend&iacute;a &laquo;oponer un dique a las vejaciones y abusos que contra el operario se cometen y reivindicar los derechos del mismo&raquo; y desde su n&uacute;mero 25 se proclam&oacute; &oacute;rgano de una sociedad expresamente cat&oacute;lica. 
    </p><p class="article-text">
        En sus p&aacute;ginas conviv&iacute;an la defensa de la ense&ntilde;anza religiosa y las cr&iacute;ticas al liberalismo con la instrucci&oacute;n popular, la cooperaci&oacute;n obrera, el descanso dominical o la jornada de ocho horas. Esta &uacute;ltima reivindicaci&oacute;n alcanz&oacute; incluso un resultado tangible: en 1907 el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma asumi&oacute; las ocho horas como exigencia para sus contratistas. Tampoco faltaron las pol&eacute;micas. Su principal adversario fue <em>Germinal</em>, &oacute;rgano del Partido Republicano y de inspiraci&oacute;n librepensadora, que acusaba al semanario de clerical e incluso de carlista y lleg&oacute; a rebautizarlo, con la mordacidad caracter&iacute;stica de aquella prensa pol&iacute;tica, como <em>El porvenir de&hellip; los pa&uacute;les</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de su desaparici&oacute;n, Guerra regres&oacute; a la arena period&iacute;stica con <em>La Antorcha del Obrero</em>, que apareci&oacute; en 1915 y fue el primer peri&oacute;dico publicado en Bre&ntilde;a Alta. &Oacute;rgano de El Defensor del Obrero, otra sociedad fundada por Guerra y dotada tambi&eacute;n de escuelas, combin&oacute; nuevamente obrerismo y catolicismo. Pero no se limit&oacute; a la doctrina. Denunci&oacute; la paralizaci&oacute;n de las obras de la carretera de Bajamar, fundamental tanto para las comunicaciones como para proporcionar trabajo en los dif&iacute;ciles a&ntilde;os de la Gran Guerra, sigui&oacute; las obras del t&uacute;nel del risco de la Concepci&oacute;n y dedic&oacute; especial atenci&oacute;n al naufragio del <em>Pr&iacute;ncipe de Asturias</em> en las costas brasile&ntilde;as en 1916, en el que perecieron cinco palmeros que emigraban a Argentina. 
    </p><p class="article-text">
        Tuvieron que transcurrir diez a&ntilde;os para que Guerra emprendiera una nueva aventura period&iacute;stica. En plena dictadura de Primo de Rivera apareci&oacute;, el 24 de julio de 1926, <em>Regeneraci&oacute;n palmera</em>. Por primera vez fundaba un peri&oacute;dico cat&oacute;lico sin el marcado car&aacute;cter obrerista de sus anteriores empresas. Subtitulado &laquo;Peri&oacute;dico bi-semanario de intereses generales, literatura, noticias e informaci&oacute;n&raquo;, fue la cabecera m&aacute;s informativa de cuantas dirigi&oacute;. Su catolicismo permanec&iacute;a intacto &mdash;particip&oacute; activamente en el D&iacute;a de la Buena Prensa&mdash;, pero prest&oacute; una considerable atenci&oacute;n a los problemas cotidianos de La Palma y, entre ellos, a las gestiones para conseguir la reanudaci&oacute;n de las obras p&uacute;blicas paralizadas en la isla. Desapareci&oacute; en junio de 1929, despu&eacute;s de 177 n&uacute;meros; un intento posterior de prolongarla con el t&iacute;tulo de <em>Regeneraci&oacute;n</em> apenas tuvo recorrido. 
    </p><p class="article-text">
        La Segunda Rep&uacute;blica abri&oacute; un escenario muy diferente para el catolicismo espa&ntilde;ol. En ese contexto naci&oacute; <em>Acci&oacute;n social</em>, el 4 de julio de 1931. La publicaci&oacute;n llegar&iacute;a a convertirse en una de las principales cabeceras de la derecha palmera durante la Rep&uacute;blica, aunque Guerra solo dirigi&oacute; su primera etapa, hasta finales de 1932. La confrontaci&oacute;n entre catolicismo y laicismo adquir&iacute;a ahora una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica mucho mayor, y las pol&eacute;micas fueron especialmente intensas con <em>Espartaco</em>, &oacute;rgano del movimiento obrero palmero. A finales de 1932 Guerra traspas&oacute; la propiedad del peri&oacute;dico y qued&oacute; reducido posteriormente a la condici&oacute;n de redactor. No parece que aquel papel secundario encajara demasiado bien con quien durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os hab&iacute;a acostumbrado a fundar y dirigir sus propios peri&oacute;dicos. En 1934 volvi&oacute; a intentarlo. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Patria y letras</em> fue su &uacute;ltima aventura period&iacute;stica. Probablemente solo alcanz&oacute; veinte n&uacute;meros y apenas se conservan unos pocos. Se presentaba como &oacute;rgano de las Asociaciones Cat&oacute;licas de Obreros y Estudiantes de La Palma, reuniendo de nuevo dos constantes de la trayectoria de Guerra: ense&ntilde;anza y cuesti&oacute;n obrera, ahora inequ&iacute;vocamente interpretadas desde el catolicismo social. El semanario defendi&oacute; expresamente la sindicaci&oacute;n de los trabajadores y public&oacute; las bases de organizaci&oacute;n y el programa del sindicalismo obrero cat&oacute;lico, al tiempo que combat&iacute;a con insistencia al socialismo. Pero subsist&iacute;a una continuidad que atravesaba toda la trayectoria de Guerra: la preocupaci&oacute;n por las condiciones materiales de los trabajadores. <em>Patria y letras</em> reclam&oacute; casas baratas para los obreros, una cooperativa constructora, mejoras en la higiene y salubridad de Santa Cruz de La Palma y denunci&oacute; incluso las deficiencias del abastecimiento de agua de la ciudad. 
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                Periódico &#039;La Voz del Obrero&#039;.                            </span>
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        <strong>Un hombre de peri&oacute;dicos</strong>
    </p><p class="article-text">
        La trayectoria period&iacute;stica de Juli&aacute;n Guerra permite seguir algunas de las transformaciones ideol&oacute;gicas y sociales experimentadas por La Palma durante el primer tercio del siglo XX. Pero ser&iacute;a simplificador describirla como un desplazamiento lineal desde el socialismo hasta el catolicismo. Guerra hab&iacute;a recibido una prolongada formaci&oacute;n religiosa antes de comenzar su actividad period&iacute;stica. Desde <em>El Fiscal</em> mostr&oacute;, al mismo tiempo, una creciente preocupaci&oacute;n por los trabajadores, un acusado anticaciquismo y simpat&iacute;as hacia el republicanismo. Con <em>La Voz del Obrero</em> alcanz&oacute; su momento de mayor aproximaci&oacute;n al socialismo, difundiendo algunas de sus ideas y defendiendo varias de las reivindicaciones que el movimiento obrero hab&iacute;a convertido en banderas propias. Pero incluso entonces continuaba consider&aacute;ndose &laquo;deudor de la doctrina de Cristo&raquo;. <em>La Disciplina</em> hizo m&aacute;s expl&iacute;cita aquella ra&iacute;z cristiana y <em>El Porvenir del Obrero</em> consolid&oacute; definitivamente su adscripci&oacute;n al catolicismo social.
    </p><p class="article-text">
        Por debajo de esa evoluci&oacute;n permanecieron algunas constantes: la preocupaci&oacute;n por la ense&ntilde;anza, la defensa de los trabajadores, el asociacionismo, una profunda religiosidad y una extraordinaria confianza en la capacidad de la prensa para intervenir en la sociedad. Lo que cambi&oacute; fue, sobre todo, el marco doctrinal desde el que Guerra trat&oacute; de dar respuesta a aquellas preocupaciones. Sus peri&oacute;dicos reflejan perfectamente ese itinerario. <em>El Fiscal</em> transit&oacute; desde un regeneracionismo independiente hacia un creciente obrerismo; <em>La Voz del Obrero</em> represent&oacute; su mayor aproximaci&oacute;n al republicanismo y al socialismo; <em>La Disciplina</em> hizo m&aacute;s visible la ra&iacute;z cat&oacute;lica de aquel compromiso social; <em>El Porvenir del Obrero</em> y <em>La Antorcha del Obrero</em> combinaron inequ&iacute;vocamente catolicismo y obrerismo; <em>Regeneraci&oacute;n palmera</em> fue su cabecera m&aacute;s informativa y la &uacute;nica inequ&iacute;vocamente cat&oacute;lica que abandon&oacute; aquella impronta obrera; <em>Acci&oacute;n social</em> respondi&oacute; al clima de confrontaci&oacute;n religiosa de los primeros a&ntilde;os republicanos, y <em>Patria y letras</em> cerr&oacute; el c&iacute;rculo reuniendo nuevamente apostolado cat&oacute;lico, educaci&oacute;n y preocupaci&oacute;n por la cuesti&oacute;n social. Esa caracterizaci&oacute;n coincide con la conclusi&oacute;n del estudio de investigaci&oacute;n: la prensa de Guerra fue siempre obrerista, cat&oacute;lica o ambas cosas, con <em>Regeneraci&oacute;n palmera</em> como principal excepci&oacute;n a la impronta obrera. 
    </p><p class="article-text">
        Juli&aacute;n Guerra muri&oacute; en Santa Cruz de La Palma el 27 de enero de 1959, con ochenta y cuatro a&ntilde;os. Un antiguo disc&iacute;pulo suyo, Antonio Hern&aacute;ndez Rodr&iacute;guez, escribi&oacute; entonces que desaparec&iacute;a uno de los hombres m&aacute;s sencillos y humildes de su generaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n uno de los de mayor rendimiento en &laquo;virtudes ciudadanas&raquo; y &laquo;fecundas actividades profesionales&raquo;. La apreciaci&oacute;n no parece exagerada. Maestro durante toda su vida, promotor de sociedades obreras, impulsor de escuelas y fundador y director de nueve peri&oacute;dicos, Anselmo Juli&aacute;n Guerra Cabrera fue, por encima de cualquier otra consideraci&oacute;n, un infatigable <strong>hombre de peri&oacute;dicos</strong>. Sorprende, por ello, el escaso reconocimiento p&uacute;blico recibido por su figura, hasta el punto de que ni siquiera su Bre&ntilde;a Alta natal le ha dedicado una calle. Acaso ha llegado ya el momento de reparar el olvido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/brenusco-julian-guerra-cabrera-1875-1959-prolifico-fundador-periodicos-palma_129_13457178.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 2026 11:13:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El breñusco Julián Guerra Cabrera (1875-1959), el más prolífico fundador de periódicos de La Palma]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos voces, una causa: Pedro y Alonso Pérez Díaz  en la regeneración política de La Palma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/voces-causa-pedro-alonso-perez-diaz-regeneracion-politica-palma_129_13449611.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba8a46a8-dd74-4649-a4e5-75c71dafd752_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos voces, una causa: Pedro y Alonso Pérez Díaz  en la regeneración política de La Palma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Separados por sus trayectorias profesionales, por la distinta intensidad de su presencia pública e incluso por el momento histórico en que cada uno alcanzó mayor protagonismo, los dos hermanos participaron, sin embargo, de una misma causa: la regeneración política, la preocupación social, la educación como instrumento de progreso y la defensa de la autonomía insular</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Pedro y Alonso Pérez Díaz.                            </span>
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        Hay biograf&iacute;as que pueden escribirse aisladamente y otras que, aun conservando cada protagonista una personalidad propia, se comprenden mejor cuando se contemplan juntas. Es el caso de los hermanos Pedro P&eacute;rez D&iacute;az (Villa de Mazo, 1865-Madrid, 1930) y Alonso P&eacute;rez D&iacute;az (Villa de Mazo, 1876-Las Palmas de Gran Canaria, 1941), dos de las figuras m&aacute;s sobresalientes del republicanismo palmero del primer tercio del siglo XX. Separados por sus trayectorias profesionales, por la distinta intensidad de su presencia p&uacute;blica e incluso por el momento hist&oacute;rico en que cada uno alcanz&oacute; mayor protagonismo, los dos hermanos participaron, sin embargo, de una misma causa: la regeneraci&oacute;n pol&iacute;tica, la preocupaci&oacute;n social, la educaci&oacute;n como instrumento de progreso y la defensa de la autonom&iacute;a insular.
    </p><p class="article-text">
        No resulta extra&ntilde;o que dos hermanos compartan convicciones pol&iacute;ticas. Lo que hace singular el caso de los P&eacute;rez D&iacute;az es que esa coincidencia termin&oacute; proyect&aacute;ndose durante varias d&eacute;cadas sobre algunos de los grandes problemas de Canarias y, particularmente, de La Palma. En cierto modo, donde Pedro elabor&oacute; ideas, Alonso encontr&oacute; despu&eacute;s un campo para su aplicaci&oacute;n pol&iacute;tica; donde uno actu&oacute; preferentemente desde Madrid, el gabinete, el Consejo de Estado o la prensa, el otro lo hizo desde el Ayuntamiento, la pol&iacute;tica insular y, finalmente, el Parlamento de la Segunda Rep&uacute;blica. Y ambos proced&iacute;an, parad&oacute;jicamente, de un ambiente familiar bastante alejado del republicanismo que terminar&iacute;an abrazando.
    </p><p class="article-text">
        Pedro hab&iacute;a nacido en Villa de Mazo el 29 de junio de 1865 y Alonso, once a&ntilde;os despu&eacute;s, el 11 de junio de 1876. Crecieron en el seno de una familia acomodada y de orientaci&oacute;n conservadora. Su padre, Alonso P&eacute;rez S&aacute;nchez, hab&iacute;a sido alcalde del municipio y era correligionario de Pedro Poggio y &Aacute;lvarez, una de las personalidades pol&iacute;ticas con las que, andando el tiempo, Pedro P&eacute;rez D&iacute;az llegar&iacute;a a enfrentarse electoralmente. En aquella ruptura puede encontrarse ya algo m&aacute;s que una simple discrepancia pol&iacute;tica: la decisi&oacute;n de apartarse del mundo caciquil y de las lealtades tradicionales en el que hab&iacute;a transcurrido su primera juventud.
    </p><p class="article-text">
        La propia familia constituye, adem&aacute;s, un curioso mosaico de las corrientes ideol&oacute;gicas y religiosas que atravesaron la Espa&ntilde;a de aquellos a&ntilde;os. Uno de los hermanos, Norberto P&eacute;rez D&iacute;az, fue sacerdote; un primo hermano, el m&eacute;dico Juan P&eacute;rez D&iacute;az, perteneci&oacute; a la masoner&iacute;a y fue padre de Blas P&eacute;rez Gonz&aacute;lez, futuro ministro de la Gobernaci&oacute;n durante el franquismo; y entre los descendientes de otra rama familiar se encontraba el jesuita Manuel Morales P&eacute;rez, fundador de los Cruzados de Santa Mar&iacute;a. Republicanismo, catolicismo, masoner&iacute;a y, finalmente, franquismo llegaron as&iacute; a convivir dentro de un mismo entramado familiar. Pero para comprender pol&iacute;ticamente a Pedro y Alonso hay que abandonar por un momento La Palma y trasladarse al Madrid del cambio de siglo.
    </p><p class="article-text">
        Pedro P&eacute;rez D&iacute;az se integr&oacute; tempranamente en los ambientes krausistas y republicanos de la capital. Su proximidad a Nicol&aacute;s Salmer&oacute;n, Francisco Giner de los R&iacute;os y Gumersindo de Azc&aacute;rate no fue epis&oacute;dica. Frecuent&oacute; las tertulias que Salmer&oacute;n celebraba en su casa y entr&oacute; en contacto con algunas de las grandes figuras intelectuales de aquel tiempo. Su matrimonio con Catalina Salmer&oacute;n termin&oacute; por introducirlo plenamente en aquel c&iacute;rculo familiar e intelectual en el que pol&iacute;tica, educaci&oacute;n y &eacute;tica aparec&iacute;an estrechamente relacionadas.
    </p><p class="article-text">
        Por Madrid pas&oacute; tambi&eacute;n Alonso. Entre 1895 y 1904 permaneci&oacute; en la capital, primero como estudiante y despu&eacute;s durante los a&ntilde;os inmediatamente posteriores a la terminaci&oacute;n de su carrera. Aquella convivencia con Pedro debi&oacute; de resultar decisiva. Alonso no desarrollar&iacute;a la misma trayectoria intelectual que su hermano ni alcanzar&iacute;a su presencia en los c&iacute;rculos acad&eacute;micos madrile&ntilde;os, pero vivi&oacute; de cerca aquel republicanismo de ra&iacute;z krausista que entend&iacute;a la pol&iacute;tica no simplemente como la conquista del poder, sino tambi&eacute;n como un ejercicio de responsabilidad c&iacute;vica.
    </p><p class="article-text">
        Esa matriz com&uacute;n ayuda a explicar que la preocupaci&oacute;n de ambos hermanos por La Palma rebasara pronto las cuestiones meramente partidistas. Educaci&oacute;n, derechos sociales, regeneraci&oacute;n de las instituciones y autonom&iacute;a insular aparecen una y otra vez en sus respectivas trayectorias.
    </p><p class="article-text">
        Pedro fue, ante todo, el gran formulador. Desde los primeros a&ntilde;os del siglo XX entendi&oacute; que la peculiar realidad geogr&aacute;fica y pol&iacute;tica de Canarias exig&iacute;a superar un modelo administrativo excesivamente centralizado. Ya en 1906 planteaba la necesidad de unos organismos insulares de autogobierno, idea que desarrollar&iacute;a despu&eacute;s en <em>La cuesti&oacute;n regional y la autonom&iacute;a</em>, publicada en 1908, y especialmente en <em>El problema canario</em>, de 1910. La cuesti&oacute;n no era menor. Canarias arrastraba desde el siglo XIX una organizaci&oacute;n territorial conflictiva, dominada por el pleito entre las dos islas centrales y por una estructura provincial que dejaba a las islas perif&eacute;ricas en una posici&oacute;n subordinada. Para Pedro P&eacute;rez D&iacute;az, la autonom&iacute;a insular no constitu&iacute;a una simple f&oacute;rmula administrativa. Era, en buena medida, un problema de equidad: acercar la decisi&oacute;n pol&iacute;tica a cada isla y dotarla de instrumentos propios para la defensa de sus intereses.
    </p><p class="article-text">
        Alonso har&iacute;a suya aquella concepci&oacute;n. En 1911, durante la Asamblea tinerfe&ntilde;a, reclam&oacute; nada menos que &laquo;desprovinciar&raquo; Canarias. Dos d&eacute;cadas despu&eacute;s, cuando lleg&oacute; a las Cortes de la Segunda Rep&uacute;blica, tuvo ocasi&oacute;n de intervenir directamente en la configuraci&oacute;n constitucional de los cabildos, defendiendo tanto su car&aacute;cter necesario como su composici&oacute;n democr&aacute;tica mediante sufragio universal.
    </p><p class="article-text">
        Entre ambos momentos existe una continuidad dif&iacute;cil de ignorar. Pedro hab&iacute;a contribuido a formular intelectualmente la autonom&iacute;a insular antes incluso de la creaci&oacute;n de los cabildos en 1912; Alonso participar&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s en su consolidaci&oacute;n dentro del nuevo orden constitucional republicano. Uno actu&oacute; principalmente desde la reflexi&oacute;n jur&iacute;dica y pol&iacute;tica; el otro, llegado el momento, desde el esca&ntilde;o parlamentario. No fue la autonom&iacute;a, sin embargo, el &uacute;nico terreno com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pedro P&eacute;rez D&iacute;az mostr&oacute; tambi&eacute;n una temprana preocupaci&oacute;n por la cuesti&oacute;n social. Sus reflexiones sobre el socialismo democr&aacute;tico europeo y, particularmente, trabajos como <em>El socialismo</em>, de 1910, o <em>El contrato de trabajo y la cuesti&oacute;n social</em>, de 1917, lo sit&uacute;an entre quienes entendieron con bastante anticipaci&oacute;n que la nueva sociedad industrial exig&iacute;a una intervenci&oacute;n p&uacute;blica capaz de corregir sus desequilibrios y establecer una protecci&oacute;n jur&iacute;dica del trabajador. No abraz&oacute; por ello un socialismo partidista ni revolucionario. Su posici&oacute;n volvi&oacute; a responder a esa concepci&oacute;n &eacute;tica y reformadora del republicanismo que hab&iacute;a aprendido en el entorno krausista.
    </p><p class="article-text">
        Esa sensibilidad estuvo igualmente presente en Alonso. La defensa de la educaci&oacute;n p&uacute;blica, la atenci&oacute;n a los problemas laborales y la preocupaci&oacute;n por las necesidades materiales de La Palma acompa&ntilde;aron su acci&oacute;n pol&iacute;tica. Si Pedro hab&iacute;a actuado durante a&ntilde;os como una especie de representante oficioso de los intereses palmeros en Madrid, Alonso terminar&iacute;a haci&eacute;ndolo desde responsabilidades directamente pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        La labor de Pedro en la capital resulta especialmente significativa porque nunca necesit&oacute; ocupar un esca&ntilde;o para ejercer influencia. Desde su posici&oacute;n profesional y mediante una extensa red de relaciones consigui&oacute; intervenir en asuntos tan diferentes como el juzgado de Los Llanos de Aridane, la creaci&oacute;n de un segundo distrito electoral, la Escuela de Artes y Oficios, determinadas infraestructuras educativas o las reivindicaciones de los obreros tabaqueros. Era, en cierta forma, un diputado sin acta, un intermediario al que se acud&iacute;a desde La Palma para abrir puertas en los ministerios y centros de decisi&oacute;n madrile&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        No se trataba, adem&aacute;s, de un personaje marginal en aquellos ambientes. Como letrado mayor del Consejo de Estado disfrut&oacute; de un considerable prestigio profesional. Ortega y Gasset lleg&oacute; a definirlo como un &laquo;arist&oacute;crata de la burocracia&raquo;, mientras que Antonio Maura recurr&iacute;a al expresivo <em>In manibus bonis est</em> cuando sab&iacute;a que determinado expediente se encontraba en sus manos. Form&oacute; parte asimismo de la junta directiva del Ateneo de Madrid junto a personalidades como Rafael Mar&iacute;a de Labra, Antonio Royo Villanova o Manuel Aza&ntilde;a y particip&oacute; en instituciones como la Asociaci&oacute;n para la Ense&ntilde;anza de la Mujer o la Academia de Jurisprudencia y Legislaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Alonso tuvo, por su parte, una relaci&oacute;n mucho m&aacute;s directa con la pol&iacute;tica activa. Fue alcalde de Santa Cruz de La Palma durante la dictadura de Primo de Rivera y acab&oacute; siendo apartado del cargo porque sus adversarios le reprochaban, precisamente, que hiciera pol&iacute;tica desde el Ayuntamiento. Con la llegada de la Segunda Rep&uacute;blica ser&iacute;a elegido diputado en dos legislaturas por el Partido Republicano Palmero.
    </p><p class="article-text">
        Desde las Cortes defendi&oacute; algunas de las grandes aspiraciones que durante a&ntilde;os hab&iacute;an ocupado al republicanismo insular. Entre ellas, junto a la consolidaci&oacute;n constitucional de los cabildos, destac&oacute; la creaci&oacute;n en 1932 del Instituto de Segunda Ense&ntilde;anza de Santa Cruz de La Palma, una vieja reivindicaci&oacute;n de extraordinaria importancia en una isla donde el acceso a los estudios superiores obligaba todav&iacute;a a muchas familias a afrontar desplazamientos y gastos dif&iacute;cilmente asumibles.
    </p><p class="article-text">
        Hubo, adem&aacute;s, un espacio donde los dos hermanos llegaron a encontrarse p&uacute;blicamente: la prensa. Antes hab&iacute;an estado <em>Germinal</em> o <em>El Pueblo</em>, pero fue especialmente el <em>Diario de La Palma</em>, entre 1912 y 1917, el que sirvi&oacute; de tribuna a aquel republicanismo compartido. Alonso, como director y redactor, imprimi&oacute; al peri&oacute;dico una orientaci&oacute;n comprometida con la autonom&iacute;a, la educaci&oacute;n y la reforma pol&iacute;tica y social. Pedro colabor&oacute; desde Madrid con art&iacute;culos sobre el problema canario, el caciquismo o la necesidad de regenerar las instituciones. La prensa cumpl&iacute;a entonces una funci&oacute;n que iba mucho m&aacute;s all&aacute; de la transmisi&oacute;n de noticias. Era espacio de formaci&oacute;n pol&iacute;tica, de discusi&oacute;n p&uacute;blica y de creaci&oacute;n de ciudadan&iacute;a. En una sociedad insular todav&iacute;a marcada por las redes clientelares y por enormes dificultades de comunicaci&oacute;n con los centros de poder, el peri&oacute;dico pod&iacute;a convertirse en instrumento de combate pol&iacute;tico y, al mismo tiempo, de pedagog&iacute;a c&iacute;vica. En aquel terreno volvieron a encontrarse las dos voces de los P&eacute;rez D&iacute;az.
    </p><p class="article-text">
        La trayectoria de ambos termin&oacute;, sin embargo, de manera muy diferente. Pedro falleci&oacute; en Madrid el 26 de marzo de 1930, apenas un a&ntilde;o antes de la proclamaci&oacute;n de la Segunda Rep&uacute;blica. No lleg&oacute;, por tanto, a contemplar el nuevo r&eacute;gimen pol&iacute;tico al que buena parte de su pensamiento y de su trayectoria p&uacute;blica parec&iacute;a haber anticipado. Alonso s&iacute; hubo de vivir la Rep&uacute;blica, la Guerra Civil y la posterior represi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Republicano y mas&oacute;n, aunque no perteneci&oacute; al Frente Popular, Alonso fue encarcelado despu&eacute;s de la Guerra Civil. Enfermo en la prisi&oacute;n de Las Palmas, falleci&oacute; en aquella ciudad el 17 de octubre de 1941, a los sesenta y cinco a&ntilde;os. La circunstancia de que su sobrino Blas P&eacute;rez Gonz&aacute;lez, que comenzaba entonces su ascenso dentro del nuevo r&eacute;gimen y llegar&iacute;a poco despu&eacute;s al Ministerio de la Gobernaci&oacute;n, no interviniera para conseguir su liberaci&oacute;n ha permanecido en la memoria insular como el episodio m&aacute;s doloroso de una familia fracturada por la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n la masoner&iacute;a form&oacute; parte de aquel mundo. Alonso perteneci&oacute; a una logia palmera; Pedro, por el contrario, no parece haber sido mas&oacute;n, como tampoco lo fue Nicol&aacute;s Salmer&oacute;n. Pero numerosos familiares y personas de su entorno inmediato s&iacute; pertenecieron a la instituci&oacute;n: su hermano Alonso, su primo Juan P&eacute;rez D&iacute;az, su amigo Luis Felipe G&oacute;mez Wang&uuml;emert, su cu&ntilde;ado Jos&eacute; Salmer&oacute;n Garc&iacute;a o su propia hija Mar&iacute;a Luisa P&eacute;rez Salmer&oacute;n. M&aacute;s que convertir esta circunstancia en explicaci&oacute;n &uacute;nica de unas convicciones mucho m&aacute;s complejas, interesa observar hasta qu&eacute; punto aquel entorno compart&iacute;a valores como la libertad de conciencia, la educaci&oacute;n y la confianza en el progreso moral de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Contempladas con la perspectiva que proporciona el tiempo, las vidas de Pedro y Alonso P&eacute;rez D&iacute;az aparecen as&iacute; como dos trayectorias diferentes que confluyeron en una misma preocupaci&oacute;n por la modernizaci&oacute;n pol&iacute;tica y social de La Palma. Pedro aport&oacute; sobre todo la construcci&oacute;n intelectual, la reflexi&oacute;n jur&iacute;dica y una extraordinaria capacidad de mediaci&oacute;n desde Madrid. Alonso traslad&oacute; buena parte de aquella herencia al terreno de la pol&iacute;tica municipal, insular y parlamentaria.
    </p><p class="article-text">
        Uno pens&oacute; tempranamente unos cabildos capaces de otorgar a cada isla instrumentos propios de gobierno; el otro contribuy&oacute; a garantizar, ya durante la Segunda Rep&uacute;blica, su existencia y legitimidad democr&aacute;tica. Uno reflexion&oacute; sobre la cuesti&oacute;n social y los derechos de los trabajadores; el otro defendi&oacute; desde la pol&iacute;tica la educaci&oacute;n p&uacute;blica y las necesidades de una isla que continuaba padeciendo las consecuencias de su periferia. Y ambos encontraron en la prensa un lugar desde el que combatir el caciquismo y estimular una ciudadan&iacute;a m&aacute;s consciente de sus derechos.
    </p><p class="article-text">
        Dos voces, en definitiva, pero una causa prolongada a lo largo de varias d&eacute;cadas. Una causa que ayuda a explicar no solo una parte sustancial del republicanismo palmero, sino tambi&eacute;n algunos de los principales avances pol&iacute;ticos e institucionales experimentados por Canarias durante el primer tercio del siglo XX.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/voces-causa-pedro-alonso-perez-diaz-regeneracion-politica-palma_129_13449611.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2026 18:42:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dos voces, una causa: Pedro y Alonso Pérez Díaz  en la regeneración política de La Palma]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Gabriel Ventura, 'Paipol', el hombre invisible del baloncesto palmero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/jose-gabriel-ventura-paipol-hombre-invisible-baloncesto-palmero_129_13442890.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b77dab23-9221-4a80-a872-12ca043beef0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149175.jpg" width="531" height="299" alt="José Gabriel Ventura, Paipol, el hombre invisible del baloncesto palmero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Durante más de cuatro décadas, José Gabriel Ventura Hernández, ‘Paipol’, ha desempeñado casi todos los trabajos que permiten que un club, un equipo o una competición de baloncesto funcionen. Secretario durante décadas de la U.B. La Palma, delegado, dirigente federativo, auxiliar de mesa, organizador y cofundador de la Escuela de Baloncesto Felipe Antón, su trayectoria representa como pocas la labor callada de quienes sostienen el deporte desde fuera de la cancha</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                José Gabriel Ventura Hernández, ‘Paipol’.                            </span>
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        En la historia del deporte suelen permanecer los nombres de quienes anotaron m&aacute;s puntos, conquistaron campeonatos o dirigieron desde el banquillo a los mejores equipos. Mucho menos visibles resultan quienes hicieron posible que aquellos jugadores pudieran jugar, que los entrenadores pudieran entrenar y que los partidos llegaran siquiera a celebrarse. Personas que preparaban fichas, comprobaban licencias, organizaban desplazamientos, resolv&iacute;an problemas administrativos, buscaban una mesa, un delegado o un veh&iacute;culo cuando hac&iacute;an falta y estaban all&iacute;, casi siempre sin aparecer en las fotograf&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En el baloncesto palmero, uno de esos hombres tiene nombre y apellidos: <strong>Jos&eacute; Gabriel Ventura Hern&aacute;ndez</strong>, conocido por varias generaciones simplemente como <strong>&laquo;Paipol&raquo;</strong>. Nacido en Santa Cruz de La Palma en 1956, estudi&oacute; Magisterio y ejerci&oacute; profesionalmente como maestro. Paralelamente, desde muy joven comenz&oacute; a dedicar una parte importante de su tiempo al baloncesto de su ciudad y de la isla. Creci&oacute; viendo jugar al<strong> C.B. La Palma, </strong>precedente de la posterior <strong>U.B. La Palma</strong>, y su vinculaci&oacute;n con esta &uacute;ltima entidad comenz&oacute; ya antes de 1982, colaborando en distintas tareas. Fue ese a&ntilde;o, con apenas veintis&eacute;is a&ntilde;os, cuando asumi&oacute; formalmente la secretar&iacute;a del club, responsabilidad que acabar&iacute;a desempe&ntilde;ando durante d&eacute;cadas hasta convertirse en una de las figuras m&aacute;s constantes de su historia.
    </p><p class="article-text">
        Definirlo, sin embargo, por uno solo de los cargos que ha desempe&ntilde;ado ser&iacute;a probablemente injusto. Ventura ha sido secretario, delegado de numerosos equipos, dirigente federativo, organizador de competiciones, colaborador inseparable de algunos de los principales protagonistas del baloncesto insular y uno de los fundadores de la Escuela de Baloncesto Felipe Ant&oacute;n. Sobre todo, ha ejercido durante d&eacute;cadas una funci&oacute;n mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de incluir en cualquier curr&iacute;culo: la del <strong>fontanero del baloncesto</strong>, el hombre al que se acud&iacute;a cuando surg&iacute;a un problema y no quedaba nadie m&aacute;s a quien recurrir.
    </p><p class="article-text">
        Porque en una organizaci&oacute;n deportiva el secretario no es &uacute;nicamente quien levanta actas o custodia documentos. Durante muchos a&ntilde;os, y especialmente cuando las estructuras de los clubes modestos distaban mucho de la profesionalizaci&oacute;n actual, significaba conocer reglamentos, tramitar licencias, atender requerimientos federativos, preparar inscripciones, organizar viajes, gestionar documentaci&oacute;n y resolver una interminable sucesi&oacute;n de peque&ntilde;as incidencias. Buena parte de aquello que permite disputar un partido ocurre antes de que el bal&oacute;n se lance al aire. Ventura estaba all&iacute;. Y segu&iacute;a estando cuando el partido terminaba.
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                Comisión Gestora de la Federación Insular de Baloncesto (1994).                            </span>
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        Su estrecha relaci&oacute;n con <strong>Roberto Rodr&iacute;guez Estrello</strong> constituye otro de los cap&iacute;tulos esenciales de esa trayectoria. Si Roberto fue durante muchos a&ntilde;os uno de los grandes motores del baloncesto de Santa Cruz de La Palma, especialmente desde los banquillos y desde la organizaci&oacute;n deportiva, Ventura fue uno de sus colaboradores m&aacute;s constantes. Formaron una de esas parejas que suelen resultar decisivas en el deporte de base: uno m&aacute;s visible, directamente relacionado con los equipos y la direcci&oacute;n deportiva; el otro ocupando los espacios menos llamativos, pero sin los cuales resulta imposible sostener durante d&eacute;cadas una actividad.
    </p><p class="article-text">
        La hist&oacute;rica competici&oacute;n de verano de Santa Cruz de La Palma constituye un buen ejemplo de ello. Durante a&ntilde;os, Rodr&iacute;guez Estrello estuvo estrechamente relacionado con su organizaci&oacute;n y Ventura volvi&oacute; a aparecer a su lado, junto a otras muchas personas que hicieron posible aquella cita que lleg&oacute; a convertirse en una de las principales manifestaciones deportivas del verano capitalino. Era nuevamente la clase de tarea que parec&iacute;a hecha a su medida: organizar, coordinar, resolver y conseguir que todo estuviera preparado cuando llegara el momento de jugar.
    </p><p class="article-text">
        Pero Ventura tampoco qued&oacute; encerrado entre las paredes de la secretar&iacute;a de la U.B. La Palma. Ejerci&oacute; como <strong>delegado </strong>de numerosos equipos y tambi&eacute;n como <strong>auxiliar de mesa</strong>, funciones particularmente reveladoras de su manera de entender el deporte. El delegado es otra figura condenada casi siempre a la discreci&oacute;n: acompa&ntilde;a, organiza, conoce horarios, custodia documentaci&oacute;n, atiende las necesidades del equipo y carga muchas veces con aquello de lo que los dem&aacute;s solo se acuerdan cuando falta. Ventura desempe&ntilde;&oacute; esas responsabilidades en diferentes conjuntos y etapas, convirti&eacute;ndose en una presencia habitual alrededor de las canchas, en los banquillos y en los desplazamientos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n asumi&oacute; responsabilidades en la estructura federativa del baloncesto insular. En numerosas ocasiones<strong> represent&oacute; al baloncesto palmero </strong>en las asambleas de la Federaci&oacute;n Tinerfe&ntilde;a de Baloncesto.<strong> </strong>M&aacute;s tarde ejerci&oacute; como <strong>delegado federativo en La Palma </strong>en la temporada 1989-1990 y como <strong>presidente de la Federaci&oacute;n Insular de Baloncesto </strong>en 1995, siempre en momentos convulsos. Es decir, tampoco rehuy&oacute; ponerse al frente cuando las circunstancias lo exigieron. Esa disposici&oacute;n explica quiz&aacute; mejor que cualquier enumeraci&oacute;n de cargos su lugar en la historia de este deporte en la isla: estuvo dispuesto a ocupar pr&aacute;cticamente cualquier posici&oacute;n desde la que pudiera resultar &uacute;til.
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                Con el Instituto La Palma juvenil (1983).                            </span>
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        A&ntilde;os despu&eacute;s volvi&oacute; a participar en otro proyecto destinado a convertirse en una referencia de la formaci&oacute;n de jugadores en Santa Cruz de La Palma. Fue <strong>cofundador de la Escuela de Baloncesto Felipe Ant&oacute;n</strong>, nacida del impulso de varias personas que llevaban muchos a&ntilde;os vinculadas a este deporte. La iniciativa respond&iacute;a precisamente a aquello a lo que Ventura hab&iacute;a dedicado buena parte de su vida: garantizar que el baloncesto tuviera continuidad, que detr&aacute;s de una generaci&oacute;n pudiera llegar otra y que los ni&ntilde;os encontraran un lugar donde empezar a familiarizarse con el bal&oacute;n y la cancha.
    </p><p class="article-text">
        Existe adem&aacute;s una faceta menos conocida que encaja perfectamente con su condici&oacute;n de secretario y guardi&aacute;n de la memoria cotidiana del club. Durante a&ntilde;os (2001-2005) se ocup&oacute; de confeccionar y redactar<strong> </strong><em><strong>U.B. La Palma informa</strong></em>, modesta publicaci&oacute;n destinada a recoger noticias y actividades de la entidad. Quien durante tanto tiempo organiz&oacute; documentos, fichas, licencias y actas contribuy&oacute; tambi&eacute;n a dejar constancia escrita de lo que ocurr&iacute;a en el club. En cierto modo, Ventura no ha sido solamente uno de los protagonistas de la historia de la U.B. La Palma, sino tambi&eacute;n uno de quienes ayudaron a conservarla.
    </p><p class="article-text">
        Una limitaci&oacute;n f&iacute;sica que le acompa&ntilde;aba desde el nacimiento afectaba a ambos brazos, pero nunca condicion&oacute; la amplitud de las tareas que asumi&oacute; a lo largo de su vida. Ventura estudi&oacute;, ejerci&oacute; como maestro, escribi&oacute;, organiz&oacute;, viaj&oacute; con equipos, resolvi&oacute; tr&aacute;mites, ocup&oacute; responsabilidades federativas y dedic&oacute; innumerables horas al baloncesto palmero, solo le falt&oacute; jugar. Conviene se&ntilde;alarlo sin convertir esa circunstancia en el eje de su biograf&iacute;a, porque tampoco &eacute;l permiti&oacute; que lo fuera. Form&oacute; parte de su vida, pero nunca defini&oacute; su aportaci&oacute;n. Lo que s&iacute; la define es otra cosa: <strong>la disponibilidad</strong>. La disposici&oacute;n a estar cuando hac&iacute;a falta. Quiz&aacute; por eso la expresi&oacute;n <strong>&laquo;el hombre invisible&raquo;</strong>le hace justicia.
    </p><p class="article-text">
        Invisible no porque nadie lo conociera. En el peque&ntilde;o universo del baloncesto palmero lo conoc&iacute;a pr&aacute;cticamente todo el mundo. Invisible porque pertenec&iacute;a a esa clase de personas cuyo trabajo &uacute;nicamente se percibe cuando dejan de hacerlo. Mientras todo funciona, nadie pregunta qui&eacute;n present&oacute; aquella documentaci&oacute;n, qui&eacute;n llam&oacute; a la Federaci&oacute;n, qui&eacute;n consigui&oacute; solucionar un desplazamiento, qui&eacute;n llevaba las fichas, qui&eacute;n hizo de delegado porque faltaba el previsto o qui&eacute;n encontr&oacute; una soluci&oacute;n cuando parec&iacute;a que no la hab&iacute;a. Muchas veces la respuesta era la misma: <strong>Paipol.</strong> Ese podr&iacute;a ser, en realidad, su mayor t&iacute;tulo.
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                Con la U.B. La Palma (1982).                            </span>
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        Porque Jos&eacute; Gabriel Ventura ha sido secretario, presidente federativo, delegado, fundador y organizador, pero por encima de todos esos cargos ha sido durante d&eacute;cadas <strong>un hombre disponible para el baloncesto</strong>. El que estaba detr&aacute;s de Roberto Rodr&iacute;guez Estrello y de tantos otros; el que permanec&iacute;a cuando cambiaban entrenadores y directivas; el que asum&iacute;a una funci&oacute;n porque alguien ten&iacute;a que hacerla; el que conoc&iacute;a los entresijos de un deporte construido en La Palma durante mucho tiempo con m&aacute;s voluntad que medios.
    </p><p class="article-text">
        En 2008, la U.B. La Palma quiso reconocer esa dedicaci&oacute;n distingui&eacute;ndolo como <strong>Socio de Honor</strong>. Para entonces llevaba ya varias d&eacute;cadas de servicio a la entidad. Pero acaso falta todav&iacute;a un reconocimiento m&aacute;s amplio, no &uacute;nicamente el de un club, sino el del <strong>baloncesto palmero en su conjunto</strong> hacia una persona que ha dedicado buena parte de su vida a servirlo sin reclamar protagonismo a cambio. Las grandes historias deportivas necesitan grandes jugadores y grandes entrenadores. Pero necesitan tambi&eacute;n a los Ventura. A quienes no salen en las estad&iacute;sticas y, sin embargo, permiten que existan. A quienes casi nunca levantan trofeos, pero preparan todo lo necesario para que otros puedan disputarlos. A quienes permanecen cuando los nombres y los equipos van cambiando.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, quiz&aacute; haya llegado la hora de que el hombre invisible deje de serlo por un momento. No para convertirlo ahora en protagonista de una historia que nunca necesit&oacute; protagonizar, sino simplemente para hacer justicia. Para recordar que, mientras otros encestaban, entrenaban, presid&iacute;an o recib&iacute;an los aplausos, casi siempre hab&iacute;a alguien detr&aacute;s procurando que todo estuviera preparado. Y muchas veces aquel hombre era Jos&eacute; Gabriel Ventura Hern&aacute;ndez. <strong>Paipol, el eterno secretario.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>J.J. Rodr&iacute;guez-Lewis</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/jose-gabriel-ventura-paipol-hombre-invisible-baloncesto-palmero_129_13442890.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Aug 2026 12:06:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Gabriel Ventura, 'Paipol', el hombre invisible del baloncesto palmero]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La prensa palmera en tiempos del Desastre, 1898-1902]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/prensa-palmera-tiempos-desastre-1898-1902_129_13438752.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e1b49ef-885e-465a-bf25-8eb19aa48eea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La prensa palmera en tiempos del Desastre, 1898-1902"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">DIVULGACIÓN - Entre 1898 y 1902 llegaron a circular en La Palma diecisiete periódicos, una cifra nada desdeñable para una isla que apenas alcanzaba entonces los 46.000 habitantes y cuya capital no superaba los 7.000</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;El grito del pueblo&#039;, semanario político y de intereses generales. 12-1-1902                            </span>
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        Entre 1898 y 1902 llegaron a circular en La Palma diecisiete peri&oacute;dicos, una cifra nada desde&ntilde;able para una isla que apenas alcanzaba entonces los 46.000 habitantes y cuya capital no superaba los 7.000. La mayor&iacute;a tuvo una existencia fugaz, algunas cabeceras desaparecieron antes de cumplir el a&ntilde;o y solo <em><strong>Diario de Avisos de Santa Cruz de La Palma</strong></em>, <em><strong>El Grito del Pueblo</strong></em> y <em><strong>La Defensa</strong></em> lograron mantenerse durante m&aacute;s de tres. Sin embargo, aquella sucesi&oacute;n de proyectos period&iacute;sticos no fue un fen&oacute;meno irrelevante ni una simple manifestaci&oacute;n de la inestabilidad empresarial de la prensa de la &eacute;poca. Coincidi&oacute; con un periodo de crisis pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica en el que, junto a los tradicionales &oacute;rganos de partido, proliferaron publicaciones que se proclamaban independientes o que mostraron, cuando menos, una vocaci&oacute;n informativa m&aacute;s acusada.
    </p><p class="article-text">
        	El quinquenio se abre con el Desastre colonial de 1898 y se cierra en 1902, cuando Alfonso XIII alcanza la mayor&iacute;a de edad y comienza a reinar de manera efectiva. Entre ambos acontecimientos se extiende una etapa que algunos historiadores han considerado una suerte de &laquo;vac&iacute;o hist&oacute;rico&raquo;, situada entre la plenitud y el progresivo declive del r&eacute;gimen de la Restauraci&oacute;n. La derrota frente a Estados Unidos, la p&eacute;rdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam y el descr&eacute;dito de la pol&iacute;tica nacional provocaron una profunda conmoci&oacute;n en la sociedad espa&ntilde;ola, mientras que, desde 1899, la segunda guerra de los b&oacute;eres pas&oacute; a ocupar buena parte de la actualidad internacional.
    </p><p class="article-text">
        	En La Palma, aquellas noticias llegaban a una sociedad fundamentalmente agraria, lastrada por la emigraci&oacute;n y por un bajo nivel cultural, y sometida todav&iacute;a a la influencia de una oligarqu&iacute;a formada por los principales propietarios de la tierra y del agua. Junto a ella hab&iacute;a adquirido creciente relevancia una burgues&iacute;a mercantil representada, sobre todo, por el comerciante y consignatario Juan Cabrera Mart&iacute;n. El conservadurismo sotomayorista dominaba casi sin oposici&oacute;n la vida pol&iacute;tica insular, aunque los liberales din&aacute;sticos mantuvieron cierta presencia hasta finales de siglo y los republicanos no volvieron a organizarse con nitidez hasta 1903.
    </p><p class="article-text">
        	No todo era, sin embargo, inmovilismo. Santa Cruz de La Palma hab&iacute;a estrenado en la d&eacute;cada anterior el alumbrado p&uacute;blico y las comunicaciones telef&oacute;nicas con los pueblos del interior, pero estos avances no bastaron para detener la emigraci&oacute;n hacia Am&eacute;rica, especialmente hacia Cuba. Terminada la guerra, se produjo adem&aacute;s un importante proceso de repatriaci&oacute;n que afectaba directamente a numerosas familias isle&ntilde;as y que encontr&oacute; un eco constante en los peri&oacute;dicos. Cuba no era para los palmeros un territorio lejano, sino un espacio unido a la isla por v&iacute;nculos familiares, econ&oacute;micos y sentimentales.
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        <strong>Una prensa modesta y ef&iacute;mera</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Las condiciones en las que se elaboraban aquellos peri&oacute;dicos eran muy distintas de las actuales. El fundador pod&iacute;a ser al mismo tiempo propietario, director, redactor e incluso repartidor, y el ejercicio del periodismo no constitu&iacute;a todav&iacute;a una profesi&oacute;n estable ni, por regla general, remunerada. Quienes escrib&iacute;an en las cabeceras palmeras eran tambi&eacute;n abogados, maestros, comerciantes, funcionarios, militares o propietarios, y sol&iacute;an compaginar la actividad period&iacute;stica con su ocupaci&oacute;n principal.
    </p><p class="article-text">
        	Los peri&oacute;dicos tampoco acostumbraban a disponer de talleres propios. Durante este periodo funcionaron en Santa Cruz de La Palma tres imprentas principales: la de Diario de Avisos, heredera de los talleres de El Time y El Pa&iacute;s; La Lealtad, que durante un tiempo se denomin&oacute; La Innovadora, y Gutenberg. Hacia el final del quinquenio apareci&oacute; tambi&eacute;n la imprenta de El Grito del Pueblo. La elecci&oacute;n del taller no era una cuesti&oacute;n puramente material, pues su orientaci&oacute;n parec&iacute;a influir en las cabeceras que acog&iacute;a. En la imprenta de Diario de Avisos se estamparon generalmente las publicaciones m&aacute;s conservadoras, mientras que La Lealtad y Gutenberg imprimieron buena parte de las m&aacute;s progresistas.
    </p><p class="article-text">
        	La mayor&iacute;a eran semanarios y se publicaban con cuatro p&aacute;ginas, distribuidas normalmente en cuatro columnas. Las tres primeras se dedicaban a art&iacute;culos de opini&oacute;n, noticias, colaboraciones literarias y sueltos diversos; la &uacute;ltima, a la publicidad. Algunos sal&iacute;an con solo dos p&aacute;ginas, como <em>Diario de Avisos</em>, <em>El Pancista</em> durante su etapa diaria o <em>Heraldo de La Palma</em>. Solo el propio <em>Diario de Avisos</em> mantuvo una periodicidad diaria durante todo el periodo, aunque <em>El Pancista</em> y <em>La Defensa</em> tambi&eacute;n llegaron a editarse diariamente en alguna de sus &eacute;pocas. <em>El Fiscal</em> fue bisemanal y <em>Heraldo de La Palma</em>, trisemanal.
    </p><p class="article-text">
        	Las tiradas eran reducidas y oscilaban, seg&uacute;n los datos conocidos, entre los 80 y los 300 ejemplares. La venta se realizaba principalmente por suscripci&oacute;n, que sol&iacute;a costar una peseta al mes, aunque algunas cabeceras progresistas se comercializaban a un precio inferior. La venta al n&uacute;mero comenzaba a abrirse paso, pero todav&iacute;a era poco frecuente. Para una sociedad pobre y con un elevado porcentaje de analfabetismo, la suscripci&oacute;n a un peri&oacute;dico continuaba siendo un peque&ntilde;o lujo.
    </p><p class="article-text">
        	La publicidad, cada vez m&aacute;s necesaria para sostener las publicaciones, ocupaba por regla general la &uacute;ltima p&aacute;gina y muestra tambi&eacute;n las relaciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas de cada peri&oacute;dico. Los anuncios proced&iacute;an sobre todo de las dos grandes casas comerciales y consignatarias de la isla: Juan Cabrera Mart&iacute;n e Hijos de Juan Yanes. Las cabeceras progresistas tend&iacute;an a publicar los de la primera; las conservadoras, los de la segunda; y las que mostraban un car&aacute;cter m&aacute;s independiente o informativo acostumbraban a admitir publicidad de ambas.
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                Pedro J. De las Casas Pestana, director de &#039;La Defensa&#039;.                            </span>
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        <strong>Los &oacute;rganos pol&iacute;ticos y la independencia proclamada</strong>
    </p><p class="article-text">
        	El peri&oacute;dico pol&iacute;tico continuaba siendo el modelo predominante. <em>El Pa&iacute;s</em> representaba de manera autorizada al Partido Conservador y participaba activamente en sus campa&ntilde;as, mientras que <em>Liberal de La Palma</em> se proclamaba &oacute;rgano del Partido Liberal Din&aacute;stico. Su funci&oacute;n principal no consist&iacute;a tanto en informar como en defender una determinada opci&oacute;n, combatir a sus adversarios y respaldar candidaturas electorales. De hecho, <em>Liberal de La Palma</em> dej&oacute; de publicarse poco despu&eacute;s de que el candidato al que apoyaba, Tom&aacute;s Montejo y Rica, obtuviera el acta de diputado en 1898.
    </p><p class="article-text">
        	Junto a estas cabeceras claramente partidistas surgieron otras que hicieron de la independencia su principal se&ntilde;a de identidad. Pero aquella independencia deb&iacute;a entenderse en t&eacute;rminos relativos. Los peri&oacute;dicos no carec&iacute;an de inclinaciones pol&iacute;ticas, ni sus directores, redactores o patrocinadores permanec&iacute;an al margen de las luchas locales. Lo novedoso era que ya no siempre se presentaban como &oacute;rganos de un partido y que pretend&iacute;an dirigirse a un p&uacute;blico menos sujeto a compromisos pol&iacute;ticos y m&aacute;s interesado en la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        	<em>La Justicia</em>, por ejemplo, se subtitulaba &laquo;semanario independiente, defensor de los intereses p&uacute;blicos&raquo; y a&ntilde;ad&iacute;a que no quer&iacute;a nada con los partidos pol&iacute;ticos. Sus redactores insistieron en que carec&iacute;an de compromisos con las agrupaciones dominantes y que vivir&iacute;an en perpetua independencia. Sin embargo, la publicaci&oacute;n se desenvolvi&oacute; en c&iacute;rculos cercanos al liberalismo din&aacute;stico y defendi&oacute; en distintos momentos al diputado Tom&aacute;s Montejo y Rica. Su proclamada neutralidad conviv&iacute;a, por tanto, con unas afinidades que la propia actividad del peri&oacute;dico terminaba revelando.
    </p><p class="article-text">
        	Tambi&eacute;n <em>El Pancista</em> quiso distanciarse del periodismo pol&iacute;tico, aunque lo hizo desde la iron&iacute;a. Comenz&oacute; defini&eacute;ndose como &laquo;revista dependiente&raquo; y &laquo;defensor de los intereses particulares de la redacci&oacute;n&raquo;. Su t&iacute;tulo alud&iacute;a precisamente a quienes acomodaban su comportamiento a lo que consideraban m&aacute;s conveniente para su tranquilidad o provecho. Publicaci&oacute;n de cierta vena sat&iacute;rica, pas&oacute; en pocos meses de quincenario a diario de la ma&ntilde;ana y desapareci&oacute; en julio de 1898, probablemente por falta de anunciantes. Aunque no fue un peri&oacute;dico pol&iacute;tico en sentido estricto, tampoco ocult&oacute; cierta proximidad a los liberales din&aacute;sticos y a la candidatura de Montejo.
    </p><p class="article-text">
        	M&aacute;s combativo fue <em>El Zurriago</em>, cuyo nombre remit&iacute;a al l&aacute;tigo con que se castiga o se zurra. Sus redactores aseguraban que no hab&iacute;an venido al campo del periodismo para adular, sino para censurar lo censurable y velar por los intereses generales de La Palma. Se declar&oacute; independiente, sat&iacute;rico y literario, aunque tambi&eacute;n tom&oacute; partido en algunas cuestiones, como su rechazo al cunerismo, es decir, a la imposici&oacute;n de candidatos ajenos al distrito.
    </p><p class="article-text">
        	<em>El Fiscal</em>, por su parte, proclam&oacute; en un primer momento su neutralidad respecto a la pol&iacute;tica local y su voluntad de mantenerse alejado de aquellas contiendas. Con el tiempo, sin embargo, se aproxim&oacute; al republicanismo y a un incipiente obrerismo de inspiraci&oacute;n filo socialista. Desde sus p&aacute;ginas se impuls&oacute; una campa&ntilde;a para constituir la Asociaci&oacute;n Gremial de Obreros de La Palma, iniciativa que luego continuar&iacute;a <em>La Voz del Obrero</em>. La trayectoria de sus principales redactores confirma esa evoluci&oacute;n: Manuel Pestana Henr&iacute;quez refund&oacute; poco despu&eacute;s <em>El Grito del Pueblo</em>, mientras que Juli&aacute;n Guerra Cabrera promovi&oacute; un nuevo peri&oacute;dico obrero.
    </p><p class="article-text">
        	Precisamente <em>El Grito del Pueblo</em> representa la continuidad de una prensa inequ&iacute;vocamente pol&iacute;tica, aunque distinta de los &oacute;rganos din&aacute;sticos. Durante su primera &eacute;poca mostr&oacute; una orientaci&oacute;n republicana cada vez m&aacute;s visible y, cuando reapareci&oacute; en 1902, se defini&oacute; ya como peri&oacute;dico republicano, defensor de la clase obrera y de los intereses de la isla. Su evoluci&oacute;n anticipaba la reorganizaci&oacute;n del republicanismo palmero que se producir&iacute;a al a&ntilde;o siguiente.
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            <span class="title">
                Manuel Pestana Henríquez, director de &#039;El Grito del Pueblo&#039;.                            </span>
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        <strong>El avance de la informaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        	La proliferaci&oacute;n de peri&oacute;dicos que se presentaban como independientes no signific&oacute; la desaparici&oacute;n de la opini&oacute;n, que sigui&oacute; siendo el g&eacute;nero dominante. Los editoriales, los art&iacute;culos doctrinales, las pol&eacute;micas y los comunicados ocupaban buena parte de sus p&aacute;ginas. Tampoco desaparecieron las secciones literarias, los poemas o los folletines. Pero junto a ellos fue creciendo el espacio reservado a las noticias, generalmente en forma de gacetillas y sueltos breves y agrupadas en secciones que distingu&iacute;an entre las recibidas por correo y las transmitidas por tel&eacute;grafo.
    </p><p class="article-text">
        	Las comunicaciones impon&iacute;an todav&iacute;a severas limitaciones. El cable telegr&aacute;fico que un&iacute;a Canarias con la Pen&iacute;nsula hab&iacute;a llegado a La Palma en la d&eacute;cada de 1880, pero sufr&iacute;a frecuentes aver&iacute;as y su utilizaci&oacute;n era costosa. Buena parte de la informaci&oacute;n exterior segu&iacute;a llegando por medio de los vapores-correo y de peri&oacute;dicos procedentes de otras islas, de la Pen&iacute;nsula o de Am&eacute;rica. Las agencias y los corresponsales comenzaban a adquirir importancia, aunque la prensa insular depend&iacute;a todav&iacute;a en gran medida de la reproducci&oacute;n de noticias publicadas por otros medios.
    </p><p class="article-text">
        	En este contexto, <em>Diario de Avisos</em> fue probablemente la cabecera m&aacute;s informativa del periodo. Fundado en 1890, aparec&iacute;a todos los d&iacute;as, salvo los domingos, y conced&iacute;a un lugar destacado a los sueltos y noticias breves. Durante unos meses se defini&oacute; como &laquo;peri&oacute;dico oficial, independiente, noticiero, literario, defensor de los intereses generales del pa&iacute;s y de la moralidad&raquo;. Sus directores y redactores estaban pr&oacute;ximos a sectores conservadores, pero la publicaci&oacute;n no funcion&oacute; como un simple &oacute;rgano de partido y trat&oacute; de cultivar una imagen de independencia dentro del propio sistema de la Restauraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	La guerra contra Estados Unidos, el Tratado de Par&iacute;s, la p&eacute;rdida de las colonias y, posteriormente, la repatriaci&oacute;n fueron los asuntos m&aacute;s reiterados al comienzo del quinquenio. Luego adquiri&oacute; especial relevancia la guerra de los b&oacute;eres. Junto a estas informaciones internacionales aparec&iacute;an las noticias locales, los movimientos de los vapores, las disposiciones oficiales, los sucesos, las actividades culturales y las controversias pol&iacute;ticas. Tambi&eacute;n comenzaba a insinuarse un tratamiento m&aacute;s sensacionalista de determinados acontecimientos.
    </p><p class="article-text">
        	La imagen ten&iacute;a todav&iacute;a una presencia muy escasa. El fotograbado era una innovaci&oacute;n reciente y predominaban los dibujos, los grabados publicitarios y las vi&ntilde;etas humor&iacute;sticas. Las primeras fotograf&iacute;as conocidas en la prensa palmera se publicaron en 1900 en <em>La Defensa</em>, otro indicio de la lenta modernizaci&oacute;n material y formal de los peri&oacute;dicos.
    </p><p class="article-text">
        	No se produjo, por tanto, una ruptura s&uacute;bita entre el viejo periodismo pol&iacute;tico del siglo XIX y la prensa informativa del nuevo siglo. Los peri&oacute;dicos continuaron dependiendo de partidos, facciones, familias, imprentas y anunciantes, y muchas de las cabeceras que se proclamaban independientes mantuvieron afinidades perfectamente reconocibles. Pero el Desastre acentu&oacute; el descr&eacute;dito de la pol&iacute;tica de la Restauraci&oacute;n y favoreci&oacute; la aparici&oacute;n de publicaciones que pretend&iacute;an dirigirse a los lectores desde posiciones menos subordinadas a los partidos y con una mayor atenci&oacute;n a la informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	Aquellas diecisiete cabeceras, la mayor&iacute;a modestas y ef&iacute;meras, testimonian as&iacute; un momento particularmente activo de la historia period&iacute;stica palmera. En sus p&aacute;ginas convivieron las antiguas fidelidades pol&iacute;ticas con la cr&iacute;tica regeneracionista, la opini&oacute;n con la noticia, el correo con el tel&eacute;grafo y la precariedad artesanal con los primeros signos de modernizaci&oacute;n. Entre 1898 y 1902, la prensa insular no dej&oacute; de ser pol&iacute;tica, pero comenz&oacute; a mostrar con mayor claridad una vocaci&oacute;n informativa que anunciaba alguno de los cambios que experimentar&iacute;a el periodismo palmero durante el siglo XX.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/prensa-palmera-tiempos-desastre-1898-1902_129_13438752.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Aug 2026 14:55:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La prensa palmera en tiempos del Desastre, 1898-1902]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre ‘Acción Social’ y ‘Espartaco’: dos mujeres en la prensa política palmera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/accion-social-espartaco-mujeres-prensa-politica-palmera_129_13430966.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91d25bfd-1155-4e56-92a4-b40a897a73d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148794.jpg" width="448" height="252" alt="Entre ‘Acción Social’ y ‘Espartaco’: dos mujeres en la prensa política palmera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Mercedes Acevedo Valcárcel y Sara Pérez García participaron en culturas políticas irreconciliables. Mercedes fue redactora de 'Acción Social', dirigente de Acción Popular, propagandista católica y oradora de las derechas. Sara colaboró en periódicos republicanos y encontró en 'Espartaco' un cauce plenamente afín a sus convicciones comunistas</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Sara Pérez con José Miguel Pérez y la hija de ambos.                            </span>
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        La presencia femenina en la prensa palmera de las primeras d&eacute;cadas del siglo XX fue excepcional. En un &aacute;mbito ocupado casi por completo por hombres, apenas unas pocas mujeres llegaron a figurar como redactoras o a publicar textos con su nombre. Entre ellas se encuentran Mercedes Acevedo Valc&aacute;rcel y Sara P&eacute;rez Garc&iacute;a, vinculadas durante los a&ntilde;os veinte y treinta a dos culturas pol&iacute;ticas enfrentadas y a dos peri&oacute;dicos representativos de aquella confrontaci&oacute;n: <em>Acci&oacute;n Social</em>, portavoz del catolicismo organizado, y <em>Espartaco</em>, &oacute;rgano del movimiento obrero y del comunismo palmero.
    </p><p class="article-text">
        	Sus trayectorias fueron distintas y tambi&eacute;n lo son las huellas que dejaron. De Mercedes no se han identificado art&iacute;culos firmados en <em>Acci&oacute;n Social</em>, pero est&aacute; acreditada su pertenencia a la redacci&oacute;n y puede seguirse su actividad como propagandista, oradora y dirigente pol&iacute;tica. Sara, en cambio, dej&oacute; una producci&oacute;n period&iacute;stica que permite conocer directamente sus ideas sobre la igualdad, el sufragio femenino, la maternidad, la intolerancia, la explotaci&oacute;n social o la guerra. Ambas ocuparon espacios poco habituales para las mujeres de su tiempo y relacionaron el periodismo con una intensa participaci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mercedes Acevedo Valc&aacute;rcel: redactora y propagandista cat&oacute;lica</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a de la Asunci&oacute;n Mercedes Acevedo Valc&aacute;rcel naci&oacute; en Santa Cruz de La Palma el 15 de agosto de 1903 y era hija del gobernador militar de la isla, Jer&oacute;nimo Acevedo de la Cruz. Su nombre aparece desde muy pronto en la vida asociativa de la ciudad. En 1923 figur&oacute; entre las j&oacute;venes invitadas por el Real Nuevo Club para colaborar en la organizaci&oacute;n de una exposici&oacute;n de flores, plantas y p&aacute;jaros. La noticia pertenece todav&iacute;a al &aacute;mbito cultural y recreativo, pero muestra que participaba ya en los espacios p&uacute;blicos de relaci&oacute;n de la capital palmera.
    </p><p class="article-text">
        	Su trayectoria adquiri&oacute; una dimensi&oacute;n claramente pol&iacute;tica despu&eacute;s de la proclamaci&oacute;n de la Segunda Rep&uacute;blica. En 1932 fue elegida tesorera del comit&eacute; de Acci&oacute;n Popular Agraria constituido en Santa Cruz de La Palma. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s volvi&oacute; a ser elegida por unanimidad para la tesorer&iacute;a del comit&eacute; insular de Acci&oacute;n Popular. La continuidad en el cargo demuestra que no era una simple afiliada, sino una persona de confianza dentro de la organizaci&oacute;n. En 1936 figurar&iacute;a, adem&aacute;s, como secretaria de su Comit&eacute; Femenino.
    </p><p class="article-text">
        	Su actividad pol&iacute;tica discurri&oacute; paralelamente a su incorporaci&oacute;n a <em>Acci&oacute;n Social</em>. El peri&oacute;dico hab&iacute;a comenzado a publicarse en 1931 como cabecera cat&oacute;lica y, tras quedar ligado a Acci&oacute;n Popular, se convirti&oacute; en uno de los principales instrumentos del catolicismo pol&iacute;tico palmero. Desde sus p&aacute;ginas defendi&oacute; los intereses religiosos, combati&oacute; la pol&iacute;tica laicizadora de la Rep&uacute;blica y particip&oacute; activamente en las campa&ntilde;as electorales de las derechas.
    </p><p class="article-text">
        	La pertenencia de Mercedes Acevedo a la redacci&oacute;n est&aacute; confirmada por el propio peri&oacute;dico. Cuando se bendijeron sus talleres, la ceremonia fue apadrinada por el director, Jos&eacute; L&oacute;pez y Mart&iacute;n Romero, y por quien la noticia denominaba expresamente &laquo;la redactora de <em>Acci&oacute;n Social</em>, Srta. Mercedes Acevedo Valc&aacute;rcel&raquo;. En un acto destinado a celebrar la consolidaci&oacute;n material de la cabecera, Mercedes representaba a la redacci&oacute;n junto a su m&aacute;ximo responsable. No sabemos qu&eacute; art&iacute;culos escribi&oacute; ni qu&eacute; secciones atendi&oacute;. Muchas informaciones locales, religiosas, pol&iacute;ticas y sociales aparec&iacute;an entonces sin firma, por lo que su trabajo puede permanecer oculto entre esas piezas an&oacute;nimas. La falta de textos identificados no permite atribuirle una producci&oacute;n concreta, pero tampoco resta valor al testimonio que la reconoce formalmente como redactora.
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                Cabecera de &#039;Acción social&#039;.                            </span>
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           Mercedes desarroll&oacute; tambi&eacute;n una actividad continuada como oradora. En diciembre de 1932 tom&oacute; la palabra durante una velada de la Juventud Cat&oacute;lica. Un a&ntilde;o despu&eacute;s intervino en un mitin de las derechas celebrado en el Circo de Marte durante la campa&ntilde;a para las elecciones generales de noviembre de 1933. Dos peri&oacute;dicos ideol&oacute;gicamente enfrentados ofrecieron versiones opuestas de aquel acto. <em>Espartaco </em>ridiculiz&oacute; a los oradores y present&oacute; a Mercedes como una se&ntilde;orita de &laquo;sangre azul&raquo; al servicio de los intereses clericales. Una cr&oacute;nica favorable de <em>Gaceta de Tenerife</em>, por el contrario, se&ntilde;al&oacute; que habl&oacute; en nombre de las mujeres de La Palma, manifest&oacute; sus convicciones religiosas y patri&oacute;ticas y destac&oacute; la importancia del voto femenino. La intervenci&oacute;n se produjo pocos d&iacute;as antes de las primeras elecciones generales en las que las mujeres espa&ntilde;olas pudieron ejercer el sufragio. M&aacute;s all&aacute; de las valoraciones contrapuestas, ambas versiones coinciden en lo esencial: Mercedes particip&oacute; activamente en la movilizaci&oacute;n del nuevo electorado femenino y asumi&oacute; p&uacute;blicamente la defensa de su ideario.
    </p><p class="article-text">
        	Tras el golpe militar de julio de 1936 se aline&oacute; expresamente con el bando sublevado. En agosto pronunci&oacute; una alocuci&oacute;n ante el micr&oacute;fono de la Comandancia Militar que fue reproducida por <em>Diario de Avisos de La Palma</em>. Se present&oacute; como cristiana, espa&ntilde;ola e hija de un militar y justific&oacute; su intervenci&oacute;n por fidelidad a una trilog&iacute;a formada por &laquo;Cristo, Patria y paternidad&raquo;. Su discurso expresaba una adhesi&oacute;n inequ&iacute;voca al movimiento encabezado por Franco y utilizaba una intensa ret&oacute;rica religiosa, patri&oacute;tica y militar.
    </p><p class="article-text">
        	Poco despu&eacute;s fue nombrada vocal de la Junta de Damas constituida para canalizar donativos destinados a la causa sublevada. En mayo de 1937 tom&oacute; posesi&oacute;n como tesorera de la reorganizada Asamblea Local de la Cruz Roja Espa&ntilde;ola de Santa Cruz de La Palma. Este &uacute;ltimo cargo prolongaba una trayectoria marcada por la administraci&oacute;n de fondos, la propaganda pol&iacute;tica y la participaci&oacute;n en organizaciones asistenciales. Posteriormente contrajo matrimonio en Las Palmas de Gran Canaria con Jer&oacute;nimo Saavedra Medina y estableci&oacute; all&iacute; su vida familiar. Fue, a la vez, t&iacute;a materna y t&iacute;a pol&iacute;tica del expresidente de Canarias Jer&oacute;nimo Saavedra Acevedo. Falleci&oacute; en la misma ciudad, con descendencia, el 17 de mayo de 1982.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sara P&eacute;rez Garc&iacute;a: igualdad y emancipaci&oacute;n en la prensa obrera</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sara P&eacute;rez Garc&iacute;a naci&oacute; en 1903 en La Gallega, municipio de Guanabacoa (Cuba), en el seno de una familia de origen canario. En 1922 contrajo matrimonio con Jos&eacute; Miguel P&eacute;rez y P&eacute;rez, maestro palmero emigrado a la Perla del Caribe, donde pronto se convirti&oacute; en un activo l&iacute;der comunista, y con el que puso en marcha una escuela racionalista en La Habana. Tuvieron una hija, Estelfa. La relaci&oacute;n personal y pol&iacute;tica con Jos&eacute; Miguel fue fundamental para su trayectoria, pero Sara no puede quedar reducida a la condici&oacute;n de esposa de uno de los principales dirigentes de la izquierda insular. Sus art&iacute;culos muestran una voz y una actividad propias.
    </p><p class="article-text">
        	Despu&eacute;s de participar en la fundaci&oacute;n del Partido Comunista de Cuba, Jos&eacute; Miguel fue detenido por la dictadura de Gerardo Machado y deportado a Espa&ntilde;a. Sara lleg&oacute; a La Palma en febrero de 1926 con su hija, que ten&iacute;a entonces tres a&ntilde;os, para reunirse con &eacute;l. Durante la Dictadura de Primo de Rivera comenz&oacute; a colaborar en la prensa canaria. Public&oacute; en <em>El Progreso</em>, peri&oacute;dico republicano de Tenerife, y mantuvo una presencia continuada en <em>El Tiempo</em>, cabecera republicana posibilista aparecida en Santa Cruz de La Palma en 1928. Estas colaboraciones no representan una evoluci&oacute;n ideol&oacute;gica hacia el comunismo. Sus convicciones estaban ya formadas; aquellos peri&oacute;dicos constitu&iacute;an los cauces disponibles antes de la aparici&oacute;n de una publicaci&oacute;n plenamente af&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	En <em>El Tiempo</em> abord&oacute; cuestiones muy diversas. En &laquo;La superioridad masculina&raquo; rechaz&oacute; la supuesta inferioridad intelectual de la mujer y atribuy&oacute; las diferencias entre los sexos a la educaci&oacute;n y a las oportunidades desiguales. No defend&iacute;a una superioridad femenina, sino la igualdad: los hombres no ten&iacute;an motivo para mirar a las mujeres &laquo;por encima del hombro&raquo;. Tambi&eacute;n defendi&oacute; el sufragio femenino frente a Ramiro de Maeztu. Sara reconoc&iacute;a que el sistema electoral estaba deformado por el caciquismo, la pobreza y la falta de formaci&oacute;n, pero rechazaba que esos problemas justificaran excluir a las mujeres. Si muchos hombres votaban sometidos a id&eacute;nticas presiones, no exist&iacute;a una raz&oacute;n leg&iacute;tima para reservarles el derecho.
    </p><p class="article-text">
        	Sus intereses fueron m&aacute;s amplios. Escribi&oacute; contra el pesimismo y la pasividad, rechaz&oacute; la pena de muerte y relacion&oacute; la delincuencia con la desigualdad, la miseria y el abandono educativo. En &laquo;Maternidad&raquo; defendi&oacute; una educaci&oacute;n infantil basada en el respeto, la higiene y la tolerancia y critic&oacute; que se responsabilizara a las madres de una tarea para la que la sociedad no las hab&iacute;a preparado. Tambi&eacute;n reflexion&oacute; sobre el amor, la militancia y la autonom&iacute;a femenina en &laquo;La bolchevique enamorada&raquo;. En otras colaboraciones combati&oacute; el fanatismo y la intolerancia, se interes&oacute; por las transformaciones sociales de la Rusia sovi&eacute;tica y denunci&oacute; la represi&oacute;n de la dictadura cubana de Gerardo Machado. Su art&iacute;culo &laquo;Sobre lo mismo&raquo;, publicado en 1930, asociaba la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica con la explotaci&oacute;n econ&oacute;mica y mostraba que Cuba continuaba ocupando un lugar importante en sus preocupaciones despu&eacute;s de instalarse en La Palma.
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                Página del semanario &#039;Espartaco&#039;.                            </span>
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           La aparici&oacute;n de <em>Espartaco</em> en 1930 le proporcion&oacute; un medio plenamente pr&oacute;ximo a su pensamiento. El semanario estaba adscrito al movimiento obrero y al grupo liderado por Jos&eacute; Miguel P&eacute;rez. Sara figur&oacute; formalmente entre sus redactores desde la reorganizaci&oacute;n aprobada por la Federaci&oacute;n de Trabajadores de La Palma en 1931. En sus p&aacute;ginas pudo desarrollar con mayor libertad una reflexi&oacute;n sostenida sobre la emancipaci&oacute;n femenina. En &laquo;La liberaci&oacute;n de la mujer&raquo; defendi&oacute; la educaci&oacute;n, la independencia econ&oacute;mica y la participaci&oacute;n de las mujeres en la transformaci&oacute;n social. No bastaba con permitir que algunas accedieran a ciertas profesiones ni con que trabajaran fuera del hogar si continuaban cobrando menos y soportando en solitario las responsabilidades dom&eacute;sticas. En &laquo;Nosotras en este Primero de Mayo&raquo; llam&oacute; a las mujeres trabajadoras a abandonar su posici&oacute;n de espectadoras. Eran ellas quienes administraban la escasez del hogar, sufr&iacute;an la falta de alimentos y contemplaban el agotamiento de sus maridos e hijos. La conmemoraci&oacute;n obrera tambi&eacute;n les pertenec&iacute;a y deb&iacute;an participar activamente en ella.
    </p><p class="article-text">
        	Su texto m&aacute;s contundente fue &laquo;La mujer y la guerra&raquo;, publicado en 1935. Sara relacion&oacute; la amenaza b&eacute;lica con el capitalismo, el militarismo y las privaciones cotidianas. Critic&oacute; a las damas cat&oacute;licas y al feminismo burgu&eacute;s, incapaces, a su juicio, de impedir unos conflictos en los que los hijos de las trabajadoras eran enviados a matar y morir. Afirmaba que la mujer hab&iacute;a sido &laquo;la v&iacute;ctima resignada, m&aacute;s explotada, m&aacute;s encadenada a&uacute;n que el hombre&raquo;: esclava dentro del hogar y peor pagada cuando sal&iacute;a a trabajar.
    </p><p class="article-text">
        	Los textos publicados entre 1928 y 1935 muestran una gran continuidad. En <em>El Tiempo</em> defendi&oacute; la igualdad, el sufragio, una maternidad consciente, la tolerancia y la superaci&oacute;n de la injusticia. En <em>Espartaco</em> integr&oacute; esas preocupaciones en una interpretaci&oacute;n abiertamente comunista de la explotaci&oacute;n y la lucha de clases. No cambi&oacute; esencialmente Sara; cambi&oacute; el peri&oacute;dico desde el que pod&iacute;a expresarse. Su escritura tuvo incluso consecuencias judiciales. En 1930 fue encausada por injurias al presidente de la Rep&uacute;blica de Cuba.
    </p><p class="article-text">
        	El golpe militar de 1936 trunc&oacute; violentamente su vida. Jos&eacute; Miguel fue detenido y fusilado. Sara fue recluida en un hospital utilizado como prisi&oacute;n de mujeres y lleg&oacute; a intentarse que fuera separada de su hija mediante la retirada de la patria potestad. Finalmente, ambas lograron escapar de La Palma y regresar a Cuba, donde reconstruyeron sus vidas y fallecieron.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dos mujeres en campos enfrentados</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mercedes Acevedo Valc&aacute;rcel y Sara P&eacute;rez Garc&iacute;a participaron en culturas pol&iacute;ticas irreconciliables. Mercedes fue redactora de <em>Acci&oacute;n Social</em>, dirigente de Acci&oacute;n Popular, propagandista cat&oacute;lica y oradora de las derechas. Sara colabor&oacute; en peri&oacute;dicos republicanos y encontr&oacute; en <em>Espartaco</em> un cauce plenamente af&iacute;n a sus convicciones comunistas. No fueron simples s&iacute;mbolos de la derecha y la izquierda. Fueron dos mujeres que intervinieron en un espacio reservado casi por completo a los hombres. Mercedes lo hizo principalmente mediante la redacci&oacute;n, la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y la palabra p&uacute;blica. Sara dej&oacute; adem&aacute;s una obra firmada que permite seguir su pensamiento sobre la igualdad, la tolerancia y la emancipaci&oacute;n de las trabajadoras.
    </p><p class="article-text">
        	Sus destinos despu&eacute;s de 1936 fueron radicalmente distintos: Mercedes particip&oacute; en las estructuras de apoyo al bando sublevado; Sara sufri&oacute; la prisi&oacute;n, el fusilamiento de su marido y la expulsi&oacute;n de la isla. Pero el estudio conjunto de ambas permite comprender que las mujeres no estuvieron ausentes de la prensa ni de la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica palmera. Desde orillas opuestas, Mercedes Acevedo y Sara P&eacute;rez contribuyeron a ensanchar un espacio period&iacute;stico que hasta entonces hab&iacute;a pertenecido casi exclusivamente a los hombres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/accion-social-espartaco-mujeres-prensa-politica-palmera_129_13430966.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Aug 2026 21:47:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Entre ‘Acción Social’ y ‘Espartaco’: dos mujeres en la prensa política palmera]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la prensa palmera a ‘Notas perdidas’: los primeros pasos de ‘Lota España’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/prensa-palmera-notas-perdidas-primeros-pasos-lota-espana_129_13421384.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f7a9b25-eed3-4b94-bdbd-81db1b25c9da_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148558.jpg" width="1283" height="722" alt="De la prensa palmera a ‘Notas perdidas’: los primeros pasos de ‘Lota España’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Entre 1912 y 1915, la futura ‘Lota España’ publicó en la prensa palmera y preparó ‘Notas perdidas’, el único poemario que editó en vida
</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;Lota España&#039;.                            </span>
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        Dolores Gonz&aacute;lez P&eacute;rez, conocida posteriormente como <em>Lota Espa&ntilde;a</em>, naci&oacute; en Humilladero, M&aacute;laga, el 8 de diciembre de 1891 y falleci&oacute; en la capital malague&ntilde;a el 17 de junio de 1973. Fue la mayor de siete hermanos y pas&oacute; su infancia y juventud en distintas localidades espa&ntilde;olas debido a los destinos de su padre, Salvador Gonz&aacute;lez N&uacute;&ntilde;ez, teniente de la Guardia Civil. Su vocaci&oacute;n literaria fue muy temprana. D&eacute;cadas despu&eacute;s recordar&iacute;a que comenz&oacute; a escribir pr&aacute;cticamente al mismo tiempo que aprendi&oacute; a hacerlo y que, a los diez a&ntilde;os, ya publicaba cuentos y poes&iacute;as en revistas y peri&oacute;dicos locales. Tambi&eacute;n evoc&oacute; su inclinaci&oacute;n a la lectura y c&oacute;mo convert&iacute;a las lecciones en versos para memorizarlas. Cuando lleg&oacute; a Santa Cruz de La Palma, hacia 1912, ten&iacute;a unos veinte a&ntilde;os y una vocaci&oacute;n suficientemente arraigada.
    </p><p class="article-text">
        	La isla no fue, por tanto, el lugar donde naci&oacute; su inclinaci&oacute;n hacia la literatura ni necesariamente aquel en el que aparecieron sus primeros textos. Como sabemos, buena parte de la literatura espa&ntilde;ola de la Restauraci&oacute;n se escribi&oacute; para los peri&oacute;dicos y permaneci&oacute; durante d&eacute;cadas &laquo;enterrada en las hemerotecas&raquo;. Como han se&ntilde;alado Serrano Alonso y De Juan Bolufer (2009), la literatura de la Edad de Plata no puede entenderse plenamente &laquo;sin el an&aacute;lisis de la prensa de la &eacute;poca&raquo;. El caso de Lolita Gonz&aacute;lez P&eacute;rez lo confirma: fue en los peri&oacute;dicos palmeros donde su escritura encontr&oacute; continuidad, lectores y reconocimiento p&uacute;blico. Documentar esta etapa contribuye as&iacute; a completar el conocimiento de Lota Espa&ntilde;a y a explicar c&oacute;mo una vocaci&oacute;n temprana comenz&oacute; a transformarse en una trayectoria literaria p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        	La residencia palmera de la familia se prolong&oacute; hasta diciembre de 1915 y estuvo motivada por el destino profesional de su padre, que ejerci&oacute; como jefe de l&iacute;nea de la Guardia Civil. Durante aquellos a&ntilde;os, Lolita Gonz&aacute;lez P&eacute;rez colabor&oacute; en cabeceras como <em>Diario de Avisos</em>, <em>Diario de La Palma</em>, <em>El Nudo</em>, <em>Juventud Cat&oacute;lica</em> y <em>La Organizaci&oacute;n</em>. Despu&eacute;s de regresar a M&aacute;laga continu&oacute; remitiendo textos a la isla y su firma apareci&oacute; tambi&eacute;n en <em>La Lucha</em> y <em>El Tiempo</em>. A estas publicaciones debe a&ntilde;adirse el mensuario <em>Cuba y Canarias</em>, dirigido por F&eacute;lix Duarte en Zaza del Medio.Gonz&aacute;lez P&eacute;rez fue, sobre todo, una escritora y colaboradora literaria que utiliz&oacute; la prensa como medio de publicaci&oacute;n y v&iacute;a de acceso a la vida p&uacute;blica. En aquellos a&ntilde;os los peri&oacute;dicos locales acog&iacute;an poemas, relatos, discursos, opiniones y cr&oacute;nicas de actos culturales, por lo que proporcionaban a los escritores un espacio de difusi&oacute;n y reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        	En mayo de 1914, la prensa tinerfe&ntilde;a reprodujo una informaci&oacute;n procedente de La Palma bajo el t&iacute;tulo &laquo;Notable poetisa&raquo;. Lolita, residente en Santa Cruz de La Palma, contaba &mdash;seg&uacute;n la cr&oacute;nica&mdash; con las simpat&iacute;as de la poblaci&oacute;n por su talento y su gracia. Hab&iacute;a intervenido en una velada en la que recit&oacute; una composici&oacute;n dedicada a la primavera y ley&oacute; versos de Gertrudis Segovia. La actuaci&oacute;n recibi&oacute; repetidas ovaciones.En la misma p&aacute;gina apareci&oacute; &laquo;&iexcl;Tributo de admiraci&oacute;n!&raquo;, poema dedicado al escritor &Aacute;ngel Mar&iacute;a Segovia. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, el propio Segovia le respondi&oacute; con otra composici&oacute;n. El intercambio demuestra que Lolita no era &uacute;nicamente una aficionada que enviaba versos aislados, sino una autora que comenzaba a participar en un di&aacute;logo literario y cuyo nombre circulaba ya fuera de la isla.
    </p><p class="article-text">
        	Las cr&oacute;nicas de la &eacute;poca la presentaron como &laquo;inspirada poetisa&raquo;, &laquo;gentil y bella poetisa&raquo;, &laquo;distinguida poetisa&raquo; o &laquo;notable escritora&raquo;. Son f&oacute;rmulas propias del lenguaje elogioso de entonces, pero su reiteraci&oacute;n muestra que hab&iacute;a alcanzado cierta visibilidad. Adem&aacute;s, su actividad no se limit&oacute; a la poes&iacute;a. En mayo de 1915 pronunci&oacute; en <em>Juventud Cat&oacute;lica</em> la conferencia &laquo;La mujer cristiana y su Patria&raquo;, en la que defendi&oacute; el papel de la mujer en la educaci&oacute;n moral y religiosa. Un mes despu&eacute;s ley&oacute; &laquo;Mis dos terru&ntilde;os&raquo; y recibi&oacute; la felicitaci&oacute;n del poeta Antonio Zerolo. Aunque el texto no se ha localizado, su t&iacute;tulo parece aludir a los dos espacios fundamentales de su primera identidad: Andaluc&iacute;a y Canarias.
    </p><p class="article-text">
        	Los poemas difundidos en la prensa palmera muestran una escritura variada. En ellos aparecen el amor y el desenga&ntilde;o, la maternidad, la religi&oacute;n, el patriotismo, el paisaje, la memoria y las referencias a la cultura canaria. La voz femenina no se limita siempre a esperar o sufrir en silencio: ama, duda, reprocha, perdona y reclama su propia experiencia. La fol&iacute;a, la Virgen de las Nieves, el mar y la monta&ntilde;a incorporan adem&aacute;s La Palma a su imaginario literario. Esta producci&oacute;n period&iacute;stica no fue un conjunto de ejercicios sin continuidad. Algunos poemas pasaron despu&eacute;s a su primer libro y otros permanecieron &uacute;nicamente en las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos. La prensa constituy&oacute; as&iacute; su primer espacio conocido de experimentaci&oacute;n, difusi&oacute;n y reconocimiento p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        	En el ambiente cultural palmero tuvo especial importancia Francisco deCosmelli y Sotomayor, poeta, dramaturgo, militar y colaborador de distintas cabeceras. Cosmelli fue el autor del pr&oacute;logo de <em>Notas perdidas</em> y su firma proporcion&oacute; a la escritora un respaldo reconocible. Ambos hab&iacute;an coincidido previamente en veladas y programas culturales, de modo que el poemario surgi&oacute; dentro de un entorno que ya conoc&iacute;a la actividad p&uacute;blica de Lolita.
    </p><p class="article-text">
        	<em>Notas perdidas</em> apareci&oacute; en 1915 y fue impreso en la Librer&iacute;a y Tipograf&iacute;a Cat&oacute;lica de Santa Cruz de Tenerife, aunque la autora, como decimos, resid&iacute;a en Santa Cruz de La Palma. El volumen incluye un retrato y una dedicatoria a sus padres, en la que presenta la obra como &laquo;este primer grito de mi fantas&iacute;a, este primer hijo de mi cerebro&raquo;. El &iacute;ndice re&uacute;ne treinta y ocho composiciones. El cotejo con la prensa permite comprobar que &laquo;Aves nocturnas&raquo;, &laquo;&iexcl;Te quiero!&raquo; y &laquo;El nido roto&raquo; pasaron al libro, mientras que &laquo;Primavera&raquo; podr&iacute;a corresponder a la composici&oacute;n recitada en 1914. El poemario ocupa una posici&oacute;n singular en su trayectoria: fue el primero y el &uacute;nico que public&oacute; en vida. <em>Lota Espa&ntilde;a</em> continu&oacute; escribiendo poes&iacute;a durante d&eacute;cadas, pero gran parte de esa producci&oacute;n qued&oacute; dispersa en peri&oacute;dicos, revistas y manuscritos y solo ha sido reunida p&oacute;stumamente. La etapa palmera adquiere as&iacute; una relevancia especial: all&iacute; no solo alcanz&oacute; su primera proyecci&oacute;n p&uacute;blica, sino que prepar&oacute; el &uacute;nico volumen po&eacute;tico que lleg&oacute; a editar personalmente.
    </p><p class="article-text">
        	La revisi&oacute;n de <em>Notas perdidas</em> muestra una obra m&aacute;s amplia de lo que podr&iacute;a sugerir la imagen de una autora dedicada exclusivamente al amor o a la religiosidad. En sus p&aacute;ginas aparecen la maternidad, el hogar, la infancia, la emigraci&oacute;n, el paisaje, las leyendas, el patriotismo, los conflictos pol&iacute;ticos y una experiencia amorosa en la que la mujer puede mostrarse unas veces dependiente y otras capaz de dirigir la relaci&oacute;n. Su primera poes&iacute;a se inscribe en un modernismo tard&iacute;o de fuerte ra&iacute;z posrom&aacute;ntica. Participa del lenguaje difundido por Rub&eacute;n Dar&iacute;o: musicalidad, cromatismo, exotismo, jardines, perfumes, piedras preciosas y referencias hel&eacute;nicas u orientales. A esa influencia general se suma una especial proximidad al mundo colorista y popular de Salvador Rueda, poeta malague&ntilde;o al que admir&oacute; y con quien mantuvo relaci&oacute;n personal y epistolar. Al mismo tiempo, conserva la melancol&iacute;a, el misterio, el amor frustrado y el dolor &iacute;ntimo propios de Gustavo Adolfo B&eacute;cquer, a quien dedic&oacute; una composici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        	Otro de los rasgos principales del libro es la convivencia de Andaluc&iacute;a y Canarias. En &laquo;&iexcl;Benahoare!&raquo; y &laquo;Noche canaria&raquo;, La Palma y el archipi&eacute;lago aparecen como territorios de belleza, historia y leyenda. En &laquo;A M&aacute;laga&raquo;, en cambio, domina la nostalgia de la tierra natal, presentada como madre y refugio. La Palma no sustituy&oacute; a Andaluc&iacute;a, pero se convirti&oacute; en un segundo territorio de pertenencia: el lugar en el que empez&oacute; a ser reconocida p&uacute;blicamente como escritora. El poemario refleja tambi&eacute;n el ambiente cat&oacute;lico y mon&aacute;rquico de su primera etapa. Sin embargo, junto a esa orientaci&oacute;n aparece una reflexi&oacute;n muy significativa sobre la condici&oacute;n femenina. En &laquo;&iexcl;Esclava!...&raquo;, Lolita afirma que, por ser mujer, le falta libertad incluso para crear. El poema no la convierte autom&aacute;ticamente en una autora feminista en sentido militante, pero muestra su conciencia de las limitaciones que pesaban sobre una mujer con vocaci&oacute;n literaria.
    </p><p class="article-text">
        	La familia abandon&oacute; La Palma en diciembre de 1915 y regres&oacute; a M&aacute;laga, pero la relaci&oacute;n con Canarias continu&oacute;. Lolita sigui&oacute; enviando composiciones a los peri&oacute;dicos palmeros y escribi&oacute; en 1920 el texto del carro aleg&oacute;rico de la Bajada de Nuestra Se&ntilde;ora de las Nieves. Despu&eacute;s adopt&oacute; de manera estable el seud&oacute;nimo de <em>Lota Espa&ntilde;a</em> y desarroll&oacute; una producci&oacute;n mucho m&aacute;s extensa y diversa. No escribi&oacute; solamente poes&iacute;a: cultiv&oacute; tambi&eacute;n la novela, el cuento, el ensayo, la cr&iacute;tica literaria, la rese&ntilde;a y el art&iacute;culo period&iacute;stico. El corpus recuperado por Dolores Vela Garc&iacute;a supera los tres mil textos, muchos de ellos in&eacute;ditos o dispersos.
    </p><p class="article-text">
        	Sus otras obras publicadas en forma de libro fueron principalmente narrativas. <em>Llanto de plomo</em> (1925) es una novela corta aparecida en Melilla dentro de la colecci&oacute;n <em>La Novela Africana</em>. <em>La voz del terru&ntilde;o</em>, publicada hacia 1929, es tambi&eacute;n una novela corta y pertenece al &aacute;mbito de la literatura de quiosco. El hecho de que no editara otro poemario no significa que abandonara la poes&iacute;a, sino que sus versos posteriores circularon sobre todo en publicaciones peri&oacute;dicas y manuscritos.
    </p><p class="article-text">
        	Su evoluci&oacute;n ideol&oacute;gica fue igualmente compleja. La autora cat&oacute;lica y mon&aacute;rquica de algunos textos juveniles dej&oacute; m&aacute;s tarde escritos cercanos al republicanismo y public&oacute; en 1936 una eleg&iacute;a dedicada al anarquista Buenaventura Durruti. Despu&eacute;s de la Guerra Civil vivi&oacute; durante a&ntilde;os en Benamargosa y m&aacute;s tarde regres&oacute; a M&aacute;laga, donde falleci&oacute; en 1973.
    </p><p class="article-text">
        	Durante d&eacute;cadas, su obra permaneci&oacute; pr&aacute;cticamente olvidada. Mar&iacute;a Dolores Guti&eacute;rrez Navas dio un primer paso en su recuperaci&oacute;n en 2004, pero el rescate decisivo se debe a Dolores Vela Garc&iacute;a, que localiz&oacute; y estudi&oacute; buena parte del legado familiar, public&oacute; dos antolog&iacute;as po&eacute;ticas y dedic&oacute; su tesis doctoral a la autora. <em>Lota Espa&ntilde;a</em> no fue una figura central del canon ni perteneci&oacute; directamente a la Generaci&oacute;n del 27. Fue una escritora de la Edad de Plata que desarroll&oacute; una obra extensa fuera de los principales espacios de reconocimiento. Su importancia reside en la continuidad y diversidad de su producci&oacute;n, en su prolongada presencia en la prensa y en la voluntad de mantener una voz femenina propia. La documentaci&oacute;n de los a&ntilde;os vividos en Santa Cruz de La Palma contribuye a completar su estudio. La isla no fue el origen absoluto de su vocaci&oacute;n, pero s&iacute; el primer espacio conocido en el que aquella vocaci&oacute;n alcanz&oacute; continuidad p&uacute;blica, lectores, reconocimiento y forma editorial. La poetisa de las veladas palmeras fue el comienzo visible de una escritora que dedicar&iacute;a toda su vida a la literatura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/prensa-palmera-notas-perdidas-primeros-pasos-lota-espana_129_13421384.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 15:00:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la prensa palmera a ‘Notas perdidas’: los primeros pasos de ‘Lota España’]]></media:title>
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      <title><![CDATA[El Grupo Nakens de Santa Cruz de La Palma: una historia de republicanismo, laicismo y cultura asociativa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/grupo-nakens-santa-cruz-palma-historia-republicanismo-laicismo-cultura-asociativa_129_13408121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90605b93-a2ef-49d6-b6f8-56534148741c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148190.jpg" width="329" height="185" alt="El Grupo Nakens de Santa Cruz de La Palma: una historia de republicanismo, laicismo y cultura asociativa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - En memoria de mi abuelo Manuel Rodríguez Fernández y de su hermano Juan
</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                José Nakens.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Durante la Segunda Rep&uacute;blica funcion&oacute; en Santa Cruz de La Palma una asociaci&oacute;n denominada Grupo Nakens, legalmente constituida en marzo de 1932 con el nombre completo de &laquo;Sociedad Librepensadora, Instructiva y de Protecci&oacute;n Mutua&raquo;. Su historia, hasta ahora apenas conocida, permite reconstruir una parte de la cultura republicana y laica de la ciudad durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX. Su presencia p&uacute;blica puede documentarse desde un n&uacute;cleo anterior a la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica hasta, al menos, enero de 1936.
    </p><p class="article-text">
        La entidad tom&oacute; su nombre de Jos&eacute; Nakens, periodista republicano y anticlerical, director del semanario <em>El Mot&iacute;n</em> y una de las figuras m&aacute;s conocidas del librepensamiento espa&ntilde;ol. Su influencia hab&iacute;a llegado muy pronto a La Palma. En febrero de 1908, numerosas sociedades culturales, obreras y recreativas de Santa Cruz de La Palma, junto con varios peri&oacute;dicos locales, participaron en una petici&oacute;n colectiva para solicitar su indulto. La memoria de Nakens ten&iacute;a, por tanto, ra&iacute;ces antiguas en la isla. La hemeroteca de la Real Sociedad Cosmol&oacute;gica conserva, adem&aacute;s, una colecci&oacute;n casi completa de <em>El Mot&iacute;n</em> entre 1881 y 1887, as&iacute; como ejemplares de 1910 y 1911. Esta presencia documental constituye un indicio de la circulaci&oacute;n del peri&oacute;dico y de las ideas de su director entre los lectores palmeros.
    </p><p class="article-text">
        El Grupo Nakens no surgi&oacute; de manera aislada. Desde comienzos del siglo XX existieron en Santa Cruz de La Palma varias asociaciones dedicadas a la defensa de la libertad de conciencia, la ense&ntilde;anza laica y los rituales civiles. La primera de ellas fue la Sociedad Librepensadora La Ingenuidad, activa, al menos, entre 1900 y 1908. Particip&oacute; en manifestaciones obreras, promovi&oacute; entierros civiles y lleg&oacute; a ofrecerse para sufragar los gastos de matrimonios y sepelios no religiosos. Tambi&eacute;n intervino en el cuidado del cementerio civil y estuvo representada en el Congreso Internacional de Librepensadores celebrado en Par&iacute;s en 1905.
    </p><p class="article-text">
        En 1910 se constituy&oacute; la Sociedad Librepensadora Voltaire, que a&ntilde;adi&oacute; a esos objetivos un programa m&aacute;s estructurado de instrucci&oacute;n y ayuda mutua. Sus estatutos preve&iacute;an la creaci&oacute;n de una biblioteca, escuelas laicas, conferencias, veladas culturales y mecanismos de apoyo econ&oacute;mico y profesional entre sus socios. La comparaci&oacute;n de su reglamento con el del Grupo Nakens demuestra que, dos d&eacute;cadas despu&eacute;s, los promotores de este utilizaron el texto de Voltaire como modelo. Mantuvieron sus principales fines, las condiciones de admisi&oacute;n, la biblioteca, las escuelas laicas, la ayuda mutua y hasta las delegaciones territoriales denominadas &laquo;Tri&aacute;ngulos&raquo;. No puede afirmarse que Voltaire se transformara jur&iacute;dicamente en el Grupo Nakens, pero s&iacute; que existi&oacute;, sin embargo, una continuidad organizativa y cultural muy clara.
    </p><p class="article-text">
        Otro antecedente decisivo fue la Juventud Republicana de La Palma, que desde 1915 promovi&oacute; el semanario <em>Oriente</em>. Esta publicaci&oacute;n defendi&oacute; abiertamente el republicanismo, el librepensamiento y el anticlericalismo, y prest&oacute; especial atenci&oacute;n a la instrucci&oacute;n, la cuesti&oacute;n social y la situaci&oacute;n de los trabajadores. En abril de 1916, la redacci&oacute;n de <em>Oriente</em> y la sede de la Juventud Republicana se trasladaron al n&uacute;mero 5 de la calle Pedro Poggio. Quince a&ntilde;os despu&eacute;s, esa misma direcci&oacute;n apareci&oacute; como domicilio social del Grupo Nakens y acogi&oacute; su asamblea constitutiva. Tambi&eacute;n hubo continuidad entre sus integrantes. Pelayo D&iacute;az Cabrera, Juan Rodr&iacute;guez Fern&aacute;ndez y Gerardo P&eacute;rez Toledo, miembros de la directiva republicana elegida en 1930, participaron poco despu&eacute;s en la organizaci&oacute;n del Grupo Nakens.
    </p><p class="article-text">
        La prensa se&ntilde;ala, adem&aacute;s, que antes de la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica ya exist&iacute;a un n&uacute;cleo con ese nombre en el local de la Juventud Republicana. Una noticia de 1931 record&oacute; &laquo;aquel asalto al Grupo Nakens&raquo;, aunque no permite determinar si entonces dispon&iacute;a de reglamento o directiva propia. Este dato es importante porque demuestra que la agrupaci&oacute;n palmera no fue una mera prolongaci&oacute;n de la campa&ntilde;a lanzada desde Barcelona en junio de 1931. El n&uacute;cleo local era anterior y se apoyaba en una tradici&oacute;n propia.
    </p><p class="article-text">
        El proceso de legalizaci&oacute;n comenz&oacute; en noviembre de 1931. Los estatutos fueron presentados al Gobierno Civil por Pelayo D&iacute;az Cabrera, V&iacute;ctor Ferraz Armas y Juan Rodr&iacute;guez Fern&aacute;ndez. Despu&eacute;s de varias correcciones administrativas, el reglamento fue aprobado y devuelto en marzo de 1932. La asamblea constitutiva se celebr&oacute; el 22 de marzo en el segundo piso del n&uacute;mero 5 de la calle Pedro Poggio. Asistieron diecinueve personas y fue elegido presidente Juan Rodr&iacute;guez Fern&aacute;ndez. Francisco Castro D&iacute;az ocup&oacute; la secretar&iacute;a, Manuel Rodr&iacute;guez Fern&aacute;ndez, la tesorer&iacute;a, Ermelando Mart&iacute;n Guerra, la contadur&iacute;a, y V&iacute;ctor Ferraz Armas, Juan R&eacute;gulo P&eacute;rez, Arcadio Ferraz Brito y Gerardo P&eacute;rez Toledo fueron elegidos vocales, este &uacute;ltimo tambi&eacute;n como bibliotecario.
    </p><p class="article-text">
        El programa de la sociedad iba m&aacute;s all&aacute; del anticlericalismo. Pretend&iacute;a desarrollar el librepensamiento mediante hojas, folletos, peri&oacute;dicos, conferencias y actos p&uacute;blicos. Tambi&eacute;n proyectaba una biblioteca, escuelas laicas gratuitas y mecanismos de protecci&oacute;n mutua. Sus socios deb&iacute;an ayudarse econ&oacute;mica y personalmente, as&iacute; como favorecerse en sus profesiones, industrias y oficios. La entidad admit&iacute;a hombres y mujeres, aunque exig&iacute;a profesar ideas librepensadoras y superar una votaci&oacute;n secreta. Entre sus miembros hab&iacute;a republicanos de izquierda, socialistas, periodistas, impresores, maestros, estudiantes, carpinteros y trabajadores de distintos oficios. La junta reun&iacute;a a militantes experimentados con j&oacute;venes como Juan R&eacute;gulo P&eacute;rez, que ten&iacute;a solamente diecisiete a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los principales testimonios de su intervenci&oacute;n p&uacute;blica fue la convocatoria para colocar los r&oacute;tulos de una calle dedicada a Jos&eacute; Nakens. La denominaci&oacute;n hab&iacute;a sido aprobada por el Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma en la sesi&oacute;n de 24 de abril de 1931. A propuesta del concejal republicano Juan Mart&iacute;n P&eacute;rez, el pleno acord&oacute; cambiar los nombres de varias v&iacute;as para recordar a quienes hab&iacute;an luchado por la libertad. La antigua calle Montecristo recibi&oacute; entonces el nombre de Jos&eacute; Nakens. M&aacute;s de un a&ntilde;o despu&eacute;s, el Grupo Nakens convoc&oacute; a los &laquo;ciudadanos laicos&raquo; para asistir, el 2 de octubre de 1932, a la colocaci&oacute;n de los r&oacute;tulos. El acto pretend&iacute;a coincidir con el aniversario de la muerte del periodista. La secuencia muestra el reconocimiento alcanzado por su figura en la ciudad: primero mediante el acuerdo municipal y despu&eacute;s mediante la actuaci&oacute;n p&uacute;blica de la asociaci&oacute;n que llevaba su nombre.
    </p><p class="article-text">
        La actividad p&uacute;blica del grupo puede seguirse primero hasta agosto de 1933. Una cr&oacute;nica cat&oacute;lica y hostil atribuy&oacute; entonces a varios j&oacute;venes de una agrupaci&oacute;n denominada &laquo;Nakens&raquo; una visita al Ayuntamiento para oponerse a la procesi&oacute;n de la Virgen de las Nieves. El articulista afirm&oacute; tambi&eacute;n que participaban &laquo;bajo su bandera&raquo; en manifestaciones callejeras. Aunque la fuente debe utilizarse con precauci&oacute;n, confirma que la agrupaci&oacute;n continuaba siendo p&uacute;blicamente reconocible.
    </p><p class="article-text">
        Una nueva noticia permite prolongar su presencia p&uacute;blica hasta enero de 1936. El d&iacute;a 18 de aquel mes, <em>Espartaco</em> public&oacute; un escrito de protesta suscrito por diversas organizaciones antifascistas de Santa Cruz de La Palma contra la agresi&oacute;n sufrida por Juan Rodr&iacute;guez Acosta a manos de un cabo de Asalto. Entre las entidades firmantes figuraba expresamente el Grupo Nakens, representado por Juan P&eacute;rez Vidal. Este hab&iacute;a asistido a la asamblea constitutiva de marzo de 1932, por lo que la noticia aporta un elemento de continuidad personal entre el grupo legalizado y la organizaci&oacute;n que segu&iacute;a actuando p&uacute;blicamente casi cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde. La adhesi&oacute;n sit&uacute;a al Grupo Nakens dentro de un frente local integrado por organizaciones republicanas, socialistas, comunistas, sindicales y profesionales. La referencia no permite conocer, sin embargo, el n&uacute;mero de socios que conservaba, la composici&oacute;n de su directiva ni la intensidad de su actividad interna. Tampoco sabemos si durante los a&ntilde;os anteriores hab&iacute;a funcionado regularmente, renovado sus &oacute;rganos de gobierno, organizado la biblioteca prevista en sus estatutos, abierto una escuela laica o constituido delegaciones en otros municipios.
    </p><p class="article-text">
        El Grupo Nakens de Santa Cruz de La Palma fue, en definitiva, algo m&aacute;s que una agrupaci&oacute;n anticlerical. Represent&oacute; la actualizaci&oacute;n republicana de una tradici&oacute;n local de libertad de conciencia, educaci&oacute;n y solidaridad iniciada d&eacute;cadas antes por La Ingenuidad, continuada por Voltaire y sostenida por la Juventud Republicana. Su presencia p&uacute;blica se prolong&oacute;, al menos, hasta enero de 1936, pocos meses antes del golpe militar. Hasta el momento, constituye el &uacute;nico Grupo Nakens de Canarias del que, adem&aacute;s, se ha podido documentar un reglamento, una junta directiva y un reconocimiento legal. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/grupo-nakens-santa-cruz-palma-historia-republicanismo-laicismo-cultura-asociativa_129_13408121.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2026 16:01:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Grupo Nakens de Santa Cruz de La Palma: una historia de republicanismo, laicismo y cultura asociativa]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La Competición de Verano: cuando todos jugábamos al baloncesto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/competicion-verano-jugabamos-baloncesto_129_13397389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f877653-4aae-4252-b62d-31ed1e38caed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Más de medio siglo después de su nacimiento, la Competición de Verano continúa ocupando un lugar privilegiado en la memoria del deporte palmero. Mantener viva esta tradición ya constituye un éxito. Pero su propia historia invita también a mirar hacia adelante y a plantearse cómo recuperar, adaptado a los nuevos tiempos, aquel espíritu participativo que convirtió durante décadas al baloncesto en el gran punto de encuentro del verano en Santa Cruz de La Palma
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                Luis Sa, Manolo de las Casas y Emiliano Navarro (Buitres)                            </span>
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        La Competici&oacute;n de Verano de baloncesto de Santa Cruz de La Palma alcanza este a&ntilde;o una nueva edici&oacute;n convertida ya en una de las manifestaciones deportivas m&aacute;s longevas y reconocibles de la capital palmera. Durante m&aacute;s de medio siglo, el torneo ha formado parte de la vida estival de la ciudad, aunque la realidad actual invita a contemplar su trayectoria con una mezcla de satisfacci&oacute;n por su continuidad y reflexi&oacute;n sobre el enorme potencial que lleg&oacute; a alcanzar.
    </p><p class="article-text">
        El baloncesto veraniego contaba con algunos antecedentes en Santa Cruz de La Palma. El m&aacute;s remoto fue la Copa de Verano organizada en 1944 por la Delegaci&oacute;n Insular de la Federaci&oacute;n Tinerfe&ntilde;a de Baloncesto. Mucho m&aacute;s cercano fue el campeonato social del C. B. La Palma, disputado en 1971 bajo la denominaci&oacute;n de <em>Trofeo Diario de Avisos</em>, que sirvi&oacute; de precedente inmediato de una iniciativa destinada a convertirse en uno de los grandes acontecimientos deportivos y sociales del verano palmero.
    </p><p class="article-text">
        La Competici&oacute;n de Verano propiamente dicha naci&oacute; el 31 de julio de 1972. En aquella primera edici&oacute;n participaron cinco equipos masculinos y seis femeninos, una cifra que ya resultaba notable para una ciudad del tama&ntilde;o de Santa Cruz de La Palma. Nadie pod&iacute;a imaginar entonces la extraordinaria dimensi&oacute;n que alcanzar&iacute;a el torneo en las dos d&eacute;cadas siguientes.
    </p><p class="article-text">
        La mejor forma de comprender lo que signific&oacute; la Competici&oacute;n de Verano es observar su evoluci&oacute;n. De los once equipos iniciales se pas&oacute; a veintiocho en 1976, a cuarenta y tres en 1986 y 1987 y al r&eacute;cord absoluto de <strong>cuarenta y ocho</strong> en 1992. La demanda fue tan elevada que aquel a&ntilde;o hubo que crear incluso una tercera categor&iacute;a s&eacute;nior masculina. En apenas veinte a&ntilde;os, la participaci&oacute;n se hab&iacute;a multiplicado por m&aacute;s de cuatro.
    </p><p class="article-text">
        Pero aquellas cifras iban mucho m&aacute;s all&aacute; de la estad&iacute;stica. Cada equipo reun&iacute;a a jugadores, entrenadores, delegados y colaboradores; a ellos se sumaban &aacute;rbitros, anotadores, organizadores, patrocinadores y centenares de espectadores. Durante muchos a&ntilde;os fue necesario programar partidos por la ma&ntilde;ana y por la tarde, y la competici&oacute;n se prolongaba durante m&aacute;s de un mes. El baloncesto se convert&iacute;a as&iacute; en uno de los grandes protagonistas del verano capitalino y la Ciudad Juvenil, primero, y posteriormente las canchas de Santo Domingo y del Instituto Alonso P&eacute;rez D&iacute;az, eran un punto de encuentro diario para varias generaciones de j&oacute;venes.
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                Equipo femenino Buitres Saab con Roberto Estrello.                            </span>
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        Los enfrentamientos entre <em>Buitres</em> y <em>Ajax</em> marcaron los primeros a&ntilde;os y dieron paso a otros equipos que dejaron una profunda huella en la memoria colectiva: <em>Play Boy</em>, <em>Sporting Avenida</em>, <em>Retorno</em>, <em>Diablos Rojos</em>, <em>Instituto La Palma</em>, <em>Friger</em>, <em>Aqu&iacute; Estoy</em>, <em>Tocuyo</em>, <em>Capri</em>, <em>Juventud</em>, <em>Chelo</em>, <em>Luto</em> o <em>Estudiantes Cam&aacute;n</em>. Detr&aacute;s de aquellos nombres hab&iacute;a grupos de amigos, barrios, comercios y patrocinadores que daban una personalidad propia a cada edici&oacute;n del torneo.
    </p><p class="article-text">
        La competici&oacute;n femenina fue igualmente protagonista desde el primer d&iacute;a. Junto al <em>Mamey</em>, primer campe&oacute;n en 1972, dejaron su impronta equipos como <em>Buitres</em>, <em>Play Boy</em>, <em>Sporting Avenida</em>, <em>Retorno</em>, <em>P&eacute;rgola Cant&uacute;</em>, <em>Banco di Plaza</em>, <em>Aqu&iacute; Estoy</em>, <em>Escuela de Baloncesto</em>, <em>Bre&ntilde;a Baja</em> o Flash Puenting. Sus rivalidades contribuyeron decisivamente al prestigio del torneo y al desarrollo del baloncesto femenino en la isla.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los grandes aciertos de la Competici&oacute;n de Verano fue su capacidad para integrar a jugadores de todas las edades y niveles. Junto a las categor&iacute;as s&eacute;nior se fueron incorporando las competiciones juvenil-j&uacute;nior, infantil y minib&aacute;squet, favoreciendo la convivencia entre generaciones y ofreciendo a muchos j&oacute;venes la oportunidad de seguir practicando baloncesto una vez finalizada la temporada federada. La ceremonia de la antorcha, el desfile de los equipos y el juramento de los deportistas de la primera &eacute;poca reforzaban, adem&aacute;s, el car&aacute;cter festivo de un torneo que trascend&iacute;a ampliamente lo puramente deportivo.
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                Diablos Rojos.                            </span>
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        A partir de mediados de los a&ntilde;os noventa comenz&oacute; un paulatino descenso en la participaci&oacute;n. La competici&oacute;n sobrevivi&oacute; en la Avenida Mar&iacute;tima, m&eacute;rito indiscutible de quienes han continuado organiz&aacute;ndola a&ntilde;o tras a&ntilde;o, pero fue perdiendo categor&iacute;as, equipos y parte del ambiente que la hab&iacute;a convertido en una referencia del verano palmero.
    </p><p class="article-text">
        La edici&oacute;n de 2026 re&uacute;ne ocho equipos &mdash;cinco masculinos y tres femeninos&mdash;. La comparaci&oacute;n con otras &eacute;pocas resulta inevitable: frente a los once equipos de la edici&oacute;n inaugural o los cuarenta y ocho de 1992, la participaci&oacute;n actual refleja una realidad muy diferente. Las circunstancias sociales, deportivas y de ocio han cambiado profundamente, por lo que no ser&iacute;a justo establecer comparaciones simplistas. Sin embargo, la historia de la Competici&oacute;n de Verano demuestra que su mayor fortaleza nunca fue &uacute;nicamente el nivel de los partidos, sino su extraordinaria capacidad para implicar a toda la sociedad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La Competición de Verano de baloncesto de Santa Cruz de La Palma.                            </span>
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        M&aacute;s de medio siglo despu&eacute;s de su nacimiento, la Competici&oacute;n de Verano contin&uacute;a ocupando un lugar privilegiado en la memoria del deporte palmero. Mantener viva esta tradici&oacute;n ya constituye un &eacute;xito. Pero su propia historia invita tambi&eacute;n a mirar hacia adelante y a plantearse c&oacute;mo recuperar, adaptado a los nuevos tiempos, aquel esp&iacute;ritu participativo que convirti&oacute; durante d&eacute;cadas al baloncesto en el gran punto de encuentro del verano en Santa Cruz de La Palma. Porque la historia de la Competici&oacute;n de Verano no se mide solo por el n&uacute;mero de ediciones celebradas, sino por la huella que dej&oacute; en varias generaciones de palmeros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/competicion-verano-jugabamos-baloncesto_129_13397389.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jul 2026 20:06:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Competición de Verano: cuando todos jugábamos al baloncesto]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Cuando un periódico era una aventura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/periodico-aventura_129_13389152.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4537875-3774-475d-af32-1024361f3ffb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando un periódico era una aventura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - 'La Justicia' y 'Heraldo de La Palma', dos proyectos periodísticos que buscaron una voz propia en La Palma de entresiglos
</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Portada del periódico &#039;La Justicia&#039;.                            </span>
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        La historia de la prensa suele escribirse a partir de los peri&oacute;dicos. Se recuerda cu&aacute;ndo aparecieron, cu&aacute;nto tiempo sobrevivieron, cu&aacute;l fue su orientaci&oacute;n pol&iacute;tica o qu&eacute; pol&eacute;micas protagonizaron. Mucho menos frecuente es detenerse en quienes los hicieron posibles. Sin embargo, detr&aacute;s de cada cabecera hubo personas que reunieron el dinero para pagar la imprenta, buscaron suscriptores, escribieron editoriales y art&iacute;culos de fondo, discutieron titulares y asumieron las consecuencias de cuanto publicaban. Sin ellas, los peri&oacute;dicos ser&iacute;an &uacute;nicamente papel envejecido en una hemeroteca; con ellas forman parte de la historia viva de una sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        Entre esos hombres ocupan un lugar singular Luis M&eacute;ndez Franco (1872-1942) y Wenceslao Abreu Francisco (1859-1918). Ambos compartieron una aspiraci&oacute;n poco frecuente en la Espa&ntilde;a de la Restauraci&oacute;n: hacer un peri&oacute;dico que no obedeciera d&oacute;cilmente a una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. No pretend&iacute;an mantenerse al margen de la vida p&uacute;blica; al contrario. Aspiraban a intervenir en ella con suficiente libertad para apoyar unas iniciativas, censurar otras y defender, por encima de cualquier disciplina partidista, aquello que consideraban beneficioso para La Palma.
    </p><p class="article-text">
        La empresa no era sencilla. La isla apenas superaba entonces los 46.000 mil habitantes. La emigraci&oacute;n hacia Am&eacute;rica, sobre todo hacia Cuba, segu&iacute;a marcando la vida de numerosas familias, el analfabetismo limitaba el n&uacute;mero de lectores y la econom&iacute;a de cualquier publicaci&oacute;n resultaba extraordinariamente fr&aacute;gil. A pesar de ello, pocas etapas conocieron una actividad period&iacute;stica tan intensa. Conservadores, liberales, republicanos, publicaciones institucionales, literarias, sat&iacute;ricas y obreristas compet&iacute;an por un mercado incapaz de sostener tantas cabeceras. La mayor parte nac&iacute;an asociadas a un partido, a un dirigente o a un grupo de intereses. El peri&oacute;dico era un instrumento de influencia pol&iacute;tica mucho antes que una empresa informativa en el sentido actual del t&eacute;rmino. 
    </p><p class="article-text">
        Fue en ese ambiente donde apareci&oacute; <em>La Justicia</em> el 5 de noviembre de 1898. Dirigido por Luis M&eacute;ndez Franco, se present&oacute; desde el primer momento como un &laquo;Semanario independiente, defensor de los intereses p&uacute;blicos&raquo;. La declaraci&oacute;n encerraba toda una toma de posici&oacute;n. Aquella independencia no significaba ausencia de ideas ni equidistancia pol&iacute;tica. El peri&oacute;dico compart&iacute;a muchas de las inquietudes regeneracionistas que recorrieron Espa&ntilde;a tras el Desastre del 98, criticaba el funcionamiento del sistema de la Restauraci&oacute;n y denunciaba con frecuencia el caciquismo que condicionaba la vida p&uacute;blica insular. Pero procur&oacute; conservar una libertad de juicio poco habitual en una &eacute;poca en la que los peri&oacute;dicos acostumbraban a convertirse en &oacute;rganos de expresi&oacute;n de las distintas facciones pol&iacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        Sus p&aacute;ginas muestran una considerable amplitud de intereses. Junto a los comentarios pol&iacute;ticos aparec&iacute;an noticias sobre las obras del puerto, las carreteras, la ense&ntilde;anza, la administraci&oacute;n municipal, la actividad cultural o los acontecimientos internacionales. Hoy puede parecer normal; entonces supon&iacute;a entender el peri&oacute;dico como un espacio de informaci&oacute;n y de formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica, no solo como una tribuna de combate. Esa vocaci&oacute;n explica que, pese a su breve existencia, <em>La Justicia</em> ocupe un lugar destacado en la evoluci&oacute;n del periodismo palmero. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando <em>La Justicia</em> desapareci&oacute;, la idea no muri&oacute; con &eacute;l. Nueve meses m&aacute;s tarde, el 1 de diciembre de 1900, Wenceslao Abreu Francisco fundaba <em>Heraldo de La Palma</em>. Su trayectoria ayuda a comprender mejor aquel proyecto. Hab&iacute;a conocido el periodismo cubano, mucho m&aacute;s desarrollado que el insular, y manten&iacute;a una intensa relaci&oacute;n con las comunidades canarias de la emigraci&oacute;n. Esa experiencia atl&aacute;ntica ampli&oacute; sus horizontes profesionales y explica la ambici&oacute;n con la que naci&oacute; el nuevo trisemanario. Desde el primer editorial proclam&oacute; su voluntad de servir a la isla bajo el lema &laquo;Patria, Libertad y Justicia&raquo;, dejando claro que no deseaba convertirse en portavoz de ninguna organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. 
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                Portada del &#039;Heraldo de La Palma&#039;.                            </span>
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        Como hab&iacute;a sucedido con <em>La Justicia</em>, aquella declaraci&oacute;n de principios no signific&oacute; neutralidad. El <em>Heraldo</em> ejerci&oacute; una cr&iacute;tica constante del funcionamiento del sistema pol&iacute;tico, denunci&oacute; pr&aacute;cticas caciquiles y sostuvo campa&ntilde;as a favor de mejoras que hoy forman parte de la historia del desarrollo insular: el puerto, las comunicaciones, el t&uacute;nel de la Cumbre, la ense&ntilde;anza o la creaci&oacute;n de una Escuela de Artes y Oficios. M&aacute;s adelante, bajo la direcci&oacute;n de Hermenegildo Rodr&iacute;guez M&eacute;ndez, el peri&oacute;dico evolucion&oacute; hacia posiciones republicanas, aunque sin renunciar a una autonom&iacute;a de criterio que le permiti&oacute; discrepar incluso de quienes pod&iacute;an considerarse pr&oacute;ximos desde el punto de vista ideol&oacute;gico. 
    </p><p class="article-text">
        Esa manera de entender el periodismo tuvo un precio. Un editorial contra el arcipreste Benigno Mascare&ntilde;o provoc&oacute; en 1901 la constituci&oacute;n de un ins&oacute;lito &laquo;tribunal de honor&raquo;, promovido por el alcalde y formado por directores de otros peri&oacute;dicos y destacados vecinos de Santa Cruz de La Palma. Wenceslao Abreu rechaz&oacute; someterse a aquel juicio moral y la controversia termin&oacute; alimentando una agria pol&eacute;mica p&uacute;blica. M&aacute;s all&aacute; de la an&eacute;cdota, el episodio ilustra hasta qu&eacute; punto una cr&iacute;tica period&iacute;stica pod&iacute;a convertirse entonces en un conflicto pol&iacute;tico y personal de primer orden. 
    </p><p class="article-text">
        Los problemas econ&oacute;micos acabar&iacute;an haciendo el resto. El reducido mercado lector, la escasez de publicidad y la ausencia de un respaldo pol&iacute;tico estable dificultaban extraordinariamente la supervivencia de unas publicaciones que aspiraban a conservar su propia voz. Como tantas otras cabeceras de la &eacute;poca, <em>La Justicia</em> y <em>Heraldo de La Palma</em> terminaron desapareciendo en apenas dos a&ntilde;os. Lo verdaderamente importante, sin embargo, no fue la duraci&oacute;n de aquellos peri&oacute;dicos, sino el ejemplo que dejaron.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de un siglo despu&eacute;s seguimos conservando sus colecciones en las hemerotecas. Pero lo que verdaderamente merece ser recordado no son &uacute;nicamente aquellas p&aacute;ginas impresas, sino quienes las escribieron. Luis M&eacute;ndez Franco, Wenceslao Abreu Francisco y tantos otros periodistas de entresiglos entendieron que el peri&oacute;dico pod&iacute;a ser algo m&aacute;s que el altavoz de una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica: un lugar desde el que pensar la isla, discutir sus problemas y defender sus intereses con libertad de juicio. Quiz&aacute; esa sea la raz&oacute;n por la que aquellas dos modestas cabeceras contin&uacute;an ocupando un lugar propio en la historia del periodismo palmero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/periodico-aventura_129_13389152.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 15:50:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando un periódico era una aventura]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manolo Jaubert, jugador, entrenador, árbitro: una vida al servicio del baloncesto palmero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/manolo-jaubert-jugador-entrenador-arbitro-vida-servicio-baloncesto-palmero_129_13354803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0129c7b-78dd-4fc6-b32e-c782c0bf6475_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146687.jpg" width="640" height="360" alt="Manolo Jaubert, jugador, entrenador, árbitro: una vida al servicio del baloncesto palmero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Pocas personas pueden acreditar una vinculación tan amplia y prolongada con el baloncesto palmero. Representa una forma de entender el baloncesto basada en el compromiso, la generosidad y el servicio</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Manolo Jaubert, jugador, entrenador, árbitro: una vida al servicio del baloncesto palmero.                            </span>
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        Manuel Jaubert Lorenzo (Santa Cruz de La Palma, 1946) constituye, probablemente, un caso &uacute;nico en la historia del baloncesto palmero. Fue jugador, entrenador y &aacute;rbitro federado, tres facetas que desarroll&oacute; con la misma pasi&oacute;n y compromiso durante varias d&eacute;cadas, dejando una huella profunda en distintas generaciones de este deporte. Sus primeros pasos en el baloncesto se remontan a comienzos de los a&ntilde;os sesenta, cuando militaba en el infantil <em>Juan de Austria</em> y los partidos todav&iacute;a se disputaban en la hist&oacute;rica cancha de la plaza de Santo Domingo. Posteriormente defendi&oacute; los colores del <em>Instituto</em>, <em>Pr&iacute;ncipes </em>y <em>Canarias</em>, tres de los equipos que protagonizaron aquella etapa de cierta efervescencia del baloncesto capitalino.
    </p><p class="article-text">
        En la temporada 1965-1966 fue incorporado por el hist&oacute;rico <em>San Fernando</em>, junto a Julio Plata, para reforzar un equipo que acabar&iacute;a proclam&aacute;ndose campe&oacute;n de la Liga Insular de Baloncesto y disputando la promoci&oacute;n de ascenso a Segunda Divisi&oacute;n frente al <em>N&aacute;utico &ldquo;B&rdquo;</em>. Comparti&oacute; vestuario con jugadores veteranos como Roberto Arozena, Agust&iacute;n Francisco y Juan de la Barreda, adem&aacute;s de compa&ntilde;eros de su generaci&oacute;n como Jos&eacute; Emilio de la Cruz, Jorge Morera, Paco Ayudarte, Carlos Mart&iacute;n e Isidoro Ram&oacute;n. Permaneci&oacute; una campa&ntilde;a m&aacute;s en el club, aunque entonces &uacute;nicamente se celebraron algunos torneos al no existir competici&oacute;n oficial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ocho temporadas en el C.B. La Palma</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entre 1967 y 1975 visti&oacute; la camiseta del primer equipo del <em>C.B. La Palma</em>, permaneciendo ocho temporadas consecutivas en la entidad, la mayor&iacute;a bajo la direcci&oacute;n t&eacute;cnica de Pancho Mart&iacute;n. Durante aquellos a&ntilde;os comparti&oacute; el protagonismo ofensivo con Julio Plata y se convirti&oacute; en uno de los jugadores m&aacute;s eficaces del conjunto. Fue, adem&aacute;s, uno de los &uacute;ltimos baloncestistas palmeros en mantener el cl&aacute;sico lanzamiento &laquo;a cuchara&raquo;, una t&eacute;cnica pr&aacute;cticamente desaparecida incluso entonces, pero que &eacute;l sigui&oacute; ejecutando con notable efectividad. Esa capacidad anotadora llev&oacute; a Moncho Monsalve a recuperarlo para el representativo insular en la temporada 1974-1975 de Segunda Divisi&oacute;n, donde fue una de las piezas m&aacute;s destacadas en algunas de las escasas victorias del equipo frente a rivales como <em>Claret</em> o <em>K&aacute;iser</em>.
    </p><p class="article-text">
        Su velocidad en el contraataque le vali&oacute; el apodo de &laquo;Caballo de madera&raquo;, recordando por su estilo a los grandes finalizadores de &eacute;pocas posteriores. Tambi&eacute;n sobresali&oacute; en la primera Competici&oacute;n de Verano disputada en 1972, formando parte del <em>Mamey</em>, equipo campe&oacute;n del torneo, donde rivaliz&oacute; en la clasificaci&oacute;n de anotadores con j&oacute;venes promesas como Sim&oacute;n Mart&iacute;n y Eduardo Aciego.
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                Manolo Jaubert, jugador, entrenador, árbitro: una vida al servicio del baloncesto palmero.                            </span>
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        <strong>Formador de generaciones</strong>
    </p><p class="article-text">
        A comienzos de los a&ntilde;os setenta inici&oacute; tambi&eacute;n una intensa trayectoria como entrenador. Con <em>La Palmita</em> infantil conquist&oacute; el Campeonato provincial escolar de 1972 y ese mismo verano llev&oacute; al <em>Mame</em>y femenino a proclamarse campe&oacute;n de la primera Competici&oacute;n de Verano. M&aacute;s adelante dirigi&oacute; al <em>C.B. La Palma</em> j&uacute;nior, logrando el Campeonato insular de 1975 y disputando posteriormente la final provincial frente al potente <em>Medina Santa Cr</em>u<em>z</em>.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, su mayor legado probablemente no se encuentre en los t&iacute;tulos, sino en la labor de promoci&oacute;n que desarroll&oacute; fuera de la capital. Aprovechando su trabajo con las comunidades de regantes, impuls&oacute; el baloncesto primero en Los Sauces y m&aacute;s tarde en San Pedro (Bre&ntilde;a Alta), sembrando la semilla de proyectos que marcar&iacute;an el futuro de ese deporte en ambos municipios. En el verano de 1974 asumi&oacute; el doble papel de entrenador y jugador del <em>Laguna Sauces</em>, contribuyendo decisivamente a la formaci&oacute;n de j&oacute;venes como Santi Mart&iacute;, Pepe Duque, Recuenco o Medina, una base que a continuaci&oacute;n consolidar&iacute;a Heriberto Fern&aacute;ndez al frente del <em>Sauces Fidias</em>. Un a&ntilde;o despu&eacute;s repiti&oacute; la experiencia en Bre&ntilde;a Alta, donde comparti&oacute; cancha con Manolo Cabrera y promovi&oacute; la creaci&oacute;n del <em>Atl&aacute;ntida Falpe</em>, otro de los clubes llamados a desempe&ntilde;ar un papel importante en el desarrollo del baloncesto insular. En 1976 el infantil femenino del <em>Atl&aacute;ntida Atl&eacute;tico</em> alcanz&oacute; un meritorio subcampeonato insular.
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                Manolo Jaubert, jugador, entrenador, árbitro: una vida al servicio del baloncesto palmero.                            </span>
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        <strong>La Escuela de Baloncesto</strong>
    </p><p class="article-text">
        Durante la d&eacute;cada de los ochenta se incorpor&oacute; a la Escuela de Baloncesto de Santa Cruz de La Palma, dirigida por Roberto Estrello, donde desarroll&oacute; una de las etapas m&aacute;s fruct&iacute;feras de su carrera como t&eacute;cnico. Con la <em>Escuela 70</em> conquist&oacute; el Campeonato insular infantil de 1985, mientras que la <em>Escuela 71</em> obtuvo los t&iacute;tulos insulares en categor&iacute;as cadete y juvenil en 1987 y 1989. Adem&aacute;s, con buena parte de aquellos jugadores logr&oacute; proclamarse campe&oacute;n provincial infantil de forma consecutiva en 1984 y 1985, representando a dos centros educativos de la capital.
    </p><p class="article-text">
        Su dedicaci&oacute;n al baloncesto solo comenz&oacute; a disminuir cuando, en los a&ntilde;os noventa, fue nombrado coordinador de Deportes del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, cargo desde el que continu&oacute; impulsando el deporte base y colaborando activamente en la promoci&oacute;n del baloncesto, entre otras disciplinas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tambi&eacute;n &aacute;rbitro y un homenaje merecido</strong>
    </p><p class="article-text">
        La trayectoria de Manolo Jaubert no estar&iacute;a completa sin recordar su faceta como &aacute;rbitro federado. Compagin&oacute; durante a&ntilde;os esta labor con las de jugador y entrenador, dirigiendo principalmente encuentros de categor&iacute;as femeninas, juveniles y de la Competici&oacute;n de Verano. Ejerci&oacute; siempre con discreci&oacute;n, lejos del protagonismo, pero con el rigor y la responsabilidad que exig&iacute;a la competici&oacute;n oficial. Hab&iacute;a obtenido la licencia federativa tras asistir al curso impartido en Santa Cruz de La Palma por Miguel D&iacute;az Alegre en 1970.
    </p><p class="article-text">
        Pocas personas pueden acreditar una vinculaci&oacute;n tan amplia y prolongada con el baloncesto palmero. Jugador destacado durante m&aacute;s de una d&eacute;cada, entrenador de numerosas generaciones, impulsor del deporte en distintos municipios y &aacute;rbitro federado cuando fue necesario. Manolo Jaubert representa una forma de entender el baloncesto basada en el compromiso, la generosidad y el servicio.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, la edici&oacute;n del 2026 de la Competici&oacute;n de Verano &laquo;Jos&eacute; Luis Acosta Rodr&iacute;guez&raquo; le rinde homenaje. Un reconocimiento plenamente merecido para una de las figuras m&aacute;s polifac&eacute;ticas y decisivas en la historia del baloncesto de La Palma. Ya era hora.
    </p><p class="article-text">
        Nota: Una primera versi&oacute;n de este art&iacute;culo se public&oacute; en el blog <em>El Bistur&iacute;</em> en 2017.
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                Manolo Jaubert, jugador, entrenador, árbitro: una vida al servicio del baloncesto palmero.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 13:38:37 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Moncho Monsalve en La Palma, mucho más que una temporada]]></title>
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      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c3911ce-6d54-4a76-a9b2-aacd145020f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Moncho Monsalve en La Palma, mucho más que una temporada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">IN MEMORIAM - El mítico entrenador vallisoletano recientemente fallecido, dejó una huella profunda en el baloncesto español tanto por su trayectoria en la élite como por su capacidad formativa y su visión innovadora del juego</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Moncho Monsalve en La Palma, mucho más que una temporada.                            </span>
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        Moncho Monsalve&nbsp;(1945-2026), m&iacute;tico entrenador vallisoletano recientemente fallecido, dej&oacute; una huella profunda en el baloncesto espa&ntilde;ol tanto por su trayectoria en la &eacute;lite como por su capacidad formativa y su visi&oacute;n innovadora del juego. Una de sus etapas m&aacute;s significativas, aunque menos conocida a nivel nacional, fue su paso por&nbsp;la isla de&nbsp;La Palma durante la temporada&nbsp;1974-1975, al frente del&nbsp;<em>C.B. La Palma</em>.
    </p><p class="article-text">
        Monsalve lleg&oacute; a la isla por motivos personales con la intenci&oacute;n&nbsp;inicial de permanecer solo quince d&iacute;as. Sin embargo, su estancia&nbsp;se demor&oacute; una temporada y&nbsp;terminar&iacute;a dejando una huella mucho m&aacute;s profunda de la&nbsp;prevista. Antes de su llegada, ya hab&iacute;a dirigido al&nbsp;<em>Matar&oacute;</em>&nbsp;y al&nbsp;<em>San Jos&eacute;&nbsp;Irpen</em>&nbsp;de Primera Divisi&oacute;n, siendo este apenas su tercer equipo como t&eacute;cnico (tras&nbsp;cuatro&nbsp;a&ntilde;os como jugador en el&nbsp;<em>Real Madrid</em>&nbsp;y&nbsp;otros tantos&nbsp;en&nbsp;el&nbsp;<em>Kas&nbsp;</em>de Vitoria y&nbsp;en&nbsp;la selecci&oacute;n nacional). En el club palmero, bajo la presidencia efectiva de Pancho Mart&iacute;n,&nbsp;los resultados deportivos no fueron especialmente destacados, pero su verdadera aportaci&oacute;n trascendi&oacute; lo competitivo. El t&eacute;cnico de Medina del&nbsp;Campo introdujo innovadores conceptos de direcci&oacute;n de equipo, moderniz&oacute; las t&eacute;cnicas de entrenamiento y aport&oacute; nuevos fundamentos t&eacute;cnico-t&aacute;cticos, incluyendo los sistemas como formas organizadas del juego colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Aquel trabajo sent&oacute; las bases del crecimiento inmediato del baloncesto palmero. Apenas una temporada despu&eacute;s, con ese mismo bloque y el refuerzo del jugador estadounidense David&nbsp;Kundla&nbsp;(cuya incorporaci&oacute;n se logr&oacute; gracias a la mediaci&oacute;n del propio Monsalve), el equipo conquist&oacute; el Campeonato de Canarias de Tercera Divisi&oacute;n, lo que le permiti&oacute; participar en Valladolid en la fase de ascenso a la nueva Segunda Divisi&oacute;n, ahora de &aacute;mbito nacional. Curiosamente, durante su&nbsp;permanencia&nbsp;en la isla, Monsalve tambi&eacute;n intent&oacute; fichar a un p&iacute;vot de 2,11 metros procedente de la Universidad de California-Los &Aacute;ngeles (UCLA), aunque la operaci&oacute;n&nbsp;al final&nbsp;no lleg&oacute; a concretarse.
    </p><p class="article-text">
        La Segunda Divisi&oacute;n canaria que &eacute;l conoci&oacute; (la &uacute;ltima de &aacute;mbito estrictamente regional) destac&oacute; por un nivel competitivo excepcional, probablemente uno de los m&aacute;s altos que se recuerdan. La categor&iacute;a contaba con una&nbsp;<em>N&aacute;utico</em>&nbsp;reci&eacute;n descendido de Primera Divisi&oacute;n y con varios equipos reforzados por jugadores americanos de calidad, como Greg&nbsp;Jurcisin&nbsp;en el propio&nbsp;<em>N&aacute;utico</em>, John&nbsp;Lowe&nbsp;en el&nbsp;<em>K&aacute;iser</em>&nbsp;o Jeff&nbsp;Overhause&nbsp;en el&nbsp;<em>Canarias</em>. En ese exigente contexto, el&nbsp;<em>C.B. La Palma</em>afront&oacute; adem&aacute;s importantes contratiempos, como la baja de su jugador m&aacute;s prometedor, Manolo de las Casas, y la ausencia de dos veteranos de gran peso, Julio Plata y Manolo&nbsp;Jaubert. Estas circunstancias&nbsp;hacen a&uacute;n m&aacute;s meritorio el proceso de reconstrucci&oacute;n del equipo, especialmente teniendo en cuenta que buena parte de la plantilla resid&iacute;a en Tenerife por motivos de estudios, lo que dificultaba enormemente que&nbsp;todos&nbsp;coincidieran en los entrenamientos.&nbsp;Formaban parte del equipo jugadores como Carlos Valc&aacute;rcel,&nbsp;que regresaba tras dos a&ntilde;os en el&nbsp;<em>Canarias</em>,&nbsp;Emiliano Navarro, Quique &Aacute;lvarez, Guillermo Hern&aacute;ndez,&nbsp;Carlos Colomer,&nbsp;V&iacute;ctor Acosta&nbsp;<em>Donato</em>, Alejo Cabrera, Roberto Estrello, Paco P&eacute;rez&nbsp;<em>Pemoro</em>, Emilio H. Guardia,&nbsp;Pacucho&nbsp;Arrocha,&nbsp;Isidro Castro o Miguel &Aacute;ngel Mart&iacute;n,&nbsp;entre&nbsp;algunos&nbsp;otros.
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                Moncho Monsalve en La Palma, mucho más que una temporada.                            </span>
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        Paralelamente, Monsalve desarroll&oacute; una destacada labor formativa en el baloncesto base del club, supervisando equipos juveniles, como el&nbsp;<em>Juventud OJE</em>&nbsp;(luego&nbsp;<em>Juventud Play&nbsp;Boy</em>), dirigido por j&oacute;venes entrenadores como Pepe Arroyo o Facundo&nbsp;Daranas. Aquel conjunto contaba con&nbsp;jugadores como Francis S&aacute;nchez, Manolo R. Calder&oacute;n, Javi P&eacute;rez, Ram&oacute;n&nbsp;Aciego, Chicho S&aacute;nchez, Isidro Acosta, Sim&oacute;n&nbsp;Barella, Juan Carlos Lozano, Ignacio Negr&iacute;n, To&ntilde;o Fern&aacute;ndez&nbsp;<em>Venta</em>, Carlos San Blas, To&ntilde;o G&oacute;mez o Paco Feliciano. Este equipo logr&oacute; durante dos a&ntilde;os consecutivos el subcampeonato provincial (solo superado por el&nbsp;<em>Caja Rural</em>, primero, y por el&nbsp;<em>Wong</em>, el a&ntilde;o siguiente) y posteriormente el campeonato provincial escolar. Destacaba sobre todo por su intensidad defensiva, basada en una&nbsp;<em>zona-press</em>&nbsp;a toda la cancha que les&nbsp;hab&iacute;a inculcado el propio t&eacute;cnico vallisoletano.
    </p><p class="article-text">
        Durante su estancia en la isla, su relaci&oacute;n con Pancho Mart&iacute;n, alma mater del&nbsp;<em>C.B. La Palma</em>entre 1967 y 1977, fue siempre especialmente cercana. Monsalve, entrenador vehemente donde los haya,&nbsp;evocaba ese v&iacute;nculo con afecto, como una conexi&oacute;n humana y deportiva marcada por la complicidad y&nbsp;la&nbsp;pasi&oacute;n compartida por el baloncesto. En una ocasi&oacute;n,&nbsp;pude comprobar como expresaba&nbsp;esa&nbsp;gratitud con palabras sencillas pero elocuentes: &ldquo;Dile a Pancho y a su familia que siempre est&aacute;n conmigo. Espero poder verlo pronto y llevarle la prenda que tanto le gustaba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este tiempo, Moncho Monsalve tambi&eacute;n dirigi&oacute;, junto a Hern&aacute;ndez Rizo, al equipo de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Laguna, que acabar&iacute;a proclam&aacute;ndose campe&oacute;n de Espa&ntilde;a con la presencia del palmero Carlos Valc&aacute;rcel. Asimismo, codirigi&oacute; un combinado provincial, junto al padre Montenegro, con jugadores de la isla como Eduardo&nbsp;Aciego&nbsp;o Sim&oacute;n Mart&iacute;n,&nbsp;entonces en&nbsp;el&nbsp;<em>Canarias</em>&nbsp;de La Laguna, o Guillermo Hern&aacute;ndez, del&nbsp;<em>C.B. La Palma</em>.
    </p><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, en las eliminatorias de ascenso a LEB de la temporada 1998-1999(temporada en la que&nbsp;la&nbsp;<em>U.B. La Palma</em>&nbsp;se proclamar&iacute;a campe&oacute;n de la Liga EBA),&nbsp;Monsalve regres&oacute; de forma puntual a la isla como entrenador del&nbsp;<em>Balneario&nbsp;Archena</em>&nbsp;de Murcia. Aquel retorno no fue uno m&aacute;s en su trayectoria, sino un reencuentro cargado de significado con una tierra que siempre consider&oacute; en parte suya.&nbsp;En realidad, su etapa en La Palma hab&iacute;a trascendido lo meramente circunstancial para convertirse en un verdadero punto de inflexi&oacute;n en el desarrollo del baloncesto insular. Su experiencia, su metodolog&iacute;a y su visi&oacute;n del juego, tan adelantada&nbsp;a su tiempo, contribuyeron decisivamente a abrir de manera definitiva&nbsp;la isla al baloncesto moderno.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[J.J. Rodríguez-Lewis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/moncho-monsalve-palma-temporada_129_13183928.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2026 19:43:07 +0000]]></pubDate>
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