<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Luis F. Blanca Rivera]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/luis_f_blanca_rivera/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Luis F. Blanca Rivera]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/512158/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Homenaje a Harald Edelstam]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/homenaje-harald-edelstam_129_4654653.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Este 11 de septiembre hay que recordar una fecha controvertida para los chilenos: el 41º aniversario del Golpe de Estado militar contra el gobierno democrático de Salvador Allende</p></div><p class="article-text">
        El 11 de septiembre de 2014 muchos recordamos, con la inevitable serenidad que la historia y el tiempo arrojan, pero sin ceder un &aacute;pice al olvido, una fecha fundamental para la historia m&aacute;s controvertida del noble pueblo chileno: el 41&ordm; aniversario del Golpe de Estado militar contra el gobierno democr&aacute;tico de Salvador Allende.
    </p><p class="article-text">
        Su conmemoraci&oacute;n al otro lado del Atl&aacute;ntico, ha sido &iacute;ntimamente celebrada, un a&ntilde;o m&aacute;s, entre sutiles huellas de sufrida frustraci&oacute;n  y profundo agradecimiento.
    </p><p class="article-text">
        Buena parte de los cuantiosos exiliados chilenos, entre los que destacan sindicalistas, maestros, miembros de la coalici&oacute;n de Unidad Popular de Allende y otros activistas por los derechos sociales, recibieron asilo en Suecia y en otros amables territorios europeos, en 1973. Desde entonces, un abundante n&uacute;mero de estos &laquo;luchadores de la libertad&raquo;, como los defini&oacute; Harald Edelstam -embajador del pa&iacute;s escandinavo durante el golpe en Santiago- han tenido la oportunidad de regresar a su patria con el devenir de los a&ntilde;os. Otros tantos hombres y mujeres, sin embargo, recelosos de una transici&oacute;n que hace apenas poco m&aacute;s de una d&eacute;cada se vio forzada a iniciar los tr&aacute;mites de enjuiciamiento contra el exdictador Augusto Pinochet en un bochornoso procedimiento internacional, decidieron en conciencia,  no volver jam&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A esta apreciable y l&oacute;gica impotencia de las v&iacute;ctimas, se suma en estas fechas un sincero y agradecido reconocimiento a la impagable labor de los gobiernos que dieron su auxilio incondicional a los numeros&iacute;simos refugiados, y un sentido homenaje a las arrojadas personas que, con su esfuerzo y su tes&oacute;n, lo hicieron posible.
    </p><p class="article-text">
        En Suecia particularmente, los chilenos recordaron estos d&iacute;as con especial cari&ntilde;o al mencionado diplom&aacute;tico Gustaf Harald Edelstam, El clavel negro -sobrenombre en homenaje a &ldquo;la pimpinela escarlata&rdquo; con el que cari&ntilde;osamente se refieren al &eacute;l algunos de sus protegidos-.  El embajador inici&oacute; su trayectoria profesional en Noruega, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando, aprovech&aacute;ndose de su condici&oacute;n de legatario del Reino de Suecia, proporcion&oacute; asilo y refugio a innumerables seres humanos, violentamente perseguidos por la barbarie nazi al amparo del r&eacute;gimen de Quisling.
    </p><p class="article-text">
        En Chile, sin embargo, las circunstancias de aquellos dram&aacute;ticos d&iacute;as del golpe tampoco resultaron c&oacute;modas: &ldquo;Siempre tenemos miedo de que los soldados (&hellip;) se sientan tentados a saltar los muros [de la embajada] y capturen a aquellas personas que deseen&rdquo; expresaba en una entrevista a la prensa, en diciembre de 1973, el embajador en Santiago, poco despu&eacute;s de ser declarado persona non grata por el Gobierno de la dictadura. Harald, tras haber denunciado ante los medios europeos los m&eacute;todos severos de los que hac&iacute;an uso los sicarios de la Junta Militar, acab&oacute; por expresar p&uacute;blicamente el peligro creciente al que estaban siendo sometidos tambi&eacute;n sus asilados, el personal a su servicio, y &eacute;l mismo.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que el embajador ten&iacute;a motivos m&aacute;s que fundados para temer tales consecuencias. Apenas unas pocas semanas antes de pronunciar estas palabras, entre el 11 de septiembre -cuando el General Pinochet declar&oacute; la ruptura de relaciones con los gobiernos de Cuba y Corea- y el d&iacute;a 13, fecha en la que se expuls&oacute; a los enviados de La Habana del pa&iacute;s andino, la canciller&iacute;a castrista fue asaltada al parecer con gran rabia por las tropas chilenas. El fan&aacute;tico coronel Uros Domic, se habr&iacute;a puesto en contacto por v&iacute;a telef&oacute;nica  con el embajador cubano -Mario Garc&iacute;a Inch&aacute;ustegui- y su personal en el interior, para ordenarles que abandonasen de forma inaplazable el edificio, so pena de ser bombardeados por la misma aviaci&oacute;n militar que apenas unas horas antes hab&iacute;a sembrado el p&aacute;nico en el Palacio Presidencial de la Moneda. Edelstam, tras haber sido informado del hecho, y haciendo valer su inmunidad diplom&aacute;tica, se desplaz&oacute; hasta all&iacute; para hacerse cargo de la sede caribe&ntilde;a en la capital, izando para ello la bandera del Reino de Suecia como s&iacute;mbolo de su dominio sobre la embajada, y evitando as&iacute; la prolongaci&oacute;n de una intervenci&oacute;n cuyas previsibles consecuencias conduc&iacute;an a un enfrentamiento cada vez m&aacute;s cruento entre los asaltantes armados y los cubanos atrincherados.
    </p><p class="article-text">
        Interrogado entonces por los periodistas respecto a la posibilidad de un rebrote de la violencia contra la delegaci&oacute;n de Cuba y sus ocupantes, el clavel negro explic&oacute; que &ldquo;por esa raz&oacute;n me he quedado all&iacute; durante la noche protegi&eacute;ndolos. Durante el d&iacute;a siempre tenemos a una persona de la embajada encarg&aacute;ndose tambi&eacute;n de que eso no suceda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En las sucesivas jornadas, y bajo el ocasional estallido de bombas incendiarias arrojadas contra su delegaci&oacute;n, Harald Edelstam se dedic&oacute; arduamente a proporcionar salvoconductos y asilo a innumerables ciudadanos -sobre todo procedentes de Chile, pero tambi&eacute;n de otras nacionalidades- que se encontraban detenidos en el Estadio de Chile o presos en el Estadio Nacional, con grave riesgo para su salud y sus vidas, debido a las dur&iacute;simas condiciones a las que fueron sometidos.
    </p><p class="article-text">
        Con el fin de realizar exitosamente tales acciones de absoluta humanidad, el embajador se sinti&oacute; obligado a actuar con gran celeridad, salt&aacute;ndose todos los c&aacute;nones que dicta la profesi&oacute;n diplom&aacute;tica, y levantando fuertes suspicacias contra su persona por parte de los militares encargados de la custodia de los rehenes. En este sentido, el propio funcionario sueco dej&oacute; clara su posici&oacute;n, al declarar que &ldquo;cuando hay una situaci&oacute;n de vida o muerte, (&hellip;) no tienes tiempo para ser diplom&aacute;tico. Tienes que ser humano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este pensamiento le acarre&oacute; al embajador unos fuertes costes personales. Expulsado de Chile -algo in&eacute;dito durante el periodo democr&aacute;tico-, Harald termin&oacute; su carrera diplom&aacute;tica en Argelia, donde estuvo destinado durante cinco a&ntilde;os, a pesar del apoyo firme y decidido del propio Primer Ministro sueco, Olof Palme. Por su parte, la embajada fue clausurada, y en su lugar se estableci&oacute; una oficina comercial que perdurar&iacute;a hasta el a&ntilde;o 1991, momento en el que se logr&oacute; normalizar la relaci&oacute;n entre ambos pa&iacute;ses y que Edelstam, desgraciadamente, jam&aacute;s lleg&oacute; a ver.
    </p><p class="article-text">
        Harald Edelstam falleci&oacute; el 16 de abril de 1989.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis F. Blanca Rivera]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/homenaje-harald-edelstam_129_4654653.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Sep 2014 19:13:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Homenaje a Harald Edelstam]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
