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    <title><![CDATA[elDiario.es - Laura Fernández Martínez-Losa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/laura_fernandez_martinez-losa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Laura Fernández Martínez-Losa]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Desiguales en lo más profundo: identidad y psicología de clase]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/desiguales-profundo-identidad-psicologia-clase_1_4670199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El contexto de desigualdad en que viven las personas está estrechamente relacionado con su estado psicológico, su estilo de vida, e incluso su inclinación política</p></div><p class="article-text">
        Todas las sociedades est&aacute;n estratificadas, divididas en grupos socioecon&oacute;micos escalonados en funci&oacute;n de su acceso a derechos, privilegios y/o recursos que condicionan oportunidades en la vida. Los soci&oacute;logos tienen diferentes instrumentos y metodolog&iacute;as para analizar la estratificaci&oacute;n. La aproximaci&oacute;n m&aacute;s com&uacute;n es considerar que las sociedades contempor&aacute;neas est&aacute;n estratificadas en clases sociales, definidas en funci&oacute;n de diferentes criterios.
    </p><p class="article-text">
        Lo habitual es utilizar informaci&oacute;n sobre la ocupaci&oacute;n, estudios, situaci&oacute;n en el mercado de trabajo o posici&oacute;n de autoridad en organizaciones de los entrevistados para definir su clase social y capturarla en forma de indicadores. Es, por ejemplo, lo que hace el Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas para categorizar a la poblaci&oacute;n en <a href="http://www.cis.es/cis/export/sites/default/-Archivos/NotasdeInvestigacion/NI010_CNO11-CNAE09_Informe.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cinco clases sociales</a>: media-alta/alta, nuevas clases medias, viejas clases medias, obreros cualificados y obreros no cualificados.
    </p><p class="article-text">
        Pero la desigualdad, y por extensi&oacute;n la clase social, tiene tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n personal, experimentada en el plano subjetivo. La gente se sabe situada socialmente, por encima y por debajo de otras personas. Preguntados por ello, no suelen tener excesivos problemas para reconocerse como clase alta, media-alta, media, media-baja o baja; o situarse en una escala que va de 0 (posici&oacute;n m&aacute;s baja) a 10 (m&aacute;s alta).
    </p><p class="article-text">
        El CIS, por ejemplo, realiza peri&oacute;dicamente la pregunta desde 2004. Y desde 2004, algo m&aacute;s del 50% de los espa&ntilde;oles se sit&uacute;an en la <em>clase media</em> (una <a href="http://www.wzb.eu/sites/default/files/u31/sosnaudbradyfrenksp.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tendencia com&uacute;n</a> en distintos pa&iacute;ses). Cerca de un tercio se sit&uacute;a en la <em>clase media-baja</em>, y proporciones m&aacute;s reducidas se identifican como <em>baja</em> o <em>media-alta</em>. Apenas existen espa&ntilde;oles que se sit&uacute;an en la <em>clase alta</em>.
    </p><p class="article-text">
        Los datos sugieren que existe una reticencia a situarse en las clases extremas. Posiblemente reconocerse como clase alta contravenga predisposiciones normativas contra la ostentaci&oacute;n. Lo cierto es que, en 2007, solo el 0,5% de las personas que bajo los criterios socioprofesionales del CIS formar&iacute;an la clase media-alta y alta, se reconoc&iacute;an como clase alta (y un 15,8% se reconoc&iacute;an de clase media-alta). Por el otro lado, solo el 10% de los obreros no cualificados se identificaban como clase baja (<a href="http://www.cis.es/cis/opencms/-Archivos/Marginales/2720_2739/2731/Cru2731_enlace.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estudio 2731</a>). Es posible tambi&eacute;n, como han se&ntilde;alado diversos autores, que la inclinaci&oacute;n a verse como clase media obedezca a la tendencia de los individuos a agruparse e interactuar cotidianamente en grupos segmentados y relativamente homog&eacute;neos, donde tienden a encontrar tanto a personas cuyo estatus se sit&uacute;a por encima de ellos como por debajo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Sea como sea, como puede observarse en el gr&aacute;fico, el posicionamiento de los espa&ntilde;oles ha variado significativamente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en direcciones muy ilustrativas. Hasta 2007 aumentan quienes se consideran clase media y clase media alta. A partir de 2008 disminuyen, y se incrementan quienes se perciben como clase media baja o baja (estos &uacute;ltimos pr&aacute;cticamente se triplican desde 2007).
    </p><p class="article-text">
        Los datos reflejan en buena medida el empobrecimento general de la sociedad provocado por la crisis, y el hecho de que la mayor incidencia de ese deterioro se da en los segmentos m&aacute;s desfavorecidos. Aunque la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n sigue identific&aacute;ndose como clase media, el porcentaje ha disminuido, y esta disminuci&oacute;n no ha sido homog&eacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        2007 fue un a&ntilde;o de euforia. El 56,7% de los parados se identificaban como clase media y el 3,2% como media alta (un 32,5% como media-baja). Solo el 6,5% se situaban en la clase baja. En 2012, la euforia hab&iacute;a remitido. El porcentaje de parados que se autoposicionaban en la clase media o media alta hab&iacute;a disminuido al 43%, y hab&iacute;an aumentado los que se identificaban como clase media baja (37,9%) o baja (17,1%).
    </p><p class="article-text">
        Durante la crisis, el volumen de quienes se ven como clase media o media alta tambi&eacute;n se reduce en la clase trabajadora tradicional. Por ejemplo, entre los obreros no cualificados, la proporci&oacute;n de quienes se sit&uacute;an en la clase media o media-alta pasa de 66,9% en 2007 a  56,2% en 2012, y entre los obreros cualificados del 69,3% al 53%.
    </p><p class="article-text">
        Las ca&iacute;das de estos porcentajes en grupos socio-econ&oacute;micos m&aacute;s acomodados es algo m&aacute;s limitada. Los directivos y profesionales que se consideran de clase media o superior eran un 87,1% en 2007. Cinco a&ntilde;os de crisis despu&eacute;s, la proporci&oacute;n baja a un 82,9%. Entre t&eacute;cnicos y cuadros medios, el porcentaje pasa de 86,1% a 82%. Si se tiene en cuenta la variaci&oacute;n relativa respecto al volumen inicial, el adelgazamiento de la clase media parece fundamentalmente adelgazamiento de una &ldquo;falsa conciencia&rdquo; de clase media en grupos que, de acuerdo a criterios &ldquo;objetivos&rdquo;, no ser&iacute;an clasificables en la clase media.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Hay grupos en que el porcentaje de los que se ven en la clase media o media alta incluso aumenta. As&iacute;, el porcentaje de los peque&ntilde;os empresarios que se sit&uacute;an en estos segmentos acomodados pasa de 70,8% a 73,7% durante los a&ntilde;os de crisis. Es posible que en un contexto de deterioro general, los grupos que salen perdiendo menos acaben autoposicion&aacute;ndose mejor.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s habr&aacute; quien piense que no vale la pena prestar mucha atenci&oacute;n a lo que no sean cambios en las condiciones materiales &ldquo;objetivas&rdquo; de la gente, y estar&aacute;n tentados a considerar estas tendencias en las percepciones subjetivas de clase relativamente irrelevantes. No seremos nosotros los que restemos importancia a las condiciones objetivas. En bastantes ocasiones le hemos dedicado atenci&oacute;n en Agenda P&uacute;blica (por ejemplo <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/blog/Vencer-pobreza-ideas_6_129547056.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;,</a> <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/desigualdad-dentro-relato-Rajoy_0_205779517.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>, <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/pobreza-infantil-peor-Miremoslo-positivo_0_237626523.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> o <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/GRAFICO-realidad-Desigualdad-concentracion-recursos_0_255824821.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Pero es necesario subrayar que m&aacute;s all&aacute; de esa vertiente objetiva, existe bastante evidencia de que las vivencias subjetivas de la desigualdad est&aacute;n estrechamente relacionadas con estados psicol&oacute;gicos, <a href="http://ucdata.berkeley.edu/rsfcensus/papers/Hout-ClassIDJan07.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estilos de vida y pautas de consumo, orientaciones normativas e incluso inclinaciones pol&iacute;ticas</a>, de manera independiente a las condiciones materiales que fundamentan la divisi&oacute;n en clases &ldquo;objetivas&rdquo;. En este post nos limitaremos a constatar con evidencia emp&iacute;rica la asociaci&oacute;n entre autoposicionamiento social y determinados indicadores estandarizados de bienestar/malestar psicol&oacute;gicos. Para ello nos servimos de la &uacute;ltima edici&oacute;n de la <a href="http://www.europeansocialsurvey.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Encuesta Social Europea</a> (2012), realizada a m&aacute;s de 53000 personas en 29  pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        La siguiente tabla muestra el porcentaje de personas que se sienten habitualmente deprimidos, tristes, ansiosos, solos, contentos, con mucha energ&iacute;a y tranquilos entre quienes se autoposicionan en el escalaf&oacute;n m&aacute;s bajo de la sociedad (0 en una escala de 0-10), en el escalaf&oacute;n medio (valor 5) y en el escalaf&oacute;n m&aacute;s alto (valor 10). Los porcentajes hablan por s&iacute; solos. Los estados de abatimiento, ansiedad y soledad son bastante m&aacute;s comunes en el estrato m&aacute;s desfavorecido. Los estados m&aacute;s deseables prevalecen entre quienes se sit&uacute;an en  los estratos medios y altos.
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                </figure><p class="article-text">
        Aunque se producen algunas variaciones entre pa&iacute;ses, nueve de cada diez personas que se autoubican en el escalaf&oacute;n m&aacute;s alto de la sociedad tienen una imagen positiva de s&iacute; mismos, frente al 50,6% de quienes se sit&uacute;an en el escalaf&oacute;n m&aacute;s bajo y al 78% de quienes est&aacute;n en el medio. A esta imagen contribuyen posiblemente las evaluaciones que hacen sobre el curso de su vida cotidiana. El 89,8% de las personas que se autoposicionan en el escalaf&oacute;n m&aacute;s alto dicen que, durante la semana anterior, la mayor parte del tiempo o todo el tiempo, disfrutaron de la vida. En el estrato m&aacute;s bajo, ese porcentaje se reduce al 31,4%. Un 32,5% de personas en este colectivo m&aacute;s desfavorecido declararon que no hubo ninguno o apenas hubo momentos en que pudieran decir que disfrutaron.
    </p><p class="article-text">
        El perfil psicol&oacute;gico de los individuos no es, por tanto, ajeno al contexto de desigualdad en que viven y perciben su emplazamiento social. Un incremento de las personas que atraviesan situaciones de adversidad que las empujan a reclasificarse en la escala social traiga muy probablemente consigo un aumento del malestar en los segmentos sociales m&aacute;s desfavorecidos. No puede ignorarse que estas situaciones pueden comprometer principios b&aacute;sicos de la dignidad de la persona. Por ejemplo, algo m&aacute;s de uno de cada tres entrevistados que se autoubican en el escalaf&oacute;n m&aacute;s bajo de la sociedad no se sienten libres para decidir como quieren llevar sus vidas (experiencia pr&aacute;cticamente desconocida en los grupos m&aacute;s acomodados).
    </p><p class="article-text">
        Hacerse una idea cabal de la exclusi&oacute;n social implica necesariamente acercarse a la experiencia vivida de sus protagonistas, reconstruir sus expectativas truncadas, sus inseguridades y temores. S&oacute;lo as&iacute; podremos entender como cristaliza en otras formas de comportamiento social y pol&iacute;tico. Pero esto &uacute;ltimo ser&aacute; objeto de otros posts en el futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pau Marí-Klose, Laura Fernández Martínez-Losa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/desiguales-profundo-identidad-psicologia-clase_1_4670199.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Sep 2014 18:46:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Desiguales en lo más profundo: identidad y psicología de clase]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
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