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    <title><![CDATA[elDiario.es - Fernando T. Romero Romero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/fernando_t_romero_romero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Fernando T. Romero Romero]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A propósito del 9-N en Cataluña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/proposito-cataluna_132_4577191.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Intentar convertir las consultas en algo prohibido, ya sea en Cataluña, en Canarias o a nivel del Estado, sólo demuestra miedo</p></div><p class="article-text">
        Ahora resulta que la consulta catalana del pr&oacute;ximo 9 de noviembre, si se celebra, responde a un posible &ldquo;plan B&rdquo; del presidente Artur Mas, que ha supuesto la ruptura de la unidad de las fuerzas nacionalistas. Se trata de una consulta alternativa a la primera, ya suspendida, y carecer&aacute; de validez; pero, a posteriori, el presidente catal&aacute;n propone unas elecciones plebiscitarias. Ya se ver&aacute;&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, uno no acaba de entender el empe&ntilde;o del Gobierno y de algunos partidos estatales en negarle a los ciudadanos su derecho a expresarse sobre asuntos importantes. Como ha escrito recientemente el periodista Arturo Gonz&aacute;lez, &ldquo;los espa&ntilde;oles solo pueden opinar sobre aquello que el Gobierno quiera, es decir sobre nada. Por ejemplo, no pueden opinar si desean o no cambiar la Constituci&oacute;n. No pueden opinar sobre si desean una monarqu&iacute;a o una rep&uacute;blica. No pueden opinar si desean mantener o eliminar el art&iacute;culo 135. No pueden opinar sobre si se deben denunciar los Acuerdos con la Santa Sede,&rdquo; etc. Las razones esgrimidas son de tipo jur&iacute;dico y se amparan en la Constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero todos sabemos que la mayor parte de las leyes (incluida la propia Constituci&oacute;n) se pueden interpretar de maneras diferentes. Y con frecuencia, la interpretaci&oacute;n depende de la mejor o peor disposici&oacute;n o voluntad de las personas que ocupan los &oacute;rganos competentes. Pero, adem&aacute;s, en el plano te&oacute;rico, si una norma legal niega la realizaci&oacute;n de una demanda clamorosa de la ciudadan&iacute;a, dicha ley habr&iacute;a que cambiarla. Estamos convencidos de que una ley que se opone a una abrumadora exigencia social termina por ser injusta. Y la injusticia de una ley constituye un argumento &eacute;tico para rebelarse contra ella.
    </p><p class="article-text">
        Uno no va a entrar a debatir el porqu&eacute; del deseo independentista de muchos catalanes, que viene de lejos, ni la evidente manipulaci&oacute;n que algunos pol&iacute;ticos hacen de una aspiraci&oacute;n que es leg&iacute;tima. Solamente nos proponemos defender el derecho de la ciudadan&iacute;a a expresar sus opiniones. En realidad, los catalanes ya lo han hecho en las &uacute;ltimas elecciones auton&oacute;micas, dando una clara mayor&iacute;a a los diputados de su Parlamento que defienden posiciones soberanistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero ahora la ciudadan&iacute;a, harta de los errores y traiciones de los pol&iacute;ticos electos, quiere dar un paso m&aacute;s y exige una participaci&oacute;n m&aacute;s activa y directa. Uno est&aacute; convencido de que esta exigencia ir&aacute; creciendo en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os y las consultas populares, tarde o temprano, acabar&aacute;n siendo tan comunes como las propias elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Intentar convertir las consultas en algo prohibido, ya sea en Catalu&ntilde;a, en Canarias o a nivel del Estado, s&oacute;lo demuestra miedo. Miedo de determinados partidos a escuchar la voz de la calle que amenaza el estatus de una &eacute;lite pol&iacute;tica privilegiada. Este miedo les atenaza y les lleva a adentrarse en una preocupante tendencia al autoritarismo, recurso del poder para protegerse cuando se ve en peligro.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, para justificar la ilegalidad de referendos auton&oacute;micos se nos recuerda permanentemente el art&iacute;culo 2&ordm; de la Constituci&oacute;n: &ldquo;la soberan&iacute;a nacional reside en el pueblo espa&ntilde;ol&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute;, entonces, siendo coherente y cumpliendo la Constituci&oacute;n, Rajoy no se atreve a convocar un refer&eacute;ndum a nivel nacional para decidir sobre Catalu&ntilde;a? La respuesta es muy simple: porque no se resolver&iacute;a nada. Supongamos por un momento que los catalanes votasen mayoritariamente por la independencia, y el resto de Espa&ntilde;a por todo lo contrario. As&iacute; las cosas, la consulta no habr&iacute;a servido para nada, ya que el problema permanecer&iacute;a exactamente igual.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Acaso para decidir la independencia de Escocia se convoc&oacute; a las urnas a todos los habitantes del Reino Unido? O para los referendos realizados en Quebec, &iquest;alguna vez se ha llamado a las urnas a todos los canadienses? Est&aacute; claro que las leyes deben ajustarse en cada momento a la realidad social y al sentido com&uacute;n. Y si no, aprendamos de la Constituci&oacute;n dieciochesca de Estados Unidos que, con sus numerosas enmiendas, es &uacute;nica en el mundo y contin&uacute;a vigente en pleno siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, podr&iacute;a no haber consulta en Catalu&ntilde;a, pero el conflicto continuar&aacute;. Aunque la Constituci&oacute;n sea tajante, todas las sentencias judiciales no ser&aacute;n suficientes para silenciar la ola soberanista, ya que los posibles acuerdos econ&oacute;micos para apaciguar el soberanismo catal&aacute;n resultan ya insuficientes y llegan demasiado tarde.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte el inmovilismo nunca es una soluci&oacute;n. Se podr&aacute; impedir la consulta de noviembre, pero el conflicto va a continuar creciendo. Un pol&iacute;tico debe cumplir la ley, pero no s&oacute;lo eso, pues tambi&eacute;n debe saber prevenir conflictos y acordar, pactar y proponer alternativas posibles, incluso el cambio de las propias leyes. Y por lo que se ve, Rajoy no es capaz.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco debemos olvidar que durante la tramitaci&oacute;n del actual Estatuto de Catalu&ntilde;a con el gobierno socialista de Zapatero, la direcci&oacute;n del PP con Rajoy a la cabeza organiz&oacute; una ruidosa y permanente campa&ntilde;a anticatalana. No solo se manifest&oacute; orgullosamente acompa&ntilde;ado y jaleado por activistas de ultraderecha, sino que puso en marcha una sorprendente recogida de firmas contra el Estatuto.
    </p><p class="article-text">
        Recordemos que el Estatuto es una ley org&aacute;nica que aceptaba, con algunas modificaciones, la iniciativa del Parlamento catal&aacute;n. Sin embargo, el PP lleg&oacute;, incluso, a promover una lamentable y err&oacute;nea campa&ntilde;a de &ldquo;catalanofobia&rdquo;, generando en una parte de la sociedad catalana la impresi&oacute;n de que no hab&iacute;a nada que hacer dentro de Espa&ntilde;a. Y por si fuera poco, recurri&oacute; al Tribunal Constitucional el mencionado Estatuto aprobado por las Cortes Generales y refrendado por los ciudadanos de Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que con su exacerbado nacionalismo espa&ntilde;olista, el PP ha ayudado a multiplicar el nacionalismo catal&aacute;n. Y si no, ah&iacute; est&aacute;n las hemerotecas. Y de aquellos polvos, estos lodos, Sr. Rajoy.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, hacemos referencia, por su visi&oacute;n distante y neutral, al editorial del New York Times del pasado lunes, 13 de octubre, ocultado por determinados medios, en el cual se insta a Mariano Rajoy a negociar con el Presidente de la Generalitat una soluci&oacute;n para Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el mencionado diario, el refer&eacute;ndum de Escocia del pasado septiembre demostr&oacute; que si a las personas se les permite un debate abierto y un voto democr&aacute;tico de autodeterminaci&oacute;n, optar&aacute;n por permanecer en el sistema de gobierno m&aacute;s amplio. Sin embargo, a juicio del editorial, la l&iacute;nea dura de Espa&ntilde;a con el nacionalismo catal&aacute;n demuestra lo contrario: &ldquo;si se frustran las ambiciones nacionales, solo se hacen m&aacute;s fuertes, m&aacute;s apasionadas y potencialmente m&aacute;s peligrosas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y respecto al rechazo de Rajoy a celebrar el refer&eacute;ndum por la ilegalidad del mismo, el editorial es claro: &ldquo;Algo tan complejo y emocional como la identidad nacional no puede reducirse a una cuesti&oacute;n permanentemente jur&iacute;dica; requiere soluciones pol&iacute;ticas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, concluimos que la ciudadan&iacute;a sigue pendiente de una respuesta pol&iacute;tica. &iquest;O acaso no hay pol&iacute;ticos capaces en este pa&iacute;s? Mientras tanto, independientemente de que la consulta light del 9-N se celebre o no, permaneceremos conviviendo con esta espiral de la tensi&oacute;n Espa&ntilde;a versus Catalu&ntilde;a y a la inversa.
    </p><p class="article-text">
        Y lo cierto es que las posturas pol&iacute;ticas de unos y otros contin&uacute;an enconadas y la hist&oacute;rica &ldquo;cuesti&oacute;n catalana&rdquo;, lejos de resolverse, sigue creciendo. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando T. Romero Romero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/proposito-cataluna_132_4577191.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Oct 2014 08:57:59 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A propósito del 9-N en Cataluña]]></media:title>
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