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    <title><![CDATA[elDiario.es - Paco Puche]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/paco_puche/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Paco Puche]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿La última llamada? Sí… pero el cartero siempre llama dos veces]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/ultima-llamada/ultima-llamada-cartero-siempre-veces_132_4605725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a768e0c9-66d7-4053-88f0-22bc36f649ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿La última llamada? Sí… pero el cartero siempre llama dos veces"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ante unos desequilibrios de la envergadura de los que contemplamos solo quedan ya dos salidas: el colapso o el cambio rápido hacia un nuevo paradigma, a un nuevo equilibrio. Es la metamorfosis o la revolución</p></div><p class="article-text">
        <em>La verdad es que a&ntilde;oro a mi viejo cartero de uniforme azul.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Aquel que siempre llamaba dos veces y era mi amigo</em>
    </p><p class="article-text">
        P&eacute;rez &ndash;Reverte
    </p><p class="article-text">
        De nuevo el mito de S&iacute;sifo nos aguarda. La tarea es ardua, siempre cuesta arriba y cuando se culmina la gravedad nos devuelve al punto de partida, como si nada hubi&eacute;semos hecho. Y S&iacute;sifo emprende, de nuevo, la obligada tarea de alcanzar la cima, su pasi&oacute;n in&uacute;til. Su destino es cursar el camino empinado, bien cargado, pero si llega, cualquiera que sea posteriormente su trayectoria, &eacute;l ha cumplido. Es posible imaginar a S&iacute;sifo alegre, como nos recordaba Camus. Resistir es crear, apostillaba John Berger.
    </p><p class="article-text">
        Ese cambio civilizatorio que con raz&oacute;n se nos anuncia est&aacute; cargado de raz&oacute;n, no hay que insistir, es un dato. Y ante unos desequilibrios de la envergadura de los que contemplamos, de acuerdo con la teor&iacute;a general de sistemas, solo quedan ya dos salidas: el colapso o el cambio r&aacute;pido hacia un nuevo paradigma, a un nuevo equilibrio. Es la metamorfosis o la revoluci&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">En el principio fue la cooperaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        <strong>En el principio fue la cooperaci&oacute;n</strong>Tal como aqu&iacute; entendemos &ldquo;cooperaci&oacute;n&rdquo; se trata de un hacer en com&uacute;n para beneficio general, es por tanto lo contrario a la competencia en la que los individuos o los grupos luchan incansablemente entre s&iacute; hasta aniquilarse.
    </p><p class="article-text">
        Pero indaguemos en este asunto de la cooperaci&oacute;n. La primera sorpresa aparece en los mismos or&iacute;genes de la vida: un paso fundamental desde los organismos provistos de c&eacute;lulas sin n&uacute;cleo (procariotas, reino formado por bacterias) al de los organismos con c&eacute;lulas nucleadas (eucariotas, todos los dem&aacute;s reinos), se dio por la fusi&oacute;n de bacterias que desarrollaron una relaci&oacute;n de simbiosis, hace unos 2.000 millones de a&ntilde;os. Esta gran divisi&oacute;n en el mundo vivo, fruto de una simbiosis, es la divisi&oacute;n fundamental de los seres vivos. En el principio fue la cooperaci&oacute;n, no el verbo ni la acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El sesenta por ciento de la historia de la vida corresponde a estas bacterias en solitario, por eso lo han inventado casi todo: la fermentaci&oacute;n, la fotos&iacute;ntesis, la utilizaci&oacute;n de ox&iacute;geno en la respiraci&oacute;n, la fijaci&oacute;n del nitr&oacute;geno atmosf&eacute;rico y la transferencia horizontal de genes. El resultado ha sido &ldquo;un planeta que ha llegado a ser f&eacute;rtil y habitable para formas de vida de mayor tama&ntilde;o gracias a una supraorganizaci&oacute;n de bacterias que han actuado comunic&aacute;ndose y cooperando a escala global&rdquo;, sentencia Margulis, y concluye diciendo que &ldquo;la vida no conquist&oacute; el planeta mediante combates, sino gracias a la cooperaci&oacute;n&rdquo;. El mundo de la vida es <em>bacterioc&eacute;ntrico</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero como nos recuerda M&aacute;ximo Sand&iacute;n: &ldquo;En las aguas superficiales del mar hay un valor medio de 10.000 millones de diferentes tipos de virus por litro, su papel ecol&oacute;gico consiste en el mantenimiento del equilibrio entre las diferentes especies que componen el plancton marino (y como consecuencia del resto de la cadena tr&oacute;fica), y entre los diferentes tipos de bacterias, destruy&eacute;ndolas cuando las hay en exceso&rdquo;. Sin la cooperaci&oacute;n de los virus con los dem&aacute;s seres vivos la autodestrucci&oacute;n estar&iacute;a asegurada. El mundo es, tambi&eacute;n, <em>virusc&eacute;ntrico.</em>
    </p><p class="article-text">
        El mundo de la vida, construido con una jerarqu&iacute;a de ecosistemas interrelacionados e interdependientes, culmina en la Biosfera y en lo que se ha dado en llamar la hip&oacute;tesis Gaia (atribuida a Lovelock). Se resume as&iacute;: &ldquo;la vida no est&aacute; rodeada por un medio esencialmente pasivo al cual se ha adaptado, sino que se va construyendo una y otra vez su propio ambiente&rdquo;. El mundo de Gaia es <em>neguentr&oacute;pico.</em>
    </p><h3 class="article-text">La cooperaci&oacute;n entre humanos (y entre nuestros parientes evolutivos)</h3><p class="article-text">
        <strong>La cooperaci&oacute;n entre humanos (y entre nuestros parientes evolutivos)</strong>Hablemos de nuestros primos evolutivos: los chimpanc&eacute;s y los bonobos. Ambas especies son las m&aacute;s pr&oacute;ximas al <em>homo sapiens</em>, con ellas compartimos la mayor parte de nuestros genes. Los chimpanc&eacute;s tienen un comportamiento jer&aacute;rquico y violento, los bonobos son, por el contrario, pac&iacute;ficos y resuelven sus disputas manteniendo relaciones sexuales.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos afinidades cercanas a ambos parientes pero, siguiendo a Frans de Waal, podemos saber que &ldquo;comparaciones recientes de ADN muestran que humanos y bonobos compartimos un microsat&eacute;lite relacionado con la sociabilidad que est&aacute; ausente en el chimpanc&eacute;&rdquo;; y en las primeras sociedades humanas &ldquo;en alg&uacute;n momento la empat&iacute;a se convirti&oacute; en un fin en s&iacute; mismo: pieza central de la moralidad humana (&hellip;), nuestros sistemas morales refuerzan algo que es en s&iacute; parte de nuestra herencia. No est&aacute;n transformando radicalmente el comportamiento humano: sencillamente potencian capacidades preexistentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto se explican las <em>neuronas espejo</em>, existentes en primates y en humanos, que permiten hacer propias las acciones, sensaciones y emociones de los dem&aacute;s. Constituyen la base neurol&oacute;gica de la empat&iacute;a, lo que demuestra que somos seres profundamente sociales. Por eso el psicobi&oacute;logo Michael Tomasello ha podido afirmar que &ldquo;las haza&ntilde;as cognitivas de nuestra especie, sin excepci&oacute;n, no son productos de individuos que obraron solos sino de individuos que interactuaban entre si. (&hellip;) El origen de la cultura se deriva del hecho de que los seres humanos se hayan puesto a pensar juntos para llevar a cabo actividades cooperativas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva es posible entender la atrevida afirmaci&oacute;n de los economistas Gintis y Bowles, para referirse a nuestros ancestros recolectoras-cazadores, como la &eacute;poca de los &ldquo;cien mil a&ntilde;os de solidaridad&rdquo;. Porque a la vista de los relatos de los antrop&oacute;logos y de los restos arqueol&oacute;gicos, se puede inferir que en estos pueblos originarios se cultivaban valores b&aacute;sicos como la igualdad, la democracia, el &ldquo;pante&iacute;smo&rdquo;, la vida sencilla y la buena vida. Tenemos mucho que aprender.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, efectivamente, es la &uacute;ltima llamada, pero sabemos que tenemos otra oportunidad, que nos queda una segunda llamada del cartero de la esperanza. Pero para lograrlo hay que recuperar la alegr&iacute;a de la vida. La alegr&iacute;a de vivir como medio y la alegr&iacute;a de vivir como fin (Georgescu-Roegen). Es la buena vida y la vida buena en las cosmovisiones de los pueblos ind&iacute;genas. O como se canta en mi tierra: &ldquo;mi Andaluc&iacute;a r&iacute;e con dolor y   sufre con alegr&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        *
    </p><p class="article-text">
        Y siempre nos quedar&aacute;n las bacterias y los bosquimanos (Riechmann)&hellip; y los bonobos (Frans de Waal).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paco Puche]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Oct 2014 20:10:04 +0000]]></pubDate>
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