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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rosa Cobo Bedia]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/rosa_cobo_bedia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rosa Cobo Bedia]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Por qué la prostitución no es un trabajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/prostitucion-trabajo_129_1950468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45122333-25e4-4b4d-9c94-9064b917ebd7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué la prostitución no es un trabajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un sector de la izquierda no conceptualiza la prostitución como un proceso capitalista y patriarcal de privatización de los cuerpos de las mujeres</p><p class="subtitle">En el siglo XIX, en EE UU, sectores importantes de la población consideraban que la esclavitud era moralmente aceptable hasta que se decidió que era inadmisible</p><p class="subtitle">En el siglo XXI debemos decidir si nuestras sociedades amparan la esclavitud sexual o deciden abolirla</p></div><p class="article-text">
        Que las mujeres que est&aacute;n en la industria del sexo &lsquo;trabajan&rsquo; con su cuerpo no cabe ninguna duda. Que su sexualidad es su herramienta de trabajo es indudable. Que sacan poco dinero de esa actividad y que son sobreexplotadas econ&oacute;mica y sexualmente es incuestionable. Que los proxenetas &ndash;o empresarios del sexo, como ellos mismos desean autodenominarse para blanquear su actividad criminal&ndash; extraen mucho dinero de los cuerpos de las mujeres no puede dudarse. Entonces la cuesti&oacute;n es esta: si las mujeres que est&aacute;n en prostituci&oacute;n ganan un &lsquo;salario&rsquo; de pobreza con su cuerpo &iquest;por qu&eacute; no considerar trabajo a esa actividad? &iquest;Por qu&eacute; no regular la prostituci&oacute;n y articular alrededor de esta actividad asociaciones sindicales?
    </p><p class="article-text">
        El primer argumento sin el que ser&iacute;a imposible entender la propuesta pol&iacute;tica abolicionista de la prostituci&oacute;n es que no toda actividad a trav&eacute;s de la que se obtiene beneficios debe ser considerada un trabajo. Millones de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as trabajan por salarios de pobreza en el mundo. &iquest;Hay que pedir sindicatos para mejorar sus condiciones de trabajo o hay que abolir el trabajo infantil? En estos momentos se estima que existen algo m&aacute;s de 30 millones de personas que trabajan en condiciones de esclavitud en nuestro planeta. &iquest;Hay que acabar con esa organizaci&oacute;n econ&oacute;mica o humanizar las condiciones de existencia de las personas esclavizadas?
    </p><p class="article-text">
        El segundo argumento pone el foco en la radical objetualizaci&oacute;n de los cuerpos de las mujeres en la industria del sexo. Tiene que ver con la deshumanizaci&oacute;n a la que est&aacute;n sometidas las mujeres en prostituci&oacute;n por puteros y proxenetas. Tiene que ver con la &lsquo;extinci&oacute;n del yo&rsquo; que les exige la industria y los consumidores. Y tiene que ver con la renuncia de sus deseos en beneficio de los masculinos. Los deseos de las mujeres en prostituci&oacute;n no cuentan; solo es relevante dar cumplida satisfacci&oacute;n a los deseos de los varones. La prostituci&oacute;n socava la subjetividad de las mujeres y las convierte en medios para el deseo masculino. &iquest;Se debe considerar un trabajo la institucionalizaci&oacute;n de la satisfacci&oacute;n sexual masculina?
    </p><p class="article-text">
        El tercer argumento persigue irracionalizar la idea de que es lo mismo trabajar en el servicio dom&eacute;stico que en la prostituci&oacute;n. Amelia Tiganus lo dice muy bien: no es lo mismo vender un producto a que tu propio cuerpo sea el producto.&nbsp; Una cosa es que con el cuerpo hagamos un trabajo y otra muy distinta a que nuestro cuerpo sea el lugar de trabajo. No es lo mismo: el servicio dom&eacute;stico es un espacio de explotaci&oacute;n econ&oacute;mica, pero la prostituci&oacute;n es un espacio de explotaci&oacute;n econ&oacute;mica y de explotaci&oacute;n sexual. Es un lugar de dolor infinito para las mujeres prostituidas. La prostituci&oacute;n, tal y como se&ntilde;ala Ingeborg Kraus, destroza su salud: todas ellas tienen dolores abdominales permanentes, gastritis e infecciones frecuentes, no solo vaginales y bucales; muchas de ellas padecen enfermedades de transmisi&oacute;n sexual e intentan silenciar el trauma psicol&oacute;gico con alcohol y f&aacute;rmacos. &iquest;Se debe considerar un trabajo la conversi&oacute;n de la sexualidad de las mujeres en mercanc&iacute;as?
    </p><p class="article-text">
        El cuarto argumento intenta explicar un hecho ampliamente investigado: las mujeres en situaci&oacute;n de prostituci&oacute;n son receptoras de violencia por parte de los consumidores de sexo. Se ha observado que una parte significativa de los puteros erotizan la violencia sexual en la prostituci&oacute;n. En aquellos pa&iacute;ses en los que se ha reglamentado la prostituci&oacute;n, por ejemplo, Alemania u Holanda, han crecido las pr&aacute;cticas sexuales violentas de los demandantes. &iquest;De qu&eacute; forma se puede eliminar la impunidad de la violencia sexual en la prostituci&oacute;n cuando en realidad es parte constitutiva de esa instituci&oacute;n? &iquest;Se puede considerar trabajo una actividad que incluye pr&aacute;cticas sexuales violentas?
    </p><p class="article-text">
        El quinto argumento explora una realidad: qui&eacute;n consume sexo y qui&eacute;nes son ofrecidas como producto para ser consumidas. No es una casualidad que los puteros sean varones y las prostituidas sean mujeres. La prostituci&oacute;n es una instituci&oacute;n fundacional del patriarcado y hace legible una poderosa estructura social en la que los varones tienen una posici&oacute;n de poder y las mujeres una posici&oacute;n de subordinaci&oacute;n. Por eso ellos consumen y ellas son objeto de consumo. Por eso ellos persiguen sus deseos y ellas renuncian a los suyos para poder sobrevivir a la pobreza y a la falta de recursos que marcan su vida. &iquest;Se puede considerar trabajo que un grupo de mujeres sea un objeto de consumo para una parte de la poblaci&oacute;n masculina: los puteros?
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de este art&iacute;culo no es explicar que el crecimiento de la prostituci&oacute;n es necesario para los procesos de acumulaci&oacute;n capitalista ni que es una de las modalidades de econom&iacute;a criminal que operan como estrategias de desarrollo en ciertas zonas del mundo. Ni tampoco que la sindicaci&oacute;n de las mujeres en prostituci&oacute;n interesa sobre todo a los propietarios de la industria del sexo que as&iacute; adquieren legitimaci&oacute;n social y seguridad jur&iacute;dica. Tampoco es intenci&oacute;n de este art&iacute;culo explicar por qu&eacute; un sector de la izquierda no conceptualiza la prostituci&oacute;n como un proceso capitalista y patriarcal de privatizaci&oacute;n de los cuerpos de las mujeres. Solo he cre&iacute;do necesario hacernos algunas preguntas: &iquest;Debe ser considerado trabajo una fellatio? &iquest;Y tragarse el esperma, la penetraci&oacute;n anal con pu&ntilde;o, la penetraci&oacute;n doble, el sexo en grupo o la eyaculaci&oacute;n en la cara de la mujer prostituida?
    </p><p class="article-text">
        Las sociedades definen en cada momento hist&oacute;rico lo que es l&iacute;cito como trabajo y lo que no lo es. En el siglo XIX, en EE UU, sectores importantes de la poblaci&oacute;n consideraban que la esclavitud era moralmente aceptable hasta que se decidi&oacute; que era inadmisible porque devaluaba la propia definici&oacute;n de lo que es humano. En el siglo XXI debemos decidir si nuestras sociedades amparan la esclavitud sexual o deciden abolirla. Y esta decisi&oacute;n marcar&aacute; la calidad de la democracia y el respeto y la posici&oacute;n que las mujeres tendr&aacute;n en las sociedades democr&aacute;ticas. La regulaci&oacute;n o la abolici&oacute;n de la prostituci&oacute;n ser&aacute; un cap&iacute;tulo fundamental del libro de los derechos humanos. La prostituci&oacute;n solo puede ser entendida como un asunto pol&iacute;tico que socava la igualdad y debilita la democracia. Las pol&iacute;ticas que se hagan sobre la prostituci&oacute;n ser&aacute;n un indicativo de la calidad de nuestros sistemas pol&iacute;ticos y del control que tienen sobre el mercado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/prostitucion-trabajo_129_1950468.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Sep 2018 18:47:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué la prostitución no es un trabajo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Prostitución,Trata de personas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué no quiere el Gobierno un pacto de Estado contra la violencia machista?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/quiere-gobierno-pacto-violencia-machista_129_3380626.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8619bb3e-b460-45cd-ad34-4a4ca2c88f95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué no quiere el Gobierno un pacto de Estado contra la violencia machista?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Asumir que la violencia contra las mujeres debe ser objeto de un pacto de Estado requiere recursos y voluntad política para comenzar a resolverlo, pero el PP no parece estar dispuesto a casi nada</p></div><p class="article-text">
        La violencia contra las mujeres es un hecho social global. Nuevas formas de violencia se a&ntilde;aden a las de siempre, y unas y otras se suceden dolorosamente en todas las regiones del mundo. Desde las violencias m&aacute;s aparentemente inocuas hasta los brutales asesinatos, las sociedades patriarcales han creado una cadena de violencias en la que todas las mujeres sin excepci&oacute;n estamos atrapadas. No es bastante con tener cuidado, ni siquiera basta saber que la violencia forma parte de la vida de las mujeres. Estas violencias tienen un car&aacute;cter sist&eacute;mico, anidan en las entra&ntilde;as de las sociedades patriarcales, beben de la desigualdad y se alimentan de esa ideolog&iacute;a de la inferioridad de las mujeres que est&aacute; inscrita en la mente de muchos varones. No se puede separar la violencia patriarcal de la masculinidad hegem&oacute;nica. Los hombres son socializados en un modelo de masculinidad en el que el dominio es un componente fundamental de su educaci&oacute;n. A veces, incluso, a pesar de ellos mismos.
    </p><p class="article-text">
        Cada ocho horas una mujer es violada en Espa&ntilde;a; dos millones y medio de mujeres sufren violencia en la pareja; y un mill&oacute;n y medio padece violencia sexual fuera de la pareja. El colof&oacute;n a semejante horror es el asesinato de <a href="http://www.violenciagenero.msssi.gob.es/violenciaEnCifras/victimasMortales/fichaMenores/docs/VMenores_2017_05_10.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cinco menores</a> y 32 mujeres en nuestro pa&iacute;s en lo que va de a&ntilde;o, seg&uacute;n el c&aacute;lculo realizado por la feminista Herme Castro (superior a las <a href="http://www.violenciagenero.msssi.gob.es/violenciaEnCifras/victimasMortales/fichaMujeres/pdf/Vmortales_2017_05_16.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cifras oficiales aportadas por el Gobierno</a>).
    </p><p class="article-text">
        Con esas cifras parecer&iacute;a que el Gobierno deber&iacute;a tener como objetivo pol&iacute;tico prioritario combatir la violencia machista. Sin embargo, no es as&iacute;. A la hora de la verdad, a la hora de destinar recursos para frenar y desactivar esa violencia, el Gobierno del PP ha decidido de facto no apoyar ese pacto de Estado. La cantidad de dinero destinada a cubrir las necesidades que genera la violencia contra las mujeres es irrisoria: solo el 0,0001% de los gastos del Proyecto de Presupuestos del Estado para 2017, es decir, casi un 11% menos que en 2011. En otros t&eacute;rminos: solo 6,9 euros al a&ntilde;o se destinan a cada mujer que sufre violencia.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los recursos para la prevenci&oacute;n en el &aacute;mbito educativo, sanitario y de medios de comunicaci&oacute;n? &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los recursos para prevenir y atender la violencia sexual que exige el Convenio de Estambul? &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los recursos para mejorar la respuesta judicial y cubrir el coste de los servicios jur&iacute;dicos, psicol&oacute;gicos y sociales en las Entidades Locales?
    </p><p class="article-text">
        Acabar con la violencia patriarcal requiere pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de igualdad, tanto para la prevenci&oacute;n como para la atenci&oacute;n y protecci&oacute;n de las mujeres agredidas. La educaci&oacute;n es un dispositivo fundamental para desactivar esa masculinidad hegem&oacute;nica tan hondamente arraigada en las sociedades patriarcales. Por eso son necesarias pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de igualdad en las aulas y por eso es m&aacute;s necesario que nunca llevar la coeducaci&oacute;n a los centros escolares.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, ni las pol&iacute;ticas de prevenci&oacute;n ni las de atenci&oacute;n pueden estar dirigidas por pol&iacute;ticos inexpertos y en algunos casos incluso por quienes no tienen conciencia de la desigualdad. Tanto en el dise&ntilde;o como en la ejecuci&oacute;n de estas pol&iacute;ticas debe ser escuchada la voz del feminismo. Las mujeres feministas fueron las primeras que atendieron a mujeres maltratadas, las que ense&ntilde;an en los cursos sobre violencia machista, las que detentan el conocimiento sobre este grav&iacute;simo fen&oacute;meno social y en muchas ocasiones las que primero reciben a las mujeres maltratadas. Dejar fuera de las pol&iacute;ticas sobre violencia machista a las feministas es tan irracional como dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas sobre sostenibilidad y medio ambiente al margen del movimiento ecologista.
    </p><p class="article-text">
        El movimiento feminista ha identificado el problema, lo ha colocado en la opini&oacute;n p&uacute;blica y ha luchado para detener esta tragedia. Ha movilizado a cientos de miles de personas y ha presionado a los partidos pol&iacute;ticos para que entiendan que la violencia es tan sistem&aacute;tica y persistente que debe ser considerada un asunto de Estado. Todos los partidos se han mostrado de acuerdo en hacer de ello un asunto de Estado. Sin embargo, el Gobierno del PP no acaba de entender el significado de la violencia patriarcal. Asumir que la violencia contra las mujeres debe ser objeto de un pacto de Estado requiere recursos y voluntad pol&iacute;tica para comenzar a resolverlo, pero el PP no parece estar dispuesto a casi nada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/quiere-gobierno-pacto-violencia-machista_129_3380626.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 May 2017 19:17:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Violencia de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Creaciones culturales que empoderan a las mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/busquemos-alternativas-estatua-mujer-arrodillada_129_3597855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a5e0e277-6f5a-4a9a-b7fa-9c3b19656941_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Creaciones culturales que empoderan a las mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mujeres, además de vivir desigualdades y violencias, también luchan por desactivarlas. La otra cara de la opresión es la emancipación</p></div><p class="article-text">
        El Ayuntamiento de Zaragoza ha colocado en una plaza de la ciudad una escultura como homenaje a las mujeres v&iacute;ctimas de la violencia machista. Sin embargo, las buenas intenciones del ayuntamiento se han frustrado porque la escultura &ndash;una mujer arrodillada&ndash; en realidad representa la imagen de una mujer vencida y arrasada por el dolor. El movimiento feminista de Zaragoza ha protestado por el significado simb&oacute;lico que entra&ntilde;a esa imagen.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, los sectores de poblaci&oacute;n discriminados &ndash;las feministas lo hemos dicho una y otra vez&ndash; necesitan representaciones que pongan de manifiesto su opresi&oacute;n. La sociedad debe entender la compleja situaci&oacute;n de las mujeres: en una gran parte del mundo viven sin derechos y expuestas a m&uacute;ltiples violencias diarias; y en otras, como en Occidente, tienen los derechos formales, pero no los materiales. Y tambi&eacute;n son objeto de la violencia masculina. Desde el punto de vista formal, tienen el derecho a ejercer los derechos de los que son titulares, pero en la pr&aacute;ctica existe un conjunto de mecanismos simb&oacute;licos y materiales que hacen imposible el ejercicio de esos derechos. La inacabable cadena de agresiones cotidianas, que en algunos casos acaban en asesinatos, es una muestra rotunda de que las mujeres viven en condiciones de desigualdad y de violencia.
    </p><p class="article-text">
        Para decirlo de otra forma, las mujeres son algo m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n y est&aacute;n sometidas a estructuras que las subordinan y oprimen, aunque no a todas de la misma forma. La pertenencia racial, cultural, sexual o de clase introduce elementos que potencian la opresi&oacute;n. Sin embargo, las mujeres, adem&aacute;s de vivir desigualdades y violencias, tambi&eacute;n luchan por desactivarlas. La otra cara de la opresi&oacute;n es la emancipaci&oacute;n. Las mujeres han luchado por derechos y se han convertido en un sujeto pol&iacute;tico de liberaci&oacute;n. El feminismo es b&aacute;sicamente eso: un movimiento social y una tradici&oacute;n intelectual que desde hace tres siglos lucha para que las mujeres sean consideradas seres humanos con los mismos derechos y libertades que tienen los varones.
    </p><p class="article-text">
        En consonancia con esta idea, es necesario mostrar los m&uacute;ltiples rostros de la opresi&oacute;n, pero tambi&eacute;n hay que destacar los de la emancipaci&oacute;n. Las mujeres no son seres pasivos que aceptan con fatalidad un destino que no han elegido. No est&aacute;n vencidas. No son solo v&iacute;ctimas. Tambi&eacute;n luchan y participan en la vida pol&iacute;tica y econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres se han organizado colectivamente para defender sus derechos, colaboran con otras organizaciones y partidos no feministas, militan en partidos y sindicatos, sacan adelante a sus familias, investigan en la universidad, trabajan en maquilas, f&aacute;bricas u oficinas, algunas ocupan puestos muy cualificados&hellip; Han movilizado a grandes sectores de la sociedad para que no se recortase el derecho al aborto y para que se hagan pol&iacute;ticas que acaben con la violencia patriarcal. El feminismo se ha convertido en un movimiento de masas, signo inequ&iacute;voco de que las mujeres no se dejar&aacute;n arrasar por el sufrimiento y el dolor de la violencia. Es un mensaje de que no est&aacute;n solas.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso es necesario que las representaciones sobre violencia machista muestren a mujeres activas, luchadoras, que no aceptan resignadamente la humillaci&oacute;n y la violencia. Es preciso enviar el mensaje de que las mujeres no est&aacute;n solas frente a la desigualdad y las agresiones. Se necesitan representaciones que nos empoderen y que sean reflejo de las luchas por cambiar las estructuras de desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchas im&aacute;genes que pueden servir de inspiraci&oacute;n para crear representaciones, pero para eso es necesario conocer la historia de las luchas de las mujeres: las marchas de las sufragistas reclamando el derecho al voto o las recientes movilizaciones de masas que se han hecho en Espa&ntilde;a en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os. La emancipaci&oacute;n se construye con luchas pol&iacute;ticas pero tambi&eacute;n con luchas culturales que incluyen la creaci&oacute;n de representaciones que muestren que las mujeres estamos oprimidas, pero no vencidas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/busquemos-alternativas-estatua-mujer-arrodillada_129_3597855.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Feb 2017 19:29:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Creaciones culturales que empoderan a las mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Zaragoza,Violencia de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fuerza de las mujeres y la fuerza del feminismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/fuerza-mujeres-feminismo_129_3623683.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/442767e6-89bf-4025-b4a4-cef425acfadb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fuerza de las mujeres y la fuerza del feminismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lucidez del movimiento feminista ha sido decir 'no' en el momento más oportuno, avisar a los sectores conservadores de la sociedad estadounidense de que no van a permitir que se cuestionen los derechos conquistados. El mensaje ha sido claro: no hay marcha atrás</p></div><p class="article-text">
        M&aacute;s de medio mill&oacute;n de mujeres se manifestaron en Washington contra la misoginia, el racismo y la intolerancia que exhibe Donald Trump, el nuevo presidente de Estados Unidos, como elemento central de su programa ideol&oacute;gico. No se recuerda otra manifestaci&oacute;n de tal magnitud como la celebrada en la capital de Estados Unidos. Sin embargo, para comprender el significado pol&iacute;tico de esta movilizaci&oacute;n es preciso contextualizarla hist&oacute;ricamente, mirando al pasado, pero tambi&eacute;n con la vista puesta en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        La Marcha de las Mujeres de Washington &ndash;replicada en otras ciudades con el resultado de un mill&oacute;n y medio de mujeres en las calles de muchos lugares del mundo- tiene precedentes y referentes ideol&oacute;gicos que no conviene olvidar. Se inscribe en la larga lucha de las mujeres por la conquista de la igualdad. Es un eslab&oacute;n m&aacute;s en la genealog&iacute;a de las luchas feministas por alcanzar derechos civiles y pol&iacute;ticos vinculados a la libertad y a la igualdad.
    </p><p class="article-text">
        En 1915 m&aacute;s de 20.000 mujeres desfilaron en Nueva York reclamando el derecho al sufragio; en los a&ntilde;os setenta del siglo XX se celebraron decenas de manifestaciones en distintas ciudades del mundo reclamando derechos civiles y pol&iacute;ticos; en 1997, en Filadelfia, miles y miles de mujeres afroamericanas se manifestaron exigiendo el fin de la discriminaci&oacute;n racial; el 7 de noviembre de 2015 cientos de miles de mujeres reclamaron el fin de la violencia machista en las calles de Madrid. Y estos son solo ejemplos de un movimiento mucho m&aacute;s amplio. La lucha por el sufragio convirti&oacute; por primera vez al feminismo a comienzos del siglo XX en un movimiento de masas. En los a&ntilde;os setenta, con el feminismo radical, por segunda vez en la historia, el feminismo vuelve a convertirse en un movimiento de masas. Y en el siglo XXI, el feminismo no solo se ha globalizado y extendido por todo el planeta sino que de nuevo ha reaparecido como un movimiento de masas. La Marcha de las Mujeres de Washington no ha surgido de la nada, tiene ra&iacute;ces que han ido creciendo a lo largo de siglos de lucha pol&iacute;tica y de muchos m&aacute;s de desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tambi&eacute;n conviene tener presente a prop&oacute;sito de esta marcha no solo la gran capacidad de convocatoria del movimiento feminista, sino tambi&eacute;n la lucidez pol&iacute;tica que ha mostrado al comprender que la lucha ideol&oacute;gica entre los sectores progresistas y ultraconservadores en Estados Unidos, y en el mundo, se comienza a librar sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        No es una casualidad que la derecha ponga en el centro de su agenda pol&iacute;tica la lucha contra el aborto, que no es otra cosa que expropiar a las mujeres de la capacidad de decisi&oacute;n sobre su cuerpo y sobre su vida. Lo vimos en Espa&ntilde;a con Gallard&oacute;n. Y lo volvemos a ver ahora con Trump. El programa de la derecha conservadora es restaurar los c&oacute;digos patriarcales del pasado, encadenar a las mujeres en los estrechos l&iacute;mites de la familia patriarcal y de la maternidad m&aacute;s opresiva, privarlas de su capacidad de decidir. La lucidez del movimiento feminista ha sido decir 'no' en el momento m&aacute;s oportuno, avisar a los sectores conservadores de la sociedad estadounidense de que no van a permitir que se cuestionen los derechos conquistados. El mensaje ha sido claro: no hay marcha atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Una vez m&aacute;s el feminismo ha estado a la altura de la historia, encabezando la lucha contra el proyecto reaccionario de la derecha m&aacute;s conservadora en Estados Unidos y poniendo de manifiesto la capacidad de aglutinar intereses de colectivos y minor&iacute;as oprimidas, que no siempre han mostrado la misma solidaridad con las luchas feministas. La legitimidad pol&iacute;tica del feminismo cada d&iacute;a es m&aacute;s incuestionable. Y la izquierda no debe seguir tratando las vindicaciones feministas como una cuesti&oacute;n secundaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/fuerza-mujeres-feminismo_129_3623683.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Jan 2017 19:41:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fuerza de las mujeres y la fuerza del feminismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Washington,Donald Trump,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Otra vez la vieja política sobre violencia machista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vez-vieja-politica-violencia-machista_129_3747266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e8e3793-255e-4d55-aeec-789fcd49b020_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Otra vez la vieja política sobre violencia machista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Niñas y niños, jóvenes adolescentes de ambos sexos, mujeres y hombres, reciben mandatos socializadores que están en la raíz de la violencia patriarcal</p></div><p class="article-text">
        La violencia contra las mujeres fue convertida en objeto de investigaci&oacute;n te&oacute;rica y de pr&aacute;ctica pol&iacute;tica por el feminismo radical en los a&ntilde;os setenta. Si bien la violencia patriarcal ha estado presente como preocupaci&oacute;n pol&iacute;tica en toda la historia del feminismo, ser&aacute; a partir de los a&ntilde;os setenta del siglo pasado cuando este tema se convierta en una pieza fundamental de la agenda feminista. El feminismo radical puso la lupa en la familia patriarcal y descubri&oacute; que esa instituci&oacute;n no era el mundo de amor y felicidad que nos hab&iacute;an contado sino que su interior albergaba abusos sexuales, violencia y explotaci&oacute;n econ&oacute;mica. La familia fue conceptualizada como la instituci&oacute;n en la que se desarrollaban microsocialmente las relaciones de poder entre hombres y mujeres que despu&eacute;s se reproducir&iacute;an macrosocialmente en el espacio p&uacute;blico y pol&iacute;tico. Desde ese momento, el movimiento feminista ha luchado ininterrumpidamente para que el estado asumiese que las vidas de las mujeres tienen valor. Y tambi&eacute;n para que la sociedad tomase conciencia de que la violencia patriarcal vulnera los derechos humanos de las mujeres y pone en cuesti&oacute;n la legitimidad de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        La violencia patriarcal est&aacute; hondamente anclada en las estructuras materiales y simb&oacute;licas de cada sociedad. Ni&ntilde;as y ni&ntilde;os, j&oacute;venes adolescentes de ambos sexos, mujeres y hombres, reciben mandatos socializadores que est&aacute;n en la ra&iacute;z de la violencia patriarcal. Estos mandatos socializadores est&aacute;n impregnados de una ideolog&iacute;a de la superioridad masculina que desemboca en formas de control y violencia sobre las mujeres. De la misma forma, todas las estructuras materiales y todos los entramados institucionales esconden en su interior una poderosa jerarqu&iacute;a patriarcal que sit&uacute;a a los varones en una posici&oacute;n de poder.
    </p><p class="article-text">
        El poderoso curriculum oculto de g&eacute;nero en la escuela, la brecha salarial, el trabajo gratuito de las mujeres en el hogar o la expulsi&oacute;n de las mujeres de los espacios de decisi&oacute;n, recursos y poder muestra que las mujeres son consideradas en las sociedades patriarcales como el segundo sexo. Y en esta consideraci&oacute;n se encuentra el origen de la violencia masculina. De modo que hay que identificar una violencia invisible, estructural, oculta, que ha sido conceptualizada como si formarse parte de un orden natural de las cosas y tambi&eacute;n una violencia m&aacute;s visible, imposible de negar, que es sobre la se articulan las leyes contra la violencia patriarcal. En otros t&eacute;rminos, no puede haber cambios estructurales si no se aplican pol&iacute;ticas en las dos direcciones.
    </p><p class="article-text">
        La aplicaci&oacute;n de la ley estatal &ndash;que no su intenci&oacute;n original- se orienta m&aacute;s a penalizar al agresor y apoyar a una parte de las mujeres agredidas que a transformar las ra&iacute;ces de la violencia machista. Esta ley debe ser transformada por insuficiente, pues solo considera violencia machista la que se produce en el marco de las relaciones de pareja. Y, sin embargo, tambi&eacute;n la calle, los centros de trabajo y educativos, las instituciones, las guerras, los procesos migratorios y los itinerarios que siguen las refugiadas se han convertido en &aacute;mbitos en los que las mujeres son objeto de la violencia masculina.
    </p><p class="article-text">
        El movimiento feminista ha movilizado a cientos de miles de personas reclamando que el estado garantice una vida libre de violencia para las mujeres c&oacute;mo tambi&eacute;n ha exigido que la sociedad no mire hacia otro lado frente al agresor. Las calles de Buenos Aires, M&eacute;xico o India se llenaron de gente que reclamaba el fin de la violencia contra las mujeres. Hace un a&ntilde;o, el 7 de noviembre, una multitud de mujeres y hombres procedentes de diversas ciudades espa&ntilde;olas salieron a las calles de Madrid para decir basta a la violencia masculina.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la pol&iacute;tica del PP es la de no escuchar y no actuar. A pesar de que la movilizaci&oacute;n del a&ntilde;o pasado en Madrid ha convertido al feminismo espa&ntilde;ol en un movimiento de masas y con una capacidad de movilizaci&oacute;n ins&oacute;lita, el gobierno espa&ntilde;ol solo ha respondido con un minuto de silencio en el Parlamento y con una retah&iacute;la de consejos a las mujeres agredidas. Dicho de otra forma, ha rehusado poner encima de la mesa recursos para desactivar esta violencia y ha rechazado hacer pol&iacute;ticas que transformen estructuralmente las condiciones de posibilidad de la violencia machista.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, eso no quiere decir que el gobierno no tenga una pol&iacute;tica sobre la violencia contra las mujeres. La tiene. La tiene cuando considera la violencia machista como un hecho no pol&iacute;tico, como un fen&oacute;meno individual vinculado a las condiciones personales de los agresores y cuando desplaza la responsabilidad colectiva sobre las mujeres. Es la vieja pol&iacute;tica patriarcal que consiste en despolitizar los hechos sociales que oprimen a las mujeres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vez-vieja-politica-violencia-machista_129_3747266.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Nov 2016 18:03:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Otra vez la vieja política sobre violencia machista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Son discriminatorios los uniformes?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/discriminatorios-uniformes_129_3794903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El curriculum oculto de género muestra que niños y niñas reciben mandatos socializadores diferentes, que suelen ser una prolongación de lo que viven en sus entornos familiares</p></div><p class="article-text">
        Los uniformes son un elemento de diferenciaci&oacute;n entre los colegios p&uacute;blicos y los privados. Llevar uniforme en nuestro pa&iacute;s tiene connotaciones de clase y de estatus, pues pone de manifiesto la pertenencia a un colegio privado o concertado. El uniforme es la marca de lo no p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el uniforme tambi&eacute;n tiene connotaciones de g&eacute;nero, pues se asigna falda a las ni&ntilde;as y pantal&oacute;n a los chicos, de la misma forma que el calzado suele ser distinto para unos y para otras. Los uniformes no son unisex, son sexuados, y en s&iacute; mismos constituyen un elemento fundamental de lo que la pedagog&iacute;a cr&iacute;tico-feminista denomina curriculum oculto de g&eacute;nero. En efecto, esta categor&iacute;a se ha acu&ntilde;ado para identificar aquellos valores sexistas que recibe el alumnado junto a los contenidos te&oacute;ricos y que resultan invisibles para la mayor&iacute;a del profesorado y para la sociedad en general. El curriculum oculto de g&eacute;nero muestra que ni&ntilde;os y ni&ntilde;as reciben mandatos socializadores diferentes, que suelen ser una prolongaci&oacute;n de lo que viven en sus entornos familiares y que se refuerzan con los mensajes que reciben a trav&eacute;s de series de TV, publicidad, juegos de ordenador o juguetes, entre otras instancias socializadoras.
    </p><p class="article-text">
        Ni&ntilde;os y ni&ntilde;as reciben permanentemente mandatos de g&eacute;nero que les conducen a formas distintas de estar en el mundo. Los ni&ntilde;os son socializados en la actividad, mientras que las ni&ntilde;as reciben mandatos socializadores dirigidos a la no actividad. Se da por sentado, por ejemplo, que los ni&ntilde;os son mejores en las matem&aacute;ticas y las ni&ntilde;as en asignaturas de letras. Este prejuicio tan anclado en el sistema educativo tiene su parte de responsabilidad en que los estudios universitarios de ciencias &lsquo;duras&rsquo; est&eacute;n masculinizados y los de ciencias &lsquo;blandas&rsquo; est&eacute;n feminizados.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n el uso del espacio en los patios de los colegios es un buen exponente de una socializaci&oacute;n sexuada. El centro es para los chicos, donde juegan al f&uacute;tbol o a otros deportes ocupando casi todo el espacio. Por el contrario, los m&aacute;rgenes del patio son para las chicas, condenadas a convertirse en espectadoras de los juegos de sus compa&ntilde;eros. Y estos ejemplos son una peque&ntilde;a parte de los efectos que sobre unos y otras tiene la socializaci&oacute;n de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, las faldas de los uniformes tienen como efecto que las ni&ntilde;as no puedan moverse con la misma libertad y comodidad que sus compa&ntilde;eros. Sus movimientos est&aacute;n m&aacute;s restringidos, como lo est&aacute;n la mayor&iacute;a de las vidas de las mujeres. La restricci&oacute;n a los movimientos que impone el uniforme de las ni&ntilde;as en realidad es una met&aacute;fora de la vida que las sociedades patriarcales asigna a las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, precisamente, desde el feminismo se propone la coeducaci&oacute;n como la pr&aacute;ctica educativa id&oacute;nea para desactivar los mandatos de g&eacute;nero. En efecto, la pedagog&iacute;a cr&iacute;tico-feminista parte del supuesto de que la escuela es utilizada por los sectores dominantes como una herramienta al servicio de la reproducci&oacute;n de las relaciones sociales, pero tambi&eacute;n puede y debe ser un medio para interrumpirlas y crear nuevas relaciones que no est&eacute;n marcadas por desigualdades ni refuercen desventajas sociales.
    </p><p class="article-text">
        La escuela es uno de los &aacute;mbitos privilegiados en los que se pueden aplicar pol&iacute;ticas de intervenci&oacute;n y de prevenci&oacute;n. Es necesario que el alumnado en su totalidad reciba el mandato social de que hay que poner en cuesti&oacute;n y rechazar las relaciones sociales y personales que apuntalan o refuerzan la desigualdad y la violencia. Por eso es necesaria una asignatura obligatoria de educaci&oacute;n para la igualdad. Y por ello mismo tambi&eacute;n es necesario que el profesorado sea formado en feminismo.
    </p><p class="article-text">
        Una teor&iacute;a de la educaci&oacute;n cr&iacute;tica que desconoce la coeducaci&oacute;n, que minimiza el an&aacute;lisis del curr&iacute;culo oculto de g&eacute;nero y que niega las pr&aacute;cticas de intervenci&oacute;n coeducativas, es una teor&iacute;a ciega a la desigualdad de g&eacute;nero. Y las teor&iacute;as pedag&oacute;gicas que practican la ceguera con ciertas estructuras de poder y desigualdad refuerzan la hegemon&iacute;a patriarcal.
    </p><p class="article-text">
        Por eso es necesario que la escuela se articule en torno a la idea de la igualdad de g&eacute;nero y asuma que la igualdad civiliza las relaciones humanas. Una escuela que no conceptualiza la desigualdad entre los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as, o los y las adolescentes, no formar&aacute; a nuestra sociedad en valores de justicia y libertad y, por ello, perder&aacute; legitimidad. Ha llegado la hora de que la escuela, la familia y la sociedad entera comprendan que una sociedad sin desigualdad de g&eacute;nero es una sociedad mejor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/discriminatorios-uniformes_129_3794903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Oct 2016 17:02:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Son discriminatorios los uniformes?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Igualdad de género,Escuelas,Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuevas violencias contra las mujeres en Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevas-violencias-mujeres-europa_129_4024088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">"El carácter civilizatorio de nuestro continente, sobre el que se asienta una ideología de la superioridad de occidente, sin embargo, no ha erradicado la violencia patriarcal", apunta Cobo</p></div><p class="article-text">
        En lo que va de a&ntilde;o se han producido algunas violencias contra las mujeres nada frecuentes en el entorno europeo: en Nochevieja, en varias ciudades alemanas, &ndash;Colonia, Hamburgo, Berl&iacute;n, Stuttgart, Francfort, Bielefeld-, cientos de varones agredieron sexualmente a mujeres, incluidas violaciones, aprovech&aacute;ndose de la escasa luz y de las aglomeraciones propias de las fiestas. Estos hechos, inesperados y sorprendentes, fueron acompa&ntilde;ados de la pasividad de la polic&iacute;a. La caracter&iacute;stica de los agresores reside en su origen &aacute;rabe y norteafricano. La polic&iacute;a alemana, despu&eacute;s de algunas dimisiones y poca autocr&iacute;tica, advirti&oacute; que exist&iacute;a alg&uacute;n tipo de conexi&oacute;n en las acciones que tuvieron lugar al mismo tiempo en las diferentes ciudades y llegaron a hablar de &ldquo;un nuevo tipo de criminalidad organizada&rdquo;. En una nueva vuelta de tuerca parece que quieren denominar &lsquo;crimen organizado&rsquo; a la violencia patriarcal.
    </p><p class="article-text">
        Estos hechos nos ponen delante de los ojos algunos interrogantes: &iquest;Estas acciones podr&iacute;an haber sido inspiradas por la extrema derecha para crear un clima de opini&oacute;n contra inmigrantes y refugiados &aacute;rabes y del norte de &Aacute;frica? &iquest;O habr&aacute; sido una decisi&oacute;n aut&oacute;noma de esos varones que no soportan la libertad y autonom&iacute;a de las mujeres? &iquest;O por medio de esas agresiones los varones inmigrantes est&aacute;n mostrando su malestar por el lugar secundario que se les asigna en la sociedad alemana? &iquest;Podr&iacute;a interpretarse que a trav&eacute;s de esas mujeres est&aacute;n enviando un mensaje a los hombres europeos? &iquest;Es posible que ese ataque sea simb&oacute;licamente una agresi&oacute;n al territorio alem&aacute;n? &iquest;O cabe pensar que consideran que las mujeres son propiedad de los varones y a trav&eacute;s de ese ataque les est&aacute;n agrediendo a ellos? &iquest;Sentir&aacute;n que no son bien tratados en Alemania y que deben responder con violencia y para ello eligen a las mujeres porque ellas son un flanco mucho m&aacute;s d&eacute;bil que el masculino?
    </p><p class="article-text">
        El pasado mes de febrero, seguidores de Daryush Valizadeh, bloguero estadounidense, se reunieron en diversas ciudades del mundo con el objetivo de conocerse entre s&iacute; y formar tribus masculinas &lsquo;donde los hombres pueden ser hombres&rsquo;. En una de esas ciudades, Barcelona, se les prohibi&oacute; la reuni&oacute;n. Roosh V, as&iacute; se denomina este bloguero, no solo es partidario de la violaci&oacute;n sino que su objetivo es restablecer el viejo patriarcado en aquellos pa&iacute;ses en los que se ha erosionado. La doctrina de Roosh V es que los hombres tienen no solo el derecho a conquistar a las mujeres que les gustan sino tambi&eacute;n a vencer su posible resistencia. En su doctrina parece que el abuso y la fuerza son herramientas &uacute;tiles para el ejercicio de este derecho que creen se les ha arrebatado.
    </p><p class="article-text">
        En marzo, un grupo de hinchas holandeses humillaron a mendigas rumanas en la Plaza Mayor de Madrid lanzando monedas y migas de pan al suelo para que ellas se inclinaran y las recogiesen. Mientras esto suced&iacute;a, ellos se re&iacute;an a carcajadas de estas mujeres. D&iacute;as despu&eacute;s, en Roma, otro grupo de hinchas checos simularon orinar sobre una mendiga hasta el punto de que uno de ellos orin&oacute; realmente sobre una de las mujeres que ped&iacute;a limosna.
    </p><p class="article-text">
        Es necesario analizar algunos elementos de estos hechos para comprender su significado. El primero es que los agresores son hombres y las agredidas son mujeres. El segundo es que las agresiones masculinas se han realizado en grupo. Y el tercero es que estos repugnantes acontecimientos han tenido lugar en Europa, un continente &lsquo;civilizado&rsquo; y al que cre&iacute;amos ajeno a este tipo de actos de violencia.
    </p><p class="article-text">
        La violencia contra las mujeres es un fen&oacute;meno estructural en Europa y en el resto del mundo. El car&aacute;cter civilizatorio de nuestro continente, sobre el que se asienta una ideolog&iacute;a de la superioridad de occidente, sin embargo, no ha erradicado la violencia patriarcal. En gran medida este fen&oacute;meno tiene lugar en las relaciones de pareja, bien porque las mujeres quieren abandonar la relaci&oacute;n o la han abandonado o porque no se someten a los par&aacute;metros de obediencia y sumisi&oacute;n requeridos por los agresores. Sin embargo, existen otras muchas formas de violencia contra las mujeres menos nombradas y que no tienen lugar en el &aacute;mbito de la pareja. La caracter&iacute;stica de todas ellas es que son acciones individuales de varones que no pueden aceptar el hecho de que las mujeres no son de su propiedad. Lo in&eacute;dito es que se produzcan agresiones colectivas de varones en pa&iacute;ses de la UE. En nuestro imaginario, parec&iacute;a que esos hechos ten&iacute;an lugar en otros contextos culturales y sociales menos &lsquo;civilizados&rsquo;. Y, sin embargo, esas agresiones colectivas se est&aacute;n produciendo en nuestro entorno pol&iacute;tico. La pregunta insoslayable es la funci&oacute;n que cumplen estas agresiones masculinas que indudablemente son un mensaje para las mujeres. Probablemente el objetivo es que se sientan vulnerables, que tengan miedo y que se vayan acostumbrando que el espacio p&uacute;blico no es seguro para ellas.
    </p><p class="article-text">
        La otra cuesti&oacute;n sobre la que merece la pena reflexionar es el contexto en el que se producen estas acciones, es decir, el caldo de cultivo en el que crecen estas agresiones. Estos actos han tenido lugar en Europa: en la Europa de la insolidaridad que cierra sus fronteras a la gente refugiada de la guerra; en la Europa austericida que impone la filosof&iacute;a del s&aacute;lvese quien pueda; en la Europa que no frena el crecimiento de una extrema derecha que usa el racismo para asustar a electorados vulnerables por el recorte del estado de bienestar; en la Europa de las instituciones comunitarias que legislan para los poderosos; en suma, en la Europa dominada por la reacci&oacute;n patriarcal. El huevo de la serpiente est&aacute; creciendo en nuestro continente ante la pasividad de nuestras &eacute;lites. Y las mujeres son una vez m&aacute;s las primeras en recibir ese aviso. Por si nos cab&iacute;a alguna duda: las mujeres no est&aacute;n libres de la violencia masculina en ning&uacute;n continente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevas-violencias-mujeres-europa_129_4024088.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 Apr 2016 18:15:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nuevas violencias contra las mujeres en Europa]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Violencia machista,Europa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo se defienden mejor los derechos de las prostitutas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/amnistia-internacional-despenalizacion-prostitucion_129_2513505.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Me pregunto si Amnistía Internacional ha analizado y valorado las consecuencias de despenalizar la prostitución y si le parece éticamente aceptable la mercantilización de la sexualidad de las mujeres</p></div><p class="article-text">
        La reciente decisi&oacute;n de Amnist&iacute;a Internacional de proponer a los gobiernos la despenalizaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n ha colocado en el centro de la agenda pol&iacute;tica un debate ya antiguo. El argumento decisivo de Amnist&iacute;a Internacional es que con la despenalizaci&oacute;n se defienden mejor los derechos humanos de las mujeres prostituidas. Sin embargo, desde sectores mayoritarios del movimiento feminista y desde sectores ideol&oacute;gicos cr&iacute;ticos de la sociedad civil se considera que la despenalizaci&oacute;n no es la mejor forma de proteger a las mujeres que est&aacute;n en la prostituci&oacute;n. Desde estas posiciones se considera que es una instituci&oacute;n fundacional del patriarcado y, desde hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, tambi&eacute;n un sector econ&oacute;mico crucial para el capitalismo neoliberal.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, en sus inicios la prostituci&oacute;n se ha configurado como una de las piedras angulares de las sociedades patriarcales, pues ha garantizado a los varones el acceso sexual al cuerpo de las mujeres. La prostituci&oacute;n es una pr&aacute;ctica social en la que se intercambia sexo por dinero. Sin embargo, no parece casual el hecho de que los demandantes sean varones y quienes ejercen la prostituci&oacute;n sean mujeres. En otros t&eacute;rminos, esta instituci&oacute;n no solo desvela la profunda desigualdad social entre hombres y mujeres sino que contribuye a su reproducci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo nuevo de esta realidad social es que se ha convertido en un sector econ&oacute;mico crucial para el capitalismo neoliberal. La prostituci&oacute;n nos devuelve la imagen de varones de todas las clases sociales que acceden sexualmente a los cuerpos de mujeres pobres, inmigrantes y pertenecientes a culturas y regiones del mundo que el occidente etnoc&eacute;ntrico ha conceptualizado como inferiores. La idea que quiero destacar es que la transformaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n est&aacute; vinculada a la existencia de los &lsquo;mercados desarraigados&rsquo;, sin regulaci&oacute;n estatal ni control social, y cuya l&oacute;gica econ&oacute;mica depredadora ha mercantilizado no solo la naturaleza, el dinero y el trabajo sino tambi&eacute;n los cuerpos y la sexualidad de las mujeres. En otros t&eacute;rminos, la prostituci&oacute;n est&aacute; unida a otras din&aacute;micas de la globalizaci&oacute;n, como la formaci&oacute;n de mercados globales, la intensificaci&oacute;n de las redes transnacionales y la econom&iacute;a criminal.
    </p><p class="article-text">
        En esta l&iacute;nea, hay que subrayar que la prostituci&oacute;n es el m&aacute;ximo exponente de la deslocalizaci&oacute;n neoliberal, pues las mujeres son trasladadas desde pa&iacute;ses con altos niveles de pobreza a pa&iacute;ses con m&aacute;s bienestar social para que los varones demandantes de todas las clases sociales accedan sexualmente al cuerpo de esas mujeres. Si bien el cuerpo de las mujeres prostituidas siempre ha sido una mercanc&iacute;a, en esta &eacute;poca de globalizaci&oacute;n neoliberal, se ha convertido en una mercanc&iacute;a muy codiciada por los traficantes y proxenetas porque proporciona altos beneficios con bajos costes.
    </p><p class="article-text">
        La prostituci&oacute;n es una industria esencial para la econom&iacute;a capitalista, para la econom&iacute;a criminal, para los estados que ven en esta instituci&oacute;n una fuentes de ingresos p&uacute;blicos, pero tambi&eacute;n para las instituciones del capitalismo internacional, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, que ven, en lo que denominan eufem&iacute;sticamente industria del entretenimiento y ocio, unos ingresos que pueden garantizar la devoluci&oacute;n de la deuda.
    </p><p class="article-text">
        Es imprescindible defender los derechos humanos de las mujeres en situaci&oacute;n de prostituci&oacute;n. En eso coincidimos con Amnist&iacute;a Internacional. &iquest;C&oacute;mo no defender los derechos humanos de aquellas mujeres que, adem&aacute;s, est&aacute;n marcadas por la pobreza, la falta de recursos y, en la mayor&iacute;a de los casos, por el abuso sexual en su infancia y adolescencia? La pregunta es c&oacute;mo se defienden mejor esos derechos: &iquest;despenalizando una actividad econ&oacute;mica que cabalga sobre el tr&aacute;fico de mujeres, el blanqueo de dinero y la econom&iacute;a criminal o desactivando una industria que mercantiliza el &uacute;ltimo reducto de soberan&iacute;a y libertad de las mujeres, que es su propia sexualidad? La despenalizaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n en realidad a quien beneficia es a los due&ntilde;os de los burdeles y a los proxenetas. Es un bal&oacute;n de ox&iacute;geno para los empresarios del sexo que as&iacute; se librar&aacute;n de algunos obst&aacute;culos legales que dificultan el incremento de sus beneficios. Me pregunto si Amnist&iacute;a Internacional ha analizado y valorado las consecuencias de esta propuesta y si le parece &eacute;ticamente aceptable la mercantilizaci&oacute;n de la sexualidad de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, el argumento de que se protegen mejor los derechos de las mujeres prostituidas despenalizando la prostituci&oacute;n es una propuesta peligrosa porque parte t&aacute;citamente de la idea de que hay que aceptar lo instituido en lugar de acabar con ello. Sin embargo, quienes nos situamos en el &aacute;mbito de las teor&iacute;as cr&iacute;ticas de la sociedad consideramos que se pueden eliminar aquellas instituciones y pr&aacute;cticas sociales que promueven la desigualdad y se puede poner fin a esas nuevas clases de servidumbre que con tanto ah&iacute;nco defiende el neoliberalismo y entre las que ocupa un lugar central la prostituci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/amnistia-internacional-despenalizacion-prostitucion_129_2513505.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2015 17:57:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Cómo se defienden mejor los derechos de las prostitutas?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El movimiento feminista y las políticas de igualdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/movimiento-feminista-politicas-igualdad_129_2646410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No solo necesitamos mujeres expertas en políticas de igualdad, también precisamos que esas mujeres especializadas en igualdad tengan una concepción distinta de hacer política</p></div><p class="article-text">
        Por primera vez en muchos a&ntilde;os la ilusi&oacute;n se ha instalado en sectores de la sociedad y tambi&eacute;n por primera vez mucha gente est&aacute; so&ntilde;ando con otras formas de hacer pol&iacute;tica y con erosionar esas viejas maneras de gestionar lo p&uacute;blico, en el mejor de los casos para la ciudadan&iacute;a, pero sin la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a que estas palabras diesen entrada a una cuesti&oacute;n que ha estado presente en la vida pol&iacute;tica espa&ntilde;ola desde que en el a&ntilde;o 1983 se crease el Instituto de la Mujer y se pusiese al frente de ese organismo a Carlota Bustelo, una persona cualificada para esa responsabilidad y de firmes convicciones feministas. Ese momento hist&oacute;rico, en el que se funda el Instituto de la Mujer, marca el inicio de las pol&iacute;ticas institucionales de igualdad.
    </p><p class="article-text">
        Mi preocupaci&oacute;n ante este nuevo escenario pol&iacute;tico que se est&aacute; gestando desde hace pocos a&ntilde;os es qui&eacute;n va a dise&ntilde;ar y aplicar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de igualdad entre hombres y mujeres, que tan persistentemente se ha ocupado de desmantelar la derecha espa&ntilde;ola. No es una preocupaci&oacute;n irrelevante a la vista de lo que ha ocurrido a lo largo de la democracia en Espa&ntilde;a. Y me explico: en m&uacute;ltiples ocasiones se ha puesto al frente de los organismos de igualdad municipales, auton&oacute;micos y centrales a personas que no eran expertas en pol&iacute;ticas de igualdad, que apenas sab&iacute;an de la existencia del movimiento feminista en nuestro pa&iacute;s, que desconoc&iacute;an que fue el feminismo quien puso en el centro del escenario social y pol&iacute;tico la desigualdad de g&eacute;nero o la violencia contra las mujeres y que, adem&aacute;s, gestion&oacute; las primeras casas de acogida a mujeres maltratadas o puso en funcionamiento los primeros centros de salud sexual y reproductiva. En esa primera &eacute;poca de la democracia, el poder pol&iacute;tico no ten&iacute;a en su lista de prioridades las necesidades y los intereses de las mujeres y fue, precisamente, por eso que el movimiento feminista asumi&oacute; algunas de las funciones que le correspond&iacute;an al estado.
    </p><p class="article-text">
        No dejo de preguntarme si los nuevos gobiernos municipales y auton&oacute;micos volver&aacute;n una vez m&aacute;s a colocar en los organismos de igualdad a mujeres que no solo no son expertas sino que ni siquiera tienen convicciones feministas. &iquest;Volveremos a tener una responsable en el Instituto de la Mujer que no sabe nada de pol&iacute;ticas de igualdad y que desconf&iacute;a del feminismo? &iquest;Volver&aacute;n a colocar directoras generales de la mujer o concejalas de igualdad que ejercen esa responsabilidad de igual forma que podr&iacute;an ejercer otra? &iquest;O estar&aacute;n esperando que ese cargo &lsquo;de segunda&rsquo; sea un trampol&iacute;n para acceder a responsabilidades m&aacute;s &lsquo;respetables&rsquo;? &iquest;No merecemos las mujeres que las pol&iacute;ticas de igualdad sean dise&ntilde;adas, aplicadas y defendidas por personas que conocen a fondo los mecanismos que crean la desigualdad entre hombres y mujeres?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y las nuevas responsables que sean elegidas para presidir estos organismos se separar&aacute;n de la vieja pol&iacute;tica y entender&aacute;n que deben escuchar las voces plurales de la sociedad civil? &iquest;Y que no pueden hacer pol&iacute;ticas de igualdad sin escuchar y trabajar codo a codo con el movimiento feminista? &iquest;Ser&aacute;n capaces de trabajar m&aacute;s para las mujeres que para sus partidos? &iquest;Podremos deshacernos de esa forma de hacer pol&iacute;tica que consiste en &ldquo;para las mujeres, pero sin las mujeres&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no solo necesitamos mujeres expertas en pol&iacute;ticas de igualdad, tambi&eacute;n precisamos que esas mujeres especializadas en igualdad tengan una concepci&oacute;n distinta de hacer pol&iacute;tica. Esta nueva &eacute;poca que se abre tiene que deshacerse de esa concepci&oacute;n ensimismada y un tanto desp&oacute;tica de gestionar los asuntos p&uacute;blicos. Y tiene que tomarse en serio las pol&iacute;ticas de igualdad. Por eso no deben ocupar cargos en organismos de igualdad quienes no tienen formaci&oacute;n y cualificaci&oacute;n profesional en esas pol&iacute;ticas ni tampoco quienes carecen de convicciones feministas. Las pol&iacute;ticas de igualdad requieren de especialidad t&eacute;cnica, pero tambi&eacute;n de voluntad pol&iacute;tica. Las buenas pol&iacute;ticas tienen que estar sustentadas en an&aacute;lisis precisos y exactos de la realidad que se quiere transformar y para eso es imprescindible que las responsables conozcan a fondo tanto los an&aacute;lisis te&oacute;ricos como las propuestas feministas Ser&iacute;a tan absurdo que las pol&iacute;ticas de igualdad de g&eacute;nero no fuesen dise&ntilde;adas y aplicadas por expertas feministas como que las pol&iacute;ticas de medioambiente fuesen ajenas a los an&aacute;lisis ecologistas. La izquierda que ha estado en el poder y la que aspira a conseguirlo deben hacer de la igualdad uno de los ejes fundamentales de su pol&iacute;tica y para eso no deben ofrecer responsabilidades a mujeres que no tienen ni preparaci&oacute;n ni convicci&oacute;n por la igualdad entre hombres y mujeres.
    </p><p class="article-text">
        La falta de sinton&iacute;a entre el movimiento feminista y las mujeres responsables de la acci&oacute;n pol&iacute;tica institucional reduce la eficacia de las pol&iacute;ticas de igualdad y contribuye a despolitizar la sociedad civil. Por eso, es necesario que las pol&iacute;ticas de igualdad se hagan para las mujeres y con las mujeres, es decir, imaginativas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y nuevas y participativas formas de hacer pol&iacute;tica. As&iacute;, la democracia adquirir&aacute; la dimensi&oacute;n transformadora de la que ahora carece.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/movimiento-feminista-politicas-igualdad_129_2646410.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2015 17:54:15 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El movimiento feminista y las políticas de igualdad]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El feminismo contra las políticas neoliberales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismo-politicas-neoliberales_129_2269865.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7600e6d5-ecd1-48b2-b2d9-54db509e5cd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El feminismo contra las políticas neoliberales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En sus tres siglos de historia, el feminismo ha sabido identificar los nudos de la opresión y ha luchado políticamente para deshacerlos</p><p class="subtitle">En este comienzo de siglo, el capitalismo neoliberal se ha convertido en el dispositivo de mayor opresión para las mujeres</p><p class="subtitle">La idea, asentada entre la izquierda, de que las políticas económicas neoliberales afectan negativamente a las clases trabajadoras y medias es cierta, pero es una idea insuficiente</p></div><p class="article-text">
        El feminismo es un movimiento social interclasista, pues todas las mujeres, de todas las clases sociales, de diferentes culturas o razas y con distintas orientaciones o identidades sexuales pueden ser abusadas sexualmente, agredidas, explotadas en el hogar y en el mercado laboral y discriminadas en aquellos &aacute;mbitos en los que hay recursos y poder. Las estructuras simb&oacute;licas y materiales sobre las que est&aacute; edificada la desigualdad afectan en mayor o menos medida a todas y cada una de las mujeres y ninguna de ellas puede sustraerse a algunos de los rostros de esa desigualdad. 
    </p><p class="article-text">
        En sus tres siglos de historia, el feminismo ha sabido identificar los nudos de la opresi&oacute;n y ha luchado pol&iacute;ticamente para deshacerlos. En el siglo XVIII, el feminismo se articul&oacute; como una interpelaci&oacute;n moral a los privilegios masculinos y en ese contexto las mujeres reclamaron la consideraci&oacute;n de sujetos racionales como base para conseguir otros derechos que ya ten&iacute;an los varones. En el siglo XIX, el feminismo exigir&aacute; el estatuto de sujeto pol&iacute;tico para las mujeres y se articular&aacute; pol&iacute;ticamente en torno al derecho al voto. En el siglo XX, las feministas pondr&aacute;n de manifiesto el dominio masculino en el marco dom&eacute;stico y familiar y el feminismo subrayar&aacute; el car&aacute;cter pol&iacute;tico de aquello que hab&iacute;a sido definido por el liberalismo y el socialismo como privado.
    </p><p class="article-text">
        El feminismo del siglo XXI, en medio de intensos cambios sociales, se interroga acerca de las vindicaciones sobre las que articular la lucha bajo una poderosa reacci&oacute;n patriarcal y neoliberal. En efecto, como hemos podido ver en Espa&ntilde;a recientemente con el derecho al aborto, ninguno de los derechos que hemos conquistado est&aacute; plenamente consolidado. La reacci&oacute;n patriarcal pesa como una losa sobre las vidas de las mujeres debido a los intentos de restablecer los antiguos c&oacute;digos patriarcales. 
    </p><p class="article-text">
        La idea que quiero desarrollar es que en este comienzo de siglo, el capitalismo neoliberal se ha convertido en el dispositivo de mayor opresi&oacute;n para las mujeres. Todos los datos ponen de manifiesto que las pol&iacute;ticas de austeridad son devastadoras para ellas. La idea, asentada entre la izquierda, de que las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas neoliberales afectan negativamente a las clases trabajadoras y medias es cierta, pero es una idea insuficiente. Hay una parte en esta afirmaci&oacute;n que no se suele contar y es que las pol&iacute;ticas de austeridad empobrecen y subordinan m&aacute;s a las mujeres que a los varones. 
    </p><p class="article-text">
        La econom&iacute;a feminista subraya que uno de los efectos m&aacute;s rotundos de los programas de ajuste estructural es el crecimiento del trabajo gratuito de las mujeres en el hogar, resultado directo de los recortes de las pol&iacute;ticas sociales por parte del estado. En efecto, aquellas funciones de las que el estado abdica, vuelven a recaer invariablemente en la familia y una vez m&aacute;s son asumidas por las mujeres. Si bien los trabajos reproductivos y de cuidados han sido asignados hist&oacute;ricamente a las mujeres, las pol&iacute;ticas de austeridad aumentan el trabajo en el hogar, pues algunas tareas que estaban &lsquo;externalizadas&rsquo;, ahora vuelven a la familia. 
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, la entrada de considerables contingentes de mujeres al mercado global de trabajo en unas condiciones de sobreexplotaci&oacute;n dif&iacute;ciles de imaginar es un requisito necesario para la supervivencia del nuevo capitalismo neoliberal. La alta participaci&oacute;n de mujeres en las maquilas o zonas francas vinculadas al vestido y al montaje electr&oacute;nico pone de manifiesto que hay sectores econ&oacute;micos ocupados mayoritariamente por mujeres. Como tambi&eacute;n puede apreciarse que las maquilas m&aacute;s descualificadas son las m&aacute;s feminizadas.
    </p><p class="article-text">
        Los nuevos sistemas de producci&oacute;n flexible requieren un nuevo perfil de trabajador. Deben ser personas flexibles, capaces de adaptarse a cambios r&aacute;pidos, a los que se puede despedir f&aacute;cilmente y que est&eacute;n dispuestos a trabajar en horas irregulares. Este segmento del mercado laboral se est&aacute; convirtiendo en mano de obra heterog&eacute;nea, flexible, temporal y con salarios de pobreza. Estos grupos de trabajadores, que Manuel Castells denomina &lsquo;gen&eacute;ricos&rsquo;, son mayoritariamente mujeres. El perfil del trabajador sin derechos y sobreexplotado tiene rostro de mujer. Este hecho es el que ha hecho que el feminismo se haya comprometido y movilizado pol&iacute;ticamente junto a la izquierda en la lucha contra el neoliberalismo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay que precisar que el objetivo pol&iacute;tico feminista no debe ser la cr&iacute;tica a la austeridad en s&iacute; misma: debe ir m&aacute;s all&aacute; e identificar la pol&iacute;tica patriarcal del neoliberalismo. El feminismo del siglo XXI ha entendido que el capitalismo neoliberal, en estrecha alianza con los diversos patriarcados, est&aacute; privando de derechos conquistados a las mujeres, est&aacute; articulando nuevos espacios de subordinaci&oacute;n, incrementando la explotaci&oacute;n y feminizando la pobreza. El resultado es un creciente e instrumental aumento de la violencia contra las mujeres con el objetivo de que acepten su nuevo rol en las nuevas sociedades capitalistas y patriarcales. Cualquier estrategia feminista debe articularse en torno al trabajo y al empleo debido a su car&aacute;cter fuertemente opresivo para las mujeres. Y, adem&aacute;s, esta estrategia desembocar&aacute; en la construcci&oacute;n de diferentes espacios de encuentro entre las feministas y las mujeres que no se encuentran dentro del movimiento feminista. Las pol&iacute;ticas neoliberales y patriarcales deben convertirse en uno de los objetivos de la lucha feminista porque se han convertido en la causa fundamental de la feminizaci&oacute;n de la pobreza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismo-politicas-neoliberales_129_2269865.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2015 16:56:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El feminismo contra las políticas neoliberales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Neoliberalismo,Recortes,Austeridad,Trabajo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La izquierda y el feminismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierda-feminismo_129_4390266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La sociedad tiene una deuda con el feminismo y la izquierda tiene la obligación ética y política de asumir ese legado político para hacer otra sociedad</p></div><p class="article-text">
        Podemos ha despertado muchas esperanzas en un sector significativo de la izquierda espa&ntilde;ola, fundamentalmente por cuatro razones: la primera, porque ha cuestionado los d&eacute;ficits de representaci&oacute;n del sistema democr&aacute;tico espa&ntilde;ol, proponiendo un modelo de democracia m&aacute;s participativo. La segunda, porque ha cuestionado las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas neoliberales. La tercera, porque afirma que los partidos pol&iacute;ticos tienen un funcionamiento org&aacute;nico antidemocr&aacute;tico y no escuchan las voces de la sociedad civil. Y la cuarta, porque creen necesario acabar con la corrupci&oacute;n y establecer un procedimiento m&aacute;s transparente y con mecanismos de control democr&aacute;tico. Me siento pr&oacute;xima a esos argumentos, pues el sistema pol&iacute;tico que se gest&oacute; en 1978 debe ser reformado y debe abrirse un proceso constituyente. Adem&aacute;s, las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas neoliberales deben desactivarse y hacerse pol&iacute;ticas de redistribuci&oacute;n con la participaci&oacute;n activa de los diversos sectores cr&iacute;ticos de la sociedad. Asimismo, los aparatos de los partidos deben democratizarse para que los m&aacute;s mediocres no transiten casi en exclusivo por las &eacute;lites y hagan de la pol&iacute;tica su profesi&oacute;n. Y, sin duda, la corrupci&oacute;n debe ser eliminada para que no gangrene la sociedad y pueda as&iacute; imponerse un modelo de comportamiento de honestidad en el uso de los recursos p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me siento pr&oacute;xima al proyecto pol&iacute;tico de IU, que desde los albores de la transici&oacute;n propuso a la conciencia de nuestra sociedad un modelo social basado en pol&iacute;ticas de redistribuci&oacute;n que transformasen las jerarqu&iacute;as de clase. Y no podemos olvidar que el PSOE hizo pol&iacute;ticas de igualdad a instancias del feminismo y del movimiento LGTB, que, lejos de detenerse, deben profundizarse hasta que alteren de verdad las jerarqu&iacute;as heteropatriarcales. Esas pol&iacute;ticas de igualdad no han sido suficientes, pero s&iacute; han sido las primeras que se hicieron desde el poder pol&iacute;tico. No empezamos de cero. Tenemos una historia de luchas, pero tambi&eacute;n de conquistas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, es preciso tener presente que las mujeres estamos en el coraz&oacute;n de esas realidades sociales que la izquierda interpela cr&iacute;ticamente. Me preocupa que esta izquierda no sea capaz de hacer de la igualdad entre hombres y mujeres uno de los elementos centrales de su proyecto pol&iacute;tico. Esa preocupaci&oacute;n se origina fundamentalmente por dos cuestiones: la primera, porque las mujeres estamos pagando los costes m&aacute;s inhumanos de esta crisis. Somos mayor&iacute;a en los salarios de pobreza, en el trabajo sumergido y en el trabajo a tiempo parcial, nuestros salarios son m&aacute;s bajos y nuestra tasa de paro es mayor que la masculina. Pero, adem&aacute;s de esta desigualdad en el mercado laboral, hacemos gratuitamente el trabajo reproductivo y de cuidados. Sin el trabajo no remunerado que hacemos las mujeres, la sociedad no podr&iacute;a sostenerse. Por otra parte, la violencia contra las mujeres no puede ser reducida a los asesinatos que se producen cada a&ntilde;o, pues eso solo es la punta del iceberg. La violencia patriarcal forma parte de la vida cotidiana de miles de mujeres y ni&ntilde;as en nuestra sociedad. Asimismo, la ausencia de mujeres en los espacios decisivos de poder es una realidad social incuestionable que pone de manifiesto un techo de cristal que impide acceder a las mujeres a aquellos espacios en los que hay poder y recursos. Por su parte, las mujeres migrantes son dirigidas al trabajo dom&eacute;stico y a la industria del sexo y ocupan los espacios m&aacute;s desvalorizados y peor pagados de la sociedad. Todas nosotras estamos pagando una crisis de la que no somos responsables y con nuestras vidas estamos sosteniendo los cimientos de una sociedad que reproduce y crea espacios de exclusi&oacute;n para las mujeres. &iquest;Qu&eacute; propuestas tiene la izquierda para desactivar esta desigualdad?
    </p><p class="article-text">
        Y la segunda preocupaci&oacute;n se origina en la escasa atenci&oacute;n que la izquierda presta al feminismo, pese a que ha luchado incansablemente por derechos que han civilizado nuestra sociedad y han ensanchado nuestra democracia. &iquest;Qu&eacute; hubiese sido de la democracia espa&ntilde;ola si el feminismo no se hubiese articulado pol&iacute;ticamente para conquistar derechos, como el divorcio, el aborto o la paridad? Y no s&oacute;lo eso, pues ha estado en la vanguardia de la lucha contra la austeridad y en la defensa de los derechos civiles. La sociedad tiene una deuda con el feminismo y la izquierda tiene la obligaci&oacute;n &eacute;tica y pol&iacute;tica de asumir ese legado pol&iacute;tico para hacer otra sociedad. En las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha cristalizado un clima ideol&oacute;gico muy reactivo con los derechos de las mujeres y la izquierda debe contribuir a desactivarlo. No puede construirse una utop&iacute;a colectiva de transformaci&oacute;n social sin el feminismo, pues este movimiento social ha protagonizado luchas en la sociedad civil y en las instituciones que han humanizado las condiciones de vida de las mujeres. Y no s&oacute;lo de ellas. Tambi&eacute;n los hombres han podido acceder a derechos derivados de las luchas feministas, como la conciliaci&oacute;n de la vida laboral y familiar, entre otros. Por eso, si la izquierda no es capaz de asumir nuestras vindicaciones pol&iacute;ticas, su propuesta de transformaci&oacute;n social y pol&iacute;tica perder&aacute; legitimidad. Necesitamos pol&iacute;ticas feministas para interrumpir la desigualdad. Si la izquierda no es capaz de satisfacer las demandas y las necesidades de las mujeres, la igualdad ser&aacute; una quimera. Y, adem&aacute;s, quiz&aacute; no encontremos razones para votarles.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/izquierda-feminismo_129_4390266.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Feb 2015 19:57:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La izquierda y el feminismo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Podemos,IU - Izquierda Unida,PSOE]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué hacer con la prostitución?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hacer-prostitucion_129_4592020.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Legalizar la prostitución es enviar a la sociedad el mensaje de que la explotación sexual de las mujeres es éticamente aceptable</p></div><p class="article-text">
        El debate pol&iacute;tico sobre la prostituci&oacute;n aparece intermitentemente en los medios de comunicaci&oacute;n, casi siempre relacionado con noticias que sugieren la inevitabilidad de su legalizaci&oacute;n. La &uacute;ltima es la incorporaci&oacute;n del impacto econ&oacute;mico de esta actividad en el PIB. El argumento que parece tener m&aacute;s peso en esta discusi&oacute;n es el que explica que la legitimidad de la prostituci&oacute;n debe buscarse en el libre consentimiento de las mujeres prostituidas. Por eso me centrar&eacute; exclusivamente en este aspecto del debate.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay que poner encima de la mesa dos cuestiones antes de aproximarnos a este debate: el primero es que hay que distinguir la prostituci&oacute;n, del colectivo concreto que son las mujeres prostituidas, de modo que pueda interpelarse cr&iacute;ticamente esta instituci&oacute;n y, al tiempo, hacer pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para las mujeres prostituidas. El segundo elemento no casual es la naturalizaci&oacute;n de la prostituci&oacute;n, con el subtexto que eso implica: el car&aacute;cter no pol&iacute;tico del comercio sexual.
    </p><p class="article-text">
        La prostituci&oacute;n es una realidad social compleja debido tanto al aumento creciente de los actores y procesos involucrados alrededor de esta instituci&oacute;n patriarcal como a los significados ideol&oacute;gicos que se derivan de su existencia. En efecto, la prostituci&oacute;n hoy es una gran empresa global, vinculada a la econom&iacute;a criminal, y en la que intervienen muchos actores que se benefician de ese negocio. Tanto es as&iacute; que en 2010, seg&uacute;n el INE, la prostituci&oacute;n gener&oacute; un 0,35% del PIB. No puede negarse que el negocio de la prostituci&oacute;n ha crecido vertiginosamente en el marco de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas neoliberales. Probablemente, el inter&eacute;s recaudador de los estados patriarcales est&eacute; en el origen de esta propuesta. Sin embargo, los actores principales, en primera instancia, son las mujeres que ejercen la prostituci&oacute;n y los varones que utilizan los servicios de estas mujeres. En el imaginario colectivo la prostituci&oacute;n est&aacute; asociada a la imagen de la puta. Y, sin embargo, no hay mujer prostituida sin hombre prostituidor. &iquest;Por qu&eacute; el prostituidor ha sido invisibilizado en el imaginario de la prostituci&oacute;n? Hay que reflexionar sobre las razones por las que la figura del demandante ha sido silenciada como si fuese un elemento completamente secundario en esta obra de teatro, pues este hecho es un claro indicador de la permisividad social que existe hacia estos varones. Por ello, es necesario resignificar el imaginario de la prostituci&oacute;n y poner a los prostituidores en el lugar que les corresponde, es decir, como beneficiarios y responsables de esta pr&aacute;ctica social. Y tambi&eacute;n es preciso se&ntilde;alar que la prostituci&oacute;n no es una instituci&oacute;n inocua sino que, como todas las dem&aacute;s, no puede desligarse de las relaciones de poder que estructuran cada sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, esta realidad social no puede entenderse tampoco si no se tiene en consideraci&oacute;n la significativa desigualdad econ&oacute;mica entre la poblaci&oacute;n prostituida y la poblaci&oacute;n demandante, pues esta desigualdad es fundamental para calibrar el grado de consentimiento que existe en estas relaciones. M&aacute;s del 90% de las mujeres prostituidas son inmigrantes y el tr&aacute;fico ilegal de mujeres para la industria del sexo est&aacute; aumentando como fuente de ingresos para los varones. Sin embargo, las mujeres ocupan la casi totalidad de ese sector hasta el punto de convertirse en un grupo mayoritario en la migraci&oacute;n orientada a la b&uacute;squeda de empleo. Saskia Sassen se&ntilde;ala que la nueva econom&iacute;a capitalista est&aacute; promoviendo con sus pol&iacute;ticas neoliberales el surgimiento de unas nuevas clases de servidumbre. Mujeres e inmigrantes, entre las que se encuentran las mujeres que ejercen la prostituci&oacute;n, constituyen el n&uacute;cleo duro de esas nuevas servidumbres. En efecto, las mujeres prostituidas pertenecen a los sectores sociales m&aacute;s pobres y con necesidades econ&oacute;micas extremas o bien son mujeres que buscan una mejora de su situaci&oacute;n a trav&eacute;s de la obtenci&oacute;n del dinero r&aacute;pido que la prostituci&oacute;n puede llegar a proporcionar. Adem&aacute;s, para algunas mujeres inmigrantes en situaci&oacute;n irregular, la prostituci&oacute;n se plantea como una de las pocas salidas econ&oacute;micas disponibles.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, pues, gira alrededor del grado de consentimiento de las mujeres prostituidas en el comercio sexual. Aqu&iacute; ya se puede subrayar que la libertad y el consentimiento de las mujeres que llegan a la prostituci&oacute;n son reducidos, pues est&aacute;n limitados por la pobreza, la falta de recursos culturales, la escasa autonom&iacute;a y en la mayor&iacute;a de los casos por el abuso sexual en la infancia. Y por si fuera poco, esas realidades sociales se forman en el marco de sociedades patriarcales en las que los varones tienen una posici&oacute;n de hegemon&iacute;a sobre las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Un contrato firmado por dos partes en la que una de ellas est&aacute; dominada por la necesidad no es un contrato leg&iacute;timo. No puede haber libertad de contrato absoluto en sistemas sociales edificados sobre dominaciones, pues la necesidad y la desventaja social vician el consentimiento. Por eso, hay que se&ntilde;alar que la ilimitada libertad de contrato forma parte del n&uacute;cleo ideol&oacute;gico m&aacute;s duro del liberalismo y la cr&iacute;tica a esa libertad absoluta forma parte de las se&ntilde;as de identidad de los pensamientos cr&iacute;ticos. Los an&aacute;lisis que intentan justificar la prostituci&oacute;n como un contrato leg&iacute;timo se apoyan en argumentaciones propias del neoliberalismo, para cuya ideolog&iacute;a los contratos no deben tener l&iacute;mites. Quienes defienden la legitimidad de ese contrato fundament&aacute;ndolo en la voluntad del individuo, se olvidan que libertad y voluntad no siempre coinciden. Y al legitimar la prostituci&oacute;n con este argumento se desmarcan de los pensamientos cr&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Si consideramos la prostituci&oacute;n una forma inaceptable de vida, resultado del sistema de hegemon&iacute;a masculina y que vulnera los derechos humanos de las mujeres al convertir su cuerpo en una mercanc&iacute;a y en un objeto para el placer sexual de otros, entonces se concluye la imposibilidad de su legalizaci&oacute;n. En otros t&eacute;rminos, legalizar la prostituci&oacute;n es enviar a la sociedad el mensaje de que la explotaci&oacute;n sexual de las mujeres es &eacute;ticamente aceptable. Y con ello se contribuye a instalar en el imaginario colectivo la idea de que a los varones les asiste el derecho <em>natural</em> a acceder sexualmente al cuerpo de las mujeres.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosa Cobo Bedia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hacer-prostitucion_129_4592020.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Oct 2014 18:29:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Qué hacer con la prostitución?]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Prostitución]]></media:keywords>
    </item>
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